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Idea · Nueva Granada

Hacienda esclavista

Institución económica, territorial y social que articuló durante más de dos siglos la geografía productiva del Nuevo Reino de Granada, combinando trabajo esclavizado, diversificación agrícola y ganadería extensiva al servicio de los mercados mineros y regionales del suroccidente y la Costa Norte.

3.968 palabras39 documentos63 fragmentos citados
Hacienda esclavista

Trayectoria de una idea

  1. 1600

    Consolidación a partir de las mercedes de tierras

  2. 1668

    Hacienda Llanogrande bajo los jesuitas

  3. 1713

    Tratado de Utrecht y auge de la trata hacia el Chocó

  4. 1759

    Censo de minas y esclavos del Chocó

  5. 1767

    Expulsión de los jesuitas y dispersión del modelo empresarial

  6. 1821

    Ley de libertad de vientres del Congreso de Cúcuta

  7. 1851

    Abolición de la esclavitud

03

La lectura

La hacienda esclavista neogranadina fue una institución de larga duración que no se redujo a la explotación agrícola: fue el soporte material del poder de las élites payanesas y cartageneras, el engranaje que conectaba la mina de oro del Pacífico con los mercados del interior andino y el mecanismo que convirtió los cuerpos africanos y afrodescendientes en capital relocalizadle. A diferencia de la plantación antillana, su fortaleza residía en la diversificación —caña, ganado, maíz, arroz, aguardiente— y en la capacidad de absorber los ciclos mineros sin especializarse en un solo producto. Su madurez coincidió paradójicamente con el agotamiento de la trata: cuando los esclavos bozales desaparecieron del mercado de Cali en la segunda mitad del siglo XVIII, la hacienda dependía ya de la reproducción interna de su población cautiva. Las guerras de independencia la desestructuraron antes de que la ley la aboliera, y su herencia —latifundio, exclusión de los libertos, ausencia de reforma agraria— marcó la geografía social de Colombia durante generaciones.

La hacienda esclavista neogranadina

En el Nuevo Reino de Granada, la hacienda esclavista fue mucho más que una finca grande trabajada con africanos cautivos. Fue una institución total —jurídica, territorial, espiritual y racial— que articuló durante dos siglos y medio la geografía económica del Pacífico y los valles interandinos, sostuvo el poder de las élites payanesas y cartageneras, ordenó la vida de decenas de miles de esclavizados y sobrevivió a la abolición de 1851 mutando en concierto forzoso, extinción de resguardos y exclusión territorial de los libertos. Producía caña, ganado, maíz y aguardiente, pero producía sobre todo un orden: el que hacía posible que la mina del Chocó extrajera oro, que el Colegio de la Compañía en Popayán se alimentara, que un puñado de familias controlara la política del suroccidente hasta bien entrado el siglo XIX. Comprenderla es comprender por qué la esclavitud en Colombia no dejó, al terminar, una tierra dividida entre libertos, sino una república en la que la libertad recién ganada tuvo que buscar tierra baldía para hacerse real.

Qué era una hacienda esclavista neogranadina

La hacienda esclavista del interior andino neogranadino no se parecía a la plantación antillana. No monocultivaba caña para el mercado mundial ni concentraba cientos de esclavizados en régimen de zafra. Era, más bien, una unidad diversificada y extensa: caña para trapiche, maíz, plátano, arroz, cacao, cebolla; ganado vacuno, ovino, mular, caballar; una casa de amos, un trapiche, potreros vastos apenas civilizados, lotes de pan coger repartidos entre trabajadores. Sus productos —panela, aguardiente, mieles, carne, cueros— iban a mercados regionales acotados: los distritos mineros del Chocó, las ciudades de Cali, Buga, Caloto, Popayán, los colegios y conventos. La presión del mercado no alcanzaba para forzar especialización, y la hacienda respondía a esa exigüidad con parsimonia: producción extensiva, largos barbechos, pastos naturales, ausencia de la revolución tecnológica que en el siglo XVIII transformaba la agricultura europea con arados de acero y rotaciones racionalizadas.

Esa aparente pereza productiva escondía, sin embargo, una racionalidad precisa. La tierra monopolizada, aunque semi-ociosa, cumplía funciones de reserva, prestigio y control. Los lotes de pan coger entregados a peones y arrendatarios funcionaban como equivalente salarial en especie, extraído del excedente que el mercado no absorbía: el terrateniente pagaba con ganado, panela, cereales o acceso a suelo, y así se ahorraba dinero efectivo. El régimen de trabajo era extensivo, relajado por las prácticas mismas de cultivo y pastoreo, y a la vez inflexiblemente jerárquico. Sobre esa arquitectura descansaba la esclavitud, no como excepción brutal sino como núcleo de la relación productiva en las regiones donde el mercado minero justificaba la inversión: el Valle del Cauca, la Costa Norte, el Chocó, los enclaves de Popayán y Barbacoas.

Lo distintivo de la hacienda neogranadina fue su articulación con la minería. En el suroccidente se conformó un complejo mina-hacienda: unidades productivas complementarias, muchas veces bajo un mismo propietario, entre las cuales podían relocalizarse cuadrillas de esclavizados según las necesidades del laboreo. Cuando la mina rendía, allí iban los brazos; cuando la mina descansaba o el precio caía, los brazos volvían a la caña, al ganado, al trapiche. Ese trasiego —posible porque la propiedad sobre los cuerpos permitía moverlos como capital— convirtió al esclavizado en la pieza que engranaba dos economías. El sistema funcionó hasta que las guerras de independencia lo desestructuraron.

Orígenes: de la merced conquistadora al auge del Chocó

La hacienda neogranadina no nació de un decreto ni de un momento único. Se decantó lentamente entre los siglos XVI y XVIII, a partir de las mercedes de tierras que la Corona otorgaba a conquistadores y colonos por servicios prestados —muy señaladamente, en el Valle del Cauca, por las campañas contra los pijaos— y de las composiciones con que se regularizaban tenencias ambiguas. De esas mercedes surgieron primero estancias de pan coger y estancias ganaderas modestas, orientadas a surtir mercados locales; con el correr del siglo XVII se consolidaron en unidades mayores, y ya en el XVIII adquirieron la forma reconocible de la hacienda diversificada con trapiche y cuadrilla esclava.

