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Biografía

Alfredo Vásquez Cobo

Regeneración

1860–1944

18 min de lectura40 documentos
Nacimiento1860
Fallecimiento1944
RolesGeneral del Ejército · Diplomático y plenipotenciario
Lugar principalPopayán
Período históricoRegeneración1886–1929
03

La biografía

Alfredo Vásquez Cobo (1860–1944) fue uno de esos hombres que la Regeneración fabricó a su imagen: caucano de cuna señorial, militar profesionalizado en el fuego de la Guerra de los Mil Días, diplomático de fronteras amazónicas, ministro y candidato presidencial dos veces derrotado por su propio partido. Su nombre no encabeza ninguna epopeya nacional y por eso conviene mirarlo con más atención: en su trayectoria se lee, sin retórica, la manera concreta en que la hegemonía conservadora se sostuvo entre 1886 y 1930 —por la fuerza de las armas cuando hizo falta, por la habilidad diplomática cuando la fuerza fallaba, y por un arbitraje eclesiástico que en 1926 lo ungió futuro presidente y en 1930 lo hundió. Su derrota de febrero de ese año, frente a Enrique Olaya Herrera y con Guillermo Valencia como rival intrapartidista, cerró un ciclo de cuarenta y cuatro años. Vásquez Cobo no fue el causante de esa caída ni tampoco su víctima inocente: fue, con más exactitud, su síntoma.

02

Línea de vida

  1. 1886

    Formación en el ambiente regeneracionista

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    Con veintiséis años, Vásquez Cobo se integra al entorno político e intelectual de la Regeneración cuando la Constitución centralista de 1886 es sancionada por el designado José María Campo Serrano, consolidando el proyecto de Núñez y Caro que él respiraba desde su cuna payanesa.

  2. 1902

    Ascenso a general en la Guerra de los Mil Días

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    Combatiente en el conflicto más devastador de la Colombia decimonónica (1899–1902), sale con grado de general y reputación de oficial leal y capaz, lo que lo posiciona como cuadro útil del régimen conservador en la posguerra.

  3. 1905

    Colaborador del proyecto de profesionalización militar de Reyes

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    Bajo la administración de Rafael Reyes (1904–1909), Vásquez Cobo actúa como bisagra entre el mundo castrense y el gabinete civil en el proyecto sistemático de disciplinar al ejército y hacerlo obediente a la autoridad civil, en un contexto de indisciplina y politización castrense reconocidas.

  4. 1907

    Firma del Tratado Vásquez Cobo–Martins con Brasil

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    El 24 de abril de 1907, en Río de Janeiro, firma con el plenipotenciario brasileño Enrique Martins el tratado que fija el primer tramo de la frontera colombo-brasileña desde la Piedra del Cocuy hasta la desembocadura del río Apaporis en el Caquetá, primer instrumento sólido de la política exterior de Reyes tras la pérdida de Panamá.

  5. 1911

    Testigo del incidente de La Pedrera

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    El incidente de La Pedrera, resuelto diplomáticamente en octubre de 1911 tras la incursión de fuerzas peruanas en territorio colombiano sobre el Caquetá, expone las fallas de defensa nacional que Vásquez Cobo conocía por dentro como militar y ministro.

  6. 1926

    Ungido candidato presidencial por la jerarquía eclesiástica

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    A principios de 1926, el arzobispo Bernardo Herrera Restrepo convoca a Vásquez Cobo y a Miguel Abadía Méndez a sus aposentos privados; monseñor Ismael Perdomo comunica la decisión: Abadía gobernaría en 1926–30 y Vásquez Cobo en 1930–34, replicando el mecanismo por el cual la sede arzobispal de Bogotá designaba de facto al candidato conservador desde la Constitución de Núñez.

  7. 1930

    Derrota electoral y fin de la hegemonía conservadora

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    En las elecciones de febrero de 1930, la división interna del Partido Conservador —con Guillermo Valencia como rival intrapartidista apoyado por el arzobispo de Medellín y monseñor Builes, mientras Vásquez Cobo contaba con el obispo de Ibagué y el de Cali— y la incapacidad del primado Perdomo para unificar al clero permiten el triunfo del liberal Enrique Olaya Herrera, cerrando cuarenta y cuatro años de hegemonía conservadora.

El caucano que la Regeneración necesitaba

Nació en Popayán en 1860, dos años antes de la Convención de Rionegro y en la ciudad que durante más de un siglo había concentrado la fracción más antigua de la élite neogranadina. Esa geografía no es un detalle: la aristocracia payanesa se había consolidado en el siglo XVIII como élite terrateniente, minera y comerciante gracias al aprovechamiento del tributo indígena, a la apertura de la frontera esclavista del Pacífico y a las alianzas matrimoniales que su posición como capital de la gobernación le facilitó con los peninsulares recién avecindados. De ese sedimento salieron familias que, en el siglo XIX, siguieron dictando gobernadores, ministros y presidentes, y que en la práctica trataban los cargos públicos como un patrimonio hereditario. El patrón se repite con vergonzosa nitidez en ambos partidos —de Mariano Ospina Rodríguez a su nieto Pedro Nel Ospina; de Pedro Alcántara Herrán a su primo Francisco Javier Zaldúa; de Santiago Pérez a su hermano Felipe; de Manuel Murillo Toro a su entenado Nicolás Esguerra— y explica, mejor que cualquier ideario, la longevidad del bipartidismo decimonónico.

