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Una historia del territorio

París

París no fue para Colombia un destino turístico sino una institución invisible: el lugar donde se fraguaron los conceptos jurídicos de la república, donde los artistas aprendieron a mirar y los filólogos a escuchar su propia lengua.

21 min de lectura42 fuentes

Ninguna otra ciudad extranjera ha operado sobre Colombia con la constancia y la profundidad de París. Londres pesó en el crédito, Madrid en la lengua y la ley, Roma en la fe, Nueva York en el siglo XX y su publicidad; pero París fue, durante casi dos siglos, el lugar donde las élites colombianas fueron a buscar aquello que en Bogotá no podía producirse: un marco jurídico republicano, un lenguaje estético, una legitimidad de gusto, un diploma, una biblioteca, un exilio. La ciudad funcionó como aula de derecho constitucional para los criollos ilustrados, como estudio de pintura para los modernistas, como refugio para gramáticos y novelistas, y hasta como proveedora de comisarios de policía. Fue también un espejo deformante: los colombianos vieron en París lo que necesitaban ver, y con frecuencia trajeron de allá menos París que su propia idea de París. Vínculo asimétrico, hecho de traducciones clandestinas, direcciones concretas, contratos consulares y fascinaciones duraderas, entre el último decenio del siglo XVIII y el presente.

Una ciudad que se convirtió en modelo

Para entender lo que París significó, hay que atender primero a cómo se hablaba de ella en Bogotá. Baldomero Sanín Cano, teórico del modernismo colombiano, sintetizó el sentimiento común de las élites cuando escribió que París concentraba en sí las maravillas, todas las amenidades y adelantos de la civilización. Ignacio Torres Giraldo, desde otra sensibilidad política, observó que las mentes avanzadas de Colombia habían entrado al siglo XX todavía dilucidando los grandes acontecimientos de la Revolución francesa: más de un siglo después del asalto a la Bastilla, la agenda intelectual del país seguía en buena medida escrita en francés.

Ese afrancesamiento tenía sus ridículos, y los propios franceses lo notaron. Pierre d'Espagnat, viajero galo que pasó por Bogotá en 1897, dejó registrado en su crónica Souvenir de la Nouvelle-Grenade que le pareció cómico que sus anfitriones se empeñaran en saludarlo en francés, como si el idioma nativo del huésped debiera devolvérsele en forma de espejo cortés. Bogotá se llamaba a sí misma Atenas sudamericana y ciudad cerebro, calificativos con los que sus habitantes se envanecían y que iban de la mano con una admiración por lo francés que rebasaba el préstamo cultural para convertirse en marcador de jerarquía social. Haber estado en París, leer en francés, citar a Hugo o a Lamartine servía menos para pensar mejor que para distinguirse de quien no lo hacía.

Pero reducir la relación a esa mueca esnob sería injusto con el fondo. Entre 1850 y 1870, los románticos franceses —Víctor Hugo, Lamartine, Eugène Sue, Alejandro Dumas— circularon en la Nueva Granada con una intensidad que dejó huella en la literatura política del país, alimentando una vena a la vez radical, romántica y utópica. La revolución francesa de 1848 tuvo repercusiones inmediatas sobre la juventud universitaria y la clase artesanal de la capital: en las sociedades democráticas artesanas de mediados de siglo hay un eco directo del París de los talleres y las barricadas. Y en el terreno estético, cuando Sanín Cano defendió el universalismo literario en su ensayo De lo exótico, argumentando que no hay literatura ajena a lo extranjero y que rechazar la literatura foránea es una forma de chauvinismo, no estaba defendiendo la imitación indiscriminada: distinguía, con precisión de crítico, entre los buenos modelos —Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud— y los malos —Catulle Mendès—, y advertía que el problema de cierto afrancesamiento colombiano no era ser afrancesado sino serlo mal.

Nariño y la Declaración: el primer préstamo peligroso

El vínculo se inaugura de manera clandestina, con un libro contrarrevolucionario en las manos equivocadas. Entre diciembre de 1793 y los primeros meses de 1794, Antonio Nariño tradujo al español la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la imprimió en su propia imprenta en Santafé, distribuyéndola con discreción entre sus conocidos. Hay ahí una ironía histórica poco subrayada: el texto fuente no fue un panfleto jacobino ni una edición oficial de la Convención, sino un libro antirrevolucionario de Christophe Félix de la Touloubre —conocido como Galart de Montjoie— que había transcrito la Declaración precisamente para refutarla. Nariño extrajo del envoltorio conservador el núcleo explosivo y lo lanzó al público criollo.

El momento no podía ser peor, o quizá era exactamente el momento. España acababa de ingresar a la alianza europea contra la Revolución Francesa, y cualquier cosa francesa era considerada peligrosa por la administración colonial. La circulación del impreso coincidió en Santafé con la aparición de pasquines sediciosos que las autoridades virreinales asociaron a una conspiración criolla, y el virrey comunicó a los gobernadores de Quito, Caracas y otras ciudades sobre el peligro potencial del episodio. Nariño fue procesado junto con el editor Diego Espinosa de los Monteros; el médico francés Luis de Rieux, amigo suyo, quedó bajo vigilancia. La sentencia fue durísima: diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. La pena de prisión comenzó a cumplirse en los calabozos de Cádiz.

