Andrés Pastrana Arango
Constitución de 1991
N. 1954
La biografía
Presidente de Colombia entre 1998 y 2002, hijo del mandatario conservador Misael Pastrana Borrero, periodista de formación y político de trayectoria mediática. Su nombre queda asociado a dos hechos que definieron el paso del país al siglo XXI: los diálogos de paz con las FARC en el Caguán, el intento negociador más ambicioso y más fallido de la historia colombiana reciente, y el Plan Colombia, el mayor paquete de asistencia militar y antinarcóticos que Estados Unidos haya destinado a un país latinoamericano fuera del contexto centroamericano de los ochenta. La contradicción entre ambas apuestas —la mano tendida a la guerrilla y la reorganización militar del Estado con recursos de Washington— no fue un accidente de gestión: fue la estructura interna de su gobierno y, a la vez, el terreno sobre el que su sucesor, Álvaro Uribe Vélez, construiría una década de guerra.
Línea de vida
- 1988
Primera alcaldía popular de Bogotá y secuestro
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Ganó la primera elección popular de alcalde de Bogotá, cargo que hasta entonces se designaba por decreto. Durante ese período fue secuestrado por el cartel de Medellín, en una demostración del poder que Pablo Escobar ejercía sobre la política colombiana.
- 1994
Los narcocasetes y el Proceso 8.000
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Tras perder la segunda vuelta presidencial contra Ernesto Samper, entregó al presidente César Gaviria grabaciones en las que Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela hablaban de haber financiado la campaña de Samper. Los llamados narcocasetes detonaron el Proceso 8.000, el mayor escándalo político de la década.
- 1998
Victoria electoral sobre Horacio Serpa
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Derrotó al candidato liberal Horacio Serpa en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de junio de 1998. Una parte significativa de esa victoria se atribuyó a los gestos favorables de las FARC hacia sus propuestas negociadoras, tras su reunión previa con Manuel Marulanda Vélez en la selva.
- 1998
Establecimiento de la zona de distensión del Caguán
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El gobierno estableció una zona de distensión de aproximadamente 42.000 km² en cinco municipios —San Vicente del Caguán, La Macarena, Mesetas, La Uribe y Vista Hermosa— como territorio desmilitarizado para adelantar los diálogos de paz con las FARC.
- 1999
Instalación de la mesa de paz y la silla vacía
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El 9 de enero de 1999 se instaló oficialmente la mesa de negociación en el Caguán. Manuel Marulanda Vélez no se presentó a la ceremonia, dejando una silla vacía junto al presidente Pastrana que se convirtió en el símbolo del proceso. La agenda común acordada contenía doce puntos temáticos, criticada por su amplitud excesiva e innegociable en tiempo prudencial.
- 1999
Lanzamiento del Plan Colombia
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En septiembre de 1999 se dio a conocer el Plan Colombia, presentado inicialmente como un Plan Marshall para Colombia. Redactado por funcionarios civiles del Departamento Nacional de Planeación, fue concebido como complemento del proceso de paz, pero su traducción en Washington lo convirtió en un programa con fuerte énfasis militar y antinarcóticos.
- 2002
Cierre del proceso de paz del Caguán
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La noche del 20 de febrero de 2002, Pastrana anunció por televisión el cierre definitivo del proceso de paz y ordenó la recuperación militar de la zona de despeje, levantada el 21 de febrero. Faltaban tres meses para las elecciones presidenciales, que ganaría Álvaro Uribe Vélez con una agenda de seguridad opuesta a la negociación.
La herencia paterna y el molde conservador
Andrés Pastrana Arango nació en Bogotá en 1954, en el seno de una familia que encarnaba el conservatismo colombiano de posguerra. Su padre, Misael Pastrana Borrero, ocupó la presidencia entre 1970 y 1974, en el último cuatrienio del Frente Nacional, y llegó al cargo tras una elección notoriamente ajustada frente al general Gustavo Rojas Pinilla, cuya derrota —por márgenes tan estrechos que el propio entorno del general amenazó con desconocer el resultado— dejó una sombra de ilegitimidad sobre el gobierno entrante. En municipios como San Rafael, Antioquia, Rojas obtuvo 957 votos contra 513 de Pastrana Borrero, cifras que muestran cuán reñida fue la disputa nacional. Aquella elección de 1970 alimentó la fundación de la ANAPO en su versión insurgente y, con ella, el nacimiento del M-19, guerrilla que reclamaría durante años haber sido el brazo armado de un voto robado.
