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Una historia del territorio

Brasil

Brasil es el vecino que Colombia tardó más en ver: un gigante que esperó con paciencia diplomática mientras el país andino resolvía sus pleitos con Perú y Ecuador, y que en 1907 obtuvo una frontera favorable negociada bajo el liderazgo del Barón de…

17 min de lectura36 fuentes

Brasil es el vecino más grande de Colombia y, durante buena parte de su historia común, el más ausente. Comparten una frontera de 1.645 kilómetros que atraviesa la selva amazónica, un tramo del río Negro, la desembocadura del Apaporis y el borde suroriental del país, pero esa vecindad se construyó en los márgenes: donde el Estado colombiano llegaba tarde, donde los mapas se dibujaban con retraso, donde la nación miraba hacia otra parte. La relación entre Bogotá y Río de Janeiro —después Brasilia— se ha movido entre dos registros: la delimitación fronteriza, negociada con lentitud entre 1750 y el siglo XX, y la coyuntura de crisis, cuando algo obligó a Colombia a mirar hacia el sur. En medio, un archipiélago de contactos: los pueblos indígenas que nunca reconocieron la línea, las modas arquitectónicas que llegaron desde São Paulo, un acuerdo cafetero que buscó ordenar el mercado mundial, y un corredor de tráficos —armas, cocaína, guerrilleros en fuga— que hizo evidente lo que la diplomacia había preferido no ver. Brasil pesa en la historia de Colombia por lo que ocupa en el mapa y por lo poco que ha ocupado en la conversación nacional.

La frontera olvidada

Colombia es, en la teoría de sus atlas, un país amazónico. La región selvática que se extiende hasta las fronteras con Perú, Ecuador y Brasil suma alrededor de 423.473 kilómetros cuadrados —el 37 % del territorio nacional— y se organiza en los departamentos de Amazonas, Caquetá, Putumayo y Guaviare, entre otros. La cifra es contundente y la conclusión, incómoda: más de un tercio del país es selva, y esa selva termina en Brasil. Sin embargo, durante casi toda su vida republicana, Colombia se pensó como una nación andina y caribeña. La cordillera fijó las capitales, el Magdalena orientó el comercio, el Caribe abrió al mundo. La Amazonia fue, por defecto, el reverso: territorio de misión, de caucho, de expediciones militares que rara vez regresaban con noticia buena. Para las tierras altas, los Llanos y la selva fueron siempre regiones misteriosas y amenazantes: la frase tiene algo de tópico literario y algo de retrato exacto.

Esa orientación geográfica explica por qué la frontera con Brasil se fijó tarde, se negoció con desventaja y se olvidó apenas se firmó. Durante el siglo XIX, la Amazonia fue "tierra de todos y tierra de nadie": varios países reclamaban porciones, ninguno ejercía soberanía plena, y los ríos que la surcaban corrían indistintamente hacia el Orinoco o hacia el gran Amazonas. Solo entre las décadas de 1940 y 1950, después de negociaciones interminables y de una guerra, la región terminó de estructurarse como espacio internacional definido. Brasil, en ese trayecto, fue el vecino que esperó con paciencia mientras Colombia se debatía con Perú, con Ecuador y consigo misma.

Hay algo casi paradójico en esa espera. Mientras Bogotá acumulaba pleitos con los vecinos del Pacífico y del Caribe, Itamaraty resolvía sus fronteras con la parsimonia de quien sabe que el tiempo trabaja a su favor. Colombia, en cambio, llegaba a cada negociación con la ansiedad de un país que acababa de perder algo —Panamá, un pedazo del Amazonas, una comisaría— y con la esperanza de conservar lo que aún tenía. La asimetría no era solo de tamaño ni de recursos: era de temperamento diplomático.

