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Idea transversal

Caudillismo

El caudillismo nombra en la historia de Colombia tanto una figura como un régimen: el jefe armado —militar, hacendado o letrado— que en el vacío dejado por la Corona española llenó con su persona el hueco de la autoridad, y el sistema de dominación personalista articulado en torno suyo durante el largo siglo XIX. A diferencia de sus equivalentes hispanoamericanos, el caudillismo colombiano se disolvió temprano en la trama de los dos partidos históricos, en la red hacendil del gamonal y en la lealtad regional, sobreviviendo mutado hasta el clientelismo armado y los liderazgos carismáticos del presente.

4.208 palabras46 documentos59 fragmentos citados
Caudillismo

Trayectoria de una idea

  1. 1810

    Gestación en la guerra de Independencia

  2. 1830

    Emergencia del caudillismo regional tras la disolución de la Gran Colombia

  3. 1851

    Caudillismo en acción: rebeliones y guerras civiles de mediados de siglo

  4. 1863

    Constitución de Rionegro: intento institucional de neutralizar el caudillismo

  5. 1886

    La Regeneración y la domesticación del caudillo dentro del partido

  6. 1899

    Guerra de los Mil Días: último gran episodio del caudillismo decimonónico

03

La lectura

El caudillismo colombiano presenta una paradoja central: un país con hasta setenta conflictos armados en el siglo XIX que sin embargo evitó las dictaduras militares prolongadas características de Argentina, Venezuela o México. A diferencia del caudillo hispanoamericano clásico, el colombiano nunca alcanzó la exuberancia dictatorial de un Rosas o un Páez, porque se disolvió tempranamente en la trama de los dos partidos históricos y en la red clientelar de la hacienda. Su base estructural fue la gran propiedad territorial: las haciendas familiares consolidadas desde el siglo XVII en Cundinamarca y Boyacá fueron el origen de los principales caudillos, cuyo reclutamiento recaía forzosamente sobre campesinos, indígenas y negros. La tensión entre el ideal demoliberal escrito en las constituciones y la realidad de sociedades de hacienda y servidumbre alimentó permanentemente el fenómeno, que sobrevivió su propia época clásica mutando en gamonalismo, clientelismo y liderazgos carismáticos populistas hasta el presente.

El caudillismo nombra, en la historia de Colombia, tanto una figura como un régimen: el jefe armado —militar, hacendado o letrado— que en el vacío dejado por la Corona española llenó con su persona el hueco de la autoridad, y el sistema de dominación personalista que se articuló en torno suyo durante el largo siglo XIX. Es una categoría prestada del análisis hispanoamericano, útil para pensar Colombia pero incómoda en ella: aquí el caudillo nunca alcanzó la exuberancia dictatorial del Rosas argentino, el Páez venezolano o el Santa Anna mexicano. Colombia registró oficialmente ocho grandes guerras civiles y veintitrés contiendas regionales entre 1830 y el fin del siglo —hasta setenta, según cuentas independientes—, pero evitó las dictaduras militares prolongadas típicas de sus vecinos y mantuvo, incluso en medio del fuego, las apariencias constitucionales. Esa paradoja —permanente guerra sin dictador permanente— es el enigma que el concepto ilumina y a la vez complica. El caudillismo colombiano no fue menos real que el hispanoamericano: fue de otra forma. Se disolvió temprano en la trama de los dos partidos históricos, en la red hacendil del gamonal, en la lealtad regional que precedía a la nación, y por esas mismas vías sobrevivió, mutado, hasta el clientelismo armado y los liderazgos carismáticos del presente.

El concepto y sus tensiones

Como categoría historiográfica, el caudillismo se acuñó para explicar el orden político que emergió en Hispanoamérica tras la ruptura con España. Retirada la Corona, quedaron territorios vastos, ejércitos formados en la guerra de Independencia, élites regionales sin árbitro común y una idea de nación que en la práctica se disolvía en provincias. En ese hueco, el caudillo se impuso como principio de autoridad personal: hombre de armas que reunía tropa propia, mando político y prestigio simbólico, y que hacía las veces del Estado allí donde el Estado no llegaba. Los caudillos que surgieron en Colombia en el siglo XIX pertenecían a tres tipos —militares, hacendados o letrados—, y a menudo combinaban los tres registros en la misma trayectoria.

Sociólogos e historiadores han buscado un principio explicativo. El más citado es el del carisma: esa cualidad extraordinaria de la personalidad por cuya virtud se considera a un hombre en posesión de fuerzas sobrenaturales o extracotidianas, categoría en la que los propios teóricos incluyeron explícitamente a los caudillos militares. La dominación carismática se distingue por igual de la tradicional y de la racional-legal, y explica por qué un hombre puede mover masas fuera de toda legitimidad heredada o institucional. Pero el mismo argumento contiene su propio límite: hay que explicar, a su vez, por qué en determinadas coyunturas aparecen líderes carismáticos y por qué las sociedades los siguen. Invocar el carisma para explicar el caudillismo es abrir una segunda pregunta, no cerrar la primera.

El otro linaje interpretativo ha insistido en las condiciones estructurales: guerra prolongada, desmovilización desordenada, economías arrasadas, ideales republicanos importados que chocaban con sociedades jerárquicas donde el marco institucional tocaba directamente la vida de una minoría muy pequeña. El demoliberalismo —una democracia republicana pensada para ciudadanos que aún no existían— generó una tensión permanente entre el ideal escrito en las constituciones y la realidad de sociedades de hacienda, servidumbre y esclavitud. Y hay un dato que desmonta la imagen romántica del caudillo como líder puramente plebeyo: en el Río de la Plata, los caudillos provenían con frecuencia de una extracción social selecta. El punto importa para Colombia, porque aquí también los caudillos vinieron sobre todo de las élites hacendadas y letradas.

Hay una tercera cuestión, más doméstica: quién cuenta y quién no. La historiografía colombiana ha discutido con particular intensidad si figuras como Juan José Nieto merecen o no la etiqueta. Para unos, fue un auténtico caudillo popular del Caribe; para otros, un hombre profundamente republicano y urbano que no cabe en la categoría. La disputa no es de rótulos: revela que el caudillo colombiano fue una figura de bordes borrosos, más cercana a veces al político civil, al hacendado clientelar o al jefe de partido, y que la aplicación del concepto tiene siempre algo de decisión interpretativa.

Del vacío colonial a los caudillos regionales

El caudillismo colombiano se incuba en las décadas en que la Gran Colombia se desarma. La secesión de Venezuela y Ecuador en 1830 y la muerte de Bolívar ese mismo año rompieron el vínculo común de la liberación; en Nueva Granada emergieron caudillos regionales dispuestos a oponerse a cualquier concentración del poder. El primer golpe de Estado —el del 4 de septiembre de 1830— abrió una centuria sin paz sostenida.

