Alberto Lleras Camargo
Transversal
1906–1990
La biografía
Alberto Lleras Camargo (Bogotá, 1906 – 1990) fue el político colombiano que mejor encarnó el civilismo liberal del siglo XX: periodista de vocación, presidente en dos ocasiones —una interina, en 1945-1946, y otra electa, en 1958-1962—, primer secretario general de la Organización de los Estados Americanos y arquitecto, junto con Laureano Gómez, del Frente Nacional. Su firma en los pactos de Benidorm y Sitges cerró la Violencia bipartidista al costo de blindar el poder dentro de un duopolio Liberal-Conservador durante dieciséis años. Ninguna otra figura del siglo reunió al mismo tiempo autoridad ante las élites bogotanas, credibilidad diplomática en Washington y capacidad de interlocución con el jefe del conservatismo exiliado en España. Esa singularidad explica su peso, y también la ambigüedad de su legado: fue el hombre que devolvió al país a la normalidad institucional y, en el mismo movimiento, el que la clausuró contra cualquier fuerza política ajena a los dos partidos tradicionales.
Línea de vida
- 1934
Ingreso al gabinete de López Pumarejo
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A los 28 años fue incluido en el primer gabinete de Alfonso López Pumarejo, junto a jóvenes intelectuales como Darío Echandía y Jorge Soto del Corral, todos menores de 38 años, generación que dominaría la política colombiana durante tres décadas.
- 1936
Participación en la Ley 200 de 1936
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Jugó un papel importante en la configuración de la Ley 200 de 1936 sobre régimen de tierras, pieza central del reformismo lopista conocido como la Revolución en Marcha.
- 1945
Presidencia interina (1945-1946)
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Sucedió a Alfonso López Pumarejo tras su renuncia en 1945, ejerciendo la presidencia hasta 1946. Integró un gabinete de coalición liberal-conservadora con tres carteras para el conservatismo y clausuró el ciclo reformista lopista. El Senado reconoció por 30 votos contra 3 que su gobierno respetó la Constitución y las leyes.
- 1946
Fundación de la revista Semana
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Fundó la revista Semana en 1946, que se convertiría en la publicación de noticias más exitosa de Colombia, consolidando su trayectoria como periodista político de primer orden.
- 1948
Primer Secretario General de la OEA
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Fue nombrado primer Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, fundada en 1948 en sustitución de la Unión Panamericana que ya dirigía desde junio de 1947. Participó en la redacción de la Carta fundamental y en el diseño de la estructura jurídica del organismo; su gestión fue calificada como 'la edad de oro de la OEA'.
- 1956
Pacto de Benidorm con Laureano Gómez
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El 24 de julio de 1956 firmó con Laureano Gómez en Benidorm, España, la declaración política que propuso el retorno a la normalidad jurídica y sentó las bases de la unión bipartidista frente al régimen militar de Rojas Pinilla, primer paso hacia el Frente Nacional.
- 1957
Pacto de Sitges y plebiscito del Frente Nacional
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El 20 de julio de 1957 firmó con Laureano Gómez en Sitges, España, el acuerdo que formalizó el Frente Nacional: dieciséis años de gobierno alternado entre liberales y conservadores, paridad en todos los cargos públicos y convocatoria a plebiscito. El 1 de diciembre de 1957 el plebiscito fue aprobado por mayoría abrumadora e inauguró el derecho al voto de la mujer en Colombia.
- 1958
Elección como primer presidente del Frente Nacional
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El 4 de mayo de 1958 obtuvo 2.482.948 votos —más del 80% del sufragio— con apoyo liberal, conservador y comunista, derrotando al conservador disidente Jorge Leyva. Regresó al Palacio de Nariño doce años después de haberlo entregado, esta vez con mandato propio.
- 1961
Impulso a la Alianza para el Progreso
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Fue el socio privilegiado de John F. Kennedy en el hemisferio y promovió la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA en Punta del Este, donde el 17 de agosto de 1961 se firmó el Acta que constituyó formalmente la Alianza para el Progreso, suscrita por veintidós países.
