Idea · Pre-independencia
Patriotismo criollo
Identidad política y cultural desarrollada por la élite criolla ilustrada del Nuevo Reino de Granada entre 1760 y 1810, que combinó conciencia territorial, agravios fiscales ante las reformas borbónicas y un lenguaje pactista de soberanía para detonar el movimiento independentista del 20 de julio de 1810.
Trayectoria de una idea
- 1760
Llegada de Mutis y arranque de la ciencia ilustrada criolla
- 1778
Reformas de Gutiérrez de Piñeres y acumulación de agravios criollos
- 1781
Revolución de los Comuneros: primer eco del agravio fiscal y la preferencia criolla
- 1783
Inauguración oficial de la Real Expedición Botánica
- 1791
Papel Periódico de Santafé: primer espacio impreso de la comunidad criolla imaginada
- 1793
Nariño imprime los Derechos del Hombre: el patriotismo criollo toca el filo subversivo
- 1801
Correo Curioso: primer periódico neogranadino de particulares
- 1808
Semanario de Caldas y la crisis napoleónica: el patriotismo criollo se vuelve ideología
- 1810
20 de julio: el patriotismo criollo detona la autonomía
La lectura
El patriotismo criollo no fue un nacionalismo prematuro ni una ideología acabada, sino una identidad ambivalente que se gestó entre 1760 y 1810 en el cruce de la ciencia ilustrada borbónica, los agravios fiscales acumulados y un lenguaje pactista de soberanía. Su paradoja fundacional reside en que la propia Corona española, al patrocinar expediciones botánicas, tertulias y reformas educativas para fortalecer su control colonial, dotó involuntariamente a la élite criolla de los instrumentos intelectuales y la conciencia territorial necesarios para cuestionar ese mismo orden. Territorialista hacia arriba —reivindicando el suelo americano frente a Europa y a la metrópoli—, fue sin embargo profundamente excluyente hacia abajo, subordinando a indígenas, mestizos, negros y pardos en una jerarquía espacial y racial que confundía la cordillera andina con la civilización y el litoral con la barbarie. Esa doble faz explica tanto su capacidad para detonar el 20 de julio de 1810 como su fragilidad posterior para sostener un proyecto político incluyente. La frase de Camilo Torres —declararse tan español como los descendientes de Don Pelayo— condensa su esencia: el patriotismo criollo no quería dejar de ser europeo, sino serlo mejor, en su propia tierra y con sus propios términos.
El patriotismo criollo
En el último tercio del siglo XVIII, un grupo reducido de hombres cultos y bien nacidos del Nuevo Reino de Granada empezó a mirar el territorio que habitaban con ojos distintos. Ya no era solo una posesión ultramarina de la Corona: era un país con montañas, ríos, plantas y gentes propias, digno de ser descrito, medido y defendido. Ese giro de la mirada —hecho de ciencia ilustrada, agravios fiscales, lecturas clandestinas y, sobre todo, de una conciencia estamental herida— es lo que hoy llamamos patriotismo criollo. No fue un nacionalismo prematuro ni una ideología acabada, sino una identidad ambivalente: reivindicaba el suelo americano y la dignidad de sus habitantes blancos ilustrados, mientras defendía con celo los privilegios que los separaban de indígenas, mestizos, negros y pardos. En esa doble faz —territorialista hacia arriba, excluyente hacia abajo— reside a la vez su capacidad para detonar el 20 de julio de 1810 y su fragilidad para sostener después un proyecto político incluyente.
Qué era el patriotismo criollo
Conviene precisar el término. Criollo, en el orden colonial, designaba al descendiente de españoles nacido en América: la casta que ocupaba el escalón inmediatamente inferior al de los peninsulares en el reparto de cargos, honores y prestigio, pero muy por encima de indios, negros y castas mezcladas. El patriotismo de esta élite letrada no era, en su origen, un llamado a romper con España. Era más sutil y más frágil: la convicción de que los nacidos en el Nuevo Reino tenían un derecho propio sobre su tierra, sobre su gobierno y sobre los puestos de mando, y que la Corona, al desconocerlo, había roto un pacto tácito.
Ese sentimiento se apoyaba en tres pilares que fueron ensamblándose entre 1760 y 1810. Primero, una conciencia territorial hecha de ciencia: la Expedición Botánica de José Celestino Mutis y las tertulias ilustradas enseñaron a los criollos a ver la naturaleza neogranadina como riqueza propia y no como escenario prestado. Segundo, un repertorio de agravios concretos contra las reformas borbónicas: presión fiscal, monopolios estatales, discriminación en los nombramientos. Tercero, un lenguaje político —el pactismo hispánico, refrescado con lecturas francesas y norteamericanas— capaz de traducir esos agravios en reclamos de soberanía. El resultado no fue una doctrina cerrada, sino un habitus compartido por un pequeño círculo de abogados, médicos, botánicos, hacendados y clérigos ilustrados: los que se leían entre sí en el Papel Periódico y en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, los que se cruzaban en la Real Audiencia y en las visitas al herbario de Mariquita, los que en 1810 se conocían por el nombre y por el apellido de la abuela.
La paradoja borbónica
El patriotismo criollo nació, sin proponérselo nadie, del proyecto borbónico de fortalecer el control colonial. Cuando la dinastía de los Borbones sustituyó a los Habsburgo, heredó unas Indias en las que audiencias y cabildos habían gozado durante dos siglos de una autonomía considerable, con las élites locales bien encajadas en la maquinaria imperial mediante compras de oficios, alianzas familiares y complicidades administrativas. Los ministros ilustrados de Carlos III se propusieron enderezar esa curvatura: recentralizar la autoridad real, aumentar los ingresos fiscales y modernizar la gestión de los territorios americanos. En Nueva Granada, esa política tuvo un nombre y una fecha: Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, regente visitador desde 1778.
