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Idea · Seguridad Democrática

Falsos positivos

Los 'falsos positivos' son ejecuciones extrajudiciales de civiles colombianos —en su mayoría jóvenes pobres, trabajadores informales y personas vulnerables— cometidas por miembros del Ejército Nacional, quienes vestían los cadáveres con uniformes de camuflaje y los presentaban como guerrilleros muertos en combate para inflar estadísticas de bajas durante la política de Seguridad Democrática. Constituyeron un patrón geográficamente extendido con modus operandi estandarizado y complicidades múltiples dentro del Estado colombiano.

3.835 palabras35 documentos48 fragmentos citados
Falsos positivos

Trayectoria de una idea

  1. 2002

    Primeros patrones documentados: Batallón La Popa y Bojayá

  2. 2006

    Inicio del período de mayor escalada bajo el mando de Montoya

  3. 2007

    Desapariciones desde la Terminal de Tunja y caso Huila

  4. 2008

    Directiva 0142 y codificación institucional de incentivos

  5. 2008

    Caso Soacha: detonante del escándalo nacional

  6. 2008

    Destituciones militares, renuncia de Montoya y organización de las familias

  7. 2019

    JEP abre macrocaso y registra cifras de víctimas

03

La lectura

Los falsos positivos representan la perversión más documentada de la doctrina contrainsurgente colombiana: un sistema en el que la presión institucional por resultados medibles en cadáveres del enemigo, combinada con incentivos materiales y simbólicos, produjo el asesinato sistemático de civiles inocentes a lo largo de casi una década. La práctica no fue un desvío espontáneo de tropa indisciplinada sino una arquitectura criminal con roles diferenciados —reclutadores civiles, ejecutores militares, funcionarios encubridores en la Fiscalía, la Justicia Penal Militar y Medicina Legal— que se replicó con variaciones locales desde el Cesar hasta el Eje Cafetero, desde Boyacá hasta el Meta. El escándalo de Soacha en 2008 rompió el silencio no porque el fenómeno fuera nuevo, sino porque la coincidencia entre desapariciones en un municipio obrero y reportes de combate en departamentos remotos resultó imposible de sostener ante las pruebas de ADN y la organización colectiva de las familias. Las Madres de Soacha, con sus batas blancas, convirtieron el duelo privado en interpelación pública, oponiendo al uniforme de camuflaje fabricado por el Ejército el color de lo que no tiene nada que ocultar. La justicia transicional, a través de la JEP y la Comisión de la Verdad, ha avanzado en el esclarecimiento de un crimen cuya magnitud total —miles de víctimas distribuidas en casi todos los departamentos del país— sigue siendo objeto de investigación y de disputa sobre la cadena de responsabilidad que llega hasta los más altos mandos.

Con el eufemismo "falsos positivos" se conoce en Colombia una práctica criminal cometida por miembros del Ejército Nacional entre los primeros años del siglo XXI y 2008: la ejecución extrajudicial de civiles —en su mayoría jóvenes pobres, trabajadores informales, habitantes de calle y personas con discapacidad— que luego eran vestidos con uniformes de camuflaje, provistos de armas y presentados como guerrilleros muertos en combate para inflar las estadísticas oficiales de bajas. No fueron episodios aislados ni exabruptos de tropa: constituyeron un patrón geográficamente extendido, con modus operandi estandarizado y complicidades múltiples dentro del Estado. Su magnitud, todavía en proceso de esclarecimiento judicial ante la Jurisdicción Especial para la Paz, hizo de este fenómeno el mayor escándalo de derechos humanos de la política de Seguridad Democrática y una herida que el país aún tramita.

El nombre y el crimen

El término "falso positivo" proviene de la jerga militar: un "positivo" es una baja del enemigo en combate; el adjetivo "falso" señala que ese resultado fue fabricado. La expresión, aparentemente neutra, oculta la naturaleza del hecho, que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión de la Verdad han precisado con exactitud técnica: ejecuciones extrajudiciales de personas protegidas por el derecho internacional humanitario, seguidas de alteración de la escena del crimen, encubrimiento institucional y estigmatización póstuma de la víctima. La Jurisdicción Especial para la Paz, al abrir su tercer macrocaso, prefirió una fórmula más precisa: "muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado".

La operación tenía, en su forma más recurrente, tres tiempos. Primero, el reclutamiento engañoso: intermediarios civiles —en algunos casos, como se documentó en Soacha en 2008, pagados por el propio Ejército— ofrecían empleo a jóvenes de barrios populares o abordaban a hombres solos en terminales de transporte, plazas de mercado o zonas de rebusque. Segundo, el traslado: las víctimas eran llevadas cientos de kilómetros lejos de su lugar de origen, hasta zonas rurales donde operaban las unidades militares interesadas en registrar la baja. Tercero, la ejecución y la puesta en escena: se les daba muerte, se les cambiaba la ropa por prendas de camuflaje, se les ponía en las manos un arma —con frecuencia un fusil AK-47 sin cargador funcional o de dotación evidentemente distinta a la del Ejército, lo que un observador entrenado habría detectado— y se reportaba el "resultado operacional". Esa puesta en escena tenía un nombre interno, el "kit de legalización", cuya lógica se enseñaba desde la propia Escuela Militar.

Detrás de cada uno de esos cuerpos había una doble violencia: la del asesinato y la de la mentira posterior. La víctima desaparecía de su barrio sin explicación —una forma de desaparición forzada— y, cuando reaparecía, lo hacía en la página policial de un diario regional como "guerrillero dado de baja". La estigmatización póstuma completaba el crimen: la familia debía enterrar no solo a su muerto, sino a la caricatura pública que el Ejército había fabricado con él.

Una arquitectura de incentivos

Preguntar por qué ocurrió esto exige mirar la estructura, no solo a los ejecutores. La política de Seguridad Democrática, inaugurada por Álvaro Uribe Vélez en 2002, hizo de las bajas guerrilleras el indicador principal del éxito militar. El Plan Colombia había reforzado esa vocación cuantitativa: los recursos, los ascensos y el prestigio institucional se medían en cadáveres del enemigo. Sobre ese piso doctrinario se levantó un sistema de estímulos concretos que, con el tiempo, mostraría su capacidad de pervertir la conducta de tropa.

