Karl Brunner
República Liberal
1887–1960
La biografía
Karl Heinrich Brunner-Lehenstein (Perchtoldsdorf, 1887 – Viena, 1960) fue el urbanista austriaco que, entre 1933 y 1948, dio forma técnica al proyecto de ciudad de la República Liberal en Colombia. Formado en la Viena de Otto Wagner y Camillo Sitte, había ejercido antes en Santiago de Chile y llegó a Bogotá cuando el Estado colombiano —modernizado por Enrique Olaya Herrera y en vísperas de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo— buscaba un lenguaje técnico para gobernar el crecimiento urbano. Su Plan Regulador de Bogotá, elaborado entre 1934 y 1936, se considera el primer plan de ordenamiento urbano concebido en Colombia en términos del siglo XX. Barrios enteros de la capital —La Merced, Bosque Izquierdo, Palermo— y trazados que hoy siguen estructurando la ciudad, como la Avenida Caracas y el Parque Nacional Olaya Herrera, llevan su firma. Su obra fue simultáneamente celebrada por el Estado liberal, resistida por los propietarios afectados y, en poco más de una década, eclipsada por el gesto radical de Le Corbusier. Ese arco —de operador técnico privilegiado a referente que había que superar— fija su lugar en la historia urbana del país.
Línea de vida
- 1887
Nacimiento en Perchtoldsdorf
Leer contexto
Nació en Perchtoldsdorf, en las afueras de Viena, en el crepúsculo del Imperio austrohúngaro. Se formó en la Viena de Otto Wagner y Camillo Sitte, absorbiendo la tradición del Städtebau centroeuropeo.
- 1920
Ejercicio profesional en Santiago de Chile
Leer contexto
Antes de llegar a Colombia, Brunner ejerció en Chile, donde consolidó su reputación latinoamericana y afinó el método de leer ciudades hispanoamericanas, negociar con élites locales y traducir el Städtebau vienés a contextos coloniales con periferias en expansión.
- 1933
Llegada a Colombia y conferencias en Medellín
Leer contexto
Ricardo Olano, promotor del City Planning en Colombia y figura clave de la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, promovió la traída del 'técnico Dr. Karl Brunner' a Medellín para dictar conferencias sobre el Plano Regulador. Su llegada fue el punto de convergencia entre la demanda cívica regional y la política modernizadora del Estado liberal.
- 1934
Inicio del Plan Regulador de Bogotá
Leer contexto
Instalado al frente del Departamento de Urbanismo del municipio de Bogotá, Brunner comenzó el desarrollo del Plan Regulador, un dispositivo técnico completo con levantamientos, zonificaciones, reglamentaciones de loteo, definiciones de perfil vial y proyectos de barrios. El plan se elaboró en el marco de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo.
- 1936
Conclusión del Plan Regulador de Bogotá
Leer contexto
El Plan Regulador, concluido entre 1934 y 1936, se considera el primer plan de ordenamiento urbano concebido en Colombia en términos del siglo XX. Junto con el Plan General de la Ciudad Universitaria desarrollado por los alemanes Fritz Karsten, Eric Lange y Leopoldo Rother, marcó el punto de cambio entre lo tradicional y lo moderno en el urbanismo y la arquitectura colombianos.
- 1936
Proyección de barrios y obras de infraestructura en Bogotá
Leer contexto
Brunner proyectó o intervino en barrios como La Merced, Bosque Izquierdo y Palermo, aplicando el modelo del barrio-jardín con densidad media, escala doméstica y arbolado. Concibió la Avenida Caracas como eje estructurante norte-sur y diseñó el Parque Nacional Olaya Herrera como gran parque urbano cívico.
- 1938
Continuidad bajo Eduardo Santos y asesoría a otras ciudades
Leer contexto
Más allá del gobierno López Pumarejo, Brunner continuó proyectando y asesorando municipios de Medellín, Cali, Popayán y Manizales, publicando trabajos técnicos y consolidando su influencia en el urbanismo colombiano durante los gobiernos liberales subsiguientes.