Vásquez Cobo pertenecía a esa clase por partida doble: por linaje payanés y por la cercanía de su familia con las redes conservadoras del suroccidente. Su hermano Luis hizo carrera paralela como militar y diplomático, y la coordinación entre ambos —que no era una excepción sino el modo normal de operar de la élite— aseguró a la casa un pie en cada escenario del poder republicano. Los padres del conservatismo colombiano —Mariano Ospina Rodríguez, José Eusebio Caro, Julio Arboleda, este último caucano y cercano al mundo del que salía Vásquez Cobo— habían defendido desde mediados de siglo que las políticas librecambistas debían ser compatibles con un orden social jerárquico anclado en la tradición hispánica. Alfredo Vásquez Cobo se educó dentro de ese credo y no lo abandonó jamás.

Cuando en 1886 José María Campo Serrano, como designado, sancionó la nueva Constitución centralista que Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro habían impulsado desde 1884, Vásquez Cobo tenía veintiséis años. La Regeneración se presentaba como un correctivo racional al desorden del federalismo radical de Rionegro: retorno a la autoridad, fortalecimiento del gobierno central, presidencia de seis años electa por voto directo, país dividido en departamentos, restauración del vínculo con la Iglesia. Núñez la concebía, con una fórmula que le gustaba repetir, como una adecuación del Estado a "sus condiciones históricas y naturales", en contraste con las constituciones que consideraba obras de imaginación. Para un joven de Popayán de familia conservadora, ese proyecto no era una plataforma sino un ambiente: la Regeneración se respiraba en los salones, en los seminarios, en las tertulias donde se cruzaban militares, políticos y clérigos.

Formación en un régimen sin escuela

De la formación temprana de Vásquez Cobo poco puede decirse con exactitud, y menos importa que en otros casos: los hombres de su clase se educaban por proximidad. La política se aprendía en la mesa familiar, la administración en los despachos donde entraban de auxiliares de un pariente, la doctrina en las lecturas piadosas y jurídicas que el círculo caucano compartía. La Regeneración, entre 1886 y 1903, fue un período de intransigencia y estrechez política —cierre de la Universidad Nacional, censura a la oposición liberal, oscurantismo en la letra impresa— pero también de reactivación económica, expansión cafetera y obras públicas. Ese doble rostro, autoritario en lo político y modernizador en lo material, marcó a toda la generación de Vásquez Cobo y explica su propensión posterior a mezclar la mano dura con el criterio técnico.

Fue militar antes que diplomático, y ambas cosas antes que político electoral. La Guerra de los Mil Días (1899–1902), el conflicto más devastador de la Colombia decimonónica, fue el crisol donde su generación se hizo o se deshizo. Del lado conservador combatieron oficiales que, terminada la guerra, se convertirían en gobernadores y ministros durante más de tres décadas; del lado liberal, Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera adquirieron la estatura que los devolvería, ya en la paz, a la política nacional. Vásquez Cobo salió con el grado de general y con una reputación funcional para el régimen: leal, capaz, sin desmesuras políticas. La guerra produjo reputaciones perdurables, héroes y villanos, y de esa nómina se nutrieron los cuadros dirigentes del país hasta bien entrado el siglo XX. El general Agustín Fernández, ministro de Guerra de origen relativamente humilde, es el caso emblemático de la promoción castrense a la clase política; Vásquez Cobo lo fue por la vía más ancha, la de la cuna coincidente con el mérito de armas.

El proyecto Reyes y la profesionalización militar

La derrota liberal en los Mil Días y, sobre todo, la separación de Panamá en 1903 dejaron al conservatismo victorioso ante una evidencia incómoda: había ganado la guerra civil, pero había perdido el istmo, y su ejército era más un aparato faccional que una institución estatal. Rafael Reyes asumió la presidencia en 1904 con el mandato tácito de corregir esa disfunción. Su gobierno, entre 1904 y 1909 —con el arranque efectivo de la profesionalización militar hacia 1905—, emprendió un proyecto sistemático de disciplina castrense orientado a hacer del ejército un cuerpo obediente a la autoridad civil.

El gesto más significativo de Reyes fue político antes que técnico: nombrar a Rafael Uribe Uribe, principal líder liberal y su antiguo enemigo en los Mil Días, como Embajador Plenipotenciario para América del Sur con la misión expresa de estudiar la organización de las mejores fuerzas militares de la región. Uribe Uribe viajó en 1905 a Panamá, Ecuador y Chile, este último referente ineludible porque sus misiones militares ya habían entrenado a las fuerzas ecuatorianas. La lógica del encargo era doble: dotar al país de un modelo profesional serio y, al mismo tiempo, cooptar al liberalismo dentro del proyecto reformista mediante una "democracia de consorcio" —según la llamaría más tarde Eduardo Pizarro Leongómez—, con distribución equilibrada de cargos entre los dos partidos bajo un criterio nominalmente técnico.