Los incentivos eran de varios órdenes. Materiales: recompensas en efectivo por informaciones que llevaran a "positivos", pagos que en algunas versiones testimoniales alcanzaron el millón de pesos por baja, tomados de fondos de gastos reservados. Prestacionales: permisos de quince días fuera de la unidad, licencias remuneradas, prebendas administrativas. Y simbólicos: condecoraciones, menciones de honor, ascensos. El 4 de mayo de 2008, el entonces comandante del Ejército, general Mario Montoya Uribe, firmó la Directiva Permanente n.º 0142, que fijaba criterios para el otorgamiento de la Medalla por Servicios Distinguidos en materia de orden público vinculados a las bajas en combate. La directiva —firmada apenas semanas antes de que se agudizaran las desapariciones en Soacha— codificaba un sistema en el que la producción de cadáveres del enemigo era retribuida institucionalmente.

Sobre esa arquitectura descendía la presión de mando. Los comandantes exigían "resultados" a sus subordinados; los oficiales medios trasladaban la exigencia hacia abajo; los suboficiales y soldados, en zonas donde el combate real era escaso o costoso, encontraron en la ejecución de civiles un atajo. Capturas comunicadas por radio eran convertidas en "muertos" por quienes recibían los reportes, y quienes se negaban a colaborar podían ser objeto de traslados desfavorables o marginación.

El período de mando del general Montoya, entre marzo de 2006 y noviembre de 2008, coincide con el mayor aumento porcentual en ejecuciones extrajudiciales registrado bajo cualquier comandante del Ejército durante el período estudiado: 144%. Un oficial de alto rango sostuvo que Montoya le habría instruido personalmente a aumentar el número de bajas ofreciendo como incentivo licencias de quince días y un millón de pesos por soldado, tomados de fondos de inteligencia. El testimonio es indirecto y no ha sido corroborado por declaración documental del propio Montoya, quien ha sostenido que emitió órdenes y estableció mecanismos de revisión para que cada muerte en combate estuviera acompañada de una investigación y para que las actuaciones militares se enmarcaran en la Constitución. Esa posición contrasta con lo que la Comisión de la Verdad, la Procuraduría y la propia JEP han documentado sobre los patrones de su período.

Con Montoya, la línea que conecta al mando con la práctica del terreno no requiere una orden explícita firmada: basta una cultura de resultados en la que los incentivos, la tolerancia y la ausencia de sanción producen, con eficacia burocrática, lo mismo que produciría una orden. El general fue investigado disciplinariamente por la Procuraduría por omisión en sus funciones durante los hechos de Bojayá en 2002, cuando comandaba unidades en el Medio Atrato, y agentes del Ministerio Público solicitaron su vinculación a procesos por la Operación Orión en la Comuna 13 de Medellín, cuando estaba al frente de la IV Brigada. Su trayectoria previa, sostenida por el ascenso con apoyo estadounidense para comandar la Fuerza de Tarea del Sur en el empuje inicial del Plan Colombia, lo situó en el centro de una cadena de mando cuya responsabilidad la justicia transicional aún examina.

El terreno: geografía de un patrón

La distribución territorial de las ejecuciones revela la naturaleza estructural del fenómeno. No se concentraron en una zona ni en un batallón: se replicaron con variaciones locales en departamentos muy distintos, siguiendo el mapa de las brigadas y la lógica operativa de cada teatro. El Meta encabezó las cifras bajo la jurisdicción del Bloque Centauros de las Autodefensas Unidas de Colombia, según lo confesaron excomandantes paramilitares ante la justicia. Antioquia, Cesar, Norte de Santander, Casanare, Sucre, Huila y el Eje Cafetero registraron patrones consistentes con el mismo modus operandi.

En el Eje Cafetero, la base de datos de la JEP registró 452 víctimas —235 en Caldas, 150 en Quindío y 67 en Risaralda—, de las cuales 300 murieron entre 2006 y 2008. La mayoría fue atribuida a batallones de la Octava Brigada, con al menos 17 casos imputados al Batallón Cisneros de Armenia. En el oriente antioqueño, una unidad militar concentró 41 víctimas y el Batallón de Caballería Mecanizada n.º 4 Juan del Corral acumuló 21, con operaciones focalizadas en los municipios de Granada, San Luis y Cocorná —el mismo cinturón que había sufrido, años antes, la ofensiva paramilitar del Bloque Metro—. En el Meta, datos de la Fiscalía señalaban que de 2.304 cuerpos enterrados como no identificados en cementerios del departamento, una parte significativa había sido reportada como muerta en combate por la fuerza pública.

En el Cesar, el Batallón La Popa se convirtió en emblema. El coronel Publio Hernán Mejía Gutiérrez, su comandante desde 2002, recibió reconocimientos por operaciones presentadas como éxitos contra el ELN: el 25 de octubre de 2002 reportó varios guerrilleros muertos del Frente 6 de Diciembre, hecho por el cual el entonces comandante del Ejército, general Carlos Alberto Ospina, viajó al Cesar y lo elogió públicamente. Investigaciones posteriores cuestionaron la veracidad de esas operaciones, y el caso La Popa terminaría siendo uno de los patrones priorizados por la JEP, con reconocimientos parciales de responsabilidad por parte de oficiales que confesaron alianzas con paramilitares.

En Boyacá, el 10 de febrero de 2007, el Batallón Tarqui, con sede en Sogamoso, reportó como guerrilleros de las FARC dados de baja en combate a personas que habían sido desaparecidas desde la Terminal de Transportes de Tunja, en un patrón similar al que se replicaría en Soacha un año después. En Huila, un padre denunció públicamente que su hijo había sido asesinado en Gigante en 2007 tras ser retenido cerca del Batallón Cacique Pigoanza, y luego presentado como delincuente por periódicos y emisoras locales.

