Idea · Frente Nacional
Pacto de Chicoral
Acuerdo bipartidista suscrito el 9 de enero de 1972 en Chicoral, Tolima, entre parlamentarios liberales y conservadores, gremios agropecuarios y representantes de la gran propiedad rural, que clausuró en la práctica la reforma agraria colombiana y se materializó en las leyes 4ª y 5ª de 1973 y la Ley 6ª de 1975.
Trayectoria de una idea
- 1961
Antecedente: Ley 135 y creación del Incora
- 1968
Intento reformista de Carlos Lleras Restrepo
- 1971
Oleada de tomas de tierras y Mandato Campesino
- 1972
Reunión y suscripción del Pacto de Chicoral
- 1973
Materialización legislativa: Leyes 4ª y 5ª de 1973
- 1975
Cierre del ciclo: Ley 6ª de 1975 y ruptura de la ANUC
La lectura
El Pacto de Chicoral no fue un tratado solemne sino un entendimiento político de élites que se ejecutó por vía legislativa, pero su impacto sobre la estructura agraria colombiana resultó más duradero que cualquier reforma anterior. Reunió en una sola mesa al bipartidismo del Frente Nacional, a los gremios agropecuarios y a los grandes propietarios rurales, sellando una alianza de clase que había operado de manera informal durante décadas. Su lógica no fue solo defensiva: al redefinir el baldío, la explotación adecuada y la aparcería, construyó un andamiaje jurídico activo que dificultó durante generaciones cualquier intento redistributivo posterior. La paradoja histórica del pacto es que fue convocado como respuesta al desbordamiento de la ANUC —organización que el propio Estado había creado—, lo que revela hasta qué punto la reforma agraria colombiana fue siempre una promesa que el sistema político generó y luego clausuró. En la larga duración, Chicoral es el nombre con el que Colombia recuerda el momento en que la vía institucional a la tierra se cerró, dejando abierta, en cambio, la vía del conflicto armado.
El Pacto de Chicoral
En el pueblito tolimense de Chicoral, a orillas de la carretera que une a Ibagué con Espinal, se reunió el 9 de enero de 1972 una comisión de parlamentarios liberales y conservadores con delegados de los gremios agropecuarios y representantes de la gran propiedad rural. De aquella jornada salió un acuerdo bipartidista que en la práctica clausuró la reforma agraria colombiana. El Pacto de Chicoral no fue una ley ni un tratado formal, sino un entendimiento político que se tradujo en la Ley 4ª y la Ley 5ª de 1973, y más tarde en la Ley 6ª de 1975. Con ese andamiaje jurídico las élites terratenientes, respaldadas por el gobierno de Misael Pastrana Borrero, blindaron la gran propiedad frente a la expropiación, redefinieron qué se entendía por baldío y por explotación adecuada, y desviaron de nuevo la política de tierras hacia la colonización periférica. En la memoria del país, Chicoral quedó como el nombre corto de una derrota: la del reformismo agrario impulsado por Carlos Lleras Restrepo y la del movimiento campesino que, a través de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, había llegado a contar con cerca de un millón de afiliados.
Un país de tierra concentrada
Para entender lo que se selló en Chicoral hay que mirar primero la estructura agraria sobre la que se firmó. Colombia entraba a los años setenta con una desigualdad rural que las leyes de la década anterior no habían logrado corregir; al contrario, la habían profundizado. El Censo Nacional Agropecuario de 1970-71 mostró que las explotaciones mayores de 500 hectáreas eran apenas el 0,7 por ciento de las unidades productivas del país pero controlaban el 40,9 por ciento de la superficie censada, mientras que las menores de 10 hectáreas, que agrupaban al 73,1 por ciento de los productores, disponían de solo el 7,2 por ciento de la tierra. Entre 1960 y 1970, con la legislación agraria ya vigente, las explotaciones menores de 10 hectáreas perdieron 170.000 hectáreas netas —una caída del 4,6 por ciento— y el estrato de 10 a 50 hectáreas absorbió 440.000, un 12,1 por ciento. La pequeña propiedad se fragmentaba mientras la grande crecía.
Esa geografía desigual tenía capas históricas. El latifundio ganadero de la Costa Atlántica y de algunas zonas de los Llanos Orientales convivía con las haciendas cafeteras del oriente y el occidente, con enclaves de pequeña propiedad campesina y con inmensas zonas de colonización abiertas desde el siglo XIX. La resistencia a cualquier reforma social o agraria venía encabezada desde los años treinta por el latifundio ganadero, y Colombia terminó adoptando lo que algunos historiadores llaman el "camino junker" del desarrollo capitalista en el campo —modernización desde arriba, sin revolución burguesa agraria previa— apenas a partir de los años cincuenta.
Las leyes anteriores habían dejado esa estructura casi intacta. La Ley 200 de 1936, del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, nunca tuvo por objeto redistribuir la propiedad sino estimular la productividad y modernizar el uso del suelo; su aplicación fue además incompleta, y los gobiernos posteriores prefirieron adjudicar baldíos y promover colonización antes que tocar las haciendas. La Ley 100 de 1944, nacida de una campaña de la Sociedad de Agricultores de Colombia y la Federación Nacional de Cafeteros ante las autoridades, recuperó legalmente los contratos de aparcería y protegió a los terratenientes frente a arrendatarios y aparceros que buscaban asumir la posición de colonos: fue, con precisión, un fraude a la reforma agraria. Ese patrón —anunciar redistribución, entregar baldíos, blindar el latifundio— llegaría hasta Chicoral con una continuidad que asombra.
