Putumayo
“El Putumayo es, ante todo, un territorio de soberanías superpuestas y provisionales: la Corona española lo reclamó sin gobernarlo, la Iglesia lo gobernó sin que el Estado lo reconociera, la Casa Arana lo explotó sin que ningún Estado lo defendiera,…”
En el pliegue donde la cordillera se rinde ante la Amazonía, entre los ríos que le prestan sus nombres —Putumayo, Caquetá, San Miguel, Guamués—, se extiende un territorio que fue, sucesivamente, ruta soñada de la canela, feudo cauchero, litigio fronterizo, pozo petrolero y epicentro cocalero. El Putumayo no es la periferia olvidada que suele nombrarse: es la zona-bisagra donde el Estado colombiano ensayó, delegó o dejó de ejercer sus funciones más elementales, y donde los ciclos extractivos —quina, caucho, petróleo, coca— se encadenaron uno tras otro sobre pueblos indígenas que precedieron por siglos a la existencia misma del país. Aquí, más que en ningún otro rincón, la historia de Colombia se lee como una sucesión de soberanías provisionales: la de la Corona, la de la Iglesia, la de la Casa Arana, la de las petroleras, la de las guerrillas, la de los paramilitares. El territorio permanece; las banderas cambian.
Un territorio antes del nombre
Antes de ser departamento, intendencia o comisaría, el Putumayo fue —y sigue siendo— casa de pueblos que no escogieron esa denominación castellana. En las fuentes del río Putumayo, en los corregimientos de Sibundoy y San Francisco, habitan los kamëntšá, también llamados kamsá, koche o sibundoyes, cuya lengua no se emparenta con ninguna otra conocida y que hoy suman alrededor de 2.500 personas. En el alto Caquetá y el alto Putumayo —Mocoa, Yunguillo, Condagua, Limón, Santiago, el propio Valle de Sibundoy y, en menor número, el río Guamués— viven los ingas, hablantes de una variante del quechua que llegó con la expansión incaica y arraigó como lengua propia. Más al oriente, en la selva baja, entre Puerto Asís y Cuembi, en Adriote, en San Antonio de Guamués y sobre todo en las riberas del San Miguel y el Caño El Hacha, están los kofán, pueblo independiente cuyo territorio se prolonga hoy hacia el Ecuador.
Esta cartografía humana, aparentemente estable, es en realidad el residuo de un largo proceso de desplazamientos y reducciones. Para 1560, los sibundoyes ya figuraban entre los grupos de la altiplanicie meridional sometidos al dominio español, junto con pastos y quillacingas. Las expediciones que buscaban El Dorado y el mítico país de la canela abrieron sendas amazónicas y sembraron poblados efímeros —Mocoa, Ecija sobre el río San Miguel, Espíritu Santo del Caguán en el Guayas— que rara vez sobrevivieron a la selva. Lo que sí sobrevivió fue una práctica: la saca de indios. Ya en los siglos XVII y XVIII, la esclavización de indígenas del Putumayo, Caquetá y Coca era auspiciada incluso por autoridades de Popayán, y llegaría a ser una de las causas —no la única, pero sí decisiva— del fracaso de las misiones franciscanas en la región. La Corona, tarde, intentaría poner freno introduciendo resguardos y cabildos de indios en el Valle de Sibundoy, cuando ya la explotación había puesto a los kamëntšá en el umbral del aniquilamiento.
El contacto con los llamados blancos llegó tarde al Putumayo profundo, pero cuando llegó fue especialmente cruento. La evangelización sistemática, la extracción de quinina y luego del caucho, la apertura de caminos hacia los Andes y la conformación obligada de pueblos —donde antes había malocas dispersas— marcaron el destino de la región desde finales del siglo XIX y a lo largo de las primeras décadas del XX. Ese es el arco que sigue rigiendo su historia contemporánea.
La Iglesia como primer Estado
Colombia nunca gobernó directamente el Putumayo del siglo XIX. Lo delegó. El Concordato de 1887 y el Convenio de Misiones subsiguiente con la Santa Sede establecieron el marco legal por el cual la Iglesia católica asumía la civilización de los indígenas en los territorios del sur, y en ese marco los capuchinos catalanes recibieron, en la práctica, el gobierno del Caquetá y del Putumayo. No fue un gobierno accesorio: los misioneros regentaron las escuelas públicas, formaron haciendas en baldíos cedidos por la nación e influyeron de manera determinante sobre los cargos civiles dentro de los territorios de misión. El prefecto apostólico —figura eclesiástica— acumulaba las funciones de máxima autoridad de baldíos e inmigración y de jefe superior de Policía en los pueblos que se estaban reduciendo a la vida civilizada.
La medida de ese poder se toma en un episodio de 1913: bastó una queja del delegado apostólico para que el general Joaquín Escandón, primer comisario del Putumayo, fuera removido de su cargo. El poder civil respondía al poder eclesiástico, no al revés. Al frente de esta arquitectura estaba, desde 1905 y hasta 1928, Fidel de Montclar, fraile capuchino catalán nombrado prefecto apostólico del Caquetá y Putumayo, figura central de más de dos décadas de administración misional.
El proyecto capuchino no fue solo espiritual. Fue —y sobre todo fue— un proyecto económico y territorial. La declaración de baldíos de 1911 y, sobre todo, la Ley 53 de 1913 reglamentaron la tenencia de la tierra en el Valle de Sibundoy en términos abiertamente desiguales: cada colono mayor de 21 años recibía 50 hectáreas, mientras que a cada comunidad indígena se le adjudicaba una globalidad equivalente a apenas dos hectáreas por indígena. Como si el reparto por cabezas no bastara, las tierras entregadas a los kamëntšá fueron además las menos aptas —la zona pantanosa del valle—, y los propios capuchinos se consolidaron como los mayores terratenientes del territorio. A mediados del siglo XX, la comunidad indígena detentaba apenas el 22% de la propiedad de la tierra en el valle que había habitado desde antes de la llegada de los españoles.
