Guerra civil de 1884-1885 y fin del federalismo radical
Entre agosto de 1884 y septiembre de 1885, Colombia libró la guerra que enterró la Constitución de Rionegro de 1863. La derrota militar de los liberales radicales —sellada en la batalla de La Humareda— le entregó a Rafael Núñez la palanca para declarar muerto el orden federal y abrir paso a la Regeneración, la Constitución de 1886 y el Concordato con la Iglesia.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 7 de agosto de 1884 – 11 de noviembre de 1885
- Dónde
- Santander, Cundinamarca, Boyacá, Magdalena, Barranquilla, Cartagena, Honda, Cauca, Antioquia, Bolívar, Tamalameque, Río Magdalena
- Protagonistas
- Rafael Núñez, Solón Wilches, Miguel Antonio Caro, José María Samper, Aquileo Parra, Manuel Murillo Toro, Ricardo Gaitán Obeso, Ezequiel Hurtado, Partido Liberal radical, Partido Conservador, Liberales independientes, Consejo Nacional de Delegatarios
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Agotamiento estructural del federalismo: la Constitución de Rionegro (1863) generó cuarenta y dos revueltas o constituciones locales según el cómputo de José María Samper, aduanas internas que fragmentaban el mercado, fraude electoral extendido e incapacidad del gobierno central para arbitrar las disputas entre estados soberanos.
- Fractura del Partido Liberal desde 1876: la facción independiente liderada por Núñez se distanció de los radicales y se alió con los conservadores, desplazando a los radicales del gobierno nacional en las elecciones de 1880 y consolidando esa coalición en la victoria electoral de 1883-1884.
- Muerte de Manuel Murillo Toro en 1880, que dejó al radicalismo sin su principal referente político justo cuando Núñez asumía la presidencia por primera vez.
- Reformas económicas del primer mandato de Núñez (1880-1882): recargos arancelarios proteccionistas y creación del Banco Nacional con miras a un monopolio de emisión, que movilizaron a la burguesía comercial y bancaria vinculada al radicalismo contra la administración.
- Reelección de Núñez en 1884 con el apoyo decisivo del Partido Conservador y los liberales independientes, percibida por los radicales como ilegítima y como cierre definitivo de su acceso al poder nacional.
- Acumulación de agravios religiosos desde 1876: la educación laica y obligatoria, la contratación de maestros protestantes alemanes y la legislación anticlerical de 1877 habían construido una coalición clerical-conservadora que esperaba revertir el modelo laico radical.
Consecuencias
- Derrota militar de los liberales radicales, sellada en la batalla de La Humareda (17 de junio de 1885) frente a Tamalameque, donde la explosión de un barco rebelde eliminó a seis de los principales jefes federalistas y destruyó la mayor parte de sus pertrechos.
- Declaración de Núñez ante el Consejo Nacional de Delegatarios el 11 de noviembre de 1885 de que 'el curso de los acontecimientos ha destruido el régimen constitucional', dando por muerta la Constitución de Rionegro sin derogarla formalmente.
- Convocatoria y reunión del Consejo Nacional de Delegatarios —integrado exclusivamente por conservadores y liberales independientes, sin radicales— como cuerpo constituyente de facto que redactó la nueva carta.
- Promulgación de la Constitución de 1886, de carácter centralista, con presidente elegido por voto directo y período de seis años, ejército nacional unificado y restablecimiento de relaciones estrechas entre el Estado y la Iglesia Católica; carta que se mantuvo en esencia vigente hasta 1991.
- Firma del Concordato de 1887, que estableció el catolicismo como religión oficial, devolvió propiedades eclesiásticas, ató la educación pública a los preceptos de la Iglesia y abolió el divorcio civil, revirtiendo las principales conquistas laicas del radicalismo.
- Inicio de la Hegemonía Conservadora y represión del liberalismo: destierros desde 1887 y censura de la prensa opositora, que dificultaron el ejercicio de la oposición política liberal durante décadas.
La clave interpretativa
Por qué importa
La guerra civil de 1884-1885 no fue una asonada más dentro del ciclo de violencias federales: fue el momento en que el agotamiento estructural de un modelo constitucional se convirtió en refundación política deliberada. La derrota radical no solo cerró el ciclo del federalismo de Rionegro, sino que habilitó un nuevo pacto de poder —centralismo, confesionalismo, hegemonía conservadora— cuya arquitectura institucional, fijada en la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887, gobernó Colombia durante más de un siglo. Entender ese tránsito es entender por qué el bipartidismo, la Iglesia y el Estado centralizado definieron la política colombiana hasta bien entrado el siglo XX.