La confiscación reveló algo tan significativo como la traducción misma. La biblioteca de Nariño, introducida clandestinamente a Santafé, contenía clásicos griegos y latinos, historia, filosofía, teología, matemáticas, medicina, ciencias naturales, tratados de leyes y de derecho, y los escritos de los enciclopedistas franceses del siglo XVIII. Aquel santafereño no era un aficionado que había topado por azar con un texto sedicioso: era un lector sistemático de la Ilustración francesa que había construido, a espaldas del régimen, una biblioteca de la modernidad. La República una e indivisible que años después defenderían los centralistas neogranadinos —Nariño el primero— vino en línea directa de aquella fórmula parisina, y por eso es exacto llamarlos hijos de la Revolución Francesa: no metafóricamente, sino en el sentido de haber heredado la gramática política de un régimen que aún no cumplía cinco años cuando su vocabulario ya se imprimía en Santafé.

Bolívar en la ciudad: Humboldt, Napoleón y el juramento pospuesto

Diez años después de la traducción de Nariño, un joven caraqueño llegó a París durante su segunda estadía europea, que se extendería aproximadamente entre 1804 y noviembre de 1806. Simón Bolívar entró a la ciudad probablemente en 1804 y encontró allí dos figuras que le marcarían para siempre: Alexander von Humboldt, recién regresado de más de seis años de exploración científica por las Indias Españolas, y la sombra omnipresente de Napoleón Bonaparte.

Humboldt venía de Virginia, donde había estado con Thomas Jefferson conversando, entre otros asuntos, sobre los retos de la nueva nación y la compra de Luisiana. Traía a París los cuadernos de un continente que Bolívar aún no conocía como proyecto político y que el naturalista alemán le devolvió, mediado por la ciencia, como una posibilidad real. La influencia de Humboldt sobre Bolívar sería duradera: la América que el Libertador imaginó en las décadas siguientes fue, en parte, la América que Humboldt había cartografiado. Napoleón, por su parte, funcionó como fascinación y como advertencia: la figura del cónsul devenido emperador acompañaría los sueños de Bolívar mucho después, y estaría detrás tanto de su ambición de conductor como de su desconfianza al despotismo personal.

En mayo de 1805, Bolívar salió de París hacia Italia; el 15 de agosto de ese año pronunció el Juramento en el Monte Sacro. En diciembre regresó a París y permaneció en Francia durante 1806, antes de volver a América. Llegaría de vuelta a Caracas en junio de 1807. Entre esos dos parisinos —1804 y 1806— se cocinó buena parte de la biografía intelectual del hombre que dirigiría la independencia de cinco países. Que un joven de Caracas necesitara pasar por la orilla del Sena para descubrir la América tropical que llevaba en la sangre revela con exactitud la función de París en la fabricación de las élites criollas: fue en la capital francesa donde muchos hispanoamericanos aprendieron a mirar Hispanoamérica.

Diplomacia y deuda: la Gran Colombia toca las puertas de Europa

Proclamada la República de Colombia en diciembre de 1819, el nuevo Estado emprendió una ofensiva diplomática europea en busca de dos cosas urgentes: reconocimiento internacional y dinero. París, junto con Londres, fue el escenario principal de esa ofensiva. El congreso encomendó a Francisco Antonio Zea, recién elegido vicepresidente, la misión de entablar relaciones con países europeos, entre ellos Holanda. Desde su llegada, Zea vivió obsesionado con conseguir financiamiento. Colombia prácticamente no tenía acceso a fuentes crediticias. La asediaban los acreedores, entre ellos los que reclamaban deudas contraídas antes por Luis López Méndez. En los cafés cercanos al Palais Royal, en los despachos de banqueros del faubourg Saint-Honoré, en las antesalas del Ministerio francés, los agentes colombianos aprendieron el oficio de mendigar con etiqueta: se presentaban como representantes de un Estado soberano que, en la práctica, dependía de la firma de un prestamista para seguir existiendo.

La consolidación posterior de la deuda colombiana arrojó una cifra reveladora: 547.783 libras esterlinas. Se distribuían así: 469.354 libras por armadas contratadas por López Méndez y José María del Real, el grueso; 1.610 libras en recompensas a viudas y damnificados; 10.110 libras en pagarés a comerciantes; y 66.666 libras del empréstito personal gestionado por Zea. Detrás de esos números hay una escena repetida: agentes colombianos en despachos europeos negociando en desventaja, firmando en condiciones onerosas y regresando a Bogotá con deudas que hipotecaban décadas de futuro fiscal. Zea fue relevado y sucedido por José Rafael Revenga. Desde la Secretaría de Relaciones Exteriores organizada por Pedro Gual se coordinó el envío de misiones a distintos países de América y Europa, así como ante la Santa Sede. La correspondencia consular que hoy duerme en los archivos del Quai d'Orsay muestra el detalle burocrático de esa ofensiva: notas verbales, cartas credenciales, listados de acreedores, minutas de reuniones. Un Estado nuevo aprendió a existir por escrito, en francés, ante funcionarios que no siempre lo tomaban en serio.

París operó en este momento como plaza financiera y como capital diplomática paralela a Londres. Fue el lugar donde la Gran Colombia intentó existir como Estado ante los ojos del Viejo Mundo, y donde aprendió, no sin costos, que la independencia política no se traducía automáticamente en soberanía económica. La lección se prolongó a lo largo del siglo XIX: los empréstitos, las bancarrotas y las renegociaciones tuvieron con frecuencia a París entre sus escenarios, y cada generación de ministros colombianos volvió a la ciudad para renegociar lo que la anterior había firmado. Esa continuidad —dolorosa, casi humillante— es una de las líneas menos visibles y más determinantes de la historia bilateral.