Vásquez Cobo se movió con soltura en ese ambiente. Reyes lo utilizó tanto en misiones diplomáticas —donde el general caucano representaba la sensibilidad conservadora sin las asperezas de los ultramontanos— como en tareas administrativas que exigían firmeza y método. En una Colombia cuyos oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio, y cuyo poder civil carecía de destreza para colaborar con el sector castrense en la planificación estratégica, hombres como él eran una bisagra útil: militares con formación de gabinete, civiles con obediencia de armas.

El Tratado Vásquez Cobo–Martins y la diplomacia de fronteras

El 24 de abril de 1907, en Río de Janeiro, Alfredo Vásquez Cobo firmó con el plenipotenciario brasileño Enrique Martins el tratado que lleva sus nombres y que fija el primer tramo de la frontera colombo-brasileña: desde la Piedra del Cocuy hasta la desembocadura del río Apaporis en el Caquetá. Era la primera pieza sólida en la política exterior de Reyes, empeñado desde el inicio de su gobierno en posicionar a Colombia en el concierto internacional mediante tratados fronterizos que compensaran la humillación reciente por Panamá.

El tratado hizo lo que estaba a su alcance —trazar la línea con precisión cartográfica en el segmento donde había acuerdo— y dejó pendiente, mediante una cláusula expresa, el resto de la frontera al sur del Apaporis, porque Colombia argumentaba que esos territorios habían quedado estipulados en el Tratado de San Ildefonso del siglo XVIII. La resolución del segundo tramo tardaría veintiún años: llegaría con el Tratado García Ortiz–Mangabeira de 1928, complementado por Comisiones Mixtas en 1931, 1952 y 1957. Los segmentos medidos en 1907 fueron a su vez completados por canjes de notas en 1932, 1933 y 1984. La frontera se hizo despacio, papel sobre papel.

Ese ritmo dice algo sobre el estilo diplomático de Vásquez Cobo y de la administración Reyes: paciente, jurídico, apoyado en referencias históricas y en instrumentos cartográficos verificables. En un país que acababa de perder Panamá por no haber sabido combinar diplomacia y fuerza a tiempo, la firma con Brasil ofrecía un contraste tranquilizador. Vásquez Cobo intervino también, durante esos mismos años, en la negociación de un protocolo sobre la deuda panameña con Estados Unidos, en el difícil juego de aceptar los hechos consumados del istmo sin renunciar formalmente a todas las reclamaciones colombianas. Fue una diplomacia de administrador antes que de tribuno.

El incidente de La Pedrera, en 1911 —cuando fuerzas peruanas incursionaron en territorio colombiano sobre el Caquetá—, mostró el reverso de la moneda. Las tropas colombianas combatieron con valor, pero sin medios ni apoyo adecuados, y la solución del conflicto tuvo que buscarse por vía diplomática en octubre de ese año. El episodio dejó al descubierto la inoperancia de la dirigencia civil en materia de defensa y las fallas de la segunda misión militar chilena que había venido a completar el proyecto reformista de Reyes. La conclusión, incómoda, era que ni la pérdida de Panamá ni las erosiones amazónicas habían bastado para corregir la histórica falla del país en materia de defensa nacional. Vásquez Cobo, testigo y actor de esas décadas, conocía el problema por dentro.

Ministro en la hegemonía

Entre 1910 y 1930, bajo lo que la historiografía llama la hegemonía conservadora, Colombia disfrutó de un período de estabilidad política sin precedentes desde la Independencia. El orden público se mantuvo, las libertades civiles fueron respetadas —con una precisión que conviene no perder de vista: el respeto se circunscribía sobre todo al ejercicio de las clases altas—, la economía cafetera se expandió y las obras públicas avanzaron. Vásquez Cobo transitó por esas dos décadas como una figura de segundo plano indispensable: ministro en varias ocasiones, negociador, articulador de facciones, general disponible para las emergencias del régimen.

En los despachos que ocupó, su marca fue reconocible. Como ministro de Guerra, insistió en la continuidad del proyecto de profesionalización que había empezado con Reyes, en un país donde la línea entre oficial y correligionario seguía siendo demasiado porosa. Como ministro de Relaciones Exteriores en distintos momentos, dio continuidad al criterio jurídico y cartográfico que había ensayado en Río de Janeiro: acumular tratados verificables, tramitar las diferencias con Perú y Ecuador por vía de comisiones y protocolos, sostener el litigio panameño sin cerrar puertas. Su método era el del expediente antes que el de la proclama; los memoriales que firmaba tenían la sequedad del acta y la paciencia del inventario. En los consejos de ministros aportaba lo que un general de gabinete puede aportar: información precisa, propuestas viables, escaso apetito por el conflicto interno, disciplina para asumir la decisión colectiva.

