Idea · Frente Nacional
Dependencia
Marco analítico que sostiene que la división internacional del trabajo produce riqueza en los países centrales y subdesarrollo en los periféricos; en Colombia funcionó simultáneamente como vocabulario técnico de los gobiernos del Frente Nacional y como instrumento crítico de una generación intelectual de izquierda.
Trayectoria de una idea
- 1948
Fundación de la CEPAL y estructuralismo cepalino
- 1949
Primera misión del Banco Mundial en Colombia
- 1958
Recepción marxista y dependentista en Bogotá durante la dictadura de Rojas Pinilla
- 1960
Creación del grupo de trabajo de sociología crítica en la Universidad Nacional
- 1961
Alianza para el Progreso y Ley 135 de reforma agraria
- 1969
Cristalización del paradigma dependentista en Colombia
- 1973
Aplicación al caso colombiano: Pécaut y Tirado Mejía
- 1975
Crisis del paradigma de la dependencia
La lectura
La dependencia llegó a Colombia no como doctrina importada sino como respuesta a una pregunta que el país se hacía desde décadas atrás: por qué una economía cafetera y tímidamente industrial no lograba cerrar la brecha con los países centrales. El paradigma ofreció dos usos simultáneos y contradictorios: los gobiernos del Frente Nacional lo convirtieron en vocabulario técnico de planeación e intervención estatal, mientras una generación de intelectuales formada en pensiones bogotanas y aulas universitarias lo transformaba en crítica corrosiva del mismo orden que aquellos gobiernos administraban. Su recepción tuvo geografía propia —Bogotá, Medellín, la Universidad Nacional, el CIE de Antioquia— y una temperatura política que en algunos casos, como el de Camilo Torres, acortó en menos de dos años la distancia entre el análisis sociológico y la guerrilla. La crisis del paradigma en los años setenta no fue su derrota sino su transformación: los investigadores que lo habían sostenido recurrieron a la ortodoxia marxista y a nuevas categorías para seguir explicando lo que la dependencia ya no alcanzaba a nombrar, dejando una huella duradera en la historiografía económica colombiana.
La teoría de la dependencia en Colombia
En Colombia, la teoría de la dependencia fue mucho más que una escuela académica. Entre finales de los años cincuenta y mediados de los setenta, ese cuerpo de ideas nacido en la CEPAL y radicalizado por una generación latinoamericana funcionó como diagnóstico intelectual, vocabulario de política pública y coartada de una modernización tutelada desde Washington. En los mismos años en que Raúl Prebisch y Fernando Henrique Cardoso rehacían desde Santiago la manera de pensar el subdesarrollo, en Bogotá los gobiernos bipartidistas del Frente Nacional adoptaban la planeación, la sustitución de importaciones y una reforma agraria de papel, mientras jóvenes intelectuales convertían esas mismas categorías en una crítica corrosiva del orden que aquellos gobiernos administraban. La dependencia fue, en Colombia, diagnóstico y arma, herramienta técnica y bandera de ruptura, y su historia se lee mejor como la de una tensión irresuelta entre estructura y agencia, entre reforma tutelada y programa emancipador.
Qué es la dependencia y por qué pesa
La dependencia no es un partido, ni una fecha, ni una institución: es un marco analítico que sostiene una tesis fuerte. La división internacional del trabajo no distribuye el desarrollo por igual; produce riqueza en los países centrales y subdesarrollo en los periféricos. El mercado mundial no es un ámbito de intercambios entre iguales, sino una arquitectura de centros y periferias ligados por términos de intercambio desiguales y declinantes. Esa idea, formulada primero en clave estructuralista por Prebisch y la Comisión Económica para América Latina desde 1948, fue radicalizada después por autores como André Gunder Frank, Theotonio dos Santos y Celso Furtado, y encontró su formulación más sofisticada en Desarrollo y dependencia en América Latina, el libro con que Cardoso y Enzo Faletto rehicieron el paradigma en 1969.
Para Colombia el marco tuvo un doble filo. Ofrecía un lenguaje para explicar por qué una economía cafetera y tímidamente industrial no lograba cerrar la brecha con los países centrales, y proporcionaba a los gobiernos del Frente Nacional un vocabulario técnico de planeación, industrialización e intervención estatal que legitimaba reformas sin comprometer estructuras. Al mismo tiempo, entregaba a una generación de intelectuales de izquierda un instrumento para denunciar el carácter subordinado de esa modernización y su alineamiento con Estados Unidos en plena Guerra Fría. La dependencia fue, así, simultáneamente ideología reformista de Estado y crítica revolucionaria del Estado.
Los orígenes: del estructuralismo cepalino a la formulación dependentista
El árbol tiene su raíz en el estructuralismo cepalino. En los años cuarenta y cincuenta, desde Santiago de Chile, Prebisch formuló una crítica frontal a la teoría clásica de las ventajas comparativas. Los países que exportaban materias primas y compraban manufacturas se enfrentaban a un deterioro sistemático de sus términos de intercambio: por cada unidad de café, banano o cobre exportada recibían cada vez menos manufacturas a cambio. La economía mundial no era un juego neutro entre agentes intercambiables, sino un sistema con jerarquías estructurales. De esa constatación se derivó un programa: el Estado periférico debía volverse activo, planeador, industrializador. La industrialización por sustitución de importaciones, es decir, fabricar internamente lo que antes se compraba afuera, apareció como la vía para el crecimiento y la modernización.
