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Biografía

Eduardo Santos

República Liberal

1888–1974

15 min de lectura22 documentos
Nacimiento1888
Fallecimiento1974
RolesDirector de El Tiempo · Presidente de Colombia (1938-1942)
Lugar principalColombia
Período históricoRepública Liberal1930–1946
03

La biografía

Eduardo Santos Montejo (1888-1974) fue uno de los presidentes liberales de la República Liberal (1930-1946) y, sobre todo, el director que convirtió a El Tiempo en el diario más influyente de Colombia. Su cuatrienio (1938-1942) quedó fijado en la historiografía con una sola palabra —"la pausa"— por haber frenado desde adentro el impulso reformista de Alfonso López Pumarejo, al tiempo que alineó al país con los Aliados en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Perteneciente a la generación del Centenario, Santos representa la figura del liberal moderado de vocación bipartidista que gobernó tanto o más desde la tribuna del periódico que desde el Palacio de la Carrera: su presidencia fue, en buena medida, la traducción institucional de treinta años de opinión editorial.

02

Línea de vida

  1. 1909

    Militancia en la Unión Republicana

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    Santos se vinculó a la Unión Republicana, coalición bipartidista de conservadores y liberales que buscó la convivencia política por encima de los extremos partidistas, movimiento en cuya órbita permaneció hasta su disolución efectiva.

  2. 1921

    Regreso formal al Partido Liberal

    Leer contexto

    Santos retornó al Partido Liberal como editor de El Tiempo, coincidiendo con la desaparición efectiva de la Unión Republicana; desde entonces convirtió el diario en la principal tribuna liberal del país.

  3. 1930

    Impulso editorial al triunfo de Olaya Herrera

    Leer contexto

    Santos utilizó El Tiempo para apoyar la candidatura de Enrique Olaya Herrera y fue uno de los líderes liberales que la proclamó en Bogotá junto a Caballero Escobar, Turbay y López Pumarejo; Olaya obtuvo 369.762 votos y el 7 de agosto el liberalismo retornó al poder tras casi medio siglo de Hegemonía Conservadora.

  4. 1933

    Misión ante la Sociedad de las Naciones y enfrentamiento con Laureano Gómez

    Leer contexto

    Santos cumplió una misión ante la Sociedad de las Naciones y al informar al Senado se conoció su triunfo sobre el peruano Francisco García Calderón; el discurso con que Laureano Gómez lo había atacado se derrumbó y ese mismo día Gómez sufrió un derrame cerebral que lo dejó paralizado por más de un año.

  5. 1938

    Elección como presidente de Colombia

    Leer contexto

    En las primeras elecciones por sufragio universal y directo desde 1856, Santos fue elegido presidente con votos liberales y el apoyo del Partido Comunista; el Partido Conservador se abstuvo. Se posesionó el 7 de agosto de 1938 con un gabinete exclusivamente liberal.

  6. 1940

    Cancelación de la licencia a SCADTA y creación de Avianca

    Leer contexto

    El gobierno canceló la licencia a la aerolínea de capital alemán SCADTA, expulsó a su personal alemán y la reconvirtió en Avianca, retirando del espacio aéreo suramericano una infraestructura considerada vulnerabilidad estratégica y consolidando el alineamiento de Colombia con los Aliados.

  7. 1940

    Creación del IFI, la Radiodifusora Nacional y el Fondo Nacional del Café

    Leer contexto

    El cuatrienio santista creó el Instituto de Fomento Industrial, el Instituto de Crédito Territorial, el Instituto de Fomento Municipal, la Radiodifusora Nacional de Colombia y el Fondo Nacional del Café, además de firmar el Pacto Internacional Americano de Cuotas cafeteras, modernizando la institucionalidad económica del país.