Los obstáculos estructurales eran severos: pobreza aguda, estancamiento económico, débil articulación política, una nación como entidad abstracta que significaba menos para los habitantes que las provincias donde vivían. Sobre todo esto, el federalismo desmontó gradualmente el poderoso ejército libertador y dejó el orden público en manos de tropas locales: en las regiones, caudillos, terratenientes y curas armaron sus propios contingentes bajo el mando de "generales" cuyo grado se obtenía por padrinazgo político, incidencia familiar o relación con el potentado regional. El reclutamiento era con frecuencia forzado, y recaía sobre campesinos, indígenas y negros que iban a librar guerras que no eran las suyas.

Los Llanos Orientales son el laboratorio más nítido de esa gestación. Nueve años de guerra de independencia —de 1810 a 1821— destruyeron misiones, diezmaron el ganado y arruinaron la economía llanera. Cuando en 1824 se licenciaron las tropas, los hombres se encontraron sin hogar ni ocupación, y se dedicaron al abigeato en tal escala que la respuesta terrateniente fue tan violenta que llegó a percibirse como amenaza seria de "guerra de castas". Veteranos descontentos, tierras sin dueño claro, un Estado central lejano: la fórmula misma del caudillismo.

En el altiplano cundiboyacense la lógica fue otra pero convergente. Las haciendas familiares y patrimoniales consolidadas desde el siglo XVII se convirtieron en el eje de la organización social, económica y política del XIX, y de ellas surgió el grueso de los caudillos colombianos. No por azar esa zona fue también el escenario de la mayor parte de las guerras civiles: donde estaban las haciendas grandes, estaban los ejércitos privados que podían movilizarse en pocos días. En el Cauca, las redes familiares de Mosqueras, Valencias y Arboledas encarnaban con claridad la sociedad señorial: bloqueaban cualquier cambio que pudiera beneficiar a los sectores populares y disponían, entre parientes, de recursos, esclavos, clientelas y milicias suficientes para hacer y deshacer gobiernos. En SantanderSocorro y Pamplona— la estructura era distinta: pequeños comerciantes, artesanos y agricultores, vida urbana intensa, menos concentración de la tierra; una región donde el caudillismo tuvo menos aire para crecer y donde germinaría, en cambio, otra forma de política.

Caudillos concretos: Mosquera, Nieto, Arboleda, Caicedo

El siglo dio nombres. Tomás Cipriano de Mosquera, general payanés de familia señorial, fue la principal fuerza política y militar del Cauca a mediados del siglo XIX y probablemente el más cercano a la figura clásica del caudillo hispanoamericano que produjo Colombia. Ante la incapacidad del presidente Mariano Ospina Rodríguez para controlar la nación desde Bogotá, se rebeló e inició la guerra civil de 1860-1862, que ganó tras dos años de combate. La contienda terminó con Mosquera y los liberales radicales en el poder, y con una nueva Constitución —la de Rionegro, 1863— federalista y anticlerical, que prohibía la reelección presidencial tras un período de dos años. Es revelador que la victoria del caudillo más fuerte del siglo se tradujera en una carta que fragmentaba el poder central y limitaba, precisamente, la reelección: incluso en su hora más alta, el caudillo colombiano legislaba contra el caudillismo.

Del otro lado, Julio Arboleda, poeta, esclavista, letrado del Cauca, encabezó la rebelión conservadora del 1 de julio de 1851 junto con Eusebio Borrero en Antioquia y Pastor Ospina Rodríguez en Cundinamarca, con apoyo del gobierno ecuatoriano; fue derrotada en pocos meses. El linaje Arboleda ilustra la naturaleza doble del caudillo colombiano: hombre de letras y hombre de armas, defensor de un orden esclavista bajo el manto del honor y la civilización cristiana.

En el Caribe, Juan José Nieto ejerció durante la guerra de 1860-1862 un control militar que se extendió desde el Magdalena hasta las fronteras de Antioquia, derrotando sucesivamente a Julio Arboleda, Joaquín Posada Gutiérrez y Emigdio Briceño. Para unos, fue el gran caudillo popular del Caribe; para otros, un político republicano urbano cuyo mando militar no basta para inscribirlo en la categoría. Nieto muestra que en la Costa Caribe —siempre mal atada al centro andino— el liderazgo político asumió formas híbridas, entre el letrado, el militar y el gestor regional, que el molde clásico del caudillo no captura del todo.

Domingo Caicedo ofrece el contrapunto: heredero de fortuna y prestigio —su padre Luis fundó el municipio de San Luis en 1780 dentro de los límites de la hacienda Contreras y dotó a la cabecera de iglesia y edificios públicos—, fue más líder civil que militar, y no encajaba en el prototipo. Su poder descansaba en el clientelismo recíproco de la hacienda Saldaña: la lealtad entre patrón y clientes le daba una capacidad de convocatoria que no necesitaba ejército propio. Caicedo señala una veta central: junto al caudillo armado existió siempre en Colombia un caudillo civil, hacendado o letrado, cuya autoridad se ejercía por vía clientelar. Próspero Pinzón y José María del Castillo y Rada aparecen como figuras de ese linaje civilista, minoritario pero persistente.

Detrás de todos ellos está la sombra de Bolívar y Santander. El Libertador había recibido de Haití, en 1816, seis mil fusiles, municiones, suministros, transporte naval y dinero a cambio de la promesa de proclamar la abolición de la esclavitud en el territorio venezolano que liberara. La transacción es reveladora: la propia gesta emancipadora se apoyó en las lógicas del pacto personal, la deuda contraída de hombre a hombre y el compromiso privado que después alimentarían el caudillismo. Cuando en la década de 1820 se rompió el vínculo entre Bolívar y Santander, y cuando en 1830 el septembrino radicalizó la fractura, quedaron dibujadas dos figuras arquetípicas del ejercicio del poder que Colombia habría de disputarse durante un siglo: el militar carismático que manda por su prestigio personal y el civilista legalista que manda por el imperio de la ley. Toda la trayectoria caudillista posterior se juega entre esos dos modos, y ninguno de los dos existe sin el otro: el civilista necesita al caudillo para vencer las guerras que constituyen su orden, y el caudillo necesita al civilista para darle forma constitucional a sus victorias.

Guerras civiles y domesticación partidista

La segunda mitad del siglo XIX es una sucesión de guerras que, vistas desde fuera, sugieren un país entregado al caudillismo, pero que vistas de cerca revelan lo contrario: los caudillos combaten dentro de partidos, no al margen de ellos. Ya no son señores de la guerra que aspiren a fundar una dinastía personal; son jefes faccionales que disputan el control de un Estado que reconocen legítimo.

La Constitución de Rionegro de 1863 llevó ese principio al extremo. Dividió el país en nueve estados soberanos, redujo el poder del Ejecutivo central, otorgó amplias libertades individuales y permitió a cada región adoptar sus propios códigos. Fue el intento más consecuente de neutralizar el caudillismo por vía institucional: si ningún gobierno central podía intervenir en los estados soberanos, ningún caudillo podría, tampoco, capturar el país entero. El precio fue la fragmentación: la incapacidad del gobierno central para intervenir en la política de los estados, y las rivalidades entre estos —que llegaron a implantar aduanas internas—, resquebrajaron la unidad política y el mercado interior.

