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Idea transversal

Aparcería

La aparcería fue el contrato agrario por el cual el propietario de una hacienda cedía a un campesino sin tierra el uso de una parcela a cambio de una porción de la cosecha, de jornadas de trabajo en los cultivos del dueño, o de ambas cosas a la vez. Bajo ese nombre genérico —y bajo los de agregatura, porambería, arrendamiento, vivientes, mediasquería y cosecheros— se organizó buena parte del trabajo rural colombiano entre la disolución de la esclavitud y la mecanización de la agricultura.

3.962 palabras40 documentos52 fragmentos citados
Aparcería

Trayectoria de una idea

  1. 1768

    Registro temprano del sistema de agregados en Ibagué

  2. 1821

    Ley de libertad de vientres y el 'concierto forzoso de manumisos'

  3. 1917

    Coexistencia de modalidades laborales en la Hacienda Fagua

  4. 1926

    Inicio del ciclo de conflictos agrarios en Cundinamarca-Tolima

  5. 1944

    Ley 100 de 1944: reconocimiento y regulación de los contratos de aparcería

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La lectura

La aparcería colombiana no fue una institución uniforme sino un campo de variantes que reflejaba las herencias coloniales, las estructuras de propiedad y las geografías regionales de cada zona del país. En su versión más extendida —la de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima— fue un dispositivo de retención de mano de obra que combinaba parcela de subsistencia, jornadas obligatorias, prohibición de sembrar café, trabajo subsidiario en caminos y multas por infracciones, todo ello sostenido durante décadas por acuerdos verbales que hacían inmodificable la asimetría entre propietario y trabajador. La dualidad estructural que generaba —una economía parcelaria de subsistencia dentro de una hacienda exportadora— fue también su falla: cuando el relevo generacional y la prédica socialista erosionaron la subordinación tradicional en los años veinte, esa tensión se convirtió en el motor de los grandes conflictos agrarios de Cundinamarca y Tolima. En contraste, allí donde el latifundismo coexistió con propiedad campesina —Antioquia, Santander—, la misma institución operó con menos violencia y no produjo movilizaciones equivalentes, lo que revela que la aparcería solo explica el conflicto agrario colombiano en articulación con la estructura de tenencia, la herencia racial y la historia regional. La Ley 100 de 1944 intentó encuadrar ese universo contractual en normas escritas y plazos mínimos, pero llegó tarde a un sistema cuya crisis ya había redefinido la cuestión agraria del siglo XX.

La aparcería en Colombia

La aparcería fue el contrato por el cual el propietario de una hacienda entregaba a un campesino sin tierra el uso de una parcela a cambio de una porción de la cosecha, de trabajo en los cultivos del dueño, o de ambas cosas a la vez. Bajo ese nombre genérico —y bajo los de agregatura, porambería, arrendamiento, vivientes, mediasquería o cosecheros, todos reconocidos legalmente hasta mediados del siglo XX— se organizó buena parte del trabajo rural colombiano entre la disolución de la esclavitud y la mecanización de la agricultura. No fue un sistema uniforme: cambió de forma entre la Sabana de Bogotá y las vertientes cafeteras, entre las medianas propiedades santandereanas y los grandes cafetales del Sumapaz, entre la Antioquia de los agregados y el Tolima de los arrendatarios. Pero en su versión más extendida y más consecuente —la de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima— fue mucho más que un contrato agrario: fue el dispositivo por el cual el latifundio retuvo mano de obra sin pagarla en dinero y sin admitirla como propietaria, y su crisis, entre los años veinte y los cuarenta, se convirtió en el motor silencioso de la cuestión agraria colombiana.

Qué era, en la letra y en la práctica

En su forma más simple, la aparcería consistía en un pacto: el dueño cedía una parcela y el aparcero le entregaba, casi siempre, una cuarta parte de lo producido en ella; en algunas localidades el porcentaje subía a un tercio. Esa geometría elemental era apenas una de las variantes posibles. En otras modalidades, el aparcero o arrendatario no entregaba fruto sino días de trabajo: un número fijo de jornadas al año en las tierras de la hacienda, retribuidas al salario vigente en la región. En otras, ambas obligaciones se combinaban. Y en las cafeteras, sobre todo, el contrato se cargaba de cláusulas accesorias que lo alejaban de cualquier acuerdo entre iguales: trabajo personal subsidiario para construir y mantener caminos, servicio de policía rural, multas por infringir las disposiciones del hacendado, prohibiciones expresas sobre qué se podía o no sembrar en la parcela propia.

La primera de esas prohibiciones fijaba el sentido económico entero del arreglo: al arrendatario de la hacienda cafetera de Cundinamarca-Tolima le estaba vedado sembrar café en su fundo. Podía cultivar maíz, plátano, yuca y caña; podía criar aves y animales menores; podía levantar rancho. Pero el café —el único cultivo con destino de exportación y con precio en oro— solo se plantaba bajo la dirección del administrador, y solo dentro de los cafetales del patrón. En otras haciendas se llegaba más lejos y se prohibía también el simple comercio del café que el aparcero pudiera obtener por otras vías. La parcela quedaba así confinada a la subsistencia; el circuito monetario, monopolizado por el dueño.

Antes de los años cuarenta, todos estos acuerdos eran, por lo general, verbales. En la palabra del hacendado y en la memoria del capataz cabían las estipulaciones sobre avances crediticios, sobre el procesamiento del café, sobre el acceso a los pastizales de la finca, sobre el porcentaje del capital comprometido en cada faena. Esa oralidad no era descuido: era el modo en que la asimetría se volvía inmodificable. El aparcero no tenía dónde leer sus derechos, y el propietario podía redefinirlos sin costo.

