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Idea · República Liberal

Revolución en Marcha

Programa de reformas impulsado por Alfonso López Pumarejo durante su primer gobierno (1934-1938) que reescribió la Constitución de 1886, redefinió la propiedad, la escuela y el trabajo, y estableció el molde del Estado intervencionista colombiano para las tres décadas siguientes.

4.007 palabras41 documentos60 fragmentos citados
Revolución en Marcha

Trayectoria de una idea

  1. 1930

    Caída de la Hegemonía Conservadora

  2. 1933

    Mayoría liberal en el Congreso

  3. 1934

    Posesión de López Pumarejo e inicio del programa

  4. 1935

    Reforma tributaria y reforma universitaria

  5. 1936

    Reforma constitucional y Ley 200

  6. 1938

    Fin del primer gobierno López y balance del programa

03

La lectura

La Revolución en Marcha no fue una revolución en el sentido europeo o latinoamericano del término: fue un proyecto modernizador conducido desde arriba por la élite liberal colombiana, que usó el lenguaje de la transformación social para contener la presión de un movimiento obrero y campesino en ascenso. Su paradoja central residía en que su conductor, López Pumarejo, era él mismo un connotado representante de las oligarquías que denunciaba, y que su victoria electoral no significó la derrota de la facción terrateniente dentro del Partido Liberal. Las reformas que dejó —la constitucional de 1936, la Ley 200, la reorganización universitaria, la reforma tributaria— fueron sustanciales pero deliberadamente incompletas: la cláusula de reversión agraria nunca se aplicó, los terratenientes con poder local pudieron burlar la ley de tierras, y los efectos redistributivos de la reforma fiscal fueron modestos. Lo que sí resultó irreversible fue la arquitectura institucional del Estado intervencionista colombiano y la formación de una generación política —Lleras, Echandía y sus contemporáneos— que gobernaría el país hasta el Frente Nacional. En la memoria del liberalismo colombiano, la Revolución en Marcha ocupa el lugar de un mito fundacional: la promesa de que el Estado podía ser instrumento de justicia social, promesa que sus propios límites convirtieron en fuente permanente de impugnación.

La Revolución en Marcha

Con el nombre de Revolución en Marcha se conoce el programa de reformas que Alfonso López Pumarejo impulsó durante su primer gobierno (1934-1938), un ciclo breve y denso que reescribió la Constitución de 1886, redefinió la propiedad, la escuela y el trabajo, y estableció el molde del Estado intervencionista colombiano para las tres décadas siguientes. No fue una revolución en el sentido en que la palabra circulaba entonces por Europa y por América Latina —ni ruptura del orden social ni toma del poder por clases subalternas—, sino un proyecto modernizador conducido desde arriba por la élite liberal, en un país donde la Hegemonía Conservadora acababa de caer y donde la conflictividad agraria y obrera de los años treinta amenazaba con desbordar los cauces institucionales. Fue, por eso, un episodio doble: reforma sustancial que dejó huellas irreversibles en la vida pública, y contención estratégica que canalizó la presión de abajo antes de que se saliera del cauce liberal. En esa doble condición —fundacional y limitada— reside su peso simbólico en la memoria del Partido Liberal y la fuente permanente de sus impugnaciones.

El presidente y su generación

Alfonso López Pumarejo nació en Honda, Tolima, el 31 de enero de 1886, el mismo año en que Rafael Núñez sancionó la Carta que su gobierno vendría a reformar cincuenta años más tarde. Su formación fue heterodoxa: pasó por el Colegio San Luis Gonzaga y el Liceo Mercantil de Bogotá, y completó sus estudios con lecciones particulares, entre otros de Miguel Antonio Caro, uno de los arquitectos intelectuales de la Regeneración. Nunca obtuvo un grado universitario convencional. Nieto de Ambrosio López, recordado como organizador de las Ligas Democráticas de Bogotá y enterrado bajo el altar mayor de la iglesia de Las Nieves, cargaba con una genealogía política que le facilitaba invocar tradiciones populares mientras se movía con soltura en los círculos financieros donde había hecho su fortuna.

Perteneció a la generación centenarista, la misma de Enrique Olaya Herrera y Eduardo Santos, pero con una diferencia decisiva: aborrecía el republicanismo conciliador que había marcado a sus contemporáneos. Donde Olaya construía coaliciones bipartidistas y Santos administraba prudencias, López practicaba una política de choque, apoyada en una manipulación léxico-gráfica de hondo calado popular que le permitía combinar los sentimientos liberales de la tradición sectaria con las expectativas de reforma social que emergían de las ciudades y de las regiones cafeteras. Ningún otro dirigente de su tiempo dominó ese registro con tanta destreza. Habló de "gobiernos de casta" y "regímenes oligárquicos" desde su condición de connotado representante de esas mismas oligarquías, y esa aparente contradicción —lejos de debilitarlo— fue el resorte de su poder.

El gabinete con el que se posesionó en agosto de 1934 confirmó la apuesta generacional. Alberto Lleras Camargo, con veintiocho años, entró al gobierno junto a Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral y Darío Echandía; ninguno superaba los treinta y ocho años. Esa camarilla dominaría la política colombiana durante las tres décadas siguientes: de ella saldrían presidentes, cancilleres, magistrados y la conducción intelectual del liberalismo hasta el Frente Nacional. La Revolución en Marcha no fue solo un programa; fue también el rito de fundación de una élite política que se prolongaría hasta los años sesenta.

