Santiago de Cali
“Cali es una ciudad cuya historia puede leerse como una larga disputa por dejar de ser periferia: fundada sobre el vacío dejado por la violencia conquistadora, prosperó y se arruinó al ritmo de un puerto que tardó siglos en funcionar de manera…”
Cali es la tercera ciudad de Colombia y la capital indiscutida de su suroccidente: una metrópoli de piedemonte tendida entre la cordillera Occidental y el valle geográfico del río Cauca, desde donde se articulan el departamento del Valle, el puerto de Buenaventura y, por extensión, buena parte del litoral Pacífico. Fundada por Sebastián de Belalcázar en 1536, pasó casi tres siglos como plaza secundaria bajo la sombra señorial de Popayán, y solo en el siglo XX invirtió esa jerarquía para convertirse en cabeza regional de importancia nacional, junto con Medellín y Barranquilla, en un segundo escalón por debajo de Bogotá. Su historia condensa varias de las tensiones fundacionales del país: la violencia de la conquista sobre poblaciones indígenas, la larga inercia del latifundio ganadero, la modernización agroindustrial impulsada por el azúcar y el ferrocarril, la llegada masiva de migrantes afrodescendientes y andinos que levantaron sus propios barrios en la periferia, y la irrupción, en las últimas décadas del siglo XX, de un narcotráfico que penetró el Estado desde el propio nombre de la ciudad. Cali es, en ese sentido, un sur descentrado: capital de una región que fue periferia durante siglos y que hoy sigue oscilando entre provincia postergada y epicentro nacional.
Una ciudad de piedemonte, entre el valle y el Pacífico
La geografía explica buena parte de lo que Cali llegó a ser. La ciudad se levanta al pie de los farallones de la cordillera Occidental, a corta distancia del río Cauca que atraviesa el valle geográfico de norte a sur, y a menos de cien kilómetros en línea recta del Pacífico, con el que la comunica una carretera y un ferrocarril que descienden hasta Buenaventura. Esa posición —cercana al mar, en medio de tierras fértiles, en el paso obligado entre el interior andino y el litoral— fue reconocida temprano como una ventaja estratégica, aunque tardó siglos en volverse operativa: dependió de que el puerto funcionara, de que las vías se construyeran y de que un producto exportable justificara mover el conjunto.
Administrativamente, Cali es hoy capital del Valle del Cauca, departamento creado en 1910, y núcleo de una subregión sur que concentra más de la mitad de la población departamental, la mayor parte de sus empresas y el grueso de los ingenios azucareros. En la jerarquía urbana colombiana ocupa el segundo nivel: no es capital nacional, pero sí una de las cuatro cabezas regionales —con Medellín, Barranquilla y la propia Bogotá— que concentran los servicios financieros, la industria y el comercio de amplias porciones del país. Su área de influencia se extiende sobre el Valle, el Cauca, Nariño, Putumayo y el Pacífico, un suroccidente heterogéneo que ha alimentado a Cali de mano de obra, de cultura y también de conflicto.
La fundación de 1536 y el despoblamiento del valle
Sebastián de Belalcázar fundó Cali en 1536 durante su avance hacia el norte desde Quito, en la misma campaña que al año siguiente lo llevaría a fundar Popayán y, poco después, al legendario encuentro con Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann en la sabana. El acto fundacional, sin embargo, se produjo sobre una tierra recién arrasada. Belalcázar y sus capitanes despoblaron violentamente la región mediante masacres y quema de asentamientos indígenas, con tal eficacia que cuando Pascual de Andagoya llegó poco después, el territorio estaba completamente despoblado y no quedaba memoria de los numerosos pueblos que antes lo habitaban. Ese vacío inaugural —la ciudad española levantada sobre el silencio de las comunidades exterminadas— marcó desde el inicio el modo en que Cali se relacionaría con su entorno.
La ciudad temprana, sin embargo, prosperó. En algún momento llegó a contar más de dos mil habitantes españoles y ocho mil indígenas traídos de la cordillera Occidental —los llamados farallones— dedicados a cargar mercancías. Esa cifra revela la vocación original de Cali: no una plaza minera, sino un nodo logístico, un punto de tránsito entre el interior y el puerto de Buenaventura, del que dependía casi todo. Cuando el puerto se cerró efectivamente a comienzos del siglo XVII, esa dependencia se volvió ruina. La ciudad se contrajo, la economía regional se replegó sobre sí misma y durante todo el siglo XVII el valle del Cauca fue dominado por el latifundio ganadero, cuyos dueños vivían indistintamente en Cali, Buga, Caloto y Popayán. Cali quedó reducida a una entre varias cabezas de una red señorial extendida sobre el ganado y la tierra.
La sombra de Popayán y el orden colonial tardío
Durante el largo tramo colonial, Popayán fue la capital verdadera del suroccidente. Al convertirse en sede de gobernación, su élite quedó más cerca de las autoridades metropolitanas, tejió alianzas matrimoniales tempranas con españoles avecindados y adquirió un carácter marcadamente esclavista gracias a la apertura de la frontera minera del Pacífico. Sumado el tributo indígena y la dignidad de capital, esa élite payanesa desarrolló prácticas señoriales que la diferenciaron de otras del valle, incluida la de Cali. La distancia no era solo geográfica: era también de rango. Popayán mandaba, Cali comerciaba, Buga y Caloto peleaban por espacios intermedios.
Esa configuración hizo de Cali una ciudad mercantil en un orden donde el poder y el prestigio estaban en otra parte. Su élite fue, comparativamente, menos señorial y más pragmática, más volcada al intercambio que al blasón, aunque igualmente propietaria de tierras y de personas esclavizadas. La rivalidad con Popayán —y también con Buga y Caloto— por la hegemonía del suroccidente atraviesa todo el siglo XVIII y no se resolverá sino ya bien entrado el XX. Es una de las líneas de larga duración de la historia caleña: la sensación permanente de estar disputando un lugar que otra ciudad ocupa por derecho heredado.