Este primer estructuralismo se enmarcó en la atmósfera de la posguerra, cuando la planeación surgió como estrategia global para promover el "desarrollo" en lo que se dio en llamar el tercer mundo. Se crearon las entidades técnicas internacionales que acompañarían el proceso: la propia CEPAL, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Colombia fue, en esa arquitectura, un caso temprano: en 1949 recibió la primera misión general del Banco Mundial en un país, encabezada por el economista Lauchlin Currie, que marcaría durante décadas el pensamiento gubernamental sobre el desarrollo colombiano. La misión Currie fijó un vocabulario, un método y una jerarquía de prioridades que sobreviviría a los cambios de gobierno y que serviría de contrapunto conservador a las lecturas más radicales del paradigma centro-periferia.
La dependencia como paradigma explícito apareció, sin embargo, cuando ese diagnóstico centro-periferia se articuló con un análisis del imperialismo. La obra de Cardoso y Faletto llevó el estructuralismo a un terreno más político: la dominación directa o indirecta de las potencias sobre las naciones periféricas, en la explotación y control de las cuales generaban su acumulación de riqueza, quedó incorporada al aparato conceptual. El imperialismo dejó de ser una categoría exclusiva del marxismo clásico y pasó a integrarse, con matices, dentro del campo dependentista. Junto a esa formulación circularon aproximaciones distintas pero de contenido similar, como la que a fines de los sesenta se bautizó "The Orthodox Approach to Development".
En Colombia, este cuerpo de ideas cayó en un terreno abonado. Desde los años cuarenta y cincuenta, el pensamiento económico heterodoxo había encontrado voz en figuras como Antonio García Nossa, cuya orientación estructuralista y de tintes socialistas, expresada en obras como Bases de economía contemporánea, fue una referencia central en el análisis económico colombiano. Antes aún, la reforma constitucional de 1936, impulsada por Alfonso López Pumarejo, había consagrado el intervencionismo estatal en la economía y plasmado en clave institucional las ideas de pensadores intermedios entre el capitalismo y el socialismo. Cuando la teoría de la dependencia llegó a Colombia a finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta, encontró una tradición local dispuesta a recibirla.
La recepción colombiana: pensiones, universidades y una generación
La recepción del paradigma tiene una geografía y una biografía. Durante la dictadura de Rojas Pinilla, en Bogotá, un grupo de jóvenes intelectuales compartió pensión. Entre ellos estaban Mario Arrubla y Estanislao Zuleta, acompañados por Álvaro Vélez, Rómulo Jaramillo, Bernardo Guerra y Octavio Vélez. El estudio del marxismo y su aplicación a la realidad colombiana era, en esos años, la prioridad del grupo. De aquella experiencia salieron dos frutos que marcarían la historiografía económica colombiana: los trabajos de Arrubla sobre el subdesarrollo y los de Zuleta sobre la tenencia de la tierra.
Arrubla publicó en 1969, en la Editorial Oveja Negra de Medellín, sus Estudios sobre el subdesarrollo colombiano, obra que se convirtió en referencia del paradigma dependentista en el país. Ese mismo año, Zuleta dictó en el Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad de Antioquia sus Conferencias de historia económica colombiana. La coincidencia no es casual: 1969, año también de Desarrollo y dependencia en América Latina, fue en Colombia un momento de cristalización. El pensamiento marxista, que durante los años cincuenta había atravesado una suerte de "travesía del desierto", repitiendo discursos sobre la inevitabilidad de la crisis del capitalismo sin avances teóricos sustantivos, revivió a comienzos de los sesenta. La circulación de obras como Pour Marx de Louis Althusser, aparecida en 1965, fue parte de ese renacimiento internacional que la generación colombiana leyó, discutió y adaptó.
La otra sede de la recepción fue la sociología. En la Universidad Nacional, el Departamento de Sociología dirigido por Orlando Fals Borda se convirtió en laboratorio crítico. El 5 de agosto de 1960, en una sesión de cuatro horas que terminó a las diez y media de la noche, se creó allí un grupo de trabajo integrado por Fals Borda, el sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, el economista Aníbal Quijano y Andrew Pearce. Ese pequeño núcleo funcionó como matriz de una manera de hacer ciencia social en Colombia. Al año siguiente, Camilo Torres organizó un grupo estudiantil calcado del modelo original para los cursos que dictaba en 1961. La sociología colombiana atravesaba entonces su tercera etapa: tras una fase filosófica o europea y una fase de transición euro-norteamericana, entraba en un momento de elaboración propia.
Fals Borda incorporó el vocabulario dependentista con inflexiones originales. Insistía en que el imperialismo era la dominación directa o indirecta de una potencia sobre naciones a las que explota, dirige y controla, generando desarrollo en los países centrales y subdesarrollo en los periféricos, y en que ese estudio del imperialismo se inscribía dentro de la teoría de la dependencia. Pero introducía una advertencia: el desarrollo no debía reducirse a sinónimo de modernización. Tenía periodicidad histórica, requería referentes específicos en tiempo y lugar, y confundir un concepto con el otro empobrecía el análisis. La preocupación por la especificidad histórica atravesaría toda la tradición crítica que Fals Borda alimentó durante las décadas siguientes, cuando en su etapa tardía confrontó abiertamente el colonialismo intelectual y los modelos eurocéntricos.