El resultado no fue civilización sino ganadería. El proyecto económico misional, centrado en la ganadería, desencadenó disputas violentas y configuró nuevas relaciones de producción que enfrentaron a terratenientes, colonos mestizos e indígenas. La escuela misional, por su parte, funcionaba como taller: niños en primera comunión, en labores agrícolas, en carpintería, en formación musical. La huella capuchina no se limitó al Valle de Sibundoy: junto con franciscanos y consolatas, la colonización eclesiástica dejó en toda la zona sur del Caquetá y el Putumayo una honda marca organizativa y cultural, pues la Iglesia modeló la vida social y política local en ausencia —o en representación— del Estado.
La Casa Arana y el infierno del caucho
Al oriente de las misiones, en la selva baja donde el Putumayo se hace río amazónico, otro poder gobernaba con reglas todavía más brutales. El árbol Hevea brasiliensis, abundante en la cuenca, llevaba el nombre indígena cautchouc —el árbol que llora— y su látex, transformado en caucho, alimentó desde finales del siglo XIX una demanda mundial insaciable. En ese vacío fronterizo entre Colombia, Perú, Brasil y Ecuador, la firma del peruano Julio César Arana levantó, entre los ríos Caraparaná, Igaraparaná y Campuyá, un dominio que un informe colombiano de enero de 1910 describía sin eufemismos: la compañía —que para entonces giraba en Londres como The Peruvian Amazon Company Limited— se consideraba dueña absoluta de las selvas, de los indios y del comercio de la región.
Las cifras del sometimiento son escalofriantes. El explorador francés E. Robuchon, en un trabajo oficial encargado por el gobierno peruano en 1903 y publicado en 1907, estimó en 50.000 la población indígena bajo control de la firma. No eran empleados: eran esclavos. Los testimonios acumulados por el estadounidense Walter Hardenburg y por el diplomático británico Roger Casement —cuyo informe internacionalizaría el escándalo— coinciden en un catálogo de horrores. Se obligaba a los indígenas —muruis (uitotos), boras, ocainas, andoques— a trabajar sin remuneración real. Se les robaban las cosechas, las mujeres, los hijos. Se los azotaba hasta dejarles los huesos al aire. A los hijos de quienes protestaban se los tomaba por los pies y se los estrellaba contra los árboles. Se quemaba vivas a personas rociadas con parafina. La Chorrera y El Encanto, sobre el Igaraparaná y el Caraparaná, fueron los nombres precisos de ese régimen.
Las consecuencias territoriales sobrevivieron al régimen mismo. El pueblo murui, para escapar del terror, remontó el río Caquetá hasta territorio koreguaje: un éxodo forzado que reconfiguró para siempre la geografía humana amazónica. La violencia de la Casa Arana —despojo, expulsión, explotación, tortura, exterminio— afectó no solo al Putumayo sino también al Vaupés y al Caquetá, y forma parte del mismo linaje largo de esclavización que se practicaba en la región desde el período colonial. El caucho no inventó la esclavitud amazónica; la industrializó.
Fronteras dibujadas sobre la selva
Mientras la Casa Arana ejercía soberanía privada, los Estados discutían la pública. La frontera entre Colombia, Perú y Ecuador en la Amazonía era, a comienzos del siglo XX, un trazo indeciso sobre mapas incompletos. En julio de 1911, un incidente en La Pedrera, sobre el río Caquetá, expuso la fragilidad de las posiciones: tropas colombianas rompieron los términos del modus vivendi vigente al intentar expulsar a peruanos residentes. La devolución de La Pedrera a Colombia, el 23 de octubre de 1911, se debió más a la gestión diplomática de Eduardo Restrepo Sáenz, representante colombiano en Lima, que a capacidad militar efectiva.
El diferendo se saldaría, en el papel, el 24 de marzo de 1922, con la firma del Tratado Lozano-Salomón. Colombia cedió los territorios entre los ríos Putumayo y Napo, que le habían pertenecido durante el período colonial, pero conservó el pequeño trapecio amazónico que le garantizaba salida al río Amazonas —el corredor que hoy termina en Leticia—. El tratado fue impopular en el Perú: se creía que Colombia no tenía derecho legítimo sobre las tierras cedidas y que Estados Unidos había presionado al presidente Augusto B. Leguía para firmarlo, como compensación tácita por la pérdida de Panamá. Ecuador, que se encontró de pronto compartiendo 300 millas de frontera con Perú en lugar de con Colombia, rompió relaciones diplomáticas con Bogotá en 1925.
El tratado fue ratificado por los congresos de ambos países y las ratificaciones se canjearon antes del 1° de septiembre de 1932. Ese día, un grupo de unos 250 peruanos armados tomó Leticia e izó la bandera peruana. Colombia no estaba lista: la guarnición más cercana estaba en Caucaya, sobre el Putumayo, a mil millas de distancia, y los métodos para trasladar tropas a la frontera eran más imaginarios que efectivos. El país entero descubrió, en shock, que la soberanía sobre la Amazonía era una ficción cartográfica.
