Jorge Zalamea Borda
La Violencia
1905–1969
La biografía
Jorge Zalamea Borda (1905-1969) fue uno de los intelectuales colombianos que mejor encarnó las contradicciones del reformismo liberal del siglo XX: escritor y traductor de aliento modernista, funcionario cortesano de la Revolución en Marcha, diplomático de López Pumarejo, y —el 9 de abril de 1948, en la sede de la Radiodifusora Nacional de Bogotá— protagonista de un intento fugaz de traducir la insurrección popular por el asesinato de Gaitán en un proyecto de gobierno civil de izquierda. Ese día su trayectoria se partió en dos. Antes había sido un hombre del Estado liberal, entregado a la política educativa y cultural desde las oficinas del ministerio y las embajadas. Después, con el régimen de Laureano Gómez y la persecución cultural que acompañó a la Violencia, se convirtió en exiliado y ensayista, autor de dos alegorías políticas breves —La metamorfosis de Su Excelencia y El gran Burundún-Burundá ha muerto— que son a la vez su respuesta literaria al gomecismo y el registro de una derrota más honda: la de una intelectualidad que había construido su proyecto transformador desde adentro del aparato liberal y que, al perder ese refugio, descubrió que carecía de la base política autónoma para sostenerlo.
Línea de vida
- 1910
Contexto generacional: irrupción de la Generación del Centenario
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Zalamea creció en el ambiente intelectual colombiano dominado por los Centenaristas, quienes irrumpieron en la vida pública hacia 1910 y controlaban la prensa, la cátedra y la política; contra ese liderazgo se levantaría poco después el Grupo de los Nuevos, del que Zalamea formaría parte.
- 1920
Integración al Grupo de los Nuevos
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A comienzos de los años veinte, Zalamea se incorporó al círculo de jóvenes irreverentes conocido como los Nuevos, junto a Germán Arciniegas, Guillermo Hernández Rodríguez, Baldomero Sanín Cano, Luis Tejada, Alberto Lleras y Jorge Eliécer Gaitán; el grupo combinaba lecturas europeas, interés por la Revolución mexicana, el aprismo y el marxismo de Mariátegui, y voluntad de intervenir en la vida pública.
- 1936
Regreso a Colombia e incorporación a la Revolución en Marcha
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Zalamea regresó a Colombia en 1936 y se integró con entusiasmo a las tareas culturales de la primera administración de Alfonso López Pumarejo; ocupó la secretaría general del Ministerio de Educación, ejerció como encargado interino del ministerio durante dieciocho meses, dirigió la Comisión de Cultura Aldeana e impulsó publicaciones como la Revista del Maestro y Rin Rin, defendiendo además la reforma educativa liberal ante el Congreso.
- 1943
Nombramiento como embajador en México
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En febrero de 1943, López Pumarejo —en su segundo mandato— nombró a Zalamea embajador en México, cerrando coherentemente una década de servicio en el aparato cultural del liberalismo y abriendo su relación duradera con el país que sería años más tarde su segunda patria y el lugar de su muerte.
- 1948
Toma de la Radiodifusora Nacional el 9 de abril
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Tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 y el estallido del Bogotazo, Zalamea, Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar tomaron la sede de la Radiodifusora Nacional de Bogotá, llamaron por radio a la organización civil y esbozaron el proyecto de una Junta Provisional de Gobierno de izquierda; el intento fue efímero: la revuelta urbana se disolvió sin liderazgo organizado y los jefes liberales negociaron con Ospina Pérez, sellando el destino de la Junta antes de que existiera.
- 1950
Persecución cultural bajo el régimen de Laureano Gómez
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Con la llegada de Laureano Gómez a la presidencia en 1950 bajo estado de sitio y poderes extraordinarios, se desató la persecución contra la intelectualidad liberal de izquierda: las sedes de El Tiempo y El Espectador fueron incendiadas, se decretó censura de prensa, la CTC y el Partido Comunista fueron declarados ilegales, y el proyecto cultural liberal que Zalamea había ayudado a construir fue desmontado como parte de la 'recristianización' del país; Zalamea pasó al exilio.
- 1953
Exilio y producción de las alegorías políticas mayores
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Desde el exilio —con México como centro principal—, Zalamea escribió sus dos obras narrativas mayores: La metamorfosis de Su Excelencia, influida por sus traducciones de Saint-John Perse y por el eco de Kafka, y El gran Burundún-Burundá ha muerto, prosa salmódica y alegórica que constituyó su respuesta literaria al gomecismo y el registro de la derrota de una intelectualidad que había construido su proyecto desde adentro del aparato liberal.
- 1969
Muerte en el exilio
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Jorge Zalamea Borda murió en 1969, fuera de Colombia, cerrando una trayectoria que había partido del reformismo cultural del Estado liberal y terminado en la resistencia ensayística y literaria desde el destierro.
