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Biografía

José Jerónimo Triana

Nueva Granada

1834–1890

18 min de lectura20 documentos
Nacimiento1834
Fallecimiento1890
RolesBotánico de la Comisión Corográfica (1850–1857) · Coautor del Prodromus Florae Novo Granatensis
Lugar principalColombia
Período históricoNueva Granada1831–1862
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La biografía

José Jerónimo Triana (1834–1890) fue el botánico que cerró el ciclo abierto por José Celestino Mutis y abrió otro que Colombia nunca terminó de habitar. Nacido en la meseta cundiboyacense en los años fundacionales de la República de la Nueva Granada, se formó cuando la memoria de la Expedición Botánica todavía era relato de familia y de gabinete, y llegó a la madurez como el naturalista de la Comisión Corográfica, la primera empresa científica de Estado que el país republicano se dio a sí mismo. De ese trabajo salió con un herbario de treinta y ocho volúmenes, un catálogo de casi doscientas páginas y un compromiso contraído con el gobierno neogranadino que lo llevaría a París en 1857. Allí publicaría, junto al francés Jules Émile Planchon, el Prodromus Florae Novo Granatensis, primer inventario sistemático de la flora del país, y allí moriría treinta y tres años después, con la medalla de oro de la Exposición de París de 1867 y el título de Cónsul General de Colombia, ejerciendo hasta el final la representación de una naturaleza que su propio país había dejado de estudiar sistemáticamente. La paradoja de Triana es la paradoja de la ciencia republicana colombiana del siglo XIX: producir un sabio de proyección europea sin construir las instituciones capaces de reproducir su oficio en casa.

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Línea de vida

  1. 1834

    Nacimiento en la meseta cundiboyacense

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    Nació en 1834, en los años fundacionales de la República de la Nueva Granada, en una generación que heredó la tradición interrumpida de la Expedición Botánica de Mutis y se formó con el Genera plantarum de Stephan Endlicher como referente taxonómico.

  2. 1850

    Incorporación a la Comisión Corográfica

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    Se integró como botánico oficial de la Comisión Corográfica, dirigida por el coronel-ingeniero Agustín Codazzi, con el compromiso formal de recolectar plantas sistemáticamente y redactar itinerarios botánicos en las provincias recorridas.

  3. 1857

    Viaje a Europa y publicación de la Flora colombiana

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    Viajó a Europa cumpliendo un compromiso contraído con el gobierno neogranadino para determinar taxonómicamente el material recolectado en instituciones europeas. En ese año se asocia a su nombre la Flora colombiana, primera obra florística de alcance nacional.

  4. 1862

    Publicación del Prodromus Florae Novo Granatensis (Fanerógamas)

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    El primer tomo del Prodromus, dedicado a las Fanerógamas, apareció primero por entregas en los Annales des Sciences Naturelles y luego como libro en 1862, fruto de la colaboración con Jules Émile Planchon, quien se encargó del análisis morfológico y la redacción mientras Triana aportaba el material de campo y la coautoría.

  5. 1867

    Gran medalla de oro en la Exposición de París

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    Recibió la gran medalla de oro de la Exposición de París de 1867 como reconocimiento a sus trabajos científicos, consagrando su reputación en los círculos científicos europeos.

  6. 1880

    Nombramiento como Cónsul General de Colombia en París

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    El Gobierno de la República colombiana lo nombró Cónsul General de Colombia en París como forma de reconocimiento oficial, cargo que desempeñó de manera cumplida. El gobierno también lo autorizó para recibir condecoraciones extranjeras y ordenó colocar su retrato en el Salón de Grados de la Universidad.

  7. 1890

    Muerte en París

    Leer contexto

    Murió en París en 1890, habiendo pasado más de tres décadas en Europa. Su archivo personal quedó disperso entre el Herbario Nacional Colombiano (COL), la Academia Colombiana de Ciencias y la Sala de Libros Raros y Curiosos de la Biblioteca Nacional de Colombia.