De la mita al concierto, del concierto a la agregatura

La aparcería colombiana no fue una invención del siglo XIX. Sus formas se decantaron a lo largo de un proceso más antiguo, en el que el trabajo forzado colonial fue mudando de piel hasta encontrar la del contrato. El primer eslabón fue la coerción absoluta: el servicio personal indígena como pago del tributo. De allí se pasó al sistema de conciertos, en el que la mano de obra se distribuía por vía político-administrativa. En la Sabana Cundiboyacense, los indios concertados trabajaban periodos de tres a seis meses a cambio de un salario; junto a ellos, el peonaje operaba mediante contrataciones temporales para tareas puntuales. El Estado, en teoría, controlaba la asignación de trabajadores; en la práctica, la escasez de funcionarios y los nexos de los corregidores de partido con los intereses locales dejaban ese control en manos de los propios hacendados.

Sobre esa base se instaló, en las últimas décadas del siglo XVIII, la figura del agregado: personas que vivían dentro de las tierras de la hacienda sin pagar arriendo formal, obligadas a colaborar en faenas como los rodeos. El registro más temprano conocido es el de la hacienda de San Miguel de Doima, en la región de Ibagué, en 1768. La agregatura cubría en realidad varias formas de colonato y respondía a una restricción estructural de la hacienda colonial: la incapacidad de pagar salarios plenos. En lugar de dinero, la hacienda ofrecía tierra; en lugar de renta en dinero, cobraba renta en trabajo o en especie. Los arriendos del vínculo de Pastrana, en la Sabana de Bogotá, mostraban ya la coexistencia habitual de las dos formas: dinero y cargas de harina como parte del mismo pago.

La independencia no rompió esa lógica; la reformuló. La ley del 21 de julio de 1821, de libertad de vientres, decretó el fin gradual de la esclavitud pero obligó a los hijos de las esclavas a servir a los amos de sus madres hasta los dieciocho años, en lo que se llamó el "concierto forzoso de manumisos". Dos décadas más tarde, la ley del 29 de mayo de 1842 extendió esa sujeción hasta los veinticinco años. Bajo forma contractual se prolongaba una relación coercitiva. En Cundinamarca y Boyacá, a lo largo de todo el siglo XIX, las haciendas agrícolas y ganaderas siguieron empleando población indígena bajo relaciones principalmente serviles. Cuando el café se expandió hacia el sur de Cundinamarca y el norte del Tolima en las últimas décadas del siglo, encontró ese sustrato listo: una economía habituada a pagar la tierra con trabajo y a extraer trabajo sin pagarlo con dinero.

La matriz cafetera de Cundinamarca-Tolima

Fue en la hacienda cafetera de las vertientes de la Cordillera Oriental donde la aparcería —o, más precisamente, el arrendamiento precapitalista, su primo hermano— alcanzó su forma más definida y más rígida. Allí, el sistema dominante no fue la aparcería con reparto de cosecha en sentido estricto, sino un contrato de arrendamiento que combinaba parcela de subsistencia y jornadas obligatorias en el cafetal del patrón. El nombre importa menos que la estructura: en su núcleo funcionaba la misma lógica de tierra a cambio de trabajo, y la palabra "aparcería" terminó cubriendo, en el uso corriente y en la ley, ese conjunto de formas.

El arrendatario recibía una parcela cuyo tamaño no negociaba: lo fijaba el propietario. Esa asimetría era el punto de partida. En ella podía sembrar cultivos de pan coger, criar animales, construir casa; a cambio, debía trabajar un número determinado de días al año en los cafetales de la hacienda, con el salario regional. La extensión de la obligación variaba según el tamaño de la parcela, su localización y la calidad de sus suelos. Y sobre ella se apilaban las prohibiciones: no sembrar café, no comerciarlo, no establecer mejoras permanentes que pudieran, con el tiempo, sostener un reclamo de posesión.

De esa arquitectura nacía una dualidad que sería la falla estructural del sistema. Dentro de una misma unidad productiva convivían dos economías: la del hacendado, orientada al mercado externo y monetizada; y la del arrendatario, orientada a la subsistencia y en gran medida ajena al circuito monetario. La remuneración del trabajador se realizaba, en efecto, directamente en especie o mediante el cultivo de su propia comida, manteniéndolo fuera del mercado tanto como comprador como vendedor. La hacienda cafetera era, en ese sentido, una máquina exportadora sostenida por una constelación de pequeñas economías autosuficientes que giraban en su interior sin llegar a desprenderse.

El patrón de asentamiento reforzaba esa dualidad. Las parcelas se dispersaban por las vertientes, y los arrendatarios adquirían con el tiempo una autonomía familiar y económica creciente, aun estando obligados a trabajar en los cafetales. A las cuadrillas de jornaleros temporales, contratados para la recolección, se sumaban los trabajadores permanentes con cuota mínima de deshierbe —un área mínima anual que debían mantener limpia— frente a los cuales los propios trabajadores preferían la forma más simple del jornal fijo. En haciendas como Fagua, entre 1917 y 1941, coexistían jornaleros temporales, arrendatarios y aparceros, cada uno con su modalidad y su lugar en la jerarquía interna.

Encima de todo esto operaba una división étnica y racial marcada. En las haciendas cafeteras de Cundinamarca-Tolima, propietarios y administradores eran identificados como "blancos"; los trabajadores, como "indios". Esa disparidad reforzó actitudes e ideologías racistas entre hacendados, administradores y capataces, y añadió a la coerción económica una capa de desprecio cotidiano. Los propietarios, por lo demás, tenían pocos activos fuera del café; a diferencia de sus pares antioqueños, integrados a la minería, al comercio y a la industria naciente, dependían casi enteramente de la finca. Cuando llegaban las crisis de precios, esa concentración de riesgo se transmitía como presión sobre las condiciones de los arrendatarios y agravaba los conflictos.

