Valle del Cauca
“El Valle del Cauca es uno de los territorios más complejos y contradictorios de Colombia: su llanura, entre las dos cordilleras, fue durante siglos el escenario de un latifundio ganadero y esclavista que en el siglo XX se reinventó como…”
Entre la Cordillera Occidental y la Cordillera Central, allí donde el río Cauca corre manso durante unos ciento cincuenta kilómetros por una llanura excepcionalmente plana, se extiende el departamento del Valle del Cauca: bisagra geográfica entre el interior andino y el Pacífico negro, tercer polo industrial de Colombia, corazón de la agroindustria azucarera y sede del puerto marítimo más importante del país. Creado como departamento en 1910, con Cali por capital y Buenaventura como salida al mar, concentra en su subregión sur más de la mitad de su población y en su franja plana una de las plantaciones cañeras más productivas del continente. Esa modernización, visible en los ingenios, las torres corporativas y las autopistas, se levantó sobre una estructura de desigualdad racial y territorial heredada de la hacienda esclavista colonial, y fue reproducida —no disuelta— por cada ciclo económico posterior: el azucarero, el narco, el paramilitar. Comprender el Valle es entender cómo un mismo territorio puede ser, a la vez, laboratorio de la industria colombiana y escenario de sus fracturas más profundas.
La forma del territorio
El Valle del Cauca ocupa una franja del suroccidente colombiano definida por dos cordilleras y un río. La Cordillera Occidental lo separa del Chocó y del océano Pacífico, actuando durante siglos como muralla que aisló la llanura del litoral; la Central lo limita al oriente. En medio, el río Cauca fluye lentamente por un piso plano que se extiende, aguas arriba de Cartago, en unos ciento cincuenta kilómetros de tierras negras y fértiles. Esa geografía dibuja el departamento en dos paisajes: la zona plana del valle propiamente dicho, que va desde San Pedro hasta Cartago e incluye porciones de Tuluá, Andalucía y Bugalagrande, y la zona de ladera, encaramada en las vertientes cordilleranas, donde se distribuyen municipios como Roldanillo, Bolívar, El Dovio, La Unión, Versalles, Toro, Argelia, El Cairo, Ansermanuevo, El Águila, Sevilla, Caicedonia, Ulloa y Alcalá.
La distinción no es solo topográfica: es socioeconómica. La zona plana es el territorio de la gran hacienda y del ingenio; la ladera, el de la pequeña propiedad campesina y el café. Sobre esos paisajes se despliegan cuatro subregiones. La sur reúne a Cali, Jamundí, Candelaria, Florida, Pradera, Palmira, El Cerrito, Yumbo, Vijes, La Cumbre y Dagua, y concentra más de la mitad de la población departamental. La centro-norte gira alrededor de Zarzal, Roldanillo y sus vecinos. La norte se articula en torno a Cartago, ya en el límite con Caldas y el Quindío, hacia donde el Ferrocarril del Pacífico prolonga sus rieles. Y hacia el oeste, tras la Cordillera Occidental, se abre el litoral de Buenaventura: territorio vallecaucano por administración, pero pacífico por historia, ecosistema y población.
El departamento es hoy uno de los más urbanizados del país: el 85,55% de su población habita en cabeceras municipales. En su territorio conviven veintisiete resguardos indígenas donde viven 11.431 personas, pertenecientes sobre todo a los pueblos embera, nasa y wounaan, distribuidos entre Ansermanuevo, Argelia, Bolívar, El Cairo, El Dovio, Restrepo, Trujillo, Tuluá, Vijes, Florida, Jamundí, Pradera, Buenaventura, Dagua y Cali. Un mosaico étnico y ecológico que ninguna estadística agregada logra capturar.
Belalcázar y la ciudad como máquina de conquista
La entrada española al valle del río Cauca vino del sur. Sebastián de Belalcázar, tras fundar Quito, envió capitanes y avanzó él mismo hacia el norte a partir de 1535, sembrando ciudades que servirían de plataformas para repartir tierras, indios y minas: Pasto, Popayán, Cali, Anserma y Cartago. Esas fundaciones no respondieron a las necesidades de las poblaciones originarias sino a la lógica de la colonización: desde cada ciudad se administraban las regiones conquistadas, se distribuían las encomiendas y se organizaban las unidades productivas. Popayán, Cali, Buga y Cartago tuvieron jurisdicciones propias, a veces superpuestas —el caso de Caloto, cuyo territorio quedó repartido entre propietarios de las tres primeras, es paradigmático—.
La conquista del entorno de Popayán fue larga y sangrienta. La resistencia de pijaos, paeces y yalcones obligó a los españoles a disputar ese territorio durante casi un siglo, retrasando la consolidación de la presencia colonial en comparación con otras regiones del Nuevo Reino de Granada. Ese desfase moldeó a la élite payanesa, que se configuró simultáneamente como terrateniente, minera y comerciante, y que, al disponer de comunidades indígenas numerosas, pudo vivir del tributo y construir una sociedad de prácticas señoriales.
Durante el siglo XVII dominó en el valle del Cauca el latifundio ganadero, con propietarios residentes en Cali, Buga, Caloto y Popayán. La mano de obra esclava ocupaba entonces un lugar secundario: hacia 1628 había apenas 250 esclavos en Popayán, y la región de Cartago y Anserma registraba entre 1611 y 1614 transacciones mínimas de africanos esclavizados. La gran transformación llegaría con el auge minero del Pacífico.
La hacienda esclavista y el auge minero del Chocó
En el siglo XVIII, la apertura de la frontera minera del Chocó y de Barbacoas reconfiguró toda la economía regional. La élite payanesa se hizo esclavista: las tierras bajas del Pacífico se explotaron con cuadrillas de africanos esclavizados traídos y administrados desde Popayán. El censo de 1759 registraba en el Chocó 63 minas y 4.216 esclavos; para 1788, el conjunto de Chocó, Antioquia y Popayán sumaba 18.496 esclavos, de los cuales cerca de 12.000 se ocupaban en el trabajo minero. El auge de introducción se concentró entre 1715 y 1740, coincidiendo con el monopolio inglés de la trata otorgado por el Tratado de Utrecht.