Ese origen marcó a Andrés Pastrana de dos maneras. Le entregó un apellido político con peso propio en el Partido Conservador y le enseñó desde niño el vínculo entre la política presidencial, la tecnocracia y el pulso con los movimientos populares armados. El gobierno de su padre había practicado un manejo tecnocrático del gabinete —el nombramiento de Argelino Durán Quintero como Ministro de Obras Públicas mediante el Decreto 1486 del 7 de agosto de 1970 fue emblemático del estilo—, y esa combinación de conservatismo doctrinario con administración fría de la máquina estatal sería también, décadas después, la marca del hijo.
María Cristina Arango Vega, la madre, y Nohra Puyana Bickenbach, con quien Andrés se casó, completan un cuadro familiar de las élites bogotanas cuya proximidad al poder no requiere justificación: se ejerce.
Del periodismo al escándalo: la construcción de un candidato
Antes de la política formal, Pastrana fue periodista. Dirigió el noticiero TV Hoy y trabajó en medios impresos, en una época en que la televisión colombiana concesionada convertía a sus presentadores en figuras de reconocimiento nacional. Esa exposición mediática, más que la militancia partidista tradicional, fue la que lo lanzó a la vida pública: en 1988 ganó la primera elección popular de alcalde de Bogotá, cargo que hasta entonces se designaba por decreto presidencial. Su alcaldía fue breve y accidentada —fue secuestrado por el cartel de Medellín en enero de 1988, en una demostración del poder que Pablo Escobar ejercía sobre las elecciones colombianas—, pero le dio la plataforma para aspirar a la Presidencia.
En 1994 fue el candidato conservador y perdió en segunda vuelta contra Ernesto Samper Pizano. La derrota, sin embargo, se convirtió pronto en el episodio más lucrativo de su carrera política. En junio de 1994, en plena transición, Pastrana entregó al presidente saliente César Gaviria unas grabaciones en las que Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, los jefes del cartel de Cali, hablaban de haber financiado la campaña de Samper. Los llamados narcocasetes detonaron el Proceso 8.000, el escándalo político mayor de la década, del que Samper salió jurídicamente indemne —el auto inhibitorio del fiscal Heyne Mogollón lo dejó en un limbo entre la absolución y la culpabilidad— pero políticamente destruido. Investigaciones posteriores, como las del coronel Velásquez, sugerirían que una parte significativa del Congreso de la época había recibido dineros del narcotráfico para sus curules.
El episodio dejó a Pastrana en una posición ambigua que lo acompañaría siempre: derrotado electoralmente, pero moralmente reforzado como el hombre que había intentado denunciar la contaminación de la política por el narcotráfico. Cuando volvió a lanzarse en 1998, no era solo el candidato del Partido Conservador: era el contrapunto simbólico a los cuatro años de aislamiento internacional del gobierno Samper.
1998: la promesa de la paz
La segunda campaña presidencial de Pastrana se organizó alrededor de una sola idea de fuerza: negociar con las FARC. En un país que llevaba tres décadas de guerra contra la guerrilla más antigua del continente y donde el conflicto se había intensificado desde 1996 con tomas de bases militares y humillaciones sucesivas al Ejército, la propuesta tenía peso. Pastrana envió señales tempranas a la comandancia guerrillera, se reunió con Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, en la selva antes de la segunda vuelta, y difundió una fotografía del encuentro que fue leída por millones de colombianos como un anticipo de paz. En junio de 1998 derrotó al liberal Horacio Serpa Uribe en el balotaje. Una parte no menor de esa victoria se atribuyó al gesto de las FARC hacia sus propuestas negociadoras: la guerrilla, sin decirlo, había intervenido en la elección.
Pastrana asumió con un mandato claro y un margen de maniobra que ningún presidente colombiano había tenido en años. Lo que hizo con ese capital político definiría su gobierno y, en buena medida, la política colombiana de las dos décadas siguientes.
El Caguán: la zona más grande del mundo
En octubre de 1998, el gobierno estableció la zona de distensión: cinco municipios —San Vicente del Caguán en Caquetá, y La Macarena, Mesetas, La Uribe y Vista Hermosa en el Meta— que sumaban unos 42.000 kilómetros cuadrados, una superficie comparable a la de Suiza, desmilitarizada como territorio para los diálogos. Nunca antes una guerrilla en negociación había recibido un espacio semejante, y nunca antes un Estado había cedido tanto de antemano sin mecanismos de verificación proporcionales.
El 9 de enero de 1999 se instaló oficialmente la mesa. La ceremonia quedó marcada por una imagen que resumiría toda la negociación: Marulanda no apareció. Junto al presidente Pastrana quedó una silla desocupada que la prensa fotografió y que el país no olvidaría. Las FARC alegaron amenazas de seguridad; el propio Marulanda, según se supo después, quiso evitar la sensación de que un acuerdo era inminente. El mensaje simbólico era demoledor: el jefe guerrillero desairaba al presidente en el arranque mismo del proceso.
