Sabana de Bogotá
“La Sabana de Bogotá es, ante todo, una anomalía: un altiplano ecuatorial donde la lluvia aumenta con la altitud en lugar de disminuir, donde las heladas nocturnas conviven con días de 25 °C, y donde doce mil años de ocupación humana ininterrumpida…”
A 2.600 metros sobre el nivel del mar, en el corazón de la Cordillera Oriental, se extiende una planicie fría, luminosa y anómala que la geografía colombiana ha convertido en el suelo más disputado del país. La Sabana de Bogotá —parte alta de la cuenca del río Bogotá, 4.250 kilómetros cuadrados de los cuales 1.200 son perfectamente planos— es la más meridional y extensa de las tres grandes altiplanicies andinas del oriente colombiano. Sobre ella se ha depositado, capa sobre capa, casi todo lo que Colombia ha sido: aldeas precerámicas del Tequendama, cacicazgos muiscas confederados bajo el Zipa y el Zaque, la primera capital del Nuevo Reino de Granada, haciendas y resguardos coloniales, ferrocarriles decimonónicos, invernaderos de exportación floral y, hoy, el borde devorador de una conurbación de más de diez millones de habitantes. Ninguna de esas capas borró del todo a la anterior: el altiplano las contiene todas, superpuestas y en tensión, sobre la misma base física y demográfica que hace doce mil años ya sostenía vida humana.
Un altiplano fuera de las reglas del trópico
Antes que teatro histórico, la Sabana es una anomalía climática. En el trópico, la regla enseña que la temperatura disminuye con la altitud a razón previsible y que la lluvia sigue patrones altitudinales estables. La Cordillera Oriental, en el sector de sus altiplanos, desobedece esa regla. Entre los 2.600 y los 3.000 metros alrededor de la Sabana, la precipitación aumenta en lugar de disminuir; y en la vertiente oriental, entre Villavicencio y Monterredondo, ocurre lo inverso: la lluvia cae con la altitud. Estas inversiones no son curiosidades de manual, sino condiciones que moldearon todo lo humano que vino después.
La temperatura media de la parte plana ronda los 13,5 °C, con una variación anual inferior a un grado —una isotermia casi perfecta, propia de las tierras altas ecuatoriales—, pero con oscilaciones diarias violentas: en época seca el termómetro puede subir a 25 °C al mediodía y desplomarse a -3 °C antes del amanecer. Las heladas nocturnas son parte del calendario agrícola. La precipitación media anual, unos 850 milímetros, varía enormemente dentro de la misma sabana, y los vientos son moderados. Al sur, el macizo de Sumapaz cierra el horizonte con más de 4.000 metros; al norte, la altiplanicie se comunica con las de Ubaté y otras hacia Boyacá.
Este microclima frío, plano, con suelos derivados de un antiguo lecho lacustre pleistocénico, definió lo que aquí podía cultivarse y lo que aquí podía crecer. La papa, el maíz de altura, la quinua, más tarde el trigo, la cebada y los pastos europeos: nada de lo que vendría después habría sido posible sin estas condiciones. La misma anomalía que permite las heladas nocturnas explica hoy por qué la floricultura de exportación —claveles y rosas que exigen días luminosos y noches frías— encontró en la Sabana su nicho global. La geografía no determina, pero prefigura.
Doce mil años de ocupación humana
La secuencia de ocupación arqueológica del altiplano cundiboyacense se remonta a unos doce mil años. En el sitio del Tequendama I, en el borde suroccidental de la Sabana, la columna estratigráfica y las dataciones de carbono catorce documentan una secuencia precerámica de varios milenios: bandas de cazadores y recolectores que aprovechaban los abrigos rocosos, las lagunas —Herrera, Fúquene, Guatavita— y los bosques altoandinos. Es una de las ocupaciones humanas más antiguas y continuas del territorio colombiano.
Entre esa etapa remota y la sociedad muisca que hallaron los españoles se interpone el período Herrera. Los trabajos de Ana María Cardale en Zipaquirá fecharon su presencia en la Sabana al menos entre el siglo IV a.C. y finales del siglo I d.C. La gente Herrera vivía principalmente de la agricultura, hacía cerámica de decoración predominantemente incisa, y dejó huellas en la laguna de la Herrera, Zipacón, Tequendama, Zipaquirá, Sopó, Nemocón y en los alrededores de Tunja. La transición entre Herrera y muisca no está del todo aclarada: hay continuidad territorial pero también cambios técnicos y demográficos que la arqueología aún debate.
