Leticia
“Leticia nació como puesto peruano en la selva amazónica y se convirtió en ciudad colombiana no por colonización espontánea sino por la presión combinada de la diplomacia y la guerra: el Tratado Lozano-Salomón de 1922 la incorporó al mapa colombiano…”
En el extremo sur de Colombia, allí donde el mapa se estrecha en una cuña y toca al fin el gran río, está Leticia: capital del departamento del Amazonas, único puerto colombiano sobre el río Amazonas y la única ciudad del país que se asoma, al mismo tiempo, a Brasil y a Perú. No hay carretera que la una con el interior; se llega por avión o por agua. Es una ciudad pequeña —de origen peruano, arrancada por la diplomacia a un vecino y defendida a contrarreloj en una guerra improvisada— cuya existencia como localidad colombiana se debe menos a la colonización orgánica que a una cadena de tratados y a un nacionalismo de emergencia. Y sin embargo, bajo la frágil piel jurídica que la hizo colombiana, late una vida ribereña densa: canoas cargadas de pescado y plátano al amanecer, tres monedas circulando en el mismo mercado, lenguas tikuna y witoto entretejidas con el español y el portugués, y una selva que empieza en la última calle. Leticia es, a la vez, un accidente de la geopolítica y una encrucijada indígena y fluvial que precede y desborda a los tratados que la nombraron colombiana.
Un puerto en el Trapecio
Leticia se ubica sobre la orilla izquierda del río Amazonas, en el vértice del llamado Trapecio Amazónico, esa cuña meridional que Colombia proyecta entre Brasil y Perú para alcanzar el gran río. El departamento del Amazonas, del que es capital, tiene una superficie de 109.665 kilómetros cuadrados: casi una décima parte del territorio colombiano y, sin embargo, uno de los rincones más despoblados y menos integrados a la nación. La ciudad linda al oriente con Tabatinga, en Brasil, con la que forma prácticamente un mismo continuo urbano cruzado por una frontera invisible; y frente a su malecón, sobre el propio Amazonas, se levanta la isla de Santa Rosa, en jurisdicción peruana. En pocos kilómetros conviven tres soberanías, tres monedas, tres códigos y dos idiomas oficiales.
El paisaje que la envuelve es el de la selva húmeda ecuatorial pluriestratificada, con suelos mal drenados y lluvias que oscilan entre los 3.000 y los 4.000 milímetros anuales sobre el conjunto del Trapecio. En el vecino Parque Nacional Natural Amacayacu, que pertenece al municipio de Leticia, se registran 2.836 milímetros anuales y una temperatura media de 26,4 grados; octubre es el mes más lluvioso y julio el más seco. La geografía se divide en tres unidades reconocibles: la selva alta sobre suelos frágiles, las extensas llanuras de inundación —várzeas fertilizadas cada año por el limo que los ríos arrastran desde los Andes— y las serranías bajas de forma tabular, con escarpes abruptos, avanzada meridional del Escudo Guayanés.
El río marca el ritmo de todo. A la altura de Leticia, a unos 3.200 kilómetros de su desembocadura en el Atlántico, el Amazonas alcanza cerca de 1.600 metros de ancho, y crece y baja marcadamente con las estaciones, impulsado por lluvias que caen muy lejos, en los Andes peruanos, ecuatorianos y colombianos. En temporada alta, la planicie amazónica se convierte en un verdadero mar de agua dulce; en junio, las canoas cargadas de pescado, yuca, frutas silvestres y plátanos formaban un mercado flotante que pasaba de la orilla a tierra firme según el nivel del agua. A esa lógica fluvial se suma, ocasionalmente, un fenómeno insólito: el friaje, masas de aire frío subtropical que penetran desde el sur durante el invierno antártico y hacen descender la temperatura hasta 15 o 18 grados en plena selva ecuatorial, un recordatorio de que la Amazonía colombiana está conectada, por vías atmosféricas, con la Patagonia.