La negociación se organizó alrededor de una agenda común de doce puntos que abarcaba prácticamente todos los problemas nacionales: política agraria, recursos naturales, estructura económica, reforma política, derechos humanos, fuerzas militares, relaciones internacionales, formalización de los acuerdos democráticos. La amplitud era su virtud aparente y su vicio real. Se dijo entonces, y con razón, que era una agenda innegociable en tiempo prudencial y que evadía el único tema sustantivo para terminar una guerra: la distribución del poder político. Se hablaba de todo para no hablar de lo único que importaba.
Las FARC entendieron rápido el juego. Mientras la mesa avanzaba lentamente en el caserío de Los Pozos, la guerrilla usaba el Caguán como retaguardia estratégica, entrenaba tropas, escondía secuestrados y proyectaba operaciones militares hacia el resto del país. El propio Raúl Reyes, uno de los interlocutores más visibles del secretariado, alternaba con naturalidad entre el discurso político frente a las cámaras y la coordinación de acciones armadas fuera de la zona. La lógica dual —negociar y combatir— no era un desliz sino la doctrina. El inicio de los diálogos no marcó ningún giro en la intensificación de la guerra que venía desde 1996; al contrario, el conflicto alcanzó durante el Caguán su mayor escala e intensidad histórica.
El gobierno respondió con paciencia primero y con desgaste después. Víctor G. Ricardo, alto comisionado para la paz, condujo la interlocución en medio de críticas crecientes de los sectores que consideraban ingenua la buena voluntad presidencial. Rodrigo Lloreda Caicedo, ministro de Defensa, renunció en mayo de 1999 en un gesto que sintetizó el malestar de las Fuerzas Militares con las concesiones a la guerrilla; buena parte de la oficialidad lo respaldó, y Pastrana quedó por primera vez visiblemente aislado dentro de su propio gobierno.
En octubre de 2001, el presidente prorrogó la zona de despeje hasta el 20 de enero de 2002 y anunció anillos de seguridad reforzados a su alrededor. Ese acto, que quiso ser un endurecimiento, fue leído por muchos como una nueva concesión. Los meses siguientes se llenaron de secuestros de alto perfil, ataques a la infraestructura y la creciente evidencia de que la mesa no producía nada. La noche del 20 de febrero de 2002, tras casi tres años y dos meses de proceso, Pastrana anunció por televisión el cierre definitivo del Caguán y ordenó la recuperación militar de la zona. Faltaban tres meses para las elecciones presidenciales.
El Plan Colombia: la otra mitad del gobierno
Mientras la mesa del Caguán se estancaba, el gobierno construía en paralelo su otra gran iniciativa. En septiembre de 1999 se dio a conocer al público el Plan Colombia, presentado inicialmente como una suerte de Plan Marshall para el país: un programa integral de desarrollo social, sustitución de cultivos, fortalecimiento institucional y reactivación económica, con apoyo esperado de Estados Unidos y de la Unión Europea. Lo había redactado un equipo de funcionarios civiles del Departamento Nacional de Planeación con participación de militares y civiles del Ministerio de Defensa. En su formulación original no era abiertamente militar y estaba concebido, al menos en el discurso, como complemento del proceso de paz: si a las FARC se les entregaba una zona de despeje como incentivo para negociar, al Estado había que dotarlo de capacidades para el día después.
La traducción del plan al idioma de Washington fue otra cosa. Entre 1999 y 2005, sus primeros seis años, el Plan Colombia costó cerca de 10.000 millones de dólares. El 35% fue financiado por Estados Unidos y el resto por Colombia. Y el 57,5% del presupuesto total se destinó a operaciones antinarcóticos y contra el crimen organizado, con una lógica que en la práctica era contrainsurgente: en el terreno colombiano, coca y guerrilla eran indistinguibles en amplias regiones. La Unión Europea, mientras tanto, mantuvo distancia frente al componente militar y limitó su participación a proyectos sociales de escala menor.
Los efectos operativos fueron rápidos y visibles. Entre 2000 y 2002, las Fuerzas Militares y la Policía pasaron de contar con cuatro a dieciséis helicópteros artillados de combate, y sumaron alrededor de un centenar de helicópteros de transporte adicionales. La reorganización de las fuerzas para la guerra irregular —montañosa, selvática, con unidades móviles, inteligencia técnica y capacidad aérea— fue una exigencia estadounidense y una condición del apoyo. Por instrucciones del gobierno de Bill Clinton, las aeronaves adquiridas con recursos del plan no podían usarse en operaciones antiguerrilla sino únicamente contra el narcotráfico, distinción legal que sobre el terreno se volvía casi imposible de sostener y que generaba situaciones administrativamente absurdas.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 borraron esa distinción. La administración de George W. Bush integró la lucha antinarcóticos con el apoyo contrainsurgente bajo el paraguas de la guerra global contra el terrorismo, y los canales de asistencia militar se ampliaron. El Plan Colombia, concebido como programa antidroga con envoltorio de desarrollo, se convirtió sin cambio formal en un programa contrainsurgente con envoltorio antinarcóticos.
