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Idea · Colonia

Estanco

Monopolio fiscal mediante el cual la Corona española reservaba para sí la producción, circulación o venta de productos de consumo masivo —tabaco, aguardiente, sal, pólvora— en la Nueva Granada, constituyendo hacia finales del período colonial cerca del 32% de los ingresos virreinales y siendo causa directa de la Revolución de los Comuneros de 1781.

3.892 palabras37 documentos51 fragmentos citados
Estanco

Trayectoria de una idea

  1. 1700

    Real Cédula que estanca el aguardiente de caña

  2. 1726

    Consolidación institucional del estanco del aguardiente

  3. 1772

    El aguardiente, renta 'más útil y pingüe' del virreinato

  4. 1774

    Administración directa del tabaco y fijación de zonas de cultivo

  5. 1780

    Reforma de Gutiérrez de Piñeres: restricción de zonas y alza de precios

  6. 1781

    El estanco detona la Revolución de los Comuneros

  7. 1800

    El estanco en el pico de la presión fiscal borbónica

  8. 1821

    La República hereda los estancos coloniales

  9. 1836

    Santander defiende la subsistencia del estanco del tabaco

  10. 1850

    Supresión del estanco del tabaco

  11. 1886

    Los departamentos heredan las rentas de aguardiente y tabaco

03

La lectura

El estanco fue mucho más que una figura tributaria: fue la presencia más cotidiana y más odiada del poder colonial en la vida de los neogranadinos, pues tocaba el trago de aguardiente en la fonda del Socorro y la mascada de tabaco en la plaza de Girón con la misma mano que destruía cosechas y encarcelaba campesinos. Su lógica era doble —recaudar y controlar—, y su eficacia fiscal fue real: hacia 1800 sostenía por sí solo casi un tercio de los ingresos virreinales, financiando una burocracia y un aparato militar que de otro modo habrían colapsado. Pero esa misma eficacia tenía un precio político que la Corona pagó en 1781, cuando la acumulación de alzas, restricciones y guardias armados convirtió el descontento campesino del Guanentá en una revuelta que estuvo a punto de tomar Santa Fe. La República independiente, incapaz de imaginar un fisco sin él, lo conservó durante cuatro décadas más, hasta que la supresión del estanco del tabaco en 1850 abrió una crisis fiscal que confirmó, a su modo, cuánto había dependido el Estado —colonial y republicano— de ese monopolio impopular e indispensable.

El estanco

En la Nueva Granada del siglo XVIII, la palabra estanco nombraba una operación precisa: la Corona reservaba para sí, o para quien ella arrendara, la producción, la circulación o la venta de un producto de consumo masivo —tabaco, aguardiente de caña, sal, pólvora, naipes— y expulsaba del negocio a todos los demás. No era un impuesto entre otros: era una arquitectura fiscal que convertía un cultivo campesino o un alambique de trapiche en renta real, y que ponía guardias armados en los caminos para asegurar el monopolio. Hacia el final del período colonial, los estancos del tabaco y el aguardiente aportaban por sí solos alrededor del 32% de los ingresos de la Corona en el virreinato: unos 770.000 pesos anuales sobre 2,4 millones. Sin el estanco no se entiende cómo se sostuvo el aparato colonial en su último siglo, ni se entiende el estallido comunero de 1781, ni por qué la República independiente tardó cuatro décadas en atreverse a suprimirlo.

Qué era un estanco

En el vocabulario fiscal indiano, "estancar" un producto significaba retirarlo del comercio libre y someterlo a monopolio real. La Corona podía administrarlo directamente, a través de una red de factorías y administraciones subalternas con funcionarios asalariados, o rematar el ramo a un particular —el asentista o rematador— que pagaba una suma fija anual a cambio del derecho exclusivo de compra y venta. Ambos sistemas coexistieron en la Nueva Granada durante buena parte del siglo XVIII, y solo con las reformas borbónicas de mediados de siglo la administración directa fue desplazando al arrendamiento, sin extinguirlo del todo.

El estanco no era un impuesto porcentual sobre transacciones, como la alcabala, ni una detracción sobre la producción, como los quintos mineros o los diezmos. Era algo más invasivo: la Corona fijaba el precio al que compraba la hoja al campesino o el aguardiente al hacendado, fijaba el precio al que revendía al público en sus tiendas y expendedurías, y capturaba la diferencia. Cualquier siembra, destilación o venta por fuera de ese circuito era contrabando, perseguido por cuerpos de guardias —los resguardos— con facultad de destruir cultivos, decomisar mercancías, arrestar y encarcelar. La lógica era doble: recaudar y controlar. El monopolio permitía al fisco extraer una renta considerable sin necesidad de un aparato tributario extenso, y a la vez sometía a vigilancia una economía popular que de otro modo escapaba por completo a la mirada del Estado.

Frente al resto del edificio fiscal, la particularidad del estanco era su visibilidad cotidiana. Los quintos afectaban a los mineros, los diezmos gravaban con un 10% las transacciones agropecuarias, las alcabalas caían sobre el comercio mayor y menor; eran cargas mediadas por circuitos específicos. El estanco, en cambio, tocaba cada trago de aguardiente en una fonda del Socorro, cada mascada de tabaco en una plaza de Girón, cada vela de pólvora en un yacimiento antioqueño. Y por eso mismo, cuando la Corona subía sus precios o cerraba zonas de cultivo, la reacción no venía de gremios organizados sino de multitudes.