Los presidentes de la hegemonía se sucedieron con la regularidad ceremoniosa que la Constitución de 1886 permitía. José Vicente Concha, conservador apoyado incluso por Rafael Uribe Uribe, fue elegido en 1914 con un margen de ocho a uno y se posesionó el 7 de agosto de ese año. Marco Fidel Suárez lo sucedió en el período 1918–1922 tras derrotar a Guillermo Valencia, apoyado este por una coalición heterodoxa de liberales, republicanos y conservadores históricos. Suárez arrastró durante su gobierno acusaciones incómodas —haber vendido su sueldo a prestamistas, haber solicitado créditos a interesados en inversiones públicas— y la división interna del partido lo terminó desgastando. Bajo su mandato ocurrió también un episodio que dejaría cicatriz simbólica: la manifestación de sastres bogotanos que protestaban por la importación de uniformes militares y que terminó con varias muertes a manos de la Guardia de Honor Presidencial, el llamado "bautismo de sangre" de la clase obrera colombiana.

Pedro Nel Ospina gobernó entre 1922 y 1926 con un pulso más técnico, ligado a la vasta actividad empresarial de su casa antioqueña, cuyas alianzas familiares y económicas le daban un pie firme en la intermediación financiera, las concesiones ferroviarias, la exportación de oro y el remate de rentas. Esa mezcla de política, empresa y linaje, que Vásquez Cobo conocía por el lado caucano, era el sustrato real de la hegemonía. Miguel Abadía Méndez cerraría el ciclo entre 1926 y 1930, asumiendo el poder sin contendor liberal y respondiendo a una oposición que se centraba, sin gran efecto, en la pureza del sufragio y la moral administrativa.

En cada uno de esos gabinetes, Vásquez Cobo fue pieza recurrente. Su perfil de general con maneras de canciller, de conservador sin extremismos, de administrador sin tribuna, lo hacía útil para el equilibrio interno del partido. Cuando Fabio Lozano Torrijos y otros diplomáticos de nueva generación entraban en la política exterior, él aportaba el peso de la firma de 1907 y la memoria institucional de la era Reyes. Su carrera avanzaba por promoción interna del sistema, no por conquista electoral.

La bendición de 1926

A comienzos de 1926, el arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera Restrepo —figura política de primera magnitud en un país donde la Iglesia era mucho más que un poder espiritual—, convocó a sus aposentos privados a dos hombres: Miguel Abadía Méndez y Alfredo Vásquez Cobo. Su coadjutor, monseñor Ismael Perdomo, les comunicó la decisión de "las autoridades superiores": Abadía gobernaría el período 1926–1930 y Vásquez Cobo el siguiente, 1930–1934. Era, en la práctica, la designación de dos presidentes por una autoridad eclesiástica, y funcionaba porque desde la Constitución de Núñez la sede del arzobispado de Bogotá se había convertido en el espacio donde se definía el candidato conservador. Quien fuera ungido por el obispo primado se consideraba, con razones sobradas, futuro presidente.

Vásquez Cobo salió de esa audiencia con la certeza de un compromiso arreglado desde arriba. Tenía sesenta y seis años, una carrera cerrada de honores administrativos y diplomáticos, y ninguna experiencia previa de campaña presidencial. El compromiso de 1926 no exigía campaña: era una promesa de continuidad institucional entre las tres instancias que se repartían el poder en Colombia —el partido, la Iglesia y la clase alta caucano-antioqueño-bogotana— y no había razón visible para dudar de su cumplimiento.

Cuatro años después, esa razón apareció por partida triple. Primero, la muerte del arzobispo Herrera Restrepo, cuya autoridad venía de una figura personal difícil de sustituir. Segundo, la sucesión eclesiástica: Perdomo, el hombre que en 1926 había transmitido la decisión, quedó al mando de la maquinaria, pero era de personalidad menos fuerte y menos hábil políticamente que su antecesor. Tercero, la irrupción de un rival intrapartidista formidable: el poeta y político caucano Guillermo Valencia, el mismo que había perdido contra Suárez en 1918 y que ahora volvía a la carga con un peso simbólico —el prestigio literario, la elocuencia, una base regional que se solapaba peligrosamente con la de Vásquez Cobo— que Abadía no había tenido.

La fractura de 1930

En vísperas de las elecciones del 9 de febrero de 1930, monseñor Perdomo se recluyó en la oración personal para decidir a quién apoyaría. Descartó a Valencia por considerarlo "masón" y emitió su veredicto a favor de Vásquez Cobo, repitiendo el pronóstico de 1926. Pero el pronóstico ya no bastaba. La jerarquía se había dividido: el arzobispo de Medellín y monseñor Miguel Ángel Builes, obispo de Santa Rosa, apoyaron a Valencia; el obispo de Ibagué y el de Cali ordenaron a sus párrocos trabajar por Vásquez Cobo. El Vaticano intentó intervenir, pero lo hizo tarde y sin fuerza suficiente para unificar al clero detrás de un solo candidato. La maquinaria eclesiástica, que durante cuarenta años había funcionado como árbitro inapelable, se rompió en el peor momento posible.

