Urabá
“Urabá es una de las regiones más antiguas del imaginario colonial español —la primera ciudad de Tierra Firme se levantó en su orilla occidental— y una de las más tardíamente integradas al Estado colombiano.”
En el vértice donde Sudamérica se estrecha hasta rozar Centroamérica, el golfo de Urabá abre una entrada de mar hacia el interior del continente. Es geografía y es signo: la primera ciudad española de Tierra Firme se levantó en su banda occidental en 1510, de sus playas partió la expedición que avistó el Pacífico en 1513, y sobre su litoral se han proyectado, sin materializarse jamás, los grandes sueños de conexión interoceánica de la Colombia moderna. Entre esos dos extremos —el arranque de la conquista y la promesa siempre aplazada— cabe una región de selvas pluviales, ciénagas del Atrato, planicies bananeras y serranías cimarronas que ha sido, alternadamente, puerta, refugio, enclave y campo de batalla. Urabá reúne hoy la subregión noroccidental del departamento de Antioquia y una franja del Chocó atlántico: Turbo, Apartadó, Chigorodó, Carepa, Mutatá, Necoclí, Arboletes, San Juan y San Pedro de Urabá, Murindó y Vigía del Fuerte, más las localidades chocoanas de Acandí, Capurganá y Riosucio. Su historia es la de una frontera que Colombia ha necesitado —para el oro colonial, para el banano de exportación, para el corredor entre océanos— sin llegar nunca a integrar del todo.
La región y sus umbrales
La geografía manda en Urabá más que en casi ninguna otra región del país. El golfo se abre como fondo de saco entre la Serranía del Darién, al occidente, y las estribaciones de la cordillera Occidental colombiana, al oriente. Al sur desemboca el río Atrato tras descender por un valle aluvial húmedo y caluroso que conforma un extenso pantano antes de vaciarse al mar; ese mismo río, navegable durante siglos, vincula la región aurífera del Chocó con el Caribe y ha sido, desde el siglo XVII, arteria de comercio y de contrabando. Entre Cartagena y el golfo se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe colombiano, surcados por los ríos Cauca, San Jorge, Sinú y Atrato: una llanura de aguas donde ninguna frontera terrestre se dibuja con nitidez. Sobre el litoral se alternan manglares y bahías pedregosas, playas de arena parda y riscos que interrumpen la planicie aluvial.
Al otro lado del Darién comienza la costa Pacífica, que las lluvias más intensas del continente cubren de selva pluvial: más de siete mil milímetros de precipitación anual sostienen un tapiz vegetal que se extiende por más de mil trescientos kilómetros entre Panamá y Ecuador, atravesado por los ríos San Juan, Atrato y Baudó. Esa doble condición —una región que casi toca dos océanos, con un istmo apenas de selva de por medio— es la clave de todo lo que ha pasado en Urabá. Aquí el mapa físico produce el destino histórico.
El ordenamiento territorial suele dividir la región en tres subzonas de temperamento distinto. El eje bananero o zona centro, integrado por Turbo, Apartadó, Carepa, Chigorodó y Mutatá, concentra el dinamismo económico y las plantaciones agroindustriales. El norte, con Arboletes, San Pedro, San Juan de Urabá y Necoclí, es de tradición ganadera y de conexión terrestre hacia Córdoba. El sur o Atrato Medio, con Murindó y Vigía del Fuerte, prolonga la región hacia el mundo anfibio del Chocó. Sobre esa geografía se han superpuesto, desde mediados del siglo XX, proyecciones nunca cumplidas: la culminación de la carretera Panamericana, un puerto de aguas profundas y un corredor interoceánico —el llamado canal seco— que uniría por ferrocarril el golfo de Urabá con Cupica o Buenaventura sobre el Pacífico. Ninguna se ha construido; todas han bastado, sin embargo, para inflar el valor estratégico y económico de la tierra.
Los primeros dueños y el arribo español
Cuando llegaron las primeras naves europeas, el territorio no estaba vacío. Lo habitaban los Wounaan, los Gunadule —conocidos comúnmente como Kuna— y los Emberá, pueblos con presencia ancestral en las selvas del Atrato, el litoral y la Serranía del Darién. Su organización territorial dejó marcas que aún hoy pueden leerse: el nombre de Bojayá, por ejemplo, proviene del vocablo emberá mõ jaya, la marca hecha con machete sobre el árbol de bonga que señalaba a los caminantes el camino para poblar el territorio. Antes de la llegada de las cartas y las capitulaciones, los ríos y los árboles ya estaban firmados.
La costa entró en el circuito europeo con velocidad. Alonso de Ojeda, acompañado de Juan de la Cosa y Américo Vespucio, llegó al cabo de la Vela en 1499. Al año siguiente Rodrigo de Bastidas obtuvo capitulación para reconocer la costa atlántica desde ese cabo hasta el golfo de Urabá; zarpó en 1500 con Juan de la Cosa y prolongó el viaje hasta 1501, dedicado sobre todo al trueque con las poblaciones costeras. Bastidas y La Cosa fueron los primeros conquistadores en pisar suelo antioqueño, entre 1500 y 1501, sobre las orillas del golfo. En 1508 la Corona dividió el litoral en dos gobernaciones: la de Ojeda, desde Urabá hasta el cabo de la Vela, y la de Veraguas, asignada a Diego de Nicuesa, al occidente del golfo. Juan de la Cosa moriría en 1510 en Turbaco a manos indígenas, aviso temprano de que la conquista de esta costa no sería un desembarco pacífico.
