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Una historia del territorio

Catatumbo

El Catatumbo es una de las periferias donde Colombia ha leído con mayor nitidez su propio patrón de desarrollo desigual: cada ciclo extractivo —quina, petróleo, coca— ha enriquecido a actores externos mientras sus pobladores permanecían sin agua…

17 min de lectura41 fuentes

El Catatumbo

En el nororiente de Colombia, donde la cordillera Oriental se desfleca en serranías bajas antes de desplomarse hacia el lago de Maracaibo, se extiende una región que la geografía política llama Catatumbo y que la historia nacional ha tratado, ciclo tras ciclo, como una cantera. Ocupa buena parte del departamento de Norte de Santander —los municipios de Convención, El Tarra, Hacarí, Ocaña, San Calixto, Sardinata, Teorama y Tibú—, la atraviesa el río que le da nombre y contiene el grueso de la frontera del departamento con Venezuela. A unas dieciséis horas de Bogotá por carretera, distante también de Cúcuta, es a la vez remota y central: remota para el Estado, central para la economía extractiva que ha ordenado el país durante un siglo. De aquí se ha sacado quina, petróleo y cocaína sin que ninguno de esos ciclos se tradujera en desarrollo para quienes habitan la región, y cada auge ha llegado precedido de una operación de despeje —contra los Barí, contra los campesinos, contra las guerrillas— y seguido de una retirada institucional. Entender el Catatumbo es entender un patrón que Colombia ha repetido en varias de sus periferias, pocas veces con la nitidez con que se lee aquí.

Un territorio antes del mapa

Antes de ser concesión, oleoducto o zona roja, el Catatumbo era el territorio del pueblo Barí, también llamado motilón-barí. Su patrón de asentamiento era estacional: vivían en grandes casas comunales, los bohíos, habitadas por cerca de cincuenta personas, y ocupaban varias de ellas de manera rotativa a lo largo del año, siguiendo el ritmo de la caza, la pesca y el cultivo en la selva húmeda del piedemonte. Su territorio ancestral se extendía por lo que hoy son Norte de Santander y el occidente venezolano, en un continuo que la frontera republicana partiría después en dos.

El contacto con la Corona española fue temprano y violento. La región aparece en las crónicas del siglo XVII —Jacinto de Carvajal recorrió parte del bajo Catatumbo en 1647 dejando una relación del viaje—, pero durante buena parte del período colonial los Barí lograron mantener a raya a españoles y criollos mediante una combinación de retirada selva adentro y resistencia armada. El precio de esa autonomía fue alto: quedaron marcados con el nombre despectivo de "motilones", que los redujo a la categoría de indios bravos, refractarios a la evangelización y a la encomienda, aptos únicamente para la guerra de reducción.

Esa guerra fue larga. Durante el siglo XIX y buena parte del XX, hacendados respaldados por empresas militares de las élites regionales emprendieron acciones "pacificadoras" contra los Barí, mientras la Iglesia sumaba misiones orientadas a "civilizarlos". El efecto acumulado fue una amputación sostenida del territorio y de la población. En algún punto de ese proceso, un grupo indígena fue perseguido de asentamiento en asentamiento por colonos blancos hasta quedar reducido a unas veinte familias refugiadas en las soledades de la quebrada Orú, entre dos serranías, despojado incluso de su nombre nacional y rebautizado con el mote de "patajameños". La reducción no fue solo demográfica ni territorial: fue también nominal. Se les quitaba la tierra, y con la tierra el nombre.

La concesión Barco y la llegada del petróleo

El siglo XX empezó para el Catatumbo con una firma en Bogotá. En 1905, durante la presidencia de Rafael Reyes, se otorgó a Virgilio Barco Martínez —terrateniente santandereano, abuelo del futuro presidente— una concesión petrolera de cincuenta años sobre un vasto polígono en el Catatumbo. La concesión Barco nació, como su gemela De Mares en el Magdalena Medio, en el momento exacto en que Colombia empezaba a ser leída por las cancillerías del norte como reserva estratégica de crudo.

El contexto internacional fue decisivo. La Revolución Mexicana, entre 1910 y 1917, puso en riesgo la extracción petrolera extranjera en México y empujó a Gran Bretaña y Estados Unidos a buscar en Colombia una fuente alternativa. El gobierno de José Vicente Concha ensayó, entre 1914 y 1918, negociar con la casa Pearson de Inglaterra algunas concesiones, en un tablero donde la Standard Oil presionaba simultáneamente para que se resolviera el diferendo por el canal de Panamá. La declaratoria de caducidad de las concesiones De Mares y Barco durante ese período obedeció, más que a razones jurídicas, a las necesidades diplomáticas del país: sin firma del Tratado Urrutia-Thompson con Estados Unidos —que finalmente indemnizó a Colombia por la separación de Panamá—, no habría petróleo para nadie.

Roberto de Mares leyó el momento con precisión y trasladó su concesión a capitales norteamericanos: la Tropical Oil Company, subsidiaria de la Standard Oil, se quedó con el Magdalena Medio. Barco siguió una ruta comparable. En 1918 se formó la Compañía Colombiana de Petróleos con participación del concesionario y de representantes del Carib Syndicate —Carl McFadden, W.E. Griffiths y George DuBois—, quienes poco después transfirieron los derechos a la Colombian Petroleum Company, constituida en Delaware. De ahí la concesión pasaría a la South American Gulf Oil. El nombre "Barco" quedó adherido al pozo y al oleoducto, pero la propiedad efectiva del subsuelo del Catatumbo era, ya para los años veinte, un asunto que se decidía en juntas directivas norteamericanas.