El factor que aceleró y consolidó ese tránsito fue la expansión minera del Chocó a comienzos del siglo XVIII. La demanda de alimentos, ganado, mulas y aguardiente que generaban los reales de minas creó un mercado interior sostenido, capaz de justificar la inmovilización de capital en tierras y esclavizados. El Valle del Cauca, con su suelo fértil y su cercanía relativa, se reorganizó para servir a ese mercado. En Caloto, Almaguer y el Valle del Patía la reactivación de minas de oro impulsó nuevas haciendas. La cronología clásica que separaba primero la minería y luego la hacienda debe entonces matizarse: en el suroccidente neogranadino, minería y hacienda se impulsaron simultáneamente, cada una alimentando la demanda de la otra.

Ese momento fundacional coincidió con la apertura masiva de la trata. El Tratado de Utrecht, firmado en 1713, entregó a los ingleses el monopolio del asiento de negros para las colonias españolas, y entre 1715 y 1740 se produjo el auge de introducción de africanos hacia las minas chocoanas. Cartagena de Indias, con su fortaleza y su bahía, fue el puerto principal de entrada y redistribución; desde allí la ruta interna cruzaba unas 900 millas hasta Popayán y otras 300 millas al noroeste hasta el Chocó, donde los cautivos se vendían a dueños de minas y haciendas. Al Nuevo Reino le correspondió cerca del 22% de la porción española americana de la trata, y las cifras totales, aunque disputadas, se mueven en un rango grave: unos 350.000 esclavizados a lo largo del período colonial, según las estimaciones más altas; no menos de 250.000, a razón de unos 823 por año entre 1550 y 1792, según el cálculo más bajo. Los grandes asientos internacionales —con las compañías de Cacheu de Portugal, de Guinea de Francia y del Mar del Sur de Inglaterra— concentraron el negocio y modelaron la geografía humana del virreinato.

Los africanos llegaban etiquetados por su procedencia: Costa de Oro y Costa de los Esclavos (golfo de Benin) aportaban algo más del 25% del total, y el resto provenía de Angola, el golfo de Biafra y otras regiones atlánticas, aunque las referencias documentales al origen son a menudo vagas. Un episodio de 1726 ilustra el mecanismo: junto con el comerciante Francisco Garcés de Aguilar se adquirieron en Cartagena 74 esclavizados por 17.620 patacones; el mercader Custodio Jerez los condujo hacia Cali, aunque en Honda registró apenas 69, alegando que tres habían escapado por el camino. La ruta Cartagena–Honda–Cali era la arteria del sistema.

La dotación esclava de haciendas y minas en los siglos XVI y XVII era abrumadoramente masculina. En nueve haciendas de la provincia de Cartagena, entre 1633 y 1724, se contaban cinco varones por cada mujer y menos del 5% de menores de 15 años: la reproducción biológica interna era imposible y la trata debía renovar el stock. Ese modelo se agotó cuando, en la segunda mitad del siglo XVIII, las transacciones de esclavos bozales prácticamente desaparecieron de mercados regionales como el de Cali; las ventas pasaron a ser casi exclusivamente de criollos nacidos en haciendas y hogares locales, y la escasez limitó la fundación de nuevas unidades. La hacienda esclavista neogranadina alcanzó su madurez, así, justo cuando comenzaba a quedarse sin la savia externa que la había hecho posible.

Trayectoria: expansión, madurez y crisis (siglo XVII – 1851)

En el siglo XVII, el Valle del Cauca estaba dominado por el latifundio ganadero de propietarios residentes en Cali, Buga, Caloto y Popayán. La ganadería exigía poca mano de obra y mucha tierra, y la esclavitud se concentraba entonces sobre todo en la minería del Pacífico y en las haciendas de la Costa Norte. La transformación llega con el siglo XVIII: la frontera minera chocoana induce una reacomodación de tierras fértiles, un trabajo más intensivo y una demanda creciente de mano de obra esclavizada. Aparece entonces la hacienda diversificada de trapiche y labranza, y con ella la diferenciación interna del interior andino en tres formas productivas —hato ganadero, hacienda de trapiche y hacienda de labranza—, determinadas por acceso al mercado, disponibilidad de brazos y distancia a los centros de consumo.

El caso mejor documentado es el de Llanogrande, hacienda jesuita del Valle del Cauca que perteneció a la Compañía desde antes de 1668. A finales del siglo XVII contaba con 36 esclavizados y un trapiche; en 1717 la cuadrilla había subido a 69; en 1747 pasaba de 100. Ese mismo año, el inventario registraba 12.000 reses y 2.000 entre yeguas, caballos y mulas, más una producción artesanal de locería. Llanogrande abastecía regularmente al Colegio de la Compañía de Jesús de Popayán con azúcar, ganado, arroz, fríjoles y tabaco; en 1743, durante una crisis de abastecimientos en la ciudad, envió ganado extraordinario. Los jesuitas fueron, en muchos sentidos, los empresarios más sofisticados de la esclavitud neogranadina: llevaban contabilidad ordenada, articulaban sus haciendas en redes —las llaneras Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas y su ganado circulaba entre ellas con límites intencionalmente imprecisos—, y trataban la unidad esclavista como un engranaje de la misión evangelizadora. Su expulsión, decretada por Carlos III en 1767 en el marco de las reformas borbónicas —que veían con recelo la extensión de sus reducciones y la doctrina jurídica que enseñaban—, dispersó ese modelo y trasladó las haciendas más productivas al patrimonio de las élites laicas.