Ese boom minero se comió al valle. Las haciendas de la llanura, hasta entonces predominantemente ganaderas, se reorientaron para abastecer las minas: producían alimentos, ganado y, sobre todo, aguardiente de caña. La caña de azúcar entró así al valle no como cultivo mercantil moderno, sino como insumo de un circuito esclavista que unía las tierras bajas del Chocó con las cordilleras del sur. Las haciendas incorporaron cuadrillas de esclavos, reacomodaron las tierras más fértiles y se convirtieron en la unidad económica dominante del paisaje.
De aquellas cuadrillas salieron los cimarrones. Los palenques del Valle mantuvieron relaciones frecuentemente violentas con las haciendas vecinas, aunque hubo excepciones: en Amaime y El Bolo, en el centro del valle, se establecieron acuerdos que la memoria oral recuerda como armónicos. Esa presencia negra libre, cimarrona y luego republicana sería uno de los sedimentos más duraderos del departamento: la matriz demográfica y cultural sobre la que se construiría, siglos después, tanto la salsa caleña como la resistencia territorial del Pacífico.
El nacimiento del departamento y la conexión con el mar
Durante casi todo el siglo XIX, la fisonomía del valle apenas varió. La colonización antioqueña bajaba por las laderas de la Cordillera Occidental sin chocar frontalmente con los propietarios de la llanura: se asentaba dispersa, en fincas cafeteras, en un patrón fragmentado que contrastaba con el latifundio del piso caliente. La Ley 61 de 1874, al admitir sin ambigüedad la adjudicación de baldíos nacionales a los cultivadores, mejoró la posición jurídica del colono suelto y aceleró ese poblamiento de ladera. Los registros de concesiones muestran a Cartago como uno de los focos importantes de adjudicación entre 1870 y 1931. En Pavas, cerca de Villahermosa, 206 pobladores recibieron lotes de entre 32 y 87 hectáreas, con 52 hectáreas como tamaño más frecuente.
No todo fue plácido. La Concesión Burila, con sede en Manizales y encabezada por la familia Caicedo, reclamaba —sobre la base de una merced real de 1641— aproximadamente 130.000 hectáreas que cubrían la mitad del sur del Quindío y parte del norte del Valle. El pleito enfrentó a colonos con propietarios titulados y expuso la fragilidad jurídica de las colonias: como la única prueba de propiedad de muchos colonos era el acta de las comisiones agrarias, la destrucción de esos archivos se volvió una técnica para negar derechos consolidados.
En 1910, en el marco de la reforma constitucional impulsada por Carlos E. Restrepo, la Asamblea Nacional creó el departamento del Valle del Cauca junto con los de Atlántico y Norte de Santander. Cuatro años después, en 1914, concluyeron simultáneamente dos obras que reordenarían la geografía económica del país: el Canal de Panamá y el Ferrocarril del Pacífico. Por primera vez, la llanura cañera quedaba conectada por rieles con el puerto de Buenaventura, y el puerto quedaba conectado por mar con los grandes mercados del hemisferio norte. La muralla de la Cordillera Occidental, que durante casi cuatro siglos había aislado al valle del mar, se perforaba definitivamente.
El siglo del azúcar
Sobre esa infraestructura germinó la agroindustria azucarera. Las transformaciones del paisaje agrario del Valle no ocurrieron en el XIX sino en las primeras décadas del XX, y respondieron a la irrupción de una nueva élite mercantil urbana que invirtió en el campo, parceló haciendas antiguas y orientó los cultivos a la exportación. El caso emblemático es el de la familia Eder. Santiago Eder acumuló propiedades en el sur del departamento y sentó las bases de lo que, generaciones más tarde, con Harold Eder al frente, se convertiría en Manuelita, uno de los grandes ingenios del país. Alrededor de esas figuras se articuló una burguesía regional que combinó tierra, capital y vínculos internacionales, y que compitió con la vieja élite hacendataria de raíz colonial.
Hacia mediados del siglo XX, el Valle albergaba algo más de veintiún ingenios azucareros. La cifra descendió a trece hacia el final del siglo: no por crisis del sector, sino por concentración. Los ingenios sobrevivientes crecieron, mecanizaron y absorbieron a los pequeños. La caña sustituyó cultivos tradicionales campesinos —cacao, plátano, café, frutas— y, más tarde, soya y sorgo se sumaron al monocultivo comercial de la zona plana. La presión sobre la tierra aumentó, y con ella el desplazamiento de las comunidades campesinas negras del sur del Valle y del norte del Cauca, cuyo pequeño policultivo no podía competir con el capital cañero.
La industrialización azucarera también transformó el sistema laboral. Del arrendamiento y el peonazgo se transitó, con desigualdades y resistencias, hacia relaciones asalariadas modernas. El movimiento obrero organizado irrumpió con fuerza a partir de 1959, cuando comenzaron las grandes huelgas en los ingenios: signo de que el capitalismo agroindustrial había madurado lo suficiente como para producir su propio proletariado y su propia conflictividad. El paisaje ecológico del valle geográfico, relativamente estable hasta finales del XIX, comenzó entonces a alterarse profundamente: canalizaciones del Cauca, drenajes, expansión del cultivo hasta la orilla misma del río.
Cali: del ingenio a la salsa
La capital departamental creció al ritmo del azúcar, pero no solo de él. Cali se consolidó en el siglo XX como el tercer polo industrial de Colombia, detrás de Bogotá-Cundinamarca y de Antioquia. Sus principales sectores fueron el alimenticio —con la molinería y la refinación de azúcar como núcleo—, el químico-farmacéutico incluidos los plásticos, la fabricación de papel y derivados, la maquinaria, los tejidos y el calzado. En Yumbo, junto al río Cauca a las afueras de la ciudad, se instaló Cartón de Colombia, fruto de la sociedad entre los empresarios Eduardo Uribe Botero y Manuel Carvajal Sinisterra y el norteamericano Frank Carder, de la Container Corporation of America. En 1945 Goodyear inició operaciones en Cali con tres prensas de vulcanización y una producción de 45 llantas diarias. La ciudad se llenó de fábricas, barrios obreros y migrantes: del norte del Cauca, del Pacífico, de Nariño, de la ladera cafetera.
