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Biografía

Hugo Chávez

Seguridad Democrática

1954–2013

17 min de lectura24 documentos
Nacimiento28 de julio de 1954
Fallecimientomarzo de 2013
RolesMilitar venezolano, teniente coronel · Líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200)
Lugar principalColombia
Período históricoSeguridad Democrática2002–2016
03

La biografía

Ningún jefe de Estado extranjero pesó tanto sobre la Colombia del siglo XXI como Hugo Rafael Chávez Frías, presidente de Venezuela entre 1999 y 2013. Fue simultáneamente el vecino más incómodo que tuvo Bogotá en cien años y el interlocutor sin el cual la paz con las FARC habría sido inviable; adversario ideológico frontal de Álvaro Uribe y facilitador indispensable de Juan Manuel Santos; sospechoso de amparar guerrilleros en su territorio y garante, a la vez, de que esos guerrilleros aceptaran sentarse a negociar. Toleró y presionó, hostigó y medió: un gobierno colombiano convirtió esa ambivalencia en amenaza y el siguiente en herramienta. Cuando murió en marzo de 2013, dejó un país vecino en crisis, un proceso de paz que arrancaba en La Habana con su bendición, y una polarización interna colombiana en torno al "castro-chavismo" que todavía estructura el debate político nacional.

02

Línea de vida

  1. 1992

    Golpe fallido y primer contacto con las FARC

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    El 4 de febrero de 1992 Chávez dirigió un intento fallido de golpe contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Fue apresado, pero su rendición televisada lo convirtió en símbolo político. Según una comunicación interna de las FARC de 2004, la guerrilla habría donado 100 millones de pesos colombianos a su movimiento MBR-200 mientras estaba preso, constituyendo el probable primer contacto entre ambas partes.

  2. 1998

    Victoria electoral y consulta constitucional colombiana

    Leer contexto

    En diciembre de 1998 ganó la presidencia de Venezuela. Antes de asumir, se reunió con constituyentes colombianos de 1991 —entre ellos Antonio Navarro Wolff y Álvaro Gómez— para conocer la experiencia de la Asamblea Constituyente colombiana. Navarro Wolff le explicó que una constituyente era como un mazo que, una vez levantado, había que dejar caer.

  3. 1999

    Asamblea Constituyente venezolana

    Leer contexto

    Convocó una Asamblea Nacional Constituyente que redactó una nueva Carta Magna para Venezuela, inspirándose en parte en la experiencia constitucional colombiana de 1991 y consolidando el proyecto bolivariano como marco institucional de su gobierno.

  4. 2004

    Captura de Rodrigo Granda y parálisis bilateral

    Leer contexto

    En diciembre de 2004, agentes colombianos capturaron en Caracas al 'canciller' de las FARC Rodrigo Granda y lo trasladaron a Cúcuta. Chávez lo consideró una violación de soberanía. Los mecanismos formales de vecindad se paralizaron y fueron sustituidos por la 'diplomacia del micrófono' y recriminaciones mutuas, patrón que se volvió estructural en la relación Chávez-Uribe.

  5. 2007

    Mediador en el acuerdo humanitario con las FARC

    Leer contexto

    El gobierno Uribe le asignó a Chávez la función de intermediación para la liberación de rehenes de las FARC, con la senadora Piedad Córdoba como facilitadora. El Alto Comisionado Luis Carlos Restrepo suspendió el canal con Pablo Catatumbo para dar prioridad a este esfuerzo. El proceso produjo la liberación de Clara Rojas, Consuelo González y varios políticos en enero y febrero de 2008.

  6. 2008

    Solicitud de beligerancia para las FARC y crisis de Angostura

    Leer contexto

    En enero de 2008 solicitó formalmente a la Asamblea Nacional venezolana el reconocimiento del estatus de beligerancia para las FARC y el ELN. En marzo, el bombardeo colombiano al campamento de Raúl Reyes en Ecuador congeló la mediación y Chávez movilizó tropas a la frontera. Los computadores de Reyes revelaron correspondencias que sugerían vínculos entre funcionarios venezolanos y la guerrilla.

  7. 2010

    Ruptura y restablecimiento de relaciones con Colombia

    Leer contexto

    En julio de 2010 Chávez rompió relaciones diplomáticas con Colombia tras las denuncias del gobierno Uribe ante la OEA sobre presencia de comandantes de las FARC en Venezuela. Semanas después, el nuevo presidente Juan Manuel Santos restableció las relaciones en un encuentro simbólico en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, el 10 de agosto de 2010.