1810 y el eje juntista del Valle
La coyuntura de las Juntas ofreció a las ciudades del Valle una ocasión inédita para romper esa subordinación. El 3 de julio de 1810 el cabildo de Cali creó una Junta Suprema de Gobierno, adelantándose al célebre 20 de julio santafereño y sumándose a la serie de movimientos juntistas que atravesaron la Nueva Granada aquel año —Cartagena había registrado episodios similares desde mayo y junio—. Cali no fue la primera, pero sí una de las más resueltas. Y sobre todo, no actuó sola: el 1 de febrero de 1811 se reunió allí una asamblea con representantes de Cali, Toro, Buga, Cartago, Calero y Anserma que formalizó la Junta Provisional de Gobierno de las Ciudades Confederadas —o Amigas— del Valle del Cauca.
Esa confederación fue algo más que un gesto retórico. La Junta dispuso la formación de un ejército y libró contra el gobierno realista de Popayán la batalla del Bajo Palacé el 25 de marzo de 1811, uno de los primeros enfrentamientos armados del proceso independentista neogranadino. En abril, la sede se trasladó a Taparie, ciudad que se sumó a la confederación junto con Iscuandé y Almaguer, en un movimiento que iba extendiendo geográficamente el eje juntista hacia el sur. Sin constitución republicana propia y sin separarse formalmente de Popayán, Cali funcionó de hecho como cabeza política de un conjunto de villas, pueblos y parroquias bajo su jurisdicción; el cabildo se convirtió en la corporación depositaria de la autoridad ciudadana, mezclando instituciones del Antiguo Régimen con prácticas representativas modernas.
Fue el momento en que Cali intentó, por primera vez, dejar de ser periferia. La figura de Joaquín de Cayzedo y Cuero, prócer caleño que encabezó ese esfuerzo y que sería fusilado en Popayán en 1813 tras la reconquista, encarnó la ambición y el costo de esa apuesta. El eje suroccidental autónomo fue finalmente absorbido por el orden nacional que se consolidó después de 1819, y la ciudad debió esperar casi un siglo para reintentar la operación por otras vías.
El siglo XIX en penumbra y el ferrocarril liberador
El siglo XIX transcurrió para Cali en una relativa penumbra. La ciudad se mantuvo como el más importante centro comercial del Cauca, junto con Palmira y Buenaventura, y sostuvo su rivalidad histórica con Buga, Caloto y Popayán por la hegemonía del Valle y el suroccidente. Pero el marco era estrecho: la economía regional seguía dominada por el latifundio ganadero, y la abolición de la esclavitud en 1851 no alteró estructuralmente ese orden. Las leyes abolicionistas no contemplaron entrega de tierras ni de herramientas a los liberados; se limitaron a autorizar la compra estatal de esclavos para indemnizar a los propietarios. En consecuencia, buena parte de la población negra emancipada quedó atada al peonaje al servicio de sus antiguos dueños, y en el Valle del Cauca el sistema del terraje —pago del arrendamiento de la tierra en trabajo o en especie— absorbió lo demás. La libertad legal no vino acompañada de autonomía material.
Fue precisamente en esa segunda mitad del siglo cuando comenzaron a moverse las piezas que reordenarían todo. En 1864, el empresario James (Santiago) Eder adquirió la hacienda La Manuelita en el valle geográfico e inició un proceso de modernización agrícola que se convertiría en emblema de una nueva élite mercantil, dispuesta a experimentar y a apostar por industrias tropicales de exportación. Alrededor de La Manuelita —y de la caña de azúcar que se afirmaría como el cultivo estructurante del valle— empezó a gestarse un nuevo modelo económico. Al mismo tiempo, la novela María de Jorge Isaacs, publicada en 1867 y ambientada en la hacienda El Paraíso al norte de Cali, fijó en la imaginación nacional el paisaje del valle: la cordillera al fondo, el río, las esclavas domésticas, el orden hacendario en su ocaso melancólico. Cali entraba en la literatura colombiana desde el mismo lugar desde el que entraría, décadas después, en la economía.
1910 y la invención de la capital regional
La creación del Departamento del Valle del Cauca en 1910, con Cali como capital, fue el acto administrativo que consolidó una realidad que se venía cociendo. Al desprenderse del antiguo Cauca Grande, el nuevo departamento dio a Cali un aparato institucional propio y desplazó progresivamente los ejes del desarrollo regional que hasta entonces habían gravitado sobre Popayán y Buga. Pero la decisión política no habría bastado sin la revolución logística que se produjo casi en paralelo.
El Ferrocarril del Pacífico articuló el eje Cali-Buenaventura-Palmira, integrando la ciudad al mercado exterior con una eficiencia que ninguna vía anterior había ofrecido. La apertura del Canal de Panamá en 1914 amplificó ese efecto: junto con la construcción de una red ferroviaria cafetera que descendía desde la cordillera Central hasta el Pacífico, el canal reorientó las rutas de exportación colombianas. Para 1932, Buenaventura se había convertido en el principal puerto de exportación de café del país, superando a los puertos del Caribe que habían dominado hasta entonces. El café no se producía en el Valle, pero el Valle era su ruta de salida, y Cali, la ciudad que administraba esa ruta.
Sobre ese soporte se levantó una nueva élite modernizante, alimentada por la llegada de empresarios extranjeros y por el desarrollo de la agroindustria azucarera. El Valle del Cauca fue promovido ante inversionistas —particularmente estadounidenses— como una región de fertilidad y belleza excepcionales, con potencial agrícola de primer orden. Los ingenios se multiplicaron en torno al modelo abierto por La Manuelita, y la caña, símbolo colonial de esclavitud y peonaje, se convirtió en el eje productivo del departamento. En 1938, la creación de Cementos del Valle inició la formación del eje metropolitano Cali-Yumbo, con Yumbo destinada a convertirse en la zona industrial complementaria de la ciudad. La cercanía al mar, la comunicación con el interior y las ventajas competitivas acumuladas durante las primeras cuatro décadas del siglo XX volvieron a Cali un destino natural de la inversión extranjera.
La metrópoli migrante
Sobre esa base económica se produjo la metropolización. Entre 1912 y 1918, Cali creció al 74,9%, una de las tasas más altas del país en aquel período intercensal —aunque Santa Marta y Pereira crecieron aún más rápido—. En las décadas siguientes, Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla se consolidaron como las cuatro grandes ciudades de Colombia. Su peso demográfico agregado —considerando solo el casco urbano— pasó de aproximadamente el 8% de la población nacional en 1938 al 27% en 1985, en el marco de una urbanización general del país que tardó en despegar: apenas el 29% de los colombianos vivía en cabeceras en 1938, cifra que subió al 40% en 1951, al 52% en 1964 y a cerca de dos tercios en 1985.