La estirpe y el aprendiz de redacción
Lleras Camargo provenía de una familia identificada con el Partido Liberal desde las épocas de Santander, una estirpe unida —según la describiría su amigo y rival Alfonso López Michelsen— a la historia de la República desde sus orígenes. Se enorgullecía de venir de un linaje de educadores, a los que llamaba "mi gente", no sin cierto temor de que se le tachara de pretensioso por reivindicarlo. Ese doble movimiento —el orgullo de casta y el pudor por exhibirlo— define bien su carácter público: aristocrático en el cabal sentido del vocablo, pero desprovisto del boato que solía acompañar a los patricios bogotanos. Décadas después, más de un contemporáneo recordaría haberlo visto caminando por la carrera séptima como cualquier transeúnte, protegiéndose de la llovizna con un paraguas y del brazo de su esposa, Bertha Puga.
Su formación fue autodidacta y de redacción. No se hizo en las aulas de una facultad sino en las mesas de los periódicos: trabajó durante años en El Tiempo, dirigió El Liberal y, en 1946, fundó la revista Semana, que se convertiría en la publicación de noticias más exitosa del país. Esa carrera periodística no fue paralela a la política sino su condición de posibilidad. En un país donde entre 1910 y 1990 hubo más presidentes salidos de las redacciones que de las grandes propiedades rurales o de las familias tradicionales del comercio, Lleras encarnó de manera casi arquetípica la ruta del intelectual liberal que llega al Estado por la pluma. Su capital político no era la tierra ni el apellido —aunque el apellido pesara—: era la palabra escrita, la capacidad de argumentar en la prensa y de sostener el debate público con un tono a la vez firme y cortés.
La política llegó pronto. Tenía veintiocho años cuando Alfonso López Pumarejo lo incluyó en su primer gabinete, en 1934, junto a otros jóvenes intelectuales menores de treinta y ocho —Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral, Darío Echandía— que dominarían la política colombiana durante las tres décadas siguientes. Fue la cantera del reformismo lopista, la generación que impulsó la Revolución en Marcha y con ella la Ley 200 de 1936 sobre régimen de tierras, en cuya configuración Lleras jugó un papel importante. También a los veintisiete años inició su vida diplomática, en un tránsito precoz entre la redacción, el ministerio y las conferencias interamericanas que sería la marca de fábrica de su trayectoria.
El primer relevo: la presidencia interina de 1945-1946
La primera vez que Lleras Camargo ocupó el Palacio de Nariño no fue por elección popular sino como pieza de una salida institucional. En 1945, en medio de un país polarizado y con un sector creciente de las Fuerzas Armadas descontento con el segundo gobierno de López Pumarejo, el presidente renunció antes de terminar su período. Lleras, que se desempeñaba como ministro en su gabinete, lo sucedió y ejerció la presidencia hasta agosto de 1946, cuando entregó el poder al conservador Mariano Ospina Pérez.
Ese breve gobierno tuvo una función precisa: administrar el aterrizaje. Lleras integró un gabinete de coalición liberal-conservadora, otorgando tres carteras al conservatismo, y clausuró de hecho el ciclo reformista lopista. La Ley 100 de 1944, sancionada antes de su llegada al poder, ya había recuperado buena parte de los poderes de los propietarios rurales frente a los avances de la Ley 200 de 1936, revelando el techo real de aquella reforma agraria. Bajo Lleras, la temperatura política bajó, pero también bajó la ambición transformadora del liberalismo. El 24 de octubre de 1946, ya en la oposición, el Senado aprobó por treinta votos contra tres una proposición reconociendo que su gobierno había respetado la Constitución y las leyes de la República. Fue, en el lenguaje protocolar de la época, el mejor certificado que podía extender un Congreso ya dominado por los conservadores: el liberal que cedió el poder sin resistir se ganó el respeto de sus adversarios. Esa habilidad para ser aceptable ante el otro bando lo perseguiría —y lo definiría— toda la vida.
El arquitecto interamericano: la Unión Panamericana y la OEA
Al dejar la presidencia, en 1946, Lleras Camargo entró en la fase que consolidaría su prestigio internacional. Desde junio de 1947 orientó la Unión Panamericana, y en 1948 —el año del Bogotazo, el año en que Colombia se sumergió en la Violencia— fue nombrado primer secretario general de la Organización de los Estados Americanos, la nueva institución que sustituía a la vieja Unión Panamericana. Le tocó, literalmente, poner la casa en pie: participó en la redacción de la Carta fundamental, en el diseño de la estructura jurídica y en el montaje del aparato administrativo del organismo hemisférico.
