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Idea · República Liberal

Populismo agrario

El populismo agrario colombiano fue el dispositivo político-jurídico con el que el Estado liberal, entre 1930 y 1946, intentó canalizar hacia sus cauces institucionales una insurgencia campesina que rugía desde los años veinte, reconociendo parcialmente las demandas de colonos y arrendatarios sin modificar sustancialmente la estructura de la gran propiedad. Su pieza central fue la Ley 200 de 1936; su reverso, la Ley 100 de 1944; y su desengaño, el combustible de la Violencia y del gaitanismo trunco.

3.793 palabras60 documentos85 fragmentos citados
Populismo agrario

Trayectoria de una idea

  1. 1926

    La prueba diabólica

  2. 1929

    La Gran Depresión profundiza el conflicto rural

  3. 1931

    Gaitán propone la función social de la propiedad

  4. 1932

    Ligas agrarias y organización política campesina

  5. 1934

    La Revolución en Marcha de López Pumarejo

  6. 1936

    Ley 200: la reforma agraria de doble filo

  7. 1944

    Ley 100: la contrarreforma

  8. 1945

    El Programa del Colón de Gaitán

  9. 1948

    El asesinato de Gaitán y el cierre del ciclo

03

La lectura

El populismo agrario colombiano fue, ante todo, una forma de gobernar el miedo: el miedo de las élites terratenientes a perder la tierra y el miedo del Estado liberal a que la insurgencia campesina desbordara los cauces institucionales. A diferencia de sus equivalentes latinoamericanos —predominantemente urbanos e industriales—, el populismo colombiano tuvo fisonomía rural porque fue en el campo, y no en las fábricas, donde la amenaza al orden era más palpable durante los años treinta. La Ley 200 de 1936 fue su monumento más ambiguo: prometió extinción de dominio sobre tierras incultas, pero en la práctica resolvió el problema de los títulos a favor de los terratenientes y desencadenó una ola de desalojos de arrendatarios y aparceros. Jorge Eliécer Gaitán encarnó la ruta no tomada: un populismo que articulaba demanda agraria explícita con movilización urbana masiva y un programa concreto de límite a la tenencia, pero su asesinato en 1948 cerró esa posibilidad y convirtió el desengaño acumulado en combustible de la Violencia. El ciclo dejó como herencia estructural la persistencia del latifundio, la expansión de la ganadería extensiva sobre tierras agrícolas y una pregunta sin respuesta que la ANUC volvería a formular veinte años después.

El populismo agrario colombiano fue un dispositivo político-jurídico con el que el Estado liberal, entre 1930 y 1946, intentó canalizar hacia sus propios cauces institucionales una insurgencia campesina que ya rugía desde los años veinte. No fue una doctrina importada ni un programa homogéneo, sino una manera de gobernar el campo: reconocer parcialmente las demandas de colonos y arrendatarios, incorporarlas al vocabulario del Partido Liberal y desactivar, con ley y con retórica, la amenaza de una redistribución real. Su pieza central —la Ley 200 de 1936— no repartió tierras: reordenó los títulos a favor de los terratenientes y prometió una transformación capitalista lenta de la hacienda. Su reverso —la Ley 100 de 1944— confirmó que, cerrada la coyuntura de peligro, el reformismo se replegaba. Entre esas dos leyes cabe una época y también su desengaño, un desengaño que alimentaría después la Violencia, el gaitanismo trunco y, dos décadas más tarde, la ANUC.

La semblanza

Llamar "populismo agrario" a este ciclo colombiano exige una precisión que lo distingue de sus primos latinoamericanos. En Perú, Chile y Argentina, el populismo de los años treinta y cuarenta fue primordialmente urbano: obreros, sindicatos industriales, plazas de capital. En Colombia sucedió lo contrario. La depresión mundial de 1929 debilitó gravemente al movimiento laboral de las ciudades, mientras las luchas por los baldíos y las haciendas cafeteras convertían al campo cundi-tolimense en el principal foco de tensión política del país. La amenaza al orden, durante los años treinta, no venía de las fábricas: venía de los cafetales.

De ahí que el populismo colombiano tuviera fisonomía rural. Sus actores fueron colonos que se declaraban dueños de la parcela que trabajaban, arrendatarios que se negaban a pagar obligaciones a la hacienda, ligas agrarias y sindicatos campesinos con personería jurídica, agitadores comunistas y socialistas revolucionarios que subían a Sumapaz o al Tequendama, y una franja de intelectuales liberales —herederos del radicalismo del siglo XIX— que dieron proyección nacional a esas demandas locales. Y su interlocutor de Estado fue el Partido Liberal, que gobernó ininterrumpidamente entre 1930 y 1946, obtuvo mayorías en las dos Cámaras y en casi todas las asambleas departamentales desde 1933, y aprendió a hablar el idioma de la reforma sin salirse del marco de la gran propiedad.

Los orígenes: hacienda, baldíos y la prueba diabólica

El populismo agrario no comenzó en 1930. Comenzó a resolverse en 1930 un problema que venía de mucho antes. Su cuna está en la estructura misma de la propiedad colombiana del siglo XIX: la liquidación de los resguardos indígenas había liberado mano de obra funcional a la agricultura de exportación, pero al mismo tiempo empujó a los campesinos hacia la proletarización y el arrendamiento, mientras grandes extensiones pasaban a ganadería extensiva de poca mano de obra. Los títulos coloniales de propiedad eran, además, extremadamente vagos. El magistrado Eduardo Zuleta Ángel lo diría con crudeza ante la Cámara de Representantes en diciembre de 1935: casi todas las tierras habían sido otorgadas por la Corona sin ninguna noción de agrimensura, y era rarísimo encontrar un palmo del territorio colombiano sin que apareciera un título colonial cuando algún colono mostraba interés económico en él.