En 1876 los conservadores se alzaron contra el gobierno liberal de Aquileo Parra para frenar su proyecto de educación laica. La rebelión fue derrotada gracias a una breve unión de las dos facciones del liberalismo, pero anticipó las tensiones que se agudizarían en los años siguientes. Rafael Núñez, cartagenero, ex radical convertido a un liberalismo autoritario, entendió que el ciclo federal se había agotado. Aliado con el Partido Conservador y con Miguel Antonio Caro, impulsó desde las elecciones de 1880 la Regeneración: un programa de retorno a la autoridad y fortalecimiento del gobierno central como reacción al debilitamiento del Estado y la Iglesia que había traído el ciclo liberal. La guerra civil de 1885 cerró el ciclo radical; la Constitución de 1886 lo enterró.

La Regeneración, que se extendió entre 1878 y 1900, constituyó la primera versión del conservatismo colombiano y fue, por su duración, atípica en América Latina. Al igual que el período liberal precedente, mantuvo como principio el vínculo con el mercado mundial en modalidad agroexportadora. Sus caudillos ya no eran los de mediados de siglo: Núñez gobernaba desde el gabinete y la prensa, no desde el campo de batalla. La domesticación del caudillo dentro del partido y del cargo estaba, para entonces, avanzada.

Pero la lógica caudillista seguía latente. La Guerra de los Mil Días (1899-1902), última gran contienda del siglo, opuso a los liberales de Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera contra un gobierno conservador que ganó a un costo humano y económico devastador. Uribe Uribe, abogado antioqueño, y Herrera, general cartagenero, encarnan el momento de transición: jefes faccionales dentro de una organización partidista, actúan bajo un mando político colectivo y, sin embargo, su prestigio personal, su capacidad de convocar tropa y su carisma los acercan aún a la figura del caudillo. Después de ellos, y del general Rafael Reyes —que gobernó entre 1904 y 1909 en un experimento de autoridad modernizadora—, la figura pierde nitidez. Colombia entra al siglo XX sin caudillos clásicos, pero con la infraestructura clientelar intacta.

La base hacendil: gamonales y clientelismo

Debajo del ruido de las guerras y las constituciones, la política colombiana funcionaba por una vía más silenciosa y persistente: la red hacendil. El término gamonal —equivalente al cacique de otros países hispanoamericanos— designa al jefe político local o regional que articulaba sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y que operaba como el eslabón real entre las comunidades y el Estado central. Los gamonales conformaban poderes locales sustentados en redes de base hacendil, vinculadas al acceso y explotación de la tierra y el agua, y el Estado central se vio obligado a negociar con ellos porque no podía gobernar por encima de ellos.

Este es, tal vez, el rasgo estructural más decisivo. En el suroccidente colombiano, durante las primeras décadas del siglo XIX, las redes de poder locales ya utilizaban los mecanismos electorales para colocar a sus aliados en el Congreso y defender intereses socioeconómicos concretos —el control de la esclavitud, sobre todo— encubiertos bajo discursos patrióticos. La política liberal-conservadora del siglo XIX se montó, en gran medida, sobre esa infraestructura previa. Los partidos no crearon las clientelas: las heredaron y las administraron.

Así se entiende la aparente paradoja colombiana. El país tuvo guerras civiles constantes pero no dictaduras personales prolongadas porque el poder efectivo no estaba en la presidencia sino en centenares de gamonales cuyas redes hacendiles ningún caudillo nacional podía sustituir. Un Mosquera podía ganar una guerra y escribir una constitución, pero no podía —ni le convenía— desmontar las mediaciones locales que sostenían al Estado en el territorio. La fragmentación territorial, que hacía imposible el caudillo nacional, era la misma que hacía indispensables a los gamonales locales. Colombia no domesticó al caudillo desde arriba: nunca dio las condiciones para que se elevara demasiado, y en cambio multiplicó a sus versiones menores hasta hacerlas indistinguibles del tejido social.

Esa lógica clientelar mostró una capacidad de mutación asombrosa. Los analistas contemporáneos han identificado al menos tres fases en el siglo XX-XXI: un clientelismo moderno entre 1970 y 1988, un clientelismo armado entre 1988 y 2006, y una parapolítica desde 2006 como resultado directo del clientelismo armado precedente. En 2014, el mayor número de candidatos con nexos ilegales se concentraba en las áreas donde habían operado estructuras paramilitares y donde se consolidaron después las bandas criminales tras la desmovilización. La dirigencia nacional gobierna mediante redes de intercambios clientelistas cuya materia de cambio es el acceso a rentas de la corrupción, incluyendo la cooptación del sistema judicial desde pequeñas ciudades hasta las altas cortes. El gamonal decimonónico y el intermediario político contemporáneo pertenecen a la misma familia funcional.

El caudillismo civilista del siglo XX: Gaitán y Rojas

El siglo XX heredó la figura del caudillo transformada. El caudillo, originalmente militar, se hizo civil pero conservó los mismos hábitos e influencia: jefe del partido triunfante, Supremo Magistrado y árbitro ideológico. La política de masas, la prensa moderna y la radio abrieron nuevas formas de carisma. Jorge Eliécer Gaitán, abogado bogotano de origen humilde, encarnó como nadie ese tránsito.

Gaitán había estructurado su pensamiento desde muy temprano —su tesis Las ideas socialistas en Colombia es de 1924—, y quienes lo leen con atención insisten en la profundidad ideológica que la imagen reducida del caudillo popular tiende a omitir. Articuló posiciones que combinaban un ideario socialista en lo económico, un liberalismo en lo político y una apelación a la movilización colectiva como táctica. Su liderazgo sobre sectores campesinos, obreros y de pequeños propietarios quedó registrado en múltiples testimonios: no fue un demagogo sin doctrina, fue un político con doctrina que supo dirigirse al pueblo. La respuesta del sistema fue una persecución sistemática contra su movimiento —robos de cédulas, constreñimiento electoral, encarcelamiento sin causa, apaleamientos en municipios del centro del país— y, finalmente, el asesinato del 9 de abril de 1948.

El estallido que siguió mostró la escala del liderazgo caudillista de Gaitán. No fue solo el Bogotazo: hubo levantamientos en Barranquilla, Cartagena, Sincelejo y muchas otras ciudades, con una magnitud tal que algunos han propuesto llamarlo colombianazo. En la memoria de las víctimas y comunidades, el asesinato de Gaitán quedó como una de las grandes frustraciones políticas del siglo XX, el intento —logrado— de impedir que llegaran al poder quienes encarnaban intereses populares. Gaitán fue el caudillo civilista por excelencia: sin ejército propio, sin hacienda, sin región de origen que le fuese feudo, construyó su autoridad sobre la palabra, la organización y el vínculo directo con las multitudes urbanas. Que muriera antes de gobernar dejó abierta para siempre la pregunta sobre qué tipo de líder habría sido en el poder.