Un naturalista para una república joven

Triana perteneció a la primera generación plenamente republicana del país. Cuando nació, en 1834, la constitución de 1832 llevaba apenas dos años en vigor, Francisco de Paula Santander ocupaba la presidencia de la nueva República de la Nueva Granada y Bogotá empezaba a poblarse de instituciones civiles pensadas para reemplazar el andamiaje colonial: el Colegio de La Merced para mujeres se creaba ese mismo año, y las escuelas de medicina y jurisprudencia se reorganizaban a tumbos. No era todavía un país con universidades científicas en el sentido moderno del término, y el naturalismo, cuando existía, se ejercía en los márgenes: en gabinetes privados, en boticas, en las cátedras irregulares que sobrevivían del legado mutisiano. La Expedición Botánica, cerrada de hecho tras la muerte de Mutis en 1808 y liquidada por la reconquista española, había dejado un archivo enorme y una tradición interrumpida.

Triana entró a esa tradición por doble vía: la familiar y la libresca. Su formación botánica se apoyó en el manejo del Genera plantarum de Stephan Endlicher, el sistema taxonómico más avanzado disponible entonces en Europa, y en una lectura de la producción científica europea que solo era posible para quien tenía acceso a bibliotecas privadas. Cuando en la década de 1840 empezó a herborizar sistemáticamente, ya no lo hacía como aficionado curioso sino como practicante de un método. Esa distinción importa: entre Mutis y Triana median casi setenta años, y en ese lapso el naturalismo ilustrado del XVIII se transformó en la botánica sistemática del XIX, con criterios de determinación, herbarios normalizados y publicación en revistas especializadas. Triana llegó a la ciencia cuando esa transformación ya se había consumado en Europa, y su tarea fue la de aplicarla a un territorio que hasta entonces solo se había inventariado a medias.

El pequeño círculo neogranadino en el que se movió lo confirma. La Sociedad de Naturalistas, fundada hacia fines de la década de 1850, publicó apenas dos números de su boletín entre 1860 y 1861 y desapareció sin dejar continuidad institucional. Su brevedad no es un dato menor: revela que el país, incluso en el momento de mayor efervescencia científica bajo el proyecto liberal, no lograba sostener una comunidad científica estable. Los pocos que la componían —Florentino Vezga entre ellos— dependían del patrocinio estatal episódico y de la iniciativa personal. En ese boletín Vezga publicó su Memoria sobre la historia del estudio de la botánica en la Nueva Granada, primera obra de historia de la ciencia en Colombia, cuya sola existencia mostraba la necesidad del núcleo científico de anclarse en una genealogía: Mutis, Caldas, Zea eran los antepasados que legitimaban a los sobrevivientes. Triana, más joven, sería incorporado a esa línea antes incluso de haber cumplido cuarenta años.

La Comisión Corográfica: ciencia, política y territorio

En 1850, bajo el primer gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera, el Estado neogranadino creó la Comisión Corográfica y la puso bajo la dirección del coronel-ingeniero italiano Agustín Codazzi (1792–1859), veterano de las guerras de independencia venezolanas y autor del atlas de Venezuela publicado en 1840. El encargo era doble: levantar el mapa general de la República y estudiar sus provincias una por una. En la letra del contrato con Codazzi había un compromiso de recorrer hasta los puntos donde hubiera autoridad o misiones granadinas, con la sola excepción explícita de la zona del Caquetá, cuya extensión —equivalente al resto del territorio nacional, e incluyendo lo que hoy son Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Putumayo, Arauca y parte del Caquetá actual— la ponía fuera del alcance de una empresa financiada con presupuesto limitado.

La Comisión no fue solo un proyecto de conocimiento. Fue también un instrumento de la agenda liberal en formación. En 1853, dos años después del comienzo de los trabajos de campo, realizó el levantamiento sistemático de las tres nuevas provincias antioqueñas —Córdova, Medellín y Antioquia—, creadas tras la guerra civil de 1851 con la intención expresa de ampliar la participación popular y consolidar el poder político del liberalismo en una región de fuerte tradición conservadora. Que la primera cartografía detallada de esas provincias coincidiera con su fundación política no era casualidad: la ciencia corográfica servía para solidificar los nuevos límites en el papel y en la percepción pública. El discurso oficial sobre el valor de la ciencia y la técnica para el engrandecimiento nacional se materializaba, en la práctica, en operaciones concretas de ingeniería territorial y partidista. Codazzi, Manuel Ancízar, Santiago Pérez Manosalva, Manuel María Paz y el propio Triana lo entendieron así, y actuaron en consecuencia: sabían que el prestigio de sus trabajos dependía de que el Estado tuviera algo útil que hacer con ellos.