La geografía del esclavismo neogranadino era desigual. Un censo de minas y esclavos del Chocó en 1759 registraba 63 minas con 4.216 esclavizados. Para 1788, el conjunto de Chocó, Antioquia y Popayán reunía 18.496 esclavizados, de los cuales cerca de dos terceras partes —unos 12.000— trabajaban en la minería. El esclavismo dominaba las actividades mineras del Pacífico y las haciendas de la Costa Norte; en el suroccidente se combinaba con formas de servidumbre y con la sobrevivencia de una significativa población indígena, especialmente en Popayán. En regiones enteras del virreinato, hacia finales del siglo XVIII, el sistema esclavista mostraba signos de crisis: escasez de bozales, encarecimiento del cautivo criollo, agotamiento de vetas mineras.

La independencia fue el punto de quiebre. Las guerras entre 1810 y 1824 desarticularon el complejo mina-hacienda del suroccidente: los ejércitos reclutaron esclavizados a cambio de promesas de libertad, las cuadrillas se dispersaron, las haciendas quedaron sin brazos o con brazos alzados. El Congreso de Angostura, reunido en Venezuela, aprobó el 11 de enero de 1820 un decreto sobre libertad de esclavos que buscaba atemperar la proclama de libertad absoluta de Bolívar. El 21 de julio de 1821, el Congreso de Cúcuta aprobó la ley de libertad de vientres, que declaraba libres a los hijos de esclavas nacidos desde la fecha de publicación —los llamados libertos o manumisos— pero los ponía bajo tutela de los amos de sus madres hasta los 18 años, como indemnización por gastos de alimentación y vestuario. José Félix de Restrepo fue una de las voces que impulsó esa ley, en la línea de la política antiesclavista temprana que Juan del Corral había ensayado en Antioquia años antes.

La ley del 29 de mayo de 1842 prolongó ese régimen de manera decisiva: dispuso que los libertos entre 18 y 25 años quedaran en poder de los amos, extendiendo el concierto forzoso muy por encima del umbral original. La generación nacida libre en 1821 llegaba así a la edad adulta sujeta todavía al trabajo obligado. Contra ese engranaje, y contra el sistema entero, el presidente José Hilario López sancionó el 21 de mayo de 1851 la ley de abolición, cuyo artículo primero declaraba libres a todos los esclavos del territorio de la República a partir del 1° de enero de 1852. Cerca de 17.000 personas ganaron ese día su libertad. El 60% de las 16.500 manumisiones registradas en 1851 se concentraba en las haciendas del Valle del Cauca: allí seguía el corazón del sistema esclavista al momento de su liquidación jurídica.

La institución por dentro: trabajo, cuerpos, autoridad

Puertas adentro, la hacienda era un pequeño Estado. Bajo el propietario —muchas veces ausente, residente en Popayán, Cali o Cartagena— gobernaba un administrador o mayordomo, hombre letrado que representaba al dueño, recibía terrajes, supervisaba tierras y llevaba las cuentas. En haciendas como las de Loba, en la Costa Norte, aparecen también capitanes mandadores encargados del trabajo de campo. Las instrucciones de administración, escritas y detalladas, distribuían tareas por oficios: moleneros para el trapiche, cargueros, muleros, ordeñadores, peones de potrero. Se prescribía el cuidado de las mulas, la limpieza del ingenio, el mantenimiento de cercas y pastos. La hacienda funcionaba como un aparato con reglas explícitas.

El trabajo se dividía por sexo y por edad. Las mujeres tenían obligaciones principales en la casa de los amos, pero también se ocupaban del ordeño, del cuidado de aves de corral, del mantenimiento de huertas. Los hombres iban al trapiche, al monte, a los potreros, a las mulas del transporte. Los oficios especializados —maestro azucarero, herrero, carpintero— podían recaer en esclavizados de confianza, y su valor de mercado subía en consecuencia. El régimen alimentario descansaba en las llamadas raciones: entregas de panela, carne, maíz, sal, provenientes del excedente que el mercado no absorbía. Esas raciones funcionaban como salario en especie para trabajadores libres y arrendatarios, y como sustento para los esclavizados, aunque en su caso no eran remuneración sino obligación del amo.

La coexistencia de mano de obra esclava con arrendatarios, concertados y agregados libres fue rasgo estructural de la hacienda neogranadina, y la distingue tanto de la plantación caribeña de esclavos como del feudo europeo de siervos. Sobre una misma extensión de tierra convivían formas laborales muy distintas: la cuadrilla esclava, el concierto asalariado, el terrazgo pagado con trabajo o especie, el pan coger entregado a cambio de jornales. Esa mezcla no era descuido: le daba a la hacienda una plasticidad que le permitía sobrevivir a los ciclos de la trata, a las oscilaciones del mercado minero y, más tarde, al desmonte jurídico de la esclavitud.

La violencia era el fondo permanente. La disciplina descansaba en el látigo, el cepo, la venta como castigo, la separación de familias. Pero también existían márgenes negociados: los esclavizados podían tener conucos propios, criar animales, comerciar en pequeña escala, ahorrar para comprar su libertad, litigar en las Reales Audiencias por malos tratos o por promesas incumplidas de manumisión. La institución aspiraba al control absoluto sobre los cuerpos y nunca lo alcanzaba del todo. Los africanos y sus descendientes construyeron dentro y contra la hacienda una vida propia: en la música que sonaba en los descansos y las fiestas, en las prácticas religiosas que combinaban santoral católico con memoria africana, en las relaciones de parentesco extendido que sobrevivían a las ventas. Esa música, cocinada en los intersticios que la hacienda no logró cerrar, viajaría con los libertos y sus descendientes hasta convertirse, siglos después, en el sonido de un litoral entero.