Con esa migración llegó otra cosa. La música afrocubana y puertorriqueña —la guardia vieja antillana— arribó a Cali antes de los años sesenta y fue adoptada por las masas populares como vínculo cultural en el nuevo entorno urbano. En los sesenta, ese repertorio se expandió con la salsa, género creado por puertorriqueños y sus descendientes en Nueva York, traído a la ciudad por marineros que atracaban en Buenaventura y por inmigrantes que regresaban de Nueva York, Puerto Rico y Panamá. La salsa penetró entre la juventud de clase media, colonizó los bailaderos populares y encontró su cronista literario en Andrés Caicedo, cuya novela ¡Qué viva la música!, de 1977, es documento y síntoma del fenómeno. Décadas después, Jairo Varela y el Grupo Niche universalizarían la marca "Cali" como capital mundial del género.
En 1967, la ciudad presentó su candidatura para los Sextos Juegos Panamericanos, promocionando instalaciones deportivas, hoteles, cultura y —en el lenguaje sin pudor de la época— la belleza de sus mujeres. La sede se ganó, los juegos se celebraron en 1971 y dejaron una infraestructura deportiva que aún define la ciudad. Fue el momento en que Cali se pensó a sí misma como metrópolis moderna del suroccidente.
Pero la ciudad tuvo también su cara oscura. Entre principios de los setenta y mediados de los noventa, en Cali y otros núcleos urbanos del Valle, escuadrones de la muerte compuestos por narcotraficantes e integrantes de la Policía y el Ejército practicaron el llamado "aniquilamiento social" o "limpieza social" contra habitantes de calle, jóvenes de barrios populares, trabajadoras sexuales y consumidores de drogas. Ese mecanismo de exterminio, previo y paralelo al auge del Cartel, muestra hasta qué punto la violencia paraestatal precedía y preparaba a la violencia organizada del narcotráfico.
Buenaventura, el puerto sin comunidad
Al otro lado de la Cordillera Occidental se despliega la contraparte más dolorosa del departamento. Buenaventura es la principal salida marítima del país por el Pacífico: por su puerto pasa una fracción decisiva del comercio exterior colombiano. En 2013, sus ingresos por habitante superaban a los de Cali, con un comercio exterior cercano a los 1.670 millones de dólares. Y, sin embargo, es una de las ciudades más pobres y marginadas de Colombia. El 41% de su población vive en condiciones de pobreza multidimensional, frente al 19,6% del promedio nacional. En diciembre de 2020 el desempleo trepó al 26%, diez puntos por encima del promedio del país. El puerto genera riqueza; la ciudad no la recibe. La mano de obra ha sido reemplazada por maquinaria, los excedentes se van, y la población afrocolombiana que fundó y habita el distrito queda al margen de su propia bonanza.
La geografía del Pacífico colombiano ayuda a explicar esa paradoja. En la región viven 859.716 afrodescendientes —el 19,93% del total nacional— distribuidos en 44 municipios, y sus territorios colectivos y resguardos indígenas cubren el 63% de la superficie regional: 166 territorios colectivos de comunidades negras con 5.476.338 hectáreas y 172 resguardos indígenas con 1.595.150 hectáreas, para un total de 7.071.488 hectáreas. Esa arquitectura territorial fue reconocida por la Ley 70 de 1993, reglamentaria del Artículo Transitorio 55 de la Constitución de 1991, que consagró a las comunidades afrocolombianas como sujetos políticos de derechos sobre sus tierras. Pero la ley llegó al mismo tiempo que la guerra.
Desde los años ochenta, sucesivos gobiernos formularon megaproyectos para la región: el Pladeicop en 1983, enfocado en recursos forestales, pesqueros y mineros; el Plan Pacífico, orientado a la inversión en infraestructura a gran escala; y el Proyecto Biopacífico, entre 1993 y 1996, centrado en la biodiversidad. Ninguno alteró la ecuación básica: extracción sin redistribución. Los intereses cruzados sobre el territorio —el narcotráfico, que necesitaba corredores hacia el mar; la ampliación portuaria, que requería suelo urbano— convirtieron a Buenaventura en objeto de disputa armada.
Entre 2000 y 2001, los barrios de Bajamar, en la isla Cascajal —poblados por desplazados de las cuencas de los ríos Yurumanguí, Naya, Calima y Cajambre—, sufrieron 46 masacres perpetradas por los Bloques Calima y Frente Pacífico de las Autodefensas Unidas de Colombia. La violencia se ejerció mediante desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, violencia sexual y desplazamientos intraurbanos, y respondía a dos lógicas superpuestas: el control del narcotráfico y la limpieza de suelo para la expansión portuaria. Buenaventura, en la teoría del desarrollo regional, actúa como catalizador del Pacífico; en la práctica, es un enclave dependiente de Cali, con coherencia interna frágil y una economía que orbita alrededor del puerto sin integrarse a él.
Los frentes del conflicto armado
El suroccidente colombiano —Valle, Cauca, Nariño, Putumayo— se convirtió en la zona de mayor intensificación del conflicto en los años dos mil, gracias a sus corredores estratégicos: fallas geográficas en la Cordillera Occidental que comunican el interior con el Pacífico y permiten el tráfico de armas, tropas y cocaína.
