José Asunción Silva
Regeneración
1865–1896
La biografía
José Asunción Silva Gómez (Bogotá, 27 de noviembre de 1865 – Bogotá, 24 de mayo de 1896) fue el poeta que introdujo en Colombia la sensibilidad moderna y también el hombre de negocios que se arruinó tratando de sostener la casa comercial de su padre. En treinta años vividos íntegramente bajo el arco político que va del federalismo radical a la Regeneración, escribió los primeros versos verdaderamente cosmopolitas de la literatura colombiana, perdió en un naufragio la mayor parte de su obra, reescribió una novela de sobremesa que terminó pareciendo una nota de suicidio prolongada y, una noche de mayo, se disparó al corazón. Su figura pesa por lo que hizo —el Nocturno III, De sobremesa—, pero también por lo que revela: el punto exacto donde la Bogotá católica, hispánica y ordenada que soñaban Núñez y Caro tropezó con sus propios lectores de Baudelaire.
Línea de vida
- 1865
Nacimiento en Bogotá
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Nació el 27 de noviembre en el seno de una familia de la élite bogotana: su padre, Ricardo Silva Frade, era comerciante próspero y escritor de cuadros de costumbres; su madre, Vicencia Gómez Diago, pertenecía al mismo círculo de negocios y letras.
- 1885
Viaje a Europa
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Con diecinueve años viajó a París, Londres y Ginebra, donde leyó a Baudelaire, Verlaine y Mallarmé y se familiarizó con los prerrafaelitas ingleses. Fue su única inmersión directa en las capitales que idolatraría el resto de su vida, y la experiencia definió su cosmopolitismo periférico.
- 1887
Regreso a Bogotá y muerte del padre
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Regresó a Colombia justo cuando la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 consolidaban la Regeneración. La muerte de Ricardo Silva Frade lo dejó al frente de una casa comercial en declive, iniciando años de gestiones ante acreedores y colapso económico progresivo.
- 1892
Muerte de su hermana Elvira y composición del Nocturno III
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Elvira Silva murió en enero de 1892. El duelo por ella atraviesa el Nocturno III —'Una noche, una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas'—, poema fundacional del modernismo en lengua española, donde la métrica se estira y el verso se libera de la casilla silábica.
- 1894
Nombramiento como secretario de legación en Caracas
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Fue designado secretario de la Legación de Colombia en Caracas, cargo que le proporcionó un respiro económico y meses fértiles de escritura. Reunió en Venezuela los manuscritos de casi toda su obra acumulada.
- 1895
Naufragio del vapor Amérique y pérdida de los manuscritos
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El 21 de enero de 1895 se embarcó en La Guaira en el vapor francés L'Amérique con destino a Sabanilla. El barco naufragó hacia el 28 de enero; Silva sobrevivió, pero perdió los manuscritos que llevaba en el baúl: dos colecciones de poemas (Las almas muertas y Poemas de la carne), dos recopilaciones de cuentos (Cuentos de la raza y Cuentos negros), la novela incompleta Amor y varias novelas cortas.
- 1896
Reescritura de De sobremesa y suicidio
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Durante 1895 y los primeros meses de 1896 reescribió De sobremesa, novela que cruza memorias, diario personal y boceto psicológico con referencias a Baudelaire, Verlaine, Rossetti y Morris. Dejó el manuscrito sobre su escritorio el 24 de mayo de 1896 y ese mismo día se disparó al corazón. Tenía treinta años.
El hijo del comerciante
Silva nació en un país que se llamaba Estados Unidos de Colombia y se educó en una ciudad que, décadas después, se llamaría a sí misma Atenas Sudamericana sin haber cambiado gran cosa. Su padre, Ricardo Silva Frade, era comerciante próspero, escritor de cuadros de costumbres y anfitrión de una de las tertulias literarias más frecuentadas de la Bogotá de mediados de siglo; su madre, Vicencia Gómez Diago, provenía de la misma élite que hacía negocios, escribía versos y sostenía las conversaciones en el altozano. El niño creció en una casa donde la conversación literaria y el comercio de importaciones ocurrían en las mismas salas, y esa doble herencia —el libro y el libro de cuentas— marcaría cada uno de sus años adultos.