La generación de la lengua: Cuervo y los suyos en Passy

En el último tercio del siglo XIX, París se convirtió en residencia habitual de una parte muy visible de la élite intelectual colombiana. La figura tutelar de ese momento fue Rufino José Cuervo, quien se instaló en el barrio de Passy, en la calle de Siam, en el quinto piso —cuarto según la numeración francesa—, y desde allí, a corta distancia de la Biblioteca Nacional a la que acudía casi a diario, elaboró la obra filológica más ambiciosa de la América hispana del siglo. Se quejaba del pésimo servicio de la biblioteca —una queja de erudito que ha ido a París a trabajar en serio, no a pasear— y desde ese quinto piso proyectó, palabra por palabra, el diccionario que aún hoy lleva su nombre.

La muerte de Cuervo en su apartamento de Passy fue un acontecimiento para la colonia colombiana. El escultor Marco Tobón Mejía, que había desarrollado en Francia sus dotes de orfebre, escultor y dibujante en contacto con la tradición académica francesa y con el arte de la medalla practicado por los profesores de la Escuela de Bellas Artes, le hizo una mascarilla mortuoria y lo dibujó en su lecho de muerte. Las exequias se celebraron en la parroquia de San Francisco Javier, en el mismo Passy, a la sombra de la Torre Eiffel. Cuervo murió parisino sin haber dejado nunca de ser bogotano; su obra es en gran medida un fruto de esa doble pertenencia, imposible fuera de París y sin embargo imposible fuera del castellano de Bogotá.

Bogotá le devolvió el gesto. El monumento a Cuervo, esculpido por el francés Charles Raoul Verlet, fue inaugurado el 17 de julio de 1914. El pedestal lo ejecutaron Pedro Sánchez y Demetrio Vejarano mediante contrato firmado el 4 de abril de ese año. La junta promotora reunió a la plana mayor de la política y la letra de la época: Simón Araújo, ministro de Obras Públicas; Marco Fidel Suárez, futuro presidente y filólogo devoto de Cuervo; Eladio C. Gutiérrez, Emiliano Isaza y Rafael Pombo. Que el escultor fuera francés no es un detalle decorativo: la propia figura conmemorativa de Cuervo se importó de París, cerrando así el círculo simbólico en el que la ciudad producía tanto el trabajo intelectual como su emblema póstumo.

Silva, Sanín Cano y el modernismo: París como taller poético

En paralelo a la erudición filológica de Cuervo, otra corriente colombiana descubría París como taller de la modernidad estética. José Asunción Silva, José María Torres Caicedo, Guillermo Valencia, y sobre todo Sanín Cano fueron los agentes principales de esa recepción, que no fue lineal ni ingenua. Sanín Cano defendía el universalismo literario y a la vez criticaba a quienes copiaban a los peores autores franceses; su elogio del cosmopolitismo era una defensa de la exigencia, no del papagayismo.

El caso de José Eusebio Caro, algunas décadas antes, ilustra bien la ambigüedad de esas influencias. Caro combinó el romanticismo francés con ilusiones de un mundo tecnocrático de ascendencia sansimoniana y con admiración por los Estados Unidos, mezcla que debilitó su afecto a la tradición española y lo empujó hacia modelos de vida no hispánicos. París entraba a Colombia rara vez sola: llegaba trenzada con otras referencias —el sansimonismo, más tarde el positivismo, después las vanguardias— y cada generación colombiana escogió qué París recibir. Los modernistas escogieron el París simbolista de Verlaine, Mallarmé y Baudelaire; una generación posterior escogería el París surrealista; otra, más tarde, el París existencialista y comunista.

Los que efectivamente viajaron —Silva ya había estado, Valencia iría, Barba Jacob peregrinaría por muchas capitales— trajeron consigo no solo lecturas sino modos: la manera de sentarse en un café, de vestirse, de citar; el hábito de la revista literaria; la conciencia de pertenecer a una república de las letras que rebasaba las fronteras nacionales. El cosmopolitismo, denostado a veces como pose, fue también una liberación real respecto a los estrechos límites del provincialismo bogotano.

La ciudad como aula: médicos, urbanistas, comisarios

París no fue solamente literatura y política; fue también aula técnica. En la Facultad de Medicina se doctoraron colombianos como Antonio J. Naranjo, con una tesis sobre el cloroformo en 1869; Proto Gómez, sobre heridas del ojo en 1872; y Enrique Rodríguez B., sobre embolia de vasos retinianos también en 1872. Cada uno regresó a ejercer en Colombia con un capital simbólico —el diploma parisino— que en el país operaba como marca de excelencia y como boleto de ingreso a los círculos médicos más prestigiosos.

En otro registro, y quizás más revelador, el gobierno colombiano celebró en París un contrato con el gobierno francés para enviar a Juan María Marcelino Gilbert, comisario de policía de primera clase, a reorganizar el Cuerpo de Policía de Bogotá. La gestión la adelantó Gonzalo Mallarino, encargado de Negocios de Colombia en París, y el compromiso contractual se fijó por un año, con condiciones detalladas en una carta del 28 de mayo de 1891 dirigida por el propio Mallarino al ministro de Relaciones Exteriores en Bogotá. La escena es reveladora: para modernizar la policía de su capital, Colombia no acudió a Madrid ni a Washington, sino a París. La institución policial bogotana del siglo XX guarda, en su ADN administrativo, la impronta de aquel comisario francés cuya llegada se pactó en un despacho ministerial parisino.

El fondo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia —con sus series de Correspondance Consulaire relativa a Colombia y sus documentos de Mission Diplomatique— constituye hoy uno de los archivos más ricos para reconstruir la historia bilateral. Muchas de las gestiones más nimias y más decisivas de la vida institucional colombiana pasaron por ese circuito parisino, y ahí siguen, en cajas de papel amarillento, esperando a los historiadores.