Las otras aparcerías: Antioquia y Santander

La imagen que se tiene hoy de la aparcería colombiana —con su carga semi-feudal, sus multas, su prohibición de sembrar café— viene sobre todo de esa matriz oriental. No fue la única forma que tomó el sistema. En Antioquia, la vinculación laboral de las explotaciones cafeteras se hizo por medio de los agregados, una forma heredada de la economía del siglo XIX; y aun cuando se hablaba de aparcería, esta funcionaba de un modo cualitativamente distinto. Se daba entre propietarios y aparceros en un marco de mayor autonomía y de mayor igualdad entre los contratantes, sin la coerción violenta ni el endeudamiento forzoso que caracterizaban las haciendas del oriente. El patrón de asentamiento era más concentrado, los propietarios diversificaban sus activos en otros sectores, y no existía la disparidad racial tajante que en Cundinamarca-Tolima teñía cada relación laboral.

En Santander, la producción cafetera se organizó sobre medianas y pequeñas propiedades, y allí la aparcería fue el sistema dominante. Las formas de producción santandereanas carecieron en general de los elementos semi-serviles de Cundinamarca. La coerción, las multas y la exclusión monetaria no eran allí la norma. Esta divergencia no fue casual: reflejaba pasados históricos distintos: las estructuras coloniales de propiedad y de trabajo, las herencias de encomienda y de resguardo, la presencia o ausencia de una masa de campesinado parcelario junto al latifundio.

La consecuencia es incómoda para las lecturas monocausales. Donde el latifundismo fue exclusivo, sin campesinado propietario a su lado —Cundinamarca-Tolima—, la aparcería tomó su forma más dura y produjo el conflicto más intenso. Donde el latifundismo coexistió con propiedad campesina —Antioquia, Santander—, la misma institución operó con menos violencia y no generó movilizaciones equivalentes. La aparcería, por sí sola, no explica el conflicto agrario colombiano; lo explica en articulación con la estructura de tenencia, la herencia racial y la geografía de la propiedad. En la región oriental, esa articulación fue explosiva.

La economía doméstica del aparcero

Dentro de la finca, la posición del aparcero era intermedia: no era jornalero puro, porque tenía acceso a tierra y a alimento; no era agricultor autosuficiente, porque la tierra era insuficiente y el trabajo no era libre. La jerarquía interna de la economía campesina colombiana lo situaba en un peldaño ambiguo, con más seguridad que el peón y menos autonomía que el pequeño propietario. Tenía casa, huerto, aves, a veces algo de ganado. Tenía comida. Pero no tenía título sobre nada de eso.

La parcela era su economía y su cárcel. En ella cultivaba maíz, plátano, yuca, caña —los cuatro cultivos clásicos del pan coger andino— y criaba lo que le permitieran. Algunos acuerdos le concedían acceso a los pastizales de la hacienda para su ganado menor, o incluían anticipos crediticios que lo ataban al hacendado como acreedor permanente. Pero la parcela no era suya, su tamaño no lo decidía él, y su producción estaba limitada por prohibiciones que aseguraban que el excedente comercial siguiera siendo monopolio del dueño. Cuando entregaba una cuarta parte —o una tercera— de lo cosechado, la entrega no era una renta libremente pactada: era el precio de habitar. Cuando trabajaba las jornadas debidas al cafetal, no lo hacía como asalariado libre: lo hacía como habitante obligado.

A esto se sumaban el trabajo subsidiario en caminos, la policía rural y las multas por infracciones a las normas del hacendado, que podían ir desde talar un árbol hasta ausentarse sin permiso. Cada una de esas cargas reducía un poco más el margen de autonomía. El resultado era una figura difícil de clasificar en las categorías estándar del derecho laboral: ni siervo, ni asalariado, ni arrendatario en el sentido moderno. Una forma híbrida, propia de una hacienda que producía para el mercado mundial con relaciones de trabajo herederas del orden colonial.

El estallido: 1926-1936

La dualidad hacienda-parcela funcionó mientras funcionó una determinada personalidad social del arrendatario: la de un trabajador que aceptaba la subordinación como parte del orden natural. En los años veinte, esa personalidad empezó a resquebrajarse. El relevo generacional trajo hijos que no habían conocido a los patrones fundadores; la prédica socialista y populista, que penetró en el campo por vías diversas, ofreció un vocabulario nuevo para nombrar viejos agravios. Los arrendatarios empezaron a pedir lo que hasta entonces había sido impensable: derecho a sembrar café en sus parcelas, libre movilidad de sus productos, sustitución de la obligación de trabajo por renta en dinero o en especie, reducción de multas, condiciones claras para el desalojo y pago de mejoras al vencimiento del contrato.

El detonante jurídico llegó en 1926. Un fallo de la Corte Suprema estableció que la única prueba válida de propiedad sobre un predio rural era el título original por el cual el Estado había enajenado la tierra del dominio público. La sentencia, técnica en apariencia, tuvo un efecto sísmico: muchos hacendados no podían exhibir ese título original, y sus propiedades quedaban expuestas al reclamo de que eran, en realidad, baldíos nacionales. Los arrendatarios pasaron entonces a la ofensiva. Hasta ese momento habían peleado a la defensiva, contra desalojos y contra aumentos de obligaciones; ahora tenían un argumento nuevo: si la hacienda era baldío, ellos eran colonos, no arrendatarios, y tenían derecho a permanecer.

