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Biografía

Pablo Morillo

Independencia

1775–1837

18 min de lectura23 documentos
Nacimiento1775, Fuentesecas, Zamora, España
Fallecimiento1837, Barèges, Francia
RolesComandante de la Expedición Pacificadora (1815–1820) · General del ejército español
Lugar principalColombia
Período históricoIndependencia1810–1831
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La biografía

Pablo Morillo y Morillo (Fuentesecas, Zamora, 1775 — Barèges, Francia, 1837) fue el militar español que comandó la Expedición Pacificadora enviada por Fernando VII a las Américas en 1815 y dirigió, entre ese año y 1820, la reconquista de la Nueva Granada y las operaciones contra los ejércitos patriotas en Venezuela. Su nombre está unido, en la memoria colombiana, a la caída de Cartagena tras un sitio de ciento dos días, a los fusilamientos de 1816 en Santa Fe —Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, José María Carbonell— y al aparato de consejos de guerra, juntas de secuestros y consejo de purificación con que intentó quebrar la voluntad independentista neogranadina. Pesa en la historia de Colombia por una razón doble: porque su campaña militarmente exitosa terminó siendo el catalizador político del proceso que quiso extinguir, y porque, en 1820, firmó con Simón Bolívar el Tratado de Regularización de la Guerra que humanizó, siquiera sobre el papel, un conflicto que él mismo había endurecido. No fue un aristócrata torpe ni un carnicero unidimensional: fue un soldado de origen humilde ascendido en la cubierta de los navíos y en los campos de Andalucía, enviado a aplicar en América una lógica de guerra peninsular que allí resultó políticamente ruinosa.

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Línea de vida

  1. 1805

    Combate en Trafalgar

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    Morillo participó en la batalla de Trafalgar a bordo de los navíos españoles aliados con Francia. La derrota destruyó el poderío naval español, pero para él abrió un camino de ascenso militar que en tiempos de paz habría sido impensable para un soldado de origen campesino.

  2. 1808

    Guerra de la Independencia peninsular

    Leer contexto

    Tras la captura de la familia real española por Napoleón y la ocupación francesa de la península, Morillo combatió en la resistencia española y participó en la victoria de Bailén (julio de 1808), primera derrota importante de un ejército napoleónico en campo abierto. Ascendió por méritos en campañas junto a Wellington.

  3. 1815

    Mando de la Expedición Pacificadora

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    Fernando VII lo nombró al frente de la mayor fuerza militar enviada por España al continente americano —aproximadamente doce mil hombres—, que zarpó de Cádiz en febrero de 1815 con destino a Venezuela y la Nueva Granada para someter los focos independentistas.

  4. 1815

    Sitio y toma de Cartagena de Indias

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    Morillo puso sitio a Cartagena en agosto de 1815. El asedio duró ciento dos días; el hambre y las epidemias causaron la muerte de más de la tercera parte de la población. La ciudad cayó el 6 de diciembre de 1815; al entrar, las tropas encontraron cadáveres en las calles y ruina generalizada. Los Nueve Mártires de Cartagena fueron ejecutados poco después.

  5. 1816

    Reconquista de la Nueva Granada

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    En febrero de 1816 Morillo partió desde Cartagena hacia el interior. Cuatro expediciones realistas barrieron el territorio: Miguel de la Torre tomó Santa Fe, Warleta ocupó Medellín. En los primeros días de octubre de 1816 la reconquista estaba consumada. Morillo instaló en Santa Fe el consejo permanente de guerra, el consejo de purificación y las juntas de secuestros, y ordenó los fusilamientos de Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y otros líderes patriotas.

  6. 1816

    Represión en Mompós y Santa Fe

    Leer contexto

    Estando en Mompós, camino de la capital, Morillo hizo ahorcar a varios patriotas y ordenó decapitar el cadáver del teniente coronel Fernando Carabaño, colocando la cabeza en un palo —hecho que él mismo consignó por escrito—. En Santa Fe el aparato represivo confiscó bienes de familias criollas y ejecutó a decenas de dirigentes, convirtiendo simpatías realistas en animadversión y ampliando socialmente la insurgencia.

  7. 1820

    Tratado de Regularización de la Guerra con Bolívar

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    En Santa Ana de Trujillo (Venezuela), Morillo firmó con Simón Bolívar el Tratado de Regularización de la Guerra, que buscó humanizar el conflicto estableciendo reglas para el trato de prisioneros y heridos. Fue un giro histórico: el mismo comandante que había endurecido la guerra reconocía implícitamente la legitimidad del adversario. Poco después Morillo dejó el mando y regresó a España.