Los palenques: la frontera que la hacienda no pudo cerrar

Contra la hacienda, y desde muy temprano, se levantó el cimarronismo. Los esclavizados huidos —cimarrones— se refugiaban en montes, arcabucos, zonas anegadizas de difícil acceso, y allí fundaban comunidades llamadas palenques. Duraron tanto como la propia esclavitud. El más célebre del Nuevo Reino fue el de Matuna, en la sierra de María detrás de Cartagena, liderado a comienzos del siglo XVII por Benkos Biohó, un africano de origen noble proclamado rey del arcabuco, cuya comunidad eligió en cabildo sus propias autoridades según mérito y servicio. La corona nunca logró reducirlo por las armas. Su heredero simbólico, el palenque de San Basilio, terminó capitulando con las autoridades coloniales por mediación del ilustrísimo Casiani bajo condiciones negociadas: los palenqueros obtuvieron el reconocimiento formal de su asentamiento en la falda de la sierra de María, a cambio de no acoger nuevos fugitivos. Fue una libertad pactada, precaria, pero real: una excepción incrustada en la geografía esclavista.

Otros palenques surgieron en el valle del Patía, paralelos al avance de la minería y de la hacienda ganadera, como espacios de concentración de libertos y cimarrones que hicieron de esa depresión intermontana un territorio prácticamente autónomo hasta bien entrada la República. Los palenques vivían de cultivos, caza, pesca y de algún trato clandestino con las haciendas cercanas. Su resistencia a ser transformados en poblados regulares constituía un reto tácito al influjo de los hacendados y a la pretensión de las autoridades coloniales de ordenar el territorio.

La relación entre hacienda y palenque estuvo cubierta con frecuencia por un manto de violencia: entradas armadas, cacerías de cimarrones, castigos ejemplarizantes contra los recapturados. Pero hubo excepciones. En Amaime y El Bolo, en el valle del Cauca, se documentan relaciones relativamente armónicas entre haciendas y comunidades cimarronas vecinas. Las mujeres negras participaron activamente en esas fundaciones; el desequilibrio demográfico de género en los palenques iniciales debió resolverse mediante normas de convivencia interna y, en algunos casos, mediante incorporación de mujeres externas.

La existencia sostenida de los palenques durante todo el período colonial demuestra que la hacienda esclavista, con toda su pretensión de institución total, nunca logró el control pleno que proclamaba. El cimarronaje fue un contrapeso estructural, no una anomalía. Obligó a las élites a negociar, a destinar recursos militares a expediciones que rara vez resolvían el problema, y a aceptar que la geografía del Nuevo Reino incluía enclaves fuera de la ley esclavista. La corona borbónica identificó a los africanos huidos y sus enclaves como uno de los problemas centrales de control territorial, pero las políticas de vigilancia y reducción tuvieron eficacia desigual.

La red: élites, órdenes religiosas, redes de patronazgo

La hacienda esclavista sostuvo el poder de las élites regionales del virreinato. Ninguna con más brillo que la payanesa. La producción minera y el trabajo esclavo en haciendas convirtieron a la aristocracia de Popayán en una de las más influyentes de la Nueva Granada, con vínculos con Quito, Lima y Cartagena, títulos de nobleza, presencia en la Real Audiencia, hijos enviados a estudiar a Europa. Su apogeo fue el siglo XVIII, pero su poder se prolongó a través de la Independencia y buena parte del XIX. Familias como los Arboleda, los Mosquera, los CaldasFrancisco José de Caldas, científico ilustrado, era payanés— formaban parte de esa red.

El caso de Santiago Arroyo ilustra el mecanismo. Sus vínculos familiares con las casas más poderosas del suroccidente le permitieron una carrera política sostenida: senador, diputado, presidente de la Cámara provincial de Popayán, ministro de la Suprema Corte entre 1831 y 1832, receptor de votos presidenciales en 1833 y vicepresidenciales en 1835. Los propietarios de haciendas y minas esclavistas del suroccidente utilizaron redes familiares y clientelares para colocar aliados en el Congreso y defender sus intereses. Cuando la abolición se debatió a mediados del siglo XIX, esa red ofreció resistencia: Julio Arboleda —poeta, hacendado, esclavista— encabezó en el Cauca la rebelión conservadora que estalló el 1° de julio de 1851 contra el gobierno de López, secundada por Eusebio Borrero en Antioquia y Pastor Ospina Rodríguez en Cundinamarca. La abolición no fue la única causa, pero fue una de las principales. Sergio Arboleda, hermano de Julio, escribiría después la defensa doctrinaria del orden conservador que buscaba conservar los rasgos jerárquicos de la sociedad esclavista.

En la Costa Caribe, la clase hacendataria operó mediante lógicas parecidas: expansión de propiedades territoriales, redes de patronazgo, títulos, reclutamiento militar. Allí, la hacienda convivió con fincas medianas y pequeñas de blancos pobres, mestizos y mulatos, en la cultura anfibia del bajo Magdalena, y no desarrolló mayores formas serviles distintas a la esclavitud misma. Mompox, Cartagena y los distritos ganaderos del San Jorge constituyeron su territorio.

Las órdenes religiosas —jesuitas antes de 1767, pero también dominicos y franciscanos— fueron parte de esa red de propietarios esclavistas. La hacienda Llanogrande, con sus cuadrillas crecientes y su abastecimiento sistemático al Colegio de Popayán, mostraba a la Compañía como una empresa terrateniente sofisticada. La expulsión rompió esa continuidad, pero las haciendas mismas pasaron a manos laicas y siguieron funcionando bajo la misma lógica.

Huella: la abolición y sus secuelas

La abolición de 1851 fue un hito, no un cierre. Respondía a una convergencia de motivos: la persistencia del ideal republicano de igualdad, la presión de las fuerzas económicas en ascenso que necesitaban un mercado de trabajo libre y abundante, y la constatación de que la esclavitud se había vuelto antieconómica en amplias regiones del país. En el Valle del Cauca, sin embargo, seguía siendo vigorosa: el 60% de los manumitidos de 1851 estaba allí. La ley encendió, previsiblemente, la resistencia de la élite esclavista y contribuyó a la rebelión conservadora del 1° de julio de ese año.