Fundación peruana y herencia colonial
El nombre de Leticia y su fundación misma delatan que la ciudad no nació colombiana. Fue establecida en el siglo XIX como puesto peruano sobre el Amazonas, en un momento en que las fronteras entre las jóvenes repúblicas suramericanas eran todavía líneas trazadas sobre mapas apenas explorados. Detrás de esa indefinición había un largo problema colonial. La cédula real de San Ildefonso de 1739 había restablecido el Virreinato de la Nueva Granada, anexándole territorios adicionales; sobre esos títulos coloniales se apoyarían, un siglo y medio después, las reclamaciones colombianas en la Amazonía. Cuando en 1821 se conformó la Gran Colombia, el territorio del actual departamento del Amazonas quedó incluido en los departamentos del Azuay y de Boyacá, y se entendía que la nueva república se extendía —al menos sobre el papel— desde el alto Amazonas hasta el norte de Veraguas, en el istmo centroamericano.
La disolución de la Gran Colombia en 1830-1831 dejó a la selva austral en un limbo administrativo. El territorio pasó por sucesivas dependencias: primero como parte del territorio nacional del Caquetá; luego, en 1857, integrado a uno de los estados federales del régimen radical; y desde 1886, con la Regeneración, adscrito al departamento del Cauca, cuya capital, Popayán, estaba a miles de kilómetros de cualquier orilla del Amazonas. Fue una pertenencia nominal: Bogotá y las capitales regionales miraban hacia los Andes y las costas, y la selva quedaba librada a las misiones religiosas, a los caucheros y, sobre todo, a la iniciativa peruana y brasileña que avanzaba por los ríos.
Sobre ese vacío se fundó Leticia. Nacida como puesto peruano, la aldea creció al ritmo del auge cauchero de finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando el látex silvestre convirtió la cuenca amazónica en una de las regiones económicamente más febriles del mundo. Alrededor había caucheros, comerciantes, misiones capuchinas y comunidades indígenas —witotos, boras, muinanes, andoques, mirañas, tikuna— sometidas por los patrones a un régimen de endeudamiento y violencia. Los indígenas producían fariña de yuca brava para su subsistencia, pero debían venderla a los comerciantes vinculados a las casas caucheras a cambio de monedas, en un ciclo de especulación y esclavizamiento económico imposible de romper para quienes quedaban atrapados en él. La Peruvian Amazon Company, del cauchero Julio César Arana, ejerció durante años un dominio brutal sobre la región del Putumayo, y sus intereses proyectaban una sombra larga sobre cualquier discusión de fronteras.
La cuestión de límites y el tratado de 1922
Durante el primer cuarto del siglo XX, Colombia, Perú, Brasil y Ecuador libraron una guerra de tinta y mapas por la propiedad de esos territorios remotos. Colombia reivindicaba, apoyándose en los títulos del antiguo Virreinato, una extensión mucho mayor que la que finalmente conservaría. El tratado Vázquez Cobo-Martins, firmado con Brasil en 1907, adoptó como límite la línea propuesta en 1869 por el plenipotenciario brasileño Nascentes de Azambuja, la llamada línea Apaporis-Tabatinga, y con ello Colombia cedió inmensos territorios respecto de sus pretensiones coloniales. Un tratado previo con el Perú, el de Guayaquil de 1829, había hecho referencia a esa misma línea, pero nunca alcanzó plena vigencia.
La pieza decisiva llegó el 24 de marzo de 1922, con la firma del Tratado Lozano-Salomón entre Colombia y Perú. El texto puso fin a un litigio de casi un siglo: Colombia cedió las extensas zonas comprendidas entre los ríos Putumayo y Napo, pero conservó, como compensación, un acceso al río Amazonas —el Trapecio Amazónico— con Leticia como puerto principal. La negociación no fue puramente bilateral. Contó con el apoyo diplomático de Estados Unidos y del Vaticano, y en la percepción peruana fue vista como una imposición: se creía que Colombia no tenía título legítimo sobre lo cedido y que Washington había presionado al presidente Augusto B. Leguía para compensar a Colombia por la separación de Panamá en 1903. Esa lectura tenía nombre propio en la política peruana: Julio César Arana, entonces senador y con intereses caucheros directos en el territorio disputado, lideró la oposición al tratado.
El acuerdo también tuvo un costo regional. Ecuador, que reclamaba tierras sobre las que Colombia ahora reconocía soberanía peruana, rompió relaciones diplomáticas con Bogotá en 1925: consideraba que el Lozano-Salomón violaba un tratado colombo-ecuatoriano de 1916 y lo dejaba, además, con una frontera directa con su enemigo Perú, en vez de con Colombia. La ratificación del tratado tardó años; en Perú, la impopularidad fue tan honda que arrastró consigo la política interna, y sobre ese resentimiento cabalgaría luego el nacionalismo que hizo estallar la crisis de 1932.