  8. 2012

    Acompañante del proceso de paz en La Habana

    Leer contexto

    Con Chávez como aliado, Santos logró establecer contactos secretos con las FARC en 2011 y abrir la mesa de negociación. El acuerdo general para la terminación del conflicto se firmó en La Habana en agosto de 2012, con Venezuela como país acompañante. Chávez, ya gravemente enfermo, alcanzó a ver el arranque formal de la mesa en Oslo en octubre de 2012.

El coronel que llegó por las urnas

Chávez nació el 28 de julio de 1954 en Sabaneta, un pueblo del estado de Barinas, en los llanos venezolanos que comparten paisaje y cultura con los llanos colombianos de Arauca y Casanare. Militar de carrera formado en la Academia Militar de Venezuela, se hizo público el 4 de febrero de 1992, cuando dirigió, siendo teniente coronel, un intento fallido de golpe contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Fracasó y fue apresado, pero su rendición televisada —el famoso "por ahora"— lo convirtió en símbolo de la impaciencia venezolana con un sistema político agotado.

Ese sistema era el del Pacto de Punto Fijo, firmado en 1958: un bipartidismo entre Acción Democrática (los adecos) y COPEI (los copeyanos) que durante casi cuatro décadas concentró el poder, alimentó redes de clientelismo y agotó su legitimidad en la corrupción. Chávez llegó al poder en un país harto de sus élites, análogo en su estructura al Frente Nacional colombiano: dos partidos que se turnaban, otras posiciones excluidas, un contrato tácito que había caducado. Salió de prisión en 1994 y fundó el Movimiento V República, con base en el bolivarianismo que venía incubando desde los años ochenta en el clandestino Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200). En diciembre de 1998 ganó la presidencia por elección, y en 1999 convocó una Asamblea Constituyente que redactó una nueva Carta, vieja aspiración venezolana bloqueada por el Congreso durante los años noventa.

Antes de asumir, Chávez había buscado activamente conocer la experiencia constitucional colombiana. Se reunió con constituyentes de 1991 —entre ellos Antonio Navarro Wolff y Álvaro Gómez—, interesado en el mecanismo mediante el cual Colombia había refundado su Carta política tras la debacle de fines de los ochenta. Navarro Wolff le explicó, con una metáfora que Chávez retendría, que una constituyente era como un mazo: una vez levantado había que dejarlo caer, porque el esfuerzo transformador no admitía frenos a mitad de camino. Poco después, ya en el poder, Chávez levantó su propio mazo.

Los orígenes de una relación turbia: 1992 y las FARC

El primer contacto documentado entre Chávez y las FARC-EP se produjo, con toda probabilidad, en 1992, cuando el coronel golpista estaba preso. Una comunicación interna de las FARC fechada el 31 de julio de 2004, cruzada entre Rodrigo Granda —alias Ricardo, encargado de las relaciones internacionales y las finanzas del secretariado— y Raúl Reyes, relata que la guerrilla habría hecho llegar cien millones de pesos colombianos al MBR-200 mientras Chávez cumplía prisión. Según ese mismo documento, un asesor presidencial de seguridad, Ramón Morales, de la Mesa de Planificación Estratégica, habría reconocido años después haber recibido ese dinero.

Ese episodio, de confirmarse, explica la naturaleza estructural del vínculo posterior: no una alianza ideológica formal, sino una deuda temprana convertida con los años en interdependencia. Las FARC necesitarían, apenas una década más tarde, territorio en Venezuela para replegarse; Chávez necesitaría, en cada uno de sus pulsos con Washington y con Bogotá, un contrapeso que solo la ambigüedad frente a la guerrilla podía darle. Esa interdependencia, más que ninguna afinidad programática, es la clave de lo que vino.

La era Chávez–Uribe: la diplomacia del micrófono

Cuando Álvaro Uribe llegó a la presidencia colombiana en agosto de 2002 con la bandera de la seguridad democrática, la colisión con el proyecto bolivariano estaba escrita. Los dos hombres se encontraron por primera vez y acordaron, explícitamente, no caer en la "diplomacia del micrófono", esa costumbre de sacar a la prensa lo que debía tramitarse por cancillería. Fue exactamente lo que hicieron durante los ocho años siguientes.

La lista de agravios se acumuló rápido. En diciembre de 2004, agentes colombianos capturaron en Caracas a Rodrigo Granda, el "canciller" de las FARC, y lo trasladaron a Cúcuta. Chávez consideró el hecho una violación de la soberanía venezolana; Bogotá replicó que Venezuela había estado dando refugio al guerrillero. Los mecanismos formales de vecindad —comisiones binacionales, canales técnicos— se paralizaron, sustituidos por lo que ambos gobiernos habían prometido evitar: recriminaciones por micrófono, denuncias cruzadas, escaladas verbales que subían por la mañana y bajaban por la tarde. Un patrón que se hizo estructural.