- 1948
Cierre del ciclo colombiano
Leer contexto
Hacia 1948, el ciclo colombiano de Brunner se cerraba. El 9 de abril de ese año, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la convulsión política reordenaron la agenda urbana del país. En 1949, Le Corbusier fue convocado para proponer para Bogotá un paradigma radicalmente opuesto al de Brunner, eclipsando su legado en la historiografía arquitectónica.
- 1960
Muerte en Viena
Leer contexto
Karl Brunner falleció en Viena en 1960, habiendo dejado en Colombia una obra urbana concreta —barrios, avenidas, parques, normativas— que transformó materialmente Bogotá y dejó huella en varias ciudades del país, aunque su nombre se opacó rápidamente tras la irrupción del paradigma corbusieriano.
Un vienés entre dos siglos
Brunner llega a Colombia con casi cincuenta años cumplidos y una biografía profesional ya larga. No es un joven modernista que viene a romper: es un urbanista de escuela centroeuropea, portador de un oficio específico —el Städtebau, la construcción de ciudad como disciplina— que en Viena había alcanzado, entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, una sofisticación que ninguna ciudad latinoamericana estaba en condiciones de producir por sí sola. Esa asimetría explica su llegada tanto como su influencia.
Lo llamaban en Colombia el "técnico Dr. Karl Brunner": la credencial académica formaba parte de su presentación pública en América del Sur, y no era un detalle menor en un país donde la arquitectura académica de finales del siglo XIX y principios del XX se había rezagado respecto a los avances técnicos, y donde eran principalmente ingenieros y constructores extranjeros quienes introducían las nuevas formas constructivas. Brunner traía, además de un método, un aval institucional europeo que el Estado liberal necesitaba para legitimar sus intervenciones sobre la ciudad heredada.
Su figura pesa por dos razones distintas. La primera: su Plan Regulador de Bogotá inaugura el urbanismo del siglo XX en Colombia. Antes de él, las ciudades crecían por ensanches puntuales, loteos privados y ordenanzas municipales dispersas; después de él, aunque el plan mismo se cumpliera solo en parte, existía la idea —y el precedente técnico— de que la ciudad podía y debía planearse. La segunda: su obra concreta —barrios, avenidas, parques, normativas— transformó materialmente Bogotá y dejó huella en Medellín, Cali, Popayán y Manizales. No fundó una escuela, no dejó discípulos directos que continuaran su método, y su nombre se opacó rápido tras la irrupción del paradigma corbusieriano en los años cincuenta. Pero la ciudad que ayudó a formar sigue en pie.
Viena, Sitte y una disciplina de ciudad
Brunner nació en 1887 en Perchtoldsdorf, en las afueras de Viena, en el crepúsculo del Imperio austrohúngaro. La Viena de su formación era el laboratorio urbanístico más denso de Europa central: la ciudad había demolido sus murallas para trazar la Ringstrasse, ensanchaba avenidas, organizaba nuevos servicios urbanos y debatía —con una intensidad sin equivalente latinoamericano— cómo debía crecer una gran ciudad moderna. Ese debate se libraba entre dos polos que marcarían para siempre el oficio de Brunner.
De un lado, Otto Wagner defendía una modernización racionalista, geométrica, dispuesta a demoler para hacer sitio a la ciudad de la producción industrial y la circulación de mercancías. Del otro, Camillo Sitte, en su tratado sobre la construcción de ciudades según principios artísticos, insistía en que la ciudad heredada tenía una lógica morfológica —plazas, tejidos, escalas de barrio— que había que respetar y prolongar. Brunner se formó en el cruce de ambas tradiciones, pero su temperamento profesional se inclinó decisivamente hacia el segundo polo: la planeación gradualista, atenta al tejido existente, hostil a la tabla rasa.