  8. 1942

    Fin del cuatrienio: 'la pausa' como legado historiográfico

    Leer contexto

    Al concluir su mandato, el gobierno Santos quedó fijado en la historiografía como 'la pausa': freno al reformismo agrario de López Pumarejo, modernización administrativa considerable y alineamiento geopolítico con el sistema interamericano liderado por Estados Unidos.

El hombre y su generación

Santos pertenecía a la promoción política que la historia colombiana bautizó como generación del Centenario, la misma que produjo a Enrique Olaya Herrera y a Alfonso López Pumarejo. Los tres llegarían al poder antes de cumplir cincuenta años, y los tres compartían un mismo rasgo formativo: haber entrado a la vida pública con el impulso de la convivencia, es decir, con la convicción de que la política colombiana debía superar el ciclo de guerras civiles y hegemonías excluyentes que había definido el siglo XIX.

Ese impulso republicano —bipartidista, tolerante, adverso a los extremos— marcó a Santos más profundamente que a sus contemporáneos. Fue militante de la Unión Republicana, la coalición de conservadores y liberales que buscó, entre 1909 y 1914, un entendimiento por encima de las banderas partidistas. Cuando el movimiento se disolvió, Santos permaneció en su órbita hasta 1921, año en el que regresó formalmente al Partido Liberal, el mismo año en que la Unión Republicana desapareció como fuerza efectiva. Ese pasaje explica buena parte de su trayectoria posterior: Santos fue siempre un liberal, pero un liberal que llevaba dentro la memoria de un proyecto bipartidista, y que desde El Tiempo defendería ese republicanismo cuando el país volvió a polarizarse.

Su vida privada estuvo ligada a Lorencita Villegas, quien lo acompañaría durante toda su carrera pública. Sin descendencia directa, Santos concentró en el periódico su ambición dinástica: allí construyó, con miembros de su propia familia, una red editorial que sobreviviría décadas a su muerte y dejaría en la historia colombiana una segunda estirpe presidencial. Su sobrino-nieto, Juan Manuel Santos, llegaría a la Casa de Nariño en 2010.

La construcción de un poder periodístico

La verdadera carrera de Santos no empezó en un curul ni en un ministerio, sino en una redacción. En los años iniciales del siglo XX, la prensa bogotana era un tablero de trincheras: El Nuevo Tiempo nacionalista, La Unión de Laureano Gómez para los conservadores históricos, El Liberal de Rafael Uribe Uribe, El Republicano y La Gaceta Republicano para el movimiento bipartidista, y El Tiempo como una de las voces en formación. Cada diario era, más que una empresa, una filiación política.

Antes de dedicarse por completo al periodismo, Santos se desempeñó como Oficial Mayor y luego Jefe del Archivo Diplomático y Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores, cargos a los que lo designó Enrique Olaya Herrera. Colaboraba con El Tiempo de noche mientras servía al Estado de día. Ese doble oficio se resolvería a favor del periódico: la dirección de El Tiempo pasó a sus manos y allí fijó, para el resto de su vida, la trinchera desde la que hablaría al país.

Bajo su conducción, El Tiempo se convirtió en el diario más influyente de Colombia. Santos lo hizo desde una convicción personal: prefería, decía, "hablar escribiendo" antes que ocupar un curul o una cartera. Por eso rechazó reiteradamente ofertas para ser diputado, gobernador o ministro. Esa aparente modestia no era retiro sino estrategia: desde la dirección del periódico ejercía una autoridad más amplia que la de cualquier ministro. En las décadas de la Hegemonía Conservadora, El Tiempo fue el megáfono liberal por excelencia, la caja de resonancia de las derrotas del partido y, hacia 1930, la palanca editorial que impulsó la candidatura y el triunfo de Olaya Herrera.

