Idea · Seguridad Democrática
Soberanía alimentaria
La soberanía alimentaria es, en la historia reciente de Colombia, un concepto-movimiento que las organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes convirtieron entre 2002 y 2016 en gramática común para nombrar el despojo, resistir la agroindustria y disputar el modelo agrario. Designa el derecho de los pueblos a decidir qué producir, cómo y para quién comer, y aterrizó en Colombia sobre un suelo marcado por seis décadas de reforma agraria fallida y concentración creciente de la tierra.
Trayectoria de una idea
- 1961
Fracaso estructural de la reforma agraria
- 1972
Acuerdo de Chicoral y contrarreforma agraria
- 1988
La economía campesina como sujeto amenazado
- 2002
Seguridad Democrática, palma y despojo territorial
- 2011
Resurgir organizativo y politización del concepto
- 2013
Paro agrario nacional: momento álgido del concepto
- 2016
Cristalización parcial en el Acuerdo de La Habana
La lectura
La soberanía alimentaria llegó a Colombia como concepto de Vía Campesina en los años noventa, pero encontró su sentido propio sobre un suelo agrario marcado por seis décadas de reforma fallida, latifundio persistente y colonización de las periferias. No fue nunca una política de Estado ni una ley: fue la palabra con la que comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes nombraron de golpe el despojo paramilitar, la expansión de la palma aceitera, los tratados de libre comercio y la destrucción de sus economías de subsistencia. Su contenido más vivo no estuvo en los foros sino en prácticas concretas de resistencia: los Agrosistemas Biodiversos Familiares en Córdoba, los bancos de semillas comunitarios, la defensa del chontaduro en el río Sabaleta, el cultivo de yuca y plátano en resguardos indígenas amenazados. Cuando el concepto llegó a los grandes escenarios nacionales —el paro agrario de 2013, la mesa de La Habana—, ya existía como experiencia cotidiana en decenas de territorios golpeados por el conflicto. Su límite histórico fue también su definición: ninguna de las coyunturas que lo visibilizaron logró tocar las estructuras de concentración de la tierra que le dieron origen.
Soberanía alimentaria en Colombia
La soberanía alimentaria es, en la historia reciente de Colombia, menos una política de Estado que un concepto-movimiento: una consigna importada por Vía Campesina en los años noventa que las organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes convirtieron, entre 2002 y 2016, en gramática común para nombrar el despojo, resistir la agroindustria y disputar el modelo agrario. No designa un programa de gobierno ni una ley; nombra una aspiración —el derecho de los pueblos a decidir qué producir, cómo y para quién comer— que aterrizó en Colombia sobre un suelo agrario marcado por seis décadas de reforma fallida, concentración creciente de la tierra y colonización de las periferias. Su momento álgido fue el paro agrario de agosto y septiembre de 2013; su cristalización parcial, el Punto 1 del Acuerdo de La Habana; su límite, el hecho de que ninguna de esas dos coyunturas logró tocar las estructuras que le dieron origen.
Qué nombra el concepto en Colombia
Antes de ser bandera, la soberanía alimentaria fue, en el vocabulario técnico dominante, un desplazamiento respecto de la seguridad alimentaria. Esta última, en el lenguaje de los organismos multilaterales, se ocupa de que haya alimentos suficientes, inocuos y accesibles, sin pronunciarse sobre quién los produce ni con qué modelo. La soberanía alimentaria añade una pregunta política: quién controla la tierra, las semillas, el agua y los mercados que hacen posible comer. Así la formuló Vía Campesina en la segunda mitad de los noventa, y así la adoptaron después las organizaciones agrarias colombianas.
En Colombia el término se apropia con una torsión propia. No es un debate técnico sobre nutrición: es un lenguaje para nombrar de golpe el despojo paramilitar, la expansión de la palma aceitera y la caña para biocombustibles, los tratados de libre comercio, los megaproyectos hidroeléctricos y minero-energéticos, el desplazamiento forzado. Bajo esa palabra las organizaciones campesinas articulan reivindicaciones de tierra, autonomía territorial, precios justos, defensa de semillas nativas y crítica al modelo agroexportador. Hacia el paro de 2013 y la negociación de La Habana, la soberanía alimentaria funcionaba ya como línea de trinchera: quien la enunciaba se situaba de un lado del debate agrario nacional.
El suelo estructural: seis décadas de reforma fallida
Ningún concepto agrario en Colombia se entiende sin el fracaso de la reforma agraria. La Ley 135, sancionada el 13 de diciembre de 1961 y ejecutada a través del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA, constituido el 29 de diciembre de ese año), inauguró un ciclo que se cerró tres décadas más tarde sin haber alterado el patrón de concentración de la tierra. La ley contemplaba procedimientos sobre propiedad rural, adjudicación de baldíos y colonización dirigida, pero su trámite legislativo la vació de contenido redistributivo. Los números son inequívocos: entre 1960 y 1970 la concentración de la propiedad aumentó pese a la prolija legislación agraria del período. Las explotaciones menores de diez hectáreas se redujeron en número y superficie, las unidades medias perdieron peso y los estratos por encima de las cincuenta hectáreas crecieron con nitidez.
Al cabo de la primera década de aplicación de la Ley 135, apenas el 2 % del total de tierras agrícolas del país había sido expropiado, y solo una fracción mínima de ese porcentaje llegó a manos campesinas. Entre 1962 y 1978, menos del 1 % de la superficie total del país fue afectada por la reforma. La colonización dirigida por el INCORA —piedemonte oriental, Magdalena Medio, altillanura entre Meta y Vichada, sur de Córdoba, Urabá, bajo Cauca, nordeste antioqueño— desplazó campesinos hacia las periferias sin tocar el latifundio del interior. En las élites siguió predominando el sector que promovía la concentración.
