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Idea · República Liberal

Diplomacia cultural

La diplomacia cultural en Colombia es el conjunto de instituciones, redes y prácticas mediante las cuales el Estado colombiano proyectó su producción intelectual, patrimonial y artística como instrumento de política exterior y espejo interno de un proyecto de nación, con antecedentes en el hispanismo de la Regeneración y su momento fundacional en la República Liberal (1930-1946).

3.867 palabras37 documentos44 fragmentos citados
Diplomacia cultural

Trayectoria de una idea

  1. 1886

    Constitución de 1886 y Concordato de 1887: hispanismo como política cultural de Estado

  2. 1934

    Revolución en Marcha: la cultura se convierte en instrumento deliberado del Estado

  3. 1938

    Creación del Servicio de Arqueología e inauguración de la Biblioteca Nacional

  4. 1939

    Fundación de la Revista de las Indias y acogida de intelectuales españoles exiliados

  5. 1940

    Inauguración de la Radiodifusora Nacional y redes científicas transnacionales

03

La lectura

La diplomacia cultural colombiana no nació de una doctrina ni de un manifiesto: se ensambló lentamente como convergencia de iniciativas estatales, redes intelectuales y decisiones institucionales que transformaron la cultura de atributo señorial en instrumento deliberado de política. Su prehistoria es el hispanismo gramatical de la Regeneración, que definió la identidad nacional desde la lengua castellana, la fe católica y la herencia española, invisibilizando la diversidad étnica y regional del país. La República Liberal rompió esa naturalidad al articular reforma educativa, patrimonio arqueológico precolombino y americanismo dentro de un mismo movimiento modernizador, cuyo emblema fue la Campaña de Cultura Aldeana y cuya vitrina internacional fue la Revista de las Indias. El doble flujo de expertos europeos que enseñaban en Bogotá y colombianos que se formaban en París produjo redes transnacionales que operaban en los intersticios entre museos, cátedras y revistas, sin que ninguna cancillería las hubiera diseñado. La estructura del gesto, sin embargo, reproducía una constante: una élite letrada bogotana definía, desde el centro, lo que la nación debía mostrar al mundo.

La diplomacia cultural en Colombia

La diplomacia cultural en Colombia es el conjunto de instituciones, redes y prácticas mediante las cuales el Estado colombiano ha proyectado su producción intelectual, patrimonial y artística como instrumento de política exterior y, a la vez, como espejo interno de un proyecto de nación. No es una tradición continua ni una doctrina explícita: es un aparato que se ensambla lentamente, con antecedentes en el hispanismo letrado de la Regeneración, se institucionaliza durante la República Liberal (1930-1946) bajo el impulso de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo, y deja una estela discontinua que llega hasta la creación del Ministerio de Cultura en 1997.

El Estado descubre la cultura como política

Antes de tener nombre, la diplomacia cultural en Colombia fue una práctica de élites letradas. Desde 1832, los sucesivos gobiernos administraron museos, bibliotecas, escuelas normales y la producción de textos escolares como parte natural del ejercicio ejecutivo, sin distinguir todavía la política cultural interna de su proyección exterior. La cultura era un atributo del poder: quien gobernaba también definía los cánones, las lenguas legítimas y las tradiciones dignas de ser exportadas como imagen del país. No había una teoría de la diplomacia cultural; había una práctica de gobierno que confundía cultura con administración, y proyección exterior con hábito señorial.

Lo distintivo de la República Liberal fue romper esa naturalidad. Entre 1930 y 1946, y con particular densidad en el primer gobierno de López Pumarejo (1934-1938), la cultura se convirtió en un instrumento deliberado del Estado: se articularon reforma educativa, redes científicas internacionales, patrimonio arqueológico y proyección americanista dentro de un mismo movimiento. Ese ensamblaje —más una convergencia de iniciativas que una doctrina centralizada— es el momento fundacional de la diplomacia cultural colombiana. Antes había hispanismo; después habrá instituciones. La Revolución en Marcha fue la bisagra.

Hacer de la cultura un asunto de Estado suponía admitir tres cosas a la vez: que la nación no venía dada de una vez por todas, sino que había que producirla; que esa producción no podía delegarse íntegramente en la Iglesia ni en las academias privadas; y que el modo en que Colombia se mostraba al continente formaba parte de su política exterior tanto como los tratados de límites. Ninguna de esas premisas era obvia en 1930. Todas quedarían inscritas, sin manifiestos, en las instituciones que la República Liberal empezó a levantar. El desplazamiento fue tanto conceptual como administrativo: la nación dejó de concebirse como herencia y pasó a concebirse como obra, con todo lo que esa distinción implica para un Estado que hasta entonces se había pensado a sí mismo como custodio de un orden dado.