Soacha: el pliegue del escándalo

Aunque el fenómeno llevaba años acumulando denuncias —de la Defensoría del Pueblo, de organizaciones de derechos humanos, del propio sistema de Naciones Unidas—, fue el caso de Soacha el que rompió el silencio nacional. A comienzos de 2008, en el municipio pegado al sur de Bogotá, un grupo de jóvenes desapareció después de haber sido abordado por intermediarios que les ofrecían trabajo. Sus cuerpos aparecieron cientos de kilómetros al nororiente, en fosas cercanas a Ocaña, Norte de Santander, presentados por unidades militares como guerrilleros muertos en combate. Las cifras iniciales fluctúan entre once y dieciséis jóvenes identificados, y en semanas la prensa hablaba ya de unos doscientos casos similares en distintas regiones.

Las pruebas de ADN practicadas en septiembre de 2008 confirmaron la identidad de las víctimas. La coincidencia entre las desapariciones en un municipio de clase trabajadora y los reportes de "guerrilleros dados de baja" en un departamento fronterizo que las víctimas no conocían dinamitó la coartada oficial. El presidente Uribe reaccionó con una frase que precipitó, sin quererlo, la organización política de las familias: afirmó que los jóvenes de Soacha "habían salido de sus casas con propósitos delincuenciales y no de trabajar y recoger café". La estigmatización desde el más alto poder del Estado —extendida por autoridades locales que insinuaron con lenguaje ambiguo el supuesto involucramiento de los jóvenes con actores armados— fue el detonante para que las madres decidieran no callar.

En octubre de 2008, Uribe destituyó a 27 militares, entre ellos tres generales. A comienzos de noviembre, el general Mario Montoya renunció como comandante del Ejército. La coincidencia temporal entre estas medidas y una caída en el número de ejecuciones registradas sugiere que el escrutinio público, más que una decisión doctrinaria del alto mando, fue lo que interrumpió la práctica. La respuesta oficial combinó, sin embargo, el reconocimiento parcial con la resistencia estructural: se destituyó a mandos visibles, pero se mantuvo la descalificación de organizaciones defensoras de derechos humanos y se frustraron intentos de investigación de fondo sobre la cadena de responsabilidad.

Las Madres de Soacha

Del duelo privado nació una fuerza pública. Las madres y familiares de las víctimas se conocieron a lo largo de 2008 en la Personería Municipal de Soacha, en las diligencias de reconocimiento y en las salas de espera de la Fiscalía; se comunicaron por vecinos, por emisoras, por internet. Fue un proceso de descubrimiento colectivo: cada una había recibido la misma versión inverosímil sobre su hijo —muerto en combate en un lugar remoto, portando armas que nunca había tenido—, y al reconocerse en el relato de las otras entendieron que no se trataba de un accidente sino de un patrón.

Comenzaron a hacer plantones en la sede de la Fiscalía y en la plaza de su municipio, vestidas con batas blancas que simbolizaban la inocencia de sus hijos y portando pendones con las fotografías. La bata blanca —imagen que quedaría fijada en la memoria pública— condensaba una respuesta simbólica precisa a la estigmatización: contra el uniforme de camuflaje con que el Ejército había disfrazado a los muertos, ellas oponían el color de lo que no tiene nada que ocultar.

Una madre relató haber emprendido la búsqueda de su hijo a través de la Fiscalía en Bogotá, donde el paro de fiscales del momento le impidió obtener información y le provocó un colapso emocional; el cuerpo, finalmente, había aparecido en Ocaña. Otro padre, cuyo hijo fue asesinado en el Huila, describió la doble herida de enterrar al muchacho y leer en la prensa que era un delincuente. Las Madres de Soacha no se conformaron con sus propios casos: asumieron una vocería más amplia y se propusieron, en sus propias palabras, hablar por las víctimas que tienen miedo. La organización colectiva del dolor —el mismo mecanismo que había producido, décadas antes, las Madres de la Plaza de Mayo argentinas— se convirtió en condición de posibilidad para que el país nombrara lo que estaba ocurriendo.

Complicidades: paramilitares, funcionarios, silencios

La sistematicidad de los falsos positivos no puede explicarse sin las redes de complicidad que la sostuvieron fuera del uniforme. En diversas regiones, especialmente en los Llanos y el Caribe, comandantes paramilitares entregaron al Ejército cuerpos de excombatientes propios y de civiles previamente asesinados para que los uniformados los presentaran como bajas guerrilleras. El excomandante del Bloque Centauros conocido con el alias de "Chatarro" declaró que su bloque suministró cadáveres al Ejército en el Meta, y testimonios ante el Centro Nacional de Memoria Histórica describieron coordinación similar entre el Bloque Pacífico y unidades militares, con reconocimientos institucionales como contraprestación.

En el Cesar, los relatos de excombatientes indican que Jorge 40 —Rodrigo Tovar Pupo— ordenó ejecutar a subordinados díscolos, entre ellos alias Treintainueve y alias Esteban, en coordinación con integrantes del Ejército que operaban desde el Batallón La Popa. Estas alianzas revelan una economía criminal compartida entre actores armados legales e ilegales: los paramilitares depuraban internamente y limpiaban el mapa; los militares recibían resultados operacionales listos para el reporte.

La cadena de encubrimiento se completaba, dentro del Estado, con la connivencia parcial de la Fiscalía General de la Nación, la Justicia Penal Militar y el Instituto Nacional de Medicina Legal. Escenas del crimen alteradas sin objeción, necropsias que no interrogaban las incongruencias evidentes —trayectorias de disparo incompatibles con un combate, ausencia de residuos de pólvora en las manos de la supuesta baja, uniformes limpios sobre cuerpos ensangrentados— y una tramitación de rutina que enviaba los casos a la jurisdicción penal militar, donde tenían pocas probabilidades de avanzar. El caso emblemático de los once jóvenes asesinados en el que Carlos Rentería Cuero, informante del GAULA, se presentó voluntariamente a declarar ante la Fiscalía, muestra la fragilidad de las coartadas cuando aparecía un colaborador dispuesto a hablar; muchas veces, sin embargo, no había quien lo hiciera.