Ese mismo año, en la banda occidental del golfo —territorio en principio asignado a Nicuesa— se fundó Santa María la Antigua del Darién con la participación de Vasco Núñez de Balboa y, según algunas versiones, de Martín Fernández de Enciso. Fue una de las primeras ciudades españolas de Tierra Firme y, durante un breve pero intenso lapso, el corazón administrativo del Nuevo Mundo continental. Balboa pasó su ejército al otro lado del Atrato, se apropió del enclave, y cuando Nicuesa protestó por la usurpación lo embarcó a la fuerza rumbo a Santo Domingo; el gobernador desplazado se ahogó en la travesía. La violencia entre españoles inauguraba lo que sería costumbre en Urabá: la ley se dictaba en la costa antes que en la corte.
Desde Santa María salió, el 1 de septiembre de 1513, la expedición decisiva. Balboa desembarcó con ciento ochenta hombres en Acla, puerto atlántico al norte del Darién, cruzó la selva istmeña y el 25 de septiembre avistó el océano Pacífico. Ese acto —el descubrimiento europeo del Mar del Sur— convirtió al golfo en umbral entre dos mundos y, en teoría, en el punto obvio para cualquier futuro proyecto de comunicación interoceánica. Santa María recibió título de ciudad y fue promovida en 1513 a capital de la gobernación de Castilla del Oro. En 1514 arribó Pedrarias Dávila con miles de españoles: médicos, artesanos, mujeres, un obispo —el primero de Tierra Firme—, la maquinaria completa de una capital. Duraría poco. Pronto el centro de gravedad se desplazaría a Panamá, sobre la vertiente pacífica, y Santa María quedaría en ruinas. Urabá había sido, por un instante, el centro; volvería a ser periferia por más de cuatro siglos.
La frontera que no se dejó tomar
El proyecto colonial español no logró consolidarse en Urabá. La causa mayor tuvo nombre: los Gunadule. Dueños ancestrales del Darién y las tierras que bordean el bajo Atrato, opusieron a la Corona una resistencia armada de larga duración. Se hicieron con armamento de piratas ingleses y corsarios franceses desde etapas tempranas del contacto y lo usaron sistemáticamente contra los españoles. En 1779 incendiaron Montería. Bloquearon durante décadas el paso por San Bernardo del Viento, obligando a la Corona a organizar escuadras de piraguas armadas para poder navegar el río Sinú. El río Atrato, durante todo el período colonial, fluyó por territorio kuna, y sus embarcaciones y viajeros fueron atacados con tal continuidad que la navegación regular se volvió empresa incierta.
A esa resistencia se sumó una economía paralela imposible de suprimir. Desde el siglo XVII, el Atrato se convirtió en eje de contrabando: el oro colombiano descendía por sus aguas y se vendía a los británicos burlando las leyes mercantilistas de la Corona. Urabá quedó configurada, ya en época temprana, como una zona de frontera nunca integrada efectivamente al Nuevo Reino de Granada, articulada por fuera de la ley oficial más que por dentro. A la vez, el territorio se volvió refugio: esclavos fugitivos —cimarrones— y comunidades indígenas replegadas hallaban en las selvas y pantanos un espacio donde el poder colonial no alcanzaba a llegar.
Sobre ese fondo aparece, hacia 1690, una figura curiosa: Francisca Baptista de Bohórquez, que habría obtenido del rey el título de Conquistadora y Pacificadora de la Provincia de Urabá, con jurisdicción del Sinú al Darién. La historiografía la ha caracterizado como una suerte de encomendera y redentora de gentiles, rango que no volvió a concederse. El propio nombramiento, más que una realidad de dominio, expresa el desasosiego imperial: la Corona seguía distribuyendo títulos sobre territorios que en la práctica no controlaba.
Con el correr del siglo XVIII y el XIX, la estructura de la región se moldeó por gravitación entre dos polos externos: el puerto caribeño de Cartagena, hacia el norte, y los centros económicos antioqueños —primero Santa Fe de Antioquia, luego Medellín—, hacia el suroriente. Urabá quedó tironeada entre ambos sin pertenecer del todo a ninguno. Las comunidades negras del bajo Atrato, ya libres o cimarronas, se convirtieron en redistribuidoras de objetos manufacturados hacia los Emberá, mediando el contacto de estos con el mundo exterior. Se configuró así una región articulada por debajo —por ríos, por caminos indígenas, por redes de trueque y contrabando— mientras por encima seguía siendo un espacio de titulaciones difusas y jurisdicciones en disputa.
