La Primera República de Cartagena (1811–1815)
El 11 de noviembre de 1811, Cartagena de Indias se declaró Estado libre, soberano e independiente, convirtiéndose en la primera provincia neogranadina en romper absolutamente con España. Durante cuatro años ensayó una república federalista, portuaria y pluriétnica que incorporó a pardos y mulatos al campo independentista, hasta caer ante las tropas de Pablo Morillo en diciembre de 1815.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 11 de noviembre de 1811 – 6 de diciembre de 1815
- Dónde
- Mompox, Riohacha, Nueva Granada, Cartagena de Indias, Santa Marta, Santa Fe de Bogotá, Jamaica, Haití
- Protagonistas
- José María García de Toledo, Pedro Romero, Pedro Gual, Simón Bolívar, Pablo Morillo, José Padilla, Camilo Torres, Gabriel Gutiérrez de Piñeres, Germán Gutiérrez de Piñeres, Manuel del Castillo, Ignacio Muñoz, Antonio José de Ayos
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La crisis de la monarquía española tras las abdicaciones de Bayona de 1808 abrió el ciclo juntista americano y legitimó la idea de que la soberanía había regresado al pueblo, disolviendo la autoridad colonial en Cartagena.
- La composición demográfica del puerto —mayoría de castas, pardos libres, artesanos y tropas del Regimiento Fijo concentrados en Getsemaní— creó una base popular movilizable que los piñeristas canalizaron políticamente.
- La presión directa de comisionados del pueblo el 11 de noviembre de 1811, que irrumpieron en la sesión de la junta con exigencias concretas —independencia absoluta, división de poderes, supresión de la Inquisición, cargos para americanos—, forzó la declaración inmediata.
- La rivalidad entre la facción piñerista, dispuesta a apoyarse en los pardos y a plantear la igualdad racial, y la facción toledista, más conservadora del orden social, radicalizó el proceso al obligar a cada bando a buscar aliados más allá de la élite criolla.
- Los vínculos comerciales y geográficos del Caribe neogranadino con Jamaica y Haití, y la experiencia militar de la población parda libre, dotaron a Cartagena de recursos humanos y navales para sostener un Estado independiente orientado al mar.
Consecuencias
- La declaración del 11 de noviembre de 1811 fue la primera ruptura absoluta con España en la Nueva Granada, anticipando en semanas la constitución de las Provincias Unidas del 27 de noviembre y estableciendo el modelo de soberanía provincial plena.
- La Constitución del Estado de Cartagena del 14 de junio de 1812 proclamó la igualdad formal de virtudes y talentos sobre privilegios de clase o condición, sentando un precedente para las constituciones republicanas posteriores, incluida la de Colombia de 1821.
- La incorporación de pardos y mulatos al ejército y a la vida política generó el debate sobre la 'pardocracia', que las élites criollas blancas utilizarían durante todo el siglo XIX para limitar el ascenso político y militar de los afrodescendientes.
- La narrativa patriótica criolla posterior borró la participación de las clases bajas en la independencia, reescribiendo a los afrodescendientes patriotas como bandidos alborotadores y sentando el molde ideológico del racismo republicano colombiano.
- El sitio de Bolívar a la propia Cartagena patriota en 1815 y el abandono posterior dejaron a la ciudad sin recursos para resistir a Morillo; la caída del 6 de diciembre de 1815 inauguró el período más duro de la reconquista española en la Nueva Granada.
- La frustración del proyecto caribeño cartagenero —pluriétnico, federalista y marítimo— dejó sin representación política duradera a la costa atlántica en el Estado colombiano que emergió tras 1821, orientado hacia el interior andino.
La clave interpretativa
Por qué importa
La Primera República de Cartagena es el laboratorio más temprano y más radical de la independencia neogranadina: allí se ensayó la participación política de pardos y mulatos, se redactó la primera constitución con lenguaje igualitario explícito y se perfiló un modelo de república caribeña que el centralismo andino posterior clausuró. Su derrota no fue solo militar: la victoria de la narrativa toledista sobre la piñerista fijó el vocabulario con que las élites colombianas conjuraron durante generaciones el ascenso político de los afrodescendientes, convirtiendo a los patriotas negros en sospechosos y a la igualdad racial en amenaza. Estudiar este período permite rastrear el origen de las tensiones entre costa e interior, entre participación popular y república oligárquica, que recorren toda la historia colombiana del siglo XIX.
Desarrollo histórico
La historia completa
La Primera República de Cartagena
El 11 de noviembre de 1811, la provincia de Cartagena de Indias se declaró Estado libre, soberano e independiente, absuelto de toda sumisión, vasallaje y obediencia a la corona de España. Fue la primera ruptura absoluta con la metrópoli en la Nueva Granada, y ocurrió en un puerto caribeño de unos veinte mil habitantes donde las jerarquías coloniales de casta y color acababan de agrietarse. Durante cuatro años, entre esa declaración y la caída de la plaza ante las tropas de Pablo Morillo el 6 de diciembre de 1815, funcionó allí un ensayo republicano que combinó federalismo, comercio corsario, participación política de pardos y una fractura interna entre facciones criollas que terminaría siendo tan letal como el sitio realista. Su derrota abrió el año más negro de la revolución neogranadina y legó al siglo XIX el molde ideológico con que las élites conjurarían, una y otra vez, el fantasma de la pardocracia.
