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Biografía

José Manuel Groot

Nueva Granada

1800–1878

17 min de lectura27 documentos
Nacimiento1800
Fallecimiento1878
RolesHistoriador · Pintor costumbrista
Lugar principalColombia
Período históricoNueva Granada1831–1862
03

La biografía

En la Bogotá del siglo XIX, José Manuel Groot (1800-1878) fue a la vez pintor de acuarelas y pasteles, cronista costumbrista de las calles santafereñas, colaborador tenaz de la prensa católica y, sobre todo, autor de la Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada (1869). Su nombre suele evocarse como el del historiador que devolvió a la Colonia un lugar honroso en la memoria nacional después de medio siglo de retórica independentista. Desde la pluma y el pincel, tramó una narrativa en la que catolicismo, herencia española y orden social se sostenían mutuamente. Esa ecuación, forjada en la polémica contra las reformas liberales de 1850-1853, se convertiría con el tiempo en el sedimento argumental del proyecto regeneracionista de las últimas décadas del siglo. Pero Groot no fue solamente un doctrinario: participó en la Comisión Corográfica dirigida por Agustín Codazzi, retrató con humor caricaturesco a los tipos callejeros de la sabana, cultivó una prosa costumbrista que declaraba sin rubor que "la belleza no pinto", y dejó una obra plástica dispersa que hoy se mira con la misma curiosidad que sus tomos de historia. Su figura, por eso, resiste tanto la hagiografía conservadora como la caricatura liberal: fue un hombre atravesado por las tensiones de su siglo.

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Línea de vida

  1. 1800

    Nacimiento en Bogotá

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    Nació en Bogotá en el crepúsculo del orden colonial, en el seno de una familia de descendientes de holandeses con propiedades en Sutatá, en la sabana de Bogotá, plenamente asimilada a la aristocracia local.

  2. 1840

    Primeros años como costumbrista y pintor

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    Se dio a conocer en las décadas de 1830 y 1840 como pintor de acuarelas y pastel y como uno de los primeros costumbristas del país, retratando con humor caricaturesco tipos callejeros de la sabana bogotana; declaró en una poesía que 'la belleza no pinto'.

  3. 1850

    Participación en la Comisión Corográfica

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    Se integró como pintor a la Comisión Corográfica dirigida por Agustín Codazzi, empresa científica iniciada en 1850 bajo el gobierno liberal de José Hilario López, aportando su destreza en acuarela al registro visual del territorio neogranadino.

  4. 1850

    Colaborador de la prensa conservadora y católica

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    Fue colaborador permanente del semanario El Granadino en los años 1840 y subsiguientes, y participó en publicaciones conservadoras como La Civilización, fundada por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, en respuesta a las medidas anticlericales del gobierno liberal.

  5. 1853

    Polémica contra la separación Iglesia-Estado

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    Respondió activamente desde la prensa conservadora a las reformas anticlericales de 1850-1853, que incluyeron la expulsión de los jesuitas, la separación formal entre Iglesia y Estado y la tuición civil sobre el culto, defendiendo que la religión y un Estado fuerte eran garantías necesarias del orden social.

  6. 1869

    Publicación de la Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada

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    Publicó su obra mayor, considerada una de las obras históricas más prominentes del siglo XIX colombiano, en la que reivindicó el legado español y el papel de la Iglesia durante la Colonia, presentando ese período como tiempo de orden y avance gradual frente al desorden republicano.

  7. 1878

    Muerte en Bogotá

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    Falleció en Bogotá en 1878, dejando una obra plástica dispersa y una historiografía conservadora cuya influencia ideológica se prolongó en el proyecto de la Regeneración y en la historiografía académica del siglo XX.

Un bogotano de la primera hora republicana

Groot nació en Bogotá en 1800, en el crepúsculo del orden colonial. Su familia, descendiente de holandeses, tenía propiedades en Sutatá, en la sabana de Bogotá. Los terrenos del área de Chapinero, que con el tiempo darían forma al primer ensanche moderno de la capital, se recuerdan en las Crónicas de Bogotá como haciendas asociadas a las familias Carbonell y Groot: señal del arraigo sabanero de un apellido que, pese a su origen extranjero, se había asimilado plenamente a la aristocracia local antes de la Independencia.