La formación de un hombre de los Nuevos
Zalamea pertenece por edad y por sensibilidad a la generación que a comienzos de los años veinte comenzó a desplazar en el campo intelectual colombiano a la Generación del Centenario. Los centenaristas —aquellos que habían irrumpido en la vida pública hacia 1910, con las celebraciones del primer siglo de independencia— ocupaban todavía a fines de los años diez el mando en la prensa: varios habían fundado o dirigían los principales periódicos y revistas del país, y desde allí extendían su influencia a la cátedra y la política. Contra ese liderazgo empezó a levantarse hacia el final de la década un grupo de jóvenes irreverentes que consideraban urgente un relevo. Se llamaron, con provocación deliberada, los Nuevos.
En ese círculo aparece el nombre de Jorge Zalamea junto a los de Germán Arciniegas, Guillermo Hernández Rodríguez, Baldomero Sanín Cano, Luis Tejada, Alberto Lleras y Jorge Eliécer Gaitán. La lista, leída medio siglo después, dibuja casi por sí sola el mapa del liberalismo modernizador colombiano del siglo XX: futuros presidentes, embajadores, historiadores, tribunos populares, ensayistas. Los Nuevos no fueron una escuela literaria estricta ni un partido, sino un ambiente de sociabilidad que combinaba lecturas europeas recientes, curiosidad por la Revolución mexicana, el aprismo peruano y el marxismo heterodoxo de José Carlos Mariátegui, y una voluntad de intervenir en la vida pública desde la prensa, la cátedra y la política. Su acción anticipa el impulso que años más tarde daría a la Revolución en Marcha del liberalismo. Entre ese sector influido por Mariátegui y el aprismo se abrió también un interés sostenido por las culturas indígenas precolombinas —marca ideológica que reaparece en la obra madura de Zalamea.
De ese vivero salió el joven Zalamea con dos rasgos que no lo abandonaron: una impronta modernista en la lengua literaria, atenta al ritmo y a la flexibilidad del castellano, y una convicción política que puede resumirse en una frase suya: un pueblo económicamente enfermo no puede producir cultura. La frase parece de manual, pero en el contexto colombiano de los años treinta tenía filo: convertía la política cultural en política social a secas.
La Revolución en Marcha desde el ministerio
Zalamea regresó a Colombia en 1936, en plena primera administración de Alfonso López Pumarejo, y se entregó con entusiasmo a las tareas culturales del gobierno. Su inserción fue rápida y central. Ocupó la secretaría general del Ministerio de Educación y, durante dieciocho meses, ejerció como encargado interino del ministerio. En esos meses defendió con habilidad oratoria la reforma educativa del gobierno liberal ante la Cámara y el Senado —una defensa que en el Congreso conservador de la época no era trámite, sino combate.
Participó también en la Comisión de Cultura Aldeana, uno de los proyectos más ambiciosos del lopismo cultural: una empresa que publicó una biblioteca de muchos títulos destinada a la "nueva escuela" y logró distribuirla en buena parte del país. Al frente de esa comisión y desde el ministerio impulsó publicaciones que se volverían nombres familiares para maestros y niños: la Revista del Maestro, dirigida al magisterio, y Rin Rin, orientada a los escolares. No eran gestos decorativos. Formaban parte de una convicción que la Revolución en Marcha compartía con otros reformismos latinoamericanos del período: que el Estado debía llegar hasta la aldea con libros, revistas y programas, porque solo así podía construirse el ciudadano moderno que las nuevas leyes suponían.
En febrero de 1943, López Pumarejo —de vuelta en la presidencia para su segundo mandato— lo nombró embajador en México. La designación cerraba de manera coherente una década de servicio en el aparato cultural del liberalismo y abría, sin que Zalamea lo supiera aún, la relación larga y decisiva con el país que sería años más tarde su segunda patria y el lugar de su muerte.
Un escritor entre Perse y Kafka
Paralela al funcionario, existió siempre la obra. La escritura de Zalamea se organiza alrededor de dos ejes que se implican: la traducción y la ficción de alegoría política. Tradujo al español a Saint-John Perse, y la crítica ha subrayado la deuda: sin la flexibilidad rítmica de su prosa y sin la impronta modernista que ya traía de los años veinte, esas traducciones habrían sucumbido bajo la horma del castellano peninsular. Zalamea las salvó, y a cambio Perse le entregó una lengua.