Colonos, banano y trabajo
Desde finales del siglo XIX, y con mayor intensidad en el XX, oleadas colonizadoras descendieron sobre Urabá. Venían campesinos antioqueños, cordobeses y chocoanos hacia una región que los mapas del Estado y la retórica del progreso presentaban como vacía. No lo estaba, y ese equívoco fundacional generaría todos los conflictos posteriores. Los colonos ocuparon selvas, ciénagas y planicies de manera fragmentada, no planificada y frecuentemente violenta, chocando con los pueblos indígenas asentados desde tiempo inmemorial y con comunidades afrodescendientes que habían hecho del Atrato su patria. Se instalaron sobre un viejo conflicto jurídico de titulaciones sucesivas —cédulas coloniales, adjudicaciones republicanas, baldíos nacionales— que hacía prácticamente imposible legalizar las formas tradicionales de apropiación y dejaba a los recién llegados en una situación siempre precaria.
El cambio decisivo llegó a comienzos de los años sesenta. La Compañía Frutera de Sevilla, subsidiaria de la United Fruit Company —la misma multinacional que sería más tarde conocida como Chiquita—, había ocupado durante décadas cincuenta mil hectáreas en la zona bananera del Magdalena. Hacia 1964 abandonó esas plantaciones buscando mayor productividad y menores salarios, y trasladó su operación al golfo de Urabá. La salida del Magdalena dejó tras de sí un largo conflicto por títulos poco claros y demarcación de tierras, con un patrón continuo de invasiones y desalojos que se prolongó hasta finales de la década. Simultáneamente, el arribo de la compañía al eje entre Turbo, Apartadó, Carepa y Chigorodó reconfiguró el mapa económico, demográfico y político de Urabá.
El banano de exportación es un cultivo de enclave. Requiere plantaciones extensas, infraestructura portuaria, financiación externa y una fuerza laboral abundante y barata. La región se llenó de trabajadores migrantes: campesinos desplazados, indígenas, mulatos y afrodescendientes provenientes del Chocó, Córdoba y el interior antioqueño se convirtieron en la mano de obra de las fincas. La frontera agrícola, que los colonos habían intentado abrir a machete, chocó ahora con el poder de la agroindustria: la tierra ya no se poblaba, se plantaba. Y el Estado, incapaz de resolver la maraña jurídica de la propiedad, dejó que el modelo se instalara sobre ese suelo movedizo.
El auge bananero trajo consigo, casi de inmediato, un movimiento sindical fuerte. Los obreros de las plantaciones se organizaron en sindicatos que en pocos años se convirtieron en actores políticos regionales. Ese sindicalismo se tejió con las corrientes de la izquierda colombiana —el Partido Comunista y sus vertientes, las herencias del EPL y de las FARC— y con las organizaciones campesinas que reclamaban tierras. La combinación produjo, en los años setenta y ochenta, una densidad organizativa poco frecuente en el país. También produjo el pretexto para su destrucción.
Los años del desastre
A mediados de los años ochenta, Urabá entró en la peor década de su historia moderna. El fondo estructural era la lucha por la tierra: colonos contra terratenientes, comunidades afro e indígenas contra adjudicatarios formales, sindicatos contra empresarios bananeros. Sobre esa tensión estallaron dos violencias entrelazadas: la de la insurgencia y la de la contrainsurgencia paramilitar.
Las FARC-EP y el EPL se disputaban la influencia sobre el trabajo bananero y las zonas de colonización. Al mismo tiempo, los hermanos Fidel, Carlos y Vicente Castaño Gil, que desde comienzos de los ochenta habían ido copando el sur de Córdoba, empezaron a insertar sus estructuras en el norte antioqueño. Su motivación mezclaba la agenda antisubversiva con la apropiación de tierras para lavar dinero del narcotráfico y asegurar territorios estratégicos para la cadena productiva de la cocaína. Fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá —las ACCU—, columna vertebral de la expansión paramilitar hacia Urabá, Córdoba, Chocó y otras regiones, y matriz de lo que en 1997 se convertiría en las Autodefensas Unidas de Colombia.
En 1988 llegaron las primeras grandes masacres. En marzo, en las fincas Honduras, La Negra y Punta Coquitos del eje bananero, hombres armados asesinaron a decenas de trabajadores señalados como bases sociales de la guerrilla. Fueron las primeras acciones de envergadura del clan Castaño en la región y establecieron el patrón: coordinación con la fuerza pública, inteligencia previa, participación de oficiales del Ejército —entre ellos el capitán Luis Felipe Becerra— y uso de desertores del EPL como guías para identificar a las víctimas. El paramilitarismo no llegó a Urabá contra el Estado sino con parte de él.
El objetivo político era desmontar el sindicalismo y liquidar a la Unión Patriótica. La UP, fundada en 1985 como frente amplio que integraba al Partido Comunista, a las FARC y a sectores del liberalismo, del conservatismo, del campesinado y del sindicalismo, había hecho de Urabá uno de sus territorios fuertes junto con el Magdalena Medio, el Meta, el Tolima y el Caquetá. El exterminio sistemático que sufrieron sus militantes —calificado como genocidio político por la Comisión de la Verdad y el Centro Nacional de Memoria Histórica— tuvo aquí una de sus concentraciones más brutales. El 41% de las víctimas de la UP sobre las que se registró ocupación eran campesinos, trabajadores o administradores de finca. En marzo de 1993 fue asesinado Oliverio Molina, presidente de Sintrainagro, el sindicato bananero. La estrategia era estigmatizar a los sindicalistas como guerrilleros para justificar su eliminación, en connivencia con grandes propietarios de la zona bananera.