Las movilizaciones se concentraron en tres regiones: el Tequendama, el Sumapaz y el sur del Tolima. Viotá, en el Tequendama, se convirtió en el principal centro cafetero de Cundinamarca y en el primer municipio de mayoría comunista del país; en 1933, Víctor J. Merchán fue elegido allí como primer concejal comunista, y tuvo que enfrentar a los demás miembros del cabildo en un ambiente hostil. En el Sumapaz, el movimiento agrario encontró en Erasmo Valencia a su líder político y en el Partido Agrario Nacional a su vehículo electoral, que llegó a elegir concejales y un diputado a la Asamblea de Cundinamarca. Entre las propuestas legislativas de Valencia figuró, no por azar, la prohibición del concierto de personas: la memoria colonial seguía viva.

En el sur del Tolima, hacia 1936, unos mil ochocientos colonos invadieron tierras sobre el río Combeima, aprovechando la poca claridad de los títulos de una hacienda. Al apoyo del Partido Socialista Revolucionario y de ligas agrarias locales, se sumó luego el del Partido Comunista de Colombia, que hizo del Tequendama y del Sumapaz una de sus bases rurales tempranas. El efímero Partido Agrario y disidencias liberales completaban el mapa político de la protesta.

Alfonso López Pumarejo, presidente entre 1934 y 1938, respondió con la Ley 200 de 1936, la llamada ley de tierras. La norma establecía la extinción del dominio sobre predios rurales incultos o insuficientemente explotados a los diez años, y creaba mecanismos para clarificar la propiedad. En teoría, era la respuesta reformista a la presión campesina. En la práctica, produjo un efecto que sus promotores no habían anticipado del todo: los terratenientes, temerosos de que los arrendatarios reclamaran derechos de posesión o de prescripción adquisitiva, procedieron a expulsarlos masivamente. Muchas tierras agrícolas fueron convertidas en ganadería extensiva, considerada forma válida de "ocupación económica del suelo", y la aparcería entró en su primera crisis grave.

El contragolpe: la Ley 100 de 1944

La expulsión de arrendatarios y aparceros creó, a los pocos años, un problema para los propios hacendados: escasez de mano de obra dispuesta a trabajar en las viejas condiciones. La Sociedad de Agricultores de Colombia, la Federación Nacional de Cafeteros y la Asociación Patronal Económica Nacional impulsaron entonces una campaña ante las autoridades para restablecer legalmente los contratos de aparcería y devolver seguridad jurídica a la tenencia. El resultado fue la Ley 100 de 1944.

La ley declaró de conveniencia pública los contratos de aparcería, agregatura, porambería, arrendamiento, vivientes, mediasquería y cosecheros. Dispuso que debían constar por escrito, con una duración mínima de dos años —o la que las partes pactaran para ganadería y cultivos de ciclo mayor— y con libertad para poner cultivos de pronto rendimiento. Y, sobre todo, hizo dos cosas decisivas: negó a arrendatarios y aparceros el derecho a convertirse en propietarios de las tierras que trabajaban, y extendió de diez a quince años el término de extinción de dominio establecido por la Ley 200. A los grandes propietarios se les daba, así, un plazo adicional para poner a producir sus tierras sin miedo a perderlas.

La Ley 100 fue una medida regresiva. Estuvo dirigida, ante todo, a devolver seguridad a los terratenientes y a facilitar el mercado de la propiedad rural, con la aparcería restablecida como forma legítima de vinculación laboral. Frenó las aspiraciones campesinas de acceso a la tierra, reforzó el control terrateniente sobre los trabajadores rurales, y protegió a los propietarios frente a tenedores que intentaran establecer mejoras de carácter permanente —esas mismas mejoras que, con el tiempo, podían fundar un reclamo de posesión—. El giro fue decisivo: si la Ley 200 había abierto una ventana para el ascenso campesino, la Ley 100 la cerró con doble llave.

La lenta descomposición y sus dos salidas

Después de 1944, la aparcería sobrevivió, pero como forma tensada. La violencia bipartidista que estalló en 1946 y se prolongó, en el campo, hasta bien entrados los años cincuenta, tuvo entre sus escenarios centrales precisamente las regiones donde la aparcería había sido más rígida y donde las movilizaciones de los treinta habían dejado organización acumulada. El Sumapaz, con Juan de la Cruz Varela como figura mayor tras la muerte de Erasmo Valencia, se convirtió en zona de resistencia armada campesina; el sur del Tolima, en semillero de las autodefensas agrarias que darían origen, en la década siguiente, a las guerrillas comunistas de largo aliento. La conexión no era lineal —la violencia tuvo también raíces bipartidistas y regionales propias— pero la memoria del conflicto agrario alimentó su intensidad.

En el terreno económico, mientras tanto, la aparcería empezó a ceder frente al trabajo asalariado y a la mecanización. En el Valle del Cauca, la transformación fue vertiginosa: el número de aparceros cayó de 7.938 en 1960 a apenas 452 en 1977, y ya en 1960 cerca de tres cuartas partes de las explotaciones estaban en manos de sus propietarios. El desarrollo capitalista en el campo vallecaucano, con caña, algodón y agricultura mecanizada, sencillamente hizo obsoleta la vieja forma. En las vertientes cafeteras el proceso fue más lento y desigual, pero la dirección era la misma: hacia el asalariado, hacia la parcela propia o hacia la expulsión.

El intento reformista de los años sesenta se enmarcó en ese cambio. El gobierno de Carlos Lleras Restrepo adoptó en 1968 una ley de arrendatarios y aparceros —la Ley 1.ª— que reorientó el proceso reformista hacia la distribución de latifundios inadecuadamente explotados, con intervención del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria en predios explotados bajo estas modalidades. Su lógica era la inversa de la Ley 100: permitir que aparceros y arrendatarios accedieran a la propiedad, alentar la producción agrícola a gran escala, eliminar progresivamente la aparcería como forma dominante. La Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, creada por el decreto 755 del 2 de mayo de 1967 y la resolución 061 del mismo mes, tenía entre sus objetivos fundacionales inscribir a arrendatarios y aparceros para convertirlos en propietarios, generar propuestas de crédito supervisado y asociativo, y servir de canal entre campesinos y Estado. Su creación respondía también a motivaciones políticas: constituía una respuesta al ascenso de los movimientos insurgentes y al populismo de la Alianza Nacional Popular.