De esa lengua nacieron sus dos obras narrativas mayores. La metamorfosis de Su Excelencia recibió la influencia directa de Perse y también, en filigrana, el eco de Kafka. El gran Burundún-Burundá ha muerto prolongó la operación: una prosa suntuosa, salmódica, puesta al servicio de una alegoría política que solo se entiende en el contexto colombiano concreto en el que fue escrita. Esas influencias no tuvieron eco más amplio en Colombia; Perse, importado con tanto cuidado, quedó como asunto casi privado de Zalamea. Pero ese aislamiento no es solo un dato de recepción: sugiere que la modernidad literaria que él intentó introducir no encontró la comunidad de lectores necesaria para volverse tradición.
El apellido Zalamea circulaba además por otro cauce. Su hermano Eduardo Zalamea Borda había publicado Cuatro años a bordo de mí mismo, novela de impronta surrealista donde el amor y la muerte aparecían desacralizados, los personajes se asesinaban, se despreciaban, se ignoraban y se amaban lejos de todo romance convencional. Los hermanos operaban en registros distintos —Eduardo más cercano a la vanguardia, Jorge a un modernismo tardío de aliento ceremonial— pero compartían la voluntad de arrancar la literatura colombiana de sus provincianismos.
Nueve de abril
El 9 de abril de 1948, hacia la una de la tarde, Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado a la salida de su oficina en el centro de Bogotá. En cuestión de horas la ciudad se volvió otra: multitudes recorrieron las calles saqueando comercios, incendiando iglesias y archivos eclesiásticos, atacando negocios asociados a los conservadores, destrozando el sistema de tranvías. El caos se replicó, con menor intensidad, en otras ciudades. Fue el Bogotazo, y con él, el fin abrupto del proyecto populista más consistente que había producido Colombia en el siglo XX. De la lista corta de grandes líderes populistas latinoamericanos de su generación —Lázaro Cárdenas, los Perón, Getúlio Vargas, Víctor Raúl Haya de la Torre—, Gaitán fue el único asesinado.
En medio del incendio, un grupo de intelectuales liberales de izquierda comprendió que el vacío político era total y que era el momento de intentar convertir la insurrección callejera en poder. Zalamea, Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar tomaron la sede de la Radiodifusora Nacional. Desde el micrófono llamaron a la organización civil y esbozaron el proyecto de una Junta Provisional de Gobierno que asumiera el mando del país. Era la lógica extrema —y hasta entonces impensada— de la Revolución en Marcha: la cultura como herramienta de transformación social exigía ahora, con Gaitán muerto y el pueblo en la calle, traducirse en ruptura política. Zalamea, que había defendido reformas educativas ante el Congreso y editado revistas para maestros, se encontró de pronto convocando por radio a la instauración de un gobierno socialista.
El intento fue efímero. La revuelta urbana se disolvió en los días siguientes sin liderazgo organizado ni estructura militar propia. Los jefes liberales negociaron con el presidente Mariano Ospina Pérez y aceptaron colaborar con su gobierno; ese giro, y la ausencia de una base política autónoma capaz de sostener la iniciativa de la Radiodifusora, sellaron el destino de la Junta antes de que existiera. La toma de la emisora quedó como un gesto: una hora exacta en la biografía de Zalamea en que el intelectual del Estado liberal cruzó al otro lado y descubrió que del otro lado no había suelo firme.
Lo que siguió al 9 de abril fue más largo. En Bogotá la insurrección se apagó; en el campo, en cambio, la violencia se extendió y se profundizó. La violencia política posterior al 9 de abril se entrelazó con una violencia rural que ya existía, cuyas raíces se sitúan en el fin del gobierno liberal en 1946 y la persecución de liberales por conservadores en los meses siguientes. El Estado respondió con represión sindical, clausura del Congreso, estado de sitio, declaración de ilegalidad de la Central de Trabajadores de Colombia y del Partido Comunista, politización de la policía. En algunas regiones actuaron bandas armadas para-policiales y para-militares que perpetraron masacres, mutilaciones y destrucción de pueblos enteros.
La izquierda cultural liberal, de la que Zalamea era una de las voces más visibles, no tenía respuesta para ese escenario. Su proyecto había sido pensado desde el ministerio, no desde la resistencia.
El régimen de Gómez y la persecución cultural
Laureano Gómez fue elegido presidente para el período 1950-1954 y tomó posesión bajo estado de sitio, con poderes ejecutivos extraordinarios que eliminaban el habeas corpus. La Violencia entraba en su fase más dura. El proyecto ideológico de Gómez, elaborado desde décadas atrás, encontraba por fin las condiciones para desplegarse.