La trayectoria de Camilo Torres, dentro del mismo entorno, ilustra el potencial explosivo del paradigma. Entre comienzos de 1964 y mediados de 1965 fue abandonando gradualmente sus actividades como sociólogo para prepararse para la acción política directa. En 1965 y 1966 dejaría del todo el campo del análisis científico. El mismo marco que en Fals Borda produjo la sociología comprometida y participativa, en Torres derivó en el paso a las armas: el diagnóstico dependentista, radicalizado, encontraba distintas salidas según la biografía y la coyuntura. La distancia entre el aula de la Nacional y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional se cubrió en menos de dos años, y esa velocidad dice algo sobre la temperatura política del momento.
La aplicación de Cardoso y Faletto al caso colombiano
Un momento decisivo de la recepción fue el libro de Daniel Pécaut Política y sindicalismo en Colombia, aparecido a comienzos de los setenta, especialmente en sus páginas iniciales de marco teórico. Allí Pécaut aplicó, con reservas, el análisis de Cardoso y Faletto al caso colombiano. La operación era delicada: el esquema de dependencia asociada, con sus tipologías de burguesías nacionales, alianzas de clase y modos de inserción periférica, había sido pensado para casos con mayor desarrollo industrial. Pécaut lo trasladó al terreno colombiano señalando qué se ajustaba y qué requería adaptación. Ese gesto, tomar el marco general y forzarlo a dialogar con la especificidad local, marcaría buena parte del trabajo intelectual del período.
En paralelo, historiadores como Álvaro Tirado Mejía combinaron la teoría de la dependencia con otras corrientes. Su Introducción a la historia económica de Colombia, de 1974, se apoyó en el método marxista sin excluir la historia social ni la escuela de los Annales. El libro, con vocación de amplia difusión, contribuyó a modelar una nueva manera de interpretar la historia colombiana. El propio Tirado reconocería después que aquella prosa incurrió en ocasiones en dogmatismo y en un uso mecánico del lenguaje de clases, abusando de categorías como "burguesía" sin atender la complejidad de la composición social. Esa autocrítica, formulada desde adentro, anticipaba la crisis que el paradigma sufriría a lo largo de los setenta.
La política del Frente Nacional: dependencia como programa de Estado
Mientras la izquierda intelectual afilaba las categorías dependentistas, los gobiernos del Frente Nacional (1958-1974) utilizaban sus versiones más blandas para legitimar una modernización tutelada desde Washington. El primer presidente del acuerdo bipartidista, Alberto Lleras Camargo (1958-1962), fue caracterizado por sus críticos como el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemisferio durante la primera mitad del siglo. Su papel en la formulación de las propuestas que darían origen a la Alianza para el Progreso convirtió a Colombia en un candidato privilegiado para ser beneficiario del programa, en la visión del propio John F. Kennedy. La presidencia colombiana del Comité Interamericano de la Alianza para el Progreso, el CIAP, encabezado por Carlos Sanz de Santamaría, confirmaba el protagonismo institucional del país en esa arquitectura.
La Alianza para el Progreso, lanzada en 1961, fue concebida por Estados Unidos como alternativa democrático-burguesa a la Revolución Cubana de 1959. Su lenguaje coincidía llamativamente con el diagnóstico cepalino: mayor intervención estatal, reformas agrarias, reformas tributarias, reformas administrativas. Desde una lectura dependentista, sin embargo, ese lenguaje era un envoltorio. La política exterior estadounidense buscaba, sobre todo, restaurar el prestigio de Washington y contener el avance del socialismo y de los movimientos de liberación nacional, más que impulsar un programa genuino de desarrollo periférico.
El giro estadounidense estaba dictado por la Guerra Fría hemisférica. La Revolución Cubana fue un campanazo de alerta que evidenció las limitaciones del esquema de defensa continental basado en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, diseñado para responder a agresiones extracontinentales, frente a una subversión interna triunfante. Colombia ya estaba alineada: como pago por el envío de tropas a la Guerra de Corea, el gobierno virulentamente anticomunista de Laureano Gómez y los que le siguieron recibieron millones de dólares en ayuda militar y entrenamiento para tropas y oficiales, y el Ejército contó con un Counterinsurgency Battle Group que documentaba la adopción, en algún grado, de las prácticas contrainsurgentes desarrolladas por Estados Unidos.
La Alianza operó en dos frentes complementarios: reformas económicas de corte estructuralista y consolidación de un aparato militar contrainsurgente. Ambos, desde la lectura dependentista, formaban parte de un mismo mecanismo de dominación indirecta. El economista alemán Albert Hirschman, que había emigrado a Colombia en los años cincuenta, defendió la reforma agraria como condición para el progreso económico: liberar el mercado de tierras y convertir a los campesinos empobrecidos en agricultores productivos era, argumentaba, fundamental para crear una clase media que sostuviera el sistema democrático. Reformar para preservar, no para transformar: esa es la lógica que la teoría de la dependencia radical denunciaría como esencia de la modernización tutelada.