Lo que vino después mostró la elasticidad del sistema. La abolición no alteró la tenencia de la tierra: las haciendas y estancias conservaron su extensión. Los libertos, jurídicamente libres, tendieron a moverse hacia tierras públicas donde pudieran sostenerse sin volver a la casa del antiguo amo. Los hacendados respondieron con estrategias de exclusión física y territorial: cercamientos, desalojos, negativa a permitir asentamientos en sus predios, control de caminos. Se difundió el llamado concierto forzoso de manumisos, figura teóricamente contractual y libre pero en la práctica coercitiva, que obligaba a los ex esclavizados a prestar trabajo bajo condiciones que reproducían, con otro nombre, la sujeción anterior.

La reforma liberal de 1850 había buscado democratizar la propiedad rural suprimiendo obstáculos burocráticos —el mayorazgo, que inmovilizaba la propiedad territorial, había sido suprimido antes, por la Ley del 10 de julio de 1824—, pero no proveyó protección positiva a los campesinos ni a los indígenas. Al ignorar el carácter comunal de la propiedad indígena, dejó a las comunidades expuestas a la pérdida de sus resguardos. La extinción de resguardos, impulsada en la segunda mitad del siglo XIX con el objetivo declarado de generar mano de obra barata, contribuyó a que la aristocracia caucana mantuviera acceso a tierras y a trabajo indígena, prolongando rasgos de la economía señorial más allá de la abolición nominal de la esclavitud.

La hacienda caucana superó las guerras de Independencia, pero entró en la segunda mitad del siglo XIX en profunda crisis: descenso de la producción minera, manumisión de los esclavos, sucesión de guerras civiles. La diferenciación tradicional entre hato ganadero, hacienda de trapiche y hacienda de labranza se acentuó en un proceso de ruralización de la economía regional: menos integración con circuitos amplios de mercado, más autosuficiencia local, más dependencia del control extraeconómico sobre poblaciones campesinas y afrodescendientes vecinas. Hacia finales de siglo, la hacienda Japio en Caloto y otras casas señoriales del norte del Cauca sobrevivían como núcleos de un poder disminuido pero intacto en su lógica.

La huella profunda de la hacienda esclavista neogranadina puede leerse hoy en la geografía humana del Pacífico y del suroccidente colombianos. Los municipios de mayor población afrodescendiente —Buenaventura, Tumaco, Guapi, Timbiquí, Barbacoas, el norte del Cauca— corresponden a los territorios que la trata alimentó y la hacienda ordenó. La marginación estructural de esas regiones, la persistencia de conflictos por la tierra, la dificultad histórica del Estado para llegar allí con derechos plenos, hunden sus raíces en el orden que empezó a construirse con las mercedes del siglo XVII y no se disolvió con la ley de 1851. La libertad, cuando llegó, encontró un país cuyas tierras seguían siendo, en su mayor parte, de los mismos.

De ese Pacífico ordenado por la hacienda y alimentado por la ruta Cartagena–Popayán–Chocó salieron generaciones de trabajadores y músicos que, sin tierra, hicieron oficio del río, del ferrocarril y del sonido. Uno de ellos, Petronio Álvarez —maquinista y compositor, hijo del litoral—, terminó dando su nombre al festival que hoy congrega en Cali a las tradiciones del Pacífico. La ironía es exacta: la música de los descendientes de quienes fueron traídos para trabajar minas y trapiches regresa, tres siglos después, a la ciudad que fue capital del complejo mina-hacienda, a reclamar el sitio que la historia le negó. La hacienda esclavista neogranadina ya no existe como institución. Su geografía, sus jerarquías y sus deudas siguen sobre la mesa.

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En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Valle del Cauca — región donde se consolidó el modelo de hacienda de trapiche y labranza articulado al mercado minero del Chocó
  2. 02Complejo mina-hacienda — sistema de relocalización de cuadrillas esclavas entre minas y haciendas que integró la economía del suroccidente neogranadino
  3. 03Cartagena de Indias — principal puerto de entrada y redistribución de esclavizados hacia haciendas y minas del Nuevo Reino de Granada
  4. 04Popayán — centro urbano y sede de las élites propietarias que controlaban las haciendas esclavistas del suroccidente
  5. 05Compañía de Jesús — orden religiosa que operó las haciendas más sofisticadas y documentadas, como Llanogrande, hasta su expulsión en 1767
  6. 06José Hilario López — presidente que sancionó la abolición de la esclavitud en 1851, liquidando jurídicamente la hacienda esclavista
  7. 07Cimarronaje — resistencia de los esclavizados mediante fuga, que erosionó permanentemente la base de mano de obra de las haciendas
  8. 08Abolición de la esclavitud — proceso jurídico que transformó la hacienda esclavista en otras formas de trabajo forzado y exclusión territorial
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Documentos y fragmentos citados

39 documentos · 63 fragmentos

01Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 461 cita
[1]

vida ha sido nuestra lucha Resistencia y Memoria en el Cauca indígena Las haciendas surgieron en el siglo XVII a causa del nuevo fl ujo de la mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de la tierra a los encomenderos. Parte de esta estructura se ha heredado hasta el día de hoy. Para Fals Borda,…

p. 46
02The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 291 cita
[2]

produced surpluses for the limited regional markets as part of their traditional pattern of cattle raising and agricultural production. In Colombia, as in most Latin American countries, the formation of the haciendas and the peasantry was a long process that can be traced back to the evolution of the colonial agrarian…

p. 29
03Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 5151 cita
[3]

de l aP a i l a s e remonta a ls i g l ox v i, cuando l o s t e r r e n o s comprendidos e n t r e e lr í o Cauca a lo c c i d e n t e, l as i e r r ade l o s P i j a o s a l o r i e n t e,e lr í oBugalagrande a lsury e lzanjón del o sLimones a ln o r t e;fueron adjudi cados por l acorona e s p a ñ o l a,en c a l i d…

p. 515
04Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 691 cita
[4]