Esa opción de escuela lo define. Cuando llegue a Bogotá en los años treinta, no propondrá arrasar el centro colonial para levantar un damero moderno: propondrá extensiones ordenadas, barrios residenciales de escala doméstica, avenidas que se articulan con lo existente y parques que estructuran el crecimiento. Frente al modernismo de ruptura que ya soplaba desde París —el Le Corbusier de los años veinte, que en la década siguiente propondría para Bogotá algo muy distinto—, Brunner encarna una tradición centroeuropea de fin de siglo que entiende la ciudad como un organismo histórico que se transforma, no como una hoja en blanco.
Antes de Colombia, Brunner ejerció en Chile, donde consolidó su reputación latinoamericana. Fue en Santiago donde afinó el método que traería a Bogotá: cómo leer una ciudad hispanoamericana, cómo negociar con élites locales, cómo traducir el Städtebau vienés a contextos donde la trama colonial y las periferias en expansión imponían problemas que Viena no conocía. Ese aprendizaje chileno explica por qué llegó a Colombia con soluciones ya probadas.
Bogotá, 1933-1948
La venida de Brunner a Colombia no fue un acto aislado del gobierno nacional sino el punto de convergencia de dos demandas paralelas. La primera venía desde arriba, del Estado en modernización. La segunda venía desde abajo, de las redes cívicas regionales que llevaban años preparando el terreno.
El eslabón cívico decisivo fue Ricardo Olano. Desde su presidencia de la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín entre 1918 y 1926 —Jorge Restrepo Uribe lo recordaría como una suerte de presidente honorario y vitalicio, dado que su labor activa se extendió mucho más allá de ese periodo formal—, Olano se había convertido en el principal promotor colombiano del City Planning. Había hecho elaborar el Plano del Medellín Futuro, había dictado conferencias, había escrito artículos y, en octubre de 1917, había organizado en Bogotá el Primer Congreso de Mejoras Nacionales. A partir de ese congreso surgieron, en varias ciudades del país, sociedades de mejoras públicas modeladas sobre la de Medellín, tejiendo una red técnica y cívica que llevaba más de una década demandando planeación urbana cuando Brunner desembarcó.
Fue Olano quien promovió la traída del "técnico Dr. Karl Brunner" a Medellín para dictar conferencias sobre el Plano Regulador de esa ciudad. Ese detalle desmonta la versión simplificada según la cual Brunner fue una importación exclusiva del gobierno López Pumarejo: cuando el Estado liberal formalizó su contratación, las élites cívicas de las principales ciudades del país ya lo conocían, ya lo habían escuchado y ya lo consideraban un interlocutor legítimo.
En Bogotá, Brunner se instaló al frente del Departamento de Urbanismo del municipio y desde allí, entre 1934 y 1936, desarrolló el Plan Regulador. El plan no era un dibujo abstracto: era un dispositivo técnico completo, con levantamientos, zonificaciones, reglamentaciones de loteo, definiciones de perfil vial y proyectos concretos de barrios. Su lógica era la de la extensión ordenada: reconocer el crecimiento inevitable de la ciudad —Bogotá pasaría de unas 400 manzanas a finales del siglo XIX a unas 2.400 en 1950— y encauzarlo mediante trazados que combinaran eficiencia circulatoria y calidad residencial.
Los barrios que Brunner proyectó o intervino en Bogotá son la mejor exposición de su método. La Merced, con sus casas de dos plantas, sus antejardines y su trama en curva adaptada a la topografía, es el ejemplo canónico del barrio-jardín brunneriano: densidad media, escala doméstica, arbolado abundante, articulación con el sistema vial mayor. Bosque Izquierdo, en la ladera oriental, aplicó los mismos principios a un terreno accidentado, produciendo un tejido que aún hoy funciona como isla residencial dentro de la ciudad densa. Palermo extendió el modelo hacia el occidente. En todos estos casos, Brunner no importaba una forma abstracta: traducía al oficio del Städtebau el modelo de la ciudad-jardín anglosajona que ya circulaba en Colombia —Teusaquillo en Bogotá, Prado en Medellín, Manga en Cartagena— y le daba una coherencia técnica y una escala de conjunto que las urbanizaciones privadas no alcanzaban.