El Acuerdo de Chicoral, en 1972, sepultó lo poco que quedaba de vocación redistributiva. La Ley 4 de 1973, que formalizó el acuerdo, estableció barreras de protección de hasta 160 hectáreas contra la afectación por reforma agraria e introdujo nuevos criterios para clasificar predios como "adecuadamente explotados", dificultando de manera significativa la expropiación. La Ley 6 de 1975 completó el andamiaje. Cuando la Ley 160 de 1994 clausuró el ciclo, lo hizo apostando por una redistribución vía mercado de tierras, con menor intervención estatal, en un país que ya entraba a la apertura económica. El resultado agregado del ciclo 1961-1994 fue el mantenimiento del modelo dual latifundio-minifundio: se titularon baldíos, se promovió la colonización, se afectaron marginalmente las tierras al interior de la frontera agrícola y, mientras la pequeña propiedad se fragmentaba, los grandes propietarios ampliaban su control.
Ese fracaso tuvo consecuencias que la soberanía alimentaria terminaría nombrando décadas después. La expulsión campesina de tierras fértiles aceleró la migración campo-ciudad e intensificó la ocupación de los territorios periféricos: el piedemonte de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura, el sur de Córdoba, subregiones antioqueñas. Sobre ese mapa se dibujaría después el conflicto armado y, más tarde, la crítica campesina al modelo agrario.
La economía campesina como sujeto amenazado
La categoría económica que la soberanía alimentaria vino a defender existía, pese a todo, con nombre propio. Hacia 1988, los sistemas productivos campesinos ocupaban el 57 % del área agrícola nacional y aportaban el 42,7 % del valor de la producción agropecuaria. El 86,5 % del volumen de esa producción no era comerciable internacionalmente y se destinaba al mercado interno; el 97 % correspondía a alimentos de consumo directo, equivalentes al 90,2 % del valor. La economía campesina alimentaba al país.
Desde mediados del siglo XX se dibujaba ya una diferenciación interna que se agudizaría con las décadas. Entre 1945 y 1950-1953, el algodón crecía a tasas anuales del 15,7 %, mientras el fríjol registraba una tasa negativa del 8,39 %, la panela caía un 2,53 % anual y el maíz apenas crecía al 3,33 %. Cultivos de exportación al alza, alimentos de mesa al ralentí: la fractura entre el agro empresarial y el agro campesino comenzaba a ser notoria.
La apertura económica de los años noventa profundizó esa fractura. Entre 1991 y 2002 el área de cultivos agrícolas se redujo en cerca de 17,2 %, mientras la superficie en pastos y rastrojos se amplió en aproximadamente 19,4 %. Se atribuyó el fenómeno a políticas inadecuadas, bajo nivel tecnológico, sistema de tenencia y, sobre todo, a la caída de la demanda de productos nacionales por las importaciones y los bajos precios. La producción de alimentos para consumo interno se reorientó hacia insumos para la agroindustria y los biocombustibles, en un proceso que algunos analistas llamaron nueva ruralidad o descampesinización.
Los datos de 2009 dan la escala del giro: 193.423 hectáreas cultivadas de caña para etanol y 360.537 hectáreas de palma aceitera para biodiésel. Juntas suman una superficie del orden de Puerto Rico, dedicada no a alimentar sino a llenar tanques de combustible. Sobre ese suelo agroindustrial en expansión —que el Estado apoyó con legislación de fomento de oleaginosas, subvenciones y préstamos a cultivadores— se articularía la crítica de la soberanía alimentaria: no como defensa nostálgica del campesino, sino como denuncia de que la vocación agrícola del suelo se estaba subordinando a mercados externos y a proyectos energéticos con consecuencias directas sobre la capacidad del país de producir sus propios alimentos.
Palma, biocombustibles y despojo: el nervio de la crítica
Si la soberanía alimentaria encontró una figura concreta contra la cual definirse, esa figura fue la palma aceitera. En el Bajo Atrato chocoano y en el Urabá antioqueño, tierras de comunidades negras fueron despojadas mediante violencia paramilitar para dar paso al cultivo. Vicente Castaño Gil, jefe paramilitar, declaró en entrevista a Semana que en Urabá tenían cultivos de palma y que él mismo había conseguido empresarios para invertir en esos proyectos, descritos por él como "duraderos y productivos". La declaración condensaba, sin necesidad de glosa, el vínculo entre paramilitarismo y agroindustria palmera.
El patrón se repitió en los Llanos Orientales, donde tierras despojadas a campesinos desplazados fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces y notarios, y luego valorizadas mediante el cultivo de palma y caña. Las autoridades nacionales y locales apoyaron activamente a las empresas palmeras en el desalojo de comunidades de sus territorios ancestrales, mediante prácticas de violencia sustentadas en la impunidad y en las políticas contrainsurgentes. Justicia y Paz documentó, en el Pacífico colombiano, cómo la expansión de la palma en territorios ancestrales implicaba despojo territorial, destrucción de ecosistemas y desplazamiento forzado.
El modelo económico subyacente completaba el círculo. Las alianzas entre grandes compañías palmeras y pequeños cultivadores imponían a estos últimos tres años de preparación y mantenimiento sin ingresos, obligándolos a endeudarse con créditos para poder participar en un negocio cuyos márgenes decisivos —precios, insumos, comercialización— quedaban del lado empresarial. El pequeño cultivador quedaba atado a una cadena que no controlaba.
Fue contra ese paisaje —tierras arrebatadas con fusil y legalizadas con notario, subordinación de la vocación alimentaria a los biocombustibles, agricultores familiares transformados en engranajes de una cadena agroindustrial— que la soberanía alimentaria se politizó en Colombia. No era una discusión teórica: era la palabra con la que comunidades enteras nombraban una amenaza material a su capacidad de comer y de permanecer.