El hombre y su lugar en la historia colombiana

Para el relato patriótico decimonónico, Morillo condensó la crueldad de la Reconquista: el "Pacificador" cuyo apellido rimaba en los versos que las señoras santafereñas tarareaban con cintas azules en el pelo —"Las cintas azules / son el estribillo: / ¡que viva la Patria, / que muera Morillo!"—. Para la historiografía posterior es también otra cosa: la figura en la que se materializó el fracaso de la política imperial de Fernando VII, un instrumento militar de una estrategia política sin salida. Ambas cosas conviven. Morillo fue, a la vez, el ejecutor consciente de un régimen de terror documentado por él mismo —"se colocó la cabeza de Fernando Carabaño en un palo", escribió en Mompós, camino de la capital— y un comandante que en 1820, ya derrotado por las circunstancias, tuvo la lucidez de sentarse en Santa Ana de Trujillo a firmar con el enemigo un tratado que su antecesor español, José Tomás Boves, jamás habría concebido.

Esta doble condición explica por qué su figura no cabe cómoda en ninguna casilla. Rafael María Baralt y otros historiadores venezolanos del siglo XIX lo describieron como "cruel por sistema" más que por inclinación, un hombre que trató la Nueva Granada como tierra ganada en guerra desastrada, eliminando selectivamente a quienes se distinguían por saber, valor o virtud. Otras plumas de la época lo pintaron imperioso y frío, con arranques espontáneos de franqueza y generosidad intermitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí. Ese retrato moral —el del militar competente, socialmente resentido, capaz de firmar amnistías y violarlas, de decapitar cadáveres y de negociar treguas— corresponde al hombre que en cinco años pasó de recibir la rendición de Cartagena a estrechar la mano de Bolívar en Trujillo.

El marinero de Fuentesecas: orígenes y ascenso peninsular

Morillo nació en 1775 en Fuentesecas, una aldea de la provincia de Zamora, en una familia campesina sin abolengo ni fortuna. Su carrera no fue la del hidalgo con padrino en la corte sino la del soldado que ascendió a fuerza de estar en los lugares correctos en los momentos decisivos. Se enroló muy joven en los batallones de Marina, y en octubre de 1805 estuvo a bordo de los navíos españoles que combatieron junto a la flota francesa en Trafalgar. La derrota aniquiló el poderío naval español, pero para Morillo, como para muchos otros suboficiales, la sangre y la disciplina bajo fuego enemigo abrieron un camino de ascenso que en tiempos de paz habría sido impensable.

El vuelco decisivo llegó tres años después. En 1808 Napoleón capturó a la familia real española y ocupó la mayor parte de la península al año siguiente; el vacío dinástico y la ocupación francesa desataron simultáneamente la Guerra de la Independencia peninsular y las juntas americanas de 1810. Morillo combatió en la resistencia contra los franceses y participó en las operaciones que llevaron a la victoria española de Bailén, en julio de 1808 —la primera derrota importante de un ejército napoleónico en campo abierto—. En los años siguientes ascendió por la vía del mérito militar en un ejército rehecho a marchas forzadas, sirviendo bajo mando británico durante las campañas peninsulares al lado de Wellington. Terminada la guerra europea con la caída de Napoleón, Morillo era ya un oficial curtido, condecorado, y —crucialmente— disponible.

Fernando VII regresó al trono en 1814 y con él la restauración absolutista: anuló las decisiones de la regencia de Cádiz, disolvió las Cortes liberales y reimplantó el Antiguo Régimen. En América, el efecto inmediato fue el retorno de la mayoría de los súbditos al orden monárquico y el aislamiento de los revolucionarios que aún resistían. Pero Fernando y su Consejo de Indias no se contentaron con esa restauración inercial: decidieron enviar una expedición militar para someter los focos independentistas persistentes, sobre todo en Venezuela y la Nueva Granada. Al frente de esa fuerza fue nombrado Morillo. La elección tuvo su lógica: era un mando probado, sin lealtades cortesanas peligrosas, y su origen humilde lo hacía dependiente de la Corona. No fue, en cambio, un hombre con conocimiento del terreno americano, ni con formación política, ni con instrucciones que dieran margen a la conciliación. España desaprovechó entonces el amplio espacio que existía entre la independencia absoluta y fórmulas autonómicas o monárquicas intermedias; Morillo iba a aplicar una política que, en su rigidez, ya contenía su propia derrota.

