Barranquilla
“Barranquilla es la anomalía urbana de Colombia: una ciudad sin acta fundacional, sin murallas coloniales ni catedral virreinal, que creció desde un asentamiento espontáneo de hateros y pescadores hasta convertirse en el primer puerto del país y la…”
Barranquilla es la ciudad que Colombia construyó donde no había pensado construir nada. En la margen occidental del río Magdalena, a pocos kilómetros de Bocas de Ceniza, creció durante el siglo XIX un puerto sin fundación formal, sin plaza colonial trazada por escuadra española, sin catedral virreinal, sin fortificaciones. Fue, entre 1870 y 1930, el primer puerto de Colombia y la puerta por donde el país se asomó a la modernidad: por allí entraron el telégrafo y la aviación, los inmigrantes alemanes y sirio-libaneses, las máquinas de vapor y el jazz. Hoy, tercera aglomeración urbana del país y capital del departamento del Atlántico, ocupa junto con Medellín y Cali el segundo nivel de la jerarquía urbana nacional. Pero su peso en la historia de Colombia no se mide solo en toneladas de importaciones ni en habitantes: se mide en un carnaval declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, en una revista llamada Voces que alborotó las letras nacionales hacia 1917, en los cafés donde García Márquez oyó contar el mundo, y en una identidad costeña —festiva, extrovertida, mestiza— que Colombia terminó reconociendo como propia.
La ciudad y su río
Todo lo que Barranquilla es empezó en el agua. La región deltaica del Magdalena —río que baja desde el macizo andino y atraviesa el país longitudinalmente— encierra el actual departamento del Atlántico y se prolonga por porciones de Bolívar y Magdalena. Es un territorio de tierras bajas, ciénagas y brazos de agua: la Ciénaga Grande de Santa Marta al oriente, la depresión de El Guájaro entre las serranías de Piojó y Turbaco al sur, y en el norte, donde el río encuentra al mar, la barra de Bocas de Ceniza. Allí, en la orilla occidental, sobre un terreno alto que escapaba a las inundaciones, se asentó la ciudad.
El río fue a la vez su fortuna y su condena. Fortuna, porque el Magdalena era la única vía viable entre la costa Caribe y el interior andino donde vivían Bogotá, Medellín, la Sabana cundiboyacense y la zona cafetera; toda mercancía que entraba o salía del país por el Caribe pasaba, tarde o temprano, por el Magdalena. Condena, porque el río deposita en su barra final unos treinta millones de metros cúbicos de sedimentos al año —de los ciento veinticinco millones que arrastra en total—, taponando la salida al mar con una arena tozuda que ningún dragado ha logrado vencer del todo. La marea en Bocas de Ceniza apenas alcanza los sesenta centímetros y no genera corrientes costeras capaces de barrer el sedimento ni de invertir el flujo del río. Barranquilla nació, así, como un puerto fluvial que quería ser marítimo y que durante décadas tuvo que resolver por tierra —con ferrocarriles y muelles auxiliares— lo que la geografía le negaba por agua.
De sitio libre a villa
Los orígenes de Barranquilla están envueltos en la niebla de los poblamientos informales. No hay acta fundacional, no hay conquistador que la haya trazado con vara y cordel, no hay santo patrón impuesto por una orden religiosa el día de su nacimiento. Lo que hubo, en el siglo XVII, fue un asentamiento espontáneo de hateros, pescadores y libres —así llamaban a la gente sin encomienda ni tributo— en las barrancas que dan al río. Ese origen sin ceremonia es la primera clave de la ciudad. Mientras Cartagena de Indias, fundada por Pedro de Heredia en 1533, se había convertido en la plaza fuerte del imperio español en el Caribe —con murallas, castillos, obispado y Tribunal del Santo Oficio—, y Santa Marta, la más antigua fundación española del continente, ejercía como puerto comercial y sede eclesiástica, Barranquilla siguió durante casi dos siglos como una aldea que crecía sin arquitecto.
Recibió el título de villa en 1813, en plena Primera República, gesto revolucionario del gobierno del Estado de Cartagena en reconocimiento a su respaldo a la causa independentista. El acto fue simbólico más que administrativo: la villa seguía siendo un poblado ribereño sin infraestructura, sin murallas, sin catedral. Su ventaja competitiva ni siquiera era todavía visible. Hasta 1870, Santa Marta concentraba las nueve décimas partes de las importaciones y las tres cuartas partes de las exportaciones que se movían por el bajo Magdalena; era el puerto dominante de la región. Cartagena, aunque decadente respecto a su esplendor colonial, mantenía prestigio y burocracia. Barranquilla era la tercera en discordia, y de las tres, la que menos parecía llamada al liderazgo.
