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Idea · Regeneración

Imaginario nacional

Artefacto cultural y político construido entre 1886 y 1930 por un grupo de letrados bogotanos que, amparados en la Constitución de 1886, el Concordato de 1887 y el control eclesiástico de la escuela, fabricaron la imagen que Colombia debía tener de sí misma: una nación católica, hispanohablante y jerárquica. Su arquitectura esencial sobrevivió hasta la Constitución de 1991.

4.284 palabras45 documentos57 fragmentos citados
Imaginario nacional

Trayectoria de una idea

  1. 1863

    Constitución de Rionegro: el orden que el imaginario vino a desplazar

  2. 1871

    Fundación de la Academia Colombiana de la Lengua y codificación del español culto

  3. 1880

    Núñez llega al poder y anuncia la 'regeneración administrativa fundamental'

  4. 1886

    Constitución de 1886: piedra angular del imaginario nacional

  5. 1887

    Concordato con la Santa Sede: la Iglesia como columna vertebral del imaginario

  6. 1910

    Centenario de la Independencia: consagración pública del imaginario

  7. 1914

    Monumento a Cuervo: el gramático consagrado como prócer

  8. 1930

    Fin de la Hegemonía Conservadora: inicio del desmantelamiento del monopolio eclesiástico

  9. 1991

    Constitución de 1991: fin formal del imaginario confesional

03

La lectura

El imaginario nacional colombiano no fue una identidad surgida espontáneamente de la sociedad sino un artefacto deliberadamente construido por un grupo reducido de letrados bogotanos que, desde la Regeneración, ensamblaron constitución, concordato, gramática e historia patria en un sistema coherente de representación nacional. Su poder residió menos en la convicción que generó que en los aparatos institucionales —la escuela católica, el manual de historia, la academia de la lengua— que lo transmitieron durante décadas a una población mayoritariamente analfabeta y étnicamente diversa cuya realidad rara vez coincidió con la imagen proyectada. La paradoja central del fenómeno es que su principal arquitecto intelectual, Miguel Antonio Caro, nunca salió del altiplano bogotano, lo que sus adversarios señalaron como síntoma de la incompatibilidad entre el saber filológico y el conocimiento efectivo del territorio que ese saber pretendía gobernar. Su durabilidad —ciento cinco años de constitución confesional, cuatro décadas de monopolio eclesiástico sobre la enseñanza— no fue la de una identidad interiorizada sino la de un orden impuesto con recursos letrados, eclesiásticos y coercitivos. Cuando la Constitución de 1991 clausuró formalmente su arquitectura confesional, la narrativa de héroes y continuidad hispánica que había formado a varias generaciones persistía aún en los pliegues de la memoria escolar colombiana.

El imaginario nacional colombiano

En el vocabulario político colombiano, "imaginario nacional" no nombra un sentimiento espontáneo ni una herencia recibida del período colonial: nombra un artefacto construido entre 1886 y 1930 por un grupo pequeño de letrados bogotanos que, amparados en la Constitución de 1886, el Concordato de 1887 y el control eclesiástico de la escuela, fabricaron la imagen que Colombia debía tener de sí misma. Catolicismo, hispanidad y lengua castiza fueron las tres columnas de esa fábrica; la Regeneración, su taller; Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez, sus arquitectos principales. El resultado —una nación pensada como comunidad hispanohablante, católica y jerárquica, con sus héroes fundadores, sus manuales escolares, sus monumentos y su gramática— clausuró el proyecto liberal radical de 1863-1878 y sobrevivió, en su arquitectura esencial, hasta la Constitución de 1991. Su durabilidad no fue la de una identidad interiorizada por el conjunto de la sociedad, sino la de un orden impuesto desde arriba con recursos letrados, eclesiásticos y coercitivos sobre un país mayoritariamente analfabeto, rural y étnicamente diverso, cuya realidad rara vez coincidió con la imagen que sus arquitectos proyectaron.

La nación como artefacto: qué es este imaginario

El imaginario nacional regeneracionista no fue una filosofía sistemática expuesta en un libro sino un ensamblaje de instituciones, textos y rituales que operaron sobre varios frentes a la vez. Una constitución centralista que suprimió los Estados Soberanos y los convirtió en departamentos. Un concordato que devolvió a la Iglesia Católica las propiedades confiscadas a mediados del siglo XIX, abolió el divorcio civil y le entregó la dirección de la enseñanza pública. Una gramática —la de Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo— entronizada como norma nacional. Una historia patria escrita en manuales que cohesionaban la herencia española con la vida republicana. Una galería de héroes en bronce que, en 1910, ocupó las plazas de las ciudades. Cada pieza reforzaba a las demás: el aula católica leía el manual hispanizante, el manual celebraba a los próceres que el monumento reproducía en la plaza, la plaza llevaba el nombre castellano que la gramática defendía como norma.

Pesa en la historia de Colombia por dos razones. La primera es institucional: la Constitución de 1886 rigió al país durante ciento cinco años, más que cualquier otro texto constitucional latinoamericano de su época, y su arquitectura confesional se mantuvo prácticamente intacta hasta 1991. La segunda es cultural: los cortes temporales, los héroes y la narrativa lineal fijados en los manuales de historia patria a comienzos del siglo XX se sostuvieron en la enseñanza colombiana durante casi toda la centuria, formando a varias generaciones en un mismo relato de nación. Que ese relato haya sido obra de un grupo tan reducido —y que uno de sus principales artífices, Caro, no saliera nunca del altiplano bogotano— es parte esencial del fenómeno.