La expedición de 1815 y la caída de Cartagena

En febrero de 1815 la Expedición Pacificadora zarpó de Cádiz con aproximadamente doce mil hombres, la mayor fuerza militar que España había enviado nunca al otro lado del Atlántico. Morillo desembarcó primero en Venezuela, donde encontró un panorama ya parcialmente pacificado por las hordas realistas de Boves y por el colapso de la Segunda República de Bolívar. Desde allí giró hacia la Nueva Granada y puso sitio a Cartagena de Indias en agosto.

Cartagena llegaba al asedio ya extenuada. Había sufrido en los años anteriores los sitios previos impuestos por Manuel del Castillo y Rada y por el propio Bolívar durante las guerras intestinas de la Patria Boba, y arrastraba disputas internas, agotamiento y falta de paz. El sitio español duró ciento dos días. Dentro de la ciudad, el hambre y las epidemias hicieron un trabajo más terrible que la artillería: la población perdió más de la tercera parte de sus habitantes. Comerciantes extranjeros —italianos y norteamericanos— especularon con los alimentos a precios exorbitantes y se enriquecieron con la crisis. Fuera de las murallas, las tropas realistas también pagaron el precio del clima tropical y de la enfermedad: los testimonios de época consignan más de tres mil muertos y otros tres mil enfermos entre las fuerzas sitiadoras, cifras que dan la medida del desgaste que ya en el primer asedio comenzaba a devorar la expedición.

Cartagena cayó el 6 de diciembre de 1815. Al entrar en la ciudad, las tropas de Morillo encontraron cadáveres en las calles, ruina y miseria generalizadas. Los Nueve Mártires de Cartagena fueron ejecutados en el paredón poco después. Morillo estableció un primer tribunal represivo y una junta encargada de administrar los bienes confiscados a los patriotas. La toma de la ciudad marcó el fin de la resistencia costera y abrió el camino al interior, pero también fijó desde el primer día el patrón que iba a definir su campaña: exitosa en lo militar, devastadora en lo humano, y —esto lo verían solo con los años— corrosiva de la propia base social realista.

La reconquista de la Nueva Granada (1816)

En febrero de 1816 Morillo partió desde Cartagena hacia el interior. Ocupó Ocaña como primera posición de invasión y desde allí las tropas realistas se ramificaron en cuatro expediciones que en pocos meses barrieron el territorio. Miguel de la Torre tomó Santa Fe. Warleta ocupó Medellín. Los principales reductos independentistas fueron derrotados uno tras otro; Antonio Nariño ya había sido enviado prisionero a Cádiz. En los primeros días de octubre de 1816 la reconquista neogranadina estaba consumada. Morillo había hallado apenas resistencia militar; encontró, en cambio, un país que en su mayoría lo recibió con alivio o resignación tras el caos de la Patria Boba y las guerras civiles internas.

Fue en ese punto —cuando la batalla ya estaba ganada— donde comenzó el error estratégico decisivo. En lugar de pacificar consolidando lealtades, Morillo optó por tratar el territorio como tierra conquistada en guerra desastrada. Estando en Mompós, camino de la capital, hizo ahorcar a varios patriotas y ordenó decapitar el cadáver del teniente coronel Fernando Carabaño, colocando la cabeza en un palo —el propio comandante lo consignó por escrito, con la naturalidad administrativa de quien reporta una decisión rutinaria—. Ese gesto anticipaba el tono de lo que vendría en Santa Fe.

En la capital neogranadina Morillo instaló un aparato judicial de excepción cuyas piezas fundamentales fueron tres: el consejo permanente de guerra, encargado de imponer la pena capital a los acusados de rebelión contra la Corona; el consejo de purificación, creado para atender los casos de los "desleales al rey" y depurar la administración y la sociedad; y las juntas de secuestros, encargadas de incautar los bienes de los acusados de traición. Los tres organismos operaron bajo leyes dictadas por el propio Morillo entre 1815 y 1816, y sus decisiones no eran apelables en la práctica.

Los fusilamientos de 1816 segaron una generación entera. Camilo Torres Tenorio, expresidente de las Provincias Unidas y autor del Memorial de agravios, fue ejecutado en octubre. Francisco José de Caldas, el sabio, murió también aquel año pese a las peticiones que se hicieron por su valor científico. Jorge Tadeo Lozano y José María Carbonell corrieron la misma suerte, junto a decenas de otros dirigentes patriotas. La represión no se limitó a la élite: Policarpa Salavarrieta fue fusilada en la Plaza Mayor de Santa Fe en 1817, y su ejecución quedó grabada como uno de los episodios más conmovedores de aquellos años de persecución. Los secuestros de bienes desmontaron sistemáticamente el patrimonio de las familias criollas comprometidas con la causa patriota y financiaron, a través de la tesorería del ejército, la continuación de la campaña.

