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Idea · Pre-independencia

Ciencia ilustrada

Entre 1760 y 1810, un proyecto imperial de inventario económico impulsado por la Corona borbónica y ejecutado por científicos criollos y peninsulares en el Virreinato de la Nueva Granada produjo, sin proponérselo, la primera imagen científica sistemática del territorio y forjó una élite criolla que aprendió a mirar el suelo bajo sus pies como propio. El herbario, en cierto modo, precedió al acta de independencia.

4.001 palabras25 documentos50 fragmentos citados
Ciencia ilustrada

Trayectoria de una idea

  1. 1761

    Llegada de Mutis a Santafé

  2. 1762

    Cátedra de Matemáticas y heliocentrismo

  3. 1774

    Plan de estudios de Moreno y Escandón

  4. 1779

    Derrota de la reforma educativa

  5. 1783

    Fundación de la Real Expedición Botánica

  6. 1791

    Fundación del Papel Periódico de Santafé

  7. 1801

    Visita de Humboldt a Santafé

  8. 1805

    Caldas llega a Bogotá y dirige el Observatorio

  9. 1808

    Semanario del Nuevo Reino de Granada

  10. 1816

    Clausura de la Expedición y fusilamiento de Caldas

03

La lectura

La ciencia ilustrada en la Nueva Granada no fue un movimiento homogéneo ni victorioso: coexistió con el escolasticismo que nunca logró desplazar de las aulas oficiales, y operó en los márgenes del sistema —una expedición botánica, una cátedra de matemáticas, un observatorio, una revista científica— más que en su centro. Su fuerza residió en la circulación de textos, instrumentos e imágenes que conectaron a Santafé con Uppsala, Madrid y París, y en la formación de un cuerpo de observadores criollos entrenados en la exactitud y en la representación del propio territorio. Cada lámina botánica de la Expedición y cada ensayo geográfico del Semanario fue, sin proclamarlo, un acto de apropiación simbólica del reino: alguien había mirado esa planta o esa cordillera, la había medido y la había vinculado a un lugar. La suma de esas miradas produjo algo que la Corona no había encargado: la primera geografía mental de lo que un día se llamaría Colombia. Que ese legado incluyera también una cartografía moral que identificaba los Andes con la civilización y las tierras calientes con la barbarie revela que la Ilustración criolla, como toda Ilustración, cargaba sus propias sombras.

La ciencia ilustrada en la Nueva Granada

Entre 1760 y 1810, en el virreinato más olvidado de la América española, un puñado de hombres se puso a medir, dibujar y clasificar el territorio con una intensidad sin precedente. Trajeron a Santafé la Philosophia Botánica de Linneo, expusieron por primera vez que la Tierra giraba alrededor del Sol, montaron un observatorio, publicaron periódicos donde se discutía de física y de agricultura, formaron a diecinueve dibujantes para retratar la flora de un reino que apenas se conocía a sí mismo. Lo hicieron bajo el patrocinio de la Corona borbónica, que buscaba rentas —quinas, minas, plantas útiles— y terminaron produciendo algo distinto de lo que financiaban: una élite criolla que aprendió a mirar el suelo bajo sus pies como propio. El herbario, en cierto modo, precedió al acta. Este es el relato de cómo un proyecto imperial de inventario económico se convirtió, sin quererlo, en la primera imagen científica de lo que un día se llamaría Colombia.

De médico del virrey a agente de la Ilustración

El punto de arranque tiene fecha y pasaporte: en 1761 llegó a Santafé, como médico personal del virrey Pedro Messía de la Cerda, un gaditano de treinta años llamado José Celestino Mutis. Traía consigo, entre sus libros, un ejemplar de la Philosophia Botánica de Carl Linné que le había obsequiado poco antes del embarque el naturalista Frédrik K. Logié. Ese volumen —una gramática para clasificar el mundo vivo— sería, más que su instrumental de médico, la herramienta con la que Mutis transformaría el paisaje intelectual del virreinato.

Su primera intervención pública fue frontal. En 1762, apenas un año después de desembarcar, inauguró en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario una cátedra de Matemáticas y pronunció un discurso que hoy se lee como manifiesto: las matemáticas eran el conocimiento más útil al Estado y sus leyes se aplicaban universalmente, gobernaban el macrocosmos y también el cuerpo humano, la medicina, las artes. En un reino cuyos colegios enseñaban filosofía peripatética y teología escolástica, esa afirmación equivalía a proponer otro fundamento del saber. Poco después, Mutis expuso en aula el sistema heliocéntrico de Copérnico. Los dominicos, guardianes del tomismo, reaccionaron con dureza: para ellos y para buena parte del clero colonial, la tesis copernicana seguía siendo herejía. Intentaron expulsar al médico gaditano y no lo lograron.