La guerra de 1932-1934
El 1º de septiembre de 1932, un grupo de aproximadamente 250 peruanos —civiles armados, muchos de ellos loretanos vinculados a los intereses caucheros y comerciales del alto Amazonas— ocupó Leticia, izó la bandera peruana y desconoció de hecho el tratado Lozano-Salomón. La operación no fue una decisión formal del gobierno de Lima, pero el clima populista y nacionalista del régimen de Luis Sánchez Cerro la toleró, la alentó y, con el correr de las semanas, terminó respaldándola. Colombia no estaba preparada. Su fuerza aérea contaba con aviones de escuela viejos, el ejército era pequeño y disperso, y años de indiferencia política habían dejado a las fronteras australes prácticamente sin presencia estatal.
La respuesta política, sin embargo, fue rápida. El presidente Enrique Olaya Herrera, que ya venía impulsando una política de integración territorial y había creado la Intendencia del Amazonas en 1931, convirtió la afrenta de Leticia en una causa nacional. El país entero, atravesado por el bipartidismo, se unió en un raro consenso patriótico. Se abrieron suscripciones públicas para financiar la guerra, se compraron barcos y aviones en el exterior y el gobierno organizó a marchas forzadas una fuerza expedicionaria que debía remontar los ríos amazónicos para recuperar el territorio ocupado.
El teatro de operaciones era imposible. Los combates se libraron a lo largo del Putumayo, en cañoneras que remontaban afluentes desconocidos, con aeronaves que aterrizaban sobre pistas rudimentarias abiertas a machete en medio de la selva. El uso masivo de la aviación fue tal que crónicas de la época llegaron a calificar al conflicto como la primera guerra aérea de la historia —hipérbole reveladora del papel que los aviones tuvieron en el transporte de tropas, armamento y heridos entre puntos que ningún camino podía unir. El 26 de marzo de 1933, las fuerzas colombianas tomaron el fuerte peruano de Güepí, en el Putumayo, en una acción combinada de infantería, aviación y las cañoneras Cartagena y Santa Marta. Fue el hecho de armas más notorio de la campaña.
La mediación brasileña, aunque bienintencionada, encontró serios obstáculos: Perú proponía que Leticia quedara temporalmente en manos brasileñas mientras se revisaba el Lozano-Salomón, y que, si en sesenta días no había acuerdo, Brasil la devolviera al Perú. Colombia no podía aceptar semejante fórmula, que equivalía a poner en duda un tratado ya ratificado. La muerte de Sánchez Cerro, asesinado en abril de 1933, y el ascenso del general Óscar Benavides a la presidencia peruana cambiaron el tono. Benavides, más pragmático y con vínculos personales con Olaya Herrera, buscó una salida. El 25 de junio de 1933, las fuerzas peruanas se retiraron de Leticia, que quedó bajo administración de una comisión de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de ese año se firmó el armisticio, y las negociaciones diplomáticas culminaron con el Protocolo de Río de Janeiro del 24 de mayo de 1934, que devolvió plena soberanía colombiana sobre Leticia y el Trapecio.
La guerra fue corta y, en términos militares, modesta, pero sus efectos sobre Colombia fueron profundos. Avivó el nacionalismo, obligó al Estado a mirar hacia sus periferias y marcó el fin de una tradición de abandono. Los gobiernos de Olaya Herrera y, después, de Alfonso López Pumarejo impulsaron reformas administrativas, subsidios y políticas de colonización orientadas a extender el control efectivo sobre los territorios remotos. En términos militares y logísticos, la crisis consolidó la aviación como herramienta estratégica del Estado colombiano; en términos simbólicos, hizo de Leticia —un puerto lejanísimo que la mayoría de los colombianos no habría podido situar en un mapa— el emblema de una soberanía redescubierta.
La ciudad después de la guerra
Recuperada Leticia, la pregunta que quedaba era qué hacer con ella. La ciudad seguía siendo minúscula, aislada, dependiente del río y de las escasas embarcaciones que la conectaban con Iquitos, Manaos y —en el mejor de los casos— con el interior colombiano por vías indirectas. A mediados del siglo XX, en la época que retratan los primeros misioneros protestantes llegados a la región, Leticia carecía de teléfonos, contaba con muy pocos radios y su planta de energía eléctrica —cuando funcionaba— alumbraba apenas entre las seis y las diez de la noche. La comunidad se organizaba en torno al río: pescadores, comerciantes, misiones capuchinas, algunas familias colombianas trasladadas para poblar el enclave, y una población flotante que iba y venía entre las tres orillas.