La instrucción primaria la recibió con los maristas, entre ellos el Hermano Tomás Quevedo Álvarez, y muy pronto se hizo evidente que el muchacho leía en francés con una soltura que ya era, en la Bogotá de los años setenta, un pequeño escándalo social. Los mayores le celebraban los versos como se celebra una gracia doméstica; él, en cambio, parece haberse tomado en serio desde muy temprano la idea de que la literatura era algo distinto de la afición dominical de los caballeros. Fue el hijo del comerciante y también, por decirlo con la precisión que él mismo habría exigido, el hijo del comerciante-poeta: no un rebelde contra el mundo paterno sino su heredero más agudo, el que iba a llevar hasta la ruina —material y literaria— las contradicciones que en Ricardo Silva convivían sin fricción.
En 1885, con diecinueve años, viajó a Europa. Estuvo en París, Londres y Ginebra; leyó a Baudelaire y a Verlaine cuando esos nombres aún eran contrabando en Sudamérica, se cruzó con Mallarmé de lejos, se familiarizó con los prerrafaelitas ingleses cuya sombra caería años después sobre las páginas de De sobremesa. El viaje duró menos de dos años y fue, en la aritmética exacta de su biografía, la única inmersión directa que tuvo en las capitales que iba a idolatrar el resto de su vida. Lo demás sería memoria, lectura y nostalgia: la condición típica del cosmopolita periférico, que consume Europa como quien consume un lujo importado.
Un país que se cierra
Silva regresó a Bogotá a comienzos de 1887, justo cuando el país que había dejado terminaba de cambiar de piel. La Constitución de 1886, sancionada el 5 de agosto del año anterior por el designado José María Campo Serrano, había liquidado la vieja federación: los estados soberanos se convirtieron en departamentos, el sufragio se restringió por requisitos de alfabetismo y propiedad, muchas elecciones directas pasaron a indirectas, se abolió el derecho a portar armas y una cláusula transitoria autorizó al gobierno a regular la prensa hasta que el Congreso expidiera una ley al respecto. Esa transitoria, previsiblemente, se volvió permanente. En 1887, el Concordato con la Santa Sede selló la alianza: la educación pública y la salud pública quedaron bajo dirección de la Iglesia, la caridad cristiana desplazó a la vieja aspiración liberal de universalización y la cultura hispánica y católica fue proclamada esencia de la nación.
El arquitecto intelectual de ese orden fue Miguel Antonio Caro, latinista y gramático, hombre de la república de las letras metido a legislador. Rafael Núñez, el otro gran nombre del régimen, ponía la maña política y una biografía de ex liberal converso; Caro ponía el andamiaje doctrinal. Desde mediados de 1888 el poder pasó efectivamente a manos de los conservadores con la anuencia de Núñez, y los liberales independientes que lo habían acompañado en la primera hora prácticamente desaparecieron. Cuando Núñez murió, en 1894, Caro asumió el control completo del gobierno como vicepresidente en ejercicio, y lo conservó durante los años en que Silva escribía y se hundía.
La Regeneración fue, para el mundo en que Silva se movía, dos cosas simultáneas y contradictorias. Fue, por un lado, la clausura del debate: Núñez y Caro intentaron con éxito variable cerrar la prensa a quienes disentían, los periódicos iconoclastas del federalismo fueron sustituidos por publicaciones obtusas y sectarias, los liberales combativos sufrieron persecución y destierro, y la vitalidad de la prensa disidente decayó de manera visible. Fue también, por el otro, un primer decenio de reactivación económica —expansión urbana, obras públicas, comienzo del auge cafetero— acompañado de una política monetaria explosiva: el decreto del 19 de febrero de 1886 impuso el papel moneda de curso forzoso, la ley de 1887 concedió al Banco Nacional el monopolio de emisión, y hacia 1894 la desvalorización de la moneda ya era evidente. Para los comerciantes importadores como los Silva, esa desvalorización no era una abstracción macroeconómica: era la muerte lenta del negocio.
La quiebra
Ricardo Silva Frade murió en 1887, poco después del regreso de su hijo de Europa. José Asunción tenía veintiuno; se encontró, sin transición, al frente de una casa comercial que dependía de importaciones y de un aparato de crédito que la Regeneración estaba erosionando desde el decreto de curso forzoso. Los años siguientes son una larga tentativa de sostener a flote lo que ya se hundía: gestiones ante acreedores, viajes al Magdalena por caminos de mula, cartas de negocios escritas con la misma mano que redactaba los Nocturnos. El colapso de la economía exportadora de tabaco desde 1875 había minado la base material del país en que su padre había prosperado; la caída de los precios de la quina, la fuga de capitales acumulada en las guerras civiles y la inflación regeneradora hicieron el resto. Silva perdió el negocio.