Triana se incorporó como botánico de la Comisión, con un compromiso formal que incluía la recolección sistemática de plantas y la redacción de itinerarios. Los cuatro personajes principales convivieron durante años en las expediciones, en condiciones que las acuarelas de la Comisión ilustran con precisión sorprendente: campamentos improvisados, muleros, guías indígenas, ríos que había que cruzar en balsa. La elección de la acuarela como medio de registro visual —en un momento en que varios de los participantes conocían ya la fotografía— responde a razones prácticas: portabilidad del material, ausencia de laboratorios químicos en la ruta, y también a una convención estética que asociaba el conocimiento del territorio con la ilustración pintada al modo de las láminas mutisianas. Manuel María Paz sería el encargado principal de estas acuarelas, tras la incorporación de Enrique Price a la Comisión a finales de 1851.

Ancízar, por su parte, ensayó una fórmula de escritura que combinaba el inventario de recursos con la narrativa literaria: sus crónicas de las provincias del norte mezclaban datos sobre suelos, cultivos y poblaciones con descripciones paisajísticas y apuntes históricos. Codazzi levantaba planos y calculaba distancias. Triana recolectaba. Cada uno cumplía una función dentro de una empresa que, vista de conjunto, respondía a la idea liberal de que conocer el territorio era condición para gobernarlo, integrarlo al mercado y hacerlo productivo. El gobierno de Mosquera había impulsado políticas de identificación de recursos naturales orientadas a animar los mercados internos en función del comercio exterior, y la Comisión encajaba en ese horizonte aunque nunca fuera declarada instrumento directo de esa política.

El herbario y los itinerarios

De los seis años de trabajo de Triana en la Comisión salió una obra material cuya sola descripción da la medida del esfuerzo. El herbario personal quedó ordenado en treinta y ocho volúmenes clasificados según el Genera plantarum de Endlicher, y acompañado de un catálogo de 196 páginas en el que cada entrada consignaba familia, género, especie —cuando podía determinarla en el campo—, nombres vulgares e indicaciones sobre usos y aplicaciones. Ese último criterio, el de los usos, no era una nota etnográfica añadida: era parte constitutiva del método corográfico, que aplicaba a la botánica el mismo principio que Ancízar aplicaba a las provincias: rescatar el conocimiento indígena sobre las prácticas médicas tradicionales, registrar la utilidad económica potencial, no separar el saber científico del saber vernáculo. Vezga extendería ese criterio en su Memoria de 1860, mostrando una continuidad de espíritu entre la Expedición de Mutis, la Comisión de Codazzi y el pequeño núcleo naturalista que sobrevivía en Bogotá.

Los itinerarios botánicos de Triana recorrieron buena parte del país: la meseta central desde Zipaquirá y Bogotá hacia el norte y el sur, el Chocó con su selva húmeda de biodiversidad extrema, los altiplanos de Pasto y Popayán, la vertiente del Cauca, las tierras de Antioquia recién reorganizadas, y hasta la Sierra Nevada de Santa Marta con sus pisos térmicos verticales. No cubrió intensivamente el Caquetá, como no lo cubrió Codazzi, y esa ausencia dejaría en blanco durante décadas el mapa botánico de la Amazonía colombiana. Pero lo que sí cubrió —los Andes en sus tres cordilleras, buena parte del Pacífico, el valle del Magdalena, el Caribe central— constituyó la base empírica sobre la que se levantaría el primer inventario florístico nacional.

El trabajo tuvo un costo humano visible en la propia Comisión: Codazzi murió en 1859, dos años después de la conclusión formal de los trabajos, en la localidad de Espíritu Santo, víctima de la fiebre amarilla contraída en las tierras bajas del Cesar. La población cambiaría más tarde su nombre a Codazzi en homenaje. Triana, más joven y ya en Europa cuando ocurrió, sobrevivió a la etapa de campo pero cargó por el resto de su vida con un archivo que solo podía procesarse en las bibliotecas y herbarios de Londres, París o Kew. Esa es la razón material —y no solo simbólica— de su partida.