La ciudad en la que Groot pasó su infancia era todavía Santafé: una capital pequeña, piadosa, encerrada entre los cerros y la sabana. Su vida social se organizaba en torno a los paseos por la Alameda, las visitas entre familias de la alta aristocracia y las reuniones nocturnas de rosario, chocolate y conversación familiar. Los bogotanos nacidos en los últimos años del siglo XVIII fueron educados por abuelas devotas en una piedad extrema, alimentada por lecturas religiosas y místicas, en un ambiente en el que era natural presumir que un niño de casa bien terminaría en la carrera eclesiástica. Groot no llegó a ordenarse, pero absorbió sin fisuras el mundo católico de su infancia: la religión no fue para él un dogma aprendido sino una forma de mirar, la única forma disponible de dar sentido al orden social.

Sobre esa educación piadosa se montó, en la juventud, el trauma político de su generación. Groot cumplió veinte años en 1820, en plena guerra de Independencia; su vida adulta transcurrió íntegramente en la República, es decir, en un país que oscilaba entre constituciones, guerras civiles y ensayos de organización federal. Su generación vivió la Independencia no como epopeya fundacional sino como el comienzo de un desorden crónico. De ahí, en parte, la simpatía con que su pluma volvería más tarde hacia el pasado colonial: no como ejercicio de nostalgia, sino como intento de recuperar un principio de estabilidad que la República le parecía incapaz de garantizar.

La formación de un intelectual costumbrista

Aunque su obra mayor sea historiográfica, la primera vocación pública de Groot fue plástica y literaria. Se dio a conocer, en las décadas de 1830 y 1840, como pintor de acuarelas y como uno de los primeros costumbristas del país. Cultivó con destreza la técnica del pastel, hizo retratos de familia y se dedicó a un género que en la Nueva Granada apenas comenzaba a tener nombre: la pintura de costumbres, con visiones caricaturescas de personajes callejeros. Una de sus piezas más recordadas representa al botánico Francisco Javier Matis y al doctor Céspedes en una escena humorística en las faldas de Monserrate, y combina el interés naturalista de la ciudad con la mirada burlona hacia sus figuras conocidas.

Ese doble registro —costumbrismo y caricatura— tenía una filiación transnacional. En toda Hispanoamérica, la década de 1840 fue el momento en que el género costumbrista, ya muy practicado en España, se consolidó como el modo privilegiado por el cual las jóvenes repúblicas se miraban a sí mismas. Los artistas costumbristas neogranadinos leían con avidez los estudios del fisonomista suizo Johann K. Lavater sobre la relación entre los rasgos físicos y el carácter humano: el género se apoyaba en la convicción, típicamente ilustrada, de que la sociedad podía leerse en los rostros y los oficios de sus habitantes. Groot, formado en ese ambiente, hizo suya la vocación de retratar tipos —el aguatero, el chichero, el fraile de convento, el letrado provinciano— con un ojo que mezclaba simpatía y sorna.

La declaración de Groot en una de sus poesías, "que la belleza no pinto", condensa la ética del costumbrismo: no se trata de idealizar, sino de fijar la realidad social tal como se presenta, con su fealdad y su humor. El costumbrismo granadino, en el que Groot fue pionero, actuó sin espíritu académico: fue un arte de gacetilla y de tertulia, más que de museo. En los círculos literarios de la capital, esa mirada encontró su plataforma natural en las publicaciones que orbitaban en torno a la tertulia de El Mosaico y al Museo de cuadros de costumbres, impulsado y editado por José María Vergara y Vergara, fundador también de la Academia Colombiana de la Lengua y autor de la primera Historia de la literatura en Nueva Granada. Aunque el nombre de Groot no encabece siempre las nóminas más difundidas de esa camarilla, la sintonía estética y política entre ambos es evidente: mismo humor, misma catolicidad, mismo interés por hacer del cuadro de costumbres un instrumento de reflexión sobre la identidad nacional.