El intento reformista y su bloqueo
La Ley 135 de 1961, aprobada en el gobierno de Alberto Lleras Camargo, creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora) y fijó el marco legal de lo que se anunciaba como una transformación de fondo. Se inscribía en la lógica de la Alianza para el Progreso, la estrategia con la que Washington buscaba desactivar el ejemplo cubano mediante cooperación económica y reformas moderadas. Lleras Camargo saludó la aprobación de la ley como el "momento culminante de su administración". En los papeles, se abría una vía: expropiar tierras mal explotadas, indemnizar a sus dueños y adjudicarlas a campesinos sin tierra.
En la práctica, la ley no estipulaba mecanismos eficaces para forzar la redistribución, y el Incora carecía de capacidad institucional para responder a la demanda. Las élites terratenientes, con representación directa en el Congreso, con funcionarios capturados por el clientelismo y con influencia sobre las autoridades locales, lograron que la acción del instituto se concentrara en colonizaciones dirigidas fuera de la frontera agrícola —en el piedemonte oriental de la cordillera, el Magdalena Medio, la altillanura entre Meta y Vichada, el sur de Córdoba y varias subregiones antioqueñas como el bajo Cauca, el nordeste y Urabá— antes que en tocar los latifundios ya productivos. Se redistribuía el mapa hacia las selvas y las sabanas remotas; se dejaba intacto el corazón agrícola del país.
El único intento serio de forzar la mano vino con el gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970). El presidente liberal, con formación técnica en cuestiones agrarias y convicción cepalina, reorientó el programa hacia la distribución efectiva de latifundios inadecuadamente explotados y sacó adelante, contra la oposición del Congreso y de los gremios, la Ley 1ª de 1968. La norma introdujo nuevas causales de expropiación y protegió a los arrendatarios y aparceros para que pudieran permanecer en los predios que trabajaban. Al mismo tiempo, y con la misma lógica, Lleras impulsó desde el Ejecutivo la organización de los campesinos: por Decreto 755 de 1967 se crearon las asociaciones de usuarios campesinos que confluirían en la ANUC, cuya puesta en marcha se produjo en agosto de 1969.
La idea era doble. Por un lado, el reformismo veía en el campesinado organizado un aliado del Estado frente al bloqueo terrateniente. Por otro, se buscaba contrarrestar el ascenso de las guerrillas —las FARC formalizadas entre 1964 y 1966, el ELN en 1965— y el populismo de la ANAPO, que en las elecciones de 1970 sacudiría el equilibrio del Frente Nacional. La ANUC nació, así, con una ambigüedad congénita: era instrumento del gobierno y, a la vez, palanca campesina para lo que el gobierno prometía pero no lograba entregar.
El efecto redistributivo real fue muy limitado. Las colonizaciones del Incora se superpusieron a las espontáneas, y la concentración de la tierra no cedió terreno significativo. Parte de la acción del instituto se desvió hacia la construcción de distritos de riego, obras de infraestructura útiles a la modernización pero neutras frente a la propiedad. El reformismo tenía un techo bajo que el propio sistema político le imponía.
La irrupción campesina
Ese techo no lo puso solo el Congreso ni los gremios: la ANUC, engendro del Estado, terminó desbordándolo. Para 1970 la organización contaba con una afiliación que oscilaba entre los 700.000 —cifra alcanzada ya a mediados de 1969— y cerca de un millón de campesinos. Era, en escala, uno de los movimientos sociales más grandes que hubiera tenido el país. Sus núcleos duros estaban en la región Caribe —Sucre, Córdoba, Bolívar, Magdalena, Cesar—, donde la coexistencia entre latifundio ganadero y masa campesina sin tierra hacía del conflicto agrario un pulso cotidiano.
En febrero de 1971 la ANUC pasó a la acción directa con una oleada de tomas de tierras que sacudió la política nacional. La consigna "la tierra pa'l que la trabaja" se convirtió en el estribillo del año. El recién posesionado gobierno de Misael Pastrana Borrero, conservador, respondió con un comunicado oficial que calificó las tomas como un "intento coordinado de perturbación del orden público". La ANUC rechazó el comunicado. Aproximadamente el 76,9 por ciento de los conflictos de tierras registrados en 1971 se concentraron en los latifundios de la Costa Atlántica, los valles interandinos y los Llanos Orientales, es decir, en las zonas de gran ganadería y capitalismo agrario.
En octubre de 1971 la organización emitió el Mandato Campesino, un documento que junto con debates paralelos en el Congreso —en septiembre y noviembre— terminó forzando al gobierno a convocar la reunión de Chicoral. El pacto que se firmaría en enero no fue una iniciativa autónoma de las élites: fue su respuesta reactiva a un poder campesino que había desbordado los cauces con los que Lleras Restrepo había querido contenerlo. La reforma se cerraría, precisamente, porque los campesinos la habían tomado en serio.