Sobre ese terreno resbaladizo cayó la sentencia de la Corte Suprema de 1926, que resolvió que la única prueba válida de propiedad privada sería el título original por el cual el Estado había enajenado la tierra del dominio público. Se la llamó prueba diabólica porque para muchos propietarios era prácticamente imposible cumplirla: los campesinos sabían que las grandes haciendas donde trabajaban no contaban con tales títulos, pues se habían formado mediante la usurpación de baldíos. La sentencia abrió una compuerta. En Sumapaz, en otras zonas de Cundinamarca, en el norte del Valle del Cauca y en el Tolima, arrendatarios comenzaron a declararse colonos de tierras baldías, a negarse a pagar las obligaciones contraídas con la hacienda y a alegar la propiedad de las parcelas donde vivían y sembraban su pan coger.

Las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima fueron el epicentro. Allí los arrendatarios debían trabajar parte de su tiempo en los cafetales del propietario a cambio de una parcela de subsistencia, en modalidades variadas que no se reducían a un esquema único. Un dato basta para dimensionar la concentración del conflicto: hasta 1939, esas dos regiones agrupaban 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica en el país. Donde la legitimidad de los títulos era más frágil —Sumapaz, sobre todo— la lucha alcanzó mayor radicalismo: los campesinos desconocieron directamente la propiedad y se declararon colonos de baldíos.

En este cuadro entraron, a comienzos de los treinta, organizadores políticos con experiencia urbana. El Partido Socialista Revolucionario, fundado en 1926 y dirigido por Ignacio Torres Giraldo —figura formada al lado de María Cano en los años de la Marcha del hambre—, apoyó las luchas de arrendatarios y colonos junto a ligas agrarias, un efímero Partido Agrario y disidencias liberales. Con ayuda de agitadores comunistas y socialistas revolucionarios, los campesinos formaron ligas en Cundinamarca, Tolima y Valle, invadieron haciendas no cultivadas y las defendieron por la fuerza. El caso más famoso fue la ocupación de las haciendas de Viotá, donde los socialistas revolucionarios lograron una implantación sorprendentemente rápida y arrolladora. La izquierda no inventó el conflicto: encontró un campo fértil ya labrado por la sentencia de 1926 y la Gran Depresión, e infundió un significado político a demandas que hasta entonces habían sido locales y dispersas.

La trayectoria: la Revolución en Marcha y la Ley 200

Cuando Alfonso López Pumarejo llegó a la presidencia en 1934 —tras años en que el Partido Liberal había incorporado las aspiraciones de la creciente clase media urbana y de la clase obrera sin derrotar del todo a su facción terrateniente—, la insurgencia agraria era ya un dato de la política nacional. Su primer gobierno, hasta 1938, se llamó Revolución en Marcha y adoptó un programa de reformas modernizadoras: sufragio universal masculino, educación laica, impuestos progresivos, apoyo a los sindicatos. La reforma constitucional abrió vías a la modernización del país y estuvo acompañada de demandas de separación entre Iglesia y Estado, en particular de la liberación de la educación de la tutela religiosa.

López no fue un revolucionario social. Fue un político pragmático que buscó la armonía mediante reformas moderadas y entendió que la mejor manera de neutralizar el descontento era incorporarlo. Promovió la sindicalización, resolvió huelgas favorablemente, atrajo intelectuales y políticos de izquierda al Partido Liberal, tejió incluso una suerte de frente popular con el Partido Comunista. La izquierda liberal, articulada en torno a la revista Acción Liberal, dio proyección nacional a los movimientos agrarios cundi-tolimenses entre 1932 y 1935 sin que estos perdieran su localismo. Fue lo que uno de los estudios más lúcidos del periodo llamó la domesticación del movimiento inconforme: incorporar a sus cuadros a la burocracia estatal, ofrecer asesoría legal a sus organizaciones, reglamentar los sindicatos —lo cual se hizo desde 1931— y agenciar la sindicalización desde el propio Estado. El Partido Comunista terminaría respaldando abiertamente los gobiernos de López.

El corazón agrario de la Revolución en Marcha fue la Ley 200 de 1936. Se la ha llamado, con razón, una ley de doble filo. Por un lado, prescribía la distribución de tierras no explotadas por sus dueños. Por otro, otorgaba a los grandes propietarios un plazo de diez años para explotar sus predios en forma capitalista, con base en el trabajo asalariado. Su artículo sexto —el más celebrado por los liberales reformistas— establecía la extinción del dominio sobre predios que permanecieran incultos durante diez años continuos. Sonaba a bomba. Nunca detonó: el plazo fue sucesivamente prorrogado —la Ley 100 de 1944 añadiría cinco años más— y la reversión nunca llegó a aplicarse.

Lo decisivo, sin embargo, no está en lo que la ley prometía distribuir sino en lo que efectivamente resolvió. La Ley 200 sustituyó el requisito del título original de enajenación —la prueba diabólica— por el criterio de destinación económica productiva. Es decir: le dio a los terratenientes una salida jurídica al problema que la sentencia de 1926 les había planteado. Bastaba con que probaran que estaban explotando la tierra para consolidar la propiedad, aun cuando no pudieran remontar el título a una concesión de la Corona o de la República. En un movimiento a la vez elegante y estructural, la reforma agraria de López resolvió la cuestión de la propiedad a favor de la propiedad.

El efecto sobre los campesinos fue paradójico y áspero. Ante la amenaza de extinción del dominio por inactividad, muchos propietarios optaron por dedicar sus tierras a la ganadería extensiva como forma de ocupación económica del suelo, lo cual desplazó cultivos e impulsó una expansión pecuaria a costa de la agricultura. Y en muchas haciendas, temerosos de que sus arrendatarios y aparceros reclamaran el estatuto de colonos y disputaran la propiedad, los terratenientes optaron por expulsarlos. La ley diseñada para modernizar la hacienda produjo, en la práctica, una ola desigual de desalojos. La aplicación dependió del equilibrio de poder local: donde los terratenientes controlaban los gobiernos municipales, la policía y los jueces, pudieron burlar la ley o imponer su propia interpretación; donde eran débiles, los colonos lograron prevalecer. Ese localismo, combinado con la fragmentación política del movimiento campesino, terminó siendo la variable decisiva.