Al servicio de la ciencia liberal: la Comisión Corográfica

En 1849, bajo la administración del general José Hilario López —el mismo que pocos meses después firmaría las medidas anticlericales que Groot combatiría con toda su energía—, el Congreso aprobó la Ley 29 que creó la Comisión Corográfica. La empresa, dirigida por el coronel-ingeniero italiano Agustín Codazzi e iniciada en 1850, se propuso levantar la cartografía del país, describir sus provincias y producir un inventario visual de sus paisajes, tipos humanos y recursos. Fue el primer intento científico institucional de alcance global emprendido por la República en su propio territorio.

Que Groot, católico militante y ya para entonces reconocido en los círculos conservadores, se integrara a una empresa concebida bajo el gobierno liberal más agresivamente anticlerical de la primera mitad del siglo, dice mucho sobre la porosidad del campo intelectual neogranadino. La Comisión reunió a figuras de diverso signo político: Manuel Ancízar, su primer secretario y autor de la Peregrinación de Alpha; el naturalista José Jerónimo Triana; el dibujante Manuel María Paz; el británico Enrique Price, incorporado a finales de 1851 por invitación del propio Codazzi. Groot participó como pintor: su destreza en la acuarela lo hacía particularmente apto para el registro visual de un país que la Comisión aspiraba a mostrar en imágenes comprensibles al público europeo y a las élites nacionales. La acuarela, más que la fotografía —que ya circulaba y que algunos de los expedicionarios conocían—, se eligió como técnica dominante por su capacidad de fijar el color, la atmósfera y el detalle etnográfico.

La Comisión recorrió buena parte del territorio nacional, con la excepción notable de las tierras bajas del oriente y del sur, una región descrita en la época como "casi equivalente al resto de la República" y que quedó fuera del alcance efectivo del inventario. La participación de Groot en ese proyecto matiza cualquier lectura de su obra como pura reacción antiliberal: fue capaz de trabajar en la más ambiciosa empresa científica del liberalismo mientras, en simultáneo, redactaba en la prensa conservadora artículos contra las reformas eclesiásticas de ese mismo gobierno.

Los años decisivos: 1850-1853 y la ruptura Iglesia-Estado

La biografía intelectual de Groot no puede entenderse sin las medidas anticlericales impulsadas por el partido liberal a comienzos de los años cincuenta. Fueron ellas las que convirtieron su catolicismo cultural en programa historiográfico y polémico. En 1850, José Hilario López expulsó a los jesuitas de la Nueva Granada e inauguró una política oficial que adoptó, como base declarada, la fórmula del Conde de Cavour: "Iglesia libre en el Estado libre". Se abría paso la secularización de las actividades del Estado. Tres años más tarde, en 1853, se declaró formalmente la separación entre la Iglesia y el Estado, y se impuso la tuición, es decir, el control civil sobre el culto y la vida eclesiástica. El arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera, fue desterrado por defender los derechos eclesiásticos amenazados por esa legislación.

Para Groot y para el naciente pensamiento conservador —cuyos padres reconocidos fueron Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, ambos correligionarios y amigos suyos— aquellas medidas no eran un ajuste institucional sino una agresión civilizatoria. La Iglesia, en la lectura conservadora, era la única garantía posible de orden social: al reemplazar la idea de pecado por la de utilidad personal, los liberales habían invitado a los ciudadanos a buscar el interés individual sin freno moral, abriendo la puerta al desorden. La religión y un Estado fuerte, en esa doctrina, eran las dos columnas sobre las que se sostenía cualquier sociedad viable, y las reformas de López-Mosquera habían golpeado la primera con la esperanza de debilitar también a la segunda.

Ese golpe generó una respuesta doctrinal en la prensa. Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro fundaron y redactaron La Civilización, en cuyas páginas Groot fue colaborador permanente. También lo fue del semanario El Granadino durante los años cuarenta y cincuenta. Para toda esa generación, el periodismo fue el principal vehículo de formación política; el debate ideológico se libró en las columnas de los semanarios, y allí se aprendió a pensar la nación. Décadas más tarde, Miguel Antonio Caro —hijo de José Eusebio y heredero directo del linaje intelectual en el que Groot se formó— proseguiría esa polémica desde El Tradicionista, atacando las políticas educativas laicas del radicalismo bajo el argumento de que el Estado invadía los derechos legítimos de la religión y de la ciencia.