Gutiérrez de Piñeres reorganizó el estanco del tabaco reduciéndolo a cuatro zonas de cultivo —Ambalema, Girón, Pore-Nunchía y Palmira— y excluyendo a decenas de pueblos que antes lo sembraban libremente; bajó los precios que pagaba al campesino y subió los que cobraba al consumidor; restableció el impuesto de la armada de Barlovento; extendió la alcabala a nuevos productos. Los números cuentan la historia mejor que cualquier adjetivo: la carga tributaria en Nueva Granada pasó de cerca del 2,9 % del PIB antes de las reformas a alrededor del 10,4 % en el quinquenio de mayor presión, entre 1791 y 1795. Los estancos de tabaco y aguardiente aportaban, en la última década colonial, un 32 % de los ingresos de la Corona. La colonia estaba pagando su modernización.
La respuesta llegó pronto. En 1781, en la provincia del Socorro, agricultores y artesanos destruyeron las oficinas de los estancos, formaron comités revolucionarios y marcharon hacia Santafé. La Revolución de los Comuneros fue, en primer lugar, una revuelta fiscal contra los monopolios y el impuesto de Barlovento, pero incluyó entre sus demandas —secundaria pero significativa— la preferencia de los naturales del reino sobre los peninsulares en los cargos oficiales. Las Capitulaciones de Zipaquirá, negociadas por el arzobispo Caballero y Góngora, prometieron revertir las medidas más onerosas; en cuanto la capital fue reforzada militarmente, la Corona las anuló. José Antonio Galán, líder del sector radical que había desconfiado desde el principio del acuerdo, fue capturado cerca de Onzaga, ahorcado el 1 de febrero de 1782, decapitado y descuartizado; su cabeza quedó expuesta en Guaduas, la mano derecha en el Socorro, la izquierda en San Gil, el pie derecho en Charalá y el izquierdo en Mogotes. La geografía del castigo hablaba tan claro como la ordenanza.
Conviene una advertencia. La tentación de leer 1781 como el primer capítulo del patriotismo criollo es fuerte, pero engañosa. Muchos de los futuros líderes de la Independencia estuvieron entonces del lado de la Corona. La rebelión comunera tenía una base social —indígenas, mestizos, criollos pobres, artesanos— que trascendía a la élite letrada, y esa élite miró la marcha sobre Santafé con más alarma que simpatía. El vínculo entre los comuneros de 1781 y los patriotas de 1810 no fue de herencia directa sino de resonancia: los sucesos del Socorro quedaron en la memoria como precedente disponible, y volverían a mencionarse en las crisis de 1794-1797 y de 1808-1810, ya reelaborados por una intelligentsia letrada que seleccionó y resignificó ese pasado según sus propios intereses estamentales. El campesino comunero y el abogado patriota compartían un enemigo fiscal, pero no un proyecto.
Con la mano contraria, la Corona sembraba lo que después habría de cosechar. Para fortalecer su gobierno, los Borbones patrocinaron expediciones científicas, tertulias, sociedades económicas de amigos del país, reformas educativas. José Celestino Mutis, gaditano llegado en 1760 como médico del virrey Pedro Messía de la Cerda, se quedó en el Nuevo Reino y se convirtió en el eje de esa maquinaria intelectual. La Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada se inauguró oficialmente el 27 de abril de 1783, con Mutis a la cabeza; funcionaría hasta 1816, cuando la Reconquista española la clausuró. Mutis introdujo el heliocentrismo copernicano en la enseñanza, enfrentado con los dominicos que intentaron sin éxito expulsarlo bajo la protección del arzobispo-virrey. Su cátedra, sus láminas, sus discípulos configuraron una escuela científica local con conciencia de sí misma.
La paradoja fue que ese esfuerzo del absolutismo ilustrado por controlar mejor las colonias dotó a los criollos de los instrumentos precisos para cuestionar el orden colonial: método científico, conciencia territorial, redes de correspondencia, imprenta, sociabilidad letrada. Los Borbones formaron, involuntariamente, a sus propios impugnadores.
La intelligentsia y sus espacios
Entre 1760 y 1810, el Nuevo Reino de Granada produjo su primera generación de intelectuales locales con proyección pública. Compartían con la Ilustración española peninsular el rechazo a la escolástica, el entusiasmo por la ciencia moderna y la fe en la educación técnica como remedio de los males sociales, pero se distinguían por algo que los peninsulares no tenían: una relación afectiva y epistémica con un territorio americano al que sentían suyo.
Los espacios donde se reunían tenían nombre. La Tertulia Eutropélica, asociada al Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, y la Tertulia del Buen Gusto funcionaron en la capital como cámaras de resonancia donde circulaban ideas filosóficas, científicas y literarias modernas. Allí se leían, a veces de manera clandestina, obras filosóficas francesas que cuestionaban el orden colonial. El Papel Periódico, dirigido entre 1791 y 1797 por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, publicó unos doscientos setenta números con ensayos de botánica, física, medicina y filosofía; entre sus colaboradores estaban Mutis, Francisco Antonio Zea, Francisco José de Caldas y los mejores nombres de la ilustración neogranadina. En 1801, Jorge Tadeo Lozano y su primo José Luis de Azuola fundaron el Correo Curioso, Erudito, Económico y Mercantil de Santafé de Bogotá, primer periódico neogranadino sostenido por particulares, del que salieron cuarenta y seis números. Y entre 1808 y 1811, Caldas dirigió el Semanario del Nuevo Reino de Granada, escenario donde la ideología criolla ilustrada terminó de consolidarse.