Desarrollo histórico
La historia completa
La guerra civil de 1884-1885 y el fin del federalismo radical
Entre agosto de 1884 y septiembre de 1885, Colombia libró la guerra que enterró la Constitución de Rionegro. No fue una asonada más de las cuarenta y dos que el jurista José María Samper contaría bajo el régimen federal: fue el conflicto que Rafael Núñez capitalizó para declarar, ante el Consejo Nacional de Delegatarios reunido en Bogotá el 11 de noviembre de 1885, que el orden constitucional vigente durante un cuarto de siglo había sido destruido por el curso de los acontecimientos. La derrota militar de los radicales santandereanos —consumada en la playa del Hobo, frente a Tamalameque, en la batalla de La Humareda— le entregó a Núñez la palanca para transformar un agotamiento estructural en refundación política. La guerra civil de 1884-1885 fue, así, dos cosas indisolubles: el último capítulo militar del federalismo colombiano y el acta notarial que autorizó la Regeneración, con su centralismo, su Constitución de 1886 y su Concordato con la Iglesia.
El mundo del que brotó la guerra
La Constitución de Rionegro, sancionada en 1863, había dividido el país en nueve estados soberanos, reducido al mínimo el poder del Ejecutivo central y otorgado a cada región la potestad de adoptar sus propios códigos: minero, de tierras, electoral, civil. En teoría, era el triunfo del liberalismo radical: libertades individuales amplias, secularización avanzada, federalismo pleno. En la práctica, dos décadas después la carta era denunciada por sus propios beneficiarios como un régimen impracticable. Samper contabilizó cuarenta y dos constituciones o revueltas armadas de carácter local bajo su vigencia. Las rivalidades entre estados habían levantado aduanas internas que fragmentaban el mercado interior. El gobierno central, sin herramientas legales para intervenir en los estados, terminaba armando de manera clandestina a las facciones estatales de su preferencia mediante la guardia nacional. Y las divisiones internas del Partido Liberal se convertían, bajo ese esquema, en incentivos permanentes para golpes y revoluciones: quien controlaba un estado tenía asegurada su cuota en la política nacional.
La fractura decisiva del liberalismo llegó a mediados de la década de 1870. En 1876, un sector del partido —los llamados independientes, encabezados por Rafael Núñez— comenzó a distanciarse de los radicales y a acercarse a los conservadores. La educación laica y obligatoria impulsada por el gobierno de Aquileo Parra fue el detonante inmediato: los conservadores se alzaron en armas ese mismo año para frenar el proyecto, con los clérigos de Palmira, Cartago y Tuluá abanderando la causa antirreformista entrelazada con tensiones socio-raciales en el Cauca y el Tolima. La contratación de maestros protestantes alemanes para dirigir las escuelas normales había multiplicado la alarma en el mundo católico. La guerra civil de 1876-1877 duró once meses y costó, según el Secretario del Tesoro, el 118 % del presupuesto nacional aprobado para 1878. El gobierno liberal santandereano respondió en 1877 con legislación anticlerical: destierro del obispo de Pamplona, arresto de clérigos, límites a la intervención política de la Iglesia.
De aquella guerra salieron dos consecuencias que reordenarían el mapa. La primera: muchos liberales, desesperados con el desorden crónico, concluyeron que era necesario aceptar a la Iglesia como guía del orden, reducir el federalismo y abandonar la ciudadanía universal. Convergían ideológicamente con los conservadores. La segunda: el gobierno de Julián Trujillo (1878-1880) inició una política de conciliación, levantó las sanciones y el exilio de los obispos de Popayán, Pasto, Antioquia y Medellín, y derogó la ley que limitaba la intervención política de la Iglesia. Fue en ese contexto, en 1878, cuando Núñez pronunció el discurso con la frase que daría nombre al período: "regeneración administrativa fundamental o catástrofe". En su formulación original, la regeneración era todavía una reforma dentro del marco constitucional vigente, no su sustitución.