Chicoral: la mesa de la contrarreforma
La reunión del 9 de enero de 1972 tuvo lugar en Chicoral, corregimiento del municipio de Espinal, en el Tolima. La convocatoria vino del gobierno Pastrana, pero la mesa fue explícitamente bipartidista, con presencia gremial y de grandes propietarios. Por el ala conservadora llevó la voz cantante el ministro Hernán Jaramillo Ocampo; por la liberal, Indalecio Liévano Aguirre. Entre los asistentes figuraron parlamentarios de peso: Víctor Mosquera Chaux, Alberto Mendoza Hoyos, Hernando Durán Dussán, Álvaro Uribe Rueda y Cornelio Reyes. La dirección conservadora envió delegados; entre los terratenientes que participaron directamente sobresalen Rafael Azuero Manchola y Mario Laserna Pinzón, y como asesor liberal y ganadero acudió Enrique Liévano Ricaurte.
Lo acordado allí fue, en lo esencial, modificar la legislación de la reforma agraria. No hubo discusión sobre si se profundizaba el proceso: la mesa se reunió para desmontarlo. La lógica del entendimiento fue triple: elevar los requisitos para declarar un predio inadecuadamente explotado —y por tanto expropiable—, blindar patrimonialmente la gran propiedad mediante barreras de superficie, y redefinir el estatus jurídico de la tierra para reducir el margen de acción del Incora. A esas tres decisiones se sumaba una cuarta, más ideológica que técnica: reorientar la política agraria del país hacia el fomento de una agricultura capitalista con seguridad jurídica sobre la gran propiedad rural, en línea con las tesis del economista Lauchlin Currie, que Pastrana había incorporado como marco de su plan de desarrollo. La reforma agraria dejaba de ser el eje; el crédito, la tecnificación, la exportación agroindustrial y la urbanización acelerada tomaban su lugar.
La firma no fue un acto solemne ni un pergamino: fue un acuerdo político que se ejecutó por vía legislativa a lo largo del año siguiente. Pero en la memoria del país, esa reunión en Chicoral quedó como el punto exacto en que la vía institucional a la tierra se cerró.
La ley como candado
El Pacto de Chicoral se materializó primero en la Ley 4ª de 1973. Tres disposiciones concentran su peso. La primera fue la barrera de protección: los predios menores de 160 hectáreas —una superficie considerable en la geografía colombiana— quedaban prácticamente exentos de la afectación por reforma agraria. La segunda fue la redefinición de la explotación adecuada: la ley introdujo nuevos criterios técnicos que hacían mucho más difícil calificar una hacienda como mal explotada, y por tanto expropiable. La tercera, quizá la más silenciosa y la más eficaz, fue la redefinición del baldío: el artículo 2º estableció la presunción de que los fundos poseídos por particulares son de propiedad privada y no baldíos. En un país donde buena parte de la gran propiedad se había constituido históricamente mediante apropiaciones de terrenos baldíos, esa presunción cerró de un plumazo la posibilidad de reversión al Estado. El efecto —y probablemente el propósito— fue dificultar la expropiación y la redistribución.
La Ley 5ª de 1973 completó el diseño por el lado del fomento: crédito, subsidios y respaldo estatal a la agricultura empresarial. La reforma agraria salía por la puerta y el fomento agroindustrial entraba por la ventana. Dos años después, la Ley 6ª de 1975, sobre aparcería, cerró el último resquicio: condicionaba la eventual adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario a diez años de trabajo continuo sobre la tierra, y en su articulado permitía que el campesino le prestara servicios personales al dueño y pagara rentas en trabajo y en especie. Un régimen que Guillermo Perry calificó sin eufemismos como propio de "la más rancia estirpe feudal".
El contraste con la Ley 1ª de 1968 es exacto: donde aquella facilitaba que arrendatarios y aparceros se convirtieran en propietarios, esta los ataba a la relación de dependencia. La contrarreforma no fue una desregulación: fue una regulación distinta, cuidadosamente construida para clausurar caminos que la legislación anterior había abierto.
La ruptura de la ANUC
La respuesta represiva no se hizo esperar. Desde finales de 1971 y a lo largo de 1972, el gobierno Pastrana intensificó la acción contra el movimiento campesino, particularmente en las zonas donde las tomas de tierras habían sido más intensas. Los terratenientes movilizaron autoridades locales y, en algunos casos, grupos armados para desalojar a los invasores. La represión, sumada al golpe legal, quebró la unidad de la ANUC.
De aquella ruptura salieron dos líneas que se enfrentarían durante el resto de la década. La Línea Armenia, gobiernista, aceptó los términos del pacto y se acomodó a la nueva política oficial. La Línea Sincelejo, con base en la Costa Atlántica y firme voz de la mayoría de los usuarios, mantuvo la bandera de la redistribución y radicalizó su discurso. Cerca de 500.000 campesinos abandonaron la organización tras la escisión; la Línea Sincelejo habría quedado con unos 300.000 afiliados y la Línea Armenia con apenas 10.000. Las cifras son estimaciones, pero la magnitud del desangre es indiscutible: la mayor organización campesina que Colombia hubiera tenido perdió, en pocos años, la mitad larga de sus efectivos. El Tercer Congreso de 1974 confirmó la fractura y el Cuarto, en 1977, la selló.