Lo que siguió fue la mecánica clásica del enclave. El territorio de la concesión se superponía casi exactamente con el territorio ancestral Barí, y el contrato lo previó. El Estado colombiano se comprometió a usar la fuerza pública para repeler a los indígenas en apoyo a la compañía. El documento sobreviviente es explícito: el 2 de septiembre de 1933, invocando la cláusula XIX del contrato, la Colombian Petroleum Company solicitó con urgencia al ministro de Gobierno enviar policías al campamento de La Petrolea para enfrentar a los "motilones". El Estado, que no había construido escuela ni carretera en la región, tenía sin embargo policía disponible para defender la torre de perforación. Con esa asimetría se inauguró la relación institucional del país con el Catatumbo.

Del pozo salió después una red de oleoductos que llevaba el crudo hasta el Caribe: las líneas Tibú-Coveñas, Cienco-Retiro y Viotá-Cienco enlazaban las concesiones Barco y Cienco con el terminal de Coveñas. El petróleo del Catatumbo cruzaba así medio país sin dejar demasiado en los municipios por los que pasaba.

Colonización campesina y frontera abierta

Al enclave petrolero se sumó, casi en paralelo, otra fuerza: la colonización campesina. Colombia vivió en los siglos XIX y XX varias oleadas de colonización, protagonizadas por familias sin tierra que huían de la concentración latifundista y de la violencia política. La primera arrancó a mediados del siglo XIX. La segunda coincidió con La Violencia bipartidista de mediados del XX, y Norte de Santander fue uno de sus destinos: campesinos del interior andino, desplazados por el conflicto entre liberales y conservadores, se internaron en los valles del Catatumbo abriendo monte, ocupando baldíos, fundando veredas.

El patrón fue el mismo que en Caquetá, el Magdalena Medio o el piedemonte llanero. Las zonas de colonización se especializaron en economías extractivas —caucho, quina, maderas, ganado, después petróleo y coca— y reprodujeron, en pequeño y con violencia, la concentración de la tierra de la que sus pobladores habían huido. Grandes propietarios llegaban detrás del colono, compraban o expropiaban las mejoras, y el ciclo se reiniciaba en la siguiente frontera. El Estado no llegaba nunca del todo: ni escuelas, ni puestos de salud, ni carreteras veredales, ni saneamiento básico. Todavía en el siglo XXI, comunidades rurales del Catatumbo carecen de agua potable, electricidad y vías para sacar productos agropecuarios.

La lejanía geográfica reforzó esa marginalidad. Dieciséis horas por carretera hasta Bogotá, distancias grandes hasta la propia capital departamental, cadenas montañosas de por medio: el Catatumbo funcionó, dentro del país, como una periferia doble, alejada tanto del centro nacional como del centro regional. La subregión central de Norte de Santander, cuyo eje es Cúcuta, se estructuró alrededor de una dinámica interfronteriza intensa con Venezuela, con flujos comerciales, sociales y culturales que le dieron peso permanente en la agenda pública. El Catatumbo, en cambio, quedó como su hinterland: proveedor de crudo, receptor de colonos, ignorado por los planes sociales.

Esa condición de frontera —el departamento comparte una extensa línea con el estado venezolano de Zulia— resultó ambivalente. Cerró el territorio para la política social y lo abrió, en cambio, para todos los flujos que prefieren el margen: contrabando, migración irregular, después narcotráfico. Tibú, cabecera del municipio petrolero por excelencia, está a cinco kilómetros de la línea fronteriza. La misma proximidad que facilitaba el paso legítimo de trabajadores y mercancías facilitaba también el paso de todo lo demás.

La segunda economía: la coca

En algún momento entre los años setenta y ochenta, sobre ese sustrato de colonización sin Estado y economía petrolera enclavada, se instaló una tercera capa: la coca. La explotación petrolera operaba desde 1970 y había creado en Tibú y sus alrededores una economía monetaria sin base agrícola sólida; los campesinos de las veredas más apartadas seguían sin caminos, sin crédito, sin mercados. Cuando la hoja llegó como cultivo, encontró suelo preparado.

La expansión fue nacional y espectacular. Entre 1992 y 2001, los cultivos de coca en Colombia crecieron un 286%, pasando de 37.500 a 144.807 hectáreas, en paralelo con una reducción en Perú y Bolivia que reordenó geográficamente el negocio. El salto respondió a una combinación de factores estructurales —pobreza rural, ausencia estatal, crisis de la agricultura legal, tolerancia hacia lo ilícito— que se cumplían casi como en un manual en el Catatumbo. La rentabilidad de la hoja superaba con claridad la de cualquier alternativa legal, y la coca reasignó la mano de obra campesina de manera veloz: sustituyó el trabajo familiar y por reciprocidad por trabajo asalariado, mercantilizó vínculos que hasta entonces se sostenían en el parentesco y el compadrazgo, e inyectó una inflación aguda en productos de primera necesidad, licores, artículos suntuarios e insumos agrícolas.