La respuesta transformó la relación de Colombia con su sur. El 26 de marzo de 1933, fuerzas colombianas atacaron el fuerte peruano de Güepí, en una operación que partió de Caucaya con apoyo de las cañoneras Cartagena y Santa Marta y de planchones semiblindados. Se usaron por primera vez en la historia militar del país aviones de la aerolínea comercial SCADTA —la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos— para transportar tropas y suministros, en lo que suele contarse como una de las primeras guerras aéreas del hemisferio. El conflicto concluyó con el armisticio del 24 de octubre de 1933 y la firma del Protocolo de Río de Janeiro el 24 de mayo de 1934, por el cual Colombia obtuvo plena soberanía sobre Leticia.
Antes de la crisis, el presidente Enrique Olaya Herrera había promovido reformas de integración territorial, entre ellas la creación de la Intendencia de Amazonas mediante la Ley 10 del 8 de octubre de 1930. Pero fue la humillación de Leticia la que despertó al Estado colombiano al hecho de que su sur amazónico existía, y de que existir requería presencia. La lección se aprendió a medias: la presencia militar no se tradujo en presencia civil, y las fronteras se siguieron dibujando sobre pueblos indígenas amazónicos —muruis, koreguajes, kofán, tikunas— a los que las negociaciones diplomáticas nunca consultaron.
Petróleo, colonos y el primer laboratorio del Estado
En 1963, otra frontera se abrió. Ese año la Texas Petroleum Company llegó al Putumayo y estableció sus campamentos cerca de Puerto Asís. Los campos de Orito y La Hormiga —descubiertos a comienzos de los sesenta— iniciaron el ciclo petrolero de la región, que se concentraría en los municipios de Orito, Valle del Guamuez y San Miguel. De Orito partiría, tendido a través de la cordillera, el oleoducto transandino: 200 kilómetros y 16 pulgadas de diámetro para llevar el crudo hasta el puerto de Tumaco, en el Pacífico nariñense. Las baterías de recepción se instalaron en La Hormiga y San Miguel.
En 1979, los campos se revirtieron al Estado colombiano. Pero para entonces el patrón ya estaba fijado: el Putumayo era territorio de enclave. La infraestructura petrolera funcionaba con lógica propia, atraía trabajadores migrantes de todo el país, urbanizaba súbitamente pueblos que no habían sido concebidos como ciudades, y convivía con una vida rural cuya principal característica era la ausencia estatal. Décadas más tarde, en Orito, una refinería con base militar adjunta —donde el teniente coronel Francisco Javier Cruz comandaría cerca de 1.200 soldados— tendría como responsabilidad principal declarada proteger la industria petrolera, no a las comunidades.
Paralelamente al petróleo, el Putumayo se poblaba por otra vía: la colonización. La ocupación amazónica había comenzado a finales del siglo XIX y se prolongó a lo largo de todo el XX, empujada por ciclos extractivos y programas estatales que veían en la frontera un escape para las tensiones agrarias del interior. Las misiones capuchinas habían sido el primer agente institucional de esa configuración territorial, antes incluso de que el ejército nacional asumiera el papel a comienzos del siglo XX. Después vinieron oleadas sucesivas de colonos: los que abrieron el monte con hacha y luego vieron sus mejoras absorbidas por ganaderos y comerciantes; los que llegaron con la Texas; los que llegaron con la coca.
La adjudicación de baldíos por parte del Incora, pensada en teoría para ordenar la propiedad, no protegió los territorios indígenas y con frecuencia ignoró a sus habitantes originales, precipitando conflictos que se saldaron por desplazamiento e invisibilización. Al cabo de décadas, la estructura de propiedad del Putumayo se consolidó con predominio de la mediana propiedad: predios de entre 21 y 100 hectáreas —el rango de la Unidad Agrícola Familiar— terminaron cubriendo cerca de seis de cada diez hectáreas adjudicadas. Ese dato oculta lo esencial: el proceso había sido caótico, violento y protagonizado por actores subalternos —el colono, el cocalero— cuyas lógicas rara vez coincidieron con las del Estado que nominalmente los administraba.
La coca y los contrapoderes armados
Hacia finales de los años setenta se abrió el siguiente capítulo. Entre 1977 y 1987, el cultivo de coca produjo un nuevo auge migratorio en el Putumayo, el Caquetá y el Guaviare, atrayendo a gente de todo el país. La intensidad del proceso fue tal que, en el período 1978-1986, cerca de cuatro de cada diez colonos que años después serían encuestados en la zona se habían vinculado al Putumayo en esa sola década. La región se llenó de gente y de plantaciones, y sobre esa base económica ilegal se montaron —o se rehicieron— los actores armados que gobernarían el territorio durante las décadas siguientes.
En 1987, Gonzalo Rodríguez Gacha, el Mexicano, jefe del Cartel de Medellín en la región, instaló una base paramilitar y de procesamiento en la vereda La Azulita, en jurisdicción de Puerto Asís. La configuración inicial fue paradójica: Rodríguez Gacha estableció una relación de colaboración con las FARC, y grupos llamados Combos y Masetos se encargaron del transporte y la protección de la mercancía. La muerte del capo en 1990 y la expulsión de los paramilitares del complejo conocido como El Azul dejaron a las FARC-EP como único poder armado dominante en el Putumayo entre 1991 y 1997, actuando como una suerte de sindicato armado de los cocaleros e imponiendo reglas —tarifas, protocolos, arbitrajes— a los propios narcotraficantes.