El crecimiento poblacional en los Andes orientales fue desigual y relativamente tardío en comparación con el Alto Magdalena o Tierradentro; sólo a partir de los siglos III y IV d.C. se observa un aumento importante. Desde aproximadamente el año 900 d.C. hasta la conquista española en el siglo XVI, las evidencias arqueológicas se hacen continuas y densas, y en varias regiones esa continuidad se prolonga durante siglos del período colonial. La Sabana, en el momento del contacto europeo, era una de las regiones más densamente pobladas de los Andes orientales.
El orden muisca
La sociedad que encontraron los conquistadores estaba organizada en dos grandes unidades políticas —lo que algunos historiadores han llamado confederaciones— encabezadas respectivamente por el Zipa, con sede en Bacatá (la actual Funza), y el Zaque, con sede en Hunza (Tunja). Ni una ni otra tenían límites plenamente consolidados. Buena parte de su cohesión interna descansaba en vínculos de parentesco entre caciques: los de Bogotá y Chía eran parientes, y relaciones análogas se registran entre Suba y Tuna, Tunja y Ramiriquí, Guatavita y Teusacá, Duitama y Tobasía. El Zipa y el Zaque eran señores nominales con capacidad de imponer tributos y organizar campañas militares, pero territorios marginales —el Tundama, el señor de Sáchica— resistían la plena incorporación.
Lo que sostenía a esta sociedad era una economía de especialización regional y comercio a larga distancia notablemente sofisticada. El Zipa monopolizaba las minas de sal de Zipaquirá, cuyo producto viajaba hasta Neiva y a lo largo del Magdalena. El Zaque controlaba las esmeraldas de Somondoco. Guatavita era centro de orfebrería; el valle del Chicamocha producía coca; el algodón bajaba del piedemonte llanero y de los valles de los ríos Garagoa y Negro; el tabaco venía de Samacá, Icaga y Oicatá. Los principales artículos de exportación —sal, esmeraldas, coca, mantas de algodón— se cambiaban por oro, plumas, aves y yopo en mercados que se celebraban cada cuatro días en los centros comerciales del territorio. Las mantas de algodón funcionaban como principal cuasi-equivalente monetario, sin llegar a constituir un patrón monetario homogéneo; el oro y la sal circulaban ampliamente pero no adquirieron esa función.
La vida ritual era intensa y, para la mirada europea, brutal. Los muiscas practicaban sacrificios humanos: guerreros panches capturados eran flechados sobre un poste durante los festejos de siembra del maíz, entre enero y marzo; niñas eran sacrificadas en los huecos donde se enterraban los postes de las viviendas de los caciques; y existían los moxas, esclavos jóvenes adquiridos en el piedemonte llanero para ser inmolados ritualmente. La guerra muisca, en lecturas historiográficas recientes como la de Carl Langebaek, era una violencia ritualizada más que una empresa expansiva: no parece haber tenido como propósito principal la incorporación de mano de obra ajena ni la subordinación económica de las comunidades vencidas. Esa característica —una sociedad estratificada, mercantilmente vibrante, pero sin un motor de conquista territorial sistemática— explica en parte por qué las fronteras políticas muiscas seguían siendo porosas al momento en que las cruzó el acero español.
La irrupción de 1537
Gonzalo Jiménez de Quesada salió de Santa Marta el 6 de abril de 1536 al mando de una expedición que remontaría el Magdalena y, tras once meses de una travesía brutal por selvas, ciénagas y las serranías del Opón —donde el contingente ya se había reducido a 166 hombres—, llegó a las planicies muiscas a principios de marzo de 1537. Al alcanzar el altiplano, la hueste contaba con unos 170 hombres y unos treinta caballos. Quesada bautizó el territorio Nuevo Reino de Granada, en homenaje a su tierra natal.
La conquista fue rápida por dos razones concurrentes. La primera fue estrictamente militar: las espadas de acero cortaban los escudos y lanzas de madera muisca, y los caballos acorazados devastaban a la infantería nativa. La segunda, más decisiva, fue política: las rivalidades internas entre los señores muiscas —especialmente en la zona del Zipa de Bacatá— permitieron a los españoles atraer aliados indígenas y explotar las fisuras del orden confederado. Sin esos aliados, ciento setenta hombres exhaustos no habrían dominado un territorio de cientos de miles de habitantes.