De la prohibición al monopolio: el aguardiente

La primera gran renta estancada de la caña llegó por resignación. Durante décadas del siglo XVII, la Corona había intentado prohibir el aguardiente producido con miel y melaza de caña —el aguardiente "de la tierra"— para proteger el mercado del vino y del aguardiente peninsulares, y para contener un consumo popular que párrocos y funcionarios describían como escandaloso. Real Cédula tras Real Cédula, excomunión tras excomunión, la prohibición fracasó: los trapiches del Valle del Cauca, de las tierras cálidas de Cundinamarca y de las estribaciones santandereanas siguieron destilando, y el contrabando abastecía con soltura a las ciudades.

La Real Cédula del 23 de septiembre de 1700 admitió el fracaso y ordenó estancar el aguardiente de caña. Si no podía suprimirse, al menos que rindiera al fisco. La transición no fue inmediata ni ordenada: durante un cuarto de siglo, el monopolio se administró de forma irregular, entre remates locales y concesiones a particulares, sin producir grandes rendimientos. Fue el presidente Antonio Manso Maldonado, entre 1725 y 1731, quien empujó la consolidación del sistema. Manso —personalmente partidario de la supresión pura y simple del aguardiente por razones morales— reconoció, sin embargo, que ni las cédulas, ni las excomuniones, ni más de treinta años de diligencias habían logrado nada, y propuso a Madrid formalizar y racionalizar el estanco como la única política realista. El 16 de junio de 1726, dentro de ese proceso, hubo una actuación institucional relevante en Santa Fe que dio curso al asunto ante el Consejo de Indias.

De ahí en adelante, la renta del aguardiente creció sin pausa. Entre 1760 y la década de 1790, sucesivas reformas —la extensión de la administración directa, el establecimiento de nuevos expendios, el ajuste de precios— la convirtieron en una de las dos columnas del edificio fiscal virreinal, al lado del tabaco. El virrey Pedro Messía de la Zerda lo consignó sin rodeos en su relación de gobierno de 1772: "de las rentas la más útil y pingüe es la de aguardiente de caña". Fórmulas casi idénticas repitieron sus sucesores Manuel Guirior en 1776 y el virrey que redactó la relación de 1789. El monopolio tuvo, además, un efecto productivo colateral que rara vez se anota: al garantizar comprador único y demanda estable, estimuló la expansión de haciendas cañeras y trapiches, particularmente en el Valle del Cauca y en las tierras templadas del centro del virreinato. Complejos como la hacienda jesuita de Llanogrande —con más de 12.000 reses, 2.000 yeguas, más de cien esclavos y talleres de locería en 1747— combinaban producción de mieles, ganadería y manufactura artesanal en una escala impensable sin la demanda que el estanco aseguraba.

El estanco del tabaco y la reforma de Gutiérrez de Piñeres

El tabaco siguió una trayectoria distinta y más tardía. Aunque se comerciaba estancado desde antes, la reorganización que le dio su forma clásica —la que provocaría 1781— es obra del último tercio del siglo XVIII y está inseparablemente ligada al nombre de Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, regente visitador enviado por Carlos III y su ministro José de Gálvez para poner en orden la hacienda del virreinato.

Gutiérrez de Piñeres aplicó al tabaco una lógica de racionalización industrial. Redujo la producción legal a cuatro zonas: Ambalema, en las vegas del Magdalena; Girón, en el nororiente; Pore y Nunchía, en los Llanos de Casanare; y Palmira, en el Valle del Cauca. Todo tabaco sembrado fuera de esas áreas era ilegal, y los guardias del resguardo tenían orden de arrancar las matas y arrestar a los cultivadores. Sobre esa base productiva restringida montó seis administraciones y factorías distribuidoras que cubrían el virreinato, con ordenanzas minuciosas sobre elaboración, empaque y transporte de la hoja, y con un sistema de guías y tornaguías —los documentos que debían acompañar cualquier partida de tabaco en circulación— para hacer imposible el comercio no autorizado.

La reorganización tuvo un efecto inmediato y devastador sobre regiones enteras que habían vivido del cultivo. La provincia del Socorro, y particularmente la subregión del Guanentá —San Gil, el Socorro, Charalá, Mogotes, Simacota—, quedó excluida de la producción legal. Familias campesinas que llevaban generaciones sembrando su tabaquito para vender en las plazas locales se encontraron, de un día para otro, ante guardias armados que destruían la cosecha. Ya en 1778, los habitantes de Mogotes expulsaron a los guardias del monopolio. En octubre de 1780 hubo disturbios en Mogotes y Simacota; en diciembre, en Charalá. La región estaba caliente meses antes de que llegara la chispa final.

