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Biografía

Antonio Villavicencio

Independencia

1775–1816

17 min de lectura34 documentos
Nacimiento1775
Fallecimiento6 de junio de 1816
RolesOficial de la Real Armada española · Comisionado regio del Consejo de Regencia de Cádiz
Lugar principalColombia
Período históricoIndependencia1810–1831
03

La biografía

Antonio Villavicencio y Verástegui (Quito, 1775 – Santafé de Bogotá, 6 de junio de 1816) fue un oficial criollo de la Marina Real española a quien la Regencia de Cádiz envió en 1810 como comisionado regio a la Nueva Granada. Su misión era escuchar los agravios de los cabildos americanos, restaurar la confianza en la Corona y prevenir el desborde juntero que ya recorría el continente. Consiguió lo contrario. Su llegada al puerto de Cartagena en mayo de 1810 y su avance hacia el interior fueron la señal que las élites criollas esperaban para instalar juntas propias, entre ellas la de Santafé el 20 de julio. Seis años después, las fuerzas realistas que él había representado lo fusilaron en la plaza principal de esa misma ciudad. Esa doble condición —oficial imperial enviado a apaciguar y mártir patriota ejecutado por sus antiguos superiores— hace de Villavicencio una figura incómoda para la memoria heroica y reveladora de la naturaleza contradictoria del reformismo borbónico tardío.

02

Línea de vida

  1. 1775

    Nacimiento en Quito

    Leer contexto

    Nació en Quito, en el seno de una familia criolla vinculada a la administración colonial de la Presidencia de Quito, institución con Real Audiencia propia desde 1563 y subordinada al Virreinato de Nueva Granada.

  2. 1805

    Combate en Trafalgar

    Leer contexto

    Participó como oficial de la Real Armada en la batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, donde presenció el hundimiento de la capacidad naval española, hecho estructural que debilitó el control de la Corona sobre sus dominios americanos.

  3. 1808

    Crisis de Bayona y experiencia del vacío de poder

    Leer contexto

    Se encontraba en la Isla de León (actual San Fernando, Cádiz) cuando Napoleón secuestró a Carlos IV y Fernando VII en Bayona. Vivió en tiempo real la formación de juntas peninsulares que invocaban la reversión de la soberanía al pueblo, doctrina que dos años después usarían los cabildos neogranadinos.

  4. 1810

    Designación como comisionado regio y llegada a Cartagena

    Leer contexto

    El Consejo de Regencia de Cádiz lo designó comisionado para la Nueva Granada con la misión de escuchar agravios, restaurar la confianza en la Corona y contener el proceso juntero. Desembarcó en Cartagena en mayo de 1810, cuando el ciclo autonomista neogranadino ya estaba en marcha.

  5. 1810

    El 20 de julio y el vaciamiento de su misión

    Leer contexto

    Su presencia en Santafé coincidió con la instalación de la Junta Suprema de Gobierno el 20 de julio de 1810. El acta redactada por José Acevedo y Gómez negó autoridad a cualquier institución peninsular, incluida la Regencia que lo había enviado. El 26 de julio la Junta declaró explícitamente que no reconocía al Consejo de Regencia, dejando su misión sin contenido.

  6. 1810

    Integración al proceso patriota

    Leer contexto

    Tras el fracaso de su misión regia, se integró al proceso independentista neogranadino como oficial y funcionario, poniendo su formación naval al servicio de las nacientes autoridades patriotas.

  7. 1816

    Fusilamiento en Santafé

    Leer contexto

    Fue ejecutado el 6 de junio de 1816 en la plaza principal de Santafé de Bogotá por las fuerzas realistas del general Pablo Morillo durante la reconquista española, convirtiéndose en mártir del proceso independentista que él mismo había contribuido a desencadenar.

Un criollo quiteño en el orden imperial

Villavicencio nació en Quito en 1775, en una familia criolla vinculada a la administración colonial de la Presidencia. La Real Audiencia de Quito había sido dotada de jurisdicción propia desde 1563 y, aunque subordinada al Virreinato de Nueva Granada, funcionaba como una provincia con cancillería real e identidad institucional distinta. Sus presidentes disputaban competencias con el Virreinato de Lima, con la gobernación de Popayán y con el propio virrey de Santafé. El Barón de Carondelet, presidente entre 1799 y 1807, aspiró incluso a elevar la Presidencia a capitanía general y a recuperar el mando fiscal y militar sobre Guayaquil, captado por Lima. Crecer en ese ambiente significaba respirar una política criolla ilustrada, agraviada por reformas borbónicas que habían restado autonomía a los naturales del reino, consciente de que la jerarquía imperial premiaba invariablemente al peninsular sobre el americano.