Apenas consolidada su presencia, Quesada se vio desafiado por dos expediciones rivales que llegaron casi simultáneamente al altiplano: la de Nicolás de Federmán, que ascendía desde Venezuela por los Llanos, y la de Sebastián de Belalcázar, que venía de Quito. Los tres capitanes optaron por no dirimir a las armas la disputa de jurisdicción; el asunto se remitiría a la Corona. El 6 de agosto de 1538, en un primer acto fundacional, se celebró la primera misa y se levantaron doce chozas de paja en el sitio de Teusaquillo: fue el origen de Santafé, designada capital del Nuevo Reino de Granada. Un año después, el 6 de agosto de 1539, Gonzalo Suárez Rendón fundó Tunja en el sitio mismo que había ocupado Hunza, la capital de los zaques. Ambas fundaciones se hicieron sobre la traza y la memoria de los centros de poder muisca: la conquista no borró la geografía política del altiplano, la recodificó.
La vida en la naciente Santafé fue precaria durante décadas. Cuarenta años después de su fundación —hasta hacia 1578— la ciudad careció de servicio médico graduado. Se construía sobre el humedal, se aprendía el frío, se comerciaba con los caciques ahora reducidos a encomenderos, y se importaba trigo, ovejas y caballos que empezaban a transformar el paisaje.
El largo aliento colonial: encomienda, resguardo, hacienda
Durante los tres siglos siguientes, la estructura agraria de la Sabana se organizó sobre tres instituciones sucesivas y superpuestas: la encomienda, el resguardo y la hacienda. La encomienda entregó a los conquistadores el derecho al tributo y al trabajo indígena. El resguardo —establecido principalmente entre 1595 y 1642— concentró en tierras comunales a los indígenas dispersos, con la doble función oficial de protegerlos y de preservar la mano de obra tributaria para la Corona. La hacienda, forma dominante desde el siglo XVII, absorbió tierra y mano de obra en unidades productivas cada vez mayores.
La escala de esta concentración era considerable. Jorge Miguel Lozano de Peralta, marqués de San Jorge, administraba desde 1758 tierras vinculadas —mayorazgos y capellanías— más propiedades personales que sumaban unas 20.000 hectáreas repartidas entre la Sabana de Bogotá, Anolaima y España. Sus haciendas sabaneras combinaban explotación agrícola, ganadera y rentística según el clima, la fertilidad y la ubicación de cada predio. Los arrendatarios estables pagaban en dinero —y a veces en especie, con cargas de harina— por el uso de estancias o parcelas, y esos arriendos constituían una porción significativa del ingreso de las haciendas.
El resguardo, entre tanto, se fue erosionando. La presión tributaria, la voracidad latifundista, el avance de mestizos y colonos, las ventas de tierra decretadas por la Corona y la penetración de la economía monetaria fueron reduciéndolo en un proceso de desposesión que culminó a mediados del siglo XIX, cuando las políticas liberales republicanas remataron la disolución de las tierras comunales indígenas. Al final de ese ciclo, buena parte de lo que había sido resguardo era hacienda, y buena parte de lo que había sido comunidad indígena era peonaje.
Tomás Rueda Vargas, que escribió sobre la Sabana entre 1917 y 1919, describió una estructura social heredada directamente de la encomienda y sostenida hasta entrado el siglo XX: tres estratos —peón, mayordomo, patrón— que sólo empezarían a moverse cuando la caficultura introdujera otros ingredientes en la ecuación. En Cundinamarca y Boyacá, las haciendas agrícolas y ganaderas siguieron descansando sobre una considerable población indígena bajo relaciones principalmente serviles. El valor catastral de la propiedad inmueble en Cundinamarca pasó de 30 millones de pesos en 1863 a 41,3 millones en 1878, con incrementos especialmente marcados en los municipios más latifundistas entre 1879 y 1888: un termómetro elocuente de la concentración de la tierra durante el auge exportador.
El paisaje reescrito: eucaliptos, kikuyo y la europeización del suelo
La Sabana que hoy se recorre no es —en su vegetación— la Sabana muisca ni la colonial. Es un ecosistema profundamente europeizado, resultado de dos siglos de introducciones deliberadas. Los eucaliptos, plantados por primera vez en Bogotá hacia el último tercio del siglo XIX, se sembraron por miles para embellecer la ciudad y remediar la escasez de árboles del altiplano. Hoy funcionan como cercas vivas en gran parte de la Sabana y cubren extensas áreas de los cerros orientales. Los pinos y las acacias reforestaron laderas enteras. El kikuyo, pasto originario del África oriental, desplazó a las variedades nativas y es hoy la superficie verde dominante de las tierras de pastoreo. Ese olor dulzón que sube cuando se desciende de la tierra fría hacia la tierra caliente corresponde, precisamente, a uno de esos pastos introducidos.