Esa chispa fue la decisión, en mayo de 1780, de duplicar el precio al detalle del tabaco y del aguardiente. En agosto, Gutiérrez de Piñeres reforzó las guías y tornaguías. Poco después subió la alcabala y resucitó el viejo impuesto de la Armada de Barlovento, que en la práctica volvía a gravar transacciones ya alcabaladas: una doble imposición. Para una economía popular como la del Guanentá —donde los textiles, el algodón, el cultivo doméstico del tabaco y el pequeño comercio se sostenían apenas sobre márgenes estrechos, y donde una epidemia de viruela y una escasez de alimentos agravaban la situación—, la combinación fue insostenible.

Vista desde Madrid, la reforma tenía una lógica impecable. La carga tributaria total de la Nueva Granada, según los cálculos hoy aceptados, pasó de cerca del 2,9% del producto antes de las reformas borbónicas a alrededor del 10,4% hacia 1800: la Corona más que triplicó su capacidad extractiva en medio siglo. Vista desde el Socorro, la reforma era una expropiación.

1781: el estanco en la calle

El 16 de marzo de 1781, en la plaza del Socorro, una comerciante o vendedora local, Manuela Beltrán, arrancó el edicto donde se anunciaban los nuevos impuestos —entre ellos la resucitada Armada de Barlovento— y lo rompió a la vista de todos. El acto, en apariencia menor, fue el pistoletazo. La multitud asaltó los almacenes del estanco, irrumpió en los depósitos de aguardiente y de tabaco, liberó presos y desafió a la autoridad local. En cuestión de semanas, el motín se había convertido en revuelta regional. Pamplona, Vélez, Cúcuta y decenas de pueblos del oriente y de los Llanos se sumaron; grupos armados del "común" —el vocabulario mismo del que salió el nombre de los comuneros— exigían la revocatoria de las medidas fiscales.

El 8 de mayo, al norte de Tunja, las escasas fuerzas gubernamentales fueron derrotadas por los comuneros que avanzaban sobre Santa Fe. Gutiérrez de Piñeres huyó de la capital hacia Cartagena, donde estaba el virrey Manuel Antonio Flórez. En Santa Fe, aterrada, una junta de tribunales acordó el 15 de mayo la rebaja de los ramos de la Real Hacienda y la extinción de la Armada de Barlovento y de las guías y tornaguías, y lo publicó por bando. Era una capitulación anticipada, hecha de miedo.

La negociación formal se selló en Zipaquirá. Las Capitulaciones fueron redactadas por Agustín Justo de Medina y Juan Bautista de Vargas, delegados de Tunja, con modificaciones del capitán general comunero Juan Francisco Berbeo, y firmadas el 5 de junio de 1781. Entre las demandas figuraban la reducción del precio del aguardiente, modificaciones a la alcabala y otras reformas fiscales que apuntaban al corazón del régimen borbónico de extracción. Aquí conviene detenerse. Las Capitulaciones no fueron solo una lista de agravios populares: en su redacción participaron miembros de la élite criolla local —hacendados, comerciantes, letrados— cuyos intereses coincidían con el descontento campesino en la superficie, pero divergían en el fondo. El campesino tabacalero quería su parcela; el hacendado quería libre comercio. Ambos odiaban el estanco, aunque por razones distintas.

Esa doble composición de la revuelta explica su desenlace. Cuando llegaron tropas de refuerzo desde Cartagena, la Real Audiencia desconoció formalmente las Capitulaciones mediante un acuerdo de anulación. La rebelión se disolvió: los sectores criollos, satisfechos con la retirada táctica de las medidas más agresivas, no tenían interés en llevar la protesta hasta sus últimas consecuencias. Solo José Antonio Galán, con un núcleo de comuneros del sector popular, insistió en continuar la lucha. Fue apresado, condenado a muerte y ejecutado junto con otros cabecillas. El arzobispo Antonio Caballero y Góngora, que había mediado en Zipaquirá, jugó después un papel central en la pacificación política del virreinato.

El estanco del tabaco, sin embargo, no se tocó. La reforma de Gutiérrez de Piñeres siguió vigente en lo sustancial: se retiraron la Armada de Barlovento y algunas medidas accesorias, pero las zonas de cultivo restringidas, los precios monopólicos y las factorías se mantuvieron. La Corona había aprendido a modular, no a ceder.

La crítica ilustrada: Nariño, Vargas y el Semanario

En los años que siguieron a 1781, la crítica al estanco pasó de la calle a la pluma. Una generación de criollos ilustrados —lectores de Adam Smith, del abate Raynal, de Campomanes— empezó a articular una impugnación sistemática del monopolio como pieza clave del atraso económico del virreinato.

Antonio Nariño fue el más incisivo. Calificó el estanco del tabaco de traba feudal al desarrollo de la agricultura y el comercio: al restringir las siembras al consumo interior, argumentaba, la Corona impedía que un producto de calidad excepcional se convirtiera en un ramo fortísimo de exportación. Nariño no propuso la abolición indiscriminada de los monopolios —el estanco de la sal, sostuvo, debía conservarse por razones de utilidad común—, pero sí la supresión de los del tabaco y el aguardiente, junto con la eliminación de las alcabalas internas y su sustitución por un impuesto directo de capitación aplicado por igual a toda la población, incluida la indígena. Su plan incluía además reformas monetarias y judiciales: un programa reformista completo, no un panfleto.