Del 30 al 34: por qué era posible

El terreno donde López plantó su programa había sido preparado por la caída del régimen conservador y por el gobierno de transición de Olaya Herrera. El dominio del Partido Conservador, que se extendía desde 1886, terminó en las elecciones de 1930 cuando la incapacidad del obispo primado de Bogotá para unificar al partido en torno a un solo candidato precipitó una división interna que abrió la puerta a la coalición liberal-conservadora encabezada por Olaya. Este primer presidente liberal en cuarenta y cuatro años llegó respaldado por su cercanía con banqueros norteamericanos y por la expectativa de que reabriría el flujo de capital externo, cerrado desde el crash de 1929.

El gobierno de Unidad Nacional de Olaya tuvo, sin embargo, un margen estrecho. Los liberales controlaban el ejecutivo pero se encontraron con que los conservadores dominaban todas las demás instancias del poder y con un clero decidido a impedir cualquier modificación del Estado confesional. Aun así, Olaya introdujo un giro decisivo en la manera de tratar los conflictos laborales: en lugar de la represión sistemática que había caracterizado a los años veinte —cuya expresión más brutal fue la masacre de las bananeras de 1928—, empezó a legislar sobre los derechos básicos de los trabajadores y a reducir el uso de la fuerza contra las huelgas. Ese giro fue el andamiaje sobre el que se levantaría la política laboral de López.

Las elecciones para Cámara de 1933 sellaron la nueva correlación de fuerzas: los liberales duplicaron la votación conservadora y ganaron en todos los departamentos excepto Antioquia, Caldas y Nariño. Desde entonces conservarían mayorías en ambas cámaras hasta 1949. Los conservadores, divididos y humillados electoralmente, adoptaron una estrategia de abstención sistemática que, aunque privó al régimen de una oposición institucional, también le dio a López un Congreso a su medida para tramitar reformas que en condiciones normales habrían encontrado obstáculos formidables. La Revolución en Marcha fue, en parte, hija de esa asimetría.

Detrás de todo estaba la presión de abajo. La élite colombiana enfrentaba dos grandes desafíos: uno económico —la recuperación después de la Depresión— y otro social, ligado a la insurgencia del movimiento obrero y campesino. Las tomas de haciendas en Cundinamarca, Tolima y Sumapaz, la organización de sindicatos en las zonas cafeteras y bananeras, y la circulación cada vez más audible de ideas socialistas y comunistas hacían del reformismo no un lujo ideológico sino una necesidad de gobernabilidad. López lo entendió antes que nadie dentro de su partido.

Las tres columnas: tributos, tierra, escuela

El propio López sintetizó su programa en tres reformas: la tributaria, la agraria y la educativa. Cada una atacaba un pilar del orden decimonónico, y cada una revelaría, con el tiempo, tanto la ambición como los límites del proyecto.

La reforma tributaria de 1935 buscó instalar la tributación directa y personal como base del Estado intervencionista. El impuesto sobre la renta, introducido tímidamente en 1918 y objeto de sucesivas reformas menores, era hasta entonces una fuente marginal de recursos: el grueso de la carga fiscal recaía sobre el impuesto de aduanas, que gravaba mercancías de consumo masivo y trasladaba el peso a las clases populares mientras dejaba a los grupos privilegiados con una tributación mínima. Ya en 1914 Rafael Uribe Uribe había señalado esa inequidad y propuesto el impuesto sobre la renta como el más justo y equitativo de los existentes; López y su equipo, veinte años después, convirtieron esa crítica en política de Estado. La contradicción entre las necesidades financieras del Estado que empezaba a intervenir y la estrechez del régimen tributario heredado exigía una solución, y la reforma del 35 fue el intento de proveerla. Sus efectos redistributivos fueron modestos, pero su significado institucional fue mayúsculo: por primera vez el Estado colombiano contó con una base fiscal capaz de sostener políticas sociales sin depender exclusivamente del comercio exterior.

La reforma agraria se cifró en la Ley 200 de 1936, y allí la ambigüedad del proyecto lopista alcanzó su expresión más nítida. La ley planteaba, en apariencia, dos vías para el desarrollo del capitalismo en el campo: la distribución de tierras no explotadas —con la disposición de que los predios privados incultos durante diez años continuos quedarían sujetos a reversión al Estado— y la transformación capitalista de la hacienda mediante trabajo asalariado. En el papel, ambas posibilidades convivían; en la práctica, el régimen optó por la segunda. La cláusula de reversión nunca se aplicó de manera efectiva. Y, mucho más importante, la Ley 200 resolvió el problema jurídico que los terratenientes venían arrastrando desde las sentencias de la Corte Suprema de 1926 y 1934, que exigían para acreditar propiedad títulos originarios que se remontaran a concesión de la Corona o de la República —una exigencia que amenazaba con desmoronar la propiedad territorial de amplias regiones—. La ley sustituyó ese criterio por el de la destinación económica del predio: bastaba con demostrar que la tierra estaba produciendo. Los grandes propietarios, que habían visto con pánico la doctrina de la Corte, respiraron.

El proyecto agrario que se había discutido en 1933, bajo el gobierno de Olaya, era mucho más radical: de haberse convertido en ley, más de las tres cuartas partes de la propiedad privada colombiana habrían revertido a la nación. La Ley 200 fue una versión considerablemente moderada de aquella ambición. No fue una reforma redistributiva: su propósito era estimular la productividad y modernizar la hacienda, no repartir la tierra entre los campesinos pobres. Su aplicación dependió del equilibrio de poder local, y allí los terratenientes que controlaban los gobiernos municipales, la policía y los jueces de distrito pudieron burlarla o imponer interpretaciones favorables. Algunos aprovecharon disposiciones de la propia ley y su control sobre las instituciones locales para arrebatar tierras a colonos que llevaban años trabajándolas. En otros casos, los colonos lograron permanecer.