El puerto antes de la ruptura
Cartagena entró en la crisis del imperio siendo lo que había sido durante dos siglos: la principal plaza militar del Caribe hispánico, punto de entrada del comercio trasatlántico y sede de una burocracia colonial cuyos cuadros comerciales eran mayoritariamente peninsulares. Sus élites mercantiles vivían de cara al mar y a la metrópoli más que al interior neogranadino: los vínculos con Santa Fe pasaban por el río Magdalena y por Mompox, pero social y económicamente la distancia con Popayán o Antioquia era mayor que la que separaba a la ciudad de Cádiz o Kingston. Algunos comerciantes españoles habían tejido alianzas con familias criollas mediante matrimonio; otros permanecían como cuerpo distinto y visible, encapsulados en su condición peninsular y en el privilegio comercial que la corona les garantizaba.
La composición humana de la ciudad y de su hinterland no cabía en la nomenclatura estamental heredada. Junto a la élite blanca —criolla y peninsular— vivía una mayoría de castas: mestizos de origen africano, negros y mulatos libres, esclavizados, artesanos, matriculados de marina, tropas del Regimiento Fijo. El barrio de Getsemaní, arrabal extramuros pegado a la ciudad amurallada, concentraba esa población parda de oficios y armas, y funcionaba como un contrapeso demográfico y político a la ciudad de dentro. La costa atlántica —de Santa Marta a Riohacha, de Portobelo a Panamá— compartía esa demografía: un mundo de puertos, comercio, contrabando y trato con Jamaica y Haití donde la jerarquía de castas operaba con menos densidad ideológica que en las tierras altas.
Ese mundo era, además, un mundo con noticias frescas. La Revolución Haitiana había terminado en 1804 con la fundación de un Estado negro a pocos días de navegación. Las élites blancas del Caribe neogranadino miraban ese espejo con un temor que atravesaría todas sus decisiones políticas posteriores; algunas de las peores masacres del siglo XIX colombiano hunden su lógica en ese pánico originario. Al mismo tiempo, los pardos libres —soldados, artesanos, corsarios— disponían de una experiencia militar y organizativa que la coyuntura de 1810 iba a hacer visible.
De la Junta a la declaración absoluta
Cuando la crisis peninsular abrió el ciclo juntista americano, Cartagena no siguió al pie de la letra el guion de Santa Fe. El 22 de mayo de 1810 el cabildo depuso al gobernador español; en junio se sumó al proceso con una junta que, a diferencia de las cordilleranas, se apoyaba en un cuerpo urbano donde los pardos armados eran factor real. En diciembre de 1810, para formar la Junta Provincial, se invitó a participar a todos los vecinos libres —mestizos y castas incluidos, excepto esclavizados—, extendiendo el voto incluso a quienes no supieran leer ni escribir siempre que tuvieran casa poblada o fueran padres de familia con ingreso independiente. Fue una apertura sin precedentes: la jerarquía de castas, que durante la colonia había operado como una ideología naturalizada e invisible, se hizo de golpe visible y debatible.
Sobre esa base entró en escena el conflicto de facciones que definiría a la Primera República. De un lado, los toledistas, encabezados por José María García de Toledo, cuarentón, criollo rico, veterano de posiciones de prestigio, hombre de red familiar y patrimonio: sus adversarios los llamaban aristócratas. Del otro, los piñeristas, liderados por Gabriel Gutiérrez de Piñeres y su hermano Germán, criollos también adinerados pero más jóvenes, dispuestos a apoyarse en los pardos de Getsemaní y a plantear en voz alta el problema de la igualdad. La diferencia no era de clase entre los líderes —ambos venían de familias notables— sino de modelo social: hasta dónde y con quiénes se hacía la revolución.
El 4 de febrero de 1811 estalló una intentona contrarrevolucionaria que las propias autoridades patriotas atribuyeron, entre otros factores, a la honda división entre las dos facciones. A lo largo de ese año la tensión escaló. Los piñeristas conectaban con el vecindario de Getsemaní, con los soldados pardos del Fijo, con los matriculados y los corsarios. Los toledistas controlaban buena parte del cabildo y de la junta, y habían acumulado enemistades: la expedición militar enviada al mando del doctor Antonio José de Ayos contra el movimiento autonomista de Mompox dejó un rencor duradero en aquella villa ribereña, otro polo político del Caribe neogranadino.
La sesión del 11 de noviembre de 1811 se instaló en ese clima. Desde la plaza subieron al palacio de gobierno dos comisionados del pueblo, el doctor Ignacio Muñoz y el presbítero Omaña, con un pliego de exigencias populares: independencia inmediata y absoluta, división del gobierno en tres poderes, supresión del Tribunal de la Inquisición, entrega a los americanos de los cargos del Regimiento Fijo y del Consulado de Comercio, cesación de las represalias contra los momposinos y devolución al propio Omaña de unos fusiles incautados. La lista mezclaba agravios concretos con arquitectura constitucional, y su fuerza no venía de la abstracción sino de la calle armada que la respaldaba.