La quiebra no fue solo económica: fue social. En una Bogotá donde las familias tradicionales —los Lleras, los Ferguson, los Santamaría, los Manrique, los Pombo de Brigard— definían pertenencia por linaje y por casa, arruinarse era caer a un limbo particularmente cruel: seguir siendo de la élite sin poder sostener el estilo de la élite. Silva conservó los amigos y los apellidos, pero perdió la infraestructura material del cosmopolitismo que había hecho suya en París: la biblioteca importada, los muebles, la ropa cortada afuera, el margen de tiempo para leer sin urgencia. Su desdén por el nuevo rico, su ironía contra la vulgaridad enriquecida durante el auge del comercio internacional de los años ochenta y noventa, tiene ahí su origen material. Era el desdén del que estaba cayendo del lado equivocado de la modernización.
En medio de esos años se produjo la otra pérdida, la irreparable: su hermana Elvira murió, muy joven, en enero de 1892. El duelo por Elvira atraviesa el Nocturno III —"Una noche, una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas"— con una potencia que Silva no volvería a alcanzar. Es el poema fundacional del modernismo en lengua española escrito antes de que la palabra modernismo circulara con ese sentido, un texto donde la métrica se estira, el verso se libera de la casilla silábica y el duelo privado se vuelve música. Que ese poema haya salido de una casa en quiebra, en un país que acababa de entregar la educación a la Iglesia y estaba clausurando periódicos, no es un detalle menor: es el dato central.
El dandi arruinado
La imagen que sus contemporáneos dejaron de Silva en los años bogotanos de la Regeneración es constante: pulcritud extrema, chaleco impecable, corbata elegida, una manera lenta y estudiada de fumar, biblioteca con encuadernaciones francesas. Fue dandi por decisión estética y también por resistencia: cuando el mundo material se hunde, el detalle del puño de la camisa se vuelve trinchera. Frecuentó las redacciones de los periódicos, las cigarrerías de la calle Real, los clubes donde confluían hombres de negocios y figuras de la élite política y cultural; frecuentó también el altozano, ese espacio público de intensa sociabilidad intelectual al que el bogotano cultivado tenía apego casi orgánico y del que sufría ausencia física cuando la suerte lo alejaba.
En esos escenarios se cruzó con los que iban a ser sus lectores y sus jueces. Rufino José Cuervo, el filólogo, con quien mantuvo correspondencia respetuosa; Baldomero Sanín Cano, algo más joven, que sería su intérprete crítico más agudo y años después el teórico del modernismo en Colombia; Guillermo Valencia, el poeta popayanejo destinado a suceder a Silva en el canon modernista aunque desde una estética bastante más marmórea. Miguel de Unamuno, en España, terminaría escribiendo un prólogo célebre a la primera edición peninsular de los poemas de Silva —el prólogo que consagró al colombiano ante el modernismo hispanoamericano en pleno—, pero eso ocurriría después de la muerte.
La ambivalencia de Silva ante el régimen que lo rodeaba es más interesante que cualquier oposición frontal. No fue un rebelde político; no publicó panfletos, no se enroló con los liberales militaristas, no fue perseguido como los periodistas de oposición cuyos diarios clausuraban Núñez y Caro. Sirvió, incluso, al gobierno: en 1894 fue nombrado secretario de la legación de Colombia en Caracas, cargo que le dio un respiro económico y un año largo de vida diplomática. Pero su literatura era, en un sentido profundo, incompatible con el orden hispánico-católico que la Regeneración estaba imponiendo. Silva leía a Baudelaire; componía versos satíricos contra los poetas "grandiosos y sibilinos" que hacían literatura semi-romántica con afectación patriótica; se burlaba de la retórica pomposa que era, exactamente, la retórica pública de sus gobernantes. Que Caro y Núñez vinieran también de la república de las letras —Núñez fue poeta, aunque uno cuyos versos la crítica juzgó duros y sin emoción— no atenuaba el conflicto: lo agudizaba. Era un conflicto entre dos maneras de entender qué es escribir.