Y sin embargo, el efecto general fue de distensión. En regiones como el Tolima —foco activo de conflictos agrarios en la primera mitad de la década— los campesinos percibieron que por primera vez el gobierno reconocía su situación. Esa percepción, más que las disposiciones concretas, fue el logro político central de la Ley 200: neutralizar la temperatura del campo sin alterar la estructura de propiedad. La reforma agraria fue, en sentido estricto, un aparato de contención que salvó a la hacienda modernizándola.

La tercera columna, la reforma educativa, resultó paradójicamente la más transformadora en el largo plazo. En su discurso de posesión, López había criticado duramente el sistema educativo en todos sus niveles —primaria, secundaria y universidad— por su desconexión de los problemas nacionales. Olaya, absorbido por urgencias políticas y económicas, había relegado la educación a un segundo plano; López la puso en el centro. En 1932, Germán Arciniegas ya había presentado al Congreso un proyecto de reforma universitaria inspirado en el movimiento estudiantil de Córdoba de 1918, que proponía autonomía absoluta y un órgano directivo amplio; el proyecto no había prosperado. En 1935, la reforma universitaria impulsada por el gobierno reorganizó la Universidad Nacional, le concedió una autonomía parcial —no absoluta, porque las tendencias intervencionistas del Estado liberal impedían instituciones completamente fuera de su jurisdicción— y ordenó la construcción de la Ciudad Universitaria en Bogotá.

Ese campus reunió por primera vez en un solo espacio las profesiones tradicionales —ingeniería, medicina, derecho— con nuevas facultades: química, arquitectura, veterinaria, agronomía, economía, administración, filosofía. Se agregaron institutos de investigación, laboratorios, gabinetes y bibliotecas. Se instituyó la libertad de cátedra, la extensión cultural y el bienestar estudiantil. Y, en un gesto de consecuencias hondas, se abrió la Universidad a la mujer, permitiéndole participar tanto en las labores académicas como en los cuerpos de dirección. La construcción del campus enfrentó una oposición feroz: El Siglo, periódico laureanista, difundió la especie de que el proyecto encubría lucros personales del presidente. A pesar de esas resistencias, la Ciudad Universitaria se levantó y con ella se formó, en las décadas siguientes, el capital humano del Estado intervencionista colombiano. La Revolución en Marcha proyectó también una "gran cruzada del alfabeto", campaña nacional de alfabetización cuya ambición desbordó ampliamente sus resultados prácticos, pero que instaló la educación popular como asunto de Estado.

La reforma constitucional de 1936

Sobre esas tres columnas se levantó la pieza jurídica que le dio arquitectura al conjunto: la reforma constitucional de 1936, tramitada mediante el Acto Legislativo N° 1 de ese año. Se producía exactamente cincuenta años después de sancionada la Carta de 1886, y aunque la coincidencia no fue proclamada como aniversario, cargaba con toda la fuerza del gesto. El ministro de Gobierno Darío Echandía había presentado los proyectos al Senado desde el 10 de septiembre de 1934, y fue identificado en el debate público como "el reformador del momento", el rostro visible de una operación que llevaba la firma política de López.

La reforma modificó el Título III de la Constitución, dedicado a los derechos civiles y las garantías sociales, y allí introdujo cambios que alteraron el sentido del texto original. La propiedad dejó de ser un derecho absoluto para convertirse en función social: el interés colectivo podía imponerse sobre la propiedad privada bajo determinadas condiciones. El Estado quedó autorizado para intervenir en la explotación de industrias y empresas públicas y privadas con el fin de racionalizar la producción, la distribución y el consumo de las riquezas, o de dar al trabajador la justa protección a que tenía derecho. El trabajo fue definido como obligación social bajo la especial protección del Estado. Se consagró el derecho de huelga —con excepción de los servicios públicos—, y la asistencia pública se estableció como obligación estatal.

En materia religiosa, el gesto fue medido pero real: la reforma suprimió el artículo que declaraba a la religión católica como religión de la nación y ordenaba a los poderes públicos protegerla, con lo cual limitó los poderes de la Iglesia dentro del Estado. Mantuvo, no obstante, la restricción de que la libertad de conciencia y de cultos no podía ser contraria a la moral católica ni a las leyes, con lo cual el laicismo quedó a medio camino.

La reforma encontró bases en la Constitución de la Segunda República Española, entonces recién promulgada, y su núcleo doctrinal —la función social de la propiedad, el intervencionismo estatal— circulaba en el derecho público europeo del período de entreguerras. Con esa incorporación, Colombia matizó el individualismo de la Carta del 86 y adoptó los rudimentos de lo que hoy se llama Estado social. En los ciento cinco años de vigencia de aquella Constitución, la de 1936 fue considerada la más importante de las reformas que sufrió.

Sindicatos bajo tutela

Junto a las reformas simbólicas se articuló una política laboral que reordenó las relaciones entre trabajadores, patronos y Estado. La Ley 12 de 1936 creó el Departamento Nacional del Trabajo, y el Estado asumió un papel de mediador: sentaba a las partes en la mesa de negociaciones en lugar de aplastar la huelga con policía y ejército. Fue la primera vez en la historia colombiana en que la fuerza pública no intervino de manera sistemática contra las organizaciones populares en conflictos rurales o sindicales —lo cual no significa que la represión desapareciera por completo, pero sí que dejó de ser el reflejo automático del Estado ante cada paro.