El tejido social tenía sus tensiones. La misión católica capuchina, encabezada durante años por figuras como el padre Luis, había ejercido un monopolio religioso sobre la ciudad y su hinterland. Cuando en noviembre de 1944 llegaron los misioneros protestantes Orville y Helen Floden, ese monopolio se cuarteó. El padre Luis, curtido en años de trato con la debilidad humana en el trópico, veía con paciencia lo que los Floden, más dogmáticos, desaprobaban sin matices. Esa pequeña guerra teológica en el confín amazónico era, en escala local, el mismo enfrentamiento que atravesaba a la Colombia de mediados de siglo entre una hegemonía católica y las nuevas confesiones protestantes que empezaban a extenderse por el país.
Más profundo, y más antiguo, era el problema de la relación con los pueblos indígenas. La región amazónica colombiana albergaba —y alberga— una población indígena numerosa y diversa: witotos, boras, muinanes, andoques, mirañas, tikuna, tukanos y otros grupos, hablantes de familias lingüísticas tan distintas como la tukano, la witoto y la arawak. La economía cauchera los había endeudado y esclavizado; las misiones les habían impuesto una escolarización castellanizadora; los tratados internacionales habían trazado fronteras sobre sus territorios ancestrales sin consultarlos. En el mercado de Leticia, donde en junio se juntaban las canoas cargadas de fariña y pescado, indígenas y colonos negociaban en un intercambio desigual que reproducía, en versiones más suaves pero persistentes, la lógica extractiva del auge cauchero.
La aviación y la costura con el país
Sin carreteras, la Amazonía colombiana solo podía integrarse por aire. La lección de la guerra fue asimilada durante décadas y se tradujo en política pública. El 12 de abril de 1962, bajo el gobierno de Alberto Lleras Camargo, el Decreto 940 creó el Servicio Aéreo a Territorios Nacionales, SATENA, como aerolínea estatal destinada a conectar las regiones subdesarrolladas del país. Sus primeras rutas fueron precisamente entre Bogotá y Leticia. En 1966, el jefe del Departamento Administrativo de los Territorios Nacionales, Fidel Cano Jaramillo, afirmaría sin exageración que sin los vuelos de SATENA las intendencias y comisarías —Amazonas entre ellas— habrían quedado totalmente aisladas del centro del país.
La aviación fue, así, la infraestructura fundamental de la soberanía. Lo que la geografía negaba —una carretera, un ferrocarril, un canal navegable hasta el Magdalena— lo suplían las pistas de aterrizaje. El aeropuerto Alfredo Vásquez Cobo de Leticia, nombrado en honor al negociador del tratado limítrofe con Brasil, se convirtió en el auténtico centro de la ciudad: por allí entraban funcionarios, misioneros, mercancías, turistas y, más tarde, cargamentos que no aparecían en ningún manifiesto oficial. La perspectiva de sus habitantes se organizó en torno a esa dependencia: Leticia miraba a Bogotá por el aire y a sus vecinos, Tabatinga y Santa Rosa, por el agua.
Administrativamente, la ciudad también fue ganando peso. La Comisaría del Amazonas, creada en 1928, se convirtió en Intendencia hacia 1930-1931 tras la reorganización de los territorios nacionales dispuesta por la Ley 10 del 8 de octubre de 1930. Sesenta años después, la Constitución Política de 1991 elevó al Amazonas a la categoría de departamento, con Leticia como capital. El nuevo estatus vino acompañado de una particularidad: en los departamentos de Amazonas, Guainía y Vaupés se crearon las llamadas áreas no municipalizadas, figura atípica que reconocía que vastas extensiones habitadas mayoritariamente por pueblos indígenas no alcanzaban la densidad poblacional exigida para constituir municipios. Hoy, el Amazonas cuenta con apenas dos municipios —Leticia y Puerto Nariño—, nueve corregimientos y seis inspecciones de policía. El mapa administrativo es un reconocimiento tácito de que el Estado colombiano nunca terminó de cuadricular su selva.
