Idea · Constitución de 1991
Sustitución de cultivos
La sustitución de cultivos en Colombia es un proceso político, agrario y social que nació en los años ochenta como concepto técnico-desarrollista importado de la agenda antidrogas hemisférica y se convirtió en una promesa sistemáticamente incumplida: cada vez que el Estado firmó pactos de sustitución voluntaria con comunidades campesinas cocaleras, los sustituyó por fumigaciones con glifosato y erradicación forzada.
Trayectoria de una idea
- 1984
Inicio de las fumigaciones aéreas con glifosato
- 1994
Creación del PLANTE y paro cívico en Puerto Asís
- 1996
Marchas cocaleras y acuerdos incumplidos
- 1999
Plan Colombia: militarización del desarrollo alternativo
- 2000
Máximo histórico de cultivos: 136.200 hectáreas
- 2016
Acuerdo de La Habana: el PNIS como cuarto pilar de la paz
La lectura
La sustitución de cultivos no nació como política de desarrollo sino como respuesta defensiva del Estado colombiano ante la expansión cocalera en territorios que él mismo había abandonado: periferias colonizadas sin carreteras, sin crédito, sin compradores para los productos legales, donde la hoja de coca tenía la ventaja decisiva de no pudrirse y de que el comprador llegaba a la finca. Cada vez que el Estado intentó formalizar esa respuesta —el PLANTE en 1994, los acuerdos de las marchas cocaleras de 1996, el PNIS del Acuerdo de Paz— lo hizo atrapado en la contradicción entre el discurso del desarrollo alternativo y el compromiso operativo con Washington de medir resultados en hectáreas asperjadas. El efecto globo documentado en Putumayo, Caquetá y Nariño demostró que fumigar sin sustituir solo desplazaba los cultivos hacia nuevas regiones, sembrando desconfianza y destruyendo los cultivos de pancoger que habrían sostenido cualquier transición. La paradoja fiscal lo resume: erradicar una hectárea por fumigación costaba aproximadamente 72 millones de pesos, mientras que apoyar a una familia para reconvertir su actividad costaba 40 millones, y sin embargo el Estado eligió sistemáticamente la opción más cara y menos efectiva. La historia de la sustitución es, en última instancia, la historia de un país que prefirió destruir el campo que transformarlo.
La sustitución de cultivos en Colombia es, antes que una política, una promesa incumplida. Nació en los años ochenta como concepto técnico-desarrollista importado de la agenda antidrogas hemisférica, se institucionalizó en los noventa bajo la doble presión de la guerra contra las drogas de Washington y la expansión cocalera en las periferias colonizadas, y llegó al Acuerdo de La Habana en 2016 como uno de los cuatro pilares de la política de paz. En cada una de esas estaciones, el Estado colombiano firmó pactos con comunidades campesinas —el Pacto de Orito en el Putumayo, los acuerdos que cerraron las marchas cocaleras de 1996, el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito tras el Acuerdo— y en cada una de ellas los incumplió, sustituyendo la sustitución por la fumigación con glifosato. El resultado es un dispositivo estructuralmente incoherente: nombra el desarrollo alternativo pero opera bajo la lógica de la erradicación forzada; promete integrar al campesino cocalero a la economía legal pero destruye los cultivos de pancoger que sostendrían esa transición. La historia de la sustitución es la historia de esa contradicción, sostenida durante cuatro décadas.
De la marimba a la coca: los orígenes de un problema campesino
Para entender por qué la sustitución llegó tarde y mal, hay que empezar por lo que había antes: una frontera agrícola que el Estado colombiano abrió sin acompañar. Las colonizaciones dirigidas de mediados del siglo XX enviaron a campesinos sin tierra hacia el Guaviare, el Caquetá, el Putumayo, el Catatumbo, el Magdalena Medio y los piedemontes amazónicos y orinoquenses, sustituyendo una reforma agraria que nunca se hizo por un desplazamiento territorial que no redistribuía la propiedad, sino que la reproducía en la periferia. Los estudios del Incora ya desde los años sesenta ligaban colonización y concentración: en las zonas nuevas volvía a imponerse el latifundio, y el colono quedaba atrapado entre la selva, el gran propietario y la ausencia de caminos.
Esa ausencia era literal. Sin vías, sin compradores, sin crédito, sin asistencia técnica, los productos legales —maíz, plátano, yuca— se pudrían en las trochas o se vendían a pérdida. La bonanza marimbera de los años setenta ofreció una primera salida: entre 1974 y comienzos de los ochenta, La Guajira, el Cesar y el Magdalena Medio se llenaron de marihuana destinada al mercado estadounidense. El colapso llegó cuando en Estados Unidos apareció una variedad más potente y barata —la sinsemilla— que hundió los precios de la marimba colombiana. La represión interna y la presión diplomática hicieron el resto. Lo que quedó fue un tejido de infraestructura ilegal —rutas, contactos, pistas— que se reconvirtió hacia otro cultivo.
Ese cultivo fue la coca. En 1980 empezó la producción comercial en Calamar, Guaviare, y en el Putumayo, que hasta entonces había funcionado como zona de tránsito de la cocaína peruana. Los carteles de Medellín y Cali establecieron laboratorios en el bajo Putumayo para procesar hoja importada del Perú, y con ellos llegaron las semillas, las técnicas y los compradores. Cuando en 1990 apareció una plaga en los cocales putumayenses, se introdujeron por primera vez los agroquímicos: el cultivo dejaba de ser marginal y se industrializaba. Para diciembre de 1994, según la Policía Antinarcóticos, el Guaviare concentraba dos terceras partes del total nacional con 26.300 hectáreas de las 43.000 reportadas. En 1997 Colombia desplazó a Perú y Bolivia como primer productor mundial de hoja de coca, en buena parte porque la interdicción en esos países empujó los cultivos hacia el norte. En el año 2000 el país tenía 136.200 hectáreas sembradas; el Putumayo, que hacia 1991 representaba apenas el 5,87 % del total nacional, saltó al 40,43 % en 2000, con un aumento vertiginoso entre las 19.000 hectáreas de 1998 y las 58.297 de 1999. En el sur de Bolívar los cocales alcanzaron su máximo histórico ese mismo año, con 5.960 hectáreas.
Detrás de las cifras había una racionalidad clara. El jornal en la economía cocalera podía superar en más del doble el ingreso de la agricultura legal. Los campesinos de la Orinoquía lo dijeron de forma más elemental: era el único producto agrícola que les habían enseñado a transformar. En un territorio sin carreteras ni compradores, la hoja de coca tenía dos ventajas decisivas: no se pudría y venía el comprador a la finca. La coca no fue una elección delictiva; fue la forma que encontró el colono de integrarse a la economía monetaria en un país que había decidido no integrarlo por ninguna otra vía.