Al final, las fuerzas militares y el Ministerio de Defensa respondieron a las denuncias de organizaciones nacionales e internacionales descalificando los informes por considerarlos basados en información desactualizada o carente de evidencia creíble. Documentos atribuidos a instancias militares o de inteligencia llegaron a equiparar a las ONG de derechos humanos con instrumentos de la "narcoguerrilla", acusándolas de buscar deslegitimar al Estado ante organismos internacionales. En mayo de 2008 —el mismo mes en que Montoya firmó la Directiva 0142— el presidente Uribe calificó públicamente al defensor de derechos humanos Iván Cepeda, entonces amenazado de muerte, como "farsante", e instó a la comunidad internacional a no compadecerse de las "lágrimas de cocodrilo" de los defensores. El clima discursivo desde la Casa de Nariño no permitía distinguir entre el crimen y su denuncia: quien acusaba al Estado era ya un enemigo.

La respuesta judicial

El aparato judicial reaccionó con lentitud y con costos. Por años, los casos derivaron a la Justicia Penal Militar, donde las probabilidades de sanción real eran mínimas. Cuando algunos jueces y funcionarios comenzaron a insistir en el traslado a la justicia ordinaria —competencia natural de este tipo de crímenes, según lo estableció la Corte Constitucional—, enfrentaron amenazas, presiones y remociones. Funcionarios de la Justicia Penal Militar fueron declarados insubsistentes sin justificación aparente por haber tramitado casos hacia la jurisdicción ordinaria; algunos debieron salir del país.

Tras el estallido de Soacha, la Fiscalía comenzó a acumular procesos, pero el peso de las condenas se concentró en los rangos bajos y medios. A mediados de 2013, de dieciocho coroneles acusados en el caso Soacha, solo dos habían sido condenados. El mayor Orlando Lizarazo fue condenado a 38 años y cuatro meses de cárcel por la muerte, en 2004, de dos personas presentadas falsamente como paramilitares, en un proceso que incluyó cargos por homicidio en persona protegida, falsedad ideológica, fraude procesal y fabricación de armas. Pero, en términos generales, la impunidad de los mandos altos persistió, y la reforma constitucional de la jurisdicción militar aprobada en diciembre de 2012 fue duramente cuestionada por organizaciones de derechos humanos como un intento de repliegue.

Un capítulo particular corresponde al proceso por prevaricato que la Fiscalía inició contra el juez mayor en retiro Mauricio Cujar por su insistencia en avocar competencia sobre casos como el del coronel Luis Alfonso Plazas Vega —relacionado con la toma del Palacio de Justicia en 1985—, resuelto por una Sala del Tribunal Superior de Bogotá el 25 de abril de 2013. El episodio ilustra los movimientos institucionales para disputar el traslado de expedientes entre jurisdicciones y las presiones sobre quienes buscaban mantener el control civil sobre los procesos penales contra militares.

En junio de 2009, el Relator Especial de Naciones Unidas sobre ejecuciones extrajudiciales, Philip Alston, visitó Colombia y concluyó que estas prácticas estaban cerca de ser sistemáticas, aunque precisó no haber encontrado evidencia de que fueran ordenadas directamente por el presidente o los ministros de Defensa. Esa distinción —crimen sistemático, ausencia de orden centralizada verificable— quedaría como el problema fundamental de la responsabilidad: cómo imputar el patrón cuando la cadena de mando lo produjo sin dejar un documento firmado que dijera "hágase".

La JEP y el Macrocaso 03

El Acuerdo de Paz firmado en 2016 entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP creó la Jurisdicción Especial para la Paz, con un régimen especial para militares y policías juzgados por hechos relacionados con el conflicto, con la promesa de un tratamiento diferenciado que no los dejara en desventaja frente a los guerrilleros desmovilizados. El régimen no es de impunidad: contempla penas de entre quince y veinte años de prisión ordinaria para quienes no reconozcan responsabilidad, y sanciones restaurativas para quienes contribuyan con verdad plena.

La JEP abrió el Macrocaso 03 —"Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado"— y lo estructuró por subcasos regionales: Catatumbo, Costa Caribe, Antioquia, Huila, Meta y Casanare, entre otros. La priorización territorial reconoció una obviedad que la investigación ordinaria había resistido: el crimen tenía patrones distinguibles por brigada y por teatro de operaciones. En sus resoluciones de determinación de hechos y conductas, la JEP ha imputado a decenas de oficiales y suboficiales, y ha recibido reconocimientos parciales de responsabilidad de mandos que antes negaban toda participación. La Sala de Reconocimiento examinó, entre otros, la Operación Berlín, sobre la que Medicina Legal practicó 78 necropsias, y el Instituto Nacional de Medicina Legal, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y la propia Fiscalía se coordinaron para labores de exhumación en cementerios donde los cuerpos fueron enterrados como NN.

El general Mario Montoya se sometió a la JEP y en su versión sostuvo haber impartido órdenes ajustadas a la Constitución. La tensión entre esa versión y los hallazgos documentales y testimoniales del tribunal es uno de los ejes vivos del proceso. La Comisión de la Verdad, en su Informe Final entregado en 2022, señaló que el daño causado por los falsos positivos a la ética pública de la nación es "inconmensurable" y planteó la pregunta que sigue abierta: por qué no se actuó antes, pese a las numerosas denuncias. La pregunta es más incómoda que la respuesta: apunta a la responsabilidad institucional del Ejército, del Ministerio de Defensa y del Gobierno como conjunto.