Groot pertenece de lleno a esa red: junto a Ospina Rodríguez, José Eusebio Caro, Vergara y Vergara y, más tarde, Miguel Antonio Caro y José Manuel Marroquín, integró la constelación de intelectuales que hicieron del catolicismo, la lengua y la historia los tres pilares de una identidad conservadora. Fue en ese entramado donde su obra encontró sus interlocutores y su público.

La Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada

Publicada en 1869, la Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada es la obra que fija a Groot en la memoria intelectual del país. Su título mismo es un programa: la historia civil no puede separarse de la eclesiástica porque, en la lectura de Groot, la formación de la nación fue inseparable de la evangelización, y las instituciones civiles de la Colonia se apoyaron sobre el andamiaje moral y educativo que levantó la Iglesia. El libro es a la vez una crónica minuciosa —con abundancia de documentación de archivo, transcripciones de actas, listas de obispos y de gobernadores— y una toma de partido: el pasado colonial no es el yugo del que la República se liberó, sino el cimiento sobre el que la República se equivocó al querer construir de espaldas a él.

En sus páginas, Groot idealiza el esfuerzo educativo de España, la promoción de las ciencias durante el período colonial y el impulso al arte y a la literatura que se dieron bajo la Corona. Frente a la lectura liberal, que había hecho de tres siglos de dominación española una noche de oscurantismo, Groot pintó la Colonia como un tiempo de orden y avance gradual, y presentó el período republicano —marcado por revoluciones, cambios constitucionales y deterioro de valores— como una regresión. La ecuación central de la obra es sencilla y potente: la Colonia trajo la civilización porque trajo el catolicismo; la República, en la medida en que se ha alejado del catolicismo, ha traicionado su propia posibilidad de ser una nación estable.

Esa reformulación no fue un ejercicio erudito neutral. Groot escribía en el corazón de la crisis provocada por la Constitución radical de 1863 y por la República liberal federalista de Rionegro, en un contexto de inestabilidad político-institucional que hacía urgente, para el campo conservador, reconstruir un relato del origen. La historiografía conservadora del siglo XIX surgió precisamente como respuesta intelectual a esa crisis: buscó en la herencia colonial elementos para recomponer el orden social, y encontró en la Iglesia el único principio articulador que la República secularizada parecía haber perdido. La obra de Groot es el monumento mayor de esa operación.

Su Colonia es, sin embargo, una Colonia particular. Se detiene con simpatía en las órdenes religiosas, en la actividad de los colegios y universidades coloniales, en la construcción de las catedrales, en la vida de los prelados y en las misiones de frontera. Guarda, en cambio, silencio o disimula sobre las dimensiones más ásperas del régimen colonial —encomienda, mita, esclavitud, resguardos vaciados—, o las presenta como fallas locales dentro de un sistema básicamente virtuoso. Y respecto de la Independencia, la evalúa con reserva: no como epopeya, sino como acontecimiento prematuro que rompió los equilibrios sociales heredados y abrió el paso a las revoluciones sin fin del siglo republicano.

Esa reformulación tuvo continuadores. El proyecto pedagógico regeneracionista, cristalizado a finales del siglo XIX en el manual escolar de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla —adoptado como texto oficial de historia patria por la Academia Colombiana de Historia—, trazó una línea de continuidad con el proyecto de la Regeneración al no repudiar el legado español de la Conquista y la Colonia, y al cohesionar la herencia colonial con la vida republicana bajo un mismo relato. Groot no diseñó ese manual, pero sin la matriz argumental que él fijó, ese manual no habría sido posible. Su historiografía no impuso conclusiones por decreto: se filtró por las aulas, por los púlpitos, por las columnas de prensa, hasta convertirse en el sentido común historiográfico de varias generaciones de colombianos educados en instituciones católicas.