La violencia no vino solo desde la derecha. El 23 de enero de 1994, en el barrio obrero de La Chinita, en Apartadó, una estructura miliciana de las FARC-EP asesinó a treinta y cinco miembros de Esperanza, Paz y Libertad, el movimiento surgido de la desmovilización parcial del EPL. La masacre —que las FARC reconocerían como crimen de guerra el 30 de septiembre de 2016, cuando Iván Márquez admitió la autoría atribuyéndola a un error de mando medio— marcó la lógica del período: la desmovilización de una guerrilla, lejos de traer paz, había abierto un vacío que las otras se disputaban a sangre. Los antiguos combatientes del EPL, ya convertidos en dirigentes políticos legales, se convirtieron en blanco de sus antiguos aliados y de los paramilitares. Nadie estaba seguro.
Entre 1988 y finales de los noventa, Urabá vivió una crisis humanitaria sin precedentes. Cuerpos aparecían en las carreteras, en los ríos, en las trochas. Fincas enteras se despoblaron. Barrios obreros de Apartadó, Turbo y Carepa se convirtieron en zonas de exterminio selectivo. Los desplazamientos masivos, primero hacia los cascos urbanos y luego hacia otros departamentos, transformaron la demografía y liberaron tierras que fueron reapropiadas por actores armados y sus testaferros. La proyección de la carretera Panamericana —cuyo último tramo en el Chocó debía financiarse según el artículo 63 de la Ley 70 de 1993— incrementó el valor estratégico y económico de las tierras: líderes reclamantes de restitución señalarían años después ese factor como uno de los motivos del despojo. La infraestructura no se construyó; el despojo, sí.
San José de Apartadó y las comunidades de paz
En medio del desastre surgió, desde abajo, una respuesta. En el corregimiento de San José de Apartadó, un asentamiento campesino de la Serranía de Abibe, la población venía padeciendo desde los años setenta la presencia violenta del Ejército y, después, la llegada de grupos paramilitares y la disputa con la guerrilla. La ausencia de institucionalidad civil obligó a los habitantes a organizarse por su cuenta. En septiembre de 1996 se produjo la primera masacre en el casco urbano del corregimiento: paramilitares asesinaron al líder de la cooperativa y a otras tres personas; testigos campesinos identificaron a algunos de los perpetradores como soldados.
El 23 de marzo de 1997, aproximadamente quinientos habitantes firmaron una declaración de principios y proclamaron la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, invocando el principio humanitario de distinción entre combatientes y población civil. Se comprometieron a no participar en la guerra, a no portar armas, a no colaborar con ninguno de los actores armados. La comunidad se convirtió en símbolo internacional de la resistencia civil no violenta y, a la vez, en blanco recurrente. Con el respaldo de organizaciones sociales, religiosas y de derechos humanos, el modelo se replicó en otras zonas del país como forma de autoprotección frente a las agresiones de todos los actores armados. San José de Apartadó demostró que, en la periferia donde el Estado central se hace presente solo mediante la fuerza pública o mediante los grupos que se aprovechan de su ausencia, la política puede reinventarse desde la comunidad.
El corredor eterno
Cuando la intensidad de la violencia empezó a decrecer, tras las desmovilizaciones paramilitares de 2003-2006 y los golpes a la insurgencia en los años siguientes, Urabá no volvió al silencio. La región es demasiado importante para eso. Su valor de corredor persiste: el eje Urabá-Darién sigue siendo uno de los principales corredores de movilidad del país, disputado sucesivamente por herederos del paramilitarismo, disidencias y grupos armados organizados para el abastecimiento de armas y estupefacientes, y para el tráfico de personas hacia Panamá.
Las rutas se han vuelto tradicionales. La trocha Paya-Tubún, que une Sautatá en Colombia con Paya en Panamá, y el río Cacarica, con salida desde Riosucio, funcionan como corredores clandestinos empleados tanto por migrantes que aspiran a llegar a Estados Unidos como por traficantes. Desde 2012, el Sistema de Alertas Tempranas reportaba que el tráfico de personas por el corredor Darién-Caribe estaría regulado por Los Urabeños —herederos armados del proyecto paramilitar—, que confinan a los migrantes en Apartadó, Turbo y Necoclí antes de transportarlos hacia Capurganá y hacia los poblados panameños de La Miel y Puerto Obaldía. El contrabando aurífero del siglo XVII y el tráfico contemporáneo comparten rutas, comparten lógica y comparten la misma explicación estructural: una geografía privilegiada al servicio de economías que el Estado no controla.
