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Idea · Pre-independencia

Alcabala

Impuesto colonial sobre las ventas de mercancías en el Nuevo Reino de Granada, introducido en 1592 como trasplante fiscal peninsular; su extensión a textiles y algodón por el visitador Gutiérrez de Piñeres en 1781 fue causa directa de la Rebelión de los Comuneros.

3.483 palabras30 documentos48 fragmentos citados
Alcabala

Trayectoria de una idea

  1. 1592

    Implantación en el Nuevo Reino de Granada

  2. 1603

    Primeros registros detallados en Tunja (1603-1612)

  3. 1778

    Llegada de Gutiérrez de Piñeres y reforma fiscal borbónica

  4. 1780

    Duplicación de precios y endurecimiento de controles fiscales

  5. 1781

    La alcabala como detonante de la Rebelión de los Comuneros

  6. 1810

    Herencia fiscal transmitida a la República

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La lectura

La alcabala fue, durante casi dos siglos, el impuesto más cotidiano del Nuevo Reino de Granada: un gravamen sobre cada venta de mercancías que pesaba sobre encomenderos, mercaderes y tejedores por igual, recaudado con eficacia variable según la distancia a los centros urbanos y la honradez de los alcaldes de turno. Su lógica era simple —gravar la circulación— pero su aplicación era desigual: en Tunja dejaba cuentas detalladas con nombres y cifras; en Popayán competía con el ganado sacrificado clandestinamente para eludirla. Lo que la transformó de rutina fiscal en agravio político fue la decisión de Gutiérrez de Piñeres de extenderla, en 1778-1781, a los textiles y el algodón de la región del Socorro, la única zona del virreinato con una economía artesanal-mercantil densa donde el impuesto sobre ventas golpeaba directamente el sustento de miles de familias tejedoras. Esa extensión, sumada al restablecimiento de la Armada de Barlovento y al endurecimiento de los estancos, convirtió un impuesto en un agravio acumulado que Manuela Beltrán materializó el 16 de marzo de 1781 al arrancar el bando de nuevos tributos en El Socorro. La alcabala no desapareció con la independencia: sobrevivió como herencia fiscal de la Colonia, testimonio de que los sistemas tributarios duran más que los imperios que los crean.

La alcabala

En el Nuevo Reino de Granada, la alcabala fue el impuesto que gravaba las ventas: un porcentaje que se cobraba cada vez que una mercancía cambiaba de manos, desde una pieza de lienzo despachada de un telar del Socorro hasta un cargamento de textiles desembarcado en Cartagena. Introducida hacia 1592 como trasplante fiscal peninsular, sobrevivió más de dos siglos como pieza rutinaria de la Real Hacienda, y probablemente habría seguido siéndolo si las reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII no la hubieran convertido en algo distinto: un instrumento de intensificación fiscal que, extendido a nuevos productos por el visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, encendió en 1781 la Rebelión de los Comuneros. Ese instante —cuando un impuesto sobre ventas dejó de ser cuenta contable y pasó a ser agravio político— es el que fija a la alcabala en la memoria colombiana. No como tributo cualquiera, sino como el nervio fiscal en el que se rompió la paciencia del Nuevo Reino con la Corona.

Qué era la alcabala

Técnicamente, la alcabala fue un impuesto general sobre las ventas. Cada operación mercantil quedaba, en principio, sujeta al gravamen, y por eso suele aproximarse —con las cautelas del caso— a la lógica de un impuesto general sobre la circulación de bienes. En su forma administrativa se distinguían la alcabala mayor y la menor, ambas componentes de un mismo impuesto general sobre ventas, y una variante particular, la alcabala de mar, que había comenzado como alcabala común aplicada sobre la venta pero terminó cobrándose al momento de la introducción de mercancías en el puerto: esperar a que cada operación se verificara resultaba demasiado engorroso, y la Hacienda prefirió gravar la entrada. De ahí el nombre y, con él, una zona gris donde la alcabala se rozaba con los derechos de aduana sin llegar a confundirse del todo con ellos.

En el edificio fiscal colonial, la alcabala convivía con otras rentas que gravaban distintos momentos de la vida económica. El diezmo tomaba el 10% de la producción agropecuaria. El quinto real gravaba la minería, aunque hacia el final del periodo colonial ese porcentaje se había reducido al 3%, con el argumento declarado de fomentar la actividad minera. Los estancos del tabaco y del aguardiente, monopolios de venta administrados por la Corona, generaban rentas propias. La alcabala se sumaba a este catálogo como contribución indirecta sobre la circulación de mercancías, y junto con el diezmo y el quinto quedó clasificada en la tradición hacendística como uno de los pilares del sistema fiscal indirecto que la República heredaría de la Colonia.