En ese período, la voz cocalera se hizo movimiento. En 1996, una gran movilización de campesinos del Putumayo buscó acuerdos con el gobierno para acceder al programa Plante y desarrollar alternativas productivas legales. Las protestas fueron señaladas de tener intereses guerrilleros, y la respuesta de la fuerza pública derivó en represión violenta. Fue una oportunidad perdida: la negociación pacífica del problema de los cultivos ilícitos se abortó antes de comenzar, y el resentimiento acumulado se convirtió en combustible político.
En 1997 llegaron los paramilitares. Su incursión —bajo el paraguas nacional de las Autodefensas Unidas de Colombia lideradas por Carlos Castaño— encontró en el Putumayo dos incentivos superpuestos: la economía cocalera y la infraestructura petrolera. Los cascos urbanos del Bajo Putumayo —Puerto Asís, Orito, La Hormiga— pasaron progresivamente al control paramilitar, mientras las zonas rurales permanecieron mayoritariamente bajo dominio guerrillero. La colonización amazónica descontrolada y la ineficiencia absoluta del Estado para cumplir sus funciones fueron los dos ejes que, ligados entre sí, dieron lugar al establecimiento de contrapoderes armados —guerrilleros y paramilitares— en el Putumayo. El Bajo Putumayo —conformado por Puerto Asís, Puerto Caicedo, Orito, Valle del Guamuez y San Miguel— concentraría la mayor producción de coca del departamento y sería la subregión más golpeada por la violencia desde los años ochenta.
El Plan Colombia y la lluvia química
En 1998, el presidente Andrés Pastrana concibió el Plan Colombia. En su origen figuraba como un plan de lucha contra el narcotráfico, y su financiación —masiva— provendría de Estados Unidos. Pero desde su diseño tenía una lógica contrainsurgente, coordinada por el Comando Sur estadounidense. El Putumayo fue definido como región piloto —laboratorio— para su implementación. Su aplicación coincidió con la avanzada paramilitar y con el inicio de las aspersiones aéreas masivas.
La primera fase se concentró en Putumayo y Caquetá, controlados por las FARC-EP, territorios donde se hallaba aproximadamente la mitad del total de los cultivos de coca del país. Contempló el entrenamiento de batallones antinarcóticos y el despliegue militar en gran escala. Y contempló, sobre todo, el glifosato. Las fumigaciones aéreas se iniciaron hacia el año 2000 y se convirtieron en la marca visible del Plan.
Los efectos fueron los que ahora sabemos que serían. Primero, sobre la salud: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infecciones respiratorias agudas. En el Valle del Guamuez, residentes de 67 de las 100 veredas del municipio se consideraron afectados en su salud, sus cultivos y su entorno. Segundo, sobre la economía campesina: la aspersión no distinguió entre cultivos ilícitos y cultivos de pancoger, potreros o propiedades de pobladores ajenos al circuito de la coca. Tercero, sobre la geografía del narcotráfico: el llamado efecto globo desplazó los cultivos, principalmente hacia Nariño, sin erradicarlos. Cuarto, sobre la población: las fumigaciones provocaron nuevas oleadas de desplazamiento forzado, que se sumaron a las anteriores.
Y quinto, sobre las cuentas del propio Estado. Apoyar a una familia cultivadora para reconvertir su actividad costaba en torno a 40 millones de pesos; erradicar una sola hectárea desde el aire, con glifosato, costaba 72. Es decir, casi el doble por hectárea que reconvertir a la familia entera detrás de esa hectárea. Y la desproporción presupuestal era sistemática: Guaviare recibió el 18% de las fumigaciones pero solo el 0,2% de la inversión en desarrollo alternativo; Caquetá, el 13% y el 2%; Nariño, el 16% y el 4%. La fórmula era costosa e ineficaz. Y sin embargo se sostuvo.
La llegada del Plan Colombia al Bajo Putumayo, en 2000, coincidió con un incremento de la violencia que no cesó hasta 2008: combates entre el Ejército y las FARC, consolidación paramilitar en cascos urbanos, disputa territorial por corredores del narcotráfico. En esos años, el Putumayo se convirtió en emblema nacional de una guerra que se libraba, otra vez, sobre las espaldas de sus habitantes.
El posacuerdo: una paz interrumpida
Entre 2012 y 2016, mientras avanzaban las negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC en La Habana, el Putumayo vivió un desescalamiento de los hechos violentos por parte de la guerrilla. Fue una tregua parcial. Aunque las FARC-EP mantuvieron el control del macroterritorio étnico hasta la firma del Acuerdo de Paz, otros actores comenzaron a llenar los espacios que la desmovilización dejaría vacíos: el ELN y grupos armados organizados de distintos niveles cobraron protagonismo creciente.
Para 2018, los programas del Acuerdo habían perdido fuerza. La transformación integral de los territorios prometida se redujo, en la práctica, a algunas construcciones viales. Y varias figuras conocidas en la región —exintegrantes de los bloques Oriental y Sur de las FARC— decidieron volver a la clandestinidad y retomar las armas. La incertidumbre se instaló entre los pobladores. Los cultivos de coca, que habían disminuido durante las negociaciones bajo la promesa de sustitución voluntaria, se reactivaron.
En 2021 llegaron al Putumayo el Frente Carolina Ramírez —disidencia de las FARC— y los llamados Comandos de la Frontera. Amenazaron a la población y la obligaron a vender pasta base de coca a un único comercializador, restaurando en el territorio un régimen de monopolio armado. Los nuevos grupos son quimeras del posconflicto: exguerrilleros, exparamilitares, delincuentes comunes e incluso exmilitares vinculados al narcotráfico se mezclan en estructuras que ya no encajan en las viejas categorías del conflicto colombiano.