Mutis, mientras tanto, se dedicaba a una tarea menos escandalosa y más duradera: escribir cartas. Su correspondencia con Linneo, que continuaría con el hijo del sueco, hizo circular por Europa muestras y observaciones de plantas neogranadinas. Linné le dedicó varias especies —entre ellas la Mutisia, una compuesta trepadora de flores intensas— y le abrió las puertas de la Universidad de Uppsala y de la Academia de Estocolmo. El botánico español Antonio José Cavanilles lo calificaría años después como "el más sabio de los botánicos en América" y lo situaría entre los primeros de Europa. Encerrado en Santafé y en Mariquita, Mutis se había convertido, por vía epistolar, en un nodo de la república internacional de las ciencias.

La Expedición Botánica: un inventario del reino

El proyecto que lo consagraría llegó tarde y por la vía política. En 1783, el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora —el mismo prelado que lo protegía de los dominicos— organizó formalmente la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, con Mutis a la cabeza, el clérigo santandereano Eloy Valenzuela como subdirector y un pintor de apellido García del Campo. Las fechas del arranque bailan entre el 1 y el 27 de abril de aquel año; la primera sede se instaló en la Mesa de Juan Díaz, en Cundinamarca, antes de trasladarse a otros escenarios.

La Expedición formaba parte de una constelación imperial de proyectos científicos con los que la Corona española buscaba describir —y explotar— el Nuevo Mundo: la Expedición al Orinoco de 1754-1761, la Real Comisión de Guantánamo de 1769-1802, la Expedición Botánica al Virreinato del Perú iniciada en 1777. En esa serie, la Nueva Granada llegaba con retraso y con ambición desmedida. Caballero y Góngora concibió el proyecto como parte de un plan de explotación racional de las riquezas del reino y, a la vez, como palanca para transformar la orientación cultural de los colegios: sustituir las ciencias meramente especulativas por las ciencias exactas útiles. El febrífugo de la quina era, en su cálculo, la joya de la corona botánica: propuso someterla a estanco real, argumentando que el reino la producía con "increíble abundancia" y que podría rendir más de 600.000 pesos líquidos al Real Erario.

Lo que Mutis montó, sin embargo, desbordó desde el principio la lógica fiscal. Reclutó jóvenes novogranadinos y trajo pintores vinculados a la Escuela Quiteña —reconocida por su minuciosidad, sus colores brillantes y sus líneas sinuosas—, entre ellos hijos o discípulos de José Cortés. La Expedición llegó a contar con diecinueve dibujantes: una cifra desproporcionada frente a los dos que tuvo la de México y los dos de la del Perú. La técnica elegida fue la miniatura, pintura ejecutada sobre vitela o papel terso con claro-oscuro punteado y pigmentos al temple —lo que el Real Jardín Botánico llama hoy témpera, con una precisión terminológica todavía discutida—. El resultado, en volumen, superó las láminas de las expediciones mexicana y peruana sumadas.

Ese despliegue iconográfico tenía consecuencias que Caballero y Góngora quizá no midió del todo. Formar diecinueve dibujantes durante décadas —la Expedición se prolongó hasta 1816, ocho años después de la muerte de Mutis en 1808— significaba crear en la Nueva Granada un cuerpo estable de observadores del propio territorio, entrenados en la exactitud botánica y en la representación del paisaje. Significaba, también, que el reino se veía a sí mismo por primera vez ilustrado a esa escala. Cada lámina de una pasiflora o de una cinchona era, sin proclamarlo, una acta de propiedad simbólica: alguien había mirado esa planta, la había nombrado, la había vinculado a un lugar del reino. La suma de esas miradas fue, con los años, una geografía.

La reforma educativa y sus derrotas

Alrededor de la Expedición se libró una guerra más lenta y menos vistosa: la de los planes de estudio. En 1774, el fiscal de la Real Audiencia, Francisco Antonio Moreno y Escandón, presentó bajo el gobierno del virrey Manuel Guirior un plan que atacaba de frente el criterio de autoridad como fuente única del saber. Proponía que los estudiantes pudieran comparar la doctrina de varios autores "para que la elección sea libre y gobernada por la razón, sin formar empeño en sostener determinado dictamen". Guirior había diagnosticado que la Nueva Granada seguía en un "antiguo letargo" escolástico y que sus jóvenes, "privados de la instrucción de las ciencias útiles", perdían el tiempo en "disputar materias abstractas y fútiles contiendas del peripato".

La reacción no tardó. El 13 de octubre de 1779, una Junta de Estudios derogó el plan de Moreno y Escandón y restableció la enseñanza de la filosofía peripatética según el manual de Gaudin. La Ilustración perdió esa batalla y no volvería a ganarla en las aulas oficiales. Caballero y Góngora, ya como virrey, elaboraría después su propio plan de universidad y estudios, argumentando que un reino rico en recursos naturales necesitaba más sujetos capaces de manejar el cálculo, el compás y la regla que quienes discutieran "el ente de razón y la forma substancial". Pero la reforma tropezó con la inercia institucional. A comienzos del siglo XIX, el virrey Pedro Mendinueta constataba con resignación que la enseñanza en los colegios y aulas públicas del virreinato seguía limitada a la latinidad, la filosofía peripatética, la teología y el derecho canónico, conforme al plan de 1779; y añadía que quienes poseían instrucción científica la habían adquirido por estudio particular y libros propios, en gabinetes privados, no en las cátedras oficiales.