La salida a Europa

En 1857, con la Comisión concluida y su herbario listo, Triana viajó a Europa cumpliendo un compromiso contraído con el gobierno neogranadino. La formulación importa: no fue un exilio, no fue una huida, no fue tampoco una simple beca. Fue el cumplimiento de una obligación contractual que preveía la determinación taxonómica final del material recogido en instituciones europeas con capacidad científica para hacerlo. En la Nueva Granada de 1857 no había, sencillamente, una biblioteca botánica ni un herbario de referencia comparables a los de París o Londres. Sin el acceso a las colecciones tipo, muchas de las plantas recogidas por Triana no podían ser clasificadas ni comparadas con las descripciones publicadas por Humboldt, Bonpland, Kunth o los taxónomos posteriores. El viaje era la única forma de convertir un herbario en literatura científica publicable.

Se instaló principalmente en París, pero su vida científica se dividió entre esa ciudad y Montpellier, donde Jules Émile Planchon (1823–1888) regentaba el Jardín de Plantas. La colaboración entre ambos se convertiría en la médula del Prodromus Florae Novo Granatensis. La división del trabajo fue precisa: Planchon se encargó del análisis morfológico detallado, la determinación de especies y la redacción de los manuscritos; Triana aportó el material, el conocimiento de campo, los datos ecológicos y la coautoría sostenida por un intercambio epistolar abundante y por desplazamientos recíprocos entre las dos ciudades. El primer tomo del Prodromus, dedicado a las Fanerógamas, apareció primero por entregas en los Annales des Sciences Naturelles y luego, en 1862, como libro. La parte de Criptógamas se publicaría después, con una participación menor de Triana. En paralelo, Triana trabajó con Henri Ernest Baillon en la clasificación de familias específicas y publicó una serie de monografías sobre las Melastomatáceas y otras familias americanas que consolidarían su reputación europea.

El aparato de la ciencia neogranadina —la Flora colombiana asociada a su nombre desde 1857— empezó así a existir en francés, publicado en revistas francesas, discutido en sociedades científicas francesas. Es la primera contradicción visible del legado de Triana: el inventario más completo de la flora del país se elaboró y publicó fuera del país, en un idioma que la mayoría de sus contemporáneos colombianos no leían con soltura científica, y quedó archivado como referencia en instituciones europeas antes que en las bogotanas. El propio Triana, al parecer consciente de la asimetría, envió una parte de sus especímenes y de su archivo personal a Bogotá, donde con el tiempo se depositarían en el Herbario Nacional Colombiano (COL) —los especímenes—, en la Academia Colombiana de Ciencias —el catálogo del herbario y buena parte del archivo personal— y en la Sala de Libros Raros y Curiosos de la Biblioteca Nacional —otra parte del archivo—. Esa dispersión final es, en sí misma, un dato: no hubo en Colombia una institución botánica única capaz de heredar el conjunto.

Red y consagración europea

La red científica en la que Triana se insertó durante los años de París fue amplia y sostenida. Además de Planchon y Baillon, mantuvo contacto con los botánicos de Kew, con especialistas de las Melastomatáceas americanas, con corresponsales alemanes y suizos. La colaboración con Planchon fue especialmente cercana: el intercambio epistolar constante, las visitas mutuas entre París y Montpellier, la corrección compartida de manuscritos convirtieron al Prodromus en una obra genuinamente conjunta. Planchon aportaba la rigurosa formación morfológica de la escuela francesa; Triana, el conocimiento directo del terreno y la memoria de las condiciones ecológicas en que cada planta había sido recogida —altitud, humedad, tipo de suelo, época del año—, datos que ninguna colección europea podía proporcionar por sí sola.

El reconocimiento formal llegó en 1867 con la gran medalla de oro de la Exposición de París, otorgada por sus trabajos científicos. La Exposición Universal de ese año, celebrada en el Champ de Mars, fue una de las grandes vitrinas del segundo Imperio y de la ciencia europea decimonónica, y la distinción de Triana lo colocó en un mismo horizonte de prestigio que los principales naturalistas del momento. Colombia, entonces gobernada por los liberales radicales, respondió con dos gestos: el nombramiento como Cónsul General en París y la autorización oficial para recibir condecoraciones extranjeras. Ambos gestos son elocuentes en su naturaleza simbólica. El consulado era un cargo diplomático relativamente menor que le proporcionaba una renta y un estatuto oficial, pero no una responsabilidad ejecutiva mayor; la autorización para condecoraciones evitaba el problema legal de que un ciudadano recibiera honores de gobiernos extranjeros sin permiso de su propio Estado. Ninguno de los dos gestos implicaba financiar la continuidad de la investigación botánica en Colombia. Reconocían a la persona; no reproducían la práctica.