Sobre esa realidad se han seguido dibujando, década tras década, los planes de integración que nunca se ejecutan. El corredor interoceánico —el canal seco—, contemplado como ruta ferroviaria entre Urabá y el Pacífico colombiano, se ha ilustrado en estudios de mercados e inversiones como alternativa al Canal de Panamá. La Frutera de Sevilla, ya convertida en Chiquita a través de su filial Banadex, y la Promotora Bananera S.A., que opera como C.I. Uniban, siguen enviando desde el golfo cientos de miles de toneladas al año a Europa y Norteamérica. La región produce, exporta, mueve personas y mercancías —legales e ilegales— con una intensidad notable. Lo que no ha logrado, en cinco siglos, es que ese dinamismo se traduzca en instituciones públicas robustas capaces de proteger derechos, garantizar propiedad, arbitrar conflictos y redistribuir la riqueza que la región produce.
La huella y la disputa
Cinco momentos, superpuestos, hacen a Urabá lo que es. El primero: la conquista temprana, cuando Santa María la Antigua del Darién fue capital y desde sus playas partió el descubrimiento del Pacífico. El segundo: los siglos coloniales de resistencia gunadule y de contrabando por el Atrato, que definieron a la región como frontera indómita. El tercero: la colonización antioqueña, cordobesa y chocoana desde finales del siglo XIX, que superpuso capas de propiedad sobre un territorio ya poblado. El cuarto: la instalación del enclave bananero en los años sesenta, con su sindicalismo y su vulnerabilidad estructural. El quinto: los años del desastre, entre 1988 y comienzos del siglo XXI, cuando la violencia paramilitar, guerrillera y estatal convirtió a Urabá en símbolo del horror colombiano.
Cada momento dejó su geología. Las lenguas emberá persisten en la toponimia y en las comunidades del Atrato. Las ruinas de Santa María la Antigua duermen bajo la vegetación en la banda occidental del golfo. La huella cimarrona se ha inscrito en las comunidades afrodescendientes que titulan hoy sus territorios colectivos al amparo de la Ley 70 de 1993. Las plantaciones de banano siguen desplegándose entre Turbo y Chigorodó, atravesadas por la memoria del sindicalismo asesinado. Los nombres de las masacres —Honduras, La Negra, Punta Coquitos, La Chinita, San José— habitan la conversación pública y los expedientes de la justicia transicional. La Unión Patriótica volvió a competir electoralmente tras décadas de exterminio; sus sobrevivientes en Urabá saben lo que costó cada silla que hoy ocupan.
Sobre esa acumulación se disputa el futuro. Los proyectos de puerto de aguas profundas —algunos ya en fase de construcción sobre el golfo—, la promesa recurrente del corredor interoceánico y la expansión de la agroindustria conviven con procesos de restitución de tierras, con la organización política de comunidades étnicas, con las comunidades de paz y con la persistencia de economías ilegales que reclaman las mismas rutas que reclamaron los cimarrones, los mineros contrabandistas del oro y los primeros conquistadores. Urabá sigue siendo, como en 1510, la puerta que Colombia abre y no termina de cruzar.
La lección de esa historia larga es incómoda. La marginalidad de Urabá no ha sido descuido: ha sido método. Cada proyecto nacional —la conquista de Tierra Firme, la exportación aurífera colonial, la colonización agraria republicana, el enclave bananero, la promesa canalera— ha extraído valor de la región sin construir en ella la institucionalidad pública que la integre. Y a cada uno de esos proyectos se le ha impuesto, desde el propio territorio, una resistencia obstinada: los Gunadule que no se dejaron someter, los cimarrones que hicieron del Atrato refugio, los colonos que abrieron a machete tierras que luego les fueron arrebatadas, los obreros bananeros que se sindicalizaron a costa de sus vidas, la Unión Patriótica que resistió su propio exterminio, las comunidades de paz que declararon su neutralidad frente a todos los fusiles. Urabá no es la periferia olvidada de Colombia. Es la frontera que Colombia necesita, y que nunca ha querido dejar de ser frontera.