mención de los momentos y procesos más P a t í a, d e l a t i e r r a d e n a d i e a l a s g r a n d e s h a c i e n d a s 70 relevantes. En ese orden de ideas, con base en la consulta realizada sobre la hacienda colonial en el valle, podría decirse que sus inicios datan del siglo XVIII. Su nacimiento fue posible…

p. 69
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 241, 2542 citas
[5]

sido muy semejantes a los del valle del Magdalena. En el curso del siglo xvii domin ó en el valle del Cauca el latifundio 266 LA ECONOM Í A Y LA SOCIEDAD COLONIALES, 1550-1800 ganadero con propietarios que resid í an en las ciudades de; Cali, Buga, Caloto y Popay á n. El surgimiento de una nueva frontera mi nera en el…

p. 254
[14]

una alternativa de empleo y de perma nencia en explotaciones agr í colas. Dentro del sistema defensivo del Imperio y la ruta de la Carre ra de Indias, Cartagena goz ó de una situaci ó n estrat é gica que favo rec í a no s ó lo la introducci ó n l í cita de esclavos y mercanc í as, sino que invitaba a su comercio il í…

p. 241
06Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 481 cita
[6]

haciendas del Valle del Cauca se encontraba el 60% de los 16.500 esclavos manumitidos en 1851. La ventaja estructural de la sociedad esclavista caucana frente a la cartagenera radicó en la existencia del complejo mina-hacien- da que, aparte de lo ya señalado sobre su funcionamiento, permitía la relocalización de la…

p. 48
07Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 100, 112, 2643 citas
[7]

el fin del siglo xviii. Según un censo de minas y esclavos hecho en el año de 1759, había en el Chocó 63 minas y otros tantos propietarios que poseían 4.216 esclavos. En el año de 1788 había 18.496 esclavos en el Chocó, Antioquia y Popayán, de acuerdo con la relación de mando del arzobispo virrey, Caballero y Góngora,…

p. 100
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desde finales del siglo xviii para hacer antieconómica la institución de la esclavitud, y que presionaron su abolición, se sumaron los intereses de las potencias colonialistas, especialmente Inglaterra. Con la prolongación de la caza de esclavos durante siglos, los esclavistas tuvieron que adentrarse cada vez más en…

p. 112
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de la otra vida, sino por la real coacción del Estado. El diezmo pesaba fuertemente sobre todos los agricultores tanto pobres como ricos y su supresión por la Ley 20, de abril de 1850, en última instancia favoreció el latifundio. El censo: era una carga patrimonal que gravitaba sobre las propiedades territoriales…

p. 264
08Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 88, 922 citas
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minera, en correspondencia con las actividades productivas como la ganadería y el trapiche. La hacienda era una unidad productiva que favoreció, por una parte, el monopolio de la tierra y, por otra, la fuerza de trabajo. Su nivel tecnológico era bajo y costoso frente a sus factores de producción. La incorporación de…

p. 92
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desde antemano, y muy rudimentariamente, para la especialización en la caña de azúcar en este territorio. Arboleda (1956) considera que “el número de trapiches existentes en el territorio comprendido entre los ríos Bolo y Tuluá era de 126” (pp. 78-79). También se sabe, por los estudios realizados por Vásquez (1995, p.…

p. 88
09Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 42, 50, 836 citas
[10]

de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

p. 83
[11]

de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

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agrícola que salía al mercado, especial- mente panela, aguardiente y tabaco. Pero la presión del mercado sobre la producción de la hacien- da no era lo suficientemente fuerte como para exigir una mayor especialización, por lo que el uso de parte de la tierra monopoli- zada en lotes de pan coger, como equivalente…

p. 50
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agrícola que salía al mercado, especial- mente panela, aguardiente y tabaco. Pero la presión del mercado sobre la producción de la hacien- da no era lo suficientemente fuerte como para exigir una mayor especialización, por lo que el uso de parte de la tierra monopoli- zada en lotes de pan coger, como equivalente…

p. 50
[27]

entregó al cultivo itinerante del maíz y el plátano. La quema continuó siendo el único medio de contra- rrestar la voracidad de las malezas en las tierras húmedas. El régimen de trabajo en las haciendas se vio relajado por las prácticas extensivas de cultivo y pastoreo, tan sólo intensivas en las huertas de los…

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entregó al cultivo itinerante del maíz y el plátano. La quema continuó siendo el único medio de contra- rrestar la voracidad de las malezas en las tierras húmedas. El régimen de trabajo en las haciendas se vio relajado por las prácticas extensivas de cultivo y pastoreo, tan sólo intensivas en las huertas de los…

p. 42
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 66, 722 citas
[12]

consecuencia de la ocupación del trono español por uno de los Borbones, el asiento pasó por unos años a los franceses, nuevos aliados dinásticos. La subsiguiente guerra de sucesión, que duró hasta 1713, no solo arrebató a España sus posesiones europeas, en Italia y los Países Bajos, sino que, por el tratado de…

p. 66
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única mano de obra disponible. El régimen del trabajo evolucionó de una coerción absoluta, que resultaba de transformar en servicios personales la obligación de pagar un tributo, hacia un sistema de conciertos. Como se ha visto, la distribución de la mano de obra disponible se realizaba en los conciertos mediante…

p. 72
11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 150, 154, 1563 citas
[13]

y el predominio económico dentro del marco del desarrollo capitalista mer- cantil. El masivo traslado de la fuerza de trabajo africana a las colonias americanas contribuyó al crecimiento y predominio de países y compa- ñías capitalistas. Si los primeros metales llega- dos a Europa estaban manchados de sudor y sangre…

p. 156
[15]

también se destacaron los funciona- nos, las comunidades religiosas y los artesanos. Durante el asiento de la Compañía de Cacheu, de los 425 compradores 31 adquirieron 10 o más esclavos y solamente uno compró más de 100. Esto hace evidente cierta amplitud de la trata, si bien esos 31 compradores adquirieron el 55.5%…

p. 150
[21]