Caracas y el naufragio
Silva llegó a Caracas hacia mediados de 1894 como secretario de legación. Fueron meses fértiles: escribió, leyó, avanzó proyectos en marcha, reunió manuscritos. Había perdido muchas cosas pero conservaba el archivo, y en Caracas ese archivo creció. El 21 de enero de 1895 se embarcó en La Guaira en el vapor francés L'Amérique, con destino a Sabanilla, el puerto de Barranquilla. Iba de vacaciones a Bogotá; llevaba en el baúl casi todo lo que había escrito en los últimos años: los manuscritos incompletos de una novela titulada Amor, dos colecciones de poemas —Las almas muertas y Poemas de la carne—, dos recopilaciones de cuentos —Cuentos de la raza y Cuentos negros—, algunas novelas cortas.
El Amérique naufragó hacia el 28 de enero de 1895, fecha en que Silva debía desembarcar en Sabanilla. Él se salvó; los manuscritos, no. La pérdida es de las más brutales que registra la historia literaria hispanoamericana: no un poema, no un cuaderno, sino la obra acumulada de casi una década. Silva llegó a Bogotá con las manos vacías, en el sentido más literal. Lo que quedaba de su producción era lo publicado en revistas y lo memorizado por él o por sus amigos: fragmentos, dispersión, ruina de archivo.
De ese trauma sale la fase final de su escritura. En Bogotá, durante 1895 y los primeros meses de 1896, reescribió De sobremesa. Reescribió y no escribió: hay indicios firmes de que existía una versión previa perdida en el naufragio, y la novela tiene la textura densa, sedimentada, de quien reconstruye por segunda vez algo que ya había pensado entero. El manuscrito quedó sobre su escritorio la noche del 23 al 24 de mayo de 1896. Al día siguiente, Silva se disparó al corazón. Tenía treinta años y medio.
De sobremesa
De sobremesa es una novela que cruza géneros: memorias, diario personal, boceto psicológico, catálogo de lecturas europeas. El protagonista, José Fernández de Sotomayor y Andrade —bogotano, rico, decadente por convicción, autodeclarado buscador de sensaciones— reúne a un grupo de amigos para leerles el diario de un viaje europeo, y en ese diario desfilan Baudelaire, Verlaine, Dante Gabriel Rossetti, William Morris, una obsesión amorosa por una mujer imposible llamada Helena, hachís, mujeres, colecciones de arte, pasajes en que el protagonista fantasea con transformar violenta y autoritariamente el país al que va a regresar. Ese último elemento —la fantasía de un dictador estético que rehaga Colombia a golpes de voluntad— ha sido leído como culto a la voluntad de poder de resonancias nietzscheanas; también, con menos entusiasmo teórico, como sátira feroz del solipsismo de la élite bogotana a la que Fernández pertenece y a la que Silva pertenecía.
Ambas lecturas conviven en la novela sin resolverse, y ahí está su fuerza. De sobremesa es un documento del cosmopolitismo periférico en su punto exacto de contradicción: un hombre que ha visto París regresa a un país que ha decidido, por Constitución, ser hispánico y católico; que quiere aplicarle a ese país una modernización aprendida leyendo simbolistas franceses; que sabe, en algún nivel, que su proyecto es imposible y que su cultura es un préstamo. El traductor Kelly Washbourne llamó al libro "una prolongada nota de suicidio", y la fórmula, aunque interpretativa, es difícil de refutar cuando se lee la novela contra la fecha del 24 de mayo.
Silva escribió también, en esos meses, la última capa de su poesía satírica: mofas contra los poetas grandiosos y sibilinos, contra la afectación intelectual de la literatura semi-romántica de la época, contra los versificadores oficiales de la Regeneración. No consideraba esos poemas dignos de su talento y no los publicó; sobrevivieron como sobrevive lo que no se destruye a tiempo. Leídos hoy, son el reverso burlón del Nocturno: la misma sensibilidad, aplicada al ridículo del ambiente que la asfixiaba.