Los orígenes de una línea: del Tratado de Madrid a Vásquez Cobo-Martins

El pleito por la Amazonia hunde sus raíces en el siglo XVIII, cuando las coronas ibéricas ensayaron delimitar sus dominios sudamericanos y el principio de uti possidetis —quien posee, retiene— quedó como criterio para las repúblicas herederas. Pero fue en 1907, casi un siglo después de la independencia, cuando Colombia y Brasil se sentaron a fijar formalmente su frontera común. El 24 de abril de ese año, el general Alfredo Vásquez Cobo, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Rafael Reyes, firmó con Eneas Martins, representante brasileño, el tratado que lleva sus dos nombres.

El acuerdo definió el primer tramo de la frontera: desde la Piedra del Cocuy —el hito trifronterizo con Venezuela, sobre el río Negro— hasta la desembocadura del río Apaporis en el Caquetá. La línea siguió, al menos en parte, la propuesta que ya había sugerido en 1869 el plenipotenciario brasileño Nascentes de Azambuja. El tratado dejaba pendiente el resto del trazado y remitía a un acuerdo futuro los tramos no resueltos.

La operación fue polémica desde el principio. El internacionalista colombiano José Joaquín Caicedo Castilla la impugnó con dureza: Colombia, escribió, había cedido inmensos territorios. La crítica no era menor en un país que ya empezaba a acumular pérdidas territoriales —Panamá se había separado apenas cuatro años antes, en 1903— y que veía en cada tratado limítrofe una nueva sustracción. El gobierno de Reyes, empeñado en normalizar relaciones con los vecinos y en atraer inversión, respondió con la lógica de la conveniencia: mejor una frontera imperfecta y firmada que una línea abierta a la disputa.

Brasil, por su parte, era en ese momento el jugador diplomático más sofisticado del continente. Bajo el mando del Barón de Río Branco, entre 1902 y 1912 Itamaraty cerró casi todas las fronteras del gigante sudamericano a su favor, apoyado en un cuerpo de juristas, cartógrafos y archivistas que conocían mejor que nadie los documentos coloniales que respaldaban las pretensiones brasileñas. Colombia negoció con un contrincante en su mejor momento, sin haber ocupado nunca los territorios en disputa, sin cartografía propia confiable y con un Ministerio de Relaciones Exteriores que apenas empezaba a profesionalizarse. El resultado —una línea que renunciaba a la aspiración colombiana de llegar más al sur y al este— fue menos una cesión que un reconocimiento de la realidad del poder en la cuenca amazónica.

La guerra que forzó a mirar al sur: Leticia, 1932-1934

Nada revela mejor la orfandad amazónica de Colombia que la manera en que descubrió, en 1932, que tenía un puerto sobre el río más grande del mundo. Leticia, sobre la orilla norte del Amazonas, era —y sigue siendo— el único punto de acceso de Colombia al sur del territorio nacional y al río Amazonas. Retóricamente funcionaba como la entrada colombiana al océano, comparable a la que tenían Ecuador, Perú y Brasil, aunque en la práctica esa "salida" fuera modesta y estuviera separada del resto del país por miles de kilómetros de selva.

El 1° de septiembre de 1932, un grupo armado de civiles y militares peruanos ocupó Leticia. El detonante era localista —una disputa por el trapecio amazónico que Perú había reconocido a Colombia en el Tratado Lozano-Salomón de 1922—, pero el problema que reveló era estructural: Colombia no tenía cómo llegar a su propio puerto. La ruta principal para transportar tropas y suministros hasta Leticia no atravesaba territorio colombiano: partía de Pará, en Brasil, y recorría 1.700 millas río arriba por el Amazonas. Hacer la guerra en esas profundidades selváticas fue un desafío simultáneo para la economía y la logística militar del país. Colombia utilizó, por primera vez en su historia, aviones de la SCADTA —la compañía aérea con capital alemán— para transportar tropas y suministros; hubo quien describió el episodio como el inicio de la primera guerra aérea de la historia, hipérbole que da la medida del asombro que produjo.

