La Habana
“La Habana no aparece en la historia colombiana como una anécdota geográfica sino como una infraestructura persistente que se activó en coyunturas radicalmente distintas durante casi cinco siglos.”
La Habana en la historia de Colombia
La Habana ha sido, durante casi cinco siglos, el afuera operativo de Colombia. No un escenario pasivo ni una capital extranjera cualquiera: el nodo caribeño donde la historia colombiana se ha ido descargando cada vez que el orden interno necesitó un espacio exterior para funcionar. Por allí salió el oro neogranadino rumbo a Sevilla en los siglos del imperio; allí se entrenaron, en los años sesenta, los jóvenes que fundarían el Ejército de Liberación Nacional; allí residió por temporadas Gabriel García Márquez; y allí, entre 2012 y 2016, el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia negociaron el fin de medio siglo de guerra. La ciudad no aparece en la historia colombiana como una anécdota geográfica, sino como una infraestructura persistente: un puerto, una plaza militar, un exilio, un asilo cultural, una sede diplomática. Cada activación responde a coyunturas distintas, pero la repetición sugiere algo más que la casualidad de las coordenadas: Colombia, cuando ha necesitado un exterior, ha vuelto una y otra vez al mismo lugar del Caribe.
Una ciudad al costado de la Nueva Granada
Fundada por Diego Velázquez en 1519 en la orilla norte de la isla de Cuba, La Habana empezó siendo un puerto secundario en un archipiélago que las autoridades españolas todavía imaginaban como escalón hacia la Tierra Firme. Su ascenso al primer plano llegó cuando la Corona diseñó, hacia mediados del siglo XVI, el sistema de flotas que ordenó el comercio atlántico durante casi doscientos años. En ese sistema, La Habana se convirtió en el punto donde convergían los cargamentos de plata y oro americanos antes de emprender el peligroso regreso a Sevilla o Cádiz. Cartagena de Indias, sobre la costa neogranadina, era el extremo sur de esa arquitectura; La Habana, su bisagra.
La relación quedó fijada desde muy temprano. Desde el puerto de Cartagena partía la Flota de los Galeones rumbo a La Habana y de allí a España, transportando principalmente oro neogranadino y plata peruana, además de otras riquezas americanas acumuladas en los almacenes de Tierra Firme. La Habana funcionaba como escala intermedia obligada: los galeones que salían de Cartagena hacían noche allí antes de cruzar el Atlántico, reabasteciéndose, reparando cascos, esperando el momento adecuado para enfrentar las corrientes. Lo que salía de la bahía de Cartagena no llegaba a España sin haber pasado antes por la bahía habanera.
El período de mayor estabilidad de este sistema, aproximadamente entre 1550 y 1650, coincidió con el auge de la plata peruana y del oro neogranadino. Entre 1570 y 1620, el Nuevo Reino de Granada se convirtió en el principal productor de oro de América, con años en que la producción llegó a dos millones de pesos. Ese metal era casi el único producto de exportación del territorio, y con él se pagaban los bienes españoles que consumía la población colonial. Los impuestos al comercio con España constituían la principal fuente de ingresos del tesoro real. La economía neogranadina, en su articulación con la metrópoli, dependía enteramente de que ese oro llegara a Sevilla, y para llegar a Sevilla tenía que pasar por La Habana.
El sistema imponía una geografía comercial estricta. Los comerciantes residentes en América no podían recibir cargamentos consignados directamente a su nombre ni enviarlos a la metrópoli; debían operar a través de los miembros de la Universidad de Cargadores a Indias, ese cuerpo de mercaderes sevillanos que monopolizaba el comercio transatlántico. A los comerciantes neogranadinos y habaneros les quedaba la distribución interna dentro de las colonias. La Habana no era, en ese esquema, una ciudad autónoma en el comercio: era una estación imperial. Pero su posición como estación obligatoria del oro colombiano la convertía, para efectos prácticos, en la primera ciudad extranjera de la vida económica neogranadina.
El sistema empezó a resquebrajarse tarde. Solo con las reformas borbónicas de Carlos III, en la segunda mitad del siglo XVIII, el comercio exterior del Nuevo Reino de Granada recibió un impulso significativo: la Corona buscó atenuar las prácticas restrictivas y monopolísticas del sistema anterior, favoreciendo una mayor liberalización con las colonias americanas. Para entonces, ya La Habana había sido durante dos siglos el punto por donde pasaba lo que hacía posible la vida material del virreinato.
La plaza militar del Caribe
Detrás del sistema de flotas había una infraestructura de guerra. La Habana y Cartagena no eran solo puertos comerciales: eran plazas fuertes, diseñadas para resistir los asaltos que la propia riqueza que albergaban invitaba. La conquista se había organizado inicialmente sobre esa lógica: en un primer período, las villas y ciudades fundadas por los españoles eran costeras o cercanas al litoral, con el propósito de asegurar una rápida comunicación con España. La penetración hacia el interior vino después, cuando el dominio se consolidó. Cartagena, fundada por Pedro de Heredia en 1533, pertenecía a esa lógica primera; La Habana también.