Pedro Fermín de Vargas fue más allá en la ambición diagnóstica. Su estudio de conjunto sobre el estado social del Nuevo Reino de Granada —de factura en varios aspectos más moderna que la de Nariño— situaba la crítica del estanco dentro de un análisis general de la sociedad colonial: régimen de tenencia de la tierra, condición de los indígenas, estructura del comercio, sistema educativo. La supresión del monopolio, para Vargas, no era un ajuste técnico sino la palanca de una transformación social más amplia.

Este pensamiento reformista encontró tribuna en el Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808-1811), donde una generación de letrados criollos ensayó las ideas económicas y políticas que apuntalarían, poco después, la ruptura con España. El Semanario no fue una revista revolucionaria en el sentido inmediato, pero sí la escuela donde la crítica al estanco —y con ella la de la lógica mercantilista del imperio— cristalizó como programa. Cuando la crisis de la monarquía se abrió en 1808, esa generación estaba intelectualmente preparada; el estanco había sido, durante tres décadas, uno de los grandes maestros de su radicalización.

Rendimiento fiscal y peso estructural

Vale detenerse en la magnitud. En el promedio de la última década colonial, la Corona recaudaba en el virreinato de la Nueva Granada 2,4 millones de pesos anuales. De esa suma, unos 770.000 pesos —el 32%— provenían de los estancos del tabaco y el aguardiente. Ninguna otra rama del fisco se acercaba a esa proporción combinada. Los diezmos, las alcabalas, los quintos mineros —reducidos, para estimular la producción, desde el 20% original hasta apenas el 3%—, el papel sellado, las salinas, los correos y una docena de rentas menores completaban el cuadro, pero ninguna, por sí sola, rivalizaba con el par tabaco-aguardiente.

Pese a esa masa de ingresos, el fisco colonial no alcanzaba a cubrir sus obligaciones. La mayor parte del gasto se iba en sostener una burocracia mal pagada y crónicamente ineficiente, y en cubrir los cuantiosos gastos militares —las plazas fuertes del Caribe, particularmente Cartagena, absorbían sumas ingentes—. La Nueva Granada era, en términos netos, una colonia deficitaria: consumía más recursos imperiales de los que producía. Eso agrega una capa de ironía al estanco. Era la principal máquina de recaudación del virreinato y, aun así, insuficiente. Su expansión bajo los Borbones no era el capricho de un ministro codicioso: era la respuesta a un problema estructural de sostenibilidad fiscal. Que esa respuesta hiciera inviable la economía campesina de regiones enteras era, desde Madrid, un daño colateral aceptable.

La República hereda el estanco

La independencia no liquidó el sistema. Al contrario: el Estado republicano de la Nueva Granada heredó casi íntegramente el aparato fiscal colonial. Se conservaron los estancos de tabaco y aguardiente, los diezmos, las salinas, las alcabalas, el papel sellado y los correos. La retórica bolivariana y santanderista podía denunciar el atraso español, pero la administración necesitaba ingresos, y no había manera de sustituirlos rápidamente.

Francisco de Paula Santander lo dijo con crudeza en su mensaje a la Legislatura de 1836: no suprimir el estanco del tabaco. Venezuela lo había abolido en 1834; la Nueva Granada, sostuvo Santander, no podía darse ese lujo. Los gastos de la nación —ejército, deuda de independencia, burocracia mínima— no admitían experimentos. El secretario de Hacienda Márquez, hacia 1832, había reconocido que el estanco del tabaco se hallaba ya en "bastante decadencia por la falta de fondos en las factorías y por el desarreglo de su administración", pero se oponía a suprimirlo por el riesgo fiscal de recurrir a impuestos nuevos y menos productivos. Un documento de la época esgrimía un argumento paralelo para el aguardiente: llevar el producto de una provincia a otra o al extranjero solo generaba pérdidas, luego el monopolio directo era la única forma racional de administrar la renta.

La contradicción de la primera República se dejaba ver en toda su nitidez. La élite ilustrada había impugnado el estanco durante décadas como símbolo del atraso colonial; la élite gobernante, la misma en buena medida, lo conservaba porque no tenía con qué reemplazarlo. Las factorías del tabaco languidecían, la producción caía, la renta se erosionaba, y abolirla seguía siendo impensable.

1850: la abolición y el auge exportador

El desenlace llegó en 1850, bajo la administración de José Hilario López, con Manuel Murillo Toro como secretario de Hacienda. La supresión del estanco del tabaco fue una de las medidas emblemáticas de la reforma liberal de mitad de siglo, y respondió tanto a la vieja crítica ilustrada como a un cálculo económico nuevo: la caída del valor del oro colombiano frente a las producciones de California y Australia había dejado a los comerciantes exportadores en busca de un producto alternativo que generara divisas, y el tabaco de Ambalema —libre por fin del corsé del monopolio— parecía el candidato ideal.