Con el debilitamiento de la ANUC, la cuestión agraria perdió centralidad política. Durante la segunda mitad de los setenta y la década del ochenta, otros temas —el narcotráfico incipiente, la crisis urbana, el ascenso de nuevas guerrillas— acapararon el debate público. Absalón Machado ha llamado a ese período uno de "congelación del proceso reformista". La Ley 30 de 1988, aprobada en el gobierno de Virgilio Barco, intentó tímidamente reabrir la distribución de tierras, pero mantuvo el espíritu de la Ley 135 de 1961: fue una reforma marginal, sin capacidad para tocar la estructura de la propiedad.
La geografía del desplazamiento
Los efectos territoriales del Pacto de Chicoral se desplegaron en dos direcciones que la Colombia contemporánea acabaría pagando caras. La primera fue la persistencia intocada de la concentración en las zonas agrícolas centrales: los valles interandinos, las llanuras ganaderas del Caribe, las tierras planas del Valle del Cauca y del Tolima quedaron blindadas. La segunda fue la expulsión campesina hacia una doble periferia: la de la colonización interna, en las selvas del piedemonte oriental, el Magdalena Medio, el sur del Meta, Guaviare, Caquetá y el Catatumbo; y la de la ciudad, en los barrios subnormales que crecieron sin Estado alrededor de las capitales.
Para 1985 el país había alcanzado un 68 por ciento de urbanización. En apenas dos décadas Colombia se convirtió en una nación de ciudades, pero de ciudades cuyos bordes se construyeron por autoconstrucción y sin planeación: Aguablanca en Cali, la Zona Nororiental en Medellín, Ciudad Bolívar en Bogotá, La Chinita en Barranquilla, Solferino en Manizales, Cuba en Pereira. Detrás de cada uno de esos topónimos había familias campesinas que no cabían en el minifundio, no encontraban lugar en la colonización remota y llegaban a la periferia urbana a rehacer la vida entre latas y tejas de zinc. En Sucre, la población que seguía presionando por tierra se desplazó a Sincelejo sin encontrar oportunidades de trabajo; la escena se repitió, con nombres distintos, en decenas de capitales departamentales.
En las tierras de colonización, el desamparo tuvo otras formas. El propio Incora había impulsado, desde 1968, la conformación de empresas comunitarias en distritos de aparceros y arrendatarios y en zonas de adecuación de tierras: hacia 1973 existían unas 850 empresas comunitarias o mixtas que ocupaban 207.000 hectáreas. Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre concentraban el 40 por ciento del área, unas 81.162 hectáreas, y Sucre encabezaba el ensayo con las acciones más radicales. A mediados de los setenta, las empresas que habían sobrevivido a los problemas de organización sufrieron una crisis económica severa, agravada por la sustitución impulsada desde el Estado de actividades tradicionales —ganadería, maíz, ajonjolí, ñame, tabaco— por el cultivo del algodón, que produjo un gran descalabro cuando los precios internacionales se movieron en contra. El proyecto asociativo, ya frágil, quedó herido.
La colonización periférica dejó, además, otro pasivo. La expansión desordenada de la frontera agrícola sobre las selvas y el piedemonte causó daños ecológicos considerables y creó territorios sin presencia estatal en los que, con los años, prosperarían los cultivos ilícitos. Cuando la coca llegó al Guaviare, al sur del Meta y a Caquetá a finales de los setenta y en los ochenta, encontró un campesinado desplazado, sin títulos consolidados, sin vías, sin crédito y sin autoridad civil eficaz.
El pacto y la guerra
Ninguna línea recta une un acuerdo político a una guerra prolongada, pero pocas conexiones son tan claras en la historia colombiana como la que va de Chicoral al ciclo largo del conflicto armado. La firma del pacto en 1972 y la constitución formal de las FARC entre 1964 y 1966 y del ELN en 1965 pueden leerse como dos respuestas diametralmente opuestas a la misma crisis institucional, cuya génesis se encuentra en las luchas por la tierra desde los años veinte. La lectura tiene fuerza porque el saboteo bipartidista al reformismo de Lleras Restrepo, culminado en Chicoral, generó la percepción de que el sistema colombiano no admitía reforma pacífica: si el gobierno más decidido a redistribuir tierras había sido derrotado por su propio partido y por el conservatismo aliado, ¿qué margen quedaba para la vía institucional?
Las FARC tenían raíces en las autodefensas campesinas del sur del Tolima y del Sumapaz, en las luchas agrarias de los años veinte y treinta —Manuel Marulanda Vélez venía de esos movimientos—, y por tanto no nacieron de Chicoral; pero encontraron después del pacto un terreno más fértil para arraigar en zonas de colonización abandonadas por el Estado. El ELN, con su origen santandereano y su influencia guevarista, siguió su propia trayectoria. Lo que Chicoral hizo fue estrechar el espacio de las alternativas legales y ampliar, por omisión, el de las armadas.
Del otro lado del espectro, en regiones como Córdoba, Sucre y Bolívar —precisamente donde el conflicto agrario había sido más agudo y donde la ANUC había tenido su mayor fuerza—, la presencia guerrillera de años posteriores desató la aparición de grupos armados de propietarios, inicialmente dirigidos por figuras como Fidel Castaño Gil. El vínculo entre esos grupos, el narcotráfico emergente y los procesos de despojo violento de tierras se iría estrechando durante los ochenta. La contrarreforma legal de 1973 preparó el terreno para la contrarreforma armada de las décadas siguientes: el mapa del despojo paramilitar de los años noventa y dos mil se superpuso, con precisión llamativa, al mapa del latifundio blindado por Chicoral.