En mayo de 2004, el gobierno venezolano señaló públicamente al general Martín Carreño, comandante del Ejército colombiano, como responsable de acciones opositoras contra Chávez, y afirmó que parte de la incursión —el llamado episodio de los "paramilitares en la finca Daktari"— había sido preparada desde Cúcuta. Voces venezolanas afirmarían más tarde que durante el primer mandato de Uribe se habían enviado sicarios de las autodefensas a asesinar al presidente venezolano. Estas versiones circularon en el ecosistema informativo caribeño y alimentaron la sensación, del lado de Caracas, de que Colombia era una plataforma de agresión.

Del lado colombiano, la sensación era simétrica y opuesta: Venezuela era el santuario. La ofensiva militar de Uribe había replegado a las FARC hacia las fronteras nacionales, especialmente hacia Venezuela y Ecuador, convirtiendo esos territorios en zonas de retaguardia y refugio. El Plan Colombia, iniciado bajo Andrés Pastrana y profundizado por Uribe, internacionalizó el conflicto: los guerrilleros desbordaron hacia Venezuela, Ecuador, Panamá, Brasil y Perú, en busca de refugio y de puntos de operación defensiva. La ambigüedad venezolana frente a esta presencia nunca pudo esclarecerse, porque los canales por los que debía tramitarse estaban rotos.

Los costos económicos fueron reales. Venezuela sustituyó importaciones colombianas por proveedores de otros países; la participación de Colombia en la balanza comercial venezolana cayó, según cifras del lado crítico al manejo uribista, del 16% al 7%, y la producción colombiana de automóviles se contrajo en torno al 30%. La industria fronteriza y andina veía cerrarse un mercado histórico. A finales de 2006 Venezuela salió de la Comunidad Andina de Naciones, un gesto que obligó a renegociar desde cero los acuerdos de zona de libre comercio y unión aduanera, y que debilitó el marco institucional del intercambio bilateral.

La escalada culminó en julio de 2010, cuando Chávez rompió relaciones diplomáticas con Colombia tras las denuncias del gobierno saliente de Uribe ante la OEA sobre presencia de comandantes de las FARC en territorio venezolano. Fue el punto más bajo de la relación en el siglo XXI. La retórica belicista había calado: un "patrioterismo" alimentado por un manejo de la información que había convertido un diferendo bilateral en un choque de identidades, y que llevó a sectores importantes de la opinión colombiana a contemplar sin escándalo la hipótesis de una guerra con Venezuela.

Chávez mediador: el acuerdo humanitario y los rehenes

En medio de la hostilidad ocurrió algo que en retrospectiva fue decisivo: en 2007, el propio gobierno Uribe le entregó a Chávez una función delicada y de alta visibilidad —la intermediación para la liberación de rehenes en poder de las FARC—. La senadora liberal Piedad Córdoba fue designada como facilitadora, con autorización plena bajo la Ley 1106 de 2006, respaldada por el Alto Comisionado para la Paz Luis Carlos Restrepo, y con Chávez como su interlocutor y garante ante la guerrilla.

Fue una decisión operativa que revela el pragmatismo profundo del uribismo. Restrepo comunicó por carta a la directora del DAS, María del Pilar Hurtado, que el canal alterno de comunicación con Pablo Catatumbo quedaba suspendido para darle prioridad al esfuerzo de Córdoba y Chávez. El politólogo Alfredo Rangel, cercano a la ortodoxia de seguridad, reconoció que la inclusión de Piedad Córdoba y Chávez le había dado a la gestión una fluidez que antes no existía. La guerrilla, que había desconfiado durante décadas de cualquier intermediario colombiano, aceptaba hablar con un jefe de Estado que reconocía su naturaleza política.

El proceso produjo hitos concretos: la liberación unilateral de Clara Rojas y Consuelo González en enero de 2008, y luego la de un grupo de políticos —Luis Eladio Pérez, Gloria Polanco, Orlando Beltrán, Jorge Eduardo Géchem— en febrero. También produjo el gesto que puso a Chávez en su frontera más comprometedora: en enero de 2008 pidió formalmente a la Asamblea Nacional venezolana el reconocimiento del estatus de beligerancia para las FARC y el ELN, es decir, su calificación como fuerza en guerra legítima y no como organización terrorista. La solicitud no prosperó, pero dejó constancia de hasta dónde estaba dispuesto a llegar Chávez para blindar a sus interlocutores.