Pese a la multiplicidad de rentas, el conjunto era menos productivo de lo que su complejidad sugería. El sistema fiscal colonial se concibió, en primer lugar, como arbitrio: gravaba principalmente el trabajo y el comercio, y en menor medida el capital. Sus ingresos apenas alcanzaban para mantener una burocracia mal pagada, sufragar gastos militares y sostener unos pocos servicios: nada para caminos, poca cosa para educación elemental, casi nada para salud. Un edificio tributario que pesaba sobre la economía sin devolverle mucho, y cuyo bajo rendimiento sería, precisamente, el punto de partida de la ofensiva reformista borbónica del siglo XVIII.

Los orígenes en el Nuevo Reino

La alcabala llegó al Nuevo Reino de Granada en 1592, ya con más de un siglo de rodaje peninsular a sus espaldas. Su implantación fue temprana pero desigual: en las ciudades principales podía cobrarse con relativa eficacia, mientras que en los lugares retirados la recaudación descansaba en arreglos frágiles. Allí la Real Hacienda era manejada por alcaldes ordinarios que ejercían el cargo por un año, sin sueldo, y entre sus propios compatriotas: una configuración que combinaba precariedad, provisionalidad y proximidad social con los contribuyentes, y que producía las condiciones estructurales para el fraude. Las propias autoridades coloniales lo reconocían con crudeza: en los lugares retirados los vecinos, eclesiásticos y seculares, estaban —según la fórmula que quedó en los papeles— "acostumbrados a vivir con fraude de los derechos reales".

Los primeros datos gruesos sobre cómo funcionaba la alcabala en el interior del virreinato provienen de Tunja, una ciudad clave del oriente andino que fue también el asiento inicial del centro manufacturero textil de la faja oriental: desde allí se transportarían por décadas mercancías hacia el occidente colombiano. Las cuentas de alcabalas de Tunja para el periodo 1603-1612 reparten a los contribuyentes en cuatro grupos: encomenderos, mercaderes, tratantes y vecinos. Los encomenderos constituían el grupo más numeroso, y en los años iniciales del periodo su participación creció: aportaron el 30% del total en 1603 y el 33% en 1604, con montos anuales que rondaron entre 3.200 y 3.400 pesos de trece quilates. En esos mismos años, encomenderos y mercaderes juntos aportaban entre el 29% y el 35% cada uno, de modo que dos grupos concentraban buena parte del recaudo. Las cuentas registran incluso operaciones individuales: el encomendero apellidado Mancipe figuraba, año tras año, entre los de transacciones más cuantiosas.

Ese detalle interesa porque enseña cómo se comportaba la alcabala cuando el sistema funcionaba razonablemente: en una ciudad con vida mercantil, contribuyentes identificables y una economía en la que encomenderos y comerciantes eran los actores dominantes de la circulación. Fuera de esos núcleos, la fotografía era muy distinta. En Popayán, las matanzas ilegales de ganado por fuera de la carnicería controlada por el Cabildo eran práctica común tanto en tiempos de escasez como de abundancia. Cambiaba la motivación: en épocas de escasez se eludía el control de precios; en épocas de abundancia, se eludía la alcabala y otro derecho municipal llamado "prometido". La misma operación —sacrificar una res al margen del punto de venta oficial— servía, según el momento, para burlar dos lógicas de regulación distintas. En una y otra, la alcabala aparecía como un costo evitable, y su evasión, como un hábito.

La operación cotidiana: rematadores, fraudes y geografía fiscal

Durante la mayor parte del periodo colonial, la alcabala se recaudó a través de rematadores: particulares que compraban a la Corona el derecho a cobrar el impuesto en una jurisdicción durante un tiempo, apostando a recaudar más de lo que habían pagado. El sistema tenía la virtud de simplificar la administración —el rematador se encargaba de todo— y el vicio inevitable de convertir la fiscalidad en un negocio privado, con incentivos tanto para el exceso como para el arreglo. En los pequeños destinos, donde la Corona no podía pagar salarios competitivos, la mecánica se enrarecía todavía más. El virrey Pedro Mendinueta lo diagnosticó con precisión a fines del siglo XVIII: la dificultad para reclutar corregidores, recaudadores y escribanos para los pequeños destinos se debía a los bajos salarios, y esa precariedad propiciaba el abuso de autoridad y la corrupción.