Brasil ocupó en esa guerra un lugar peculiar: no fue beligerante, pero fue corredor. El Amazonas pasaba por su territorio, sus puertos servían de puente logístico y sus buenos oficios diplomáticos fueron requeridos. En las negociaciones, Perú impuso condiciones exigentes: que Leticia permaneciera bajo custodia brasileña mientras se alcanzaba una conciliación y que Colombia aceptara la revisión obligatoria del Tratado Lozano-Salomón. Estas exigencias entorpecieron el proceso durante meses. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio, y las negociaciones se trasladaron finalmente a Río de Janeiro, donde el 24 de mayo de 1934 se firmó el Protocolo que devolvió a Colombia plena soberanía sobre Leticia.

El presidente Enrique Olaya Herrera, que gobernaba desde 1930 y que había sido embajador en Washington, entendió el mensaje. Antes incluso de la guerra había impulsado la integración territorial: negoció límites con Venezuela y con Brasil, y transformó la vieja comisaría del Amazonas —creada en 1928— en intendencia en 1931. La Ley 4ª de 1934 reorganizó la entidad con capital en Leticia; la Ley 10 de 1930, aprobada por el Congreso en octubre de ese año, había reorganizado la estructura financiera de los territorios nacionales. El nacionalismo que despertó el conflicto con Perú reforzó una política que ya estaba en marcha, y su sucesor, Alfonso López Pumarejo, la incorporó al programa de la Revolución en Marcha. Los liberales de los años treinta reconocieron —cada cual a su manera— que la importancia estratégica y económica de las regiones fronterizas exigía extender allí el control efectivo del gobierno central: reformas administrativas, subsidios financieros, obras públicas, campañas de salud, promoción de la colonización.

La colonización, en realidad, ya había comenzado desde finales del siglo XIX y se intensificó a lo largo del XX, empujada por el caucho, por la coca —primero legal, luego no— y por oleadas de campesinos expulsados de otras regiones. La Amazonia colombiana fue poblándose a contrapelo del Estado, y no siempre a favor de él.

Un vecindario indígena que no reconoce fronteras

La frontera colombo-brasileña, trazada por diplomáticos que nunca la vieron, atraviesa territorios habitados por pueblos que llevan siglos moviéndose libremente entre sus dos orillas. La región del Vaupés —llamada así en Colombia y Uaupes en Brasil— es el ejemplo más claro. El río Vaupés es afluente del río Negro, que a su vez desemboca en el Amazonas a la altura de Manaos, de modo que la geografía hidráulica ignora la geografía política. En el Vaupés colombiano habitan múltiples grupos tukanoanos: tukanos, guananos, taiwanos, kubeos, karapanos, desanos, barasanos y makunas, entre otros. Todos ellos ocupan tierras a ambos lados de la línea.

Cerca del puerto amazónico de Leticia habitan los tikuna, uno de los pueblos más numerosos de la Amazonia occidental. En otras zonas de la frontera se encuentran los inga y los uitoto —también llamados muruy-muina—, pueblos binacionales cuya identidad se organiza alrededor de una visión integradora del territorio: para ellos, la frontera nacional no divide el mundo, y el intercambio a lo largo de los ríos es una constante de la organización social y política.

La historia colonial de esta región tiene su propia densidad. En 1657, jesuitas lusitanos penetraron en el río Negro y promovieron la reducción y traslado de pobladores nativos, incluidos los del alto Vaupés, en el marco de un intenso proceso esclavista. Siglos después, en el ciclo del caucho de finales del XIX y comienzos del XX, los peones indígenas de la Casa Arana —el emporio de Julio César Arana en el Putumayo— cruzaron la frontera huyendo de la violencia, y las redes misioneras, comerciales y familiares tejieron un tejido transfronterizo que ningún Estado consiguió ordenar. La frontera colombo-brasileña es, vista desde la selva, menos una línea que una zona de contacto continuo.

Los tráficos: el corredor Leticia-Tabatinga

En el mapa, Leticia y Tabatinga son dos ciudades separadas por una calle. En la práctica, forman un solo pivote urbano donde la moneda cambia, el idioma se mezcla y las mercancías —legales e ilegales— circulan con soltura. Es un punto neurálgico para el mercado negro regional y, en particular, para el tráfico de armas.