El indígena, entre la compasión y la tutela

Uno de los pasajes más incómodos de la Historia eclesiástica y civil es el tratamiento que Groot dio a los pueblos indígenas. Atribuyó su caída ante los españoles, en parte, a defectos que llamó "imbecilidad" y "terquedad", así como a la falta de unidad entre los pueblos americanos y a la ausencia, en ellos, de sentimientos humanitarios. Y describió a los indígenas nacidos después de la conquista hispánica con un temperamento "apocado y melancólico" y una propensión a la embriaguez, que interpretaba como consecuencia de la tristeza causada por la destrucción de sus reinos.

Esa mirada no era, sin embargo, la brutalidad racialista de los sectores más duros del liberalismo criollo. Las élites católico-liberales expresaban desde el etnocentrismo blanco criollo una imagen despreciativa de negros, mulatos e indígenas, tanto por su fenotipo como por sus costumbres, imagen alimentada por el proyecto liberal entendido como lucha contra el atraso y la barbarie. Groot ocupó una posición matizada. Los conservadores como él, y como Soledad Acosta de Samper, extrajeron de esas mismas deficiencias atribuidas al indígena una postura tutelar antes que exterminadora: había que protegerlo, evangelizarlo, mantenerlo bajo la sombra de la Iglesia, no arrojarlo a la intemperie ciudadana de la República liberal.

Ese paternalismo tenía costos. Groot compartía plenamente con sus contemporáneos, liberales incluidos, la certeza de una jerarquía racial y cultural, y su compasión por el indígena no lo colocaba fuera de las jerarquías raciales del siglo. Los defectos que atribuía a los aborígenes eran constitutivos, no coyunturales; por eso mismo, requerían tutela permanente. La República mestiza que estaba en marcha no le resultaba imaginable sin la mediación jerárquica de la Iglesia, precisamente porque los mestizos, mulatos e indígenas —a los que atribuía características de inferioridad— no podían, según su lectura, ejercer plenamente la ciudadanía sin esa guía. La suya fue una posición más benévola que la liberal en lo tocante a la protección material del indígena, pero reproducía sin quiebres el orden jerárquico de la época.

El polemista y el hombre de red

Queda todavía el Groot polemista de prensa. Colaboró de manera permanente en El Granadino y en La Civilización, y estuvo presente en las principales controversias político-religiosas del siglo XIX granadino, especialmente en torno a la educación y a los textos escolares. Ese frente pedagógico era decisivo: los liberales, desde el gobierno o desde la oposición, entendieron desde temprano que la disputa por el alma de la nación se libraba en las aulas, y los conservadores respondieron con la misma convicción. Las plumas de Groot y, más tarde, de Miguel Antonio Caro, defendieron la enseñanza confesional contra los intentos de laicización.

Su red intelectual dibuja el mapa del conservatismo neogranadino en su edad heroica. Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro fueron los teóricos de referencia; Miguel Antonio Caro y José Manuel Marroquín, la generación siguiente que llevaría esa doctrina al poder durante la Regeneración; Vergara y Vergara, el interlocutor literario que compartía con Groot tanto el catolicismo militante como la afición al cuadro de costumbres; Manuel María Mallarino, la figura política moderada que probó la viabilidad de un conservatismo dialogante. Esa red no era un grupo cerrado: se cruzaba, en tertulias y en publicaciones, con liberales moderados y con científicos como los de la Comisión Corográfica. Pero producía, con notable consistencia, una visión del país en la que catolicismo, lengua y orden institucional constituían un solo tejido.

Frente a esa red actuaron sus adversarios: Tomás Cipriano de Mosquera, el general que llevaría al extremo las medidas anticlericales durante los años sesenta, con expulsión de las comunidades religiosas y tuición sobre la Iglesia; los radicales de la Constitución de 1863; y una tradición intelectual liberal que hundía sus raíces en Francisco de Paula Santander y en José Manuel Restrepo, cuya Historia de la revolución de la República de Colombia había fijado, décadas antes, el relato patriótico que Groot venía a corregir. El diálogo silencioso entre Restrepo y Groot es uno de los pilares de la historiografía nacional del siglo: uno hizo la epopeya de la Independencia; el otro, la biografía de la Iglesia. Entre ambos, quedó cubierta buena parte del imaginario histórico colombiano hasta bien entrado el siglo XX.