En ese marco se consolidó la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), central sindical favorecida por el Estado como interlocutor privilegiado y correa de transmisión hacia el mundo obrero. La CTC agrupó buena parte del sindicalismo colombiano bajo una orientación liberal —con presencia comunista significativa en algunas de sus federaciones— y funcionó, durante los años lopistas, como brazo social del régimen tanto como órgano de reivindicación autónoma. Esa doble condición fue característica del reformismo de López: no reprimía al movimiento popular, lo incorporaba; y al incorporarlo, lo canalizaba.

El conjunto de normas sindicales y prestacionales adoptadas durante la República Liberal —jornada, contratos, prestaciones, negociación colectiva, sindicalización— constituyó la reforma laboral más ambiciosa de la historia colombiana. Sus elementos básicos regularon las relaciones obrero-patronales durante décadas y sobrevivieron a los vaivenes políticos posteriores. Aun cuando el proyecto agrario se estancó y la reforma tributaria fue debilitada, el andamiaje laboral resistió.

Domesticar al inconforme

Para entender la lógica interna del programa conviene atender a una operación que López practicó con astucia: la incorporación de intelectuales de izquierda al aparato estatal. Repartió puestos burocráticos entre jóvenes que se decían socialistas o habían militado en la izquierda, y les pidió que no abandonaran el lenguaje socializante, que siguieran acudiendo a congresos y manifestaciones populares. Con ese gesto —la "domesticación del movimiento inconforme"— logró tres efectos simultáneos: apropiarse del vocabulario de la izquierda, restar cuadros al comunismo y al socialismo revolucionario, y presentarse ante las bases populares como un régimen amigo.

Esa estrategia dio también su nombre a la retórica del período. López habló de "gobiernos de casta" y "regímenes oligárquicos" con la misma naturalidad con que administraba fortunas y presidía juntas. La Revolución en Marcha adoptó, en su registro público, una entonación que rozaba lo insurreccional; en su ejecución, mantuvo intactos los mecanismos fundamentales del poder liberal. La elección misma de López había sido producto de alianzas tácticas dentro del Partido Liberal, y en modo alguno había significado la derrota de la fuerte facción terrateniente del partido. Esa facción —dueña de tierras en Cundinamarca, Tolima, Valle del Cauca y las zonas cafeteras— seguía sentada a la mesa donde se decidían las reformas, y su presencia explica en buena medida el tono conciliador de la Ley 200 y el freno posterior de las reformas.

La derecha en pie de guerra

La oposición conservadora respondió al reformismo lopista con una combinación de abstención institucional y radicalización callejera. Los conservadores no participaron en las elecciones presidenciales que dieron el triunfo a López, ni en la renovación bicameral de 1935, ni en la coyuntura en que el liberalismo eligió a Eduardo Santos. La estrategia se fundaba en declarar ilegítimo al gobierno: alegaban fraude y falta de garantías electorales, y buscaban divorciar al presidente del país negándole reconocimiento. Un balance posterior de Otto Morales Benítez sintetizó los objetivos de esa oposición: divorciar al presidente del país, rechazar propuestas de entendimiento, desacreditar al primer mandatario, debilitar al régimen separando grupos liberales, unificar la oposición contra el Ejecutivo y propiciar el desconocimiento de las instituciones.

En paralelo, sectores de la derecha exploraron el repertorio simbólico del fascismo europeo. Por las calles de Bogotá y otras ciudades desfilaron grupos ataviados con camisas negras —el distintivo del fascismo italiano— y camisas pardas —el uniforme del nacionalsocialismo alemán—, en un contexto en que Hitler había ascendido en 1933 y la Falange española tomaría forma desde 1936. Laureano Gómez, la figura más beligerante del conservatismo de esos años, ha sido descrito no tanto como fascista sino como falangista, un matiz que los propios diplomáticos norteamericanos recogieron al observar los grupos fascistoides colombianos sin considerarlos una amenaza seria. Gómez venía anunciando su diagnóstico desde 1928, cuando pronunció las conferencias Interrogantes sobre el progreso de Colombia —influidas por Spengler— destinadas a trazar caminos de acción política para un Partido Conservador entonces en crisis.

Algunos sectores propietarios se agruparon en la Acción Patriótica Económica Nacional (APEN), asociación cuyo propósito declarado era impedir el avance de doctrinas consideradas "conculcadoras de la propiedad". APEN reunía a hacendados, industriales y voceros del conservatismo tradicional, y funcionó como plataforma para articular la resistencia contra la reforma constitucional y la Ley 200. La derecha calificó las nuevas normas de contrarias a los principios liberales clásicos y favorables al socialismo, y en la prensa —El Siglo a la cabeza— libró una campaña permanente contra el gobierno.

Las tensiones alcanzaron también al propio liberalismo. Sectores moderados, cercanos a Eduardo Santos y a El Tiempo, veían con inquietud el tono radical de López y buscaban distanciarse de las izquierdas que apoyaban el reformismo. La oposición conservadora explotó ese resquicio con destreza, intentando separar a los liberales templados de los reformistas y presentar al gobierno como cautivo de una minoría radical dentro de su propio partido.

La pausa y el retorno

En 1938 López entregó el poder a Eduardo Santos, quien había ganado la presidencia dentro del propio Partido Liberal y quien anunció y ejecutó lo que llamó "la pausa": un gobierno de moderación destinado a frenar los aspectos más conflictivos de la Revolución en Marcha sin alterar formalmente su contenido básico. Santos detuvo las incipientes expropiaciones de hacendados y desactivó la tensión con los sectores propietarios que la Ley 200 había producido. Al mismo tiempo, su gobierno mantuvo el hilo intervencionista en otros frentes: creó el Instituto de Crédito Territorial en 1939 y el Instituto de Fomento Industrial en 1940, dos piezas que apuntalaban la modernización económica dentro de un tono menos confrontacional.