Cifras que aún se mueven

La magnitud precisa del fenómeno sigue siendo materia de discusión judicial y forense. Cifras manejadas por la JEP y por organizaciones de derechos humanos oscilan en el orden de los miles de casos, con concentración marcada entre 2002 y 2008 y con una caída pronunciada tras el escándalo de Soacha. La CIDH resumió el patrón con la claridad que exige el asunto: víctimas ejecutadas por miembros del Ejército, escenas alteradas, ropas cambiadas para reportarlas como guerrilleros, motivación central en la obtención de incentivos económicos y profesionales y en la respuesta a presiones de resultados impuestas desde el mando.

Los familiares —muchos de ellos con procesos abiertos, decenas ya cerrados con condenas insuficientes, cuerpos aún sin identificar en cementerios del país— continúan siendo el nervio de la reclamación. Sin las Madres de Soacha, sin los padres que denunciaron desde Huila, Antioquia, Meta y Cesar, sin las organizaciones de derechos humanos que soportaron la descalificación oficial durante años, el patrón habría podido diluirse en la contabilidad de un conflicto largo.

La huella

Los falsos positivos dejaron cicatrices de tres órdenes. Sobre las Fuerzas Militares, un daño reputacional profundo cuya reparación pasa por el reconocimiento pleno de responsabilidad y por transformaciones doctrinarias que desmonten la lógica de conteo de cuerpos como métrica del éxito. Sobre la ética pública de la nación, la constatación de que el Estado colombiano, en el marco de una política de seguridad respaldada por amplios sectores sociales y por asistencia internacional, produjo o toleró la ejecución de miles de sus ciudadanos más pobres. Sobre las víctimas y sus familias, un duelo doble —la muerte y la difamación— cuya reparación material y simbólica apenas comienza.

La discusión política sobre el fenómeno permanece encendida. Sectores cercanos al expresidente Uribe han sostenido que se trató de conductas aisladas cometidas por individuos criminales dentro de una institución que en su conjunto ganó la guerra al terrorismo. La Comisión de la Verdad, la JEP y la evidencia acumulada apuntan en otra dirección: sin negar que los ejecutores concretos deban responder individualmente, el patrón no puede explicarse sin la arquitectura de incentivos, la presión institucional y el ambiente discursivo que lo hicieron posible. El desacuerdo, en Colombia, no es sobre los hechos: es sobre el nombre. Y el nombre importa, porque de él depende cómo se juzga al pasado y qué garantías de no repetición se construyen para el futuro.

La expresión "falso positivo" seguirá siendo, probablemente, el modo en que este crimen se recuerda. Es un eufemismo que la Historia, con el tiempo, se encargará de traducir. Debajo de él —debajo de la jerga militar, debajo de las estadísticas, debajo de las coartadas— hay miles de nombres propios: los de los jóvenes engañados con la promesa de un jornal en una finca, los de sus madres con bata blanca, los de los pueblos donde aparecieron enterrados como NN. Nombrar a esos muertos por su nombre —no como positivos ni como bajas ni como guerrilleros— es la primera obligación de la memoria.

04

En el archivo

40 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Crisis y narcotráfico1974–19902
  1. 1978El Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (1978-1982)Pregunta
  2. 1990Justicia Penal MilitarFicha
02Constitución de 19911991–20021
  1. 1991Fuero militarFicha
03Seguridad Democrática2002–201622
  1. 2000Plan Colombia y soberaníaPregunta
  2. 2002Doctrina militarFicha
  3. 2002Falsos positivos y ejecuciones extrajudicialesHecho
  4. 2002Política de Seguridad DemocráticaHecho
  5. 2002Seguridad Democrática (2002–2016)Época
  6. 2005Body countFicha
  7. 2005Directiva 029 de 2005 y la arquitectura de incentivos para los falsos positivosHecho
  8. 2005Falsos positivos (2002-2008)Pregunta
  9. 2006Álvaro Uribe VélezFicha
  10. 2006Derecho Internacional HumanitarioFicha
  11. 2006Francisco Santos CalderónFicha
  12. 2006Jesús Abad ColoradoFicha
  13. 2006Seguridad DemocráticaFicha
  14. 2007Mario IguaránFicha
  15. 2007Óscar Naranjo TrujilloFicha
  16. 2008El pacifismo colombiano entre el Mandato de 1997 y el plebiscito de 2016Pregunta
  17. 2008Madres de Soacha y el movimiento de víctimas (2008–2010)Hecho
  18. 2008SubregistroFicha
  19. 2010Elección de Juan Manuel Santos y giro estratégico (2010)Hecho
  20. 2012Juan Manuel SantosFicha
  21. 2012Sergio Jaramillo CaroFicha
  22. 2018Iván Duque MárquezFicha
04Posconflicto2016–presente7
  1. 2017La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)Pregunta
  2. 2017Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR)Hecho
  3. 2018Elección de Iván Duque y el giro uribista (2018)Hecho
  4. 2018JEP (Jurisdicción Especial para la Paz)Ficha
  5. 2019Bombardeo de Caquetá y muerte de menores reclutados (2019)Hecho
  6. 2019Paro nacional del 21 de noviembre de 2019 (21N)Hecho
  7. 2021Encuentro de reconocimiento entre las madres de Toluviejo y el coronel Rincón Amado (2021)Hecho
05Transversal7
  1. 1805La larga duración colonial en ColombiaPregunta
  2. 1928Presencia diferenciada del Estado en las periferias colombianasPregunta
  3. 1962ContrainsurgenciaFicha
  4. 1985SoachaFicha
  5. 1990Desaparición forzadaFicha
  6. 1997Connivencia militar-paramilitar en Colombia: ¿doctrina de Estado o desviación individual?Pregunta
  7. 2005Verdad judicialFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Álvaro Uribe Vélez: presidente de Colombia durante el período de mayor escalada de los falsos positivos; su política de Seguridad Democrática estableció las bajas guerrilleras como indicador principal del éxito militar, y estigmatizó públicamente a las víctimas de Soacha al sugerir que habían salido de sus casas con propósitos delincuenciales.
  2. 02Mario Montoya: general y comandante del Ejército entre marzo de 2006 y noviembre de 2008, período que coincide con el aumento porcentual del 144% en ejecuciones extrajudiciales; firmó la Directiva Permanente n.º 0142 que vinculaba bajas en combate a condecoraciones institucionales; renunció en noviembre de 2008 en el contexto del escándalo de Soacha.
  3. 03Juan Manuel Santos: ministro de Defensa durante el período de mayor escalada; la respuesta institucional bajo su cartera incluyó las destituciones de octubre de 2008.
  4. 04Soacha (Cundinamarca): municipio de clase trabajadora al sur de Bogotá donde desaparecieron entre once y dieciséis jóvenes a comienzos de 2008, cuyos cuerpos fueron hallados en Norte de Santander; epicentro del escándalo que visibilizó el fenómeno a escala nacional.
  5. 05JEP (Jurisdicción Especial para la Paz): institución de justicia transicional que abrió el tercer macrocaso sobre ejecuciones extrajudiciales, acumulando bases de datos con cientos de víctimas por departamento y recibiendo confesiones de militares sobre el patrón sistemático.
  6. 06Seguridad Democrática: política de gobierno de Álvaro Uribe Vélez que hizo de las bajas guerrilleras el indicador central del éxito militar, creando el marco de incentivos perversos que impulsó las ejecuciones extrajudiciales.
  7. 07Comisión de la Verdad: organismo que documentó el patrón sistemático de los falsos positivos, precisando su caracterización como ejecuciones extrajudiciales seguidas de alteración de la escena del crimen, encubrimiento institucional y estigmatización póstuma.
  8. 08Norte de Santander: departamento donde fueron hallados los cuerpos de los jóvenes de Soacha, presentados como guerrilleros dados de baja cerca de Ocaña, a cientos de kilómetros de su lugar de origen.
06