Ese triunfo —el retorno del liberalismo al poder tras casi medio siglo de dominio conservador— fue el primer gran cobro político de Santos como periodista. En las elecciones del 9 de febrero de 1930, Olaya obtuvo 369.762 votos frente a los 240.833 de Guillermo Valencia y los 213.469 del general Alfredo Vásquez Cobo. El 7 de agosto, el presidente Miguel Abadía Méndez entregó el mando al Partido Liberal. Santos había proclamado la candidatura de Olaya en Bogotá junto a Enrique Caballero Escobar, Gabriel Turbay y el propio López Pumarejo. La transición del poder tenía, entre sus firmas invisibles, la del director de El Tiempo.

El republicano moderado y la Sociedad de las Naciones

Antes de su presidencia, Santos ya había acumulado una biografía política significativa por fuera de los cargos ejecutivos. Su misión ante la Sociedad de las Naciones —el organismo internacional creado tras la Primera Guerra Mundial— produjo uno de los episodios más comentados de su trayectoria pública, y también uno de los enfrentamientos personales que marcaría su relación con el conservatismo por décadas.

Laureano Gómez, desde su tribuna, lo atacó con dureza antes del regreso: acusó a Santos de haber puesto en vergüenza al país por no saber comportarse en la asamblea y por no dominar el francés, lengua oficial del organismo. La embestida era, para el estilo laureanista, típica: descalificación personal, ridiculización, ataque a la representación misma del país. Pero el desenlace fue inesperado. Cuando Santos se presentó al Senado a informar sobre su misión, se supo que había derrotado aplastantemente al peruano Francisco García Calderón en una contienda diplomática cuyos detalles se difuminarían con el tiempo, aunque el resultado quedó claro. El discurso de Gómez se derrumbó. Ese mismo día, en el recinto del Senado, Laureano sufrió un derrame cerebral que lo dejó paralizado y fuera de actividad por más de un año. La coincidencia es de las que la historia registra sin explicar: dos hombres que se disputarían el temple moral del país cruzaron, en una sola tarde, un momento de asimetría absoluta.

Ese episodio consolidó a Santos como figura nacional. También lo instaló, junto a Gómez, en un antagonismo que atravesaría toda su presidencia. La oposición a Marco Fidel Suárez —que ejerció junto al propio Gómez en los últimos años de la Hegemonía Conservadora— le había valido antes una acusación por participar en política ante el banco que gerenciaba, y precipitó su retiro de esa institución. La política, para Santos, siempre pasó primero por la palabra escrita.

El ascenso a la presidencia

La muerte de Enrique Olaya Herrera en Roma, en febrero de 1937, cambió el mapa liberal. Santos pronunció el discurso de despedida a su amigo y aliado, y a partir de ese momento su nombre empezó a circular como candidato natural del ala moderada del liberalismo. La coyuntura era favorable: en las elecciones parlamentarias de ese mismo año, el ala santista había triunfado sobre el sector reformista lopista, corroborando que el Partido Liberal, bajo sus nuevos liderazgos, estaba poco dispuesto a prolongar el impulso de la Revolución en Marcha. La reorientación moderada del partido ya era un hecho antes de que se abriera la campaña presidencial.

En 1938, Colombia celebró sus primeras elecciones por sufragio universal y directo desde 1856. El Partido Conservador, siguiendo una práctica que ya había aplicado frente a López Pumarejo y en la renovación bicameral de mediados de su cuatrienio, se abstuvo de participar. Santos —director de El Tiempo al momento de ganar— fue elegido presidente con votos liberales y el apoyo adicional del Partido Comunista. El censo nacional de ese año registraba 8.701.816 habitantes en Colombia: un país todavía predominantemente rural, con una industrialización incipiente y una estructura agraria que la reforma de López apenas había empezado a rasguñar.

El 7 de agosto de 1938, Santos se posesionó como presidente y anunció un gobierno de moderación. Su gabinete fue exclusivamente liberal, pero el mensaje hacia el conservatismo fue de conciliación explícita. Un año más tarde, en 1939, nombró a Jorge Eliécer Gaitán como ministro de Educación, gesto que hablaba menos de radicalismo que de la voluntad de incorporar dentro del liberalismo santista incluso a figuras que le eran temperamentalmente ajenas.