de las diferentes castas, naciones o países a los distin- tos grupos de esclavos. Lamentablemente, no se han adelantado trabajos sistemáticos en este sentido y las refe- rencias al origen tribal del elemento negro im- portado a la Nueva Granada son muy generales y vagas, sin que hasta el momento se haya con- frontado,…

p. 154
12Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 99, 2602 citas
[16]

per cent). 78 The internal slave trade in New Granada was an extension of the Middle Passage for arrivants like the man now named Joseph. The last line in this entry states: “The name of the baptised is Joseph Antonio.” 79 He had journeyed across the Atlantic Ocean, perhaps after being held for months on a ship…

p. 260
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and Slave Royalists, 104, 105. 108 Echeverri, Indian and Slave Royalists, 104. terms of use, available at https://www.cambridge.org/core/terms. https://doi.org/10.1017/9781009543576.003 Downloaded from https://www.cambridge.org/core. University of Southampton Library, on 02 Oct 2025 at 23:53:04, subject to the…

p. 99
13Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1932 citas
[17]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
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cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

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14The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4701 cita
[19]

also married to a criolla from a noble family, purchased 20 slaves in Carta- gena during the first period of the asiento. 2 In 1726 (on June 26), this time together with merchant Francisco Garcés de Aguilar, he returned to acquire 74 slaves, old and young, for 17,620 patacones. The piezas were brought to Cali by the…

p. 470
15Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 86, 982 citas
[20]

En los siglos xvi y xvii, la m ayoría de esclavos traídos de África eran varones, co n sid erad o s m ás útiles que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. I l i s r c 'K iA D ií C o l o m b i a. I’ a í s i r a g m l n t a i x v s c k t l d a u d i v i d i d a 1 0 1 las m…

p. 98
[41]

e establecim iento de ciudades españolas y hatos ganaderos en el A lto M agdalena desde las prim eras décadas del siglo xvii y la m ás lim itada penetración en los Llanos O rientales d espués de 1660, se extendió bastante el área bajo control español. E l o c c i d e n t e En el lapso transcurrido entre fines del…

p. 86
16Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 97, 109, 1203 citas
[22]

mayor rendimiento. En una de estas instrucciones, se ordenaba que los molen- deros «no maltraten las mulas, teniendo siempre buenos tiros y cojines… y que el trapiche esté siempre bien aseado», que los cargueros «tengan buenos aliños para que no las- timen las mulas, las que han de entregar bien lavadas en la noche, y…

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novios. Las capillas, si bien podían ser austeras en su diseño, en su decorado revelaban la gratitud espiritual de sus propietarios; esculturas de santos y vírgenes, pinturas, copones, candelabros, floreros, estolas e incensarios no faltaban en las ceremonias. Cabe agregar que las hacien- das de las órdenes religiosas…

p. 97
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vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…

p. 120
17Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2361 cita
[23]

211 quema de los ingresos y de los gastos en metálico debía darse en.todas las unidades del mismo tipo, aunque en una escala diferente. Por su parte, cada una de las cuentas de gastos es de por sí bastante expresiva de lo que un historiador francés evoca como «los trabajos y los días» en una hacienda. El Colegio de…

p. 236
18Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 99, 103, 2343 citas
[24]

el del hato de las Cabezas en el mismo año. Julián J o s é Guillen (al parecer, vecino del anriguo pueblo de Cañonegro) era el administrador de las tierras del marqués situadas en la isla de Mompox hacia 1790. Estas personas eran letradas, usaban el título de " d o n " como aparece en los documentos, se sentían…

p. 234
[32]

así: Bioho, el Rey del Arcabuco Una vez con los malibúes y otras tribus exterminadas, subyugadas o acomodadas ante el poder del conquistador español, las tierras más accesibles a los ríos y caños empezaron a ocuparse por blancos y vecinos libres, esto es, personas que no eran esclavas ni estaban sujetas a servidumbre.…

p. 99
[34]

cimarrón; otros se quedaron donde habita- ban, pero actuando como espías en apoyo de Bioho. El palenque de Matuna creció a tal punto que debió darse una organización social y política formal: Bioho fue proclamado " r e y del arcabuco" y la gente eligió en cabildo a sus propias autoridades según mérito y servicio.…

p. 103
19El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 1211 cita
[29]

aquella.<i partes se extienden el ganado y bestia.<i cuanto quieren, porque son del Rey nuestro señor y las poseyeron los extrañados sin más título que su voluntad"". A pesar de ]a.<; imprecisiones en sus lfmires, las principales hacienda.<i jesuitas de Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas y el ganado de las…

p. 121
20Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 cita
[31]

Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…

p. 10
21Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 511 cita
[33]

[54] Las mujeres negras en la historia de Colombia cimarrona, y formó palenque con otros grupos de ne- gros esclavos fugitivos 78. Mujer y familia en los palenques Esclavas o libres, las mujeres negras ingresaron activa- mente en los palenques, el fenómeno de resistencia a la esclavitud que duró tantos años como la…

p. 51
22Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3931 cita
[37]

constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…

p. 393
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[38]

libre» 48. En este contexto, en el valle del Patía, paralelo al avance de la minería y la consolidación de la hacienda ganadera, se dio la apropiación de predios vacíos entre las haciendas ganaderas por familias afrodescendientes alrededor de los platanares, que eran «pequeñas parcelas o unidades económicas domésticas…

p. 38
24Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 citas
[39]

que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
[40]

de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

p. 28
25Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 106, 1152 citas
[42]

La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

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más importante durante la Colonia y la primera parte de la República, marcó el curso de los pueblos indígenas. Es- tos debieron soportar en buena medida el peso del hundimiento 172 Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Primera parte, p. 173. 173 González, Margarita (1979). El resguardo en el Nuevo Reino de Granada.…

p. 115
26Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1321 cita
[43]

como los blancos po- bres, mestizos y mulatos desarrollaron fincas propias medianas y pequeñas dentro de la cultura anfibia regional, y formas de asalariado dentro del régimen señorial. No hubo mayor auge de formas serviles (excepto la esclavitud) en las relaciones sociales 4. Entradas a La Candelaria, Florida,…

p. 132
27Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 3691 cita
[44]