La muerte de Manuel Murillo Toro en 1880 selló la suerte del radicalismo justo cuando Núñez asumía por primera vez la presidencia. La coalición de independientes y conservadores había desplazado a los radicales del gobierno nacional en las elecciones de ese año en torno a un programa de retorno a la autoridad y fortalecimiento del gobierno central. Durante ese primer mandato (1880-1882), Núñez —librecambista militante hasta poco antes— dio un primer paso hacia el proteccionismo con recargos arancelarios sobre artículos como ropa y muebles, argumentando que el gravamen al peso bruto era virtualmente proteccionista y que ni siquiera J. S. Mill había sido librecambista incondicional. Y creó el Banco Nacional, destinado a cubrir con su emisión la totalidad del país y a sentar las bases económicas de un Estado más centralizado. Comerciantes y banqueros vinculados al radicalismo —cuyo predominio económico se sustentaba en el monopolio del crédito y el libre ejercicio de la usura— vieron en esas dos medidas un ataque directo. Miguel Samper se opuso doctrinalmente al privilegio exclusivo de emisión a favor del Estado, sosteniendo que era lícito a todo gobierno dirigir el crédito público sin monopolizarlo.
En septiembre de 1883, el primer domingo del mes, se celebraron las elecciones para el bienio 1884-1886. Los radicales presentaron como candidato al general Solón Wilches, mandatario del Estado de Santander: una candidatura ocasional, síntoma del agotamiento de la facción tras la muerte de Murillo. Núñez, con la mayoría de los estados en sus manos y el apoyo decisivo del Partido Conservador junto con los liberales independientes, triunfó con facilidad. Tomó posesión el 7 de agosto de 1884, tras cuatro meses en los que el poder había sido ejercido por el primer designado, Ezequiel Hurtado.
La insurrección: cómo estalló y por dónde ardió
El orden público comenzó a turbarse casi de inmediato. Entre 1884 y 1885, la insurrección radical prendió en Santander —fortín tradicional del liberalismo radical durante todo el siglo XIX—, se extendió a Cundinamarca, Boyacá y Magdalena, y afectó parcialmente a Bolívar. Los frentes no eran meramente militares. Detrás de las armas se movían tres pulsos entrelazados. Uno, constitucional: los radicales veían en la coalición nuñista una traición al pacto de Rionegro y una deriva hacia el centralismo. Otro, económico: comerciantes y banqueros combatían el Banco Nacional con monopolio de emisión y los recargos arancelarios que amenazaban su predominio. Y otro, religioso invertido: la política de conciliación con la Iglesia iniciada por Trujillo y profundizada por Núñez amenazaba con revertir la educación laica y la secularización que habían sido las banderas radicales por excelencia.
La campaña rebelde encontró en el río Magdalena su arteria natural. Ricardo Gaitán Obeso bajó por el río capturando buques y apropiándose de mercancías para financiar la insurrección. El 5 de enero de 1885 obtuvo la rendición de Barranquilla al frente de una fuerza de más de dos mil hombres, y se hizo con recursos de la aduana, del Banco Nacional, del correo y de los ferrocarriles. El golpe fue duro: no solo se apoderaba de la principal salida comercial del país, sino que privaba al gobierno de sus rentas más líquidas. A mediados de febrero, Gaitán Obeso intentó tomar Cartagena. Fue el momento en que el gobierno empezaba a recuperarse de la sorpresa inicial. El ataque no prosperó y, aunque las hostilidades siguieron activas, la iniciativa comenzó a cambiar de manos.
En los otros frentes, los rebeldes sufrieron derrotas decisivas. Tolima, Cauca, Antioquia y Panamá —donde la guerra tuvo su epílogo violento en Colón— resultaron en desastres para las armas radicales. Santander y Boyacá, los bastiones que debían sostener militarmente la revolución, fueron perdiendo posiciones a lo largo del primer semestre de 1885. La estrategia radical apostó entonces a concentrar sus fuerzas del Norte y del Atlántico y a trasladar el campo de operaciones de vuelta a Santander, punto de partida de la insurrección.
El 17 de junio de 1885, aproximadamente dos mil hombres del ejército federalista embarcaron en seis vapores desde Tamalameque con ese propósito. Allí, en la playa del Hobo frente al puerto magdalenense, se libró la batalla de La Humareda. Fue un trance funesto de lucha fratricida. En el combate, o en un episodio conexo, explotó uno de los barcos rebeldes: perecieron seis de los mejores jefes federalistas y se perdió la mayor parte de la munición y las armas. Fue el golpe que hizo inviable la continuación de la guerra. La ironía histórica es cruda: los radicales ganaron técnicamente el combate en el terreno, pero la explosión los dejó sin cuadros y sin pertrechos para explotar la victoria. Con La Humareda, la insurrección quedó decapitada.
Las causas: agotamiento estructural y detonantes de coyuntura
Sería un error atribuir la guerra a la voluntad de un solo hombre o al ardor de un solo partido. Bajo los acontecimientos de 1884-1885 corrían dos capas de causas que no deben confundirse.