La pausa era, en el fondo, el reconocimiento de que el reformismo lopista había tocado el techo político de lo que la coalición liberal podía absorber sin fractura. Cuando López regresó al poder en su segundo mandato, iniciado en 1942, encontró un país distinto: la Segunda Guerra Mundial imponía sus urgencias, la polarización política se había endurecido, y Jorge Eliécer Gaitán empezaba a construir el movimiento populista que desbordaría por la izquierda al liberalismo oficial. Los intentos de reafirmar las reformas del primer gobierno tropezaron con una oposición mucho mayor. Hubo inestabilidad rural, intentos de golpe de Estado, escándalos y un desgaste creciente del propio López.

El símbolo del retroceso fue la Ley 100 de 1944. Esa ley constituyó una contrarreforma agraria en toda regla: amplió los plazos dados a los latifundios para poner a producir la tierra improductiva, expresó un giro a favor de los grandes propietarios e impulsó el escalamiento de los conflictos agrarios. Revirtió, en buena medida, los avances tímidos de la Ley 200 de 1936 y mostró los límites reales del reformismo lopista: cuando el gobierno se debilitó políticamente, los propietarios recuperaron el terreno. En 1945, agotado y acosado, López dimitió; el Ministro de Hacienda, Alberto Lleras Camargo, asumió la presidencia y condujo el país hacia posiciones más conciliadoras con los sectores propietarios y con el conservatismo, en un giro que preparó el fin del ciclo liberal y la explosión que vendría el 9 de abril de 1948.

Qué queda de la Revolución en Marcha

Medida por sus ambiciones declaradas, la Revolución en Marcha se quedó corta. No repartió la tierra, no desmontó el poder terrateniente, no democratizó a fondo la sociedad colombiana. La Ley 100 selló su frustración agraria, y el asesinato de Gaitán en 1948, precedido por años de degradación política, cerró la posibilidad de que su promesa se retomara desde el liberalismo. La violencia de mitad de siglo fue, entre otras cosas, la factura impaga de las reformas que el lopismo prometió y no cumplió.

Medida por sus efectos institucionales, en cambio, fue el punto de inflexión más importante entre la Regeneración y el Frente Nacional. La reforma constitucional de 1936 instaló la función social de la propiedad y el intervencionismo estatal en el corazón del ordenamiento jurídico colombiano, y sobrevivió hasta la Constitución de 1991. La legislación laboral fijó los términos de la negociación colectiva y el derecho de huelga por más de medio siglo. La Ciudad Universitaria, la autonomía parcial, la libertad de cátedra y la apertura de la Universidad a la mujer transformaron la formación de las élites y crearon el cuerpo técnico del Estado intervencionista. La reforma tributaria dotó al fisco de una base directa que —con todos sus vacíos— permitió construir políticas públicas antes impensables.

Y quedó, sobre todo, un mito. En la memoria del Partido Liberal, la Revolución en Marcha ha sido el momento fundacional del liberalismo social colombiano, el instante en que el partido decimonónico se hizo moderno y popular. Ese mito ha alimentado, por igual, la reivindicación y la crítica. Reivindicación de quienes ven en López al reformador que le dio al país su primera Constitución social, su primera legislación laboral, su primera universidad moderna. Crítica de quienes ven en él al operador astuto que domesticó al movimiento popular, resolvió los títulos de los terratenientes bajo apariencia de reforma agraria y consolidó una élite política —la de los jóvenes intelectuales del primer gabinete— que gobernaría el país durante treinta años.

Ambas lecturas son ciertas, y ambas conviven en el mismo material histórico. La Revolución en Marcha fue reforma real y contención estructural al mismo tiempo. No fue una revolución: fue el modo colombiano de responder, desde el Estado liberal y con los instrumentos disponibles, a la presión de un tiempo en que el capitalismo mundial se sacudía, los fascismos avanzaban en Europa y las masas rurales y urbanas del país exigían un lugar. Que ese modo haya dejado tanto como dejó —una Constitución, una universidad, un derecho del trabajo— y a la vez tan poco como dejó —una estructura agraria intacta, una violencia inminente— es la medida exacta de sus posibilidades y de sus renuncias.

04

En el archivo

12 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Alfonso López Pumarejo — impulsor y epónimo del programa; denominó su gobierno 'Revolución en Marcha' y fue su conductor político e ideológico
  2. 02Darío Echandía — ministro de Gobierno y principal ejecutor visible de la reforma constitucional de 1936, identificado como 'el reformador del momento'
  3. 03Alberto Lleras Camargo — miembro del primer gabinete lopista (28 años); la Revolución en Marcha fue su rito de fundación como figura política
  4. 04Ley 200 de 1936 — instrumento central de la reforma agraria del programa; expresó de forma ambigua dos vías para el capitalismo en el campo, optando en la práctica por la modernización de la hacienda sobre la redistribución
  5. 05Constitución de 1886 — texto reformado por el Acto Legislativo N° 1 de 1936; la Revolución en Marcha introdujo en ella la función social de la propiedad y el Estado social, considerada la más importante de sus reformas durante sus 105 años de vigencia
  6. 06Hegemonía Conservadora — orden político que la Revolución en Marcha vino a clausurar definitivamente, tras su derrumbe electoral iniciado en 1930
  7. 07Función social de la propiedad — concepto jurídico-político consagrado por la reforma constitucional de 1936 como núcleo doctrinal del programa
  8. 08Sindicalismo — movimiento cuya presión social fue uno de los detonantes del reformismo lopista; la Revolución en Marcha lo canalizó institucionalmente mediante legislación laboral y la incorporación de dirigentes de izquierda a la burocracia estatal
06