La operación mediadora terminó abruptamente en marzo de 2008, cuando la Fuerza Aérea colombiana bombardeó un campamento de Raúl Reyes en Angostura, en territorio ecuatoriano, matando al número dos del secretariado de las FARC. La operación puso a Colombia en crisis con Ecuador y con Venezuela —Chávez movilizó tropas a la frontera— y congeló la mediación. También expuso lo que la ambigüedad chavista implicaba: en los computadores incautados a Reyes aparecieron correspondencias que sugerían vínculos operativos entre altos funcionarios venezolanos y la guerrilla. La sospecha se instaló como certeza política en Bogotá.

Santos y la conversión del enemigo en aliado

Cuando Juan Manuel Santos, exministro de Defensa del propio Uribe y arquitecto militar de los golpes más duros a las FARC, asumió la presidencia el 7 de agosto de 2010, las relaciones diplomáticas de Colombia con Venezuela y con Ecuador estaban rotas. Santos tomó, en cuestión de semanas, la decisión que definiría su política exterior y la posibilidad misma de negociar la paz: restablecerlas.

La lógica era transparente. Santos entendía que era imposible construir la paz en Colombia mientras subsistieran las enemistades con Venezuela y Ecuador, porque ambos países eran actores clave en el juego estratégico regional y controlaban, geográficamente, la retaguardia de la guerrilla. Formulaba el asunto como un principio: cuando se persigue un bien superior —la paz— es necesario "convertir al enemigo en amigo o aliado". Chávez y Rafael Correa lo consideraban un enemigo por su condición de heredero del uribismo; había que transformar esa percepción.

El primer encuentro Santos–Chávez, en Santa Marta, el 10 de agosto de 2010, fue simbólicamente denso: la Quinta de San Pedro Alejandrino, donde había muerto Bolívar, servía de escenario a dos herederos autoproclamados del Libertador que ponían fin, con un apretón de manos, a la ruptura. Poco después, la Corte Constitucional declaró sin efecto el acuerdo de cooperación militar que Uribe había firmado con Estados Unidos permitiendo el uso de bases colombianas, y Santos —que habría podido insistir— optó por no hacerlo. Esa decisión desactivó una de las mayores fuentes de tensión con la región. Apoyó también la candidatura de María Emma Mejía para la Secretaría General de Unasur y sumó a Colombia a la Alianza del Pacífico, en un rediseño integral de la posición regional.

Con Chávez de aliado, la logística del proceso comenzó a moverse. Fueron los venezolanos quienes ayudaron a establecer los primeros contactos secretos con la guerrilla en 2011, quienes garantizaron traslados y comunicaciones seguras, y quienes contribuyeron a que las FARC creyeran, por fin, en la seriedad de una mesa. El acuerdo general para la terminación del conflicto se firmó en La Habana en agosto de 2012, con Cuba y Noruega como garantes y Venezuela y Chile como acompañantes. Chávez, ya visiblemente enfermo del cáncer que lo mataría en marzo del año siguiente, alcanzó a ver el arranque formal de la mesa en Oslo en octubre de 2012.

Fue una jugada estratégica de una lucidez inusual, y también una apuesta arriesgada. Santos no domesticó la ambigüedad venezolana: la aplazó. La cuestión del santuario guerrillero en territorio venezolano no se resolvió, se subordinó a la utilidad táctica de Chávez como mediador. La política exterior colombiana quedó, además, atada a la estabilidad de un régimen que ya mostraba signos serios de fragilidad. Era el precio de la paz, y Santos lo pagó a ojos abiertos.

La frontera: contrabandos, migraciones y desplazamientos

Ninguna imagen resume mejor la ambivalencia colombo-venezolana que la frontera de 2.219 kilómetros que comparten los dos países. La franja entre Norte de Santander y Táchira, entre La Guajira y Zulia, entre Arauca y Apure, concentra las tensiones más graves de Colombia con sus vecinos, superando en intensidad —aunque no en naturaleza— a las que se viven con Brasil, Ecuador, Perú y Panamá.

Por esa frontera sale cocaína colombiana rumbo a Europa vía Venezuela y entran clandestinamente ganado, café, cigarrillos y, sobre todo, gasolina subsidiada que puede costar hasta once veces menos que en Colombia. Los paramilitares expandieron su presencia hacia Norte de Santander en la última década del siglo XX y la primera del siguiente con el objetivo explícito de arrebatarle a la guerrilla el negocio del narcotráfico en La Gabarra, en el municipio de Tibú, corazón del Catatumbo. Las tasas de homicidios en Norte de Santander doblaron durante años el promedio nacional, en una región donde criminales comunes se disputaban desde siempre el control de los contrabandos.