Gaitán y la otra ruta

Mientras el liberalismo oficial legislaba la ambigüedad, Jorge Eliécer Gaitán construía —dentro y fuera del Partido Liberal— una versión más filosa del populismo agrario. En agosto de 1931 había propuesto un proyecto de ley que establecía que el cultivo y la explotación de la tierra son un deber del propietario, con la fórmula de que "la propiedad privada implica deberes para con la propiedad". En enero de 1932, en una conferencia en Cali, radicalizó su posición y preconizó la división de la propiedad sin indemnización.

Poco después fundó, junto con Carlos Arango Vélez, la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), que difundió a través de su órgano Unirismo un programa de intervención estatal con criterio social, reforma agraria, organización de cooperativas campesinas y nacionalismo antiimperialista. La UNIR proclamó la abstención electoral en 1934 y 1935, y terminó disuelta cuando Gaitán fue elegido representante a la Cámara por el liberalismo oficial: murió así, en un mismo gesto, un proyecto democrático independiente de los partidos tradicionales y una de las alternativas al liberalismo cooptador. Es el patrón que se repite en la historia colombiana: el socialismo absorbido por el liberalismo, que le presentaba posturas vagamente socializantes lo suficiente para desarticular la construcción de un partido obrero y campesino autónomo.

El Programa del Colón, de 1945, retomó y ordenó las ideas agrarias de Gaitán: limitar la tenencia de tierra a un máximo de mil hectáreas y revertir al Estado las tierras tituladas pero no explotadas por los terratenientes. La justificación era rotunda: es el trabajo —y no el simple título— el que debe originar la propiedad. La fórmula era la inversa exacta del principio consagrado por la Ley 200, que había hecho de la explotación una prueba de propiedad; Gaitán proponía hacer del trabajo una fuente originaria de derecho. Y su discurso pueblo-oligarquía trascendía la división bipartidista, convocando a liberales y a conservadores de base bajo la fórmula de que "el pueblo no tiene dos partidos, sino que ha sido partido en dos". La dicotomía entre el país real, olvidado y traicionado, y el país político, la oligarquía, encontró eco en campesinos, artesanos y obreros.

En 1946 se presentó como candidato presidencial. Obtuvo el voto de Bogotá y de varias ciudades grandes, mientras la maquinaria liberal oficial controlaba los bastiones rurales menores. La división liberal permitió la victoria del conservador Mariano Ospina Pérez. Dos años después, el 9 de abril de 1948, Gaitán fue asesinado en Bogotá. Fue el único de los grandes líderes populistas latinoamericanos de su generación —Cárdenas, los Perón, Vargas, Haya de la Torre— que murió asesinado. Con él se cerró abruptamente la única ruta populista que articulaba demanda agraria explícita con movilización urbana masiva y un programa concreto de límite a la tenencia y de reversión de tierras incultas.

La red: ligas, comunistas y liberales reformistas

Ningún relato del populismo agrario colombiano se sostiene sin nombrar la trama de organizaciones y personas que le dieron cuerpo. En Sumapaz y en el Tequendama, líderes agrarios como Erasmo Valencia y, después, Juan de la Cruz Varela, articularon una tradición campesina que sobrevivió a todas las reversiones, desde las invasiones de haciendas de los años veinte hasta los grupos de autodefensa que aparecerían al final de los cuarenta. Viotá se convirtió, ya desde los treinta, en un bastión rural del Partido Comunista.

En el sur del Tolima, en la zona del río Combeima, campesinos organizados bajo influencia comunista realizaron invasiones de tierras desde 1936, aprovechando precisamente la poca claridad de los títulos. De esa tradición emergerían dirigentes agrarios como Isauro Yosa y, más adelante, Pedro Antonio Marín —Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo—, uno de los jefes de las autodefensas campesinas durante la Violencia y luego jefe máximo de las FARC, operando bajo principios como la tierra para el que la trabaja y las leyes del Llano de 1953. La línea que va del arrendatario que se declara colono en 1927 al guerrillero que sube al monte en 1949 no es continua ni fatal, pero tampoco es imaginaria: pasa por las mismas veredas, las mismas familias, los mismos títulos disputados.

Del lado liberal, la nómina reformista incluyó a nombres que después ocuparían la presidencia o los grandes ministerios: Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo, Gerardo Molina en la izquierda del partido, Eduardo Santos como su cara moderada, Carlos Lleras Restrepo como su versión tecnocrática de posguerra. Todos, en distinto grado, entendieron que la relación con el movimiento agrario era también la clave de la hegemonía liberal. Y todos, con la excepción parcial de Lleras Restrepo veinte años después, contribuyeron a que el reformismo se replegara cuando la amenaza social se atenuó.

Detrás de esa memoria política estaba, además, el eco lejano de Rafael Uribe Uribe, el caudillo liberal de la Guerra de los Mil Días, quien en una conferencia de 1904 se había proclamado socialista de Estado y había abogado por la intervención estatal en la economía para promover el desarrollo agrícola y un bienestar social paternalista moderado. Uribe Uribe no fue reformador agrario en sentido moderno, pero anticipó el vocabulario intervencionista que la Revolución en Marcha adoptaría treinta años más tarde.

La reversión: pausa, Ley 100 y cierre del ciclo

El gobierno de Eduardo Santos, entre 1938 y 1942, impuso lo que él mismo llamó una pausa a la Revolución en Marcha. La pausa fue pactada desde 1937, ante la presión de gremios y estamentos sociales opositores. Santos se mostró menos reformista, marcó distancia de los movimientos sociales y creó las condiciones para la reversión posterior.