Sobre esa reconfiguración se ha desatado, sistemáticamente, la persecución de la organización social. En el Putumayo del posacuerdo, integrantes de juntas de acción comunal, defensores de derechos humanos, líderes ambientales y promotores de la implementación de los acuerdos han sido amenazados y asesinados. La acusación recurrente —ser informantes o colaboradores del enemigo— se aplica con lógica de exterminio a quienes intentan construir tejido civil en un territorio donde el tejido civil ha sido siempre el primer objetivo de todas las guerras.
Una historia en capas
Si algo enseña el Putumayo a quien lee su historia con calma es que Colombia no lo ha gobernado nunca de un solo modo, y a menudo no lo ha gobernado en absoluto. Lo ha administrado por delegación —misiones, empresas caucheras, petroleras, ejércitos privados—, lo ha atravesado con proyectos que rara vez consultaron a sus habitantes, y lo ha convertido, capítulo tras capítulo, en el escenario donde ensaya sus soluciones más drásticas: la aspersión química, la militarización, la guerra prolongada.
Los ciclos extractivos se encadenan con una lógica reveladora. La quina y el caucho aniquilaron pueblos indígenas para alimentar mercados internacionales que quedaban a miles de kilómetros. El petróleo llegó cuando el caucho ya no rentaba y trajo consigo un modelo de enclave que urbanizó sin integrar. La coca ocupó los intersticios que el Estado no llenaba —tierras, empleo, capital circulante— y sobre ella se montaron las guerras que aún se libran. En cada ciclo, el Putumayo fue nombrado como recurso: primero como fuente de látex, luego de crudo, luego de alcaloide. Rara vez como territorio con sujetos que lo habitaban.
Y sin embargo, las capas más profundas del Putumayo no son las que impusieron los ciclos externos, sino las que resistieron a ellos. Los kamëntšá con sus 2.500 hablantes de una lengua sin parientes conocidos. Los ingas que hicieron del quechua venido con el imperio incaico una lengua colombiana de tierra amazónica. Los kofán que sobreviven a caballo entre dos repúblicas. Los muruis que remontaron el Caquetá huyendo de La Chorrera y que ahora reconstruyen memoria colectiva sobre las huellas del terror. Los colonos que abrieron el monte y perdieron sus mejoras. Las mujeres cocaleras que marcharon en 1996. Los líderes sociales asesinados en el posacuerdo. Todos ellos son también el Putumayo, y son en último término la respuesta a la pregunta de por qué esta región, tan lejos de todo, importa tanto: porque en ella se ha jugado —con cifras humanas siempre demasiado altas— la definición misma de qué significa que un territorio sea colombiano.
La huella del Putumayo en la historia nacional es, por eso, doble. Por un lado, es el archivo vivo de los modos en que el Estado colombiano ha decidido no ser Estado en su propia geografía: por delegación, por omisión, por represión. Por otro, es la prueba de que los territorios sometidos a esos modos no se rinden a ellos, y de que su historia sigue escribiéndose —hoy más que nunca, entre la memoria del caucho y las amenazas de los Comandos de la Frontera— con la voz de quienes nunca fueron consultados sobre las fronteras que los atraviesan.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
45 documentos · 75 fragmentos01Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2891 cita
[1]óke, un grupo independiente, sobreviven en la quebrada Aduche, abajo de Araracuara y también en la región de la Pedrera. Los K ofán, también independientes, se ubican en el alto río Putumayo, entre puerto Asís y Cuembi, en Adriote, en San Antonio de Guamués y principalmente en el río San Miguel y en el Caño El Hacha,…
p. 289
02Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 231, 254, 2653 citas
[2]de la selva tropical que los entrenaron cuando eran adolescentes, por perio- dos de uno a seis años. La esencia del aprendizaje en la Amazonía es el manejo del yagé como planta curativa y como medio de diagnosticar la enfermedad, de aprender las propiedades curativas de otras plantas, de conocer y entender el mundo…
p. 231
[6]pueblos de indios que les permitieron a los españoles usurparles a los habitantes del valle su oro, sus cosechas y su trabajo. La explotación desmedida colocó a los sibun- doyes en el umbral del aniquilamiento. Para proteger a la población, la Corona española introdujo resguardos y cabildos de indios. Combinadas con…
p. 254
[10]manejo de las escue- las públicas localizadas dentro de su territorio. Por otra, se 266 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt autorizó a las misiones la formación de haciendas en terre- nos baldíos cedidos a ellas por la nación. Se impartieron claras instrucciones para que los candidatos escogidos para ocupar los…
p. 265
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 551 cita
[3]a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…
p. 55
04La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 14, 342 citas
[4]Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…
p. 34
[8]la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…
p. 14
05Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 34, 1672 citas
[5]de hombres, mujeres y de niños, porque dicha trata ha sido, quizá, la que mayor destrucción ha generado en el conjunto de la región. En ocasiones, tanto la trata humana como la sujeción y el cautiverio se han camuflado en re- laciones paternalistas y de servidumbre, lo mismo que bajo la apa- rente legalidad del pago…
p. 34
[15]explican la preferencia de los indígenas por aquellas partes más altas y secas que empiezan después de que el Igará- Paraná ha recorrido cerca de 100 millas. En esta región más ele- vada no hay mosquitos y hay menos plagas de insectos, y por ello es más segura la vivienda permanente y el cultivo del suelo que en…
p. 167
06La alteridad radical que cura. Neochamanismos yajeceros en ColombiaAlhena Caicedo-Fernández · 2015 · p. 35, 1692 citas
[7]en Bogotá, años después, fue descubrir que don Pacho era ahora el taita Pacho, y que contaba con una red de amistades e intermediarios que lo invitaban regularmente a la ciudad en calidad de médico tradicional yajecero. El contacto cultural con los "blancos" y la evangelización misionera en el Putumayo, aunque…