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Documentos y fragmentos citados
47 documentos · 52 fragmentos01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1302 citas
[1]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…
p. 130
[2]ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los ríos Cauca, San Jorge, Sinú y…
p. 130
02Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 381 cita
[3]the Cauca, which flows into the Caribbean Sea north of Lorica. The Atrato River linked the gold-producing Chocó to the Gulf of Urabá. However, neither the Magdalena nor any of the other rivers were easily navigable; moreover, the Atrato flowed through the territory of the Kuna, who continu- ously attacked boats and…
p. 38
03Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 381 cita
[4]the Cauca, which flows into the Caribbean Sea north of Lorica. The Atrato River linked the gold-producing Chocó to the Gulf of Urabá. However, neither the Magdalena nor any of the other rivers were easily navigable; moreover, the Atrato flowed through the territory of the Kuna, who continu- ously attacked boats and…
p. 38
04Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 661 cita
[5]Golfo de Urabá y de la Serranía del Darién. Allí el paisaje es de pla- nicies aluviales pantanosas y de manglares interrumpidos a trechos por oscuros riscos y bahías pedregosas. Las tierras bajas de la costa Pacífica presentan un cuadro totalmente diferente de la costa Caribe. Tupidas y enmarañadas selvas pluviales se…
p. 66
05Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 36, 422 citas
[6]presenta el mayor dinamismo económico y sobre la cual se ha proyectado, desde la segunda mitad del siglo XX, la construcción de infraestructuras portuarias y de comunicación entre el norte y sur del continente, tales como la vía panamericana y el puente interoceánico para la conexión entre el litoral Pacífico y el mar…
p. 36
[17]extranjeros que irrumpieron durante los siglos XVI y XVII con el interés de controlar el golfo de Urabá 10 y sus recursos, al reconocer las ventajas que ofrecía su localización dentro del comercio internacional. Lue- go de estos intentos fallidos, desde finales del siglo XIX se produjeron nue- vos procesos de…
p. 42
06Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 851 cita
[7]pri- mera audiencia en toda América, zarparon los ex- ploradores que visitaron las costas de lo que hoy es Colombia. En 1499, el conquistador Alonso de Ojeda, compañero de Colón, obtuvo una capitula- ción para explorar la costa del golfo de Paria. El mismo año llegó al cabo de la Vela, con lo cual po- demos decir que…
p. 85
07El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 2821 cita
[8]Castilla (1451-1504), y Fernando ii de Aragón (1542-1516), los «Reyes Católicos» de la España unificada. 144 Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (1485-1547), con- quistador extremeño y capitán general de México que se llamó en esos años la Nueva España. 145 Francisco Pizarro González (1478-1541), el conquistador…
p. 282
08Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 181 cita
[9]d el territorio que hoy conforma lepartamen Antioquia estaba ocupado por numerosos grupos indigenas, en su mayor p: caribes, entre los cuales podemos citar a los catio, embera, cuna, uraba y zen en la parte occidental y noroccidental (cuenca del Atrato y alto Sinu); los nutaba en la zona central; los tahami hacia el…
p. 18
09Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 401 cita
[10]aspiraciones de d o m in ar las regiones que iban o cu p an d o ratificaron la fragm entación ya su g erid a por la topografía. Los prim eros encuentros ocurrieron a lo largo de la costa del m ar Caribe. Al prim er viaje de exploración y com ercio de A lonso de O jeda a La Guajira (1499) le siguió el de Juan de la…
p. 40
10Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2181 cita
[11]Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…
p. 218
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 391 cita
[12]al otro lado del golfo de Urab á. Santa Mar í a re cibi ó t í tulo de ciudad y de all í sali ó en 1513 la expedici ó n que, con ayuda de indios amigos, llev ó a Vasco N úñ ez de Balboa al oc é ano Pac í fico. Se convirti ó en 1513 en capital de una nueva gobernaci ó n, la de Castilla del Oro, que un í a Tierra Firme…
p. 39
12Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 271 cita
[13]Nuñez de Balboa founded Santa Mar í a la Antigua del Darién in 1510. This was the first city in what today we call Colombia, and one of the first of Spanish origin on the American continent. However, the conquerors soon understood they were facing nations with different languages, customs, hierarchical regimes,…
p. 27
13Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 1171 cita
[14]”. Pas ó con su ej é rcito ala otra banda del Atrato y fund ó un nuevo pueblo con el nombre.d é Santa Mar í a la Antigua del Dari é n. Cuando Diego de Nicuesa protest ó contra esa fundaci ó n, pues ca í a en tierras de su gober naci ó n, Balboa no vacil ó en embarcarlo a la fuerza y enviarlo a Santo Domingo, pese a…
p. 117
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 671 cita
[15]revelaron a Balboa la existen- cia al occidente, de la "otra mar" o "Mar del Sur", el Pacífico. Tales noticias las ocultaron a Colón, preocupado por la gloria personal; a Diego de Nicuesa, banquero y opulento merca- der; a Alonso de Ojeda, hombre de "capa y espada". Fue un hombre del pueblo, colono más que…
p. 67
15Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1231 cita
[16]ya fue destacada (véase el capítulo 1). Desde la época colonial, cuando la región se constituyó como un refugio para esclavos fugitivos y comunidades indígenas, este territorio permaneció como una zona de frontera y jamás fue integrado efectivamente a la unidad administrativa de la Nueva Granada. No obstante, su…
p. 123
16Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3941 cita
[18]momentos culminantes de agresividad como el incendio de Monte- ría en 1779. Su resistencia violenta contra los españoles obligó a estos a formar escuadras de piraguas armadas para 395 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr poder navegar el río Sinú y a enfrentar el bloqueo que en San Bernardo del Viento impidió el…