El gobierno cedió la producción tabacalera de Ambalema a Francisco Montoya, el capitalista antioqueño más solvente del país. Los hermanos Samper y otras casas comerciales vincularon sus capitales al nuevo renglón. Entre 1846 y 1857, Londres y Bremen se consolidaron como los principales mercados del tabaco colombiano: los fardos bajaban por el río Magdalena, salían por los puertos del Caribe y llegaban a Europa, donde Bremen los redistribuía por el continente. El efecto de arrastre fue considerable. La navegación a vapor por el Magdalena, que hasta entonces bajaba casi vacía, encontró carga suficiente y se estabilizó como negocio; las empresas fluviales asentaron su operación sobre bases sólidas. Ambalema vivió, entre 1850 y 1875, su cuarto de siglo dorado: fue la primera gran exportación del período nacional distinta del oro.

El auge tuvo dos costos, uno fiscal y otro estructural. El costo fiscal fue inmediato: la supresión del estanco privó al Estado de una de sus principales rentas, y la penuria consiguiente marcó las administraciones de los años cincuenta. Voces conservadoras, como el escritor José Eusebio Caro desde las páginas de La Civilización, denunciaron la abolición como una imprudencia. Rafael Núñez, en la Memoria de Hacienda de 1856, calculó el efecto combinado de la supresión y de las leyes de descentralización de rentas del 20 de abril de 1850 y del 1.º de junio de 1851, que habían cedido a las provincias diversos ramos de la Real Hacienda republicana. La cesión, importante, resultó menos gravosa que la supresión misma del tabaco.

El costo estructural fue más lento pero más profundo. El auge de Ambalema no desencadenó una industrialización ni transformó las relaciones agrarias de las regiones vecinas. La aparcería, que apareció en la última etapa, no modificó los patrones productivos. Y el propio tabaco colombiano fue perdiendo calidad: hacia 1870 ya era considerado "de tercera" en el exigente mercado de Bremen, y hacia 1875 las exportaciones colapsaron. El carácter especulativo de la operación —capturar ganancias extraordinarias rápidas antes que construir una industria estable— se cobró la factura. La abolición del estanco había liberado al tabaco, pero no lo había vuelto sostenible.

El aguardiente, la sal y la ruta larga

El aguardiente sobrevivió a la fiebre abolicionista. Se mantuvo como renta estatal a lo largo del siglo XIX, y la Constitución de 1886, en el marco de la Regeneración, reconoció formalmente a los departamentos —que sustituyeron a los Estados Soberanos del federalismo previo— las rentas de aguardientes, tabaco, degüello, peajes y pontazgos, junto con otras de importancia regional como las minas antioqueñas o las salinas marítimas del Magdalena. La administración departamental podía optar entre monopolio directo o remates de patentes entre particulares. Casi todos los departamentos, por comodidad o por interés político, prefirieron los remates, y la historia de esas rentas se enredó desde entonces con la de la corrupción política provincial: el remate del aguardiente se convirtió en pieza clave de las clientelas locales. Ya antes, en la Antioquia de las descentralizaciones administrativas de las décadas de 1850 y 1860, los ingresos por licores y por derechos de matanza representaban entre el 40% y el 50% del erario departamental. La proporción daba la medida de lo que el estanco significaba, ahora bajo forma regional.

La sal siguió camino distinto. Ya desde el final del período colonial, con las gestiones de Francisco Antonio Moreno y Escandón, se había iniciado la organización jurídica de las principales salinas fiscales, proceso que la ley del 28 de julio de 1824 completó en la República. La renta salinera fue cobrando peso en el fisco temprano, y su monopolio —conservado precisamente porque hasta Nariño lo consideraba defendible por utilidad común— generó, sin embargo, amargas recriminaciones populares. La sal era conservante indispensable y elemento crítico para el engorde del ganado; monopolizarla encarecía el costo de vida y favorecía a los grandes ganaderos capaces de negociar con el fisco, excluyendo al pequeño productor.

La huella

Contada como sucesión de fechas, la vida del estanco parece un asunto técnico: la cédula de 1700 sobre el aguardiente, la reorganización tabacalera de la década de 1770, el estallido de 1781, la conservación republicana, la abolición del tabaco en 1850, la descentralización de 1886. Mirado por dentro, sin embargo, el estanco fue el instrumento con el que la Monarquía Hispánica intentó rehacer, en el siglo XVIII, la relación entre Estado y economía en la Nueva Granada. Y su historia condensa, como pocas otras, la naturaleza contradictoria de esa relación.

Fue la principal máquina fiscal del virreinato y, aun así, insuficiente para cubrir sus gastos. Fue el vector de una modernización administrativa —factorías, ordenanzas técnicas, resguardos, guías y tornaguías— y el detonante de la mayor rebelión popular del período colonial. Fue el blanco predilecto de la crítica ilustrada criolla y la renta que esa misma élite, ya en el poder republicano, no se atrevió a suprimir durante décadas. Fue el símbolo del atraso que el liberalismo de 1850 destruyó y la caja de la que dependía la solvencia del Estado que ese liberalismo construyó. Su desmonte alimentó el auge exportador del tabaco de Ambalema y, al mismo tiempo, precipitó la penuria fiscal que marcó los años siguientes.