Las críticas fueron abundantes. La Plataforma Colombiana de Derechos Humanos denunció que las fumigaciones aéreas con glifosato se concentraron sobre pequeños cultivadores campesinos, con resultados en reducción de cultivos calificados de ínfimos y con costos ambientales y humanos altos. En términos estrictamente militares, sin embargo, el plan sí produjo lo que prometía en su segunda vida: un ejército rediseñado, con movilidad, inteligencia y potencia de fuego que Colombia no había tenido nunca. Ese ejército, sin embargo, no lo comandaría Pastrana en su despliegue pleno. Lo heredaría Uribe.
La recesión que enmarcó todo
Ningún relato del gobierno Pastrana es honesto si omite el suelo económico sobre el que operó. En 1999, el año en que se instalaron los diálogos del Caguán y se lanzó el Plan Colombia, la economía colombiana se contrajo un 4,1%. Era la primera vez que el país registraba crecimiento negativo desde que existían mediciones sistemáticas del PIB. El desempleo superó el 20%. El sector de la construcción quedó devastado, la manufactura se hundió y la agricultura expulsó población hacia ciudades sin capacidad de absorción.
Las causas fueron múltiples. La crisis financiera del sudeste asiático de 1997-1998 llegó a Colombia como coletazo, en forma de fuga de capitales y encarecimiento del crédito externo. Pero el detonante interno fue el colapso del sistema UPAC —Unidad de Poder Adquisitivo Constante—, el mecanismo de financiación hipotecaria vigente desde 1973. Las altísimas tasas de interés de fin de siglo dispararon las cuotas hipotecarias por encima del valor de los inmuebles: en 1999, el 16% de los deudores del sistema dejó de pagar y más de seis mil familias entregaron sus casas como dación de pago. En el último trimestre del año existían ya dieciséis asociaciones de usuarios del UPAC organizadas para exigir que las liquidaciones se hicieran en moneda real. La clase media urbana colombiana, columna del sistema político tradicional, vivió por primera vez en dos generaciones la experiencia de perder la vivienda.
La recesión coincidió con un segundo golpe: el terremoto del Eje Cafetero de enero de 1999, que destruyó buena parte de Armenia y del piedemonte cafetero y demandó una operación de reconstrucción sin precedentes recientes. El país fin de siglo se percibía —en los análisis extranjeros y en el ánimo interno— al borde de convertirse en un Estado fallido: una economía en contracción, una guerra en expansión, un narcotráfico consolidado, una guerrilla que ocupaba territorio y un gobierno que negociaba desde la debilidad.
La recuperación comenzaría muy lentamente a principios del siglo XXI, apoyada en parte por la inyección de recursos externos vía Plan Colombia. Pero mientras Pastrana gobernaba, la recesión operaba como una atmósfera que erosionaba cada iniciativa: era imposible sostener políticamente concesiones a la guerrilla mientras la clase media urbana perdía su casa, y era imposible legitimar el gasto público mientras el desempleo se acercaba a niveles centroamericanos.
La ruptura y el trampolín
La confluencia de la crisis económica, del desgaste del Caguán y del giro post-11 de septiembre en la política estadounidense preparó el terreno para lo que vendría. Cuando Pastrana anunció el cierre del proceso el 20 de febrero de 2002 y ordenó la recuperación militar de la zona de distensión, el país llevaba meses convencido de que la paz negociada estaba muerta. Álvaro Uribe Vélez, disidente del Partido Liberal, había hecho de la crítica al Caguán su plataforma electoral y de la mano dura contra las FARC su promesa central. Ganó las elecciones de mayo de 2002 en primera vuelta.
El fracaso del Caguán, más que ninguna otra causa, desprestigió durante casi una década toda búsqueda de paz por medios distintos a la guerra. Y Uribe recibió, sin haber contribuido a construirlas, dos herencias decisivas del gobierno Pastrana: unas Fuerzas Militares reorganizadas para la guerra irregular gracias al Plan Colombia, y un país predispuesto a apoyar la vía militar tras el desengaño negociador. La política de seguridad democrática que definiría los ocho años siguientes se apoyó sobre el aparato construido por su antecesor.