Cuando López Pumarejo volvió al poder en 1942, la coyuntura había cambiado. La amenaza obrera de los treinta se había atenuado, la crisis del capitalismo mundial había sido reemplazada por la economía de guerra, y la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) junto con la Federación Nacional de Cafeteros presionaban al gobierno para recuperar legalmente los contratos de aparcería y resolver la escasez de mano de obra generada por los desalojos masivos. De esa presión nació la Ley 100 de 1944. Amplió en cinco años el plazo para la extinción del dominio de predios incultos y, sobre todo, protegió a los terratenientes de las pretensiones de los aparceros que se declaraban colonos: autorizó en los contratos de aparcería prohibir el cultivo de productos de subsistencia, estipuló el rápido avalúo y pago de mejoras, y exigió que los trabajadores abandonaran la tierra inmediatamente después de expirar los contratos. Fue la Ley 200 puesta boca abajo: si aquella había resuelto el problema de los títulos a favor de los propietarios, esta resolvió el problema de la mano de obra a favor de los mismos.

El cierre no fue solo agrario. Tras el intento de golpe militar de 1944, el segundo gobierno de López decretó el estado de sitio, cerró el Congreso y estableció límites al debate público. En 1945, la Ley 6ª otorgó beneficios materiales a trabajadores organizados y protegió a líderes sindicales con fuero especial, pero al mismo tiempo limitó drásticamente el poder autónomo del movimiento obrero. Durante el gobierno de transición de Alberto Lleras Camargo, entre 1945 y 1946, en un contexto de agudización de tensiones sociales, se produjo la destrucción de FEDENAL, el sindicato más combativo del país. El proceso entre 1938 y 1946 fue, en un solo movimiento, la suspensión de las reformas y luego su reversión: el repliegue gradual de la clase bipartidista dominante una vez superada la amenaza que había justificado las concesiones.

La huella: Violencia, ANUC, guerrillas

El desenlace de este ciclo no está en un decreto sino en una hemorragia. La Violencia bipartidista, que se agudizó a partir de 1948 pero cuyos antecedentes están en los conflictos agrarios de los treinta, tuvo como uno de sus principales escenarios las zonas donde previamente habían existido movilizaciones campesinas y presencia de organizaciones políticas de izquierda: Valle del Cauca, Cundinamarca, Tolima, el antiguo Caldas, Norte de Santander. Según el cálculo del sociólogo Paul Oquist, la Violencia produjo el despojo de aproximadamente 393.648 parcelas. Miles de campesinos abandonaron o vendieron sus predios a precios inferiores a los normales; muchos migraron hacia zonas de colonización espontánea, engrosaron el desempleo urbano o se integraron a guerrillas. La Ley 200 había prometido, en teoría, revertir al Estado las tierras incultas de los grandes propietarios. La Violencia terminó redistribuyendo la propiedad, sí, pero en dirección contraria: del pequeño al grande, del pobre al rico, del arrendatario expulsado al comprador oportunista.

El gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, entre 1953 y 1957, intentó desactivar las guerrillas mediante amnistía y promesas de tierras, y creó el Instituto de Colonización e Inmigración (ICI) por Decreto 1894 de julio de 1953. El instituto fracasó y fue liquidado aproximadamente año y medio después: sus funciones y sus cuantiosas deudas se transfirieron a la Caja Agraria en marzo de 1956. La política agraria liberal, y también la conservadora, había privilegiado sistemáticamente la adjudicación de baldíos y los procesos de colonización sobre la redistribución de latifundios, evitando afectar la gran propiedad existente. Colonizar la selva era más barato, política y económicamente, que tocar la hacienda del vecino.

El problema agrario comenzó a ser reconocido tímidamente por las élites progresistas a partir de los años sesenta. La Ley 135 de 1961, expedida bajo el gobierno de Alberto Lleras Camargo, creó el INCORA. Y en 1967, ya bajo Carlos Lleras Restrepo, el Estado dio un paso que, visto en retrospectiva, cierra el arco largo del populismo agrario colombiano: la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) mediante la Resolución 061 de mayo de 1967 y el Decreto 755 del mismo mes. La motivación económica era transparente: vincular la población campesina a la tierra para aliviar la presión sobre el empleo urbano, en un momento en que la demanda de mano de obra industrial no podía absorber la oferta rural que llegaba a las ciudades. La motivación política, también: responder al ascenso de los movimientos insurgentes y al populismo urbano de la ANAPO del general Rojas Pinilla.

En 1970, la ANUC contaba con cerca de 845.000 usuarios inscritos, organizados en asociaciones sobre todo en zonas de colonización y de latifundios. Pero la criatura escapó a su creador. Su Plataforma Ideológica rechazó la colonización como sustituto de la reforma agraria y exigió la extinción del dominio de tierras privadas incultas y la expropiación del latifundio —dos banderas que reactivaban, con vocabulario más moderno, el espíritu del artículo sexto de la Ley 200. En agosto de 1971, la Junta Directiva reunida en Fúquene aprobó el Mandato Campesino, que declaró a la organización autónoma y orientada a una reforma agraria integral y democrática. En regiones como Caquetá, la ANUC pasó a la acción directa con ocupaciones de tierras y huelgas cívicas. Entre 1972 y 1974 atravesó un intenso proceso de conflicto interno y desintegración. Orlando Fals Borda la caracterizó como el mayor esfuerzo organizado de recuperación de tierras del siglo XX en Colombia; León Zamosc la describió como la mayor movilización rural de la segunda mitad del siglo.