Ese es el segundo pliegue de la paradoja Triana. El Estado colombiano —bajo administraciones liberales primero, conservadoras después, en un país que atravesó en esas décadas la Confederación Granadina, los Estados Unidos de Colombia y finalmente la Regeneración conservadora de Mariano Ospina Rodríguez y sus sucesores— honró a Triana con reconocimientos simbólicos y con un puesto diplomático, pero no construyó en su país las instituciones que habrían permitido formar sucesores, sostener colecciones de referencia, publicar revistas botánicas nacionales o financiar nuevas expediciones. La Sociedad de Naturalistas había muerto en 1861 tras dos números de su boletín. Ninguna otra la reemplazó de manera estable durante la vida de Triana. El Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional se consolidaría solo bien entrado el siglo XX. En el intervalo, la única figura científica colombiana con proyección internacional continuada vivía en París.

Mutis, Caldas, Zea y él

La construcción de Triana como cuarto nombre en la genealogía canónica de la ciencia colombiana —Mutis, Caldas, Zea, Triana— empezó en vida del propio Triana y se consolidó después. La Memoria de Vezga de 1860 la anticipó al aplicar el criterio corográfico a la historia de la botánica, sugiriendo una continuidad de espíritu entre la Expedición de Mutis y la Comisión de Codazzi. En las décadas siguientes, la agrupación se volvió lugar común: los cuatro nombres aparecían juntos en discursos, en publicaciones oficiales, en textos escolares, evocados por virtudes que se repetían casi con las mismas palabras: cultura, erudición, mérito, laboriosidad, dedicación. La lista misma es reveladora. No incluía la creatividad, ni la audacia, ni el genio: incluía la disciplina, la paciencia, la constancia. Eran las virtudes del funcionario ilustrado que la República necesitaba producir, no las del sabio romántico.

La comparación entre los cuatro nombres, sin embargo, no debe leerse como equivalencia. Mutis fue el fundador: el hombre que llegó a Santa Fe en 1761 como médico del virrey Pedro Messía de la Cerda, obtuvo en 1783 la dirección de la Expedición Botánica bajo el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, enseñó el sistema copernicano contra la oposición de los dominicos, mantuvo correspondencia con Linneo —que le dedicó varias plantas, entre ellas la Mutisia— y transformó el ambiente cultural bogotano con una biblioteca en la que la iconografía botánica desplazó por primera vez a la iconografía religiosa. Caldas y Zea fueron sus discípulos, ejecutado el primero en 1816 durante la reconquista, muerto el segundo en el exilio londinense en 1822. Triana, tres generaciones más tarde, operaba en otro régimen científico y en otro país: el suyo era ya el trabajo del taxónomo profesional, no el del enciclopedista ilustrado; el suyo era ya el trabajo del ciudadano de una república, no del súbdito de una monarquía. La continuidad entre los cuatro es más simbólica que técnica. Sirvió, sin embargo, para dar a la ciencia colombiana una genealogía, y toda ciencia periférica necesita una genealogía tanto o más que resultados.

Esa función simbólica también tuvo costos. Al ser incorporado a la línea de los sabios ilustres, Triana se convirtió en emblema antes de terminar de ser leído. Su obra técnica —el Prodromus, las monografías sobre Melastomatáceas, los itinerarios— circuló poco en Colombia durante décadas. Lo que circuló fue la figura: el retrato ordenado en el Salón de Grados de la universidad, la mención repetida en las listas de próceres científicos, la evocación de sus virtudes en textos que rara vez habían consultado sus publicaciones. Es una operación que la historiografía posterior ha documentado en muchos otros casos del siglo XIX colombiano: la nación construye monumentos de bronce para no tener que construir bibliotecas.