Su gestión al frente de la OEA sería recordada como la edad de oro del organismo. Es una descripción generosa —la OEA jamás volvería a tener el brillo que le prestaron sus fundadores—, pero apunta a algo real: Lleras trasladó a la arena interamericana el mismo estilo que había ensayado en Bogotá, una diplomacia hecha de textos precisos, de reuniones bien preparadas y de una cortesía que no impedía la firmeza. En Washington aprendió el lenguaje del hemisferio en clave de Guerra Fría y estableció los contactos que después serían decisivos: los embajadores estadounidenses, los ministros de Exteriores latinoamericanos, los funcionarios que años después lanzarían la Alianza para el Progreso lo conocían de primera mano.
Renunció a la Secretaría General a fines de 1954 y regresó a Bogotá. Colombia estaba bajo la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, que había tomado el poder en junio de 1953 con la anuencia inicial de las élites bipartidistas. A los pocos meses de su regreso, Lleras asumió la dirección del liberalismo y encabezó la oposición civil al régimen militar. La biografía se le iba armando por capas: periodista, ministro, presidente interino, diplomático hemisférico, jefe de partido. Cada capa acumulaba interlocutores y, sobre todo, legitimidad. Cuando en 1956 llegara el momento de conversar con Laureano Gómez, exiliado en España, tras años de enemistad radical entre liberales y conservadores, Lleras sería el único liberal con estatura suficiente para sentarse en la mesa como un igual.
Benidorm y Sitges: la ingeniería del Frente Nacional
Rojas Pinilla, que en 1953 había sido saludado como un árbitro necesario, comenzó a distanciarse rápidamente de sus mentores bipartidistas. Su intento de construir una alternativa política propia, apoyada en fuerzas populares y sindicales —el proyecto de una Tercera Fuerza, después institucionalizado como la ANAPO en 1960—, aceleró la reacción de las élites. Los partidos tradicionales, hasta entonces incapaces de superar el ciclo de venganzas de la Violencia, encontraron en el general el enemigo común que necesitaban para pactar.
El 24 de julio de 1956, Lleras Camargo y Laureano Gómez firmaron en la localidad española de Benidorm la declaración conjunta que sentaría las bases del reencuentro. El Pacto de Benidorm no era todavía un pacto de gobierno: era la constatación de que los dos partidos históricos habían decidido volver a la normalidad jurídica y hacer causa común contra el régimen militar. Un año más tarde, el 20 de julio de 1957 —fecha simbólica, la de la independencia—, los mismos dos hombres firmaron en Sitges el acuerdo que formalizó la arquitectura del nuevo régimen bipartidista: dieciséis años de gobierno compartido, reparto equitativo de todos los cargos, plebiscito nacional para refrendarlo.
Rojas Pinilla había dimitido en mayo de 1957 en favor de una Junta Militar de Gobierno, que administró la transición hasta las elecciones de mayo de 1958. En diciembre de 1957, un plebiscito nacional refrendó los acuerdos con una mayoría abrumadora e inauguró, además, el derecho al voto de la mujer en Colombia. Fue la primera vez que las mujeres colombianas votaron, y lo hicieron para aprobar un pacto que resolvía la guerra civil de las élites masculinas. Esa coincidencia dice mucho sobre el país que emergía: una modernización política real, pero contenida dentro de un pacto entre notables.
La mecánica del Frente Nacional era simple y radical. Durante cuatro períodos presidenciales consecutivos, Liberales y Conservadores se alternarían en el Palacio de Nariño cada cuatro años, sin que la ciudadanía pudiera alterar esa secuencia. Todos los cargos públicos —electivos y de libre nombramiento— se repartirían por mitades entre los dos partidos. Los acuerdos se elevaron a rango constitucional, con una exigencia expresa: que ningún vencedor electoral pudiera romperlos. La exclusión de terceras fuerzas no fue una consecuencia imprevista del pacto sino su condición de posibilidad. Los dos partidos aceptaron desarmarse mutuamente a condición de que el sistema quedara cerrado contra todos los demás. Ese fue el precio deliberadamente pagado por la paz.
Lleras Camargo fue el candidato liberal a la primera presidencia del nuevo régimen. El 4 de mayo de 1958 obtuvo 2.482.948 votos, con apoyo liberal, conservador y del Partido Comunista, y derrotó con más del 80% del sufragio al conservador disidente Jorge Leyva. Regresaba al poder doce años después de haberlo entregado, esta vez con mandato propio y con la tarea colosal de estrenar la maquinaria que él mismo había diseñado.
El gobierno de 1958-1962: reformas dentro de un marco cerrado
El primer gobierno del Frente Nacional se propuso, simultáneamente, pacificar el país, modernizar sus instituciones y alinear a Colombia con la nueva estrategia hemisférica de Estados Unidos. En cada uno de esos frentes, Lleras Camargo obtuvo avances reales, y en cada uno chocó con los límites estructurales del sistema que había construido.