En diciembre de 2000, las autoridades colombianas arrestaron en Leticia a Ricardo Márquez Patiño, miembro de las FARC. El episodio confirmó lo que ya se sabía: que la guerrilla operaba en esa zona fronteriza aprovechando la porosidad del corredor amazónico. Los agentes de las FARC también aparecían más al sur, en la zona de las Cataratas del Iguazú y a lo largo de la frontera de Brasil con Paraguay —la llamada triple frontera, conocida como fuente de drogas, armas y lavado de dinero—. La mayor parte de las armas que cruzaban desde Brasil hacia Colombia salía de allí. A ese flujo se sumaba otro corredor, desde Surinam y Brasil hacia Colombia por el eje Guaviare-Vaupés, ruta habitual de armas y municiones. Brasil terminó de consolidarse, junto con Venezuela, Perú y Ecuador, como uno de los países proveedores de armas pequeñas para el conflicto colombiano.

La frontera de 1.645 kilómetros la usaron las FARC, los grupos paramilitares y las redes narcotraficantes con relativa comodidad. El enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas colombianas y las organizaciones ilegales produjo un desplazamiento sostenido de guerrilleros hacia territorios venezolanos, ecuatorianos, panameños, brasileros y peruanos, que se convirtieron en refugio y base de operaciones defensivas. El énfasis militar del Plan Colombia, iniciado en 2000, acentuó ese desbordamiento y añadió efectos desestabilizadores en toda la región.

Brasil respondió a esta realidad con una mezcla de vigilancia y prudencia. No planteó la frontera como una crisis, sino como un problema técnico que había que administrar. En 2003 los dos países firmaron un acuerdo de seguridad fronteriza. Aun así, la agenda bilateral estuvo dominada por el comercio regional, la integración y la cooperación técnica. Brasilia no temía tanto que el conflicto armado colombiano se expandiera a su territorio —confiaba en su propio dispositivo militar amazónico— como que el desorden colombiano contaminara su periferia occidental de manera lenta y difusa, poblándola de refugios criminales que ningún operativo puntual alcanzaría a limpiar.

Las relaciones sí se tensaron en algún momento puntual. El uso no autorizado por parte del ejército colombiano de una base militar brasileña durante una operación en 1998 dejó una fricción cuyos detalles quedaron discretos, pero cuyo mensaje fue claro: Brasil no aceptaba que la lucha antiinsurgente colombiana desbordara unilateralmente su soberanía. Bogotá aprendió que el vecino grande podía ser flexible en el comercio, pero no en el mapa.

La red bilateral: comercio, café y modas

Fuera de las urgencias fronterizas, Brasil y Colombia mantuvieron durante el siglo XX una relación funcional, casi discreta, marcada por dos grandes campos de contacto: el café y la cultura.

El café los unió en un problema común: cómo estabilizar precios y coordinar cosechas en un mercado mundial donde ambos eran productores centrales. Brasil había ensayado en 1906 el Acuerdo de Taubaté, hito temprano del intervencionismo estatal en el mercado cafetero mundial: el gobierno de São Paulo compró excedentes para sostener precios y sentó un precedente que Colombia estudiaría con atención cuando construyó, décadas después, la Federación Nacional de Cafeteros y el Fondo Nacional del Café. Hacia 1936 —un año después del nombramiento de Alejandro López como gerente de la Federación, en octubre de 1935— la organización auspició en Bogotá la Primera Conferencia Panamericana de Café, en la que Brasil y Colombia alcanzaron algún tipo de acuerdo sobre política cafetera. El gesto simbólico fue claro: los dos gigantes del grano dialogaban de igual a igual, en Bogotá, sobre el destino del mercado mundial.

La otra huella brasileña, más sorprendente porque nadie la decretó, fue estética. Durante largos años, la "moda brasileña" influyó en la arquitectura colombiana. Ciudades de clima moderado —donde no hacía falta— adoptaron elementos característicos de la arquitectura contemporánea brasileña: protecciones antisolares en grandes persianas, materiales de fachada que evocaban la profusión de azulejos cerámicos, jardineras interiores y exteriores en formas aleatorias o de amiba que aparecieron de manera casi epidémica en salas, terrazas y edificios públicos.