Cocaína, río y frontera porosa
A partir de los años setenta, Leticia adquirió otra centralidad, esta vez subterránea. Según el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, la pasta de cocaína comenzó a transportarse a través de Leticia en 1971; para 1973 ya se contrabandeaban anualmente más de mil kilos por el puerto amazónico. La ruta era lógica: Perú y Bolivia producían la pasta, la selva ofrecía cobertura, los tres países se encontraban en un mismo punto y desde Leticia el producto podía viajar por aire o río hacia Antioquia, y de allí a México y a Estados Unidos. La ciudad, que durante décadas había existido al margen del ciclo económico nacional, quedó insertada de golpe en un circuito global de tráfico que la conectaba con lugares insospechados.
La colonización histórica del Amazonas —ligada al caucho, a la quina, a las bonanzas breves y a la extracción sin arraigo— había preparado un terreno propicio. Poblaciones flotantes, débil presencia estatal, fronteras porosas, una vieja tradición de comercio no registrado a través de los ríos, comunidades desplazadas de otras regiones del país en busca de sustento: todos los ingredientes estructurales del enclave extractivo estaban en su sitio cuando llegó la cocaína. Leticia se convirtió, sin dejar de ser puerto legítimo, en nodo de una red ilegal que aprovechaba las mismas rutas fluviales por las que circulaban la fariña y el pescado. Perú, viejo adversario de 1932, pasó a ser proveedor. Y la triple frontera —Colombia, Brasil, Perú—, con sus jurisdicciones fragmentadas y sus policías incapaces de coordinarse, resultó ser el paraíso jurisdiccional de los intermediarios.
Ese doble estatus, de ciudad y de nudo ilícito, ha pesado sobre Leticia hasta el presente. La ciudad ha vivido bonanzas discretas y crisis silenciosas, oleadas de recursos que se disipan sin dejar infraestructura, y una convivencia difícil con actores armados que aparecen y desaparecen entre las orillas. Ninguna de esas dinámicas es exclusiva de Leticia, pero pocas ciudades colombianas condensan con tanta claridad la relación entre marginalidad estructural, frontera internacional y economías ilegales.
Encrucijada indígena, encrucijada geopolítica
La historia contemporánea de Leticia se juega en dos planos simultáneos que la Constitución de 1991 dejó abiertos y que siguen sin cerrarse. Uno es el de los pueblos indígenas. La Carta reconoció y protegió la diversidad étnica de la nación y concibió las Entidades Territoriales Indígenas para garantizar autonomía territorial y presupuestal a los pueblos amazónicos y a los demás grupos originarios. Treinta años después, esas entidades siguen sin implementarse plenamente. Las áreas no municipalizadas —esa figura sui generis que gobierna la mayor parte del territorio del Amazonas— son un reconocimiento a medias: aceptan que la lógica municipal no aplica, pero no la reemplazan por una autonomía indígena real. La mirada dominante sobre los pueblos amazónicos, heredada del siglo XIX, sigue tendiendo a desvalorizar sus lenguas como dialectos, sus saberes médicos como supersticiones, sus prácticas religiosas como ritos y sus expresiones estéticas como artesanías. La brecha entre la Constitución y la administración cotidiana pasa por las oficinas de Leticia.
El otro plano es el internacional. En 2019, con la Amazonía envuelta en incendios que atrajeron la mirada del mundo y en pleno debate sobre el papel de la selva frente al cambio climático, se firmó en la ciudad el Pacto de Leticia por la Amazonía, un instrumento regional que suscribieron los países amazónicos para coordinar políticas de conservación. No era el primer intento: en 1978 se había firmado el Tratado de Cooperación Amazónica, del que nacería más tarde la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Pero el Pacto de 2019 tuvo un valor simbólico añadido: llevó el nombre de la ciudad, la hizo capital diplomática momentánea de la cuenca entera y confirmó una idea que la CEPAL había subrayado en 2013 —la de la Amazonía como región geopolítica de primer orden, en la que se juegan asuntos de soberanía, biodiversidad, clima y seguridad global.