Los criollos como Villavicencio conocían los límites de su ascenso. Podían ser administradores de rentas, funcionarios del tesoro, abogados litigantes ante la Audiencia, corregidores, fiscales, empleados en cajas reales o en la Casa de Moneda. Los cargos altos —virrey, oidor de primer rango, presidente de audiencia— les estaban prácticamente vedados salvo por conexiones familiares excepcionales. El derecho era la vía habitual del criollo instruido hacia la burocracia, pero el techo era bajo y explícito. Ya en 1781, los Comuneros del Socorro habían exigido que los naturales del Nuevo Reino tuvieran preferencia sobre los peninsulares en los nombramientos oficiales. Esa demanda seguía viva una generación después, y era el sustrato de agravio que los cabildos formularían con lenguaje ilustrado en 1809.

Villavicencio no eligió el derecho. Eligió el mar. Se formó como oficial de la Real Armada española y, por esa vía inusual para un criollo neogranadino, ingresó a un cuerpo profesional donde el mérito técnico pesaba tanto como el linaje. Los habitantes criollos de los puertos del Caribe habían comenzado desde finales de la década de 1770 a participar en la navegación marítima de forma no despreciable, actividad favorecida por la política comercial española y por las guerras que interrumpían las comunicaciones con la metrópoli. La facultad de comerciar con barcos propios entre puertos americanos había sido concedida poco antes de 1772. En ese contexto, la carrera naval ofrecía a un joven quiteño con buenos padrinos una puerta lateral hacia el servicio imperial que el escalafón virreinal le cerraba.

La formación del oficial y Trafalgar

La biografía naval de Villavicencio lo llevó a Cádiz, corazón administrativo de la Marina Real y ciudad clave de la ilustración hispánica. Allí completó su formación como guardiamarina y sirvió en la flota atlántica en los años más convulsos de la monarquía. Combatió en Trafalgar el 21 de octubre de 1805, la batalla que hundió la capacidad naval española y dejó a la Corona sin herramienta para controlar sus dominios americanos frente al bloqueo británico y, más tarde, frente al colapso peninsular. Trafalgar es dato biográfico y dato estructural: el oficial criollo que servía a España en 1805 vio con sus propios ojos el hundimiento del instrumento con que la monarquía había proyectado poder sobre América durante tres siglos.

En los años siguientes, Villavicencio combinó el servicio activo con la formación cortesana y la exposición a los círculos ilustrados gaditanos. Cuando en 1808 Napoleón secuestró a Carlos IV y a Fernando VII en Bayona e impuso a José Bonaparte en el trono, Villavicencio se encontraba en la Isla de León —la actual San Fernando, junto a Cádiz— sirviendo a una monarquía sin monarca. El colapso fue absoluto: el rey preso, la capital ocupada, la flota desaparecida, y en cada ciudad libre de la Península se formaron juntas locales para administrar el vacío. Esa experiencia peninsular fue decisiva. Villavicencio no aprendió la teoría de la reversión de la soberanía al pueblo en libros americanos: la vio funcionar en tiempo real en la propia España, donde comités supremos se constituyeron desde 1808 invocando exactamente la doctrina que dos años después servirían los cabildos neogranadinos para instalar sus propias juntas.

Cuando en 1810 el Consejo de Regencia buscó comisionados para enviar a América con la misión de contener el estallido juntero, la elección de Villavicencio fue lógica. Era criollo —quiteño, además, con lo que ese origen implicaba de comprensión de la política americana—, era oficial condecorado de la Armada, había servido con lealtad en Trafalgar y en la resistencia peninsular, y hablaba el lenguaje ilustrado de la reforma. Era la carta con que la Regencia esperaba desactivar el impulso autonomista: un americano ilustrado enviado por una autoridad que ya no podía apostar por peninsulares porque los peninsulares habían perdido toda credibilidad ante las élites del continente.

La misión regia y la contradicción original

Villavicencio zarpó de Cádiz a comienzos de 1810 con instrucciones amplias: escuchar a los cabildos, informarse de los agravios, proponer reformas administrativas, jurar la autoridad del Consejo de Regencia como continuadora legítima de la soberanía de Fernando VII. Su encargo se inscribía en un esfuerzo más amplio: la Regencia envió comisionados a distintos puntos de América y convocó Cortes en Cádiz con representación americana, buscando reconstruir el pacto colonial sobre bases nuevas que reconocieran la igualdad —al menos retórica— entre peninsulares y criollos.

La contradicción de fondo era doble e insuperable. La Regencia derivaba su legitimidad de una doctrina —la reversión de la soberanía al pueblo en ausencia del monarca— que los criollos podían usar con la misma pertinencia para constituir sus propias juntas. Si la soberanía había vuelto al pueblo, no había razón lógica para que ese pueblo, en América, delegara nuevamente en una junta peninsular constituida a miles de kilómetros. A eso se sumaba un segundo obstáculo. La crisis napoleónica había dividido la opinión americana en al menos tres campos: afrancesados, fernandinos leales al Consejo de Regencia, y criollos con designios independentistas influidos por las revoluciones francesa y norteamericana. La misión de Villavicencio suponía un consenso realista que, en 1810, ya no existía.