La Gran Pausa

El apodo con el que la historia recuerda al gobierno Santos —"la pausa"— tiene una genealogía anterior a él: el propio López Pumarejo había usado el término en 1936 para describir un compás de espera dentro de su propia administración. Fue el cuatrienio santista, sin embargo, el que fijó la palabra como etiqueta de época. La pausa dejó de ser un intermedio para volverse un programa.

En lo agrario, el freno fue explícito. Los procesos de reforma iniciados por López —en particular las medidas que buscaban afectar a los grandes hacendados y adjudicar tierras a los campesinos— quedaron congelados. Santos representaba a los sectores del liberalismo que habían visto con creciente alarma el radicalismo social de la Revolución en Marcha; su gobierno fue la reacción organizada de esos sectores. La pausa no fue solo una derrota para López sino para quienes intentaban sentar las bases de una sociedad menos injusta: fue el momento en que el liberalismo giró hacia sus sectores más propietarios, y ese giro no se revertiría siquiera con el retorno del propio López al poder. El freno definitivo llegaría con la Ley 100 de 1944, ya en el segundo gobierno lopista, que amplió los plazos para que los latifundios pusieran a producir sus tierras improductivas y disparó los conflictos agrarios que atravesarían el resto del siglo.

Pero llamar a la pausa un simple estancamiento sería injusto con la administración santista. En el frente institucional y económico, el cuatrienio fue notablemente activo. Santos creó el Instituto de Fomento Industrial (IFI), el Instituto de Crédito Territorial, el Instituto de Fomento Municipal y la Radiodifusora Nacional de Colombia, esta última inaugurada en 1940. Unificó la deuda interna, reanudó el pago de intereses de la deuda externa, adoptó un préstamo con una entidad bancaria norteamericana y devaluó el peso. Estableció el descanso dominical remunerado, dando forma a instituciones laborales que sobrevivirían al ciclo. Las dificultades del comercio exterior generadas por la guerra mundial impulsaron, casi por defecto, el desarrollo industrial interno: fue en esos años cuando Colombia empezó a sustituir importaciones no por doctrina sino por necesidad.

En el frente cafetero —la columna vertebral de la economía colombiana— la caída de los precios internacionales, agravada por la guerra, llevó al gobierno a firmar en 1940 el Pacto Internacional Americano de Cuotas y a crear el Fondo Nacional del Café, dos herramientas que estructuraron durante décadas la política cafetera del país. La pausa social convivió, así, con una modernización administrativa considerable.

La política exterior: alineamiento con los Aliados

Si la política interna del santismo fue conservadora respecto de la reforma social, la política exterior fue todo lo contrario: activa, decidida, alineada. El estallido de la Segunda Guerra Mundial encontró a Colombia gobernada por un liberal republicano cuya afinidad con las democracias occidentales no dejaba lugar a dudas. Santos condujo al país hacia el sistema panamericano que se construía bajo la política del "buen vecino" de Franklin D. Roosevelt, y esa opción tuvo consecuencias materiales rápidas.

La medida más dramática vino en 1940: el gobierno canceló la licencia a SCADTA —la aerolínea de capital y personal alemán que operaba en Colombia desde los años veinte—, expulsó a su personal alemán y la reconvirtió en Avianca. La operación, decisiva desde el punto de vista de seguridad hemisférica, retiraba de los cielos suramericanos una infraestructura aérea que podía ser leída como vulnerabilidad estratégica. A cambio de este y otros gestos de alineamiento, Estados Unidos otorgó créditos, envió una misión naval y proveyó equipo militar americano al país. Santos también heredó y consolidó el plan de un sistema interamericano con secretariado permanente y congreso con autoridad política, una idea que López retomaría en su segunda presidencia.