Los antecedentes: la Regeneración y el hispanismo gramatical

Toda historia de la diplomacia cultural colombiana debe empezar por lo que vino a desplazar. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887, promulgados durante la Regeneración de Rafael Núñez en alianza con el Partido Conservador y su ideólogo Miguel Antonio Caro, sentaron las bases de un proyecto identitario centralista, católico e hispanista que dominaría la vida pública colombiana durante casi medio siglo. El Concordato estableció el catolicismo como religión oficial, devolvió a la Iglesia propiedades confiscadas por gobiernos liberales anteriores, ató la educación pública a los preceptos católicos y abolió el divorcio.

Caro fue el arquitecto intelectual de ese orden. Filólogo y latinista, traductor de Virgilio, católico ultramontano, apenas salió del altiplano bogotano y rara vez viajó más allá de la Sabana. Ejerció el poder ejecutivo como vicepresidente durante las ausencias y la enfermedad de Núñez desde 1892, y desde ese despacho impuso una cierta idea de Colombia: la de un país cuya identidad esencial residía en la lengua castellana correctamente hablada, en la fe católica y en la herencia española como fundamento civilizatorio. Las selvas, los valles y las costas, los indígenas y los afrodescendientes quedaron fuera del marco, no tanto por decisión programática como por efecto del centralismo y del perfil intelectual de sus promotores: una élite bogotana, eclesiástica y letrada, privilegiada pero siempre débil y fragmentaria en un país dividido por regiones.

Ese hispanismo gramatical fue objeto de crítica temprana. El general Rafael Uribe Uribe lo denunció por su desconexión con la realidad del país: contrapuso al saber latinista de Caro el conocimiento práctico de las trochas, la navegación en piragua, la agricultura real. La disputa anticipaba una tensión que atravesaría toda la historia cultural colombiana: la del país letrado frente al país territorial. La hegemonía conservadora se extendería desde 1885 hasta 1930, y su modelo cultural —erudito, oral, católico, ordenado por la gramática— sería la matriz que la República Liberal debía transformar. No la destruiría, pero sí la desplazaría hacia un americanismo igualmente letrado.

La Revolución en Marcha: cultura como política de Estado

Cuando Alfonso López Pumarejo asumió la presidencia en 1934 e inauguró la Revolución en Marcha, la democratización de la educación fue una de las tres medidas simbólicas centrales de su programa, junto con la reforma tributaria y la reforma agraria. Enrique Olaya Herrera (1930-1934) ya había dado los primeros pasos al proponer una "gran cruzada de alfabeto" contra el analfabetismo, aunque limitada por las restricciones del erario. López radicalizó y sistematizó la apuesta.

El diagnóstico era claro. Durante gran parte del período anterior, la instrucción pública había sido administrada por departamentos y gobiernos locales, mientras el gobierno central descuidaba la educación pública hasta el punto de no incluir partidas para ella en algunos presupuestos nacionales. Los reformadores liberales de 1936 confiaban en la educación como instrumento de cambio, articulando motivaciones económicas —adaptar el sistema al proceso de desarrollo e industrialización que había cobrado impulso desde 1922— con los principios liberales de libre examen, fe en la razón y poder liberador de la ciencia.

López rodeó ese programa de un gabinete que la historia recordaría. Alberto Lleras Camargo tenía apenas 28 años; a su lado, Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral y Darío Echandía, ninguno mayor de 38, formaban una camada de jóvenes intelectuales llamada a dominar la política colombiana durante las tres décadas siguientes. En el Ministerio de Educación quedó Luis López de Mesa, y a su lado, como colaborador clave, Jorge Zalamea, responsable de publicaciones como Rin Rin y Revista del Maestro.

La Campaña de Cultura Aldeana (1934-1936) fue el emblema de esa apuesta: uno de los programas modernizantes y civilizadores más importantes de la primera mitad del siglo XX en Colombia, impulsado por López Pumarejo con López de Mesa al frente del ministerio y Zalamea entre los colaboradores intelectuales. La Comisión de Cultura Aldeana publicó una biblioteca de múltiples títulos para la "nueva escuela" que alcanzó a distribuirse en buena parte del país y realizó trabajos regionales en zonas como Nariño y el Huila. Era un programa culturizador en el sentido más literal: llevar libros, ideas, formas de leer y de escribir a las veredas, tejer un país que hasta entonces se había gobernado a sí mismo por regiones incomunicadas.

La reforma universitaria acompañó ese movimiento. Bajo López se construyó un campus integrado y moderno para la Universidad Nacional y se crearon nuevas facultades en áreas hasta entonces marginales: química, arquitectura, veterinaria, agronomía, economía, administración, filosofía. Aparecieron también institutos de investigación y laboratorios, y se consagraron principios como la libertad de cátedra, la extensión cultural y el bienestar estudiantil. La Revista de las Indias, creada en 1939, dedicó un número a esa reestructuración, incluyendo la incorporación de nuevas áreas académicas como sociología, psicología, filosofía, geografía e historia. Modernización educativa y modernización cultural se articulaban en un mismo movimiento.