Nombres, geografías y ecos
En la genealogía del pacto conviene retener algunos nombres. Misael Pastrana Borrero, presidente conservador entre 1970 y 1974, fue el jefe político bajo cuyo gobierno se firmó Chicoral y se aprobó la Ley 4ª de 1973. Su antecesor Carlos Lleras Restrepo encarnó la vía reformista que el pacto vino a clausurar. Alberto Lleras Camargo había firmado la Ley 135 en 1961 y celebrado su aprobación como la culminación de su gobierno. Del lado conservador de la mesa de Chicoral, Hernán Jaramillo Ocampo llevó la vocería; del liberal, Indalecio Liévano Aguirre. Los parlamentarios Mosquera Chaux, Mendoza Hoyos, Durán Dussán, Uribe Rueda y Reyes fueron piezas de la negociación. Rafael Azuero Manchola, Mario Laserna Pinzón y Enrique Liévano Ricaurte, terratenientes y asesores, representaron los intereses de la propiedad rural. En la elaboración académica posterior del pacto y sus consecuencias fueron decisivos los trabajos de Jesús Antonio Bejarano, Absalón Machado, Darío Fajardo y Alfredo Molano, que fijaron el vocabulario con el que hoy se lee aquel enero.
Chicoral, corregimiento pequeño del Tolima, quedó marcado por un episodio que difícilmente le correspondía. La región misma que le dio nombre al pacto —Tolima, con Ibagué y Espinal como centros— había sido, apenas dos décadas antes, uno de los escenarios más violentos de la confrontación bipartidista de los años cincuenta y una cuna de las autodefensas campesinas que darían origen a las FARC. Que el desmonte de la reforma agraria se firmara justamente allí tiene una ironía geográfica que la historiografía no ha dejado pasar.
El pacto se lee hoy como un caso de manual del bloqueo elitista al cambio institucional. La agencia terrateniente, la captura legislativa, el clientelismo, la conversión de la técnica jurídica en herramienta política, el uso instrumental de la organización campesina y su posterior abandono cuando desbordó los cauces previstos: todos los elementos del ciclo están presentes. Y sin embargo, reducir Chicoral a un episodio de traición sería empobrecerlo. Fue también la expresión de un realineamiento profundo en el modelo de desarrollo colombiano, uno en el que la burguesía industrial y agroindustrial, con la asesoría técnica de Currie, apostó por la modernización capitalista del campo, la urbanización acelerada y la agroexportación, y decidió que la redistribución de tierras no encajaba en ese proyecto. Los latifundistas ganaderos ganaron una batalla que no pelearon solos: la ganaron con el respaldo de un consenso tecnocrático que, en nombre de la eficiencia, prefirió despoblar el campo antes que redistribuirlo.
El Julio César Turbay Ayala que llegaría a la Presidencia en 1978, el Álvaro Gómez Hurtado que dirigía por entonces al conservatismo desde la oposición interna, y toda la clase política del Frente Nacional en su fase final aceptaron sin fisuras el nuevo marco. La cuestión agraria, que había sido el eje del debate público durante casi cuatro décadas —desde la Ley 200 de 1936 hasta el Mandato Campesino de 1971—, salió de la agenda. Volvería, pero por la vía de la guerra: cuando en los años ochenta y noventa el desplazamiento forzado, el despojo paramilitar y las estrategias de tierra de las guerrillas obligaron al país a mirar de nuevo lo que había preferido no ver.
Chicoral no inventó la desigualdad agraria colombiana: la codificó. Convirtió en arquitectura jurídica explícita el bloqueo que las élites ejercían de facto desde 1961, y clausuró el único período en que el Estado había intentado seriamente redistribuir latifundios. Al hacerlo, no solo cerró una política pública: cerró una vía. Lo que vino después —la colonización sobre selvas frágiles, los cinturones de miseria de las capitales, la coca en el Guaviare, los ejércitos privados en Córdoba, el desplazamiento masivo de los noventa— no fue un accidente. Fue, en buena medida, el precio largo de un acuerdo firmado en un corregimiento tolimense una mañana de enero de 1972.
En el archivo
32 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Frente Nacional1958–197414
- 1958Colonización armada y frontera agraria (1958–1974)Hecho
- 1961Alianza para el Progreso, Ley 135 de Reforma Agraria e INCORA (1961–1962)Hecho
- 1961INCORAFicha
- 1961Recuperación de tierrasFicha
- 1961Reforma agraria del Frente Nacional y el Pacto de ChicoralPregunta
- 1961Reforma agraria fallidaFicha
- 1964Las guerrillas colombianas y el Frente NacionalPregunta
- 1966Economía campesinaFicha
- 1966El reformismo de Lleras Restrepo y la creación de la ANUC (1966–1970)Hecho
- 1970Auge y radicalización de la ANUC: Mandato Campesino y recuperaciones de tierras (1970–1972)Hecho
- 1972ChicoralFicha
- 1972Creación del sistema UPAC (1972) e indexación de la economía colombianaHecho
- 1972División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)Hecho
- 1972El Pacto de ChicoralHecho
02Crisis y narcotráfico1974–19901
03Constitución de 19911991–20021
04Seguridad Democrática2002–20161
05Posconflicto2016–presente1
06Transversal—13
- 1936Función social de la propiedadFicha
- 1960Frontera agrariaFicha
- 1961Colonización dirigidaFicha
- 1961Las reformas agrarias en Colombia (1936–2016)Pregunta
- 1961Reforma agraria en ColombiaFicha
- 1971ANUCFicha
- 1971ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos)Ficha
- 1972Contrarreforma agrariaFicha
- 1985La cuestión agraria como sustrato del conflicto colombianoPregunta
- 1990El movimiento campesino colombiano y la política agrariaPregunta
- 1998El despojo agrario en Colombia, 1985-2010Pregunta
- 1998Montes de MaríaFicha
- 2011Restitución de tierrasFicha
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Misael Pastrana Borrero: presidente conservador (1970-1974) que convocó la reunión de Chicoral y bajo cuyo gobierno se suscribió el pacto y se promulgaron las leyes que lo materializaron.