La vulnerabilidad se manifestó pronto. Desde 1567, el gobierno militar del capitán Martín de las Alas se preocupó por dotar a Cartagena de artillería y de una flota armada para ahuyentar los continuos asaltos de piratas a las costas de la gobernación. La respuesta no bastó. En el siglo XVI, Francis Drake tomó Cartagena, descrita entonces como la más fuerte ciudad de Tierra Firme, y evidenció la fragilidad de una plaza que se creía inexpugnable. Drake negoció el rescate directamente con el gobernador y el obispo, un procedimiento que humilló públicamente a la Corona y obligó a repensar el sistema defensivo del Caribe entero. La Habana y Cartagena empezaron a ser fortificadas con seriedad, con murallas, castillos y baluartes que aún hoy definen la silueta de las dos ciudades.
La conexión defensiva entre ambas plazas se hizo tan estrecha que las decisiones militares tomadas en una repercutían en la otra. El episodio más elocuente ocurrió alrededor de 1760, durante la guerra con los ingleses. Antes de esa fecha, el canal de Bocagrande en Cartagena era suficientemente profundo para los navíos más grandes. El gobierno español lo obstruyó deliberadamente con piedras y arena para negar el acceso al enemigo, alterando de manera irreversible la geografía portuaria de la ciudad. Desde entonces, la entrada de Bocachica quedó como el acceso principal al puerto, imponiendo un rodeo y peligros adicionales a las embarcaciones. La lógica de esa decisión era caribeña, no cartagenera: la defensa de las Indias era un sistema, y cerrar un canal en Cartagena tenía sentido dentro de una estrategia que también contemplaba proteger el Morro de La Habana y el tráfico entre ambos puertos.
Durante más de dos siglos, la seguridad de la Nueva Granada dependió de la relación con La Habana. Si la flota no lograba llegar a la bahía habanera, no había convoy hacia España. Si La Habana caía —como estuvo a punto de caer en varias ocasiones, y como cayó ante los ingleses en 1762—, el oro neogranadino quedaba varado en Cartagena, sin destino. La ciudad cubana era la garantía última de que el sistema imperial siguiera funcionando; y con él, la economía colonial colombiana.
Los exiliados del Caribe
La independencia rompió el sistema de flotas pero no la centralidad caribeña. Cuando el orden colonial colapsó, los flujos que antes iban de Cartagena a La Habana rumbo a Sevilla se rehicieron en otras direcciones, y las ciudades del Caribe hispánico —La Habana, Kingston en manos británicas, las islas menores— empezaron a funcionar como el circuito de los exiliados, los conspiradores y los agentes diplomáticos que se disputaban el destino de las nuevas repúblicas.
La crisis imperial de 1808-1810, desencadenada por la invasión napoleónica a España, precipitó el movimiento de independencia en la Nueva Granada. Fue un punto de inflexión que resonó con antecedentes de tensión política que venían desde la rebelión de los Comuneros en 1781 y la crisis de los años noventa. En el proceso que siguió, los gobiernos de Panamá, Santa Marta, Riohacha, Pasto y Popayán se declararon realistas; Cartagena, en cambio, fue la primera provincia en declarar la independencia. La geografía del conflicto quedó marcada por una fractura caribeña: parte del litoral con la Corona, parte contra ella. La Habana, todavía firmemente colonial y sede de la Capitanía General de Cuba, se convirtió en base logística y política del bando realista en su intento por reconquistar Tierra Firme.
Cuando las nuevas repúblicas se estabilizaron, la geografía del exilio se reordenó. Los perdedores de las guerras civiles neogranadinas se refugiaban en Kingston o en La Habana, y desde allí conspiraban contra los gobiernos de turno en Bogotá. El episodio de Juan de Francisco Martín en 1832 muestra cómo operaba ese circuito y hasta dónde llegaba su alcance diplomático. En marzo de ese año, el agente del gobierno neogranadino en Kingston informó al Secretario de Relaciones Exteriores en Bogotá que Juan de Francisco Martín se hallaba entre un grupo de antiguos bolivarianos que preparaban un barco pirata para asaltar la embarcación en la que Francisco de Paula Santander debía regresar desde los Estados Unidos a la Nueva Granada. Se hablaba de una invasión desde el Caribe británico para reasumir el poder en Bogotá. El plan no llegó a ejecutarse —Santander desembarcó sin incidentes y asumió la presidencia—, pero el rumor tuvo consecuencias diplomáticas inmediatas: a fines de noviembre de 1831, el gobierno neogranadino había expulsado al cónsul británico Edward Watts, en el entendido de que Kingston, bajo bandera de Su Majestad, se había convertido en un santuario de conspiradores contra la República. La expulsión de Watts abrió una crisis con Londres y obligó a Bogotá a reconocer, casi a regañadientes, que su política interior se jugaba en parte en puertos que no controlaba. Ese mismo cálculo se repetiría, con otros protagonistas, en La Habana.