Muerte y herencia dispersa

Triana murió en París en 1890, a los cincuenta y seis años. Nunca regresó definitivamente a Colombia después de 1857. El país al que no volvió había cambiado varias veces de nombre en su ausencia —Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia, República de Colombia bajo la Constitución de 1886—, había atravesado varias guerras civiles y había entrado, con la Regeneración, en un ciclo político conservador que reordenaba las prioridades del Estado en un sentido menos favorable al proyecto científico liberal de mediados de siglo. La Flora colombiana asociada a su nombre quedó como referencia; el Prodromus, como monumento bibliográfico; el herbario, disperso entre París, Bogotá y otras colecciones europeas.

En Colombia, la herencia se organizó lentamente y sin plan. Los especímenes fueron a parar al Herbario Nacional Colombiano (COL), donde constituyen una serie de referencia todavía consultada. El catálogo del herbario y buena parte del archivo personal quedaron en la Academia Colombiana de Ciencias. Otra parte del archivo pasó a la Sala de Libros Raros y Curiosos de la Biblioteca Nacional. La dispersión de este acervo entre tres instituciones distintas —ninguna de ellas botánica en sentido estricto— refleja la ausencia, incluso en el siglo XX, de un centro único capaz de integrar la obra material del principal botánico colombiano del siglo XIX. La memoria bibliográfica se organizó también con lentitud: la monografía de Andrés Lleras, Don José María y Don José Gerónimo Triana, publicada por Editorial Kelly en Bogotá en 1971, aparece como uno de los primeros esfuerzos sistemáticos por reconstruir la figura, más de ochenta años después de su muerte.

La huella institucional más visible es la Biblioteca José Jerónimo Triana, colección editorial del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, que ha publicado a lo largo de las últimas décadas monografías especializadas en ciencias naturales y que alcanzó, con Las gramíneas en Colombia de Diego Giraldo-Cañas en 2013, al menos su volumen número veintiséis. Es un homenaje editorial coherente: darle el nombre del botánico a una serie que publica lo que él habría podido publicar si hubiera existido en su tiempo una institución universitaria capaz de sostener botánica sistemática colombiana con continuidad. La ironía —o la justicia— es que la reparación institucional del vacío llegó cuando Triana llevaba ya un siglo muerto.

El sentido de una figura

Leer hoy a Triana no consiste en repetir la fórmula de las virtudes canónicas —cultura, erudición, mérito, laboriosidad, dedicación— sino en reconocer la naturaleza doble de su trayectoria. Fue, sin duda, el primer botánico republicano colombiano de proyección internacional, y el Prodromus elaborado con Planchon fue el inventario más ambicioso de la flora del país producido en el siglo XIX. Su formación temprana en el sistema de Endlicher, su trabajo de campo dentro de la Comisión Corográfica entre 1851 y 1857, su inserción en las redes científicas parisinas y montpellerinas, y su reconocimiento con la medalla de la Exposición de 1867 lo colocan, con derecho propio, en la línea de los grandes naturalistas americanos del siglo XIX.

Pero fue también, y simultáneamente, el testigo involuntario de una estructura científica republicana incapaz de reproducirse a sí misma en su país de origen. La Sociedad de Naturalistas duró dos números; la Comisión Corográfica se cerró en 1857 y no tuvo continuadora inmediata; el Estado colombiano prefirió honrar a Triana con un consulado y un retrato antes que financiar la formación de sucesores. Su salida a Europa en 1857 no fue un exilio impuesto, sino el cumplimiento de un compromiso contractual: el gobierno lo enviaba a determinar el material que él mismo había recogido, porque en Colombia no existían las condiciones técnicas para hacerlo. Que ese envío se convirtiera de hecho en una residencia definitiva de treinta y tres años dice más sobre las condiciones del país que sobre las decisiones del hombre. Triana negoció activamente su lugar en las redes europeas —eligió corresponsales, publicó estratégicamente, aceptó cargos honoríficos—, y en ese sentido no fue una víctima pasiva. Pero su éxito en Europa consolidó, al mismo tiempo, la dependencia colombiana de instituciones extranjeras para el conocimiento de su propia naturaleza.