Gustavo Rojas Pinilla ofreció una respuesta parcial, y por otra vía. General tunjano llegado a la presidencia por el golpe del 13 de junio de 1953 con apoyo bipartidista, mantuvo continuidad cultural con sus antecesores conservadores: sostuvo el culto a la "civilización cristiana" y a la "España eterna" y mantuvo relaciones entusiastas con la España franquista. Su gobierno fue caracterizado como dictadura por el primer régimen del Frente Nacional y por la oligarquía que le retiró el apoyo, y en enero de 1959 —pocos días después de la huida de Fulgencio Batista de Cuba— fue llevado a juicio ante el Congreso por delitos supuestamente cometidos durante su mandato, en un proceso mediatizado cuyo propósito era también el "lavado de pecados" del nuevo régimen y sacarlo del juego electoral.

Pero Rojas no se resignó. Su popularidad entre sectores populares —alimentada en parte por las acciones asistencialistas de su hija María Eugenia Rojas, que repartía alimentos, ropa y juguetes a los pobres— le permitió construir la Alianza Nacional Popular, la ANAPO, concebida como tercer partido destinado a romper la hegemonía bipartidista liberal-conservadora del Frente Nacional. En las elecciones del 19 de abril de 1970 muchos analistas sostienen que Rojas ganó, pero el ministro del interior proclamó presidente al conservador Misael Pastrana Borrero tras un apagón masivo de origen sospechoso. Ese presunto fraude fue leído por la izquierda como prueba del carácter cerrado del sistema; un grupo guerrillero adoptó la fecha como nombre —el M-19— para llamar la atención sobre el episodio. El caudillo derrotado por la vía electoral produjo, sin proponérselo, una guerrilla urbana.

Ya en 1971 se especulaba sobre los efectos entrelazados de las movilizaciones lopistas, gaitanistas y anapistas sobre la Violencia, el Frente Nacional y las crisis políticas subsiguientes. La lectura es sugerente: el caudillismo civilista del siglo XX no fue una anomalía, sino la forma que tomó la lógica caudillista cuando la sociedad se urbanizó, la política se hizo de masas y los partidos tradicionales cerraron el sistema. El Frente Nacional, con su alternancia pactada entre liberales y conservadores, produjo una pérdida del sentimiento de pertenencia partidista que motivó la proliferación de prácticas clientelistas, y la burocracia estatal pasó a cumplir la función de reproducción electoral del sistema. Sobre esa desafección creció la ANAPO, y sobre las frustraciones de la ANAPO creció después la política de irrupciones carismáticas.

Huella y persistencia

Colombia ha llegado al siglo XXI con la lógica caudillista desplazada, pero no extinguida. El liderazgo de Álvaro Uribe Vélez condensa la forma que adoptó esa lógica en la nueva escala. La condición de posibilidad fue una crisis convergente: partidos tradicionales agotados como referente de identidad política, un Estado que había cedido porciones enteras del territorio al control de guerrillas y ejércitos privados, y un ciudadano medio que percibía las instituciones como incapaces de garantizar lo mínimo. En ese vacío, la referencia colectiva se concentró en la figura del líder que prometía restablecer el orden por decisión personal, y no por procedimiento institucional. El molde es exactamente el del siglo XIX: el caudillo que emerge donde la mediación ha colapsado, canaliza expectativas de autoridad, se convierte en árbitro ideológico y desplaza a los partidos como principio de lealtad política. Los mecanismos, en cambio, son otros: la televisión y las redes reemplazaron a la plaza y al caballo; los consejos comunitarios semanales, transmitidos en directo, cumplieron la función que en el XIX cumplía la aparición del general al frente de la tropa; el alineamiento internacional —Colombia fue el único país de América Latina que declaró apoyo al gobierno de George W. Bush en la guerra contra Irak— hizo las veces de la vieja política de alianzas entre caudillos vecinos. Y en el terreno propiamente político, la reforma que permitió la reelección presidencial inmediata en 2005 —el único momento del siglo XX o XXI en que se logró vulnerar el veto histórico a la continuidad personal en el poder— muestra hasta qué punto el magnetismo del líder puede reconfigurar, sobre la marcha, el marco constitucional. Nada de esto es dictadura: todo esto es caudillismo, en su versión mediática y jurídicamente asimilable. La operación de fondo no es la ruptura de la legalidad, sino su adaptación a la voluntad del jefe.

El uso extensivo de la legislación de estado de sitio por parte del ejecutivo colombiano durante la segunda mitad del siglo XX señala un límite significativo a la democracia formal, y contrasta con la imagen de Colombia como país que evitó el autoritarismo militar característico de otros latinoamericanos. La estabilidad constitucional colombiana ha convivido siempre con un ejercicio del poder que integra excepcionalidad, discrecionalidad y personalismo. El caudillismo nunca desapareció: se hizo compatible con las formas constitucionales. La excepción se administra desde el palacio, y la personalización del mando se ejerce mediante decretos, alocuciones y facultades extraordinarias que ningún caudillo del XIX habría desdeñado.

Mirar hacia atrás con esta clave permite reordenar la historia. El siglo XIX colombiano se caracterizó por la fragmentación regional de las clases dominantes y por sus divisiones político-religiosas; los conflictos involucraron tensiones entre élites y grupos campesinos, entre mayorías conservadoras y minorías liberales, entre proyectos centralistas y federalistas. Sobre ese tablero, los caudillos —Mosquera, Arboleda, Nieto, Uribe Uribe, Herrera— operaron siempre dentro de estructuras partidistas y regionales que los excedían. No fueron los partidos los que los domesticaron desde arriba: fue el mapa estructural del país el que impidió que ninguno se elevara lo suficiente como para escapar de él. La hacienda, el gamonal, la provincia leal antes que la nación abstracta, la Iglesia local, el ejército privado del terrateniente: esa arquitectura no producía dictadores nacionales, producía centenares de pequeños patrones cuyo poder sumado hacía innecesario —e imposible— el poder de uno solo.

Por eso el caudillismo colombiano no es una etapa superada sino una gramática persistente. El gamonal decimonónico, el jefe político municipal del Frente Nacional, el paramilitar convertido en elector, el político local que en 2014 seguía siendo el intermediario indispensable entre el votante rural y el Estado, el líder mediático capaz de mover millones de votos por lealtad personal antes que por programa: todos pertenecen a la misma familia. La lógica cambió de traje: ya no hay caballos ni proclamas heroicas, hay contratos, cargos, votos y transmisiones en vivo. Pero la operación de fondo es la misma: entre el ciudadano y el Estado hay siempre un mediador armado —de fusiles, de burocracia, de dinero, de audiencia— sin el cual el Estado no llega y el ciudadano no cuenta.

Entender el caudillismo en Colombia es, entonces, entender por qué el país tuvo tanta guerra y tan poca dictadura, tanta constitución y tan poco Estado, tanto partido y tan poca ciudadanía. La figura del caudillo iluminó ese sistema mientras existió; su desaparición como personaje visible, lejos de significar el fin del sistema, marcó su paso a la clandestinidad institucional y, después, su reaparición en clave mediática. La historia del caudillismo colombiano no termina con Uribe Uribe ni con Rojas Pinilla, y no terminará tampoco con el liderazgo mediático contemporáneo: termina —si termina— el día en que el ciudadano pueda relacionarse con el Estado sin necesidad de un intermediario personal. Ese día no ha llegado.