Detrás de estas transformaciones hay una visión —progresista en su tiempo— que desdeñaba los sistemas productivos autóctonos y buscaba acercar la naturaleza colombiana a los referentes europeos. El resultado fue una sabana más productiva desde ciertos indicadores agropecuarios, pero también un ecosistema más pobre en especies nativas, con humedales desecados, bosques altoandinos reducidos a fragmentos y una hidrología profundamente alterada. El origen mismo de las sabanas colombianas es objeto de debate: para algunos son formaciones naturales condicionadas por factores edáficos o de inundación; para otros, son el resultado de siglos de tala y quema que sustituyeron los bosques originales por vegetación herbácea. En la Sabana de Bogotá, probablemente, ambos procesos operaron en tiempos distintos.
Carbón, rieles y la primera industria
En la segunda mitad del siglo XIX, el altiplano cundiboyacense empezó a articularse económicamente por una infraestructura nueva: el ferrocarril. Sus rieles conectaron los enormes yacimientos de carbón de la Sabana y el vecino altiplano de Boyacá con el sector industrial que empezaba a formarse en Bogotá. El Ferrocarril de la Sabana existía como línea operativa al menos desde 1885, cuando registraba 27 kilómetros; en 1888 recibió en préstamo la locomotora Santander —una Porter 0-4-2 que había pertenecido al Ferrocarril de Puerto Wilches, liquidado ese mismo año—. A esa red se sumaron las líneas de Cundinamarca, Norte, Sur, Oriente y Nordeste, que fueron tejiendo un mapa de comunicaciones ferroviarias sobre el altiplano.
Las condiciones físicas favorecían el proyecto. A diferencia del resto del país, donde muchas rutas montañosas eran prácticamente intransitables para cargadores humanos durante la temporada de lluvias, las vías de la Sabana eran relativamente planas y permitían el tránsito de coches —aunque sólo después de 1850—. El volumen de tráfico potencial era considerable: el acarreo de papas dentro de la Sabana representaba más de 600.000 cargas anuales, doce veces el comercio exterior de todo Cundinamarca; se estimaba que el maíz y la miel de los valles de Bogotá y del Apulo generarían al menos otras 500.000 cargas anuales para el ferrocarril de Girardot, diez veces el mismo comercio exterior. Estas cifras, que hoy parecen contabilidades menores, revelan una economía interna densa y todavía mal servida.
El ferrocarril transformó a pequeños municipios en polos de suministro de insumos para la naciente industria bogotana. Las herrerías de Samacá y de La Pradera, las fábricas de cemento y las obras urbanas de la capital dependieron del flujo constante de hierro y carbón que llegaba por rieles desde el altiplano. Fue la primera vez que la Sabana funcionaba como periferia productiva de un centro industrial-urbano en su propio interior. Antes, la ciudad y sus haciendas habían compartido el mismo tejido señorial; a partir de fines del siglo XIX, empezaron a comportarse como núcleo y hinterland.
Del clavel de exportación a la conurbación
En el siglo XX, sobre esta base ya organizada por siglos de hacienda y décadas de infraestructura ferroviaria, se depositó una capa nueva: la agroindustria de exportación. Las haciendas fueron reemplazadas, en gran medida, por cultivos de mayor rentabilidad —la floricultura sobre todo— o subdivididas y vendidas para urbanización. El eje Bogotá-Sabana Centro —Tocancipá, Chía, Cajicá, Nemocón, Tabio, Cota, Zipaquirá— se consolidó como zona de complejos agroindustriales, industriales y mineros. Ese mismo eje se prolongó hacia el norte hasta el distrito industrial de Duitama y el complejo turístico de Paipa en Boyacá, extendiendo el altiplano cundiboyacense en una franja continua de producción moderna.
La floricultura, cuya expansión definitiva comenzó en los años setenta, encontró en la Sabana condiciones únicas en el mundo: la isotermia de 13,5 °C, los días luminosos, las noches frías, la disponibilidad de agua y una mano de obra rural numerosa. Colombia se convirtió en pocas décadas en uno de los principales exportadores de flores cortadas del planeta, y el altiplano en su epicentro productivo. La industria emplea de manera destacada a mujeres rurales —uno de los grupos más desaventajados del centro del país— y ofrece empleo y una forma de comunidad laboral en un contexto de recesión económica e inestabilidad política. Los invernaderos que hoy cubren miles de hectáreas al norte y occidente de Bogotá son la última encarnación de una economía que sigue descansando sobre la concentración de tierra plana y mano de obra abundante, aunque bajo relaciones de producción radicalmente distintas a las de la hacienda: contratos formales, ritmos de mercado global, exigencias fitosanitarias internacionales. La continuidad territorial no implica continuidad social.