En la capa estructural, el federalismo radical se había vaciado de viabilidad por sus propias contradicciones. Las cuarenta y dos revueltas locales contabilizadas por Samper no eran un accidente de la carta de 1863, sino su consecuencia lógica: un sistema en el que las divisiones nacionales del liberalismo se transferían automáticamente a las disputas por el control de los estados, y en el que el gobierno central carecía de instrumentos legales para arbitrar. Las aduanas internas fragmentaban un mercado ya frágil. El fraude electoral era práctica extendida, ejercida tanto por los poderes locales como por el gobierno de la federación, sin mecanismo legal confiable para garantizar limpieza en los comicios. A esa disfuncionalidad institucional se sumaba, en los años setenta, un diagnóstico que ganaba adeptos incluso entre los liberales: el país carecía de la clase media autosuficiente que el proyecto radical presuponía, el Partido Conservador se había mostrado capaz de librar guerras extendidas por causa religiosa, y las contradicciones del federalismo lo hacían incapaz de fomentar la economía o de sostener funciones estatales mínimas.
Sobre esa base estructural operaron los detonantes coyunturales. La fractura del liberalismo entre radicales e independientes desde 1875-1876 abrió la puerta a la alianza con los conservadores que llevaría a Núñez al poder en 1880. La muerte de Murillo Toro ese mismo año dejó a los radicales sin su principal referente. Las reformas del primer mandato de Núñez —recargos arancelarios, creación del Banco Nacional con miras a un futuro monopolio emisor— movilizaron a la burguesía comercial y bancaria contra la administración. Y la reelección de 1884, sostenida por una coalición que los radicales consideraban ilegítima, cerró el circuito. Sin la fractura ideológica de 1876, sin las reformas económicas de 1880-1882 y sin la victoria de 1883, no habría habido guerra en 1884. Pero sin las cuarenta y dos revueltas previas, sin las aduanas internas y sin el fracaso demostrable del gobierno federal, tampoco habría habido base social para que la respuesta de Núñez se convirtiera en refundación.
Hay que decirlo con claridad: la guerra fue también un conflicto de intereses económicos. Los comerciantes y banqueros que financiaron la insurrección combatían un modelo estatal que amenazaba su predominio. Perder La Humareda no significó únicamente perder una batalla constitucional: significó perder la posibilidad de sostener un país con crédito libre, librecambio y monopolio privado de la emisión. Y fue, simultáneamente, una guerra de religión diferida. La educación laica de los radicales, los maestros protestantes alemanes y la legislación anticlerical de 1877 habían construido desde 1876 una coalición clerical-conservadora que esperaba la oportunidad de revertir el modelo laico. La Regeneración fue el vehículo de esa revancha tanto o más que un proyecto de modernización estatal.
La declaración: cuando una guerra se convierte en constitución
La derrota militar de los radicales no producía por sí misma un cambio constitucional. Se podían perder guerras y conservar constituciones: los conservadores lo habían hecho tras 1877. Que la victoria de Núñez se tradujera en la muerte de la carta de 1863 exigió un acto deliberado de voluntad política.
Ese acto tuvo fecha y escenario. El 11 de noviembre de 1885, en Bogotá, se instaló el Consejo Nacional de Delegatarios: dieciocho miembros en total, tres por cada uno de los antiguos estados, todos ellos conservadores o liberales independientes. No había radicales. El cuerpo no derivaba su legitimidad de la Constitución de 1863 sino de la victoria militar reciente. La percepción de sus convocantes era inequívoca: la inestabilidad crónica del país tenía como causa principal el sistema federal, y ese sistema debía ser suprimido, no reformado.
Ese mismo día, Núñez dirigió al Consejo un discurso que sirvió de marco ideológico-doctrinal a los constituyentes. La frase central declaraba que "el curso de los acontecimientos ha destruido el régimen constitucional, productor de permanente discordia, en que hemos agonizado durante un cuarto de siglo". La retórica es reveladora. Núñez no proponía derogar la Constitución de 1863: la daba por destruida. No por acción del Consejo ni por decreto propio, sino por el curso de los acontecimientos, es decir, por la guerra misma. La responsabilidad del cambio se depositaba en la historia, no en los vencedores. Y el diagnóstico —"productor de permanente discordia", un cuarto de siglo de agonía— cerraba la puerta a cualquier restauración: no se trataba de corregir defectos sino de reconocer un fracaso terminal.