La reforma agraria fallida: el laboratorio de la dependencia
Ningún tema muestra mejor la brecha entre discurso dependentista y práctica estatal que la cuestión agraria. La Ley 135 de 1961, promulgada durante el gobierno de Lleras Camargo, fue presentada como respuesta a la concentración de la propiedad rural y como pieza colombiana del compromiso con la Alianza para el Progreso. En la práctica resultó una reforma legal sin aplicación real. Las élites terratenientes bloquearon su alcance redistributivo mediante representación directa en el Congreso, captura de la burocracia del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), uso del clientelismo, recorte de la financiación y aumento de las barreras legales para la expropiación. El INCORA, en lugar de redistribuir tierras ya productivas, concentró su actividad en programas de colonización dirigida fuera de la frontera agrícola.
El Censo Nacional Agropecuario de 1970-71, elaborado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, dejó un veredicto seco: la década no había corregido la concentración, sino que la había agravado. Las explotaciones menores de diez hectáreas retrocedieron de un 8,8% a un 7,2% de la superficie total, mientras las mayores de quinientas hectáreas subieron del 40,4% al 40,9%. En el mismo lapso, el país perdió alrededor de sesenta y cinco mil minifundios: de cerca de 925.750 explotaciones pequeñas se pasó a poco menos de 860.000, con una merma de unas 170.000 hectáreas en manos campesinas, mientras los grandes latifundios absorbían una porción significativa del crecimiento de la frontera agrícola. Casi ocho de cada diez conflictos de tierra registrados en 1971 se concentraban en los latifundios de la costa atlántica, los valles interandinos y los Llanos Orientales, allí donde se desarrollaban la ganadería extensiva y el capitalismo agrario.
El punto de inflexión llegó con el gobierno de Misael Pastrana Borrero (1970-1974). Distanciándose del enfoque cepalino y de la Alianza para el Progreso de sus antecesores, Pastrana adoptó las ideas de Lauchlin Currie, sintetizadas en lo que se llamó la "Operación Colombia". El modelo de desarrollo económico acelerado que Currie proponía, y que Lleras Camargo había rechazado en 1960 por considerarlo incompatible con la reforma agraria, centraba la modernización rural en el estímulo a la agricultura capitalista, la seguridad jurídica sobre la gran propiedad y el proteccionismo arancelario frente a la competencia externa. Las administraciones respaldaron granjas capitalistas de gran escala con asistencia estatal, y las leyes de 1968 y las que siguieron no estipularon mecanismos eficaces para la distribución de la tierra. El INCORA careció de capacidad para responder a la demanda creciente en un contexto de rápida transformación capitalista rural, que implicó mayor concentración y menor uso de mano de obra.
El resultado fue una transformación capitalista del agro que aceleró los flujos migratorios campo-ciudad y desestabilizó a un campesinado previamente movilizado a través, entre otras plataformas, de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, respondiendo a esa movilización con represión violenta antes que con redistribución. Desde la lectura dependentista aplicada a escala regional, los campesinos habían mostrado durante buena parte del siglo mayor autonomía relativa frente a la penetración imperialista que otras clases, como élites terratenientes y comerciales asimilables a burguesías compradoras, defendiendo formas no capitalistas de producción y de vida mediante escapes regionales y defensas culturales. Esa autonomía se fue debilitando con el tiempo, y los años del Frente Nacional aceleraron su erosión.
La crisis del paradigma
La crisis no llegó por una sola vía, sino por el cruce de varias. Hacia mediados de los setenta, quienes habían hecho carrera con las categorías dependentistas empezaron a chocar con hechos que no cabían en el molde. En el propio campo latinoamericano, el caso brasileño fue el más incómodo: bajo dictadura militar y con alta penetración de capital extranjero, la economía brasileña creció a tasas espectaculares durante el llamado "milagro" (1968-1973), justo cuando la ortodoxia dependentista había pronosticado el estancamiento estructural de las periferias industrializadas. Cardoso reformuló entonces la tesis hacia el concepto de "desarrollo dependiente asociado", admitiendo que la asociación con el capital transnacional podía generar crecimiento aun en condiciones de subordinación. La corrección era honesta, pero relativizaba el núcleo duro del paradigma tal como lo había leído la izquierda colombiana.
En Colombia, la crisis tuvo actores y episodios propios. Álvaro Tirado Mejía revisó, ya en la segunda mitad de los setenta, el uso mecánico de las categorías de clase que había empleado en 1974, y esa autocrítica fue formulada en las reediciones y en trabajos posteriores en los que la escuela de los Annales, más que el aparato dependentista, comenzó a proveer las herramientas dominantes. Salomón Kalmanovitz, desde el DANE, giró abiertamente hacia la teoría marxista clásica de la renta del suelo y hacia el modelo leninista del desarrollo capitalista agrario, un movimiento que operaba como enmienda a la ortodoxia dependentista sin abandonar la tradición crítica. Estanislao Zuleta, entretanto, se alejó progresivamente de la economía política estricta hacia el psicoanálisis, la filosofía y la crítica cultural, una biografía intelectual que dice mucho sobre el agotamiento del programa original.