- 02Carlos Lleras Restrepo: presidente liberal (1966-1970) cuya reforma agraria —Ley 1ª de 1968 y creación de la ANUC— fue el principal objetivo de reversión del Pacto de Chicoral.
- 03ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos): organización campesina creada por Lleras Restrepo que protagonizó las tomas de tierras de 1971 y fue dividida y debilitada como consecuencia directa del pacto.
- 04Ley 135 de 1961: marco legal de la reforma agraria colombiana cuyas disposiciones redistributivas fueron neutralizadas por las leyes derivadas del Pacto de Chicoral.
- 05Tolima: departamento donde se ubica Chicoral, corregimiento del municipio de Espinal, sede física del acuerdo que le dio nombre al pacto.
- 06Latifundio: estructura de concentración de la tierra que el pacto blindó jurídicamente frente a la expropiación, consolidando el modelo de gran propiedad rural en Colombia.
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
41 documentos · 52 fragmentos
01Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[1]puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…
p. 249
02La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 91, 1132 citas
[2]la creciente presencia del capital monopólico internacional, usurero y comprador, configuran los rasgos característicos del semifeudalismo colombiano. 93 Cuadro No. 2. 1 CONCENTRACION DE LA TIERRA EN COLOMBIA 1960 - 1970 0-10 has + 500 has TOTAL 1960 SUPER (miles # EXPLOT. has) 2.403.7 1 1.052 27.337.8 925. 750 6.902…
p. 91
[47]colombiana. Los acorralados terratenientes nativos echaron mano de un nuevo invento; algún novedoso engaño tenía que ser capaz de desorientar y dar al traste con el levan tamiento campesino. Así surgieron las Empresas Comunita rias, como la prodigiosa solución para todos los males de los pobres del campo. Sin embargo,…
p. 113
03Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 31, 542 citas
[3]Aproximadan1ente 76,9% de los conflictos de tierras en 1971 ocu- rrieron en los latifundios de la costa atlántica, en los valles interandinos y en los Llanos Orientales, donde se desarrollaban los grandes latifun- dios ganaderos y el capitalisrno agrario 49. Los restantes conflictos terri- 62 Sistemas de guerra…
p. 31
[38]El argumento principal de este capítulo es que la firma del pacto de Chicoral en 1972 y el establecimiento for- mal de las FARC (1964-1966) y del ELN (1965) no fueron coinciden- cias. El pacto de Chicoral y los movimientos guerrilleros representan dos respuestas diametrahnente opuestas a la misma crisis institucional…
p. 54
04Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 93, 5012 citas
[4]élites terrate - nientes bloquearon la redistribución de tierras, usando la representación directa que tenían en la legislatura, además de la captura de una parte de los funcionarios elegidos, jueces o burócratas, que respondían a la distribución paritaria entre los partidos, y al uso del clientelismo para socavar el…
p. 501
[49]Revolucionario (MOIR), hasta las guerrillas, que emergieron en ese contexto de democracia restringida. Las FARC, el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) tuvieron influencia en ese amplio y plural campo de la izquierda. Eran tiempos revolucionarios en los cuales la lucha…
p. 93
05No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45, 1232 citas
[5]las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…
p. 45
[22]de julio de 1970, a un mes de que se terminara el gobierno de Lleras, se creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). Para entonces, había casi un millón de hombres y mujeres afiliados a las asociaciones campesinas, y un empoderamiento que se reflejaba en las palabras del líder agrario sucreño Francisco…
p. 123
06Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 183, 2182 citas
[6]los esfuerzos económicos de toda la comunidad, haciendo más profunda la crisis nacional de materias primas y alimentos. Este era un proceso de fraude a la reforma agraria y a la ancestral aspiración del campesinado a la tierra, ya que el esquema liberal-burgués se orientaba en otra dirección: la incorporación de la…
p. 218
[7]Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…
p. 183
07El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 341 cita
[8]en los años 20, Absalón Machado y otros afirman que Colombia nunca realmente ha tenido una revolución burguesa (únicamente en los años cincuenta, el país comenzó a adoptar el llamado camino junker del desarrollo agrario capitalista desde arriba)"'. En los años 30, apunra Gómez, el latifundio ganadero estaba al frente…
p. 34
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[9]Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…
p. 46
09Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1031 cita
[10]y en la prestacion de servicios (crédito y asistencia técnica) que en la re- distribucién de la tierra. Estos gobiernos dedicaron sus esfuerzos a atender algunas zonas criticas, afec- 1778 tadas por la violencia politica en el decenio anterior, y a contrarrestar el surgimiento de las zonas de au- todefensa campesina,…
p. 103
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[11]El proceso de colonización fue asumido por el Incora 66. Entre 1961 y 1973 se adjudicaron en la intendencia de Arauca 85.830 hectáreas 67, con el propósito de incor- porarlas a la producción agropecuaria nacional 68. Aparte de brindar asistencia técnica y créditos a los pequeños productores campesinos, la ley incluía…
p. 51
11Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 951 cita
[12]pacifying existing militant peasant and guerrilla groups (Rudqvist 1983). The same law also created the Colombian Institute for Agrarian Reform (Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, or INCORA). Mostly in the early 1970s, INCORA bought up farms totalling 472,470 hectares and distributed land to 30,000 families…