La paradoja es completa: Pastrana llegó al poder para hacer la paz, terminó su gobierno habiendo militarizado el Estado como no lo había hecho ningún presidente anterior, y entregó el mando a un adversario cuya principal bandera era la crítica frontal a su propuesta original. Fue, en un sentido no del todo metafórico, el arquitecto involuntario del uribismo.
La red
La red política de Pastrana explica en buena medida su gobierno. En el frente doméstico, su gabinete y su entorno reprodujeron la tecnocracia conservadora que había caracterizado al padre: cuadros civiles de formación económica, con vocación gerencial más que ideológica. Víctor G. Ricardo, alto comisionado para la paz, y Rodrigo Lloreda, ministro de Defensa, encarnaron dos caras de un mismo gobierno: la que negociaba y la que se resistía a negociar en esos términos.
En el frente internacional, la relación con Bill Clinton fue determinante. El presidente demócrata visitó Colombia en agosto de 2000 —la primera visita de un presidente estadounidense en décadas— y respaldó públicamente el Plan Colombia, en un gesto que buscaba equilibrar el apoyo militar con un compromiso con el proceso de paz. Esa arquitectura política se derrumbó con la llegada de Bush y, sobre todo, con el 11 de septiembre. Los sectores más halcones de la nueva administración estadounidense encontrarían más afinidad con el sucesor Uribe que con el gobierno saliente.
Frente a las FARC, la interlocución central fue con Manuel Marulanda Vélez, patriarca fundador y símbolo mismo de la guerrilla, y con Raúl Reyes, su vocero mediático. La relación fue asimétrica desde el principio: Marulanda entendió que la mesa era un instrumento y no un fin, y jugó a ese juego durante tres años con paciencia campesina. Pastrana, más presionado por el calendario político y por la opinión pública, no tuvo esa paciencia y tampoco los instrumentos para forzar avances.
En el terreno partidista, mantuvo con el Partido Conservador una relación funcional pero no militante. Su liderazgo era personal más que doctrinario, apoyado en su nombre familiar y en su capital mediático. Esa distancia con las estructuras tradicionales del partido, característica de la política colombiana de fin de siglo, dificultó también la construcción de una sucesión: no dejó heredero político, y el conservatismo tardaría más de dos décadas en volver a disputar seriamente la Presidencia.
La huella
El legado de Andrés Pastrana admite lecturas encontradas y ninguna cómoda. En el activo, dejó una Colombia militarmente distinta a la que recibió: unas Fuerzas Armadas con capacidad operativa, movilidad e inteligencia técnica que fueron decisivas en la reducción territorial de las FARC durante la década siguiente. Dejó también, aunque parezca contraintuitivo, la evidencia empírica de que la paz negociada exige condiciones que en 1998 no existían: verificación, agenda acotada, presión sobre ambas partes. El proceso posterior con las FARC, que culminaría en el Acuerdo de La Habana de 2016 durante el gobierno de Juan Manuel Santos, aprendió del Caguán casi punto por punto lo que no debía repetir. Fue una escuela, aunque a costo altísimo.
En el pasivo, entregó al país exhausto, con una economía apenas emergiendo de la peor recesión de su historia moderna, con las FARC fortalecidas por tres años de retaguardia estratégica, y con un electorado dispuesto a votar por la solución militar más contundente que se le ofreciera. El fracaso del Caguán legitimó la política de tierra arrasada de la década siguiente y desprestigió durante años la posibilidad misma del diálogo. Los escándalos posteriores del gobierno Uribe —la parapolítica revelada en 2006, los llamados falsos positivos, las escuchas ilegales del DAS destapadas en 2009— fueron ejecutados con instrumentos y con una legitimidad política que en parte se construyeron sobre el desprestigio de la vía negociada que Pastrana encarnó.
En 2013 publicó Memorias Olvidadas. Episodios Personales de la Historia de Colombia relatados a Gonzalo Guillén, obra editada por Penguin Random House en Bogotá, en la que ofreció su versión del Caguán, del Plan Colombia y del Proceso 8.000. Fue, en gran medida, un ajuste de cuentas con Samper y con Uribe, y una reivindicación de su propia gestión. La bibliografía académica ha sido menos indulgente. El estudio de referencia, Chronicle of a Failure Foretold: The Peace Process of Colombian President Andrés Pastrana de Harvey F. Kline, publicado por University of Alabama Press en 2007, sugiere desde su título mismo un veredicto: crónica de un fracaso anunciado. Kline dedicaría después una obra paralela al primer mandato de Uribe, Showing Teeth to the Dragons (2009), permitiendo la comparación entre dos gobiernos que operaron sobre las mismas condiciones estructurales con doctrinas opuestas.