El diagnóstico teórico de fondo se puede formular así. Los hechos económicos mostraron que las relaciones entre burguesías nacionales y burguesías imperialistas eran más complejas de lo que muchos análisis dependentistas habían supuesto. Esas relaciones se caracterizaban simultáneamente por la asociación y por la confrontación: primaba la sociedad en la explotación conjunta del proletariado nacional, y el regateo en la distribución de la plusvalía. El esquema binario centro-periferia, aplicado sin matices, dejaba fuera muchas capas de esa realidad.
A ello se sumó una crítica interna sobre el tratamiento de las formas no capitalistas de producción. La teoría de la dependencia había hecho una crítica acertada a las visiones dualistas de la economía neoclásica, a la separación entre economía "moderna" y economía "tradicional" como esferas independientes, al mostrar que ambas estaban estrechamente relacionadas. Pero al hacerlo, algunos autores llegaron al extremo opuesto: afirmar que todas las formas de producción eran capitalistas por estar "articuladas" al modo de producción dominante. La operación disolvía el contenido material específico de formas no capitalistas de producción y reducía sus leyes de funcionamiento a las del capital. Perdía, en el intento de superar el dualismo, la textura real de un país con estructura singular. La economía campesina de las cordilleras, las formas comunales que sobrevivían en resguardos y palenques, las haciendas señoriales de origen colonial que combinaban aparcería, arrendamiento y salario: todo eso se disolvía en la etiqueta genérica de "capitalismo periférico".
Los cultivadores más lúcidos del paradigma reconocieron sus límites y buscaron rutas alternativas. Kalmanovitz, en su estudio sobre la agricultura colombiana editado por el DANE, integró la teoría marxista de la renta con el análisis leninista del capitalismo agrario y sumó al modelo original el examen del mercado exterior y de las relaciones de crédito e imperialismo. La combinación buscaba ampliar el marco más allá del dependentismo sin renunciar a la tradición crítica. La autocrítica también atravesó a los historiadores. La mayoría de los intelectuales de izquierda en Colombia, se dijo entonces, había aplicado versiones prosaicas de teoría social universal en un intento por explicar la historia moderna de una formación social con estructura singular y desarrollo histórico anómalo.
La huella del paradigma
La huella del paradigma en los años ochenta fue paradójica: siguió presente, pero como una capa entre varias, no como el paradigma hegemónico que había sido. La Historia económica de Colombia editada por José Antonio Ocampo en 1987 reunió a autores de tendencias diversas, dos economistas y cuatro historiadores, tres de los cuales combinaban influencias del marxismo y de la escuela de los Annales. Ocampo había publicado ya en 1984 Colombia y la economía mundial 1830-1910, obra que se volvió referencia central de la historia económica colombiana del período. La pluralidad paradigmática se había vuelto la norma.
Al mismo tiempo, la profesionalización e internacionalización de la economía en Colombia implicó una ruptura con el aparato conceptual de quienes habían introducido, décadas atrás, la escuela histórica alemana. La economía colombiana adoptó progresivamente el instrumental neoclásico: modelos de equilibrio general, econometría, álgebra matricial, tablas insumo-producto. Este viraje no eliminó por completo a los enfoques estructuralistas o dependentistas, que fueron reformulados por los neo-estructuralistas y los post-keynesianos con parte de ese mismo instrumental. Pero la economía colombiana se convirtió, en lo esencial, en una caja de herramientas técnicas para la política pública y la toma de decisiones privadas, adoptada por la mayoría de académicos, think tanks y firmas consultoras. El vocabulario dependentista sobrevivió, pero como referencia histórica más que como marco vigente para el análisis económico dominante.
Balance de una idea
Queda, para cerrar, la pregunta más difícil: qué sobrevive del paradigma cuando se lo mira desde el presente, y qué de esa supervivencia es aporte y qué es lastre.
Como caja de herramientas académica, la dependencia dejó de ser productiva a comienzos de los ochenta. Sus dicotomías binarias, su tendencia a subsumir toda diferencia interna en la relación externa, su dificultad para pensar la política nacional como algo más que reflejo de la estructura, fueron minando su capacidad explicativa a medida que el capitalismo latinoamericano mostró trayectorias divergentes que el paradigma no había previsto: el desarrollo asociado brasileño, el neoliberalismo pinochetista, la industrialización tardía coreana o taiwanesa, todos ellos ilegibles desde la ortodoxia dependentista original. La emigración de los mejores dependentistas hacia otros marcos, del propio Cardoso hacia una sociología política más pragmática, de Quijano hacia la teoría de la colonialidad, de Kalmanovitz hacia el marxismo clásico y luego hacia una economía institucionalista, es el mejor indicador de ese agotamiento interno.
Como herencia política, en cambio, la dependencia dejó algo que ninguna reformulación posterior ha logrado sustituir del todo: la insistencia en que el desarrollo económico no es un asunto técnico neutro, sino una relación de poder inscrita en la geografía del sistema mundial. Esa intuición sobrevive en las agendas contemporáneas sobre extractivismo, cadenas globales de valor, deuda soberana y transición energética. Colombia, cuya economía sigue apoyada en exportaciones primarias (petróleo, carbón, café, flores) y cuyo agro sigue mostrando índices de concentración de la tierra comparables a los de 1970, es una prueba incómoda de que el diagnóstico estructural no era enteramente falso, aunque el programa político que se le asoció haya fracasado.