En materia de pacificación, su gobierno creó una Comisión Investigadora de las Causas Actuales de la Violencia —el llamado informe Guzmán-Fals-Umaña, que sería un documento fundacional de la sociología colombiana— y un Plan Nacional de Rehabilitación para coordinar la acción del Estado en las zonas afectadas. Ofreció una amnistía a los grupos alzados en armas. Fracasó: los guerrilleros habían aprendido a desconfiar de los pactos con un Estado que reiteradamente incumplía sus compromisos, y la persecución posterior a colonias agrícolas que habían depuesto las armas confirmó sus temores. La violencia bipartidista clásica cedió, pero en su lugar comenzaron a articularse los núcleos del nuevo ciclo armado: entre 1959 y 1965, en pleno Frente Nacional, aparecerían el Movimiento Revolucionario Liberal, el Ejército de Liberación Nacional y los primeros embriones de lo que después sería una guerrilla de raíz campesina.
En materia social, el gobierno impulsó la construcción de vivienda popular a gran escala. La fundación de Ciudad Techo, en el occidente de Bogotá —después rebautizada Ciudad Kennedy en homenaje al presidente estadounidense que participó en el acto—, se convirtió en el emblema de esa política. El plebiscito que había refrendado el Frente Nacional dispuso además que al menos el 10% de los presupuestos públicos se destinara a la educación, lo que aseguró una expansión rápida del sistema escolar. La reforma social agraria, alentada por la Alianza para el Progreso, buscó abrir el acceso a la tierra sin tocar el latifundio de manera frontal: fue un compromiso típicamente llerista, que intentó reformar sin romper.
En política exterior, el gobierno rompió relaciones con la Cuba de Fidel Castro, incorporó a Colombia a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio y, sobre todo, se convirtió en el socio privilegiado de John F. Kennedy en el hemisferio. Lleras fue el presidente latinoamericano en quien la administración Kennedy se apoyó para dar forma a la Alianza para el Progreso: promovió la convocatoria de la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA en Punta del Este, donde el 17 de agosto de 1961 se firmó el Acta que constituyó formalmente el programa. Veintidós países firmaron; solo el delegado cubano, Ernesto Guevara, se negó, denunciando desde el inicio que la Alianza era una maniobra para aislar a Cuba. La Alianza traía dinero para reforma agraria y vivienda, pero también cooperación militar: el Plan LASO, en marcha entre 1962 y 1966, combinó desarrollismo y anticomunismo, y sus efectos en la doctrina de las Fuerzas Armadas colombianas se prolongarían durante décadas.
Frente al estamento militar, Lleras intentó reafirmar el poder civil. Restringió el margen de autonomía castrense y, en enero de 1959, promovió el juicio del general Rojas Pinilla ante el Congreso, con el propósito explícito de deslegitimarlo políticamente. El proceso terminó por convertirse, sin embargo, en una tribuna para el propio general, que en 1960 fundó la ANAPO y, en los años siguientes, capitalizó el resentimiento popular contra el pacto de las élites. Aquí también el civilismo llerista tropezó con su propio límite: los fundadores del Frente Nacional, movidos por el realismo político y por el miedo a un nuevo golpe, aplazaron sin fecha las reformas de fondo del ejército, la policía y los aparatos de inteligencia. La subordinación militar al poder civil quedó como una promesa incumplida.
Frente a la oposición política, Lleras enfrentó dos flancos simultáneos. Por la izquierda, el Movimiento Revolucionario Liberal encabezado por Alfonso López Michelsen —el hijo de López Pumarejo, su viejo compañero de gabinete— denunció el Frente Nacional como un régimen de partido único, en el que era impensable cualquier propuesta política sin consenso bipartidista previo. Por la derecha, el conservatismo unionista de Ospina Pérez y de Gilberto Alzate Avendaño resistió los términos del reparto. La demostración más contundente del cierre del sistema llegaría en 1962: la candidatura presidencial de López Michelsen obtuvo 625.000 votos, cerca del 24% del electorado, y fueron anulados por inconstitucionales, pues el turno de la Presidencia correspondía a un conservador. Un cuarto del país había votado por una opción que el sistema declaró jurídicamente inexistente.