p. 95
12Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 891 cita
[13]that in order to receive legal title, the cultivator of baldíos had to develop at least two-thirds of the land that he or she was claiming and that fifty hectares was the ideal size of such a claim. The aim was to help both those peasants whose EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:25 PM…
p. 89
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 60, 692 citas
[14]Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…
p. 60
[16]pequeño paso para la organización campesina, pero un gran salto para reformar con equidad la estructura agraria del país. La dureza del discurso del presidente Lleras no era nueva. Tampoco gratuita. En 1968, durante la entrega de títulos de propiedad a antiguos terrajeros y aparceros del bajo Sinú, dejaba un vehemente…
p. 69
14La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 401, 4112 citas
[15]que el Incora compró en esos primeros años en el gobier- no de Carlos Lleras se compró para construir distritos de riego con una mentalidad ingenieril, no social. Todas las tierras que el Incora había adquirido no se las había entregado a los campesinos porque ese no era [su interés, sino que] era quitarte la tierra a…
p. 401
[46]campesinos. ¿Entonces nosotros qué hacemos en nues- tra empresa comunitaria? Que todas las familias afiliadas sembraran su área de pancoger para comer y las tierras colectivas eran para pagar la deuda. Allí iban a trabajar todos, obligatoriamente cada miembro de la familia semanalmente aportaban dos días de trabajo en…
p. 411
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 921 cita
[17]de manera preponderante a élites agrarias. En Cundinamarca y Boyacá, por su parte, fueron preponderantes los cultivos de papa 267. En los dos casos, la dis- tribución implicó el fortalecimiento de sectores de la producción agrícola que serían determinantes en las décadas siguientes para la economía de estos…
p. 92
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 5371 cita
[18]1961 y 1971, el Instituto adecuó 178.000 ha. Solo el 35% de los beneficiarios de estos programas lo eran también de la reforma agraria, 50% minifundistas privados y 15% propietarios medianos y grandes. Con el Acuerdo de Chicoral, se inició el desmonte de la reforma agraria y el diseño de una política alternativa de…
p. 537
17Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2501 cita
[19]la rutina teórica que ha surgido de los estudios generales de la Violencia y se adelanta en la comprensión de sus factores y condiciones reales. Puede ser que continúe esta saludable tenden- cia de regionalizar el estudio de tan importante proceso. Cf. Russell W. Ramsey, "Critical bibliography on La Violencia in…
p. 250
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 cita
[20]de tierras y siembra de pastos, forrajes y fumigación de potreros; pequeñas empresas de carne, leche y levante 79. Gracias a estos proyectos que se desarrollaron en la década de 1960, en la región se empezó a configurar un proceso de organización donde las asociaciones de usuarios cam- pesinos tuvieron un rol…
p. 53
19Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 291 cita
[21]que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…
p. 29
20Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
[23]un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…
p. 139
219 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 591 cita
[24]su Congreso de 1988, donde un sector trató de liderar una posición más abierta a una negociación basada en parte en el fracaso del paro de octubre de 1987. Ese sector, años después, se separaría y se estructuraría como Corriente de Renovación Socialista y firmaría en 1994 un acuerdo de paz con el Gobierno. 27 — Para…
p. 59
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 881 cita
[25][...] Era un movimiento de mucha fuerza en el suroeste, [de Antioquia] entoes había un ejercicio de solidaridad para recuperar esas tierras. Yo recuerdo que siendo muy niño yo iba y me trasnochaba en todo ese asunto porque nos metíamos a una finca en la noche, ¿cierto?; en una noche todo lo teníamos ya muy planeado,…
p. 88
23¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 831 cita
[26]y 1975; la mayoría de ellas entre 1970 y 1973, cuando el movimiento 130 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica el representante a la cámara Israel Santamaría, el senador Carlos Toledo Plata y un grupo de guerrilleros urbanos encabezados por Jaime Bateman Cayón, escindidos de las FARC, en 1974 conformaron…
p. 83
24Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 771 cita
[27]septiembre). Las tomas de tierras eran antecedidas por la identificación de las veredas donde habitaban familias campesinas sin tierra, las zonas donde había fincas si ser trabajadas y su situación catastral. Estas indagaciones eran hechas por los mismos campesinos, vecinos, solidarios y abogados. Entonces, buscábamos…
p. 77
25El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 2961 cita
[28]acaba de otorgar el Incora durante más de 14 años de existencia. Muchas de estas invasiones culminaron en la conformación de empresas comunitarias, que venían conformándose desde 1968, especialmente en los distritos de aparceros y arrendatarios y en los de adecuación de tierras, cuando el Incora cambia su política de…
p. 296
26At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2401 cita
[29]activity. The ANUC-Caquetá branch of the national movement was one of its most vibrant since its inception. At fi rst, the bulk of their energies were dedicated to squatting on unused public and private lands. However, over time their actions expanded to civic strikes and occupations of local state agencies to demand…
p. 240
27Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3611 cita