Antes de la Regeneración: el radicalismo y su fracaso

El imaginario regeneracionista se define contra aquello que vino a desplazar. Entre 1863 y 1886 Colombia se rigió por la Constitución de Rionegro, un texto federal de raíz radical liberal que consagraba amplias libertades individuales, separaba estrictamente la Iglesia del Estado, dejaba la educación en manos de los Estados Soberanos y hacía del ultra-individualismo el principio articulador del orden público. El proyecto pedagógico de ese período fue explícito. La reforma educativa promovida bajo la presidencia de Eustorgio Salgar propuso escolaridad elemental obligatoria, neutralidad religiosa en la enseñanza y un sistema nacional de instrucción organizado y supervisado por el gobierno central. Las escuelas normales incorporaron métodos pestalozzianos y enseñanza prusiana, basados en la actividad inductiva del alumno y la disciplina del amor reflexivo. La revista La Escuela Normal, creada bajo Salgar, duró ocho años y se convirtió en el eje del movimiento pedagógico más importante de la segunda mitad del siglo XIX.

Las cifras del período radical documentan una expansión efectiva. La matrícula en escuelas elementales pasó de 29.118 estudiantes en 1847 a 60.155 en 1870 y a 83.626 en 1873-74. La proporción de escolares sobre la población total creció del 1,2% en 1835 al 3,0% en 1873. No fue una revolución educativa, pero sí un intento serio de construir un sistema escolar laico y estatal. Ese intento chocó con la Iglesia y con los conservadores, y contribuyó a desencadenar la guerra civil de 1876-1877. El gobierno radical ganó la guerra, pero la victoria fue desastrosa para la educación: se suspendieron clases, se destruyeron libros de texto, las aulas fueron usadas como cuarteles. La matrícula cayó a 71.070 en 1881 —cifra que excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos más—.

Las rivalidades internas del liberalismo hicieron el resto. Los liberales independientes se aliaron con sectores del Partido Conservador para apoyar a Rafael Núñez, elegido presidente por primera vez en 1880. Ese mismo año murió Manuel Murillo Toro, líder radical de larga trayectoria. Núñez llegó al poder anunciando una "regeneración administrativa fundamental" —expresión que él mismo usó y que dio nombre al período—. En un primer momento el programa fue relativamente moderado; el giro autoritario y conservador se aceleró tras el fracaso de la revolución radical de 1885, que entregó a Núñez un poder inmenso y desarticuló la oposición liberal.

Los arquitectos: Núñez, Caro y el pacto letrado-clerical

Rafael Núñez fue el político; Miguel Antonio Caro, el ideólogo. La distinción importa. Núñez, nacido en Cartagena, era hombre de trayectoria compleja: había sido liberal, había vivido en el exterior, tenía sensibilidad pragmática. Caro, en cambio, era un católico ultramontano, hispanófilo y tradicionalista que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá de los confines de la Sabana de Bogotá. Su padre, José Eusebio Caro, había sido uno de los fundadores del Partido Conservador. Miguel Antonio publicó desde joven el periódico El Tradicionista (1871-1872), donde expuso una defensa cerrada del catolicismo, la lengua castiza y la herencia hispánica frente a lo que consideraba las importaciones liberales.

La Constitución de 1886 fue, en su cuerpo doctrinario, obra de Caro. Sus propuestas fueron mayoritariamente acogidas por el Consejo Nacional de Delegatarios, donde su figura tuvo especial relieve, aunque el liderazgo político del proceso correspondió a Núñez. El texto resultante rompió con la Constitución de 1863 en todos los puntos que definían el orden radical. Extinguió la forma federal y convirtió los Estados Soberanos en departamentos. Fortaleció el ejecutivo con un período presidencial de seis años e incorporó el catolicismo como elemento del orden nacional. Restringió el sufragio mediante requisitos de alfabetismo y propiedad, y convirtió en indirectas muchas elecciones antes directas. Incluyó, además, una cláusula transitoria que autorizó al gobierno a regular la prensa y castigar sus abusos hasta que el Congreso expidiera una ley al respecto. Esa cláusula, pensada como provisional, resultó especialmente odiosa para los disidentes políticos en los años siguientes.

El discurso con que Núñez presentó la reforma fue el de la racionalización del Estado frente al caos federal: la Regeneración debía construir una constitución práctica basada en la historia y la experiencia del país, no en principios abstractos o importados. Caro llevó esa premisa más lejos. Para él, la nación colombiana era católica e hispánica por naturaleza, y la tarea del Estado consistía en devolverle esa identidad después del extravío radical. El pensamiento conservador asociado a la Regeneración glorificó a Bolívar como referente de autoridad y reinterpretó el período colonial como ejemplo de orden y gobierno gradual, cuestionando incluso que la Independencia hubiera llegado en el momento adecuado. Fue una reformulación historiográfica de largo alcance: no bastaba con cambiar el régimen; había que rescribir el pasado que lo legitimaba.

El Concordato y la escuela: la Iglesia como columna vertebral

Un año después de la Constitución, en 1887, Colombia firmó con la Santa Sede el Concordato que estableció formalmente el catolicismo como religión oficial. El texto reforzó el control eclesiástico sobre la educación pública en un artículo decisivo, el 12, según el cual en todos los centros de enseñanza la instrucción se organizaría y dirigiría en conformidad con los dogmas y la moral de la religión católica. La Constitución había preparado el terreno: su artículo 41 dispuso que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la religión católica. El Concordato lo institucionalizó como pacto internacional.