Para entender la escala del contagio hay que recordar lo que Brasil representaba en la imaginación arquitectónica del hemisferio a mediados del siglo XX. Oscar Niemeyer había convertido Pampulha, en Belo Horizonte, en un manifiesto de curvas de hormigón; Lúcio Costa había trazado en Brasilia, inaugurada en 1960, el plan piloto de una capital nacida entera de un gesto moderno; Roberto Burle Marx dibujaba jardines que parecían pinturas abstractas y llevaba a la escala urbana las formas orgánicas que Arp o Miró habían explorado en el lienzo. Esa modernidad tropical viajó por revistas, por congresos, por becas y por la simple admiración de los arquitectos jóvenes.

En Bogotá, la Ciudad Universitaria y algunos edificios institucionales de las décadas de cincuenta y sesenta jugaron con brise-soleils, celosías y persianas que resolvían con arquitectura lo que en Río o Recife resolvía la latitud. En Medellín, los pabellones de la Universidad de Antioquia y una serie de edificios de vivienda multifamiliar en El Poblado incorporaron pieles caladas y jardineras curvas que citaban, sin decirlo, a Niemeyer y a Burle Marx. En Cali, cuyo clima sí justificaba la protección solar, la influencia se acomodó con más lógica: fachadas ventiladas, patios interiores, vegetación tropical trabajada en formas serpenteantes. Los pisos en mosaico de piedra en blanco y negro, imitación distante de la calçada portuguesa de Copacabana, aparecieron en vestíbulos de bancos y edificios de oficinas de las tres ciudades. En climas donde el sol no era enemigo, se pusieron persianas gigantes. Era estética, no clima: era admiración por el vecino que, al menos en los años cincuenta y sesenta, encarnaba lo moderno en América Latina y ofrecía a los arquitectos colombianos un repertorio propio del hemisferio sur, distinto del racionalismo europeo y del funcionalismo norteamericano.

El siglo XXI: dos orientaciones que se rozan

Con el nuevo milenio, la relación bilateral se movió al ritmo de dos lógicas continentales que rara vez convergieron. Colombia se orientó cada vez más hacia el Pacífico y hacia Estados Unidos: el Plan Colombia, el TLC firmado bajo Álvaro Uribe Vélez y ratificado bajo Juan Manuel Santos, y la fundación de la Alianza del Pacífico en 2011 con México, Chile y Perú marcaron una vocación proneoliberal, favorable a la integración comercial y a los mercados. Brasil, en cambio, bajo los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, apostó por Mercosur y Unasur, bloques que priorizaban la integración política y una autonomía regional frente a Washington. Las dos orientaciones no eran incompatibles, pero tampoco se buscaban.

Aun así, hubo puntos de encuentro. En diciembre de 2014, representantes de varios países latinoamericanos y caribeños se reunieron en Brasilia y adoptaron la Declaración y el Plan de Acción de Brasil sobre protección de refugiados, desplazados y apátridas en la región. Para Colombia —con millones de desplazados internos y ciudadanos en situación de refugio en países vecinos— el marco era relevante. Brasil, al alojar el encuentro, reafirmaba su vocación de plataforma diplomática regional.

En materia de seguridad, la cooperación se mantuvo en niveles funcionales, más que estratégicos. Brasil vigiló su frontera con una fuerza militar propia —el Comando Militar da Amazônia, con sede en Manaos— y ciudades como San Gabriel da Cachoeira, sobre el alto río Negro, se convirtieron en avanzadas de un Estado brasileño que ejercía en su Amazonia una presencia mucho más consistente que la del Estado colombiano en la suya. Esa asimetría —Brasil vigilando, Colombia ausente— definió durante décadas la naturaleza del contacto: no había amenaza mutua, pero tampoco confianza densa.