Cuando Villavicencio desembarcó en Cartagena en mayo de 1810, el proceso juntero neogranadino llevaba en marcha varios meses. Desde septiembre de 1809, tras la instalación de la Junta de Quito el mes anterior, la Nueva Granada había entrado en un ciclo que se divide en cuatro fases sucesivas: rebeliones y represión hasta mayo de 1810, organización de las primeras juntas entre mayo y julio, florecimiento juntero de julio a septiembre, y consolidación militar contra provincias disidentes hasta febrero de 1811. La llegada de Villavicencio coincidió, por accidente cronológico o por lógica estructural, con el paso de la primera fase a la segunda.

En Cartagena, el cabildo ya había depuesto al gobernador el 22 de mayo y volvió a intervenir el 14 de junio. En Cali se creó una Junta Suprema el 3 de julio. En Pamplona, el cabildo destituyó al gobernador el 4 de julio. En El Socorro se formó Junta el 10 de julio. Villavicencio avanzaba por un territorio que no lo esperaba como pacificador sino como testigo. Su sola presencia física —un comisionado regio criollo, ilustrado, dispuesto a escuchar— confirmaba a las élites locales que la autoridad peninsular estaba desesperada y que el momento de actuar había llegado.

El Memorial de Agravios y el 20 de julio

Los cabildos neogranadinos habían formulado ya, antes de la llegada de Villavicencio, sus posiciones doctrinales frente a la crisis. El delegado Antonio Narváez y Latorre, comisionado en misión anterior ante las autoridades peninsulares, había recibido instrucciones de los cabildos de Santafé, Popayán, Socorro, Tunja y Loja, entre otros. Las instrucciones santafereñas —redactadas por Camilo Torres Tenorio y conocidas como el Memorial de Agravios— planteaban la igualdad de representación entre españoles y americanos y apuntaban hacia una monarquía constitucional basada en la soberanía popular. No eran una queja: eran un programa. Ignacio de Herrera y Vergara, en sus Reflexiones de un americano imparcial de septiembre de 1809, había escrito con inequívoca claridad que "el pueblo es la fuente de la autoridad absoluta" y que el rey estaba encargado de hacer felices a sus dominios. La doctrina estaba lista. Faltaba la ocasión.

Villavicencio fue la ocasión. Llegó a Santafé anunciado como enviado del Consejo de Regencia en momentos en que los cabildos neogranadinos estaban preparados no ya para protestar por la desigualdad americana, sino para actuar sobre ella. El elemento más radical de los santafereños, los llamados chisperos —entre ellos José María Carbonell—, presionaba sin descanso a las élites moderadas para forzar una ruptura. El 20 de julio de 1810 la ruptura ocurrió. José Acevedo y Gómez redactó el acta que declaró que toda autoridad quedaría provisionalmente en la Junta Suprema de Gobierno hasta que se formara una constitución que asegurara la felicidad pública, que el sistema sería federal con representación en la capital, y —lo decisivo— que los derechos soberanos del pueblo no podían ser abdicados a ningún individuo o institución que no fuera Fernando VII.

El acta era simultáneamente radical y ambigua. Reconocía a Fernando VII, con lo que preservaba las formas de lealtad monárquica; pero negaba autoridad a cualquier institución peninsular, incluida la Regencia que había enviado a Villavicencio. Seis días después, el 26 de julio, la Junta Suprema fue explícita: no reconocía al Consejo Supremo de Regencia, ninguna corporación o individuo peninsular tendría autoridad sobre esas tierras excepto Fernando VII, y el rey no podía delegar en persona o institución alguna la autoridad que el pueblo le había conferido. La presión de los chisperos había impedido a la Junta la moderación de sus decisiones iniciales.

La misión de Villavicencio quedó vaciada de contenido antes de que él pudiera cumplirla. El comisionado regio de una regencia no reconocida no representaba nada en Santafé. Aparentemente aceptó la situación sin resistencia. Algunas versiones sostienen que apoyó el proceso desde dentro, que sus simpatías criollas se impusieron sobre sus deberes formales; otras, que simplemente reconoció lo irreversible. Lo cierto es que no intentó reprimir la Junta ni pedir refuerzos militares, y su actitud contrastó abiertamente con la conducta del virrey Antonio Amar y Borbón, depuesto ese mismo 20 de julio junto con la virreina. En las negociaciones de esa noche jugó papel el asesor de virreyes Juan Jurado, funcionario peninsular sin instrumentos para mediar; la presidencia provisional de la Junta recayó en José Miguel Pey, alcalde ordinario, criollo moderado que asumió responsabilidades sin buscarlas.