Del otro lado, los liberales aprovecharon la ocasión con velocidad y método. Enrique Caballero Escobar, Gabriel Turbay, Eduardo Santos y Alfonso López proclamaron la candidatura de Enrique Olaya Herrera, un liberal moderado con cercanía conocida a los círculos bancarios norteamericanos y con el atractivo adicional de poder reabrir un flujo de inversión extranjera suspendido desde finales de la década. La proclamación fue rápida y la campaña, breve, se apoyó menos en la doctrina que en la promesa de gestión.

Los resultados del 9 de febrero de 1930 fueron inapelables en su aritmética. Olaya Herrera obtuvo 369.762 votos; Valencia, 240.833; Vásquez Cobo, aproximadamente 213.469. La suma de los dos conservadores superaba con holgura al ganador liberal —454.302 contra 369.762—, pero la Constitución no premiaba sumas hipotéticas sino pluralidades reales. La hegemonía que había empezado en 1886, con el sancionamiento de la Constitución por Campo Serrano, terminaba cuarenta y cuatro años después por la incapacidad de una jerarquía eclesiástica dividida para arbitrar una disputa interna del partido gobernante.

Vásquez Cobo asumió la derrota con la contención de su clase. No hubo denuncias de fraude ni tentaciones golpistas. Abadía Méndez, en un gesto de decoro institucional que la Colombia posterior recordaría con nostalgia, nombró ministros liberales antes del traspaso y entregó el poder el 7 de agosto de 1930 al partido liberal, respetando el resultado electoral. Era una salida civilizada de un ciclo civilizadamente autoritario.

Qué se derrotó exactamente en 1930

La historiografía tradicional —contemporánea de los hechos y afín al conservatismo— atribuyó la derrota a la confusión de la jerarquía eclesiástica que primero apoyó a un candidato y luego a otro. Investigaciones más recientes han añadido factores estructurales: el fracaso del gobierno para controlar el movimiento obrero emergente, la incapacidad para sostener el flujo de inversión extranjera después de 1927–1929, la agitación agraria en las haciendas cafeteras del alto Magdalena donde arrendatarios y aparceros desafiaban a los terratenientes que pretendían impedirles vender por cuenta propia, la conmoción de la huelga bananera de 1928 contra la United Fruit Company en la zona de Santa Marta–Ciénaga y la masacre subsiguiente en Ciénaga, la crisis mundial de 1929.

Ambas explicaciones son verdaderas y se refuerzan. La hegemonía conservadora se había vuelto vulnerable por razones profundas: su legitimidad se circunscribía a las clases altas, su relación con el movimiento obrero era de represión antes que de cooptación, su base económica dependía de un ciclo cafetero y de un flujo de crédito externo que la crisis del 29 amenazaba, su arbitraje eclesiástico dependía de una figura personal —Herrera Restrepo— cuya sucesión no había sido preparada institucionalmente. Pero esas vulnerabilidades no determinaban mecánicamente la caída de febrero de 1930. Si el arzobispado de Bogotá hubiera podido zanjar la disputa entre Vásquez Cobo y Valencia como zanjó en 1926 la de Vásquez Cobo y Abadía, un candidato conservador unificado habría vencido a Olaya Herrera con los votos que en la elección real quedaron divididos entre dos. La contingencia —la sucesión eclesiástica fallida, la personalidad de Perdomo, la irrupción tenaz de Valencia— convirtió una fragilidad crónica en derrota aguda.

Vásquez Cobo encarna esa doble condición. Era, por trayectoria, el candidato natural de la Regeneración envejecida: militar profesionalizado, diplomático de fronteras, ministro serial, hombre de la élite caucana, ungido por la Iglesia. Reunía todos los atributos que durante cuarenta años habían sido suficientes para gobernar Colombia. Pero esos atributos ya no bastaban en 1930, no porque el país los rechazara masivamente —dos de cada tres votantes votaron por conservadores—, sino porque el sistema que los había producido y jerarquizado había perdido la capacidad de reproducirlos sin fricción.

Los años últimos y la memoria

De la vida de Vásquez Cobo después de 1930 quedan pocas huellas nítidas, y esa opacidad es en sí misma un dato: el país al que había servido cuarenta años dejó de tener sitio para su tipo de figura. Los primeros años del gobierno de Olaya Herrera transcurrieron bajo el signo de la "Concentración Nacional", con gabinetes bipartidistas en los que un exministro conservador de perfil moderado podía haber sido consultado; pero Vásquez Cobo no aparece entre los interlocutores privilegiados del nuevo régimen ni entre los articuladores de la reconstrucción del partido derrotado. Alfonso López Pumarejo llegó al poder en 1934 con la Revolución en Marcha, y la reforma constitucional de 1936 desmontó buena parte del andamiaje que Vásquez Cobo había servido: la relación con la Iglesia, la concepción de la propiedad, el estatuto del trabajador. El conflicto fronterizo con Perú en Leticia, entre 1932 y 1934, reactivó por un momento la agenda amazónica en la que él había puesto la piedra angular de 1907, pero la negociación política del episodio corrió por otras manos.