Documentos y fragmentos citados

35 documentos · 48 fragmentos

01Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 1681 cita
[1]

pressures that accelerated the practice. One incident catalyzed the public conversation. In early 2008, sixteen young men in Soacha, a working- class suburb of Bogotá, dis appeared after telling their families that they had gotten work and were leaving town. Civilian recruiters— later revealed to be in the army’s pay—…

p. 168
02Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 406, 4112 citas
[2]

de vínculo con grupos armados y que su condición de trabajador informal fue aprovechada por los militares, quienes mediante engaños la trasladaron desde la Terminal de Transpor- tes de Tunja hasta un alejado paraje en donde fue ejecutado ex- trajudicialmente. Tanto el lugar de los hechos como la época de ocurrencia de…

p. 411
[37]

de ejecuciones extrajudiciales de civiles atri- buidas a las II y VII Divisiones del Ejército Nacional, a raíz de las graves denuncias sobre los “falsos positivos” de los municipios de Soacha (Cundinamarca) y Ocaña (Norte de Santander). Ver igualmente: Comunicado No. 191 de la Presidencia de la Republica, de 29 de…

p. 406
03Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 258, 4382 citas
[3]

Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 28 de septiembre de 2008, Comu- nicado de Prensa). Es importante resaltar, como ya se anotó, que en este tipo de desapariciones la justificación de la lucha contrainsurgente per- manece como en los períodos anteriores, pero de lo que en verdad 439 6…

p. 438
[26]

bien la Fiscalía General de la Nación no había establecido si la muerte de los jóvenes se había dado efectivamente en un enfrentamiento, de seguro que habían sido reclutados con fines cri- minales y que habían salido de sus casas con propósitos delincuenciales y no de trabajar y recoger café”. Las declaraciones del…

p. 258
04Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 200, 2032 citas
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y luego lo viste, los rotos del uniforme no van a coincidir con el disparo que tiene». O el primer ejemplo que el instructor pone: si tienen un problema y un campesino resultó muerto, pues hagan esto como para no tener problemas. Entonces ellos hablaban de que muchas veces, si uno andaba con su tropa y... no sé... Es…

p. 200
[34]

el señor que estaba ahí: «¿Le puedo ayudar en algo?». Le dije: «Sí, gracias». «Pero cálmese, cálmese para que me pueda hablar, ¿quiere un vaso de agua?». «Gracias, sí, por favor. Gracias», y le empecé como a comentar qué era lo que quería saber. «Es que vengo porque creo que en la Fiscalía tienen el reporte de que mi…

p. 203
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1831 cita
[5]

en zonas urbanas, con personas en condición de vulnerabilidad socioeconómica, trabajadores informales, habitantes de calle y en condi- ción de discapacidad 595. El departamento con más registro de estos hechos fue Antioquia. Un exintegrante del Ejército, que en ese momento operaba en Medellín, se refirió a la presión…

p. 183
06Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4811 cita
[6]

la Verdad constituye para las víctimas una esperanza de acercar los reclamos de verdad, memoria y justicia sobre una de las más atroces prácticas genocidas del terrorismo de Estado en Colombia 1228. Así mismo, el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que: 1226 Ibíd. 1227 Entrevista…

p. 481
07Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 112, 1152 citas
[7]

a 238 Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sentencia contra Saúl Rincón Camelo, 10 de abril de 2015. Referenciado en Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), El Bloque Central Bolívar-Sur de Bolívar, tomo 1, 54. 239 Dato registrado a partir del Centro Nacional de Memoria Histórica, Observatorio de…

p. 112
[21]

pertenecen a la Armada Nacional (Batallón de Fusileros de la Infantería de Marina n. o 4, Primera Brigada y Brigada de Infantería de Marina n. o 01, Fuerza Naval del Caribe). 247 United States Embassy Bogotá, «Document Number Bogotá 11877: Human Rights in Colombia - Widespread Allegations», 29 de julio de 1990,…

p. 115
08La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 1711 cita
[8]

judicial o legal que lo disponga” (Henderson, 2006, p. 285). 172 LA GUERRA VINO DE AFUERA EL BLOQUE PACÍFICO EN EL SUR DEL CHOCÓ: UNA HERIDA QUE AÚN NO CIERRA nosotros nos apartábamos. Eso era un falso positivo que daba el Gobierno. O sea, nosotros enfrentábamos a la guerrilla, si había muertos de ellos o de nosotros,…