Y como episodio de historia intelectual, la dependencia en Colombia dejó algo específico y valioso: la evidencia de que una periferia académica puede tomar un marco importado, tensionarlo con su propia realidad, radicalizarlo hasta el punto en que un profesor de sociología se convierte en guerrillero, y luego someterlo a autocrítica sin autoflagelación. Arrubla, Zuleta, Fals Borda, Torres, Tirado, Kalmanovitz, Ocampo: la lista, con sus rupturas y sus giros, es la de una tradición que pensó su país con seriedad. Que el paradigma haya caducado no borra ese hecho. Lo que caduca son las respuestas; la calidad de las preguntas es lo que se hereda.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Raúl Prebisch — formulador del estructuralismo cepalino y del paradigma centro-periferia que dio origen a la teoría de la dependencia
- 02Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto — autores de 'Desarrollo y dependencia en América Latina' (1969), formulación más sofisticada del paradigma
- 03Mario Arrubla — principal exponente colombiano del paradigma dependentista con sus 'Estudios sobre el subdesarrollo colombiano' (1969)
- 04Orlando Fals Borda — incorporó el vocabulario dependentista a la sociología colombiana con inflexiones originales sobre imperialismo y especificidad histórica
- 05Frente Nacional — régimen bipartidista colombiano (1958-1974) que utilizó versiones blandas del paradigma para legitimar una modernización tutelada desde Washington
- 06Alianza para el Progreso — programa hemisférico de Estados Unidos cuyo lenguaje coincidía con el diagnóstico cepalino pero fue interpretado desde la dependencia como envoltorio de contención del socialismo
- 07Lauchlin Currie — economista cuyo modelo de desarrollo económico acelerado, adoptado durante el Frente Nacional, propugnó la concentración agraria y sirvió de contrapunto conservador al paradigma dependentista
- 08Sustitución de importaciones — política industrializadora derivada del diagnóstico centro-periferia, adoptada por los gobiernos del Frente Nacional como vía de modernización
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 42 fragmentos
01El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 3981 cita
[1]conjun- to. La noción que empleo está desarrollada en F. H. Cardoso y E. Faletto, Desarrollo y dependen- cia en América Latina, México, 1969, especialmente pp. 22-38; 42-48; 57-81; 109-115. En otra perspectiva analítica pero con un contenido similar, W. P. Glade, en su The Latin American Eco- nomies, a Study of their…
p. 398
02At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 851 cita
[2]advanced capitalist world began to experiment with national hegemonic projects. As Silver and Slater (1999:197) note, while distinct in their political and economic policy measures, the US New Deal, Soviet Five-Year Plan, fascism, and Nazism were each “ different ways of jumping off the disintegrating world market…
p. 85
03Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 282, 3112 citas
[3]logró frustrar el incipiente de Alemania, que había establecido cabe- zas de playa entre nosotros en varios sectores de la economía y de la cultura. Es mucho lo que se ha escrito sobre la relación imperialista en las sociedades modernas. Como se sabe, ella implica la domi- nación directa o indirecta de una potencia…
p. 282
[23]y-seguir molestando a los gringos por allí. ¡Qué marqués de Torre Hoyos ni qué pan caliente!, decían recordando las luchas de nuestros antepasados. Cannon los persiguió con la policía comprada que te- IMPERIALISMO Y DEPENDENCIA: VERSIÓN REGIONAL 179B cia y sumisión que las otras clases. Pueden asimilarse a burgue-…
p. 311
04Estado crítico de la propiedad rural y de las políticas agrarias en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[4]se encuentran dotados de autonomía y cuya validez se desprende, más que de la autoridad que la profiere, de su aceptación por los destinatarios y del consenso que esta proporciona. En esta medida, se hace necesario analizar cuál ha sido el enfoque abordado por los diversos gobiernos, mediante la planeación…
p. 5
[5]se encuentran dotados de autonomía y cuya validez se desprende, más que de la autoridad que la profiere, de su aceptación por los destinatarios y del consenso que esta proporciona. En esta medida, se hace necesario analizar cuál ha sido el enfoque abordado por los diversos gobiernos, mediante la planeación…
p. 5
05Conversaciones con Estanislao ZuletaEstanislao Zuleta · 2020 · p. 2371 cita
[6]vida de Estanislao. La segunda y definitiva salida de la casa materna y el traslado a Bogotá, donde, en compañía de Mario Arrubla, Álvaro Vélez, Rómulo Jaramillo, Bernardo Guerra, Octavio Vélez y otros amigos, compartían una pensión de cinco pesos mensuales, que incluía comida y lavado de ropas. La dictadura de Rojas…
p. 237
06El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 211, 2282 citas
[7]como “ un intento por investigar, al nivel m á s desagregado posible, los determinantes de la “ relaci ó n capital-tra bajo ” y sus incidencias sobre el empleo en la industria fabril ”, fue ampliado para dar cabida a una compren si ó n “ de las causas generales que rigen el desempleo en nuestra econom í a ”, con un…
p. 228
[11]odo se salvan muy pocas obras y ninguna de ellas perteneciente a la autodenominada corriente oficial del marxismo, a las corrientes ligadas a los partidos comunistas. As í, de este naufragio del marxismo, en los a ñ os cincuenta, se salvan en el campo filos ó fico; Fenomenolog í a y Materialismo Dial é ctico de Tran…
p. 211
07El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 21, 2762 citas