Vivió catorce años más y murió en 1944, en pleno gobierno de Alfonso López Pumarejo en su segunda administración, con la República Liberal ya instalada como marco natural del país. No emprendió una tercera candidatura ni encabezó fronda alguna contra el nuevo régimen. Su generación fue perdiendo peso ante la de los conservadores más jóvenes —Laureano Gómez sobre todo— que reconstruirían el partido con otras armas y otra retórica: la prensa incendiaria, la movilización de masas, la denuncia de la "revolución en marcha" como amenaza al orden cristiano. Nada de eso encajaba con el temperamento de un hombre educado en la firma de tratados y el trámite ministerial. Se retiró a la posición que su clase reservaba a los derrotados con honor: la del testigo silencioso.

Su memoria quedó, sobre todo, en dos registros. El diplomático: el Tratado Vásquez Cobo–Martins de 1907 sigue siendo, más de un siglo después, la piedra angular de la frontera colombo-brasileña en su primer tramo, y los tratadistas de límites lo citan con la exactitud debida a las cosas que funcionaron. Y el familiar: su sobrino Camilo Vásquez Cobo Carrizosa recogería años después, en unas memorias publicadas en Cali a fines de los sesenta, la mirada de la casa sobre el gran arreglo bipartidista posterior a 1958, incorporándose así a la bibliografía académica sobre el Frente Nacional. La familia siguió, como lo había hecho durante generaciones, escribiendo su versión de la historia de Colombia desde una plataforma propia.

Vásquez Cobo no dejó doctrina, ni escuela, ni epigonía. Dejó un tratado, una firma, una candidatura fallida y la imagen inconfundible del conservador de fin de ciclo: correcto, competente, leal, insuficiente. En un país que suele leer su historia como serie de excepciones —los grandes hombres, los grandes crímenes, los grandes discursos—, su caso ofrece la lección contraria. La hegemonía conservadora no se sostuvo por genios ni por villanos, sino por una red de hombres como él: hombres de casa, de armas, de despacho, capaces de firmar tratados con Brasil y de aceptar la designación eclesiástica sin pestañear. Y cuando esa red dejó de funcionar en febrero de 1930, no cayó un régimen por la fuerza de un enemigo: cayó por incapacidad interna de reproducirse. La derrota de Alfredo Vásquez Cobo fue, en ese sentido preciso, la derrota de una manera de gobernar Colombia. Nada más, y nada menos.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

40 documentos · 49 fragmentos
01Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 1811 cita
[1]

como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…

p. 181
02Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Página 1061 cita
[2]

La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

p. 106
03La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1381 cita
[3]

fluencia política. Los conservadores también mantienen sus sociedades. A través de tales personeros, o por conducto de parientes en el ejército y en los partidos, los aristócratas del dinero en ambos partidos alcanzan a manipular a su arbitrio la maquinaria del Estado. Llegan a transmitirse los cargos directivos de la…

p. 138
04El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Páginas 82, 1162 citas
[4]

Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…

p. 82
[5]

cliente- la. También eran intermediarios financieros de los bancos bogotanos, concesionarios de fe- rrocarriles, de tierras baldías, exportadores de oro, especuladores de terrenos urbanos y rematantes de rentas de aguardiente en varios departamentos. En el decenio de 1880 los Ospina se asocian con los Vásquez, una…

p. 116
0530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1411 cita
[6]

que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…

p. 141
06Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2751 cita
[7]

de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2411 cita
[8]

de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…

p. 241
08Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1141 cita
[9]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
09Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 5681 cita
[10]

varios ensayos periodísticos, el señor Núñez advir- tió que la Regeneración era un movimiento que tendía hacia la racionalización del Estado y la vida política: «Si mal no comprendemos y apreciamos la situación, es la ver- dad que estamos saliendo de la época de la imaginación para 569 Eíndnice r ístasóe ld te…

p. 568
10Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1151 cita
[11]

no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

p. 115
11¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 681 cita
[12]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
12De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 47, 802 citas
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o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una completa exclusión de…

p. 47
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de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948, cuando la Iglesia Católica se…

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13De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 47, 802 citas
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los casos de México o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una…

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reflejaba la rápida caída de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948,…

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14Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 311 cita
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públicas a partir de 1886." Capítulo 1 31 Vista panorámica de Bogotá en 1895. con las fábricas de Tívoli y Fenicia (envases de vidrio) en primer plano. El primer decenio de la Regeneración comportó una reactivación económica. bio y de la decadencia económica ge- neral que se había iniciado a mediados de los años…