Los pobladores del Catatumbo lo cuentan sin rodeos: el abandono estatal los llevó a la coca. No fue una elección moral sino una respuesta a la ausencia de alternativas, y la estigmatización posterior del "campesino cocalero" —perseguido con fumigaciones y con operativos militares— llegó sin que el Estado hubiera ofrecido primero garantías reales para una sustitución gradual y concertada. La misma lógica se ha repetido en la Amazonia y en la franja Pacífica, zonas de bajísima densidad poblacional, comunicación precaria y corredores clandestinos hacia los dos mares. El Catatumbo agregó una ventaja adicional: la frontera con Venezuela, que convertía a la región en corredor natural para sacar cocaína hacia Europa vía el lago de Maracaibo. La Gabarra, corregimiento de Tibú, se consolidó como uno de los grandes centros productores del país.

Guerrillas, oleoducto y masas campesinas

Sobre esa geografía —petróleo, colonización, coca, frontera, ausencia estatal— se montaron las guerrillas. El Ejército de Liberación Nacional, el Ejército Popular de Liberación y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia encontraron en el Catatumbo un terreno que parecía diseñado para su lógica: veredas sin policía, corredores fronterizos, rentas extractivas al alcance, campesinos con agravios acumulados. La inserción no fue mecánica ni idéntica en las tres organizaciones, pero convergió en un mismo resultado: durante décadas, quien mandaba en muchas partes del Catatumbo no era el Estado colombiano.

El ELN construyó allí una parte central de su despliegue nororiental. El petróleo fue determinante desde el principio: estuvo en el origen del Frente Armando Cacua Guerrero en la región, y las rentas derivadas de la construcción de oleoductos —extorsiones a contratistas, cobros por seguridad, atentados como herramienta de negociación— fueron decisivas entre 1985 y 1989 para conformar el Frente Efraín Pabón Pabón, que operó en el sur de Norte de Santander y el norte de Boyacá y se hizo cargo después del corredor ABC. En otras zonas del nororiente el fortalecimiento eleno se apoyó más en el trabajo de masas y, ya en los noventa, en la economía cocalera; pero en el Catatumbo la matriz original fue petrolera.

El EPL, con orígenes distintos —grupos de estudiantes e intelectuales urbanos radicalizados que en los años sesenta establecieron tres focos revolucionarios en el Valle del Cauca, el Magdalena Medio y el Alto Sinú y San Jorge— llegó más tarde a Norte de Santander. De sus focos iniciales solo el del Alto Sinú prosperó, y la organización buscó después nuevos frentes; el Catatumbo se convirtió con el tiempo en uno de sus territorios de arraigo. Las FARC, por su parte, sumaron frentes en la región siguiendo su lógica de expansión sobre zonas de colonización cocalera.

La presencia guerrillera no fue solo militar. El nororiente colombiano vivió a fines de los ochenta un ciclo de movilización campesina masiva que el ELN, entre otros, procuró disputar y capitalizar. El 7 de junio de 1987 miles de campesinos y campesinas se movilizaron en el Paro del Nororiente Colombiano, exigiendo al gobierno de Virgilio Barco Vargas —nieto del concesionario petrolero— y a las autoridades regionales mejores servicios públicos, salud, educación, cese de desalojos y fin de la guerra sucia. El movimiento A Luchar tuvo un papel destacado en la organización; hasta qué punto el ELN se mezcló en la movilización sigue en discusión, pero es claro que la guerrilla intentó situarse dentro y no fuera de esa energía social.

Un año después, entre el 22 y el 30 de mayo de 1988, se realizaron las Marchas de Mayo: veinte mil campesinos exigieron respeto a la vida ante los crímenes e intimidaciones atribuidos a "La Mano Negra", con presunta participación de agentes oficiales. Las marchas fueron precedidas por una ola de amenazas, asesinatos de líderes de la Coordinadora Popular del Nororiente y desapariciones forzadas en varios municipios. Entre las víctimas quedó registrada la de un campesino militante de la Unión Patriótica asesinado en Tibú el 13 de abril de 1988 junto con su mujer y su hijo. Ese detalle —el hijo— condensa el tono de la guerra sucia contra el catatumbero organizado: no se mataba al militante, se mataba a la familia.

La entrada del paramilitarismo y la masacre de La Gabarra

El proyecto contrainsurgente que se venía consolidando en Córdoba, Urabá y el Magdalena Medio bajo la sigla de las Autodefensas Unidas de Colombia llegó al Catatumbo a fines de los noventa con una operación militar y comercial precisa. La región tenía todo lo que las AUC buscaban: guerrilla asentada a la que combatir, coca a la que gravar, un corredor fronterizo para exportar. En el discurso interno, se trataba de "recuperar" el territorio para el Estado; en la práctica, se trataba de desalojar a las guerrillas del negocio para asumirlo.

La masacre de La Gabarra, el 21 de agosto de 1999, marcó la entrada formal. En el corregimiento cercano a Tibú, epicentro cocalero, los paramilitares consumaron una acción de terror que en la memoria regional funciona como fecha fundacional del ciclo siguiente. Entre 1997 y 1999, Salvatore Mancuso dirigió el Bloque Catatumbo de las AUC, encargado de reducir la presencia guerrillera en el nororiente. La llegada de los paramilitares a Norte de Santander había sido solicitada por comerciantes, empresarios y políticos de la región: la sociedad regional visible, no solo los actores armados, hizo parte del cálculo.