Documentos y fragmentos citados

41 documentos · 60 fragmentos

01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2131 cita
[1]

desempeñarse en los más altos cargos. "La leyenda que él mismo contribuyó a difundir, Alfonso López Pumarejo Alfonso López Pumarejo 233 F ue un accidente el que hubiera nacido en Honda. Mi abuelo, Pedro A. López, era bogotano raizal. Los restos de su padre, Ambro- sio López, el organizador de las Ligas Demo- cráticas…

p. 213
02Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 146, 1492 citas
[2]

ren dió los sec retos d e la l eng ua en clases particu lares con Miguel Antonio Caro, maes tr o del arte retórica. A las des tr ezas m ov ilizadoras de Ola ya y a la publicidad de sus reformas laborales, J.ú p ez añad ió un a hábil manipula ci ón lexico- 149 150 Marco Paúzcios gráfica de hondo ca lado popul ar. Como…

p. 149
[12]

Boyacá, y en las santandereanas de P amp lona y García Rovira. Por primera vez en más de medio siglo De la amp liación de la ciudadanía a la dicta dur a y a la elite plutocrática l os liberales obt uvieron mayorías ab solutas. Sin e mbar go el siste- ma de c ir cuns cr ipciones les impidió se r mayoritarios en el Con-…

p. 146
03Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 721 cita
[3]

crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…

p. 72
04Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 59, 632 citas
[4]

a su devenir histórico, ponían en serio peligro la estabilidad nacional. Los ímpetus reformistas del Gobierno, alimentados por una retórica llena de promesas, no podían sino escandalizar a los sectores tradicionales, que de por sí ya estaban horrorizados por lo que hacían otros liberales en distintos lugares del…

p. 63
[11]

lanzarse a una política novedosa, como no tardaría en comprobarlo su sucesor. Más allá de la moderación del nuevo mandatario, las circunstancias hacían difícil dar timonazos bruscos. Con excepción de la rama ejecutiva, los conservadores contro- laban todas las instancias del poder. El clero se mostraba resuelto a…

p. 59
05El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 44, 494 citas
[5]

pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

p. 49
[6]

pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

p. 49
[8]

de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…

p. 44
[9]

de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…

p. 44
06Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 22, 242 citas
[7]

Depresión que, al aumentar los precios de los productos importados, los había puesto por fuera del alcance de la 1nayoría de los consu1nidores y estünuló así la demanda de productos locales, disponibles a precios mucho más b~jos. Es de anotar que el Par- tido Conservador ejercía un proteccionisn1o con1ercial que rigió…

p. 22
[34]

lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…

p. 24
07Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4151 cita
[10]

dividió por causa del doble desafio a su hegemonía política, y las elecciones de 1930 fueron ganadas por una coaliciónbipar tidista dominada pOr los liberales y dirigida por los principales arquitec tos del orden institucional establecido en 1910. La plataforma del Partido Liberal victorioso proclamaba "puertas…

p. 415
08Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 441 cita
[13]

ó, San Andr é s, and Guajira, a trip that initiated the extraordinary labors that he would continue during the L ó pez Pumarejo administration to promote and develop the territories. 61 Conclusion Overshadowed by the "Revolution on March" program of reforms embraced by L ó pez Pumarejo, the impact of Olaya Herrera's…

p. 44
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 204, 2062 citas
[14]

López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…

p. 204
[41]

fundar una economía agrícola de granjeros. Dada la división parti- dista, no se generaron más transformaciones en aras de mantener estable al país. Al go- bierno se le acusó de comunista, marxista y socialista, cuando verdaderamente sólo tenía un cariz liberal reformista. campus integrado y moderno, donde además de…

p. 206
10Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 354, 3572 citas
[15]

5 de agosto de 1886, había sido san- cionada la constitución que encarnaba el pensamiento de la Regeneración. El trámite de la reforma fue el si- guiente. Un mes después de posesio- nado Alfonso López Pumarejo, el go- bierno puso sus cartas sobre la mesa en materia de reforma constitucional, por intermedio de su…

p. 357
[38]

mente las labores y con injerencia en los cuerpos de dirección de los dife- rentes estamentos universitarios: la Universidad abrió sus puertas a la mu- jer. Pero además, López dedicó todos sus esfuerzos a dotar a la Universidad de un campus, de una sede espaciosa que le permitiera futuros desarrollos. De allí la…

p. 354
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1151 cita
[16]

institucionalidad se pretendió dar respuesta. En efecto, Colombia padecía desde hacía varios lustros de una larvada guerra civil que en los años ochenta y noventa tomó inusitado vigor. Diversos procesos de pacificación han logrado que algunos de los grupos armados se integren al sistema. No obstante, la guerra civil…

p. 115
12Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1931 cita
[17]

De los Derechos Civiles y Garantías Sociales, de la Constitución Colombiana de 1886, es reformada por el acto legislativo 01 de 1936 e incluye a los artículos 17, 18 y 19, que 192 Iván Alberto Díaz Gutiérrez APROXIMACIONES A LA HISTORIA DEL DERECHO EN COLOMBIA definirán al trabajo como obligación social, garantizarán…

p. 193
13La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1821 cita
[18]

de la su b versión socialista en el contexto del partido liberal de g o bierno. Con la hegemonía, se reforma un poco más la Con s titución «clerical y goda» que habían expedido Núñez y Caro en 1886. El reformador del momento es el doctor Darío Echandía, quien encuentra bases para su tarea en la Consti - tución de la…

p. 182
14Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 91 cita
[19]

encaminadas a fortalecer meca- nismos y un nuevo derecho interamericano. En la reforma constitucional de 1936 se con- sagraron, entre otras materias, la funcién social de Ja propiedad, se abrid el camino de la intervencién del Estado «en la explotacién de industrias o em- presas publicas y privadas, con el fin de…

p. 9
15Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 491 cita
[20]