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15Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · Página 451 cita
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Mira. La boca de la quebrada Pipala. El origen principal del rio Carchi, Alumbre 0 Jativa. La boca de la quebrada El Morro. El cerro La Quinta. El cerro Troya. El origen de la quebrada Pun. La boca de la quebrada La Industria. La cumbre del cerro de Pax. EI meridiano de la boca del tio Cuhimbé. Longitud aproximada en…

p. 45
16Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · Página 661 cita
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feopolític»—i Lo desconocido del territorio, así como las dificultades de los transportes para llegar -a sitios que en las cartas geográfi- cas habían sido marcados de manera irregular y muchas veces antojadiza, la ejecución del trazado se fue demorando hasta el momento de la independencia de los países americanos en…

p. 66
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1861 cita
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del Estado en la econo- mía y en los antiguos estados soberanos, los cuales en 1904 fueron completamente subyugados para evitar que se formaran, en Antioquia, Santander y Cauca, fuertes centros de presión regionalista que alimentaran brotes separatistas, como el que con- cluyó con la separación de Panamá. Más…

p. 186
18Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · Página 1851 cita
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Taft Secretarial Notes, 15 August 1907, series 10, reel 604, ibid.; Taft to Root, 15 August 1907, series 8, reel 491, ibid.; Taft to Root, 17 August 1907, ibid. (includes text of the protocol); Root to Taft, 16 August 1907, series 3, reel 69, ibid.; Taft to Root, 17 August 1907, series 10, reel 604, ibid.; Taft to…

p. 185
19Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · Páginas 155, 1592 citas
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construction projects, the Reyes’ administration proposed a comprehensive, system- atic and institutionalized approach towards the “regenerative mission” of the military to tackle the problem of how to discipline the military and make them obedient to the civil authority. More professionalization—and a better one—was…

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Conserva- tive parties: he also named one of the main leaders of the Liberal party at that time, General Rafael Uribe Uribe, for the position of plenipotentiary Ambassador for South America. These measures were said to aim at reinforcing the technical and down- playing the political as the privileged criterion for the…

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20Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Páginas 45, 782 citas
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oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…

p. 78
[25]

finalmente, el 23 de octubre de 1911 se llegó a un acuerdo diplomático para que los peruanos se retiraran del territorio colombiano. En evidencia quedó entonces la inoperancia de la dirigencia civil colom- biana y las protuberantes fallas de la segunda misión –precisamente en lo que se suponía era experta: la defensa…

p. 45
21Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 191 cita
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de su indumentaria, cualquier indicación de cómo pensaron y cómo sintieron. Y hay que releer todas las memorias, y leer los nuevos fondos que recientemente han sido donados al Archivo General de la Nación, como las treinta mil hojas de vida con las que los veteranos de la guerra, liberales y conservadores, apoyaban…

p. 19
22Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 11 cita
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ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…

p. 1
23Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3161 cita
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nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…

p. 316
24Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Páginas 180, 4522 citas
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decade Conservatives had no reason to believe that their long dominance of national affairs was near its end. A series of meetings in 1925 resulted in the achieving of Marco Fidel Suárez’s dream of a unified party along largely Nationalist lines, and in early 1926 the party was given its candidates for the coming two…

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has a full account of these negotiations. 107. Carlos Restrepo, Orientación republicana, 2:81, 84, 85–92. 108. Lozano, Ensayos críticos, 360. 109. Tovar Zambrano, “Economía colombiana,” 5:46–47. 110. Vega, Federación, 121–29. 4. The Bourgeois Republic 1. Helguera, “Ospinas”; Restrepo Posada, “Estudios Genealogicos.”…

p. 452
25El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 442 citas
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de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…

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de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…

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26Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 581 cita
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escogiera, en la que no figuraba el poeta Guillermo Valencia, porque decían que era “masón”. Antes de tomar la resolución, el prelado se puso en oración con todo el fervor de su alma y le pidió a Dios que le mandara la muerte si cometía error. Como no murió, dio su veredicto: Alfredo Vásquez Cobo, tal como lo había…

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27Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 501 cita
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la sociedad (trabajadores asalariados principalmente, pero también campesinos e indígenas y sectores medios urbanos), el conservatismo perdió terreno político para las cruciales elecciones de 1930. La división en dos candidaturas y el errático comportamiento de la Iglesia --cuyos jerarcas vacilaron en apoyar a uno u…

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28Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 1321 cita
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on the vulnerability of the Colombian labor movement to ruling-class initiatives during the resurgence and reorganization of world capitalism in the wake of the Second World War. The fourth reflects on the relationship of this whole social process to the phenomenon of the Violence. The Advent of the Liberal Republic…

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29Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1301 cita
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Hasta los últimos meses de 1929 la pregunta parecía superflua. Sin embargo había síntomas ominosos. La di vis ión de la casa azul se ramificaba hacia la Iglesia. Si todos los párrocos y todos los purpurados luchaban por el alma de la nación, muchos también querían sus votos. Pero, ¿votar por quién? Pasado el pro- ceso…