Cali creció, sobre todo, por migración. Su cuenca principal fue el propio Valle del Cauca, con el que la ciudad tenía mayor conectividad, y en menor medida los departamentos vecinos de Nariño y Putumayo. El suroccidente colombiano —Valle, Cauca, Nariño, Putumayo— se convirtió desde mediados del siglo XX en un escenario de dinámicas migratorias complejas, multicausales, donde el desplazamiento forzado, la crisis de la economía rural y las oportunidades urbanas se entretejían. Las comunidades afrodescendientes del Patía, empobrecidas por la ruptura de su sistema tradicional de subsistencia, migraron a Cali, Palmira, Popayán y otras ciudades del Valle y el Cauca en busca de trabajo.
Los migrantes ocuparon dos tipos de espacio: los inquilinatos del centro, instalados en las viejas casonas abandonadas por las élites que se desplazaban al sur, y las zonas de borde periféricas, donde levantaron sus barrios en condiciones de precariedad extrema. Esa colonización popular urbana se hizo de manera colectiva y solidaria, por autogestión, ante la ausencia de soluciones habitacionales formales. El Distrito de Aguablanca, extendido al oriente de la ciudad, se convirtió en el símbolo de ese proceso: una ciudad dentro de la ciudad, edificada casi enteramente por la mano de obra que la propia Cali necesitaba pero que no encontraba dónde vivir.
Esa metropolización se apoyó también sobre estructuras heredadas. La apropiación de tierras periurbanas por la élite caleña y vallecaucana, iniciada en los siglos XVII y XVIII bajo la figura colonial de los ejidos, se mantuvo con variaciones a lo largo del XIX y el XX, y las sucesivas tentativas municipales de recuperar el control del suelo fracasaron una tras otra. La ciudad creció, pero sobre un patrón de propiedad que reprodujo la lógica colonial: los recién llegados construyeron su ciudad en los márgenes que el mercado y el poder les cedieron.
Afrocolombianos, indígenas y la fractura sociorracial
Cali es la ciudad con mayor población afrodescendiente del país, y esa condición es central para entender su textura social. El Valle del Cauca alberga además 27 resguardos indígenas con más de 11.000 habitantes, principalmente de los pueblos Embera, Nasa y Wounaan, distribuidos en municipios como Cali, Jamundí, Buenaventura, Florida y Pradera. La subregión sur del departamento, con Cali a la cabeza, concentra más de la mitad de la población departamental, con un porcentaje afrodescendiente significativo.
Esa diversidad convive con una segregación residencial de raíz sociorracial. La población afrocolombiana de Cali aparece sobrerrepresentada en los quintiles de ingreso más bajos: más del 60% de quienes se ubican en el primer quintil caerían bajo la línea de indigencia. La ciudad se dispone entonces en un mapa desigual en el que el sur y las laderas más consolidadas concentran a las élites y las clases medias, mientras el oriente y ciertos sectores de ladera —Aguablanca, Siloé, Terrón Colorado— reciben a la población de menores ingresos, mayoritariamente migrante y afrodescendiente. La ciudad dual no es una anomalía coyuntural: es el resultado de siglos de apropiación desigual del suelo y de una emancipación esclavista que nunca redistribuyó los medios para hacerla efectiva.
En la memoria larga del valle sobreviven, sin embargo, otros trazos. Existieron palenques —comunidades de esclavizados fugados— en el Valle colonial, y aunque en general los cubrió un manto de violencia, en algunos pocos casos, como los de Amaime y El Bolo en el centro del valle, se establecieron relaciones armónicas con las haciendas. Esa historia de resistencia y negociación se prolonga en la vitalidad cultural que la Cali afrodescendiente aporta a la ciudad y al país.
La ciudad como fiesta: salsa, deporte y belleza
Si algo distingue a Cali en el imaginario nacional, es su cultura popular. La salsa llegó en los años sesenta, traída por marineros al puerto de Buenaventura y por inmigrantes que retornaban o transitaban desde Nueva York, Puerto Rico y Panamá. Se instaló en los cuerpos de la juventud caleña con una intensidad que ninguna otra ciudad colombiana replicó: la salsa dejó de ser música importada para volverse marca de identidad, y Cali empezó a llamarse a sí misma —con un orgullo entre publicitario y verdadero— la capital mundial de la salsa. Juanchito, corregimiento al oriente de la ciudad sobre el río Cauca, se convirtió en meca de sus bailaderos.
La literatura recogió ese pulso. Andrés Caicedo, escritor caleño muerto en 1977 a los veinticinco años, escribió en ¡Qué viva la música! la historia de una adolescente rubia, María del Carmen Huerta, que recorre Cali de sur a norte —de los barrios burgueses a los miserables— drogándose al ritmo de los Rolling Stones, Richie Ray y Bobby Cruz. En esa novela la ciudad funciona como agente de transformación: el itinerario geográfico es también un descenso moral, y la música es a la vez éxtasis y perdición. Caicedo dejó fijada una Cali febril, sensual y peligrosa que sigue definiendo su leyenda urbana.
El deporte tuvo un papel similar. Los primeros Juegos Nacionales de Colombia se disputaron en Cali en 1928, y en 1937 se inauguró el estadio Pascual Guerrero. La consagración internacional llegó con los VI Juegos Deportivos Panamericanos de 1971, celebrados desde el 30 de julio durante quince días, cuya sede le fue otorgada a la ciudad en Winnipeg en 1967. Cali sigue siendo la única ciudad colombiana que ha organizado unos Panamericanos. La candidatura de 1967 incluyó materiales promocionales en los que, junto a las instalaciones deportivas, hoteles y negocios, aparecían dos páginas completas con veintiséis jóvenes caleñas identificadas: la ciudad se ofrecía al continente a través de sus mujeres.
Esa iconografía se consolidó en los años siguientes. El Valle del Cauca ganó el concurso Señorita Colombia en 1972, 1974 y 1976, y la reputación de Cali como tierra de mujeres bellas se cimentó en la cultura popular nacional. La caña de azúcar, símbolo histórico ligado a la esclavitud colonial, fue resignificada como metáfora de la sensualidad de las reinas de belleza: el mismo elemento que representó el trabajo forzado del cuerpo negro pasó a representar la exhibición del cuerpo femenino en pasarela. La resignificación no borró la desigualdad de fondo, pero la disimuló bajo un lenguaje de orgullo regional. La proyección alcanzó incluso las diásporas: en Queens, Nueva York, la salsa animaba las calles y establecimientos como el restaurante Cali Viejo recreaban prácticas culturales caleñas para los emigrados.