p. 171
09Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 36, 602 citas
[9]

en 2004 el general (r) recibió de parte del Bloque Centauros $1.500 millones por ayudarlo militarmente en su guerra contra Los Buitragueños, grupo comandado por Martín Llanos en Meta y Casanare. Y añadió que el extinto jefe del Bloque Centauros, Miguel Arroyave, le habría entregado un apartamento en Bogotá avaluado en…

p. 36
[19]

era un tipo de los que yo había formado desde hace muchos años atrás, ¿me entiende? Entonces, ¿cómo le sacamos provecho al man? Pues, démoselo de baja al Ejército, y el Ejército saca pecho con una baja importante de la autodefensa, y uno le ayuda a realizarla por medios noticiosos y todo eso, y listo. Ese era el……

p. 60
10Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1311 cita
[10]

que estaban en condiciones de indefensión. Según la información del CNMH, en el 56 % de los municipios del país se registró al menos una ejecución extrajudicial en los últimos treinta años como parte del conflicto armado. En algunos casos las ejecuciones se planearon con un alto grado de sofisticación, y existían…

p. 131
11No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 524, 5342 citas
[11]

así como la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el CICR. No obstante, el Ejecutivo mantuvo la estrate- gia de defensa construida sobre un discurso de estigmatización de las organizaciones y víctimas denunciantes. Se siguieron emitiendo guías que consideraban las bajas en…

p. 534
[17]

de las filas. Todo se fue aclarando y se fue agravando. Cuando un mes y medio más tarde apareció la noticia sobre los casos de Soacha, ya teníamos suficientes elementos para saber que los falsos 1514 El general Carlos Suárez lideró una comisión de investigación al interior del Ejército sobre las anomalías que se…

p. 524
12"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 68, 952 citas
[12]

marzo de 2006 a noviembre de 2008, coincide con el mayor aumento en las ejecuciones extrajudiciales –144%– bajo el mando de cualquier comandante del Ejército durante el periodo. Según un oficial de alto rango entrevistado para este estudio, el general Montoya le dijo: “Mire, es que usted frenó, ya no tiene bajas, en…

p. 68
[27]

a llevar sus historias. Como se muestra abajo, la cobertura en los medios de ejecuciones extrajudiciales creció exponencialmente en los 12 meses siguientes a las revelaciones sobre el caso de Soacha. 223 Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario de la Coordinación Colombia– Europa–Estados Unidos:…

p. 95
13La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 2861 cita
[13]

con el que estaba ahí, depende del contacto que uno tu- viera con el comandante… si uno veía que el man no quería, porque había unos manes que no querían nada con uno, ustedes por su lado y nosotros por mi lado… conmigo no. (CNMH, MNJCV, 2018, 16 de agosto) Este batallón estuvo al mando del coronel Publio Hernán Mejía…

p. 286
14Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2231 cita
[14]

como unidades competentes en el área del Medio Atrato, lo que explica que la Procuraduría General de la Nación en el año 2002 iniciara investigación disciplinaria (Ex- pediente No. 155-71249-02) contra los comandantes de las unida- des mencionadas en el orden respectivo 322: Mayor General Leonel Gómez Estrada,…

p. 223
15Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 2801 cita
[15]

Distrito de la Policía Metropolita - na del Valle de Aburra y jefe de los grupos de apoyo y asalto, con sede en Medellín, para la época de los hechos, y al mayor de la Policía Nacional, Luis Francisco Mariño Flórez, jefe del Área de Delitos contra la Vida e Integridad de la Sijin. 280 Desplazamiento forzado en la…

p. 280
16Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 3181 cita
[16]

mi general Montoya, dan cuenta de que las actuaciones de los militares deben estar enmarcadas dentro de la Constitución, la ley, y el respeto por los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Sí ha habido excesos y violación de derechos humanos, y están las investigaciones. Cuando se empiezan a…

p. 318
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1381 cita
[18]

informe «Ejecuciones extrajudiciales: una práctica sistemática en el Eje cafetero» 475, que dio su justa dimensión a la gravedad de esta práctica en Caldas, Quindío y Risaralda, aunque organizaciones y víctimas indican que hay un subregistro y aún quedan casos por documentar. La base de datos entregada por la…

p. 138
18Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1921 cita
[20]

de los casos reportados en el oriente antioqueño fueron atribuidos a esa unidad militar (41 víctimas). Le sigue el Batallón de Caballería Mecanizada n° 4 “Juan del Corral” (GMJCO) con 21 casos reportados. A la Unidad Bombarda 1 al mando del subteniente Andrés Mauricio Rosero Bravo se le imputan 4 de los 35 casos…

p. 192
19Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 168, 1754 citas
[22]

end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…

p. 168
[23]

end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…

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[47]

on measureable results—body counts in this case —surely might have encouraged false positives by the Colombian armed forces, there was no evidence that the president personally ordered them. Philip Alston, United Nations special rapporteur on extrajudicial, summary, or arbitrary executions visited Colombia for ten…

p. 175
[48]

on measureable results—body counts in this case —surely might have encouraged false positives by the Colombian armed forces, there was no evidence that the president personally ordered them. Philip Alston, United Nations special rapporteur on extrajudicial, summary, or arbitrary executions visited Colombia for ten…

p. 175
20Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1621 cita
[24]