Las FARC-EP consideraron el Pacífico un territorio en disputa. El Frente 30 operó en las zonas media y alta de los ríos Micay y Naya, utilizando la cuenca del Naya como corredor hacia el mar y hacia el Valle. El ELN se había consolidado en el departamento desde los años ochenta, con base en el cañón del río Garrapatas, moviéndose entre Chocó y los municipios vallecaucanos de El Cairo, El Dovio, Trujillo y Riofrío en la Cordillera Occidental. Su presencia en Cali fue limitada en comparación con Medellín: la guerrilla vallecaucana fue predominantemente rural. Pero dos hechos rompieron esa distancia. En 1999 el ELN ejecutó el secuestro masivo de la iglesia La María, en el sur de Cali, que involucró aproximadamente 150 civiles reunidos en la misa dominical. Y en 2002 las FARC secuestraron a los diputados de la Asamblea Departamental del Valle en un operativo urbano audaz, tras el cual once de ellos morirían en cautiverio en 2007.
La respuesta paramilitar fue devastadora. El Bloque Calima de las AUC, conformado con la asesoría de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, inició operaciones en el departamento en julio de 1999, comenzando cerca de Buga y Tuluá. Testimonios recogidos por Human Rights Watch e investigadores de la Fiscalía apuntaron a la presunta participación de unidades de la Tercera Brigada del Ejército en apoyo logístico. Bajo la comandancia sucesiva de alias 39 y luego de Éver Veloza García, alias HH, el Bloque Calima y el Bloque Pacífico fueron responsables de más del 90% del desplazamiento forzado en el Valle entre 1999 y 2002.
Su acción más recordada fue la masacre del Naya, entre el 10 y el 13 de abril de 2001, contra población indígena y afrocolombiana. La motivación combinó el interés en controlar un corredor hacia el Pacífico con presencia de cultivos de coca y una retaliación presunta por el secuestro de La María dos años antes. Durante los meses previos, el Bloque Calima había ejercido presión sobre el territorio; la Defensoría del Pueblo y otras instituciones emitieron alertas que no fueron atendidas.
Tras la desmovilización de las AUC entre 2003 y 2006, grupos sucesores —Los Rastrojos, Los Urabeños, La Empresa— disputaron el control territorial, extendiéndose hacia Cauca y Nariño. Buenaventura volvió a ser el foco: allí se fortaleció particularmente La Empresa, que combinó narcotráfico, extorsión, minería ilegal y coerción social sobre las comunidades. La guerra cambió de siglas y no de lógica.
El Cartel de Cali y la captura del Estado
Ninguna dimensión reciente del Valle expresa mejor su papel como bisagra que la del Cartel de Cali. Bajo el liderazgo de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela y de José Santacruz Londoño, la organización adoptó una estrategia distinta a la del Cartel de Medellín: en lugar de confrontación abierta con el Estado, corrupción sistemática. La modernización empresarial del Valle —bancos, cadenas de droguerías, radiodifusoras, equipos deportivos— dio al cartel las herramientas para lavar dinero a escala industrial y para tejer redes clientelares que negociaban influencia con los círculos de poder del gobierno central, las altas cortes y los mandos militares. El objetivo era doble: proteger a los narcotraficantes y redirigir la persecución hacia sus enemigos.
La estrategia funcionó durante años. Bajo el gobierno de César Gaviria, la política de sometimiento a la justicia se aplicó con mayor intensidad contra el Cartel de Medellín, mientras los narcotraficantes vallecaucanos operaban con menor hostigamiento; algunos analistas sostienen que esa distinción operativa permitió al Cartel de Cali capturar el mercado de la cocaína a medida que Pablo Escobar se desangraba. La cooperación no se limitó a la omisión: el Cartel de Cali utilizó a Fidel Castaño como intermediario para entregar sobornos al Bloque de Búsqueda que perseguía a Escobar, extendiendo su red hasta las fuerzas mismas que en teoría lo combatían.
La bomba estalló con la campaña presidencial de Ernesto Samper en 1994. El Cartel de Cali financió parcialmente esa campaña —una cifra frecuentemente citada es la de seis millones de dólares—, y cuando el escándalo emergió se abrió el proceso 8000. Su inicio formal fue el 17 de julio de 1995, con la indagatoria a Santiago Medina, extesorero de la campaña, quien el 12 de septiembre siguiente reconoció la entrada de dineros ilícitos. La investigación alcanzó a alrededor de cien políticos nacionales, la mayoría del Partido Liberal, incluyendo congresistas, dos contralores —David Turbay y Manuel Francisco Becerra— y el procurador Orlando Vásquez. En junio de 1996, el Comité de Acusaciones de la Cámara de Representantes absolvió al presidente Samper. El contador chileno Guillermo Pallomari, uno de los cerebros administrativos del cartel, terminó en el programa de protección a testigos de Estados Unidos, y entre sus documentos aparecieron pruebas de recursos destinados a múltiples campañas electorales.
El proceso 8000 marcó una frontera política. Reveló que la modernización regional del Valle —bancos, tecnología, articulación al capital transnacional— había producido no solo ingenios y torres corporativas, sino también las redes institucionales y los excedentes económicos necesarios para corromper sistemáticamente al Estado nacional. El departamento fue laboratorio de narco-política antes que víctima pasiva del narcotráfico.
Rostros y sedimentos
Muchos rostros ordenan la biografía larga del departamento. Belalcázar, con sus ciudades-plataforma. Jorge Isaacs, autor de María, que en 1867 fijó literariamente el paisaje de la hacienda vallecaucana del XIX —con sus esclavos, sus árboles, sus caminos— y lo entregó como imagen fundacional a la nación entera. Ignacio Rengifo, agente de la modernización política conservadora en las primeras décadas del XX. Los Eder, dinastía del azúcar; Manuel Carvajal Sinisterra, industrial del papel y patriarca de una de las familias empresariales más influyentes del país. Andrés Caicedo y su ciudad de bailaderos, salsa y suicidio literario. Jairo Varela, cronista musical de la vida caleña, capaz de convertir un barrio en un estándar internacional.