Chicoral: la última puerta cerrada

El impulso reformista chocó con una contrarreforma organizada. En enero de 1972 se celebró en el municipio de Chicoral, en el Tolima, una reunión de sectores políticos y empresariales —con parlamentarios conservadores y liberales, ganaderos y terratenientes— que decidió modificar la legislación agraria para detener el proceso. De ese Pacto de Chicoral surgieron las medidas legales de los años siguientes, entre ellas la Ley 6.ª de 1975, que institucionalizó la aparcería como alternativa a la redistribución de la tierra: la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario solo procedería después de diez años de trabajo sobre el predio, un plazo que en la práctica hacía inviable la conversión.

La ley describió la relación de aparcería en términos que dieron cuenta de su naturaleza persistente: el campesino podía verse obligado a prestarle servicios personales al dueño de la tierra y a pagarle rentas en trabajo y en especie, una fórmula que Guillermo Perry, en 1983, calificaría de "la más rancia estirpe feudal". El diagnóstico era severo pero exacto: a las puertas de los años ochenta, la aparcería colombiana conservaba, en sus formas más duras, rasgos que la emparentaban con relaciones agrarias premodernas.

El efecto general del Pacto de Chicoral fue dejar intacta la concentración de la tierra en las zonas agrícolas centrales del país y desplazar a los campesinos hacia tres destinos: la colonización periférica —Caquetá, Guaviare, Meta, Urabá—, los barrios subnormales de las ciudades, o parcelas de pancoger insuficientes en las mismas regiones de origen. La cuestión agraria, que había estado en el centro de la política colombiana desde los años treinta, perdió centralidad en la agenda pública durante la segunda mitad de los setenta y los ochenta. No porque se hubiera resuelto: porque se había clausurado políticamente.

La huella

De la aparcería colombiana no queda un contrato vigente: quedan sus efectos. Quedan, en primer lugar, las regiones que la vivieron en su forma más dura y que arrastran desde entonces una historia particular de conflicto agrario: el Sumapaz, el Tequendama, el sur del Tolima, con su continuidad casi centenaria de movilización, resistencia y violencia. Quedan los patrones de tenencia que sus sucesivas legislaciones consolidaron: una gran propiedad protegida por la Ley 100, apenas rozada por la Ley 200 y la Ley 1.ª de 1968, blindada de nuevo por la Ley 6.ª de 1975. Queda la memoria de figuras que hicieron historia dentro de ella: Erasmo Valencia y su Partido Agrario, Juan de la Cruz Varela y las autodefensas del Sumapaz, Víctor J. Merchán en Viotá.

La aparcería no fue, por sí sola, la causa del conflicto agrario colombiano. Donde operó en marcos de mayor equidad —Antioquia, Santander—, no produjo movilización equivalente ni violencia comparable. Fue, más bien, la forma que tomó el problema en su epicentro geográfico: la manera concreta en que el latifundismo exclusivo de la Cordillera Oriental, la herencia racial colonial y la estructura de una economía cafetera dependiente combinaron sus fuerzas para retener trabajo sin pagarlo en dinero y sin admitirlo como propietario. Cuando esa combinación se agrietó, en los años veinte, se abrió una cuestión que el país no ha terminado de cerrar. La aparcería, como contrato, se ha ido apagando. Como huella, sigue viva en los mapas de la violencia rural, en la geografía de la propiedad y en la lista de reformas prometidas que Colombia todavía debe.