El giro de 1870
El punto de inflexión tiene una fecha exacta: 1870, año en que se completó un tramo ferroviario de aproximadamente cinco leguas —unos veintiocho kilómetros— entre Barranquilla y el pequeño puerto de Sabanilla, en la costa Caribe. Ese ferrocarril, conocido después como Ferrocarril de Bolívar, resolvió de un golpe el problema que la naturaleza le imponía a la ciudad: la barra de arena de Bocas de Ceniza, que impedía a los buques de gran calado remontar el río hasta el muelle fluvial. Ahora las mercancías bajaban por el Magdalena hasta Barranquilla, se cargaban en tren, y salían al mar por Sabanilla, donde los barcos podían anclar.
Las cifras del cambio son brutales. En el año anterior a la apertura del ferrocarril, Sabanilla —es decir, el conjunto portuario de Barranquilla— recaudaba apenas el diez por ciento del total aduanero de los tres puertos caribeños: Sabanilla, Cartagena y Santa Marta. Tres años después de la inauguración, esa participación había superado el ochenta por ciento. Fue un vuelco casi instantáneo del comercio exterior colombiano hacia una ciudad que hasta entonces era la menor de las tres.
El proceso se consolidó en 1893, cuando un consorcio inglés inauguró un muelle de acero en Puerto Colombia, ligeramente al norte de Sabanilla, con capacidad para atender buques de mayor porte. La combinación de muelle moderno y ferrocarril multiplicó la eficiencia del sistema y cerró el ciclo: Barranquilla se consagró como el puerto por donde efectivamente entraba y salía Colombia. Santa Marta quedó reducida, entre 1870 y 1920, a un puerto insignificante, salvo por el enclave bananero que la United Fruit Company montó en su hinterland. Cartagena, la vieja plaza fuerte, se vació demográficamente: sus murallas custodiaban una ciudad menguante mientras aguas arriba del Dique la aldea sin fundación crecía hasta convertirse en la tercera del país. Décadas más tarde, Cartagena intentaría recuperar terreno conectándose por ferrocarril con el Magdalena en el puerto fluvial de Calamar, para reemplazar el semiabandonado canal del Dique; pero para entonces Barranquilla ya había capturado el flujo y el capital.
El capital inmigrante
La ventaja geográfica y el ferrocarril fueron condición necesaria, no suficiente. Lo que convirtió a Barranquilla en algo más que un punto de trasbordo fue la llegada, desde el último tercio del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, de una inmigración empresarial que instaló allí sus casas comerciales y sus incipientes industrias. Alemanes, sirio-libaneses, judíos del este europeo, italianos: cada grupo aportó capital, redes internacionales y un temperamento comercial que la sociedad local absorbió sin resistencia mayor.
Los alemanes fueron los más visibles. El ambiente comercial de Barranquilla llegó a ser descrito por observadores ingleses como predominantemente "alemán", en contraste con Santa Marta, considerada plaza "inglesa" por la presencia de la United Fruit. La colonia alemana se expandió desde el comercio del tabaco —el del Carmen de Bolívar, sobre todo— hacia la importación y exportación de manufacturas, la navegación por el río Magdalena, la banca, la ganadería y, más tarde, la aviación. La figura emblemática es Adolfo Held, quien llegó a Barranquilla en 1880 como empleado de una firma alemana, fundó sociedad en 1886 con Luis Gieseken y en 1894 inscribió en Bremen su propia casa, A. Held & Cía. Held fue cofundador y primer presidente del Banco Alemán Antioqueño, después Banco Comercial Antioqueño; creó una de las primeras cadenas de almacenes de Colombia, con presencia en más de diez ciudades; levantó una hacienda ganadera de cerca de veintiún mil hectáreas y once mil cabezas de ganado; y antes de la Primera Guerra Mundial despachaba alrededor del treinta y cinco por ciento de las exportaciones de tabaco del Carmen. Un solo hombre, y una biografía que resume la escala de lo que la inmigración alemana logró desde Barranquilla.
Los sirio-libaneses —"los turcos", como se les llamó por el pasaporte otomano con que llegaron muchos— montaron el comercio minorista de telas, mercería y víveres, escalaron a la importación mayorista y, en la segunda generación, entraron a la industria y a la política. Los judíos del este europeo aportaron oficios especializados, imprentas, comercio de joyería y textiles. Los italianos trajeron sastres, panaderos, constructores. La mezcla produjo una burguesía comercial cosmopolita, sin abolengo colonial que la constriñera, dispuesta a arriesgar en cualquier renglón donde asomara ganancia.