Sobre ese tejido se montaron los actores armados. Las FARC, presentes en las zonas de colonización desde los sesenta y setenta, pasaron de una relación circunstancial con el narcotráfico —cobrar tributos a cultivadores y traficantes— a ejercer funciones de autoridad local: regular precios, arbitrar disputas, garantizar el orden público del mercado ilegal. El Frente 48, creado en 1991 en el Bajo Putumayo, se consolidó junto con la concentración cocalera de esa subregión. Las funciones policiales terminaron pesando más que la dimensión político-social de la lucha armada, y la guerrilla se volvió parte del paisaje regulatorio del cultivo. Desde 1997 los paramilitares entraron a disputar esas rentas: en Guaviare se formó el Frente Héroes del Guaviare y en Caquetá la segunda incursión de las ACCU la comandó Antonio Londoño, alias Rafa Putumayo. El sur de Bolívar vivió su bonanza cocalera al ritmo de la conquista territorial paramilitar entre 1998 y 2000. La coca era, para todos, una economía a disputar.
La invención institucional del desarrollo alternativo
La sustitución de cultivos entró al vocabulario del Estado colombiano bajo un supuesto técnico: si el campesino cultiva coca porque no tiene alternativa rentable, hay que ofrecerle esa alternativa. El supuesto era correcto en su descripción y desastroso en su implementación. Las primeras fumigaciones aéreas con glifosato comenzaron en 1984 en la Sierra Nevada de Santa Marta —sobre marihuana, entonces todavía— y desde ahí se extendieron gradualmente hacia el sur durante los años noventa. Bajo la Constitución de 1991 y el gobierno de César Gaviria, la política antidrogas se articuló como respuesta simultánea al desmonte del cartel de Medellín y a la expansión cocalera en la selva, con Washington como interlocutor permanente.
El punto de quiebre institucional llegó en 1994, cuando el gobierno de Ernesto Samper creó el Plan Nacional de Desarrollo Alternativo, el PLANTE, como brazo civil de la política antidrogas. El programa se estructuró en dos componentes: uno de apoyo inmediato a agricultores —créditos subsidiados de corto plazo, asistencia técnica, comercialización de excedentes, empleo de emergencia y seguridad alimentaria por un máximo de tres años— y otro de cambio estructural con desarrollo alternativo normalizado, orientado a consolidar los logros del primero. Sobre el papel, el PLANTE reconocía lo que dos décadas de política represiva habían negado: que la coca era un problema agrario antes que policial.
En la práctica, nació capturado por la contradicción que lo definiría todo. El mismo Estado que creaba un programa civil de sustitución había firmado con Washington un compromiso —cuantificado, verificable, exigente— de erradicación forzada medida en hectáreas asperjadas. Las aspersiones se realizaron a escala masiva durante el gobierno Samper. En 1997 la administración fumigó 516 hectáreas solo en Puerto Guzmán, Putumayo; en 1998, 3.950 en todo el departamento. El desarrollo alternativo del PLANTE nunca contó con presupuesto ni cobertura territorial comparables a los del componente de erradicación. La estrategia se midió por hectáreas destruidas, no por familias reconvertidas.
Klaus Nyholm, entonces representante de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en Colombia, argumentó insistentemente en esos años que la sustitución voluntaria requería tiempo, presencia estatal y garantías materiales que las fumigaciones destruían. Rafael Pardo, exministro de Defensa, y varios funcionarios civiles señalaron que la lógica de las hectáreas asperjadas era una métrica impuesta desde Washington que confundía actividad con resultado. Pero la estructura de incentivos era clara: Estados Unidos financiaba erradicación, no desarrollo, y el gobierno colombiano medía su cumplimiento antinarcóticos en avionetas cargadas de glifosato.
Las marchas cocaleras de 1996: cuando el campesinado exigió ser oído
La primera gran ruptura pública de la política de sustitución ocurrió el 18 de noviembre de 1994, cuando cerca de cinco mil cultivadores del Putumayo iniciaron un paro cívico en Puerto Asís, convocados por el Movimiento Cívico del Putumayo. Exigían la suspensión de las fumigaciones con glifosato y un plazo de diez años para eliminar los cultivos ilícitos: no la permanencia de la coca, sino un horizonte realista de sustitución. Ese antecedente detonó, dos años después, la mayor movilización cocalera de la década.
En 1996 las marchas se extendieron por Caquetá, Guaviare y Putumayo. Su detonante inmediato fue el decreto 0871 del 13 de mayo, que declaró zona especial de orden público el área de los municipios de Guaviare, Vaupés, Meta, Vichada y Caquetá, endureciendo las restricciones al ingreso de precursores químicos —gasolina, cemento— y encareciendo los alimentos en las zonas de cultivo. Samper diría después que los paros no se originaron principalmente por las fumigaciones sino por esas restricciones sobre insumos. Los líderes campesinos lo leyeron distinto: interpretaron las aspersiones como una estrategia para vaciar el territorio y debilitar la base social de las FARC. Ambas lecturas eran ciertas y no se anulaban.
Las marchas fueron reprimidas como si fueran acciones guerrilleras. La fuerza pública y los organismos de seguridad las señalaron de tener intereses subversivos, y hubo enfrentamientos, bloqueos y protestas violentas. Sí hubo influencia de las FARC-EP en el desarrollo del paro cívico del Putumayo, y su papel llegó a ser protagónico e incluso autoritario. Pero esa influencia no anuló la autonomía de las juntas de acción comunal ni invalidó las razones de la movilización. El costo de esa ambigüedad fue enorme: la injerencia guerrillera impidió que el movimiento cocalero cristalizara en organizaciones campesinas autónomas después de las marchas, dejándolo huérfano de representación cuando llegara el momento de exigir el cumplimiento de lo pactado.
Porque lo pactado no se cumplió. Las marchas terminaron con la firma de acuerdos regionales de sustitución gradual en Caquetá y Putumayo. El Estado incumplió más del 60 % de lo acordado en Caquetá; las fumigaciones no se suspendieron; las obras de infraestructura quedaron limitadas a las asignaciones presupuestales ya existentes; y varios líderes campesinos fueron asesinados en Guaviare y Caquetá en los meses siguientes. La mesa de seguimiento de los acuerdos en Caquetá terminó reducida a una sola persona. Con el ingreso de las AUC desde 1997 y las operaciones militares del exgeneral Harold Bedoya —las llamadas operaciones "Conquista" en el sur, presentadas como acciones antiguerrilleras vinculadas al narcotráfico— el espacio para la sustitución voluntaria se cerró.