En paralelo a la agroindustria, la Sabana experimentó desde mediados del siglo XX un proceso de metropolización acelerada. La región Centro —Bogotá y Cundinamarca— concentra hoy la mayor proporción de población urbana del país. Municipios que a comienzos del siglo XX eran pueblos agrícolas —Chía, Cajicá, Cota, Mosquera, Funza, Facatativá— son hoy piezas de una conurbación difusa que crece sobre suelos que fueron haciendas y, antes, resguardos, y antes, aldeas muiscas.
Este crecimiento genera tensiones que se han manifestado políticamente. Varios municipios de Cundinamarca han protestado por deficiencias en el suministro de agua (Empocundi) y energía (Electrificadora de Cundinamarca), y por la falta de pavimentación de las vías que los interconectan entre sí y con Bogotá. Municipios que albergan hidroeléctricas en su territorio se han enfrentado a Codensa por la actualización de cobros a usuarios que nunca habían pagado el servicio —atribuida a negligencia de la Empresa de Energía de Bogotá— y contra el anuncio de eliminar las exenciones tarifarias que les correspondían por acoger la infraestructura energética. Alcaldes y concejales han encabezado esas movilizaciones. Son conflictos que revelan un altiplano cuya integración física no ha resuelto la asimetría económica entre Bogotá y su corona municipal.
Los instrumentos de planificación territorial no siempre están a la altura de esa complejidad. Los planes de ordenamiento territorial (POT) muestran una lógica orientada, al menos en parte, al beneficio social; los planes de ordenación y manejo de cuencas (POMCA) buscan usar el agua como vínculo entre lugares, pero su formulación y cumplimiento son enormemente complejos por la cantidad de actores involucrados. Los municipios tienden a diseñar sus lineamientos como si las condiciones de supervivencia de cada uno estuvieran restringidas a su propio territorio, ignorando las escalas espaciales y temporales mayores en las que efectivamente se juega el destino de la Sabana: la cuenca del río Bogotá, la conurbación, el ecosistema altoandino. El resultado es un altiplano políticamente fragmentado en municipios-isla sobre un territorio que la geografía piensa como una sola planicie.
La red que atraviesa la Sabana
Ningún relato sobre este altiplano prescinde de las figuras que lo pensaron y lo describieron. Gonzalo Jiménez de Quesada fue el primer redactor europeo del territorio, y también su primer nombrador: al llamarlo Nuevo Reino de Granada lo insertó en una geografía imaginaria peninsular. Los zipas —Nemequene primero, Tisquesusa cuando llegaron los españoles— encarnaron el orden político que la conquista desmontó. Dos siglos y medio después, José Celestino Mutis dirigió desde Mariquita y luego desde Santafé la Real Expedición Botánica, que catalogó por primera vez con método científico la flora del altiplano. Alexander von Humboldt visitó la Sabana en 1801 y midió sus alturas, sus temperaturas, su magnetismo; su paso ancló el altiplano en la red científica atlántica. Agustín Codazzi lo cartografió a mediados del siglo XIX en el marco de la Comisión Corográfica, dejando los mapas que sirvieron de base a la administración republicana. Rufino José Cuervo, nacido en la Sabana, hizo de su lengua un objeto de estudio filológico universal.
Los lugares tienen su propia densidad: Bacatá, hoy Funza, la antigua capital del Zipa; Zipaquirá con sus minas de sal, primero muiscas, luego coloniales, hoy catedral subterránea; Chía consagrada a la luna en la teología muisca; Facatativá con las Piedras del Tunjo y sus pictografías; Cota, Tenjo, Sopó, Cajicá, Mosquera; el Salto del Tequendama por donde escapa el río Bogotá hacia el Magdalena; la laguna de Guatavita, donde el cacique cubierto de oro se sumergía y de donde nació el mito de El Dorado; los humedales de La Conejera, Jaboque, Tibabuyes, últimos vestigios del sistema lacustre que cubría la Sabana antes de las desecaciones coloniales y republicanas; los cerros orientales con sus eucaliptos importados.
Un palimpsesto asimétrico
La Sabana de Bogotá es, en último término, un palimpsesto: un texto escrito una y otra vez sobre el mismo soporte, donde las capas nuevas nunca borran completamente a las anteriores. Bajo las urbanizaciones de Chía se adivinan las haciendas coloniales; bajo las haciendas, los resguardos; bajo los resguardos, los cacicazgos muiscas; bajo los cacicazgos, las aldeas del período Herrera; bajo Herrera, los abrigos rocosos del Tequendama. Bajo los invernaderos de rosas, la papa colonial; bajo el ferrocarril, los caminos de mercado muiscas.