El giro de la Seguridad Democrática
El período 2002-2010, bajo los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, dio a la soberanía alimentaria su forma polémica. La Seguridad Democrática articuló una ofensiva militar contra las FARC-EP y el ELN con un modelo económico de apertura, atracción de inversión extranjera y expansión agroindustrial. En el Ministerio de Agricultura, primero Andrés Felipe Arias y después Juan Camilo Restrepo (ya bajo Juan Manuel Santos) tramitaron un paquete de políticas —Agro Ingreso Seguro entre ellas— cuyo horizonte declarado era la competitividad y la modernización del campo. Para las organizaciones campesinas, ese horizonte era exactamente el problema.
En el Bajo Atrato, en el Urabá, en el sur de Córdoba, en los Llanos, el mismo período que consolidaba la política de seguridad consolidaba también un despojo agroindustrial que las comunidades vivían como continuidad, no como paradoja: la violencia paramilitar abrió el terreno; la política agraria lo pavimentó; la legislación de biocombustibles lo rentabilizó. Las tierras adjudicadas a títulos mineros llegaron a duplicar las de vocación agrícola, según datos del Departamento Nacional de Planeación de 2010. La soberanía alimentaria comenzó a usarse, en asambleas y comunicados, para nombrar esa articulación entre política de seguridad, apertura económica y despojo territorial.
En los territorios afectados por el conflicto, la soberanía alimentaria dejaba de ser solo palabra para volverse práctica. En Puerto Guzmán, en el Putumayo, el enfrentamiento entre las FARC-EP y grupos paramilitares desplazó a comunidades inga y destruyó sus prácticas de cultivo de plátano, yuca y chontaduro y su acceso a bebidas tradicionales. Una integrante del resguardo de Calentura resumió el efecto: "lo que es de medicina tradicional se está perdiendo todo". Testimonios similares llegaron del Atlántico, donde el desarraigo territorial erosionó prácticas alimentarias como el pilado de arroz y el cultivo de yuca. En la Orinoquía, comunidades sikuani y piapoco reportaron sentirse confinadas, con dificultades para pescar y morichar, cambiando su dieta bajo presión.
En Córdoba, en torno a la represa de Urrá I, los paramilitares asesinaron al profesor Alberto Alzate Patiño de la Universidad de Córdoba en 1997, al profesor embera Lucindo Domicó en 1999 y desaparecieron al líder embera Kimy Pernía en 2001, desplazando a cientos de familias. Y sin embargo, sobre ese suelo violentado, comunidades campesinas y pescadoras impulsaron los Agrosistemas Biodiversos Familiares (ABIF): un modelo de recomposición productiva orientado a permanecer en el territorio. En el río Sabaleta, comunidades afrocolombianas denunciaron una plaga persistente en el chontaduro y la falta de respuesta de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca y del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, leyendo esa desatención como signo de la marginalización estructural de sus cultivos.
Estos gestos —agrosistemas, bancos de semillas, defensa de cultivos propios— no llevaban necesariamente el nombre de soberanía alimentaria, pero le daban contenido. Cuando el concepto llegó a los grandes foros nacionales, ya existía como práctica cotidiana en decenas de territorios. La construcción de esos bancos y acopios comunitarios fue difícil: la organización comunitaria en zonas de conflicto era puesta bajo sospecha por los actores armados, y los liderazgos pagaban con la vida.
El resurgir organizativo: de 2011 al paro de 2013
Hacia 2011, tras años de repliegue, las grandes plataformas agrarias colombianas volvieron a moverse. La Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (ANZORC), creada a finales de los años noventa y prácticamente inactiva desde 2004, se reactivó. El Coordinador Nacional Agrario (CNA) y la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro) recuperaron músculo. La Marcha Patriótica emergió como articulador político. En marzo de 2013 estalló un paro cafetero de grandes proporciones, al que se sumaron pueblos indígenas cuya subsistencia depende en parte del café.
Un mes después, a fines de marzo, una convergencia entre trabajadores de la caña de azúcar y la Minga indígena —articulada también con ANZORC y la Marcha Patriótica— llevó a Bogotá una concentración de más de 80 mil campesinos, entre indígenas, mestizos y afrodescendientes. Fue el ensayo general.
Entre mayo y junio de 2013 estalló el paro del Catatumbo. La Asociación Campesina del Catatumbo (ASCAMCAT) exigía el reconocimiento de una Zona de Reserva Campesina. La represión fue dura: Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), policía y ejército; dos manifestantes muertos, cincuenta heridos graves y cientos de detenidos. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos denunció el uso excesivo de la fuerza. Mientras esas confrontaciones ocurrían, representantes de movimientos campesinos de Guaviare, Meta, Cauca, Nariño, Caquetá, Quindío, Putumayo, Sucre y Antioquia se reunieron en Bogotá para planear una huelga nacional en solidaridad con el Catatumbo.
El paro agrario nacional de agosto y septiembre de 2013 fue el resultado. Convocó a campesinos, indígenas y afrodescendientes de todo el país, con reivindicaciones sobre tierra, sustitución de cultivos ilícitos con alternativas productivas reales, condiciones de productividad y comercialización para la producción legal, y —de manera creciente— soberanía alimentaria como marco general de todas las demás. Los sectores de la pequeña producción —papa, maíz, panela, cacao, leche—, golpeados por la caída de precios y el alza de insumos, siguieron la senda de las llamadas Dignidades agropecuarias, denominación ya usada por movimientos contrarios a los tratados de libre comercio: dignidad cafetera, papera, cacaotera, arrocera, cebollera. Los epicentros de la movilización fueron Cauca, Antioquia, Bolívar y Santander, seguidos por Nariño, Valle del Cauca, La Guajira, Cundinamarca y Norte de Santander.