Las instituciones de la proyección

El segundo López y, sobre todo, el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942) consolidaron el andamiaje institucional. En 1938 se inauguró el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional. Dos años más tarde nació la Radiodifusora Nacional de Colombia. Durante el período de la República Liberal se creó la Orquesta Sinfónica Nacional. En 1939, año en que Jorge Eliécer Gaitán fue nombrado ministro de Educación, apareció la Revista de las Indias, vinculada a sectores de la intelectualidad liberal y receptiva a temas culturales, arqueológicos y precolombinos. Ese mismo impulso estatal produjo, en 1940, el Instituto de Fomento Industrial (IFI), pieza económica del mismo movimiento.

La radio, el libro, la sinfonía, la revista, la biblioteca: cada uno de esos aparatos cumplía una doble función. Hacia adentro, tejía un público nacional donde antes había regiones dispersas; hacia afuera, presentaba a Colombia como una nación con instituciones culturales modernas, homologables a las de sus pares latinoamericanos. La Revista de las Indias es el caso más claro de ese doble filo. Publicaba investigación arqueológica —"Máscara de oro de Inzá" de José Pérez de Barradas, materiales sobre los hipogeos de Inzá, "Investigaciones arqueológicas de Tierra Adentro" de Gregorio Hernández de Alba—, poesía nueva y ensayo, y proyectaba un americanismo cultural que dialogaba con las corrientes que atravesaban entonces el continente: la Revolución mexicana, el aprismo peruano de Haya de la Torre, el marxismo de Mariátegui. El interés por las culturas indígenas precolombinas dejaba de ser anticuariato de eruditos para convertirse en política cultural.

En 1940, Santos acogió a intelectuales refugiados de la Guerra Civil española, incorporándolos al ambiente cultural colombiano. Fue un gesto de política exterior, de simpatía republicana y de aprovechamiento del capital intelectual europeo en fuga, todo a la vez. La diplomacia cultural funcionaba en las dos direcciones: Colombia se ofrecía al mundo, pero también recibía al mundo en su territorio y lo incorporaba a sus instituciones.

Las redes científicas: profesores europeos y estudiantes colombianos

Uno de los rasgos más decisivos de la institucionalización cultural de los años treinta y cuarenta fue la contratación de expertos europeos para las instituciones colombianas. La Escuela Normal Superior se convirtió en el espacio emblemático de ese intercambio. Allí enseñaron el etnólogo francés Paul Rivet, el geógrafo alemán Ernesto Guhl, el geógrafo español Pablo Vila y el historiador alemán Gerhard Masur, entre otros. Con sus estudiantes colombianos formaron una comunidad académica incipiente en ciencias sociales, con programas estructurados y exámenes rigurosos.

El paso fue significativo. La contratación de estos profesores representó un tránsito desde un saber de aficionados hacia ciencias sociales con marcos teóricos y metodológicos más exigentes, familiarizando a los estudiantes colombianos con las teorías dominantes en las universidades europeas. En 1941, Luis Eduardo Nieto Arteta —formado en ese ambiente— publicó una de las primeras aplicaciones del método marxista a la historia económica colombiana, marcando el comienzo de la reacción contra la interpretación tradicional de la historia patria que había dominado desde el siglo XIX.

Paralelamente, colombianos jóvenes eran enviados a formarse en Europa. Gregorio Hernández de Alba, tras contribuir a la creación del Servicio de Arqueología en 1938, se formó como etnólogo en París entre 1939 y 1941 bajo la tutela de Paul Rivet, entonces director del Museo del Hombre. Ese doble flujo —europeos que enseñaban en Bogotá, colombianos que se formaban en París— produjo una red transnacional que operaba en los intersticios entre instituciones nacionales e internacionales. La diplomacia cultural no era aquí un asunto de embajadas: era un asunto de becas, contratos docentes, cátedras y correspondencia entre museos.

Arqueología, patrimonio y museos

El Servicio de Arqueología, creado en 1938, fue una de las piezas más nítidamente diplomáticas del engranaje cultural liberal. En su nacimiento intervino Hernández de Alba, que combinaba en su trayectoria la promoción por instituciones internacionales, la participación en excavaciones estatales, la formación en París con Rivet y la publicación en las revistas nacionales. Era, él mismo, un enlace entre redes.

El Instituto Colombiano de Antropología, en documentos posteriores de los años sesenta, elaboró relaciones de objetos arqueológicos destinados a ser enviados al Museo de Brooklyn y al Museo del Hombre de París. Aquellos envíos —o al menos su planificación— muestran hasta qué punto el patrimonio precolombino se había convertido en moneda de intercambio simbólico con centros internacionales. La conexión con el Museo del Hombre no era casual: Rivet había sido su director, había enseñado en Bogotá, había formado a Hernández de Alba. La red se cerraba sobre sí misma con una eficacia que ninguna cancillería habría podido diseñar.