La geografía intelectual desbordaba a Santafé. Popayán tenía su propia escuela: en el Colegio-Seminario, José Félix Restrepo —influido por la corriente ilustrada que Mutis había impulsado— enseñaba filosofía naturalista moderna, y de sus aulas salió Caldas. Este, antes de integrarse formalmente a la Expedición Botánica, había construido una trayectoria científica autónoma: midió altitudes por un método propio basado en el punto de ebullición del agua, estudió la quina y otras plantas útiles, hizo observaciones astronómicas con instrumentos que él mismo fabricaba. Cartagena tenía a José Ignacio de Pombo, hombre de comercio y de discurso económico; Mariquita, el herbario de Mutis; el Socorro, una tradición de protesta.
Estos hombres se leían entre sí, se citaban, se corregían. Habitaban un espacio letrado que Benedict Anderson describiría luego como el sustrato de las comunidades imaginadas: los periódicos coloniales tardíos, entre 1791 y 1810, junto con los estudios universitarios y la correspondencia privada, ayudaron a que las élites criollas de regiones distantes se percibieran como parte de un mismo cuerpo. No era todavía una nación, pero era la sensación de que existía un nosotros neogranadino diferenciable de la metrópoli.
Naturaleza, ciencia y amor al suelo
El patriotismo criollo tenía una particularidad que lo distingue de los nacionalismos europeos contemporáneos: se construyó menos a partir de una lengua o una religión —ya compartidas con los peninsulares— que de un territorio. Fue una identidad de suelo, de cordillera, de río. Y esa identidad se elaboró, en gran medida, contra un adversario ilustrado europeo: los naturalistas y filósofos que en el siglo XVIII habían sostenido, con pretensión científica, la inferioridad de la naturaleza americana. Buffon, De Pauw, Lacépède. Buffon describía al jaguar como criatura cobarde, no más grande que un perro europeo, sin ferocidad una vez saciado. La América tropical era, en esa mirada, un continente degenerado, húmedo, débil, joven en el peor sentido.
Los criollos ilustrados respondieron con datos. Las láminas de la Expedición Botánica —que a lo largo de más de tres décadas acumularon una notable producción visual y textual— pusieron ante los ojos una naturaleza cuya riqueza ningún prejuicio europeo podía negar. Mutis mostraba plantas útiles, medicinales, industriales; Caldas medía montañas, describía climas, teorizaba sobre la influencia de la altitud en las especies; Humboldt y Bonpland, a su paso por el virreinato entre 1801 y 1803, confirmaban con autoridad europea la magnificencia del territorio, aunque su propia mirada tendía a subrayar la diferencia del trópico americano más que a integrarla en un relato nacional.
Este trabajo tenía consecuencias políticas que sus practicantes no siempre confesaban abiertamente. El Semanario de Caldas, en su lectura más aguda, funcionó como el espacio donde los criollos aprendieron a proyectar su habitus de clase como expresión colectiva del virreinato: el control sobre la naturaleza de Nueva Granada quedaba, en su discurso, en manos de los buenos ciudadanos que contribuían a la publicación. Ser criollo ilustrado era ser el árbitro legítimo del territorio; conocerlo era poseerlo.
Pero esa apropiación tenía un doblez. Al inventariar la geografía, Pombo y Caldas empezaron a elaborar también una geografía racializada: los Andes fríos, blancos, cristianos, aptos para la civilización; las tierras bajas cálidas, negras e indígenas, aptas apenas para la barbarie. La cordillera era criolla; el litoral y la selva, no. Esa jerarquía espacial, montada sobre datos climáticos y botánicos, servía para dos cosas al mismo tiempo: reivindicar el territorio ante Europa y subordinar dentro del territorio a los grupos que la élite letrada consideraba inferiores. La imagen alegórica de América como joven indígena, tan cara al imaginario del siglo XVIII, sería resignificada durante la Independencia: dejaba de encarnar al Nuevo Continente y pasaba a representar la Libertad, vestida de blanco, con gorro frigio y un caimán al pie. La indígena real desaparecía en la alegoría; la Libertad no era ella.
Camilo Torres Tenorio, uno de los talentos jurídicos más agudos del criollismo neogranadino, condensó esta ambivalencia en una frase memorable pronunciada en el momento de la Independencia: se declaró "tan español como los descendientes de Don Pelayo". El patriotismo criollo no quería dejar de ser europeo; quería serlo mejor, en su propia tierra y con sus propios términos. Los nexos culturales con Europa, lejos de ser un lastre, eran el capital que los distinguía de la masa mestiza, indígena y negra. Romperlos habría sido perder la razón misma de su preeminencia.
Nariño y el filo de los años noventa
Si la Expedición Botánica y las tertulias construyeron el suelo cultural del patriotismo criollo, la década de 1790 puso a prueba su filo político. La Revolución francesa cambió el aire. La ejecución de Luis XVI en 1793 y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano circulaban por las cortes americanas como fantasmas amenazantes. En Santafé, un joven noble santafereño —Antonio Nariño, hombre culto, propietario, con una imprenta propia bautizada Imprenta Patriótica— tomó una decisión que le costaría la libertad.
El 13 de diciembre de 1793, Nariño imprimió la traducción castellana de los Derechos del Hombre. La fuente inmediata era un libro de Galart de Montjoie —cuyo título variaba entre Las causas y comienzo de la Revolución y la Historia de la Asamblea Constituyente— que había llegado al virrey Ezpeleta y que este, sin sospechar el uso, había facilitado al propio Nariño. La ironía es exacta: el documento que iba a alarmar al virreinato entró por la puerta principal de la casa del virrey.