En el mismo discurso, Núñez expuso la necesidad de unificar los códigos en toda la nación y de contar con una administración pública encargada de hacerlos efectivos. Reclamaba, en sus términos, "una estructura política y administrativa enteramente distinta". No era una reforma: era una refundación. El particularismo federal —los códigos mineros, civiles, electorales propios de cada estado— quedaba señalado como el obstáculo mayor. La misión del Consejo era diseñar el andamiaje de una república centralista.
El contraste con la formulación original de 1878 es elocuente. Siete años antes, Núñez había hablado de "regeneración administrativa fundamental o catástrofe" entendiendo la regeneración como reforma dentro del marco vigente. En 1885, la catástrofe había ocurrido —era la guerra— y la regeneración ya no cabía dentro de la Constitución de Rionegro: exigía su sustitución.
Las consecuencias inmediatas: un régimen que se rehace
Lo que vino después fue rápido y sistemático. La Constitución de 1886, redactada por el Consejo bajo la conducción ideológica de Miguel Antonio Caro —hispanófilo, católico ultramontano, tradicionalista— y con el respaldo político de Núñez, estableció una centralización política, administrativa y económica sin precedentes en la historia republicana colombiana. Un ejército nacional reemplazó a las guardias estatales. Los estados soberanos se convirtieron en departamentos. Los códigos se unificaron. El presidente pasó a ser elegido por voto directo, con período de seis años. Y las relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica fueron restablecidas en términos que resolvían el pulso de los treinta años anteriores.
Ese restablecimiento se selló con el Concordato de 1887, firmado por Núñez. El catolicismo quedó consagrado como religión oficial de Colombia, se devolvieron propiedades eclesiásticas confiscadas, la educación pública fue atada a los preceptos de la Iglesia y el divorcio civil quedó abolido. El Concordato de 1888 profundizó ese marco de armonía. La educación laica y obligatoria que los liberales radicales habían instituido como uno de sus programas centrales fue revertida en buena medida. La guerra de religión diferida encontraba su desenlace.
En el terreno económico, la victoria consolidó las reformas que habían sido casus belli. El decreto 104 del 19 de febrero de 1886 estableció el papel moneda de curso forzoso. La ley 57 de 1887 consagró el privilegio exclusivo del Banco Nacional para emitir moneda. Ese mismo año se suspendió el derecho de emisión de los bancos privados. El Banco Nacional se convirtió en agente fiscal del gobierno mediante la obligatoriedad en la recepción de sus billetes. Las emisiones sucesivas desvalorizaron la moneda, generaron descontento entre los sectores comerciales y bancarios que habían perdido el predominio económico basado en el monopolio del crédito, y desencadenaron un proceso de emisiones ilegales que llevaría al cierre del banco en 1896. Pero el modelo económico centralista había quedado instalado.
Contra los vencidos, la Regeneración desplegó una política de represión oficial. Desde 1887 comenzaron los destierros de opositores liberales. La prensa opositora fue censurada. El ejercicio de la oposición política se hizo, en la práctica, cada vez más difícil. La intransigencia de los gobiernos regeneradores hacia sus críticos no era arbitraria: reflejaba el reconocimiento de la fuerza potencial de la oposición a políticas fiscales heterodoxas y a un modelo confesional que amplios sectores de la élite mercantil rechazaban.
Vale detenerse en el contraste entre los dos hombres que encarnaron el nuevo régimen. Núñez —escéptico, positivista, hombre de mundo, con un ideario en el que la autoridad era condición del progreso más que fin en sí mismo— aportaba el pragmatismo. Caro —católico ultramontano, hispanófilo, de carácter arrogante y huraño— aportaba la doctrina. La combinación explica en parte la tensión permanente de la Regeneración entre sus impulsos reformistas (proteccionismo, banco central, unificación jurídica, fomento económico) y sus prácticas de gobierno más restrictivas (censura, destierros, confesionalismo cerrado). No era una contradicción accidental: era la fórmula misma del pacto que había ganado la guerra.
Las consecuencias de largo plazo: una constitución de más de un siglo
La Constitución de 1886 se mantuvo en esencia vigente hasta 1991. Ciento cinco años. En ese arco cabe casi toda la historia contemporánea de Colombia: la Guerra de los Mil Días, la separación de Panamá, la hegemonía conservadora, la República Liberal, el Frente Nacional, la violencia bipartidista, el conflicto armado con las guerrillas. Ese es el hecho decisivo que devuelve a 1884-1885 su peso: la guerra no produjo solo un cambio de gobierno ni una reforma constitucional entre otras. Produjo el marco jurídico dentro del cual el país habitaría durante más de un siglo.