p. 394
17Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 621 cita
[19]aparcerías con sus compatriotas y vecinos pobres; instaló en sus tierras una colonia completa de judíos conversos; y ayudó a fundar hacia 1700, con el cura Agustín Sánchez Alvarado y el cacique Juan Antonio López, el pueblo de San Sebastián de Urabá, cerca de Lorica. 1 Tuvo además el raro mérito de haber obtenido del…
p. 62
18Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1421 cita
[20]tiempo, las comunidades negras se constituyeron en redistribuidoras de obje- tos manufacturados para los Embera, lo que mediatizó el contacto 156 El valor simbólico que las comunidades indígenas construyen sobre el terri- torio se devela en la nominación de lo que hoy son los municipios del Atrato. Por ejemplo, la…
p. 142
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[21]económicas que se dieron desde finales del siglo XIX; la más conocida es la del café, que se concentró en los pueblos del Suroeste antioqueño. En otras subregiones ocurrieron: la explotación del fruto de la palma de tagua, también llamado el «marfil vegetal», que se usaba para la elaboración de botones y artículos…
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20La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 1361 cita
[22]María Teresa Uribe, la lucha por la tierra, que se manifestó más claramente a partir la década de los sesenta, tiene su origen en la idea asumida por gobiernos y migrantes sobre dicha región como un "territorio vacío", pero más que una tierra baldía era una tierra 273 7. García, Clara Inés, Urabá. Región, actores y…
p. 136
21The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 611 cita
[23]pattern of continuing evictions and new invasions was still going on toward the end of the 1960s. 19 Another unsolved conflict, also on the Atlantic coastline, was that of the possessions of the Frutera de Sevilla Company (a subsidiary of the United Fruit Company) in the banana zone of the department of Mag- dalena.…
p. 61
22El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1842 citas
[24]los ojos ante el resultado de una investigación interna que lo vinculaba con narcotraficantes, según el “Oficio 002-BR4-01-746”. El general Navas Rubio fue destituido en 1992, pero a raíz de la “fuga” del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria de la cárcel, pues era el director general de prisiones. “Tierra arrasada”…
p. 184
[25]los ojos ante el resultado de una investigación interna que lo vinculaba con narcotraficantes, según el “Oficio 002-BR4-01-746”. El general Navas Rubio fue destituido en 1992, pero a raíz de la “fuga” del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria de la cárcel, pues era el director general de prisiones. “Tierra arrasada”…
p. 184
23Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 261 cita
[26]Barranqui- lla, 2015, 13 de julio, radicado 2008-83160, Sentencia condenatoria contra Ferney Alberto Argumedo Torres). El auge de la marihuana coincidió con la reactivación de la in- dustria bananera en el Gran Magdalena hasta su declive a finales de los setenta por la competencia de la Frutera Sevilla, filial de…
p. 26
24At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 1831 cita
[27]s population jumped some 15,700 residents in the 1950s to over 150,463 by 1985, with some 35,000 working full-time on just over 20,000 ha of banana plantations. 79 Given this explosive concentration of labor, Augura had to develop innovative ways to maintain control of the region and block what was becoming the…
p. 183
25La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 2661 cita
[28]Por lo tanto, el sindicato de las empresas ubicadas en estos lugares de vocación productiva bananera quedó en medio del control de los paramilitares que operaban en la región. Como forma de ejercer dicho control, en connivencia con los grandes propietarios, se procuró suprimir todo tipo de organizaciones sindicales…
p. 266
26Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2191 cita
[29]condiciones impuestas por la guerra obligaron a la compañía a suspender totalmente las exportaciones de ba- nano desde Colombia, por cinco años. Después de la segunda guerra mun- dial, la United Fruit Company perdió su monopolio en la región de Santa Marta y se retiró de la producción, vendiendo o alquilando muchos de…
p. 219
27Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 1531 cita
[30]el banano, por ejemplo, y economías ilegales como el narcotráfico, el contrabando de armas y la trata y tráfico de personas. Durante décadas se ha planteado la construcción de una carretera que atraviese el Tapón del Darién y un nuevo puerto para facilitar la comunicación con el Pacífico; sin embargo, se han quedado…
p. 153
28Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 1801 cita
[31]allí a Estados Unidos. Esta actividad estaría regulada por Los Urabeños (al menos en la ruta Darién - Caribe): “Las redes de este negocio se extienden a los municipios de Apartadó, Turbo y Necoclí, donde las y los inmigrantes (jóvenes, niños y niñas, entre otros) son confinados y ocultados durante un tiempo y después…
p. 180
29Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 931 cita
[32]sus mayores depreciaciones y los campesinos del Chocó se comenzaron a cansar de oír promesas oficiales. El abandono se hace por tierra y por mar. Esta segunda vía es cubierta incontroladamente en pequeñas embarcaciones, a través de aguas picadas y peligrosas. Por tierra los caminos son múltiples, pero resulta más…
p. 93
30World Right Side Up: Investing Across Six ContinentsChristopher W. Mayer · 2012 · p. 171 cita
[33]State s cut trave l time and shipping e x pe nse s by 90 pe rce nt on journe ys from lake citie s to Ne w Y ork. It also allow e d grain from the Gre at Lake s to re ach Ne w York and he lpe d make it the comme rcial hub of the union. Be fore this, Philade lphia had provide d le gitimate compe ti- tion. The re are…
p. 17
31Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1691 cita