En ese ecosistema simbólico se inscriben figuras como Jovita Feijóo, personaje popular caleño convertido en emblema de la vida callejera de la ciudad, y Manuel María Buenaventura, cronista que fijó por escrito la memoria costumbrista de la Cali de comienzos del siglo XX. Barrios como San Antonio, con su ermita colonial en la colina y sus casonas republicanas, y el Cerro de las Tres Cruces, punto de referencia visual de la ciudad, forman parte del mismo repertorio de lugares que la caleñidad reconoce como propios.
El Cartel de Cali y la penetración del Estado
La otra cara del ascenso de Cali en el siglo XX fue el narcotráfico. El Cartel de Cali, encabezado por los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, se convirtió en los años ochenta y comienzos de los noventa en una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo. A diferencia del Cartel de Medellín liderado por Pablo Escobar, el de Cali no apostó por la confrontación abierta y la violencia masiva contra el establecimiento; su estrategia fue la cooptación silenciosa de instancias del poder político, judicial y militar para asegurar la impunidad del negocio. Esa lógica le permitió desarrollar vínculos con las fuerzas de seguridad del Estado bajo menor presión de los organismos de control, y sostener durante más tiempo su operación.
En la guerra contra Escobar, el Cartel de Cali funcionó como aliado táctico del Estado. Carlos Castaño actuó como intermediario entre los caleños y el Bloque de Búsqueda, y participó en la estructura de Los Pepes que persiguió a Escobar hasta su muerte en 1993. Esa alianza anómala entre agentes estatales, narcotraficantes rivales y paramilitares dejó aprendizajes que causarían daños posteriores a los esfuerzos de paz.
El desmoronamiento del propio Cartel de Cali llegó de inmediato. En 1994, Andrés Pastrana entregó al presidente César Gaviria las grabaciones en las que los Rodríguez Orejuela comentaban un aporte a la campaña presidencial de Ernesto Samper, desencadenando el escándalo que se conocería como el proceso 8.000. El 12 de septiembre de 1995, Santiago Medina, extesorero de la campaña, reconoció la entrada de dineros ilícitos. Entre 1994 y 1995 fueron capturados los principales jefes del cartel, marcando el fin de la organización como estructura dominante del narcotráfico colombiano. La crisis política sacudió el gobierno de Samper, pero no reformó las condiciones institucionales que habían permitido la infiltración.
Con la muerte de Escobar y la caída de los Rodríguez Orejuela terminó la era de los grandes carteles. Lo que vino después fue una atomización hacia redes más pequeñas, menos visibles y más adaptables. El Cartel del Norte del Valle heredó las plazas dejadas por los caleños, y tras el asesinato de su jefe principal se fracturó en facciones que se enfrentaron durante años en una guerra sórdida por el control del corredor. Los Machos y Los Rastrojos —nombres que empezaron a poblar las páginas judiciales del país— nacieron de esa ruptura interna y arrastraron consigo la lógica de un negocio que ya no necesitaba grandes capos para reproducirse: bastaban jefes intercambiables y territorios porosos.
Conflicto armado y violencia urbana
La violencia asociada al narcotráfico se combinó con la del conflicto armado colombiano y produjo en Cali y su entorno un cuadro particularmente denso, donde las líneas entre crimen organizado, fuerza pública y guerra política se volvieron indistinguibles. Entre comienzos de los años setenta y mediados de los noventa, escuadrones de la muerte compuestos por narcotraficantes e integrantes de la Policía y el Ejército ejecutaron operaciones de mal llamada limpieza social en Cali, Jamundí, Palmira, Yumbo y otros núcleos urbanos del Valle. Durante décadas, la ciudad convivió con esa violencia paralela dirigida contra habitantes de calle, jóvenes de sectores populares y trabajadoras sexuales: un exterminio de baja intensidad, silencioso, que no dejaba comunicados ni reivindicaciones y que operaba como pedagogía del orden urbano.
En el plano rural y de bordes urbanos, los Bloques Calima y Pacífico de las Autodefensas Unidas de Colombia, conformados por sectores radicales de las élites regionales con asesoría de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, recompusieron estructuras armadas que habían estado al servicio del Cartel de Cali. La continuidad no era casual: las mismas redes de dinero, protección política y logística militar que habían servido al narcotráfico se reciclaron en el paramilitarismo, ahora bajo bandera contrainsurgente. Entre 1999 y 2002, esos bloques fueron responsables de más del 90% del desplazamiento forzado en el Valle del Cauca, un dato que revela hasta qué punto la contraofensiva paramilitar fue, en la práctica, una reorganización del territorio a sangre y fuego. Ese desplazamiento nutrió a su vez la expansión de la ciudad periférica: la violencia rural del Valle, el Cauca y Nariño empujó a nuevos migrantes hacia Aguablanca y las laderas de Cali, cerrando un círculo perverso en el que la guerra en el campo alimentaba la precariedad en la metrópoli.
Las FARC también tuvieron presencia urbana. En 2011, el Frente Manuel Cepeda operaba en barrios como Marroquín, Desepaz, Los Chorros, Manuela Beltrán, Siloé, Terrón Colorado y Puertas del Sol. Y tras la desmovilización de las AUC, grupos posdesmovilización —Los Rastrojos, Los Machos, La Empresa, Águilas Negras, Los Doce del Patíbulo— se instalaron en el Valle del Cauca dedicados al narcotráfico, la extorsión, la minería ilegal, la amenaza a líderes sociales y la cooptación de administraciones locales. Las zonas de media y alta montaña de las cordilleras Central y Occidental, y el área de influencia de la carretera al mar y el puerto de Buenaventura, se convirtieron en corredores privilegiados de hostilidades, tránsito de rentas ilícitas y retención de secuestrados entre el Valle, el Pacífico, el Cauca andino y el centro del país. La violencia caleña, en suma, nunca fue solo caleña: articuló al menos tres geografías —la ciudad, el campo vallecaucano y el litoral Pacífico— en un mismo sistema de guerra.