Pero es un palimpsesto asimétrico. Cada capa se depositó por impulso exógeno: la conquista española, la modernización ferroviaria, la agroindustria floricultora, la metropolización. Cada una reutilizó lo que encontró —la geografía plana, la mano de obra concentrada, las rutas de comercio— para instalar formas nuevas de extracción. La continuidad territorial no debe confundirse con la continuidad social: la mujer que trabaja hoy en un invernadero de claveles en Madrid o Facatativá no es la descendiente directa, en ninguna línea sociológica lineal, de la mujer muisca que tejía mantas en Bacatá, ni de la india tributaria del resguardo colonial, ni de la peona de la hacienda republicana. Cada régimen productivo cortó y recompuso a los actores sociales según su lógica.
Lo que permanece —lo que hace del altiplano un palimpsesto y no una serie de escenas inconexas— es la constante estructural: un territorio físicamente óptimo (plano, templado, hídrico, densamente poblado) donde cada nuevo impulso económico encuentra las condiciones para instalar rápidamente una forma nueva de concentración. La Sabana no es un paisaje pasivo que las historias sucesivas ocuparon: es un dispositivo geográfico cuya combinación de altitud, isotermia y llanura la ha vuelto irresistible para cualquier proyecto productivo. Esa es su fortuna y su condena. Ha alimentado civilizaciones, capitales, industrias y exportaciones; a cambio, ha ido perdiendo humedales, bosques, pastos nativos, cauces limpios, resguardos y —en el último medio siglo— la cohesión política de su propia región, fragmentada hoy entre Bogotá y una veintena de municipios que negocian por separado con la metrópoli.
La Sabana sigue ahí, a 2.600 metros, con sus heladas de madrugada y su luz de mediodía, con el río Bogotá cargado de la basura de nueve millones de personas descendiendo hacia el Magdalena por el Salto del Tequendama. Debajo de todo eso, la planicie geológica que hace doce mil años recibió a los primeros cazadores del Tequendama. Ese suelo no ha terminado de ser escrito.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
38 documentos · 54 fragmentos01Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 315, 3332 citas
[1]y 2. 600 msnm, es decir, en la tierra fría. Existen en la Cordillera Oriental tres grandes altiplanicies y numerosas pequeñas; la de Bogotá es la más meridional, y la más extensa, lin- dando con el macizo de Sumapaz en el sur. Abarca ella la parte alta de la cuenca del río Bogotá con un total de 4. 250 km 2, de los…
p. 315
[44]más rica, siendo comunes muchas especies que hoy 334 Eíndice Grst nutrientes del suelo) del lugar. Para otros, donde en la ac- tualidad hay sabanas existieron bosques, pero debido a la tala y quema constantes, la vegetación arbórea fue susti- tuida por una herbácea. Creemos que en esta polémica sobre el origen de las…
p. 333
02Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 135, 1422 citas
[2]de transición entre la parte árida en el sur y la húmeda y selvática en el norte, sólo favorece aquí con humedad las vertientes más altas de las cordilleras limitantes. La vertiente oriental de la cor- dillera es más corta y abrupta con profundos valles trans- versales de erosión y con escaso espacio para asiento del…
p. 135
[3]Oriental y alrededor de la sabana. Así, por ejemplo, se ob- serva aquí, en el piso altitudinal entre 2. 600 y 3. 000 msnm, un considerable aumento de la precipitación, en vez de la pronosticada disminución. Además, entre Villavicencio y Monterredondo (1. 400 m), la pluviosidad disminuye cuando, según la regla…
p. 142
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 37, 402 citas
[4]nieves perpetuas y páramos interminables a la vista, conviven el frailejón, el cañizo y el romero en absoluta quietud y en un silencio que solo se altera con el sobrevuelo del águila. Allí, colchones de musgo, que actúan como esponjas de la naturaleza, gota a gota forman los ríos que marcan la geografía y la historia…
p. 37
[50]lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…
p. 40
04Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 1822 citas
[5]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[6]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
05Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 101, 1412 citas
[7]en Colombia se re- monta a varios milenios más allá de la fecha obte- nida en este sitio. Pero esta es una cuestión que sólo podrá ser resuelta por futuras investigaciones ar- queológicas.. El sitio del Teguendama La contiruidad de los trabajos arqueológicos durante el año 1971 dio como resultado nuevos ha- llazgos…
p. 101
[8]laguna de la Herrera, Zipacón, Tequen- 114 Dibujo explicativo de los diferentes tipos de cerámica muisca. Entre esas variadas formas había piezas de simple utilidad doméstica y otras de uso ritual, como copas, múcuras y figurillas. dama, Zipaquirá, Sopó y Nemocón, y hacia el norte del altiplano en los alrededores de…
p. 141
06Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 297, 3762 citas
[9]de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…
p. 376
[21]una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…
p. 297
07Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 781 cita
[10]resto de regiones investigadas. De hecho, onjunto de estimativos de población mencionados sugiere que ción a la llegada de los españoles era más densa en ciertos tre s del sur y del occidente del país que en varias regiones de los S s orientales. La población del Bajo Magdalena parece haber nenor que la de la Sabana…