El primer taller industrial del Caribe
Sobre esa base comercial se levantó, hacia comienzos del siglo XX, el primer polo industrial del Caribe colombiano. Ya en 1906 una compañía europea producía en Barranquilla ladrillos de arena y cal con maquinaria alemana; había fabricantes de azulejos, cervecerías, molinos, aserraderos, textiles. La producción industrial se articulaba con la actividad portuaria: la ciudad importaba maquinaria, transformaba materias primas locales o de tránsito, y despachaba manufacturas al interior del país por el mismo río que la había hecho posible.
Hacia mediados del siglo XX, Barranquilla era descrita sin controversia como el primer centro comercial e industrial de la costa Caribe colombiana y su principal puerto marítimo. En 1955, solo Bogotá, Barranquilla y Medellín superaban en consumo de energía eléctrica industrial a cualquier otra concentración productiva del país. La ciudad se proyectaba como epicentro urbano, industrial y político del Caribe, apuntalada por su ubicación, sus antecedentes fabriles, el reciente régimen de Puerto Libre y un crecimiento poblacional acelerado.
El sistema ferroviario contribuyó a esa consolidación, aunque también reveló sus límites. Hacia 1904, Colombia contaba con unos quinientos sesenta y cinco kilómetros de vías férreas; en la década siguiente el número casi se duplicó, y entre 1922 y 1934 volvió a duplicarse. El gran proyecto de largo aliento fue el Ferrocarril del Atlántico, con su línea Bogotá-Santa Marta de novecientos sesenta y cuatro kilómetros —la más extensa de la Concesión del Atlántico—, cuyo ramal debía reconectar a Barranquilla con el interior andino. Pero en 1955 esa conexión seguía siendo proyecto: la ciudad que había liderado la modernización portuaria del país llevaba décadas esperando el ferrocarril que la amarrara al centro. Esa espera —la de una infraestructura terrestre que nunca llegó a tiempo— es la contracara del despegue: Barranquilla creció con la lógica del río, y cuando el río dejó de ser la vía principal, quedó peor comunicada con Bogotá que Medellín o Cali.
La modernización urbana
La ciudad que crecía no se parecía a nada que Colombia hubiera visto antes. En 1918, Bogotá tenía cerca de ciento cuarenta y cuatro mil habitantes y Medellín setenta y nueve mil. Diez años después, hacia 1928, Barranquilla se acercaba a los ciento cuarenta mil: la tercera ciudad del país, empatada casi con la capital de una generación atrás. Ese crecimiento vertiginoso obligó a inventar la infraestructura urbana sobre la marcha. A finales del siglo XIX el agua se distribuía todavía en barriles llevados a lomo de asno por los aguateros, que la sacaban de la ciénaga sin ninguna garantía sanitaria. A comienzos del siglo XX se emprendieron los primeros estudios para alcantarillados, encargados a firmas extranjeras. Desde 1910 la electricidad fue incorporándose a la vida cotidiana: alumbrado, tranvías, teléfonos.
En arquitectura, Barranquilla adoptó con entusiasmo el modelo de la "ciudad jardín" que llegaba de Estados Unidos —el mismo que produjo Teusaquillo en Bogotá, Prado en Medellín y Manga en Cartagena—. Su versión fue el barrio El Prado, urbanización planificada por el ingeniero norteamericano Karl C. Parrish a partir de los años veinte: calles arboladas, antejardines, casas de ladrillo a la vista con influencias mediterráneas y californianas, un country club, un hotel. El Prado fue la vitrina de la burguesía barranquillera —comerciantes alemanes, sirio-libaneses, familias criollas enriquecidas por el puerto— y sigue siendo hoy el testimonio urbano más elocuente de aquella modernidad.
Los barrios populares —San Nicolás, Barrio Abajo, Rebolo— crecían al mismo tiempo con lógica opuesta: sin plan, sobre lo que había, atendiendo la llegada continua de trabajadores del río, del campo atlanticense, de los municipios cercanos como Soledad y Malambo. Esa dualidad —planificación cosmopolita para las élites, autoconstrucción para el pueblo trabajador— quedó inscrita en la geografía de la ciudad y la marca todavía.
El carnaval
Ninguna cifra portuaria explica lo que sí explica el carnaval. Cuatro días antes del Miércoles de Ceniza, la ciudad se detiene y se convierte en otra cosa: una fiesta ritual donde confluyen las manifestaciones culturales de las poblaciones ribereñas y el mestizaje de las etnias en Colombia. El Congreso de la República lo declaró Patrimonio Cultural de la Nación; la UNESCO lo inscribió el 7 de noviembre de 2003 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y, en 2008, lo proclamó obra maestra del patrimonio oral e inmaterial. Es, junto con el de Río de Janeiro y el de Oruro, uno de los carnavales mayores del continente.