La Revista de las Indias funcionaba como la vitrina impresa de ese trabajo. Al publicar en el mismo volumen investigación arqueológica de nivel internacional y ensayo literario colombiano, articulaba una imagen de país donde la modernidad convivía con la profundidad precolombina. Era la contracara exacta del hispanismo de Caro: donde antes se reivindicaba a España como fundamento, ahora se reivindicaba a América y a sus culturas originarias. Pero la estructura del gesto era la misma: una élite letrada bogotana definía, desde el centro, lo que la nación debía mostrar al mundo.

Los intelectuales mediadores: Arciniegas y el americanismo

Si las instituciones proveyeron el aparato, los intelectuales mediadores proveyeron la voz. Germán Arciniegas (1900-1999) —que vivió prácticamente todo el siglo XX— fue el más constante de ellos. Se formó en la generación centenarista, que tomó su nombre del centenario de la independencia de 1810 y estuvo activa en las décadas de 1920 y 1930. A esa generación la marcaron tres episodios traumáticos —la Guerra de los Mil Días, la pérdida de Panamá, la dictadura de Rafael Reyes—, que le inculcaron un rechazo al sectarismo, un nacionalismo antiimperialista y una pasión por la libertad.

Arciniegas publicó sus libros en las principales editoriales de América Latina, y estos fueron traducidos a varias lenguas, con Colombia y el mundo latinoamericano como temas predilectos. Su método era el del compilador de artículos periodísticos previos, sin indicar dónde ni cuándo los había publicado originalmente, y su estilo apuntaba a un público amplio, ameno, no académico. Décadas después, entre 1979 y 1982, dirigiría la revista Correo de los Andes desde su primer número hasta el número 18, con un comité editorial que incluyó a Danilo Cruz Vélez, Pedro Gómez Valderrama, Otto Morales Benítez, Ramón de Zubiría y Carlos Sanz de Santamaría, y con colaboradores de toda América Latina.

Su lugar en la historia cultural colombiana es paradigmático y contradictorio. Encarna un tipo de prestigio intelectual sostenido más en la cátedra y en la erudición hablada que en el aparato crítico científico, rasgo de una educación reservada a una minoría. Sus escritos históricos participaron de la popularización decimonónica del pasado a través de periódicos y revistas, tradición en la que Joaquín Tamayo fue otro representante. Su americanismo sostuvo que el fenómeno americano —y no la experiencia europea— era la base indispensable para construir una sociología general, y que los cronistas de Indias se habían anticipado a Auguste Comte y a Herbert Spencer en sus observaciones sobre la vida social.

Arciniegas es el arquetipo del agente cultural que no ocupa despacho pero cumple funciones diplomáticas: viaja, escribe, publica, es traducido, representa a Colombia en foros que ninguna embajada podría organizar. La generación centenarista —con Olaya Herrera como figura política representativa— sirvió de puente entre el hispanismo decimonónico y el americanismo liberal. No fueron ellos los que fundaron las instituciones, pero sí los que ocuparon el espacio simbólico que esas instituciones necesitaban llenar.

Piedra y Cielo, Cultura Aldeana y el tejido literario

La proyección cultural liberal no se hizo solo con arqueología y radio. En 1936, el mismo año en que estalló la Guerra Civil española, Eduardo Carranza publicó Canciones para iniciar una fiesta. Tres años después apareció el grupo Piedra y Cielo, encabezado por Carranza y Jorge Rojas, con sus Cuadernos de Piedra y Cielo. Era una generación poética que renovaba el lenguaje lírico colombiano en el mismo momento en que el Estado renovaba sus instituciones. La coincidencia temporal no es casual: la República Liberal creó un ecosistema en el que revistas, editoriales, ministerios y grupos literarios se retroalimentaban.

La Revista del Maestro y Rin Rin, ambas impulsadas por Zalamea desde el Ministerio de Educación, y la Revista de las Indias creada en 1939, formaron una familia de publicaciones estatales o paraestatales que servían simultáneamente para formar maestros, para llegar a los niños con literatura infantil y para proyectar la producción intelectual colombiana hacia el continente. La Comisión de Cultura Aldeana, con su biblioteca distribuida en buena parte del país y sus trabajos regionales en Nariño y Huila, cerraba el circuito por abajo: llevaba la cultura letrada al último rincón donde el Estado alcanzaba a llegar.

Colombia, Estados Unidos y el Buen Vecino

La proyección cultural liberal no ocurrió en el vacío. Ocurrió en el sistema interamericano que Franklin D. Roosevelt había empezado a construir en 1933 con la política del Buen Vecino y que se consolidó, para efectos colombianos, en dos momentos. El primero fue la conferencia especial celebrada en Buenos Aires en 1936, con motivo del fin de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, donde se aprobó la propuesta de Roosevelt de consulta continental ante conflictos bilaterales o conmociones civiles y militares. El segundo, la primera reunión de consulta del sistema interamericano en 1939, ya en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

Colombia se posicionó dentro de ese sistema con una alineación notablemente estrecha respecto a Washington. El embajador estadounidense en Bogotá evaluó que Colombia fue el país más cooperador de Sudamérica con la política de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, afirmando que Washington obtuvo todo lo que solicitó sin regateos. La cooperación no fue solo militar y diplomática: incluyó la vigilancia del espionaje alemán en territorio colombiano y la coordinación con el FBI, documentadas después en Colombia Nazi, 1939-1945 de Silvia Galvis y Alberto Donadio. La obra de David Bushnell Eduardo Santos y la Política del Buen Vecino reconstruyó esa alineación en clave presidencial.