La otra dimensión de su obra fue la infraestructura viaria y los espacios públicos. La Avenida Caracas, concebida como eje estructurante norte-sur de la ciudad en expansión, es su intervención más visible en la escala metropolitana: no una simple calle ensanchada sino una avenida-parque destinada a articular los nuevos barrios septentrionales con el centro histórico. El Parque Nacional Olaya Herrera —nombrado en honor al presidente que había abierto el ciclo modernizador liberal— fue la traducción bogotana del gran parque urbano como institución cívica: pulmón, escenario público y remate paisajístico de la ciudad hacia los cerros orientales.
El Plan Regulador no operó solo. En los mismos años 1934-1936, y también en Bogotá, un equipo de alemanes —el pedagogo Fritz Karsten y los arquitectos Eric Lange y Leopoldo Rother— desarrollaba el Plan General de la Ciudad Universitaria, el primer plan de conjunto en Colombia que obedeció a una planeación de tipo académico. Esos dos planes, elaborados en paralelo por técnicos extranjeros contratados por el Estado, marcan juntos el punto de cambio entre lo tradicional y lo moderno en el urbanismo y la arquitectura colombianos. No es casualidad que sean simultáneos: expresan un mismo momento político, el de la Revolución en Marcha, en el que confluyeron la ideología liberal del progreso y el mensaje de la arquitectura moderna.
La etapa colombiana de Brunner se extendió más allá del gobierno López. Bajo la presidencia de Eduardo Santos y en los años cuarenta continuó proyectando, asesorando municipios de otras ciudades —Medellín, Cali, Popayán, Manizales— y publicando trabajos técnicos. Pero el corazón de su obra se concentró en la Bogotá de 1934-1938, cuando la coincidencia entre voluntad política, demanda cívica y método técnico fue máxima. Hacia 1948 su ciclo colombiano se cerraba, y el país entraba en una convulsión —el 9 de abril, la Violencia, la muerte de Jorge Eliécer Gaitán— que reordenaría por completo la agenda urbana y traería, en 1949, a un Le Corbusier dispuesto a proponer para Bogotá exactamente lo contrario de lo que Brunner había hecho.
Estado liberal, ingenieros, técnicos extranjeros
Comprender a Brunner exige situarlo en la red de personas, instituciones y corrientes que hicieron posible su obra. No trabajó en el vacío ni fue una figura solitaria: operó en el cruce de una política de Estado, una tradición cívica y una comunidad técnica internacional.
El vértice político fue la República Liberal. Enrique Olaya Herrera (1930-1934) abrió el ciclo modernizando el Estado y atravesó la guerra con Perú por Leticia (1932-1934), que avivó el nacionalismo y empujó las políticas de integración territorial. Se ha tendido a subestimarlo, presentándolo como un gobierno de transición donde nada ocurrió, pero sus reformas administrativas y laborales cambiaron la naturaleza del Estado colombiano y sentaron las bases sobre las que López construyó. Fue durante su mandato cuando maduró la disposición institucional para contratar técnicos extranjeros de alto nivel y encargarles planes de escala nacional.
Alfonso López Pumarejo (1934-1938) fue el reformador más dinámico y ostensiblemente radical. Su Revolución en Marcha proporcionó a Brunner el marco político sin el cual el Plan Regulador difícilmente habría sido posible: un gobierno que entendía la modernización urbana como parte integral de la modernización del país y que estaba dispuesto a invertir capital político en imponer normativas de suelo, expropiaciones parciales y proyectos que afectaban intereses de propietarios. La confluencia entre la ideología liberal del progreso y el mensaje arquitectónico moderno no fue retórica: fue la condición institucional concreta que permitió que un plan como el de Brunner se elaborara con recursos, autoridad y horizonte de ejecución.