p. 169
[12]entre las tierras altas y la selva, los ingas em- 6 Saloman da referencias históricas de un juicio practicado en el siglo xvm a un brujo de Si- bundoy, Lorenzo Buesaquillo. Esta narración da cuenta de la existencia previa de esta práctica (cfr. Saloman 1983: 415). CONTEXTOS 21 pezaron también a ganar prestigio entre…
p. 35
07Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 190, 275, 2953 citas
[9]organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…
p. 190
[13]de los Andaquíes, también en el departamento del Caquetá, en 1917. 2 Fraile capuchino de origen catalán. Fue nombrado prefecto apostólico del Caquetá y Putuma- yo desde 1905 y permaneció en la región hasta 1928. 3 Jacinto María De Quito, Relación de viaje en los ríos Putumayo, Caraparaná y Caquetá y entre las tribus…
p. 275
[14]las que cada cual ocupa su lugar; al fondo, las instalaciones de la escuela (ya sea esta una edificación o una choza) y en el centro o al costado, los misioneros conteniendo el grupo, presentándolo. Además, se incluyen algunas imágenes en las que los niños o niñas están haciendo la primera comunión (vestidos de blanco…
p. 295
08Hacer memoria para recuperar el ser kamëntšá: raspachines víctimas y lecciones de la madre tierra para pervivirGrupo de Memoria Kamëntšá; William Caicedo Jamioy; Víctor Andrés Chasoy; Clementina Chicunque Chindoy; Wbeimar Arturo Jacanamejoy Chicunque; Judy Jaqueline Jacanamejoy Chicunque; Arturo Jacanamejoy Mavisoy; Jacinta del Rosario Jamioy; Aida Yuleni Juagibioy; Laura Guzmán Peñuela; Tania Helena Gómez Alarcón · 2020 · p. 20, 232 citas
[11]En 1911, el Gobierno declaró territorio baldío al Valle de Sibundoy (Chaparro, 2015, p. 93). Poste- riormente, por medio de la Ley 53 de 1913, se reglamentó la tenencia de la tierra: mientras a cada colono mayor de veintiún años le correspondieron cincuenta hectáreas, a cada comunidad de indígenas se le adjudicó una…
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[72]frontera con el Putumayo. Fue así como se debilita- ron algunas de sus estructuras, al tiempo que otras aumentaron su influencia (Gómez et al., 2017). Entre 2012 y 2016, se produjo un desescalamiento de los hechos violentos por parte de las FARC debido a las negociaciones del proceso de paz con el gobierno de Juan…
p. 23
09Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 5141 cita
[16]enero de 514 Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio 1910 – Señor Gerente de las Rentas Departamentales – Popayán. – Tengo el honor de rendir a usted el informe que me solicitó en su atento oficio de 18 de diciembre último: 1º. Hace tres años que los señores Arana y Compañía quienes desde el año…
p. 514
10Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · p. 61 cita
[17]con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…
p. 6
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 43, 1892 citas
[18]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
[75]calidad de vida, protección del medio ambiente e incluso la disminución de la producción de cultivos ilícitos 773. Sin embargo, para 2018, muchos veían con preocupación cómo perdían fuerza los programas del acuerdo y los mismos se reducían a la construcción de vías. En realidad, la idea de transformación integral de…
p. 189
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 41, 48, 553 citas
[19]Municipio de Leguízamo y Alto Resguardo Predio Putumayo -Acilapp; Asociación de Cabildos Indígenas de Orito Putumayo - Aciop; Asociación Indígena Pueblo Awá - AIPA; Asociación de Cabildo Indígenas de Puerto Caicedo - Asocipca y la Asociación de Cabildos Indígenas del Municipio de Villagarzón, Putumayo. Acimvip 42…
p. 41
[36]con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…
p. 48
[37]45. 105 Entrevista 280-CO-00139. Campesinos fundadores del Retorno, en el Guaviare. 106 Entrevista 062-VI-00008. Antiguo poblador del municipio de Valle del Guamuez. 107 Lombo, «Cuando el movimiento campesino se tomó el país», El Espectador. 56 fiflćflThffan nexosfl. nThnflon el proceso de colonización y su…
p. 55
13Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1721 cita
[20]Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…
p. 172
14Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 313, 316, 3193 citas
[21]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
[27]El 18 de fe- brero de 1933 la guarnición colombia- na en la isla de Chavaco había repe- lido un intento peruano de asalto, de- rribando dos hidroaviones de comba- te. El 1.° de marzo se recibió de Bo- gotá la orden de atacar a Güepí, con apoyo de las cañoneras Cartagena y Santa Marta, asignadas al destacamen- to junto…
p. 319
[30]germen prometedor de una ma- rina de guerra. Nada podía hacerse militarmente en aquellas lejanías in- comunicadas, como no fuese por ges- tión diplomática. De ésta se echó mano mientras el país ardía de ira, pa- triotismo herido y frustración. La Pedrera fue devuelta a Colombia el 23 de octubre de 1911, merced a la…
p. 313
15Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 781 cita
[22]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
16Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1121 cita
[23]se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…
p. 112
17Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 37, 912 citas
[24]On the other hand, the Ecuadorans were furious at what they regarded as a violation of the 1916 treaty agreement. Abruptly "confronted by a 300 mile boundary with their enemy, Peru, instead of the same line with Colombia, a country they had formerly regarded as a friend," they broke off diplomatic relations with Bogot…
p. 37
[26]funds for basic economic reforms, received pledges of ten million pesos to buy war bonds. 37 Energized by the outpouring of popular support, Olaya Herrera mobilized the army to confront the Peruvians, but the difficulties of fighting a war in remote Amazonas were soon apparent. Reports from Leticia took Page 41…
p. 91
18Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 cita
[25]bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…
p. 33
19Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 cita