La reacción de las autoridades fue desmesurada y reveladora. Se atribuyó al impreso un potencial sedicioso mayúsculo, se alertó a Quito, Caracas y a otras ciudades del dominio español, se ordenó su recolección. Nariño fue procesado y condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Al inventariar su biblioteca, las autoridades encontraron lo que temían: clásicos griegos y latinos, filosofía, historia, teología, matemáticas, ciencias naturales, escritos de los enciclopedistas franceses. Una casa entera de contrabando intelectual.
Nariño empezó a cumplir la condena en 1796 en los calabozos de Cádiz; al año siguiente se fugó, viajó a Inglaterra y a Francia buscando apoyo para la independencia americana, y en el largo periplo que siguió se convirtió en algo más que un impresor imprudente: en un patriota profesional, en un hombre cuya biografía se había vuelto inseparable de una causa. El caso Nariño mostró varias cosas a la vez. Que la élite criolla leía lo que se suponía que no debía leer y que las redes de circulación clandestina de libros funcionaban. Que el aparato virreinal era capaz de reprimir con dureza cualquier gesto que oliera a francés. Y, sobre todo, que las medidas represivas empujaban la oposición a la clandestinidad, generando denuncias de complots y una espiral de sospecha que a su vez alimentaba la percepción criolla de una arbitrariedad intolerable. La crisis de 1794-1797 en la Nueva Granada resonaba con los sucesos comuneros de 1781 y ensayaba, en pequeño, la escena que se repetiría con otra escala en 1810.
El memorial y la lengua del derecho
El patriotismo criollo tuvo también su expresión propiamente jurídica, y esa expresión llevó la firma de Camilo Torres Tenorio. En 1809, en respuesta a la instalación de la Junta Central Suprema en España y a la representación desigual que ofrecía a los territorios americanos, Torres redactó lo que la memoria colombiana conserva como el Memorial de agravios: una defensa razonada del derecho de los americanos a una representación política proporcional a su población y a su importancia dentro de la monarquía.
El texto se apoyaba en un armazón intelectual sólido: la tradición pactista hispánica —según la cual la soberanía era conferida por Dios a los pueblos, quienes la transferían al rey mediante un pacto—, actualizada con lecturas modernas. Esa tradición tenía antecedentes venerables en autores como el jesuita Francisco Suárez, cuyas obras habían sido prohibidas durante el despotismo ilustrado borbónico precisamente por su carácter antiabsolutista. Los criollos, al recurrir a Suárez, no estaban improvisando doctrina revolucionaria: estaban recuperando una teoría política española anterior al centralismo borbónico. El Memorial no pedía independencia; pedía igualdad dentro del imperio. Pero el criterio para medir esa igualdad —la representación proporcional, la soberanía del pueblo como fuente de toda autoridad— llevaba en sí mismo la posibilidad de ir más allá.
Entre las Capitulaciones de Zipaquirá de 1781 y el Memorial de 1809 hay un desplazamiento revelador. Las capitulaciones habían pedido, en el fondo, justicia distributiva fiscal: menos impuestos, menos monopolios, más preferencia para los naturales. El Memorial pedía otra cosa: derecho de representación. El primero era el lenguaje de la protesta popular con intermediación de las élites; el segundo, el lenguaje del derecho público moderno. En veintiocho años, los criollos habían pasado de negociar aranceles a discutir soberanía.
Un mes antes, el 1 de septiembre de 1809, Ignacio de Herrera y Vergara había formulado en Santafé la fórmula precisa: "el pueblo es la fuente de la autoridad absoluta" y el rey está encargado de ejercerla para la felicidad de sus dominios. La frase parecía académica; era una bisagra.
La coyuntura napoleónica
En este punto, la historia dejó de depender solo de lo que hacían los criollos. En 1808, las tropas de Napoleón invadieron España. Carlos IV abdicó, Fernando VII fue llevado cautivo a Bayona y luego a Francia, y la Península quedó gobernada por José Bonaparte —José I para los afrancesados, Pepe Botella para el pueblo. Se abrió un vacío de poder que ninguna teoría política española previa había resuelto con claridad.
Ciudades y provincias españolas, y por extensión los territorios americanos, aplicaron entonces la lógica pactista: en ausencia del monarca legítimo, la soberanía retornaba al pueblo que la había conferido, y ese pueblo tenía derecho a organizar juntas de gobierno provisional en nombre de Fernando VII. En la Península funcionó primero la Junta Central Suprema y luego un Consejo de Regencia; en América, la pregunta era hasta qué punto esas instancias metropolitanas tenían legitimidad para gobernar a nombre del rey cautivo. Cuando el Consejo de Regencia sustituyó a la Junta sin modificar las políticas hacia las provincias americanas, muchos criollos concluyeron que no la tenían.
El miedo era doble. Miedo a Napoleón —a que la España resistente cayera y con ella todo el orden imperial— y miedo a la incertidumbre. Ese temor precipitó las decisiones. La coyuntura hizo con los agravios acumulados lo que ningún argumento por sí solo habría logrado: los convirtió en acción.
En la Nueva Granada, el proceso se extendió desde septiembre de 1809 hasta febrero de 1811, en fases sucesivas de rebelión, represión y organización juntista. La primera junta se instaló en Quito en agosto de 1809 y fue reprimida con dureza. Le siguieron, ya en 1810, Cartagena —el 22 de mayo y de nuevo el 14 de junio—, Cali el 3 de julio, Pamplona el 4, el Socorro el 10. El 20 de julio, la escena central se trasladó a Santafé.