El objetivo económico era transparente. La guerrilla controlaba el negocio de la coca en La Gabarra y el Bloque Catatumbo entró para desalojarla y quedarse con esa renta. En Cúcuta, mientras tanto, los paramilitares buscaron desplazar la influencia del ELN, especialmente en las barriadas periféricas. Pero el proyecto no logró implantarse con la solidez con que se implantó en otras regiones: la geografía física del Catatumbo —sierra tupida, cauces difíciles, veredas laberínticas— y la capacidad militar acumulada por unas guerrillas que operaban allí desde hacía décadas impidieron una consolidación completa. La expansión paramilitar rompió, sin embargo, el tejido social campesino con eficacia devastadora, y ese daño moldeó las décadas siguientes.

Tras la desmovilización de las AUC en 2005-2006, los nueve municipios de la subregión mostraron trayectorias diferenciadas de violencia letal, con ocho compartiendo un patrón común y uno constituyendo excepción; las estructuras armadas se reciclaron, la coca no se fue, la guerrilla tampoco desapareció del todo. El Catatumbo entró al siglo XXI con más actores armados que instituciones civiles.

El paro de 2013 y la Zona de Reserva Campesina

La respuesta organizada del campesinado catatumbero al doble golpe del paramilitarismo y la guerra antidrogas se articuló en torno a la Asociación Campesina del Catatumbo, ASCAMCAT, y a la propuesta de convertir la región en Zona de Reserva Campesina. La ZRC —figura legal creada en los años noventa para reconocer territorios de economía campesina y frenar la concentración de tierra— ofrecía un marco para pensar la región en clave de derechos y no solo de seguridad. Contribuyó, además, a reconstruir el tejido social roto por el Bloque Catatumbo.

En junio de 2013 la disputa se hizo pública. Un paro campesino masivo bloqueó las vías del Catatumbo exigiendo la ZRC y respuestas a las demandas históricas de infraestructura, salud, educación y sustitución concertada de cultivos. El gobierno de Juan Manuel Santos respondió con fuerza: en Ocaña, las tropas del Escuadrón Móvil Antidisturbios fueron reforzadas con seiscientos policías y soldados. El saldo fue duro: dos manifestantes asesinados, cincuenta heridos graves, cientos de arrestados. La Oficina de la ONU denunció uso excesivo de la fuerza. Santos suspendió las negociaciones y rechazó la propuesta de Zona de Reserva Campesina; una reunión que ASCAMCAT solicitó con el vicepresidente Angelino Garzón fue obstruida desde la Presidencia.

El paro, sin embargo, no quedó aislado. Representantes de movimientos campesinos de Guaviare, Meta, Cauca, Nariño, Caquetá, Quindío, Putumayo, Sucre y Antioquia se reunieron en Bogotá para planear una huelga agraria nacional en solidaridad con las demandas del Catatumbo. La región, aislada geográficamente, funcionó por unas semanas como el eje de una movilización agraria de escala nacional: en la periferia se estaban planteando preguntas —sobre tierra, sustitución de cultivos, autonomía territorial— que el centro no lograba responder.

Una geografía de la desatención

Recorrer el Catatumbo del siglo XXI es constatar la superposición de todas las capas anteriores. La explotación petrolera continúa. Los cultivos de coca persisten y con ellos los operativos de erradicación forzada. La guerrilla del ELN mantiene presencia; el grupo conocido como Los Pelusos —heredero disidente del EPL— disputa territorios y rentas; grupos armados posparamilitares operan en corredores. La frontera con Venezuela, tras el colapso económico del vecino desde mediados de la década de 2010, se convirtió también en ruta de migración irregular masiva, sumando una capa más de complejidad a un territorio ya saturado.

Las comunidades han denunciado, con reiteración, atropellos por parte de fuerzas militares: empadronamientos, restricción de víveres, ocupación de bienes civiles, toques de queda, disparos indiscriminados, activación de explosivos contra civiles, incluidos menores. Las autoridades han desmentido esas denuncias atribuyendo los daños al ELN y a Los Pelusos. Entre ambos relatos, la vida cotidiana transcurre en un régimen de inseguridad crónica en el que el Estado aparece más como uno más de los actores armados que como garante de derechos.

El pueblo Barí, mientras tanto, sigue allí. Reducido, replegado, pero presente, ha organizado sus resguardos y disputado en tribunales el reconocimiento de un territorio ancestral que el mapa petrolero borró hace un siglo. Su presencia es un recordatorio incómodo de que la historia del Catatumbo no empezó con Virgilio Barco Martínez ni con la Colombian Petroleum Company: empezó mucho antes, con un patrón de asentamiento estacional en grandes casas comunales que ninguna crónica oficial recogió como patrimonio.

La forma del patrón

Visto en conjunto, el Catatumbo exhibe una continuidad estructural difícil de eludir. Cada ciclo económico —petróleo desde 1905, coca desde los setenta— empezó con una operación de despeje del territorio: policía contra los Barí para la Colombian Petroleum, paramilitares contra la guerrilla y el campesino cocalero para el control del narcotráfico, ESMAD contra la movilización campesina para contener la exigencia de la ZRC. Cada ciclo generó rentas que salieron de la región —hacia Delaware, hacia Coveñas, hacia Europa vía el lago de Maracaibo— sin traducirse en escuela, carretera o acueducto veredal. Cada ciclo terminó dejando la infraestructura de violencia intacta y disponible para el ciclo siguiente.