Las dos ciudades operaban en esos años como espacios complementarios: la primera bajo bandera española, la segunda británica, ambas fuera del alcance directo del gobierno de Bogotá, ambas útiles para quien quisiera trabajar desde afuera contra el orden establecido. Kingston era más frecuente para los liberales derrotados —José Martí, décadas después, la conocería bien—; La Habana lo era para los realistas primero y para los conservadores exiliados después. El patrón era el mismo: cuando la política colombiana necesitaba un margen exterior donde reagruparse, el Caribe hispánico lo proveía.
Una capital cultural intermitente
Durante buena parte del siglo XIX y de la primera mitad del XX, La Habana pasó a un segundo plano en la vida colombiana. Cuba se independizó tardíamente de España, en 1898, y entró en la órbita norteamericana. Colombia miraba más hacia París, hacia Londres y crecientemente hacia Nueva York. La relación bilateral existía, pero no tenía la densidad de la etapa colonial ni la intensidad que volvería a tener después de 1959. Fue en ese intervalo cuando La Habana empezó a construir para Colombia una función distinta: la de capital cultural intermitente, ciudad de escritores y artistas latinoamericanos, punto de una geografía continental de las letras.
Esa función se consolidó con la Revolución de 1959, pero venía de antes. La generación que llegaría a la fama como el boom latinoamericano —Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes— empezó a mirar hacia La Habana en los años sesenta, cuando el triunfo del Movimiento 26 de Julio dio a la ciudad un aura política que reforzó su prestigio cultural. La simpatía de artistas e intelectuales latinoamericanos hacia el triunfo del castrismo y las ejecutorias del nuevo gobierno formó parte de una corriente amplia y plural, en la que La Habana pasó a funcionar como la capital simbólica de una literatura que se pensaba a sí misma como continental.
Para García Márquez, que había nacido en Aracataca en 1928 y publicaría Cien años de soledad en 1967, La Habana se convirtió en una de las cinco ciudades donde vivió por temporadas después de su consagración. Las otras cuatro fueron Barcelona, Bogotá, México y Cartagena. Se radicó principalmente en Barcelona tras convertirse en un personaje célebre, y usó las demás como residencias temporales. La Habana no era su casa central, pero fue una casa. Cuando la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1982, el escritor colombiano ya había fijado ese circuito de residencias que hacía de él, más que un autor de un solo país, un habitante del continente entero. La lista de sus obras —Cien años de soledad, El otoño del patriarca de 1975, El amor en los tiempos del cólera de 1985, El general en su laberinto de 1989— fue escrita entre esas ciudades, y La Habana fue una de ellas. El escritor más universal de Colombia tenía una segunda —o tercera, o cuarta— residencia en la capital cubana, y su obra circulaba entre Cartagena y La Habana con la naturalidad con que dos siglos antes había circulado el oro.
La revolución exportada
El giro decisivo de la segunda mitad del siglo XX ocurrió con la Revolución Cubana de 1959. Su triunfo despertó a la izquierda radical colombiana y transformó la visión sobre la violencia política organizada. Hasta entonces, las guerrillas colombianas eran mayoritariamente liberales, herencia de La Violencia bipartidista de los años cuarenta y cincuenta, sin un proyecto revolucionario claro más allá de la resistencia al gobierno conservador. Después de 1959, la posibilidad de replicar el modelo de la Sierra Maestra en los Andes colombianos se instaló en el imaginario de una generación entera.
Los primeros intentos fracasaron. Antonio Larrota, Federico Arango y Tulio Bayer, entre otros, protagonizaron aventuras guerrilleras breves y desastrosas a comienzos de los años sesenta, que evidenciaron la enorme dificultad de trasladar el modelo cubano —una isla, un ejército desmoralizado, una dictadura aislada— a la geografía y la política colombianas. Pero el impulso siguió. En 1962, un grupo de estudiantes colombianos viajó a Cuba a entrenarse militarmente. Regresaron dos años después e iniciaron, formalmente en 1964, la lucha insurgente del Ejército de Liberación Nacional. La primera acción pública destacada fue la toma del casco urbano de Simacota, en Santander, el 7 de enero de 1965.
El ELN se pensó a sí mismo, desde su origen, como un movimiento de liberación nacional inspirado por la Revolución Cubana. Su fundamento ideológico fue un híbrido entre el marxismo-leninismo y la teología de la liberación cristiana, y adoptó la teoría del foco guerrillero desarrollada por Ernesto Che Guevara y Régis Debray: la idea de que un pequeño grupo armado, actuando desde una zona rural, podía desencadenar por su sola presencia una revolución nacional. Cuba proporcionó al ELN entrenamiento, organización y armamento. Los jóvenes fundadores establecieron contacto, al volver a Colombia, con remanentes de las guerrillas liberales gaitanistas de Rafael Rangel en San Vicente de Chucurí, fusionando la nueva inspiración cubana con la tradición guerrillera preexistente en la región del Magdalena Medio.