Bajo esa presión —piñeristas dentro, pueblo movilizado fuera— la junta declaró la independencia absoluta. El acta firmada esa tarde en el palacio de gobierno consignó que la provincia de Cartagena era, de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e independiente, absuelta de todo vínculo con la corona española. El documento se conserva hoy en el Museo Nacional de Bogotá. Fue la primera declaración absoluta de la Nueva Granada: mientras otras provincias todavía navegaban entre la fidelidad formal a Fernando VII y la autonomía práctica, Cartagena cortó el cordón.
Dieciséis días después, el 27 de noviembre, se firmó en Santa Fe el Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, inspirada en el federalismo que defendía Camilo Torres y que rechazaba toda autoridad emanada de España sin respaldo popular neogranadino. Cundinamarca, bajo Antonio Nariño, se negó a adherirse. La república comenzaba fracturada en dos planos: el que separaba a las provincias entre sí y el que dividía a cada provincia por dentro.
La república en construcción
El 14 de junio de 1812 el Estado de Cartagena sancionó su propia constitución. Era un texto de tono radical para su época: proclamaba que ningún hombre tendría título para obtener ventajas o privilegios sino por sus virtudes, talentos y servicios, y que el castigo no debía aplicarse jamás a la clase o a la condición. En el vocabulario de una sociedad de castas, esas dos frases eran una detonación. La carta cartagenera se inscribía además en el paisaje federal neogranadino, donde Antioquia había dado su constitución el 21 de marzo de ese mismo año, y donde Cundinamarca, con Nariño convertido en jefe del ejecutivo tras la renuncia de Jorge Tadeo Lozano, avanzaba en dirección centralista.
La vida política cotidiana se organizó en torno a esa constitución, a los reglamentos electorales sucesivos y a la actividad del puerto. El reglamento electoral de 1814 excluía del sufragio a quienes no tenían rentas ni trabajo propio y dependían de otros, a los que tuvieran causa criminal pendiente, a fatuos y sordomudos, y a quienes constara que habían comprado, vendido o solicitado votos. El censo levantado con esos criterios registró 9.927 personas con derecho a voto. Sumados los esclavizados y los excluidos por razones legales, la población total probablemente superaba los dieciséis mil habitantes; algunas estimaciones para 1810 la elevaban a veinticinco mil. Era una república pequeña, pero era una república.
Su economía y su capacidad militar reposaban sobre el mar. El Estado Soberano de Cartagena armó corsarios, con vínculos estrechos con la población negra y mulata libre de la ciudad. Los ingleses de Jamaica exigían, para permitirles circular, que al menos un tercio de la tripulación fuera natural del país; algunos capitanes extranjeros terminaron naturalizándose en Cartagena. Esa flotilla, con capitanes blancos al mando y tripulaciones pardas, cumplía tres funciones a la vez: fuerza naval, ingreso fiscal y símbolo de una república caribeña que hacía política con el Caribe entero. En los muelles se cargaban patentes de corso, se descargaban armas y noticias, y se anudaba una red comercial que iba de Kingston a Puerto Príncipe y a Filadelfia.
La constitución de 1812 no clausuró la disputa de facciones. La tendencia toledista, que en el clima de 1811 había cedido a la presión piñerista, comenzó a recomponerse. Sus voceros —García de Toledo, Ayos, y más tarde el historiador José Manuel Restrepo— construyeron el retrato de Gabriel Piñeres como demagogo peligroso que predicaba la igualdad a negros y mulatos y quería eliminar las jerarquías sociales. La palabra igualdad, aplicada al color, disparaba en las mentes moderadas el espectro de Saint-Domingue. Los pardos, entretanto, aprovechaban la revolución para avanzar socialmente y penetrar bastiones de privilegio, sobre todo el ejército. Uno de ellos, hijo de artesano, comenzaba una carrera naval que lo llevaría, años después, a llamarse José Padilla.
El proyecto caribeño y sus grietas
Lo que estaba en juego en Cartagena entre 1812 y 1814 excedía la lucha por cargos. La declaración absoluta, la constitución igualitaria, la marina corsaria, la conexión con Jamaica y Haití, el peso demográfico de los pardos libres perfilaban un proyecto: una república portuaria, pluriétnica y caribeña, con base en las castas armadas y en el comercio marítimo, orientada tanto o más hacia el mar que hacia el interior andino. Ese proyecto nunca se formuló como programa —los agravios concretos del 11 de noviembre revelan más una acumulación de urgencias que una visión articulada—, pero funcionaba en la práctica.