Ese contexto matiza cualquier lectura triunfalista de la diplomacia cultural liberal. La acogida de refugiados españoles en 1940, la modernización de la Radiodifusora Nacional, la producción arqueológica destinada a museos del Norte, la propia lógica americanista de la Revista de las Indias: todo eso se movía dentro del marco que el sistema interamericano y la guerra imponían. La proyección cultural exterior colombiana fue, en gran medida, un subproducto de esa alineación geopolítica. No la anuló, pero sí la enmarcó. Colombia se proyectaba como nación culta, moderna y americanista dentro de un continente en el que Washington era el interlocutor decisivo.

Los límites del arreglo liberal

Coherente en sus efectos, el arreglo cultural liberal fue fragmentario en su diseño, y esa fragilidad tenía un rostro concreto: dependía de trayectorias personales antes que de doctrinas o partidas presupuestales estables. Cuando Arciniegas viajaba, cuando Hernández de Alba escribía a Rivet, cuando Zalamea decidía el sumario de Rin Rin, la política cultural del Estado colombiano se jugaba en gestos que no estaban codificados en ningún manual. Bastaba con que una de esas figuras cambiara de destino, cayera en desgracia política o simplemente muriera, para que un tramo entero del edificio se descoyuntara.

La República Liberal produjo un dispositivo cultural sin producir la doctrina que lo sostuviera, y ese desfase explica por qué su herencia sobreviviría a los gobiernos que la formularon, pero también por qué nunca terminaría de consolidarse en un aparato pleno. Fue una modernización sin modernización burocrática: instituciones nuevas administradas con hábitos viejos, redes internacionales sostenidas por agendas personales, proyección exterior sin manual de estilo.

La huella larga: de Colcultura al Ministerio de Cultura

La República Liberal terminó en 1946, con el retorno del conservatismo al poder, y el aparato cultural que había construido entró en una fase de discontinuidad. Las instituciones creadas —Biblioteca Nacional, Radiodifusora Nacional, Servicio de Arqueología, Escuela Normal Superior en su versión reformada, revistas ministeriales— sobrevivieron, pero la articulación política que las había convertido en piezas de un mismo proyecto se disolvió. La violencia bipartidista, el Bogotazo de 1948, la dictadura de Rojas Pinilla y el Frente Nacional fueron años en los que la cultura dejó de ocupar el centro simbólico de la política de Estado que había tenido bajo López Pumarejo y Santos.

Aun así, la acumulación institucional continuó. Colcultura —el Instituto Colombiano de Cultura— publicó la revista Gaceta al menos en 1984, con el número 43 de esa fecha, funcionando como instrumento de difusión cultural estatal en la segunda mitad del siglo XX. Su papel como bisagra entre la herencia liberal y la institucionalidad posterior es reconocible, aunque la continuidad formal entre Colcultura y las instituciones que la sucedieron no esté trazada con precisión.

El paso decisivo llegó con la Constitución de 1991 y la ola de creación ministerial que la acompañó. En 1993 se creó el Ministerio de Ambiente. En 1997, el Ministerio de Cultura, culminando un largo proceso en el que el Estado colombiano fue diferenciando sus funciones y dotándose de aparatos especializados. Hacia 2023, la denominación de la cartera se había transformado —Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, con dependencias como la Dirección de Patrimonio y Memoria—, señal de un desplazamiento conceptual del singular al plural, de la cultura como norma a las culturas como diversidad. El Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional impulsaron proyectos editoriales como la colección digital Cultura Colombiana, retomando, ampliada por lo digital, la vocación de la Biblioteca inaugurada en 1938 y de la Revista de las Indias creada en 1939.

Balance

La diplomacia cultural colombiana tiene una historia de acumulaciones y desplazamientos más que de fundaciones nítidas. La Regeneración instaló un hispanismo gramatical que definió la identidad exportable de Colombia hasta 1930. La República Liberal la sustituyó por un americanismo institucionalizado, articulado desde el Ministerio de Educación y proyectado a través de la radio, las revistas, la arqueología, las redes científicas transnacionales y los intelectuales mediadores. Los gobiernos posteriores heredaron ese aparato sin refundarlo, hasta que la Constitución de 1991 abrió un ciclo que culminaría, en 1997, con la creación de un ministerio propio.