La influencia habanera no se limitó al ELN, aunque fue con este grupo con quien la relación fue más directa. En el imaginario del período, los principales grupos guerrilleros colombianos —el ELN en 1962-1964, las FARC en 1964, el Ejército Popular de Liberación en 1967, el M-19 en 1970— fueron descritos como producto de la Revolución Cubana. La caracterización es una simplificación. Las FARC, a diferencia del ELN, emergieron bajo el liderazgo del Partido Comunista Colombiano y con una base social predominantemente campesina, enraizada en las comunidades que habían buscado refugio durante La Violencia y en las autodefensas liberales previas. Su matriz doctrinal era otra: la de la guerra popular prolongada, tal como la habían formulado los comunistas chinos y vietnamitas. Donde el foco guevarista apostaba a que un núcleo armado en la montaña podía encender por sí solo la revolución, la guerra popular prolongada suponía un trabajo de décadas, con retaguardias campesinas, control territorial gradual y articulación con el trabajo político legal del partido. Eran dos apuestas distintas sobre el tiempo revolucionario: una rápida y catalítica, otra lenta y acumulativa.
Detrás de esa diferencia había otra, geopolítica. La Unión Soviética apoyaba a los partidos comunistas latinoamericanos de forma política e ideológica dentro de la doctrina de coexistencia pacífica, mientras que Cuba, con la influencia del Che Guevara, impulsaba una línea más activa de apoyo a la lucha armada. Las FARC, ligadas al PCC prosoviético, se ubicaron en el primer registro; el ELN, formado en La Habana, en el segundo. La Habana y Moscú no eran lo mismo dentro del bloque socialista, y las guerrillas colombianas se ubicaron en distintos puntos de ese espectro.
La reacción del Estado colombiano y de Estados Unidos ante el desafío cubano fue igualmente estructural. El triunfo de la Revolución impulsó acuerdos entre Colombia y Washington enmarcados en la Alianza para el Progreso, que incluyeron acuerdos militares de cooperación y endurecieron las posiciones frente a las guerrillas, reorientando la doctrina militar latinoamericana hacia la contrainsurgencia. La Habana, entonces, no solo exportó revolución: exportó también, por reacción, la política de contrainsurgencia que definiría medio siglo de guerra colombiana.
En algún momento, cuando las guerrillas colombianas necesitaron mostrar cohesión y capacidad de comunicación internacional, la ciudad volvió a activarse. El 28 de abril de 1980 se celebró en La Habana una conferencia de prensa de guerrilleros colombianos, un episodio que dejó constancia de que la relación no era solo formativa sino operativa: La Habana seguía siendo un espacio desde donde la insurgencia colombiana podía dirigirse al mundo.
Los circuitos ilegales
Junto a la revolución exportada corría, en las mismas décadas, otro circuito habanero de la historia colombiana: el del tráfico de drogas. Antes de que Medellín se convirtiera en el nombre asociado mundialmente al cocaísmo, cuando el negocio ilegal colombiano era todavía pequeño y la heroína dominaba las redes internacionales, Cuba fue una escala natural entre Colombia y los Estados Unidos.
Rafael y Tomás Herrán Olózaga, dos hermanos colombianos, fueron pioneros en el procesamiento y tráfico de drogas entre Medellín, Cuba y Estados Unidos a mediados del siglo XX. Los roles individuales de cada uno y el peso jerárquico dentro de la organización no se han precisado con claridad, pero el patrón general está establecido: la ruta pasaba por La Habana. A finales de diciembre de 1956 fue interceptado un cargamento de heroína avaluado en 16.000 dólares, en un episodio vinculado a las actividades de los Herrán Olózaga. La suma, modesta para los estándares del narcotráfico posterior, es reveladora del momento: cuando la industria era artesanal y los volúmenes pequeños, La Habana ya funcionaba como pieza del engranaje.
La Revolución Cubana clausuró, al menos en su forma antigua, este circuito. La Habana batistiana era hospitalaria con el juego, con la prostitución y con las redes de contrabando; la Habana castrista rompió con esos negocios y expulsó, junto con la mafia norteamericana, a los operadores colombianos que se habían acomodado en la isla. El tráfico se reordenó hacia otras rutas del Caribe. Pero el episodio dejó una constancia: durante décadas, La Habana fue el punto donde también las ilegalidades colombianas encontraban tránsito. La ciudad no era solo la sede de la revolución y de la cultura: era también, en la sombra, la escala del negocio prohibido.
La sede de los diálogos
La activación más reciente y más visible de La Habana en la historia colombiana fue la mesa de conversaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP entre 2012 y 2016. El proceso llegó allí después de años de intentos fallidos —el Caguán bajo Andrés Pastrana entre 1998 y 2002, sobre todo, había dejado la sensación de que las negociaciones en territorio colombiano estaban condenadas al fracaso— y de una fase preparatoria discreta que las FARC y el gobierno construyeron a través de canales confidenciales.