Sus grietas eran congénitas. La primera y más profunda fue el pánico racial de la élite criolla blanca. Frente a la movilización de pardos que los piñeristas habilitaban, los toledistas fueron construyendo una narrativa según la cual la participación popular era pretexto que ocultaba intenciones sediciosas y facciosas; el patriotismo de los pardos, sospechoso por definición. Cuando la ventaja política se inclinó a favor de la facción aristocrática, esa narrativa se convirtió en política pública: reescribir a los afrodescendientes patriotas como bandidos alborotadores, borrar su papel del relato oficial, y bloquear —o al menos limitar— su ascenso institucional. Era una operación defensiva contra un adversario doméstico, pero tenía un costo militar evidente: privaba a la república de la movilización plena de su base humana precisamente en vísperas de la reconquista.
La segunda grieta era regional. Mompox no olvidaba la expedición de Ayos; Santa Marta, con su élite comerciante peninsular, se mantenía como bastión realista y como amenaza permanente sobre la retaguardia de Cartagena; Riohacha oscilaba. El proyecto caribeño cartagenero no lograba articular al Caribe entero bajo su liderazgo, y las Provincias Unidas —con Cundinamarca por fuera— eran incapaces de coordinar una defensa común.
La tercera grieta era constitucional. El federalismo neogranadino, inspirado en el modelo norteamericano que Camilo Torres admiraba, dispersaba la soberanía entre provincias que se daban cada una su propia carta, su ejército, su hacienda. Ese diseño, coherente con la idea de que el poder había regresado a su fuente original —el pueblo— tras la crisis de la monarquía, resultó estructuralmente incapaz de sostener una guerra continental. Contra él reaccionaron voces como la de Pedro Gual, que desde Cartagena, en el periódico El Observador Colombiano aparecido el 9 de agosto de 1813, combatió el federalismo y abogó por la reunión de Venezuela y la Nueva Granada bajo un gobierno común. Una intuición estratégica correcta que llegó tarde.
Bolívar contra Cartagena
El otoño de 1814 trajo a la ciudad a Simón Bolívar, exiliado tras la caída de la Segunda República venezolana bajo los llaneros de José Tomás Boves. Traía el proyecto de contrarrestar ante el Congreso de las Provincias Unidas, reunido en Tunja, la indisposición generada por su fracaso militar; traía también una idea estratégica: recuperar Santa Marta para asegurar el flanco caribeño antes de intentar cualquier reconquista de Venezuela.
El Congreso lo comisionó para marchar contra Santa Marta. Cartagena, sin embargo, estaba entonces bajo la comandancia militar de Manuel del Castillo y Rada, hombre de la facción toledista y enemigo personal de Bolívar. Castillo se negó a proporcionarle los recursos necesarios. Bolívar, en lugar de dirigirse a Santa Marta según sus órdenes, marchó sobre Cartagena y sitió a la ciudad patriota durante semanas. Un representante enviado por el Congreso a mediar apoyó a las autoridades cartageneras y propuso dividir las fuerzas para atacar Santa Marta; Bolívar rechazó el plan. Sus tropas estacionadas en Mompox se diezmaban por enfermedad. En mayo de 1815 abandonó el sitio, se embarcó y salió hacia Jamaica.
El episodio fue devastador. La Nueva Granada quedó exhibida como un archipiélago de rivalidades incapaz de coordinar la defensa. Cartagena, que había gastado sus últimos meses en enfrentar a otro patriota, encaró al ejército expedicionario de Morillo con las fuerzas mermadas, los recursos agotados y la unidad interna hecha jirones. La versión toledista atribuyó el episodio no a un cálculo estratégico sino al encono personal de Bolívar contra Castillo, y el juicio, aunque simplificaba —había también rivalidades con Rafael Urdaneta y el cálculo político frente a Tunja—, capturaba una verdad: en el momento decisivo, las facciones neogranadinas pesaron más que la guerra común.
Morillo frente a la plaza
El ejército expedicionario del general Pablo Morillo llegó a las costas americanas en 1815 con aproximadamente doce mil hombres. Era la fuerza más grande que España había enviado nunca a sus dominios americanos. Su misión oficial, según el discurso monárquico, era de misericordia y reconciliación con los insurrectos. En la práctica traía otra cosa: confiscaciones, tribunales especiales y una estrategia de reconquista violenta.
Morillo se propuso Cartagena. Contó con el apoyo de los realistas de Santa Marta y de las poblaciones vecinas a la ciudad amurallada. Estableció su cuartel en Turbaco y cerró el círculo por tierra y mar. El sitio comenzó a fines de agosto y duró ciento dos días. La ciudad, con sus murallas del siglo XVII, sus baluartes, la fortaleza de la Popa y el castillo de San Felipe, era formidable en piedra, pero su población estaba encerrada, sin acceso al Magdalena, sin auxilio de las provincias interiores, sin flota que rompiera el bloqueo.
El hambre y las epidemias hicieron su trabajo. Se calcula que Cartagena perdió aproximadamente la tercera parte o más de sus habitantes durante el asedio. Las fuerzas españolas sufrieron a su vez 3.125 muertos y otros tres mil enfermos. Lino de Pombo, testigo presencial, dejó relato de aquellos horrores. La noche del 5 al 6 de diciembre de 1815, mientras las últimas defensas se derrumbaban, un grupo de jefes patriotas —entre ellos Castillo y Bermúdez— intentó escapar en las pocas embarcaciones disponibles. Cuando Morillo entró a la plaza el 6 de diciembre encontró cadáveres, ruina y miseria generalizados. La ciudad más orgullosa del Caribe hispánico era un osario.