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En el archivo

65 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Colonia1600–17802
  1. 1650ConcertajeFicha
  2. 1675HaciendaFicha
02Independencia1810–18312
  1. 1820Continuidad colonialFicha
  2. 1821Disolución liberal de los resguardos indígenas y despojo comunal (1821-1828)Hecho
03Nueva Granada1831–18624
  1. 1800TerrajeFicha
  2. 1840Trabajo libreFicha
  3. 1850Disolución de resguardosFicha
  4. 1858Eugenio Díaz CastroFicha
04Estados Unidos de Colombia1863–18852
  1. 1845Introducción masiva de pastos africanos y expansión ganadera (1845–1880)Hecho
  2. 1870Trabajo asalariadoFicha
05Regeneración1886–19295
  1. 1890Consolidación cafetera del centro-occidente colombiano (1890–1910)Hecho
  2. 1900Sindicalismo agrarioFicha
  3. 1910La quintinada: insurgencia indígena por los resguardos (1910–1922)Hecho
  4. 1918Luchas por baldíos y movimiento campesino costeño (1918–1928)Hecho
  5. 1923Juana Julia GuzmánFicha
06República Liberal1930–194613
  1. 1928La Colonia Agrícola del Sumapaz y el autogobierno campesino (1928–1936)Hecho
  2. 1930Colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima (1930–1936)Hecho
  3. 1934La Revolución en MarchaHecho
  4. 1934Movilización agraria y conflictos por la tierra en Sumapaz, Tolima y Cundinamarca (1934–1936)Hecho
  5. 1935Erasmo ValenciaFicha
  6. 1935Masculinismo estructural en la historiografía de la República LiberalPregunta
  7. 1936ColonatoFicha
  8. 1936Ley 200 de 1936Ficha
  9. 1936Ligas campesinasFicha
  10. 1936Populismo agrarioFicha
  11. 1936Reforma Constitucional de 1936Hecho
  12. 1938El Gobierno de Eduardo Santos y la 'Pausa' (1938–1942)Hecho
  13. 1939Antonio García NossaFicha
07La Violencia1946–195711
  1. 1946Retorno conservador e inicio de la violencia bipartidista (1946–1947)Hecho
  2. 1948Cuestión agrariaFicha
  3. 1948Movilización popularFicha
  4. 1949Guerrillas del Llano y autodefensas comunistas del Tolima (1949–1955)Hecho
  5. 1950Acumulación originariaFicha
  6. 1950Conflicto agrarioFicha
  7. 1950Resistencia campesinaFicha
  8. 1950Violencia bipartidistaFicha
  9. 1951Escisión entre 'limpios' y 'comunes' en El Davis (1951–1953)Hecho
  10. 1954Guerra de Villarrica y Columnas de Marcha (1954–1955)Hecho
  11. 1958Urbanización colombiana de 1948–1985Pregunta
08Frente Nacional1958–19748
  1. 1961INCORAFicha
  2. 1961Recuperación de tierrasFicha
  3. 1961Reforma agraria fallidaFicha
  4. 1966Economía campesinaFicha
  5. 1969Estatuto Minero de 1969 y subordinación del suelo al subsueloHecho
  6. 1970Auge y radicalización de la ANUC: Mandato Campesino y recuperaciones de tierras (1970–1972)Hecho
  7. 1972El Pacto de ChicoralHecho
  8. 1972Pacto de ChicoralFicha
09Posconflicto2016–presente1
  1. 2016Reforma Rural IntegralFicha
10Transversal16
  1. 1680Regímenes de trabajo coercitivo en la Nueva GranadaPregunta
  2. 1880La colonización antioqueña democráticaPregunta
  3. 1900GamonalismoFicha
  4. 1900Hacienda cafeteraFicha
  5. 1930ViotáFicha
  6. 1936Función social de la propiedadFicha
  7. 1948Autodefensa campesinaFicha
  8. 1960Concentración de la tierraFicha
  9. 1960LatifundioFicha
  10. 1961Reforma agraria en ColombiaFicha
  11. 1964Las FARC: ¿injerto cubano o sedimentación agraria?Pregunta
  12. 1964Sur del TolimaFicha
  13. 1971ANUCFicha
  14. 1971ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos)Ficha
  15. 1972Contrarreforma agrariaFicha
  16. 2011Restitución de tierrasFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Hacienda cafetera — unidad productiva en la que la aparcería y el arrendamiento precapitalista organizaron el trabajo rural, especialmente en Cundinamarca y Tolima
  2. 02Latifundio — estructura de tenencia que condicionó la forma más rígida y coercitiva de la aparcería en la región oriental colombiana
  3. 03Reforma agraria — proceso político al que la crisis de la aparcería y los conflictos de arrendatarios de los años veinte y treinta sirvieron de motor silencioso
  4. 04Encomienda y sistema de conciertos — antecedentes coloniales directos de los que la aparcería heredó la lógica de extraer trabajo sin pagarlo plenamente en dinero
  5. 05Alfonso López Pumarejo — presidente bajo cuyo gobierno se promulgó la Ley 100 de 1944, que reguló y formalizó los contratos de aparcería
  6. 06Sumapaz y Cundinamarca-Tolima — territorios donde la aparcería tomó su forma más dura, con prohibición de sembrar café, trabajo subsidiario, multas y exclusión monetaria del aparcero
  7. 07Antioquia — región donde la aparcería operó de modo cualitativamente distinto, con mayor autonomía e igualdad entre contratantes y sin la coerción violenta característica del oriente
  8. 08Santander — región donde la aparcería fue el sistema dominante en medianas y pequeñas propiedades cafeteras, con ausencia general de elementos semi-serviles
06

Documentos y fragmentos citados

40 documentos · 52 fragmentos

01Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 380, 3832 citas
[1]

a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi siempre una cuarta parte, de los cultivos…

p. 383
[10]

de tales relaciones en el área situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas. Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,…

p. 380
02Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 67, 1744 citas
[2]

esenciales de la legalidad terrateniente para extraer rentas a los campesinos. La colonización antioqueña no fue tampoco inmaculadamen- te democrática: al lado de los productores independientes, que consolidaron derechos de propiedad, se asentaron también mu- chos criollos y mestizos pobres pero bien establecidos que…

p. 67
[3]

esenciales de la legalidad terrateniente para extraer rentas a los campesinos. La colonización antioqueña no fue tampoco inmaculadamen- te democrática: al lado de los productores independientes, que consolidaron derechos de propiedad, se asentaron también mu- chos criollos y mestizos pobres pero bien establecidos que…

p. 67
[16]

sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental. La producción evolucionó con cierta rapidez, porque en los años setentas se exportaron hasta 10.000 toneladas (en 1873), cuando en 1834 prácticamente no figuran más de 150 toneladas. 8 "En 1874, se cultivaba en Santander el 90% del café colombiano". 9 El deterioro…

p. 174
[17]

sobre las estribaciones de la Cordillera Oriental. La producción evolucionó con cierta rapidez, porque en los años setentas se exportaron hasta 10.000 toneladas (en 1873), cuando en 1834 prácticamente no figuran más de 150 toneladas. 8 "En 1874, se cultivaba en Santander el 90% del café colombiano". 9 El deterioro…

p. 174
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 37, 642 citas
[4]

ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…

p. 37
[45]