Ese marco fijó tres decisiones estructurales que la sociedad colombiana tardaría generaciones en revisar. La primera: el centralismo como principio de organización territorial, contra la tradición federal que había marcado buena parte del siglo XIX. La segunda: el confesionalismo católico como sustrato ideológico del Estado, contra la secularización avanzada por los radicales. La tercera: la exclusión política del liberalismo derrotado, que se prolongaría en formas diversas —destierros, censura, guerras subsiguientes— hasta bien entrado el siglo XX.
Cada una de esas decisiones tuvo un costo. El centralismo resolvió el problema de la fragmentación, pero creó una hipertrofia burocrática y un vaciamiento de las capacidades regionales cuyos efectos siguen palpándose. El confesionalismo dio estabilidad institucional a la Iglesia y a un modelo de orden social, pero fijó una tutela sobre la educación y la vida civil que tardaría casi un siglo en aflojarse. Y la exclusión del liberalismo derrotado sembró la semilla de nuevos conflictos: la Guerra de los Mil Días (1899-1902) fue, en muchos sentidos, la revancha frustrada de los radicales que habían perdido en La Humareda.
Hay una lectura complementaria que conviene no perder. La Regeneración no fue únicamente el triunfo de una facción sobre otra: fue la constitución de una clase dirigente nueva, más cohesionada, integrada por conservadores y por el sector independiente del liberalismo, con un programa compartido de centralización política, alianza con la Iglesia y fomento económico dirigido desde el Estado. En ese sentido, la guerra de 1884-1885 marcó también el fin de una forma de hacer política —la del caudillismo estatal, las guardias regionales y las revueltas locales endémicas— y el comienzo de otra, más burocrática, más nacional, más doctrinaria. Que esa transición se lograra por medio de las armas y no por reforma pactada es lo que le imprimió a la Regeneración su carácter autoritario y su intolerancia crónica con la disidencia.
Por qué este hecho sigue importando
La guerra civil de 1884-1885 es uno de esos episodios en los que el país cambió de piel. Otros conflictos posteriores tuvieron más muertos, más titulares y más literatura. Ninguno cambió tanto la arquitectura del Estado en tan poco tiempo. En apenas trece meses, entre agosto de 1884 y septiembre de 1885, Colombia pasó de ser una federación de nueve estados soberanos con constitución liberal y educación laica a ser una república centralista con constitución confesional en gestación. La transformación no fue solo institucional: reordenó el equilibrio entre partidos, entre Estado e Iglesia, entre gobierno central y regiones, entre capital comercial y capital estatal.
La pregunta que sigue abierta —y que no admite respuesta única— es si esa transformación era inevitable. Si el federalismo radical estaba condenado por sus propias contradicciones a colapsar, la guerra de 1885 solo fue el trámite militar de una liquidación decidida por la historia. Si, en cambio, la Constitución de 1863 admitía reformas graduales que hubieran conservado su núcleo pluralista, entonces la Regeneración fue una ruptura evitable, forzada por la voluntad de una coalición que aprovechó el desgaste del sistema para imponer un pacto que ninguna mayoría electoral habría avalado en tiempos de paz. La verdad, probablemente, se distribuye entre ambas hipótesis. El federalismo estaba agotado; pero el modo, la profundidad y la duración de su reemplazo fueron obra deliberada de sus vencedores. Núñez no inventó la crisis: la capitalizó. Y esa distinción marca la diferencia entre entender la Regeneración como un desenlace natural o como una decisión política que pudo haber sido otra.