La organización hacendística distinguía, además, entre rentas "ordinarias o antiguas" —quintos, tributos, diezmos— cuyo producto podía destinarse a los gastos de la administración colonial, y las "nuevas imposiciones", cuyo producto debía remitirse íntegro a España. La alcabala ocupaba un lugar propio en esa clasificación que las prácticas del siglo XVIII irían tensando: cada vez más, cualquier ingreso adicional se pensaba en función de las necesidades imperiales, no de las locales.

El resultado, en el mapa, era una geografía fiscal asimétrica. En Tunja o Santafé, la alcabala se cobraba con papeles, cuentas y contribuyentes reconocibles. En Popayán, competía con el desangre por la vía de las matanzas clandestinas. En los lugares retirados, se rendía ante alcaldes de un año que compartían mesa con quienes debían gravar. Sobre este entramado imperfecto —funcional en las ciudades, laxo en los intersticios— caería, en la segunda mitad del siglo XVIII, la mano reformista de los Borbones.

Las reformas borbónicas y la mano de Gutiérrez de Piñeres

Bajo Carlos III, la Corona emprendió una reorganización profunda del gobierno americano. En el Nuevo Reino, la figura del intendente —que sí se aplicó en otros territorios como el Río de la Plata— se sustituyó funcionalmente por la del regente visitador, y a ese cargo, creado sobre la marcha, llegó en 1778 Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres. Fue el primer regente designado para el virreinato, y llegó con el mandato explícito de racionalizar la administración y, sobre todo, aumentar los recaudos. España necesitaba dinero: sus guerras con Inglaterra —la de la Independencia de Estados Unidos entre ellas— exigían transferencias sostenidas desde América, y las reformas fiscales, aun cuando también buscaban una racionalización administrativa de fondo, respondían de manera directa a esa urgencia bélica.

Gutiérrez de Piñeres se aplicó a la tarea con eficacia burocrática y sordera política. Restableció el impuesto de la Armada de Barlovento, destinado formalmente a financiar la defensa naval del Caribe. Extendió la alcabala a nuevos productos, entre ellos los textiles y el algodón. En mayo de 1780 duplicó el precio al detalle de los tabacos y aguardientes, es decir, endureció los estancos; en agosto reforzó un sistema de controles sobre el comercio. Cada medida, tomada por separado, tenía sentido dentro de la lógica reformista. Sumadas y aplicadas en pocos meses sobre una misma región, componían una ofensiva fiscal que la población no tenía cómo absorber.

El detalle decisivo —el que convertiría la reforma en insurrección— fue la extensión de la alcabala a los textiles y al algodón. Porque el Nuevo Reino no era una economía uniforme: tenía una región, la del Socorro y el Guanentá, cuya vida material dependía precisamente de esos dos productos.

La región que la alcabala tocó donde más dolía

En el resto del virreinato, la economía la dominaban las haciendas. El valle del CaucaCali, Buga, Cartago— era zona de grandes haciendas ganaderas que abastecían las minas de Antioquia y del Chocó; la costa atlántica, con Cartagena y Santa Marta, cumplía ante todo funciones comerciales; en el altiplano, la vida rural giraba en torno a estructuras hacendísticas donde el trabajo excedente campesino se expresaba en servicios, el pago en metálico era limitado, la especialización productiva era escasa y los productores cultivaban buena parte de sus propias necesidades. En esas economías, la base mercantil gravable era angosta: se producía mucho, pero se vendía menos, y buena parte de la producción no pasaba por transacciones monetarias.

El Socorro y San Gil eran otra cosa. Allí existía una división del trabajo mayor que en el resto del virreinato, con una especialización incipiente entre artesanía y agricultura —aunque las dos actividades todavía se combinaban en la misma unidad familiar—. Las villas producían lienzos bastos de algodón en pequeños telares de mano, y esa producción se distribuía por circuitos largos hacia Antioquia, Popayán, Neiva y Mérida, constituyendo el principal renglón por el que entraba dinero en esas regiones. La producción textil de algodón del Socorro alcanzaba probablemente más de un millón de pesos anuales. Además, la región enviaba productos agrícolas —algodón, caña de azúcar, arroz— hasta el mercado de Bogotá, sesenta leguas por caminos de montaña que los describían, con toda razón, como malos. Era una economía mercantil-artesanal densa, monetizada, con especialización productiva y circuitos comerciales estables: exactamente el tipo de economía que la alcabala, en tanto impuesto sobre ventas, gravaba de manera directa y visible.