La red: quién sostenía y quién impugnaba a Lleras
La política de Lleras Camargo se hizo dentro de una red muy definida. Del lado liberal, la generación de López Pumarejo —Darío Echandía, Eduardo Santos, Germán Arciniegas— y la siguiente, la de Carlos Lleras Restrepo, su primo, con quien mantendría una relación de cercanía y competencia durante décadas. Del lado conservador, el interlocutor fundamental fue Laureano Gómez, el mismo hombre cuyo gobierno había sido derrocado por Rojas Pinilla en 1953, y con quien Lleras logró la conversación imposible: firmar pactos con el jefe de un partido que había sido enemigo mortal del suyo durante los peores años de la Violencia. Mariano Ospina Pérez —a quien Lleras entregó el poder en 1946— fue socio a ratos, disidente en otros.
Bertha Puga Martínez, su esposa, lo acompañó en los años del Palacio y también en la calle. Su gente cotidiana estaba en Chapinero, en las redacciones bogotanas, en el Palacio de San Carlos cuando le tocó ser canciller de hecho a través de la política exterior de sus gobiernos. Su gente internacional estaba en Washington, en Buenos Aires, en las capitales latinoamericanas donde había ejercido como diplomático o como secretario general de la OEA.
Su proyección popular fue, sin embargo, más amplia de lo que sugería su estilo patricio. En la Costa Atlántica, muy lejos del microclima cachaco donde había crecido, hombres del común profesaban admiración por dos liberales: Alfonso López y Alberto Lleras. Esa admiración no se explicaba por caudillismo —Lleras nunca lo fue, y detestaba el género— sino por algo más sutil: la percepción de una honestidad personal, de un desinterés por el enriquecimiento, de una manera de estar en el poder sin corromperse en él. En un país donde la política se hacía a punta de gamonalismos regionales, ese estilo tenía prestigio precisamente por su rareza.
Con López Michelsen, su rival intelectual dentro del liberalismo, mantuvo durante sesenta años una relación que el propio López describiría como marcada por "lo tornadizo" de las situaciones y por una "recóndita rivalidad" de carácter afectivo, no intelectual, comparable a la de dos hermanos de un mismo tronco. Se enfrentaron en 1962, cuando López encabezó el MRL contra el Frente Nacional que Lleras cerraba, y volvieron a cruzarse en los años setenta, cuando López fue presidente. Al final del gobierno de López Michelsen, Lleras le envió una carta de tono personal y afectuoso: la rivalidad de la carrera séptima nunca borró del todo el vínculo de origen.
Las sombras del civilismo
El Frente Nacional cumplió su promesa central: terminar la Violencia bipartidista y devolver al país a un cauce institucional. Ese era un logro inmenso, y sería injusto no reconocerlo. Pero el pacto tuvo costos estructurales que no eran defectos de aplicación sino consecuencias directas de su diseño, y de esos costos Lleras Camargo fue el arquitecto principal.
El sistema anuló la competencia política real al repartir el poder exclusivamente entre los dos partidos históricos, impidiendo el ingreso legal de nuevos actores. Estimuló el clientelismo a niveles alarmantes, al convertir a los partidos en federaciones de caudillos locales que usaban el presupuesto público como instrumento de manipulación electoral. La contienda programática cedió ante la disputa de cuotas burocráticas. La vida partidista continuó girando alrededor de familias políticas —los Lleras y los López en el liberalismo, los Ospina y los Gómez en el conservatismo— más que alrededor de proyectos ideológicos. La izquierda liberal minoritaria, encarnada en el MRL, obtuvo respetabilidad electoral pero no acceso al poder. Las reformas —incluida una tributaria bien recibida por la opinión pública— eran sistemáticamente desmontadas por las presiones de las élites empresariales, que las aceptaban como mal menor frente a la agitación social y las deshacían cuando la coyuntura se aflojaba. Una de esas reformas terminó de desmontarse en la legislatura de 1979, casi dos décadas después de que Lleras dejara el poder.
El costo de largo plazo fue la deslegitimación del sistema para los sectores excluidos. La combinación de exclusión política interna y el impacto de la Revolución cubana afuera empujó a franjas enteras de la juventud, de los sindicatos, del campesinado colonizador y de las universidades hacia opciones armadas o hacia disidencias radicales. Lleras Camargo no fue responsable individual del rearme guerrillero —hay causas más profundas y más viejas—, pero el orden que él diseñó no ofreció canales legales suficientes para procesar el conflicto social que la modernización misma del país estaba generando. Su amnistía de 1958 fracasó, y con ella se cerró la última puerta que el nuevo régimen abrió hacia los alzados en armas.