Cali y Buenaventura: la capital y su puerto
La relación entre Cali y Buenaventura estructura la posición de la ciudad en el país. Buenaventura es el puerto del Pacífico sudamericano con mayor volumen de carga, y mantiene con Cali una dependencia estrecha y fructífera, aunque su rol de catalizador de la región Pacífica le da también una vocación propia. Fue la puesta en funcionamiento efectiva del puerto —tras siglos de intermitencia— lo que permitió el ascenso de Cali en el siglo XX, primero como nodo de exportación cafetera desde 1932 y luego como polo industrial y agroindustrial. El eje metropolitano Cali-Yumbo, inaugurado con Cementos del Valle en 1938, se desarrolló precisamente en función de esa articulación puerto-ciudad-interior.
La misma articulación, sin embargo, ha dejado a Buenaventura en una posición desigual: es la puerta comercial de Colombia sobre el Pacífico, pero es también un municipio con altísimos índices de pobreza, violencia y precariedad urbana, marcado por décadas de conflicto armado y por la exclusión sistemática de su población mayoritariamente afrodescendiente. La prosperidad que cruza por sus muelles rara vez se queda en sus calles. Cali y Buenaventura, en ese sentido, replican a escala regional la misma dualidad que atraviesa a Cali internamente: un centro dinámico y un margen empobrecido que sostiene su funcionamiento.
La huella y la disputa
Cali entra al siglo XXI como una ciudad plenamente integrada al circuito nacional pero cargada con las tensiones acumuladas de su historia. Es una metrópoli de dimensión continental por su música, su deporte y su proyección cultural; una potencia agroindustrial anclada en el azúcar y en los servicios financieros; una plaza que fue capital criminal del hemisferio y que aprendió a mirar de cerca la fragilidad de sus instituciones. Pero es también una ciudad partida, donde la ladera y el oriente concentran las carencias que el centro no resuelve, y donde la memoria de la violencia paramilitar, del desplazamiento y del narcotráfico convive con la vitalidad de una cultura popular que se resiste a ser reducida a estadística.
Su lugar en la historia de Colombia se juega en esa doble condición. Cali representó, en 1810, el primer intento serio del suroccidente de constituirse en eje político autónomo; en 1910, la refundación administrativa de una región; a lo largo del siglo XX, la modernización agroindustrial más ambiciosa del país; en los años noventa, la evidencia de hasta dónde podía llegar la captura del Estado por el crimen organizado. En cada uno de esos momentos, la ciudad avanzó y retrocedió sobre el mismo terreno: una geografía privilegiada, una élite pragmática, una población mayoritariamente popular y afrodescendiente que carga el peso del crecimiento sin recibir sus beneficios en la misma proporción.
La estatua ecuestre de Belalcázar, derribada por comunidades indígenas Misak en 2020 durante las protestas del estallido social —cuando Cali fue epicentro nacional del paro y de la represión—, cerró simbólicamente un ciclo de casi quinientos años. La ciudad fundada sobre el despoblamiento indígena vio cómo los descendientes de aquellas comunidades regresaban al espacio público para disputar su relato fundacional. Cali sigue siendo, así, un laboratorio en el que Colombia se piensa a sí misma: sus modernizaciones y sus exclusiones, sus fiestas y sus violencias, la promesa de una capital y la persistencia de una periferia que se niega a resignarse.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
53 documentos · 65 fragmentos01Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 cita
[1]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
p. 101
02Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 3301 cita
[2]de los poblados que nacieron en ese período —una ola de conquistas que condujo a la fundación de Barrancabermeja y Cali en 1536, de Popayán en 1537, de Tunja en 1539 y de Santa Fe de Antioquia en 1541—, en sus primeros años Mompox sobrevivió a duras penas. Para aquellos acostumbrados a las comodidades de España —los…
p. 330
03Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 981 cita
[3]medio de una violenta resistencia indígena, a la que respondieron, según versiones recogidas por Las Casas y Andagoya, con una táctica de tala y quema de las poblaciones con las que tropezaban 4. Los españoles anduvieron luego hacia el norte hasta encontrar la llanura de Popayán y, probablemente en el sitio de Timbío,…
p. 98
04La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 711 cita
[4]h a s t a 1 9 7 1 pueblos en la ruta a Cali, llamada entonces Lili o Lile. Masacres y quema de casas se convirtieron en su política, pueblos enteros fueron arrasados o destruidos completamente. Pascual de Andagoya, que sirvió brevemente como adelantado de la provincia de Popayán, describió lo que encontró en su…
p. 71
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 4161 cita
[5]Granada, tanto como la región oriental de los altiplanos, estaba ligada a esta arteria. Sin embargo, en el curso de los siglos XVI y XVII la provincia de Popayán buscó siempre una salida por el Pacífico. Más que a las minas, la ciudad de Cali debió su prosperidad en los prime ros tiempos que sucedieron a su fundación…
p. 416
06Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 21, 2002 citas
[6]marcado carácter patrimonial. Terminada la conquista, y con ella la influencia de los caudillos de las huestes, nadie hubiera podido re- clamar privilegios que se extendieran a toda una provincia. Por e~ta razón el reparto de recursos -tierras, indios, minas- que~ó confinado a lo que.~ sería la jurisdicci~n de una…
p. 21
[10]propiedades más pequeñas o de escaso valor no tenían ningún gravamen. Sólo a partir de los 200 patacones los censos iban gra- vando las propiedades en proporciones cada vez mayores. Este fenómeno se explica por cuanto la creación de una unidad produc- tiva, hacienda, trapiche o hato, exigía un capital líquido que casi…
p. 200
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2541 cita
[7]sido muy semejantes a los del valle del Magdalena. En el curso del siglo xvii domin ó en el valle del Cauca el latifundio 266 LA ECONOM Í A Y LA SOCIEDAD COLONIALES, 1550-1800 ganadero con propietarios que resid í an en las ciudades de; Cali, Buga, Caloto y Popay á n. El surgimiento de una nueva frontera mi nera en el…
p. 254
08Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1811 cita
[8]como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…
p. 181
09Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[9]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
10Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 84, 2402 citas