Este dispositivo tuvo un efecto administrativo inmediato —dinero, información, control— y un efecto político devastador a mediano plazo. Sectores considerables de la población neogranadina, que durante la Primera República habían añorado el restablecimiento de las autoridades españolas, cambiaron sus simpatías hacia la animadversión franca y abierta. La represión disipó rápidamente el apoyo inicial que la población había dado a los españoles tras el colapso de la Patria Boba. Y forzó a los patriotas —hasta entonces divididos entre centralistas y federalistas, entre facciones regionales enfrentadas— a unificar esfuerzos, a buscar apoyo en los sectores medios de la sociedad y a hacer concesiones al pueblo llano que antes no habían estado dispuestos a hacer. El aparato del terror, pensado para destruir la insurgencia, terminó siendo el instrumento involuntario de su ampliación social.

Hubo dentro del propio bando español quienes lo entendieron. El general Juan Francisco de Montalvo, elevado al cargo de virrey el 28 de abril de 1816 con sede en Cartagena, gobernó con mayor tacto en el territorio bajo su control; su salida del virreinato en abril de 1818 fue atribuida a las intrigas del propio Morillo, en un episodio que revela las tensiones internas de la administración realista entre quienes creían que la pacificación exigía severidad extrema y quienes intuían que la severidad estaba fabricando enemigos más rápido de lo que podía eliminarlos.

El desgaste: 1817-1819

Con la Nueva Granada aparentemente sometida, Morillo regresó a Venezuela para continuar allí la guerra contra las fuerzas patriotas que se habían replegado al Orinoco. La llegada de la Expedición Pacificadora había significado en Venezuela, como en la Nueva Granada, la restauración del régimen político anterior a 1810; las fuerzas patriotas, tras resistir en los llanos, fueron acosadas y cruzaron el río para refugiarse en la Guayana. Su condición era precaria: encerradas, sin esperanza de auxilio inmediato, desnudas, comiendo carne sin sal y armadas principalmente con lanzas. Las autoridades españolas los llamaban simplemente "bandidos". Fue desde ese refugio, y bajo el liderazgo de Bolívar reorganizado en Angostura, que se preparó la ofensiva que en pocos años iba a invertir la ecuación.

Mientras tanto, el ejército expedicionario se consumía por dentro. De los aproximadamente doce mil hombres desembarcados en 1815, en 1820 sobrevivían menos de tres mil: una reducción de más del setenta y cinco por ciento en cinco años. El paludismo y la fiebre amarilla mataban con más eficacia que las balas patriotas; los combates, las deserciones y las enfermedades tropicales se combinaron para vaciar los cuadros. Los reemplazos peninsulares llegaban en cuentagotas, mal equipados, y morían con la misma rapidez. El propio comandante realista José María Barreiro, encargado del frente neogranadino, reportaba en 1819 que sus tropas y oficiales estaban impagos, que el ejército entero comía a media ración y que la deserción de los criollos enrolados era masiva. Aquellos hombres no habían servido nunca por lealtad al rey sino por conveniencia local; a la primera oportunidad, se pasaban al enemigo.

Hacia finales de 1819 y principios de 1820 el ejército realista contaba nominalmente con al menos cuatro divisiones distribuidas entre Venezuela y la Nueva Granada, con fuerzas estimadas en más de dieciocho mil efectivos en el papel. Pero la realidad operativa era otra. La estrategia patriota supo leer ese descalabro: trasladar el teatro de guerra a la Nueva Granada, donde la posición realista estaba más debilitada, utilizando Casanare como base de invasión. Para mayo de 1819 Francisco de Paula Santander había limpiado Casanare de realistas, explotando la desmoralización, la deserción y el fracaso del liderazgo local de Barreiro. Cuando Bolívar cruzó los Andes en junio y julio de ese año, no enfrentó al gran ejército de doce mil hombres de 1815 sino a un dispositivo hueco, minado por dentro por las mismas prácticas que Morillo había implantado. Boyacá, el 7 de agosto de 1819, fue el resultado militar de un proceso político y logístico ya largamente decidido.