Balance

Visto desde la larga duración, el populismo agrario colombiano fue simultáneamente una respuesta a una insurgencia rural real y un mecanismo de su domesticación. Nació de una presión campesina que el Estado no podía ignorar —invasiones en Sumapaz, radicalización en Viotá, la sentencia de 1926 que quitó el piso jurídico a los latifundios, la Gran Depresión que empujó a arrendatarios a declararse colonos— y fue diseñado para transformar la hacienda hacia un capitalismo agrario asalariado sin redistribuir la tierra. Su reversión mediante la Ley 100 de 1944 no fue traición: fue coherencia. Las concesiones reformistas habían sido toleradas por elementos importantes de la clase dominante mientras el movimiento laboral y campesino amenazaba su posición; canalizadas las organizaciones hacia la cooperación con el Partido Liberal, las políticas reformistas fueron abandonadas y reemplazadas por otras de signo contrario.

Dos advertencias corrigen la tentación de una lectura demasiado limpia. La primera: el fracaso redistributivo no fue solo obra del cálculo de las élites. La fragmentación geográfica de los movimientos campesinos, la pluralidad y especificidad local de sus demandas, y la debilidad organizativa de una izquierda propensa a ser absorbida por el liberalismo hicieron enormemente más fácil la cooptación región por región. La cuestión agraria colombiana nunca produjo rebeliones de la magnitud mexicana, peruana o boliviana; tampoco evolucionó hacia un orden rural igualitario como el costarricense. Quedó en un punto medio inestable: élites que no controlaron del todo la tierra ni al trabajador, campesinos que no fueron del todo libres del mercado ni de la concentración del poder.

La segunda: la contingencia del liderazgo importa. El asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948 truncó el único proyecto populista que articulaba demanda agraria con movilización urbana masiva y con un programa concreto —el límite de las mil hectáreas, la reversión al Estado de las tierras tituladas pero no explotadas, la propiedad fundada en el trabajo y no en el título. La frustración agraria posterior no fue solo producto del diseño de la Ley 200: fue también producto del cierre violento de esa alternativa política específica. Colombia no perdió su populismo agrario porque lo hubiera derrotado en debate, sino porque lo silenció a balazos y luego lo administró burocráticamente.

Ese es, quizá, el sello duradero del populismo agrario colombiano. No fue mentira ni promesa cumplida: fue una válvula. Se abrió cuando el vapor lo exigía, se cerró cuando la presión bajó, y dejó intacto —debajo de las leyes, los discursos y las estadísticas de sindicalización— el motor de un problema que las guerrillas, la Violencia y la ANUC no inventaron sino que heredaron. Sigue ahí.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Alfonso López Pumarejo — impulsor de la Revolución en Marcha y la Ley 200 de 1936, arquitecto de la domesticación institucional del movimiento campesino
  2. 02Jorge Eliécer Gaitán — representó la ruta alternativa y más radical del populismo agrario, con el Programa del Colón y la dicotomía pueblo-oligarquía
  3. 03Ley 200 de 1936 — pieza central del populismo agrario liberal, de doble filo: resolvió la prueba diabólica a favor de los terratenientes mientras prometía extinción de dominio sobre tierras incultas
  4. 04Sumapaz — epicentro del conflicto agrario más radical, donde campesinos desconocieron directamente la propiedad y se declararon colonos de baldíos
  5. 05Juan de la Cruz Varela — líder agrario de Sumapaz y el Tequendama que articuló una tradición campesina que sobrevivió a todas las reversiones del ciclo reformista
  6. 06Hacienda cafetera — estructura productiva de Cundinamarca y Tolima cuya crisis de títulos y relaciones de aparcería fue el sustrato material del populismo agrario
  7. 07ANUC — heredera tardía del ciclo frustrado del populismo agrario, surgida dos décadas después del desengaño de la Ley 200 y el asesinato de Gaitán
  8. 08Partido Comunista — organización que encontró en las luchas por los baldíos un campo fértil, articulándose con movimientos campesinos preexistentes y terminando por respaldar los gobiernos de López
06

Documentos y fragmentos citados

60 documentos · 85 fragmentos

01Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 363, 4102 citas
[1]

nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…

p. 363
[3]

a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…

p. 410
02Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 100, 1182 citas
[2]

factor was yet another reform in the legal system. Reflecting the state's tendency to take an interventionist role in the economy, the Colombian Supreme Court resolved for the first time to specify the legal criteria by which to distinguish private property from public land. When the Court ruled in 1926 that the only…

p. 100
[8]

by the large estates but by peasant producers, the government endeavored to facilitate colonization of the public domain by peasant settlers in order to expand food production. The uncertain status of landownership, however, frustrated the endeavor, leading the Supreme Court to define what was private property and…

p. 118
03Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 383, 4242 citas
[4]

a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi siempre una cuarta parte, de los cultivos…

p. 383
[32]

café pre sionaron leyes que revivieron y extendieron los sistemas laborales de dependencia en las grandes propiedades. La Ley 100 de 1944 protegía a los terratenientes de las pretensiones de los aparceros que se declaraban colonos. Los autorizaba en los contratos de aparceria a prohibir el cultivo de productos de…

p. 424
04Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 187, 2012 citas
[5]

de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…

p. 187
[19]

cam bios no fueron muy dr á sticos. Entre é stos estuvieron una reforma constitucional que dio otra vez el voto a pobres y analfabetos. El sufragio universal estuvo acompa ñ ado de la movilizaci ó n del elec torado, que se acostumbr ó a hacer manifestaciones callejeras para respaldar un gobierno que promet í a educaci…

p. 201
05El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3671 cita
[6]

ampliaciones de linderos propios". 30 En diciembre de 1935 Eduardo Zuleta Ángel, magistrado de la Cor- te, expone a la Cámara de Representantes el origen de tal situación: casi todas las tierras fueron otorgadas por la Corona bajo sistemas diferentes y sin ninguna noción de agrimensura, de modo que "es rarísimo…

p. 367
06Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 2401 cita
[7]

eran los únicos forasteros que abrazaron la causa de los colonos. Las modificaciones que más afectaban a los colonos tomaron forma en el escenario nacional. En los años veinte y comienzos de los treinta por primera vez nuevos grupos políticos empezaron a buscarse una base electoral apelando a los intereses de las…

p. 240
07Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2381 cita
[9]

pasó a ser arrendatario, la tierra fue destinada a cría o cebas de ganado y el consumo de víveres perdió gran parte de las fuentes que lo alimentaban. Todo esto como resultado de la teoría de la libertad planteada sin previo estudio de los hechos sociales». Y continúa don Miguel Samper, con noble y elevado acento: «No…

p. 238
08Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 279, 4452 citas
[10]

los primitivos fundadores de poblados y por los beneficiados por los empresarios de colonización capitalista, todos en trance de ensanchamiento de sus propiedades. Propiedades más reducidas, derivadas de adjudicaciones de baldíos y de ocupación de colonos en tierras no adjudicadas, presionados hacia el minifundio; y…

p. 279
[26]

situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…

p. 445
09Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 189, 2182 citas
[11]