04

En el archivo

166 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Prehispánicoantes de 14991
  1. 1500NemequeneFicha
02Conquista1499–15998
  1. 1499Primeras expediciones al Caribe y fundación de Santa María la Antigua del Darién (1499–1510)Hecho
  2. 1513Vasco Núñez de BalboaFicha
  3. 1514Pedrarias DávilaFicha
  4. 1538Gonzalo Jiménez de QuesadaFicha
  5. 1539El policentrismo fundacional de la Nueva GranadaPregunta
  6. 1541Expedición de Hernán Pérez de Quesada a El Dorado por los Llanos (1541-1543)Hecho
  7. 1549Establecimiento de la Real Audiencia de SantaféHecho
  8. 1580CalarcáFicha
03Pre-independencia1780–18093
  1. 1781Juan Francisco BerbeoFicha
  2. 1793Antonio NariñoFicha
  3. 1810Antonio Amar y BorbónFicha
04Independencia1810–183150
  1. 1808Crisis juntista y 20 de julio de 1810Hecho
  2. 1810Independencia (1810–1831)Época
  3. 1810José Acevedo y GómezFicha
  4. 1810Patria Boba: federalismo, centralismo y primeras repúblicas (1810–1816)Hecho
  5. 1810Soberanía popularFicha
  6. 1811José María García de ToledoFicha
  7. 1811La Primera República de Cartagena (1811–1815)Hecho
  8. 1811Pedro RomeroFicha
  9. 1812Antonio BarayaFicha
  10. 1812La Patria BobaPregunta
  11. 1813Economía de guerra republicana: préstamos forzosos, papel moneda y expropiación (1813-1819)Hecho
  12. 1813El vuelco llanero: de Boves realista a Páez republicanoHecho
  13. 1813Guerra a MuerteFicha
  14. 1813Realismo pastuso y lealtad popular al rey (1813-1824)Hecho
  15. 1815La Reconquista española y el Régimen del Terror (1815–1819)Hecho
  16. 1815Pardos, Haití y la dimensión afro de la independencia (1815–1821)Hecho
  17. 1815Realismo popularFicha
  18. 1816José Fernández MadridFicha
  19. 1816La Campaña Libertadora de 1819Hecho
  20. 1816La ReconquistaFicha
  21. 1816Pablo MorilloFicha
  22. 1817Agustín AgualongoFicha
  23. 1817Ejecuciones de Piar (1817) y Padilla (1828): el techo racial de la repúblicaHecho
  24. 1819Arte e iconografía de la Independencia colombianaPregunta
  25. 1819Campaña Libertadora y Batalla de Boyacá (1819)Hecho
  26. 1819Constitución de Cúcuta y fundación de la Gran ColombiaHecho
  27. 1819Simón BolívarFicha
  28. 1820José Antonio PáezFicha
  29. 1820La prensa y la Gran ColombiaPregunta
  30. 1821Francisco de Paula SantanderFicha
  31. 1821Gran ColombiaFicha
  32. 1821Ley de Haberes Militares de 1821Hecho
  33. 1821Mariano MontillaFicha
  34. 1821Pedro GualFicha
  35. 1822Campañas del Sur: Pasto, Quito y Ayacucho (1822–1824)Hecho
  36. 1822Deuda externaFicha
  37. 1822Manuela SáenzFicha
  38. 1825Antonio José de SucreFicha
  39. 1825Las reformas santanderistas y el benthamismo (1825–1828)Hecho
  40. 1825Reconocimiento diplomáticoFicha
  41. 1825Vicente AzueroFicha
  42. 1826El fracaso del proyecto bolivariano: Gran Colombia y Congreso de PanamáPregunta
  43. 1826La Cosiata, la Convención de Ocaña y la crisis de la Gran Colombia (1826–1828)Hecho
  44. 1826Prohibición bolivariana de Bentham y guerra cultural sobre el currículo (1828)Hecho
  45. 1828Conspiración Septembrina de 1828Hecho
  46. 1828La fractura Bolívar-Santander y el origen del bipartidismo colombianoPregunta
  47. 1828PardocraciaFicha
  48. 1829Disolución de la Gran ColombiaHecho
  49. 1830La Gran ColombiaPregunta
  50. 1830Rafael UrdanetaFicha
05Nueva Granada1831–186223
  1. 1831Fundación de la República de la Nueva Granada y administración Santander (1832–1837)Hecho
  2. 1831República de la Nueva Granada (1831–1862)Época
  3. 1834Lino de Pombo O'DonnellFicha
  4. 1839Guerra de los SupremosHecho
  5. 1839José Ignacio de MárquezFicha
  6. 1839Resistencia pastusa a la supresión de conventos menores (1839-1842)Hecho
  7. 1843Constitución de 1843 y giro librecambista conservador (1843–1848)Hecho
  8. 1843Pedro Alcántara HerránFicha
  9. 1845Ezequiel RojasFicha
  10. 1845Julio ArboledaFicha
  11. 1847El golpe de José María Melo y la revolución de los artesanos (1854)Hecho
  12. 1847Florentino GonzálezFicha
  13. 1848Formación de los partidos Liberal y Conservador y elección de José Hilario López (1848–1850)Hecho
  14. 1849José Hilario LópezFicha
  15. 1849Mariano Ospina RodríguezFicha
  16. 1850Sociedades DemocráticasFicha
  17. 1851La guerra civil conservadora de 1851Hecho
  18. 1853La Constitución de 1853Hecho
  19. 1854José María MeloFicha
  20. 1855Federalización y Confederación Granadina (1855–1858)Hecho
  21. 1855Manuel María MallarinoFicha
  22. 1856Juan José Nieto GilFicha
  23. 1860La guerra civil de 1860-1862 y el triunfo de MosqueraHecho
06Estados Unidos de Colombia1863–188521
  1. 1861Juan José Nieto, primer presidente afrodescendiente de Colombia (1861)Hecho
  2. 1863Constitución de Rionegro y fundación de los Estados Unidos de ColombiaHecho
  3. 1863Estados SoberanosFicha
  4. 1863Estados Unidos de ColombiaÉpoca
  5. 1863Federalismo radicalFicha
  6. 1863Guerras civilesFicha
  7. 1863La Hegemonía del Olimpo Radical (1863–1885)Hecho
  8. 1863Soberanía estatalFicha
  9. 1867Caída de Mosquera y consolidación civilista (1867)Hecho
  10. 1867Santos AcostaFicha
  11. 1870Civilización-barbarieFicha
  12. 1870Salvador Camacho RoldánFicha
  13. 1875Culto bolivarianoFicha
  14. 1875Solón WilchesFicha
  15. 1876La Guerra de las Escuelas (1876-1877)Hecho
  16. 1878Julián Trujillo LargachaFicha
  17. 1880Primera presidencia de Rafael Núñez (1880-1882)Hecho
  18. 1884Guerra civil de 1884-1885 y fin del federalismo radicalHecho
  19. 1885El federalismo radical y la RegeneraciónPregunta
  20. 1885Las guerras civiles colombianas de 1863–1903Pregunta
  21. 1886Eliseo PayánFicha
07Regeneración1886–192918
  1. 1886Miguel Antonio CaroFicha
  2. 1890Carlos Holguín MallarinoFicha
  3. 1899Guerra civilFicha
  4. 1899Guerra de los Mil Días (1899–1902)Hecho
  5. 1899Manuel Antonio SanclementeFicha
  6. 1900Golpe palaciego de Marroquín contra Sanclemente (1900)Hecho
  7. 1900Rafael Uribe UribeFicha
  8. 1902Benjamín HerreraFicha
  9. 1902José Manuel MarroquínFicha
  10. 1904El Quinquenio de Rafael Reyes (1904–1909)Hecho
  11. 1905Fragmentación territorial en 34 departamentos bajo el Quinquenio de Reyes (1905-1908)Hecho
  12. 1906Rafael ReyesFicha
  13. 1909Caída de Rafael Reyes y jornadas cívicas contra los tratados con Estados Unidos (1909)Hecho
  14. 1909Jorge Holguín MallarinoFicha
  15. 1910Alfredo Vásquez CoboFicha
  16. 1910La Reforma Constitucional de 1910 y la Unión RepublicanaHecho
  17. 1918Marco Fidel SuárezFicha
  18. 1930Enrique Olaya HerreraFicha
08República Liberal1930–19464
  1. 1930Emergencia de Gaitán y del gaitanismo popular (1930–1942)Hecho
  2. 1938Silvio VillegasFicha
  3. 1945Elecciones de 1946 y retorno conservadorHecho
  4. 1946Gabriel Turbay AbunaderFicha
09La Violencia1946–195710
  1. 1948El asesinato de Gaitán y el BogotazoHecho
  2. 1948Eliseo Velásquez RodríguezFicha
  3. 1948Juan Roa SierraFicha
  4. 1952Gerardo Loaiza AldanaFicha
  5. 1952Guadalupe Salcedo UndaFicha
  6. 1952Roberto Urdaneta ArbeláezFicha
  7. 1953Gilberto Alzate AvendañoFicha
  8. 1953Gustavo Rojas PinillaFicha
  9. 1953La dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957)Pregunta
  10. 1956Pactos de Benidorm y Sitges: gestación del Frente NacionalHecho
10Frente Nacional1958–19744
  1. 1956Pacto de Sitges y fundación del Frente Nacional (1957–1958)Hecho
  2. 1968Carlos Lleras RestrepoFicha
  3. 1970ANAPO (Alianza Nacional Popular)Ficha
  4. 1970Fraude electoralFicha
11Transversal23
  1. 1539Plaza de BolívarFicha
  2. 1800Valle del PatíaFicha
  3. 1810Mito fundacionalFicha
  4. 1810SoberaníaFicha
  5. 1820CaracasFicha
  6. 1822Argentina en la historia de ColombiaFicha
  7. 1828OcañaFicha
  8. 1830BolivarianismoFicha
  9. 1840José María ObandoFicha
  10. 1845Tomás Cipriano de MosqueraFicha
  11. 1849BipartidismoFicha
  12. 1861José María SamperFicha
  13. 1867Jorge IsaacsFicha
  14. 1886El panteón heroico colombianoPregunta
  15. 1886Fragmentación territorial de Colombia: ¿destino geográfico o decisión de élite?Pregunta
  16. 1886Identidad nacionalFicha
  17. 1900GamonalismoFicha
  18. 1910Guillermo ValenciaFicha
  19. 1944Darío EchandíaFicha
  20. 1948PopulismoFicha
  21. 1950Laureano GómezFicha
  22. 1970María Eugenia RojasFicha
  23. 1991Horacio SerpaFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Tomás Cipriano de Mosquera — caudillo regional del Cauca, figura más cercana al caudillo hispanoamericano clásico en Colombia, líder de la guerra civil de 1860–1862
  2. 02Gamonalismo — expresión local del caudillismo, articulada en redes hacendiles que mediaban entre comunidades locales y el Estado central
  3. 03Bipartidismo — estructura dentro de la cual el caudillismo colombiano se domesticó y sobrevivió mutado, convirtiendo a los caudillos en jefes faccionales de partido
  4. 04Rafael Núñez — figura que encarna la transición del caudillo armado al político civil autoritario durante la Regeneración (1878–1900)
  5. 05Clientelismo — forma de supervivencia y mutación del caudillismo, desde las redes hacendiles del siglo XIX hasta el clientelismo armado documentado entre 1988 y 2006
  6. 06Juan José Nieto — figura debatida historiográficamente como caudillo del Caribe colombiano, cuyo caso ilustra los bordes borrosos del concepto en Colombia
06