Trujillo: el tratado con Bolívar (1820)

La caída de la Nueva Granada en agosto de 1819 dejó a Morillo en Venezuela en una situación estratégicamente insostenible. En España, además, el pronunciamiento liberal de Riego en enero de 1820 —protagonizado, con ironía histórica, por tropas destinadas a reforzar la expedición americana— había obligado a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812 y había suspendido cualquier posibilidad de refuerzos serios. Morillo recibió instrucciones del gobierno liberal madrileño de buscar una salida negociada.

En noviembre de 1820, en Santa Ana de Trujillo, se produjo el encuentro. El 21 de noviembre se firmó el armisticio que suspendió las operaciones militares —incluidas las del sitio de Cartagena— durante más de cuatro meses. Cinco días después, el 26 de noviembre de 1820, Bolívar, como presidente de la recién creada República de la Gran Colombia, y Morillo, como comandante español del Ejército de Ultramar, suscribieron el Tratado de Regularización de la Guerra. El documento contemplaba el cese de hostilidades, el canje obligatorio de prisioneros de guerra, la asistencia a heridos y enfermos, el trato respetuoso a los cautivos y consideraciones expresas a los habitantes de los pueblos. Ha sido considerado uno de los primeros acuerdos humanitarios modernos en la historia de la guerra.

El contraste con la práctica anterior era vertiginoso. El mismo hombre que en Mompós había ordenado empalar la cabeza de Carabaño firmaba ahora un texto en el que, según la fórmula de la época, "la humanidad recobró sus derechos", en contraste con las crueldades de Boves, de Francisco Tomás Morales y del propio Morillo en los años inmediatamente anteriores. La lectura menos épica es que Morillo entendió, por fin, que la guerra estaba perdida y que la conservación mínima de las tropas expedicionarias exigía reglas nuevas. La lectura más generosa es que un soldado profesional, agotado por cinco años de guerra sucia, encontró en la negociación con Bolívar la ocasión de cerrar su ciclo americano con una firma digna. Probablemente ambas cosas son ciertas.

Pocos días después de firmar el tratado, Morillo se embarcó de regreso a España. Dejó el mando en manos de Miguel de la Torre. Nunca volvió a América.

La red: hombres, lugares e ideas

Morillo no operó solo. A su lado estuvo Pascual Enrile como jefe del estado mayor durante la expedición inicial, y una plana mayor que incluyó a Miguel de la Torre, futuro comandante en Venezuela; a Francisco Tomás Morales, veterano de las hordas de Boves y protagonista de la violencia realista en los llanos; y a Juan Sámano, quien se convertiría en el último virrey de la Nueva Granada antes de la victoria patriota de 1819. Del lado subordinado neogranadino, José María Barreiro fue el comandante cuyo fracaso en Casanare y en Boyacá selló la reconquista.

Sus antagonistas conforman el otro mapa. Bolívar fue el adversario constante, con quien la relación pasó del combate abierto a la negociación de Trujillo. Santander, más joven, fue el estratega de la campaña de Casanare y del cruce de los Andes. Antonio Nariño, arrestado antes de la reconquista principal, no lo enfrentó directamente en el campo pero encarnaba la generación patriota que Morillo intentó eliminar. Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, Custodio García Rovira, José María Carbonell y Policarpa Salavarrieta figuran en el otro lado del expediente: las víctimas nombradas del régimen represivo.

Los lugares que definen su paso por Colombia son pocos y precisos: Cartagena, escenario del sitio inaugural; Ocaña, primera posición del interior; Mompós, donde se produjeron los ahorcamientos y la mutilación del cadáver de Carabaño; Santa Fe, capital del terror judicial; Medellín, sometida por Warleta; y Santa Ana de Trujillo, en el occidente venezolano, donde firmó la paz con Bolívar. En un plano más amplio, la geografía de su vida traza un arco que va de Fuentesecas a Cádiz, de Trafalgar a Bailén, de Cartagena a Trujillo, y de vuelta a la península para morir en Barèges, un pueblo balneario del sur de Francia, en 1837.

Las ideas que enmarcan su acción son las del absolutismo restaurado de 1814: la soberanía indivisible de la Corona, la ilegitimidad de toda representación revolucionaria, el rechazo a las fórmulas autonómicas que hubieran podido conciliar América con España. Morillo no fue un ideólogo; fue el brazo militar de una política concebida en Madrid por el Consejo de Indias y por un rey que optó por la vía dura sobre cualquier otra alternativa. La contradicción entre esa política y el terreno americano —donde la soberanía real hacía años que se había disuelto en las juntas y en la guerra civil— fue la que su expedición no pudo resolver.