El acuerdo también devolvió a la Iglesia las propiedades confiscadas por los gobiernos anticlericales de mediados del siglo XIX y abolió el divorcio civil. En un solo movimiento, la Regeneración restituyó a la Iglesia su patrimonio, su autoridad sobre el matrimonio y su control sobre la formación de la infancia. La Constitución declaró la educación primaria gratuita pero no obligatoria —una diferencia crucial respecto al proyecto de Salgar—, lo que en la práctica dejó a la mayoría de los colombianos al margen de la instrucción mínima y abrió condiciones jurídicas que facilitaron la entrada posterior de congregaciones religiosas al sistema de enseñanza. Escuelas primarias y secundarias bajo dirección de congregaciones católicas se multiplicaron desde finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX.

La visión que sostenía esta arquitectura era explícitamente cristiana: la salud y la educación públicas debían ser dirigidas por la Iglesia con criterios de caridad y conforme a los preceptos religiosos. El monopolio se mantuvo hasta aproximadamente 1930, cuando los gobiernos liberales iniciaron la lenta recuperación de las prerrogativas del Estado en materia educativa. Su duración —más de cuarenta años— hizo del aula católica el espacio donde se transmitió, generación tras generación, el imaginario regeneracionista: la historia patria de manual, los héroes en litografía, la gramática correcta, la moral hispánica.

Hubo, sin embargo, un efecto no previsto por los arquitectos. Al descansar sobre el control del aparato educativo oficial, la Iglesia no desarrolló un aparato propio de evangelización ni se vio impulsada a una labor intelectual sostenida de defensa y reflexión sobre la fe. La ventaja institucional produjo, a largo plazo, atrofia doctrinal. Cuando en el siglo XX el Estado comenzó a retirarle el monopolio escolar, se encontró sin la infraestructura evangelizadora que otras iglesias católicas latinoamericanas habían construido en condiciones de mayor competencia.

La gramática como tecnología política

La segunda columna del imaginario fue la lengua. La Academia Colombiana de la Lengua se fundó en Bogotá en torno a 1871-1872, y en 1872 Rufino José Cuervo publicó sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, obra filológica que fijó los parámetros del español culto colombiano. Cuervo y Caro colaboraron en la elaboración de una Gramática de la lengua latina que se convirtió en obra de referencia. La coincidencia de fechas no es casual: la misma generación que preparaba el terreno ideológico de la Regeneración construía las instituciones que codificarían la lengua como norma nacional.

La gramática fue una tecnología política, no un ejercicio erudito, y así lo percibieron los contemporáneos. Dominar la lengua correcta era dominar la nación; imponer la norma castiza era desplazar los usos regionales, indígenas y populares al lugar de lo incorrecto, lo inculto, lo pre-nacional. Caro, desde la gramática y desde las instituciones, articuló un proyecto político-cultural que tendía a invisibilizar las diversidades étnicas y regionales del país. Su encierro en el altiplano —que sus adversarios subrayaron con dureza— no era anécdota biográfica sino síntoma estructural: la nación imaginada era la proyección de una fracción criolla andina sobre un territorio que sus arquitectos no conocían.

El general Rafael Uribe Uribe, uno de los grandes críticos liberales del régimen, lo dijo con crudeza: Caro, como presidente, desconocía la realidad práctica del país y solo conocía la agricultura por las Geórgicas de Virgilio o la Silva a la agricultura de la zona tórrida de Andrés Bello. La observación no era retórica: apuntaba a la incompatibilidad entre el saber filológico y el conocimiento efectivo del territorio que ese saber pretendía gobernar. Caro fue vicepresidente durante buena parte del segundo período de Núñez y, tras la muerte del cartagenero, ejerció el poder efectivo de la República desde Bogotá.

La consagración pública del proyecto lingüístico llegó tarde y con solemnidad. El 17 de julio de 1914 se inauguró en Bogotá el monumento a Rufino José Cuervo, obra del escultor francés Charles Raoul Verlet, con pedestal contratado meses antes a Pedro Sánchez y Demetrio Vejarano. En la junta promotora se dieron cita el ministro de Obras Públicas Simón Araújo y figuras del mundo letrado —Marco Fidel Suárez, Eladio C. Gutiérrez, Emiliano Isaza, Rafael Pombo—: el Estado y las letras se daban la mano para consagrar al filólogo como prócer. La escena resume la alianza que definió a la Regeneración: la nación no la hacían solo los generales; la hacían también, y sobre todo, los gramáticos.

La historia patria: un pasado seleccionado

La tercera columna fue la reescritura del pasado. La escritura de la historia en el siglo XIX participó activamente, junto a la política, en la creación de la institucionalidad estatal, con énfasis en la unidad nacional. La identidad debía escribirse en relación con un territorio mediante la apropiación semántica de un pasado seleccionado, y los escritos históricos del período pretendían construir un espacio de comprensión homogéneo que instaurara redes de pertenencia y legitimidad comunes sobre la realidad de una sociedad plural.

La reformulación regeneracionista de la historia colombiana fue encabezada por José Manuel Groot, apoyada en José Manuel Restrepo y Joaquín Posada Gutiérrez, y encontró su formulación más elaborada en Miguel Antonio Caro. La operación consistió en pintar la historia como contraste entre la paz colonial y la vida republicana llena de desórdenes, legitimando así el retorno a un orden tradicional. La Colonia dejaba de ser el tiempo oscuro contra el cual la Independencia había liberado a la nación —como sostenía la tradición liberal— y pasaba a ser el tiempo de la paz, la fe y el gobierno gradual que la República había interrumpido con sus experimentos.