La llegada de Jair Bolsonaro al poder en 2019, con un discurso hostil hacia la protección ambiental y hacia los pueblos indígenas de la Amazonia, tensó indirectamente la relación: los incendios masivos en la selva brasileña de ese año recordaron que la Amazonia es un sistema único y que lo que ocurre en un lado de la frontera afecta al otro. Colombia, con gobiernos de signo variable, se encontró en la posición incómoda de ser vecina de un país que abandonaba compromisos ambientales sin poder hacer más que declarar.

La huella y el olvido

La historia de Brasil en Colombia no se explica bien con la lista de sus contactos, sino con la forma en que esos contactos ocurrieron: siempre desde la periferia, casi nunca desde el centro de gravedad de cada país. La frontera se fijó cuando ya casi todos los territorios habían sido reclamados por otros; la guerra de Leticia obligó a improvisar una logística que dependía de puertos brasileños; los pueblos indígenas seguían navegando ríos que los diplomáticos apenas conocían por mapa; las armas y los guerrilleros usaron durante décadas un corredor que Bogotá tardó en reconocer como tal; hasta la arquitectura brasileña llegó por importación estética, sin acuerdo cultural, sin política de intercambio, casi por ósmosis de revistas y viajes.

Lo que esa forma revela es una asimetría más profunda que la del tamaño o el PIB. Brasil ha sabido siempre dónde está su Amazonia y qué hacer con ella: militarizarla, poblarla con ciudades medianas, integrarla al proyecto nacional con un lenguaje —a veces desarrollista, a veces predatorio, casi nunca ausente—. Colombia, en cambio, sigue sin decidir del todo si su selva es parte del país o su reverso. La Constitución de 1991 elevó la Amazonia a categoría de departamento, pero la presencia institucional siguió siendo tenue, dependiente de la aviación y del río para casi todo, y sostenida más por los pueblos indígenas —tukanoanos, tikuna, uitoto, inga— que por las agencias del Estado.

De ahí que la huella brasileña en Colombia sea, al mismo tiempo, más leve y más significativa de lo que parece. Leve porque nunca fue objeto de una gran política bilateral, ni de una alianza estratégica sostenida, ni de una integración cultural comparable a la que Colombia mantuvo con México, con Argentina o con España. Significativa porque marca exactamente el punto donde el proyecto nacional colombiano se queda corto: en el sur, en la selva, en el borde amazónico donde el país es otro país y no lo sabe. Cada vez que Colombia se ve obligada a mirar hacia Brasil —por una guerra, por un tratado, por un flujo de armas, por un incendio forestal—, lo que descubre no es tanto al vecino como a sí misma en un espejo incómodo.

La frontera olvidada no fue, entonces, un descuido unilateral. Fue el resultado de dos orientaciones que se cruzaron sin encontrarse: la de un país andino que le dio la espalda a su propia selva, y la de una potencia sudamericana que administró esa selva con calma pero sin urgencia de conversación. En el medio quedaron los ríos, los pueblos indígenas que los navegan sin pedir permiso, los traficantes que aprovecharon el vacío y los guerrilleros que hallaron refugio. La historia de Brasil en Colombia es, al final, la historia de todo lo que Colombia ha preferido no ver de sí misma: que también es un país amazónico, y que su vecino más grande está allí, esperando, desde hace siglos.

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Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 36 fragmentos
01
Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 66
1 cita
[1]

feopolític»—i Lo desconocido del territorio, así como las dificultades de los transportes para llegar -a sitios que en las cartas geográfi- cas habían sido marcados de manera irregular y muchas veces antojadiza, la ejecución del trazado se fue demorando hasta el momento de la independencia de los países americanos en…

p. 66
02
Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 112, 114
2 citas
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reconocimien- to que le hizo el Perú sobre la línea Apoporis-Tabatinga como la línea di- visoria entre los dos países. En el año de 1907 se definió parte de la frontera, siguiendo la línea que había sugerido en 1869 el plenipoten- ciario del Brasil Nascentes de Azam- buja. Ello se consagró en un tratado Capítulo 4 113…