[28]ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…
p. 318
20Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 71 cita
[29]an Account of the Author’s Extraordinary Adventures in the Devil’s Paradise (London: Rider, 1994), pp. 51, 39. 26 Aguilar, Evangelio y colonización, pp. 37–38. 27 Garry Leech, Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in Colombia (Boston: Beacon Press, 2009), p. 103. 28 See Aguilar, Evangelio y colonización, p.…
p. 7
21Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 111 cita
[31]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
22Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 178, 1823 citas
[32]su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…
p. 171
[38]5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…
p. 178
[48]la selva, llamar a la gente y decirle “no es este el cultivo que van a llevar señores, van a poner es un cultivo digno, vamos a erradicar esto para siempre”. Pero no. Los funciona- rios del Gobierno no vienen por aquí. Los funcionarios que vienen a la región se ubican en las cabeceras de los municipios, ellos no salen…
p. 182
23Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 14, 28, 943 citas
[33]departamento, predomina la mediana propiedad: los predios de 21-100 hectáreas representan el 59,3 por ciento de la superficie adjudicada. Conclusión Lo anterior es un panorama general sobre el proceso de con- figuración territorial de la región de Putumayo durante el siglo XX, mediante las actividades económicas…
p. 94
[42]y de propiedad colectiva que existen en el país, tales como áreas protegidas (PNN, reservas foresta- les, entre otras), resguardos indígenas, consejos comunitarios de comunidades afrodescendientes y zonas de reserva campesinas. Así mismo, para analizar los problemas de la distribución de la propiedad rural y los…
p. 14
[43]región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…
p. 28
24El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 332, 337, 3513 citas
[34]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
[64]en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…
p. 337
[68]piel como: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infección respiratoria aguda, presenta- dos a partir de la realización de fumigaciones en la zona (…) de las 100 veredas que existen en el Valle del Guamuéz, municipio con el mayor número de habitantes en el departamento, después de Puerto Asís y…
p. 351
25El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 332, 337, 3513 citas
[35]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
[65]en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…
p. 337
[69]piel como: dermatitis, impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infección respiratoria aguda, presenta- dos a partir de la realización de fumigaciones en la zona (…) de las 100 veredas que existen en el Valle del Guamuéz, municipio con el mayor número de habitantes en el departamento, después de Puerto Asís y…
p. 351
26El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 272 citas
[39]Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…
p. 27
[40]Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…
p. 27
27Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 701 cita
[41](CNMH, 2014, página 303). Toda la etapa de conflicto territorial entre parami- litares y guerrillas se caracterizó por una profunda afectación contra las organizaciones campesinas, cuyos líderes fueron estig- matizados, amenazados y muchos asesinados, hasta obligarlos a huir fuera de la región. 4.4. Actores armados en…
p. 70
28Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 141, 1572 citas
[44]that Plan Colombia had established favorable economic terms for foreign oil companies, the question remained whether it was also providing the necessary security for oil companies to successfully operate in Putumayo. In order to answer that question, I left the refinery and visited the adjoining military base, where I…
p. 141
[45]of the wealth derived from the country’s petroleum resources. Although it was clear that Plan Colombia had established favorable economic terms for foreign oil companies, the question remained whether it was also providing the necessary security for oil companies to successfully operate in Putumayo. In order to answer…
p. 157
29El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1432 citas
[46]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
p. 143
[47]desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…
p. 143
30La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · p. 22, 262 citas
[49]– y fue uno de los primeros en financiar y crear grupos paramilitares. 17 Entre ellos, hay que resaltar los permisos otorgados a Rodríguez Gacha, quien desde 1987 instauró en la vereda la Azulita- Municipio de Puerto Asís- una base paramilitar y una base de procesamiento de coca. Es importante reconocer que…
p. 26
[54]del resto del Departamento, sin embargo, no hay que desconocer que esta zona fue un corredor estratégico para la movilización y entrada de grupos de guerrilla y paramilitares hacia el Bajo Putumayo. Una situación similar ca- racteriza a la zona del Piedemonte o Cuenca del Río Caquetá (Medio Putumayo) 3. En estas…
p. 22
31No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3961 cita
[50]ilegalmente, torturadas, asesinadas y desaparecidas, 2 de ellas miembros del sindicato Sintragritol. El hecho causó el desplazamiento de 44 familias, aproximadamente 220 personas de las 251 que habitaban Cajamarca para 1999 1156. 1155 Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), De los grupos precursores al Bloque…
p. 396
32Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 1991 cita
[51]acuerdos con el Gobierno na - cional (entre 1996 y 1997) para recibir apoyo y fomento en busca de alternativas productivas legales, con base en el inicio de los proyectos del programa Plante. La situación se complicó porque las FARC tenían una presen - cia notoria y gran interés en el control de las zonas de cultivos…
p. 199
33El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 3892 citas