El manual escolar que fijó esa visión para varias generaciones fue el de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, obra que trazó y difundió una línea de continuidad con el proyecto regeneracionista: cohesionaba la herencia española del período colonial con la vida republicana y evitaba repudiar a España, contribuyendo a fundamentar una imagen de unidad nacional basada en la continuidad hispanocatólica. Los cortes temporales, los héroes y la narrativa lineal que ese manual estableció se mantuvieron en la enseñanza colombiana durante todo el siglo XX.

La Academia Colombiana de Historia impulsó un proyecto historiográfico orientado a fundamentar una identidad histórica nacional por encima de las disensiones internas, construyendo una imagen colectiva de pertenencia y orígenes comunes. En torno al primer centenario de la Independencia, en 1910, se realizaron conmemoraciones patrióticas, se erigieron monumentos a héroes y escritores, y se desarrollaron las instituciones de la memoria oficial. La exposición del Centenario mostró los logros artísticos, científicos y económicos de la República, incluyó representantes de todas las tendencias políticas y siguió una orientación de optimismo, conciliación e integración que fue bautizada como "centenarismo".

El centenarismo fue construido por un grupo relativamente pequeño —la generación del centenario— y coincidió con un cambio significativo en el paisaje político: el Partido Nacional, la coalición que había sostenido a la Regeneración, había perdido el poder en 1900, y a partir de allí el conservatismo gobernó el país en solitario hasta 1930. Los retratistas de la burguesía colombiana trabajaron bajo la égida centenarista, y el proyecto imaginó una Colombia orientada hacia el progreso, la cultura y la conciliación. La estabilización gradual que la Constitución de 1886 había inaugurado —tras las guerras civiles del período regeneracionista— incrementó notablemente las obras públicas, las construcciones civiles y la transformación urbana. El presidente Rafael Reyes (1904-1909), aunque en tensión con sectores del conservatismo doctrinario, empujó buena parte de esa modernización material.

La red: hispanidad, catolicismo romano y letras

El imaginario regeneracionista se apoyó en una red de referentes que trascendía las fronteras colombianas, y esa red operó según una lógica reconocible: un centro doctrinario en Roma, una tradición cultural en España, una minoría letrada que actuaba de correa de transmisión entre ambas y el resto del país. El hispanismo fue el primer pilar. Los conservadores nacionalistas encontraron su sustento en el pensamiento católico e hispánico y proyectaron esa filiación sobre la lengua, la historia y las costumbres; los liberales, cuya visión del mundo tenía otras fuentes —el republicanismo francés, el utilitarismo inglés, el positivismo—, quedaban por definición fuera de la genealogía nacional que la Regeneración construía.

El segundo pilar fue Roma. El papado de León XIII, que a fines del siglo XIX reactualizó el pensamiento social católico, proporcionó el marco doctrinario que Caro y sus contemporáneos aplicaron con celo local. La Rerum Novarum de 1891 y la reafirmación del tomismo escolar dieron al conservadurismo colombiano un vocabulario dogmático de alcance universal con el que revestir posiciones nacionales. Sobre ese eje romano-hispánico se articularon las variantes regionales del conservadurismo doctrinario: Sergio Arboleda desde el Cauca, Marco Fidel Suárez desde Antioquia, y en Bogotá Rafael María Carrasquilla, rector del Colegio del Rosario, figura eclesiástica central en la formación de la élite letrada del régimen.

El tercer pilar fueron las letras de molde. La prensa fue el principal vehículo de formación política en el siglo XIX colombiano: Núñez publicó La Luz entre 1881 y 1882 para difundir su programa regeneracionista; Caro había hecho lo propio con El Tradicionista una década antes. El periódico era púlpito y aula, no solo tribuna: por él circulaban las ideas que las tertulias, los salones y las academias consolidaban. La república de las letras —expresión que designa el mundo relativamente cerrado de escritores, gramáticos, historiadores y publicistas del período— proveyó tanto los cuadros del Estado como las categorías con que ese Estado se pensó a sí mismo. Cuando esos tres pilares se articulaban en una misma trayectoria personal, como en Caro o en Marco Fidel Suárez, la figura resultante encarnaba por sí sola el régimen.

Del lado liberal, la red era más dispersa y estaba en desventaja estructural. Salvador Camacho Roldán, José María Samper —que oscila entre liberalismo y conservadurismo a lo largo de su trayectoria— y Jorge Isaacs pertenecen al universo intelectual de la generación anterior a la Regeneración o compiten desde márgenes cada vez más estrechos. Rafael Uribe Uribe encarnó, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, la resistencia liberal armada e intelectual contra el régimen, hasta su asesinato en Bogotá en 1914 —el mismo año, por coincidencia densa, de la inauguración del monumento a Cuervo—. Que las dos escenas ocurrieran en la misma ciudad, en los mismos meses, condensa la asimetría del período: mientras el régimen erigía en bronce a su filólogo, la principal figura intelectual de la oposición era asesinada con hachuelas en plena calle.