Sobre esos nombres se sedimenta un departamento que no cabe en una sola imagen. La zona plana del sur —Cali, Palmira, Jamundí, Candelaria, con su hilera de ingenios y su población afrodescendiente marcada por herencias esclavistas— coexiste con la ladera cafetera del norte, colonizada por antioqueños, más fragmentada y menos racializada, y con el mundo del Pacífico, cuya lógica pertenece a otro país. Buga guarda el santuario del Señor de los Milagros, centro de peregrinación católica del suroccidente. Los Farallones de Cali, ecosistema andino de páramo y bosque, protegen la biodiversidad que la agroindustria arrasa en la llanura. Tuluá y Buga son núcleos ganaderos e industriales medianos; Cartago, punto de enlace con el eje cafetero; Palmira, capital agrícola con vocación de investigación —allí funciona el Centro Internacional de Agricultura Tropical—.
Hay también sedimentos de dolor. Trujillo cargó, entre 1988 y 1994, con una de las peores masacres del conflicto colombiano, cuyas víctimas —campesinos, líderes sociales, sacerdotes— quedaron enterradas en un caso emblemático de complicidad entre narcotraficantes, paramilitares y agentes del Estado. La memoria de esa violencia convive con la memoria del azúcar, de la salsa, del puerto, del pacífico negro que fue esclavizado y luego olvidado.
Lo que queda
El Valle del Cauca es, hoy, uno de los territorios más productivos y desiguales de Colombia. Su agroindustria azucarera es referente latinoamericano; su puerto marítimo es el principal del país; su capital sigue siendo la metrópolis del suroccidente y un imán para migrantes de todo el sur andino y el Pacífico. Pero la fractura estructural que lo constituye —entre la llanura moderna y la ladera campesina, entre Cali y Buenaventura, entre la élite mercantil y las comunidades afrodescendientes— no se ha cerrado. Al contrario: cada ciclo económico, en lugar de disolverla, la ha reproducido bajo formas nuevas.
La hacienda colonial esclavista predispuso la desigualdad racial y territorial. El capitalismo azucarero del siglo XX no la corrigió, la agroindustrializó. El narcotráfico no la interrumpió, la capitalizó y le añadió una capa de captura estatal. El paramilitarismo no la denunció, la profundizó a sangre y fuego. Y la modernización portuaria, en lugar de convertir a Buenaventura en el puerto próspero que su geoestrategia promete, la mantuvo como enclave extractivo cuya población vive del rebusque mientras los contenedores pasan.
Esa desigualdad no es inercia colonial: es elección política reiterada. En cada coyuntura hubo actores concretos —hacendados, industriales, mafiosos, gobernantes, comandantes— que capturaron las rentas del azúcar, del puerto o de la droga sin redistribuirlas. Entenderlo así, sin resignación fatalista pero sin coartadas para el poder, es la única forma de leer con precisión al Valle del Cauca: un departamento que produjo la industria más agresiva del suroccidente y la fractura más profunda, y que sigue, en sus ingenios y en sus barrios de Bajamar, en la salsa de sus bailaderos y en las masacres de sus ríos, escribiendo el borrador de un país entero.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
52 documentos · 64 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2431 cita
[1]el designado Jorge Holguín retira los tratados del debate del Congreso y Reyes reasume el mando. Reyes se embarca hacia Santa Marta y abandona el país. El Congreso elige a Ramón González Valencia para terminar el sexenio, y restablece la división del país en departamentos. 1910 Reforma Constitucional: abolición de la…
p. 243
02La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 151 cita
[2]antiguamente el río Tenche. 30 ~o 50 oo 10 E3 E---=3 f==-t e---3 20 30 4(l 50 60 70 Mapa2 Regiones fisiográficas de Colombia Central El escenario natural 35 de la Cordillera Central, más allá de las tierras bajas del río Magda- lena, está situada la Cordillera Oriental, con sus elevados páramos de Cundinamarca, Boyacá…
p. 15
03"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 36, 412 citas
[3]Valle del Cauca Norte Cartago, El Cairo, El Águila, Ansermanuevo, Argelia, Alcalá, Ul- loa, Toro y Versalles. Centro-Norte Obando, Zarzal, Roldanillo, La Unión, Bolívar, La Victoria, Caicedonia, Sevilla y El Dovio. Fuente: PNUD - Informe de Desarrollo Humano Valle del Cauca, 2008. La subdivisión territorial aquí…
p. 36
[17]vertiente occidental recibió la mayor in fl uencia antioqueña durante el siglo XIX con un poblamiento disperso en la zona de ladera, que evitó el choque con los propietarios de la zona plana. Sin embargo, la colonización no estuvo exenta de con fl ictos entre colonos y propietarios. En esta región fue famoso el con fl…
p. 41
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 41, 722 citas
[4]Igualmente, el departa- mento cuenta con 27 resguardos indígenas donde viven 11.431 personas que se ubican en Ansermanuevo, Argelia, Bolívar, El Cairo, El Dovio, Restrepo, Trujillo, Tuluá, Vijes, Florida, Jamundí, Pradera, Buenaventura, Dagua y Cali. Estas comunidades corresponden principalmente a los pueblos Embera,…
p. 41
[60]en una región tan étnicamente diversa como el Valle y el Cauca) e incluso engrosar las filas de la tropa, les estorbaban debido a sus reivindicaciones y a sus ejercicios de autoridad territorial donde ningún actor armado era bienvenido. Durante esa época, la violencia también cundió en las ciudades bajo la forma del…
p. 72
05Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2911 cita
[5]Medellín, es el más importante centro industrial. 292 Eíndice Grst En esta sección se encuentra la red vial más den- sa del país: el Ferrocarril del Pacífico la comunica con Popayán, Buenaventura, el Quindío, Mani- zales y Medellín; paralelas al río y en cada una de sus orillas, las carreteras conectan la capital con…
p. 291
06Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 98, 1712 citas
[6]medio de una violenta resistencia indígena, a la que respondieron, según versiones recogidas por Las Casas y Andagoya, con una táctica de tala y quema de las poblaciones con las que tropezaban 4. Los españoles anduvieron luego hacia el norte hasta encontrar la llanura de Popayán y, probablemente en el sitio de Timbío,…
p. 98
[16]menos de los comerciantes europeos; los intercambios regionales o locales suplantan a los intercontinentales, el oro entra a desempeñar —así sea débilmente— un papel como moneda local, y posiblemente el nivel de vida de los encomenderos, que han visto desaparecer el espejismo de una rápida fortuna en América y…