[30]octubre de 1971, el «Mandato Campesino», varios de- bates en el Congreso en septiembre y noviembre de 1971, obligaron al go- bierno a tomar la iniciativa de una reu- nión de los sectores políticos y empre- sariales en el pueblito tolimense de Chicoral en los primeros días de 1972. En esta reunión se pusieron sobre la…
p. 361
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 661 cita
[31]para seguir defendiendo nuestro territorio ancestral». 146 Informe 262-CI-00390. Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec) y Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), «El genocidio silencioso del puebo Embera Chamí de Caldas». de las guerrillas liberales a la efervescencia social (1958-1977)…
p. 66
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[32]colonización cultural y territorial, que implicaron formas de violencia tanto físicas como simbólicas. 128 Becerra, «Las relaciones entre misioneros», 17. presentación 63 De la crisis de la economía campesina a la economía de la cocaína (1972—1980) 64 fiflćflThffan nexosfl. nThnflon P ara la década del 70, la promesa…
p. 62
30Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 3571 cita
[33]departamentos de Tolima, Antioquia, Huila, Cauca, Valle y Cundinamarca. Muy poco tiempo después, el gobierno de Pastrana iniciaría la contrarreforma agraria con la Declaración de Chicoral, un pacto bipartidista sobre el proyecto de modificación de la Ley de Reforma Agraria que fomentó la división del movimiento…
p. 357
31Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 2651 cita
[34]olvidar la necesidad de incorporar a grandes masas campesinas a una vida digna y productiva, en un marco de respeto a la propiedad privada. Como se dijo, bajo el Gobierno conservador de Misael Pastrana, con apoyo de sectores liberales y de gremios de la producción, se suscribió el Pacto de Chicoral, que en la práctica…
p. 265
32Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6511 cita
[35]que fue un pañito de agua que se dio con el gobierno de Carlos Lleras. Y ya con el gobierno de Misael Pastrana hubo un reversazo, porque [...] se dio el acuerdo de Chicoral, y en el acuerdo de Chicoral se reversó toda la política de equidad en el campo, de reforma agraria» 2123. Estos antecedentes son clave para…
p. 651
33Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1821 cita
[36]y el Gobierno nacional frenó los intentos de la redistribución de baldíos en el territorio colombiano (Villaveces y Sánchez 2015). Por tal motivo, los propietarios de los grandes latifundios emprendieron un proceso sistemático de demandas, el cual tuvo como resultado la expedición de la Ley 4 de 1973, finiquitada en…
p. 182
34The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 118, 1222 citas
[37]a moment and again later in this book. The second component of Pastrana's policy of restraint of the peasant movement was increasing repression, which, since late 1971 and early 1972, was directed especially to the areas that had been most affected by the land invasions. Repression, of course, was nothing new. There…
p. 122
[48]defining new imperatives for the industrial bourgeoisie and de- stroying its previous reformist sympathies. Reestablishment of the peas- antry to expand the internal market became almost irrelevant in a world where the markets were being opened abroad and in the big industrial cities themselves as a result of the…
p. 118
35Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 26, 294 citas
[39]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…
p. 29
[40]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…
p. 29
[51]prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…
p. 26
[52]prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…
p. 26
36Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 1571 cita
[41]man- tuvo el espiritu de la ley 135 de 1961, por lo cual la reforma siguié siendo marginal. Con la ley 30 se trataba de modificar los obstaculos | gales y pro- cedimentales que hacian impracticable la reforma de los anos sesenta. No se trataba, pues, de una concepcién diferente en cuanto a su contenido y alcance. La…
p. 157
37"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1761 cita
[42]por jornaleros asalariados y minifundistas, que afectaron fi ncas de la zona plana. En la ocupación de tierras también participaron campesinos a fi lia- dos a Fanal, organización que años más tarde se distanció de los planteamientos radicales de la ANUC, línea Sincelejo. 176 “Patrones” y campesinos: tierra, poder y…
p. 176
38¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 961 cita
[43]a los intereses económicos de Estados Unidos. Este viraje aceleró aún más la urbanización del país, la cual llegó a ser de un sesenta y ocho por ciento en 1 985, un fenó meno que también generó el deterioro en la calidad de vida derivado de un crecimiento urbano espontáneo, casi al márgen del Estado. Así aparecieron…
p. 96
3925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1461 cita
[44]el 44.63% de la superficie ocupada 37 • Esto muestra que se fragmentó la pequeña propiedad y que los pequeños y medíanos campesinos perdíeron control sobre la tierra. mientras los gran- des propietarios lo aumentaron. Por otra parte, las leyes de reforma agraria han tenido escasos resulta- dos: han favorecido la…
p. 146
40Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 621 cita
[45]las parcelas a nombre de los arrendatarios y aparceros que las ocupaban. Durante los años setenta los campesinos crearon un movimiento para luchar por la tierra y combinaron la presión ante el Incora con las invasiones de haciendas. Unas 5000 familias consiguieron parcelas mediante este método 13. Aunque el movimiento…
p. 62
41Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[50]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…
p. 57