Esa doble condición —agente y síntoma, sabio y emblema, naturalista y funcionario diplomático— es lo que hace de Triana una figura central en la historia de la ciencia colombiana. No fue el último de los mutisianos ni el primero de una escuela nacional: fue el eslabón que mostró, con su propia vida, la distancia entre lo que la República aspiraba a ser y lo que sus instituciones podían sostener. La Flora colombiana se escribió en francés porque no había en Bogotá quien la publicara en castellano con el nivel técnico requerido. El botánico colombiano vivió y murió en París porque el Cónsul General en París era el único cargo que su país supo ofrecerle. Y su herencia se dispersó en tres instituciones distintas porque no hubo, ni en su vida ni décadas después, una sola casa capaz de albergarla entera. En esas asimetrías, más que en las medallas y las listas de virtudes, se lee la verdadera historia de la ciencia republicana colombiana del siglo XIX.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

20 documentos · 30 fragmentos
01Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1711 cita
[1]

los hechos en los cuales habían participado, sino las virtudes que caracterizaron su actuación. NOSOTROS Y LOS OTROS 172 De científicos como José Celestino Mutis, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea y Jerónimo Triana se rescataba su cultura, erudición, mérito, labo- riosidad y dedicación; de héroes…

p. 171
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 204, 238, 2803 citas
[2]

274 Triana, Jorge Alí, 853, 853, 856 Triana, José Jerónimo, 5, 392, 393 Triángulo de Oro (Bogotá-Medellín-Cali), 83 Tribugá, bahía. 32 Tribugá, golfo de, 130 Trillo, 353 Trinidad, cerro de, 116 Trinidad (Trinidad y Tobago), isla, 300, 538 Trinidad de los Muzos, 313, 316 Trinidad y Tobago, 870, 875 Trojas de Cataca,…

p. 280
[6]

Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…

p. 238
[15]

Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…

p. 204
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2991 cita
[3]

Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…

p. 299
04Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Páginas 100, 104, 110, 1144 citas
[4]

de clasificaci6n zooldgica y botanica. La Sociedad de Naturalistas publicé dos nu- meros de su boletin: Contribuciones de Colombia a las ciencias y a las artes (1860-1861). En el co- trespondiente al primer ano se incluy6 la que habria de ser la primera obra sobre la historia de la ciencia en Colombia: Memoria sobre…

p. 114
[7]

econdémico, lo social y lo cultural, y ante un Estado en formacion, no bastaba con pregonar tales posibilidades, reno- vando solamente un discurso ideolégico acerca del valor que podrian llegar a tener la ciencia y la téc- nica modernas para el engrandecimiento nacional. Codazzi, Ancizar, Triana, Pérez y Paz…

p. 104
[24]

de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…

p. 110
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im- puestos de aduanas, y, en menor medida, de mo- nopolios, como el del estanco del tabaco, cuya suerte en realidad ya estaba echada. Era, pues, imperativo identificar los recursos na- turales y facilitar los medios para su produccién y distribucién. A allanar esta nueva perspectiva se de- dicaron el presidente…

p. 100
05La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Páginas 26, 133, 1403 citas
[5]

año—. El herbario estaba ordenado en treinta y ocho volúmenes debidamente clasificados de acuerdo con el Genera plantarum de Stephano Endlicher. El catá - logo comprende 196 páginas e incluye información sobre la familia, el género y en muchos casos la especie de cada planta, los nombres vulgares y algunas…

p. 133
[12]

esplendor y la diversidad de los bosques andinos en las vertientes de las cordilleras y de las selvas amazónica y chocoana, sin que dejaran de aprovechar sus frutos, fibras, resinas y semillas, amén de las plantas cuyas propiedades medicinales aprendieron a conocer y utilizar. Luis Eduardo Mora Osejo Presidente de la…

p. 26
[13]

regentar el Jardín de Plantas de Montpellier y cuidar de sus intereses de viticultor; en lo que hace a la flora y demás trabajos conjuntos, tiene a su cargo el análisis mor - fológico, participa activamente en la determinación de las especies y tiene a su cargo la redacción de los manuscritos. Gracias a un abundante…

p. 140
06La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · Página 1861 cita
[8]

llevarlos a cuestas. 85 Manuel Pombo, op. cit., págs. 76-77. 187 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí Por supuesto, no fue este el caso del coronel Codazzi, tan esforzado y valeroso como ningún otro explorador y científico, que siempre daba ejemplo a sus acompañantes, aun a los más baquianos, de templanza de ánimo y de resis-…

p. 186
07Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Página 161 cita
[9]