Ese patrón —acuerdo firmado, incumplimiento estatal, fumigación posterior, asesinato de líderes— se repetiría en cada ciclo. El Estado colombiano descubrió en los noventa una fórmula que le permitía comprar tiempo con las movilizaciones sin comprometerse con transformaciones estructurales: firmar, dilatar, fumigar. La sustitución se convirtió, en la práctica, en una técnica de gestión de la protesta más que en una política de desarrollo.
El Plan Colombia y la militarización del asunto rural
En septiembre de 1999, el gobierno de Andrés Pastrana presentó públicamente un programa que, en su versión original, se ofrecía como una especie de Plan Marshall para Colombia: desarrollo económico y social, sustitución de cultivos ilícitos, apoyo al proceso de paz con las FARC entonces en curso en el Caguán, financiación esperada de Estados Unidos y la Unión Europea. Redactado inicialmente por funcionarios civiles del Departamento Nacional de Planeación con asistencia del Ministerio de Defensa, el Plan Colombia se anunciaba como "80 % social y 20 % militar". Pastrana insistió en esa proporción hasta que dejó de sostenerse.
Cuando Washington lo adoptó, lo transformó. Estados Unidos asignó cerca de 1.300 millones de dólares al Plan, principalmente como ayuda militar, y en los años fiscales 2000-2003 destinó más de 2.500 millones a asistencia antidroga a Colombia. La coordinación operativa se instaló en el Comando Sur en Florida, con un grupo militar en Bogotá encargado de acompañar, formar y asesorar a las Fuerzas Armadas colombianas: lo que Arlene Tickner llamaría más tarde una "intervención por invitación". La mayoría de países europeos se negaron a participar por el carácter militarizado del programa; solo España aportó una suma significativa, cien millones de dólares.
La lógica operativa combinó de facto la lucha antinarcóticos con un plan para retomar el control de las zonas cocaleras bajo influencia de las FARC. Los batallones antinarcóticos se desplegaron en Putumayo y Caquetá —justo donde estaba el mayor volumen de cultivos y la mayor presencia guerrillera—. La sustitución quedó formalmente incluida como componente civil, pero implementada sin consulta con los campesinos cultivadores y en un contexto atravesado por los fracasos previos del PLANTE y del Pacto de Orito. Estados Unidos justificaba el énfasis en la fumigación con las experiencias de Bolivia y Perú, donde la superficie cultivada y la producción habían caído un 60 %. En Colombia el resultado fue distinto.
Un ingeniero agroindustrial del Ministerio de Ambiente entrevistado en Puerto Asís describió con crudeza la gestión de los recursos del Plan Colombia destinados a cultivos alternativos: los campesinos recibieron ayudas mínimas —una vaca, tres pollos— insuficientes para subsistir, mientras buena parte de los fondos se perdía en contratistas intermediarios. El componente civil funcionó como coartada del componente militar, no como su complemento. En octubre de 2003, las FARC respondieron con un paro armado en Putumayo que sitió al departamento durante aproximadamente tres meses, provocando una grave crisis humanitaria. El campesino cultivador quedó exactamente donde había estado siempre: entre la avioneta y el fusil.
La propia trayectoria de Pastrana desmintió después la retórica original. En 2007 declaró a la revista Semana que el éxito militar de Álvaro Uribe se apoyaba en las fuerzas que él le había entregado "bien entrenadas y armadas". Reconocía, sin decirlo, que el Plan Colombia había sido, ante todo, un programa de fortalecimiento militar.
El efecto globo y el precio humano
La fumigación aérea con glifosato tuvo un efecto que sus diseñadores llamaron colateral y sus víctimas conocieron como principal: desplazó los cultivos sin reducirlos. Las hectáreas asperjadas en el Caquetá a comienzos de los noventa expulsaron población hacia el Putumayo, donde los cocales se multiplicaron. Las fumigaciones masivas en el Putumayo a finales de la década —entre el tramo final del gobierno Samper y los primeros años del Plan Colombia— desplazaron cultivos y colonos hacia Nariño, especialmente hacia la costa Pacífica, Tumaco y Barbacoas, con daños directos sobre los territorios del pueblo indígena Awá. Organismos internacionales como Naciones Unidas y la CIDH emitieron alertas entre 2011 y 2012 sobre la situación humanitaria de los Awá.
El efecto globo no fue un accidente estadístico: fue la consecuencia predecible de una política que medía éxito en hectáreas destruidas sin ofrecer alternativas económicas viables. El colono desplazado por la aspersión no dejaba de necesitar ingresos; los movía a la selva siguiente. Las cifras departamentales lo mostraban con claridad: mientras Guaviare caía como principal zona cocalera, Putumayo se disparaba; cuando Putumayo caía, Nariño crecía; y entre 2004 y 2006 la geografía cocalera se dispersó a más departamentos que nunca, sin que el total nacional mostrara una reducción neta atribuible a las fumigaciones.
Los daños fueron más allá del desplazamiento. Las aspersiones destruyeron cultivos de pancoger —plátano, yuca, lulo—, degradaron suelos en Putumayo y Caquetá, y afectaron la salud humana en las zonas asperjadas. La estigmatización acompañó al glifosato: el discurso gubernamental no distinguió entre cultivador y guerrillero. En operaciones como las de La Macarena, el campesino cocalero fue tratado como "narcoterrorista", una categoría que borraba de un plumazo las condiciones estructurales —falta de vías, ausencia de crédito, concentración de tierra, débil presencia estatal— que habían empujado al cultivo.
La ironía económica del dispositivo se puede resumir en dos cifras: erradicar una hectárea mediante fumigación cuesta alrededor de 72 millones de pesos; apoyar a una familia para que reconvierta su actividad costaría aproximadamente 40 millones. Durante cuatro décadas, el Estado colombiano prefirió el gasto más caro y menos efectivo, trasladando los impactos a las comunidades rurales y a los ecosistemas. La preferencia se explica menos por cálculo económico que por estructura política: la fumigación producía cifras exhibibles ante Washington de forma inmediata; la sustitución producía procesos sociales de mediano plazo que no cabían en los informes anuales de certificación.