í a distributiva. Juzgada por estos prop ó sitos, la ley 200 efectivamente fue eficaz, casi.totalment é en cuanto al segundo de los prop ó sitos y un poco menos en cuanto al primero. El primer efecto fue propi ciar, a costa de las tierras agr í colas, la expansi ó n de la ganader í a como forma de “ ocupaci ó n econ ó…

p. 64
04Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 218, 2372 citas
[5]

de café 817.183 100% Fuente: Muestra cafetera nacional, 1954. Muestra Nacional Agropecuaria, 1954. E n s a y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia Las principales medidas aprobadas en la Ley 100 de 1944 fueron: 1. Declarar de conveniencia pública los contratos de…

p. 237
[25]

los esfuerzos económicos de toda la comunidad, haciendo más profunda la crisis nacional de materias primas y alimentos. Este era un proceso de fraude a la reforma agraria y a la ancestral aspiración del campesinado a la tierra, ya que el esquema liberal-burgués se orientaba en otra dirección: la incorporación de la…

p. 218
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 cita
[6]

medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…

p. 31
06Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 701 cita
[7]

vaya aumentando la importancia de su aporte al con- sumo de mano de obra de la hacienda. También se emplea, pero no en cantidades muy grandes, mano de obra esclava 38. Esta era importante en las tierras calientes, o en algunas partes de ellas. En la región del suroeste la evolución fue probablemente más desfavorable…

p. 70
07El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2031 cita
[8]

de la región (en este caso apropiándose de baldíos) mientras que paulatina- mente se poblaba con indígenas expulsados del Cauca. En estas regiones, se anotó arriba, la tremenda disparidad cultural y étnica entre los propietarios («blancos») y los jornaleros y peones («indios») reforzó actitudes e ideologías racistas…

p. 203
08El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 310, 3142 citas
[9]

la hacienda sirve de puente para emprender un análisis a otro nivel: el uso de la tierra, las técnicas del cultivo y los requerimientos de fuerza de trabajo en función del ciclo botánico del cafeto, lo cual da pie para describir en más detalle la jerarquización de los diferentes tipos de trabajadores y los sistemas de…

p. 310
[12]

autonomía familiar y económica de los arrendatarios con relación a las haciendas que a la postre dio lugar a una clara dualidad dentro de la hacienda: la economía parcela- ria del arrendatario y la economía cafetera de la hacienda. Cuando la personalidad servil desaparece con el relevo generacional y la prédica…

p. 314
09Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1741 cita
[11]

in this case, puritan habits of the owner. The arrendatarios grew their own food crops, but not coffee; the latter was planted under the administrator’s direction. One source of difficulty was the administrator’s rule that obliged the arrendata- rios to do unpaid work on the hacienda. Another source of difficulty was…

p. 174
10Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 118, 1222 citas
[13]

tasks such as weeding, the haciendas also imposed on the permanent workers a minimum annual area for them to clear, while the workers wanted a fixed daily wage for this work. The neo-classical dictum on the inefficiency of share-cropping is well known: 2 The share-cropper will exert a minimum effort to obtain a crop…

p. 118
[42]

the price of the basic foods that the hacienda must buy for rations remains constant, its effect is 'neutral' on the running costs of the hacienda, and the purchasing power of the workers' money-wage changes only through movements in the prices of other goods, such as textiles and tobacco, that he must buy in the…

p. 122
11Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 218, 2392 citas
[14]

de los conflictos (sobre lo cual existe, por lo demás, una amplia al campesino cafetero como un héroe nacional. El proceso de renovación, basado en los cultivos de caturra, se iniciaría en los años sesenta, tomando un gran impulso en la década del se- tenta. Cambios en la estructura de la producción Las haciendas…

p. 239
[18]

sin em- bargo, que el desarrollo cafetero co- menzó en la primera región en la dé- cada del setenta, y se desplazó hacia el Tequendama y, en menor medida, hacía el Sumapaz a fines del siglo. En el caso de Antioquia, el café ha- bía comenzado a desarrollarse en los años setenta en las cercanías de Me- dellín. La…

p. 218
12Assembling Flowers and Cultivating Homes: Labor and Gender in ColombiaGreta Friedemann-Sánchez · 2006 · p. 411 cita
[15]

farm is managed by a descendant of the original hacienda owners on the inherited property. Other farms produce flowers on land that was sold after 1974. Somewhat ironically, this section of the original Hacienda Fagua, which has developed in a way that has removed it far from its hacienda eco- nomic origins and…

p. 41
13Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 721 cita
[19]

única mano de obra disponible. El régimen del trabajo evolucionó de una coerción absoluta, que resultaba de transformar en servicios personales la obligación de pagar un tributo, hacia un sistema de conciertos. Como se ha visto, la distribución de la mano de obra disponible se realizaba en los conciertos mediante…

p. 72
14Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1031 cita
[20]

sabana cun- diboyacense y de otras regiones del país se sirvieron de la fuerza de trabajo indígena a través del sistema de concierto. Los indígenas repartidos en concierto a los distintos hacen- dados de la localidad trabajaban periodos de entre tres y seis meses, a cambio de un salario. El creciente mestizaje y las…

p. 103
15Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 3821 cita
[21]

al a renta de la tierra, é s t aprocedía d e larrendamiento p a r c i a lde l aha c i e n d a.E s t ar e n t ad e ls u e l otambién r e v e s t í ados formas: en l ofundamental s et r a t a b a de r e n t aen d i n e r o,pero en algunosc a s o ss epagabaen e s p e c i eo combinada l a sformas d i n e r o - e s p e c i…

p. 382
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2731 cita
[22]

pobres y todas las formas posibles de mestiza ci ó n que no estaban enmarcados dentro de un esquema institucional r í gido. Puede decirse que estos sectores fueron la base de relaciones sociales de producci ó n abiertas hacia el futuro. Como las exigen-' cias de tipo salarial no pod í an ser satisfechas por el tipo de…

p. 273
17Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1621 cita
[23]

tierra de hacienda, además de vivienda y / o comida. 2. Concierto forzoso. El fin de la esclavitud hizo nacer otro concierto que resultó forzoso, aunque teóricamente pudiera verse como una forma de trabajo libre. La ley del 21 de julio de 1821 que dispuso la libertad de vientres (los hijos de esclavos nacidos a partir…