Siendo la mayoría de nosotras habitantes de Soacha no nos conocíamos. La búsqueda de nuestros hijos y hermanos desaparecidos, las coincidencias en los informes que nos daban sobre su muerte en la Fiscalía y Medicina Legal, y la información que en nuestra desesperada búsqueda nos iba llegando a través de vecinos,…

p. 162
21Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1671 cita
[25]

la desaparición forzada octubre de 2008, pude hacer formalmente ese procedimiento. Me recibieron la denuncia y me dijeron que le llevara copia de todos los documentos que habíamos hecho, las copias de lo que había salido en la prensa y lo que más pudiéramos. Ese día me invitaron a una reunión con otras madres. El…

p. 167
22Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 251 cita
[28]

la verdad 25 dieron lugar a la investigación emprendida en el segundo semestre del 2008, que resul- taría en la expulsión de los militares. ¿Por qué no lo hicieron antes, cuando eran tantas las denuncias? De haberlo hecho, se habrían evitado cantidades de asesinatos. Más de mil familias de los asesinados a lo largo…

p. 25
23El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 3642 citas
[29]

de discriminación y exclusión. En primer lugar, por parte de las autoridades, el señalamiento de los barrios de donde fueron sacados los jóvenes como escenario de grupos armados en conflicto; y segundo, sugerir con un lenguaje ambiguo el involu- cramiento de las víctimas con los actores del conflicto. Una cosa es…

p. 364
[30]

de discriminación y exclusión. En primer lugar, por parte de las autoridades, el señalamiento de los barrios de donde fueron sacados los jóvenes como escenario de grupos armados en conflicto; y segundo, sugerir con un lenguaje ambiguo el involu- cramiento de las víctimas con los actores del conflicto. Una cosa es…

p. 364
24Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 3691 cita
[31]

atención a casos especí fi cos, o para exigir la comprensión y atención de la desaparición forzada ejecutada contra poblaciones especí fi cas como las niñas, jóvenes y mujeres adultas. Las Madres de Soacha, por ejemplo, han realizado plantones en la sede de la Fiscalía y en su municipio para solicitar celeridad en los…

p. 369
25La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 4161 cita
[32]

y fortaleza a la propia acción. Creo que nosotras tenemos la tarea de seguir luchando, yo creo que ese es mi pro- yecto de vida, porque yo me paro en la sala, y le cojo el rostro en la foto a mi hijo, y le digo: “me dejaste una tarea muy grande, pero no solo por ti, no solo por el caso de Soacha, sino por todas las…

p. 416
26Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2251 cita
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asesinado en Gigante, Huila, después de ser detenido en el Batallón Cacique Pigoanza, en 2007, expresó su ind ignación por lo sucedido con su hijo: «Que digan la verdad porque mi hijo no era así […]. Es que no era así. No era como ellos lo anunciaron, como lo dijeron en los periódicos, en las emisoras: que era el…

p. 225
27La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 2271 cita
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de café, que con eso viven contentos porque es su vida; son las víctimas reales de este conflicto. Pero ¿y quiénes las generaron? ¿Quiénes fueron…? ¿Quiénes fue el com- bustible de nosotros? ¿Para qué nos crearon a nosotros? ¿Para qué surgimos nosotros? ¿Quiénes se beneficiaron? (CNMH, CV, 2018, 4 de diciembre)…

p. 227
28¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1661 cita
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Fiscalía inició un proceso por prevaricato al juez mayor (r) Cujar, por su insistencia en avocar competencia sobre el caso. 90 en estos casos siempre resulta necesario que el funcionario en posición de garante tenga el deber concreto de evitar los resultados de vulneración a los derechos fundamentales. 90. “Acusan a…

p. 166
29Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 311 cita
[38]

to Colombia peaked. In recent years, the number of new alleged false positive cases declined steeply, but human rights NGOs still reported a few cases in 2012 through 2015. To address the military ’s human rights violations, the Santos administration proposed a change that did not prevail. This reform was a…

p. 31
30Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 961 cita
[39]

when HRW issued its report about military-paramilitary links in Colombia, its full content was discredited by Juan Carlos Esguerra, Minister of Defense at that time, on the grounds that it was based on outdated information 23 23 A recurrent argument for the rejection of human rights reports is the “lack of credible…

p. 96
31La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 3821 cita
[40]

prisión entre quince y veinte años. Es un régimen sancionatorio especial, acordado para lograr la paz y dar tranquilidad a las víctimas, pero de ninguna manera —como queda visto— se trata de un régimen de impunidad. EL CUMPLIMIENTO DE UNA PROMESA A los militares y policías siempre les dije, desde cuando comenzamos las…

p. 382
32Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 149, 4572 citas
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Introducción y conocimientos previos: La docente presentará a los estudiantes el video ¿Qué dice el punto sobre Víctimas del Acuerdo de Paz? de la Oficina del alto Comisionado para la Paz (28:44 min). Actividades Los estudiantes se organizarán en grupos para responder las siguientes preguntas en sus bitácoras: ¿Qué es…

p. 149
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un crimen de guerra”, subraya un documento del expediente de la JEP. Otro hecho que está tipificado como violación al DIH es el de no dar cuartel, y el cual habrían materializado los militares cuando recibieron la orden de no dejar con vida a nadie, y cuyo contenido salió de los radios y fue escuchado por una de las…

p. 457
33Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 1231 cita
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de Poli- cía del Magdalena Medio, el coronel (r) Joaquín Correa López (El Espectador, 2018a), el mayor del Batallón Nueva Granada Oswaldo Prada Escobar, y los tenientes John Héctor Guzmán y Antonio Enrique Daza Camargo de las bases Termoeléctrica y Pozo 7 fueron vinculados a un proceso de investigación por su presunta…

p. 123
34«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 211 cita
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extrajudicial». En un discurso pronunciado en mayo de 2008, el presidente Uribe, refiriéndose al defensor de los derechos humanos Iván Cepeda, que había recibido amenazas de muerte, afirmó que «antes de compadecerse por las lágrimas de cocodrilo de estos farsantes de los derechos humanos», los miembros de la comunidad…

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35El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2462 citas
[45]

y poder obtener sus pretensiones y objetivos; además poseen una red personal de diplomáticos, conformada por individuos de su organización que hacen lobby, convencen gobier- nos, y organismos internacionales de la mala actuación que X o Y país ha tenido, manifestando que está actuando en forma contraria a los…

p. 246
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y poder obtener sus pretensiones y objetivos; además poseen una red personal de diplomáticos, conformada por individuos de su organización que hacen lobby, convencen gobier- nos, y organismos internacionales de la mala actuación que X o Y país ha tenido, manifestando que está actuando en forma contraria a los…

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