En la vida pública posterior, Pastrana se convirtió en una voz crítica del gobierno Santos —al que reprochó lo que consideró un exceso de concesiones a las FARC en La Habana— y en aliado circunstancial de Uribe en la oposición a los acuerdos de 2016. La trayectoria de esa alianza tardía tiene su ironía: el hombre que había apostado por negociar terminó votando en contra del acuerdo que aprendió del fracaso de su propia negociación.
Queda, por último, la imagen fija que ninguna historiografía disolverá: enero de 1999, la mesa instalada en el Caguán, el presidente sentado esperando a un guerrillero que no llegó. Esa silla vacía, más que cualquier balance macroeconómico o cualquier cifra del Plan Colombia, resume lo que fue el gobierno Pastrana. Un presidente que ofreció más de lo que podía sostener a interlocutores que nunca pensaron devolver el gesto, en un país que se hundía en la recesión mientras se armaba para una guerra que su propio gobierno no libraría. La historia colombiana de las dos décadas siguientes se escribió sobre esa espera.
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Documentos y fragmentos citados
36 documentos · 40 fragmentos01Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · Página 801 cita
[1]el plan, la tarea siguiente era ubicar a los co- laboradores para ejecutarlo, labor que el Presidente iba adelantar sin apremio alguno, aplicando un proceso de selección basado en los méritos de la tecnocracia y la identificación con los propósitos del Frente Nacional 56. Como resultado de este examen fue escogido el…
p. 80
02Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 1481 cita
[2]cincuenta de la madrugada hubo un nuevo boletín: Pastrana 1 368 981 y Rojas 1 366 364, que dio lugar a cambios en las siguientes ediciones. Y así siguió la tendencia que dio oficialmente el triunfo a Pastrana. En sus Memorias políticas 96, el expresidente López Michelsen hace un largo relato sobre cómo transcurrió en…
p. 148
03Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · Página 1221 cita
[3]San Rafael resquebrajó el dominio del Partido Conservador y mostró una apertura a la pluralidad política que luego se vio frustrada de manera violenta. Cuadro 1. Votaciones presidenciales en San Rafael (1970-1986) VOTACIONES A PRESIDENCIA EN SAN RAFAEL POR (3) CANDIDATOS CON MAYORES VOTOS 1970-1986 1970 1974 1978 1982…
p. 122
04Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 4291 cita
[4]preliminar que, en poco tiempo, podría determinar su absolución. El Departamento de Estado de Estados Unidos y la propia fiscal Janet Reno, colocaron en cuestión el pro- cedimiento. En una misiva fechada el 10 de mayo de 1994, Reno denunció la “negativa” del fiscal general de Colombia, Gustavo De Greiff, “a afirmar la…
p. 429
05Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · Página 821 cita
[5]Iglesia Católica, le preguntó a Ernes- to Samper si no había visto todo el dinero que los narcotrafican- tes habían invertido en su campaña. A la pregunta retórica, el sa- cerdote respondía irónicamente a Samper que es imposible no ver un elefante cuando entra a tu casa y se pasea en la sala, frente a tu televisor.…
p. 82
06Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · Página 1891 cita
[6]las elecciones sino también la violencia. 139 En este capítulo y el siguiente participó Manuela Pantoja recolectando datos para la investigación. 140 Cargo en ese entonces denominado “ministro de Gobierno”. 141 Ver en el Diario El Tiempo el artículo “Horacio, el escudero de Samper”, publicado el 17 de marzo de 1996.…
p. 189
07Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 1611 cita
[7]asesinato de Álvaro Gómez. Hoy solo podemos reflexionar con la distancia que nos da el tiempo, y con la conciencia de que este tema sigue teniendo sus dolientes: Samper, quien pasó a la historia como el presidente del cartel de Cali, y la familia de Álvaro Gómez, que reclama justicia. Como muchos, me quedo con mis…
p. 161
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2771 cita
[8]ó entre 1996 y 1998, y llev ó a que en la elecci ó n de este a ñ o el can didato conservador Andr é s Pastrana fuera elegido contra el liberal 2 74 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Horacio Serpa, en buena parte porque las farc respondieron bien a sus gestos en favor de una negociaci ó n. É sta recomenz ó en enero de 1999…
p. 277
09Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 3231 cita
[9]Departmental Assemblies —President Samper is acquitted by Congress —Peasant marches in Putumayo, Caquet á, and Guaviare concerning fumigation programs 1997 —Demilitarization of 14,000 square kilometers in Caquet á, to free soldiers captured by FARC —Internal displacement increases due to violence —The number of drug…
p. 323
10Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · Página 401 cita
[10]en el último año, calculado mes a mes. De esa manera, se logra conocer el nivel de la variable (el cual puede ser leído en el eje izquierdo) y las variaciones mensuales en este nivel. El agotamiento de la política de seguridad 39 Gráfico 2 Muertes directas del conflicto, Colombia 1988-2008 0 500 1.000 1.500 2.000…
p. 40
11Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · Página 91 cita