Del cambio de siglo a las vanguardias: pintores, escultores, escritores

El siglo XX radicalizó la relación. Andrés de Santa María, nacido en 1860, fue el primer pintor modernista de Colombia y pasó la mayor parte de su vida en Europa; murió en Bruselas en 1945. Su óleo El lavadero sobre el Sena, de 1887, mide 233,5 por 335,6 centímetros y se conserva hoy en el Museo Nacional de Colombia: un bogotano pintando el Sena en formato monumental es, en sí mismo, un manifiesto de lo que París significaba para la mirada colombiana. Santa María dirigió después la Escuela de Bellas Artes de Colombia, importando al aula bogotana las lecciones de su propia trashumancia europea.

En las décadas siguientes, hacer temporada en París se volvió casi un rito de paso para el artista colombiano, aunque la geografía real de las formaciones era más caprichosa que el mito. Alejandro Obregón vivió en el sur de Francia durante los primeros años de La Violencia, antes de establecerse en Cartagena después de 1955: aquel contacto europeo se decanta luego en la fuerza cromática y el gesto de sus series sobre la violencia, los cóndores, los toros y los paisajes del Caribe. Enrique Grau, nacido en 1920 y criado en Cartagena, atravesó Italia y Francia empapándose del barroco europeo antes de llegar al MoMA y al Guggenheim de Nueva York; su reconocimiento internacional se apoya sobre esa ruta lateral, no directamente parisina. Eduardo Ramírez Villamizar, en cambio, hizo de la estancia europea el pivote de una conversión: adoptó por completo la abstracción hacia 1952 y se mantuvo fiel a ese lenguaje durante toda su carrera, convertido en uno de los pioneros del arte abstracto en Colombia. Marta Traba, crítica de esta generación, hizo también de Europa una segunda patria intelectual desde la que juzgaba, con severidad, lo que sus pintores estaban aprendiendo a ver.

Fernando Botero matiza el mito. Viajó a Madrid en 1952 y estudió en la Escuela de San Fernando; después estudió en la Academia de San Marcos en Florencia bajo la tutela de Bernard Berenson. Su formación, en rigor, fue más madrileña y florentina que parisina, aunque en 1957 ya la crítica colombiana lo consideraba un artista de primer orden al que había que incluir junto a Obregón, Ramírez Villamizar y Grau, describiendo su obra como sorprendente e impredecible. París, en el caso de Botero, no fue el aula sino la etapa posterior, la del reconocimiento y la exhibición. Ese matiz importa: no todo pintor colombiano célebre se hizo en París, aunque el imaginario nacional tienda a suponerlo.

Luis Caballero, en cambio, sí pasó la mayor parte de su vida adulta en la capital francesa, donde produjo el grueso de su obra sobre el cuerpo masculino, la tensión, el erotismo y la muerte. Édgar Negret alternó Europa y América y trabajó desde una gramática abstracta que dialogaba con las vanguardias del continente. Para todos ellos, las estancias europeas —París entre ellas, muchas veces la principal— fueron parte constitutiva de su trayectoria, y contribuyeron a un diálogo entre el arte colombiano y las corrientes europeas modernas que a mediados del siglo XX parecía urgente.

Escritores del exilio y del boom

Con la literatura sucedió algo parecido, y con Gabriel García Márquez la escena se vuelve arquetípica. Su primer exilio hacia París ocurrió en 1955. Las razones se debaten: para algunos, su Relato de un náufrago, publicado ese año en El Espectador, lo había convertido en enemigo incómodo de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla; para otros, se trataba simplemente de la búsqueda de oportunidades como reportero en Europa. Sea cual fuere el motivo, García Márquez llegó a un París donde escribiría, en un cuarto de hotel del Barrio Latino, buena parte de El coronel no tiene quien le escriba y La mala hora. La imagen del joven caribe pasando hambre en la orilla del Sena para escribir sus primeras novelas se ha convertido en mito nacional; el mito, en este caso, tiene fundamento.

Años más tarde, ya célebre, García Márquez rechazaría el ofrecimiento de un consulado en Barcelona con un argumento revelador: aceptar cargos oficiales comprometería su independencia como escritor, principio que —según él mismo— mantenía desde antes de ser conocido y que no tenía motivos para cambiar cuando ya vivía del favor de sus lectores. Esa distancia respecto al Estado colombiano y ese asentamiento europeo definirían buena parte de la relación del boom latinoamericano con Europa: los escritores del continente hicieron carrera desde París o Barcelona, publicaron en editoriales españolas y francesas y regresaron transfigurados en clásicos exportables.

Alrededor de esa figura central se articula una constelación amplia. Álvaro Mutis, aunque asentado en México, tuvo con París un vínculo intenso; Germán Arciniegas fue diplomático y ensayista con estancias europeas frecuentes; Jorge Zalamea, León de Greiff en su generación, Guillermo Uribe Holguín como músico, todos pasaron por la ciudad. Ricardo Cano Gaviria publicó en 1981 Prytaneum, cuyo protagonista narrador, Gerardo Nieto, es un joven escritor colombiano radicado en París: la literatura empezó a contarse a sí misma en su condición de exilio productivo.

Hubo en esa comunidad una tensión intelectual instructiva. Un testimonio de los años sesenta recuerda que la literatura latinoamericana —García Márquez, Rulfo, Carpentier, Carrasquilla— fue percibida entonces como un referente de identidad capaz de ubicarlos frente a las teorías importadas de Europa: el existencialismo, el marxismo, la semiología. Los colombianos en París no solo consumían París: se defendían de él con la novela latinoamericana, y esa defensa era ya, paradójicamente, una manera muy parisina de existir intelectualmente. El continente entero descubrió su voz literaria en diálogo tenso con la capital francesa.