Cuando Gutiérrez de Piñeres extendió el impuesto a los textiles y al algodón, no gravó una abstracción: gravó los lienzos que los tejedores del Socorro sacaban de sus telares y los fardos que los tratantes despachaban hacia Popayán. Y lo hizo, además, sobre una región que ya venía golpeada por las restricciones al cultivo del tabaco, medidas coloniales que habían limitado un medio de vida importante para las poblaciones del Guanentá. A eso se sumaban una escasez de alimentos y una epidemia de viruela que hacia 1780 tensaban aún más la vida cotidiana. El agravio fiscal no llegó a un vacío: cayó sobre una acumulación de precariedades.

El estallido: Manuela Beltrán y los Comuneros

El 16 de marzo de 1781, en la villa del Socorro, una mujer llamada Manuela Beltrán arrancó de la oficina de impuestos un bando que anunciaba nuevos tributos. El acto —cuya localización exacta oscila entre la oficina del estanco y la plaza pública, según cómo lo cuenten las distintas versiones— fue la señal. En cuestión de días, el descontento se organizó en revuelta, y la revuelta se extendió con rapidez: Socorro, Mogotes, Simacota, Charalá; luego Pamplona, Vélez, Cúcuta. Los focos se multiplicaron. Entre las medidas fiscales que motivaron el rechazo estaban el restablecimiento de la Armada de Barlovento, los monopolios de tabaco y aguardiente, y —central para la región— la extensión de la alcabala a los textiles y al algodón.

El movimiento reunió una alianza inesperada y transitoria entre criollos, mestizos e indígenas. Notables locales como Juan Francisco Berbeo asumieron la conducción; participaron campesinos, tejedores, tratantes, indígenas de los pueblos vecinos. Esa alianza era, en rigor, estratégica y coyuntural: sus integrantes ocupaban posiciones normalmente muy distintas en la sociedad, y su cohesión no iba a sobrevivir más allá de la crisis. Pero mientras duró, produjo un ejército capaz de marchar sobre Santafé.

Ante el avance, las autoridades negociaron. El arzobispo Antonio Caballero y Góngora encabezó la delegación oficial, y hacia el 5 y 7 de junio de 1781 se firmaron en Zipaquirá unas Capitulaciones cuyos redactores fueron Agustín Justo de Medina y Juan Bautista de Vargas, delegados de Tunja, con modificaciones posteriores que Berbeo acordó con Jorge Lozano de Peralta. Las Capitulaciones incluían, entre otras medidas, la eliminación del impuesto de Barlovento, la reducción de la alcabala y la fijación del precio del aguardiente. Contenían también reivindicaciones criollas: que los cargos del virreinato se dieran preferentemente a americanos nacidos en el reino, y no a españoles peninsulares. En esa cláusula asomaba una segunda naturaleza del conflicto: no solo economías populares gravadas, sino élites locales desplazadas.

Firmadas las Capitulaciones, los comuneros se dispersaron y regresaron a sus pueblos. Entonces llegaron los refuerzos militares desde Cartagena, el arzobispo restableció el orden, y el virrey improbó lo pactado alegando que las Capitulaciones se habían obtenido bajo amenaza de violencia. El acuerdo formal de anulación fue expedido por la Real Audiencia —al parecer el 18 de marzo de 1782— y firmado por Gutiérrez de Piñeres y otros ministros. Vinieron los castigos ejemplares. José Antonio Galán, que había rechazado las Capitulaciones por considerarlas aprobadas demasiado rápido y había intentado continuar la rebelión provocando un alzamiento en las provincias, fue apresado y decapitado. Caballero y Góngora, el firmante que ganó tiempo para la Corona, sería después nombrado virrey de la Nueva Granada.

La red: hombres, ideas, otros impuestos

La alcabala no se entiende sola. En el paisaje fiscal borbónico, era una pieza dentro de una arquitectura mayor donde los estancos —especialmente los del tabaco y del aguardiente— ocupaban el lugar más visible y odiado. En la última década del dominio colonial español, los ingresos totales de la Corona en la Nueva Granada alcanzaron en promedio 2,4 millones de pesos anuales. De ese total, los estancos de tabaco y aguardiente representaban aproximadamente el 32% —unos 770.000 pesos— y constituían la fuente de renta más criticada por comerciantes y agricultores. El estanco del aguardiente se había creado por Real Cédula del 23 de septiembre de 1700, después del fracaso de las políticas prohibicionistas, y se administró inicialmente por remate. El virrey Pedro Messía de la Zerda calificaba en 1772 a la renta del aguardiente como "la más útil y pingüe" de las que administraba la Corona, y entre 1760 y la década de 1790 esa renta, junto con la del tabaco, fue la principal fuente de recursos fiscales.