La frontera es también el escenario de la migración humana y del desplazamiento forzado. Durante el boom petrolero venezolano de los años setenta, cientos de miles de colombianos emigraron a Venezuela en busca de trabajo. Décadas después, el flujo se invirtió: los desplazados internos del conflicto colombiano cruzaban hacia Venezuela por múltiples pasos irregulares, especialmente en la Serranía del Perijá, donde el municipio de Agustín Codazzi (Cesar) se destaca como el de mayor expulsión y recepción, por su proximidad estratégica a Machiques, en el estado Zulia. En La Guajira, las trochas de Paraguachón se deterioraron por el tráfico incesante de personas y mercancías, y niños escolarizados cruzaban a diario una frontera cada vez más insegura para llegar a clase.

Arauca vivió su propia guerra silenciosa: municipios como Saravena, Arauquita y Tame concentraron durante décadas la actividad del ELN y de frentes de las FARC que se movían con soltura entre los dos lados del río, mientras el petróleo de Caño Limón y el oleoducto hacia Coveñas ofrecían un objetivo permanente de extorsión y voladuras. En el lado venezolano, Apure funcionó como retaguardia sin control efectivo del Estado, con hatos ganaderos y pistas clandestinas que servían a las mismas economías ilegales que operaban en Colombia. Las autoridades venezolanas hicieron durante años como que el problema era ajeno, y las colombianas, incapaces de perseguir más allá de la línea, aceptaron un statu quo que la retórica presidencial no reflejaba.

El 13 de julio de 2015, ya bajo el gobierno de Nicolás Maduro, Venezuela lanzó el Plan de Seguridad N.° 25, que puso en marcha la Operación de Liberación del Pueblo (OLP). La Comisión Interamericana de Derechos Humanos documentó en 2016 graves afectaciones sobre la población colombiana en zonas fronterizas. El gobierno de Maduro atribuyó los problemas de seguridad y desabastecimiento venezolanos a "fuerzas colombianas de ultraderecha que quieren implantar el modelo paramilitar", y una crisis diplomática mayúscula estalló cuando tropas venezolanas cruzaron a territorio colombiano en el Guainía. Santos protagonizó una confrontación telefónica directa con Maduro, con la amenaza explícita de arrestar a los soldados si no se retiraban en tres horas. Maduro cedió.

La red bolivariana y la izquierda colombiana

Chávez no fue una figura aislada: encarnó una generación de gobernantes latinoamericanos llegados al poder por vía electoral en la primera década del siglo XXI, que rechazaban la lucha armada como alternativa política y se convirtieron en referentes ideológicos para el continente. El giro histórico dejaba atrás la vieja izquierda insurgente de los años sesenta y setenta, cuyos proyectos armados —Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Perú— habían producido resultados amargos incluso cuando ganaban.

La lección se leyó de dos maneras opuestas en Colombia. Para la izquierda democrática, encarnada por el Polo Democrático y más tarde por el Pacto Histórico de Gustavo Petro, Chávez era prueba de que se podía transformar América Latina desde las urnas. Para las FARC —que insistieron durante veinte años más en las armas—, Chávez era un aliado natural pero no un modelo a imitar: era, más bien, el garante de que el mundo posterior a la desmovilización sería habitable.

Del otro lado del espectro colombiano, el "socialismo del siglo XXI" y el "castro-chavismo" se convirtieron en la principal categoría de amenaza esgrimida por el uribismo. Toda propuesta de reforma social, todo intento de negociación con la guerrilla, todo cuestionamiento al modelo económico podía ser recodificado como avance del proyecto bolivariano. La polarización interna en torno a esta categoría —que rebasaba con mucho lo que Venezuela realmente hacía o dejaba de hacer— reconfiguró el sistema de partidos, movilizó votos en cada elección desde 2010 y sobrevivió, cambiando de rostro, a la muerte del propio Chávez.

La huella póstuma

Chávez murió el 5 de marzo de 2013 en Caracas. Nicolás Maduro asumió la presidencia venezolana tras unas elecciones cuyos resultados no fueron reconocidos por la oposición, y la crisis venezolana —económica primero, humanitaria después— se convirtió en la principal preocupación regional. Colombia, presa de una paradoja diplomática, mantuvo durante los últimos años del gobierno Santos una posición distante y conciliadora: Venezuela era uno de los países acompañantes del proceso de paz, y confrontar a Caracas podía dinamitar la mesa. Bogotá hizo pronunciamientos sobre la necesidad de que la crisis se resolviera en instancias internacionales, sin sumarse a las posiciones más duras.

La ambigüedad tenía costos. Cientos de miles y luego millones de venezolanos comenzaron a cruzar hacia Colombia a partir de 2015, en el mayor éxodo humano de la historia contemporánea sudamericana. La frontera, que había sido durante décadas paso de colombianos hacia Venezuela, invirtió su sentido. Ciudades como Cúcuta, Riohacha y Bogotá recibieron oleadas migratorias que reconfiguraron la vida urbana, los mercados laborales, los sistemas de salud y educación. El país que Chávez había considerado enemigo se convirtió en el refugio de sus compatriotas.