Ese diagnóstico marca el punto exacto. La Ilustración neogranadina no venció al escolasticismo en el terreno formal: coexistió con él, marginalmente, en instituciones paralelas —la Expedición, la cátedra de Matemáticas de Mutis, el Observatorio Astronómico— y en las bibliotecas domésticas de una minoría. Su fuerza no estaba en el sistema escolar sino en esos nodos alternativos y en la circulación de textos que hacían posibles.

Hubo, con todo, focos periféricos donde la reforma sí prendió. José Félix Restrepo, formado en el Colegio de San Bartolomé, enseñó allí filosofía de orientación científica entre 1778 y 1781 y luego llevó esa enseñanza al Colegio-Seminario de Popayán, donde impartió "física útil" en los años ochenta con apoyo del rector. De aquella aula payanesa saldría el discípulo que terminaría siendo el más completo de los científicos criollos.

Francisco José de Caldas: el sabio construido

Caldas era oriundo de Popayán. Estudió filosofía con Restrepo en el seminario de esa ciudad y obtuvo después el título de derecho en el Colegio del Rosario. Pero su vocación estaba en otra parte. Sin instituciones que lo respaldaran, en los alrededores de Popayán y en el Ecuador, se dedicó a medir. Desarrolló un método propio de altimetría —determinar la altitud por el punto de ebullición del agua—, estudió la quina y otras plantas útiles, realizó observaciones astronómicas y geodésicas con instrumentos que él mismo construía. Una imagen que dice mucho de la ciencia criolla del período: un abogado en provincia armando un cuadrante en el taller de su casa para medir el cielo americano.

En 1805 llegó a Bogotá y se vinculó como astrónomo a la Real Expedición Botánica. Fue nombrado director del Observatorio Astronómico de Santafé, la torre octogonal que Mutis había impulsado. Tres años después, tras la muerte del director en 1808, Caldas asumió como editor del Semanario del Nuevo Reino de Granada, la publicación que concentraría el grueso de su obra científica hasta 1810.

El Semanario es la pieza clave del engranaje. En sus páginas, Caldas publicó ensayos geográficos sobre el reino y sus provincias —firmados por él, por Joaquín Camacho, por José Manuel Restrepo—, mapas que complementaban los de los ingenieros españoles, disquisiciones sobre astronomía y sobre economía política. Argumentó que el conocimiento geográfico del virreinato era incipiente y que no debía escatimarse gasto en producir un mapa detallado y digno; la ignorancia geográfica generaba, escribió, "humillación, letargo y pobreza". Propuso una expedición geográfica o económica que reuniera, en cooperación simultánea, a astrónomos, botánicos, mineralogistas, zoólogos, economistas y diseñadores para estudiar sistemáticamente las realidades del propio territorio.

En su ensayo Del influjo del clima sobre los seres organizados, publicado en el Semanario hacia 1808, Caldas rechazó la autoridad ciega de los grandes filósofos y científicos de su época y exigió que la razón y la experiencia confirmaran cualquier afirmación. En el mismo ensayo, y con consecuencias que llegarían muy lejos, dibujó una geografía moral del virreinato: los Andes como zona de civilización y progreso, las tierras calientes —costas, llanos, selvas— como espacios de barbarie y atraso. Esa cartografía valorativa se convertiría, durante el siglo XIX, en el mapa mental de la república andina, uno de los legados menos benignos de la Ilustración criolla.

Caldas hacía algo más, y más sutil. A través del Semanario transmitió a sus colaboradores una práctica de representar neutralidad: presentar el conocimiento producido colectivamente como un saber desinteresado y por encima de las partes. Bajo esa apariencia de asepsia científica, los ensayos del Semanario iban tejiendo una imagen del reino como unidad geográfica y económica susceptible de ser gobernada racionalmente. Era ciencia, sí; pero era también, sin decirlo, la primera imaginación política de un espacio nacional.

La red: Humboldt, los periódicos y el joven Restrepo

Ningún proyecto científico funciona en soledad. Lo notable de la Nueva Granada ilustrada es cuánta red logró tejer con recursos escasos. En marzo de 1801, Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland desembarcaron frente a la bahía de Cispatá, en la desembocadura del Sinú, pasaron por la isla de Barú y fondearon en Cartagena el 30 de aquel mes. Remontaron el Magdalena —Humboldt anotó en su diario, entre Mompós y Honda, observaciones naturalistas mezcladas con reflexiones personales y ambición literaria— y llegaron a Bogotá, donde visitaron a Mutis. La visita se prolongó dos meses.