La reorganización del estanco del tabaco emprendida por Gutiérrez de Piñeres fue, en muchos sentidos, más agresiva aún que su extensión de la alcabala. Estableció zonas de cultivo restringidas, factorías de distribución y controles policiales; redujo los precios pagados a los campesinos y aumentó los precios de venta al público; excluyó del cultivo legal a regiones enteras. Sobre los productores del Guanentá, la reforma tabacalera actuó como una segunda cuchillada, superpuesta a la extensión de la alcabala sobre los textiles. No es casualidad, entonces, que la Rebelión de los Comuneros haya combinado en sus consignas el rechazo a la alcabala con el rechazo a los monopolios: eran ofensivas simultáneas.

En perspectiva agregada, la carga tributaria total de la Nueva Granada pasó de representar el 2,9% del PIB antes de las reformas borbónicas a aproximadamente el 10,4% hacia finales del siglo XVIII: se multiplicó por más de tres veces. La reforma no fue un ajuste marginal; fue una reconfiguración masiva de la relación fiscal entre el virreinato y la Corona. Y, sin embargo, seguía sin alcanzar: incluso con esa carga triplicada, el fisco solo cubría burocracia, gastos militares y muy pocos servicios públicos. La reforma borbónica exigió más sin ofrecer más, y esa asimetría fue, quizá, tan explosiva como los tributos mismos.

En cuanto a las ideas, la crítica al orden fiscal colonial se articuló primero como queja concreta y solo después como discurso. El pensamiento ilustrado criollo circulaba en tertulias y sociedades económicas, y ofrecía categorías —libertad de comercio, igualdad de cargas, autogobierno— con las que reelaborar los agravios. La élite criolla vivía en ese punto una paradoja característica: se educó mediante expediciones científicas y sociedades económicas impulsadas por la propia Corona, pero esa misma formación ilustrada le permitió cuestionar el orden colonial y concebir su capacidad de autogobierno. Las Capitulaciones de Zipaquirá articularon la queja fiscal con un principio de justicia distributiva que constituye su médula. No era todavía un programa independentista —el movimiento comunero no proclamó la independencia como objetivo, y sus demandas se centraron en la reducción de impuestos y la reforma administrativa—, pero era un lenguaje. Años después, Francisco de Miranda utilizaría la narración de la sublevación comunera del Socorro como argumento ante interlocutores externos para demostrar que los suramericanos estaban dispuestos a la revolución contra el dominio español, y para justificar la viabilidad de una expedición independentista.

Qué fue la alcabala en la historia colombiana

Reducida a su función técnica, la alcabala fue un impuesto sobre ventas cobrado durante más de dos siglos en el Nuevo Reino de Granada. Reducida a su función política, fue otra cosa: el punto donde la reforma borbónica tocó una economía mercantil suficientemente densa para responder, sobre una acumulación de agravios suficientemente extensa para estallar, en un momento en que la Corona necesitaba tanto dinero que había perdido la mesura.

Es tentador leer la Rebelión de los Comuneros como antecedente directo de la Independencia, pero el material propio del movimiento invita a más cautela. Los comuneros no querían romper con España: querían restaurar condiciones fiscales anteriores. Sus reclamos eran, en el fondo, conservadores en el sentido literal —conservar lo que había antes de Piñeres—, y su alianza entre criollos, mestizos e indígenas fue tan efímera como su capacidad de sostener un proyecto común. Lo que la convierte en antecedente no es su programa sino su repertorio: enseñó que una alianza multiestamental podía marcharse sobre la capital, que los pactos con la Corona podían romperse desde arriba, y que el agravio fiscal podía traducirse a lenguaje político. Tres décadas después, cuando la coyuntura imperial se abriera, otros hombres —muchos de ellos criollos, con más lecturas y proyectos más ambiciosos— recogerían ese repertorio para usos distintos.