Alrededor del urbanista se organizó una red técnica colombiana que operaba como interlocutor local. El interlocutor institucional principal fue el Ministerio de Obras Públicas, donde se concentraban los ingenieros y arquitectos con formación técnica avanzada y desde donde se articuló buena parte de la modernización constructiva del país; en esa órbita se movían ingenieros como Alfredo Bateman y arquitectos como Alberto Wills Ferro, que dialogaron con Brunner, ejecutaron sus proyectos o discutieron sus criterios. Detrás de ellos venía una tradición previa de importación técnica menos ambiciosa pero decisiva: el Edificio Pedro A. López, construido entre 1919 y 1924 por el ingeniero norteamericano Robert M. Farrington, es el primer edificio técnicamente representativo del cambio hacia la arquitectura contemporánea en Bogotá, y el Banco Hipotecario de Bogotá (1929), obra de los norteamericanos Paul Stuper y Fred T. Ley, prolongó ese patrón. Eran obras aisladas, encargos puntuales de empresarios privados, no política de Estado; pero cuando Brunner llegó, la contratación de profesionales extranjeros para obras modernas no era una novedad sino una práctica establecida sobre la que el Estado liberal pudo apoyarse para dar el salto de escala.
La generación siguiente de arquitectos colombianos incluyó a Carlos Martínez Jiménez, quien desde la crítica y la práctica se convertiría en uno de los canales por los que las ideas del movimiento moderno —y en particular las de Le Corbusier— desplazarían el paradigma brunneriano. Esa filiación explica en parte el eclipse posterior: no fue que Brunner fracasara, sino que la comunidad técnica colombiana joven, formada en los años cuarenta, encontró en el modernismo de ruptura un lenguaje más afín al deseo de originalidad continental que al gradualismo centroeuropeo.
Entre los interlocutores políticos ocupa un lugar particular Jorge Eliécer Gaitán, cuya carrera como concejal y luego como alcalde de Bogotá en 1936 lo puso en contacto directo con los problemas de la ciudad que Brunner planeaba. La agenda gaitanista —vivienda popular, servicios urbanos, dignidad del habitante— presionaba desde otro flanco al urbanismo liberal, señalando los límites sociales de un plan que atendía sobre todo a los barrios residenciales de clases medias y altas.
Queda, por último, la red internacional. Brunner fue parte de una diáspora técnica centroeuropea que, en los años treinta, se dispersó por América Latina llevando el Städtebau vienés y berlinés. Los alemanes de la Ciudad Universitaria —Karsten, Lange, Rother— compartían con él escuela, época y sensibilidad. Ese fondo común explica que los dos planes de 1934-1936 dialoguen entre sí sin necesidad de coordinación explícita: ambos operan desde una misma tradición europea de planeación integral.
Forma urbana, disputa y eclipse
La huella de Brunner en Colombia se mide en tres registros distintos: la forma material de las ciudades, la institucionalización del urbanismo como práctica de Estado y la posición que ocupa en la memoria disciplinar.
En el registro material, la huella es densa y verificable. Los barrios que proyectó o cuyo trazado supervisó siguen funcionando en Bogotá con las lógicas que él les dio: escala doméstica, arbolado, antejardines, articulación con vías estructurantes. La Avenida Caracas continúa siendo el eje norte-sur de la ciudad —aunque radicalmente transformada por el tráfico y, décadas después, por TransMilenio—, y su existencia misma como avenida-parque de gran calibre se debe a la lógica brunneriana de que la ciudad extensa necesitaba ejes de escala metropolitana pensados desde el principio, no ensanchados a posteriori. El Parque Nacional sigue siendo, casi un siglo después, uno de los grandes espacios públicos de Bogotá. Cali, Medellín, Popayán y Manizales conservan intervenciones puntuales de su asesoría.
En el registro institucional, Brunner instaló en Colombia la idea de que la ciudad se planea, y de que planearla es tarea del Estado. Antes de él, la planeación era esporádica, cívica y local; con él se convirtió en función pública dotada de dependencia municipal propia, criterios técnicos, normativas y horizonte temporal. Que ese modelo no bastara para contener el crecimiento posterior —el proceso de urbanización se aceleraría vertiginosamente después de 1950, y Bogotá llegaría a fines del siglo XX con unas 27.000 manzanas y siete millones de habitantes— no invalida la fundación institucional: al contrario, la explica. El desbordamiento de los perímetros urbanos legales y la expansión ilegal en las áreas no reguladas fueron problemas que ningún plan de los años treinta podía anticipar en su magnitud, pero fue precisamente porque existía el marco brunneriano que esos desbordamientos pudieron nombrarse como problemas de planeación y no como fenómenos naturales.