Trabajadores, migrantes y una ciudad que ya no es la misma

El París reciente de los colombianos ya no es solo el de las élites. La migración de las últimas décadas ha llevado a la capital francesa a trabajadores manuales, empleadas domésticas, refugiados políticos, estudiantes de posgrado becados y desplazados por el conflicto armado, componiendo una diáspora de perfil social muy distinto al de los diplomáticos y hombres de letras que la precedieron. La ciudad que antes recibía a los hijos de las familias bogotanas para pulirlos en las academias de arte y en los seminarios doctorales acoge ahora a colombianos que llegan huyendo de amenazas, o buscando salarios que en su país no encuentran, o refundando desde los suburbios una identidad que ya no cabe en las etiquetas del cosmopolitismo criollo.

El cine reciente ha empezado a representar esas presencias, y con ellas una nueva geografía afectiva. En Jesús, obrero colombiano exiliado en París, el protagonista es un ex guerrillero que huyó tras negarse a ejecutar una orden y que en la capital francesa arrastra los turnos, la clandestinidad y la memoria del país que dejó atrás. Personajes como él encarnan un vínculo con París que ya no se sostiene sobre la biblioteca ni sobre el taller de pintura, sino sobre la fuga y el trauma. La ciudad deja de ser el lugar donde se va a aprender y se convierte en el lugar donde se va a sobrevivir, o donde se intenta armar una vida después de la ruptura con el país.

La institucionalidad francesa se ha involucrado también en ese registro. La Embajada de Francia en Colombia ha intervenido en gestiones para facilitar la salida del país de personas amenazadas: uno de los casos recientes es el de Yuvelis Natalia Morales, joven líder ambiental del Magdalena Medio que denunciaba la contaminación petrolera y que sufrió un atentado el 9 de febrero mientras estaban en curso las diligencias para evacuarla hacia Francia. Su caso, uno entre varios, prolonga en clave humanitaria una relación bilateral que había empezado con misiones policiales y empréstitos. La lógica de la protección política, con su papeleo de visados y sus salvoconductos, se superpone hoy a la vieja lógica del aprendizaje y del diploma; y la asimetría del vínculo, antes cultural, se vuelve también asimetría entre un país expulsor y una ciudad receptora. París ya no fabrica solo élites: acoge también a los perseguidos, y con ello redefine lo que significa, para un colombiano contemporáneo, tener con la ciudad una relación de verdad.

La huella y la asimetría

Dos siglos de París en la historia de Colombia dejan una secuencia que puede enumerarse casi como un rosario: la Declaración de los Derechos del Hombre traducida en 1793-1794 e impresa en Santafé; los enciclopedistas franceses en la biblioteca confiscada a Nariño; el joven Bolívar fascinado por Humboldt en 1804; los agentes de la Gran Colombia negociando deudas y reconocimiento en 1820; los médicos doctorados en la Facultad de Medicina en 1869 y 1872; el comisario Gilbert reorganizando la policía bogotana desde 1891; Cuervo en su quinto piso de la calle de Siam trabajando en el diccionario; Santa María pintando el Sena; García Márquez escribiendo El coronel en un cuarto de hotel; Caballero pintando cuerpos en la ciudad hasta su muerte. Transferencias efectivas, con consecuencias verificables en el derecho, las instituciones, la ciencia, la lengua y el arte colombianos.

La transferencia, sin embargo, tuvo siempre sus filtros. Nariño tomó la Declaración de un libro contrarrevolucionario que buscaba refutarla; los afrancesados de Bogotá fueron ridiculizados por el viajero francés que los visitaba en 1897; Sanín Cano distinguía entre buenos y malos modelos, sabiendo que no todo lo francés era canjeable por moderno; Botero se formó en Madrid y Florencia antes que en París, y aun así se le atribuye el aura parisina como si fuera evidente; los intelectuales del boom se defendieron con Rulfo y Carpentier de las teorías europeas que consumían. La distancia geográfica, la lentitud de la comunicación, el filtro del idioma y el sesgo de las élites que decidían qué traer y qué dejar convirtieron al París colombiano en una construcción propia, imposible de confundir con la ciudad real: más útil por lo que permitía imaginar que por lo que efectivamente transmitía. París no fue un modelo imitado con fidelidad, sino una materia prima que se procesó.

Aún hoy, cuando un joven arquitecto va a la Cité Universitaire, cuando un escritor pasa un semestre en una residencia parisina, cuando un pintor abre estudio en Belleville, arrastra tras de sí dos siglos de esa relación desigual y productiva: la ciudad sigue siendo, para los colombianos, menos un lugar que una manera de ser cosmopolitas sin dejar de ser de aquí.