La alcabala, en particular, sobrevivió a la Independencia. La República la heredó como contribución indirecta y la conservó durante décadas, entre el pragmatismo fiscal y la crítica doctrinaria. Reformadores del siglo XIX la calificaron de impuesto "bárbaro, impolítico y ruinoso", y consideraron que su restablecimiento sería una violación de las instituciones republicanas. Otros, como Francisco Soto en su Memoria de Hacienda de 1833, defendieron su conservación por razones de prudencia fiscal, reconociendo las objeciones pero oponiéndose a suprimirla mientras no hubiera con qué reemplazarla. La transición hacia contribuciones directas encontró los obstáculos previsibles: falta de información confiable sobre contribuyentes, evasión generalizada, ausencia de la ciudadanía fiscal moderna que un sistema de autodeclaración requiere. En 1822, el redactor del Iris de Venezuela señaló que los contribuyentes, acostumbrados a eludir los impuestos arbitrarios del régimen español, continuaban ocultando sus rentas por hábito heredado del periodo colonial. La alcabala se conservaba, en parte, porque era lo que se sabía cobrar.

Ese es, quizá, el rasgo que mejor la define en el largo plazo colombiano. La alcabala fue una institución sobreviviente: mal amada, criticada por ilustrados y republicanos, denunciada como obstáculo a la agricultura, la industria y el comercio, y sin embargo mantenida durante décadas porque el aparato fiscal no lograba prescindir de ella. En su forma borbónica había encendido una rebelión; en su forma republicana pesaba como recordatorio de lo difícil que era construir una hacienda pública sin las herramientas coloniales que se decía querer superar. Entre el motín del Socorro en 1781 y las memorias de hacienda de la primera mitad del siglo XIX, la alcabala hace de hilo. Un hilo tributario, sí, pero también un hilo de época: el que ata la fiscalidad, la protesta y la formación del Estado en un mismo tejido, con nudos que Colombia tardaría todavía mucho en aprender a deshacer.

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En el archivo

5 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres — extendió la alcabala a textiles y algodón en 1778-1781, convirtiendo el impuesto en detonante político de la Rebelión de los Comuneros
  2. 02Rebelión de los Comuneros — movimiento insurreccional de 1781 cuya causa precipitante fue el aumento y extensión de la alcabala por el visitador Gutiérrez de Piñeres
  3. 03Manuela Beltrán — su acto de arrancar el bando de nuevos tributos en El Socorro el 16 de marzo de 1781 detonó la rebelión contra la alcabala y demás impuestos
  4. 04Real Hacienda — institución fiscal colonial de la que la alcabala era pieza rutinaria, clasificada junto al diezmo y el quinto como contribución indirecta
  5. 05Socorro — villa cuya economía mercantil-artesanal de textiles y algodón fue directamente gravada por la extensión de la alcabala, convirtiéndola en epicentro del descontento comunero
  6. 06Reformas borbónicas — marco político-fiscal bajo Carlos III que transformó la alcabala de impuesto rutinario en instrumento de intensificación fiscal al servicio de las guerras imperiales de España
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Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 48 fragmentos

01¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 39, 482 citas
[1]

itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…

p. 39
[40]

en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…

p. 48
02Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 701 cita
[2]

no se establecié una economia nacional de tipo in- dustrial y porque el Estado carecié durante todo el siglo pasado de un registro de las propiedades pri- vadas. Al lado de esta innovacién en materia fiscal con- tinuaron las tradicionales contribuciones indirectas coloniales, las cuales gravaban los sectores eco-…

p. 70
03Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 122, 1942 citas
[3]

los años de 1805, 1806, 1808 y 1810, fueron 4.593; 13.091; 20.628; y 17.213, respectivamente. Robert S. Smith, «Shipping in the port of Veracruz, 1790-1821», en: Hispanic American Historical Review, Durham, N. C., USA, febrero, 1943. En su Informe, Pombo pide como medida en favor de la nave- gación nacional la…

p. 122
[47]

5 de agosto de 1823, respectiva- mente—. Tampoco se tocó a los diezmos, aunque se les tenía en mala opinión, y desde el primer momento se hubiera pensado en la manera de suprimir o de aliviar este gravamen, o de que tuviera mayor participación en sus productos el fisco nacional 189. Contra él se pronunciaron más tarde…

p. 194
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 139, 1452 citas
[4]

de exportación del palo de tinte y el de la quina, de corta duración. Estos estancos o monopolios, especialmente el de aguardientes y tabaco, fueron el blanco de las mayores críticas, porque restaban campos de actividad a comerciantes y agricultores, que estaban en capacidad de hacer inversiones y explotar por su…

p. 139
[20]

distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…

p. 145
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 399, 4372 citas
[5]