La huella: de la Regeneración al canon disputado

Groot murió en 1878, pocos años antes de que Rafael Núñez inaugurara, en 1886, la Regeneración con su Constitución centralista y su Concordato con la Santa Sede de 1887. No vivió, entonces, la consagración política del programa cuyo cimiento intelectual él había ayudado a poner. Pero fue justamente esa distancia temporal la que permitió que su obra se leyera, retrospectivamente, como la anticipación historiográfica del proyecto regeneracionista. La Historia eclesiástica y civil proporcionó a Núñez, a Miguel Antonio Caro y a la generación de la Regeneración un relato del origen en el que catolicismo y nación aparecían indisolublemente unidos, y en el que la vuelta al centralismo, al Concordato y a la enseñanza confesional podía presentarse no como restauración conservadora sino como reconciliación con la propia historia.

Groot no fue el ideólogo directo de la Regeneración —murió antes de que ella comenzara— y no puede leerse su obra como si hubiera sido diseñada para legitimarla. Su historiografía respondió a los debates de su propio tiempo, no a los de las décadas siguientes. Pero el proyecto regeneracionista encontró en ella una matriz ya construida, un lenguaje ya disponible, un modo de contar el pasado colombiano que hacía verosímil su programa. La suya fue una obra que operó menos como argumento que como escenografía mental: fijó el decorado, los personajes y los tonos con los que varias generaciones habrían de imaginar el origen de la nación. Antes que doctrina, entregó una atmósfera; antes que tesis, un repertorio de imágenes.

Durante buena parte del siglo XX, esa imagen "ideal" de la nación colombiana acuñada por la corriente conservadora en la que Groot se inscribe fue compartida —a veces con matices, a veces sin ellos— por académicos y por grupos dirigentes de distinto signo político. La Academia Colombiana de Historia, fundada en 1902, y la Academia Colombiana de la Lengua, más antigua, ayudaron a fijar ese canon en manuales y en discursos oficiales. La grieta apareció más tarde. En las décadas de 1930 y 1940 asomaron los primeros revisionismos; ya en la segunda mitad del siglo, la Nueva Historia trajo consigo otras herramientas —economía, demografía, historia social— y otras voces, y con ellas desplazó del centro disciplinar el relato que Groot y sus continuadores habían tallado. Del sentido común escolar y devocional, en cambio, ese relato tardó mucho más en salir, si es que llegó a hacerlo del todo.

Hoy, la obra de Groot se lee de otro modo: no ya como el catecismo cívico que fue durante décadas, sino como un documento mayor de la cultura política del siglo XIX colombiano. Su historiografía sigue siendo consultada por lo que registra —fechas, actas, sucesión episcopal, detalles de la vida institucional de la Iglesia colonial— más que por su interpretación. Sus acuarelas y sus cuadros de costumbres, dispersos en colecciones y en publicaciones, se aprecian como testimonio de una mirada aguda sobre la sociedad bogotana de mediados del siglo. Y su figura, en conjunto, permite entender algo esencial: las grandes ideologías nacionales no se decretan, se sedimentan grano a grano en aulas, púlpitos y periódicos hasta volverse paisaje mental de un país. Mucho antes de que existiera el aparato de la Regeneración, Groot ya trabajaba, en silencio, ese sedimento.

Queda, por debajo de todo eso, la tensión que hace de Groot algo más interesante que un doctrinario. El mismo hombre que idealizó la Colonia como época de orden fue capaz de retratar con humor corrosivo a los tipos de la calle bogotana; el mismo católico que combatió las reformas de López participó en la empresa científica más ambiciosa de ese gobierno; el mismo historiador que atribuyó "imbecilidad" a los indígenas defendió, contra los liberales, la necesidad de protegerlos. Esas contradicciones no son defectos: son la marca de un intelectual que vivió el siglo XIX colombiano en toda su ambigüedad, y que hizo de esa ambigüedad, con más talento y más consecuencia que la mayoría, una obra que todavía se discute.