Las conversaciones exploratorias previas al proceso formal incluyeron un primer encuentro en La Habana el 23 de febrero de 2012 y culminaron con la firma de un documento marco en agosto de ese año. El proceso formal fue lanzado oficialmente en Oslo en octubre, y luego se trasladó a La Habana, donde permaneció hasta su cierre. Cuba y Noruega actuaron como países garantes, con presencia en la mesa; Venezuela y Chile fungieron como acompañantes y facilitadores. La geografía del proceso —Oslo para el lanzamiento, La Habana para la operación cotidiana— reflejaba una lección aprendida: la mesa necesitaba estar lejos del territorio colombiano y en un país capaz de garantizar la seguridad tanto del gobierno como de la guerrilla.
La escogencia de La Habana no fue neutra. Para las FARC, la ciudad ofrecía la garantía de estar en un país aliado histórico, con un gobierno amigo y sin extradición. Para el gobierno Santos, ofrecía distancia respecto de la política interna colombiana y un anfitrión con experiencia en procesos de paz: Cuba había sido garante también de negociaciones en Centroamérica y en el propio proceso previo con el ELN. Para ambos, ofrecía la posibilidad de trabajar durante años sin la presión mediática permanente que habría existido en Bogotá.
Santos adoptó una estrategia clara desde el comienzo: no abordar el cese al fuego al inicio sino al final, lección extraída del fracaso de procesos anteriores en los que ese tema había bloqueado el avance. El Acuerdo General para la Terminación del Conflicto contemplaba una agenda de seis puntos que se fueron negociando uno tras otro a lo largo de casi cuatro años. Las FARC llegaron a La Habana debilitadas: habían sufrido cuatro derrotas simultáneas —militar, organizacional, política e internacional—, y esa combinación condicionó su disposición a negociar. La guerrilla de 2012 no era la del Caguán: había perdido a Manuel Marulanda Vélez, a Raúl Reyes, a Alfonso Cano, y su capacidad operativa había sido erosionada por una década de ofensiva militar sostenida.
Los diálogos culminaron con la firma de los Acuerdos de La Habana en 2016. El acuerdo fue sometido a plebiscito en octubre de ese año y rechazado por un margen estrecho. Los firmantes ajustaron entonces el texto, dando lugar al nuevo Acuerdo del Teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016 en Bogotá. Es significativo el desplazamiento simbólico: lo negociado en La Habana se firmó definitivamente en Bogotá, como si el proceso necesitara volver a Colombia para completarse. Pero durante los cuatro años centrales, la mesa había estado en la capital cubana, con delegados residiendo en barrios como El Vedado y Miramar, viajando entre La Habana Vieja y las sedes de reuniones, viviendo la lentitud y la intensidad de un proceso que se hizo largo porque ambas partes decidieron que lo fuera.
La huella
Trazar la historia de La Habana en Colombia es trazar una geografía menos convencional que la de los relatos nacionales. La historia colombiana suele contarse desde Bogotá, o desde el triángulo Bogotá-Medellín-Cali, con la costa como periferia. Pero desde el Caribe, la perspectiva cambia: Cartagena, Santa Marta y Riohacha no fueron nunca provincias de un interior, sino ciudades de un sistema atlántico en el que La Habana era el nodo mayor. Ese sistema estructuró la economía neogranadina durante dos siglos, definió la geografía militar del Caribe durante otros dos, y sobrevivió a la independencia bajo otras formas: el exilio en el siglo XIX, la revolución en el XX, la mesa de paz en el XXI.
Hay una tensión que no debe eludirse. La Habana no fue nunca la única opción disponible. Los exiliados bolivarianos también usaron Kingston; los diálogos de paz se lanzaron formalmente en Oslo; García Márquez residió sobre todo en Barcelona. La recurrencia de La Habana refleja oportunidad y coyuntura tanto como estructura geográfica. Cada activación fue una decisión de actores concretos —Fidel Castro invitando a los estudiantes colombianos en 1962, García Márquez estableciendo su residencia habanera en los setenta, Santos aceptando la sede cubana en 2012— y no la ejecución automática de una lógica inscrita en el mapa. Pero la repetición sugiere que La Habana ha sido, para Colombia, un lugar repetidamente elegible: cuando convergen su posición caribeña, su capacidad para albergar lo que el orden colombiano no puede contener en casa, y la voluntad política de usarla, la ciudad se activa.
Hay también un patrón social visible. La Habana ha sido, sobre todo, un espacio de élites y de actores con recursos para llegar hasta ella: comerciantes del circuito de galeones, guerrilleros entrenados por gobiernos amigos, negociadores de alto nivel con delegaciones y presupuestos, escritores consagrados con residencias múltiples. Los procesos habaneros de la historia colombiana rara vez fueron impulsados desde abajo. Fueron, casi siempre, operaciones de élites armadas, políticas, culturales o económicas que encontraron en la ciudad cubana un espacio donde tramitar aquello que en Colombia no podía tramitarse. Esa característica no le resta importancia a la relación, pero la ubica: La Habana no es un nodo popular colombiano; es un nodo de las capas colombianas que operan a escala internacional.