En diciembre de 1938, el secretario de Estado norteamericano Cordell Hull hizo escala en Buenaventura en tránsito hacia la Conferencia de Lima, donde se discutió la cooperación interamericana. El gesto era simbólico y práctico: Colombia era ya una pieza en la construcción del hemisferio occidental como frente unificado. La oposición conservadora no veía con buenos ojos este alineamiento, que le parecía excesivamente subordinado a Washington, pero el gobierno mantuvo el rumbo. Incluso el Partido Comunista, en enero de 1942, reclamaba una política de defensa nacional que incluyera adquirir armamento de "nuestros amigos del Norte" y preparar a los ciudadanos para la guerra frente a la amenaza fascista.

En este terreno, la coherencia del santismo fue superior a la de casi cualquier gobierno colombiano de la primera mitad del siglo. Si algo hereda el país de esos cuatro años, más allá de los institutos y las radiodifusoras, es el lugar geopolítico que ocupó desde entonces en el sistema interamericano.

La oposición conservadora y el desgaste del bipartidismo republicano

La convivencia bipartidista que Santos había defendido durante toda su vida chocó, en la presidencia, contra un obstáculo insalvable: la estrategia sistemática de la oposición conservadora, personificada en Laureano Gómez. El balance que hizo años después Otto Morales Benítez resumió con exactitud aquella lógica: divorciar al presidente del país, rechazar propuestas de entendimiento, desacreditar al primer mandatario, debilitar al régimen, propiciar el desconocimiento de las instituciones. La legitimidad de los gobiernos y del Congreso liberales era cuestionada por los conservadores, en parte porque su propia abstención electoral les daba argumentos para hacerlo: no participaban en las elecciones y luego las declaraban ilegítimas.

Santos tenía buena disposición hacia el conservatismo —era, en el fondo, un hombre de la Unión Republicana—, pero esa disposición poco contribuyó al desarme de los espíritus. Laureano Gómez regresó al Senado tras las elecciones departamentales del 19 de marzo, gracias al buen desempeño conservador en esos comicios, y desde allí ejerció una oposición que combinó el ataque personal, la deslegitimación institucional y una desconfianza radical hacia el alineamiento con los Aliados. La figura de Santos como conciliador se estrellaba con un adversario que no buscaba ser conciliado.

La paradoja del santismo se dibuja allí: un hombre formado en el bipartidismo republicano, elegido sin voto conservador, gobernando con moderación explícita y hallándose, a pesar de todo, con una oposición que interpretaba la moderación como debilidad y la conciliación como oportunidad para atacar. El republicanismo santista fue, en la práctica, un proyecto que ninguna de las dos partes estuvo dispuesta a habitar del todo.

Una red familiar y un periódico

Cuando entregó el mando a Alfonso López Pumarejo el 7 de agosto de 1942 —López volvía por segunda vez—, Santos regresó al lugar del que nunca había salido del todo: la dirección de El Tiempo. Ese regreso no fue un exilio ni una jubilación; fue la reasunción de su verdadera magistratura. Desde el periódico continuó siendo una voz cardinal del liberalismo hasta el fin de sus días.

El Tiempo que Santos consolidó terminó constituyendo uno de los ejemplos más claros de un rasgo dominante de la prensa colombiana: su carácter marcadamente familiar. Enrique Santos Montejo, columnista recordado bajo el seudónimo Calibán y familiar cercano de Eduardo, dejó una obra periodística que atravesó décadas. Su hijo, Enrique Santos Castillo, fue jefe de redacción y editor general del diario por cerca de sesenta años. De ese linaje editorial saldría, ya en el siglo XXI, Juan Manuel Santos —sobrino-nieto del expresidente, hijo del editor general—, que llevaría el apellido de vuelta a la Casa de Nariño en 2010. Cuatro generaciones identificables convergen en una misma redacción: pocas dinastías periodísticas del continente pueden mostrar una continuidad semejante.