Documentos y fragmentos citados

46 documentos · 59 fragmentos

01Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 53, 572 citas
[1]

de vida de inestabilidad de la época. La anarquia se presenta como un problema de ajuste en la sociedad; un problema que revela la transicién hacia otra vida politica y socio-econé- mica de las nuevas naciones. La adaptacion del demoliberalismo a la realidad latinoamericana se presenta también como otro factor de…

p. 57
[19]

en la vida nacional. Por ejemplo, la region de Santander en las antiguas provincias de Socorro y Pamplona, se revela como un area mer- cantil de pequenos comerciantes, artesanos y agri- cultores, en su mayoria blancos y mestizos; es una region de intensa vida urbana y un relativo desarro- llo econémico. En la regi6n…

p. 53
02Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 293, 3132 citas
[2]

u e r t o ' ', me dije- ron algunos. TEORÍA DEL CAUDILLISMO 150B Que Nieto llegó a set un auténtico caudillo y no un caudillejo provincial ni un simple gamonal o cacique, a pesar de su someti- miento a los procedimientos legales y al ' 'veredicto popular'', lo demuestran sus campañas militares, y el control que tuvo…

p. 293
[20]

los enemigos. No había casi escapatoria. Quizás el único escape era coger para el monte a traba- jar, donde no hubiera tanta politiquería ni tanta guerra, como habíamos hecho por Guataca hacia veinte años Pero la politiquería se iba extendiendo con nosotros. como el petróleo sobre el agua. Al llegar a Mompox, recibí…

p. 313
03Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 275, 2872 citas
[3]

la palabra todo lo que se resistía a los caracteres tradicionales y racionales del poder. Basado en lo afectivo y en la fascinación emocional de las masas por un jefe, el carisma se desprende de categorías prelógicas e inexplicables de la atracción. Sobre este tema, el sociólogo no dejó lugar a dudas: Debe entenderse…

p. 275
[8]

llamado de la reconquista: id.. La reconquista española, contribución de las guerrillas a la campaña libertadora 1817-1819, Bogotá. Ediciones Lerner, 1967, t. 2 (Historia extensa de Colombia, vol. VI). Véase la descripción de las guerrillas colombianas en Eduardo PÉREZ O., Guerra irregular... pp. 169 sq. y el mapa de…

p. 287
04Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 275, 2872 citas
[4]

la palabra todo lo que se resistía a los caracteres tradicionales y racionales del poder. Basado en lo afectivo y en la fascinación emocional de las masas por un jefe, el carisma se desprende de categorías prelógicas e inexplicables de la atracción. Sobre este tema, el sociólogo no dejó lugar a dudas: Debe entenderse…

p. 275
[9]

llamado de la reconquista: id.. La reconquista española, contribución de las guerrillas a la campaña libertadora 1817-1819, Bogotá. Ediciones Lerner, 1967, t. 2 (Historia extensa de Colombia, vol. VI). Véase la descripción de las guerrillas colombianas en Eduardo PÉREZ O., Guerra irregular... pp. 169 sq. y el mapa de…

p. 287
05Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 3331 cita
[5]