El ministro del Interior, Fernando Carrillo, intentó al comienzo restar peso al movimiento con una fórmula desafortunada: interpretó el paro como instrumentalizado por intereses políticos de extrema derecha y de extrema izquierda, no por los intereses reales del pequeño cultivador. La frase se le devolvió como bumerán. En noviembre de ese mismo año, en San Lorenzo (Nariño), en el corazón del Macizo Colombiano, la cuarta Asamblea Nacional del CNA abordó la figura de los Territorios Campesinos Agroalimentarios como propuesta organizativa, que se materializaría con más fuerza a partir de 2015.
En 2014, la movilización continuó. Los sectores de las Dignidades siguieron activos, aunque la representación campesina se disputó frente a los gremios tradicionales sin resolverse del todo. La soberanía alimentaria, para entonces, era eje reivindicativo articulado con la oposición a los TLC, al extractivismo, a los megaproyectos hidroeléctricos —Ituango, El Quimbo, Río Cucuama— y a la expansión minero-energética. La consigna era que esas políticas ponen en riesgo la soberanía alimentaria, y bajo esa frase se agrupaban preocupaciones que iban del precio del arroz a la construcción de represas.
La Habana: la soberanía alimentaria bajo líneas rojas
El Acuerdo General para la Terminación del Conflicto, firmado el 26 de agosto de 2012 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP, definió una agenda de cinco puntos sustantivos y uno procedimental. El primero fue el llamado "Política de Desarrollo Agrario Integral – Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma Rural Integral (RRI)". Que el tema agrario abriera la agenda no fue accidental. Un exalto comisionado de paz reconoció después que el paro de 2013, ocurrido cuando la negociación recién comenzaba, había influido en que la reforma rural quedara como Punto 1.
Las FARC-EP querían retomar la agenda de doce puntos del proceso del Caguán y colocar el modelo económico en la mesa. Justificaban la centralidad del tema agrario como reconocimiento de la causa originaria de su lucha: la tierra y la pobreza campesina. El gobierno tenía otra idea. Santos trazó, en reuniones con su equipo negociador durante la fase secreta, líneas rojas explícitas: el modelo político, el Estado de derecho, la democracia y la economía de mercado no serían objeto de negociación. El futuro de las Fuerzas Armadas tampoco. Diez rondas de negociación después, el resultado fue una agenda acotada, con el tema agrario incluido pero desprovisto de la posibilidad de tocar la estructura económica que lo condicionaba.
La Reforma Rural Integral, tal como quedó definida, contempló un Fondo de Tierras para campesinos sin tierra o con tierra insuficiente, la meta de erradicar la pobreza rural extrema y reducir en 50 % la pobreza en el campo en un plazo de diez años, y el cierre de la brecha entre campo y ciudad con énfasis en el desarrollo de la agricultura campesina, familiar y comunitaria. Un exnegociador de las FARC-EP admitiría después que el Acuerdo no contenía todas las demandas de cambio social de la guerrilla, pero lo defendió como "el mejor acuerdo que pudimos sacar desde la insurgencia".
Organizaciones de víctimas y comunidades campesinas del Valle del Cauca —en particular de los corregimientos golpeados por el Bloque Calima entre 2000 y 2004, como La Ruiza, Arenillo, Los Pinos, La Carbonera y El Retiro— llevaron a la discusión de paz una propuesta explícita: crear un distrito especial integral de producción agroalimentaria, basado en adquisición, retorno y restitución de tierras, con desarrollo agroindustrial fundamentado en la economía campesina y una política de soberanía alimentaria local y regional. La propuesta condensaba la aspiración: no bastaba con distribuir tierra; había que orientarla a producir alimentos con y para las comunidades. La soberanía alimentaria era, en esa lectura, el criterio ordenador del uso del suelo restituido.
El Acuerdo final incorporó parte de ese lenguaje —agricultura campesina, familiar y comunitaria, cierre de la brecha rural, sustitución voluntaria de cultivos— pero no elevó la soberanía alimentaria a principio rector. El paradigma dominante en la formulación institucional siguió siendo el de la seguridad alimentaria complementado con un impulso a la economía campesina. La diferencia parece sutil; no lo es. La soberanía alimentaria, si se hubiera adoptado como principio, habría exigido subordinar los tratados de libre comercio, la expansión palmera y los biocombustibles a la garantía del derecho de las comunidades a decidir su producción. Eso quedaba del otro lado de las líneas rojas.
La implementación inconclusa
El plebiscito del 2 de octubre de 2016 abrió una zona gris. En regiones como el Eje Cafetero, más del 55 % de los electores votó por el No, y el proceso de reincorporación de excombatientes se desarrolló allí en un contexto de fuerte rechazo. Más del 90 % de los exguerrilleros que se desmovilizaron y entregaron armas continuaron, aun así, en el proceso tras el Acuerdo.
En los años siguientes, la implementación de la Reforma Rural Integral avanzó a un ritmo desigual y las comunidades organizadas denunciaron insuficiencias. En el nororiente colombiano, comunidades y organizaciones señalaron que la implementación no estaba a la altura de las expectativas, especialmente en los dos puntos que más las afectaban: reforma agraria integral y sustitución de cultivos de uso ilícito. En medio de disputas entre grupos armados y atropellos de sectores de la fuerza pública, líderes, lideresas y campesinos fueron asesinados en el marco de manifestaciones sociales o de procesos de erradicación forzada. El asesinato de excombatientes de las FARC en el período post-Acuerdo se convirtió en un problema grave que el Estado, según reconocimientos posteriores, debía atender con urgencia.