El poder de esa red se hizo más visible cuando fue amenazado. En 1955, el general Gustavo Rojas Pinilla —en pleno endurecimiento de su dictadura— clausuró El Tiempo, y seis meses después El Espectador. Los dos grandes diarios liberales quedaron fuera de circulación. La represión a la prensa alcanzó también al periódico conservador El Siglo, identificado con Laureano Gómez, mostrando que el autoritarismo militar no distinguía filiaciones cuando le convenía. El Tiempo reapareció como Intermedio entre 1956 y 1958, sometido a censura, y solo con la caída del régimen y el retorno a la vida civil recuperó su nombre original. Santos, ya anciano, atestiguó desde la dirección aquel intento de silenciamiento y su fracaso.

Muerte y memoria

Eduardo Santos murió en 1974. En su sepelio, Alberto Lleras Camargo —él mismo expresidente liberal, y uno de los grandes prosistas del país— calificó su gobierno como "uno de los mejores, si no el mejor, de este siglo". El juicio, viniendo de quien venía, era generoso pero también estratégico: Lleras defendía una idea de la República Liberal como proyecto ordenado, moderno y modernizador, y Santos encajaba con precisión en esa narrativa. La memoria oficial del liberalismo eligió, durante décadas, quedarse con esa imagen.

La historiografía posterior ha sido más matizada. Ha reconocido las realizaciones institucionales del cuatrienio —los institutos de fomento, la Radiodifusora Nacional, el Fondo Nacional del Café, la nacionalización de la aviación—, la coherencia de la política exterior y el mérito de haber conducido al país por los años más peligrosos del siglo sin quebrar el orden constitucional. Ha señalado también, con la misma claridad, que la pausa consolidó el giro moderado del liberalismo hacia sus sectores más propietarios, cerró la ventana histórica de la reforma agraria y contribuyó a fijar la estructura agraria excluyente que alimentaría las violencias posteriores.

Las dos lecturas son ciertas. Santos fue el liberal que gobernó con la mesura de un editor experimentado, que puso a Colombia en el lugar correcto del mundo cuando el mundo se partía en dos, y que también —simultáneamente, sin contradicción interna en su propio proyecto— cerró la puerta a la transformación social que su antecesor había abierto. La pausa no fue accidente de temperamento: fue programa. Y ese programa fue lo que el ala moderada del liberalismo, mayoritaria a partir de 1937, quiso que fuera.

En la historia larga del país, Santos ocupa un lugar singular. Fue el hombre que demostró, con más claridad que nadie en su siglo, que la dirección de un gran diario podía valer tanto como un ministerio y, en ocasiones, tanto como la propia presidencia. Fue el republicano bipartidista al que la política real le negó el escenario que su vocación pedía. Fue el generador de una dinastía editorial que sobreviviría siete décadas a su muerte. Y fue, en los cuatro años que ocupó la Casa de Nariño, la expresión política de un liberalismo que eligió detenerse antes de terminar lo que había empezado. La Gran Pausa lleva su nombre porque él la encarnó; pero la había pedido, antes que él, buena parte del país propietario que lo eligió.

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Relacionadaspor co-ocurrencia
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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

22 documentos · 26 fragmentos
01Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 346, 3672 citas
[1]

poniendo que había puesto en ver- güenza al país por no saber compor- tarse en una asamblea como la de la Sociedad de las Naciones y su inca- pacidad para hablar la lengua oficial de la asamblea que era el francés. Cuando Santos se presentó al Senado e informó sobre su misión, se conocie- ron las informaciones de su…

p. 367
[12]

de tratar.» Su participación en la política du- rante los últimos gobiernos conserva- dores fue esporádica. Con Laureano Gómez se opuso a Marco Fidel Suá- rez, lo que le valió una acusación ante la sede central del banco que él geren- ciaba, por participar en la política. Esto, a la postre, incidió en su retiro del…

p. 346
02Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 341 cita
[2]