1931). Era un proyecto que “desafiaba la tenue base con que se había consolida do gran parte de la propiedad privada y señalaba el camino hacia una reforma radical de las estructuras agrarias colombianas. De acuerdo con un observa dor de la época, si el proyecto de 1933 hubiese sido convertido en Ley, más de las tres…

p. 189
[33]

los esfuerzos económicos de toda la comunidad, haciendo más profunda la crisis nacional de materias primas y alimentos. Este era un proceso de fraude a la reforma agraria y a la ancestral aspiración del campesinado a la tierra, ya que el esquema liberal-burgués se orientaba en otra dirección: la incorporación de la…

p. 218
10Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 63, 962 citas
[12]

a su devenir histórico, ponían en serio peligro la estabilidad nacional. Los ímpetus reformistas del Gobierno, alimentados por una retórica llena de promesas, no podían sino escandalizar a los sectores tradicionales, que de por sí ya estaban horrorizados por lo que hacían otros liberales en distintos lugares del…

p. 63
[41]

puerta a él y a toda una generación ávida de darle una orientación más liberal al país. En lo que respecta a Gaitán, desde sus inicios en la política, quiso acercarse a los sectores populares. Lo hizo visitando las zonas pobres de la ciudad (La Perseverancia, Los Laches, Belén, Egipto, Cruces, 20 102. A nuestro…

p. 96
11El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 49, 604 citas
[13]

pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

p. 49
[14]

pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

p. 49
[39]

de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…

p. 60
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de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…

p. 60
12Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 441 cita
[15]

ó, San Andr é s, and Guajira, a trip that initiated the extraordinary labors that he would continue during the L ó pez Pumarejo administration to promote and develop the territories. 61 Conclusion Overshadowed by the "Revolution on March" program of reforms embraced by L ó pez Pumarejo, the impact of Olaya Herrera's…

p. 44
13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1461 cita
[16]

Boyacá, y en las santandereanas de P amp lona y García Rovira. Por primera vez en más de medio siglo De la amp liación de la ciudadanía a la dicta dur a y a la elite plutocrática l os liberales obt uvieron mayorías ab solutas. Sin e mbar go el siste- ma de c ir cuns cr ipciones les impidió se r mayoritarios en el Con-…

p. 146
14Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 72, 762 citas
[17]

crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…

p. 72
[48]

de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…

p. 76
15Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 22, 242 citas
[18]

Depresión que, al aumentar los precios de los productos importados, los había puesto por fuera del alcance de la 1nayoría de los consu1nidores y estünuló así la demanda de productos locales, disponibles a precios mucho más b~jos. Es de anotar que el Par- tido Conservador ejercía un proteccionisn1o con1ercial que rigió…

p. 22
[31]

lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…

p. 24
16Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 337, 3874 citas
[20]

y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…

p. 337
[21]

y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…

p. 337
[36]

y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…

p. 387
[37]

y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…

p. 387
17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 35, 452 citas
[22]

para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se pone como ejemplo que la luz eléctrica llegó primero al ingenio La Manuelita que a Cali, y que este tuvo primero una red ferroviaria hacia Buenaventura que hacia la ciudad. 13 Tomo Colombia adentro. Relatos territoriales del conflicto armado,…

p. 35
[25]

las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…

p. 45
18El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 3831 cita
[23]

La movilidad geográfica y ocupacional ahondó las líneas de estratificación vertical dentro del campesina- do y reforzó las tendencias individualistas. La fragmentación geográfica y política de estos movimientos y la pluralidad y especificidad local de las demandas facilitó a las clases domi- nantes enfrentar la…

p. 383
19Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 302, 3102 citas
[24]

fueron, ante todo, una reacción ante la supuesta amenaza de un movimiento laboral insurgente contra la hegemonía política y social de la clase gobernante. Las concesio- nes que implicaban para los trabaja- dores urbanos y rurales fueron apro- badas y toleradas por elementos im- portantes de la clase dominante mien-…

p. 302
[34]

los opre- sores de la clase trabajadora. El eclip- se de un movimiento laboral y la re- cuperación de la economía nacional y mundial a finales de los años 30 per- mitieron a la clase bipartidista domi- nante revertir gradualmente las polí- ticas de reforma social que había im- plantado ante la amenaza de los tra-…

p. 310
20Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 541 cita
[27]

200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…

p. 54
21El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 361 cita
[28]

la conformación de una amplia capa media campesina que pro- dujera grandes excedentes agrícolas que sirvieran para obtener un bajo nivel de precios para las subsistencias (salarios) y ma- terias primas de la industria, para dar lugar a un alto nivel de exportaciones agrícolas diferentes al café y para constituirse, en…

p. 36
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 50, 532 citas
[29]

jueces agrarios y estableció mecanismos para evitar la acumulación ociosa de baldíos, lo que a la larga les permitió a muchos campesinos hacerse con la propiedad de la tierra que ocupaban. Así se inició una tradición en el modelo de garantía del derecho a la tierra del campesinado que privilegió la entrega de baldíos…

p. 50
[42]

guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…

p. 53
23Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 641 cita
[30]