La República Liberal no inventó la diplomacia cultural colombiana: la institucionalizó. Le dio nombres, edificios, revistas, becas, cátedras, museos, y con ellos una gramática mínima —siempre implícita— para que el Estado hablara al mundo. Pero también le fijó unos límites que aún pesan. El primero es la continuidad problemática con el orden que se pretendía desplazar: el americanismo liberal cambió el contenido de la representación nacional, pero mantuvo intacta la lógica de una élite bogotana que definía la identidad del país desde el centro, dejando en los márgenes a los indígenas contemporáneos —no ya los precolombinos exhibidos en los museos—, a los afrodescendientes, a las selvas, a los valles y a las costas. El cambio fue de contenido, no siempre de estructura.

El segundo límite es institucional. La política exterior cultural nunca contó con un aparato propio que la administrara con doctrina. El Ministerio de Relaciones Exteriores concentró su atención principalmente en asuntos fronterizos, manejando una diplomacia política discreta y subordinada a una diplomacia económica gestionada por otras instituciones, sin percibir la necesidad de modernización que le habría permitido centralizar las diversas dimensiones de las relaciones internacionales del país. La cultura viajaba, entonces, en las maletas de los intelectuales y en los envíos de los museos, más que en las valijas diplomáticas.

El tercer límite es geopolítico. La proyección cultural colombiana se desplegó dentro del marco del sistema interamericano y de la política del Buen Vecino, y esa inscripción condicionó tanto los interlocutores como los formatos. Los efectos de aquel momento se sienten hasta hoy como el terreno sedimentado sobre el que se han construido, con dificultad, todas las políticas culturales posteriores.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

06

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 44 fragmentos

01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1501 cita
[1]

social y pol í tico e ilusionaron a las masas urbanas con una “ ciudadan í a ” irresponsable, con el sue ñ o de la igualdad civil y pol í tica de todos, con la utop í a de un Estado que distribuyera beneficios a los pobres y de una sociedad sin ricos, y hab í an convertido a los esclavos y a sus descendientes…

p. 150
02El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 126, 1302 citas
[2]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
[5]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
03Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[3]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 270, 3582 citas
[4]

el inicio de una guerra civil, en 1899. La “regeneración” política de Colombia inauguró un periodo de hegemonía conservadora durante la presidencia de Rafael Núñez y de Miguel Antonio Caro, quien como vicepresidente estuvo al mando durante las ausencias frecuentes de Núñez, y hubo de reemplazarlo cuando enfermó, en…

p. 270
[20]

a ciudadanos Se inaugura tarjeta de identidad nacional Se crea la Orquesta Sinfónica Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia Reforma agraria (Ley 200) Se publica El Siglo (periódico) Propiedad privada puede ser limitada si hay necesidad social Se crea la Federación Médica 1938 Eduardo Santos,…

p. 358
05De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[6]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
06De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[7]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
07El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 5431 cita
[8]

a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…

p. 543
08Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1191 cita
[9]

nosotros por la inmensidad de las soledades del océano. 4 El general Uribe Uribe se preguntó cómo podía ser presidente de Co- lombia el “académico” Miguel Antonio Caro, quien, por no haber salido del área urbana de Bogotá, no había “podido aprender en Virgilio lo que son las fatigas de una trocha o la navegación en…

p. 119
09Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 391 cita
[10]

el que tuvo efectos más duraderos fue Miguel Antonio Caro, limitado poeta aunque notable traductor de Virgilio, un hombre que sólo hablaba en latín bajo los sietecueros de la sabana y que nunca salió del altiplano, ni siquiera para saber qué clase de país era éste al que él le estaba dando forma en las instituciones.…

p. 39
10Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 831 cita
[11]

the Fatherland.” 13 By seeing everything from one position, the literati were able to exclude other fields of vision. Their position, however, was a weak and fragmentary one. To understand why, we should map the positions from where literati spoke. B o g o t á, a L e t t e re d C i t y As Michael Shapiro has pointed…

p. 83
11La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 46, 492 citas
[12]

pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…

p. 49
[15]

la necesidad y la importancia de hacer estudios regionales para determinar el impacto de la campaña de Cultura Aldeana en diferentes contextos, más aún cuando se asume el proyecto como uno de los programas modernizantes y civilizadores más importantes de la primera mitad del siglo xx. Díaz también publicó el artículo…

p. 46
12Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 721 cita
[13]

crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…

p. 72
13Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2801 cita
[14]

como resultado del plebiscito de 1958 los gobiernos del Frente Nacional aplicaron a educaci ó n e) 10% de los ingresos,' porcentaje que fue aumentado eri los posteriores presupuestos nacionales. La reforma adelantada en la d é cada de 1930-1940 fue cohe rente con el esp í ritu reformista de los gobiernos liberales.…

p. 280
14Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 951 cita
[16]

radicalismo que el movi- miento llegó a tener en algunos mo- mentos, y también la oposición que la política educativa despertaba en sec- tores de la oposición conservadora y de la Iglesia. La escuela primaria urbana y rural Dentro del vasto plan educativo de la administración de Alfonso López Pu- marejo, la difusión y…