p. 78
08Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 33, 1352 citas
[11]favorita de los cronistas (Aguado /1581/ 1956, I: 259). En nuestra opinión, al menos parte de la explicación a la formación de unidades políticas que trascendían la comunidad independiente debe buscarse en los vínculos de parentesco. Según los datos de archivo, en efecto, es posible identificar que, al interior de sus…
p. 33
[18]que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…
p. 135
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 762 citas
[12]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…
p. 52
[27]el 6 de agosto de 1538, como la fecha de funda- ción es decir, unas semanas después del reparto del botín. En la documentación sólo consta la La conquista del territorio y el poblamiento 83 fundación durante ese mismo año de la ciudad de Vélez, pues el 13 de agosto estuvo en ella Jiménez de Quesada, quien recibió…
p. 76
10Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3321 cita
[13]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…
p. 332
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 281 cita
[14]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…
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12Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[15]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
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[16]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
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13Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1251 cita
[17]Muequetá. Con dicho vocablo se le trataba lo mismo que a su gente. Las delimitacio- nes, en cambio, diferenciaron sus fronteras étnicas: al suroeste con Tunja, al norte y sur con los sutagaos y al sureste con los panches. A pesar de que Simón pretende orientar al lector desde la geografía de la conquista, confunde la…
p. 125
14Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 37, 452 citas
[19]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…
p. 37
[22]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
p. 45
15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 431 cita
[20]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…
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16Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 221 cita
[23]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
p. 22
17Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 1341 cita
[24]la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…
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18Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 631 cita
[25]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…
p. 63
19Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[26]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
p. 101
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 671 cita
[28]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…
p. 67
21Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 341 cita
[29]h E r A n d E A n C o n Q U E S t | 1 to Jiménez in exchange for Spanish military assistance, it was not to launch a campaign against Tunja but rather to fight against Bogotá’s real enemies, the Panches. Until more convincing evidence emerges, the common perception that the conquest of Muisca territory was facilitated…
p. 34
22Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 379, 3822 citas
[30]a n a, fundado en t i e r r a sde Bosa por uno de s u s a n t e c e s o r e s a f i n e s d e l s i g l o x v i i; y e lmayorazgo de Tarazona, en España, fundado por su a b u e l o, e loidor J o r g e Lozano, a mediados d e ls i g l o xvm. En s u conj unto, l a st i e r r a svinculadas que r e c i b i…
p. 379
[31]al a renta de la tierra, é s t aprocedía d e larrendamiento p a r c i a lde l aha c i e n d a.E s t ar e n t ad e ls u e l otambién r e v e s t í ados formas: en l ofundamental s et r a t a b a de r e n t aen d i n e r o,pero en algunosc a s o ss epagabaen e s p e c i eo combinada l a sformas d i n e r o - e s p e c i…
p. 382
23Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 481 cita
[32]indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…
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24Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 citas
[33]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…
p. 3
[34]existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…
p. 3
25Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 321 cita
[35]dera movidos por bue yes o mulas y de sperdiciaban mucho jugo. En las haciendas cundibo yacenses de predominio ga nadero fueron introducidas nuevas variedades de trigo y papa, pero la producti- vidad era muy baja; se trillaba haciendo correr bestias de carga sobre montones de trigo segado. Después de 1870 aparecieron…
p. 32
26El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 1531 cita
[36]forzarlo a participar en luchas que no son las suyas y que por principio no entiende. W. J. Dickson al Marqués de Salisbury, Bogotá, 18 de octubre de 1888 Divídese la Sabana, y así ha sido desde que se creó la Encomienda, en tres clases, que de abajo a arriba son: el peón, el mayordomo y el patrón. La primera es de…
p. 153
27Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1701 cita
[37]por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…
p. 170
28Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 2991 cita