Sus raíces son largas. Las celebraciones de carnaval en Colombia siguieron históricamente el curso del río hacia el norte —hubo un carnaval anterior en el puerto fluvial de Mompox, en el Bajo Magdalena—, y Barranquilla las heredó y las amplificó. La forma actual amalgama danzas indígenas, africanas y europeas: la cumbia, el mapalé, el garabato, el congo, el son de negro, el paloteo. Su bestiario incluye al Marimonda —máscara burlesca con nariz fálica—, al Torito, al Descabezado, a los diablos y a la Reina que preside la temporada. Aunque su historia es católica —vinculada al calendario litúrgico previo a la Cuaresma—, el carnaval moderno ha perdido control eclesiástico y es de espíritu abiertamente secular: lo suyo es la fiesta pública, no la penitencia privada que sigue.
El carnaval también es autorretrato. La ciudad se representa allí como pueblo pacífico y folclórico, festivo y burlesco, ajeno a los fanatismos del interior andino. Esa autoimagen —la del costeño extrovertido, tolerante, más liberal que conservador— tiene fundamento histórico: la costa Caribe se mantuvo relativamente al margen de las grandes guerras civiles del siglo XIX y del sectarismo bipartidista que ensangrentó a la Colombia andina, y esa distancia se convirtió en una manera de estar en el mundo. Cuando Colombia se piensa a sí misma como país plural, mestizo y musical, se piensa en buena medida con imágenes barranquilleras.
Voces y el grupo de Barranquilla
La modernización económica produjo, casi de inmediato, una modernización cultural. En 1917 nació en Barranquilla la revista Voces, dirigida por el catalán Ramón Vinyes con la colaboración de Julio Enrique Blanco y otros jóvenes intelectuales locales. La publicación fue percibida desde Bogotá —por la revista Cultura de Luis López de Mesa— como órgano de un "selecto grupo de jóvenes, un tanto inconformes con el estado actual de las letras", de "espíritu revaluador", recibida "con cierto temor" por sus lectores capitalinos. Que en Bogotá se hablara con desconfianza de una revista costeña era la mejor prueba de que Barranquilla había dejado de ser periferia cultural: publicaba a Kafka antes que Buenos Aires, discutía filosofía alemana contemporánea, importaba libros por el mismo puerto que importaba maquinaria.
Tres décadas después, alrededor de los años cuarenta y cincuenta, se congregó en la ciudad el llamado Grupo de Barranquilla, tertulia informal que se reunía en librerías, cafés y burdeles del centro y de la calle 72. Sus figuras principales fueron Ramón Vinyes —el "sabio catalán" al que García Márquez inmortalizaría en Cien años de soledad—, el escritor Álvaro Cepeda Samudio, el periodista Germán Vargas Cantillo, el también periodista Alfonso Fuenmayor, el pintor Alejandro Obregón y, como aprendiz que se volvió maestro, Gabriel García Márquez, oriundo de Aracataca pero formado literariamente en Barranquilla, donde vivió a finales de los años cuarenta y escribió sus primeras columnas para El Heraldo. Aquel grupo leía a Faulkner, a Joyce, a Virginia Woolf, oía jazz, escribía a contracorriente del costumbrismo dominante y sentó las bases literarias de lo que después se llamaría realismo mágico. La obra de García Márquez llevaría situaciones surrealistas al plano de la normalidad con una originalidad que la aparta de Poe o de Truman Capote, evitando tanto la truculencia trágica como la poesía fantástica: esa mirada, mestiza de erudición europea y oralidad caribeña, se fraguó en Barranquilla.
La ciudad produjo también artes plásticas y música. Alejandro Obregón —nacido en Barcelona pero barranquillero de adopción— fue uno de los pintores mayores del siglo XX colombiano; la cantante Esthercita Forero, "la novia de Barranquilla", compuso himnos populares del carnaval; el fotógrafo Nereo López documentó la vida costeña con ojo antropológico; Joe Arroyo, en las décadas siguientes, llevó la salsa y los ritmos afrocaribeños a un lenguaje propio y masivo. En la generación siguiente, dos figuras nacidas en Barranquilla —Shakira Isabel Mebarak Ripoll y Sofía Vergara— alcanzaron notoriedad global: la cantante, con presencia en el Paseo de la Fama de Hollywood; la actriz, encabezando por tercer año consecutivo en 2014 la lista Forbes de actrices mejor pagadas de la televisión estadounidense —treinta y siete millones de dólares anuales, trescientos veinticinco mil por capítulo de Modern Family— y sumando en junio de ese año su estrella en el mismo Paseo. Colombia, que en el imaginario internacional cargaba con la sombra del narcotráfico y la violencia, empezó a proyectarse también con caras y voces del Caribe.