p. 95
15El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1071 cita
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el equilibrio vital local en aquella relación entre razón autónoma y naturaleza propia. Tal es una de las metas macro más importantes en la nece- saria transformación social de Nariño, Colombia y el mundo. Una conclusión contemporánea sobre este pensamiento es posible: que la introspección y mejor manejo sobre lo…

p. 107
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2061 cita
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fundar una economía agrícola de granjeros. Dada la división parti- dista, no se generaron más transformaciones en aras de mantener estable al país. Al go- bierno se le acusó de comunista, marxista y socialista, cuando verdaderamente sólo tenía un cariz liberal reformista. campus integrado y moderno, donde además de…

p. 206
17Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1511 cita
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period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…

p. 151
18Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2461 cita
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profunda. 1938 Eduardo Santos, presidente de la República; anuncia un gobierno de moderación y ecuanimi- dad («la pausa», después de las reformas sociales). Censo nacional: 8”701.816 habitantes; Bogotá, 340.000. Inauguración del edificio de la Bibliote- ca Nacional. 1939 Jorge Eliécer Gaitán, ministro de Educación.…

p. 246
19Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 43, 712 citas
[22]

número aparecen ilustraciones y fo- tografías sobre los recientes descubri- mientos de los hipogeos de Inzá. En el número 5 se publicó «Máscara de oro de Inzá» de José Pérez de Barradas, y en el 7 «Investigaciones arqueológicas de Tierra Adentro» de Gregorio Her- nández de Alba. Vale la pena anotar que este interés…

p. 71
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Chile; Emilio Adolfo West- phalen, en el Perú — Las ínsulas extra- ñas es de 1931 y Abolición de la muer- te, de 1935—; José Lezama Lima, en Cuba: Enemigo rumor es de 1941; Jor- ge Carrera Andrade, en el Ecuador; Pablo Antonio Cuadra y Carlos Mar- tínez Rivas, en Nicaragua... Los gér- menes renovadores a los cuales no…

p. 43
20La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 40, 3152 citas
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folios 2, 86. Ministerio de Cultura, Secretaría General, Dirección de Extensión Cultural. Informes de gestión de la Dirección y las dependencias de Extensión Cultural, 1943-1951, Caja n. o 003, carpeta 003, folios 7-10, 13, 14. Ministerio de Cultura, Secretaría General, Grupo de Archivo, Instituto Colombiano de…

p. 315
[26]

por instituciones internacionales y excavaciones arqueológicas promovidas por el Estado colombiano. Más adelante contribuyó a la creación del Servicio de Arqueología (1938) y tuvo la oportunidad de formarse como etnólogo en París (1939-1941), bajo la tutela de Paul Rivet, para ese entonces director del Museo del…

p. 40
21Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 671 cita
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lingüística, etc., que hasta el momento habían estado en manos de simples aficionados, los cuales, en sus ratos libres, sin el bagaje académico apropiado, se convertían en “antropólogos”, “historiadores”… Los estudiantes de la Normal, por el contrario, cursaban todo un programa académico, familiarizándose con las…

p. 67
22Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 121 cita
[25]

en el país, para el periodo mencionado. De otra parte, la estructura de la obra se hace a partir de una serie de problemáticas que ilustran las orientaciones teóricas, elecciones de método y locaciones que han caracterizado el trabajo de los antropólogos incluidos en estos dos volumenes, y que esperamos permitan tener…

p. 12
23Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 161 cita
[27]

Normal Superior comenzó a manifestarse una reacción contra la interpretación tradicional de la historia. En 1941 apareció el libro pionero de Luis Eduardo Nieto Arteta,⁶ cuyos aspectos novedosos se relacionaban con la temática de la historia económica, con las fuentes, especialmente las memorias de los secretarios de…

p. 16
24Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 271 cita
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post he retained until 1930. 3 Olaya's career has been recounted in detail because it is representative of a generation of Colombian academicians, politicians, and intellectuals who shaped national events in the 1920s and 1930s. 4 Calling themselves the Centenarios (Centenarists) because their actions came 100 years…

p. 27
25Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 11 cita
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GERMÁN ARCINIEGAS b I o GRA fí A d E l CARI b E historia GERMÁN ARCINIEGAS b I o GRA fí A d E l CARI b E historia Arciniegas, Germán, 1900-1999, autor Biografía del Caribe [recurso electrónico] / Germán Arciniegas; presentación, Gustavo Bell Lemus. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colom- bia,…

p. 1
26¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 1151 cita
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Juan de Castellanos se parece mucho a los colombianos de nuestros días, a una persona que puede hablar durante horas, días y quizá años, sobre temas muy variados, pero a quien le resulta muy difícil y problemático presentar pruebas sobre lo que ha hecho y dicho. Alguien en quien se puede ver una huella muy cabal de…

p. 115
27Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 10, 302 citas
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propio Vargas Vila, José Asunción Silva, José Eustasio Rivera y Baldomero Sanín Cano. Sus libros se publicaron en las principales editoriales de América Latina y se tradujeron a varias lenguas. Los temas predilectos y recurrentes fueron Colombia y el mundo latinoamericano. Su método de trabajo lo llevó a conformar un…