El país que no lo entendió
La recepción inmediata del suicidio fue, previsiblemente, la que produce una Bogotá regeneradora: escándalo moral, murmullo de sacristía, comentario de que el muchacho leía demasiado a los franceses. La educación bajo dirección eclesiástica había fabricado durante una década un público lector para el cual el suicidio era pecado mortal antes de ser hecho biográfico, y la novela sobre el escritorio se leyó con la incomodidad de quien encuentra una prueba comprometedora. Los periódicos hablaron poco; los amigos —Sanín Cano, Cuervo desde París— hicieron lo que pudieron por preservar la memoria y los papeles.
La rehabilitación crítica vino desde afuera. Miguel de Unamuno, en el prólogo a la primera edición española de los poemas —edición póstuma, tardía, filtrada por manos amigas—, situó a Silva en el sitio que merecía: no un caso clínico ni un dato pintoresco sino un poeta central en lengua española, uno de los que había abierto la métrica moderna. La operación de Unamuno fue decisiva porque legitimó a Silva ante la propia élite letrada española que la Regeneración veneraba como matriz cultural. Difícil, después de Unamuno, seguir tratando al colombiano como escritor menor.
En Colombia, la reivindicación fue obra sobre todo de Baldomero Sanín Cano. En los años siguientes, y con particular fuerza en su ensayo Una República fósil de 1928, Sanín Cano puso las condiciones para leer a Silva: propuso a Colombia salir del "pacato aislamiento", denunció el chauvinismo y el criollocentrismo, defendió el universalismo literario y ubicó a Silva como el escritor que había intentado, en tiempos hostiles, romper la clausura mental de la Atenas Sudamericana. Una República fósil iluminó los presupuestos sociales y políticos de la pobreza intelectual bogotana cubierta de "guirnaldas baratas": era la ciudad de Silva, retratada treinta años después con la lucidez que su suicidio había reclamado. Que Sanín Cano fuera al mismo tiempo el crítico que reprochaba a Rubén Darío seguir a malos autores franceses como Catulle Mendès en lugar de a Baudelaire, Mallarmé o Rimbaud, indica el nivel de exigencia con que enmarcaba a Silva: no cosmopolitismo de vitrina, sino lectura discriminada.
La contradicción que Silva encarna
Vale la pena detenerse en lo que Silva revela sobre la sociedad que lo produjo. La élite bogotana de la Regeneración era, en su composición ideológica, ferozmente hispanista y católica; en sus hábitos privados, ferozmente afrancesada. El viajero francés Pierre d'Espagnat, cuando pasó por Bogotá en 1897 —un año después del suicidio de Silva—, encontró ridículo que sus anfitriones se empeñaran en saludarlo en francés a tanta distancia de Francia. En algunos círculos de la clase alta se hablaba y leía en francés, inglés y alemán; París era, en frase de Sanín Cano, el lugar que "concentraba todas las maravillas, amenidades y adelantos de la civilización". El auge del comercio internacional de los ochenta y noventa había reforzado el consumo de lujo importado: mansiones opulentamente decoradas mientras los sectores populares vivían en condiciones miserables, tranvía a fines de siglo, primeros automóviles hacia 1910. Miguel Cané, el argentino, quedó gratamente sorprendido por la "viveza de inteligencia, sorprendente, eléctrica en su rapidez de percepción" de los bogotanos cultos con que se cruzó.
Esta élite gobernó, mediante Núñez y Caro, un régimen que declaró oficialmente que Colombia era católica e hispánica, que entregó la educación a la Iglesia, que restringió el sufragio a los alfabetos y propietarios, que clausuró periódicos disidentes. Los mismos hombres que legislaban el hispanismo leían a Baudelaire; los mismos que exaltaban la caridad cristiana como respuesta a la pobreza sostenían un tren de vida importado de París. La contradicción no era hipocresía individual: era la estructura misma de la clase dirigente. Y Silva, dandi arruinado, secretario de legación, autor de De sobremesa, fue el punto en que esa contradicción se volvió literaria y por lo tanto visible.
No fue víctima de la Regeneración en el sentido en que lo fueron los periodistas desterrados o los liberales combatientes. Fue algo más incómodo: fue el hijo que la Regeneración no supo reconocer como propio. Su cosmopolitismo no era ruptura con el orden conservador sino su complemento lógico, la otra cara de la moneda que Caro también acuñaba cuando latinizaba a Virgilio. La diferencia es que Silva llevó la operación hasta el fondo: leyó a los simbolistas en serio, no como adorno de conversación; asumió el decadentismo como forma de vida, no como coquetería de sobremesa; se arruinó con la moneda que Caro contribuía a envilecer; y cuando ya no pudo sostener la contradicción se disparó al corazón. Sus pares, más prudentes, siguieron celebrando la Atenas Sudamericana durante otras dos décadas.