[11]cierre del primer ciclo minero, dieron paso a la formación de una sociedad tradicional, de voca- ción agrícola, de grandes y medianos propietarios, predominantemente mestizos, quienes debieron enfrentar algunas modalidades de campesinos negros, mulatos y blancos pobres, que de hecho se apropiaron de tierras…
p. 84
[34]ciudades como Medellín y Bogotá por un peso mayor de clases medias bajas negras en estas ciudades al igual que en Cali. De todos modos esta hipótesis puede ser afec- 24. O sea, un poco más del 60% de la población afrocolombiana caleña ubicada en el primer quintil de ingresos en este caso caería bajo la línea de…
p. 240
11Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 571 cita
[12]auto- gobierno por el cabildo de Cali, el 3 de julio de 1810, % convocó una asamblea de representantes de las ciudades de Cali, Toro, Buga, Cartago, Calero y Ansema Esta asambiea se reunió en Cali el 1 de febrero de 1811 Y formo una junta provisional de go bierno de las Ciudades Confederadas [o Amigas) del Valle del…
p. 57
12Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 cita
[13]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
13La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 1611 cita
[14]estos en la cabecera del distrito capitular, que se llamó cantón, nombraban los diputados. Aunque tal sistema de elecciones no fuera el más popular, no podía seguirse otro, a causa de la ignorancia de los pueblos, incapaces en lo general de escoger directamente sus representantes. 41 En aquellas ciudades donde no se…
p. 161
14Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 263, 2852 citas
[15]a p i t a ly,e l 7 de j u l i od e lmismo a ñ o,e l papa Pío X creó l ad i ó c e s i s de C a l i, dos consignas que habían s i d o promovidas por Manuel C a r v a j a l V a lencia en e lsemanario El Día. Con l a nueva s i t u a c i ó n p o l i t i c o Empresarios industriales pioneros: Cali, primeras décadas del…
p. 263
[19]La i n v e r s i o ne x t r a n j e r aen C a l ie s t a b adeterminada por suc e r c a n í aa lmar,su r e l a tivamente f á c i lcomunicación con e li n t e r i o rd e l p a í sy por l a sv e n t a j a s competitivas cr e a d a sdurantel a scuatroprimerasdécadas d e ls i g l o.E lf l u j ode i n v e r s i o n e sf o…
p. 285
15Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 26, 332 citas
[16]his coffee counterparts, Santiago Eder was emblematic of the ascending urban merchant class that invested heavily in the countryside and accumulated properties there through the parceling of older estates. 47 Whether through coffee or, eventually, sugar, a new elite came to dominate the Colombian rural economy. In the…
p. 33
[20]natural beauty and fertility.” They EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:17 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. The Paradise of America 27 glorified the region, declaring, “There is perhaps no other region of the New World comparable…
p. 26
16Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 1191 cita
[17]momento crucial del despegue modernizador de la agroindustria cañera, así como del desarrollo regional del valle geográfico del río Cauca: A partir de 1860 comenzó la conformación de una clase en ascenso no interesada en una agricultura de plantación de gran hacienda, sino en una economía de importación y exportación…
p. 119
17El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 631 cita
[18]exportaciones estu- vo en los tres puertos del Caribe, de los cuales Barranquilla tomó la delantera después de 1870, siendo secundada por Cúcuta en el interior andino. Pero en 1932 Buenaventura, en el Pacífico, es el principal puerto de exportación de café, dando principio a un nuevo período en la historia de los…
p. 63
18Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 3721 cita
[21]departamentos minifundistas y de alta concentración poblacional, se vieron sacudidas por intensos conflic- tos agrarios, episodios de violencia ex- trema, además de depresión de sala- rios y desempleo, circunstancias que Cuadro 11 Tasas de crecimiento de la población de las capitales de departamento (miles)…
p. 372
19Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 121 cita
[22]entre 1912 y 1918 y al 1,9 % entre este ultimo afio y 1928. El crecimiento de la poblacién y los desplaza- mientos internos de ésta otorgaban la disponibili- dad de recursos humanos para la expansién de las actividades de exportaci6n y urbano-industriales y también para la ampliacién de las areas de coloni- zacién.…
p. 12
20Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4371 cita
[23]ciudades 12 ciudades” Urbano Rural Total población 1912 5.073 220 378 nd. nd. 1918 5.855 273 473 nd. n.d. 1938 8.702 708 1.021 2.692 6.010 1951 11.548 1.484 2.100 4.468 7.080 1964 17.485 3.491 4.767 9.093 8.391 1973 22915 5641 7.394 13.580 9.335 1985 27.867 7.614 9.937 18.735 9.132 Crecimiento intercensal (%) 1912-38…
p. 437
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[24]estuvo estrechamente vinculado a las dinámicas de la guerra. Al impacto de la industrialización se sumó el desplazamiento forzado como uno de los factores que definió los ritmos, tamaños y dinámicas específicas del crecimiento y transformación de las ciudades. Los primeros ciclos fundacionales 72 no garantizaron la…
p. 49
22Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2781 cita
[25]de las capitales de- partamentales. - El segundo nivel (1) en la jerarquia urbana esté conformado por los centros regionales de im- portancia nacional, que concentran la mayorfa de los servicios financieros de su region y son sede de importantes empresas comerciales e industriales. Ofrecen todos los bienes y servicios…
p. 278
23Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 571 cita
[26]y 7'851.000 diez años más tarde. El censo de 1938 arrojaba una población de 8'701.816 y el de 1951, 11'584.172 (36). A pesar del rápido crecimiento poblacional, que ubicaba a Colombia en cuarto lugar en América Latina después de Brasil, México y Argentina, ésta tenía grandes extensiones prácticamente desocupadas. De…
p. 57
24Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 117, 1682 citas
[27]espacios, prácticas y desafios (individuales, familiares, sociales) que se articulan alrededor de la movilidad, para captar los determinan- tes de estos movimientos de personas y bienes y los diferentes impactos que tienen sobre los lugares, tomados de manera individual, pero más que todo con- siderados como un…
p. 117
[35]desde el siglo XVII, en la figura hispano-colonial de ejidos (tierras de la municipalidad), la apropiación completa a través de grandes haciendas, de la tierra que rodea el casco urbano de Cali por la elite caleña y vallecaucana, empezada durante los siglos XVII y XVIII, se mantiene hasta nuestros días con algunas…