Los márgenes: raza, territorio y las mayorías invisibles

Todo imaginario nacional dibuja al sujeto que representa y, al hacerlo, decide a quién deja fuera. El de la Regeneración fue explícito en su exclusión. La ideología dominante del período republicano temprano y hasta los años sesenta del siglo XX promovió una ciudadanía homogénea, hispanohablante, católica y patriótica. Ese ideal implicó políticas de incorporación de los indígenas a la población general mediante mezcla biológica y asimilación cultural, y trató la tenencia comunal de tierras —los resguardos— como obstáculo a remover. La Ley 89 de 1890, aprobada por los conservadores, frenó parcialmente ese proceso.

Ese lenguaje racial venía de más atrás y tenía traducción cartográfica. La Comisión Corográfica había asociado a mediados del siglo XIX el republicanismo y el patriotismo con el blanqueamiento y la civilización de ciertas poblaciones —como Charalá—, sugiriendo que la independencia había traído "blancura" a regiones con fuerte presencia indígena. La Regeneración heredó y sistematizó ese discurso: la nación era blanca, andina y castellana; los Llanos, la Amazonía, el Chocó, la costa Pacífica eran márgenes a integrar, no partes constitutivas.

Sobre ese mapa mental se ordenaba la geografía racializada del país. Modernidad, riqueza, poder y civilización se ubicaban en las grandes ciudades del interior blanco y mestizo, especialmente Bogotá y Medellín. Los blancos nativos —descendientes de colonos españoles concentrados en las tierras altas andinas— formaban la clase gobernante y preservaban el idioma, las costumbres y las características físicas de los primeros colonizadores. Las mujeres indígenas quedaban fuera del imaginario nacional de la belleza, siempre imaginadas más allá de la frontera entre lo civilizado y lo primitivo. El proceso colonizador mestizo-blanco proveniente de Antioquia avanzó desde la segunda mitad del siglo XIX sobre las fronteras norte del Cauca, cuyas otras fronteras estaban ocupadas por grupos indígenas y negros que no encajaban en el ideal de mestizaje proclamado por la República.

Las representaciones de los habitantes del territorio en los impresos colombianos del período 1880-1910 se acomodaban a las características de las publicaciones, al público al que se dirigían y a los géneros en que se inscribían. Los informes de misión religiosa, producidos por las congregaciones que trabajaban en los Territorios Nacionales, constituyeron un género propio, reacomodado por la experiencia cotidiana de los religiosos y por los modos de exposición de la labor misional. Entre el centro letrado y sus periferias, los impresos operaron como puente y como filtro. La población colombiana era mayoritariamente analfabeta y estaba dispersa en zonas rurales, de modo que el imaginario circulaba entre quienes ya pertenecían a la nación imaginada; los demás lo recibían, cuando lo recibían, a través del púlpito y del aula católicas.

La coerción como cimiento

Si el imaginario regeneracionista logró estabilizarse, no fue solo por la fuerza de su arquitectura simbólica: fue también, y de manera decisiva, por la coerción sistemática ejercida contra las voces que lo cuestionaban. La cláusula transitoria de 1886 sobre la prensa se convirtió en instrumento permanente de represión. Núñez y Caro, amparados en el principio de "responsabilidad de la prensa", intentaron cerrar el espacio periodístico a quienes disentían del régimen, y la Regeneración sustituyó el pluralismo periodístico del federalismo liberal por publicaciones obtusas y sectarias, con notable decaimiento del número y la vitalidad iconoclasta de los periódicos.

La aplicación de leyes represivas —entre ellas la llamada Ley K— permitió destruir imprentas y desterrar periodistas. El caso del caricaturista Alfredo Greñas y su periódico El Barbero, hacia 1892, es emblemático: Greñas fue encarcelado en el Panóptico de Bogotá, luego confinado en las bóvedas de Cartagena y finalmente desterrado. El clientelismo regeneracionista fue, además, más voraz y excluyente que el liberal precedente porque dispuso de mayores recursos fiscales para sostener su control, y la represión oficial contra la prensa opositora incluyó clausuras frecuentes y destierro de líderes liberales.

El Partido Liberal enfrentó restricciones serias en el acceso al poder político y a las libertades civiles: vetos a su participación en el Congreso, manipulación electoral, represión a la libertad de expresión y limitaciones al sufragio por requisitos de alfabetización y propiedad. No fue una exclusión jurídicamente total, pero el régimen operó de manera sistemáticamente adversa a los intereses y derechos políticos liberales. La persecución político-religiosa se ejercía con mayor brutalidad en pueblos pequeños y zonas rurales que en las ciudades, donde los liberales tenían mayor capacidad de resistencia organizada.

El período comprendido entre 1886 y 1903 estuvo marcado por la intransigencia, la represión y el oscurantismo: tres guerras civiles —culminando en la Guerra de los Mil Días (1899-1902)—, el cierre de la Universidad Nacional y la censura u olvido de obras de ilustrados y librepensadores al margen del poder. La pérdida de Panamá, en 1903, cerró ese ciclo de desastre y obligó al régimen a una reconfiguración —el "quinquenio" de Reyes y luego el centenarismo conciliador—, pero la arquitectura confesional, centralista y letrada permaneció intacta.