La revuelta comunera del Socorro tejió en un solo estallido dos agravios distintos: el del campesino tabacalero expropiado por Gutiérrez de Piñeres y el del hacendado o comerciante criollo asfixiado por el mercantilismo borbónico. Esa doble presión —popular y de élite, inmediata y estructural— fue lo que hizo del estanco el nudo político de 1781 y la herencia más incómoda del sistema colonial. La República independiente heredó no solo las factorías y los estancos, sino también la contradicción: necesitar un aparato fiscal denso sin querer pagar el precio político de administrarlo. En ese sentido, el estanco no terminó del todo en 1850, ni en 1886, ni en 1910. Terminó, si terminó, cuando el Estado colombiano logró finalmente construir un sistema tributario capaz de sostenerse sin depender del monopolio sobre lo que la gente bebía y fumaba. Y esa es otra historia, mucho más reciente.

04

En el archivo

3 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Francisco Gutiérrez de Piñeres — reorganizó el estanco del tabaco con ordenanzas que restringieron zonas de cultivo y duplicaron precios, desencadenando la Revolución de los Comuneros
  2. 02Revolución de los Comuneros — estallido popular de 1781 directamente provocado por la manipulación de los estancos del tabaco y el aguardiente y las medidas fiscales acumuladas
  3. 03Reformas borbónicas — marco político e ideológico que impulsó la racionalización y expansión de los estancos como instrumento de extracción fiscal en la Nueva Granada
  4. 04Manuela Beltrán — su acto de romper el edicto de nuevos impuestos en el Socorro el 16 de marzo de 1781 desencadenó la revuelta contra el régimen de los estancos
  5. 05Juan Francisco Berbeo — capitán general comunero que negoció las Capitulaciones de Zipaquirá exigiendo reformas al sistema de estancos
  6. 06Antonio Caballero y Góngora — arzobispo mediador en Zipaquirá y pacificador político del virreinato tras la revuelta comunera
  7. 07Nueva Granada — territorio virreinal donde los estancos constituyeron el eje del sistema fiscal colonial y republicano temprano
  8. 08Socorro — epicentro de la Revolución de los Comuneros, región excluida de la producción legal de tabaco por las ordenanzas de Gutiérrez de Piñeres
  9. 09Monopolio fiscal — categoría conceptual que define la naturaleza del estanco como instrumento de control económico y recaudación
  10. 10Contrabando — práctica generalizada que el estanco pretendía suprimir y que en cambio estimuló, siendo el fracaso de su represión lo que llevó a estancar el aguardiente en 1700
06

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 51 fragmentos

01Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 139, 1452 citas
[1]

de exportación del palo de tinte y el de la quina, de corta duración. Estos estancos o monopolios, especialmente el de aguardientes y tabaco, fueron el blanco de las mayores críticas, porque restaban campos de actividad a comerciantes y agricultores, que estaban en capacidad de hacer inversiones y explotar por su…

p. 139
[12]

distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…

p. 145
02Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 cita
[2]

0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…

p. 65
03Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 701 cita
[3]

no se establecié una economia nacional de tipo in- dustrial y porque el Estado carecié durante todo el siglo pasado de un registro de las propiedades pri- vadas. Al lado de esta innovacién en materia fiscal con- tinuaron las tradicionales contribuciones indirectas coloniales, las cuales gravaban los sectores eco-…

p. 70
04Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3991 cita
[4]

la,<ibula de la cruzada». Sus cuentas y los envíos a España figuraban por separado de las rentas llamadas ordinarias o anti guas rentas (quintos, tributos, diezmos, etc.). Para los gastos de la adminis- 48 AGI. Cont. L. 1353. 49 Ibid. L. 1548. 50 AGI. Santa Fe L. 17 r. 2 Doc. 51 f. 2 v. Cont. L. 1294 A y 1294 B. Las…

p. 399
05Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 142, 145, 1483 citas
[5]

1697. La prohibición no tuvo éxito: el consumo continuó extendién- dose y los productores satisficieron la demanda incentivados por las grandes ganancias que obtenían. Se dijo incluso que el aguardiente “se fabricaba en los trapiches o ingenios de azúcar que están en la gente más poderosa y válida del Reyno”. 12 En…

p. 142
[6]

y no hacerse nada con las órdenes de prohibición pues se hace con libertad y se vende entre las mismas Religiones que son las más viciadas, y si algún par- ticular la hace, aunque se le castigue no se remedia el daño”. No obstante los argumentos del virrey, la Real Cédula ordenó que se mantuviese la prohibi- ción en…

p. 145
[7]

cabeceras de las administraciones generales. El establecimien- to del monopolio directo se dio de forma gradual, y entre tanto se permitió la coexistencia de los métodos anteriores, el de arrendamiento y el de asiento por remate del estanco de aguardiente. Las diversas reformas de la renta del aguardiente fueron…

p. 148
06Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 1671 cita
[8]

de la venta de la popular bebida en los años 40, lo que no quiere decir que su consumo haya desaparecido en la práctica (8). Pero en Bogotá los obreros, y demás sectores populares, consumían también otras bebidas distintas de la chicha y la cerveza. Para mayor preocupación de las autoridades, un aguardiente de caña…

p. 167
07Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 471 cita
[9]