El 20 de julio y sus ambigüedades
Los detalles del incidente del florero de Llorente son conocidos por generaciones de escolares y ya casi no importan; lo que importa es lo que ocurrió después. El 20 de julio de 1810, en Santafé, una multitud se congregó en la plaza mayor, José Acevedo Gómez canalizó el descontento popular desde un balcón hacia demandas políticas concretas, y se formó la Junta Suprema de Santafé. El virrey Antonio Amar y Borbón no ordenó el uso de la fuerza, en parte por la incertidumbre sobre la lealtad de sus oficiales criollos y en parte por falta de apoyo de sus adherentes. La Junta lo nombró, en un gesto revelador, presidente honorario.
Ese nombramiento resume el carácter de la jornada. La Junta Suprema fue autonomista, no independentista: se declaraba guardadora de los derechos de Fernando VII y evitaba cuidadosamente proclamar ruptura absoluta con España. La independencia plena existía, sí, pero solo en la mente de un grupo reducido de próceres que la consideraron prematura y riesgosa para el movimiento. El plan del 20 de julio era conocido por muy pocos: unos cuantos abogados, hacendados y militares criollos. La masa popular que llenó la plaza participó movida por antipatías y resentimientos concretos contra españoles peninsulares particulares, sin conocer los ideales ilustrados que animaban a los líderes. Fue una insurrección de minorías cultas y ricas apoyada coyunturalmente por un tumulto urbano que ignoraba el guion.
En los días y semanas siguientes, la lógica juntista se extendió como reguero: Tunja el 25 de julio, Neiva el 27, Girón el 30, Mompox el 6 de agosto —esta última proclamando ya la independencia absoluta, más audaz que la capital. Cada ciudad, cada villa, cada capital de provincia formó su junta. La consecuencia inmediata fue una dispersión del poder político que en pocos meses derivaría en el ordenamiento federal de las Provincias Unidas y en el largo desencuentro entre centralistas y federalistas conocido como la Patria Boba. La opinión pública en Mompox se dividió con nitidez en tres corrientes: los favorables a los franceses, los seguidores de la Junta Suprema que proclamaba a Fernando VII, y los criollos democráticos con designios de independencia absoluta influidos por las revoluciones francesa y norteamericana. Ese abanico es, en pequeño, el retrato del patriotismo criollo puesto a prueba: no había una sola posición, sino un espectro.
Los excluidos del patriotismo
El patriotismo criollo tuvo un límite estructural que la historiografía escolar tardó mucho en confesar: no era un patriotismo popular. La revolución de independencia no fue una guerra popular en su origen sino una insurrección de minorías cultas y ricas, y los nexos culturales con Europa que la élite criolla no estaba dispuesta a romper le servían precisamente para distanciarse de la masa de mestizos, indígenas y negros.
Muchos indígenas rechazaron el movimiento independentista criollo. La razón era pragmática: la Corona, con todos sus defectos, había mantenido una legislación tuitiva —resguardos, protectorías, ciertos límites al tributo— que las élites criollas locales llevaban décadas erosionando en el terreno. Un cambio de gobierno controlado por hacendados y letrados blancos no prometía nada bueno para las comunidades indígenas. Los sectores rurales y populares en general permanecieron indecisos o ajenos al proyecto criollo.
Con los pardos —hombres libres de ascendencia africana, sector demográficamente enorme en el Caribe neogranadino y en los valles interandinos— la relación fue más ambigua y, a la larga, más injusta. Los pardos participaron activamente en la revolución de independencia, especialmente en Cartagena, pero su participación política fue reescrita por la historia criolla oficial como sedición, bandidaje y amenaza al orden. Los actos conmemorativos de la Independencia estuvieron entre los primeros intentos de construir una narrativa que borrara la contribución de las clases populares, presentando a los pardos como una facción que había usado la independencia como pretexto para el saqueo. El reconocimiento de méritos individuales a hombres pardos —el caso Ayarza, por ejemplo— quedó circunscrito a excepciones que no debían alterar las jerarquías raciales establecidas.
El resultado, a mediano plazo, fue la fabricación de una historia patria selectiva. Los textos escolares construirían una patria del criollo: la historia nacional como la biografía de una élite gobernante blanca y masculina, con los pardos, indios y negros como comparsas o como amenazas. Esa narrativa no es un accidente historiográfico; es la prolongación coherente del habitus ilustrado que la élite criolla se labró entre 1780 y 1810. La élite letrada masculina se arrogó desde el principio el papel de árbitro de la civilización y derivó su poder de ser dueña del conocimiento europeo en una sociedad que ella misma describía como bárbara. Excluir a los otros no fue un descuido: fue la condición de posibilidad del patriotismo criollo tal como se articuló.
Necesario, insuficiente
Al mirar en conjunto los cincuenta años que van de la llegada de Mutis a la formación de la Junta de Santafé, se aprecia con claridad la naturaleza del proceso. El patriotismo criollo neogranadino fue una condición necesaria pero no suficiente para 1810. Las reformas borbónicas forjaron involuntariamente una intelligentsia con conciencia territorial y agravios acumulados; sin esa formación previa, sin las tertulias, la Expedición, los periódicos, el pactismo redescubierto, no habría existido el lenguaje ni el círculo social capaces de traducir la crisis imperial en acción política. Pero sin esa crisis —sin la invasión napoleónica, sin la abdicación de Bayona, sin el vacío de poder de 1808— los agravios acumulados no habrían bastado. Los futuros próceres eran, en 1781, súbditos leales; solo tres décadas después, en una coyuntura que nadie había planeado, esos mismos hombres —o sus hijos y discípulos— se sintieron con derecho y con obligación de organizar un gobierno propio.