El comisionado atrapado

Tras el 20 de julio, Villavicencio quedó en una posición imposible. Formalmente seguía siendo comisionado de una Regencia que ya nadie en Santafé reconocía; en la práctica, era un oficial criollo cuya trayectoria imperial lo hacía sospechoso para los patriotas radicales y traidor para los realistas. La cadena juntera continuó sin él. En las semanas que siguieron a Santafé se pronunciaron Tunja, Neiva, Girón, Mompox y más tarde Quibdó, esta última por convocatoria popular. El proceso tenía dinámica propia, y Villavicencio quedó en la posición del observador de un movimiento cuya autoría le fue atribuida después con generosidad desmedida.

En Mompox, el pronunciamiento del 6 de agosto de 1810 fue uno de los primeros en orientarse hacia la independencia absoluta, superando el fernandinismo formal del acta santafereña. La opinión pública momposina se había dividido desde 1808 entre afrancesados, seguidores de la Junta Suprema fernandina y criollos democráticos con designios de independencia absoluta influidos por las revoluciones francesa y norteamericana. Esa tipología —que se replicaba en cada ciudad— revela la complejidad ideológica del momento y la ingenuidad estructural de la misión que se había encargado a Villavicencio.

Las juntas americanas de 1810 mostraron al menos tres tendencias: algunas acataron la Regencia y las Cortes; otras, como Santafé, adoptaron una postura autonomista guardando los derechos de Fernando VII; otras se declararon abiertamente independentistas. Villavicencio había sido enviado a hablar con la primera tendencia. Encontró que era minoritaria, dispersa, y que las otras dos dominaban la conversación política.

Durante los años siguientes se integró al proceso patriota como oficial y funcionario. Su formación naval fue aprovechada por las nacientes autoridades independentistas. Su nombre aparece asociado a distintas responsabilidades administrativas y militares en el aparato en construcción, aunque nunca en primera línea política. Ni fue de los oradores del Congreso ni de los generales de terreno. Fue, más bien, un cuadro técnico ilustrado en un proceso que necesitaba desesperadamente cuadros de ese perfil. Una trayectoria paralela, la del también quiteño Carlos Montúfar —criollo ilustrado enviado como comisionado regio a Quito y luego plegado a la causa patriota hasta morir ejecutado por los realistas—, confirma que Villavicencio no fue una excepción sino un tipo social: el oficial criollo formado en la metrópoli y atrapado entre lealtades.

La Patria Boba y los años intermedios

Los años que siguieron al 20 de julio son los que la memoria republicana bautizó con desdén como la Patria Boba: el período 1810-1815 en que la Primera República neogranadina se desangró en la disputa entre centralistas y federalistas antes de que la reconquista española acabara con todos. Antonio Nariño encabezó el bando centralista desde la provincia de Cundinamarca; Camilo Torres, tribuno y jurisconsulto, presidió el Congreso de las Provincias Unidas y dirigió el bando federalista. La disputa derivó en guerra civil abierta, con enfrentamientos militares en 1812 y con el ataque de las tropas federalistas a Bogotá en diciembre de 1814, operación conducida por un joven oficial venezolano, Simón Bolívar, cuya figura habría de dominar la fase siguiente de la independencia continental.

Villavicencio atravesó esos años sin protagonismo faccional visible. Su formación imperial y su itinerario personal lo mantenían al margen del choque entre los grandes tribunos, aunque su lealtad al proceso republicano no parece haber flaqueado. Cuando en 1815 comenzó la reconquista española, ese pasado ambiguo —oficial de la Marina Real, comisionado regio de 1810, cuadro técnico de las juntas patriotas— se volvió contra él con toda su fuerza.

Morillo, Cartagena y la reconquista

Pablo Morillo desembarcó en tierras venezolanas al frente de la mayor expedición militar enviada por España a América desde los tiempos de la Conquista. Su objetivo era restablecer el orden colonial mediante la fuerza, y su método fue el terror sistemático. Tras someter la costa, puso sitio a Cartagena. La ciudad resistió ciento dos días —algo más de tres meses— bajo un ataque combinado por tierra y mar. Una parte de las tropas españolas había avanzado por tierra hacia Santa Marta para colaborar en el asedio, mientras Morillo bloqueaba el puerto con el resto del ejército. El 4 de agosto de 1815 se supo en Cartagena el avance de las tropas realistas. La ciudad cayó el 6 de diciembre. Se calcula que una tercera parte de la población murió durante el sitio, víctima del hambre y las epidemias.

Con Cartagena tomada, el camino hacia el interior estaba abierto. Las fuerzas de Morillo avanzaron por el Magdalena hacia Honda y de allí hacia Santafé. La Primera República, debilitada por las guerras civiles entre centralistas y federalistas, no ofreció resistencia coordinada. La dirigencia patriota se dispersó: unos huyeron hacia los Llanos, otros hacia el sur, otros fueron capturados.