[8]los años 70. En torno a la política, los hechos también muestran que las relaciones entre burguesías nacionales y burguesías imperialistas están ca- racterizadas simultáneamente por la asociación y la confronta- ción, que prima la sociedad en la explotación del proletariado nacional y el regateo en la distribución de…
p. 276
[10]los análisis de la izquierda. Si bien estas trabas institucionales impidieron tratar muchos asuntos políticos directamente, no fueron óbice pa- ra desarrollar una metodología que les será familiar a los cono- cedores de la teoría marxista de la renta del suelo y la obra de V.I. Lenin, El desarrollo del capitalismo en…
p. 21
08Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 33, 392 citas
[9]al que aspirábamos trascendía la academia, tenía como objetivo primario la población y por ello buscábamos una forma sencilla que, en ocasiones, se codeaba con lo elemental. Por ese camino, en ciertos planteamientos nos encontramos con el dogmatismo y con la interpretación mecánica del devenir de las clases sociales,…
p. 33
[14]Editores, 1977. 46 Id. El café en Colombia 1930-1958: producción, circulación y política. Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1982. 47 Marco Palacios. El café en Colombia (1850-1970): una historia económica social y política. Bogotá, Presencia, 1979. 48 José Antonio Ocampo. Colombia y la economía mundial 1830-1910.…
p. 39
09Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2301 cita
[12]estructuralista del pensamien- to de Antonio García, cuyos tintes so- cialistas no sólo trascienden en sus conclusiones sino que también pene- Capítulo 10 231 tran en los enfoques metodológicos que le sirven como punto de partida. Igualmente su trabajo Bases de eco- nomía contemporánea es fundamental en el análisis de…
p. 230
10A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 238, 2472 citas
[13]institutions in method and concepts slowly disappeared among the majority of economists (López 1984). Margin - alist economic theory, general equilibrium models, matrix algebra, input-out - put tables, slightly more refined statistics, and econometrics have been adopted by mainstream economists, but also by…
p. 247
[30]1970 gave a new impetus to Currie’s construction plans, which had a remarkable result in the financing of housing in Colombia. Another economist who emigrated to Colombia during the 1950s was Albert Hirschman, who also left his mark on the public policy developed by the Frente Nacional (National Front) governments.…
p. 238
11La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 461 cita
[15]determinados en mente. Sin embargo, el concepto como tal no puede considerarse como aplicable solo a situaciones modernas y si así fuera, no tendría mayor importancia. El término mismo, con igual sentido, no es nue - vo, pues ya aparece en discusiones del Economiste Francais en 1895 (“países en vía de desarrollo”). El…
p. 46
12La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 91, 982 citas
[16]la creciente presencia del capital monopólico internacional, usurero y comprador, configuran los rasgos característicos del semifeudalismo colombiano. 93 Cuadro No. 2. 1 CONCENTRACION DE LA TIERRA EN COLOMBIA 1960 - 1970 0-10 has + 500 has TOTAL 1960 SUPER (miles # EXPLOT. has) 2.403.7 1 1.052 27.337.8 925. 750 6.902…
p. 91
[38]estratégicos, de los países atrasados; el temor al comu · nismo, las luchas por la independencia nacional dentro del vetusto sistema colonial y la necesidad de salvaguardar los nuevos dominios, lo llevaron al papel de gendarme internacio nal, papel para el cual hubo de extender una complicada red militar por todo el…
p. 98
13Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[17]puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…
p. 249
14Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 7, 802 citas
[18]Beyond the political restriction of the National Front once mobilized peas- ants were further destabilized through a newly adopted economic model entitled accelerated economic development (AED). Developed by Nova Scotia-born economist Lauchlin Currie, AED depicted campesino production methods as perpetuating the…
p. 7
[20]class cooperated to centralize land and its resources enables us to understand from whom and how the FARC-EP was able to draw support. 2 Second, the chap- ter provides an analysis of the overall rural political economy of Colombia from both historic and contemporary perspectives. This section details the devastating…
p. 80
15La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 1171 cita
[19]al pro pio tiempo que la demanda para su producción se encontraba asegurada ya que, tratándose de un pro ceso de industrialización por sustitución de impor taciones, contaba con una demanda tradicional insa tisfecha, acrecentada por el ascendente volumeñ de población que se incorporaba a las actividades ur banas. De…
p. 117
16Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5011 cita
[21]élites terrate - nientes bloquearon la redistribución de tierras, usando la representación directa que tenían en la legislatura, además de la captura de una parte de los funcionarios elegidos, jueces o burócratas, que respondían a la distribución paritaria entre los partidos, y al uso del clientelismo para socavar el…
p. 501
17Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 311 cita
[22]Aproximadan1ente 76,9% de los conflictos de tierras en 1971 ocu- rrieron en los latifundios de la costa atlántica, en los valles interandinos y en los Llanos Orientales, donde se desarrollaban los grandes latifun- dios ganaderos y el capitalisrno agrario 49. Los restantes conflictos terri- 62 Sistemas de guerra…
p. 31
18Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 111 cita