[11]evitar los efectos inflacio - narios de la bonanza ilegal. Así mismo, ante las dificultades del sistema de justicia para reprimir el delito y mediar en la solución de todo tipo de con- flictos, la guerrilla se abroga sus funciones, condu - ciendo a que la población demande su presencia. Los procesos de paz con la…
p. 9
12Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 701 cita
[12]La zona que fue establecida en octubre de 1988 y levantada el 21 de febrero de 2002, comprendía una superficie de 42.000 kilómetros cuadrados de los muni- cipios de La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán en Caquetá. 48 Con mayor presencia en Tibú,…
p. 70
13Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 2891 cita
[13]medios de comunicación levantaron expectativas como si con su presencia quedara sellada la paz en Colombia, lo cual no era verdad, y a lo que no podía prestarse”400, y añadió que además “había 396 (osé Gregorio Pérez, R a ú l Rérej. E l Canciller de la Montaña, Bogotá, Editorial Norma, 2008. 397 Cf., Víctor G.…
p. 289
14¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 1121 cita
[14]combinación de situaciones antes descritas llevó al Gobierno de Pas- trana a protagonizar una gran desilusión nacional. Despertó expectativas optimistas con su propuesta de paz en las comunidades internacional y nacional, e incluso en buena parte del llamado establecimiento. Pero también despertó fuertes críticas de…
p. 112
15No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3541 cita
[15]A eso se sumó que en marzo de ese 1999 el ELN pidió su propia zona de despeje en el sur de Bolívar, lo que causó una reacción en cadena de los alcaldes de esta región en contra de esa posibilidad y, más adelante, un verdadero movimiento influenciado por el Bloque Central Bolívar para evitar un diálogo con esa…
p. 354
16¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · Página 2331 cita
[16]relaciones internacionales y (12) formalización de los acuerdos democráticos (Presidencia de la República, 1998, pp. 39-41). La agenda común fue criticada especialmente por su amplitud, que la hacía innegociable en un tiempo prudencial, y porque distraia la atención sobre aquellos problemas que se consideraban, de…
p. 233
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1551 cita
[17]saldo la muerte de 30 militares y 26 guerrilleros 612. El acuerdo para el cese al fuego de San Francisco de la Sombra, firmado el 5 de octubre de 2001, intentó superar las tensiones generadas tras el secuestro y asesi- nato de Consuelo Araujo, sucedido el 29 de septiembre en la región Caribe 613. El 7 de octubre, al…
p. 155
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1591 cita
[18]única salida? (2002—2016) 160 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff E n la noche del 20 de febrero de 2002 el presidente Andrés Pastrana Arango se dirigió a la opinión pública para comunicar su decisión de dar cierre defi- nitivo al fracasado proceso de paz del Caguán 517, con el que había iniciado su mandato…
p. 159
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2681 cita
[19]Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…
p. 268
20Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 151, 1592 citas
[20]del Estado. Pastrana: los límites de las políticas de paz El proceso de paz de Pastrana entró rápidamente en las rutinas del tire y afloje; la luna de miel que había comenzado en el último trimestre de 1997, en plena campaña electoral, terminó a mediados de octubre de 1998, a los dos meses de posesionado. Entre julio…
p. 159
[21]estas similitudes obligan a la cautela. Como en todos los procesos de paz, el entendido fundamental era que las Fuerzas Armadas tenían autonomía operativa. En cuanto a la contraparte guerrille ra, ninguna de las dos iniciativas le puso condiciones simbólicas y, como se apuntó arriba, dejaron agendas abiertas. Ambas…
p. 151
21Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 3072 citas
[22]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
[23]Tal como se lo presentó inicialmente, el programa no era abiertamente militar. Los funcionarios civiles del Departamento de Planeación del país lo habían redactado, con la ayuda de militares y de civiles que trabajaban en el Ministerio de Defensa. Dado a conocer al público en septiembre de 1999, fue presentado 307…
p. 307
22Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · Página 1181 cita
[24]y el 70 % de la cocaína consumida en el mundo se produce en Colombia. Los ingresos que se generan producto de este negocio ilegal son muy significativos. Se estima que en 2008 el tamaño de la producción y tráfico de la cocaína en Colombia fue de $13,6 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 2,5 % de pib…
p. 118
23Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · Página 1101 cita
[25]la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado), known as Plan Colombia, 34 was put in place by the administration under Colombian President Pastrana and US President Clinton. This was a six-year strategy (1999–2005) for eliminating drug-trafficking and organized crime, strengthening institutions, and…
p. 110
24Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 261 cita