[34]se expandió hacia las regiones vecinas como el Urabá chocoano y antioqueño, el bajo Cauca y el Nordeste antioqueño (CNMH, 2010-c, página 97). En tanto se concretaban grandes proyectos de infraestructura como la carretera Panamericana 208, las ACCU vieron la necesidad 208 Carlos Páez, líder reclamante de la ONG Tierra…
p. 169
32Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 771 cita
[35]luego en las AUC. A comienzos de los años noventa, la desmovilización del EPL, y de los grupos armados del Clan Castaño en el contexto de la Asamblea Nacional Constituyente, parecían representar el princi- pio del viraje hacia el fin de la violencia política en la región. Sin embargo, a pesar de este panorama…
p. 77
33El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 2112 citas
[36]porte de armas, y que estos sirvieron de guía al mismo Bermúdez, al capitán Luis Felipe Becerra y a los paramilitares, para cometer la masacre. (Ronderos, 2014, página 178) I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 213 Las masacres de Urabá revelan patrones de otras cometidas por la misma época, incluidas las de Segovia y…
p. 211
[37]porte de armas, y que estos sirvieron de guía al mismo Bermúdez, al capitán Luis Felipe Becerra y a los paramilitares, para cometer la masacre. (Ronderos, 2014, página 178) I. CREACIÓN Y DESARROLLO 1977-1991 213 Las masacres de Urabá revelan patrones de otras cometidas por la misma época, incluidas las de Segovia y…
p. 211
34La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 cita
[38]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…
p. 43
35La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 cita
[39]ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…
p. 68
36The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1141 cita
[40]for being a guerrilla nest, a pueblo guerrillero. Their spectacular violence was an act of purification and reeducation. The violence was performed by paramilitary groups, which had turned into powerful and well-organized regional armies. Their development and expansion were the result of the leadership and initiative…
p. 114
37El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3961 cita
[41]i c i d a e n C o l o m b i a: l a s C o n v i v i r, l o s p a r a m i l i t a r e s y e l s is t e m a p o l í t i c o la experiencia del Magdalena Medio). Pero por entonces tal clase de respuesta provenía de grupos armados pequeños e informales, con el apoyo del Ejército. El cambio vendría con la conformación de…
p. 396
38No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3011 cita
[42]barrio obrero conocido como La Chinita, en Apartadó, el 23 de enero de 1994 900. El barrio era una invasión promovida por los antiguos militantes del PCML, para otorgarles viviendas a trabajadores de las empacadoras de banano que vivían en con- diciones infrahumanas en barracas junto a las plantaciones. En La Chinita…
p. 301
39Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2662 citas
[43](alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…
p. 266
[44](alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…
p. 266
40Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 1181 cita
[45]De acuerdo con el CNMH (2018) la inserción de la familia Castaño a comienzos de los ochenta en el sur de Cór- doba no se interpreta únicamente a razón de objetivos antisubversivos, sino como parte de una etapa de la larga colonización empresarial antioqueña, con la diferencia de que “a los tradicionales hacendados…
p. 118
41Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7081 cita
[46]y el encarcelamiento judicial de los 2423 Prensa Cajar, «Masacre de Caño Sibao». 2424 Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (Reiniciar), «Base de datos, Víctimas identificadas UP 1984-2006». 2425 Testimonio de Carlos Alfonso Velázquez, coronel (r) del Ejército y catedrático universitario…
p. 708
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[47]municipios predominantemente campesinos. El campesinado fue una parte importante de las víctimas del genocidio contra la Unión Patriótica. Como se puede evidenciar en el mapa 5, los asesinatos de militantes de este partido se cometieron en zonas alejadas de las grandes ciudades capitales y en los límites de la…
p. 94
43Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 791 cita
[48]y el PC, a la UP se unieron liberales, conservadores, campe- sinos, estudiantes, organizaciones sindicales, sociales y populares y muchas otras personas sin adhesiones partidistas, que se sintieron identificados con su apuesta programática. Los esfuerzos políticos de este movimiento se volcaron sobre las regiones…
p. 79
44Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2881 cita
[49]participar en la guerra, ni convivir o colaborar con ningún actor armado de ninguna tendencia, constituyéndose en comunidades de paz 866. De sde allí, han apostado por reconstruir el tejido social que la violencia afecta y han desarrollado iniciativas que recurren a lo comunitario, a la solidaridad, a la cooperación y…
p. 288
45Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 831 cita
[50]The main exponent of this his - tory was a thirty- one- year- old soft- spoken peasant named Luis Eduardo Guerra. Guerra pointed out that the army killed peasants in the 1970s before paramilitaries ever arrived in the region. The absence of any state presence except the army compelled residents to or ga nize their own…
p. 83
46Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 4401 cita
[51]1991. “Programa de Gobierno 2008 – 2011 de Oswaldo Cuadrado Simanca [Plan de Desarrollo Municipal].” Pdf downloaded from http://apartado-antioquia.gov.co/planeacion.shtml?apc=p1l1--&x=3101235 on 27 December 2008. Ramírez G., Margarita “Consolidación de la actividad bananera de Urabá.” AUGURA 9, no. 2 (1983): 77– 91.…
p. 440
47Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 4291 cita
[52]y descripción de expe- riencias colombianas. Escuela Nacional Sindical. Colectivo de Abogados. (2007, febrero). Los caminos de la alianza entre los pa- ramilitares y los políticos, disponible en https://www.colectivodeabogados.org/ IMG/pdf/Informe_final_para_pol_tica.pdf, recuperado el 29 de mayo de 2020. Comisión…
p. 429