Lo que ocurrió en esas semanas fue un intercambio real. Mutis compartió con Humboldt lo que sabía de la quinina y del curare, de las minas de sal de Zipaquirá, de las leyendas de El Dorado y Guatavita, y le mostró observaciones barométricas. Humboldt aportó reflexiones sobre biogeografía, fauna y geografía fluvial, y sometió a Mutis su mapa preliminar del Magdalena; el santafereño le sugirió mejoras que el prusiano incorporó. De las 142 especies tratadas en los dos tomos de las Plantes Équinoxiales que Humboldt y Bonpland publicaron a su regreso, cerca de treinta pertenecían sin duda a la flora bogotana. El material neogranadino nutrió la ciencia europea; y la ciencia europea, a su turno, validó y amplió el trabajo neogranadino.

La visita fue también un momento simbólico. Humboldt, que años después visitaría a Thomas Jefferson en Virginia para discutir la compra de Luisiana, y que ejercería en el joven Simón Bolívar —a quien conoció en París en 1804— una fascinación duradera, encontró en Santafé una comunidad científica activa: la Expedición trabajaba en la Flora de Bogotá con un herbario de 20.000 plantas, y Caldas regresaba del Ecuador cargado de materiales. Que el naturalista prusiano dedicara dos meses a Mutis, en medio de un viaje continental, dice algo del prestigio ya adquirido por Santafé como escala obligada de cualquier itinerario científico americano.

Al mismo tiempo, y con menos ruido, se estaba formando otro tejido: el de la prensa. En 1791 apareció en Santafé el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, dirigido por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez. Se publicó hasta 1797 —entre 265 y 270 números, según las cuentas—, y llegó a tener al menos 147 suscriptores en su primer año, muchos de ellos funcionarios reales. Publicó ensayos de botánica, física, medicina y filosofía, además de literatura producida en la Tertulia Eutropélica; colaboraron Mutis, Zea, Salvador Rizo, Matiz, Caldas y Ulloa. Si se lo compara con el Semanario de Caldas, fue un medio más retórico que científico, pero cumplió una función que ninguna otra institución cumplía: puso en circulación, entre las élites, el vocabulario ilustrado.

Le siguió en 1801 el Correo Curioso, erudito, económico y mercantil de la ciudad de Santafé de Bogotá, fundado y dirigido por Jorge Tadeo Lozano y su primo, el presbítero José Luis de Azuola. Publicó 46 números y fue el primer periódico neogranadino en manos de particulares. Y en 1808 comenzó el Semanario de Caldas, que llevaría el modelo a su forma más madura.

Los periódicos publicados en la Nueva Granada entre 1791 y 1810 ayudaron a formar un sentimiento de comunidad compartida entre las élites criollas de regiones distantes. No fueron el único vínculo, y tenían las limitaciones evidentes de un medio impreso en una sociedad de escasa alfabetización: se leían en voz alta en tertulias, pasaban de mano en mano, se copiaban a pluma cuando la suscripción no llegaba a tiempo. Pero por primera vez, un ilustrado de Cartagena, un abogado de Popayán y un letrado de Antioquia podían leer los mismos textos y discutir las mismas plantas. La imprenta neogranadina era técnicamente rudimentaria —tipos gastados, papel importado, tirajes cortos— y aun así produjo un archivo compartido donde cristalizó el vocabulario de una generación.

Un caso ilustra hasta dónde llegó esa red. El joven José Manuel Restrepo, antioqueño nacido en 1781, fue mentoreado a distancia por Caldas a través del Semanario entre 1808 y 1810. Prestó atención a los énfasis geográficos y económicos de su mentor y absorbió su método. Décadas después, ya como historiador y funcionario de la república, sería una de las figuras que reinterpretaría a Caldas —fusilado en 1816 por las fuerzas realistas de Pablo Morillo, convertido en mártir por poemas como el de José María Gruesso en 1820— para consumo del proyecto republicano. En la década de 1820, los textos del Semanario fueron descontextualizados, editados y reimpresos para construir la figura del genio patriótico. La Ilustración neogranadina fue, así, doblemente productiva: primero como saber, luego como mitología fundadora.

La economía política de la quina

Nada de esto habría existido sin dinero de la Corona, y el dinero de la Corona tenía nombres muy concretos. Las políticas borbónicas, bajo Carlos III, buscaban levantar la economía española en un contexto donde los gastos militares absorbían gran parte del erario. Las ciencias útiles eran, en esa lógica, una inversión: se financiaban expediciones porque prometían rentas. Y ninguna renta prometía tanto como la corteza amarga de un árbol andino.

La quina era la promesa mayor porque el mundo la necesitaba. Contra las fiebres intermitentes —el paludismo que devastaba tropas y flotas europeas de la India a las Antillas— no había en la farmacopea del siglo XVIII sustituto conocido. Pedro Fermín de Vargas, uno de los criollos ilustrados más lúcidos y menos memorables, calculó en sus Pensamientos políticos un consumo mundial cercano a 16.000 arrobas anuales del febrífugo, y advirtió que la avaricia del comerciante podía agotar el recurso al no prever "las malas consecuencias de su tráfico". La observación adelantaba, en clave mercantil, una idea que solo mucho después se llamaría sostenibilidad: los árboles de Cinchona crecen lentamente y los cortadores talaban sin replantar. Caballero y Góngora, con otra sensibilidad, propuso el estanco real: monopolizar la corteza para controlar precio, calidad y volumen. Mutis dedicó años a estudiar las especies del género en las montañas de Mariquita, distinguiéndolas por color, potencia y hábitat, y a discutir con los peruanos —que reivindicaban para Loja la primacía botánica— cuál era la variedad más eficaz. Alrededor de esa corteza se articuló, así, todo un aparato de saber: taxonomías, mapas, cuadros de rendimiento, informes al Consejo de Indias.