Huella: la nación que Colombia heredó

El imaginario regeneracionista sobrevivió a sus artífices con notable durabilidad. El proyecto triunfó políticamente a fines del siglo XIX e instauró las bases de la integración nacional que se mantuvieron incólumes durante casi todo el siglo XX, con la hegemonía del Partido Conservador prolongándose hasta 1930. El control eclesiástico sobre la educación pública se sostuvo cuatro décadas. Los manuales de historia patria conservaron sus cortes temporales, sus héroes y su narrativa lineal durante todo el siglo. La Constitución de 1886 rigió hasta 1991. Cuando la Constituyente redactó la nueva carta, introdujo cambios significativos en la relación entre el Estado y la Iglesia Católica y amplió el reconocimiento del pluralismo religioso, aunque sin producir una ruptura total con las referencias religiosas del Estado. El multiculturalismo instaurado en 1991 reconfiguró el imaginario sobre lo indígena, otorgándole mayor valor simbólico e institucional y generando figuras como la del "indio patrimonial".

La longevidad, sin embargo, no debe confundirse con hegemonía cultural interiorizada. El imaginario regeneracionista fue eficaz como marco institucional y como currículo escolar, pero descansó siempre sobre la marginalización estructural de las mayorías étnicas y rurales que pretendía representar, y sobre la exclusión coercitiva de las voces disidentes. Su nación —hispanohablante, católica, andina, letrada— fue la proyección de una fracción criolla que dominó el aparato estatal y educativo, no la expresión de una identidad compartida por el conjunto del país. Que Caro nunca haya salido del altiplano bogotano y haya, desde ese encierro, dado forma constitucional a la nación colombiana es la imagen más exacta de esa desproporción entre imaginario e imaginados.

La disputa sobre esa herencia sigue abierta. La Colombia de hoy vive todavía en el mapa administrativo que trazó la Constitución de 1886, discute todavía el lugar de la Iglesia en la vida pública, enseña todavía una historia patria cuyos héroes fueron seleccionados en las academias de comienzos del siglo XX, y busca todavía cómo integrar en su relato nacional a los pueblos indígenas, afrodescendientes y periféricos que el imaginario regeneracionista excluyó. La Regeneración no fue, como sus arquitectos creyeron, el descubrimiento de la nación colombiana verdadera. Fue una imagen posible entre otras, impuesta por una minoría de letrados y clérigos con los recursos del Estado y de la Iglesia, y sostenida durante más de un siglo por el aula católica, la gramática castiza y el manual de historia patria; cuando eso no bastaba, por la clausura del periódico opositor.

04

En el archivo

6 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Miguel Antonio Caro — arquitecto ideológico principal; redactó el cuerpo doctrinario de la Constitución de 1886 y articuló desde la gramática y las instituciones el proyecto político-cultural que invisibilizó las diversidades étnicas y regionales del país
  2. 02Rafael Núñez — arquitecto político; llegó al poder en 1880 anunciando la regeneración administrativa, lideró el proceso constituyente de 1886 y aceleró el giro autoritario y conservador tras el fracaso radical de 1885
  3. 03Concordato de 1887 — instrumento jurídico que institucionalizó el catolicismo como religión oficial, entregó la educación pública a la Iglesia y devolvió sus propiedades confiscadas, convirtiéndola en columna vertebral del imaginario
  4. 04Constitución de 1886 — texto fundacional que extinguió el federalismo, centralizó el poder, incorporó el catolicismo al orden nacional y rigió al país durante ciento cinco años
  5. 05Rufino José Cuervo — codificador del español culto colombiano cuyas Apuntaciones críticas y colaboración con Caro convirtieron la gramática en tecnología política del imaginario
  6. 06Academia Colombiana de Historia — institución que impulsó un proyecto historiográfico orientado a fundamentar una identidad histórica nacional, construyendo una imagen colectiva de pertenencia y orígenes comunes por encima de las disensiones internas
  7. 07Manual de Henao y Arrubla — texto escolar que trazó y difundió la línea de continuidad con el proyecto regeneracionista hispanizante, fijando los héroes y cortes temporales que formaron a varias generaciones de colombianos
  8. 08Hispanidad — pilar ideológico del imaginario; los conservadores nacionalistas encontraron su sustento intelectual en el pensamiento católico e hispánico, revalorizando el período colonial y cuestionando el legado del liberalismo radical
06

Documentos y fragmentos citados

45 documentos · 57 fragmentos

01De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[1]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[19]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
02Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 601 cita
[2]

era irrevocablemente liberal. Los acontecimientos de fines de ese año no sólo lo entregaron, ob- jetivamente, en manos de los conser- vadores, sino que lo convencieron de que el radicalismo no debía volver a levantar cabeza. Y los elementos del pensamiento conservador, el autori- tarismo, la utilización del…

p. 60
03Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[3]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
04De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[4]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
[15]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
05Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 26, 1212 citas
[5]

Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
[55]

Radical José María Rojas Garrido, al prociamar la unión liberal y lanzar la candidatura presidencial de Francisco Javier Zaldúa, en abril de 1881: «El partido conservador es el cancer de la República y es preciso extirparlo Ll I-fingnmas unjurmmento solemne: antes que permitir el triunfo conser vador, que no quede…

p. 121
06Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 cita
[6]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
07Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2751 cita
[7]

de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275
08Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[8]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
09Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 35, 1482 citas
[9]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
[57]