la,<ibula de la cruzada». Sus cuentas y los envíos a España figuraban por separado de las rentas llamadas ordinarias o anti guas rentas (quintos, tributos, diezmos, etc.). Para los gastos de la adminis- 48 AGI. Cont. L. 1353. 49 Ibid. L. 1548. 50 AGI. Santa Fe L. 17 r. 2 Doc. 51 f. 2 v. Cont. L. 1294 A y 1294 B. Las…

p. 399
[7]

mantener un almacén en Tunja, en donde los frutos de la tierra se codeaban con las «ropas de Castilla». Según las cuentas de alcabalas, Mancipe era uno de los encomenderos que realizaba, año tras año, las operaciones más cuantiosas122. Con todo, a pesar de la seguridad de sus ingresos, los encomenderos no podían…

p. 437
06La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 261 cita
[6]

Siglo XVI. Mientras el erudito Gines de Sepúlveda predicaba la guerra “justa” y hacía lo posible para dar una buena conciencia religiosa a la conducta de los encomenderos, el padre de Las Casas encabezaba un movimientó en defensa de los indios, cuyo contenido histórico se expresa en la consigna: “que termine la…

p. 26
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 176, 1782 citas
[8]

y de lo mucho que a ellas ocurre, y el que siempre han tenido los alcaldes ordinarios que han ma- nejado la Hacienda en estos lugares retirados, como que lo hacen por un año, sin sueldo y entre sus compatriotas. Pero es menester soste- ner a los puestos y a los que se pusieren; porque es mucho lo que los hacen padecer…

p. 176
[11]

sustitución de él y en cierta forma para llenar sus funciones, para el Nuevo Reino, bajo Carlos III se creó la institución de la Regencia. En la Real Orden del 25 de marzo de 1783, dirigida a la Audiencia de Quito, con motivo de la lle- gada del regente para ese territorio, se acompa- ñaba la Ordenanza de Intendentes…

p. 178
08Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2221 cita
[9]

la cifra más alta en épocas de abundancia, al menos de novillos expen- didos en la carnicería controlada por el Cabildo. Durante las époc_as de crisis podían pasar semanas enteras sin una matanza. En enero y febrero de 1789, los vecinos de Popayán tuvieron que contentarse con_un promedio de ocho reses por matanza, y…

p. 222
09Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 cita
[10]

Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…

p. 231
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 85, 952 citas
[12]

E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…

p. 85
[22]

el rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento!» El alcalde prometió que participaría al cabildo sobre los reclamos de los reunidos para informar al visitador. La muchedumbre no le prestó aten- ción y una vendedora de la plaza, Manuela Bel- trán, rompió el edicto donde se hallaba fijado el impuesto. Como…

p. 95
11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 122, 124, 1263 citas
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n te las restricciones, destruían todas las plantas de tabaco sem bra das fuera de las áreas perm itidas y arrestaban y encarcelaban a los violadores. Todo ello ocurría en una época de escasez de alim entos y epidem ia de viruela en la región de G uanentá, cuando, según se dice, m urieron allí unas seis mil personas.…

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en las ciencias n atu rales tam bién debió facilitar la introducción d e las ideas políticas de la Ilustración. Esto es difícil de com probar puesto q u e fue peligroso para las elites criollas ap o y ar públicam ente las ideas revolucionarias. Sin em bargo, p u ed e establecerse q u e los escritos bási cos de la…

p. 122
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Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…

p. 126
12Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2351 cita
[14]

deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…

p. 235
13Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 131 cita
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incorporado previamente en el habitas (Bourdieu, 1999b: 21). Hábito e ideología criolla... 9 Debido al proceso de expropiación de los privilegios criollos, acelerado con la visita general de 1776 y encaminado a desestimular la formación de vínculos entre ellos y los peninsulares, se desencadenó u n a creciente…

p. 13
14Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 cita
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0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…

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15Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 142, 1482 citas
[18]