[26]En el proceso de conformación y consolidación de la actual estrategia estadounidense hacia el conflicto armado en el país podemos distinguir tres etapas: Una primera, desarrollada entre 1995 y 1998, que se caracteriza por una prolongación y profundización de la lucha antinarcóticos con un apéndice más bien…
p. 26
25La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Página 871 cita
[27]de la forma más efectiva posible. Este inmenso esfuerzo presupuestal, sumado a los recursos del Plan Colombia, permitió el inicio del fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, un proceso que tendría continuidad en los gobiernos del presidente Álvaro Uribe y en el mío. Un logro de particular importancia fue la…
p. 87
26Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · Página 1011 cita
[28]be glossed over and not put U.S. support at risk. The United States has many diverse reasons, rationales, motives, and ex - planations for appropriating military assistance to its allies. Generally, each of these rationales generates a program and a funding stream, with respective agency bureaucracies, leadership, and…
p. 101
27Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 951 cita
[29]artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…
p. 95
28Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 951 cita
[30]artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…
p. 95
29Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 4251 cita
[31]los militares habían inducido la formación de paramilitares apoyados por el narcotráfico y los latifundistas. El presidente Pastrana (1998-2002), acosado por los gringos para frenar los avances del narcotráfico y su alianza con guerrillas y paramilitares, ideó el publicitado esperpento del proceso de paz del Caguán,…
p. 425
30Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 691 cita
[32]la lucha guerrillera como Apiay, en el departamento de Meta, o Tolemaida, en el departamento de Cundinamarca; la base de Putumayo, donde se alojan los batallones de la Brigada XXVII; y la conformación de la Brigada Antinarcóticos del Ejército en el Fuerte Militar de Larandia, en el departamento de Caquetá. Dicho de…
p. 69
31Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1221 cita
[33]in 1999, the economy fell into a great recession that crippled the construction sector, devastated manufacturing, and pushed people out of agriculture. The recession was characterized by an unemployment rate of more than 20 percent, resulting in social disruption, an increase in crime rates, and a general sense, at…
p. 122
32Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 2582 citas
[34]Constitución que dice: «Todos los colombianos tienen derecho a vivienda digna». En 1973, las corporaciones de ahorro y vivienda iniciaron el préstamo de dineros en Unidad de Poder Adquisi- tivo Constante (Upac), pero las altas tasas de in- terés vigentes durante los últimos años del siglo XX hicieron que el sistema…
p. 258
[35]Constitución que dice: «Todos los colombianos tienen derecho a vivienda digna». En 1973, las corporaciones de ahorro y vivienda iniciaron el préstamo de dineros en Unidad de Poder Adquisi- tivo Constante (Upac), pero las altas tasas de in- terés vigentes durante los últimos años del siglo XX hicieron que el sistema…
p. 258
33At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · Página 2951 cita
[36]fi ce, Uribe openly refused to accept the political nature of the guerrillas, instead calling them “ terrorists ” and “ dragons ” and refusing to negotiate without a unilateral cease- fi re. 91 Aiming to further beef up Colombia ’ s armed forces, Uribe looked to Washington for political and military support from the…
p. 295
34Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · Página 101 cita
[37]“parapolitics” scandal in 2006 that exposed links between illegal paramilitaries and politicians, especially prominent members of the national legislature. Subsequent scandals that came to light during Uribe’s tenure included the “false positive” murders allegedly carried out by the military (primarily the Colombian…
p. 10
35Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · Página 1261 cita
[38]Samuels. Notre Dame: University of Notre Dame Press. O’Neill, K. 2005. Decentralizing the State: Elections, Parties, and Local Power in the Andes. New York: Cambridge University Press. Ocampo, G.I. 2014. Poderes regionales, clientelismo y Estado: Etnografía del poder y la política en Córdoba. Bogotá: Siglo del Hombre…
p. 126
36Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 2522 citas
[39]Bogota: Tercer Mundo, 1964. Human Rights Watch. World Report 2010: Events of 2009. New York: Seven Stories Press, 2010. http://www.hrw.org/sites/default/files/reports/wr2010_0.pdf. Inter-American Commission on Human Rights. Annual Report of the Inter- American Commission on Human Rights 2010. March 7, 2011.…
p. 252
[40]Bogota: Tercer Mundo, 1964. Human Rights Watch. World Report 2010: Events of 2009. New York: Seven Stories Press, 2010. http://www.hrw.org/sites/default/files/reports/wr2010_0.pdf. Inter-American Commission on Human Rights. Annual Report of the Inter- American Commission on Human Rights 2010. March 7, 2011.…
p. 252