Hay una lectura piadosa: sin la trayectoria personal de Lleras —el periodista respetado, el ex presidente sin sombras, el secretario general de la OEA, el interlocutor creíble para Laureano Gómez y para Washington— los pactos de Benidorm y Sitges habrían sido imposibles, y sin ellos la Violencia habría continuado. En esa lectura, el Frente Nacional fue el mal menor, y su cierre del sistema, el precio inevitable de una paz negociada entre élites cansadas de matarse.
Hay también una lectura más severa. La misma capacidad de Lleras para convertir la negociación entre notables en institucionalidad duradera produjo un orden que pacificó al país al precio de clausurar la política. El civilismo llerista carecía de base social autónoma para sostener sus reformas contra la presión de las élites empresariales, y por eso terminó siendo, en la práctica, más eficaz para conservar que para transformar. Su genio fue construir un puente entre dos oligarquías agotadas; su límite, no haber construido un puente hacia el país que quedaba afuera de esas dos oligarquías.
Ambas lecturas son verdaderas, y probablemente hay que sostenerlas al mismo tiempo. Lleras Camargo fue simultáneamente el más sofisticado articulador del civilismo liberal colombiano y el constructor de su límite estructural. Esa dualidad no es una contradicción retórica: es la sustancia de su legado.
La huella
Cuando entregó la Presidencia el 7 de agosto de 1962 a Guillermo León Valencia, el conservador que le correspondía en el turno del Frente Nacional, Lleras Camargo tenía cincuenta y seis años y toda una segunda vida por delante. La ejerció con una discreción notable. No volvió a buscar el poder ejecutivo, aunque su voz siguió pesando en el liberalismo y en la conversación pública. Vivió lo bastante para ver cómo el Frente Nacional se agotaba, cómo se transformaba, cómo su propio primo Carlos Lleras Restrepo lo gobernaba entre 1966 y 1970, cómo la ANAPO de Rojas Pinilla —el general al que había juzgado— casi ganaba las elecciones de 1970, cómo Alfonso López Michelsen —su rival y amigo— llegaba al Palacio en 1974, cómo se abría paso a la reforma constitucional de 1991 que él ya no alcanzaría a ver aprobada.
Murió en 1990, poco antes de que Colombia se sentara a redactar una nueva Constitución que intentaría, por primera vez, abrir el sistema político que él había cerrado. La coincidencia parece deliberada: el hombre que diseñó el orden bipartidista se fue en el umbral del país que se proponía superarlo.
Su huella se ha discutido desde entonces sin descanso, y ese debate mismo es parte del legado. En la memoria oficial, es el estadista que devolvió la normalidad institucional y llevó a Colombia a los grandes foros del hemisferio. En la memoria crítica, es el ingeniero del cierre bipartidista, el hombre cuya paz negociada dejó afuera a demasiada gente. Ambas memorias tienen razón, y esa doble verdad —que un mismo hombre pueda ser al mismo tiempo el que resolvió y el que congeló— es probablemente lo más colombiano de todo su recorrido. Lleras Camargo pertenece a la breve familia de figuras públicas colombianas que fueron a la vez decisivas y insuficientes: hicieron lo que había que hacer, y con eso mismo dejaron pendiente lo que todavía hay que hacer.