Los constructores
Ninguna ciudad se hace sola. La lista de barranquilleros que la construyeron es larga: Nicolás de Barros y de la Guerra, hatero del siglo XVIII cuya presencia en las tierras del actual casco urbano ha sido reivindicada como uno de los orígenes del poblamiento; Elías Pellet Buitrago, editor y comerciante que hacia la vuelta del siglo XX impulsó el periodismo y la vida cívica; Karl C. Parrish, el ingeniero norteamericano que urbanizó El Prado y transformó la escala de la ciudad; Ernesto Cortissoz, pionero de la aviación comercial y fundador en 1919, junto con socios alemanes, de la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos —SCADTA—, la primera aerolínea de América y segunda del mundo, cuyo aeropuerto lleva hoy su nombre; Julio Mario Santo Domingo, empresario que construyó desde Barranquilla, a mediados y en la segunda mitad del siglo XX, uno de los conglomerados más poderosos de Colombia, con Bavaria como buque insignia.
SCADTA merece detenerse un instante. Que la primera aerolínea del continente naciera en Barranquilla y no en Bogotá, ni en Buenos Aires, ni en Río, es coherente con todo lo demás: era la ciudad con capital alemán, con pilotos alemanes, con red comercial internacional y con una geografía —la del río— que hacía del avión una alternativa lógica al vapor fluvial. Durante décadas, volar en Colombia fue volar desde Barranquilla.
La política, la violencia, el declive relativo
La política nacional también pasó por la ciudad. El 9 de abril de 1948, día del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá y del estallido del Bogotazo, fuerzas revolucionarias izquierdistas se tomaron la gobernación del Atlántico en Barranquilla; la radio local agitaba conciencias y mantenía activo el movimiento. Fue uno de los pocos episodios en que la ciudad se acercó al centro caliente de la violencia política colombiana, y aun así lo hizo con menos sangre que Bogotá o los Llanos.
Esa relativa distancia respecto de la violencia se mantuvo. En el índice integrado de homicidios de 2008, Barranquilla registraba un valor de -0,21 —por debajo de la media nacional, situada en cero, y muy por debajo de Bogotá (4,09) o Cali (1,17)—, lo que la ubicaba como una de las capitales grandes de menor conflictividad relativa. La costa se pensaba a sí misma, y no sin razón, como territorio menos crispado que el interior.
El liderazgo económico, en cambio, sí se erosionó. La jerarquía de los centros urbanos colombianos no es estática, y a lo largo del siglo XX Medellín y Cali crecieron hasta emparejar a Barranquilla en el segundo escalón nacional, mientras Bogotá se distanciaba en el primero. Varias razones concurren. La sedimentación de Bocas de Ceniza siguió siendo un problema no resuelto; el Ferrocarril del Atlántico llegó tarde y con capacidad limitada; la industrialización sustitutiva de importaciones, entre 1930 y 1970, favoreció a las ciudades del interior con mayor mercado interno y proximidad a las cuencas de trabajo; la aviación, paradójicamente inaugurada en Barranquilla, terminó privilegiando a Bogotá como hub nacional. La ciudad que había sido puerta del país por sesenta años quedó, hacia mediados del siglo XX, como una gran capital regional entre otras, no como el motor único que había sido.
Ese descenso relativo no fue caída sino nivelación. Barranquilla siguió siendo la primera del Caribe colombiano —muy por delante de Cartagena, que la superaría después en algunos indicadores gracias al turismo y al puerto de contenedores, y de Santa Marta— y una de las cuatro grandes de Colombia. Pero dejó de ser excepcional en la economía nacional, mientras seguía siéndolo en la cultura.
La huella
Barranquilla es hoy una ciudad de más de un millón doscientos mil habitantes en su núcleo —bastante más en su área metropolitana, que incluye a Soledad, Malambo, Puerto Colombia y Galapa—, con su viejo puerto reactivado, con Bocas de Ceniza domesticada por tajamares y dragados, con un carnaval que cada año congrega multitudes y con una industria cultural —musical, audiovisual, literaria— que sigue exportando imagen de país. Su equipo, el Junior, es una religión civil; su malecón sobre el río, obra reciente, ha reconciliado a la ciudad con el agua que le dio origen y a la que durante décadas dio la espalda.
La huella de Barranquilla en la historia de Colombia se puede resumir en pocas líneas: fue el laboratorio donde el país ensayó la modernidad. Aquí llegó primero casi todo lo que después se volvió nacional —el ferrocarril útil, la aviación, la industria de bienes de consumo, la banca privada de capital inmigrante, la prensa moderna, la literatura del siglo XX—. Aquí se demostró que se podía construir una gran ciudad colombiana sin murallas coloniales, sin catedral virreinal, sin abolengo hispánico: solo con río, capital, trabajo y una fiesta que le diera alma a todo lo demás.