Frente a Tamalameque, en junio de 1885, no se hundió solamente un barco con seis jefes federalistas y una carga de municiones. Se hundió también una manera de imaginar a Colombia: la de los estados soberanos, la ciudadanía universal, la escuela laica, el crédito libre. Lo que emergió de ese naufragio no fue una república cualquiera: fue la que duraría hasta 1991. Por eso la guerra civil de 1884-1885 sigue importando. No porque haya sido la más sangrienta ni la más recordada, sino porque fue la más constitutiva. En ella se decidió, por las armas, qué clase de país sería Colombia durante el siglo que venía.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1431 cita
[1]Núñez, lo sucede en el mando en abril de 1882, mandato en el cual el ex presi- dente daría muestras de un impresionante poder político al prácticamente impedirle al anciano gobernante ejercer la plenitud de sus escasas Rafael Núñez 159 facultades constitucionales, según se aprecia en su reseña. El cartagenero…p. 143
02El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 467, 5372 citas
[2]el sentido de formarle causa por mala administración y malversación de fondos. Entre tanto, el primer domingo de septiembre de 1883 habían tenido lugar las nuevas elecciones a la Presidencia. En Bogotá fueron especialmente tumultuosas. Núñez, que contaba con la mayor parte de los estados, triunfó fácilmente sobre el…p. 467
[26]General Gaitán Aparte de esto, a finales de marzo partieron de An- tioquia tres mil hombres que, a través de las selvas y saba- nas de Ayapel y Chinú, y después de un mes de heroica lucha con los animales salvajes y el mal clima, penetraron en las llanuras del valle del Magdalena; allí, parte de ellos se unieron a las…p. 537
03Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[3]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…p. 114
04Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 308, 3202 citas
[4]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…p. 320
[38]tenuous con- sensus agreements struck by national government authorities and state officials were strained to the breaking point. Ultimately, the success of a secular national education system would prove to be partly responsible for its unraveling. Conser- vative Party members began to fear how the new cadre of…p. 308
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2411 cita
[5]de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…p. 241
06Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 10, 952 citas
[6]el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…p. 10
[14]la Union y constituirse en republi- cas independientes o anexarse a otro pais, como lo intentaron Antioquia y Panama. Pero por algo la Constitucién de 1858 les prohibié usar bandera o escudo de otra nacién. Aquella conducta no era nueva, pues recordemos cémo en 1831 algunas provincias proclamaron su anexi6n a…p. 95
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 143, 1502 citas
[7]el fraude para garantizar ese voto era grande, tanto para los poderes locales como para el gobierno de la federaci ó n. Las divisio nes del Partido Liberal se convert í an en incentivos para golpes y re voluciones y, como dos estados fueron dominados por los conserva dores (Antioquia y Tolima), la disputa por los…p. 143
[9]social y pol í tico e ilusionaron a las masas urbanas con una “ ciudadan í a ” irresponsable, con el sue ñ o de la igualdad civil y pol í tica de todos, con la utop í a de un Estado que distribuyera beneficios a los pobres y de una sociedad sin ricos, y hab í an convertido a los esclavos y a sus descendientes…p. 150
08Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 311 cita
[8]debate there was a “conversation among gentlemen,” as one writer phrased it. 18 The debate over liberal and conservative principles was an intra- elite affair in which traditional leaders of society fought to impose their ideals as they marched at the head of peasant armies whose cadres were clients first and…p. 31
09El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 126, 1302 citas
[10]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…p. 126
[18]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…p. 130
10Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 1972 citas
[11]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…p. 192
[13]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…p. 197
11Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 98, 1212 citas
[12]Radical José María Rojas Garrido, al prociamar la unión liberal y lanzar la candidatura presidencial de Francisco Javier Zaldúa, en abril de 1881: «El partido conservador es el cancer de la República y es preciso extirparlo Ll I-fingnmas unjurmmento solemne: antes que permitir el triunfo conser vador, que no quede…p. 121
[15]caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…p. 98
12Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5451 cita
[16]a saber: «La del 27 de octubre de 1857, motivada por la crea- ción del Estado; «La del 12 de noviembre de 1863, motivada por la nacional del mismo año; «La del 25 - 26 de noviembre de 1864, fruto de una insurrección local, y «La del 15 de septiembre de 1877, resultado también de otra conmoción armada que derrocó al…p. 545
13El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 4631 cita
[17]caudillismo, individualismo, localismo, pobreza y falta de complejidad económica, etcétera) una organización constitucional basada en un Estado débil, de funciones re- ducidas, tal como la preconizaba el liberalismo ortodoxo, no hacía sino intensificar la inestabilidad 310. Cuando con raza, tal como una explicación…p. 463
14De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[19]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…p. 41
15De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[20]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…p. 41
16Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 571 cita