" i n teres social " se puso por encima de Ia propiedad p rivada y con ese ca mbia e l Estado pudo i nterve n i r y exprop i a r i n dustrias publ icas y p rivadas para controlar Ia riqueza y proteger a los trabajadores y su derecho 1 8 Ante estas tra nsformaciones en el orden ed ucativo-religioso, Ia Iglesia llam6…

p. 49
16Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 8551 cita
[21]

hacerse sentir, muy marcadamente, los elementos políticos, y emocionales. La intervención se convierte en el eje de la política del liberalismo. La reforma constitucional de 1936 dio entrada al inter- vencionismo entre los cánones fundamentales, y le quiso imprimir un tipo: El Estado puede intervenir por medio de…

p. 855
17Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1201 cita
[22]

los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…

p. 120
18Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4431 cita
[23]

análisis de los mismos-; la intención, en este caso, es integrar a la lectura constitucional el análisis social desde la perspectiva de lo que se entiende por problemas sociales; es decir, por un lado, subrayar el aspecto que define al Estado colombiano desde la Constitución política como "Estado social de derecho"…

p. 443
19Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 189, 2252 citas
[24]

1931). Era un proyecto que “desafiaba la tenue base con que se había consolida do gran parte de la propiedad privada y señalaba el camino hacia una reforma radical de las estructuras agrarias colombianas. De acuerdo con un observa dor de la época, si el proyecto de 1933 hubiese sido convertido en Ley, más de las tres…

p. 189
[57]

del grado de polarización política del país y del descontento creciente de un sector de las Fuerzas Armadas contra López (Archila, 1991). López dimitió finalmente a comienzos de 1945 y lo sucedió en el cargo Alberto Lleras Camargo. La llegada de Lleras, que hasta el momento se des empeñaba como Ministro de Hacienda de…

p. 225
20Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 337, 3454 citas
[25]

y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…

p. 337
[26]

y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…

p. 337
[39]

momentos por la intervención del Estado para sentar a las partes en la mesa de negociaciones. Aunque lo anterior debe ser la regla y no la excepción en el Estado ideal democrático-burgués, aquí fue por primera y única vez que la policía y el ejército no inter- vinieron contra las organizaciones populares cuando…

p. 345
[40]

momentos por la intervención del Estado para sentar a las partes en la mesa de negociaciones. Aunque lo anterior debe ser la regla y no la excepción en el Estado ideal democrático-burgués, aquí fue por primera y única vez que la policía y el ejército no inter- vinieron contra las organizaciones populares cuando…

p. 345
21No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 35, 452 citas
[27]

las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…

p. 45
[58]

para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se pone como ejemplo que la luz eléctrica llegó primero al ingenio La Manuelita que a Cali, y que este tuvo primero una red ferroviaria hacia Buenaventura que hacia la ciudad. 13 Tomo Colombia adentro. Relatos territoriales del conflicto armado,…

p. 35
22El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 386, 3912 citas
[28]

de la Ley de Tierras 14• Los fundamentos teóricos, las bases ideológicas y los efectos prácticos de la Ley 200 han sido muy divulgados y analizados por diferentes especialistas, especialmente en el campo del derecho agrario. Esto nos permite tocarla sólo de pasada. En cuanto a modernizar el derecho dándole uniformidad…

p. 386
[36]

Partido en el Campo», El Bolchevique, 8 de diciembre de 1934, pp. 6-7 e ibid., 24 de marzo de 1935, p. 4. 21 P. Gilhodes, La.s luchas agrarias en Colombia, Bogotá, 1972, p. 41. 389 EL CAFÉ EN COLOMBIA Gilhodes sugiere que para una perspectiva revolucionaria el resultado de Viotá no podría ser menos desconsolador:…

p. 391
23Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4451 cita
[29]

situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…

p. 445
24When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 953 citas
[30]

it, and claimants needed to show proof that their title had been granted before the year 1821 in order to retain possession. Eviction of squatters dropped sharply as a result of this provision. The second article was founded on a revolu- tional)' phrase from the constitutional revision of 1936: uproperty is a social…

p. 95
[31]

it, and claimants needed to show proof that their title had been granted before the year 1821 in order to retain possession. Eviction of squatters dropped sharply as a result of this provision. The second article was founded on a revolu- tional)' phrase from the constitutional revision of 1936: uproperty is a social…

p. 95
[32]

it, and claimants needed to show proof that their title had been granted before the year 1821 in order to retain possession. Eviction of squatters dropped sharply as a result of this provision. The second article was founded on a revolu- tional)' phrase from the constitutional revision of 1936: uproperty is a social…

p. 95
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 501 cita
[33]

jueces agrarios y estableció mecanismos para evitar la acumulación ociosa de baldíos, lo que a la larga les permitió a muchos campesinos hacerse con la propiedad de la tierra que ocupaban. Así se inició una tradición en el modelo de garantía del derecho a la tierra del campesinado que privilegió la entrega de baldíos…

p. 50
26Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 276, 2862 citas
[35]