Las normas que abrían espacio a una reforma rural integral y a un régimen de tierras más justo aún estaban pendientes de aprobación legislativa cuando el ciclo del gobierno Santos se cerró: una hoja de ruta inconclusa entregada al gobierno siguiente. Las organizaciones agrarias, entretanto, mantuvieron su denuncia de que las políticas neoliberales, los TLC y la expansión minero-energética —con megaproyectos hidroeléctricos como Ituango, El Quimbo y Río Cucuama— seguían poniendo en riesgo la soberanía alimentaria y deteriorando el medio ambiente. El paisaje de fondo no había cambiado: las condiciones estructurales que habían dado origen al concepto seguían operando.
Su red y su huella
La soberanía alimentaria en Colombia se sostiene, más que en un texto legal o en un pensador fundacional, en una red de organizaciones, territorios y prácticas. Sus portadores centrales fueron el CNA, la ANZORC, Fensuagro, ASCAMCAT en el Catatumbo, la Minga indígena del Cauca y las Dignidades agropecuarias.
En el plano de los liderazgos, tres nombres marcan tres inflexiones. Robert Daza y Marylén Serna, ligados al CNA y al Congreso de los Pueblos, articularon la reivindicación con la propuesta de Territorios Campesinos Agroalimentarios. Carlos Ancízar Rico, entre los liderazgos cafeteros y de la papa, empujó las Dignidades hacia el paro de 2013. Francisco de Roux, jesuita, dirigió entre 1995 y 2005 el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio —una experiencia territorial que en el sur de Bolívar y el Magdalena Medio combinó economía campesina, mediación humanitaria y organización comunitaria frente al avance paramilitar— y presidió después la Comisión de la Verdad, desde donde inscribió esa memoria en el relato oficial del conflicto.
En el mapa, la categoría arraigó allí donde el conflicto y el despojo golpearon más. En Urrá se materializó en los Agrosistemas Biodiversos Familiares; en el sur de Bolívar, en el Programa del Magdalena Medio y en la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra; en el Catatumbo, en la Zona de Reserva Campesina; en Nariño, en el Territorio Campesino Agroalimentario del Macizo, que al cierre del período avanzaba en concertación de mapas con la Agencia Nacional de Tierras entre el norte del departamento y el sur del Cauca. En el suroccidente del Valle del Cauca tomó forma en el distrito agroalimentario propuesto por las víctimas del Bloque Calima; en el Putumayo, en las prácticas inga en resistencia; en Boyacá, en el altiplano cundiboyacense, en el Tolima y en Caquetá, en la defensa del páramo, la producción campesina y las Zonas de Reserva.
Su huella conceptual es doble. Transformó el lenguaje político del campo colombiano: hoy es difícil escribir sobre reforma agraria, tratados de libre comercio o biocombustibles sin recurrir a la categoría, y su presencia en el debate público es una conquista de las organizaciones. Pero quedó atrapada en una asimetría: mientras la soberanía alimentaria se instalaba en el vocabulario de los movimientos, la seguridad alimentaria seguía siendo la categoría oficial en documentos de política pública, planes de desarrollo y programas de asistencia. Coexisten en el mismo texto, pero no significan lo mismo, ni las respalda la misma correlación de fuerzas.
La soberanía alimentaria nombró con precisión heridas concretas del agro colombiano: un latifundio que la reforma no tocó, una palma sembrada sobre tierras robadas, unos tratados que hundieron los precios internos, unas semillas subordinadas al mercado, unas comunidades desplazadas y desprovistas de sus cultivos propios. Inscribió la agricultura campesina en la agenda de paz. La Reforma Rural Integral, con su Fondo de Tierras y sus metas de erradicación de pobreza rural, es su marca visible en el Acuerdo, y a la vez la medida exacta de su límite: un cambio de lenguaje que se detuvo antes de las líneas rojas del modelo económico.
Queda, sin embargo, un residuo activo. En los agrosistemas biodiversos, en los bancos de semillas comunitarios, en las zonas de reserva campesina, en los territorios campesinos agroalimentarios, en las mingas y en los paros, la soberanía alimentaria sigue existiendo como práctica antes que como política. Ese es, quizás, su rasgo más colombiano: haber sido nombrada primero por quienes ya la ejercían bajo fuego, y solo después —a medias, con reservas, entre líneas rojas— reconocida por el Estado. La disputa por el sentido de esa palabra no está cerrada; se sigue librando en cada hectárea que se restituye o se pierde, en cada semilla que se guarda o se patenta, en cada comunidad que decide qué sembrar en la tierra que le queda.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Reforma agraria — fracaso del ciclo 1961-1994 que creó las condiciones estructurales de la demanda de soberanía alimentaria
- 02Despojo — mecanismo central denunciado por la soberanía alimentaria, articulado con violencia paramilitar y expansión agroindustrial
- 03Extractivismo — modelo de palma aceitera y biocombustibles que subordinó la vocación alimentaria del suelo a mercados externos
- 04Desplazamiento forzado — destruyó prácticas alimentarias campesinas e indígenas en territorios como Putumayo, Urabá, Córdoba y los Llanos Orientales
- 05Álvaro Uribe Vélez — sus gobiernos (2002-2010) articularon la Seguridad Democrática con políticas agroindustriales que las organizaciones campesinas confrontaron con el lenguaje de la soberanía alimentaria
- 06Juan Manuel Santos — su gobierno negoció el Acuerdo de La Habana, cuyo Punto 1 constituyó la cristalización parcial de las demandas de soberanía alimentaria
- 07Absalón Machado — analista de referencia en el debate sobre economía campesina y reforma agraria en Colombia
- 08Colonización armada — proceso paralelo al fracaso de la reforma agraria que desplazó campesinos hacia periferias y configuró los territorios donde la soberanía alimentaria se volvió práctica de resistencia
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
44 documentos · 55 fragmentos
01Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 3721 cita
[1]que a través de esta toma inician un "proceso de recuperación de territorios" (Urrea y Hurtado, 2002). La hacienda fue negociada por el Incora'? con los propietarios y cedida en con- dición de préstamo fiduciario a los ocupantes, mediante la Ley 135 de 1961, Y luego fue adjudicada en la modalidad de propiedad mixta,…