En el registro de la memoria disciplinar, Brunner ha vivido un vaivén característico. En los años treinta y cuarenta fue la referencia obligada: el técnico legítimo, el que había traído el urbanismo moderno. Fue también el urbanista que convivió sin conflicto con el lenguaje arquitectónico predominante de esos quince años, el llamado deco criollo —fachadas blancas planas, remates rectos, decoraciones geométricas, verticalidad como concepto compositivo—, un estilo de transición entre los historicismos y el movimiento moderno que compartía con Brunner la vocación gradualista de transformar sin arrasar. A partir de los años cincuenta, con la irrupción del paradigma corbusieriano y la formación de una generación de arquitectos colombianos entrenados en el modernismo internacional, tanto el deco criollo como Brunner se opacaron a la vez. Le Corbusier, invitado a proyectar el Plan Piloto de Bogotá en 1949-1951, propuso algo estructuralmente distinto: no la extensión ordenada del tejido existente sino su reemplazo por una ciudad funcional zonificada, con torres, autopistas y separación estricta de usos. El Plan Piloto tampoco se ejecutó tal cual, pero el gesto corbusieriano se impuso como referente teórico, y Brunner pasó a ser recordado —cuando se lo recordaba— como el urbanista anterior, el gradualista que había que superar.
Ese eclipse fue injusto pero comprensible. Injusto porque la ciudad efectivamente construida en Bogotá durante buena parte del siglo XX se pareció más a lo que Brunner había propuesto que a lo que Le Corbusier había dibujado: barrios residenciales de escala media, extensión más que sustitución, tejidos que crecen en los bordes. Comprensible porque la modernidad arquitectónica latinoamericana se pensó a sí misma como ruptura, y en ese relato Brunner encarnaba la continuidad europea de siglo XIX que el nuevo lenguaje quería dejar atrás.
La revalorización de Brunner comenzó tardíamente, cuando la historiografía urbana colombiana empezó a distinguir entre los planes que se dibujaron y las ciudades que efectivamente se construyeron. Al hacer esa distinción, resultó evidente que el operador técnico que más había influido en la Bogotá real del siglo XX no era el francés de los planes utópicos sino el austriaco de los barrios efectivamente trazados. Esa recuperación no lo convierte en un héroe fundador —la modernización urbana colombiana fue un proceso estructural más amplio que ningún individuo, en el que Ricardo Olano, las Sociedades de Mejoras Públicas, los ingenieros norteamericanos, los arquitectos alemanes y los técnicos colombianos jugaron partidas propias— pero le devuelve el lugar que le corresponde: el de figura bisagra, el operador que en el momento preciso supo articular una demanda acumulada.
Hay una última lectura de la huella brunneriana. La modernización que él encarnó fue, socialmente, selectiva: los barrios-jardín que proyectó estaban destinados a clases medias y altas, y su Plan Regulador no atendió con la misma intensidad los problemas de vivienda popular que ya en los años treinta empezaban a acumularse en las periferias de Bogotá. Esa selectividad no era un defecto personal suyo sino la condición estructural del urbanismo liberal colombiano, que se pensó a sí mismo como constructor de ciudad para el ciudadano ilustrado antes que como respuesta a la crisis de vivienda de las mayorías. Cuando Gaitán empezó a nombrar esa exclusión en los años cuarenta, y cuando el 9 de abril de 1948 la ciudad se incendió, quedó claro que el proyecto de ciudad de la República Liberal —la ciudad de Brunner, en cierto modo— había atendido bien un problema y descuidado otro. Esa doble condición —realización parcial de un ideal técnico y ceguera parcial ante una tensión social— es lo que hace del urbanismo brunneriano un objeto histórico complejo y no un monumento a celebrar.