Sería, sin embargo, un error leer esa continuidad como un destino impuesto desde Bogotá sobre una región pasiva. La región no ha sido solo objeto: en el Catatumbo se construyó buena parte del poder territorial del ELN, se fundó ASCAMCAT, se realizaron las Marchas de Mayo de 1988 y el paro de 2013, y la geografía junto con la capacidad militar acumulada impidieron incluso que el proyecto paramilitar se consolidara como en otras regiones. Lo que persiste no es una dominación unilateral sino una tensión no resuelta entre una lógica de extracción sin desarrollo y una resistencia sin representación efectiva. El Estado central ha sido allí, más que dominador omnipresente, un actor intermitente: presente para firmar concesiones y enviar policía, ausente para construir institucionalidad social.

Esa asimetría —extracción con Estado, desarrollo sin él— es la forma exacta del patrón. La ecuación de despojo, colonización armada y violencia que en tantas regiones colombianas apareció una vez, en el Catatumbo se ha reactivado en tres ciclos sucesivos con los mismos actores estructurales: capital extranjero o ilegal, fuerza pública en función de despeje, iglesia y proyectos "civilizatorios", élites regionales que solicitan la intervención armada, y una población local que va absorbiendo cada capa sin desprenderse de las anteriores. No es una región excepcional ni mártir; es una región donde el patrón nacional se lee con particular nitidez, quizá porque el aislamiento geográfico le impidió disimularlo.

De allí su lugar en la historia de Colombia. El Catatumbo no es un caso periférico útil para completar un mapa: es un texto donde el país puede releer, en versión concentrada, la relación que ha construido con sus fronteras internas. Un archivo abierto de lo que Colombia hace con los territorios que le importan solo por lo que producen.

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1850DespojoEntidad1900Economía de enclaveEntidad1900Frontera porosaEntidad1900ImpunidadEntidad1900Las periferias colombianas y la exclusión territorial deliberadaEnsayo1900Reclutamiento forzadoEntidad1905Industrialización antioqueña y concesiones petroleras (1905–1919)Hecho1910Norte de SantanderEntidad1928Presencia diferenciada del Estado en las periferias colombianasEnsayo1931Ley 80 de 1931 y la soberanía delegada en los enclaves petrolerosHecho1948Huelga de la USO de 1948 y creación de Ecopetrol (1948–1951)Hecho1950Frontera agrícolaEntidad1953DesmovilizaciónEntidad1960Frontera agrariaEntidad1961Las reformas agrarias en Colombia (1936–2016)Ensayo1964Colonización armadaEntidad1964Geografía del conflictoEntidad1967CesarEntidad1970Acumulación por desposesiónEntidad1971Guerra contra las drogasEntidad1975Urbanización colombiana del siglo XXEnsayo1980ColonizaciónEntidad1980TibúEntidad1982Las FARC y la economía cocalera, 1982-2016Ensayo1985Economía cocaleraEntidad1985Economía de guerraEntidad1985La cuestión agraria como sustrato del conflicto colombianoEnsayo1986Alcaldesas y concejalas de la Unión Patriótica en municipios de frontera (1986–1990)Hecho1989La Constitución de 1991 y su décadaÉpoca1990Desaparición forzadaEntidad1990El movimiento campesino colombiano y la política agrariaEnsayo1991Estado social de derechoEntidad1991Fuero militarEntidad1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoEnsayo1991Monopolio de la violenciaEntidad1991Soberanía fragmentadaEntidad1994Colonización campesinaEntidad1994NarcoparamilitarismoEntidad1994Nicolás Rodríguez BautistaEntidad1995Apertura económica de 1990-91 y auge cocaleroEnsayo1995Capital transnacionalEntidad1995Fundación y expansión de las AUC (1995–2000)Hecho1996Asimetría mediática: hipervisibilidad de las FARC e invisibilización paramilitar (1996–2002)Hecho1996Las marchas cocaleras y la frontera agraria (1996–2000)Hecho1996Soberanía limitadaEntidad1996Sustitución de 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militarEntidad2002Falsos positivos y ejecuciones extrajudicialesHecho2002Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005)Hecho2002Política de Seguridad DemocráticaHecho2002ProhibicionismoEntidad2002Seguridad Democrática (2002–2016)Época2003Carlos Mario Jiménez NaranjoEntidad2003Cultura popular y narco-violencia en ColombiaEnsayo2003Falsificación de cifras y ocultamiento de menores en la desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho2003Negociación de Santa Fe de Ralito y desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho2004Estado de cosas inconstitucionalEntidad2005Body countEntidad2005Continuidad paramilitarEntidad2005Directiva 029 de 2005 y la arquitectura de incentivos para los falsos positivosHecho2005Falsos positivos (2002-2008)Ensayo2005Iván Roberto Duque GaviriaEntidad2005La Ley 975 de 2005 (Justicia y Paz)Ensayo2005Verdad judicialEntidad2006Agroindustria en ColombiaEntidad2006Bandas criminales (Bacrim)Entidad2006Derecho Internacional HumanitarioEntidad2006La desmovilización de las AUC y las bacrim/AGC (2003-2006)Ensayo2008Falsos positivosEntidad2008Palma africanaEntidad2008SubregistroEntidad2008Violencia sexual en el conflicto armado colombianoEnsayo2009Memoria subalternaEntidad2010El archivo transicional del paramilitarismo colombianoEnsayo2011Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448 de 2011)Hecho2011Restitución de tierrasEntidad2013Soberanía alimentariaEntidad2014Paula Gaviria BetancurEntidad2016Acuerdo de pazEntidad2016Asesinato sistemático de líderes sociales y excombatientes en el posacuerdo (2016–2022)Hecho2016El Posconflicto colombianoÉpoca2016Garantías de no repeticiónEntidad2016Implementación del Acuerdo Final y dejación de armas de las FARC-EP (2016-2018)Hecho2016Justicia restaurativaEntidad2016Paz territorialEntidad2016PosconflictoEntidad2016Reforma Rural IntegralEntidad2016Reparación colectivaEntidad2017Disidencias de las FARC y reconfiguración del conflicto armado (2017–2022)Hecho2017Fracaso del PNIS (2017–2022)Hecho2017La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)Ensayo2017Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR)Hecho2018Elección de Iván Duque y el giro uribista (2018)Hecho2018JEP (Jurisdicción Especial para la Paz)Entidad2019Confinamientos masivos como modalidad de control territorial en el posacuerdo (2019–2022)Hecho2019Sujetos colectivos de reparación en ColombiaEnsayo2020Líderes socialesEntidad2020Violencia selectiva contra el liderazgo social rural en Colombia (1970–2024)Ensayo2022Comisión de la VerdadEntidad2022Informe Final de la Comisión de la Verdad 'Hay futuro si hay verdad'Hecho2022Verdad históricaEntidad2023Acto Legislativo 1 de 2023: el campesinado como sujeto de especial protección constitucionalHecho
Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