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30Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2101 cita
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de Valencia y 213.417 del tercero. Se concretaba de tal forma la pretensión de Alfonso López, indicada ya, y se configuraba un hecho de profunda significación histórica: el desplazamiento del conservatismo, luego de 45 años de dirigir los destinos de la República. De nuevo, la división del partido gobernante se con-…

p. 210
31Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 671 cita
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poder de los liberales, el movimiento obrero colombiano obtuvo_ la pro.tección que requería para surgir como una fuerza política Y econormca 1m portante en el país. Durante la década anterior a 1930 no surgió un movimiento obrero fuerte, pero las batallas libradas por las clases trabajadoras en ese período ayudaron a…

p. 67
32Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 1231 cita
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Bogota, procla- maron, por intermedio de los doctores Enrique Ca- ballero Escobar, Gabriel Turbay, Eduardo Santos y Alfonso Lépez, la candidatura del doctor Enrique Olaya Herrera. EI domingo 9 de febrero de 1930 se celebraron las elecciones. El doctor Olaya Herrera obtuvo 369.762 votos, Guillermo Valencia 240.833 y el…

p. 123
33Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 4151 cita
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dividió por causa del doble desafio a su hegemonía política, y las elecciones de 1930 fueron ganadas por una coaliciónbipar tidista dominada pOr los liberales y dirigida por los principales arquitec tos del orden institucional establecido en 1910. La plataforma del Partido Liberal victorioso proclamaba "puertas…

p. 415
34Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1231 cita
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no se iniciase tna investigación respecto de Los erí- menes cometidos y mientras nose ex pidiera una ler electoral. El afán de colaboración enarbolado poros “civi listas”, según Gerardo Molina, escon- día el deseo de codirigir el desarrollo económico al que asistía el país, forta- tecido por capitales extranjeros; no…

p. 123
35Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1331 cita
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A further complication was social and labor unrest, in part a renewal or continuation of the artisans' struggle during the previous century for job security and benefits. While Suarez was president, a tailors' demonstration in Bogota against the importation of military uniforms led to several deaths at the hands of…

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36Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1771 cita
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esta elecci ó n (un candidato disidente tuvo unos pocos votos), aun que muchos, como los liberales Benjam í n Herrera y Alfonso L ó pez l ’ umarejo y los republicanos Eduardo Santos y Luis Eduardo Nieto t Caballero, apoyaron a un conservador disidente, el poeta Guillermo Valencia. Al terminar la Primera Guerra…

p. 177
37Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 2641 cita
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candidatos a la presidencia e incluso la financiación de periódicos durante las campañas presidenciales. La caída del presidente paria Don Marco Fidel Suárez había sido electo para el período presidencial de 1918-1922. Su oponente, el poeta pa- yanés Guillermo Valencia, había re- cibido el apoyo de los liberales, de…

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38Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1081 cita
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labor con- ditions, foreign enclave ownership of land, control of a specific commodity (in this case, bananas), and the dynamics of a port city, privy to foreign ideas and forces, was Santa Marta on the north coast. There, in 1928, thousands of banana workers, fed up with abusive treatment by foreign management,…

p. 108
39When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 3463 citas
[45]

Tercer Mundo, 1976. ___. Uisheda. Bogota: Imprenta Canal Ramirez, 1969. Vasquez Cobo Carrizosa, Camilo, ed. El Frente Nacional, su origen y desarrollo. Memorias de Camilo Vasquez Cobo Carrizosa. Cali: CaIVajal y Cia., 1969. Velasco, Hugo A. Biografla de una tempestad. Bogota: Editorial ARGRA J 1950. ___. Mariano…

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Tercer Mundo, 1976. ___. Uisheda. Bogota: Imprenta Canal Ramirez, 1969. Vasquez Cobo Carrizosa, Camilo, ed. El Frente Nacional, su origen y desarrollo. Memorias de Camilo Vasquez Cobo Carrizosa. Cali: CaIVajal y Cia., 1969. Velasco, Hugo A. Biografla de una tempestad. Bogota: Editorial ARGRA J 1950. ___. Mariano…

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Tercer Mundo, 1976. ___. Uisheda. Bogota: Imprenta Canal Ramirez, 1969. Vasquez Cobo Carrizosa, Camilo, ed. El Frente Nacional, su origen y desarrollo. Memorias de Camilo Vasquez Cobo Carrizosa. Cali: CaIVajal y Cia., 1969. Velasco, Hugo A. Biografla de una tempestad. Bogota: Editorial ARGRA J 1950. ___. Mariano…

p. 346
40Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 341 cita
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Palacios, Between Legitimacy, 65. 17. Colombia a su alcance, 725. 18. Abel, Política, 62. 19. Henderson, Modernization in Colombia, 102–3. 20. Palacios, Between Legitimacy, 66-67; Colombia a su alcance, 725. 21. Restrepo cited by Ocampo López, História básica de Colombia, 272–3. 22. Colombia a la alcance, 725. 23.…

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