Roberto Dudley (1573-1649), quien en 1595 viajé a las Indias Occidentales y exploré las bocas del rio Orinoco. En 1605 se radicd en Florencia, donde edité y publicé mapas y trabajos geograficos. Esta l4mina del Nuevo Reino de Granada pertenece a la famosa obra Del arcano del Mare, gravada por el florentino Francesco…

p. 16
08Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 211 cita
[10]

tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…

p. 21
09Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Página 3581 cita
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aproximadamente nueve meses, hasta que Bennet regresó a Colombia y asumió nuevamente su papel como dueño del gabinete fotográfico⁸. A finales de 1851, justo después de entregar el estudio fotográfico, Codazzi invitó a Price a unirse a la Comisión Corográfica. Aunque resulta comprensible que la acuarela haya sido el…

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10Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Páginas 80, 2532 citas
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a Triana para recibir condecoraciones extranjeras, y orde- nó que el retrato del distinguido botánico se colocara en el Salón de Grados de la Universidad. Triana recibió, como merecido premio por sus trabajos científicos, la gran me- dalla de oro de la Exposición de París en 1867. 254 Píndi M. Icerís El Gobierno de la…

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primero que enseñó entre no- sotros el sistema de Copérnico, mirado como herejía por los frailes de la Colonia, los que no admitían que la tierra tuviera movimiento alguno. Sostuvo correspondencia con Linné, y este sabio le de- dicó varias plantas, conocida una con el nombre de mutisia, e hizo circular en el mundo…

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11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1201 cita
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o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

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12Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
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que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

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de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

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13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 911 cita
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alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…

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14Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 601 cita
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alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

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15Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 361 cita
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laborioso e instruido en la ciencia natural» 15. Cuando a Mutis le roban el descubrimiento de los árboles de quina, es a Suecia y no a España donde acude en busca de auxilio. La extensa biblioteca de Mutis, que abarcaba todos los aspectos de la cultura, historia, literatura, geografía, matemá- ticas y botánica,…

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16El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 5431 cita
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el progreso de la sociedad. En el pensamiento neogranadino aparecía el concepto de «utilidad social de la ciencia», que había 370 Vida y escritos, ed. cit., págs. 143 y 144. 544 Jíndi Jícídneer Ucnsi sido completamente ajeno a la cultura colonial, cultura de contenido religioso esencialmente, jurídica y filológi- ca,…

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17Las gramíneas en Colombia: riqueza, distribución, endemismo, invasión, migración, usos y taxonomías popularesDiego Giraldo-Cañas · 2013 · Páginas 1, 212 citas
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LAS GRAMÍNEAS EN COLOMBIA RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN, ENDEMISMO, INVASIÓN, MIGRACIÓN, USOS Y TAXONOMÍAS POPULARES DIEGO GIRALDO-CAÑAS BIBLIOTECA JOSÉ JERÓNIMO TRIANA No. 26 Las gramíneas en Colombia Riqueza, distribución, endemismo, invasión, migración, usos y taxonomías populares Las gramíneas en Colombia Riqueza,…

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de gramíneas. Ahora bien, en cuanto a variados aspectos sobre distribución, ecología, morfología, anatomía, silvicultura y uso de bambúes se refiere, están las contribiciones de Londoño (1990a, 1990b, 1992). Por su parte, Pinto-Nolla (1997, 1999), publicó dos trabajos sobre la tribu Paniceae en Colombia y el género…

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18The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 3611 cita
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Lleras, Andrés. Don José María y Don José Gerónimo Triana. Bogotá: Editorial Kelly, 1971.. Itinerario de la Comisión Corográ fíca y otros escritos. Bogotá: Imprenta Nacional, 1968.. Lorenzo Maria Lleras. Biblioteca Eduardo Santos, vol. 14. Bogotá: Edito- rial Sucre, 1958.. La medicina en el Nuevo Reino de Granada…

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19Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 121 cita
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cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plan - tas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran 2 González, Beatriz, Manual de arte del siglo xix en Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013, pág. 170. 13 Píndnicersti 13 a cada paso, y a menudo al…

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20Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 2241 cita
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and republicanism of Antioqueño Conserva- tive rebels. Their opposition to a simple territorial change in gov- ernment administration could have easily been resolved through formal political channels; war was unnecessary and uncalled for. López’s words were followed by military force. National armies in Antioquia led…

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