Vargas fue más allá del extractivismo. Colocó la agricultura y la redistribución de la propiedad de la tierra en el centro de su propuesta para el futuro del reino, apostando por una sociedad de pequeños propietarios productores de bienes agrícolas. La suya no era ya la mirada del funcionario que administra una renta, sino la del reformador que imagina una economía distinta, hecha de manos y de suelos que trabajan para sí. En 1801, Humboldt observó por su parte que la minería neogranadina explotaba casi exclusivamente aluviones —los "oros corridos"— y que solo excepcionalmente se trabajaban minas de veta: un diagnóstico técnico que era también un juicio sobre el atraso de la explotación colonial. El oro salía de los ríos con bateas y esclavos; las vetas, que exigían capital, ingeniería y mano de obra especializada, permanecían intactas bajo la tierra.

La ecuación es clara. Los virreyes patrocinaron la ciencia porque querían rentas y racionalidad fiscal; el interés prioritario fue el desarrollo económico antes que el progreso científico en sí. Pero al hacerlo dotaron a los criollos de dos cosas peligrosas: un lenguaje —el de la observación empírica, la clasificación linneana, la medición astronómica— y una imagen —la del territorio como conjunto racionalizable, inventariable, gobernable—. Con ese lenguaje y esa imagen, los criollos empezaron a pensarse políticamente. La ciencia ilustrada contribuyó, indirecta e involuntariamente, a que tomaran conciencia de la riqueza y la belleza del suelo que habitaban. La quina, pensada como estanco, terminó siendo una lección de que ese suelo podía calcularse en pesos, en arrobas, en leguas cuadradas: una lección que después serviría para calcularlo también en votos y en fronteras.

La resistencia y los límites

Sería un error contar esta historia como un triunfo continuo de la razón. La Ilustración neogranadina fue frágil, minoritaria y muchas veces derrotada. La actitud innovadora de Mutis, su lucha por la modernidad y su afán reformista le valieron enfrentamientos permanentes con los sectores tradicionales, especialmente los dominicos. Su ciencia sobrevivió por el paraguas protector de Caballero y Góngora, no por una hegemonía cultural propia. Bastó que ese paraguas se cerrara para que las tensiones aflorasen de nuevo.

Las reformas borbónicas contra las órdenes religiosas —vistas como entidades díscolas por su independencia bajo los Habsburgo y por depender de autoridades internacionales fuera de España— apuntaban a un clero dócil y controlable. La Compañía de Jesús fue considerada especialmente peligrosa por sus reducciones y por enseñar doctrinas jurídicas juzgadas subversoras del absolutismo; las medidas que la afectaron alteraron el mapa educativo del virreinato, con colegios que quedaron vacantes, bibliotecas dispersas y cátedras redistribuidas entre otras órdenes. Pero la escolástica no desapareció por decreto. Como constató Mendinueta, en las aulas oficiales seguía reinando la filosofía peripatética a comienzos del siglo XIX. La modernidad se enseñaba a puerta cerrada, en gabinetes particulares, y no en los claustros pagados por el rey.

Y luego vino el cierre. Caldas fue fusilado en 1816 durante la Reconquista española. La Expedición Botánica fue clausurada definitivamente ese mismo año. Los dibujos, los herbarios, los manuscritos quedaron en un limbo del que solo se recuperarían parcialmente: cajones enviados a Madrid, colecciones desmembradas, láminas que tardarían más de un siglo en volver a verse. Si algo enseña esta historia es que la ciencia ilustrada dependió del patrocinio imperial y que el mismo imperio que la creó pudo, cuando lo consideró necesario, extinguirla.

La huella

Y sin embargo. El herbario de veinte mil plantas, las miles de láminas botánicas, los mapas de Caldas y de Restrepo, las mediciones altimétricas hechas con instrumentos caseros, los ejemplares del Semanario que circulaban entre Popayán, Antioquia y Bogotá: todo eso no se perdió. Se convirtió, para la generación que hizo la Independencia y para la que después fundó la república, en materia prima. Los mismos hombres que discutían de botánica en las tertulias fueron muchos de los que firmaron actas, redactaron constituciones y ocuparon ministerios. Zea sería vicepresidente de la Gran Colombia; Lozano, presidente de Cundinamarca; Camilo Torres Tenorio, autor del Memorial de Agravios, fue lector del Semanario; Nariño publicó y difundió los Derechos del Hombre en un entorno donde la lectura crítica era ya una práctica establecida entre las élites.