Herencia
De la obra de Silva sobrevive muy poco en términos absolutos: los poemas publicados en vida y recogidos póstumamente, la novela De sobremesa, algunos cuentos, la correspondencia, fragmentos. El Amérique se llevó la mayor parte. Y sin embargo, ese poco fundó una tradición. El Nocturno III modificó el oído métrico de la poesía en lengua española antes de que Darío publicara Prosas profanas; De sobremesa es la primera novela hispanoamericana verdaderamente moderna, anterior a las que solemos citar como inaugurales, y sigue siendo relectura obligada cada vez que se discute la relación entre cosmopolitismo y periferia.
La rehabilitación fue larga y desigual. Sanín Cano hizo el trabajo crítico de fondo; Unamuno hizo la consagración internacional; el modernismo hispanoamericano —del que Guillermo Valencia fue en Colombia otro representante mayor, en clave más parnasiana— terminó por adoptar a Silva como precursor. Hacia 1930, con la Revolución en Marcha del liberalismo entrando en escena y la hegemonía conservadora finalmente resquebrajada, Silva era ya una figura canónica: el poeta al que la Regeneración había asfixiado, el suicida de la Atenas Sudamericana, el bogotano que había leído París en serio.
La herencia educativa de la Regeneración, con su relegación de la mujer a formas menores y su tutela clerical de las aulas, persistió mucho más allá de la caída política del régimen; el país tardaría décadas en desmontarla. Silva no vivió para ver ni siquiera el comienzo de ese desmontaje. Murió en el punto más alto del poder de Caro, cuando la Constitución de 1886 llevaba diez años en vigor y todo indicaba que iba a durar cien. Duró, en efecto, más de un siglo, con reformas pero sin ruptura, hasta 1991. Y durante todo ese siglo, cada vez que un lector colombiano abrió De sobremesa, se encontró con el mismo espejo incómodo: el de una élite que quiso ser católica e hispánica leyendo a Baudelaire a escondidas, y el de un hombre que dejó de disimular la contradicción una noche de mayo de 1896.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 41 fragmentos0130 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1411 cita
[1]que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…
p. 141
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2411 cita
[2]de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…
p. 241
03¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 681 cita
[3]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
p. 68
04Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3201 cita
[4]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
p. 320
05Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 561 cita
[5]as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…
p. 56
06Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Páginas 225, 2702 citas
[6]el inicio de una guerra civil, en 1899. La “regeneración” política de Colombia inauguró un periodo de hegemonía conservadora durante la presidencia de Rafael Núñez y de Miguel Antonio Caro, quien como vicepresidente estuvo al mando durante las ausencias frecuentes de Núñez, y hubo de reemplazarlo cuando enfermó, en…
p. 270
[19]Márquez, cinco pueden considerarse representativos de la producción literaria del país desde los inicios de la República, en el siglo XIX: el poeta José Eusebio Caro; la escritora Soledad Acosta de Samper, una de las primeras defensoras de la igualdad de género en Colombia; y el poeta José Asunción Silva; el novelista…
p. 225
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 170, 1732 citas
[7]1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…
p. 170
[14]conservatismo siempre había previsto que a partir de la Regeneración podría recuperar el poder. Aunque en los primeros años, luego de promulga- da la Constitución, los independientes tuvieron acceso al gobierno y aun tuvieron vicepresidente, poco a poco las relaciones con el partido conser- vador se fueron relajando.…
p. 173
08Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Páginas 35, 542 citas
[8]for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…
p. 35
[29]upper-class bogotanos during the decades following Independence, the surge in international trade in the late 1880's and early 1890' s reinforced upper-class luxury consumption habits awakened during the Independence era and stimulated during the export booms of the 1850's, 1860's and 1870's.34 A "practical guide" to…
p. 54
09Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Páginas 123, 1282 citas
[9]amenazaran con abandonar la República. 129 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois Gráfica 18 Fuente: Kalmanovitz, 2012. La República tuvo también una regla de sucesión clara pero sesgada del partido en el poder, con serios proble- mas en los derechos de la oposición, como los vetos a la participación liberal en el…
p. 128
[37]los billetes. El Banco era independiente en su diseño institucional y al secreta- rio de Hacienda se le prohibía asistir a su junta directiva. Sin embargo, sus compromisos de emisión moderada no fueron creíbles, en especial el de no superar el límite de los 12 millones de pesos, que era en ese entonces el presu-…