Ese proyecto tenía una historia. En 1928 Gómez había dictado sus conferencias Interrogantes sobre el progreso de Colombia, un diagnóstico severo del país concebido para facilitar a la nación el "conocimiento de sí misma" para que "pudiera ser gobernada" de acuerdo con su "naturaleza", en un contexto de crisis del Partido Conservador. En 1935 publicó El Cuadrilátero, donde atacaba por igual a Hitler, Mussolini y Stalin y alababa el pacifismo de Gandhi. Pero fue en los años cuarenta cuando construyó la retórica que le dio nombre a una época. En un discurso célebre comparó al partido liberal con un basilisco: un monstruo con "pies de confusión y estupidez, piernas de brutalidad y violencia, barriga oligárquica, pecho de ira, brazos masónicos y una pequeña, diminuta cabeza comunista". Colombia, advertía, estaba al borde de caer bajo la Cortina de Hierro. La narrativa conspirativa identificaba al liberalismo con una alianza de masonería y comunismo, y así preparaba ideológicamente lo que en la práctica sería la persecución.
El Siglo, periódico controlado por Gómez, fue instrumento activo de esa política: apoyó la conservatización de los organismos de orden público a partir de 1947 y respaldó la creación de la Unión de Trabajadores de Colombia como contrapeso a la CTC.
En el poder, Gómez y sus aliados llevaron la lógica al terreno. Las sedes de los dos grandes diarios liberales, El Tiempo y El Espectador, fueron incendiadas. Se decretó censura de prensa. La CTC y el Partido Comunista fueron declarados ilegales. La retórica anticomunista, al equiparar liberalismo con comunismo, servía para justificar la persecución simultánea de movimientos campesinos y sindicales, y así la Violencia combinó dos niveles: partidista —masacres en distritos con mayoría o empate liberal— y clasista —represión de organizaciones populares.
En mayo de 1953, Gómez —que había delegado la presidencia en Roberto Urdaneta Arbeláez y regresado más tarde para retomarla— presentó un proyecto de reforma constitucional que abogaba por una democracia cristiana inspirada en principios evangélicos y bolivarianos, con rasgos corporativistas evidentes. El proyecto suprimía la libertad de crítica y el derecho de oposición, declaraba la prensa servicio público y prohibía las sociedades secretas. Era el corolario constitucional de todo lo demás: convertir en régimen lo que hasta entonces era estado de sitio.
En ese ambiente, los intelectuales liberales de izquierda quedaron en una posición imposible. Los jefes del liberalismo fueron víctimas de atentados y muchos salieron del país. Zalamea fue uno de ellos. La persecución no fue solo represión física: fue también persecución cultural en sentido estricto. Funcionarios como Luis Vidales, dirigente del Partido Comunista y figura intelectual de años anteriores, fueron destituidos por motivos ideológicos. El proyecto cultural liberal que Zalamea había ayudado a construir desde el Ministerio de Educación —las revistas, la Comisión de Cultura Aldeana, la biblioteca para la "nueva escuela"— fue desmontado como parte de la operación más amplia de "recristianización" del país.
Es en ese momento cuando la biografía de Zalamea deja de ser la de un funcionario liberal y se vuelve la de un exiliado. El régimen le arrebató el marco institucional dentro del cual su proyecto tenía sentido, y al hacerlo lo empujó hacia formas de actividad —la revista de oposición, el ensayo, la alegoría política, la traducción— que en las décadas anteriores habían sido complementos y ahora tendrían que ser el todo.
Crítica y el exilio
En este período dirigió la revista Crítica, publicación desde la cual se articuló buena parte del disenso intelectual liberal-socialista de la posguerra colombiana. La revista lo consolidó como una de las voces de referencia de la izquierda cultural del momento, y prolongó, en otro registro, el trabajo editorial que había hecho antes desde el ministerio: la convicción de que la política se libraba también en las revistas y no solo en los partidos.
El golpe militar del general Gustavo Rojas Pinilla en junio de 1953 —organizado por el ospinismo cafetero y apoyado por el liberalismo, con autonomía relativa del régimen en sus inicios— derribó a Gómez, quien se exilió en España. Rojas gobernó hasta 1957 con una segunda ola de Violencia rural. Cuando el general intentó afirmarse en un proyecto populista de derecha, se consolidó contra él una oposición de prácticamente todas las fracciones de las clases dominantes, en un contexto donde ya existía entre ellas un acuerdo de largo plazo para dirimir por vía institucional las contradicciones intrapartidistas. La caída de los precios del café desde 1955 y la recesión posterior debilitaron aún más al régimen. En 1957 Rojas cayó, y el año siguiente comenzó el Frente Nacional: un acuerdo entre conservadores y liberales para rotarse la presidencia cada cuatro años mediante elecciones competitivas pero exclusivamente interpartidistas.