El patriotismo criollo dejó al país republicano una doble herencia. Le entregó, por un lado, un archivo de imágenes, textos y prácticas —la naturaleza como fundamento, el territorio como bien común, el derecho como lenguaje— que permitirían más tarde construir un discurso nacional. Le entregó, por otro, una fractura fundacional: la de un proyecto político que hablaba en nombre de la soberanía popular mientras la practicaba como gobierno de minorías cultas y ricas. La cartografía de la Nueva Granada que José Manuel Restrepo empezó a levantar en la década de 1820, formado por Caldas durante la breve mentoría del Semanario, sería la continuación técnica de aquel proyecto ilustrado: seguir midiendo el territorio, seguir describiéndolo, seguir apropiándoselo con la mirada. Pero los sujetos que habitaban ese territorio —los indios de los resguardos, los pardos de las villas del Caribe, los esclavizados de las minas del Pacífico, los peones de las haciendas— tardarían mucho, y aún tardan, en ser incorporados al mismo relato en condiciones de igualdad.
Ahí quedó el patriotismo criollo neogranadino, entre la fecha de fundación y la deuda pendiente: como la condición intelectual sin la cual 1810 no se explica, y como el primer molde de una nación que nació hablando de todos y gobernando para pocos.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01José Celestino Mutis
- 02Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada
- 03Reformas borbónicas
- 04Antonio Nariño
- 05Francisco José de Caldas
- 06Manuel del Socorro Rodríguez
- 07Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres
- 08Revolución de los Comuneros
- 09Ilustración americana
- 10Identidad criolla
- 11Pactismo hispánico
- 12Papel Periódico de Santafé
Personas
- Antonio Nariño1 pieza compartida
- Antonio Villavicencio1 pieza compartida
- Camilo Torres1 pieza compartida
- Francisco Antonio Zea1 pieza compartida
- Francisco José de Caldas1 pieza compartida
- Jorge Tadeo Lozano1 pieza compartida
- José Celestino Mutis1 pieza compartida
- Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres1 pieza compartida
- Manuel del Socorro Rodríguez1 pieza compartida
- Pedro Fermín de Vargas1 pieza compartida
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
51 documentos · 69 fragmentos
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 98, 1062 citas
[1]los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…
p. 106
[29]del Socorro. En esta pro- vincia, entre el 20 de por el arzobispo Caballero y Góngora, que se ha- llaba de visita en la región, no apoyó las preten- siones del pueblo. Galán, que había llegado a Mogotes el 2 de septiembre, pertenecía al bando de quienes no creían en las promesas del arzobispo de hacer cumplir las…
p. 98
02¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
[2]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[3]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[4]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
04Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 204, 2312 citas
[5]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…
p. 231
[11]Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…
p. 204
05Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[6]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
06Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1451 cita
[7]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…
p. 145
07Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 cita
[8]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
08Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[9]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 549, 5552 citas
[10]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…
p. 549
[18]percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…
p. 555
10Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 481 cita
[12]innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…
p. 48
11La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 691 cita
[13]conocimientos a la Europa, y para coronarse de gloria! Sea como fuere, Mutis acepta la invitación de don Pedro Messía de la Cerda, marqués de la Vega de Armijo, y se dirige en 1760 a la Nueva Granada, como médico del nuevo virrey. En su mente debe bullir una idea: realizar el estudio de la historia natural de América,…
p. 69
12Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 10, 502 citas
[14]constructor de identidad al reelaborarse su sentido a la luz del pensamiento ilustrado. De hecho, las políticas borbónicas, con el objetivo de desarrollar las riquezas naturales coloniales en beneficio del Estado español, habían patrocinado el estudio de las ciencias útiles a través de la reforma de la educación,…
p. 50
[16]Buitrago 'Yo diré siempre con un filósofo piadoso que más me gusta Keaumur observando las polillas y dándonos remedios para poner a cubierto nuestras telas de la voracidad de estos insectos, que Leibni^ creando mundos" Francisco José de Caldas En el presente texto, haciendo uso de algunos conceptos desarrollados por…
p. 10
13Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 601 cita
[15]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 279, 2822 citas
[17]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
p. 279
[19]a la literatura y a las ciencias naturales. Aunque en esta tertulia se tratan cuestiones científicas y temas de historia, se trata de una reunión de carácter mundano que agrupa a jóvenes patricios y cuyo fin principal es la diversión, pasar «la velada entretenidos en ejercicios literarios». Allí, tras una buena…
p. 282
15Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 52, 562 citas
[20]8:31:09 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Gran Colombian Print Culture 34 under the Spanish Crown to legitimate a centralized Colombian political economy that could most effectively extricate natural wealth. They went further by criticizing any attempts by…
p. 52
[24]qualified minds, Caldas placed control over New Granada’s nature in the hands of the “good Cit- izens” who contributed to the publication. 25 The dozens of good citizens Caldas mentored in this practice of performing neutrality through the Semanario included the young José Manuel Restrepo. EBSCOhost: eBook Collection…
p. 56
16The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 101, 1042 citas
[21]Anillo, an engineer and mathematician sent from Spain as the vice-royalty's director of public works. 22 The most notable of the upper-class creole scientists who appeared at this time was Francisco José de Caldas of Popayán, who, despite the fact that he worked for a long time in virtually total isolation, managed to…
p. 104
[22]them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…
p. 101
17Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 128, 1362 citas
[23]sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…
p. 136