[21]many of the Conservatives backing Nunez must have felt they were entitled to take any steps necessary to secure their continued exclu- sive enjoyment of the honors and perquisites of public office. Moreover, many leading Nationalists sincerely believed theirs was a sacred mission to rescue Colombia from the dangers…p. 57
17Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 291 cita
[22]de paz para la Nación. Aquí algunos puntos fundamen- tales por lo menos para despertar ese interés en conocer más ampliamente ese hecho. ¿Dónde estalló? Estalló en el departamento de Santander y aunque el llamamiento a las armas era a nivel nacional, el conflicto se centró en su etapa inicial en esta región,…p. 29
18Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 56, 1072 citas
[23]despacharon a los campamentos. Los niños también fueron a la gue- rra: unos desfilando en grupos desde las propias aulas de la escuela, otros fugados de la casa, atraídos por los «héroes» militares que encarnaban los ideales de la juventud, y los más atra- pados a la fuerza entre los bandos con- tendientes y obligados…p. 107
[24]prestigio. Bajó por el Mag- dalena capturando buques, apropián- dose de mercancías que remataba para financiar la campaña, y el 5 de enero, mezclando audacia y exageración, ob- tuvo la rendición de Barranquilla (una ciudad muy liberal, por lo demás). Allí, su fuerza era ya de más de 2.000 hombres, y gozaba de nuevos…p. 56
19Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2971 cita
[25]decente verja de madera y plantaron flores en ese triste recinto. Amigas o no de la memoria de esas víctimas, sólo sintie- ron el respeto debido a la desgracia de los que ofrecieron cuanto tenían en holocausto a sus convicciones y a su fe. § La Humareda Al pasar por Tamalameque el vapor se detuvo frente a un hobo,…p. 297
20Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 831 cita
[27]Si el Ejército peleaba al lado de los liberales, los conservadores luchaban contra los dos. Se iniciaban guerras por las razones más absurdas. En 1885 hubo una pequeña, pero sangrienta confrontación denominada la batalla de la Humareda, que empezó simplemente porque el presidente del momento había nombrado a un…p. 83
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 cita
[28]1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…p. 170
22Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 281 cita
[29]la baja oferta agraria, los precios tendían a subir. Para la época se aducían como causas del atraso de la agricultura las siguientes: la concen- tración de la propiedad del suelo en pocas manos, el ausentismo, la inse- guridad en la vida campestre (por las guerras civiles, las expropiaciones y confiscaciones de…p. 28
23Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 921 cita
[30]fue bruscamente eliminado cuando en 1887 se decidió suspender el derecho a emisión de los bancos privados. La obligatorie- dad en la recepción de los billetes del Banco Na- cional creado en 1880, mediante la figura del cur- so forzoso de papel moneda, el gobierno de Rafael Núñez logró convertir al Banco Nacional en su…p. 92
24Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2231 cita
[31]idea, marcada por un individualismo acen- drado, se pronunció Rafael Núñez, quien siempre propugnó por la con- sagración de la potestad de emisión como privilegio exclusivo del Estado. Entre los escritores que defendieron con vehemencia el privilegio de emi- sión a favor del Estado se recuerda a Felipe de Ángulo y a…p. 223
25Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 535, 5412 citas
[32]El cambio de frente de Núñez se daba como resultado de una evolución hacia el proteccionismo: se citaba un 669 Núñez (N-5), tomo 4, pág. 108. 536 Línd Odince Vrdsíta informe consular suyo enviado de Liverpool en 1871: «Después de la educación agrícola necesitamos los arte- factos mecánicos» 670, y él mismo llegó a…p. 535
[33]son síntomas que espantan. ¿Por qué remover aquí esas cuestiones? ¿Por qué querer volver a las escenas de 1853, ya completamente olvidadas?». Repertorio Colombiano, Bogotá, abril, 1880, Revista del mes. 678 «Para hacer posible la introducción [en el estado de Bolívar] de la industria de fabricar telas de algodón, la…p. 541
26A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 751 cita
[34]not see that the bankers, the monopolists, and the large-scale resellers have nothing to do with any - thing sacred other than their interests? That is why they have shouted until they were deaf against the bills of the national bank, the law of public order, and the reform of the customs tariff: a trinity that will…p. 75
27Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1231 cita
[35]de otro lugar 46. La percepción de los vencedores de la Guerra Civil de 1884 a 1885 era que la constante inestabilidad política era la culpa - ble de todos los males que aquejaban el país. Y en especial, consideraban que la causa de esta inestabilidad era el sistema de gobierno federado. Entonces, una vez finalizada…p. 123
28Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2951 cita
[36]y desorganizado de muchedumbres solía caracterizar la «batalla», diferen- ciada por uniformes heterogéneos del lado gubernamental y vestimenta cam- pesina por el de la revolución, cual- quiera que fuese el color político de uno y otro. El valor, el arrojo suicida, la fiebre del combate, la vocación he- roica, el…p. 295
29¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[37]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…p. 68
30Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 531 cita
[39]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…p. 53
31Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2671 cita
[40]t é rmino a su ambicioso intento de reforma educativa. El gobierno del general Juli á n Trujillo (1878-1880), lleg ó al poder con pro mesas de conciliaci ó n y contrarreformas. En efecto, levant ó las sanciones contra los obispos de Popay á n, Pasto, Antioquia y Me- dell í n, que hab í an sido expulsados del pa í s…p. 267