La huella más duradera es más ambigua. Cuando la república joven necesitó héroes, encontró en Caldas al sabio-mártir perfecto: un criollo formado en el territorio, fusilado por España, autor de una geografía del reino que además servía —con su jerarquía de Andes y tierras calientes— para justificar la hegemonía política del altiplano. Los textos del Semanario fueron reeditados, seleccionados y reinterpretados en la Gaceta de Colombia y en otros medios oficiales de los años veinte. El Caldas real, el astrónomo que fabricaba sus propios cuadrantes en Popayán, fue reemplazado por el Caldas monumental, precursor patriótico de una nación que él nunca alcanzó a imaginar en esos términos. La operación se repetiría, con variantes, con Mutis, con Nariño, con Torres: bustos, calles, retratos oficiales que fijaron para siempre unos rostros y borraron los matices, las dudas, las fidelidades borbónicas que atravesaron aquellas vidas hasta muy tarde.

Esa operación de memoria dice algo sobre el conjunto. La ciencia ilustrada neogranadina fue, en sus mejores momentos, un ejercicio genuino de conocimiento del territorio hecho por criollos formados en instituciones frágiles con apoyo intermitente de un imperio interesado. No fue causa directa de la Independencia. Fue algo más lento y más difícil de nombrar: la condición de posibilidad de que una élite dispersa —de Cartagena a Popayán, de Mompós a Antioquia— dispusiera, al llegar la crisis política de 1810, de un vocabulario común, una imagen compartida del reino y una experiencia práctica de trabajo intelectual colectivo. El herbario no hizo la revolución. Pero sin el herbario, sin el observatorio, sin las diecinueve manos que pintaban plantas en Mariquita, sin los suscriptores del Papel Periódico leyendo los mismos textos, la revolución habría tenido que inventar desde cero un lenguaje que ya existía.

Ese es, tal vez, el sentido más preciso que puede darse a esta historia. La Ilustración en la Nueva Granada no fue el reflejo periférico de una luz europea que llegó tarde y a medias. Fue un dispositivo local, montado con instrumentos importados y saberes traducidos, que hizo inventariar el territorio a quienes lo habitaban. Ese inventario cambió a los inventariadores. Empezaron midiendo alturas y describiendo plantas para la Corona; terminaron sabiendo, aunque no lo dijeran todavía, que aquel reino era un país.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01José Celestino Mutis — agente principal de la Ilustración científica en la Nueva Granada, director de la Expedición Botánica y nodo de la república internacional de las ciencias
  2. 02Real Expedición Botánica — institución central del proyecto ilustrado, con diecinueve dibujantes y un herbario de 20.000 plantas que superó en imágenes a las expediciones de México y Perú
  3. 03Francisco José de Caldas — científico criollo más completo del período, director del Observatorio Astronómico y editor del Semanario, quien articuló ciencia y primera imaginación política del territorio
  4. 04Antonio Caballero y Góngora — arzobispo-virrey que patrocinó la Expedición Botánica como instrumento de reforma cultural y explotación racional de los recursos del reino
  5. 05Alexander von Humboldt — naturalista prusiano cuya visita de dos meses a Santafé en 1801 validó internacionalmente el trabajo científico neogranadino e incorporó materiales de la flora bogotana en sus publicaciones
  6. 06Reformas borbónicas — marco político e imperial que financió y orientó los proyectos científicos como inventario económico del Nuevo Mundo, generando como efecto no previsto la conciencia territorial criolla
  7. 07Élites criollas — destinatarias y protagonistas del proceso ilustrado, que a través de la ciencia aprendieron a mirar el territorio como propio y construyeron la primera imagen política de un espacio nacional
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Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 50 fragmentos

01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 120, 122, 1363 citas
[1]

o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

p. 120
[34]

sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…

p. 136
[41]

en las ciencias n atu rales tam bién debió facilitar la introducción d e las ideas políticas de la Ilustración. Esto es difícil de com probar puesto q u e fue peligroso para las elites criollas ap o y ar públicam ente las ideas revolucionarias. Sin em bargo, p u ed e establecerse q u e los escritos bási cos de la…

p. 122
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 195, 2042 citas
[2]

Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…

p. 204
[24]

un viaje a Quito. El alemán quedó sorprendido de la precisión de los instrumentos del caucano, pero rechazó su pro- puesta de acompañarlo en el viaje que proyectaba por América. Tras perma- necer tres años y medio de estudio e investigación en Ecuador, en 1804 Caldas publicó Viaje de Quito a las costas del océano…

p. 195
03Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[3]

de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

p. 28
[4]

que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
04Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 42, 48, 53, 594 citas
[5]

grandes avances en el territorio español pero murió al llegar a Venezuela. Dejó un cúmulo de íconos por los que se disputaban los botáni - cos españoles y el círculo de Linné. Dentro de la disputa y gracias a la presencia de botánicos suecos en Cádiz, Mutis pudo acceder, días antes de su viaje a América, a la famosa…

p. 42
[10]

innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…

p. 48
[13]