escenario para el desarrollo futuro del campo colombiano con base en grandes propiedades privadas. ¿Qué papel desempeñó entonces el movimiento de colonos en la formu- lación de la política oficial para el sector rural? Indudablemente, las invasiones suscitaron interés nacional en el problema de la propiedad. El…

p. 286
[37]

modalidad de la legislación colombiana. Al hacerlo, desafiaba la tenue base con que se había consolidado gran parte de la propiedad privada y señalaba el camino hacia una reforma radical de las estructuras agrarias colombianas. De acuerdo con un observador de la época, si el proyecto de 1933 hubiera sido convertido en…

p. 276
27Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 1391 cita
[42]

rentas, los grandes patrimonios y el exceso de utilidades se veían exentos de tributación. Se planteaba entonces una contradicción entre las necesida- des financieras del Estado intervencio- nista y la estrechez y el desequilibrio del régimen tributario. Se imponía, en consecuencia, la reforma tributaria. Ahora bien,…

p. 139
28Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 231 cita
[43]

la que no respondia el régi- men vigente. Asimismo, el Estado debia reorganizar la tributacién segun los principios de la equidad so- cial, que no se hallaban presentes en el impuesto de aduanas, el cual, al gravar las mercancias im- portadas de consumo masivo, trasladaba la exac- cién a las clases populares y…

p. 23
29Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 3231 cita
[44]

que.tambi é n compart í a la Iglesia 60. 60 Educaci ó n, n ú ms. 18 y 19, enero, febrero de 1935. 61 M istjzl U brutia, Historia del sindicalismo en Colombia, Bogot á, 1969, p á g. 229. En 1932, Germ á n Arciniegas present ó al Congreso Nacional el primer proyecto de reforma, proyecto que segu í a muy de cerca los…

p. 323
30La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 49, 662 citas
[45]

pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…

p. 49
[47]

anterior, crea dentro de su normativa la Campaña de Cultura Aldeana y Rural. Ley 12 de 1934, Diario Oficial No. 22765 del 20 de diciembre de 1934. 24 Tirado Mejía, “López Pumarejo: la Revolución en Marcha”, p. 305. 56 La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947 Olaya Herrera se…

p. 66
31Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 911 cita
[46]

de la historia, la cultura y los problemas de la nación. En su discurso de posesión se refirió al sistema educativo que re- cibía su gobierno con duras palabras de crítica: «En los talleres y en los campos ve- mos que nuestros hombres manejan sus instrumentos de trabajo al precio de un esfuerzo rutinario; el producto…

p. 91
32Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 971 cita
[48]

Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. COLOMBIA SIGLO XX 98 mayoría en el Senado, actuaban con conocimiento de causa: expulsados de las alcaldías municipales durante el gobierno de Olaya Herrera y enfrentados a un…

p. 97
33Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1251 cita
[49]

«Toda ten- dencia al intervencionismo de Estado prepara el advenimiento integral del socialismo; toda tendencia a robuste- cerda individualidad favorece el afian- zamvento de la democración. Reunidos algunos opositores en la Acción Patrió- fica Económica Nacional ¡APEN), quisie- ron impedir el trienio de las doctrinas…

p. 125
34Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 171 cita
[50]

el gobierno. Al inicio de 1933, Adolfo Hitler, en Alemania, liqui- daba la repdblica de Weimar y anunciaba el adve- nimiento del tercer imperio (Drittes Reich). Al co- mienzo de 1936, el ‘general Francisco Franco se pronunci6.contra el sistema:y.el gobierno de la Re- publica espafiola: advino asf la era del…

p. 17
35Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 3191 cita
[51]

Molina, Las Ideas Socialistas, pp. 303 y ss.; e Ignacio Torres G., Los Inconformes, Vol IV, pp. 284-286. Los diplomáticos norteamericanos reseñaron el origen de grupos fascistas pero sin considerarlos como una seria amenaza (NAW 821.00/1122 y 1215). Denunciaron también conspiraciones conservadoras (821.00/ 1099).…

p. 319
36Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 621 cita
[52]

mi aprecio hacia vos por la elevación de vuestras miras, vuestro carácter incorruptible y el ardoroso fuego de vuestro patriotismo; y la amistad que, como una honra especial de mi vida, os profeso, sobrado motivo tiene en el conocimiento de las insignes virtudes de vuestra personalidad, sin que haya menester para…

p. 62
37Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 151 cita
[53]

cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…

p. 15
38Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2461 cita
[54]

profunda. 1938 Eduardo Santos, presidente de la República; anuncia un gobierno de moderación y ecuanimi- dad («la pausa», después de las reformas sociales). Censo nacional: 8”701.816 habitantes; Bogotá, 340.000. Inauguración del edificio de la Bibliote- ca Nacional. 1939 Jorge Eliécer Gaitán, ministro de Educación.…

p. 246
39Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2041 cita
[55]

ó o no, pero el periodo siguiente fue el de mayor desarrollo de la gran propiedad y estas normas impulsaron la intensa colonizaci ó n, que convirti ó inmensos territorios bald í os y de selva, sobre todo en las zonas bajas, en los Llanos Orientales, el Caquet á, el Magdalena Medio o Urab á, en propiedades privadas…

p. 204
40Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[56]

conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…

p. 497
41Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 582 citas
[59]

el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…

p. 58
[60]

el conflicto entre facciones políticas (Pécaut, 1987) Luego de 1942, regresa nuevamente al poder Alfonso López Pumarejo, in- tentando reafirmar las anteriores reformas impuestas en su primer gobierno, sin embargo en esta ocasión va a recibir una mayor oposición, la cual se va a ver reflejada en la inestabilidad de la…

p. 58