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1793Derechos del HombreEntidad1795José Domingo Duquesne de la MadridEntidad1797Juan Bautista Picornell y GomilaEntidad1801Alexander von HumboldtEntidad1819Francisco Antonio ZeaEntidad1819Simón BolívarEntidad1820Capital extranjeroEntidad1820Empréstitos de Zea en Londres y quiebra especulativa de 1825Hecho1821Francisco de Paula SantanderEntidad1822Dependencia financieraEntidad1822Reconocimiento internacional de la Gran Colombia (1822–1825)Hecho1825Reconocimiento diplomáticoEntidad1830Rafael UrdanetaEntidad1841Introducción del daguerrotipo y la litografía moderna en la Nueva Granada (1841-1848)Hecho1845Ezequiel RojasEntidad1845Historiografía y ciencia nacional en Nueva Granada (1845–1862)Hecho1845Julio ArboledaEntidad1848Formación de los partidos Liberal y Conservador y elección de José Hilario López (1848–1850)Hecho1848Joaquín AcostaEntidad1848UtilitarismoEntidad1849El Alacrán (1849): sátira, socialismo utópico y libertad de prensa en la Nueva GranadaHecho1850La Comisión Corográfica (1850–1859)Hecho1850Publicación por entregas de la Peregrinación de Alpha en El Neogranadino (1850-1852)Hecho1851José Jerónimo TrianaEntidad1861José María SamperEntidad1867Canonización nacional de María de Jorge Isaacs (1867–1880)Hecho1867José María Vergara y VergaraEntidad1867Miguel Samper AgudeloEntidad1870Educación femeninaEntidad1871Ezequiel UricoecheaEntidad1872Aníbal GalindoEntidad1872Rufino José CuervoEntidad1873Memoria fundacionalEntidad1875Santiago Pérez de ManosalbasEntidad1880Soledad Acosta de SamperEntidad1886Canal interoceánico por el Istmo de PanamáEntidad1886José Asunción Silva y el modernismo literario (1886–1896)Hecho1886La Regeneración y el hispanismo católicoEnsayo1896José Asunción SilvaEntidad1903ImperialismoEntidad1903Separación de Panamá (1903)Hecho1904El Quinquenio de Rafael Reyes (1904–1909)Hecho1906Rafael ReyesEntidad1909Jorge Holguín MallarinoEntidad1910Alfredo Vásquez CoboEntidad1910Guillermo ValenciaEntidad1914Agustín Nieto CaballeroEntidad1930Luis VidalesEntidad1935Luis López de MesaEntidad1936Diplomacia culturalEntidad1936Frente PopularEntidad1936Institucionalización de la antropología y la arqueología nacionales (1936–1942)Hecho1936Pedro Nel GómezEntidad1938Arqueología nacionalEntidad1938Eduardo SantosEntidad1938Gerardo Molina RamírezEntidad1938Silvio VillegasEntidad1941El Instituto Etnológico Nacional y la ciencia de la República LiberalEnsayo1941Paul RivetEntidad1946Gabriel Turbay AbunaderEntidad1952Hernando TéllezEntidad1954Josefina Valencia MuñozEntidad1955Mito: censura y resistencia cultural bajo la dictadura de Rojas PinillaHecho1962Marta TrabaEntidad1965Camilo Torres RestrepoEntidad1966Delia Zapata OlivellaEntidad1967Gabriel García MárquezEntidad1967Realismo mágicoEntidad1970Estanislao ZuletaEntidad1973Germán ColmenaresEntidad1974Alfonso López MichelsenEntidad1975Larga duraciónEntidad1975Nueva HistoriaEntidad1982Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez (1982)Hecho1983Carlos Jiménez GómezEntidad1985Alfredo Molano BravoEntidad1987Daniel PécautEntidad1995Gonzalo Sánchez GómezEntidad2002Íngrid Betancourt PulecioEntidad2010Iván Cepeda CastroEntidad2022Francisco de RouxEntidad
Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

38 documentos · 42 fragmentos
01
Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 314
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[1]

los dictados de París Lo francés, elemento deslumbrante del ostentoso cosmopolitismo euro- Capítulo 15 315 peo, es el modelo para el pensamien- to, el gusto y las costumbres sociales desde el siglo XIX. «A las mentes avan- zadas de Colombia —escribió Ignacio Torres Giraldo— las encontró el si- glo xx dilucidando…

p. 314
02
El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 126, 278
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vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…

p. 278
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político de esa centuria. Sin embargo, es claro que también Núñez y José Eusebio 78 El romanticismo en Europa, especialmente en Alemania, condujo a una admiración muy grande por todos los rasgos característicos del alma española tales como el espíritu caballeresco, el intenso sen- timiento religioso, y en general por…

p. 126
03
Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 135, 348
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una carta a su cliente favorito, Fernando, prometiéndole verdadero amor y hacer juntos un viaje a Europa. Soto Borda quiere mostrarnos cómo el deseo y el sexo superan desde todo punto de vista los intelectualismos y las ideologías; cómo las bestialidades del cuerpo también son cosa del espíritu. ¿O no lo dejaba en…

p. 135
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Colombia. En su primera novela, Prytaneum (1981), se propuso explicar por qué del canon colombiano se excluían buena parte de los escritores liberales y modernis- tas. Y Gerardo Nieto, el protagonista-narrador, que es un joven escritor colombiano radicado en París, parece descubrir la razón. Hay en Bogotá, según él,…

p. 348
04
Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 182
1 cita
[4]

la burguesía). Aparece así la pléyade de novelistas y poetas franceses inclinados a los problemas sociales, que distinguen la época y tanto influjo ejercieron en la Nueva Granada: Víctor Hugo, quien felicitaba a los trabajadores y declaraba que "todos somos obreros, y Dios también, y en vosotros el pensamiento trabaja…

p. 182
05
Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 193
1 cita
[5]

una literatura nacional y castiza, en su obra De lo exótico Sanín se muestra favorable al universalismo y es en esta medida que se convier- te en un teórico del modernismo, al decir que no hay literatura ajena a lo extranjero. La idea de re- chazar la literatura extranjera le parece una mues- tra de chauvinismo y…

p. 193
06
Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 130
1 cita
[7]

virrey m ism o. En u n tom o d e esta obra N ariño encontró la Declaración de los D erechos del H om bre, la cual tradujo e im prim ió en secreto en su im prenta y d istrib u y ó con discreción en tre sus conocidos, en los prim eros m eses de 1794. La im presión de esta traducción coincidió con u n m om ento en q u e…

p. 130
07
La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 103
1 cita
[8]

que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…

p. 103
08
Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 279
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[9]

ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

p. 279
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Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 102
1 cita
[10]