[33]u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…
p. 128
18Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 161 cita
[25]dida. El 2 de diciembre del mismo año se reanudó pero ya en el taller denominado: "Imprenta. Patriótica", que funcionaba en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos, cuyo 13 propietario era don A n to n io Nariño. A llí se sacaron los últimos seis números del "PAPEL PERIODICO." El impresor de esta tercera tipografía,…
p. 16
19La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 98, 1032 citas
[26]que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…
p. 103
[35]evaluación de las cosas, dentro de la pers - pectiva general de la civilización occidental. 99 D e la subversión y la finali D a D histórica 5. Subversión y Frustración en el Siglo XIX La paz hispana se mantiene por tres centurias hasta prin - cipios del siglo XIX, sin que hubiera surgido mientras tanto ninguna…
p. 98
20Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2921 cita
[27]llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…
p. 292
21Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 731 cita
[28]en esta obra de pintura-ficción no se oye —o si se oye se desatiende— el ruido de las pisadas de los comuneros que, diez años antes de su estallido, ya comenzaban a volverse perceptibles. El primero de febrero de 1782 un hombre es arrancado a golpes de la cárcel, arrastrado por el suelo, llevado hasta el lugar donde…
p. 73
22Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 44, 522 citas
[30]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
[57]generaron numerosas revueltas que terminaron con el establecimiento en la capital de un regimiento compuesto por centenares de soldados que venían desde Cartagena para proteger su dominio de Santafé de Bogotá. El antagonismo entre las autoridades reales de la capital y los miembros del Cabildo, integrantes de los…
p. 52
23Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1611 cita
[31]a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…
p. 161
24El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 190, 1952 citas
[32]pág. 79. 196 Jíndi Jícídneer Ucnsi gravamen sale del peculio del rico» 127. Y la Constitución del Estado Soberano de Antioquia dirá que «ningún hom- bre, ninguna clase, corporación o asociación de hombres puede, ni debe ser más gravada por la ley, que el resto de los ciudadanos» 128. En esta forma, en ambos casos se…
p. 195
[42]«… no debe guardar el juramento cuando por algún nuevo evento im - premeditado puede venir un peor mal. Si el juramento puede ser contra la salud, es indebido, no tiene fuerza para obligar, como acto que cae sobre indebida materia» 124. Tan claro era el sentido antiabsolutista de esa tradi- ción, que durante el…
p. 190
25Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 cita
[34]la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…
p. 101
26El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3981 cita
[36]llevaban y llevan los españoles en la propia sangre. Con esta exposición de lo que fue un sistema feu- dal teocrático-absolutista culpamos menos a un determi- nado pueblo civilizador que a la totalidad de una época. Diversos levantamientos de mayor o menor magni- tud, como el de los Comuneros del año 1781 en Colombia,…
p. 398
27When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 301 cita
[37]the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…
p. 30
28Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 441 cita
[38]orden tradicional. Según viejas tradiciones que se remontaban a los Habsburgos, revitalizadas o inventadas según el caso, pero presentes —con cambios— en las teorías pactistas de los siglos XVI y XVII españoles, la soberanía había sido confiada por Dios a los pueblos. A su tumo, estas comunidades, dotadas de un…
p. 44
29Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 441 cita
[39]orden tradicional. Según viejas tradiciones que se remontaban a los Habsburgos, revitalizadas o inventadas según el caso, pero presentes —con cambios— en las teorías pactistas de los siglos XVI y XVII españoles, la soberanía había sido confiada por Dios a los pueblos. A su tumo, estas comunidades, dotadas de un…
p. 44
30Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 31, 352 citas
[40]mundo cambió para millones de personas que habitaban la América española. En este capítulo se examinan dichas transformaciones ideológicas, políticas, económicas y territoriales para el caso de Colombia, 6 las cuales estaban inextricablemente ligadas a los cambios que ocurrían simultáneamente en el contexto del mundo…
p. 31
[44]Provincias americanas, lo que provocó que muchos americanos no aceptaran su legitimidad para gobernar en nombre de Fernando VII. Tal malestar estaba además motivado por el miedo de que Napoleón estuviera a punto de conseguir una victoria definitiva en España y en Europa. Ante la posibilidad de perder del todo a su…
p. 35
31Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 22, 292 citas
[41]history is liberating, and new interpretations offer us the opportunity to reconsider our reading, our understanding, our sense of a nation’s history. NOTES 1. Alberto Flores Galindo, In Search of an Inca: Identity and Utopia in the Andes (New York: Cambridge University Press, 2010), 248. 2. Ibid. 3. Gabriel García…
p. 22
[45]went on to formulate enlightened ideas and true programs for governance. Narváez y Latorre received instructions from the cabildos of Santafé (known as the “Memorial de Agravios,” or “Memorandum of Grievances”), Popayán, Socorro, Tunja, and Loja, among others. Similarly, he received a document written by Ignacio de…
p. 29
32Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 331 cita
[43]to Origins 17 the Seville junta. The town councils did much more than merely complain of the Americans’ unequal representation in the junta or offer the familiar protests concerning the abuses of royal authorities. They went on to formu- late enlightened ideas and true programs for governance. Narv á ez y Latorre…
p. 33
33Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2631 cita
[46]escondido cuando yo salgo a alguna p a r t e ". Aunque este capitán le pedía a don Mateo que fuera al hato " p a r a conocerlo", no hay noricia de que el marqués consorte hubiera hecho ese viaje a San Benito. Sus actividades militares y políticas lo tenían más que ocupado en Mompox: en efecto, estaba por estallar la…
p. 263
34Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 481 cita
[47]del álgido debate que se mantuvo sobre la supuesta inferioridad de la naturaleza americana respecto a la del Viejo mundo 131. Los animales americanos casi por necesidad debieron convertirse en animales distintos a los conocidos por los antiguos y tal diferencia se construyó desde sus “rasgos negativos” aparentes.…
p. 48
35Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 391 cita