p. 168
25El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 314, 3182 citas
[28]entre la ciudad de Cali con su entorno de mayor conectividad, principalmente el departamento del Valle; y en menor medida la dinámica expulsora de Nariño y Putumayo. En el análisis consideramos las manifestaciones, actores, factores causales, impactos del desplazamiento forzoso, así como algunas percepciones en torno…
p. 314
[50]J ORGE A RTURO S ALCEDO 318 En reacción a lo anterior, sectores radicales de las élites optaron por recomponer las viejas estructuras armadas que estaban al servicio del cartel de Cali, y con la asesoría de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) conforman los Bloques Calima y Pacífico de las AUC,…
p. 318
26El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 314, 3182 citas
[29]entre la ciudad de Cali con su entorno de mayor conectividad, principalmente el departamento del Valle; y en menor medida la dinámica expulsora de Nariño y Putumayo. En el análisis consideramos las manifestaciones, actores, factores causales, impactos del desplazamiento forzoso, así como algunas percepciones en torno…
p. 314
[51]J ORGE A RTURO S ALCEDO 318 En reacción a lo anterior, sectores radicales de las élites optaron por recomponer las viejas estructuras armadas que estaban al servicio del cartel de Cali, y con la asesoría de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) conforman los Bloques Calima y Pacífico de las AUC,…
p. 318
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 41, 722 citas
[30]Igualmente, el departa- mento cuenta con 27 resguardos indígenas donde viven 11.431 personas que se ubican en Ansermanuevo, Argelia, Bolívar, El Cairo, El Dovio, Restrepo, Trujillo, Tuluá, Vijes, Florida, Jamundí, Pradera, Buenaventura, Dagua y Cali. Estas comunidades corresponden principalmente a los pueblos Embera,…
p. 41
[52]en una región tan étnicamente diversa como el Valle y el Cauca) e incluso engrosar las filas de la tropa, les estorbaban debido a sus reivindicaciones y a sus ejercicios de autoridad territorial donde ningún actor armado era bienvenido. Durante esa época, la violencia también cundió en las ciudades bajo la forma del…
p. 72
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 581 cita
[31]mismo tiempo se abrieron huecos, se clavaron palos, se instalaron plásticos. A las seis de la mañana, estaban montados treinta ranchos. Sus palos y sus paredes de plástico. Ya habíamos hecho posesión y para cuando llegaron los policías ya estaban prendiendo las ollas y repartiendo los primeros tintos. Y aunque nos…
p. 58
29Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 601 cita
[32]las cadenas que arrastro, el silencio turban De esta soledad eterna Donde ni el viento se escucha... 106. Velásquez, "La esclavitud en la María de Jorge Isaacs" (1957), pág. 98. 107. Mina, op. cit., pág. 145. 108. Palacios, op. cit., pág. 50. [63] NINA S. DE FRIEDEMANN Y MÓNICA ESPINOSA ARANGO Muero sin ver tus…
p. 60
30Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1201 cita
[33]vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…
p. 120
31Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 2061 cita
[36]usted uno solo en tierra ajena y trabajando bien duro. Pero bueno, finalmente eso fue la única o mayor opción que se tuvo por acá para seguir subsistiendo y poder mandarle platica a la familia. 202 Sobre las migraciones, el antropólogo Manuel Ussa menciona: Frente a esta ruptura del sistema de relaciones adaptativas…
p. 206
32Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 471 cita
[37]ilícitas en Colombia. Su impacto económico, político y social. Editado por Ariel, PNUD y DNE. 1997. Pp. 279 – 346. 19 Álvaro Camacho Guisado, (2001). “Narcotráfico, Coyuntura y Crisis: Sugerencias Para un Debate”. En Rafael Pardo (Ed.), El Siglo Pasado. Colombia: Economía, Política y Sociedad. Bogotá: Red Multibanca…
p. 47
331989María Elvira Samper · 2019 · p. 1351 cita
[38]masacres, 1990 será el de los secuestros que ordena Escobar como seguro de vida y para presionar una negociación y el de la campaña presidencial más violenta de la historia, también será el de la desmovilización del M-19, el EPL y el Quintín Lame, y el de la Convocatoria de la Asamblea Constituyente, el sueño que el…
p. 135
34Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2331 cita
[39]de nacionalidad chilena, Guillermo Pallomari, vinculado al cartel de esta ciudad. Pallomari terminó en el programa de protección a testigos (“mtnessprotectionprogram ”) de los Estados Unidos. En los documentos se encontraron evidencias de recursos destinados a financiar distintas campañas electorales, incluida la de…
p. 233
35Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1692 citas
[40]citado en Mark Bowden, Killing Pablo, 271. Darío Betancourt, Mediadores, 113, encuentra que el cartel de Cali estaba compuesto por varias redes de traficantes que operaban en regiones geográficas entrecruzadas, ubicadas en las regiones del norte, el centro (Cali) y el Pacífico (Buenaventura). El mapa de la página 116…
p. 169
[41]citado en Mark Bowden, Killing Pablo, 271. Darío Betancourt, Mediadores, 113, encuentra que el cartel de Cali estaba compuesto por varias redes de traficantes que operaban en regiones geográficas entrecruzadas, ubicadas en las regiones del norte, el centro (Cali) y el Pacífico (Buenaventura). El mapa de la página 116…
p. 169
36Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1941 cita
[42]como se analizará en la siguiente sección. L OS CAMBIOS EN EL NARCOTRÁFICO Y EN EL CONFLICTO La guerra del Estado contra Escobar se hizo en alianza con sus competidores en el narcotráfico. Desde finales de los años ochenta Escobar había agregado dentro de su lista de enemigos al Cartel de Cali y del Norte del Valle y…
p. 194
37Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4291 cita
[43]preliminar que, en poco tiempo, podría determinar su absolución. El Departamento de Estado de Estados Unidos y la propia fiscal Janet Reno, colocaron en cuestión el pro- cedimiento. En una misiva fechada el 10 de mayo de 1994, Reno denunció la “negativa” del fiscal general de Colombia, Gustavo De Greiff, “a afirmar la…
p. 429
38No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2911 cita
[44]de pesos aportados por el Cartel de Cali, aunque no todos fueron legalizados dentro de la contabilidad de esta 879. Matar a Escobar creó la ficción de que el narcotráfico estaba golpeado. Pero esto no era cierto. La nueva Constitución había dejado en manos del fiscal general de la nación, figura recién creada, la…
p. 291
39Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1081 cita