Cuando en 2016 los delegados guerrilleros y gubernamentales firmaron el acuerdo que puso fin a más de medio siglo de guerra, lo hicieron en una ciudad que había sido, tres siglos antes, la escala obligada del oro con que se pagaba la Nueva Granada, y medio siglo antes, el campo de entrenamiento de una parte de los combatientes que ahora deponían las armas. La coincidencia no es literaria: es histórica. Desde la piratería que asaltó las flotas del oro, pasando por el tráfico de heroína de los Herrán Olózaga en los años cincuenta, el entrenamiento del ELN en 1962, la conferencia de prensa guerrillera de 1980 y las negociaciones con las FARC entre 2012 y 2016, La Habana aparece sistemáticamente como el espacio donde Colombia externaliza lo que no puede contener: la guerra que empieza y la guerra que termina, el oro que sale y el rumor que vuelve. Incubadora y clausura, en un mismo circuito abierto hace cinco siglos.
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Documentos y fragmentos citados
36 documentos · 43 fragmentos01La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 191 cita
[1]de los primeros de propiedad de la Corona española. Por su puerto salía rumbo a La Habana, Cuba, y de allí a España, la gran Flota de los Galeones, cargada de fantásticas toneladas de oro y plata. Se ha escrito bastante sobre esta caravana de imponentes barcos que surcó el mar Caribe a lo largo de dos siglos,…
p. 19
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 641 cita
[2]entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…
p. 64
03Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4301 cita
[3]etc., todos estos puestos se multiplicaban capricho samente para sonsacar el dinero a una sociedad ávida de preeminencias o de gentes deseosas de hacer una inversión estable. Las operaciones comerciales eran de dos tipos. Por un lado, el comercio al por mayor de bienes procedentes de España. Era este comercio el que…
p. 430
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1191 cita
[4]como los del marqués de Valdehoyos (Julián de Trespalacios y Mier), el del marqués de Pestagua (don Andrés de Madariaga) o el de José Fernando de Mier y Guerra, estaban invertidos en grandes haciendas de agricultura y ganadería extensivas con destino a mercados locales, y ninguno llegaba a una cifra superior a los…
p. 119
05Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 4391 cita
[5]residentes en América no podían recibir cargamentos consignados directamente a su nombre, ni estaban autorizados para enviar cargamentos a las metrópolis; estas transacciones sólo las podían realizar por medio de los españoles miem- bros de la Universidad de Cargadores a Indias, por tanto los comerciantes en la Nueva…
p. 439
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 1851 cita
[6]1564 y la posterior de Juan de Villorio y Avila en 1574. Ambas proyectaban como v í as los cauces de los r í os Atrato que desembocaba en el Atl á ntico y de San Juan, que vert í a sus aguas en el Pac í fico. Sus nacimientos 196 LA CONQUISTA DEL TERRITORIO Y EL POBLAMIENTO se acercaban tanto que durante toda la é poca…
p. 185
07Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 671 cita
[7]la anchura de un golfo estrecho, y puede comunicarse con esos diversos puntos más rápidamente que todas las otras ciudades de la República; su rada es una de las más bellas del mundo entero y muy fácilmente podrían cavarse en ella diques flotantes o de carena, nece - sarios hoy en todos los grandes puertos…
p. 67
08Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 2511 cita
[8]me seguían y vilos que en lugar de seguir la victoria habían vuelto las espaldas e iban huyendo a rienda suelta». Entre los soldados españoles sólo se oyó una voz que dijo: «¡Retirar, caballeros!». Todos la obedecieron. Escribe don Pedro al rey, aún airado: «Es una vergüenza, pero tuve los más pusilánimes vasallos».…
p. 251
09Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2192 citas
[9]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
[10]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
p. 219
10Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4101 cita
[11]c a r a l ai s l a.Desde e n tonces, s e d i j o que i n tentaban o r g a n i z a runa i n v a s i ó nal aNueva Granada parareasumire lp o d e r.En marzo de 1832, e lagente d e lgobierno neogranadino en Kingston l einformó a lS e c r e t a r i ode 3 4 EdwardW a t t saC a p t a i nS t u a r t,C a r t a g e n a, 21 dea…
p. 410
11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1281 cita
[12]u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…
p. 128
12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 501 cita
[13]a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…
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13Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 682 citas
[14]rodeó el regreso de Rojas Pinilla al país y su juicio en el Congreso, los dirigentes del Frente Nacio- nal (FN) podían estar optimistas porque, en lo fundamental, el reparto biparti- dista estaba funcionando bien. La izquierda liberal era una minoría creciente y respetable. En 1962 la candidatura presidencial de López…
p. 68