El año de las horcas
Consolidada la caída de Cartagena, Morillo procedió rápido. Entre diciembre de 1815 y octubre de 1816 sus columnas remontaron el país, tomaron Santa Fe y liquidaron los últimos reductos independentistas. Para la primera semana de octubre de 1816 la reconquista neogranadina estaba completa.
El aparato represivo montado por el pacificador operaba a través del Consejo de Purificación, la Junta de Secuestros y consejos de guerra. La Junta confiscaba y vendía bienes de insurgentes —definidos con amplitud para incluir líderes, seguidores y emigrantes— y con esos recursos, canalizados por una tesorería militar central, financiaba el ejército expedicionario, cuya dependencia de las cajas reales provinciales había resultado impracticable. La política de secuestro golpeó a familias enteras y liquidó fortunas construidas durante generaciones.
1816 fue el año de las horcas. Cayeron ante los pelotones y los cadalsos casi todos los líderes independentistas neogranadinos: Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, José María Carbonell, Antonio Villavicencio, José María Cabal, junto con los principales dirigentes cartageneros que no habían logrado embarcarse. La represión no discriminaba entre facciones: piñeristas y toledistas cayeron por igual bajo los mismos consejos de guerra. Toda una generación de la ilustración patriota neogranadina —abogados, naturalistas, magistrados, periodistas— desapareció en pocos meses.
Morillo describió cínicamente esos procedimientos como pacificación. Usó campesinos como mano de obra forzada para convertir la colonia en base de abastecimiento. La violencia extrema —calificada por sus contemporáneos y por la historiografía como deliberadamente cruel por sistema— tuvo, con todo, un efecto contrario al buscado: convirtió en animadversión franca las simpatías que amplios sectores de la población habían mantenido hacia la autoridad española, y empujó a muchos a la guerrilla o a la conspiración. Cuando en 1820 el ejército expedicionario contaba con menos de tres mil de los doce mil hombres iniciales —el paludismo y la fiebre amarilla habían diezmado al resto—, la reconquista de 1815-1816 se había convertido en su propio veneno.
Por qué murió la Primera República
La Primera República de Cartagena no murió de una sola causa. Murió, en primer lugar, de fractura interna. La pugna entre piñeristas y toledistas no era un conflicto de programa constitucional sino de modelo social: Piñeres movilizaba a los pardos y cuestionaba, en los hechos, la jerarquía de castas; García de Toledo y los aristócratas reescribían ese patriotismo popular como sedición. Cuando la reconquista se hizo inminente, los toledistas habían neutralizado buena parte del recurso pardo —el mismo que habría podido multiplicar la capacidad de resistencia— y habían gastado los últimos meses de la república en el enfrentamiento con Bolívar.
Murió, en segundo lugar, de un desequilibrio de fuerzas que probablemente ninguna ciudad caribeña de dieciséis a veinticinco mil habitantes podía sortear en solitario. El ejército expedicionario más grande enviado por España a América, con doce mil hombres, apoyo de Santa Marta y capacidad de bloqueo naval, tenía ventaja estructural sobre una plaza aislada. Una Cartagena unida habría prolongado la resistencia, quizá impuesto un costo mayor a Morillo, quizá cambiado el ritmo de la guerra continental; difícilmente habría vencido sola.
Murió, en tercer lugar, del diseño confederal neogranadino. El federalismo del Acta del 27 de noviembre de 1811, sin Cundinamarca, con provincias que se daban cartas propias y ejércitos propios, era estructuralmente incapaz de coordinar una guerra. Voces como la de Pedro Gual habían señalado el problema desde 1813; la solución tardó una década en imponerse, y llegó de la mano de Bolívar cuando ya Cartagena era una ruina.
Las tres causas se entrelazan. El pánico de pardocracia que llevó a los toledistas a limitar la participación afrodescendiente convirtió una derrota probable en una derrota segura, porque privó a la ciudad de su ventaja demográfica; el diseño federal impidió compensar esa merma con auxilio de las otras provincias; la fuerza de Morillo se encargó del resto.
La herencia
Cartagena no volvió a ser lo que había sido. A lo largo del siglo XIX su población siguió cayendo: de los dieciocho o veinticinco mil habitantes de comienzos de siglo pasó a unos diez mil hacia la mitad y a menos de ocho mil en 1881. A las secuelas del asedio se sumaron nuevas epidemias, la emigración de sectores activos y el auge de Barranquilla como puerto rival, que capturó el comercio del Magdalena. La ciudad amurallada quedó como monumento de sí misma.
El proyecto caribeño, portuario y pluriétnico esbozado entre 1811 y 1815 no sobrevivió a la reconquista. Cuando la independencia se rehizo desde 1819 con la victoria de Boyacá y culminó con la Constitución de Cúcuta de 1821, el marco fue otro: una república grancolombiana centralizada, con base en las tierras altas, con una definición de ciudadanía —varón libre nacido en el territorio, mayor de veintiún años o casado— que en abstracto no reconocía privilegios por clase o condición racial, pero que en la práctica devolvió a los pardos a los márgenes de la política formal. La categoría social de pardo no se disolvió con las leyes; siguió operando en los reflejos, en los prejuicios, en las prohibiciones tácitas.