[52]1991; ha vivido por décadas la violencia y cooptación por los grupos armados ilegales, derivada de lo estratégica que resulta esta zona fronteriza para actividades ilegales como la siembra de coca, la movilidad de actores armados ilegales, y el transporte de insumos (contrabando, coca) (Misión de Observación…
p. 389
[53]1991; ha vivido por décadas la violencia y cooptación por los grupos armados ilegales, derivada de lo estratégica que resulta esta zona fronteriza para actividades ilegales como la siembra de coca, la movilidad de actores armados ilegales, y el transporte de insumos (contrabando, coca) (Misión de Observación…
p. 389
34Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 1161 cita
[55]groups to consolidate power, become preponderant, and forge stable long- term arrangements. They are among the regions where Plan Colombia’s influence on the conflict dynamics was particularly intense. The hos- tility between paramilitaries and insurgents inflicted brutal violence on civilians. As a major coca…
p. 116
35Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6701 cita
[56]nacionales y extranjeras como Cargill, Poligrow y Manuelita para explotarlas con proyectos de agroindustria 2239. En otras zonas, la reconfiguración ocurrió por las aspersiones con agentes químicos para erradicar cultivos de coca y marihuana. Las fumigaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta habían comenzado desde…
p. 670
36Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 651 cita
[57]concebido por el propio Andrés Pastrana, el 8 de junio de 1998, se trataba de una iniciativa nuclear de su Plan de Desarrollo, resultando acogida por el presidente estadounidense Bill Clinton, en diciembre de 1998, cuando prometió destinar más ayuda militar a Colombia a fin de combatir las drogas y fortalecer la…
p. 65
37Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 28, 2502 citas
[58]versión, en septiembre de 1999, el Plan Colombia fue presentado siempre como un proyecto de ayuda exclusiva a la lucha contra el narcotráfico (García, 2001), aunque es claro que en su origen estaba la preocupación por las derrotas sufridas por el Ejército a manos de la guerrilla. Como en aquel momento el gobierno…
p. 250
[61]de toque de la política estadounidense en el país. En efecto, Washington ha considerado el Plan Colombia el programa clave en su estrategia antinarcóticos para la región andina. En éste se combinan las medidas antinarcóticos precedentes —fumigación de cultivos ilícitos, control de precursores químicos, destrucción de…
p. 28
38Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 354, 3662 citas
[59]Documentation Project (NSA). 4. 708 En ese momento era asistente del secretario de Estado; entre 2007 y 2010 fue el embajador estadounidense en Colombia. narcotráfico como protagonista del conflicto armado y factor de su persistencia 367 no mezclar objetivos, buscando equilibrar la asistencia antidrogas «dura» con el…
p. 366
[63]coca, erradicación manual y glifosato (1999-2016) Fuente: Elaboración analítica SIM con base en datos del Observatorio de Drogas de Colombia. 649 Entrevista 045-VI-00165. Víctima, mujer, Nariño. 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 0 50.000 100.000 150.000 Hectáreas…
p. 354
39Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 4111 cita
[60]citado en CNMH, 2015, página 98). Como ya se ha anotado, el aumento de las cifras de abandono en el primer periodo coincide también con la llegada del Plan Colombia. Con este Plan se presenta un aumento de los comba- tes, principalmente entre el Ejército y las FARC, con una reacción débil por parte de este grupo hasta…
p. 411
40Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3371 cita
[62]verle la cara a la guerra que ya desangraba a Urabá, a Córdoba, al Magdalena Medio y a los Llanos Orientales. Pero el gobierno Pastrana había aprobado la fumigación con glifosato por aire de los cultivos de coca de Putumayo y Caquetá, los campeones nacionales en cultivos de coca. Además envió a esas selvas y llanos…
p. 337
41Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 170, 1732 citas
[66]manera, una co ntinuidad de la explotación de monocultivos que viene asociada a la pérdida de la diversidad biológica, al uso insostenible del agua, al vertimiento de sustancias tóxicas y a la paulatina desertificación del suelo. 487 Informe 365 - CI - 01261, Federación Nacion al de Cultivadores de Palma de Aceite…
p. 170
[67]tan riesgoso para la salud y la naturaleza es volver a la aspersión aérea con glifosato?». 502 Nivia y Rapalmira, «Las fumigaciones aéreas sobre cultivos ilícitos sí son peligrosas». 503 Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc), «Censo de Cultivos de Coca 2014», 97. 504 Programa de…
p. 173
42Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 851 cita
[70]dos Unidos (CODHES, 2009). Sin embargo, a pesar de la altísima inversión económica, la estrategia militar de erradicación de cul- tivos de uso ilícito por medio de la fumigación aérea no solo no 86 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca ha sido tan e fi caz como se esperaba,…
p. 85
43Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1201 cita
[71]acumulados 1999- 2004 fumiga total acum. en DA prpto. prpto. D.A. 1999-2004 (Has.) de fumiga 1999-2004 1999-2004 (Has.) (US millones) 4º Magdalena 3.035 1.632 16º 0.3 17.8 7 5º Bolívar 27.288 22.820 7º 3.7 12.9 5 6º Cauca 18.835 9.523 11º 1.5 12.1 5 7º Cesar* 3.514 3.031 14º 0.5 11.5 5 8º Antioquia 21.833 31.147 6º 5…
p. 120
44Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 981 cita
[73]Putumayo, al imponerles hora- rios de pesca y tránsito, y con la siembra de minas antipersonal. Esta guerrilla, además, involucró indígenas en la producción de pasta de coca, a cambio de apoyo económico. Este macroterritorio étnico permaneció bajo el control de las FARC-EP hasta la firma del Acuerdo de Paz. A partir…
p. 98
45Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 cita
[74]paz se derrumba en Putumayo». La Silla Vacía. un nuevo ciclo de la guerra 87 La población civil ha quedado en medio de la disputa entre ambas disidencias. Al igual que en otras zonas del país, el asesinato a líderes ha sido sistemático; los inte- grantes de las juntas de acción comunal, al igual que las personas que…
p. 86