í a distributiva. Juzgada por estos prop ó sitos, la ley 200 efectivamente fue eficaz, casi.totalment é en cuanto al segundo de los prop ó sitos y un poco menos en cuanto al primero. El primer efecto fue propi ciar, a costa de las tierras agr í colas, la expansi ó n de la ganader í a como forma de “ ocupaci ó n econ ó…

p. 64
24Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 253, 3172 citas
[35]

liberal, tuvo un fuerte componente agrario y revela cierta radicalización del campesino." 316 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Entrega de la medalla al mérito agrícola a Pedro A. López, por parte de la Sociedad de Agricultores de Colombia, en junio de 1932. El diario El Espectador del 16 de mayo de 1931, menciona…

p. 317
[52]

"Colombia S.A.", libro del sociólogo Antonio García, publicado en Manizales en 1934. Nueva Historia de Colombia. Vol. III te al oficialismo liberal. Aunque la UNIR había proclamado la abstención electoral en las elecciones de 1935, como lo había hecho en 1934 para las presidenciales, Gaitán flamantemente salió elegido…

p. 253
25Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1961 cita
[38]

calificación Magna cum laude. Gaitán regresó al país en 1928, fue elegido representante a la Cámara y desde allí investigó los suce- sos de la masacre de trabajadores de la United Fruit; sus denuncias se convir- tieron en abierto debate contra el go- bierno de Abadía Méndez y fueron el fundamento para su figura de…

p. 196
26Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1371 cita
[43]

to the social resentment of the middle and working classes against the mostly well-born and lighter-skinned figures who staffed the higher levels of government and of all the nation's institutions. When he pre- sented himself as candidate for president in 1946, Gaitan carried Bogota and several other large cities,…

p. 137
27Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[44]

zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…

p. 149
28Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[45]

in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…

p. 115
29Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2461 cita
[46]

por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…

p. 246
30Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 501 cita
[47]

Estos nicleos compuestos por obre- ros, artesanose intelectuales se lanzan a la tarea de organizar el naciente movimiento laboral a través de congresos obreros. En el segundo de estos con- gresos, en julio de 1925, surgié la Confederacién Obrera Nacional, con un marcado tinte anarcosin- dicalista. Un afio més tarde,…

p. 50
31La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 841 cita
[49]

los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…

p. 84
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[50]

de pro- piedad o de la institución de la familia, tales como están reconocidos y amparadas por la Constitución y leyes del país. 3. Promover, estimar o sostener huelgas violatorias de las leyes que las regula; y 4. Hacer apología de hechos definidos por las leyes penales como delitos. 56 Kalmanovitz, Economía y…

p. 42
33Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 181 cita
[51]

las dificultades que tuvieron para actuar en el ámbito político colombiano; aunque, participaron de la “crisis del sistema conservador”, como lo demostró la creciente actividad huelguística en los años veinte y treinta. 50 El incipiente peso de los movimientos políticos de izquierda permitió que estos se replegaran al…

p. 18
34Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 29, 332 citas
[53]

los bajos precios de compra y las exigencias de 7 “China en Miniatura”, Semana, febrero 5 de 1949. 8 Víctor Julio Merchán, “La Autodefensa. Testimonio”, Estudios Marxistas 10 (1975): 118. 9 José Gutiérrez, Un intruso en el espejo (Bogotá: Ediciones Spiridon, 1988), 243. 35 Primer Periodo trabajo obligatorio, impuestos…

p. 33
[60]

1 Por ejemplo: Eduardo Pizarro, Las FARC 1949-1966: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha (Bogotá: Tercer Mundo-IEPRI, 1991). 31 Primer Periodo conflictos agrarios de las décadas anteriores con la creación de las farc en 1964 y su evolución posterior: su arraigo campesino, la importancia de…

p. 29
35El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1251 cita
[54]

n ú mero de peri ó dicos socialistas pas ó de ochenta. Eran peri ó dicos de poco tiraje y pocas hojas, pero no puede ser subestimado el hecho de la existencia de un diario, de seminarios y del n ú mero tan elevado de este tipo de publicaciones. A pesar de ser peri ó dicos de orientaci ó n reformista “ moderada ” e…

p. 125
36Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 582 citas
[55]

el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…

p. 58
[56]

el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…

p. 58
37Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[57]

conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…

p. 497
38Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 411 cita
[58]

del movimiento sindical, lo que llevó a la destrucción del sindicato más combativo del país en ese momento: FEDENAL. Pero no era el fin de la lucha, ya que Bogotá, Cali y Medellín, que eran en ese momento los centros urbanos más grandes del país, fueron escenarios de resistencias que se prolongaron hasta 1949, lapso…

p. 41
39El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 981 cita
[59]

partido dominante reconocido como tal) (Gutiérrez, en prensa). Estaban demasiado faccionalizados, sufrían de una cantidad muy grande de fracturas territoriales e ideológi cas, y carecían del acceso a recursos claves (como por ejemplo una alianza orgánica con la Iglesia católica) que habían constituido un aspecto…

p. 98
40Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 181 cita
[61]

y el Partido Conservador. La última de esas guerras, conocida como la guerra de los Mil Días, transcurrió entre 1899 y 1902 causando 100.000 muertes —sobre una población de menos de tres millones—, y suponiendo, además, la pérdida de Panamá. Es por esto que algunas voces, tomando como base lo anterior, entienden que…

p. 18
41Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 cita
[62]

años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…

p. 44
42When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 941 cita
[63]

leaders during his year as president, Alberto Ueras indicted the whole political leadership of the nation. ((The barbarians aren't the campesinos)" he told them; ((rather, they are the ones who from above move the abominable machinery which produces the [partisan] effect. \\!hen you read in newspapers of the capital…

p. 94
43Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1251 cita
[64]

en cierto modo, entre parénte- sis. Había incluso un no confesado te- mor a penetrar en su territorio. Esta situación ha comenzado a cam- biar aceleradamente en años recien- tes. La Violencia se ha desacralizado y constituye ya no sólo un referente histórico privilegiado sino, además, uno de los ejes de atracción de…