Uribe scoffed in an editorial; "among modem men only a Turk could conceive of such a thing!" Uribe Uribe accused the leaders of the Regeneration of reviving the religious question when all other bases of its support were crumbling, and added, as if to convince himself, that the poe ple "no longer hear them and their…

p. 148
10Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5681 cita
[10]

varios ensayos periodísticos, el señor Núñez advir- tió que la Regeneración era un movimiento que tendía hacia la racionalización del Estado y la vida política: «Si mal no comprendemos y apreciamos la situación, es la ver- dad que estamos saliendo de la época de la imaginación para 569 Eíndnice r ístasóe ld te…

p. 568
11Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[11]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
12Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 115, 1192 citas
[12]

nosotros por la inmensidad de las soledades del océano. 4 El general Uribe Uribe se preguntó cómo podía ser presidente de Co- lombia el “académico” Miguel Antonio Caro, quien, por no haber salido del área urbana de Bogotá, no había “podido aprender en Virgilio lo que son las fatigas de una trocha o la navegación en…

p. 119
[30]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
13El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[13]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
14Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1501 cita
[14]

social y pol í tico e ilusionaron a las masas urbanas con una “ ciudadan í a ” irresponsable, con el sue ñ o de la igualdad civil y pol í tica de todos, con la utop í a de un Estado que distribuyera beneficios a los pobres y de una sociedad sin ricos, y hab í an convertido a los esclavos y a sus descendientes…

p. 150
15Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 67, 732 citas
[16]

fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…

p. 67
[22]

mensaje a la asamblea, el gobernador se refería a tales escuelas cristianas como «esperanza segura de recuperación social», mencionando a la vez un mensaje de la asamblea de- partamental que, en 1890, había re- cordado cómo la «instrucción, para que sea sólida y cristiana», tendría que darse en establecimientos…

p. 73
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2701 cita
[17]

la Santa Sede en 1887, dar í an a la Iglesia Cat ó lica el control completo de la educaci ó n por lo menos hasta 1930, é poca en que los gobiernos liberales iniciaron una recupera ci ó n de las prerrogativas del Estado en materias educativas a. MANUAL DE HISTORIA III 279 5 ¡ 1 art í culo 41 de la Constituci ó n de…

p. 270
17Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 891 cita
[18]

carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…

p. 89
18Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3521 cita
[20]

aumentando equi- tativamente cuando mejore la situa- ción fiscal. Esta renta se destinará al auxilio de diócesis, cabildos, semina- rios, misiones y otras obras eclesiásti- cas. En resumen, la Iglesia hace conce- siones sobre sus derechos económicos a cambio del monopolio en el aparato educativo; esto significó un…

p. 352
19Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1281 cita
[21]

amenazaran con abandonar la República. 129 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois Gráfica 18 Fuente: Kalmanovitz, 2012. La República tuvo también una regla de sucesión clara pero sesgada del partido en el poder, con serios proble- mas en los derechos de la oposición, como los vetos a la participación liberal en el…

p. 128
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
[23]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
21Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 133 citas
[24]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
[25]

27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
[27]

44 Capítulo II Institucionalizar el pasado nacional Las pretensiones de los escritos históricos del siglo eran obvias: construir un espacio de XIX comprensión homogéneo que instaurara los elementos donde podrían insertarse las redes de pertenencia y legitimidad que cubrieran por igual a todas las regiones geográficas…

p. 1
22Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1831 cita
[26]

territorio”, de Walter Mignolo, nos confirma que esta relación es sincrónica: el discurso delimita las fronteras geográficas y cronológicas con las que se puede representar y construir una identidad, la cual, por su lado, está siempre situada en relación con un territorio que, a su vez, no es un espacio geográfico,…

p. 183
23Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 322 citas
[28]

que el país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…

p. 32
[29]

país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…

p. 32
24Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 1171 cita
[31]

pasó la imprenta, la más alta dote de la moderna civilización, a la hoja diaria que*constituye una mejora en los círculos polí ticos y comerciales, pero de ninguna manera en los literarios. En éstos, por el contrario, para mejorar se exige menos prisa en la preparación de sus'materiales y términos más largos en su…

p. 117
25Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3501 cita
[32]

Acosta, presidente Se escribe contrato para ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla Jorge Isaacs publica María Se funda la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá 1868 Santos Gutiérrez, presidente Se actualizan la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia 1870…

p. 350
26Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2201 cita
[33]

esa altura y nos sería lícito esperar que la influencia de tales ideas se limitara al respeto de la forma y no alcanzara a obrar sobre la percepción de las cosas. ¡Qué acentos de indignación encuentra Caro para increpar a Quintana su grito generoso, humano, cuando recono- ciendo las crueldades de la Conquista, quiere…

p. 220
27The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 3141 cita
[34]

———. “The Man on Foot: Conscription and the Nation-State in Nineteenth- Century Latin America.” In Studies in the Formation of the Nation-State in Latin America. ed. James Dunkerley, 77–93. London: ILAS, 2001. ———. “Miguel Antonio Caro and Friends: Grammar and Power in Colombia.” History Workshop Journal 34 (1992):…

p. 314
28Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 591 cita
[35]

José Cuervo fue elaborada por el escultor francés Charles Raoul Verlet. El pedestal fue ejecutado, mediante contrato firmado el 4 de abril de 1914, por Pedro Sánchez y Demetrio Vejarano, quien fue contratado el día 20 de mayo de 1914 “para relabrar la loza 1. Pedro María Ibáñez, Crónicas de Bogotá, tomo I, 2ª ed.,…

p. 59
29El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 141 cita
[36]