santafereño, José María Espinosa. Dentro de la comunidad de artistas fue el que causó más proble- mas hasta el punto que Mutis le aconsejó a Rizo, en un momento de crisis, que lo dejara abandonar la Expedición. Donde Mutis pudo modelar su escuela de iconos botá- nicos fue con los quiteños. Los jóvenes, en su gran…

p. 53
[14]

miniatura es «pintura que se eje- cuta sobre vitela o papel terso, a manera de iluminación; pero ejecutado el claro y el oscuro, punteado y no tendi- do» 36. Iluminación es una «especie de pintura al temple, que de ordinario se ejecuta en vitelas o papel terso». Pin- tura al temple, «especie de pintura acuosa, que se…

p. 59
05Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 35, 69, 803 citas
[6]

primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…

p. 80
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España, y trabaja en la Fauna cundinamarquesa; Caldas había sido comisionado por el Director para recorrer y es- tudiar los bosques del Ecuador, y regresaba cargado de ricos despojos de esta campaña científica a encargarse del Ob- servatorio; Juan Bautista Aguiar y Benedicto Domínguez se habían distinguido por su…

p. 69
[49]

y que había sido la primera que llegó a Santafé —en 1618 —, e impuso al Hospital la obligación de dar medicinas para la Casa de Niños Expósitos y para el Hospital de Honda. El año de 1768 abrió el doctor Juan B. de Vargas el curso de Prima de Medicina en el Colegio del Rosario, y dictó algunas lecciones sobre la…

p. 35
06Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 138, 3452 citas
[7]

dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…

p. 138
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la política y me hizo seguir el carro de Marte”. En 1804, Simón Bolívar viajó a Francia, atraído como un imán a París. En una ciudad que seguía padeciendo los efectos del parto de la revolución, cayó bajo el hechizo de los dos hombres más famosos de Europa: un naturalista y un soldado. Alexander von Humboldt y…

p. 345
07Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 50, 88, 1783 citas
[8]

discurso de apertura de la cátedra de Matemáticas en 1762, Mutis decía que cuando Dios creó la "Máquina del mundo", "todo lo dispuso en número, peso y medida con un orden y establecimientos tan constantes [que] los mismos movimientos de aquellos primeros siglos habrán de perpetuar hasta los últimos" (1983 [1762]: 41).…

p. 88
[12]

taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…

p. 178
[35]

constructor de identidad al reelaborarse su sentido a la luz del pensamiento ilustrado. De hecho, las políticas borbónicas, con el objetivo de desarrollar las riquezas naturales coloniales en beneficio del Estado español, habían patrocinado el estudio de las ciencias útiles a través de la reforma de la educación,…

p. 50
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 88, 912 citas
[9]

alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…

p. 91
[36]

(1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…

p. 88
09El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 538, 543, 5493 citas
[11]

el progreso de la sociedad. En el pensamiento neogranadino aparecía el concepto de «utilidad social de la ciencia», que había 370 Vida y escritos, ed. cit., págs. 143 y 144. 544 Jíndi Jícídneer Ucnsi sido completamente ajeno a la cultura colonial, cultura de contenido religioso esencialmente, jurídica y filológi- ca,…

p. 543
[19]

absoluto rigor. Todavía a comienzos del siglo xix, al finalizar su periodo de gobierno el virrey Mendinueta, recalcando aún la nece- sidad de modernizar la enseñanza y elogiando el esfuerzo particular de quienes en forma personal se dedicaban a las ciencias, decía: «Los que la tienen [instrucción cien- tífica] puede…

p. 549
[23]

su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

p. 538
10Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 204, 277, 2793 citas
[15]

establecer acertados méto- dos y estudios útiles. Escribe el virrey Guirior: «La ilustración de la juventud y el fomento de las ciencias y las artes es uno de los fundamen- tales principios del buen gobierno, de que como fuente dimanan la felicidad del país y la prospe- ridad del Estado para las artes, industrias, co-…

p. 277
[17]

y el criterio de autori- dad como única fuente del conocimiento, orde- nando que a los estudiantes se les permitiese comparar la dotrina de varios autores -todos católicos, ciertamente- "para que la elección sea libre y gobernada por la razón, sin formar empeño en sostener determinado dictamen" (26). Prescribía…

p. 204
[30]

ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

p. 279
11Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 549, 552, 5553 citas
[16]

tiles cien cias exactas en lugar de las meramente especulativas, en que hasta ahora lastimosamente se ha perdido el tiempo; porque un Reino lleno de precios í simas producciones que utilizar, de montes que allanar, de caminos que abrir, de pantanos y minas que desecar, de aguas que dirigir, de metales que depurar,…

p. 552
[20]

franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…

p. 549
[31]

percusi ó n por el impulso que ella dio al periodismo que por la can tidad o calidad de libros que en ella se imprimieron. El primer peri ó dico bogotano 90 fue de ef í mera duraci ó n pues no lleg ó sino a tres n ú meros; se trata de la Gaceta de Santa] é (1785). El primero de importancia fue el Papel peri ó dico de…

p. 555
12Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 284, 2872 citas
[18]