[48]élites criollas resaltando el papel que estos cumplieron en la creación de imágenes particulares sobre las regiones y sus pobladores y en la valoración de sus geografías y de sus razas. Para Múnera, la aparición temprana de los discursos criollos sobre la geografía humana elaborados por autores como José Ignacio de…
p. 39
36Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 17, 512 citas
[49]joven mujer semidesnuda, con tocado de plumas, arco y carcaj con flechas. Correspondia esta representacion a las alegorias corrientes de las otras regiones del mundo, que también se acom- panaban con distintivos supuestamente propios de cada continente. Estas imagenes de América no solo se difundieron en Europa, sino…
p. 51
[63]desde el mismo ins- 1100 1102 Retrato de José Tomas Boves que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. Este jefe realista fue el que primero moviliz6 a los llaneros, que en un principio pelearon a favor de Esparia. tante en que Crist6bal Colon desembarco en las costas del Nuevo Mundo. Por lo que se puede ver, al…
p. 17
37The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5411 cita
[50]map— published later in Paris, with credit given to Caldas. Our extract is substantially incomplete for excluding the accompanying drawings —in a record that married scientific observation with literary ambition and the artistic effort of drawing and painting the landscape. As with the hundreds of color plates…
p. 541
38Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 141 cita
[51]circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…
p. 14
39Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 145, 1482 citas
[52]rebelión de Quito pudo ser aplastada. Para salvaguardar la protección de Santa Fe, cuyo regimiento había sido enviado prácticamente en su totalidad a Quito, se llevaron tropas de un regimiento de Cartagena. Cuando estos refuerzos llegaron a Santa Fe, el Virrey adoptó medidas en contra aquéllos que se tenía sospechas…
p. 145
[54]ñoles. Cuando la agitación popular estaba llegando a su clímax, Acevedo Gómez hizo su aparición en un balcón de un edificio que daba a la plaza, desde donde se dirigió a la multitud, ca nalizando el descontento colectivo hacia demandas políticas es pecíficas, primero les pidió que se pronunciasen en favor de la…
p. 148
40La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 1191 cita
[53]dado a un hombre designando a la elección individual y razonada de un candidato”. 22 En esta perspectiva, para Rosanvallon, la idea del derecho al sufragio es incon- cebible “si no se reconoce la soberanía del pueblo y el uso del procedimiento electoral para designar representantes”. 23 Esta idea señala que solo…
p. 119
41Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · p. 342 citas
[55]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
[56]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
42Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1081 cita
[58]ninguna de las dos posiciones es satistactoria; ademas, independientemente de las exciavo- nes internas, es factible identificar a lo largo de la historia dos tendencias o talantes que conviven, precipitando o demorando el curse de los aconteci mientos ORIGEN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS COLOMBIANOS Absolutismo e…
p. 108
43Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 941 cita
[59]americanas y acataron las decisio- nes de la Junta Central, la Regencia y las Cortes Es- panolas; otras juntas fueron autonomistas, como la que se organiz6 en Santa Fe de Bogota el 20 de julio de 1810, partidarias de una autonomia de los gobiernos provisionales de Espana y guardadoras de los derechos de Fernando VII.…
p. 94
44Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2511 cita
[60]en nuestra patria. Alcance social: por primera vez se habla en nuestro país de soberanía del pueblo; el pueblo confiere a Amar el cargo de presidente de la junta; cambió la condición de la raza indígena y de los criollos. Los hijos de este suelo pudieron aspirar a los elevados cargos. Alcance económico: dado que esta…
p. 251
45Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[61]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
46Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 6051 cita
[62]de Alzaga, son actos cívicos tan importantes —política- mente, mucho más— que la formación de una Junta el 25 de mayo del año x». Ya en una vieja y muy conocida obra de Esteban Echeverría, el Dogma socialista, se pueden leer las siguientes frases: «La fórmula única, definitiva, 606 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc…
p. 605
47Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 411 cita
[64]“embarrassing dilem- ma” was solved not by entirely rejecting the European vision, but by the creation of a sense of equality and a distancing from Europeans, as is reflected in the double mission of “countering the savage spirit” and “the ignorance of the masses” and, at the same time, struggling against “Western…
p. 41
48Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1101 cita
[65]ñ oles. Poco despu é s los restos del ej é rcito patriota fueron derrotados. Las tropas espa ñ olas estaban diezmadas por las enfermedades, rn especial el paludismo y la fiebre amarilla: en 1820 sobreviv í an menos de 3000 de los 12000 que hab í an llegado en 1815 a Am é lica. No era probable que un ej é rcito espa ñ…
p. 110
49Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4401 cita
[66]con esta discusión entabla da ya hace demasiado tiempo. Si se mira de cerca el funcionamiento real del sistema, pronto se percibe que existían relaciones concretas de poder entre los funcionarios españoles y los administrados, los llamados colonos o «españoles americanos», a quienes se identifica simplemente con los…
p. 440
50Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 38, 962 citas
[67]of prominent creoles in saving the city from "chaos" and "anarchy." Tales of creole heroism would be painted in the Senate chamber and narrated in the books of meritorious citizens; the names of the heroes would be inscribed in golden ietters to immortalize their glory.5e These commemorative acts were among the first…
p. 96
[69]recom' mended Ayarza's sons echoed his arguments' According toJoseph Miguel Pey, the mayor of Bogotd, the fine behavior ofJos6 Ponseano (Ayarza's son) clearly demonstrated his excellent upbringing, winning him the esteem and consideration ofpeople ofrepute "in spite ofhis pardo quality."tr Ay^rz'" approach proved…
p. 38
51Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 251 cita
[68]historia, sacando a los pueblos de las tinieblas, fundando naciones y abriendo el camino hacia la libertad. Así estos héroes son vistos no solo como fundadores, sino también como a los que hay volver permanentemente para reencontrar el de la patria arquetipos camino recto y la norma de conducta. 64 A partir de estas…
p. 25