p. 123
10Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 391 cita
[10]el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…
p. 39
11De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 441 cita
[11]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
12Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2751 cita
[12]de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…
p. 275
13Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 711 cita
[13]y todavía más definidamente conserva- dor era el ejército. Desde mediados de 1888, pues, el poder pasó a manos de los conserva- dores, con la anuencia de Núñez. Don Miguel Antonio Caro mantuvo su pre- tensión de que se trataba de un nuevo partido, el «partido nacional», y el nombre se siguió usando. Pero los in-…
p. 71
14The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 545, 5542 citas
[15]whispers, of perfumes and of wing-songs A few years prior to the shipwreck, Asunción Silva had lost his sister Elvira (his grieving for her is palpable in “Nocturno III”), and he had begun to face the bank- ruptcy of the business ventures he had attempted after his father’s death. In 1896 he pushed himself to rewrite…
p. 545
[18]mental picture of the transformation of the country in the pro- tagonists who will accompany me in every age and in every scene of the undertaking, from entering the capital in blood and fire, bursting bombs all around and the discharges of rifle fire of the vanquishing army, dispatched by the most select of the…
p. 554
15Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · Página 1511 cita
[16]embarcó en el vapor Amérique en La Guaira, Venezuela, resolvió llevar consigo toda la obra que había escrito en los últimos años. Era el 21 de enero de 1895. Silva ocupaba la secretaría de la lega- ción de Colombia en Caracas y se marchaba de vacaciones a Bogotá. Había prometido a sus amigos venezolanos que a su…
p. 151
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Páginas 193, 1962 citas
[17]estos poemas, que no consideraba dignos de su talento. La sátira abar- ca temas tales como la literatura de la época, a la que Silva califica de sensiblerías «semi-románti- cas», también son tema de su mofa la afectación intelectual, los poetas «grandiosos y sibilinos», los 4 Do ndo en alla: noche ña ranguila, Sobre…
p. 196
[34]una literatura nacional y castiza, en su obra De lo exótico Sanín se muestra favorable al universalismo y es en esta medida que se convier- te en un teórico del modernismo, al decir que no hay literatura ajena a lo extranjero. La idea de re- chazar la literatura extranjera le parece una mues- tra de chauvinismo y…
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17Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 521 cita
[20]estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…
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18Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2111 cita
[21]y Pintura (1847), la Academia de Santo Tomás de Aquino (1857), que fue fomentada por los religiosos dominicos, u n a Sociedad Protectora del Teatro y u n a Sociedad de Lectura que tuvieron u n a existencia efímera. Pero si no se cuenta con trabajos acerca de este tipo de asociaciones constituidas de u n a manera…
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19Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 6531 cita
[22]Un escritor org á nicamente prevenido, reaccion ó alguna vez contra el escritor de estas l í neas por haber dicho que para entender a Goethe y apreciar el encanto de su poes í a en manera completa, importaba conocer la lengua alemana ” ™. Este mandamiento elemental de la vida inte lectual en los pa í ses occidentales…
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20Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 181 cita
[23]romántica), los demás poetas del romanticismo co- lombiano desmerecen mucho. Don Rafael Núñez —más importante en la política que en la poesía— escribió versos duros y sin emoción, que no lo- gran rozar —como él pretendió— la frontera de la filosofía; Epifanio Mejía —frustrado, demencial, fracasado— dejó su hermoso…
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21Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · Páginas 11, 1482 citas
[24]rima y la velocidad de creación de los capitalinos, que presenció en varios de los mosaicos literarios a los que fue invitado, donde quedó gratamente sorprendido por la «viveza de inteligencia, sorprendente, eléctrica en su rapidez de percepción». Otro de los repre- sentantes de esta generación de poetas que dejó una…
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[30]manchado esas losas, más de una vez han sido teatro de luchas salva- jes. El bogotano tiene apego a su altozano, por la atmos- fera intelectual que allí se respira, porque allí encuentran mil oídos capaces de saborear una ocurrencia espiritual y 149 Níndi ce rsdte iíaóe Vezeulemd b Címíoasd de darle curso a los cuatro…
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22Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1351 cita