Palacios, Between Legitimacy, 65. 17. Colombia a su alcance, 725. 18. Abel, Política, 62. 19. Henderson, Modernization in Colombia, 102–3. 20. Palacios, Between Legitimacy, 66-67; Colombia a su alcance, 725. 21. Restrepo cited by Ocampo López, História básica de Colombia, 272–3. 22. Colombia a la alcance, 725. 23.…

p. 34
03Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 161 cita
[3]

lleva a Antonia Santos, su tía-tatarabuela, heroína y mártir de la Independencia— es sobrino-nieto del presidente Eduardo Santos; nieto del recordado columnista Enrique Santos Montejo, que firmaba como Calibán, e hijo de Enrique Santos Castillo, jefe de redacción y editor general de El Tiempo, el periódico más…

p. 16
04Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 3731 cita
[4]

los escritos de don Alfonso Villegas, célebres por sus catilinarias. Pero como allí no había medios de subsistencia, aceptó la designa ción que el ministro de relaciones exteriores, Dr. Enrique Olaya Herrera, le hizo como Oficial M ayor del Ministerio, Luego lo nombró Jefe del Archivo Diplomático y Consular. En estos…

p. 373
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 107, 2462 citas
[5]

el se- dico de tendencia li- Alejandro Galvis Galvis. manario Voz (inicial- beral y fuertemente dl TU ou mente Voz de la De- atacado por la Iglesia mocracía y luego Voz católica en tiempos de la Violencia política, al Proletaria); sin embargo han existido diferen- punto de que en 1949 los obispos de Santan- tes…

p. 107
[13]

profunda. 1938 Eduardo Santos, presidente de la República; anuncia un gobierno de moderación y ecuanimi- dad («la pausa», después de las reformas sociales). Censo nacional: 8”701.816 habitantes; Bogotá, 340.000. Inauguración del edificio de la Bibliote- ca Nacional. 1939 Jorge Eliécer Gaitán, ministro de Educación.…

p. 246
06Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 2891 cita
[6]

return to peaceful coexistence [with Liberalism].” 104 Another implication of the March 19 elec- tion was that Laureano Gómez would return to the Senate. Senators continued to be elected by departmental assemblies, and the Conservatives’ strong show- ing in departmental contests meant that they would be well…

p. 289
07La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 531 cita
[7]

Resuelto a colocarse por encima de quienes habían ensangrentado el territorio nacional con una violencia de que estaba harto el país”. 99 Ejercía una enorme influencia a través de su periódico El Tiempo, el cual utilizó para controvertir con el Partido Conservador e impulsar la campaña y posterior victoria de Enrique…

p. 53
08Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Páginas 122, 1262 citas
[8]

fórmula informativa de Time al país, cuya presentación gráfica también acogió: fue la primera revista de síntesis semanal, y se des- tacó por el brillante estilo de sus re- dactores y por sus magníficas crónicas políticas, así como por las caricaturas de Jorge Franklin. Del lado conser- vador fueron notables Diario de…

p. 122
[24]

Prensa, 1946, con la imagen de Antonio Nariño. 126 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI Laureano Gómez con periodistas de "La Defensa", de Medellín, en 1945: Juan Mejía, Alberto Giralda López, Ovidio Rincón Peláez, Julián Uribe Cadavid, Bernardo Naranjo, Belisario Betancur, Joaquín Rincón Peláez y Luis Guillermo…

p. 126
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2041 cita
[9]