Su excepcionalidad, vista de cerca, fue frágil y negociada. Dependió de un tramo de ferrocarril de cinco leguas, de un consorcio inglés que puso un muelle de acero, de un puñado de comerciantes alemanes que decidieron quedarse, de un grupo de escritores que se reunían a leer a Faulkner mientras el resto del país se mataba por Bolívar o por Santander. Ninguno de esos factores era estructural ni inevitable; cada uno pudo no haber ocurrido. Que hayan concurrido en la ciudad sin fundación, en la aldea que ni Cartagena ni Santa Marta miraron con recelo hasta que fue tarde, es la historia que se cuenta arriba. Y es también la razón por la que Colombia, cuando quiere pensarse plural, alegre y abierta al mundo, todavía voltea a mirar hacia la desembocadura del Magdalena.
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Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 39 fragmentos01Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 235, 2452 citas
[1]inundación en ambas orillas del brazo principal del río y de sus ramales (caños) en el delta. La parte norte del delta —con el caño salado— parece que fue alguna vez el brazo principal, pero hoy no recibe aguas del río (el nombre lo dice); está cubierto por manglares. Entre los manglares y 236 Eíndice Grst los bosques…
p. 235
[2]b), con flecha c). 18. Represas (diques). Según: H. C. Raasveldt y Antonio Tomic, 1958, «La- gunas Colombianas», Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, vol. x, n.º 40, Págs. 175 - 198, Bogotá. Figura 46. Barranquilla y sus alrededores. 246 Eíndice Grst El río transportó anualmente…
p. 245
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 982 citas
[3]de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…
p. 98
[4]de Mompós, de casi 90 km de longitud, enmarcada por el brazo de Mompós, al oriente, y el brazo de Loba, al occidente. Alrede- dor de la isla se extienden las grandes ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Iguana, Morrocoyal, Punta de Blanco y muchas más, que son alimentadas por el río Magdalena y los grandes cursos de agua…
p. 98
03Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2391 cita
[5]ante todo, con su Puerto Libre, es el primer centro comercial e industrial de la Costa del Caribe, y el indis- pensable ramal del Ferrocarril del Atlántico lo conectará 44 Raimundo Sojo, José. Barranquilla, una economía en expansión. Barranquilla: Editorial Mejoras, 1955. 240 Eíndice Grst de nuevo con el interior del…
p. 239
04Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 431 cita
[6]intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…
p. 43
05Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 1361 cita
[7]con el Magdalena, y la última vio 137 Níndi ce rsdte Cíaíóosd p Eindcíi Ulscíi ce Aóbusmd bajar su población a menos de 7. 000 habitantes. Empero, la prosperidad del Carmen y demás pueblos productores de tabaco, y la de las llanuras de Corozal, con crías de ga- nado, han revivido la actividad comercial de sus…
p. 136
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 271 cita
[8]d u ra n te la Colonia. G racias a su puerto fortificado y a su proxim idad al istm o de Panam á, d o n d e ag u ard ab a la plata peruana, C artagena llegó a ser paso obligado para las flotas españolas que transportaban los tesoros am ericanos. La ciu d ad abastecía de alim entos y vituallas a las naves peninsulares…
p. 27
07Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 169, 3592 citas
[9]de Sabanilla (Barranquilla), Cartagena y Santa Marta. En el año anterior a la apertura del Ferrocarril de Bolívar, Saba- nilla recaudaba apenas ellO% del total para los tres puertos; tres años más tarde, su participación había aumentado a más del80%. El nuevo ferrocarril acaparó casi todo el tráfico de los puertos…
p. 359
[25]Cúcuta. No fue posible incluir a Cartagena por falta de estimativos de población confiables antes de 1912. Ospina Vásquez, quien no tenía información cuantitativa a su disposición, escribe, refiriéndose a los puertos, que "con el aumento del comercio internacional, comen- zando en 1850, aumentó también la importancia…
p. 169
08The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 331 cita
[10]the expense of older locales. The most dramatic example of this reallocation of population was the emptying of the walled colonial stronghold of Cartagena and the growth of the hamlet of Barranquilla to become the country’s third-largest city. Population movements often ex- acerbated interurban rivalries between…
p. 33
09Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 831 cita
[11]1870-1920, Santa Marta sera un puerto insig- nificante, excepto en lo que respecta a las expor- taciones bananeras. El desarrollo del crédito moderno El otro cuello de botella del comercio exterior colombiano fue la virtual inexistencia de un sistema bancario moderno. Después de 1860 aparecen bancos comerciales…
p. 83
10El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 50, 552 citas