p. 171
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[7]se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…
p. 44
08La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 711 cita
[8]h a s t a 1 9 7 1 pueblos en la ruta a Cali, llamada entonces Lili o Lile. Masacres y quema de casas se convirtieron en su política, pueblos enteros fueron arrasados o destruidos completamente. Pascual de Andagoya, que sirvió brevemente como adelantado de la provincia de Popayán, describió lo que encontró en su…
p. 71
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 141, 2542 citas
[9]a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…
p. 141
[13]sido muy semejantes a los del valle del Magdalena. En el curso del siglo xvii domin ó en el valle del Cauca el latifundio 266 LA ECONOM Í A Y LA SOCIEDAD COLONIALES, 1550-1800 ganadero con propietarios que resid í an en las ciudades de; Cali, Buga, Caloto y Popay á n. El surgimiento de una nueva frontera mi nera en el…
p. 254
10Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[10]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
11Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 211 cita
[11]marcado carácter patrimonial. Terminada la conquista, y con ella la influencia de los caudillos de las huestes, nadie hubiera podido re- clamar privilegios que se extendieran a toda una provincia. Por e~ta razón el reparto de recursos -tierras, indios, minas- que~ó confinado a lo que.~ sería la jurisdicci~n de una…
p. 21
12Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1811 cita
[12]como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…
p. 181
13Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 901 cita
[14]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…
p. 90
14Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3311 cita
[15]XVII) y su aparición en el Chocó (s. XVIII) Fuera de los centros mineros de la región de Antioquia, la mano de obra esclava ocupó un lugar secundario en el resto de las explotaciones de la Nueva Granada durante los siglos XVI y XVII. Ya se ha visto cómo hacia 1628 había apenas 250 esclavos en Popayán. En 1623 no se…
p. 331
15Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 106, 1122 citas
[18]cincuenta, con algo más de 21 ingenios azucareros y hacia el final del siglo XX con tan solo 13 ingenios. El hecho de que se llegue a plantear que la revolución azucarera en las Antillas tuvo impactos relevantes en la configuración de la economía-mundo- moderna, obedece principalmente a las características…
p. 106
[20]implementando parámetros de la Revolución Verde. En los años sesenta se implementa el arrendamiento de tierras y la figura de la provisión. Se introduce la refinación de azúcar en el ingenio Manuelita (1952); empezándose a comprar caña a los agricultores independientes. Se hace nítida la separación entre producción…
p. 112
16Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 197, 3632 citas
[19]el municipio de Palmira y otros aledaños, luego sucesivas expansiones durante 40 años hasta consolidarse com- pletamente en la zona del sur del valle geográfico del río Cauca hacia finales de los años 60; b) la terminación del ferrocarril del Pacífico ---que conectó el valle geográfico con el Océano Pacífico--, en el…
p. 363
[28]configuración socio-espacial muy peculiar, que se podría calificar como "dispositivo fluvial-ribereño". Veremos cómo, aislada y enfatizada por medio de la reconstrucción conceptual de los legisladores y asesores, esta "especificidad" conforta una imagen "ideal típica" de las comunidades negras rurales en el Pacífico.…
p. 197
17Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 331 cita
[21]his coffee counterparts, Santiago Eder was emblematic of the ascending urban merchant class that invested heavily in the countryside and accumulated properties there through the parceling of older estates. 47 Whether through coffee or, eventually, sugar, a new elite came to dominate the Colombian rural economy. In the…
p. 33
18Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 991 cita
[22]third section, we outline participatory experiments for peace in Buenaventura which have run alongside formal government- sponsored processes, specifically the Paro Cívico of 2017 and its antecedents. In the final section, we reflect on the strike’s consequences, including local peace education and policy initiatives,…
p. 99
19Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 85, 3892 citas
[23]población está sumida en la pobreza y la violencia, porque esos recursos que se generan no se quedan ni se invierten en la población local ni se traducen en empleo, pues la mano de obra ha sido reemplazada por maquinaria. Por ejemplo, según la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura, para 2013, el comercio…
p. 389
[46]de los bosques» 126. Lo mismo hizo en otros municipios de este corredor, como Suárez, estableciendo un cordón de movilidad para el despliegue de este grupo armado. Tener el control de la subregión le permitía al ELN ganar recursos y actuar en la vía Panamericana, que comunica el suroccidente con el centro del país, lo…
p. 85
20Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 283, 2882 citas
[24]los esteros. En Buenaventura las dinámicas de poblamiento de la ciudad, su organización y paisaje, han estado determinadas por una serie de actividades económicas asociadas al puerto (Aprile, 2002). Así, desde la década del ochenta los sucesivos gobiernos nacionales han formulado diversos planes y programas orientados…
p. 283
[25]Transitorio 55 de la Constitución y reconociendo el reto de cons- truir el nuevo sujeto político de derechos, vuelcan toda su capa- cidad en la divulgación y aporte al proceso de reglamentación y desarrollo de la Ley 70 de 1993. Pero simultáneamente y cuando apenas era el tiempo de las comunidades pensarse en los…
p. 288
21Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6771 cita
[26]comunidades afrocolombianas de Bajamar, en el municipio de Buenaventura, Valle del Cauca. Bajamar es un territorio poblado por habitantes desplazados de las cuencas de los ríos Yurumanguí, Naya, Calima y Cajambre, que se asentaron en la isla Cascajal, al costado del puerto, en barrios que son considerados los más…
p. 677
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[27]% del total nacional) y 859.716 descendientes de hombres y mujeres traídos de África esclavizados (19,93% del total nacional) viven en cuarenta y cuatro municipios del Pacífico 34. Estos habitan organizados en territorios colectivos y resguardos indíge- nas que abarcan el 63% de toda la región (7.071.488 hectáreas),…