En agosto de 2015, en pleno pico de tensión, Maduro decretó el cierre de la frontera y ordenó la deportación masiva de colombianos en la zona de Táchira, en operativos que dejaron a miles de familias en la miseria. Santos denunció los hechos internacionalmente, y por primera vez la vieja diplomacia del micrófono resonó en sentido inverso: Bogotá acusaba, Caracas se defendía.

La firma del Acuerdo Final con las FARC en noviembre de 2016 —el objetivo que había justificado toda la política de Santos hacia Venezuela— coincidió con el momento de mayor deterioro venezolano. La huella póstuma de Chávez sobre Colombia terminó siendo doble y contradictoria. Sin él, la paz de La Habana probablemente no habría sido posible, porque solo su ambigüedad calculada podía darle a la guerrilla las garantías internacionales que necesitaba. Pero el colapso de su régimen bajo su heredero produjo el fenómeno migratorio que definió la política colombiana de la segunda mitad de la década de 2010, alimentó la reacción uribista contra el acuerdo y aportó los argumentos que llevaron al triunfo del No en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 —con una diferencia de menos de sesenta mil votos, la más estrecha de la historia electoral colombiana reciente—.

La disidencia de las FARC que no se acogió al acuerdo, encabezada por alias Iván Márquez y otros exnegociadores en 2019, se refugió precisamente en Venezuela, replicando el patrón que Chávez había inaugurado. El ELN, que no había firmado nada, consolidó su presencia binacional en Arauca-Apure, en Catatumbo-Táchira y en La Guajira-Zulia, convirtiéndose en la organización armada más internacionalizada del país. Lo que Santos había aplazado —la cuestión del santuario— volvió, agrandado, sobre los gobiernos de Iván Duque y de Gustavo Petro. Duque desconoció al gobierno de Maduro y rompió de nuevo las relaciones diplomáticas en 2019, con lo que se cerraron los canales técnicos justo cuando más se necesitaban; Petro los reabrió en agosto de 2022 y designó embajador, apostando por una diplomacia de reincorporación regional que, en su lógica, prolongaba la lección de Santos.

Un legado en disputa

Para Colombia, Chávez fue enemigo estratégico y aliado táctico, amenaza continental y garante de paz, cómplice probable de la guerrilla y palanca imprescindible para su desmovilización. Su relación con las FARC —nacida en 1992 como una operación financiera menor, consolidada en los años 2000 como retaguardia territorial, formalizada en 2008 con la solicitud de beligerancia, instrumentalizada por Santos entre 2010 y 2013 como puente hacia La Habana— atraviesa una década larga de historia colombiana como su columna vertebral externa.

Su figura sigue vigente en la política interna, no como recuerdo histórico sino como categoría operativa: el "castro-chavismo" fue el eje de la campaña ganadora de Iván Duque en 2018 y volvió a ser argumento central del uribismo frente al triunfo de Gustavo Petro en 2022. La izquierda colombiana, que reivindica selectivamente el legado bolivariano en materia social pero suele mantener distancia frente al deterioro democrático venezolano, tampoco ha logrado deshacerse de su sombra.

Lo que Chávez le enseñó a Colombia —para bien y para mal— es que la geografía es destino. Ninguna política de seguridad, ningún proceso de paz, ninguna estrategia diplomática colombiana puede ignorar al vecino con el que se comparten más de dos mil kilómetros de frontera, tres cordilleras, una historia bolivariana común y un conflicto interno que durante décadas desbordó los mapas. Chávez encarnó esa lección en su versión más incómoda: la de un adversario ideológico al que había que convertir en aliado táctico porque no había alternativa. Santos lo entendió; Uribe se resistió; los gobiernos posteriores siguen navegando las consecuencias de haberlo tenido, y de haberlo perdido.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

24 documentos · 28 fragmentos
01Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 1831 cita
[1]

ahora a examinar las relaciones entre Venezuela y las FARC. Como se dijo, suele pensarse que ellas comenzaron con el coronel Hugo Chávez. No es cierto. Es muy probable que el primer contacto entre las FARC y Chávez ocurriera en 1992. Cuando el coronel golpista fue apresado, la guerrilla le prestó apoyo con la donación…

p. 183
02Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Página 1911 cita
[2]

que Chávez era un líder nato, un hombre que amaba a su pueblo y que tenía ganas de luchar por él. Por eso, creo yo, quería cono- cer de cerca la experiencia de la Constitución colombiana. Las reuniones con los constituyentes se dieron por separado y la conversación más interesante fue entre Gómez y Chávez, a pesar de…

p. 191
03Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · Página 1531 cita
[3]

presidente Caldera, con el propósito de que se abocara a recomendar modificaciones a la Constitución de 1961. De un primer plantea- miento que se restringía a sugerir un conjunto de enmiendas específicas, se pasó —en buena medida como respuesta al clamor por un cambio más profun- do— a una reforma general del texto…

p. 153
04Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 841 cita
[4]