[12]y goza- ban de la máxima ventilación. Montamos y, en medio de un formidable traqueteo a causa del mal fundamento de la vía, al cabo de hora y media llegamos a Barranquilla. La región del trayecto era llana, y la relativa pobreza de la vegetación, los desmedrados árboles, los muchos arbustos y matojos espinosos no…
p. 50
[22]que se mueven por las calles bajo el sol tropical. Por la noche se les deja en libertad y vagan de un lado para otro; dada su sobriedad, se contentan con hallar un poco de alimento. Las visitas a nuestros compatriotas acabaron por po- nernos en situación de conocer más en detalle sus res- pectivos negocios. En…
p. 55
11El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1041 cita
[13]más segura y menos cíclica estaba constituida por las mer- cancías importadas. Se sabe que las importaciones son más inelásticas al precio y sus ciclos depresivos, rezagados del ciclo de las exportaciones, tienden a ser, bajo el esquema agroexportador, mucho más moderados. En este sentido se puede criticar la…
p. 104
12Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 264, 2782 citas
[14]particu- lares (El Cerrejon, entre otros). En la Concesion del Atlantico se destaca la linea Bogota-Santa Marta, de 964 km de longitud, seguida por Bo- gota-Belencito (257 km) y Puerto Berrio-Medellin (176 km). En la Concesion del Pacifico se desta- can las lineas Cali-La Felisa (326 km) y Cali-Bue- naventura (169…
p. 264
[27]de las capitales de- partamentales. - El segundo nivel (1) en la jerarquia urbana esté conformado por los centros regionales de im- portancia nacional, que concentran la mayorfa de los servicios financieros de su region y son sede de importantes empresas comerciales e industriales. Ofrecen todos los bienes y servicios…
p. 278
13La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 3261 cita
[15]italianos que se empleaban como obreros u oficinistas, como Vinyes 4. Barranquilla, principal puerto marítimo de Colombia en aquel entonces, experimentó a nivel cultural las consecuencias de la modernización económica que cobraría fuerza en otras regiones del país al transcurrir las primeras décadas del siglo xx 5. En…
p. 326
14Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2362 citas
[16]la Costa un tipo de hacienda que inmovilizara cantidades apreciables de arrenda- tarios), a lo cual se sumó el arribo de un núcleo pequeño de inmigrantes sirio-libaneses, judíos del este europeo, alemanes e italianos, que montaron un número apreciable de comercios de importación y varias industrias. Según Nichols, "en…
p. 236
[17]la Costa un tipo de hacienda que inmovilizara cantidades apreciables de arrenda- tarios), a lo cual se sumó el arribo de un núcleo pequeño de inmigrantes sirio-libaneses, judíos del este europeo, alemanes e italianos, que montaron un número apreciable de comercios de importación y varias industrias. Según Nichols, "en…
p. 236
15Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1661 cita
[18]de impor- tación quedaba en gran parte en ma- nos colombianas, y después de medio siglo de vida republicana independien- te no se distingue un grupo fuerte de comerciantes ingleses que se defina como tal, sino algunos apellidos ingle- ses ya «neogranadinizados». Fueron menos visibles que los alemanes. Los ingleses…
p. 166
16Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 593, 6212 citas
[19]Aunque el comercio del tabaco fue lo que atrajo a la mayoría de los alemanes, estos pronto se expandieron al comercio de importación y exportación de todo tipo de pro ductos, la navegación por el río Magdalena, la banca, la ganadería y la aviación. B a r r a n q u i l l ah a n s e á t i c a: e lcaso de un empresario…
p. 621
[20]de la actividad empresa rial de los alemanes en la historia económica de esta región del país. Adolfo Held llegó por primera vez a Barranquilla en 1880 com o empleado de una firma alemana. En 1886 fundó una sociedad con el comerciante alemán Luis Gieseken y en 1894 se separó de éste e inscribió en Bremen su propia…
p. 593
17Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 661 cita
[21]Allí no se presentó el fanatismo por las creencias religiosas o políticas que se observó en el interior del país. Por el contrario, la actitud festiva y burlesca ante las situaciones difíciles hizo que la costa estuviera relativamente al margen durante las grandes guerras civiles del pasado. Los mismos entrevistados…
p. 66
18Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2901 cita
[23]territorio para esta época era un país rural. En 1870 tenía 2. 700. 000 habitantes y 35 años después había 4. 100. 000, de los cuales solo el 10 % vivían en las capitales. No obstante, Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bu- caramanga empezaban a consolidarse como los mayores centros poblacionales. Fue allí donde…
p. 290
19Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 18, 3522 citas
[24]través de la colonización. El crecimiento y los desplazamientos in- ternos de la población coincidieron también con el desarrollo del sector urbano, el cual se hizo ostensible du- rante las primeras décadas del si- glo XX. Este desarrollo fue apreciable principalmente en las capitales de de- partamento, y dentro de…