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Conexiones del archivo

Red histórica

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 34 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 2011 cita
[1]

progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…

p. 201
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 146, 1622 citas
[2]

indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…

p. 162
[4]

las ind í genas, LA REP Ú BLICA FEDERAL 151 ilc esp í ritu infantil, y una autoridad fuerte era indispensable para controlar el esp í ritu montaraz y rebelde de mestizos y mulatos. La Iglesia era esencial para que s ú bditos o ciudadanos aceptaran las restricciones de la vida en sociedad: al reemplazar la idea de…

p. 146
03Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 631 cita
[3]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
04Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Páginas 1, 13, 353 citas
[5]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
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con las valoraciones que hacen muchos de los historiadores profesionales, y muchos otros intelectuales, sobre los legados de sus contrapartes “tradicionales”. Al respecto es ejemplar, para citar un caso reciente, Jorge Núñez Sánchez, “La historiografía ecuatoriana contemporánea”, en (Sevilla), vol. 53, n.º 1, 1996,…

p. 35
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79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…

p. 1
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 301 cita
[8]

los bucles, la delicadeza en el manejo de las joyas y el exquisito contraste de colores seña- lado por un fondo gris de finas tonalidades, para resaltar el azul ultramar del vestido y el rosa naca- rado del cuello y del rostro de la hermosa mujer, retratada con la sabiduría de un verdadero maes- tro. Trabajó también…

p. 30
06Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Páginas 206, 2132 citas
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cual la obra del artista «no puede excluir nada bajo ningún pretexto de nobleza o grosería […] lo abarca todo, las alegrías y las desgracias…» 161. José Manuel Groot (1800 - 1878), uno de los primeros costumbristas del país afirmó en una poesía, «que la belleza no pinto». Los artistas, con dedicación y agudeza y sin…

p. 206
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añade humor a la figura que parece dar un paso para ascender al cerro mien- tras conversa. Céspedes, a quien Groot le hizo otro retrato en la misma posición, mira a Matis con atención. Son dos sabios distraídos en un diálogo botánico. Detrás de ellos hay dos herbolarios, uno recoge plantas y el otro se resbala y cae…

p. 213
07Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 1291 cita
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contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…

p. 129
08Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · Páginas 12, 292 citas
[12]

los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…

p. 12
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§ Un artículo de costumbres 1 Vino el editor donde mí y me dijo: —¿Por qué no escribe un artículo de costumbres? —¿Pero qué quieres que escriba? Ya sabes que en este país unos pocos son aficionados a leer artículos de costum - bres, y eso si les emprestan los periódicos. Pues es buena que ni el mismo Emiro a pesar de…

p. 29
09Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2361 cita
[13]

del Mosaico en 1866. El costumbrismo no es el primer género literario nacional: es un género literario t r a n s n a c i o n a l, q u e s e e x p a n d e e n t o d a Hispanoamérica en el momento en que se están formando las naciones. Estrechamente relacionados con la literatura de viajes y con la pintura costumbrista,…

p. 236
10Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 751 cita
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za- guanes en La s Nieves o Santa Dárbara, o en las piaras de cerdos que, con los perros callejeros, se alimentaban y retozaban en los ve rtedero s del río San Francisco o en los muladares de Las Cruces. M un do cercano a los sabores y olores, y al poder de los cinco senti- dos evocados en los cuadros de costumbres.…

p. 75
11Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 771 cita
[16]

lectores con artículos y crónicas que hablaban más bien de la importancia de retratar el paisaje y las costumbres locales. Ancízar advirtió que no había mejor análisis psicológico, para comprender a las sociedades, que la novela y el cuento, en la medida en que la imaginación resultaba el mejor aliado para construir…

p. 77
12Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 621 cita
[17]

que las conclusiones especulativas de la teoría y, poco o nada dispuesto a los arranques de entusiasmo". Un colaborador permanente de este semanario es don José Manuel Groot. Sobre don José Eusebto Caro anotó don Marco Fidel Suárez, en noviembre de 1884, lo siguiente: "Peco donde más lució el talento de Caro y donde…

p. 62
13El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 141 cita
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Nariño con La Bagatela (1811), pasando por Sergio Arboleda y su periódico La Voz Nacional (1884 - 1885), Rafael Núñez y su periódico La Luz (1881 - 1882), Miguel Antonio Caro con El Tradicionista (1871 - 1872), o José María Samper desde El Tiempo (1855 - 1872), cada uno de ellos, por nom- brar algunas de las figuras…

p. 14
14Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 531 cita
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Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…