San Juan del César, each claiming loyalty to Santander (Los Riohacheros defensores,  April ). . Bell, Política, políticos, . . On the growth of Barranquilla, see Nichols, Tres puertos, –, –, and Posada-Carbó, Colombian Caribbean, –. . Lynch, Caudillos, –, –. . Walker, Smoldering…

p. 333
06Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 3331 cita
[6]

San Juan del César, each claiming loyalty to Santander (Los Riohacheros defensores,  April ). . Bell, Política, políticos, . . On the growth of Barranquilla, see Nichols, Tres puertos, –, –, and Posada-Carbó, Colombian Caribbean, –. . Lynch, Caudillos, –, –. . Walker, Smoldering…

p. 333
07Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 971 cita
[7]

Samper el periodo republicano de me- diados de siglo: «Faltos de una verdadera educación y tradición de hombres de gobierno y de auténtico sentido político, los hombres de la Independencia se plantearon programas basados en ideas absolutas, de autoridad fuerte los unos, de libertades absolutas los otros. Veían el…

p. 97
08Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 661 cita
[10]

the civil war fought between 1830 and 1831. The territory that Gran Colombia called Cundinamarca be- came the Republic of New Granada. Following Simón Bolívar’s resignation of the presidency in May 1830 and his death in December of that year, Rafael Urdaneta assumed leadership of New Granada’s national military and…

p. 66
09Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 362 citas
[11]

set of liberal politi cal institutions. Except for the War of the Supremes (1839–41), up to midcentury it established a record of out- ward stability superior to that of most of Latin America. Yet the political framework directly touched the lives and affairs of only a small minority of the people. Even among those…

p. 36
[12]

set of liberal politi cal institutions. Except for the War of the Supremes (1839–41), up to midcentury it established a record of out- ward stability superior to that of most of Latin America. Yet the political framework directly touched the lives and affairs of only a small minority of the people. Even among those…

p. 36
10Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 331 cita
[13]

Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…

p. 33
11El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 23, 854 citas
[14]

hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…

p. 23
[15]

hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…

p. 23
[53]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
[54]

uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…

p. 85
12Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 141 cita
[16]

2 The deathblow to this relatively prosperous colonial province came with the War of Independence (1810–1821), when patriot soldiers raided the Llanos missions, recruiting the natives to fight against the royalists and sacking the churches. The clergy who stayed at their posts received neither subsidies nor military…

p. 14
13Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 912 citas
[17]

las pe- queñas manufacturas de lana, que antes se alimentaban de los vellones de ovejas que desaparecieron, su población diezmada, multitud de fusilados, mujeres vio- ladas y ranchos quemados". (Restrepo, vol. V, p. 138). En el Llano, cuando las tropas fueron licenciadas en 1824, los hombres "se encontraron sin hogar…

p. 91
[18]

las pe- queñas manufacturas de lana, que antes se alimentaban de los vellones de ovejas que desaparecieron, su población diezmada, multitud de fusilados, mujeres vio- ladas y ranchos quemados". (Restrepo, vol. V, p. 138). En el Llano, cuando las tropas fueron licenciadas en 1824, los hombres "se encontraron sin hogar…

p. 91
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1391 cita
[21]

práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…

p. 139
15Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1891 cita
[22]

extranjeros y la libertad de pren - sa (Restrepo, 1963). Se trataba entonces del sector de la élite que avi - zoraba realmente la instalación de las políticas que dejarían atrás el viejo régimen que predominaba camuflado en el orden republicano. Nos encontramos así en un proceso que enfrentaba la necesidad de disolver…

p. 189
16Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 68, 1142 citas
[23]

mas derramamientos de sangre. Acortadas en las «conferencias extra-ofi- ciales de Santa Ana», en diciembre de 1860, las ba- ses para un entendimiento entre las partes en con- flicto, Ospina las rechaz6 de plano, a pesar de que «Santander estaba literalmente ahogado en sangre; Obando combatia en el sur, entre Popayan y…

p. 68
[30]

anterior cuadro de Roberto Pizano titulado «Misa en el pueblo». El sentir religioso era muy fuerte entre el pueblo colombiano, y haciéndose eco del mismo el partido conservador basé uno de sus principios en la defensa de la moral cristiana y en la lucha contra el ateismo. A la derecha, el notable estadista Rafael…

p. 114
17Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 791 cita
[24]

que tanto bien hizo a la nación bajo la orienta- ción del italiano Agustín Codazzi; se firmó el contrato definitivo para la construcción del fe- rrocarril de Panamá. Como se indicó en otro lugar, el partido conservador, teniendo de fondo el disgusto por la autoderrota del 7 de marzo, decidió iniciar un movimiento…

p. 79
18When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 493 citas
[25]

need their insurance policy. Domingo Caicedo came by his reputation} as he did his wealth and status} by inheritance. His father} Luis} was revered by his peons as a generous and magnanimous patron. Seeing the need for formal gov- ernmental structure in the territory encompassed by his hacienda tlContreras/' he…

p. 49
[26]

need their insurance policy. Domingo Caicedo came by his reputation} as he did his wealth and status} by inheritance. His father} Luis} was revered by his peons as a generous and magnanimous patron. Seeing the need for formal gov- ernmental structure in the territory encompassed by his hacienda tlContreras/' he…

p. 49
[27]

need their insurance policy. Domingo Caicedo came by his reputation} as he did his wealth and status} by inheritance. His father} Luis} was revered by his peons as a generous and magnanimous patron. Seeing the need for formal gov- ernmental structure in the territory encompassed by his hacienda tlContreras/' he…

p. 49
19When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 341 cita
[28]

time. He died in 1843 while on his way back to ttSaldafia/' and was universally mourned in New Granada. Urbane} widely traveled} and more a civilian than a military leader} Caicedo was hardly the prototypical caudillo. His career is outlined here principally because it provides insight into the workings of tolimense…

p. 34
20Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1161 cita
[29]

and immedi- ately raised his spirits. He gave his visitor heartening moral support for the expedition he was preparing and substantial material help in the form of six thousand rifles, munitions, supplies, naval transport and a sizeable sum of money. All this in return only for the promise that the Liberator would…

p. 116
21Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 721 cita
[31]

their efforts to fortify their electoral bases and gain control of the government. The first stage of party development corresponds with the caucus- cadre model, which was embedded in what Katz and Mair refer to as '... the liberal regime censitaire ofthe late nineteenth and early twen- tieth centuries, with its…

p. 72
22El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 4631 cita
[32]

caudillismo, individualismo, localismo, pobreza y falta de complejidad económica, etcétera) una organización constitucional basada en un Estado débil, de funciones re- ducidas, tal como la preconizaba el liberalismo ortodoxo, no hacía sino intensificar la inestabilidad 310. Cuando con raza, tal como una explicación…

p. 463
23Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 170, 1972 citas
[33]

por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…

p. 170
[40]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
24The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 2351 cita
[34]