Zalamea vivió esos años, en gran medida, fuera. Se instaló largamente en México, país al que consideró su segunda patria y donde figuró incluso como nacional en alguna antología literaria. Allí fundó periódicos y suplementos —entre ellos la segunda edición de Últimas noticias del diario Excelsior—, continuó traduciendo, escribiendo y participando en las redes culturales latinoamericanas que en esa época recibieron también a otros exiliados: militantes del APRA peruano, y más tarde figuras colombianas como el joven Gabriel García Márquez, cuyo primer exilio hacia París en 1955 se explicó por su Relato de un náufrago publicado en El Espectador, texto que lo convirtió en enemigo del régimen de Rojas Pinilla. Carlos J. Villar Borda, considerado uno de los primeros periodistas exiliados colombianos, buscó protección en España en 1956.
El México de Zalamea le proporcionó lo que Colombia le negaba: condiciones de producción intelectual sostenidas. Es en esa reubicación donde maduran las traducciones de Perse y donde toman forma definitiva las alegorías políticas breves —La metamorfosis de Su Excelencia y El gran Burundún-Burundá ha muerto— que hoy sostienen su nombre. El exilio no fue solo derrota; fue también reubicación productiva.
Y sin embargo, hay una nota que la crítica ha subrayado con dureza. En el México donde Zalamea escribió y publicó, la vanguardia poética ya había desplazado la solemnidad modernista. Su registro, un posmodernismo retardado de gravedad ceremonial, quedó fuera de la corriente estética dominante. Lo que mantuvo su nombre vivo en la memoria lectora del continente no fue tanto la sintonía con las poéticas del momento como la fuerza de su personalidad pública, espectacular y de gesto grande. Es una observación incómoda pero justa: incluso en el exilio productivo, la lengua ceremonial que había hecho posible su traducción de Perse le impedía habitar cómodamente su propio tiempo.
La red
La densidad de la vida de Zalamea depende en gran medida de las personas con las que se cruzó. Alfonso López Pumarejo, presidente reformista que lo integró al ministerio y lo envió a México en 1943, fue el patrón político del primer tramo de su carrera. Darío Echandía, hombre clave del liberalismo en el 9 de abril y en los meses inmediatos, opera al fondo de esa jornada como uno de los jefes con los que se cruzó la negociación con Ospina Pérez. Jorge Eliécer Gaitán, compañero suyo en el Grupo de los Nuevos veinticinco años antes del asesinato, era —desde otro lugar del liberalismo, más popular y menos intelectual— la figura cuyo destino trágico determinó el suyo.
Del lado de la acción del 9 de abril, Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar comparten con él la escena de la Radiodifusora Nacional y la ambición de la Junta Provisional. Los tres representaban un liberalismo de izquierda con vocación socialista, cuya breve concurrencia ante los micrófonos de Bogotá quedó como uno de los momentos más precisos —y más frustrados— de la historia política colombiana del siglo XX.
En el campo literario, la red fue igualmente amplia. Su hermano Eduardo Zalamea Borda, autor de Cuatro años a bordo de mí mismo, fue interlocutor cotidiano en Bogotá. Federico García Lorca —con quien tuvo trato durante los años en que ambos frecuentaban las redes hispanoamericanas— y León de Greiff, Rafael Maya y otros poetas colombianos completan una constelación que se movía entre las embajadas, los cafés y las revistas. Los cafés noctámbulos de Bogotá funcionaron como escenario para las tertulias de Los Nuevos, de Piedra y Cielo y más tarde de la revista Mito, fundada en Bogotá en 1955, cuya empresa cultural e intelectual buscaría continuar en los años setenta la Generación sin Nombre. En ese hilo de sociabilidad literaria bogotana Zalamea es una de las figuras de transición: viene de los Nuevos, atraviesa la Violencia, y su presencia como referente ensayístico persiste incluso cuando su lengua queda desfasada respecto de las nuevas poéticas.
Luis Zalamea Borda, otro miembro de la familia, ejerció como gerente de la Empresa de Turismo de Colombia y se dedicó a promover la imagen del país en el exterior a través de contactos con periodistas internacionales.
La huella
Zalamea murió en México en 1969. Su obra escrita —traducciones de Perse, ensayos, las dos novelas breves de alegoría política, la poesía— sostiene una parte de su recuerdo; la otra parte, quizá la más viva, es su papel en el 9 de abril y en la resistencia cultural al gomecismo.
La lectura que tradicionalmente ha organizado su memoria lo presenta como el intelectual que se radicalizó, como si el 9 de abril y el exilio hubieran sido el desenlace natural de una biografía en línea recta hacia la izquierda. Esa lectura es incompleta. La trayectoria de Zalamea no fue tanto una radicalización autónoma cuanto una radicalización por defecto. Durante quince años fue funcionario de élite del liberalismo lopista: secretario general del Ministerio de Educación, encargado interino por dieciocho meses, embajador en México. El proyecto cultural desde el que operaba era transformador, pero se ejercía desde adentro del aparato estatal. El 9 de abril lo obligó a pensar el paso siguiente —de la reforma cultural al gobierno socialista— sin haber construido, en los años previos, la organización política autónoma que hiciera ese paso posible. La disolución del Bogotazo sin cambio de régimen —facilitada por la negociación de los propios jefes liberales con Ospina Pérez— reveló ese vacío con crudeza: la izquierda cultural colombiana carecía de base organizativa capaz de sostener el proyecto político que la muerte de Gaitán pareció abrir.