39 documentos · 41 fragmentos
01
Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 389
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[1]

seleccionar con cuidado los alimentos que consumen. En el proceso de asentamiento, los hacendados contaron con el respaldo de empresas militares de las élites regionales que, junto a la conquista española y al interés por consolidar las nacientes actividades comerciales y las propiedades, desembocaron en la…

p. 389
02
Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 648
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de esto son los casos de persecución de los pueblos indígenas awá, kofán, siona, koreguaje, uitoto (murui), inga, kamëntsá y kichwa, en Putumayo, que fueron afectados por la «fiebre» del caucho. En la década de los treinta el pueblo indígena motilón-barí, en Norte de Santander, sufrió algo similar. El Gobierno…

p. 648
03
Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 517
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reunidos en un pueblo agricul - tor que la opresión de los blancos destruyó, dispersando sus moradores, a quienes fatigaron con incursiones en busca de una soñada mina de oro. Los matorrales han inva - dido el espacio antiguamente ocupado por sementeras, y un grueso chorro de agua que se precipita majestuoso de lo…

p. 517
04
Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 187
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los barí, de la serranía de Perija. Ellos viven en grandes casas comunales, habitadas por cerca de 50 personas. Pero no tienen una, sino varias de esas grandes casas, las cuales ocupan de manera estacional. Ni los kogi, ni los u'wa, ni los barí son casos únicos: de hecho, ninguno de los grupos indigenas que habitaban…

p. 187
05
Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 53
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fifty years. Control of this concession passed first to the Colombian Petroleum Company formed in 1918 by Barco and representatives of the Carib Syn- dicate Carl McFadden, W.E. Griffiths, and George DuBois, who then transferred it to South American Gulf Oil. 34 On November 28, 1905, Minister of Public Works Modesto…

p. 53
06
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 307
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of History established 1903 Panama separates from Colombia with U.S. backing Gold standard established for currency Carlos Cuervo M á rquez publishes Apuntaciones sobre los orígenes del pueblo Chibcha Colombian Chronology, 1810–2022 291 Year Politics Society and Economy Culture and Science 1904 Rafael Reyes is…

p. 307
07
Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 51
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[7]

bajo la dirección del coronel Efraín Rojas Acevedo. Las concesiones petroleras Aunque las concesiones petroleras De Mares, en Barrancabermeja, y Barco, en el Catatumbo, habían sido declaradas caducas por las autoridades por razones de política internacional –entre las cuales estaba lograr la firma del Tratado con…

p. 51
08
Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 248
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con Estados Unidos una serie de reparaciones pecuniarias, así que el gobierno de Vicente Concha negoció con la casa Pearson, de Inglaterra, algunas concesiones petrolíferas, pero las empresas norteamericanas, en particular la Standard Oil, debían esperar y presionar, a su manera, para que se solucionara de alguna…

p. 248
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con Estados Unidos una serie de reparaciones pecuniarias, así que el gobierno de Vicente Concha negoció con la casa Pearson, de Inglaterra, algunas concesiones petrolíferas, pero las empresas norteamericanas, en particular la Standard Oil, debían esperar y presionar, a su manera, para que se solucionara de alguna…