Actores armados, mercados ilegales y la trampa de la sustitución
La expansión cocalera no fue una operación de las guerrillas ni un negocio exclusivo de los carteles: fue una economía campesina insertada en un mercado global, con actores armados que la tributaron, la regularon y, cuando pudieron, la disputaron. Las FARC-EP, el ELN y el EPL argumentaron públicamente en los años noventa que no podían prohibir a los campesinos cultivar coca sin ofrecerles alternativas estables de subsistencia, y afirmaron haber propuesto al Estado el desarrollo de proyectos de cultivos alternos, propuestas que —según su versión— fueron desatendidas por los compromisos del Estado con Washington y la banca multilateral. En 1999, las FARC-EP implementaron de forma independiente un programa de sustitución de cultivos, después de varios años de intentos por establecer arreglos formales sobre el tema.
La afirmación guerrillera contenía una parte verdadera y una parte interesada. Era cierto que no había alternativa económica sin desarrollo rural, y era cierto que Washington bloqueaba estructuralmente ese desarrollo. Pero también era cierto que las FARC obtenían de la economía cocalera —vía gramaje, tributación sobre laboratorios, cobros sobre pistas y rutas— una parte sustancial de su financiación, y que la expansión territorial de sus frentes coincidió con la concentración de cultivos. En el sur de Santander —en El Carmen, San Vicente, Simacota, Bajo Simacota— tanto la guerrilla como los paramilitares incentivaron activamente a los campesinos a sembrar coca. La ambivalencia de los actores armados frente a la sustitución era estructural: podían apoyar procesos siempre que no amenazaran sus rentas, y podían bloquearlos cuando lo hacían.
Los paramilitares operaron con menos retórica y más pragmatismo. Desde 1998 disputaron militarmente a las guerrillas los territorios cocaleros, y el aumento sostenido de los cultivos en zonas como el sur de Bolívar coincidió temporalmente con su avance territorial. La conquista paramilitar no fue una operación antidrogas: fue una apropiación de la economía cocalera bajo bandera contrainsurgente. Su vinculación con el narcotráfico había sido, desde principios de los años ochenta, más orgánica que la guerrillera: aliados, financiadores y promotores directos.
En ese cuadro, la sustitución voluntaria se enfrentaba a una geometría imposible. El campesino que aceptaba entrar a un programa se exponía simultáneamente a la fumigación estatal —si el Estado incumplía—, a la retaliación guerrillera —si las FARC percibían la sustitución como amenaza a sus rentas—, a la violencia paramilitar —si el proyecto se instalaba en su zona de disputa— y a la ruina económica si la alternativa productiva ofrecida no era comercializable. Cada uno de esos riesgos por separado era manejable; los cuatro juntos hacían de la sustitución una apuesta suicida.
Del paro agrario de 2013 al PNIS
El fracaso acumulado del dispositivo estalló otra vez en 2013, con un paro agrario en el que participaron campesinos, indígenas y afrodescendientes del Meta, Guaviare y otras regiones. Las reivindicaciones eran, en esencia, las mismas de 1996: un modelo de sustitución de cultivos ilícitos que garantizara niveles suficientes de productividad y comercialización de productos legales, bajo la premisa de que sustituir sin alternativa real equivalía a volver a la pobreza. Los acuerdos alcanzados, de nuevo, fueron incumplidos.
Bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, la política antidrogas comenzó a cambiar de tono. En septiembre de 2015 se presentó una nueva estrategia que incluía reducción del crimen vinculado al narcotráfico, desarrollo social y económico en zonas de cultivo, y un enfoque de reducción de demanda basado en salud pública y derechos humanos. Ese mismo año se suspendió el programa de aspersión aérea con glifosato, en un contexto marcado por la clasificación del herbicida como probable cancerígeno humano por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer. La suspensión fue simultánea a las negociaciones de La Habana con las FARC-EP, donde la sustitución de cultivos ocupó un lugar central.
El Punto 4 del Acuerdo Final, firmado en 2016, incorporó la sustitución voluntaria como componente estructural de la política de paz, recogiendo el principio de sustitución gradual por el que las organizaciones agrarias habían movilizado durante lustros. El Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) se creó como su instrumento operativo: pactos colectivos con comunidades, sustitución concertada, asistencia técnica, seguridad alimentaria en la transición, proyectos productivos de mediano plazo. Sobre el papel, el PNIS era la política que el campesinado había pedido desde el paro de 1994 en Puerto Asís.
Los problemas empezaron pronto. Francisco Gutiérrez Sanín ha documentado los incumplimientos sustanciales del Acuerdo desde su implementación, incluidos cambios unilaterales del Estado sobre lo pactado. Las cifras de coca, tras la suspensión del glifosato y en medio de la implementación del PNIS, crecieron aceleradamente: fuentes militares y críticas del Acuerdo señalaron un aumento desde unas 40.000 hectáreas hasta cerca de 200.000, atribuyendo el crecimiento a la suspensión de la aspersión, a la obstaculización de la erradicación forzada por grupos armados que usaban población civil como escudo, y al incumplimiento gubernamental de los compromisos de sustitución. La lectura oficial se centró en las dos primeras causas; la lectura campesina, en la tercera.
Los efectos sobre el terreno fueron letales. La violencia sistemática contra líderes sociales tras la firma del Acuerdo buscó limitar la organización política y entorpecer los procesos de implementación, restitución de tierras y sustitución de cultivos. Las disidencias de las FARC persiguieron y asesinaron a excombatientes que participaban en el PNIS, percibidos como obstáculo. En regiones como el norte del Cauca, las disidencias, el ELN y grupos armados de nueva generación se disputaron los territorios dejados por las FARC, generando nuevas dinámicas de violencia sobre las mismas poblaciones que la sustitución pretendía integrar.
La huella
Cuarenta años después del inicio de las fumigaciones en la Sierra Nevada, la sustitución de cultivos permanece como el punto ciego estructural de la política pública colombiana sobre las periferias. Cada gobierno ha reinventado su nombre —desarrollo alternativo, PLANTE, componente civil del Plan Colombia, PNIS— sin cambiar la aritmética de fondo: los recursos comprometidos con el desarrollo rural han sido siempre una fracción de los destinados a la erradicación, y los pactos firmados con las comunidades han sido sistemáticamente incumplidos. El campesino cocalero ha aprendido, generación tras generación, que la firma del Estado no es una garantía sino una advertencia de la fumigación siguiente.
La sustitución fracasó, pero no por una sola causa. Fracasó porque Washington financiaba erradicación y no desarrollo, y medía su asistencia en hectáreas asperjadas. Fracasó porque el Estado colombiano nunca resolvió la contradicción entre esos compromisos y las condiciones materiales que hacían del cultivo ilícito una racionalidad de supervivencia. Fracasó porque las FARC capturaron el movimiento cocalero e impidieron que se organizara autónomamente, dejándolo sin interlocución propia cuando llegó el momento de exigir cumplimiento. Fracasó porque los paramilitares transformaron la disputa antinarcóticos en apropiación de rentas ilegales. Fracasó porque los fondos de desarrollo alternativo se perdieron en contratistas y llegaron a los campesinos como una vaca o tres pollos. Y fracasó porque la rentabilidad estructural de la coca sobre cualquier cultivo legal —en un país sin infraestructura rural, sin mercados ni crédito para el pequeño productor— habría hecho difícil la sustitución voluntaria incluso con pleno cumplimiento estatal.