p. 114
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se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…

p. 112
03
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 17
2 citas
[3]

popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
[4]

popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
04
Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 171, 458
2 citas
[5]

su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
[25]

las Fuerzas Armadas se involucran en cuestiones policivas, sus funciones tradicionales se ven menos- cabadas, con un evidente perjuicio para la institución en el corto, mediano y largo plazo. De otra parte, en la medida en que el conflicto interno colombiano se ha internacionalizado por distintos factores, endógenos y…

p. 458
05
Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 62
1 cita
[6]

a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…

p. 62
06
Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 23, 91
3 citas
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includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…

p. 23
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funds for basic economic reforms, received pledges of ten million pesos to buy war bonds. 37 Energized by the outpouring of popular support, Olaya Herrera mobilized the army to confront the Peruvians, but the difficulties of fighting a war in remote Amazonas were soon apparent. Reports from Leticia took Page 41…

p. 91
[18]

Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…

p. 1
07
Colombia - Culture Smart!: The Essential Guide to Customs & CultureKate Cathey · 2011 · p. 13
1 cita
[8]

cial Name República de Colombia Independence from Spain in 1810; Republic in 1823 Capital City Bogotá, D.C. Pop. 8,566,926 Altitude: 8,661 feet (2,640 m) Main Cities Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena Over 75% of the population live in four major cities. Area 440,000 sq. miles (1.14 million sq. km) 4th…

p. 13
08
Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11, 20
2 citas
[9]

of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…

p. 20
[16]

Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…

p. 11
09
Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 318
1 cita
[10]

ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…

p. 318
10
Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 316
1 cita
[12]

nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…

p. 316
11
Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 33
1 cita
[13]

bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…

p. 33
12
Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 85
1 cita
[15]

reconsiderar el tratado de 1922, en busca de un acuerdo que comprendiera medidas económicas, comerciales y culturales. Haber aceptado la fórmula en mención demostró, primero, que la canci- llería colombiana no contaba con una política exterior, y, segundo, que los negociadores nacionales carecían de los conocimientos…

p. 85
13
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 12
1 cita
[17]

bota 0 trapecio ama Al conformarse la Gran Colombia (1821-1830), el territorio del actual de- partamento del Amazonas form parte de los departamentos del Azuay (que se extendia ademas por todos los territorios anexados posteriormente por el Pert al ntre 1831 y If nacional del Caqueta; en 1857 formo parte del estado…

p. 12
14
Arms Trafficking and ColombiaKim Cragin, Bruce Hoffman · 2003 · p. 15, 56
3 citas
[19]

reports have yet to be definitively confirmed, but they still remain a source of serious concern. Brazil is another a source of illegal weapons. Iguazu Falls is a signifi - cant source of illicit goods for the entire region, including Colombia. The area is part of the tri-border black market, which links Argentina,…

p. 56
[20]

from criminal organizations, obtain them from legal mar- kets, bribe private security forces, or raid government military stock- piles. Venezuela, Brazil, Peru, and Ecuador act as source countries for small arms in South America. Munitions moving from Venezuela Summary xix generally include black-market items that…

p. 15
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from criminal organizations, obtain them from legal mar- kets, bribe private security forces, or raid government military stock- piles. Venezuela, Brazil, Peru, and Ecuador act as source countries for small arms in South America. Munitions moving from Venezuela Summary xix generally include black-market items that…

p. 15
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Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 80, 93
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armas y municiones de Surinam y Brasil a Colombia por el corredor Guaviare-Vaupés. La cuarta frontera en número absoluto de acciones contra un país vecino o de interacciones con el conflicto ha sido la colombo-panameña. Panamá ha tenido que hacerles frente a operaciones guerrilleras, paramilitares y del narcotráfico,…

p. 80
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doméstica: la crisis andina en perspectiva regional, Quito, Flacso Ecuador. "Brasil y Colombia firmaron acuerdo de seguridad fronteriza". 2003. El Tiempo, 28 de junio, p. 1-6. Cardozo de da Silva, Elsa. 2004. "Venezuela ante el conflicto colombiano", en Dimensiones territoriales de la guerra y la paz en Colombia,…

p. 93
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Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 448
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[23]