Lo que vino después fue, en ese sentido, la consecuencia estructural de aquella falta. El régimen de Gómez no solo persiguió a los intelectuales liberales: destruyó el marco institucional dentro del cual su radicalismo tenía existencia efectiva. Los diarios incendiados, la CTC ilegalizada, el Congreso clausurado, los funcionarios destituidos por ideología, el proyecto de reforma constitucional que declaraba la prensa servicio público —todo eso constituyó una operación cultural coordinada. El exilio de Zalamea, y su reconversión en ensayista y traductor desde México, no son entonces solo resistencia: son también el registro de una derrota más honda, la de una intelectualidad que había edificado su capacidad de intervención sobre la base del Estado liberal y que, al perder ese Estado, tuvo que reinventarse en el ensayo, la revista y la alegoría.
Esa reinvención dejó, sin embargo, obra sólida. El gran Burundún-Burundá ha muerto es hoy uno de los textos indispensables para entender la respuesta literaria colombiana a la dictadura y a las formas represivas del período. Sus traducciones de Perse, aunque no encontraron eco amplio en Colombia, permanecen como uno de los momentos de mayor exigencia en la historia de la traducción poética en español. Y su papel en la Radiodifusora Nacional el 9 de abril es uno de los ejemplos más precisos —y también más melancólicos— del modo en que la intelectualidad puede intentar tomar la iniciativa política en un momento de vacío, y del modo en que ese intento fracasa cuando no ha construido, en el tiempo previo, las condiciones que lo harían viable.
Zalamea encarna, en definitiva, la contradicción irresuelta de una generación. Fue funcionario y fue insurgente. Fue cortesano de López y fue voz de la Junta Provisional. Fue traductor exquisito de una lengua que en su propio país no encontró lectores y ensayista político desde un exilio que le dio, a la vez, refugio y desplazamiento. La biografía completa —no la del héroe radical ni la del funcionario tibio, sino la del hombre que ocupó ambos lugares y descubrió, en 1948, que no podían ya ocuparse al mismo tiempo— es el mejor documento que la historia colombiana ha dejado sobre lo que significó ser intelectual liberal de izquierda en el país de la Violencia.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
28 documentos · 38 fragmentos01Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Páginas 55, 712 citas
[1]Zalamea es, además de un programa de gobierno, una defensa de la inde- pendencia del hombre de letras ante la política, y a la vez de su libertad de 54 Capítulo 2 55 participar, si así lo exige su conciencia, en tareas colectivas. «Un pueblo económicamente enfer- mo no puede producir cultura; si ya la tenía, la…
p. 55
[8]número aparecen ilustraciones y fo- tografías sobre los recientes descubri- mientos de los hipogeos de Inzá. En el número 5 se publicó «Máscara de oro de Inzá» de José Pérez de Barradas, y en el 7 «Investigaciones arqueológicas de Tierra Adentro» de Gregorio Her- nández de Alba. Vale la pena anotar que este interés…
p. 71
02Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 951 cita
[2]radicalismo que el movi- miento llegó a tener en algunos mo- mentos, y también la oposición que la política educativa despertaba en sec- tores de la oposición conservadora y de la Iglesia. La escuela primaria urbana y rural Dentro del vasto plan educativo de la administración de Alfonso López Pu- marejo, la difusión y…
p. 95
03El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · Páginas 90, 1072 citas
[3]el equilibrio vital local en aquella relación entre razón autónoma y naturaleza propia. Tal es una de las metas macro más importantes en la nece- saria transformación social de Nariño, Colombia y el mundo. Una conclusión contemporánea sobre este pensamiento es posible: que la introspección y mejor manejo sobre lo…
p. 107
[6]Germán Arciniegas, Guillermo Hernández Rodríguez, Baldomero Sanin Cano, Luis Tejada, Alberto Lleras, Jorge Zalamea y Jorge Eliécer Gaitán, del llamado Grupo de los Nuevos que desplazaron a la ante- rior Generación del Centenario. La acción de éstos llevó a la Revolu- ción (liberal) en Marcha, y el Partido Socialista…
p. 90
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 6941 cita
[4]de la fidelidad al texto, que no impide la inter pretaci ó n; la de la asimilaci ó n a la lengua, sin violar al autor traducido. La impronta modernista de la lengua literaria de Jorge Zalamea Borda posibilit ó la recepci ó n y la -traducci ó n de Saint- John Perse. Su flexibilidad y su sentido del ritmo contribuyeron…
p. 694
05Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1851 cita
[5]la mujer, de su amante, lo torna surrealista: “Su boca amaneció llena de jugo, como si en ella hubiera caído el zumo de las estériles estrellas que murieron en la mañana”. 52 Sus personajes ya no experimentan típicos romances ni expresan cursilerías sino que asesinan, se desprecian, se ignoran, se aman. La muerte y el…
p. 185
06Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 28, 1092 citas