p. 38
23Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 571 cita
[29]Quibdó se han visto cimentados, dándole coherencia a la zona. Gran parte de la coherencia futura depende de la forma en que se lleva a cabo la construcción de la carre- tera panamericana en la serranía del Baudó, pues puede ser un factor de coherencia si la región utiliza su desarrollo con independencia, o puede…
p. 57
24Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 471 cita
[30]ilícitas en Colombia. Su impacto económico, político y social. Editado por Ariel, PNUD y DNE. 1997. Pp. 279 – 346. 19 Álvaro Camacho Guisado, (2001). “Narcotráfico, Coyuntura y Crisis: Sugerencias Para un Debate”. En Rafael Pardo (Ed.), El Siglo Pasado. Colombia: Economía, Política y Sociedad. Bogotá: Red Multibanca…
p. 47
25Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1841 cita
[31]del Estado se centraban en neutralizar a Escobar, mientras que desde Estados Unidos y la sociedad colombiana se prefería pasar por alta la evidente infiltración de autoridades civiles y políticas. La depuración del sistema tendría que esperar al final de la guerra contra Escobar. A lo largo del proceso 8000 la…
p. 184
26Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2481 cita
[32]aprovechada por el cartel de Cali. Esta organización evitó siempre enfrentarse directamente con el Estado; por el contrario, prefirió el dinero y la corrupción para impulsar sus intereses. En 1994, el cartel de Cali entregó seis millones de dólares a la campaña del liberal Ernesto Samper, quien fue electo presidente.…
p. 248
27Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2331 cita
[33]de nacionalidad chilena, Guillermo Pallomari, vinculado al cartel de esta ciudad. Pallomari terminó en el programa de protección a testigos (“mtnessprotectionprogram ”) de los Estados Unidos. En los documentos se encontraron evidencias de recursos destinados a financiar distintas campañas electorales, incluida la de…
p. 233
28Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1081 cita
[34]de mutuo acomodamiento, celebrado por el gobierno de César Gaviria, mediante el cual se aprobó, a cambio de la no extradición, el sometimiento voluntario de los narcotraficantes a la justicia, con grandes rebajas de penas por colaboración. Con la entrega de Pablo Escobar, el capo más famoso, y sus colaboradores…
p. 108
29Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2201 cita
[35]de la Policía. Castaño era intermediario entre el Cartel de Cali y el Bloque de Búsqueda a Escobar». 149 La preocupación principal de la Embajada de Estados Unidos era que el Cartel de Cali adquiriera demasiado poder, bien porque la información acerca de qué irregularidades había cometido el Bloque de Búsqueda le…
p. 220
30Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1201 cita
[36]carga; de las cocinas o laboratorios químicos, a la venta directa de pasta y del alcaloide o a su trueque por armas. En esta confusa historia se fraguaron alianzas tran- sitorias y guerras locales episódicas entre guerrillas y organizaciones de nar- cotraficantes. Por entonces había llegado a su cénit el modelo…
p. 120
31El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3181 cita
[37]J ORGE A RTURO S ALCEDO 318 En reacción a lo anterior, sectores radicales de las élites optaron por recomponer las viejas estructuras armadas que estaban al servicio del cartel de Cali, y con la asesoría de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) conforman los Bloques Calima y Pacífico de las AUC,…
p. 318
32El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3181 cita
[38]J ORGE A RTURO S ALCEDO 318 En reacción a lo anterior, sectores radicales de las élites optaron por recomponer las viejas estructuras armadas que estaban al servicio del cartel de Cali, y con la asesoría de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) conforman los Bloques Calima y Pacífico de las AUC,…
p. 318
33El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 2942 citas
[39]2009). Sobre el apoyo militar, como lo anunciarían investigadores de la Fiscalía a Human Rights Watch, se presumiría la participación de la Tercera Brigada del Ejército en la conformación y en el apoyo logístico al accionar del Bloque Calima en la región. Un testigo indicó que asistió a una reunión entre el ejército y…
p. 294
[40]2009). Sobre el apoyo militar, como lo anunciarían investigadores de la Fiscalía a Human Rights Watch, se presumiría la participación de la Tercera Brigada del Ejército en la conformación y en el apoyo logístico al accionar del Bloque Calima en la región. Un testigo indicó que asistió a una reunión entre el ejército y…
p. 294
34No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3931 cita
[41]el 10 y 13 de abril del 2001 en contra de población indígena y afrocolombiana. Esta zona entre Cauca y Valle del Cauca significaba para las AUC un corredor hacia la costa del Pacífico, además de un punto de interés por la presencia de cultivos de coca. Esto, sumado a una presunta retaliación por el secuestro de la…
p. 393
35Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 161, 1662 citas
[42]provenientes de Urabá y bajo la comandancia de Rafael Antonio Londoño Jaramillo alias Rafa Putumayo. Poco tiempo después El- kin Casarrubia, alias El Cura, reforzó al primer grupo con 25 in- tegrantes más, también provenientes del Urabá. A mediados de 1999 Rafa Putumayo debió abandonar la comandancia del Bloque ya que…
p. 166
[43]Central en el sur del Tolima, y el debilitamiento del Cartel de Cali a mediados de la década del noventa” (Observatorio del Programa Presidencial, (2003), Panorama actual del Valle del Cauca, Vicepresidencia de la República de Colombia, Bogotá, páginas 5 y 6). Para mayor información (Guzmán Barney y Moreno, Renata,…
p. 161
36Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 881 cita
[44]El ELN y las FARC hicieron presencia en Cali, pero más allá del secuestro 150 civiles en la iglesia La María, en 1999, y de los diputados del Valle del Cauca, en 2002, la guerra se desarrolló sobre todo en las zonas rurales (Guzmán y Moreno, 2007) y Cali no vivió una guerra com- parable a la de Medellín o a la de…
p. 88
37Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 1841 cita