"Colombia," pp. 102—124. 22. The Colombian term gamonal is roughly equivalent to cacique in other Latin Amer- ican countries; it means a political boss at the local or regional level. On the pattern of bipartisan politics during the nineteenth century, see P. Oquist, Violence, pp. 59-62. 23. For a general discussion…

p. 235
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[35]

gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…

p. 49
26La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 851 cita
[36]

embargo, las redes cliente- lares en Colombia no son homogéneas, pues en la práctica el clien- telismo se adapta a los diferentes retos que le implanta el sistema político. En ese orden de ideas, en este apartados se muestran las diferentes manifestaciones históricas en las que se ha representa- do el sistema político…

p. 85
27La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 3831 cita
[37]

familias más importantes y poderosas del suroccidente colombiano. Gracias a este tipo de vínculos, Arroyo fue elegido varias veces senador, diputado en la Cámara de la provincia de Popayán y su presidente; fue ministro de la Suprema Corte entre 1831 y 1832, y además recibió votos en las elecciones de presidente de…

p. 383
28El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 2491 cita
[38]

la siguiente manera: 256 a. El contenido de las transacciones pol í ticas en las sociedades divididas en clases, conduce a una instrumentalizaci ó n de quienes se hallan desprovistos del poder. b. El clientelismo es una forma de negociaci ó n, mediante la cual, las clases dominantes distribuyen los bienes y servicios…

p. 249
29Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2321 cita
[39]

evidencia muestra es que la forma como la dirigencia nacional gobierna el país es a través de toda una red de intercambios clientelistas a lo largo del territorio nacional que tienen como material de cambio el acceso a las rentas de la corrupción. Los intercambios incluyen también a la justicia, a todo nivel, desde…

p. 232
30¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[41]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
31El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[42]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
32Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[43]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
33Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 781 cita
[44]

one cannot escape the fact that the political system established after independence was prone to intermittent breakdowns in which presidents were seldom overthrown but people were killed and resources wasted. The ability of Colombians to avoid the bouts of military dictatorship so common in other parts of Spanish…

p. 78
34¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 901 cita
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continuar, estallaron guerras intestinas que han marcado la pauta de la vida nacional hasta el presente. No eran propiamente guerras regionales, sino intrarregionales, entre las élites y los grupos campesinos, entre una mayoría conservadora y una minoría liberal que pretendía, al menos en el papel, a punta de leyes,…

p. 90
35Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 1991 cita
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desaparición privó a la patria del prohombre civil que habría represen- tado en el Norte de América del Sur el sentimiento cívico y la supremacía de ideas que en las afortunadas regiones del Plata tuvo su culminación en la personalidad de Riva- davia. Concedió el hado al argentino lo que al colom- biano negara, y de…

p. 199
36Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · p. 151 cita
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técnica riñe con el desarrollo orgánico de un plan de temas. Acercarse a Las ideas socialistas en Colombia es poder ir al texto mismo de lo escrito por Gaitán a los 21 años. Es poder descubrir la forma como estructuraba su pensamiento y el orden del sentido que a sus ideas le daba a través de una formación filosófica…

p. 15
37No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 cita
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(1920-1958) 53 Los testimonios recogidos en comunidades por la Comisión de la Verdad permiten afirmar que efectivamente Gaitán y su movimiento, que incluía a sectores campesinos, obreros y pequeños propietarios, fueron objeto de una persecución implacable en varios de los municipios del centro del país. El asesinato…

p. 53
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 501 cita
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1982. formaciones y conflictividades propias del mundo urbano en colombia 51 menesteres denigrantes» 78. Un año después, en febrero de 1946, en Anapoima el perso- nero municipal ordenó «retirar [de su] trabajo a todo el personal Gaitanista» 79. El 20 de marzo de 1947, en Icononzo, Juan de la Cruz Varela 80 dirigió a…

p. 50
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 561 cita
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a López Pumarejo en su segunda administración 103 Murad y Fondo de Población de las Naciones Unidas, Estudio sobre la distribución espacial de la población en Colombia. 104 Archivo Gaitán. Gloria Gaitán abrió las puertas del archivo a la Comisión para hacer una búsqueda de documentos relacionados con este asunto en…

p. 56
40Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 781 cita
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pero la gente se acuerda de las cosas, las cosas. Y el pueblo lo que más recuerda del gobierno de Rojas fue lo que hizo su hija María Eugenia. Ella les repartía alimentos a los po bres, ropa, les regalaba en Navidad juguetes a los niños, ayudaba a los ancianos. Eso no iba a cambiar la estructura del Estado, obvio.…

p. 78
41Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3741 cita
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Gustavo Humb erto Rodríguez, 0/ay a H errera: político, estadista, caudillo, Bogotá, 1979; Eduardo Z uleta Ángel, El presidente Ló pe z, Mede- llín, 1968 y Richard E. Sharplcss, •Gaitán o[Co/ombia: A Política/ Biograp~y, Pittsburgh, 1978. En su Estudio sohre las tmdencias ideológi c as de/libe ralismo en Col o mbia,…

p. 374
42Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 831 cita
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caravana de camiones cargados con explosivos, que había sido estacionada en una populosa zona de la ciudad de Cali. El general Rojas trató de desprestigiar a los comunistas y, al mismo tiempo, ocultar la irres- ponsabilidad del gobierno, que no ha- bía tomado las más mínimas medidas de seguridad, como se demostró en…

p. 83
43Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 591 cita
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ANAPO). Rojas Pinilla’s dream of returning to power was denied, however. Many analysts con- tend that Rojas was the winner of the presidential elections of April 19, 1970, but the minister of the interior named Conservative Misael Pastrana Borrero the new president after a suspiciously timed massive power outage.…

p. 59
44Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · p. 1131 cita
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regiones del pais. 0/er anexo 1 matriz con el total de los candidatos). El siguiente mapa muestra la distribucion geografica de estos candidatos. 237. Cita en Avila, Ariel. 2012. 229 Mapa de candidatos con nexos ilegales por departamentos. Senado 2014 leyenda Candidatos criminalizados IZ2'.J 0 m 1-2 1111111 3-4…

p. 113
45Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 411 cita
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del sentimiento de pertenencia al partido político, y la capacidad cohesionadora que ello implicaba, motivaron un cambio de estrategia en los partidos. La modorra de las ma- sas fue enfrentada con la proliferación de las viejas prácticas clientelistas. En estas nuevas circunstancias, la burocracia del Estado pasó a…

p. 41
46Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 171 cita
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colombiano siendo el único en América Latina y con tres más en el mundo, que declara al lado del gobierno Bush que le declara la guerra a Irak. Como es obvio que no todas las características del modelo, ni todos los resultados tienen que ser malos, pero conociendo las características fundamentales del modelo, la…

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