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Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 39 fragmentos01Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · Página 5021 cita
[1]89, 185, 189, 204–5, 209, 211 “individualist State,” 123 Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA). See Colombian Institute of Agrarian Reform intelligence gathering, by military, 176–77, 203, 287n70 Intelligence Service, Colombian (SIC), 30, 66, 71, 76 inter-Americanism, 21 Interior Ministry: Communal Action…
p. 502
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 234, 3032 citas
[2]y el mundo de la pol í tica, le plan teaban a los grupos dominantes un proyecto capitalista apoyado en una poblaci ó n obrera educada y emancipada del control autorita rio de terratenientes y curas. Entre los presidentes de Colombia de 1910 a 1990 hubo m á s periodistas que grandes propietarios de tie rras e…
p. 303
[21]ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…
p. 234
03Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 721 cita
[3]crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…
p. 72
04Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Páginas 128, 1952 citas
[4]tu mujer un cariñoso abrazo, ”Alberto Lleras”. Según el mismo López Michelsen, las relaciones entre los dos durante sesenta años “se caracterizaron por lo tornadizo de nuestras respectivas situaciones. En el fondo, había algo de una recóndita rivalidad, impensable en el terreno intelectual, pero verosímil en el…
p. 195
[39]frío salón en el que se debatían los problemas del municipio, desde el monto del catastro de una finca hasta los incidentes originados por las vacas que deambulaban por la plaza del pueblo. Mi padre, un viejo y muy modesto hombre de la Costa, que desde Santa Marta seguía el devenir histórico del país, me transmitió…
p. 128
05Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 2251 cita
[5]del grado de polarización política del país y del descontento creciente de un sector de las Fuerzas Armadas contra López (Archila, 1991). López dimitió finalmente a comienzos de 1945 y lo sucedió en el cargo Alberto Lleras Camargo. La llegada de Lleras, que hasta el momento se des empeñaba como Ministro de Hacienda de…
p. 225
06Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1191 cita
[6]en lo escuela del lica- nismo, contrael parecer de López Fu= mareo, declimo la idea de una cartdi- detura liberal, prefiriendo llegar al sobre los hombros de una Con- centración Patriótica Nacional; la ad- hesión del conservafismo republi- cano concretoel proposito Sobre esta base, la administración Cayo fue una…
p. 119
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 212, 2472 citas
[7]dad de su esposa, María Michelsen, por lo que tuvo que ausentarse de la presidencia, entre el 16 de no- viembre de 1943 al 16 de mayo de 1944, para llevarla a los Estados Unidos a un tratamiento médico, siendo reemplazado por el desig- nado Darío Echandía. Para com- pletar, en 1943 estalló un escánda- lo que…
p. 212
[20]doso, el de la paridad entre los dos partidos, y buscó afianzar el poder civil, restringiendo el que tenían las fuerzas militares. Contó con la oposición de sectores disidentes de ambos parti- dos: el Unionismo de Ospina Pérez y Alzate Avendaño y el Movimiento Revolucionario Li- beral (MRL) de Alfonso López Michelsen.…
p. 247
08La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Página 291 cita
[8]entre familias que se extinguen con precisión fatal. El cambio de gobierno en 1946 En el año de 1946 el país registra un nuevo cambio político al asumir la presidencia el doctor Mariano Ospina Pérez, candi- dato del partido conservador. Al conocer su triunfo dice a uno de sus amigos: "Quiero expresar esta misma noche…
p. 29
09Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 3431 cita
[9]la Organización de Estados Americanos (OEA) que en 1948 sustituyó a la Unión Panamericana, la cual él había orientado desde junio de 1947. Su gestión fue calificada como, “la edad de oro de la OEA”. Su vida diplomática inició temprano, a los 27 años; fue embajador de Colombia en los Estados Unidos y representó a…
p. 343
10Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Páginas 181, 2312 citas
[10]decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…
p. 181
[34]Latina la aprobación de la política de la Alianza para el Progreso. Kennedy se apoyó en el incondicional gobierno de Alberto Lleras Camargo que, con antelación, había recibido uno de los primeros préstamos para un programa de vivienda en los terrenos del viejo aeropuerto de Techo. El presidente colombiano impulsó la…
p. 231
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[11]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
12Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2271 cita
[12]con el exiliado dirigente conservador Laureano Gómez. Con él firma, el 24 de julio de 1956, aniversario del natalicio del Libertador, el Pacto de Benidorm que ase- guró la unión de los dos partidos en contra de la administración militar imperante, que sería el primer paso que cristalizaría la no muy larga lucha al…
p. 227
13Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 4062 citas
[13]alimentos adelantada por un nuevo instituto, el Sendas, cuya directora, María Eugenia Rojas de Moreno, ordenó repartir víve- res en los barrios tuguriales de Bogotá, Medellín, Cali y Barran- quilla. 12 Tal conducta despertó un gran apoyo para el régimen dentro de estas capas desclasadas de la población y explicaría en…
p. 406
[14]alimentos adelantada por un nuevo instituto, el Sendas, cuya directora, María Eugenia Rojas de Moreno, ordenó repartir víve- res en los barrios tuguriales de Bogotá, Medellín, Cali y Barran- quilla. 12 Tal conducta despertó un gran apoyo para el régimen dentro de estas capas desclasadas de la población y explicaría en…
p. 406
14Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 2001 cita