Después de América: los años finales

De regreso a España en 1821, Morillo recibió el título de conde de Cartagena y marqués de La Puerta como recompensa por sus servicios en América, y ocupó cargos militares diversos. El país al que volvía era, sin embargo, otro país. El Trienio Liberal (1820-1823) puso a la monarquía absoluta contra las cuerdas; Morillo, oficial disciplinado más que militante ideológico, se movió con dificultad entre las lealtades. Cuando la intervención francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis restauró en 1823 el absolutismo de Fernando VII, Morillo cayó bajo sospecha de haber sido demasiado tibio con los liberales y se exilió en Francia por un tiempo.

Regresó posteriormente a España y participó en las guerras carlistas del lado isabelino tras la muerte de Fernando VII en 1833. Murió en Barèges, en los Pirineos franceses, el 27 de julio de 1837, a los sesenta y dos años. Su carrera final fue la de un militar de la vieja guardia sirviendo a un régimen liberal moderado que era casi lo contrario del absolutismo por el que había combatido en América. La ironía de esa trayectoria no se le escapó a los observadores contemporáneos.

La huella: memoria disputada

En Colombia, el nombre de Morillo entró rápidamente en el panteón negativo del relato patriótico. El "Pacificador" —el mote con que la administración española lo dignificó— quedó fijado en la memoria escolar como sinónimo de la crueldad realista. En el siglo XIX, un objeto llamado "banco de purificación" —presumiblemente un mueble asociado al consejo de purificación— fue exhibido en un museo colombiano y funcionó como emblema material de la represión y del sacrificio de los mártires de la patria. Los versos de las cintas azules sobrevivieron en la tradición oral. Los fusilamientos de 1816 se convirtieron en episodio fundacional de la memoria de la independencia, y con ellos, la figura de Morillo quedó cristalizada como el villano por antonomasia del ciclo emancipador.

La historiografía posterior ha ido matizando ese retrato sin absolverlo. La imagen del carnicero unidimensional ha cedido lugar a la del ejecutor de una política imperial equivocada, del soldado competente atrapado en una lógica de guerra que no era la adecuada para un conflicto colonial civil. El registro de sus propias palabras —la cabeza de Carabaño, los reportes sobre las juntas de secuestros— no permite exculparlo; su firma en el Tratado de Regularización de la Guerra tampoco permite reducirlo a mero verdugo. Fue las dos cosas.

En un plano más amplio, la reconquista de Morillo tuvo un efecto paradójico que ilumina toda la historia de la independencia colombiana. Al aplicar el terror sistemático sobre una sociedad que en su mayoría se había resignado o incluso alegrado con el retorno del orden monárquico tras el caos de la Patria Boba, la ocupación española destruyó la única base social sobre la que la Corona hubiera podido reconstruirse en la Nueva Granada. La política del terror convirtió simpatías en animadversión, forzó a los patriotas dispersos a unificarse, amplió el conflicto a los sectores medios y populares que antes habían permanecido al margen, y desprestigió al régimen fernandino ante las opiniones públicas de Gran Bretaña y Estados Unidos, donde las noticias de los fusilamientos se sumaron a los tropos preexistentes de la leyenda negra española y aceleraron el flujo de apoyo monetario y logístico a los patriotas.

Morillo no fue solo el hombre que perdió militarmente la guerra en 1819. Fue, más profundamente, el instrumento a través del cual la Corona española perdió políticamente cualquier posibilidad de conservar la Nueva Granada. Su expedición había llegado con doce mil hombres, la fuerza militar más grande jamás enviada por España a América; se retiró cinco años después dejando menos de tres mil supervivientes, un territorio en llamas y un tratado que reconocía tácitamente al enemigo como interlocutor legítimo. Entre esos dos momentos, entre Cartagena en diciembre de 1815 y Trujillo en noviembre de 1820, cabe entera la historia del fracaso español en la Nueva Granada, y con ella, buena parte de la historia del nacimiento de Colombia como república. El nombre de Pablo Morillo, marqués de La Puerta y conde de Cartagena, quedó ligado a ambos hechos con la precisión sombría con que los nombres propios se adhieren a veces a los procesos históricos que preferirían no llevarlos.