La ironía histórica del dispositivo es que produjo exactamente lo contrario de lo que anunciaba. Convertida la política antidrogas en política contrainsurgente, y la sustitución en coartada de la erradicación, el Estado sembró en las zonas cocaleras una desconfianza que ninguna promesa posterior ha logrado reparar. Cada hectárea fumigada sobre un pacto firmado fue una lección política transmitida al colono: que su integración al Estado colombiano seguiría pasando, como en la colonización dirigida de los años cincuenta, por el desplazamiento antes que por el reconocimiento. En ese sentido, la sustitución de cultivos no es un capítulo de la política de drogas: es un capítulo de la reforma agraria pendiente. Mientras el país siga sin resolver la concentración de la tierra, la ausencia de infraestructura rural y la debilidad estatal en las fronteras agrícolas, la coca seguirá siendo lo que fue siempre para el colono: no un delito, sino un camino.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Plan Colombia
- 02PLANTE (Plan Nacional de Desarrollo Alternativo)
- 03Glifosato
- 04Economía cocalera
- 05Marchas cocaleras de 1996
- 06Putumayo
- 07Caquetá
- 08Guaviare
- 09FARC
- 10Guerra contra las drogas
- 11Frontera agraria
- 12Reforma agraria
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
58 documentos · 78 fragmentos
01Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 188, 2562 citas
[1]incapacidad del minifundio de reproducirse, por los conflictos socio-políticos que han azotado a Colombia y/o por los fracasos de colonizaciones dirigidas por el Estado. Los campesinos que arribaron a estos departamentos trataron de replicar en las selvas húmedas de la Amazonia las prácticas productivas aprendidas en…
p. 256
[11]mientras que en Caquetá y Guaviare se encuentra un número considerable de parcelas medianas y grandes. En 1980, la producción de coca con fines comer- ciales se hizo por primera vez en Calamar, en el departamento de Guaviare, y en el departamento de Putumayo. Las plantaciones industriales (hasta de trescientas…
p. 188
02Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 571 cita
[2]necesito. Le dije: listo. Yo voy a trabajar con usted. De eso se trata, yo voy. Entonces [me dijo:] ya no me haga más servicios en la cocina. Usted aquí va a coger es… es manejar un radio, y me empezaron a poner de punto, vigilante. (CNMH, MNJCV, 2017, 5 de septiembre) En Vistahermosa –así como en las márgenes del…
p. 57
03El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 332, 3372 citas
[3]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
[28]en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…
p. 337
04El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 332, 3372 citas
[4]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
[29]en cinco, la meta relativa a la producción es del 50% en seis años. Por ello, Estados Unidos ha desti- nado para la asistencia antidroga en Colombia más de 2.500 millones de dólares en los años fiscales 2000-2003. El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación es un medio efectivo para la lucha contra…
p. 337
05Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 320, 3542 citas
[5]de precariedad para comercializar sus productos y conectarse a los mercados agrícolas: «En un punto, a La Gabarra [municipio de Tibú, Norte de Santander] se le acabó la carretera; usted fácilmente podía gastarse de Tibú a La Gabarra… ¿qué le digo yo?, se podía demorar hasta una semana. Es que los carros se enterraban,…
p. 320
[31]coca, erradicación manual y glifosato (1999-2016) Fuente: Elaboración analítica SIM con base en datos del Observatorio de Drogas de Colombia. 649 Entrevista 045-VI-00165. Víctima, mujer, Nariño. 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 0 50.000 100.000 150.000 Hectáreas…
p. 354
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 82, 1862 citas
[6]a las instituciones presentes que la coca era el único producto agrícola que les habían enseñado a transformar. Era un reclamo histórico de las condiciones y el precario apoyo que habían recibido del Estado cuando promovió la colonización. Desde su perspectiva, explicaba las razones por las que el campesinado de la…
p. 82
[43]las plantaciones 760. En entrevistas realizadas por la Comisión, los pueblos indígenas Sikuani y Piapoco señalaron que hasta el día de hoy se sienten confinados y tienen dificultades para pescar y morichar 761, razón por la cual han tenido que cambiar su dieta 762. La persistencia de la exclusión fue el motivo del…
p. 186
07Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5491 cita
[7]organizaciones campesinas, desplegada con la cobertura de la guerra contrainsurgente e iniciada con el apoyo del gobierno norteamericano desde mediados de los años 1960 (Comité Permanente 2002). En este contexto, a la acción represiva del Estado se sumó la intervención política e ideológica de fuerzas externas al…
p. 549
08Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 61, 792 citas
[8]Guajira, Cesar y el Magdalena Medio. En 1974, aproximadamente 80% de los finqueros en La Guajira sembraban marihuana. Esa bonanza eco- nómica pronto se vio afectada por una quiebra a comienzos de los años ochenta,. cuando el precio de la marihuana colombiana empezó a caer con el surgimiento de una variedad más potente…
p. 79
[14]la renta que cobraban por concepto de protec- ción a las multinacionales e impedir su influencia política entre el cam- pesinado. Entre 1989 y 1994, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos (los índices más altos de la región). La mayoría de las víctimas eran colonos, pequeños campesinos e indígenas,…
p. 61
09Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1631 cita
[9]el deporte, los medios de comunicación, la banca, miembros del Ejército y miles de campesinos y de comerciantes. La corrupción del narcotráfico llegó a tal nivel que, incluso, un presidente de la República (Ernesto Samper) fue acusado de recibir enormes cantidades de dinero del cartel de Cali para financiar su campaña…
p. 163
10Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 441 cita
[10]que controlan las zonas de cultivos. Mapa 2. Presencia de cultivos de coca y capacidad institucional en Colombia Fuentes: Mapa elaborado por Osv aldo Zapata con información del SI MCI y de García Villegas y Restrepo (2012). 12 Otro ejemplo del aislamiento geográfico y del estado de las zonas de cultivo lo ofrece la…
p. 44
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 971 cita
[12]y otros grupos delincuenciales, tal como lo confirmó el relato del excombatiente: «Era que eso [el proceso de desmovilización] no tenía ningún futuro para el com- batiente raso, o sea la gente sentía que después de tener un arma, ser alguien con poder en una región, tener un uniforme, salir a dormir en el piso, sin…
p. 97
12Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2201 cita
[13]insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…
p. 220
13Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1021 cita
[15]extensión de cultivos de coca, que integró grandes regiones de frontera agrícola a la economía monetaria, creando bonanzas efímeras para los colonos y atrayendo trabajadores en busca de fortuna. Las nuevas fuentes de recursos en áreas de colonización fortalecieron económicamente a las guerrillas, aunque transformaron…