[24]cultivators were thus primed to expand their holdings and take advantage of the low land values and rural exodus La Violencia had prompted. This process was noted by international observers as Colombia became a major theater of the early Cold War. The World Bank’s International Bank for Reconstruction and Devel-…
p. 11
19Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 491 cita
[25]sugerencias del Comité de los 21 tuvieron eco en la Casa Blanca con la llegada a la presidencia de John F. Kennedy, quien solicitó a los ex pre- sidentes Lleras Camargo, de Colom- bia, y Kubitschek, del Brasil, que for- mularan propuestas en relación a los cambios que se debían llevar a cabo en las estructuras…
p. 49
20Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4142 citas
[26]población, por el desem- pleo y la insatisfacción de sus necesidades apremiantes, parecía encontrar en las audaces experiencias de Cuba una solución a sus conflictos vitales". 22 Los norteamericanos, por conducto de la Alianza para el Progreso, y promoviendo políticas de inter- vención económica y de mayor…
p. 414
[27]población, por el desem- pleo y la insatisfacción de sus necesidades apremiantes, parecía encontrar en las audaces experiencias de Cuba una solución a sus conflictos vitales". 22 Los norteamericanos, por conducto de la Alianza para el Progreso, y promoviendo políticas de inter- vención económica y de mayor…
p. 414
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2521 cita
[28]Roberto Arenas Bonilla, llamó en 1971 al economista Lauchlin Bernard Currie para que ayudara a formular un plan de desarrollo para Colombia. Pocos años antes, en 1960, Currie ha- bía redactado un documento titulado Operación Colombia, por petición del Consejo Nacional de Planeación, en el que propuso la redistribución…
p. 252
22¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 831 cita
[29]y 1975; la mayoría de ellas entre 1970 y 1973, cuando el movimiento 130 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica el representante a la cámara Israel Santamaría, el senador Carlos Toledo Plata y un grupo de guerrilleros urbanos encabezados por Jaime Bateman Cayón, escindidos de las FARC, en 1974 conformaron…
p. 83
23Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3411 cita
[31]burló de los lugares comunes dé Nieto Arteta sobre la estabilidad poJítica de la nación promovida por el café. La bárbara intensidad que asumió el conflicto en las zonas cafete ras demolió la Jírica descripción "lopezmesiana" de la civilización de vertiente. Empero, la forma poJítica tradicional en que La Violencia…
p. 341
24El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 85, 894 citas
[32]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[33]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[36]y Nikita Krushev decidió subir el tono de voz contra Estados Unidos, decla- rando que la Doctrina Monroe moría de “muerte natural”. 9 9 Maurice Lemoine: Les 100 portes de l’Amérique Latine, Ob. cit. 89 Capítulo IV Con la Revolución Cubana, la vida política y militar del hemis- ferio no volvieron a ser las mismas. La…
p. 89
[37]y Nikita Krushev decidió subir el tono de voz contra Estados Unidos, decla- rando que la Doctrina Monroe moría de “muerte natural”. 9 9 Maurice Lemoine: Les 100 portes de l’Amérique Latine, Ob. cit. 89 Capítulo IV Con la Revolución Cubana, la vida política y militar del hemis- ferio no volvieron a ser las mismas. La…
p. 89
25Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 3191 cita
[34]Counterinsurgency Battle Group, Colombian, 172, 194, 195–98 Cuba, 74, 93, 94; Colombian relations with, 182; revolution in, 174–75 Currie Commission, 65 Currie, Lauchlin, 65 Czechoslovakia, 141, 144 de Lesseps, Ferdinand. See Lesseps, Ferdinand de Democratic People’s Republic of Korea (North Korea): formation of, 72;…
p. 319
26Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2801 cita
[35]virulentamente anticomunista del presidente Laureano Gómez, un político de ultraderecha conocido por sus detractores como “el Monstruo”. Gómez, que saldría del Gobierno en 1953 por un golpe militar, una rareza en la Colombia del siglo XX, 77 esperaba recibir asistencia militar de los Estados Unidos como pago por los…
p. 280
27De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1381 cita
[39]presencia de Camilo Torres, profesor de sociología y sacerdote católico joven. enér- gico, práctico y entrenado en una universidad europea. formaba parte de la atracción que tenían el departamento y el programa a comienzos de la década de ]960. Camilo Torres era, además, un buen miembro del Departamento. Participa- ba…
p. 138
28De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1381 cita
[40]a equivocación, que la presencia de Camilo Torres, profesor de sociología y sacerdote católico joven. enér- gico, práctico y entrenado en una universidad europea. formaba parte de la atracción que tenían el departamento y el programa a comienzos de la década de ]960. Camilo Torres era, además, un buen miembro del…
p. 138
29Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · p. 381 cita
[41]their sociology.2 Professor Orlando Fals Borda asserts that it is possible to dis¬ tinguish three stages in the development of sociology in Colombia: the philosophical or European phase; the transitional or Euro- North American phase; the present stage which involves an elab¬ oration of the other two.3 Personally, I…
p. 38
30El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 161 cita
[42]modernidad capitalista, y propende proyectar el horizonte emancipador en las raíces plurales de la identidad de nuestros pueblos, confrontando las pretensiones arrogantes del “colonialismo intelectual” y los modelos eurocen- tristas, omnicomprensivas y cientificistas que persisten en repro- ducir la lógica…
p. 16