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Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 32 fragmentos
01La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · Página 601 cita
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de la libertad en el este de Venezuela, pero su contribución no sirvió de nada. Pese a un par de victorias, los patriotas llevaban las de perder. En el verano de 1814, Caracas cayó en manos de los realistas, después de que miles de habitantes se dieran a la fuga por temor a las tropas de Boves. Bolívar se retiró en el…

p. 60
02When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 433 citas
[2]

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03Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Páginas 28, 112, 1153 citas
[5]

emancipaci6n de Hispanoamérica era un he- cho inevitable, pues constituia la culminacion logica de su proceso historico. Sin embargo, el momento y la forma en que se produjera si estaban sujetos a variaciones notables, en funcion de la habilidad con que se condujeran sus protagonistas. Entre la in- dependencia…

p. 112
[9]

dia a los nativos lares. Como es de suponer, cuando finalmente el ge- neral Morillo y sus tropas penetraron en la ciudad, 859 lo que encontraron fue el mas macabro de los es- pectaculos: cadaveres, ruina, miseria, muerte por todas partes. Don Lino de Pombo, testigo presencial del asedio, y otros coeténeos, como el…

p. 28
[17]

Hhhong (ss * i presidente de las Provincias Unidas de Nueva Gra- “ ti: nada, Camilo Torres. Morillo volvid a Venezuela de- jando al pais en aparente sumision. La represion fernandina estuvo en el origen de un cambio profundo en la contienda civil, pues forz6 a los americanos a unificar sus esfuerzos, hasta entonces…

p. 115
04Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Páginas 57, 612 citas
[6]

Las consecuencias de la intransigencia del gobierno absolutista no se hicieron esperar, tras años de organización en sociedades patrióticas y en las más poderosas sociedades secretas como la masonería, estas que contaban con el apoyo económico de la burguesía, lo cual se tradujo en réplicas constantes pero fallidas de…

p. 57
[14]

conjunto de leyes podemos rescatar algunos de sus artículos que se orientan al mantenimiento de las propiedades secuestradas. Mediante los procedimientos de secuestros, el Virreinato de Nueva Granada y su capital Santafé de Bogotá se convirtieron en la región administrativa de mayor fortaleza para la “pacificación”,…

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05La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Páginas 83, 952 citas
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regiones más extensas e importantes, el Caribe colombiano y el Cauca grande, en manos de los españoles y vastos territorios, más de dos tercios, en manos de nadie. Uno puede imaginarse el rostro con el que Cartagena recibió al triunfante Morillo y su ejército de reconquista el 6 de diciembre de 1815, luego de todo un…

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juntos. IV Todo parece indicar que Cartagena, sin embargo, tuvo un breve sosiego. Ido el general Morillo en febrero de 1816 a pacificar el interior del territorio, elevado al cargo de virrey el general Montalvo el 28 de abril, con sede en Cartagena, y acompañado éste por el gobernador Gabriel de Torres, se vivió un…

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06¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 511 cita
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biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…

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07Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Páginas 159, 2222 citas
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no tenían atribuciones en asuntos militares y que los oficiales del ej ército debían obedecer las órdenes del comando nacional, no del gobierno local. Durante el involuntario retraso, el número de soldados de que disponía Bolívar, que a la sazón estaban estacionados en Mompós, comenzó a declinar a causa de…

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poco probable que MacGregor aceptase la autoridad de su gobierno, pero le pidió a Zea que lo invitase a cooperar con él, pidiéndole que atacase la costa en los alrededores de Santa Marta; Bolívar le recalcó a Zea que debía enviar este mensaje en una chalupa que tuviese como único objetivo esa misión. Poco después,…

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08Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Páginas 184, 3082 citas
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pensar en escoger el pun- to del interior que mejor le convenga. Además, el territorio de Ocaña tiene una importan- cia estratégica para los casos de guerra exterior, de guerra civil, que a nadie se le podrá escapar; por decirlo así, es la primera línea de fortificación interior, y el lugar destinado a servir de campo…

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de Venezuela envenenados con el re- cuerdo de las crueldades de Boves y Morales. La huma- nidad recobró sus derechos cinco meses más tarde en el tratado de regularizaron de la guerra celebrado entre Bo- lívar y Morillo. Despejado así el Magdalena, Santa Marta y Carta- gena, ocupadas aún por fuerzas españolas…

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09Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Páginas 51, 1282 citas
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el asedio que los españoles hicieron a Cartagena en 1815. La especulación empezó con la venta de comida seca que había quedado en manos de comerciantes extranjeros (algunos italianos como los Bonolis, Capurros, Capellas y Bernines, y el norteamericano Glen), puesta a pre- cios exorbitantes. Estos agiotistas se sumaron…