Morillo instaló en Santafé un régimen de represión sistemática mediante tres instituciones: el Consejo de Purificación, encargado de examinar la lealtad de los desleales al rey; las Juntas de Secuestros, que incautaban bienes a los acusados de traición; y los Consejos de Guerra, que imponían la pena capital a los acusados de rebelión. En pocos meses ese engranaje judicial-militar procesó, condenó y sepultó a la mayor parte de la élite patriota que no había logrado huir.

En 1816 fueron fusilados, entre muchos otros, Camilo Torres Tenorio, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y José María Carbonell. Antonio Villavicencio fue uno de ellos. Murió fusilado en Santafé el 6 de junio de 1816, a los cuarenta y un años. La ejecución de un antiguo oficial de la Real Armada, condecorado en Trafalgar, comisionado por la Regencia de Cádiz apenas seis años antes, cerró el círculo de su biografía: las mismas fuerzas que lo habían enviado a apaciguar la Nueva Granada lo mataron por haber pasado al bando de los apaciguados. El fusilamiento de una generación entera de dirigentes ilustrados —Torres, Carbonell, Caldas, Lozano, Villavicencio— fue el precio del reformismo tardío de Morillo, y esa masacre determinó que la independencia definitiva de 1819 fuera obra de una segunda generación, más militar que doctrinaria, encabezada por Bolívar y Santander.

Las noticias sobre las tácticas sanguinarias de Morillo se difundieron rápidamente a ambos lados del Atlántico. En Gran Bretaña y en Estados Unidos generaron indignación, y la invocación de esa superioridad moral ante audiencias externas contribuyó luego a obtener apoyo monetario y logístico para la campaña definitiva de independencia. La ejecución de Villavicencio, entre las de tantos otros próceres, alimentó ese relato.

La invención del mártir

La memoria colombiana ha sido selectiva con Villavicencio. En el siglo XIX, la elaboración de biografías y memorias de próceres regionales fue un mecanismo consagratorio de los grupos dirigentes: cada región buscaba demostrar su contribución a la formación de la República mediante la exaltación de sus héroes epónimos. La escritura de la historia en Colombia tuvo, durante todo el siglo XIX, un carácter fundacional centrado en las acciones de los héroes de la Independencia, en simbiosis con la creación de la institucionalidad estatal. Academias y centros regionales privilegiaron a determinados próceres según los intereses políticos y sociales de sus productores, y la transmisión oral de episodios —los recuerdos del general Joaquín París, del sargento Escandón— cumplía función suplementaria ante la ausencia de registros escritos sistemáticos. Se lamentaba con frecuencia el riesgo de que hechos notables quedaran sepultados en el olvido por la muerte de los testigos oculares, preocupación que revela hasta qué punto la memoria heroica del período fue construida activamente, no heredada de forma neutra.

Villavicencio ocupó en ese panteón un lugar respetado pero secundario. No fue elevado al rango de Bolívar, Santander, Nariño o Camilo Torres. Su condición de comisionado regio complicaba el relato heroico: contar bien su historia obligaba a contar la del imperio que lo había enviado, la del oficial de la Real Armada que había combatido en Trafalgar, la del hombre cuya misión formal era impedir precisamente aquello que su llegada aceleró. Esa complicación fue resuelta por la memoria patriota mediante una operación clásica del martirologio: se subrayó la ejecución de 1816 y se dejó en penumbra la biografía imperial anterior. El fusilamiento borró retroactivamente al oficial y consagró al mártir.

Villavicencio no protagonizó, en esa construcción, el altar central. Ocupó un nicho: el del comisionado regio convertido en patriota, útil precisamente porque encarnaba la posibilidad de que un servidor del imperio pudiera cambiar de bando y morir por la causa. Ese perfil era funcional al relato de la independencia como movimiento amplio y noble, capaz de atraer incluso a oficiales criollos de la metrópoli. Pero la propia utilidad del perfil exigía silenciar sus tensiones: la carrera naval, Trafalgar, la Isla de León, la lealtad borbónica de años, no pesaban en la iconografía.

Lo que la paradoja enseña

La trayectoria de Villavicencio dibuja el límite exacto del reformismo borbónico tardío. Un imperio que necesita enviar americanos a hablar con americanos ha dejado ya de ser imperio en el sentido pleno del término; opera con las formas del poder pero sin su sustancia legitimadora. Y la doctrina con que la Regencia se justificaba —la reversión de la soberanía al pueblo en ausencia del monarca— era la misma que legitimaba a las juntas de Santafé, Cali o Mompox. El comisionado llevaba en el bolsillo el argumento que anulaba su propia misión.

De ahí que su importancia individual haya sido, sobre todo, retrospectiva. El motor real del 20 de julio fue la agencia criolla colectiva: los cabildos que habían formulado desde 1809 sus programas de gobierno ilustrado, los redactores del Memorial de Agravios, los chisperos que presionaban en las calles, los patriotas moderados que dieron forma jurídica al momento. Villavicencio no precipitó la ruptura; la encontró en curso. Su ejecución en 1816 proporcionó luego a la memoria patriota el material simbólico para operar la borradura del oficial imperial y la fabricación del mártir. La operación consagró el nombre y dejó la biografía plena en penumbra.