[45]disputadas. Los corredores estratégicos son entendidos como franjas territoriales que permiten a los acto- res del conflicto la movilidad de tropas, comida, armas, drogas y otros elementos indispensables para garantizar la continuidad de la guerra, entre los que se encuentran los corredores de alta mon- taña, los…
p. 184
38Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3692 citas
[47]del Valle y se extendieron hacia Cauca y Nariño, para pe - netrar así todo el andén pacífico. Los Machos, debilitados tras su anterior pugna con Los Rastrojos se aliaron a Los Urabeños. Con igual tipo de alianza se fortaleció en Buenaventura el grupo La Empresa y persistían las Águilas Negras y Los Doce del Patíbulo…
p. 369
[48]del Valle y se extendieron hacia Cauca y Nariño, para pe - netrar así todo el andén pacífico. Los Machos, debilitados tras su anterior pugna con Los Rastrojos se aliaron a Los Urabeños. Con igual tipo de alianza se fortaleció en Buenaventura el grupo La Empresa y persistían las Águilas Negras y Los Doce del Patíbulo…
p. 369
39Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 661 cita
[49]Trujillo y Bolívar. Por su parte, el ELN, conformado en el Valle por estudiantes, obreros y per- seguidos políticos de Cali, tomó como base de operaciones en los años ochenta el cañón del río Garrapatas, movilizándose por territorio selvático entre Chocó y los municipios vallecau- canos de El Cairo, El Dovio, Trujillo…
p. 66
40Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 661 cita
[50]consecuencia de la ocupación del trono español por uno de los Borbones, el asiento pasó por unos años a los franceses, nuevos aliados dinásticos. La subsiguiente guerra de sucesión, que duró hasta 1713, no solo arrebató a España sus posesiones europeas, en Italia y los Países Bajos, sino que, por el tratado de…
p. 66
41Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1001 cita
[51]el fin del siglo xviii. Según un censo de minas y esclavos hecho en el año de 1759, había en el Chocó 63 minas y otros tantos propietarios que poseían 4.216 esclavos. En el año de 1788 había 18.496 esclavos en el Chocó, Antioquia y Popayán, de acuerdo con la relación de mando del arzobispo virrey, Caballero y Góngora,…
p. 100
42Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1201 cita
[52]vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…
p. 120
43Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 2191 cita
[53]después de la abolición de la esclavitud. Estos dos fenómenos sociohistóricos marcaron en la larga duración las estructuras socia- les regionales de asentamiento negro hasta que se introdujeron cultivos agroindustriales en diferentes periodos desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX (caña de azúcar, banano,…
p. 219
44Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 3031 cita
[54]conflicto armado colombiano en el Pacífico: limpieza étnica y desterritorialización de afrocolombianos e indígenas y ‘multiculturalismo’ de Estado e indolencia nacional” En: Eduardo Restrepo y Axel Rojas (eds.), Conflicto e (in) visibilidad: retos de los estudios de la gente negra en Colombia. pp. 71-118. Popayán:…
p. 303
45Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 1491 cita
[55]each wearing costumes of gen- dered power. It also points to a connection to La Violencia and to Rojas Pinilla, where the Colombian state became militarized as a response to so- cial and political decomposition. Finally, sugarcane as sweet, succulent, and swaying with the wind suggested the charms of young women’s…
p. 149
46Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2241 cita
[56]gas 434.000 Térmica a ACPM 1175 Hidroeléctrica 571.000 Longitud de rios navegables (km) 275 Puertos fluviales (#) (inspeccién) i Aeropuertos internacionales (#) 1 Aeropuertos locales (#) 3 Puertos maritimos (#) (en varios sectores) 1 Fuentes: Invias, 2003; Upme, 2003; MVDTMA, 2004; Mintransporte, 2003; Aerocivil,…
p. 224
47Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1231 cita
[57]vieron beneficiadas con el desarrollo de la agricultura regional. Lo mismo sucedió con el auge de una industria igualmente especializada en las zonas más dinámicas. El epicentro industrial se situó, durante buena parte, en Antioquia, que surtía al país en bebidas, cementos, en productos textiles y alimenticios.…
p. 123
48Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 3421 cita
[58]de Yum- bo, en las afueras de Cali, al lado del río Cauca. Cartón de Colombia fue fruto de empresarios nacionales como el antioqueño Eduardo Uribe Botero y el vallecaucano Manuel Carvajal Si- nisterra; pero también del norteame- ricano Frank Carder, representante de la Container Corporation of America, una de las…
p. 342
49Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 237, 2442 citas
[59]cinema—would arrive to both “cities” in different ways. The Afro-Cuban and Puerto Rican rhythms, also known as the “Antillean music of the old guard,” stood out. The plebeian masses found in the Afro-Latin culture a link to get together in their new environment, by taking advantage of the appeal of the body and the…
p. 237
[61]electric. Along Roosevelt Avenue, under the shadows of the elevated tracks of the train, the end of another school and workday in Queens is celebrated with a characteristic Latin impetus. Salsa music seems to come out in cascades from each entrance of the stores, and half a dozen adolescents with their characteristic…
p. 244
50Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 4551 cita
[62]Cauca, y en el estado del Tolima —la parte de la hoya alta del Magdalena segregada de Cundinamarca en 1861 — avanzaba hacia el sur por la media falda orien- tal de la cordillera del Quindío. * Esta colonización se efectuaba al principio más o menos en las condiciones y con las formas coloniales y granadinas — con…
p. 455
51El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2991 cita
[63]la composición y tamaño de una de estas colonias tomemos el asentamiento de Pavas, en el municipio de Villahermosa. De acuerdo con el libro de actas de la Comisión Agraria, había allí en el momento del repartimiento de tierras 761 habitantes, de los cuales 555 eran «hijos menores de 21 años» sin derecho a titulación:…
p. 299
52Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 3631 cita
[64]331 1 311 "';;! (") Totales 8 16243 245 207716 8 183 40895 10 166 49317 12 >::: "' Departamento: Valle del Cauca m "' z Alcalá 2 39 > m z Andalucía 2 40 (") o t"' Ansermanuevo 1 10000 44 870 o::: 00 Bolívar > 28 4560 1 18 1071 2.... 1 10 727 2 00 Buenaventura 3 31 ~ Buga 5 797 1 11 1675 4 "' "' ~ Bugalagrande 1 180…
p. 363