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09
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 533
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[10]

los de Palagua-Velásquez y Cocorná-Vasco- nia. Por este sistema se transporta el petróleo obtenido de los campos del valle del Magdalena a las refinerías de Ba- rrancabermeja y Cartagena, y los excedentes al terminal de Mamonal para su exportación. Los oleoductos de El Centro-Galán y Ayacucho- Barrancabermeja…

p. 533
10
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 359
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[11]

comerciales que Colombia tenía con Europa se vieron súbitamente interrumpidos. Nuestros productos no encontraban fácil mercado, las di- visas bajaban y, para colmo de males, muchas de las in- dustrias europeas se transformaban en factorías de gue- rra, desatendiendo el consumo de nuestra elite. Mientras Colombia…

p. 359
11
Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 65
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[12]

produc- tion. In this situation the cultivator had no choice but to sign the contract with the Company in order to receive aid. In view of the scandalous tactics employed by UFCO, Escobar urged the Colombian government to contact the Ministry of Foreign Relations in Washington and ask it to demand that the Company…

p. 65
12
Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 73
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uneven development stems from – and intersects with – the centralist tendencies of the Colombian state (González, 2014). Located approximately 16 hours from Bogotá by road, Catatumbo is even far from Cucutá, the capital of Norte de Santander, the department to which the region’s municipalities belong. However, while…

p. 73
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Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 58
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[14]

Derecho local. II. EL PROCESO DE DDR EN NORTE DE SANTANDER 2.1 Contexto 2008-2009. La frontera: entre las econo - mías ilícitas y el conflicto ininterrumpido 2.1.1 Norte de Santander: la importancia de la frontera El departamento de Norte de Santander limita al norte y oriente con la República Bolivariana de…

p. 58
14
Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 59
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[15]

o tres de estas condiciones. En este caso concreto de Río de Oro los reconocimientos, aforos de aguas, espera de creciente y vaciantes, etc., dilataron — 5 8 — enormemente la llegada a un acuerdo, el cual consistió en que el Río de Oro es aquel del centro de la trifurcación al cual se le llamó Intermedio y cuyo…

p. 59
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Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 32
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[16]

región del Catatumbo, con hitos de movilización y protesta social 10, resultaron favorables para que los partidos de izquierda asentaran allí su trabajo político. Este fue el escenario en donde tanto Tirso Vélez como Carlos Bernal recibieron apoyo inicial a su actividad política. La subregión central se configura a…

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Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 50
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Guajira] 23 del Zulia” (Testimonio de hombre Wayúu en GMH, 2010, página 65). Por otro lado, en la Serranía del Perijá 24, cuya población es ma- yoritariamente campesina, el municipio Agustín Codazzi se destaca como el de mayor expulsión y recepción de población desplazada 25. A pesar de que el cruce de frontera en…

p. 50
17
Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 96
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[18]

the hotel. During the event, the military positioned snipers on rooftops. A friend who worked with Doctors Without Borders and was living in Tibu later told me that the organization had instructed its employees not to leave their houses that day, in part for security reasons and in part to avoid compromising their…

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18
Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 31
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[19]

2005 del Departamento Nacio- nal de Estadística (DANE, 2005). 31 Tibú: las paradojas de su riqueza Mapa 2. Municipio de Tibú Fuente: procesado por CNMH. Georreferenciación: Julio E. Cortés, 2015 32 Con licencia para desplazar Para nadie es un secreto, esta es una zona olvidada de los pla- nes sociales del Estado y el…

p. 31
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Hacer memoria para recuperar el ser kamëntšá: raspachines víctimas y lecciones de la madre tierra para pervivirGrupo de Memoria Kamëntšá; William Caicedo Jamioy; Víctor Andrés Chasoy; Clementina Chicunque Chindoy; Wbeimar Arturo Jacanamejoy Chicunque; Judy Jaqueline Jacanamejoy Chicunque; Arturo Jacanamejoy Mavisoy; Jacinta del Rosario Jamioy; Aida Yuleni Juagibioy; Laura Guzmán Peñuela; Tania Helena Gómez Alarcón · 2020 · p. 25
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[20]

por lograr mecanismos de reconocimiento y participación política en el marco del pos- conflicto, “lo que implica su reconocimiento como grupo social diferenciado con derechos sobre su territorio” (2017, p. 369): [25 ] Hacer memoria para recuperar el ser kamëntšá Nos reconocemos como víctimas no solo de la violencia…

p. 25
20
El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 332
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[21]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

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21
El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 332
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[22]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

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Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 58
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[23]

niveles y la magnitud de esta resistencia dependieron, asimismo, del tipo de relaciones de producción que caracterizaban a cada región: relaciones y estructura de clase, contingencia política, ritmo de inte- gración de la región al sistema capitalista global y función de las insti- tuciones del Estado. Colombia…

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23
Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28
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[24]

región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…

p. 28
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Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 93
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[25]

una región periférica, atada a distintos ciclos de colonización espontánea, en el marco del desarrollo de diferentes tipos de economía extractiva (petróleo y posteriormente coca), favore- ció la inserción y consolidación del ELN, el EPL y las FARC. Por eso, los grupos paramilitares implementaron un modelo intensivo en…

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Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 164
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El ELN mantenía cuatro zonas donde ejercía una fuerte influencia. La primera era Arauca, donde el ELN aglutinó un importante crecimiento alrededor de la explotación petrolera. (Allí) el Frente de Guerra Nororiental logró un enorme crecimiento en los años 80 y sobre todo en los 90. La consolidación de los frentes…