Villavicencio importa, entonces, no como héroe fundador sino como figura de tránsito. Su vida cruza el momento exacto en que la monarquía hispánica dejó de ser un orden legítimo para las élites criollas y empezó a ser un aparato de fuerza ajena. Encarna esa transición porque la sufrió en su propio cuerpo: nació súbdito ilustrado del rey católico, sirvió como oficial de su armada, cruzó como comisionado el umbral de una nueva era política, se integró al proceso republicano y murió fusilado por la Corona a la que había servido con distinción durante veinte años. Ese es, más allá del martirologio, el motivo por el que su nombre sigue anclado en el pórtico de la historia colombiana.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

34 documentos · 46 fragmentos
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 106, 108, 1123 citas
[1]

los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…

p. 106
[22]

julio de 1810, que asumió el gobierno en nombre de Fernando El 20 desulio de 1810. Ñ Firma del Acta de Independencia en el cabil- do de Santafé, el 20 de Julio de 1810, óleo de Coriolano Leudo. En el Acta se reconocía a Fernando VII como legítimo rey de España. VII. En El Socorro, por su parte, fue el pueblo el que…

p. 108
[25]

padres de familia de cada parroquia, para que el 11 de fe- brero de 1811 eligieran diputados al Colegio Electoral Constituyente. La Constitución, de cor- te monárquico-republicana, fue aprobada el 30 de marzo de 1811 y promulgada por el presiden- te Jorge Tadeo Lozano el 4 de abril de ese año. Mediante el Acta de…

p. 112
02Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Páginas 10, 262 citas
[2]

con las ideas expresadas por los enciclo- pedistas franceses y emanadas de la Revolucion de 1789, a las cuales se adherian fervorosamente. Existia, ademas, un abierto repudio y disgusto por la insolencia de los funcionarios encargados del go- bierno en el virreinato, y por el escandaloso relaja- miento de la conducta…

p. 10
[36]

Santa Marta, y colaborar en el asedio y toma de la plaza. — El resto del ejército, al mando del mismo Morillo, debia continuar el viaje por mar para bloquear el puerto. EI 4 de agosto de 1815 se supo en Cartagena el avance de las tropas espafolas y se tomaron las si- guientes medidas: — Fueron llamados a las armas los…

p. 26
03Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Páginas 31, 35, 403 citas
[3]

mundo cambió para millones de personas que habitaban la América española. En este capítulo se examinan dichas transformaciones ideológicas, políticas, económicas y territoriales para el caso de Colombia, 6 las cuales estaban inextricablemente ligadas a los cambios que ocurrían simultáneamente en el contexto del mundo…

p. 31
[7]

Provincias americanas, lo que provocó que muchos americanos no aceptaran su legitimidad para gobernar en nombre de Fernando VII. Tal malestar estaba además motivado por el miedo de que Napoleón estuviera a punto de conseguir una victoria definitiva en España y en Europa. Ante la posibilidad de perder del todo a su…

p. 35
[19]

más radical de santafereños, conocidos como los “chisperos”, se encargó de dificultarle a la Junta Suprema de Santafé la moderación de sus decisiones iniciales. A consecuencia de ello, el 26 de julio, la Junta finalmente declaró que no reconocía al Consejo Supremo de Regencia, marcando un momento decisivo: ninguna…

p. 40
04Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2631 cita
[4]

escondido cuando yo salgo a alguna p a r t e ". Aunque este capitán le pedía a don Mateo que fuera al hato " p a r a conocerlo", no hay noricia de que el marqués consorte hubiera hecho ese viaje a San Benito. Sus actividades militares y políticas lo tenían más que ocupado en Mompox: en efecto, estaba por estallar la…

p. 263
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Páginas 22, 29, 333 citas
[5]

history is liberating, and new interpretations offer us the opportunity to reconsider our reading, our understanding, our sense of a nation’s history. NOTES 1. Alberto Flores Galindo, In Search of an Inca: Identity and Utopia in the Andes (New York: Cambridge University Press, 2010), 248. 2. Ibid. 3. Gabriel García…

p. 22
[15]

went on to formulate enlightened ideas and true programs for governance. Narváez y Latorre received instructions from the cabildos of Santafé (known as the “Memorial de Agravios,” or “Memorandum of Grievances”), Popayán, Socorro, Tunja, and Loja, among others. Similarly, he received a document written by Ignacio de…

p. 29
[18]

Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction of the recently constituted junta: All authority will be placed provisionally in the Supreme Governing Body of this Kingdom, until this same Junta forms the Constitution that assures public happiness. The noble provinces will be counted on…

p. 33
06La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · Páginas 62, 1522 citas
[6]

un derecho exclusivo del rey; solo en su presencia se podía llevar a cabo dicha reunión. Pero ante el vacío de poder como resultado de la abdicación al trono por parte de Fernando VII, el pueblo estaba en la obligación de convocar a la institución encargada de su representación para proteger al reino de sus invasores,…

p. 62
[23]

de la Independencia. Bogotá: I/M, 2000, p. 25. 22 Sosa Abella, Guillermo. Representación e independencia 1810-1816. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2006, pp. 139-144. 23 Caballero, Diario de la Independencia..., p. 26. 24 Diario Político de Santafé, n.º 24, tomo 1, 24 de noviembre de 1810. La…

p. 152
07Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Página 6261 cita
[8]

de las naturalezas quiteña y guayaquileña desde los tiempos india - nos. Venida al mundo con la condición de provincia, dotada de su propia real audiencia y cancillería real a la que se le fijaron sus términos jurisdiccionales 210 desde 1563, algunos de los presidentes de Quito se esforzaron por mejorar su estatus en…

p. 626
08El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · Página 971 cita
[9]

y las reduc- ciones señalados por los reyes de España para los pueblos de indios o en compras efectuadas por los caciques para sus tribus 4. Sin embargo, en las tierras del resguardo de 4 La Real Provisión dirigida a Joseph Vallejo en la que se da infor- mación a este funcionario del fallo proferido por la Real…

p. 97
09Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Página 1451 cita
[10]

rebelión de Quito pudo ser aplastada. Para salvaguardar la protección de Santa Fe, cuyo regimiento había sido enviado prácticamente en su totalidad a Quito, se llevaron tropas de un regimiento de Cartagena. Cuando estos refuerzos llegaron a Santa Fe, el Virrey adoptó medidas en contra aquéllos que se tenía sospechas…

p. 145
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1121 cita
[11]

local por la vía del m atrim onio, de tal suerte que los intereses de los criollos bien relacionados sí tenían alguna representación. A unque por lo general a los criollos no se les perm itía o cupar altos cargos políticos, algunos m iem bros de la elite n eo granadina alcanzaron prestigio com o adm inistradores de…

p. 112
11Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 3761 cita
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abstracci ó n 392 ESTADO, ADMINISTRACION Y VIDA POL Í TICA de sus funciones ideales, para comprender la verdadera naturaleza de sus actuaciones. Finalmente, existe un nivel menos estudiado y mucho m á s problem á tico: el de las instancias puramente locales de poder, el de un equilibrio perpetuamente inestable entre…

p. 376
12Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1081 cita
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naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…

p. 108
13Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 1161 cita
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pasado los habitantes de nuestros puertos del Caribe tomaron por su cuenta la navegación marítima, en forma y cuantía no despreciables. * Esa actividad se marca a partir de los años últimos del 770, y la favorecieron la amplitud que en materias de comercio 82 Archivo Nacional. Colonia. Aduanas, tomo 13, folio 863. La…

p. 116
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 331 cita
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to Origins 17 the Seville junta. The town councils did much more than merely complain of the Americans’ unequal representation in the junta or offer the familiar protests concerning the abuses of royal authorities. They went on to formu- late enlightened ideas and true programs for governance. Narv á ez y Latorre…

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15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 97, 1032 citas
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pero guio las acciones de los criollos el a ñ o siguiente. Al plantear la representaci ó n del reino sobre ba ses de igualdad entre espa ñ oles y americanos, y al amenazar con la independencia si eso no se lograba, iba mucho m á s all á de las rei vindicaciones fiscales de los comuneros. En vez de una monarqu í a…

p. 97
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ó n. Para formar un gobierno com ú n, si la soberan í a resid í a en el pueblo, ¿ sus representantes deb í an ser los “ cabildos ” o diputados elegidos por los vecinos?, ¿ la representaci ó n de los cabildos deb í a ser igual o proporcional a la poblaci ó n? Si el pueblo estaba formado por los ciudadanos (o vecinos) y…

p. 103
16Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 831 cita
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acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…

p. 83
17Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 941 cita
[21]

americanas y acataron las decisio- nes de la Junta Central, la Regencia y las Cortes Es- panolas; otras juntas fueron autonomistas, como la que se organiz6 en Santa Fe de Bogota el 20 de julio de 1810, partidarias de una autonomia de los gobiernos provisionales de Espana y guardadoras de los derechos de Fernando VII.…

p. 94
18Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2511 cita
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en nuestra patria. Alcance social: por primera vez se habla en nuestro país de soberanía del pueblo; el pueblo confiere a Amar el cargo de presidente de la junta; cambió la condición de la raza indígena y de los criollos. Los hijos de este suelo pudieron aspirar a los elevados cargos. Alcance económico: dado que esta…

p. 251
19Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 17, 222 citas
[27]