Colegio de San Bartolomé, y había actuado como alcalde ordina- rio y tesorero de diezmos a partir de 1789. A pe- sar de haberse visto envuelto en una investigación en la cual su desempeño como tesorero había sido duramente criticado, fue la publicación de Los Derechos del Hombre la que lo hizo caer definiti- vamente…

p. 102
10
Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 292
1 cita
[11]

llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…

p. 292
11
Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 14
1 cita
[12]

circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…

p. 14
12
Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 199
1 cita
[13]

desaparición privó a la patria del prohombre civil que habría represen- tado en el Norte de América del Sur el sentimiento cívico y la supremacía de ideas que en las afortunadas regiones del Plata tuvo su culminación en la personalidad de Riva- davia. Concedió el hado al argentino lo que al colom- biano negara, y de…

p. 199
13
La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 111
1 cita
[14]

Alejandro que apoyar a los rebeldes griegos promovía la revolución internacional y se oponía diametralmente a los objetivos de la Alianza. Mientras el zar ya estaba reuniendo los fondos necesarios entre banqueros amsterdameses, supieron evitar a última hora que declarara la guerra a Turquía. 11 La misión de Zea Una…

p. 111
14
Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 33
1 cita
[15]

fundamental del Congreso, el antiguo virreinato de Nueva Granada y la antigua Capitania General de Venezuela se unian para formar un solo Estado. fruto de su madura inteligencia, don Pedro Gual tra- duce a la realidad las ideas inspiradoras de Bolivar y en primer lugar organiza la propia Secretaria de Relaciones…

p. 33
15
Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 251
1 cita
[16]

de Zea de llegar a un acuerdo con España. Podría decirse que Zea debió haber sabido que Bolívar nunca habría aceptado un proyecto de federación que limitase la libertad de Colombia de tener relaciones interna cionales independientes y que España no reconocería la inde pendencia mientras existiese la posibilidad de…

p. 251
16
Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 371, 375
2 citas
[17]

acreedores ingleses, ascendieron a 547 783 libras esterlinas, distribuidas de la siguiente manera: 469 354 libras correspondientes a las cuatro armadas contratadas por López Méndez y José María del Real, 1610 libras por recompensas graciosas concedidas por Zea a viudas o damnificados europeos por la guerra de…

p. 375
[18]

libertadora. En ese momento fue consti - tuida una comisión de tres personas, nombradas por el Congreso, para que acopiara toda 153 “Decreto para la enajenación de tierras de la República, y para facilitar un empréstito” (Correo del Orinoco, 31, 15 de mayo de 1819), 123. 154 Zea solamente aceptó firmar una obligación…

p. 371
17
Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 51
1 cita
[19]

«América para los ame- ticanos». Esta filosofia rechazaba toda intervencién politica y militar de los regimenes europeos en los asuntos de este continente y tuvo una acogida en- tusiasta en los altos circulos del gobierno colom- biano. Asi, por ejemplo, en la Gaceta de Colombia, de febrero de 1824, se publicaron los…

p. 51
18
Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 465
1 cita
[20]

por medio de vicepresidentes. En 1993, manejaba el país como vicepresidente, el parnasiano Miguel Antonio Caro. 361 En la actualidad se llama Rufino Cuervo y se colocó una escultura del filólogo colombiano. 466 B índic Gercst c Adíraí Figura 42. Andrés de Santa María Hurtado (1860-1945). El lavadero sobre el Sena,…

p. 465
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Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 220
1 cita
[21]

este modo, Buenos Aires, São Paulo y Ciudad de México se volvieron importantes centros del modernismo latinoamericano. Colombia, con su capital a casi mil kilómetros de la Costa Caribe, no recibió a muchos inmigrantes europeos en los siglos XIX y XX, y, por lo tanto, el movimiento modernista nunca tomó gran fuerza. El…

p. 220
20
Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 203
1 cita
[22]

Roberto Bunch. En aquellos años obtuvieron diplomas de docto- rado en la Facultad de Medicina de París los siguientes colombianos: Antonio J. Naranjo, tesis: De Paction physiologique du cloroforme (1869). Proto Gómez, tesis: Des blessures de l’œil (1872). Enrique Rodríguez B., tesis: Étude sur l’embolie des vaisseaux…

p. 203
21
Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 454
1 cita
[23]

Tobón Mejía practicó al cadáver una mascarilla, ese molde de yeso que se vacía del rostro del finado y que constituye un escalofriante fantasma de des- pedida. Tobón Mejía dibujó también al sabio en su lecho de muerte. Las exequias se celebraron en la parroquia de San Francisco Javier, no lejos de la torre Eiffel, que…

p. 454
22
Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 509, 516
2 citas
[24]

y Tobón Mejía es inevitable. Lo interesante es ubicar esta obra y este interés del antioqueño en el trabajo de la medalla a finales del siglo XIX que, siendo un arte tradicional, permitió a los medallistas llegar a novedosas interpretaciones. Los impulsores de este arte en Francia fueron en su mayoría profesores de la…

p. 509
[33]

el país fueron Eduardo Ramírez Villamizar en pintura y Edgar Negret en escultura: para 1952 ambos artistas habían adoptado la abstracción por completo y se aferrarían a ella hasta el final de sus carreras⁵. 128. Sin título Judith Márquez, 1956, óleo sobre madera, 45 × 72 cm, Plástica dieciocho. Fuente: Colección…

p. 516
23
Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 59
1 cita
[25]