1697. La prohibición no tuvo éxito: el consumo continuó extendién- dose y los productores satisficieron la demanda incentivados por las grandes ganancias que obtenían. Se dijo incluso que el aguardiente “se fabricaba en los trapiches o ingenios de azúcar que están en la gente más poderosa y válida del Reyno”. 12 En…

p. 142
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cabeceras de las administraciones generales. El establecimien- to del monopolio directo se dio de forma gradual, y entre tanto se permitió la coexistencia de los métodos anteriores, el de arrendamiento y el de asiento por remate del estanco de aguardiente. Las diversas reformas de la renta del aguardiente fueron…

p. 148
16Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2071 cita
[21]

la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…

p. 207
17Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[23]

naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…

p. 108
18Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 51, 409, 4123 citas
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el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…

p. 51
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tendría utilidad alguna, pues llevar este producto de una provincia a otra, o al extranjero, solo produciría pérdidas a quien se dedicara a esta especulación. 196 Adicionalmente, las rentas de este género proveían al sostenimiento de las escuelas parroquiales y a otros fondos comuna - les. La Legislatura venezolana de…

p. 412
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hace a sí mismo la imposición, porque él mismo declara sus capitales, la naturaleza de ellos, y sus ganancias”. Huérfana de compulsiones estatales, la obediencia a este régi - men fiscal requería de un avanzado proceso de construcción de la ciudadanía moderna. El redactor del periódico Iris de Venezuela señaló en 1822…

p. 409
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 87, 902 citas
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pesinos y comerciantes arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y poco a poco fueron incorporando a los notables locales de todo el oriente y se extendie ron a los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron gru pos de gente del “ com ú n ” que se un í an y…

p. 87
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í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…

p. 90
2030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 13, 262 citas
[26]

se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…

p. 13
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aprobación sea sin ambigüedad. Campamento de guerra en territorio de Zipaquirá, 5 de junio de 1781. M.P.S. Puesto a los pies de V.A. El más rendido vasallo, JUAN FRANCISCO BERBEO. (Estas Capitulaciones fueron redactadas por don Agustín Justo de Medina y don Juán Bautista de Vargas, Delegados de la ciudad de Tunja. Al…

p. 26
21Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 2201 cita
[27]

a los principales jefes o capitanes de los comunes, dándoles a entender su comisión, y que los oirían gratos luego que les avisaran el paraje de la reunión. «Mas como la principal fermentación estaba dentro de la capital, donde se cree que formaron los pasquines, y se comunicaban frecuentemente los avisos al cuerpo de…

p. 220
22The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1991 cita
[29]

stipends. Attentive to such misery, then, the total and annual contribution for the Indians shall remain at four pesos, and at two pesos for the mulattoes; priests shall not charge for rights or gratuities on baptisms, burials or weddings, nor require them to name an official for their holy days; if no participant…

p. 199
23Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[31]

las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…

p. 53
24Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 cita
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estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…

p. 44
25Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 26, 107, 1413 citas
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pero en cambio es más adicto a la agricultura y a las manufacturas, de las cuales, en tejidos de algodón, produce probable- mente más de un millón de pesos anuales, en pequeños telares de mano. Le son familiares los cultivos de algodón, la caña de azúcar y el arroz, artículos que produce en escala no despreciable, que…

p. 26
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delicada, sin perjudicar a los contribuyentes ni obstruir los caminos de la riqueza. De este género son los que en mi opinión deben subsistir con las modificaciones y reformas que se han propuesto. Y si no son suficientes para cubrir todos los gastos presupuestos, ¿cuáles otros deberán decretarse, o conservarse para…

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al camino abandonado cuando el nuevo presenta mayores obstáculos, no deben servir nunca de instrumento o de materia para hacer experimentos que acrediten o refuten nuevas teorías». La lectura de los párrafos que hemos reproducido demuestra que el señor Francisco Soto fue siempre pro- fundamente temeroso ante cualquier…

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26Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 741 cita
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más permitir aquí, y aun fomentar una fábrica de papel basto para varios usos, en que podría emplearse mucha gente. La España por sí sola no puede surtir con sus fábricas de papel a toda la América: mejor sería que el dinero que se llevan los extranjeros por este artículo circulase entre sus moribundas colonias. 120.…

p. 74
27Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1781 cita
[35]

la deficiencia y a veces la carencia de vías de comunicación y la excesiva reglamentación. El mercado interno colombiano solo vino a formarse prácticamente a finales del siglo xix y primeras décadas del xx. La actividad comercial giraba hacia el exterior: el occidente era minero; las regiones costaneras y cálidas,…

p. 178
28Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 14, 624 citas
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las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

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las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…

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instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
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instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

p. 14
29Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 161 cita
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entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…

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30El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 1951 cita
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pág. 79. 196 Jíndi Jícídneer Ucnsi gravamen sale del peculio del rico» 127. Y la Constitución del Estado Soberano de Antioquia dirá que «ningún hom- bre, ninguna clase, corporación o asociación de hombres puede, ni debe ser más gravada por la ley, que el resto de los ciudadanos» 128. En esta forma, en ambos casos se…

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