del mando de Castro de la nación para combatir a los federalistas de Tunja, capitaneados por Antonio Baraya, cuyos enfrentamientos con los centralistas ponían en peligro las todavía endebles conquistas logradas por los patriotas, dos años después de los hechos del 20 de julio. Manuel Benito de Castro 21 22 Presidentes…

p. 17
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ocasiones aplicó penas de prisión. Sin embargo, pese a haberse opuesto a incorporar a Cundinamarca a los acuerdos fede- ralistas, proponía que, como estado indepen- diente, se aliara a las demás provincias para de- fenderse de la agresión española. Era tal su resistencia a las citadas tesis, que la posición que adoptó…

p. 22
20Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 691 cita
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También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…

p. 69
21Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · Página 1991 cita
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desaparición privó a la patria del prohombre civil que habría represen- tado en el Norte de América del Sur el sentimiento cívico y la supremacía de ideas que en las afortunadas regiones del Plata tuvo su culminación en la personalidad de Riva- davia. Concedió el hado al argentino lo que al colom- biano negara, y de…

p. 199
22Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 211 cita
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así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

p. 21
23Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 2091 cita
[32]

un escalamiento de la guerra le dieron al conflicto un giro popular y sangriento. Los marcos de movilización de la población y de los tributos son los pueblos, en mayor medida porque la Confederación cuidaba bien de los municipios, fundamento de su razón de ser. Después de un momento de fructífera cooperación con los…

p. 209
24Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Página 2091 cita
[33]

un escalamiento de la guerra le dieron al conflicto un giro popular y sangriento. Los marcos de movilización de la población y de los tributos son los pueblos, en mayor medida porque la Confederación cuidaba bien de los municipios, fundamento de su razón de ser. Después de un momento de fructífera cooperación con los…

p. 209
25La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Página 831 cita
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regiones más extensas e importantes, el Caribe colombiano y el Cauca grande, en manos de los españoles y vastos territorios, más de dos tercios, en manos de nadie. Uno puede imaginarse el rostro con el que Cartagena recibió al triunfante Morillo y su ejército de reconquista el 6 de diciembre de 1815, luego de todo un…

p. 83
26¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 511 cita
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biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…

p. 51
27Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 571 cita
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Las consecuencias de la intransigencia del gobierno absolutista no se hicieron esperar, tras años de organización en sociedades patrióticas y en las más poderosas sociedades secretas como la masonería, estas que contaban con el apoyo económico de la burguesía, lo cual se tradujo en réplicas constantes pero fallidas de…

p. 57
28Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 641 cita
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Granada native son Caldas had celebrated for refusing the honors the Bona- parte regime would have bestowed upon him in occupied Madrid. Among the “many other learned and valuable personages” that were executed was, of course, Francisco José de Caldas. 41 News of Morillo’s sanguinary tactics and actions was…

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29Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 2911 cita
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Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…

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30Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Página 471 cita
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nares de cadalsos se habían levantado por todas partes, y diariamente se sacrificaban nuevas víctimas en las aras de la tiranía. Mas, estas hecatombes humanas no aplacaban el furor vengativo de los esbirros de ese monarca estúpido y cruel que deshonraba el trono español; y la codicia de sus soldados mercenarios…

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31Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Páginas 1, 82 citas
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regional buscaron levantar la autoestima de cada región a partir de la redención y justificación de pasados abolengos. Cada una de las regiones colombianas debía tener su prócer o sus héroes, o a lo menos un grupo de “patricios” prestantes que demostraban su contribución a la formación de la República, lo que…

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27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

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32Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · Página 202 citas
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dado algún impulso aislado de esta clase. Contrayéndonos a los libros históricos, ¡cuántas gran - des acciones, cuántos hechos notables y episodios llenos de interés, como los que más de una vez oímos referir a nuestro venerado amigo el general Joaquín París, habrán quedado para siempre sepultados en la profunda oscu…

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dado algún impulso aislado de esta clase. Contrayéndonos a los libros históricos, ¡cuántas gran - des acciones, cuántos hechos notables y episodios llenos de interés, como los que más de una vez oímos referir a nuestro venerado amigo el general Joaquín París, habrán quedado para siempre sepultados en la profunda oscu…

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33Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 631 cita
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con la que se enmarcaban los retratos de próceres de la Independencia NOSOTROS Y LOS OTROS 64 En cuanto a los próceres de la Independencia, estos aparecen representados, en la mayoría de los casos, con un marco circular en cuyas esquinas superiores se escriben los nombres de algunos de los países hispanoamericanos…

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34Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicoPágina 111 cita
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que en la medida en que avancemos en la valoración de la totalidad de las obras que por cierto se instalan a diario en parques y avenidas encontraremos probablemente otras tantas obras tan valiosas como las que presentamos a continuación. Monumento a Tomás Cipriano de Mosquera, ca 1928. Tarjeta Postal 13 Sector Centro…

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