[15]la ruptura sino-so viética, el ingreso de Cuba al bloque soviético terminó siendo un viacrucis para comunistas y anticomunistas latinoamericanos por igual. Castrismo: la “ teoría”del foco guerrillero Cuando triunfó el Ejército Rebelde de Fidel Castro, el f n recién daba sus pri meros pasos. Apenas se había aprobado la…
p. 68
14Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 471 cita
[16]students, who received train- ing in Cuba in 1962, returned to Colombia and officially began the ELN’s insurgency struggle in 1964. The FARC emerged under the leadership of the Communist Party and operated with the support of peasants who sought refuge from the repression of La Violencia. The FARC was largely made up…
p. 47
15La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 571 cita
[17]su forma de operar y el despliegue en el territorio, tan- to como la relación con pobladores y los combates con estructuras paramilitares. 1.3.1 El ELN (Ejército de Liberación Nacional) El ELN ingresó a la zona norte del país a mediados de los setenta y se ubicó en la Serranía del Perijá: “Más o menos en lo que hoy…
p. 57
16El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 892 citas
[18]y Nikita Krushev decidió subir el tono de voz contra Estados Unidos, decla- rando que la Doctrina Monroe moría de “muerte natural”. 9 9 Maurice Lemoine: Les 100 portes de l’Amérique Latine, Ob. cit. 89 Capítulo IV Con la Revolución Cubana, la vida política y militar del hemis- ferio no volvieron a ser las mismas. La…
p. 89
[19]y Nikita Krushev decidió subir el tono de voz contra Estados Unidos, decla- rando que la Doctrina Monroe moría de “muerte natural”. 9 9 Maurice Lemoine: Les 100 portes de l’Amérique Latine, Ob. cit. 89 Capítulo IV Con la Revolución Cubana, la vida política y militar del hemis- ferio no volvieron a ser las mismas. La…
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17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 811 cita
[20]socialista. A renglón seguido se produjo la «crisis de los misiles» en octubre de 1962, lo que puso al planeta en vilo ante el riesgo inminente de que se produjera una guerra nuclear. Excepto por Cuba, para entonces América Latina no era un área de expansión para la URSS, cuyos intereses estaban centrados en Europa y…
p. 81
18The Kidnap Industry in Colombia: Our Business?M. Moor, L. Zumpolle · 2001 · p. 211 cita
[21]in the dictatorship of General Gustavo Rojas Pinilla in 1953. The two major guerrilla groups that surfaced in Colombia in the 1960s were rooted firmly in these Liberal peasant self-defence groups. COLOMBIA: FROM POLITICAL KIDNAPPING TO THE MIRACULOUS CATCHES 22 The basic group of the FARC (Fuerzas Armadas…
p. 21
19Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 681 cita
[22]pú- blicas. Gobernadores, miembros de consejos locales, alcaldes y hasta senadores se han visto sometidos a la justicia guerrillera, la cual puede llegar al asesinato (ejecución revolucionaria) de la persona implicada. La citación a empleados públicos por corrupción de parte de los mucha- chos, como se llama…
p. 68
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 561 cita
[23]per- tenecientes a sectores radicales del movimiento estudiantil fueron fundamentales en el origen del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en 1964. El grupo se asentó en la región de Simacota, Santa Helena del Opón y San Vicente de Chucurí, territorios cargados de cacao y cafetales en medio de bosques de robles.…
p. 56
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 cita
[24]Las guerrillas en Colombia: Una historia desde los orígenes hasta los confines. 142 Díaz Jaramillo, El movimiento obrero estudiantil campesino 7 de enero y los orígenes de la nueva izquierda en Colombia 1959-1969. urbanización, agitación social y asomo insurgente (1958-1973) 65 tras destacarse como líder en medio de…
p. 64
22Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 692 citas
[25]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
p. 69
[26]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
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2330 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 2191 cita
[27]de fundación fueron: ELN, 1962; Farc, 1964; EPL, 1967; M- 19, 1970. El M-19 se desmovilizó en 1990, el EPL en 1991 y las Farc-Ep en 2016. Todos fueron producto de la revolución cubana. Y, con alguna excepción, a partir de los años ochenta encontraron en el narcotráfico su fuente de financiamiento y expansión,…
p. 219
24La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 185, 1862 citas
[28]en la misión cubana en Estados Unidos, en ocasión de la Asamblea General de la ONU. Nueva York, 11 de octubre de 1979. Fidel Castro, Daniel Ortega y Maurice Bishop durante el primer aniversario de la Revolución Sandinista. Nicaragua, 18 al 25 de julio de 1980. Maurice Bishop visita a Cuba. La Habana, 18 y 19 de…
p. 185
[29]septiembre de 1979. Fidel Castro y Maurice Bishop en la misión cubana en Estados Unidos, en ocasión de la Asamblea General de la ONU. Nueva York, 11 de octubre de 1979. Fidel Castro, Daniel Ortega y Maurice Bishop durante el primer aniversario de la Revolución Sandinista. Nicaragua, 18 al 25 de julio de 1980. Maurice…
p. 186
25Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7631 cita