p. 102
14La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 401 cita
[16]menor a cincuenta kilómetros todos los pisos térmicos, lo que favorece la libre siembra y la producción de cultivos en laboratorios escondidos en la espesura de las montañas de la Sierra (Villarraga, 2009, p. 16). La SNSM se convirtió en un punto estratégico de disputa de los distintos actores armados para el control…
p. 40
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 801 cita
[17]Marta desde los años cincuenta. Es claro que este narcotráfico seminal tejió fuertes redes con la política. Los casos más sobresalientes aparecerían más adelante, como el de Samuel Santander Lopesierra, más conocido como «El Hombre Marlboro», que ocupó curules en el Congreso y fue extraditado a los Estado Unidos,…
p. 80
16Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 105, 1142 citas
[18]en sus filas. De este modo, en 1981 las Fuerzas Armadas consiguieron que la Policía Na- cional fuese la fuerza encargada de combatir el narcotráfico. A partir de en- tonces esta hizo un complicado y costoso aprendizaje organizacional, cuyos hitos más importantes fueron la creación, en la División Operativa, de un…
p. 114
[19]varios ministros. En ese momento, Co lombia ya era conocida en Estados Unidos por la alta calidad de su marihuana gracias, en parte, al efecto “colchón de aire”, es decir, a la fuerte represión a los cultivos en México. Pese a todo esto, el gobierno y las élites empresariales colombianas no se percataron del cambio de…
p. 105
17La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 1401 cita
[20]los 39. 940 millones de dólares que produce la venta al detal de todas las drogas en los Estados Unidos, los productores extranjeros solo reciben 2. 400 millo nes, y en dicho país se quedan con el 93 % restante. El fabuloso negocio que representa la cannabicultura ha llevado a que cada vez mayor cantidad de…
p. 140
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 70, 1112 citas
[21]de Tarapacá 151, y en el Putumayo hicieron lo mismo desde San Miguel 152. Así lo recuerda una de las fundadoras del Valle de Guamuez: «Antes de eso, por aquí era el paso de cocaína peruana. O sea, el Perú era el que pasaba. Los narcotraficantes esto lo tenían como un puente. Por aquí por el Putumayo empezaron a pasar…
p. 70
[34]principales fuentes de ingresos económicos ante la falta de oportunidades. Esto redundó en pobreza, hambre y enfer- medades. Una lideresa del corredor Puerto Vega Teteyé en Puerto Asís así lo menciona: «Esos suelos quedaron degradados por los efectos de la fumigación […]. Un señor, cuando fumigaron eso, él volvió a…
p. 111
19Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 2731 cita
[22]Con ad Durante los aftos 1987 y 1988, como consecuen- aTeSC or enta lan una ente relativa es entre 1982 y 1986 ngre n sen la nia di activi dificil dcaina ectivame Estas « $ contrastan ¢ me con el nivel minimo de los ingresos que por dicho concepto se recibieron en 1986: US $28 millones. Sin embargo, durante 1989 y…
p. 273
20Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 187, 1992 citas
[23]1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 Putumayo 2.200 2.400 4.000 5.000 6.600 7.000 19.000 30.100 58.297 66.022 Total nacional 37.500 41.206 49.787 46.400 53.200 69.200 79.100 101.800 160.119 163.289 Compara- tivo (%) 5,87 5,82 8,03 10,78 12,41 10,12 24,02 29,57 36,41 40,43 Fuente: Vargas, 2004, página 267, con base en…
p. 187
[40]erradicación de cultivos de coca vía fumigación con glifosato. En su afán por obtener de Estados Unidos la certi- ficación en la lucha contra el narcotráfico, en 1997 la administra- ción Samper había fumigado 516 hectáreas en Puerto Guzmán y, en 1998, 3.950 en todo Putumayo (Ramírez, 2001, página 19; Rivera, 2003,…
p. 199
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 126, 1302 citas
[24]previas a la implementación en 1999 del sistema de Monitoreo de Cultivos de Coca coordinado por UNODC, su fuente son estudios realizados por Estados Unidos. 262 Uribe, «Evolución de los cultivos de coca en Colombia: 1986-2017». Razón Pública. tercer ciclo de afectaciones (1991-2020) 127 Miles de hectáreas sembradas…
p. 126
[42]incumplieron: no se suspendieron las fumigaciones y las obras de infraestructura quedaron limitadas a las asignaciones presupuestales que las entidades estatales ya tenían para el año en curso y los años siguientes 273. La Comisión ha podido establecer que sí hubo una influencia de las FARC-EP en el desarrollo del…
p. 130
22Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 511 cita
[25]disminución no son claras. Desde 1994 y hasta 1997, el número de hectáreas cultivadas osciló entre 2.000 y 2.500, pero a partir de 1998 se produjo un crecimiento sostenido de cultivos hasta el 2000, año en el que se triplica el área cultivada y alcanza su máximo histórico: 5.960 hectáreas (Minjusticia, Unodc, 2016, p.…
p. 51
23Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 670, 8012 citas
[26]nacionales y extranjeras como Cargill, Poligrow y Manuelita para explotarlas con proyectos de agroindustria 2239. En otras zonas, la reconfiguración ocurrió por las aspersiones con agentes químicos para erradicar cultivos de coca y marihuana. Las fumigaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta habían comenzado desde…
p. 670
[74]Ilícitos (PNIS). Las disidencias perciben a los desmovilizados como un obstáculo para sus intereses 2780. La tercera causa de la persecución de las disidencias a los excombatientes es que varios firmantes del Acuerdo de Paz se oponen al reclutamiento forzado o a volver a tomar las armas, lo que hace que las…
p. 801
24No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 318, 3212 citas
[27]las Naciones Unidas (ONU) el monitoreo del creci- miento y/o disminución de los cultivos. Tres décadas después de que comenzaran las fumigaciones, hay abundante evi- dencia que demuestra que ninguno de los argumentos con los que fueron aprobadas es completamente cierto y, en todo caso, esta estrategia no ha logrardo…
p. 318
[33]a la Comisión de la Verdad que cuando vinieron las fumigaciones había una restricción para llevar víveres en camiones y embarcaciones. «Fue cuando el ministro de Defensa [Fernando] Botero dijo que el glifosato no hacía daño, que él podía tomarse un vaso y bañarse con glifosato y que eso no era dañino» 969. 966…
p. 321
25Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 851 cita
[30]dos Unidos (CODHES, 2009). Sin embargo, a pesar de la altísima inversión económica, la estrategia militar de erradicación de cul- tivos de uso ilícito por medio de la fumigación aérea no solo no 86 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca ha sido tan e fi caz como se esperaba,…
p. 85
26Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 2451 cita
[32]Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 ses, se estaba fumigando sin ninguna consideración. La situación empeoró con el asesinato de varios de los líderes de la marcha y con el ingreso en 1997 de las auc a la zona, donde formó el Frente Héroes del Guaviare. El Caquetá no vivió una realidad…