Ese destino —ser capital simbólica de una región que la excede— es, seguramente, la identidad más consistente que Leticia haya tenido nunca. Su población es pequeña. Su economía es modesta. Su historia política nacional se resume en un tratado, una guerra y una elevación administrativa. Y sin embargo, cuando el mundo mira a la Amazonía, mira, entre otros puntos, a Leticia: porque allí el gran río deja de ser una idea y se vuelve orilla, muelle, mercado, aduana. Porque allí conviven, sin fundirse, tres estados nacionales y decenas de pueblos indígenas. Porque allí se puede tocar el hecho, esquivo en otras partes, de que la selva es también una geografía humana.
Una colombianidad excepcional
Leticia es, en el sentido más literal, una ciudad hecha por la diplomacia. Fundada peruana, integrada por tratado, defendida por guerra, administrada primero desde comisarías coloniales y luego por decretos y constituciones, su pertenencia a Colombia descansa sobre una arquitectura jurídica más que sobre una colonización orgánica. Nada en la geografía —el río corre hacia Brasil, el clima pertenece a la cuenca, las lenguas indígenas cruzan las fronteras sin pedir permiso— la vincula naturalmente al país andino que la reclama. Es una colombianidad excepcional, elegida en Ginebra, en Río de Janeiro y en Washington antes que construida a machete y a hacha.
Y sin embargo, esa condición jurídica frágil coexiste con una vida social densa que precede y desborda a los tratados. Los pescadores que salen antes del amanecer, las familias que cruzan a diario el límite invisible con Tabatinga para comprar más barato, los tikuna que sostienen sus lenguas contra siglos de castellanización, los pilotos de SATENA que aún hoy son el único puente con Bogotá, los estudiantes que se forman en la universidad frente al Amazonas: todos ellos son la respuesta cotidiana a la fragilidad de origen. Leticia existe porque, además de haber sido negociada, ha sido habitada.
Esa tensión —entre el accidente diplomático y la comunidad viva, entre la soberanía formal y la porosidad real, entre la mirada de Bogotá y la de las tres orillas— es el nervio de su historia. Ninguna ficha catastral la captura. Ninguna narrativa nacional la incorpora sin fisuras. Leticia sigue siendo, un siglo después del tratado que la hizo colombiana, la excepción productiva del mapa: el lugar donde el país reconoce, casi a su pesar, que su unidad es siempre un trabajo, una negociación, una costura sobre el río.
El territorio en el archivo
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Documentos y fragmentos citados
29 documentos · 44 fragmentos01Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 12, 2792 citas
[1]bota 0 trapecio ama Al conformarse la Gran Colombia (1821-1830), el territorio del actual de- partamento del Amazonas form parte de los departamentos del Azuay (que se extendia ademas por todos los territorios anexados posteriormente por el Pert al ntre 1831 y If nacional del Caqueta; en 1857 formo parte del estado…
p. 12
[4]de Recursos Biolégicos Alexander von Humboldt. Ta- Entrada al Parque N Natural Am indigena y la Parque Nacional Natural Amacayacu Declaratoria Resolucién ejecutiva 283, octubre de 1975 zon (i Idos Tat du I t iu hrea 265.861 hectareas ge ac A mn Ubicacién Municipio de Leticia (Amazonas) Poblaciones mas __Leticia,…
p. 279
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 17, 404 citas
[2]de la llanura Amazónica sudamericana. Esta zona bá- sicamente presenta tres unidades de paisaje domi- nantes: la selva húmeda ecuatorial pluriestratifi- cada localizada en suelos mal drenados y no aptos para agricultura, donde la precipitación presenta valores entre los 3.000 y 4.000 mm anuales. La segunda unidad de…
p. 40
[3]de la llanura Amazónica sudamericana. Esta zona bá- sicamente presenta tres unidades de paisaje domi- nantes: la selva húmeda ecuatorial pluriestratifi- cada localizada en suelos mal drenados y no aptos para agricultura, donde la precipitación presenta valores entre los 3.000 y 4.000 mm anuales. La segunda unidad de…
p. 40
[8]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
[9]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
03El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 633, 6542 citas
[5]estaba funcionando la planta de energía, como a veces sucedía, había luz todas las noches entre las seis y las diez, justo la suficiente para encender los bombillos del asta de la bandera frente a la modesta oficina de madera del comisario. No había teléfo- nos, y sólo unos pocos radios. La noche, en general, todavía…
p. 633
[32]la comunidad, con todas las 655 Eí ndi implicaciones sociales que aquello implicaba. Le corres- pondió, por ejemplo, mediar en la creciente batalla entre los dos brazos de la fe cristiana presentes ahora en el pueblo. Durante casi un año, desde que llegaron en noviembre de 1944, la pareja de misioneros protestantes…
p. 654
04Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 40, 1442 citas