p. 372
02Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3491 cita
[2]oriente del To- lima, fue visto como el preludio a una grave agitación agraria. A pesar de la oposición laureanista dirigida en la Cámara por Hugo Es- cobar Sierra, el proyecto fue aprobado el 23 de noviembre y sancionado por el presidente el 13 de diciembre como ley 135 de 1961, base de toda la polí- tica agraria de…
p. 349
03Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[3]puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…
p. 249
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[4]Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…
p. 46
05Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 301 cita
[5]hecho de que esta región se encuentra de Santander y del inte- rior del país una cadena de 1nontaúas y llanuras y a la baja densi- dad de población aún más el de la guerra Los términos la distribución de tierra eran tan ambiguos que el Ministerio Agricultura tuvo la determinar tierras podían ser Se llegó a este…
p. 30
06Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 831 cita
[6]130,000 people (Lindqvist, 1979: 102; see also INCORA, 1972). Scholars analytically studying Law 135 came to a different conclusion. They discovered that these numbers were not just greatly misleading, they contradicted the real conditions. Tad Szulc (1964: 245) noted that in its first year, the achievements of Law…
p. 83
07Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 26, 532 citas
[7]nivel de bienestar y ampliaran la democracia y el mercado interno. Para los opositores (tanto entonces como ahora) se trataba de la defensa de la propiedad privada contra la expropiación o la extinción del dominio, por una parte, y la defensa de un orden social controlado desde arriba, que no fuera desafiado por mo-…
p. 26
[42]con influencia regional, así como la Cumbre Nacional Agraria. Desde 2012 varias de las instancias de coordinación y asociaciones se unieron en un movimiento político llamado Marcha Patriótica, con influencia de las FARC, y varios otros formaron el movimiento Congreso de los Pueblos, con apoyo del ELN. El informe…
p. 53
08Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 421 cita
[8]El programa de apoyo a la colonización en el Meta contemplaba tambien el apoyo al crédito supervisado a partir de la “Titulación, asistencia técnica y crédito a colonos del Valle del Ariari, municipios de Granada, Fuente de Oro, Acacías, Guamal, San Martín y San Luis de Cubarral. Y construcción CAPÍTULO I ANTECEDENTES…
p. 42
09Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 92 citas
[9]Fondo Nacional Agrario; la clarificación desde el punto de vista jurídico de la situación de las tierras rurales del país, incluso las de carácter -privado; la promoción y la ejecución de labores de recuperación de tierras; y la promoción de la colonización, a través de la prestación de ayuda técnica y financiera en…
p. 9
[10]Fondo Nacional Agrario; la clarificación desde el punto de vista jurídico de la situación de las tierras rurales del país, incluso las de carácter -privado; la promoción y la ejecución de labores de recuperación de tierras; y la promoción de la colonización, a través de la prestación de ayuda técnica y financiera en…
p. 9
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 5371 cita
[11]1961 y 1971, el Instituto adecuó 178.000 ha. Solo el 35% de los beneficiarios de estos programas lo eran también de la reforma agraria, 50% minifundistas privados y 15% propietarios medianos y grandes. Con el Acuerdo de Chicoral, se inició el desmonte de la reforma agraria y el diseño de una política alternativa de…
p. 537
1125 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1461 cita
[12]el 44.63% de la superficie ocupada 37 • Esto muestra que se fragmentó la pequeña propiedad y que los pequeños y medíanos campesinos perdíeron control sobre la tierra. mientras los gran- des propietarios lo aumentaron. Por otra parte, las leyes de reforma agraria han tenido escasos resulta- dos: han favorecido la…
p. 146
12Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 23, 504 citas
[13]alimen - tos destinada al consumo interno ha disminuido o se ha orientado a la produc - ción de insumos para la agroindustria y los biocombustibles, lo cual amenaza su vez la supervivencia de la economía campesina tradicional, especialmente la de carácter familiar. Esta experimenta fuertes presiones para su…
p. 23
[14]alimen - tos destinada al consumo interno ha disminuido o se ha orientado a la produc - ción de insumos para la agroindustria y los biocombustibles, lo cual amenaza su vez la supervivencia de la economía campesina tradicional, especialmente la de carácter familiar. Esta experimenta fuertes presiones para su…
p. 23
[34]los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…
p. 50
[35]los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…
p. 50
13Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 495, 5343 citas
[15]paran que la tierra se convierta en un bien especulativo, que se acumula sin mayor nivel de producción (PNUD, 2011, Colombia rural 2011. Razones para la esperanza, página 78). Otra expresión de esta problemática en el sector es el fenóme - no de la implementación de megaproyectos para la producción de biocombustibles,…
p. 495
[16]paran que la tierra se convierta en un bien especulativo, que se acumula sin mayor nivel de producción (PNUD, 2011, Colombia rural 2011. Razones para la esperanza, página 78). Otra expresión de esta problemática en el sector es el fenóme - no de la implementación de megaproyectos para la producción de biocombustibles,…
p. 495
[25]7.5.6 Los Llanos, tierra usurpada a campesinos desplazados Como lo establecieron los procesos judiciales, las tierras de los campesinos y campesinas desplazadas y despojadas por los paramilitares en los Llanos, fueron legalizadas con apoyo de testaferros, abogados, funcionarios corruptos del INCODER, jueces,…
p. 534
14Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 1541 cita