Brunner regresó a Viena, donde murió en 1960, sin haber visto ni el Bogotazo ni la Violencia ni la explosión demográfica que transformaría irreversiblemente la ciudad que había planeado. Dejó tras de sí barrios que aún se habitan, avenidas que aún estructuran el tráfico, un parque que aún respira y una idea —la de que la ciudad se piensa antes de construirla— que sobrevivió a todas las críticas posteriores. Su nombre nombra hoy, con precisión, ese momento breve y decisivo en que Colombia decidió que sus ciudades no eran un hecho de la naturaleza sino una obra de gobierno.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
18 documentos · 21 fragmentos01Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Páginas 192, 1952 citas
[1]como portadora y representan- te no sólo de una nueva estética sino también de una nueva visión de los modos de vivir. La conjunción de una ideología po- lítica de progreso y del mensaje de la arquitectura moderna confluyó en la implantación de esas ideas en Colom- bia como parte de la «Revolución en Marcha» pregonada…
p. 195
[12]de Obras Públi- cas trabajaron ingenieros y arquitectos titulados y con conocimientos técnicos más avanzados que el resto de sus co- legas en el país. Esto estimuló el pro- ceso de modernización de las cons- trucciones mucho antes de que se pro- dujera el cambio más definido hacia los conceptos de la arquitectura mo-…
p. 192
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 3371 cita
[2]ó mico, pues en Colombia (haci a la tercera d é cada del presente siglo) no hay una conformaci ó n de n ú cleos de poder socio-econ ó mico tan sofisticada o tan estructurada cultu ralmente que justifique la existencia de un debate ideol ó gico de cualquier clase sobre qu é hacer en arquitectura. Se puede decir que no…
p. 337
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 87, 902 citas
[3]Los principios del movimiento moderno se intro- dujeron paulatinamente desde los años treinta, bajo un estilo que se ha llamado «deco», pero que se podría denominar «deco criollo», caracterizado por unas fachadas blancas planas, con remates rectos, con decoraciones geométricas, y asentando la verticalidad como…
p. 87
[16]Los analistas han caracterizado el crecimiento de las ciudades en función del proceso de indus- trialización de la siguiente forma: 1930-1950, afianzamiento de la industria y de los centros más Conjunto residencial Los Sauces, del arquitec- to Alfonso García Gal- vis, 1981. importantes (Bogotá y Medellín); 1950-1958,…
p. 90
04Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 5831 cita
[4]presidente durante un buen tiempo la Sociedad de Mejoras Públicas (1918 - 1926), su opinión representó la de la elite de comienzos del siglo xx. Según Jorge Restrepo Uribe, otro destacado di rigente de la misma sociedad, alcalde de Medellin, director de la Oficina de Valoriza ción Municipal y gerente de importantes…
p. 583
05La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Páginas 383, 3982 citas
[5]contraste con la limitada actividad y la escasa acogida que la seb parece haber tenido entre los bogotanos ricos, en su segunda época ampliará considerablemente su radio de acción y logrará una notable influencia en el manejo de asuntos fundamentales de la capital nacional, gracias a su adscripción a la Alcaldía de…
p. 398
[6]lograr apoyo económico y político a sus pro- yectos, mantenían estrechas relaciones con los concejos municipales de sus respectivas ciudades y con las autoridades estatales. Por la alta posición social de sus miembros y la vinculación de muchos de ellos a la política, ambas instituciones lograron una notable…
p. 383
06Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Página 441 cita
[7]ó, San Andr é s, and Guajira, a trip that initiated the extraordinary labors that he would continue during the L ó pez Pumarejo administration to promote and develop the territories. 61 Conclusion Overshadowed by the "Revolution on March" program of reforms embraced by L ó pez Pumarejo, the impact of Olaya Herrera's…
p. 44
07Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 111 cita
[8]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
08Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 1031 cita