[25]una carta a su cliente favorito, Fernando, prometiéndole verdadero amor y hacer juntos un viaje a Europa. Soto Borda quiere mostrarnos cómo el deseo y el sexo superan desde todo punto de vista los intelectualismos y las ideologías; cómo las bestialidades del cuerpo también son cosa del espíritu. ¿O no lo dejaba en…
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23Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3141 cita
[26]los dictados de París Lo francés, elemento deslumbrante del ostentoso cosmopolitismo euro- Capítulo 15 315 peo, es el modelo para el pensamien- to, el gusto y las costumbres sociales desde el siglo XIX. «A las mentes avan- zadas de Colombia —escribió Ignacio Torres Giraldo— las encontró el si- glo xx dilucidando…
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24Cuatro ensayos sobre historia social y política de Colombia en el siglo XXMaría del Pilar Zuluaga, Rodrigo Hernán Torrejano, Susana Inés Ojeda, Franz Flórez · 2007 · Páginas 10, 132 citas
[27]tiempo libre la clase dominante en un período determinado, nos permite conocer sus gustos, sus intereses, su conducta, la creación de identidad, el nivel de satisfac - ción y de integración social. Es posible lograr este conocimiento acercándonos a las distintas formas que utilizaron aquellos grupos “selectos” de la…
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[28]estaba conformado por el tranvía, que se había puesto al servicio a fines del siglo xix. Sólo en 1910 empezaron a aparecer los primeros automóviles en la ciudad, aunque eran bastante escasos debido a su alto costo. Para mediados del siglo xix, Bogotá se encontraba en un aislamiento al que la so - metía su ubicación…
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25Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 461 cita
[31]lo haría grande después: la política. Sus contemporáneos lo describían como un caballero que parecía una estampa de club londinense, que llegaba a la redacción de los periódicos — en donde entonces se hacían tertulias— a paso lento, con su flema y con su sonrisa extraña. Como buen hijo y nieto de sastre, vestía muy…
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26Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Página 571 cita
[32]mantuvo en alerta frente a la discriminación luchando por conseguir siempre ser escuchadas y ser reconocidas en pie de igualdad con los varones. Uno de los campos en los que la lucha fue más ardua fue en todo lo relacionado con la educación. La herencia del período de La Regeneración; herencia que, como vemos en el…
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27La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1421 cita
[33]Romano, vicario de Jesucristo en la ti e rra... sin que sean parte para separamos de esta obediencia el te- mor, los halagos, el menoscabo en los intereses, la pérdida de los destinos, la miseria, la persecución, ni linaje alguno de padecimientos...; emplear nuestros esfuerzos, recursos y r e laciones para que,…
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28Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 3511 cita
[35]El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…
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29El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1261 cita
[36]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
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30Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 311 cita
[38]públicas a partir de 1886." Capítulo 1 31 Vista panorámica de Bogotá en 1895. con las fábricas de Tívoli y Fenicia (envases de vidrio) en primer plano. El primer decenio de la Regeneración comportó una reactivación económica. bio y de la decadencia económica ge- neral que se había iniciado a mediados de los años…
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31Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 1401 cita
[39]rebeldes y causaban también un empobre- cimiento general, debilitando enormemente el poder de compra de los consumidores. Por otra parte, los conflictos civiles minaban los acervos de capital disponible, por su fuga hacia Europa o a través de 35 James L. Payne, Patterns ofConflict in Colombia (New Haven: Yale…
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32Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 791 cita
[40]Las nuevas élites de la ciudad distan mucho de aquellas que se concentraban alrededor del chocolate. En síntesis, la sociedad bogotana fue evolucionando a medida que sus hábitos de consumo incorporaban nuevas tendencias y modificaban sus formas de socialización. En 1813, se convidaba a tomar una taza de chocolate, en…
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33El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 1181 cita
[41]de la prisión celular de Filadelfia. Quien contempla la ciudad desde un camino que dis- curre a unos cien metros de esta, no puede sustraerse a una sensación de melancolía ante la vista de aquella confu- sión de tejados, de aquel apiñamiento de calles, de plazas 35 También el Palacio se ha reconstruido desde entonces.…
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