[6]enero y junio y hacia el sur entre julio y diciembre, se caracteriza por un alto contenido de vapor de agua, que casi alcanza los niveles de saturacién, y una temperatura superficial mas 0 menos constante, Un cao en la Pai 143 Rio Iscuandé, en Narifio. Acuarela d Dositeo Can januel al, 1856. con variaciones que no…
p. 144
[44]se muestran en el mapa de la siguiente pagina. En total, Colombia limita con 11 paises (4 suramericanos, 4 centroamericanos y 3 del Caribe). La frontera terrestre la comparte con 5 pai- ses (Venezuela, Brasil, Peru, Ecuador y Panama); y la maritima, con 9 (Venezuela, Haiti, Republica Do- minicana, Jamaica, Islas…
p. 40
05Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 2241 cita
[7]en la trampa que impone la exuberante cubierta vegetal de la selva. A su juicio, ninguna civilización podría haber florecido en esas tierras: la selva, monótona y rica en alimentos fáciles de conseguir, no estimulaba la creatividad ni la necesidad de trabajar duro. La selva amazónica no es homogénea, y debajo de ese…
p. 224
06Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11, 20, 95, 1064 citas
[10]of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…
p. 20
[11]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
[27]EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:25 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos Orientales 96 agricultural and pastoral development and the economic and social progress of…
p. 95
[28]Llanos by air and river. Since they were first introduced in 1919, airplanes had served as reliable alternatives to nonexistent roads for transportation to and from the Llanos. By the 1960s hundreds of air- strips were scattered throughout the region. Suitable for small planes, they were used by local airline…
p. 106
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 921 cita
[12]pluricultural: «El Estado reconoce y protege la diversidad étnica de la nación colom- biana» 219. También dispuso la creación de los departamentos, distritos y municipios, estos últimos definidos como la «entidad fundamental de la división político-admi- nistrativa del Estado» 220. Respecto de los territorios…
p. 92
08Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 112, 1142 citas
[13]reconocimien- to que le hizo el Perú sobre la línea Apoporis-Tabatinga como la línea di- visoria entre los dos países. En el año de 1907 se definió parte de la frontera, siguiendo la línea que había sugerido en 1869 el plenipoten- ciario del Brasil Nascentes de Azam- buja. Ello se consagró en un tratado Capítulo 4 113…
p. 114
[17]se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…
p. 112
09Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 781 cita
[14]el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…
p. 78
10Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 621 cita
[15]a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…
p. 62
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 316, 3192 citas
[16]nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…
p. 316
[24]El 18 de fe- brero de 1933 la guarnición colombia- na en la isla de Chavaco había repe- lido un intento peruano de asalto, de- rribando dos hidroaviones de comba- te. El 1.° de marzo se recibió de Bo- gotá la orden de atacar a Güepí, con apoyo de las cañoneras Cartagena y Santa Marta, asignadas al destacamen- to junto…
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12Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 78, 852 citas
[18]oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…
p. 78
[23]reconsiderar el tratado de 1922, en busca de un acuerdo que comprendiera medidas económicas, comerciales y culturales. Haber aceptado la fórmula en mención demostró, primero, que la canci- llería colombiana no contaba con una política exterior, y, segundo, que los negociadores nacionales carecían de los conocimientos…
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13Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 37, 843 citas
[19]On the other hand, the Ecuadorans were furious at what they regarded as a violation of the 1916 treaty agreement. Abruptly "confronted by a 300 mile boundary with their enemy, Peru, instead of the same line with Colombia, a country they had formerly regarded as a friend," they broke off diplomatic relations with Bogot…
p. 37
[22]works, founded the Banco Central Hipotecario, the Caja de Crédito Agrario, and the Instituto de Acción Social. Congress approved protectionist laws concerning the right to unionize, regulation of strikes, retirement, and the civil status of married women. The impact of these important measures, however, was blunted by…
p. 84
[31]Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…
p. 1
14Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 cita
[20]bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…
p. 33
15Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 731 cita
[21]dólar por libra en septiembre de 1929 se bajó a 16 centavos en sólo dos meses. Los peores precios, sin embargo, se darán entre 1932 y 1935, siendo cercanos a los 10 centavos (Informe de Gerencia, p. 177). Ver José A. Ocampo y Santiago Montenegro, Crisis Mundial, Protección e Industrialización, Bogotá: Cerec, 1984,…