[7]dando en el país suscitaron profundos debates en el campo intelectual de la época. A través de la prensa, de la cátedra, de la política, los intelectuales desempeñaron un papel de primer orden, pues sus intervenciones contribuyeron en muy buena medida a reconfigurar la sociedad colombiana. A finales de los años diez,…
p. 28
[16]Laureano, es un “monstruo” que “se mueve con pies de confusión y estupidez, sobre piernas de brutalidad y violencia que arrastraban su inmensa barriga oligárquica; con pecho de ira, brazos masónicos y una pequeña, dimi- nuta cabeza comunista”. 119 ¿Podía haber diálogo con un rival de esas características? La violencia…
p. 109
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1491 cita
[9]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…
p. 149
08Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 1171 cita
[10]o conceptos que aún después del debate en grupo queden confusos, podrán quedar simplemente enunciados, con el compromiso de que se completará su definición más adelante. La literatura y el Bogotazo Los estudiantes, organizados en los mismos grupos, escucharán un fragmento del re - lato autobiográfico de Gabriel García…
p. 117
09El día del odioJosé Antonio Osorio Lizarazo · 2016 · Página 11 cita
[11]el día del odio J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o el día del odio Osorio Lizarazo, José Antonio, 1900-1964, autor El día del odio / José Antonio Osorio Lizarazo; [presentación, María Mercedes Andrade]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de…
p. 1
10Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 291 cita
[12]llegó también la re vuelta. Mientras tanto, varios jefes liberales fueron a Palacio para hablar con el presidente sobre la difícil situa ción. Ospina continuó en el mando. Los liberales aceptaron colabo rar con él. Varios días permaneció la multitud ebria, sin que nadie la dirigiera. Se diluyó la revuelta en las…
p. 29
11Women's Writing in Colombia: An Alternative HistoryCherilyn Elston · 2016 · Página 781 cita
[13]assassination in 1948, others argue it was caused by the end of 16 years of Liberal rule in 1946 and the persecution of Liberals by Conservatives, and others go back to the election of the Liberals in 1930 and the corresponding assassination of Conservatives. 8. For Bakhtin, language is not unitary or monological but…
p. 78
12Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 201 cita
[14](el «Bo- gotazo») y en muchas poblaciones de provincia, la tepresiOn sindical; la persecucién confesional; los tiroteos en la Camara de Representantes; la clau- sura del Congreso y la instauracién del estado de sitio, que desde entonces ha imperado en Colom- bia, excepto en las breves pausas de normalidad…
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13No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 56, 772 citas
[15]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…
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[32]de matrices ideológicas que abogaban por cambios radicales y violentos del sistema. El inicio del Frente Nacional estuvo marcado por la violencia que se sostuvo durante finales de los años cincuenta en el sur del Tolima, Cauca, Huila y Valle, y que provenían tanto de actores ilegales (cuadrillas de «bandoleros»,…
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14Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 1691 cita
[17]otro más, y los pies de una criatura deforme, formando el conjunto un ser tan espantoso y horroroso que sólo mirarlo causaba la muerte. Nuestro basilisco se mueve con pies de confusión y estupidez, sobre piernas de brutalidad y violencia que arrastran su inmensa barriga oligárquica; con pecho de ira, brazos masónicos…
p. 169
15Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 971 cita
[18]o para impedir a las autoridades que les quitaran las cédulas. La dictadura conservadora (1950-1953) La elección de Laureano Gómez para el periodo 1950-1954 llevó a la ruptura total entre los dos partidos. Las guerrillas liberales crecieron en varias regiones del país, como los Llanos Orientales, el occidente de…
p. 97
16Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2051 cita
[19]baj(m, zarandeados en la misiva liberal. La revolució11 del ordm Gómez tomó posesión de la pres id encia bajo estado de sitio. Conforme al prototipo francés en que se inspira, el estado de sit io no es ni estado de paz ni estado de guerra. El presidente y toda la rama ejecutiva adquier en poderes extraordinarios y…
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17Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · Página 801 cita
[20]Alianza Popular Revolucionaria Americana del Perú, huyeron hacia México en busca de refugio durante esa época. Véase Semana (1987, 23 de noviembre). 100 Dentro de estos casos se encuentra Carlos J. Villar Borda, considerado uno de los primeros periodistas exiliados de Colombia, quien buscó protección en España en…
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18Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Páginas 353, 3964 citas
[21]México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…