p. 18
[36]del carbón quemado en sus calderas. En 1955, la primera de esas dos empresas produ- cía y consumía más energía eléctrica industrial que cualquier ciudad de Co- lombia, con la excepción de Bogotá, Barranquilla y Medellín. Hacia la concentración industrial (1960-1968) Los primeros años de la década de los sesenta…
p. 352
20Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 121 cita
[26]entre 1912 y 1918 y al 1,9 % entre este ultimo afio y 1928. El crecimiento de la poblacién y los desplaza- mientos internos de ésta otorgaban la disponibili- dad de recursos humanos para la expansién de las actividades de exportaci6n y urbano-industriales y también para la ampliacién de las areas de coloni- zacién.…
p. 12
21Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3181 cita
[28]chorros. Algunas casas se abastecen por tuberías de ba- rro, aunque lo más común es recibirla de los aguateros, que no siempre uti- lizan las mejores fuentes. Según relata Eusebio Grau, en Barranquilla, a fi- nales del siglo pasado, «el agua se trae a lomo de asnos que cargan dos barri- les cada uno, aparte del…
p. 318
22Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2881 cita
[29]artesa nos y sirvientes, se construyeron barrios elegantes con á rboles en i alies y antejardines (el modelo de la “ ciudad jard í n ”, tra í do de I stados Unidos a Teusaquillo en Bogot á, a Prado en Medell í n y a B; (tranquilla y a Manga en Cartagena) y barrios m á s alejados para obreros y pobres. Los viejos…
p. 288
23Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 321, 3482 citas
[30]formado por cerros bajos, bosques y llanuras húmedas. Su diversidad biológica alberga varias especies animales en peligro de extinción, así como numerosas plantas endémicas. (UNESCO/BPI). Está ubicado en el corredor natural que une Suramérica y Centro América y representa un escenario excepcional para el intercambio…
p. 348
[34]También seleccionó personalidades como, Hillary Clinton, Melinda Gates, Susan Wojcicki, Michelle Obama, la presentadora y actriz, Oprah Winfrey; Shakira; Beyonce y Angelina Jolie; la directora gerente del Fondo Monetario Internacional y la Directora Ejecutiva de YouTube, entre otras. Sofía Vergara apareció por tercer…
p. 321
24Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1931 cita
[31]Carnival celebrations in Colombia follow, historically, the northern trajectory of the Magdalena River. An earlier Carnival was celebrated in the river port city of Mompox, a city eclipsed by the growth of Cartagena and later Bar- ranquilla. The modern carnival has lost any identification with or control by the…
p. 193
25Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 2481 cita
[32]falsa inocencia que tiñe los relatos elementales de García Márquez. Llevar la situación surrealista a un plano de normali- dad, es precisamente la aportación original de ambos artis - tas colombianos a las múltiples vías irracionales que sigue hoy día el arte contemporáneo, desde el dadá hasta el pop- art. La…
p. 248
26Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 151 cita
[33]aplausos y vítores de un público embriagado de sangre y sangría es bárbaro, tal vez usted nunca haya ido a una corraleja. Gran parte de ese abanico cultural, que hace que en otros países tengamos el alivio de que muchas veces nos reconozcan no por el endiosado narcotraficante y terrorista Pablo Escobar, ni por nuestra…
p. 15
27Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 791 cita
[35]Escalona, el arte de nombrar a Urumita y a Fundación, el pájaro amarillo que viene volando por el juncal florido del riachuelo, el hombre que mirando el paisaje, casi sin esfuerzo, lo convierte en estas palabras inolvidables: “El vaquero va cantando una tonada y la tarde va muriéndose en el río”, y allí están esa…
p. 79
28Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 571 cita
[37]revolución en Ba- rranquilla. Acaban de tomarse la go- bernación de Barranquilla las fuerzas revolucionarias izquierdistas, en la ca- pital del Atlántico...» «Liberales de Boyacá, os habla Her- nán Villamarín, diputado actualmente Manifestación gaitanista en la Plaza de Bolívar con delegaciones de Cundinamarca y…
p. 57
29Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 1771 cita
[38]estado inicial. Posteriormente, se someten a un proceso de nor - malización para facilitar su comparación. Además, se presenta la media de los datos y el porcentaje de la varianza total que está siendo explicada por el índice y subíndices (tabla 12) 27. t abla 12 Resultados del ACP 2008 no se puede rechazar la…
p. 177
30¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 1401 cita
[39]la industria azucarera en el Valle, o los primeros antioqueños que tuvieron el horizonte y la perspectiva de construir ferrocarriles y de integrar las regiones de antiguos caminos de mula a través de modernas formas de comunicación. El uso del río hasta mediados del siglo XX como la principal arteria de la vida…
p. 140