[17]57 por ciento del area agricola nacional y su aporte al valor de la produccion agropecuaria alcanz6 en 1988 el 42,7 por ciento. Estos sistemas productivos campesinos se especializaban mas en cultivos transitorios (57 por ciento del area culti- vada) que en permanentes (43 por ciento). Ademas. el 86,5 por ciento del…
p. 154
15Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2071 cita
[18]inadecuadas politicas para el agro, bajo ni- vel tecnologico (en riego, drenaje, vias de comu- nicacion, investigacion) y un desafortunado siste- ma de tenencia de tierras, con grandes superficies de suelos mecanizables aprovechadas en ganaderia extensiva. También debe considerarse la reduccion de la demanda de…
p. 207
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 671 cita
[19]del algod ó n, que. creci ó entre 1945 y 1950-53 a una tasa anual de 15.7%, ¡ el de la ca ñ a de az ú car (10.12% en el mismo lapso), el de Ja cebada (17.81%) y en menos medida la copra (7.89%), el cacao (7.03%) y el ajonjol í (4.51%). Por el contrario, algunos alimentos de consumo directo sufrieron una notoria…
p. 67
17Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[20]palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…
p. 14
18Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2661 cita
[21]financiamos de las grandes cadenas de producción de la economía como el banano, el plátano, la ganadería. Pero en la región se adquirieron muchas tierras que se dice compraron las autodefensas. La realidad es que se quedaron con ellas los que iban atrás de nosotros ‘palmoteándonos’” (Urabá Hoy N o 34, abril 2006;…
p. 266
19Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1351 cita
[22]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…
p. 135
20Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1351 cita
[23]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…
p. 135
21La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 4391 cita
[24]Intereclesial de Justicia y Paz (2007), sus efectos nocivos se inscriben a partir de dos factores: el despojo territorial y la destrucción de ecosistemas. Desde el punto de vista de los derechos humanos, las empresas cultivadoras de palma llegan a los territorios ancestrales de comunidades nativas, des- pojando a…
p. 439
22La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 2461 cita
[26]se establece la obligación de fomentar la producción de oleaginosas que se requieran como ma- teria prima para la obtención de biocombustibles para uso en motores diesel. Esto posibilitó el incremento sustancial de los cultivos de pal- ma africana en amplias regiones del país. 64 Es preciso aclarar que muchas tierras…
p. 246
23Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[27]eso, porque empezó a privatizarse» 102. Tatiana, indígena inga del resguardo de Calentura, narró la afectación a la naturaleza, la espiritualidad y la soberanía alimentaria 103 por la llegada de la confrontación armada entre las FARC - EP y grupos paramilitares al municipio de Puerto Guzmán (Putumayo): «Ahorita nos…
p. 44
24Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 127, 3132 citas
[28]y con unos conocimientos y formas de sociabilidad que han sido afectad a s especialmente por experiencias como el desplazamiento forzado y el despojo: Recordemos que la dimensión territorial del campesinado fue definida por las relaciones con el espacio, la vida social y la identidad cultural, no obstante, como…
p. 127
[30]s olidarios y sostenibles, bancos de semillas y acopios de alimentos, en contextos en los que la confrontación armada sitúa a las diversas formas de organización comunitaria en el centro de la sospecha, no ha sido fácil, pero sí definitivo para recomponer la forma de vida campesina. Durante la construcción de la…
p. 313
25Campesinos de tierra y agua: memorias sobre sujeto colectivo, trayectoria organizativa, daño y expectativas de reparación colectiva en la región Caribe 1960-2015. Campesinado en el departamento del AtlánticoCarmen Andrea Becerra Becerra, John Jairo Rincón García · 2017 · p. 171 cita
[29]tierra” y otros en tierras propias, pero bajo condiciones que lo están obligando a desplazarse porque “no tenemos con qué vivir”. “(…) Ya usted hoy no ve que se ralle un saco de yuca porque ya no hay donde cultivar, donde arran- carlo, no se pila una lata de arroz porque ¿dónde la vas a sembrar?, entonces los usos,…
p. 17
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1861 cita
[31]las plantaciones 760. En entrevistas realizadas por la Comisión, los pueblos indígenas Sikuani y Piapoco señalaron que hasta el día de hoy se sienten confinados y tienen dificultades para pescar y morichar 761, razón por la cual han tenido que cambiar su dieta 762. La persistencia de la exclusión fue el motivo del…
p. 186
27Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 1401 cita
[32]lo pedía mucho. No era blandito, la gente lo saboreaba. Inclusive venían personas de Cali, Buga y Palmira a comprar acá a Sabaleta. Tanto al nativo como al turista le encantaba ese chontaduro. Era un producto que garantizaba el sustento diario de las comunidades asentadas en el río. Creemos que sí es un tema…
p. 140
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1631 cita
[33]a cabo. Obviamente, esto se produjo en el contexto de un avance determinante durante esta década, resultado de la Constitución, en la aplicación de los derechos territoriales 337 Congreso de la República de Colombia, Ley 1448 de 2011. 164 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć étnicos y del establecimiento de un marco de derechos…
p. 163
29Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 294, 3512 citas
[36]para arriba. La fuerza pública dijo que los habían bombardeado, pero eran las caucheras. Mira, yo vi un arrume de cápsulas de gas lacri- mógeno que nunca había visto. Yo hasta pensé: ve, ¿ese basurero qué es? Era un arrumbe por ahí de un metro de cápsulas que la gente recogió. Además que eso cada cinco minutos llegaba…
p. 294
[41]asistencia de cerca de cuatro mil personas. Los territorios campesinos agroalimentarios se están haciendo más o menos desde por ahí finales de 2015 ya se viene trabajando en eso. No se ha avanzado mucho porque los compañeros que están en esa tarea no se han dedicado mucho a eso. Los que más nos hemos dedicado es a la…
p. 351
30Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 381 cita