p. 353
[22]México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…
p. 353
[30]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
p. 396
[31]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
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19Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Páginas 82, 862 citas
[23]de Wei- mar y el ascenso de Hitler y el nazis- mo. En 1932 regresó al país para ata- car con todo su vigor al partido liberal, a la administración de Olaya y a sus propios copartidarios que osaban co- laborar con el gobierno del cual hasta hacía poco tiempo él había sido su re- presentante diplomático. En 1935, con el…
p. 82
[25]embajada, el 25 de febre- ro de 1950, y para ocupar el cargo nombró a Roberto Urdaneta Arbe- láez. Durante este período fue más clara la influencia que ejerció la or- ganización del estado español en el pensamiento de Laureano Gómez, hasta el punto que uno de sus propó- sitos de gobierno fue la sustitución de la…
p. 86
20Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 2281 cita
[24]el ambiente de la república” (Henderson, 2006: 392), Ospina reaccionó tratando de convertir a la policía en un cuerpo uniformemente conservador y declaran do el estado de sitio en varias regiones del país. i A partir de 1947 se conservatizaron no solo los organismos de control del orden público, sino también las…
p. 228
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2411 cita
[26]los pode- res legislativo y judicial mantuvieran sus acciones claramente delimitadas, mientras al ejecutivo se le otorgaban poderes especiales para determinar los rumbos a seguir en casos de crisis, lo cual, dicho en pocas palabras, era una dictadura civil. En mayo de 1952 se creó la Comisión de Es- tudios…
p. 241
22Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 151 cita
[27]cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…
p. 15
23Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1111 cita
[28]people in the rural areas realize that the government could not respond and would not respond, so poor people took political matters into their own hands in the manner that was most functional to them. They destroyed their enemies, their neighbors, through visceral, brutal violence, and it took years for the nation’s…
p. 111
24¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 861 cita
[29]los diarios liberales El Tiem po y El Espectador a principios de 1 956 y la agresión de agentes del Estado al público en la plaza de toros de la capital ese mismo año. De esta manera, el régimen era criticado no solo como una dictadura militar, sino como una continuación de la represión de las administraciones…
p. 86
25Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Páginas 215, 225, 2333 citas
[33]y gentes anónimas con el vuelo de su malditismo. Vivió largo tiempo en México, su segunda patria, donde murió y alcanzó a figurar, como nacional del país, en alguna antología de re- sonancia. Considerado por la crítica, hoy, como dueño de un posmodernismo retardado, de una solemnidad patética, que había entrado en…
p. 215
[36]forman parte esencial. La coincidencia entre Nadaísmo y medios es clara: los une el afán de impactar y de ganar votos de la audiencia, sin importar los contenidos. Ello coincide hoy con la retórica textual y visual de la cultura light. Podría pensarse que el Nadaísmo eludió, casi por entero, tres condiciones ligadas…
p. 225
[38]glosa e interpreta, hacen que, si- guiendo su libre voz de autodidacta, produzca una obra crítica desigual y matizada —a veces con- tradictoria— por miradas cambiantes. Panorama de ensayos Es común afirmar que en Colombia ha habido críticos, pero no crítica, y que el único verdadero ensayista que ha producido el país…
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26Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · Página 1151 cita
[34]buscando con esto promocionar la imagen del país. Zalamea invitó al norteamericano a que visitara Colombia y este aceptó con una única condición: “Acepto si me llevas en una cacería de jaguar, que entiendo abunda en las selvas colombianas” 315. A Zalamea le pareció bastante generosa, aunque extraña, esta exigencia por…
p. 115
27Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 5761 cita
[35]C O M U N ERO S, Socorro (1943), 152 LOS C R EP U SC U LO S DE ESPAÑ A Y EU RO· PA,Bogotá (1809), 16,17,19 LOS D EB A TES, Bucaramanga (1858), 62 LOS D EC IR E S,B ogotá (1834), 40 LOS M IS E R A B L E S, Bogotá (1963), 169 LOS N UEVO S, Bogotá (1925), 216 LOS P R IN C IPIO S, Bogotá (1852),58 LOS P R IN C IPIO S,…
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28Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 1431 cita
[37]su secretaria - do y buró político. Asistió al VII Congreso de la Comintern y luego fue delegado del pcc en diversas tareas electorales y antifascistas. En el pe - riodo 1946 - 1947 fue diputado de Cundinamarca por el Partido Socialista Democrático. Para la década de 1950, fue demógrafo de la Contraloría Nacional,…
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