p. 162
18Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1701 cita
[24]

por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…

p. 170
19Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 261 cita
[26]

los arrendatarios, de manera que quedara asegurado el control de los terratenientes sobre la tierra. ¿Qué condiciones y actores condt~eron a la pr01nulgación ~el~ Ley 100 y a sus resultados (es decir, proveer un rnarco legal inst1tuo~nal adecuado para n1ediar, arbitrar o decidir el conflicto rural aprop1aclo Fracaso…

p. 26
20Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[27]

conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…

p. 497
21Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 4011 cita
[28]

de 1944, que significó un cambio de orientación buscando obtener la asociación de propietarios y cultivadores mediante el establecimiento de los contratos de «aparcería», de celebración forzosa, que amparan al dueño de las tierras contra los tenedores que establezcan mejoras de carácter permanente. Me- diante esa ley,…

p. 401
22El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 361 cita
[29]

la conformación de una amplia capa media campesina que pro- dujera grandes excedentes agrícolas que sirvieran para obtener un bajo nivel de precios para las subsistencias (salarios) y ma- terias primas de la industria, para dar lugar a un alto nivel de exportaciones agrícolas diferentes al café y para constituirse, en…

p. 36
23Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1031 cita
[30]

y en la prestacion de servicios (crédito y asistencia técnica) que en la re- distribucién de la tierra. Estos gobiernos dedicaron sus esfuerzos a atender algunas zonas criticas, afec- 1778 tadas por la violencia politica en el decenio anterior, y a contrarrestar el surgimiento de las zonas de au- todefensa campesina,…

p. 103
24Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 292 citas
[31]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
[32]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
25Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1871 cita
[33]

de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…

p. 187
26Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 54, 2742 citas
[34]

de movilización, de todas formas se dieron manifestaciones en septiembre en las principales ciudades. El gobierno respondió usando la doble táctica de ESTRELLA ROJA khalil.rojo.col@gmail.com 274 prometer soluciones, mientras encarcelaba a los dirigentes de las protestas y reprimía duramente los desbordes populares…

p. 274
[46]

200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…

p. 54
27Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1001 cita
[35]

factor was yet another reform in the legal system. Reflecting the state's tendency to take an interventionist role in the economy, the Colombian Supreme Court resolved for the first time to specify the legal criteria by which to distinguish private property from public land. When the Court ruled in 1926 that the only…

p. 100
28Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 761 cita
[36]

de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…

p. 76
29Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2461 cita
[37]

por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…

p. 246
30Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 331 cita
[38]

los bajos precios de compra y las exigencias de 7 “China en Miniatura”, Semana, febrero 5 de 1949. 8 Víctor Julio Merchán, “La Autodefensa. Testimonio”, Estudios Marxistas 10 (1975): 118. 9 José Gutiérrez, Un intruso en el espejo (Bogotá: Ediciones Spiridon, 1988), 243. 35 Primer Periodo trabajo obligatorio, impuestos…

p. 33
31De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[39]

dispu- ta entre propietarios y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década…

p. 96
32De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[40]

y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década de 1920, el proceso de…

p. 96
33Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2821 cita
[41]

entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…

p. 282
34Conversations in Colombia: The Domestic Economy in Life and TextStephen Gudeman, Alberto Rivera · 1990 · p. 752 citas
[43]

for a different reason to set favorable terms with the sacarruinero. We find, in summary, five positions in the balance of land, food, and work: 1 The house with wage laborers (jornaleros) 2 The house with food or labor only or with insufficient food and labor to enter alone into sharecropping {sacarruinero) 3 The…

p. 75
[44]

for a different reason to set favorable terms with the sacarruinero. We find, in summary, five positions in the balance of land, food, and work: 1 The house with wage laborers (jornaleros) 2 The house with food or labor only or with insufficient food and labor to enter alone into sharecropping {sacarruinero) 3 The…

p. 75
35Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 681 cita
[47]

farms. (Ridler, 1978: 37) What materialized following the land reform was a legitimate structural recen- tralization of land in the hands of already large landholders who controlled the means of production (Palacios, 2006: 182–3; Pearce, 1990a: 92, 94). 16 With legislation (such as Law 1 of 1968) allowing and…

p. 68
36"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 761 cita
[48]

a la del colonato. Respecto de la aparcería, en 1960 se contaban 7. 938 aparceros mientras que el 1977 sólo estaban registrados 452. Estas formas precarias de tenencia eran marginales, en virtud po- tencialmente del desarrollo capitalista en el campo vallecaucano (ver Tablas No. 9 y 10). Tabla 9. Valle del Cauca:…

p. 76
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 cita
[49]

de tierras y siembra de pastos, forrajes y fumigación de potreros; pequeñas empresas de carne, leche y levante 79. Gracias a estos proyectos que se desarrollaron en la década de 1960, en la región se empezó a configurar un proceso de organización donde las asociaciones de usuarios cam- pesinos tuvieron un rol…

p. 53
38La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 2121 cita
[50]

luz, […] entonces eso es una contradiccion, donde se dice que no pero donde las bases de una u otra forma empiezan a recibir los favores de los políticos tradicionales (Hombres/adultos/ ex dirigentes campesinos/ Sincelejo/ Sucre/ noviembre de 2009). Pero no se puede poner en duda que el gran gestor inicial de la Anuc…

p. 212
39Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
[51]

un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…

p. 139
40Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3611 cita
[52]

octubre de 1971, el «Mandato Campesino», varios de- bates en el Congreso en septiembre y noviembre de 1971, obligaron al go- bierno a tomar la iniciativa de una reu- nión de los sectores políticos y empre- sariales en el pueblito tolimense de Chicoral en los primeros días de 1972. En esta reunión se pusieron sobre la…

p. 361