2004 hizo el gobierno venezolano, en contravía de los acuerdos internacionales sobre refugio. Por otra parte, las denuncias sobre la ambigüedad del gobierno venezolano con relación a la guerrilla no pudieron ser esclarecidas por la parálisis de los mecanismos de vecindad, que fueron sustituidos por la “diplomacia del…

p. 84
05Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · Página 641 cita
[5]

el resto de América, como desarrollo de una secuencia que se inició con las masacres ocurridas en el río Atrato, en el marco de la Ope- ración Génesis*. Inmediatamente, el modelo depredador se extien- de a todo el país bajo el mismo modus operandi, en complicidad con el Ejército, la policía, los asesores…

p. 64
06Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Página 1601 cita
[6]

aumentado más de 50%, pero el manejo de la relación con el Presidente Chávez por parte del Presidente Uribe llevó a que la consigna sea sustituir por importa- ciones de otros países todo lo que se está comprando a Colombia. Así mientras sus compras externas siguen creciendo en forma geométrica, nuestra producción de…

p. 160
07No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5931 cita
[7]

Conceptos. «Polimétrica». Acceso el 1 de junio de 2022. https://cifrasycon- ceptos.com/productos-polimetrica/. Clarín. «Junto a Maradona, Chávez anunció que rompe relaciones con Colombia». 22 de julio de 2010. Clarín. https://www.clarin.com/america_latina/Junto- Maradona-Chavez-relaciones-Colombia_0_SJlSZUJCvQl.html.…

p. 593
08Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 357, 3662 citas
[8]

avanzar en este camino en coordinación con el Alto Comisionado para la Paz, Atentamente, Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz Sin embargo, los avances no fluían y el Gobierno, ante esta situación, tomó la decisión de cambiar de estrategia asignándole la función de intermediación al presidente de…

p. 357
[17]

pocos días de la posesión del nuevo mandatario—, facilitó la supe ración de las tensiones con muchas naciones de América Latina. Ese día la Corte declaró el “Acuerdo complementario para la cooperación y asistencia técnica en defensa y seguridad entre los gobiernos de la República de Colombia y de los Estados Unidos de…

p. 366
09Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 1082 citas
[9]

com- missioner for peace Luis Carlos Restrepo said that the senator “has full au- thorization to further contacts with the FARC, if she needs to. She has the full support of the government and she has full legal backing under Law 1106 of 2006. She has the full regulatory backing of the Office of the Com- missioner for…

p. 108
[10]

com- missioner for peace Luis Carlos Restrepo said that the senator “has full au- thorization to further contacts with the FARC, if she needs to. She has the full support of the government and she has full legal backing under Law 1106 of 2006. She has the full regulatory backing of the Office of the Com- missioner for…

p. 108
10Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1611 cita
[11]

pidió excusas, pero insistió en que tenía derecho a definir las sanciones a los responsables, y que en este caso los indigenistas habían entrado a la “zona de distensión” controlada por las FARC sin pedirles permiso. Posteriormente, en 2008, lograron que el presidente Chávez le pidiera a la Asamblea de Venezuela que…

p. 161
11La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2031 cita
[12]

de Rodrigo Granda, exguerrillero y miembro del secretariado de las FARC-EP, encargado de las relaciones internacionales y la financiación de la organización, habló con la Comisión sobre sus 23 años de exilio por la persecución y los atentados contra su familia. Su exilio transcurrió entre retornos a Colombia y nuevas…

p. 203
12¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 1251 cita
[13]

Marulanda Vélez, presuntamente por causas naturales, en mayo del mismo año. A estas se sumaron las de Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño o Mono Jojoy, co- mandante militar de las FARC, en septiembre del 2010, y la de Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano, máximo comandante de las FARC tras la muerte de Manuel…

p. 125
13Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 4581 cita
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las Fuerzas Armadas se involucran en cuestiones policivas, sus funciones tradicionales se ven menos- cabadas, con un evidente perjuicio para la institución en el corto, mediano y largo plazo. De otra parte, en la medida en que el conflicto interno colombiano se ha internacionalizado por distintos factores, endógenos y…