[37]22.8% de su potencial agrícola para la siembra (DNP; 2010: 171). En resumen, se está planteando que la cantidad de hectáreas adjudicadas a los títulos mineros duplique en cantidad a las hectáreas con vocación agrícola. La precariedad del agro se reflejó en las protestas indígenas, afro y campesinas de 2013. Primero se…
p. 38
31Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1301 cita
[38]near the municipality of Hacari, while robbing them and causing injuries. By 22 June, ESMAD forces in Ocaña were joined by 600 police and soldiers. Two demonstrators were killed, 50 were seriously wounded (among them women and children), and hundreds were arrested. The UN High Commission for Human Rights in Colombia…
p. 130
32Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 581, 5862 citas
[39]y Bogotá. Re- gión Eje cafetero. Quindío, Caldas, Risaralda. Santander, Norte de Santander y Magdalena Medio. Antioquia, sur de Córdoba y Chocó. 536 Tierras y conflictos rurales Historia, políticas agrarias y protagonistas Coordinador Nacional Agrario (CNA) Hace parte del Congreso de los Pueblos; Organizaciones de…
p. 581
[40]tratados de libre comercio, la construcción de grandes hidroeléctricas (Ituango, el Quimbo y Río Cucuama, entre otras) y la expansión de las actividades de exploración y ex- plotación de hidrocarburos y minería. Entre las nuevas demandas de las organizaciones y moviliza- ciones agrarias de tiempos recientes sobresalen…
p. 586
33Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5621 cita
[43]expresado otras comunidades de la Costa Caribe, Santander del Norte, Risaralda y Tolima, todos las cuales realizaron marchas en sus regiones como parte de la m inga. Estas movilizaciones han ampliado e intensificado sus articulaciones con otros procesos como el ya mencionado de la Asociación Nacional de Zonas de…
p. 562
34No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5521 cita
[44]por ejemplo, de que si no se hubiera dado el paro agrario de 2013, cuando recién estaba empezando la negociación, el punto uno del Acuerdo de La Habana no sería el punto uno» 1610. Para los exguerrilleros, el Acuerdo que se logró no incluye todas sus demandas de cambio social, pero, en palabras de un exnegociador de…
p. 552
35La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 2561 cita
[45]que este se refería complacido a que yo “encontrara justos los planteamientos de su plataforma bolivariana”, desmentí que hubiera dicho eso. Ni más faltaba que fuera a cometer el mismo error que sepultó el proceso del Caguán. En varias reuniones con el comisionado para la paz Sergio Jaramillo y con los demás delegados…
p. 256
36The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 641 cita
[46]Havana, accompanied by representatives from the Norwegian and Cuban governments, to discuss an agenda for formal negotiations. The FARC wanted to resume the twelve- point agenda from Caguán. The government wanted a more limited agenda, and Santos (2019, 320) insisted on various “red lines”: the political and economic…
p. 64
37Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 2142 citas
[47]well as those coming from illegal groups. Other means would be a land census; investments in health, edu- cation, housing and infrastructure; and reserve zones. 16 The second tentative agreement, reached in Novem ber 2013, dealt with po liti cal rights. It stated that there would be a national event during which…
p. 214
[48]well as those coming from illegal groups. Other means would be a land census; investments in health, edu- cation, housing and infrastructure; and reserve zones. 16 The second tentative agreement, reached in Novem ber 2013, dealt with po liti cal rights. It stated that there would be a national event during which…
p. 214
38Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2261 cita
[49]• Plantear nuevas acciones de lucha contra la corrupci ó n asociada al narcotr á fico El consumo con un enfoque de salud pública • Se abordar á con un enfoque de derechos humanos y salud p ú blica Instituto Técnico Jorge Gaitán Duran 225 Pol í tica de Desarrollo Agrario Integral – Hacia un nuevo campo colombiano:…
p. 226
39Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3351 cita
[50]de una reforma agraria integral, pues en las causas del conflicto armado, dicen las FARC, siempre la tierra y la pobreza del campesino han ocupado un lugar central; segundo, la participación política amplia e incluyente, pues desde sus inicios, la exclusión ha minado la efectividad de la democracia colombiana, lo que…
p. 335
40Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 661 cita
[51]potencialidades del entorno urbano y rural, garantizando el acceso en los territorios. ü Creación del distrito especial integral de producción agroalimentaria, plan que se haría con la adquisición, retorno y restitución de las tierras y bienes que fueron arrebatadas durante la presencia del Bloque Calima en los años…
p. 66
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2061 cita
[52]hidrocarburos). Disputas entre el ELN, Los Pelusos, las disidencias de las FARC-EP, el Clan del Golfo y las mafias mexicanas alas que se han sumado atropellos cometidos por sectores de la fuerza pública en el contexto de un nuevo capítulo de la lucha contra la insurgencia y los tráficos ilícitos. Por otro lado, pese a…
p. 206
42Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 4141 cita
[53]más incluidos en la democracia. La reforma política y la reforma electoral, y las normas que abren el espacio para una reforma rural integral y un régimen de tierras más justo, están por aprobarse, y se deben aprobar. O sea que ahí hay una hoja de ruta avanzada para el nuevo gobierno, a la que habría que añadirle la…
p. 414
43Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1401 cita
[54]de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…
p. 140
44Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2981 cita
[55]continuamente por víctimas de los territorios del sur de Bolívar en los talleres desarrollados por el CNMH. También resulta necesario aclarar que en los territorios en cuestión existie- ron y siguen existiendo experiencias de resistencia no violenta, tal es el caso del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio,…
p. 298