[45]de mutuo acomodamiento, celebrado por el gobierno de César Gaviria, mediante el cual se aprobó, a cambio de la no extradición, el sometimiento voluntario de los narcotraficantes a la justicia, con grandes rebajas de penas por colaboración. Con la entrega de Pablo Escobar, el capo más famoso, y sus colaboradores…
p. 108
40¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1051 cita
[46]fin del narcoterro- rismo. La prohibición constitucional de la extradición abrió el camino para la salida a la guerra del narcotráfico contra el Estado y viabilizó la implementación de la figura jurídica del sometimiento a la justicia como ruta para el desmantelamiento del Cartel de Medellín. Este aspecto será…
p. 105
41Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 871 cita
[47]droga pertenecientes al Cartel de Medellín y al de Cali. Esta terce- ra generación 29 conformó el proceso de atomización de la mafia. En la tercera etapa del narcotráfico es reconocido el fortaleci- miento del Cartel del Norte del Valle, el cual para 1995 tomó el control del negocio en zonas que quedaron a su…
p. 87
42Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 801 cita
[48]hermanos Rodríguez Orejuela, los integrantes del Cartel del Norte del Valle entraron en pugnas por el control del negocio, que fueron resueltas por violencia y permitieron a las familias Urdinola y Henao controlar la región (CNMH, 2014, página 268). Con la captura y posterior asesinato de Jorge Orlan- do Henao,…
p. 80
43Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2201 cita
[49]de la Policía. Castaño era intermediario entre el Cartel de Cali y el Bloque de Búsqueda a Escobar». 149 La preocupación principal de la Embajada de Estados Unidos era que el Cartel de Cali adquiriera demasiado poder, bien porque la información acerca de qué irregularidades había cometido el Bloque de Búsqueda le…
p. 220
44Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 1591 cita
[53]limitadas opciones educati - vas de los jóvenes facilitan la vinculación de los mismos al grupo guerrillero. El Frente Manuel Cepeda, que operaba en Cali en 2011, co - mandado por Juan Carlos Usuga (El Enano), tenía presencia principalmente en los barrios Marroquín, Desepaz, Los Cho - rros, Manuela Beltrán, Siloé,…
p. 159
45Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3692 citas
[54]del Valle y se extendieron hacia Cauca y Nariño, para pe - netrar así todo el andén pacífico. Los Machos, debilitados tras su anterior pugna con Los Rastrojos se aliaron a Los Urabeños. Con igual tipo de alianza se fortaleció en Buenaventura el grupo La Empresa y persistían las Águilas Negras y Los Doce del Patíbulo…
p. 369
[55]del Valle y se extendieron hacia Cauca y Nariño, para pe - netrar así todo el andén pacífico. Los Machos, debilitados tras su anterior pugna con Los Rastrojos se aliaron a Los Urabeños. Con igual tipo de alianza se fortaleció en Buenaventura el grupo La Empresa y persistían las Águilas Negras y Los Doce del Patíbulo…
p. 369
46Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 237, 2442 citas
[56]cinema—would arrive to both “cities” in different ways. The Afro-Cuban and Puerto Rican rhythms, also known as the “Antillean music of the old guard,” stood out. The plebeian masses found in the Afro-Latin culture a link to get together in their new environment, by taking advantage of the appeal of the body and the…
p. 237
[61]electric. Along Roosevelt Avenue, under the shadows of the elevated tracks of the train, the end of another school and workday in Queens is celebrated with a characteristic Latin impetus. Salsa music seems to come out in cascades from each entrance of the stores, and half a dozen adolescents with their characteristic…
p. 244
47Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 2901 cita
[57]de sus personajes, como Angelita y Miguel Ángel, se presentan al principio ino- centes, ingenuos, para recalcar con más fuerza sus características adversas. En la medida en que caminan la ciudad sin rumbo fijo se van volviendo (la ciudad los va volviendo) pequeños demonios, seres “perversitos” que caen en las fauces…
p. 290
48Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 149, 1852 citas
[58]each wearing costumes of gen- dered power. It also points to a connection to La Violencia and to Rojas Pinilla, where the Colombian state became militarized as a response to so- cial and political decomposition. Finally, sugarcane as sweet, succulent, and swaying with the wind suggested the charms of young women’s…
p. 149
[60]debutantes. At the city’s famous Carnival celebration in 1970, the clear crowd favorite was Miss Jamaica, the only black woman invited to participate, but the judges picked a white contestant instead.36 Modern attitudes from a symbolic queen did not equal social equality. The inherited sense of proper place and power…
p. 185
49Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1341 cita
[59]los 400 m con vallas, modalidad en la que fue uno de los diez mejores atletas del mundo du- rante la década de 1950. En los Juegos siguien- tes, celebrados en México en 1955, obtuvo me- dalla de plata pero con la mejor marca de su | Juegos atléticos YET ElES Año Población 1928 Cali 1932 Medellín 1935 — Barranquilla…
p. 134
50Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 3101 cita
[62]norteamericano Henry Lemly, que estaba reformando la educaci ó n policial hacia 1891 y poco despu é s lleg ó el f ú tbol, en colegios de clase alta y en los clubes sociales: en 1910 el Polo Club de Bogot á tuvo un equipo. En Mede ll í n, en 1914, se hizo el primer partido p ú blico, en los mismos d í as en que se…
p. 310
51Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2241 cita
[63]gas 434.000 Térmica a ACPM 1175 Hidroeléctrica 571.000 Longitud de rios navegables (km) 275 Puertos fluviales (#) (inspeccién) i Aeropuertos internacionales (#) 1 Aeropuertos locales (#) 3 Puertos maritimos (#) (en varios sectores) 1 Fuentes: Invias, 2003; Upme, 2003; MVDTMA, 2004; Mintransporte, 2003; Aerocivil,…
p. 224
52Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 571 cita
[64]Quibdó se han visto cimentados, dándole coherencia a la zona. Gran parte de la coherencia futura depende de la forma en que se lleva a cabo la construcción de la carre- tera panamericana en la serranía del Baudó, pues puede ser un factor de coherencia si la región utiliza su desarrollo con independencia, o puede…
p. 57
53"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 311 cita
[65]buyen subregionalmente así: en la subregión norte 18 municipios; la subregión sur con la capital a la cabeza (Cali) y 11 municipios más; la subregión centro con 11 municipalidades y la subregión Pací fi ca, que, dependiendo de quién la ordene, estaría conforma- da solamente por Buenaventura o complementada con los mu-…
p. 31