[38]of the eighteenth century, as is documented by C. Pardo Umana, Haciendas de la Sabana: su historia, sus leyendasy tradiciones (Bogota, 1946). According to the British Consul in Bogota, 'An idea seems to prevail [on the plain of Bogota] that an increased production would only tend to lower the prices, and would be of…
p. 299
29Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 70, 734 citas
[39]lo tanto desdeñados por esa visión progresista. En este proceso de euro - peización y modernización de los sistemas productivos se transforma la natu - raleza del territorio. Hoy en día es imposible pensar en la sabana de Bogotá sin los eucaliptos que sirven en muchas partes de cercas vivas o que están en gran - des…
p. 70
[40]lo tanto desdeñados por esa visión progresista. En este proceso de euro - peización y modernización de los sistemas productivos se transforma la natu - raleza del territorio. Hoy en día es imposible pensar en la sabana de Bogotá sin los eucaliptos que sirven en muchas partes de cercas vivas o que están en gran - des…
p. 70
[42]de su uso sostenible, donde actores individuales, en este caso los municipios, diseñan sus lineamientos sin tener en cuenta otras escalas espaciales y temporales, co - mo si las condiciones de supervivencia del municipio estuvieran restringidas únicamente a los ecosistemas y procesos socioeconómicos que se encuentran…
p. 73
[43]de su uso sostenible, donde actores individuales, en este caso los municipios, diseñan sus lineamientos sin tener en cuenta otras escalas espaciales y temporales, co - mo si las condiciones de supervivencia del municipio estuvieran restringidas únicamente a los ecosistemas y procesos socioeconómicos que se encuentran…
p. 73
30Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en BogotáRosa Carnegie-Williams · 2017 · p. 1101 cita
[41]son exce- lentes, fueron los primeros en ser plantados en Bogotá, hace sólo quince años, y son mejor conocidos como Eu- calyptus globulus. Embellecen toda la ciudad, y ahora se siembran por miles, agregándole un rasgo agradable a la sabana escasa de árboles. 111 Uí ndi cí eir Aíscr i Atcíaóonr sc óín ensu cí Bipial…
p. 110
31Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1041 cita
[45]de una nueva infraestructura acorde con los nuevos tiempos. Por una fortuna geológica, la región del altiplano cundiboyacense posee enormes yacimientos de carbón, que a través de las líneas ferroviarias de la Sabana y Cundinamarca (además de las líneas del Norte, Sur, Oriente y Nordeste, descritas en páginas…
p. 104
32Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 131 cita
[46]pro- fesiones, captaron un flujo poblacio- nal, se constituyeron en centros de mercados de bienes y fuerza de tra- bajo y de este modo coadyuvaron a la complejidad de la vida económica y social, e) La economía cafetera per- mitió la formación de nuevos grupos sociales que tuvieron incidencia nota- ble en los…
p. 13
33Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 671 cita
[47]de las instalaciones, con el agravante de que ninguno de ellos se cumplió. Para tratar de revitalizar el pro- yecto, Puerto Wilches fue elevado a municipio en 1887 105, sin que esto tuviera efectos sobre la obra. El20 de mayo de 1888 se oficia- lizó el fracaso del proyecto con la orden del gobernador Vicente…
p. 67
34Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 3451 cita
[48]los ferrocarriles en el caso de los Estados Unidos 1. l. EL SISTEMA DE TRANSPORTES EN 1850 A mediados del siglo XIX muchas de las principales rutas terrestres del país debían ser transitadas por cargadores humanos (tercios), en razón de que su mal estado impedía el paso de mulas u otras bestias de carga. Durante…
p. 345
35Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 371 cita
[49]Alto Magdalena. Tiempo es ya de prescindir de esa preocupación fu- nesta que va imperado en nuestro espíritu, de que sólo merecen protección decidida las vías del comercio exte- rior, juzgándose que sólo este puede suministrar grandes y valiosas masas al tráfico de los ferrocarriles. El humilde producto del carbón…
p. 37
36Assembling Flowers and Cultivating Homes: Labor and Gender in ColombiaGreta Friedemann-Sánchez · 2006 · p. 32, 372 citas
[51]since the seventeenth century. The definition of hacienda that best encompasses most of its characteristic elements comes from Eric Wolf and Sidney Mintz (1957a): “An agricultural estate, operated by a dominant landowner and a dependent labor force, organized to supply a small market by means of scarce capital, in…
p. 37
[52]understanding of the national context. In a country that suffers from an intense economic recession, the flower companies offer hope. Not only do they provide jobs and community for many families, they employ one of the most disadvantaged groups in central Colombia: rural women. In addition, they provide a sense of…
p. 32
37Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 1961 cita
[53]importancia tanto en el area como en la produc- cion, dejando espacio al surgimiento de cultivos nuevos como las flores, el sorgo, la palma afri- cana, las hortalizas y las frutas, entre otros. Buena parte de esta variacién respondio a los cambios en la poblacion colombiana y a las mejoras en el Evolucion de la…
p. 196
3825 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1161 cita
[54]por Empocundi y Electrificadora de Cundinamarca y para exigir la pavimentación de la via que interconecta 116..................................................................................................... MOIIhoCeO/ioGorclo V. a estos municipios y a éstos con la capital. La última acción registrada. en la que…
p. 116