1 823 habían sido exped idas 170 leyes sob re el impuesto de la sal y que en ese mo- m e nto regían 89. Por un tiempo la renta del Ferrocarril de Panamá fue el t ercer ingreso. No obstante, se convirtió en fu ente de los agravios como pudo comprobarse en los ep isodios de la separac i ón en 1903. La d escentra li…

p. 47
08Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2901 cita
[10]

to supply distillers with molasses. The main partner in the Cuarta Compañía was the famous José María ‘Pepe’ Sierra,  – , who amassed part of his fortune speculating in the drink monopoly. After the administrative decentralization drives of the  s and  s, the rev- enues from the production and…

p. 290
09Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2901 cita
[11]

to supply distillers with molasses. The main partner in the Cuarta Compañía was the famous José María ‘Pepe’ Sierra,  – , who amassed part of his fortune speculating in the drink monopoly. After the administrative decentralization drives of the  s and  s, the rev- enues from the production and…

p. 290
10Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 cita
[13]

Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…

p. 231
11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 124, 1262 citas
[14]

n te las restricciones, destruían todas las plantas de tabaco sem bra das fuera de las áreas perm itidas y arrestaban y encarcelaban a los violadores. Todo ello ocurría en una época de escasez de alim entos y epidem ia de viruela en la región de G uanentá, cuando, según se dice, m urieron allí unas seis mil personas.…

p. 124
[33]

Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…

p. 126
12Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 56, 3552 citas
[15]

el problema fiscal del estanco del tabaco. Dice así: «El estanco de tabaco debe subsistir, porque es una contribución antigua con la cual está contenta la generalidad, porque no grava un objeto de primera necesidad, y porque si se quitase sería necesa- rio recurrir a otros impuestos, que, por ser nuevos, serían poco…

p. 355
[19]

por la cantidad que de ellos se exige, o por lo que el erario reporta. Tales son en este Reino las alcabalas interiores y los estancos de aguardiente y tabaco». Inme- diatamente afirma: «El producto que aquí dejan al erario los estancos y alcabalas interiores, no corresponde al atraso que causan y al riesgo en que…

p. 56
13Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 51, 4122 citas
[16]

tendría utilidad alguna, pues llevar este producto de una provincia a otra, o al extranjero, solo produciría pérdidas a quien se dedicara a esta especulación. 196 Adicionalmente, las rentas de este género proveían al sostenimiento de las escuelas parroquiales y a otros fondos comuna - les. La Legislatura venezolana de…

p. 412
[24]

el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…

p. 51
14Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 194, 3792 citas
[17]

5 de agosto de 1823, respectiva- mente—. Tampoco se tocó a los diezmos, aunque se les tenía en mala opinión, y desde el primer momento se hubiera pensado en la manera de suprimir o de aliviar este gravamen, o de que tuviera mayor participación en sus productos el fisco nacional 189. Contra él se pronunciaron más tarde…

p. 194
[18]

de estados—, en su conjunto, pasaba del millón y cuarto, al paso que las rentas efectivas de la nación estaban bastante por debajo de los dos millones 432. 431 Leyes de 20 de abril de 1850 y de 1.º de junio de 1851, «sobre des- centralización de rentas y gastos». A esta operación había prece- dido la reorganización de…

p. 379
15Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 3671 cita
[20]

os é M ar í a V ergara y V ergara, Bogot á, 1945. 52 P edro F erm í n de V argas, Pensamientos pol í ticos y memoria sobre la poblaci ó n en el Nuevo Reino de Granada, Bogot á. 1944. El plan de Nari ñ o, que es el m á s expl í cito y el que posee m á s car á cter administrativo, podr í a sintetizarse as í: a) Supresi…

p. 367
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 16, 182 citas
[21]

entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…

p. 16
[44]

paso al capitalismo se inició, en- tonces, con la reconstrucción de las relaciones mercantiles en función del comercio internacio- nal; la lenta integración de las elites regionales; el aislamiento relativo de los mercados; la difícil consolidación de un Estado Nación capaz de ofre- cer una legislación aduanera…

p. 18
17Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 101 cita
[22]

Buitrago 'Yo diré siempre con un filósofo piadoso que más me gusta Keaumur observando las polillas y dándonos remedios para poner a cubierto nuestras telas de la voracidad de estos insectos, que Leibni^ creando mundos" Francisco José de Caldas En el presente texto, haciendo uso de algunos conceptos desarrollados por…

p. 10
18Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1781 cita
[23]

sustitución de él y en cierta forma para llenar sus funciones, para el Nuevo Reino, bajo Carlos III se creó la institución de la Regencia. En la Real Orden del 25 de marzo de 1783, dirigida a la Audiencia de Quito, con motivo de la lle- gada del regente para ese territorio, se acompa- ñaba la Ordenanza de Intendentes…

p. 178
19Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 2201 cita
[25]

a los principales jefes o capitanes de los comunes, dándoles a entender su comisión, y que los oirían gratos luego que les avisaran el paraje de la reunión. «Mas como la principal fermentación estaba dentro de la capital, donde se cree que formaron los pasquines, y se comunicaban frecuentemente los avisos al cuerpo de…

p. 220
20The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1991 cita
[26]

stipends. Attentive to such misery, then, the total and annual contribution for the Indians shall remain at four pesos, and at two pesos for the mulattoes; priests shall not charge for rights or gratuities on baptisms, burials or weddings, nor require them to name an official for their holy days; if no participant…

p. 199
21Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2351 cita
[27]

deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…

p. 235
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 95, 1472 citas
[28]

el rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento!» El alcalde prometió que participaría al cabildo sobre los reclamos de los reunidos para informar al visitador. La muchedumbre no le prestó aten- ción y una vendedora de la plaza, Manuela Bel- trán, rompió el edicto donde se hallaba fijado el impuesto. Como…

p. 95
[36]

] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…

p. 147
23Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2071 cita
[29]

la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…

p. 207
24Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 871 cita
[30]

pesinos y comerciantes arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y poco a poco fueron incorporando a los notables locales de todo el oriente y se extendie ron a los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron gru pos de gente del “ com ú n ” que se un í an y…

p. 87
2530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 261 cita
[31]

aprobación sea sin ambigüedad. Campamento de guerra en territorio de Zipaquirá, 5 de junio de 1781. M.P.S. Puesto a los pies de V.A. El más rendido vasallo, JUAN FRANCISCO BERBEO. (Estas Capitulaciones fueron redactadas por don Agustín Justo de Medina y don Juán Bautista de Vargas, Delegados de la ciudad de Tunja. Al…

p. 26
26Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[32]

las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…

p. 53
27Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 cita
[34]

estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…

p. 44
28Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 245, 3242 citas
[35]

suprimidos muchos gravámenes que entrababan el desarrollo de las fuerzas productivas. En el capítulo referente a los impuestos en la Colonia, vimos cómo estos eran grandes en número, no tenían una finalidad concreta y solo frenaban el desarrollo del comercio. Como expresión franca del sistema colonial, fueron atacados…

p. 245
[37]

y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…

p. 324
29La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1291 cita
[38]

el comercio derivado de ella, facilitó la acumulación de grandes sumas de capital líquido en las manos de unos pocos. Así, anota Safford, en 1852 el gobierno cedió el monopolio del tabaco en Ambalema a Francisco Montoya, un antioqueño, por ser éste el mayor y más estable capitalista del país. En contraste con los…

p. 129
30Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2161 cita
[39]

de 1848). Claro que ya se venía explotando por parti- culares (Montoya, Sáenz y Cía. conectada con una compañía inglesa) y su fomento había crecido en la región de Ambalema y Alto Magdalena (Luis F. Sierra, E l tabaco en la economía colombiana d e l siglo XIX, Bogotá, 1971, 42). El tabaco bajaba en barcos por el…

p. 216
31Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4241 cita
[40]

sp r e c i o s d e l tabaco en e le x t e r i o r,l af a b r i c ade Girón t e n í a una d e s v e n t a j aimportante con r e s p e c t oal adeAmbalema, que e r al o smayores c o s t o sde t r a n s p o r t e:h a c i a 1850, cos t a b a$ 3,50 moverla c a r g a detabacodesdeAmbalema,puerto sobree lMagdalena,ha s t…

p. 424
32Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2251 cita
[41]

de 200 toneladas y podían llevar de 800 a 1. 000 cargas en cada viaje. La Compañía de Cartagena necesitaba invertir una parte de su capital en trabajos para mejorar el canal del Dique, y probablemente por esta causa, sólo hasta 1859 introdujo a las aguas de este el pequeño vapor Calamar, cuya capacidad no excedía de…

p. 225
33Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 871 cita
[42]

como el mazamorreo, 0 con otras mas avan- zadas, como las empleadas en El Zancudo. El tabaco, 1850-1875 Las inversiones antioquefias, a través de Mon- toya y Saenz y de otros capitalistas, fueron decisivas en la reactivacién de la colonia Ambalema como primer productor de tabaco en las condiciones de la gradual…

p. 87
34El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1091 cita
[43]

ellos, los campesinos. EL COMERCIO EXTERNO Y EL DINAMISMO REGIONAL Por supuesto que una crisis prolongada de las exportaciones contribuye a dislocar la vida cotidiana y a desorganizar las pautas sociales de una región muy especializada en producir para el mercado externo. Es la historia de muchas comarcas productoras…

p. 109
35Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2231 cita
[45]

la década de 1860, además del exiguo y desigual aumento en los precios del café durante el último cuarto de siglo afectaron muchísimo a los cultivadores de estos productos, tanto grandes como pequeños. Finalmente, el Estado colombiano, aunque dividido y débil durante la mayor parte del siglo, fue una molestia…

p. 223
36Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 881 cita
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desde antemano, y muy rudimentariamente, para la especialización en la caña de azúcar en este territorio. Arboleda (1956) considera que “el número de trapiches existentes en el territorio comprendido entre los ríos Bolo y Tuluá era de 126” (pp. 78-79). También se sabe, por los estudios realizados por Vásquez (1995, p.…

p. 88
37Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 62, 79, 1465 citas
[47]

las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

p. 62
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las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

p. 62
[49]

la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…

p. 79
[50]

la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…

p. 79
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del proceso producti- vo se hubiera desarrollado con base en relaciones salariales, los terratenientes habrían tenido que recurrir al mercado laboral para ofrecer allí un precio por el alquiler de la fuerza de trabajo, cuya cuantía estaría determinada por su relativa abundancia y, más todavía, por su costo de…

p. 146