[30]la definición de llegar, en el marco de las negociaciones, a ceses al fuego, treguas entre las partes o negociaciones en medio de la guerra. Este asunto lo analizó el expresidente Juan Manuel Santos al anotar que en el proceso que se comenzó con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo…
p. 763
26La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 2471 cita
[31]Habana —en cuya planeación se había tardado tanto, por las dificultades logísticas y la desconfianza de los guerrilleros— se cumplió finalmente según lo programado. Con la ayuda de la Cruz Roja Internacional, utilizando su emblema, fueron transportados primero en un helicóptero desde un punto de encuentro en la zona…
p. 247
27Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1201 cita
[32]Jurídico para la Paz, el Gobierno de Juan Manuel Santos ini- ció nuevamente un proceso de diálogos de paz con las FARC que se plasmó en el Acuerdo General para la Terminación del Conflic- to y la Construcción de una Paz Estable y Duradera 161. A partir de la suscripción de dicho acuerdo que contempla una agenda de…
p. 120
28Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1152 citas
[33]el contrario, ha contribuido a dilatar el proceso, lo que a la vez ha generado un precedente negativo para Colombia a nivel internacional. El Estado colombiano aún no ha comprendido del todo los verdaderos alcances del fallo y tampoco ha logrado crear una estrategia adecuada para frenar la pretensión de Nicaragua…
p. 115
[34]el contrario, ha contribuido a dilatar el proceso, lo que a la vez ha generado un precedente negativo para Colombia a nivel internacional. El Estado colombiano aún no ha comprendido del todo los verdaderos alcances del fallo y tampoco ha logrado crear una estrategia adecuada para frenar la pretensión de Nicaragua…
p. 115
29At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 3051 cita
[35]a backchannel contact with FARC leaders early on that resulted in ongoing secret preliminary talks with FARC leaders in Havana, Cuba in February 2012. By August, Santos and the FARC signed onto a formal document outlining the conditions of a formal peace process, the rules by which the negotiations would operate, and…
p. 305
30Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1361 cita
[36]medias y falsas noticias para confundir a la opinión pública, como lo aseveró de forma explícita el coordinador de la campaña por el No a los Acuerdos de la Habana, posteriormente ajustados por los firmantes en el nuevo Acuerdo del teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016. 20 _______________ 1 Ver Grupo de…
p. 136
31The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 3011 cita
[37]University Press. OACP. 2014 a. Entérese del proceso de paz. Bogotá: Oficina del Alto Comisionado para la Paz. OACP. 2014 b. Todo lo que debería saber sobre el proceso de paz: Visión, realidades y avances en las conversaciones que adelanta el Gobierno Nacional en La Habana. Bogotá: Oficina del Alto Comisionado para la…
p. 301
32Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 831 cita
[38]política y territorial. Una Asamblea Nacional Constituyente es y será su gran bandera para ampliar las alianzas, fundirse con otros sectores y aprovechar otros procesos y movilizaciones en curso. Las FARC llegan a La Habana bajo la presión de cuatro derrotas simultáneas. Primera, la militar. De los grandes triunfos de…
p. 83
33Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 831 cita
[39]política y territorial. Una Asamblea Nacional Constituyente es y será su gran bandera para ampliar las alianzas, fundirse con otros sectores y aprovechar otros procesos y movilizaciones en curso. Las FARC llegan a La Habana bajo la presión de cuatro derrotas simultáneas. Primera, la militar. De los grandes triunfos de…
p. 83
34Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1981 cita
[40]soledad, novela fundamental de la literatura hispanoamericana del siglo XX, que se convirtió de inmedia- to en un verdadero bestseller mundial. Transformado en un personaje céle- bre, García Márquez se radicó en Bar- celona y por temporadas vivió en Bo- gotá, México, Cartagena y La Habana. Durante las décadas…
p. 198
35Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 163, 1642 citas
[41]la aventura armada en todo el continente. Pero el ardor no les llegó solo a ellos. La simpatía hacia el triunfo del Movimiento 26 de Julio, primero, y por las ejecutorias del nuevo gobierno cubano fueron más extensas y plurales. El caso más notorio es el de los artistas y, entre ellos, las estrellas ascendentes de la…
p. 164
[42]la aventura armada en todo el continente. Pero el ardor no les llegó solo a ellos. La simpatía hacia el triunfo del Movimiento 26 de Julio, primero, y por las ejecutorias del nuevo gobierno cubano fueron más extensas y plurales. El caso más notorio es el de los artistas y, entre ellos, las estrellas ascendentes de la…
p. 163
36Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 3981 cita
[43]Co- lombia, había dos hermanos, Rafael y Tomás Herrán Olózaga, pioneros en el procesamiento y tráfico de drogas entre Medellín y Cuba y los Estados Unidos a mediados de siglo. Narcotics”, Nueva York, agosto 15 de 1955, n A - RG 170, 170-74-12, Box 33. 93. “AmEmbassy to Department of State”, La Paz, marzo 24 de 1958, n…
p. 398