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15Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2611 cita
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a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
16Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 481 cita
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ya anotadas, se constituia como el aglutinante ideoldgico ante el re- formismo liberal, en el que veia una amenaza no sdlo desde el punto de vista de la economia, sino desde el punto de vista de la critica a la influencia terrenal de la Iglesia. En este sentido, la politica anti- clerical propuesta y llevada a cabo…

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17Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3421 cita
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nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
18Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1671 cita
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la inspección o la tuición de cultos, con lo cual la Iglesia quedó sometida, no sólo a la vigilancia sino AAA SS EE El país en la segunda mitad del siglo XIX El arzobispo Manuel Iglesia y el Estado, el ar- José Mosquera y sacer- zobispo defendió los de- dotes jesuitas. En la pri- rechos eclesiásticos, por mera gran…

p. 167
19Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Página 161 cita
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Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

p. 16
20La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Página 1261 cita
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mitad del siglo xix se produce una reforma universitaria, y como resultado de la misma se establece un Instituto de Ciencias Naturales, Físi - cas y Matemáticas a cuyo cuidado quedan el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico —de poco desarrollo—, el Laboratorio Químico Nacional y el Museo de Historia Natural de…

p. 126
21Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 1041 cita
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econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…

p. 104
22Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Página 3581 cita
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aproximadamente nueve meses, hasta que Bennet regresó a Colombia y asumió nuevamente su papel como dueño del gabinete fotográfico⁸. A finales de 1851, justo después de entregar el estudio fotográfico, Codazzi invitó a Price a unirse a la Comisión Corográfica. Aunque resulta comprensible que la acuarela haya sido el…

p. 358
23El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 821 cita
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Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…

p. 82
24Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Páginas 68, 712 citas
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Aprile, Génesis de Barrancabermeja. (Cali: copia manuscrita, 1991), 10-26. 129 Manuel Ancizar, Peregrinación…, 63. Primera Parte. Origenes, fundamentos y pioneros 71 que facilitaron la labor de la conquista, todo porque estaban divididos y carecían de sentimientos humanitarios que los unieran entre ellos 130.…

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al catolicismo decimonónico en Colombia, sobre su recuperación institucional en el país, ver: William Plata, “La romanización de la Iglesia en el siglo XIX, proyecto globalizador del tradicionalismo católico” en Globalización y Diversidad Religiosa en Colombia. Ana María Bidegain (Ed.), 107-147 (Bogotá: Universidad…

p. 68
25Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 961 cita
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cr ónica s de bogotá: l a ciudad de antaño 95 caudalosos acrecen sus aguas con las de los arroyos y riachuelos que encuentran a su paso. Refiere la tradición que poco tiempo después de fundada la ciudad de Santafé, vino a establecerse a ella un zapatero gaditano, el cual casó con la hija de un rico aborigen natural de…

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26Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · Página 282 citas
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verdad lisa, llana y pura sin más alteración que la involuntaria que pudiera provenir de la infidelidad de mi memoria, por lo cual, si tal cosa sucediere, espero que alguno mejor informado se sirva rectificar mi error, o hacérmelo notar para corregirlo, y desde ahora le anticipo mis gracias por su bondad. 29 § ii…

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verdad lisa, llana y pura sin más alteración que la involuntaria que pudiera provenir de la infidelidad de mi memoria, por lo cual, si tal cosa sucediere, espero que alguno mejor informado se sirva rectificar mi error, o hacérmelo notar para corregirlo, y desde ahora le anticipo mis gracias por su bondad. 29 § ii…

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27Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · Página 2511 cita
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hacían cerrar cuidadosamente las puertas de sus casas. Por la tarde paseaban por la Alameda o el Ase- rrío, y a la oración se retiraban a sus casas a refrescar dulce y chocolate —orden en que se servía entonces este refresco y que después se ha invertido con escándalo de los amantes de los antiguos usos—. Luego se…

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