ó o no, pero el periodo siguiente fue el de mayor desarrollo de la gran propiedad y estas normas impulsaron la intensa colonizaci ó n, que convirti ó inmensos territorios bald í os y de selva, sobre todo en las zonas bajas, en los Llanos Orientales, el Caquet á, el Magdalena Medio o Urab á, en propiedades privadas…

p. 204
10Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 111 cita
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expression. The oldest paper in Bogotá was El Nuevo Tiempo controlled by Nationalist Conservatives. La Unión edited by Laureano Gómez was the principal voice for the Histori- cal Conservatives, while El Liberal edited by Uribe Uribe was the organ of the Liberal party. Other newspapers in the capital included El…

p. 11
11Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 1231 cita
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Bogota, procla- maron, por intermedio de los doctores Enrique Ca- ballero Escobar, Gabriel Turbay, Eduardo Santos y Alfonso Lépez, la candidatura del doctor Enrique Olaya Herrera. EI domingo 9 de febrero de 1930 se celebraron las elecciones. El doctor Olaya Herrera obtuvo 369.762 votos, Guillermo Valencia 240.833 y el…

p. 123
12Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2181 cita
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1938 a 1942. Sale electo con los votos liberales y la abstención que hizo el conservatismo de participar en el debate electoral, fiel a una costumbre muy co- mún en la nación hace ya algunos años. Se posesiona el 7 de agosto y comienza un gobierno del que Alberto Lleras dijo, durante el sepelio del doctor Santos, "fue…

p. 218
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 3581 cita
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a ciudadanos Se inaugura tarjeta de identidad nacional Se crea la Orquesta Sinfónica Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia Reforma agraria (Ley 200) Se publica El Siglo (periódico) Propiedad privada puede ser limitada si hay necesidad social Se crea la Federación Médica 1938 Eduardo Santos,…

p. 358
14Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 971 cita
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Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. COLOMBIA SIGLO XX 98 mayoría en el Senado, actuaban con conocimiento de causa: expulsados de las alcaldías municipales durante el gobierno de Olaya Herrera y enfrentados a un…

p. 97
15Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 841 cita
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Conservador. De manera que los principales enemigos de López venían no de una izquierda radical, sino de la derecha, lo cual refleja bien el sentir político de las clases dirigentes, en las que su conservatismo y apego a la tradición reflejaba posiciones fuertemente clasistas. Acosado por la oposición, López declaró…

p. 84
16Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4971 cita
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conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…

p. 497
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2091 cita
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planeados y apenas iniciados por la ante- rior administración se consolidaran. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial las exportaciones e im- portaciones colombianas se vieron afectadas; el gobierno concedió grandes subsidios, fijó arance- les y gravámenes, y dio cupos y permisos de ex- portación. El precio del café…

p. 209
18Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1251 cita
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«Toda ten- dencia al intervencionismo de Estado prepara el advenimiento integral del socialismo; toda tendencia a robuste- cerda individualidad favorece el afian- zamvento de la democración. Reunidos algunos opositores en la Acción Patrió- fica Económica Nacional ¡APEN), quisie- ron impedir el trienio de las doctrinas…

p. 125
19Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 3321 cita
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mediados de los años treinta. Las condiciones internacionales e internas eran nuevamente propicias para hablar de Frentes Populares, como efectivamente lo hicieron los comunistas secundados por la CTC. El Secretario del PC exigía, en enero de 1942, un gobierno de 'Unidad Nacional' en el que efectivamente estuvieran…

p. 332
20Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2621 cita
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a través del envío de una misión naval al país, la dota- ción de equipo militar americano y el establecimiento de un pacto aéreo de defensa interamericana. En contra- prestación, los Estados Unidos, bajo la política del «buen vecino» enarbo- lada por el presidente Franklin D. Roosevelt, otorgó créditos al país, lo…

p. 262
21Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 2391 cita
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U.S. Department of State, Report of the Delegates of the United States of America to the Eighth International Con- ference of American States, Lima, Peru, December 2–27, 1938 (Washington, D.C.: U.S. Gov- ernment Printing Office, 1941); and idem, Report on the Results of the Conference Submitted to the Governing Board…

p. 239
22Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 652 citas
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despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

p. 65
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despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

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