[15]representative and democratic” systems, countries such as Colombia.18 The National Front, 1958–1960 Colombia’s democratic revival coincided with the remaking of U.S. policy toward Latin America. During the early 1950s, former president Alfonso López proposed a bipartisan power-sharing arrangement as a solution to the…
p. 200
15Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 701 cita
[16]dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…
p. 70
16Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 781 cita
[17]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
17Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1191 cita
[18]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
18Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 2711 cita
[19]popular. [Los miembros de La Junta] no pueden estar ejerciendo el gobierno de acuerdo a la Carta, con las leyes preexistentes, con los estatutos anteriores, ni menos aún con la dictadura… Ningún mito entraba su misión, que es la de interpretar la opinión de los colombianos y satisfacerla en una exigencia que respalda…
p. 271
19El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 852 citas
[22]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[23]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
20Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 3151 cita
[24]to coalition government —Treaty of Sitges (Spain) establishes National Front procedure SENA (“National Learning Service”) established —Tenth Salón Nacional de Artistas: Fernando Botero wins prize —National school of journalists established —Bogot á establishes Luis Ángel Arango Library, backed by Banco de la…
p. 315
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 751 cita
[25]exclusivamente en los lugares donde hasta mediados de la década de los sesenta persistía la acción de los bandoleros, sobre todo durante las cosechas cafeteras, y en las zonas de colonización donde el campesinado comunista había establecido colonias agrícolas. En estos primeros años del pacto bipartidista también hubo…
p. 75
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[26]Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…
p. 60
23Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 481 cita
[27]se reducía a inyectarles crédito, asisten- cia técnica, etc. para ayudarles a habilitar las propiedades caídas o abandonadas. El problema del despojo de tierras, que era uno de los más urgentes y difíciles de resolver, quedaba por fuera de su ámbito legal” (Sánchez Gómez, 1989, en: Nueva Historia de Colom- bia, página…
p. 48
24Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 218, 2552 citas
[28]en manos de un conservador. El presidente electo se comprometió a extender el perdón y olvido a todos los militares, individual e institucionalmente. El realismo político y el fantasma de otro cuartelazo (hubo un intento serio el2 de mayo de 1958) llevaron a los fundadores del FN a pro- rrogar sin fecha la reforma del…
p. 218
[36]mé tod o aceptado para fijar la base de dicha renta. Bien recibida por la opi- nión pública, para los empresarios era el mal menor frente a la agi- 255 256 Mar co Palacios tación social a lr ed edor de la reform a agraria. Y log rar on desmon- tarla en la legislatura de 1979. La mecánica política del FN Bajo el FN la…
p. 255
25Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 692 citas
[29]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
p. 69
[30]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
p. 69
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 611 cita
[31]GINI para Bogotá y la Región», 11-12. 118 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 337. 119 Misas Arango, Regímenes de acumulación y modos de regulación: Colombia 1910-2010, 62. 120 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 90. 121 Helg, La educación en Colombia: 1918-1957. Una historia social, económica y…
p. 61
27Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 1101 cita
[32]juego su propia seguridad. 221 Camilo Dangun, “La integración y el crecimiento económico en Amêrica Latina”, Revista Desarrollo Económico 4 (1964): 14-15. 222 Carlos Figueira y Andrés Peri, América Latina: Los rostros de la pobreza y sus causas determinantes (Santiago: CEPAL, 2004),…
p. 110
28Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2801 cita
[33]virulentamente anticomunista del presidente Laureano Gómez, un político de ultraderecha conocido por sus detractores como “el Monstruo”. Gómez, que saldría del Gobierno en 1953 por un golpe militar, una rareza en la Colombia del siglo XX, 77 esperaba recibir asistencia militar de los Estados Unidos como pago por los…
p. 280
29Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 4971 cita
[35]los partidos por su capacidad para administrar el clientelismo, fenómeno permanente de la política que tomó ribetes dramáticos en Colombia durante el periodo frentenacionalista. El gamonalismo y el clientelismo obnubilaron por completo la contienda programática y la lucha ideológica, los partidos fueron asimilándose y…
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30Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 62, 682 citas
[37]rodeó el regreso de Rojas Pinilla al país y su juicio en el Congreso, los dirigentes del Frente Nacio- nal (FN) podían estar optimistas porque, en lo fundamental, el reparto biparti- dista estaba funcionando bien. La izquierda liberal era una minoría creciente y respetable. En 1962 la candidatura presidencial de López…
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[38]de las masas que no se someten a las autoridades y piden cambio político, (Lenin, 1978, vol. 22, p. 310). 70 G U E R R A F R ÍA Y R E V O L U C IÓ N que, en diciembre, en una convención en íbagué, su jefe y fundador López Michelsen, puso tierra de por medio con la Revolución cubana y con el PCC (al poco tiempo habría…
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