p. 125
44La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 211 cita
[65]

al Presbítero Camilo Torres Restrepo, fraternal im- pulsador de todas las horas; a la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional que promovió la idea de la investi- gación; a la Fundación de la Paz con cuyo patrocinio fue posible realizar la labor; a don René Camargo, generoso auxiliar; al doctor Andrew Pearse…

p. 21
45When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 203 citas
[66]

control in the campo, or countryside) the Violencia was a major force for social change in rural Colombia. 22 \Vh.en peasants formed guenilla groups for their self-defense they began acquiring a sense oftigroup solidarity" leading to true class-con- sciousness. The sectarianism used so successfully by the dominant…

p. 20
[67]

control in the campo, or countryside) the Violencia was a major force for social change in rural Colombia. 22 \Vh.en peasants formed guenilla groups for their self-defense they began acquiring a sense oftigroup solidarity" leading to true class-con- sciousness. The sectarianism used so successfully by the dominant…

p. 20
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control in the campo, or countryside) the Violencia was a major force for social change in rural Colombia. 22 \Vh.en peasants formed guenilla groups for their self-defense they began acquiring a sense oftigroup solidarity" leading to true class-con- sciousness. The sectarianism used so successfully by the dominant…

p. 20
46Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 262 citas
[69]

prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…

p. 26
[70]

prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…

p. 26
47Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 861 cita
[71]

lograr la entrega de las guerrillas liberales y comunistas y de los grupos armados conservadores, Rojas Pinilla ofreció, además de una amnistía general, entregar tierra a los campesinos y titular baldíos a los colonos. Para cumplir esta promesa, en julio de 1953 expidió el Decreto 1894 por el cual se creó el ICI…

p. 86
48La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 2121 cita
[72]

luz, […] entonces eso es una contradiccion, donde se dice que no pero donde las bases de una u otra forma empiezan a recibir los favores de los políticos tradicionales (Hombres/adultos/ ex dirigentes campesinos/ Sincelejo/ Sucre/ noviembre de 2009). Pero no se puede poner en duda que el gran gestor inicial de la Anuc…

p. 212
49Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7251 cita
[73]

con su hijo y hermano, el 5 de agosto de 1989 2476. Más adelante hubo allanamientos, amenazas y el desplazamiento forzado de la tesorera departamental de Anmucic-Atlántico; amenazas, hostigamien- tos, desplazamiento forzado y secuestro de una de la lideresa indígena de Anmucic-La Guajira en 2003; y amenazas,…

p. 725
50Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 241, 2502 citas
[74]

la rutina teórica que ha surgido de los estudios generales de la Violencia y se adelanta en la comprensión de sus factores y condiciones reales. Puede ser que continúe esta saludable tenden- cia de regionalizar el estudio de tan importante proceso. Cf. Russell W. Ramsey, "Critical bibliography on La Violencia in…

p. 250
[82]

actitudes nuevas —como tampoco sin la experiencia acumulada en tantas tomas espontáneas del pasado reciente en Sucre, Cór- doba y Bolívar—, la ANUC no habría podido contar con tantos cuadros campesinos como de repente aparecieron en los años 70, cuando se dio el grito de partida para el mayor esfuerzo organi- zado de…

p. 241
51The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 681 cita
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gov- ernment in the formation of the subcontinental economic community, the Andean Pact. 38 Since low wages would be a decisive influence on the competitiveness of Colombian manufactures in the international market, a Labor Reform Act established the foundations for the future coercive exploitation of the labor force,…

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52Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
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un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…

p. 139
53Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 291 cita
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que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…

p. 29
54Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 691 cita
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pequeño paso para la organización campesina, pero un gran salto para reformar con equidad la estructura agraria del país. La dureza del discurso del presidente Lleras no era nueva. Tampoco gratuita. En 1968, durante la entrega de títulos de propiedad a antiguos terrajeros y aparceros del bajo Sinú, dejaba un vehemente…

p. 69
55Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 401 cita
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la ANUC. En ellos la Asociación rechazaba la colonización como substituto de la reforma agraria, exigía la extinción del domi- nio de tierras privadas incultas y la expropiación del latifundio, ade- más de los apoyos estatales para elevar el nivel de vida campesino. El Mandato Campesino de la ANUC, aprobado por la…

p. 40
56Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
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colonización cultural y territorial, que implicaron formas de violencia tanto físicas como simbólicas. 128 Becerra, «Las relaciones entre misioneros», 17. presentación 63 De la crisis de la economía campesina a la economía de la cocaína (1972—1980) 64 fiflćflThffan nexosfl. nThnflon P ara la década del 70, la promesa…

p. 62
57At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2401 cita
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activity. The ANUC-Caquetá branch of the national movement was one of its most vibrant since its inception. At fi rst, the bulk of their energies were dedicated to squatting on unused public and private lands. However, over time their actions expanded to civic strikes and occupations of local state agencies to demand…

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58Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2411 cita
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formado por grupos muy pequeños, afectado por una gran movilidad, ejercía formas cotidianas de resistencia y tenía una participación bastante particular en el sistema político; por tanto, la élite no podía ejercer dominio total sobre el campesinado de la zona norte de la cordillera de los Andes. La diversidad de las…

p. 241
59Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2381 cita
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in the countryside enhanced stability in democratic societies. “In all civilized nations,” he wrote in 1926, “it is the yeoman farmer” who anchors the middle class, which is “the backbone of society, the sinew of stability.” 91 By the 1920s, many Conservatives accepted that idea as well. In 1929, Minister of Mines…

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60Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 2731 cita
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Reyes obeyed both ideological and personal interests. As early as 1904 in a celebrated lecture Uribe Uribe had pro- claimed himself a "state socialist," by which he meant that he was an advocate of state intervention in the economy to promote economic development (especially agriculture) and a believer in a moderate…

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