135–36, 139–40, 146–47, 149, 153, 157, 175, 214 Guzmán, Antonio Leocadio, 202–4 Hacendado class: and socioracial con- flict, 16; and Spanish forced re- settlement, 34, 35, 36, 37, 40, 49, 84; and mestizaje, 36; and state control, 42; expansion of land prop- erties, 49–50, 188; and patronage networks, 50–53, 65, 79;…

p. 369
28Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 3691 cita
[45]

135–36, 139–40, 146–47, 149, 153, 157, 175, 214 Guzmán, Antonio Leocadio, 202–4 Hacendado class: and socioracial con- flict, 16; and Spanish forced re- settlement, 34, 35, 36, 37, 40, 49, 84; and mestizaje, 36; and state control, 42; expansion of land prop- erties, 49–50, 188; and patronage networks, 50–53, 65, 79;…

p. 369
29Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1621 cita
[46]

tierra de hacienda, además de vivienda y / o comida. 2. Concierto forzoso. El fin de la esclavitud hizo nacer otro concierto que resultó forzoso, aunque teóricamente pudiera verse como una forma de trabajo libre. La ley del 21 de julio de 1821 que dispuso la libertad de vientres (los hijos de esclavos nacidos a partir…

p. 162
30La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 401 cita
[47]

pero desplazó una gran masa de campesinos hacia las tierras de vertiente. En la segunda mitad del siglo XIX las fuerzas económicas en ascenso coincidían en la necesidad de ampliar el mercado nacional como la primera con dición de un mejor bienestar. Esta premisa llevó a obtener la libertad de los esclavos y la…

p. 40
3130 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 79, 842 citas
[48]

de la verdadera Libertad! CAPÍTULO 10 La piel no tiene color José Hilario López fue presidente en 1850, resultado de una elección disputada. En mayo de 1851, sancionó la ley sobre libertad de los esclavos con la cual puso fin a esta institución inicua. En sus memorias, Salvador Camacho Roldán estimaba que “Las…

p. 79
[51]

siendo admisibles en pago por su valor nominal. ARTÍCULO 19. Quedan derogadas todas las disposiciones contrarias a las de la presente ley, y el Poder Ejecutivo dictará todos los reglamentos y órdenes del caso a fin de que tenga su más puntual cumplimiento. Dada en Bogotá, a 21 de mayo de 1851 El Presidente del Senado,…

p. 84
32Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 81, 842 citas
[49]

no conceder la libertad es una bar- barie; darla de repente es una precipitacion. La li- bertad social tiene ciertos grados y necesita cierta disposicién en los que la reciben para que no sea peligrosa. No se pasa repentinamente de un estado al opuesto sin exponerse a grandes inconvenientes. Por otra parte, los…

p. 81
[50]

resurgieron a to- dos los niveles: provincial, seccional y cantonal. Africa en un mapa del atlas de Blaeuw. El continente africano fue la cantera constante de la que, durante siglos, se sacaron miles y miles de negros para ser condenados a la esclavitud. La captura por parte de los blancos se vio a menudo favorecida…

p. 84
33Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2791 cita
[52]

abolición, con indemnización. Pero solo desde cuando el Estado garantizara el pago de los esclavos que iban a ser liberados. Aprobaron la ley de manumisión, (liberación), que entró en vigencia el 1° de enero de 1852. Cerca de 17.000 esclavos ganaron el derecho a la libertad; ese día se celebró en todo el país. Los…

p. 279
34Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 791 cita
[53]

que tanto bien hizo a la nación bajo la orienta- ción del italiano Agustín Codazzi; se firmó el contrato definitivo para la construcción del fe- rrocarril de Panamá. Como se indicó en otro lugar, el partido conservador, teniendo de fondo el disgusto por la autoderrota del 7 de marzo, decidió iniciar un movimiento…

p. 79
35Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1551 cita
[55]

the new libertos to conform to the economic system and also allowed recruitment to be used as a form of punishment for disobedience. In Caro’s view, the “legislation does not assign the libertos to the army only for being libertos, but [applies] to the libertos that degenerate into vagabonds, that is, the ones…

p. 155
36Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3381 cita
[56]

Considerando que se partía del “estado de ignorancia y degradación moral a que esta porción desgraciada de la humanidad se halla reducida”, precisó la necesidad de “hacer hombres antes de hacer ciudadanos”. Con ello, la liberación de los esclavos tendría que ser un proceso gradual, “como a los que recobran la vista…

p. 338
37Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 92, 1872 citas
[58]

evolucionó hacia el orden señorial pues: había indígenas que, luego de ser asigna- dos a una hacienda, permanecían en ella, prácticamente en calidad de 9 Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, 1810-1930, cit., p. 14. lO Relaciones de mando, cit., p. 8. CO'\;TI'\;UDADES E'\; LA POL!TICA SOCIAL AGRARIA,…

p. 92
[63]

l!BERAL!S:>.!O Y CA:>.IB!O AGRARIO, 1845-1890 La revolución agraria de los liberales en 1850 tendió a buscar la de- mocratización de las propiedades rurales por medios absolutamente negativos, aboliendo las complicaciones y [los 1 obstáculos burocráticos, en vez de suministrar protección positiva a los campesinos. A…

p. 187
38Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2271 cita
[59]

sucesivamente. El mayo- razgo limita colonialmente la libre y necesaria circulación de la propiedad territorial: la inmoviliza. Las vinculaciones, como su nombre lo indica, producían los mismos efectos. La primera reforma de la estructura jurídica de la agricul- tura neogranadina es la eliminación de los mayorazgos,…

p. 227
39La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 3831 cita
[61]

familias más importantes y poderosas del suroccidente colombiano. Gracias a este tipo de vínculos, Arroyo fue elegido varias veces senador, diputado en la Cámara de la provincia de Popayán y su presidente; fue ministro de la Suprema Corte entre 1831 y 1832, y además recibió votos en las elecciones de presidente de…

p. 383