ú blica sin perjuicio de las obligaciones a que est á n afectados... y qu é estado tiene la ense ñ anza p ú blica en los enunciados Colegios [San Bartolom é, Rosario y Universidad Tom í st í ca], si se obser- 'vaen ellos el m é todo de estudios formulado por el se ñ or Fiscal don Francisco Antonio Moreno y Escand ó n;…

p. 287
[46]

é cnica, del abono o no la usaba, los ar^ dos eran de madera y por excepci ó n de hierro, y la rotaci ó n cultivos y el mejoramiento de las semillas eran desconocidos. manufacturas y el comercio presentaban un panorama id é ntico de simplicidad. Para la hilander í a y tejedur í a los espa ñ oles habi^ importado el…

p. 284
13The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 101, 104, 2903 citas
[21]

them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…

p. 101
[22]

Anillo, an engineer and mathematician sent from Spain as the vice-royalty's director of public works. 22 The most notable of the upper-class creole scientists who appeared at this time was Francisco José de Caldas of Popayán, who, despite the fact that he worked for a long time in virtually total isolation, managed to…

p. 104
[33]

out-of- the-way places as Chire and Pore, in the Casanare region, and Carnicerías, in the upper reaches of the Magdalena River, were also represented. The viceregally sponsored Papel Periódico, which was more rhetorical and less seriously scientific than the Semanario, had at least 147 subscribers in its first year,…

p. 290
14Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 48, 562 citas
[25]

coastlines, and territories. At the time of his writing, Caldas lamented that geographic knowledge about his place of birth was in its infancy. He argued no expense should be spared to ensure the production of a stately, dignified, detailed map, a “magic painting” that would attract the brightest minds and foment…

p. 48
[29]

qualified minds, Caldas placed control over New Granada’s nature in the hands of the “good Cit- izens” who contributed to the publication. 25 The dozens of good citizens Caldas mentored in this practice of performing neutrality through the Semanario included the young José Manuel Restrepo. EBSCOhost: eBook Collection…

p. 56
15Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 60, 632 citas
[26]

podía y acaso porque tampoco le interesaba; su rebeldía era en esencia contra el método escolástico, contra sus colegas, que sentían exce- siva confianza por los textos de los científicos de ese momento (Newton, Buffon, Montesquieu), sin demostrar antes si lo que se decía en esos textos se confirmaba en la…

p. 63
[37]

alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

p. 60
16Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 801 cita
[27]

la osadía. De acuerdo con Alfonso Múnera: 58 Caldas, “El influjo”, 143. 81 Amada Carolina Pérez Benavides Caldas interpretó el territorio y los habitantes del virreinato desde una postura meto- dológica que le permitió identificar y hacer comprensible la geografía de los Andes como el área de la civilización y el…

p. 80
17Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 1101 cita
[28]

de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…

p. 110
18Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 161 cita
[32]

dida. El 2 de diciembre del mismo año se reanudó pero ya en el taller denominado: "Imprenta. Patriótica", que funcionaba en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos, cuyo 13 propietario era don A n to n io Nariño. A llí se sacaron los últimos seis números del "PAPEL PERIODICO." El impresor de esta tercera tipografía,…

p. 16
19Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 4021 cita
[38]

remitido a España en los dos años anterio- res, 21. 271 cajones con el peso de 220. 252 arrobas 8 libras, que si se beneficiasen por cuenta de la Real Hacienda al precio equitativo propuesto en el plan de estanco de este género (de que hablaré en su lugar), podrían producir al Real Erario más de 600. 000 pesos…

p. 402
20Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 12, 632 citas
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y en cercanías del río de la Magdalena, debería ser para el Reino una fuente inagotable de bienes. Calcúlese que en todo el universo se consumen anualmente cerca de 16. 000 arrobas de este género. Cada arroba puesta en Cartagena importa a razón de 20 reales de plata la libra — 62 ½ pesos—, ganando el Erario inmensas…

p. 63
[42]

consideraban un buen diagnóstico de los caminos que debería recorrer la sociedad que entraba en una fase de vida independiente. Los Pensamientos políticos y memoria sobre la pobla- ción del Nuevo Reino de Granada aparecieron, pues, a sus contemporáneos que los conocieron bajo forma manus- crita, como una descripción…

p. 12
21¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
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en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…

p. 48
22La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · p. 1051 cita
[43]

que el alojamiento y las facilidades ofrecidas en Bogotá y a lo largo de la ruta. De las 142 especies tratadas en los dos tomos de las Plantas equinocciales, cerca de treinta pertenecían sin duda a la Flora de Bogotá. Por su aporte al conocimiento de la flora colombiana, ocupan lugar destacado en la historia de la…

p. 105
23The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5411 cita
[45]

map— published later in Paris, with credit given to Caldas. Our extract is substantially incomplete for excluding the accompanying drawings —in a record that married scientific observation with literary ambition and the artistic effort of drawing and painting the landscape. As with the hundreds of color plates…

p. 541
24Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1621 cita
[48]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
25Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 cita
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Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…

p. 10