José Cuervo fue elaborada por el escultor francés Charles Raoul Verlet. El pedestal fue ejecutado, mediante contrato firmado el 4 de abril de 1914, por Pedro Sánchez y Demetrio Vejarano, quien fue contratado el día 20 de mayo de 1914 “para relabrar la loza 1. Pedro María Ibáñez, Crónicas de Bogotá, tomo I, 2ª ed.,…

p. 59
24
Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 202
1 cita
[26]

el cumplimients de las del país y las órdenes y disposicion ce las au ace pre- venir los delitos, faltas y contraven- Policia-no reconoce privil tinciones y abliza, por tanto, a males y extranjeros, salvo las in vivele De Policia Macionat Ad ¡aser Poiseviricio ale da Pobicta Atotaral, Hogotd Contrato celebrado entre…

p. 202
25
Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 345
1 cita
[27]

la política y me hizo seguir el carro de Marte”. En 1804, Simón Bolívar viajó a Francia, atraído como un imán a París. En una ciudad que seguía padeciendo los efectos del parto de la revolución, cayó bajo el hechizo de los dos hombres más famosos de Europa: un naturalista y un soldado. Alexander von Humboldt y…

p. 345
26
Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 206
1 cita
[28]

dignity of the people who live and work there. In addition to Hoyos, the work of four male painters provides a broad perspec- tive of Colombia’s twentieth- century artistic production: that of Enrique Grau, Alejandro Obregón, Luis Caballero, and Fernando Botero. Enrique Grau, raised in Cartagena, was born in 1920 and…

p. 206
27
The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 581
1 cita
[29]

of his canvas that restrained his coloristic excesses; but even then color is the orchestra conductor that compels all the other instruments to vibrate in unison.... Every day it seems more necessary to convert the trio [of Obregón, Ramírez Villamizar, and Grau] into a quartet in order to make room for Fernando…

p. 581
28
Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 118
1 cita
[30]

Botero se fue a Madrid en 1952 y estudió en la Escuela de San Fernando. En la Academia de San Marcos, en Florencia, tuvo como profesor a Bernard Berenson.Vivió en Nueva York, en Greenwich Village; allí sobrevivió vendiendo su arte por muy poco; “hacía réplicas de grandes obras, para turistas”, sin imaginar que…

p. 118
29
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 46
1 cita
[31]

miabstractas y con manejo de grandes es- pacios, crea un paisaje saturado de formas extraídas de la flora y la fauna marinas que luego convertirá en símbolos fantásticos. Su obra, de gran fuerza cromática, tiende hacia la pintura gestual, siguiendo el impul- so creativo y plasmándolo con pasión en el lienzo. Entre sus…

p. 46
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¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 91
1 cita
[32]

García Márquez recibiera el Nobel de Literatura en 1 982. Mientras tanto, la cultura local se redefinía al reconocer su diversidad en la mo dernidad: en las artes plásticas con Enrique Grau, Fernando Botero, Eduardo Ramírez Villamizar y Beatriz González; en la literatura con Manuel Zapata Olivella, Álvaro Cepeda…

p. 91
31
Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 80
1 cita
[34]

Alianza Popular Revolucionaria Americana del Perú, huyeron hacia México en busca de refugio durante esa época. Véase Semana (1987, 23 de noviembre). 100 Dentro de estos casos se encuentra Carlos J. Villar Borda, considerado uno de los primeros periodistas exiliados de Colombia, quien buscó protección en España en…

p. 80
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Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 203
1 cita
[36]

oficio compromete la independencia del escritor, y que esta es para él, según mi modo de pensar, algo tan esencial, como saber escribir. Más aún: si no he asistido a la entrega de los premios que se me han otorgado en distintos países, ni participado nunca en ninguna clase de promociones públicas, no es solamente por…

p. 203
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Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 63
1 cita
[37]

suicidaban... Todos los intelectuales... Todos con barbas y vestidos negros... Todos existencialistas... Todos pensando en Hei- degger y su Da-Sein, todos se suicidaban... Todos lo hacían después de escuchar jazz... Unos se suicidaban de verdad. Otros se suicidaban tres y cuatro veces... Se tomaban el frasco de…

p. 63
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Indómita: Colombia según el cine extranjeroPaula Andrea Barreiro Posada · 2019 · p. 129
1 cita
[38]

con muchas otras cintas de este tercer momento de representación. 18 Típica mochila de los indígenas arhuacos del Caribe colombiano. 119 El emigrante en la selva de concreto. Llevando el caos del trópico a la tierra prometida en Francia no puede ejercer su profesión. Jesús, uno de los obreros colombianos, era…

p. 129
35
Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 336
1 cita
[39]

 This page intentionally left blank                                          Colombia Archivo del Arzobispado de Cartagena Archivo Eclesiástico de Santa Marta Archivo Histórico de Cartagena Fondo Gobernación Serie Justicia Archivo Histórico Nacional de Colombia, Bogotá…

p. 336
36
Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 336
1 cita
[40]

 This page intentionally left blank                                          Colombia Archivo del Arzobispado de Cartagena Archivo Eclesiástico de Santa Marta Archivo Histórico de Cartagena Fondo Gobernación Serie Justicia Archivo Histórico Nacional de Colombia, Bogotá…

p. 336
37
La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 109
1 cita
[41]

de amenaza con arma de fuego, tuvo que desplazarse a Bogotá, donde permaneció alrededor de siete meses. El 9 de febrero, Yuvelis, luego de hacer las denuncias, y mientras la Embajada de Francia adelantaba su posible salida del país, decidió volver a Puerto Wilches y sufrió un atentado. «Ese día me pregunté si lo que…

p. 109
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El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 42
1 cita
[42]

y noviembre de 1806 transcurre la segunda estad í a de Bol í var en Europa. Este es su itinerario aproximado: permanece breve mente en Espa ñ a a la llegada. Viaja despu é s a Par í s, luego pasa a Italia (Mayo de 1805). Viene despu é s el Juramento en el Monte Sacro (Agosto 15 de 1805) para regresar a Par í s en…

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