Nariño con La Bagatela (1811), pasando por Sergio Arboleda y su periódico La Voz Nacional (1884 - 1885), Rafael Núñez y su periódico La Luz (1881 - 1882), Miguel Antonio Caro con El Tradicionista (1871 - 1872), o José María Samper desde El Tiempo (1855 - 1872), cada uno de ellos, por nom- brar algunas de las figuras…

p. 14
30Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1511 cita
[37]

period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…

p. 151
31Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1601 cita
[38]

la segunda mitad del siglo XIX rigieron una escuela normal y una elemental mo- delo, anexa a la normal; introdujeron la enseñanza prusiana y en especial los métodos de enseñanza pestalozziana, que se basaban en la actividad de los alumnos por medio de la inducción y con la disciplina del amor reflexivo. Como sustento…

p. 160
32Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2131 cita
[39]

la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

p. 213
33Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 204, 3202 citas
[40]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
[53]

and republi- canism had just as an important effect on whitening and civiliz- ing the Charalá population as race mixture, much like Acevedo y Tejada had explained in his geography primer from the 1820s. War- fare produced racial whitening because of the patriotism evinced by a region that, despite the marked presence…

p. 204
34Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 501 cita
[41]

Bogotá in 1884 and reprinted in their literature texts for many years after- ward: “Be happy then, Athenians, even when we old ones vainly strain against the rocks to which we’re chained! New Promethians are stealing fire from the gods. Each new conquest of science invigorates the spirits of Colombians. Thus will our…

p. 50
35Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 207, 2462 citas
[42]

es de todas nuestras cosas lo único que encierra verdaderamente el alma y aire de la patria. El granadino que oiga hablar español en Esmirna o Jerusalén sentirá un vivo placer, pero se dirá ¿esa voz es granadina, americana o española? Mas si oyese preludiar un bambuco, gritara, corriendo hacia el músico: ¡es mi…

p. 246
[43]

últimas décadas de la Colonia hasta mediados del siglo XIX. En este periodo se pueden diferenciar cuatro etapas: la primera corresponde al patriotismo naciente, de las sociedades de amigos del país en el periodo colonial 1; la segunda 1 El desarrollo de una conciencia protonacional, que ha sido estudiada desde el…

p. 207
36Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 30, 332 citas
[44]

el que cada nuevo objeto hace necesario un ajuste en la relación imaginada pasado-presente-futuro de los pobladores de la nación y en su ubicación con respecto a un ideal de ciudadano, en los impresos tal representación se adecúa a un orden discursivo o visual que tiene una disposición material concreta dada por las…

p. 30
[45]

del centenario de la Independencia en 1910. Como lo señala Miguel Ángel Urrego, “la coyuntura que representó la Guerra de los Mil Días había desestructurado parcialmente la relación de fuerzas entre los partidos, sin que ello hubiese significado un cambio en los fundamentos del orden político dominante. La guerra…

p. 33
37Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 1141 cita
[46]

y en los embates recurrentes contra «la perversión de lo moderno». Los retratistas de la burguesía trabajan bajo la égida del centenarismo. En 1900 el Partido Nacional pierde el poder en Colombia y comienza a gobernar el conservatismo, definiéndose como el «triunfo de las oli- garquías y del individualismo», mientras…

p. 114
38Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1851 cita
[47]

en su apariencia y los tipos «republicanos» ya se encontra- ban establecidos en las distintas ciu- dades del país. La Constitución de 1886 y el perío- do que inauguró iniciaron en el país un proceso de estabilización gradual co- nocido por los historiadores como la «Regeneración». Es a partir de enton- ces cuando se…

p. 185
39The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 1711 cita
[48]

on August 3, 1851, and Castelli proposed “a magnificent bronze equestrian statue of the type that very few cities in Old Europe can claim, a statue which the people would claim as their own.” 14 His fundraising was Figure 9.1 Statue of Bolívar in Central Caracas Source: Photo by author (2011). T H E EN D O F B O L I…

p. 171
40Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 501 cita
[49]

1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…

p. 50
41Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 571 cita
[50]

lo confor- maban” [Valencia, 1993(b):1]. Ante todo, los de la frontera norte que lindaban con Antioquia y que ya desde la segunda mitad del siglo XIX empezaron a ser ocupados por las avanzadas de los colonizadores mestizos-blancos provenientes de dicha región y competidora del Gran Cauca. En contraste, las otras tres…

p. 57
42Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 2061 cita
[51]

Se trata de fronteras aparentemente flexibles, que dejan la posibilidad de ser cruzadas, aunque dicho cruzamiento no sea tan rápido y sencillo como su retórica haría pensar: frontera entre lo urbano y lo rural, lo rico y lo pobre, por ejemplo. El espacio de la belleza “moderna” es la ciudad, con sus dinámi cas…

p. 206
43Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 311 cita
[52]

“white.” Since immigration from Europe in the nineteenth century had been negligible, the majority of this group were descendents of the origi- nal Spanish colonists. Economic interest and climate had drawn them to the Andean highlands where most had remained because the few Span- ish ports on the coasts, while…

p. 31
44La alteridad radical que cura. Neochamanismos yajeceros en ColombiaAlhena Caicedo-Fernández · 2015 · p. 541 cita
[54]

el imaginario nacional de la indianidad, con sus múltiples facetas, solo puede ser comprendido como un entramado de determinaciones de carácter histórico que hacen que actualmente haya unas imágenes de lo indio social y políticamente más significativas que otras. Exploraremos aquí tres imágenes paradigmáticas de la…

p. 54
45Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 3701 cita
[56]

que Mosquera, Murillo, Zaldúa, los Pérez… y otros muchos personajes, que por lo menos valían tanto como nosotros, no escaparon a la travesura del lápiz, sin que les acome- tiese el menor acceso de gota […]» 297. 296 Se refiere a la marca del aguardiente «Tres Puentes». 297 El Barbero, n. o 5, Bogotá, 24 de abril de…

p. 370