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Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 512
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- pesinado del Catatumbo ante las violaciones de derechos humanos que se dieron por 1017 Informe 1306-CI-01879 Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro), Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc), Coordinador Nacional Agrario de…

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La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 76
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[28]

con la movi- lización social”, asegura. Otra cosa piensa Eliécer 23, exmiembro de A Luchar, quien coin- cide con Sanguino en que el ELN se mezcló en la protesta. “Los organizadores del paro les decían a los campesinos que debían guardar comida y organizar juntas. Al tiempo aparecían los gue- rrilleros. También se…

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Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 253
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[29]

do Macro- regional Al Paro del Noroccidente Colombiano le siguió una ola de amenazas, el asesinato de líderes de la Coordinadora Popular del Nororiente y otras organizaciones en varios de los municipios y la desaparición forzada de otros. En Tibú se recuer- da que el 13 de abril de 1988 fue asesinado un campesino…

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Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 39
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[30]

al narcotráfico y a las rentas de los contextos locales (Aponte, 2011). En efecto, el ELN muestra los típicos problemas de un grupo de vanguardia, al no lograr tejer lazos sólidos con las comunidades locales ni garantizar una coherencia y disciplina en la cadena de mando (Staniland, 2014). El EPL, por su parte,…

p. 39
30
Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 368
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[31]

está, por ser Norte de Santander un departamento fronterizo donde los criminales comunes se habían disputado desde siempre el control de los contrabandos varios, las tasas de homicidios doblaban las del promedio nacional. 60 Por esa frontera salía cocaína colombiana a Europa vía Venezuela y también entraban…

p. 368
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Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 310
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que si bien comprometieron la supervi- vencia de las Águilas Negras contribuyó, indirectamente, a aumentar las disputas con su grupo rival (Verdad Abierta, 2014, octubre 31, “¿Qué se hicieron los desmovilizados del Bloque Catatumbo?”). 311 3 Dimensiones locales y subregionales de la violencia paramilitar antes y…

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Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 272
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Pontificia Universitaria Javeriana, 2009), 423-466. 272 James D. Henderson campañas, el BCB estableció asimismo un bloque en el extremo sur del país, en Putumayo, donde, con extrema brutalidad, sus fuerzas acabaron con el dominio que tenían las FARC sobre 15 000 hectáreas de cultivos de coca del departamento. Esto…

p. 272
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Pontificia Universitaria Javeriana, 2009), 423-466. 272 James D. Henderson campañas, el BCB estableció asimismo un bloque en el extremo sur del país, en Putumayo, donde, con extrema brutalidad, sus fuerzas acabaron con el dominio que tenían las FARC sobre 15 000 hectáreas de cultivos de coca del departamento. Esto…

p. 272
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No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 382
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el Caribe: «hasta las FARC-EP nos dejaron solos» 1110. 1108 Verdad Abierta, «Yolanda Paternina, fiscal asesinada», VerdadAbierta.com. 1109 Sentencia-2014-00024. Javier Alfredo Valle Anaya, 1 de septiembre de 2017. 1110 «Festival de la Reconciliación de los Montes de María», 12 de marzo de 2019. 383 fifl pfirepsn ta rn…

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Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 339
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aquellos que sufren de dicha violencia, en particular a los más pobres. Cultivos ilícitos y narcotráfico en Colombia Los noventa se caracterizaron por una expansión de los cultivos de coca del orden del 286% (las hectáreas cultivadas pasaron de 37.500 en 1992 a 144.807 en 2001) aunque, durante este siglo, los cultivos…

p. 339
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Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 149
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y el Mundo Fuente: UNODC, Policía Nacional ¿Porqué se expandieron de manera vertiginosa los cultivos de hoja de coca en Colombia hasta el punto de llegar a ser el principal productor de cocaína?. Es una pregunta que surge de mirar los hechos mencionados y cuya respuesta se encuentra recorriendo varios aspectos e…

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Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 260
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Conflicto agrario y expansión de los cultivos ilícitos en Colombia 260 tecnología, fuerza de trabajo familiar y producción agrícola) hacia la coca ge- neraron una significativa inflación en productos de primera necesidad, licores, artículos suntuarios e insumos agrícolas. El tradicional reclutamiento de fuer- za de…

p. 260
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Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 102
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propicios para los cultivos ilícitos. El territorio de 1142 000 km2, poco menos del 60% del mexicano, está dividi do en cinco grandes regiones naturales: Caribe, Andina, Pacífica, Orinoquia y Amazonia. Aunque de c. 1970 al presente en todas se cultivan, procesan y transportan drogas ilícitas, los principales centros…

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Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 130
1 cita
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near the municipality of Hacari, while robbing them and causing injuries. By 22 June, ESMAD forces in Ocaña were joined by 600 police and soldiers. Two demonstrators were killed, 50 were seriously wounded (among them women and children), and hundreds were arrested. The UN High Commission for Human Rights in Colombia…

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Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 84
1 cita
[41]

atropellos por parte de las fuerzas militares, como empadronamientos (restricción de la entrada de víveres a las comunidades), daños a viviendas, ocupa- ciones de bienes civiles, toques de queda, disparos indiscriminados y activación de explosivos contra la población civil, incluyendo menores de edad. Las autoridades…

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