p. 458
14La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Páginas 159, 1752 citas
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bombardeo a un campamento de las Farc ubicado en suelo ecuatoriano. No era de extrañar que dos líderes en particular me tuvieran en el centro de sus odios y me consideraran como uno de sus principales enemigos: el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el presidente del Ecuador, Rafael Correa. ¿Era posible para mí…

p. 159
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muy calmada, pero por primera vez en una comunicación de este tipo, me exalté y le grité a Maduro. Los comandantes de las Fuerzas Armadas y la canciller María Ángela Holguín quedaron atónitos pues nunca me habían visto tan alterado. Le dije que nuestro Ejército tenía rodeada la zona de la invasión y que, si no…

p. 175
15The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · Página 611 cita
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Angelino Garzón as his vice presidential running mate, a centrist politician with ties to trade unions and social move- ments, which Uribe’s followers saw as offensive to Uribe’s legacy. Santos (2019, 181) claims this choice sought to attract voters from a broader political spec- trum. Soon after taking office, Santos…

p. 61
16Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2851 cita
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La Haya, que le reconoció a Nicaragua la soberanía sobre amplias zonas marítimas, ha sido discutido por el Gobierno colombiano, que no está dispuesto a aceptarlo en los términos en los cuales se dictó. Por supuesto, la producción y el tráfico de drogas, sobre todo de cocaína y heroína, de Colombia hacia los mercados…

p. 285
17Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 501 cita
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Guajira] 23 del Zulia” (Testimonio de hombre Wayúu en GMH, 2010, página 65). Por otro lado, en la Serranía del Perijá 24, cuya población es ma- yoritariamente campesina, el municipio Agustín Codazzi se destaca como el de mayor expulsión y recepción de población desplazada 25. A pesar de que el cruce de frontera en…

p. 50
18Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 3681 cita
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está, por ser Norte de Santander un departamento fronterizo donde los criminales comunes se habían disputado desde siempre el control de los contrabandos varios, las tasas de homicidios doblaban las del promedio nacional. 60 Por esa frontera salía cocaína colombiana a Europa vía Venezuela y también entraban…

p. 368
19Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · Página 2241 cita
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de la frontera como el máximo jefe de la banda Los Rastrojos y la captura de Diego Henao alias Diego Rastrojo quien había asesinado, también en territorio venezolano a Wilber Varela, alias Jabón. Véase El País (2017, 27 de septiembre). 304 Diferentes pronunciamientos del presidente Nicolás Maduro y de otros…

p. 224
20Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · Página 1061 cita
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de materias primas y bienes intermedios; Colombia, con ventajas en la fabricacion de productos manu- facturados de mayor elaboracion. El mercado bila- teral resulta estratégico para el comercio exterior de Colombia y Venezuela, en especial en el ambito para las exportaciones no tradicionales. La integracion entre…

p. 106
21Migración desde Venezuela a Colombia: impactos y estrategia de respuesta en el corto y mediano plazoPaula A. Rossiasco, Ana Aguilera, Germán Caruso, Rosa María Martínez, Cristina Savescu · 2018 · Página 1171 cita
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población wayúu en particular. El incremento en el contrabando y el movimiento de personas por pasos irregulares ha deteriorado la red vial. Hay un número indeterminado de pasos irregulares a lo largo de la frontera. La migración ha incrementado el tráfico mayoritariamente en furgones y camiones por estos pasos.…

p. 117
22¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · Página 1171 cita
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conflicto armado horrible, estéril y confuso. Pero también nuestros vecinos latinoamericanos nos dieron una mano. En las décadas de 1970 y 1980, el gran ciclo de guerras agrarias latinoamericanas estaba en pleno desarrollo. Pero esas guerras rara vez tuvieron un final glorioso o edificante, ni siquiera cuando las…

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23Cuando éramos felices pero no lo sabíamosMelba Escobar · 2020 · Página 1081 cita
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es el que va a acabar con las empresas», y efectivo. Tenía toda la razón. «Adecos y copeyanos». Al igual que en Colombia con los liberales y los conservadores, en Venezuela el bipartidismo se convirtió en una lógica binaria donde siempre la culpa de todo lo que salía mal la tenía el bando opuesto. Así como en Colombia…

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24Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · Página 1062 citas
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7290 millones en el 2008). Esta situación se ha visto agravada por el hecho de que el Gobierno venezolano no se ha interesado en que el comercio desempeñe un papel fundamental en sus relaciones bilaterales, multilaterales y proyectos de integración, y ha preferido favorecer temas de carácter político y social…

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7290 millones en el 2008). Esta situación se ha visto agravada por el hecho de que el Gobierno venezolano no se ha interesado en que el comercio desempeñe un papel fundamental en sus relaciones bilaterales, multilaterales y proyectos de integración, y ha preferido favorecer temas de carácter político y social…

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