p. 73
16Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 cita
[25]ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…
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17The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 171 cita
[26]a t o Apartadó Armenia Florencia Inirida Mitú Mocoa Montería Puerto Carreño San José del Guaviare Sincelejo Yopal Apartadó Armenia Florencia Inírida Mitú Mocoa Montería Puerto Carreño San José del Guaviare Sincelejo Yopal V E N E Z U E L A V E N E Z U E L A Riohacha Map of Colombia Introduction 3 on television or in…
p. 17
18World Right Side Up: Investing Across Six ContinentsChristopher W. Mayer · 2012 · p. 31 cita
[29]of Colombia’s infrastructure. A People of the Mountains What’s funny is that lack of infrastructure se e ms to be part of the historical DNA of Colombia. Its citie s have ofte n be e n re lative ly inacce ssible de stina- tions in history, though aviation has conque re d some of the se challe nge s. I arrive d in…
p. 3
19Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 291 cita
[30]v e l o P m e n t i n C o l o m B i a how this pattern of population density has persisted into the modern era (Safford and Palacios 2002). The regions with greater concentrations of popu- lation are those with either a more temperate climate or with greater access to lands outside Colombia. Therefore, the Andean…
p. 29
20Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 491 cita
[33]se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…
p. 49
21Colombia - Culture Smart!: The Essential Guide to Customs & CultureKate Cathey · 2011 · p. 201 cita
[34]of the country. Many regions of Colombia are so mountainous or so tangled in jungle that they stay untamed. Much of the southern jungle area along the Ecuadorian and Peruvian borders continues to be lawless and controlled by illegal armed groups and narco-tra ckers, a no- go zone for travelers. Many departments, such…
p. 20
22El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 721 cita
[35]Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…
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23En las regiones de Colombia. La Universidad del Rosario piensa el paísJuan Felipe Córdoba Restrepo, Claudia Dulce Romero, Natali Maldonado Pineda · 2021 · p. 71 cita
[36]de aquellos que hoy reconocen la diversidad cultural y son defensores de la «causa indígena». Amazonas, un nido de creencias y supersticiones Desde los albores de la Conquista ha estado presente la mirada curiosa sobre estos extraños pobladores. Crónicas de Indias, descripciones etnográficas, relatos costumbristas o…
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24Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 802 citas
[37]procesarla. Trasportaba luego la cocaína a Antioquia, donde se trasladaba a aviones más grandes que volaban a Matamoros, México, para ser luego ingresada a los Estados Unidos. 49 Según la agencia de seguridad nacio- nal de Colombia, DAS, la pasta de cocaína comenzó a transportarse a través de Leticia en 1971. Para…
p. 80
[38]procesarla. Trasportaba luego la cocaína a Antioquia, donde se trasladaba a aviones más grandes que volaban a Matamoros, México, para ser luego ingresada a los Estados Unidos. 49 Según la agencia de seguridad nacio- nal de Colombia, DAS, la pasta de cocaína comenzó a transportarse a través de Leticia en 1971. Para…
p. 80
25El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[39]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
26El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[40]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
27Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 1161 cita
[41]groups to consolidate power, become preponderant, and forge stable long- term arrangements. They are among the regions where Plan Colombia’s influence on the conflict dynamics was particularly intense. The hos- tility between paramilitaries and insurgents inflicted brutal violence on civilians. As a major coca…
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28Retos para enfrentar el cambio climático en ColombiaGloria Amparo Rodríguez · 2020 · p. 181 cita
[42]reco - nozca la relevancia geopolítica de esta región a nivel nacional e internacional (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2013). 6 Retos para enfrentar el cambio climático en Colombia Atendiendo al papel que desempeña la región amazónica para enfrentar el cambio climático, sumado a los incendios…
p. 18
29Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1371 cita
[43]de las regiones. No se trata además de imponer o llevar una política desde Bogotá sino de reconocer esfuerzos locales y regionales que podrían ser fortalecidos. Desde el punto de vista de la pro- yección en el mediano y largo plazo, se debe partir de una política para la amazonía como región, identificando los actores…
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