[9]to known Liberal voters, Liberals had mellowed from their past confrontational stance with the church. Some political violence erupted in the transition of government, as some Conservative officeholders only grudgingly relinquished their posts to entering Liberals.2 Although overshadowed by his successor, President…
p. 103
09Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 591 cita
[10]lanzarse a una política novedosa, como no tardaría en comprobarlo su sucesor. Más allá de la moderación del nuevo mandatario, las circunstancias hacían difícil dar timonazos bruscos. Con excepción de la rama ejecutiva, los conservadores contro- laban todas las instancias del poder. El clero se mostraba resuelto a…
p. 59
10La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 661 cita
[11]anterior, crea dentro de su normativa la Campaña de Cultura Aldeana y Rural. Ley 12 de 1934, Diario Oficial No. 22765 del 20 de diciembre de 1934. 24 Tirado Mejía, “López Pumarejo: la Revolución en Marcha”, p. 305. 56 La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947 Olaya Herrera se…
p. 66
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2881 cita
[13]artesa nos y sirvientes, se construyeron barrios elegantes con á rboles en i alies y antejardines (el modelo de la “ ciudad jard í n ”, tra í do de I stados Unidos a Teusaquillo en Bogot á, a Prado en Medell í n y a B; (tranquilla y a Manga en Cartagena) y barrios m á s alejados para obreros y pobres. Los viejos…
p. 288
12Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Página 901 cita
[14]encerrados por su propio mundo académico en un sistema formal incapaz de superar las mezclas es- tilisticas de siglos pasados, mientras los ingenieros y constructores crearon las nuevas formas industriales y técnicas del periodo, libres de todo prejuicio estético. Armas, herramientas, maquinaria agricola, trenes, bar-…
p. 90
13Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 571 cita
[15]y 7'851.000 diez años más tarde. El censo de 1938 arrojaba una población de 8'701.816 y el de 1951, 11'584.172 (36). A pesar del rápido crecimiento poblacional, que ubicaba a Colombia en cuarto lugar en América Latina después de Brasil, México y Argentina, ésta tenía grandes extensiones prácticamente desocupadas. De…
p. 57
14Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 3091 cita
[17]por el crecimiento caótico de la ciudad (la á vitas, entendida como una for- ma de vida económica, social y cultural). Para tener una idea de las transformaciones fisicas, y de sus re- percusiones en el modo de vida, valga recordar que a finales del siglo XIX la capital colombiana tenía unas 400 manzanas; en 1950…
p. 309
15Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3811 cita
[18]que éstos eran de poca resistencia, a medio co- cer. Al empezar el siglo XX se produ- cen en serie ladrillos prensados y co- cidos a altas temperaturas que facili- tan la construcción y la pavimentación de algunas vías públicas. Hasta entonces el cemento es poco conocido entre nosotros. Los alema- nes habían…
p. 381
16Vawter y la Ulen & Co.; y R. L. Aeck: Arquitectos norteamericanos en ColombiaAlberto Escovar Wilson-White · Página 261 cita
[19]empresa. En Nueva York empezó edificando fábricas, pero luego llegaron los encargos para la construcción de inmuebles residenciales y de ofi cinas no solo en esa ciudad sino en otras, por ejemplo, la célebre Villa Vizcaya en Miami, Florida, en 1916, para James Deering. En su diseño general participó el artista y…
p. 26
17Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Página 5541 cita
[20]de loza o de vidrie- ría, más allá artículos de hierro o acero: acá producción de calzado, acullá inmensos depósitos de víveres. Todas esas producciones exigen cambios, traslaciones de gran- des masas de productos de un lugar a otro, necesidad de cambiar ideas con otros hombres, movimiento incesante de estos de unos…
p. 554
18Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 3451 cita
[21]University of Leuven, 231 Cauca, Department of, 29, 39, 46, 46, 50–51, 115, 128, 262 Cauca River, 8, 12, 92–93, 113, 172, 175, 177, 180 Cauca Valley. See Valle del Cauca, Department of caudillo (strongman), 48, 53–54, 68, 73–74, 77, 93 Cayos expedition, 27 CELAM (Latin American Episcopal Conference), 233 Centenary…
p. 345