1999 agree- ment between the Colombian and Panamanian naval forces strength- 354 A FARC guerrilla having lunch at a camp in Cundinamarca Department Courtesy David Spencer Collection ened maritime and border controls, and in 2002 Panama passed a resolution that allowed U.S. law enforcement agencies to conduct antidrug…

p. 448
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Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 111
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el cartel de Medellín, el M -19, las FARC y los paramilitares; la de Vene- zuela, (2219 km), por ELN, las FARC, paramilitares y narcotraficantes; las de Brasil, (1645 km), Perú, (1626 km) y Ecuador, (586 kms), por las FARC, para- militares y narcotraficantes. Además, Colombia ejerce soberanía en el archi- piélago de…

p. 111
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Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 27
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doctoral research among the Tikuna, who live near the Amazon port town of Leticia. As often happens with anthropological field - work, I ended up elsewhere, in the Central Northwest Amazon, in a region near the Equator straddling the Colombia- Brazil border, home to indigenous people collectively known as Tukanoans.…

p. 27
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Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 88
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controlar algu- nos aspectos del intercambio. Los witotos desig- naron las hachas obtenidas a través del tráfico de hombres con el nombre de «hachas miedosas», y aún se recuerda, en algunas localidades, los cami- nos que recorrían aquellos traficantes de hombres llevando encadenados a los indios que iban con destino a…

p. 88
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El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 72
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Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…

p. 72
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Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 104, 120
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binacionales que habitan en las cinco fronteras de Colombia. Así: frontera colombo-brasileña: Pueblos Inga y Uitoto (Muruy-Muina); frontera colombo-ecuatoriana: pueblos indígenas Inkal, Awa, Pastos, Kofan, Siona, Huitoto (Murui), Kamëntsa, Kechwa, Emberá Chamí, Koreguajes, Misak, Inga y Nasa; frontera…

p. 120
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noviembre). 171 Por citar algunos casos, en 2005, Daniel Coronell, periodista que se encontraba investigando y denunciando varios de los accionares del gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, tuvo que exiliarse en Estados Unidos. Véase El Espectador (2015, 10 de noviembre). En 2007, Hollman Morris,…

p. 104
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Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 394
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ó dinamismo al espacio interior oblig ó a las b ó vedas de silueta parab ó lica que delimitan ese espacio, a desempe ñ ar un papel parad ó jicamente pasivo, reducidas como est á n a ser simples soportes de la espectacularidad crom á tica de los vitrales. La “ moda brasile ñ a ”, siempre presente en Colombia en muchos…

p. 394
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Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 403
1 cita
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colombianos en el conflicto con el Perú. Con la llegada a la presidencia de la República de López Pumarejo, el balance de fuerzas se inclinó temporalmente a favor de un acuerdo. En el vit Congreso Nacional de Cafeteros, reunido a fines de 1935, López logró imponer un cambio en la composición del Comité Nacional de…

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El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 242
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a raíz de la primera guerra mundial, acentuó la dependencia cafetera colombiana del mercado de Estados Unidos. La descripción sucinta y el análisis de estos aspectos de la transición hacia el segun- do ciclo expansivo, que se prolongará por cuatro décadas, es el objeto de este capítulo. EL ACUERDO DE T AUBATÉ:…

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Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 109
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diferencia de estos, Colombia y los países de la ap compar - ten y favorecen una versión proneoliberal 10 que se ha replicado en el tipo de regionalismo que promulgan. A diferencia de las propuestas de países como Venezuela o Bolivia, en las que prima la integración política sobre la comer - cial, los países de la ap…

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diferencia de estos, Colombia y los países de la ap compar - ten y favorecen una versión proneoliberal 10 que se ha replicado en el tipo de regionalismo que promulgan. A diferencia de las propuestas de países como Venezuela o Bolivia, en las que prima la integración política sobre la comer - cial, los países de la ap…

p. 109