p. 10
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66, n.º 727, 1979, p. 544. Joaquín Tamayo (1902-1941) murió joven pero dejó una abundante obra de divulgación histórica entre las que destaca: “Don Tomás Cipriano de Mosquera” (1936), “Núñez” (1939), “La revolución de 1899” (1938) y “Nuestro siglo ” (1941). Todos estos textos fueron publicados por, propiedad de la…

p. 30
28Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 2951 cita
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"Cátedra de A m érica" y una magnífica revista, el "CORREO DE LOS ANDES" I S S N 01 2 0 -1 3 9 5. "CORREO DE LOS ANDES", apareció en el mes de noviembre de 1979, en forma bimensual. Caratula en cromacote a dos tintas, 28 x 20-1/2 centímetros, 96 páginas, varias de avisos, papel de muy buena calidad y un cuadernillo de…

p. 295
29Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 4241 cita
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párrafo: «Es el nuevo continente el ape- ritivo indispensable para estimular investigaciones sobre la vida de las sociedades humanas. Nosotros éramos la mate- ria sociológica. Desde el clan hasta el imperio, los cronistas tuvieron ante sus ojos el proceso de una larga elaboración social. El fraile que se internaba en…

p. 424
30El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 532 citas
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estadounidense en Bogotá, al hacer el balance de la actuación colombiana respecto a los intereses de su nación durante la conflagración: Hemos obtenido todo lo que hemos solicitado a este país […] Co- lombia no ha regateado, sino que de todo corazón ha salido en apo- yo de nuestra política […] No existe país en…

p. 53
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estadounidense en Bogotá, al hacer el balance de la actuación colombiana respecto a los intereses de su nación durante la conflagración: Hemos obtenido todo lo que hemos solicitado a este país […] Co- lombia no ha regateado, sino que de todo corazón ha salido en apo- yo de nuestra política […] No existe país en…

p. 53
31Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 911 cita
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en conflictos bilaterales o a aquellos que presen- taran conmociones civiles y militares. La propuesta de Roosevelt fue aprobada en una conferencia continental especial, en 1936 en Buenos Aires, con motivo de la terminación de la guerra del Chaco, que enfrentó a Bolivia con Paraguay por el control del Chaco Boreal. La…

p. 91
32Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 2471 cita
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Jan. 1940, 821.00-P/2, Box 4291, Department of State, Decimal Files, 1940–1944, RG 59, NARA. 126. New York Times, 18 Aug. 1940. 127. Silvia Galvis and Alberto Donadio, Colombia Nazi, 1939–1945: Espionaje alemán, la cacería del FBI, Santos, López y los pactos secretos (Bogotá: Planeta, 1986), 165–76. 128. “Remarks of…

p. 247
33Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 791 cita
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the External Commerce Ministry (today Commerce, Industry, and Tourism) emerge. The Environment Ministry was formed in 1993, and finally, in 1997, the Ministry of Culture was created. These developments, since the government’s beginning in 1832, have been accompanied by activities di- rectly guided and enforced by the…

p. 79
34El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 191 cita
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Cultu- ra Colombiana, colección digital que vienen impulsando el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Co- lombia. Bienvenida la colección y la nueva edición. José Eduardo Rueda Enciso § Bibliografía Aristizábal, Santiago (1984). «Me enamoré de la luz del trópico». En: Gaceta, 43, 2-4. Bogotá: Colcultura.…

p. 19
35Vawter y la Ulen & Co.; y R. L. Aeck: Arquitectos norteamericanos en ColombiaAlberto Escovar Wilson-White · p. 11 cita
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o L — l JI I — i _JÍE Historia Dirección de Patrimonio y Memoria i? f -; y; COLOMBIA POTENCIA DE LA VIDA '.¿7 RELflr i* m Culturas COLOMBIA enoA ños I I fifi ti 308 páginas; 16.5 x 23.5 cm. ISBN: 978-958-611-464-6 SCDD 303.482 CO-BoICC ISBN: 978-958-611-464-6 Impreso en Colombia | Printed in Colombia Juan David Correa…

p. 1
36Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 7051 cita
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y Cuervo y Biblioteca Nacional. catalogoenlinea.bibliotecanacional.gov.co Acosta Luna, Olga Isabel. Milagrosas imágenes marianas en el Nuevo Reino de Granada. Madrid, Fráncfort: Iberoamericana-Vervuert, 2011. ––––––––. “Forming the National School of Fine Arts in Colombia. Local Desires and External Influences”. En…

p. 705
37Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 121 cita
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las relaciones in- ternacionales de Colombia. Hay va- rias diplomacias: una cafetera, una co- mercial, una tecnológica, otra militar, otra referida al tráfico de drogas. Una cancillería que no ha percibido la ne- cesidad de modernización, y que por consiguiente permanece incapacitada para centralizar las diversas…

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