Los debates que Cartagena había abierto entre 1810 y 1815 —quién es pueblo, hasta dónde llega la igualdad, qué lugar tienen los afrodescendientes libres en la república— quedaron sin cerrar, apenas silenciados. Volverían con fuerza en la década de 1820, cuando José Padilla, marino cartagenero, hijo de aquel Getsemaní armado, encarnara para las élites bogotanas el fantasma de la pardocracia y fuera ejecutado en 1828. Volverían con las guerras civiles del siglo, con el radicalismo, con la Regeneración. Volverían cada vez que la participación política afrodescendiente amenazara con desbordar los cauces que las élites criollas habían fijado.
Por eso la Primera República de Cartagena importa más allá de la memoria local. Fue el primer ensayo republicano pluriétnico del país y el primero derrotado no solo por la fuerza externa sino por el temor interno a lo que él mismo había hecho posible. La declaración del 11 de noviembre de 1811, la constitución del 14 de junio de 1812, los pardos libres que entraron al ejército y los que subieron a exigir la supresión de la Inquisición dibujaron durante cuatro años una forma concreta de república que Cartagena alcanzó a poner en pie y que la Nueva Granada del interior nunca quiso heredar. Y en la escritura toledista que convirtió a esos patriotas pardos en bandidos alborotadores está ya, íntegro, el molde ideológico con que las élites criollas administrarían la cuestión racial durante el siglo siguiente: primero borrarlos del relato, después temerles, y por último, cuando fuera necesario, fusilarlos.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2471 cita
[1]a los gobiernos de la Península, más injusta, más tiránica y opresiva ha sido la de estos contra nosotros. “Declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión,…p. 247
02Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[2]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…p. 83
03¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 50, 512 citas
[3]a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…p. 50
[29]biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…p. 51
04Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 17, 21, 283 citas
[4]frente al cabildo renové los brios con que los pifieristas atacaban en la ya tempestuosa sesi6n, reforzados ahora con la irrupcién en la sala del doctor Ignacio Mujioz y el presbitero Omaha, quienes, como «co- misionados del pueblo», subieron desde la plaza para exponer sus exigencias, que eran las siguien- tes:…p. 21
[12]inmediato su rebeldia, para lo cual organiz6 una expedicion militar al mando del doctor Antonio José de Ayos. Tras algunos combates, el doctor Ayos tomo Mom- Pos e inicié una fuerte represién contra los cabe- cillas del movimiento. Muchos de los ciudadanos mas prestantes tuvieron que huir, encabezados por el doctor…p. 17
[30]dia a los nativos lares. Como es de suponer, cuando finalmente el ge- neral Morillo y sus tropas penetraron en la ciudad, 859 lo que encontraron fue el mas macabro de los es- pectaculos: cadaveres, ruina, miseria, muerte por todas partes. Don Lino de Pombo, testigo presencial del asedio, y otros coeténeos, como el…p. 28
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 112, 1202 citas
[5]padres de familia de cada parroquia, para que el 11 de fe- brero de 1811 eligieran diputados al Colegio Electoral Constituyente. La Constitución, de cor- te monárquico-republicana, fue aprobada el 30 de marzo de 1811 y promulgada por el presiden- te Jorge Tadeo Lozano el 4 de abril de ese año. Mediante el Acta de…p. 112
[38]parte de la América del Sur. Tales métodos, si al principio rindieron los resultados esperados, muy pronto lanzaron a la población a la resistencia, obligando a algunos a organizarse en guerrillas, a conspirar o, por lo menos, a desear vivamente la caída del régimen. A pesar de que durante la Primera República vastos…p. 120
06Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 152, 1592 citas
[6]paña en contra de Lozano y los federalistas, que culminó con la renuncia del presidente, y la nominación de Nariño en el cargo de mando supremo. Pero por ese entonces ya se había reunido un nuevo con greso en Santa Fe, el 15 de septiembre de 1811, al que habían asistido representantes de todas las provincias que se…p. 152
[28]no tenían atribuciones en asuntos militares y que los oficiales del ej ército debían obedecer las órdenes del comando nacional, no del gobierno local. Durante el involuntario retraso, el número de soldados de que disponía Bolívar, que a la sazón estaban estacionados en Mompós, comenzó a declinar a causa de…p. 159
07Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 53, 582 citas
[7]de un programa político, aunque ciertos valores igualitarios comenzaran a ser defendidos —en derecho por los de arriba, de hecho por los de abajo—. La continuidad prevaleció, a pesar de la salida de los cuadros superiores del ejército regular. En cierto modo se impuso la rutina en aquel momento decisivo de la…p. 58
[17]—mágico «talismán» según una fuente realista— resume el proceso de clara expresión de la estructura jerárquica de la sociedad que resulta por fin pensable, y condenable por los mismos que rechaza en la minoría. Las arengas, las negociaciones, los ascensos inusitados de ciertas castas, todo hace pensar que las…p. 53
08Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 53, 582 citas
[8]de un programa político, aunque ciertos valores igualitarios comenzaran a ser defendidos —en derecho por los de arriba, de hecho por los de abajo—. La continuidad prevaleció, a pesar de la salida de los cuadros superiores del ejército regular. En cierto modo se impuso la rutina en aquel momento decisivo de la…p. 58
[18]—mágico «talismán» según una fuente realista— resume el proceso de clara expresión de la estructura jerárquica de la sociedad que resulta por fin pensable, y condenable por los mismos que rechaza en la minoría. Las arengas, las negociaciones, los ascensos inusitados de ciertas castas, todo hace pensar que las…p. 53
09Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 84, 962 citas
[9]possibilities that did not have clear limits. Would the crowd become a legitimate actor that influenced local politics? Or would crowd actions be delegitimized as anarchic and demagogic, at odds with ordered and legal society? These conflicts began to divide Cartagena's patriots into the two distinct camPs mentioned…p. 84
[11]of prominent creoles in saving the city from "chaos" and "anarchy." Tales of creole heroism would be painted in the Senate chamber and narrated in the books of meritorious citizens; the names of the heroes would be inscribed in golden ietters to immortalize their glory.5e These commemorative acts were among the first…p. 96
10La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 47, 51, 66, 774 citas
[10]los que expresara con claridad su pensamiento político y, sin embargo, expuse suficientemente lo que pensaban de él y de sus ideas varios de los dirigentes del partido de las élites cartageneras, algunos poderosos comerciantes y altos funcionarios. Y también mostré cómo coincidían con las opiniones de un personaje que…p. 66
[14]negros y mulatos libres, en relación con el de los miembros de las élites cartageneras; y, por último, algo que tampoco debería olvidarse, sobre todo, por las lecciones que arroja para la hora presente: las gravísimas consecuencias del conflicto interno para los partidarios de la revolución y la dimensión del desastre…p. 47
[15]y VI. 61 Cuadro de las elecciones parroquiales celebradas en la República de Cartagena el 1 de noviembre. Década. Miscelánea de Cartagena, 9 de noviembre de 1814, p. 38, en Biblioteca Nacional de Colombia, (de ahora en adelante BNC). 62 En Década del 29 de octubre de 1814, bajo el título de “Continúa la instrucción…p. 77
[42]cartageneros negros y mulatos libres, y que se tejieron relaciones interpersonales entre estos últimos y los corsarios. Varios de ellos tuvieron a Cartagena durante años como la ciudad en la que residían cuando estaban en tierra, y no pocos debieron naturalizarse allí para adquirir la condición de cartageneros, lo que…p. 51
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 90, 100, 103, 1104 citas
[13]ó n. Para formar un gobierno com ú n, si la soberan í a resid í a en el pueblo, ¿ sus representantes deb í an ser los “ cabildos ” o diputados elegidos por los vecinos?, ¿ la representaci ó n de los cabildos deb í a ser igual o proporcional a la poblaci ó n? Si el pueblo estaba formado por los ciudadanos (o vecinos) y…p. 103
[24]nomo, sin sujeci ó n al Consejo de Regencia: el 29 de mayo Torres habl ó de “ nuestra independencia y libertad, esta independencia que deb í amos disfrutar desde [...] septiembre de 1808 [...] Ya est á muy cerca el d í a [...] en que se declare y reconozca que somos hom bres, que somos ciudadanos y que formamos un…p. 100
[35]ñ oles. Poco despu é s los restos del ej é rcito patriota fueron derrotados. Las tropas espa ñ olas estaban diezmadas por las enfermedades, rn especial el paludismo y la fiebre amarilla: en 1820 sobreviv í an menos de 3000 de los 12000 que hab í an llegado en 1815 a Am é lica. No era probable que un ej é rcito espa ñ…p. 110
[41]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…p. 90
12Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 73, 1102 citas
[16]movable property. The national congress met on 2 March 1811; thirty-one deputies from seven provinces, all from great landed families and the majority favouring the ‘autonomist’ position and the rights of Ferdinand VII. Congress replaced the junta by a new executive consisting of three rotating members, an advisory…p. 73
[34]hanging, decapitation and shooting, cynically described as ‘pacification’, while peasants were herded into labour gangs to turn the colony into a supply base for Morillo’s army. The year 1816 was the blackest year of the American revolution, the year of the gallows in New Granada and of reaction and retribution…p. 110
13Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 115, 3512 citas
[19]Estado de Cartagena de Indias, Constitución Política, Cartagena de Indias, 14 de junio de 1812, tíulo 1, artículo 8. 310 Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831 castigar en consideración a la virtud o al delito, pero jamás “a la clase o a la condición”. En consecuencia, ningún hombre tendría título…p. 351
[39]su propia salvación, antes que en avanzar por el camino de la construcción de una na - ción granadina. En sus “Noticias muy gordas”, Nariño advirtió sobre los grandes peligros que afrontaban: Que no se engañen: somos insurgentes, rebeldes, traidores: y a los traidores, a los insur - gentes y a los rebeldes se les…p. 115
14Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 3691 cita
[20]135–36, 139–40, 146–47, 149, 153, 157, 175, 214 Guzmán, Antonio Leocadio, 202–4 Hacendado class: and socioracial con- flict, 16; and Spanish forced re- settlement, 34, 35, 36, 37, 40, 49, 84; and mestizaje, 36; and state control, 42; expansion of land prop- erties, 49–50, 188; and patronage networks, 50–53, 65, 79;…p. 369
15Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 3691 cita
[21]135–36, 139–40, 146–47, 149, 153, 157, 175, 214 Guzmán, Antonio Leocadio, 202–4 Hacendado class: and socioracial con- flict, 16; and Spanish forced re- settlement, 34, 35, 36, 37, 40, 49, 84; and mestizaje, 36; and state control, 42; expansion of land prop- erties, 49–50, 188; and patronage networks, 50–53, 65, 79;…p. 369
16Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 321 cita
[22]DE TUNJA" órgano del Congreso. "LA A U R O R A " se llamó el periódico de la Junta Suprema de Popayán. Don Juan Bautista del Corral, sacó la "GAZETA MINISTERIAL DE LA REPUBLICA DE ANTIOQUIA." PERIODISMO PARTICULAR Entretanto el periodismo particular también floreció. "EL ARGOS AMERICANO", tuvo su segunda época en…p. 32
17La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 119, 1522 citas
[23]dado a un hombre designando a la elección individual y razonada de un candidato”. 22 En esta perspectiva, para Rosanvallon, la idea del derecho al sufragio es incon- cebible “si no se reconoce la soberanía del pueblo y el uso del procedimiento electoral para designar representantes”. 23 Esta idea señala que solo…p. 119
[25]de la Independencia. Bogotá: I/M, 2000, p. 25. 22 Sosa Abella, Guillermo. Representación e independencia 1810-1816. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2006, pp. 139-144. 23 Caballero, Diario de la Independencia..., p. 26. 24 Diario Político de Santafé, n.º 24, tomo 1, 24 de noviembre de 1810. La…p. 152
18El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 531 cita
[26]el prop ó sito de Bol í var fu é ir a contrarrestar ante el Congreso de Tunja, con el cual ten í a claros lazos, la Indisposici ó n contra é l, motivada por su fracaso militar reciente a manos de Boves y el descalabro de la ef í mera Segunda Rep ú blica Venezola na 17. Hab í a quiz á tambi é n una rivalidad con…p. 53
19El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4111 cita
[27]reconocer la nueva Constitución; se hacía inevitable una guerra civil. Bolívar debió someter la ciudad [de Cartagena]. Con dos mil hom- bres se dirigió otra vez a la costa para atacar nuevamente a los españoles. Pero sus fusiles no pasaban de quinientos, 205 Antonio Ricaurte Lozano (1786-1814), militar neogranadino,…p. 411
20Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 57, 612 citas
[31]Las consecuencias de la intransigencia del gobierno absolutista no se hicieron esperar, tras años de organización en sociedades patrióticas y en las más poderosas sociedades secretas como la masonería, estas que contaban con el apoyo económico de la burguesía, lo cual se tradujo en réplicas constantes pero fallidas de…p. 57
[36]conjunto de leyes podemos rescatar algunos de sus artículos que se orientan al mantenimiento de las propiedades secuestradas. Mediante los procedimientos de secuestros, el Virreinato de Nueva Granada y su capital Santafé de Bogotá se convirtieron en la región administrativa de mayor fortaleza para la “pacificación”,…p. 61
21Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1651 cita
[32]y activas se estaban yendo o se habían ido a otros sitios de mayor movimiento (Santa Marta, Panamá y Barranquilla) y a los pueblos de las sabanas de Bolívar, especialmente El Carmen y Corozal donde empeza- ba a intensificarse la antigua siembra de tabaco para exporta- ción. La crisis se palpaba en la pobreza y miseria…p. 165
22Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 3371 cita
[33]el frangipán, la fragancia de los rosales, y el alucinante aroma del borrachero, la herramienta más poderosa del chamán, la más encantadora de todas las plantas ornamentales, admirada y respetada por todos los colombianos. Los umbrales que conforman la fachada del gran paseo costero se abren para revelar a un grupo de…p. 337
23Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · p. 1031 cita
[37]102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…p. 103
24Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 4441 cita
[40]matrimonio. 445 Híndicíe rf ae oíre vidíríete ft Ciailqíe Esta «rosca» de comerciantes de Cartagena, a pesar de su notoria composición peninsular, no estaba fuera de la sociedad colonial, puesto que algunos de los comer- ciantes se casaron con miembros de la sociedad criolla estableciendo lazos con la élite local. Los…p. 444
25Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 1311 cita
[43]llegó a ser en bre- ve una de las plazas principales del poderío español en América; pero, sobre todo, la primera del Nuevo Reino de Granada. Poblada por gentes ricas y por los empleados del Go- bierno español, desplegó desde un principio el genio alegre y hospitalario, altivo y dominador, algún tanto aristocrático en…p. 131