p. 245
27Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1731 cita
[35]tan riesgoso para la salud y la naturaleza es volver a la aspersión aérea con glifosato?». 502 Nivia y Rapalmira, «Las fumigaciones aéreas sobre cultivos ilícitos sí son peligrosas». 503 Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc), «Censo de Cultivos de Coca 2014», 97. 504 Programa de…
p. 173
28Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 751 cita
[36]with several local officials, all of whom stated unequivocally that the spraying continued to kill food crops, cause illnesses, and force people to abandon their lands. When I spoke with Jair Giovani Ruiz, an agro-industrial engineer with the Ministry of the Environment, he hinted at the corruption that existed in the…
p. 75
29Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 361 cita
[37]155 With regard to environmental and health consequences, the Secretary of State, as required by Congress until FY2012, has reported that the herbicide, glyphosate, does not pose unreasonable health or safety risks to humans or the environment. In consultation for the certification, the U.S. Environmental Protection…
p. 36
30¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 2221 cita
[38]uso de los recursos de cada región, sus características sociales, eco- nómicas y tecnológicas. Esta estrategia se fundamentó en paquetes o "plantes" de apoyo inmediato a agricultores, cuyos componentes centrales eran: créditos subsidiados a corto plazo, asistencia técnica, comercialización de excedentes, empleo de…
p. 222
31Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 564, 5682 citas
[39]cocaleras participó alrededor del 25 por ciento de la población total del Caquetá, cifra que evidencia el peso que la economía de la coca tuvo en los procesos económi- cos regionales” (CNMH, 2015a). Como efecto de las marchas cocaleras, se intensificó el conflic- to armado. Un año después de las marchas, en el Caquetá…
p. 564
[53]María Clemencia Ramírez cuan- do al referirse al papel de las FARC en las marchas cocaleras del Putumayo afirma: “Se hace evidente que las FARC apoya los paros cívicos para exigir al Estado el cumplimiento de sus funciones. Por consiguiente, no es tan claro que estén en contra de la inversión y presencia del Estado en…
p. 568
32La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 811 cita
[41]conservación del ambiente y fomento de los valores éticos y culturales para la convivencia pacífica. Después de la muerte en combate de 30 militares en Puerres, Nariño, en abril de este mismo año, el Gobierno central expidió el Decreto 717 de 1996, que creó las Zonas Especiales de Orden Público, las cuales se…
p. 81
33¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 69, 782 citas
[44]Aunque les daba voz y una interfaz institucional, lo que estuvo muy bien, paraba en seco cualquier veleidad con respecto de la sustitución gradual, un principio por el que distintas organizaciones agrarias habían roto más de una lanza a través de lustros de movilizaciones y que había sido aceptado también por…
p. 78
[71]sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…
p. 69
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[45]ocurrencia 22.075 35.937 51.792 56.793 54.169 49.085 diálogos de paz en medio del conflicto, retos y persistencias (2010-2021) 169 Aún hoy, para la población campesina el jornal que se paga en la economía cocalera representa ingresos superiores a los de la economía agraria legal: «Vea, hay personas de la juventud,…
p. 168
35Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1491 cita
[46]y el Mundo Fuente: UNODC, Policía Nacional ¿Porqué se expandieron de manera vertiginosa los cultivos de hoja de coca en Colombia hasta el punto de llegar a ser el principal productor de cocaína?. Es una pregunta que surge de mirar los hechos mencionados y cuya respuesta se encuentra recorriendo varios aspectos e…
p. 149
36El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2852 citas
[47]de Washington. ¿“Plan” contra la producción de cocaína? Las FARC no han negado que ellos cobran un “impuesto de guerra”, o “impuesto revolucionario”, al narcotraficante que tiene plantíos en sus zonas de influencia al asumir que es un capita- lista más, al tiempo que le exige pagar y tratar correctamente al campesino.…
p. 285
[48]de Washington. ¿“Plan” contra la producción de cocaína? Las FARC no han negado que ellos cobran un “impuesto de guerra”, o “impuesto revolucionario”, al narcotraficante que tiene plantíos en sus zonas de influencia al asumir que es un capita- lista más, al tiempo que le exige pagar y tratar correctamente al campesino.…
p. 285
37Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 961 cita
[49]fronts extended throughout the country, only a minority have a coca industry in their territory (Clawson and Lee III, 1998: 179). 10 Rochlin (2003: 100, 137), too, pointed out that “not all members of fronts of the FARC have been involved in the illicit drug trade.” Arguably this is based on the premise that sectors…
p. 96
38Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 1991 cita
[50]acuerdos con el Gobierno na - cional (entre 1996 y 1997) para recibir apoyo y fomento en busca de alternativas productivas legales, con base en el inicio de los proyectos del programa Plante. La situación se complicó porque las FARC tenían una presen - cia notoria y gran interés en el control de las zonas de cultivos…
p. 199
3925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1341 cita
[51]crisis de la economía agraria de los primeros años e incrementaron sus u Martha Cecilia Garcia, ·luchas y movimientos clvicos en Colombia duranle los ochenla y tos novenla_ Transformaciones y permanencias~. en Mauricio Archila y t.tauricio Pardo (ediiOfes). Movimitnlos sociales, fSiado y democtacia en QJkJm. bla...•…
p. 134
40Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 331 cita
[52]las protestas campesinas. Para el 13 de mayo de 1996 se expidió el decreto 0871 por el cual se estableció como zona especial de orden público el área geográfica de la jurisdicción de todos los municipios de los departamentos de Guaviare, Vaupés, Meta Vichada y Caquetá (Ramírez, 2001). Con ello se recrudecieron las…
p. 33
41Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 3072 citas
[54]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
[55]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
42Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 1181 cita
[56]y el 70 % de la cocaína consumida en el mundo se produce en Colombia. Los ingresos que se generan producto de este negocio ilegal son muy significativos. Se estima que en 2008 el tamaño de la producción y tráfico de la cocaína en Colombia fue de $13,6 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 2,5 % de pib…
p. 118
43Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1471 cita
[57]de los programas planteados en el marco de la política de paz, el Plan Colombia fue el más importante y abarcó el mayor esfuerzo del gobierno: El Plan Colombia se desarrollará, principalmente en zonas críticas del conflicto. Aquellas regiones del país que han tenido presencia continua, durante varios años, de actores…