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al general". ¿Cómo sería ese general y caudillo costeño? Intrigante pregunta. ¿Sería sanguinario como el mascachochas Mosquera, cruel como Morillo, en fin, violento y disciplinado, o más bien dejao como el coronel Obeso de Mompox y jovial como los gene- rales loriqueros Lugo y Zarante? El trabajo investigativo sobre…

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10Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2341 cita
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toma Carta- A o. od ele del terror. 1816 Los patriotas de Cartagena son pasados por las armas. Cuatro expediciones realistas reconquis- tan Nueva Granada. Nariño vuelve prisionero a Cádiz. El presidente Torres es reemplazado por José Fernández Madrid. El español Warleta toma Medellín y Miguel de la Torre, Santafé.…

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11Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 1031 cita
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102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…

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12Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 561 cita
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es natu- ral, se trata de un periodo poco propicio para la creaci6n artistica. Sin embargo, el pueblo recurrié al lenguaje simbolico, desarrollandolo para expresar su descontento... 0 su complacencia con lo que es- taba ocurriendo. Asi, a la llegada del Pacificador Mo- tillo, algunas seforas se atrevieron a adornar…

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13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1201 cita
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parte de la América del Sur. Tales métodos, si al principio rindieron los resultados esperados, muy pronto lanzaron a la población a la resistencia, obligando a algunos a organizarse en guerrillas, a conspirar o, por lo menos, a desear vivamente la caída del régimen. A pesar de que durante la Primera República vastos…

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14Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 2911 cita
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Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…

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15Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 641 cita
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Granada native son Caldas had celebrated for refusing the honors the Bona- parte regime would have bestowed upon him in occupied Madrid. Among the “many other learned and valuable personages” that were executed was, of course, Francisco José de Caldas. 41 News of Morillo’s sanguinary tactics and actions was…

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16Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1641 cita
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República (como la piedra litográfica donde se imprimían los patentes de navegación, el sello del museo y la matriz del mapa de la Nueva Granada en 1847). Con base en tales piezas, la representación de la Independencia que se constituía articulaba los diferentes periodos de dicho proceso, empezando por la creación de…

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17Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Página 2721 cita
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de ocultar la parte que había tenido en la revolu- ción hecha contra el Gobierno español; cual, con la espe- ranza de hallar protectores entre los que había protegido, o con recursos de varias especies para ablandar a sus jueces. El joven Pedro opinó por la resistencia hasta el último trance. —Que no nos reprenda la…

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18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1101 cita
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ñ oles. Poco despu é s los restos del ej é rcito patriota fueron derrotados. Las tropas espa ñ olas estaban diezmadas por las enfermedades, rn especial el paludismo y la fiebre amarilla: en 1820 sobreviv í an menos de 3000 de los 12000 que hab í an llegado en 1815 a Am é lica. No era probable que un ej é rcito espa ñ…

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19Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 3601 cita
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montañas, coronaría las cumbres de la cordillera Oriental y descendería desde las alturas hasta Bogotá. Mientras las tropas realistas recién llegadas de España padecían su primera exposición a la fiebre amarilla, la malaria y la peste, además del tedio de la vida de guarnición en Caracas, él y su ejército de…

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20Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 1891 cita
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el río Orinoco para establecer su base de apoyo en la Guayana, frontera donde los bandidos pudieron legitimarse con un Congreso Constituyente, un periódico (Correo del Orinoco) y un plan de ataque sorpresivo sobre el Nuevo Reino de Granada. La llegada del Ejército Expedicionario a Venezuela significó la restauración…

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21Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Página 1431 cita
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greater expedition. Casanare was a semi-desert, a poor and underpopulated province, but it was the sanctuary of New Granadan inde- pendence. It provided a nucleus of another army and it could become a base 124 S I M Ó N B O L Í VA R for an invasion of New Granada. Santander explored and exploited the weak- nesses in…

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22El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 781 cita
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rcito de Apure al mando de Paez, que constaba de unos 4.000 efectivos — 3.000 infantes y 1.000 caballos. El ej é rcito de Oriente a las ó rdenes de Arismendi y Sucre situado en Agostura con otro tanto en hombres y el ej é rcito del Norte al mando sucesivo de Soublette, Anzoategui y Salom con menos de 2.000 efectivos.…

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23Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 941 cita
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el trato respetuoso que se debía dar a los prisioneros de guerra, asistencia a los heridos y enfermos y respeto a la población civil. El 26 de noviembre de 1820 se suscribió entre Simón Bolívar, como presidente de la recién creada República de la Gran Colombia, y Pablo Morillo, comandante español del Ejército de…

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