p. 147
44America's Other War: Terrorizing ColombiaDoug Stokes · 2005 · p. 1142 citas
[58]a much broader engagement than just the narcotics issue because all our problems are linked.’ 43 Four billion dollars was supposed to come from Colombia itself, mainly through the privat- ization of publicly owned utilities. 44 Pastrana called upon other countries and international lending organizations to supply the…
p. 114
[59]a much broader engagement than just the narcotics issue because all our problems are linked.’ 43 Four billion dollars was supposed to come from Colombia itself, mainly through the privat- ization of publicly owned utilities. 44 Pastrana called upon other countries and international lending organizations to supply the…
p. 114
45Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 651 cita
[60]concebido por el propio Andrés Pastrana, el 8 de junio de 1998, se trataba de una iniciativa nuclear de su Plan de Desarrollo, resultando acogida por el presidente estadounidense Bill Clinton, en diciembre de 1998, cuando prometió destinar más ayuda militar a Colombia a fin de combatir las drogas y fortalecer la…
p. 65
46Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 661 cita
[61]a usted lo han engañado» sic. Agregando que el Plan Colombia no era una plan contrainsurgente, era un 80% social y un 20% militar y que justamente el se encontraba en una correría por Europa, para solicitar una ayuda financiera que pudiese llegar a la población rural más pobre y lograr la sustitución de cultivos…
p. 66
47Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 661 cita
[62]a usted lo han engañado» sic. Agregando que el Plan Colombia no era una plan contrainsurgente, era un 80% social y un 20% militar y que justamente el se encontraba en una correría por Europa, para solicitar una ayuda financiera que pudiese llegar a la población rural más pobre y lograr la sustitución de cultivos…
p. 66
48Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 281 cita
[63]de toque de la política estadounidense en el país. En efecto, Washington ha considerado el Plan Colombia el programa clave en su estrategia antinarcóticos para la región andina. En éste se combinan las medidas antinarcóticos precedentes —fumigación de cultivos ilícitos, control de precursores químicos, destrucción de…
p. 28
49More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 2971 cita
[64]taking shots at the Turbo Thrushes and Broncos as they swooped in to drop their loads. Within a year, there would be three such battalions in the field, 3,000 soldiers dedicated to the fumigation campaign. A second brigade was also in the works. These troops would be an army within an army, an Ameri- can-trained and…
p. 297
50¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1141 cita
[65]Fuerza Pública y el combate contra el narcotráfico, centrado en las fumigaciones. Contra el componente militar del Plan Colombia y su política de fumigaciones de los cultivos de uso ilícito, las FARC decidieron realizar el llamado paro armado en el departamento del Putumayo, en octubre del 2003, región en la que se…
p. 114
51Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3582 citas
[66]FIC-BCB, FRD-ACPB y FHJSJ-ACPB, la siembra de la hoja de coca también habría llegado desde el sur de Bolívar, como cuenta un habitante de Bajo Simacota: Para el sur de Bolívar eso llevaban era por camionados, de aquí para arriba cuando empezaron a meterle la cultura a la gente porque prácticamente aquí en este sector…
p. 358
[67]FIC-BCB, FRD-ACPB y FHJSJ-ACPB, la siembra de la hoja de coca también habría llegado desde el sur de Bolívar, como cuenta un habitante de Bajo Simacota: Para el sur de Bolívar eso llevaban era por camionados, de aquí para arriba cuando empezaron a meterle la cultura a la gente porque prácticamente aquí en este sector…
p. 358
52Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[68]allá de la disputa militar, el interés en estos corredores fue «estratégico», porque permitieron obtener armamento y desarrollar actividades para financiar la guerra. A medida que los diferentes grupos armados se fueron asentando en los territorios de los pueblos étnicos, estos se vieron afectados primordialmente por…
p. 62
53El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 372 citas
[69]39 Comisión Andina de Juristas, Putumayo..., 80-83 40 Ramírez, María Clemencia, et.al., 2010. Elecciones, coca, conflicto y partidos políticos en Putumayo 1980-2007 (Bogotá: icanh/cinep/Colciencias, 2010), 15. Capítulo 1 37 un símbolo político del poder ciudadano. 41 Una vez los Mase- tos fueron expulsados, las farc…
p. 37
[70]39 Comisión Andina de Juristas, Putumayo..., 80-83 40 Ramírez, María Clemencia, et.al., 2010. Elecciones, coca, conflicto y partidos políticos en Putumayo 1980-2007 (Bogotá: icanh/cinep/Colciencias, 2010), 15. Capítulo 1 37 un símbolo político del poder ciudadano. 41 Una vez los Mase- tos fueron expulsados, las farc…
p. 37
54Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 841 cita
[72]Colombian government.) Additional information provided from the Colombian Embassy in Washington, DC, Office of the President, “Fact Sheet: A New Approach for the War on Drugs,” April 22, 2016. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:32:47 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
p. 84
55Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 2891 cita
[73]esfuerzo principal. ¿Cómo pasamos de 40.000 a 200.000 hectáreas de coca en el último gobierno? Hay muchas explicaciones, y la gente lo sabe. Se terminó la fumigación con glifosato, un método muy efectivo para la erradicación. Hay una erradicación forzada que se hace manualmente por la fuerza pública, la cual fue…
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56Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1841 cita
[75]hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…
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57Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 27, 662 citas
[76]sobre la situación de riesgo para su supervivencia”. • A principios de 2011, el Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas recomendó en un informe “prevenir el genocidio que pudiera perpetrarse allí.” 67 • En marzo de 2011, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas…
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[78]de intervención territorial que se plantea coordinar la operación militar con la acción social del Estado. El propósito central es que las Fuerzas Armadas asuman la ejecución de proyectos sociales, que usualmente han estado en manos de autoridades civiles. La integración de actividades civiles y militares fue señalada…
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58Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5121 cita
[77]Macarena parece haberse planteado, entre otras cosas, no solo para quebrar las finanzas de las FARC provenientes de la coca sino también para afectar a los campesinos,1 1 sin lugar a dudas la muy genérica “base social” de la guerrilla, pero a quienes les cabe también cierto rango de independencia ante la estructura…
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