Institución · Estados Unidos de Colombia
Masonería
Red de logias que funcionó como infraestructura de sociabilidad del liberalismo radical colombiano entre 1849 y 1886, articulando presidentes, comerciantes, militares y publicistas en torno a un programa de Estado laico, federalismo y tolerancia religiosa que culminó en la Constitución de Rionegro y los Estados Unidos de Colombia.
Trayectoria de una idea
- 1810
Primeras logias en la Nueva Granada
- 1814
Real decreto de Fernando VII contra las asociaciones clandestinas
- 1850
La logia de Bogotá como nudo de la élite liberal
- 1861
Desamortización y tuición de cultos: el programa masónico-radical en acción
- 1863
Constitución de Rionegro: expresión institucional del ideario masónico-radical
- 1885
La Regeneración desmonta el ciclo masónico-radical
La lectura
La masonería colombiana no fue el gobierno oculto que denunciaron los publicistas católicos ni la fraternidad benéfica y neutral que evoca su propia memoria institucional: fue un espacio de sociabilidad política de élite donde se procesaba una parte considerable de la vida pública neogranadina, ofreciendo a los sectores liberales un lugar propio, ajeno a la sotana, para reunirse bajo signos compartidos. Su función fue primordialmente relacional antes que doctrinal: en una república de comunicaciones lentas y partidos incipientes, la logia producía confianza personal entre desconocidos de distintas regiones, daba señal de pertenencia ideológica y arbitraba sin escándalo las diferencias internas. Contribuyó de modo apreciable a formar el frente ideológico del liberalismo radical y a articular el encuentro entre élites empresariales caucanas y extranjeros recién llegados, quienes intercambiaban capital político por capital cultural en un trueque que la logia pactaba sin firma. La lealtad masónica no fue nunca absoluta —compañeros de logia conspiraron entre sí, Bolívar le puso trabas, Samper la ridiculizó—, lo que revela su naturaleza instrumental: un recurso eficaz cuando convergían los intereses, prescindible cuando divergían. Su ciclo de mayor influencia se cerró con la Regeneración de 1885–1886, que restauró el centralismo confesional y desplazó del poder a la burguesía comercial liberal que había hecho de las logias su infraestructura política durante cuatro décadas.
La masonería en Colombia
La masonería en Colombia no fue nunca una sociedad secreta con proyecto propio, ni una hermandad esotérica replegada sobre sus ritos. Fue, sobre todo entre 1849 y 1886, la infraestructura de sociabilidad del liberalismo radical: una red de logias donde presidentes, comerciantes, militares y publicistas coincidían fuera del alcance del confesionario, tejían alianzas, negociaban candidaturas y ensayaban un vocabulario común sobre el Estado laico, la tolerancia y la libertad de imprenta. Bajo esa red circularon las ideas que darían forma a la Constitución de Rionegro y al ciclo de los Estados Unidos de Colombia; contra esa red, y contra su programa, se levantó la Regeneración de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro. Entender la masonería colombiana es, en buena medida, entender por dónde pasó la línea de fractura del siglo XIX: entre el altar y la logia, entre el federalismo laico y el centralismo confesional, entre una élite que quería insertar al país en el circuito mundial y una Iglesia que aún disputaba la legitimidad pública.
Qué fue la masonería colombiana
Conviene desmontar de entrada el mito y el contramito. La masonería colombiana no fue el gobierno oculto que denunciaron los publicistas católicos —una conspiración universal que habría manejado la Independencia y luego el radicalismo como títeres—, pero tampoco la fraternidad benéfica y neutral que evocaría después su propia memoria institucional. Fue algo más modesto y, a la vez, más decisivo: un espacio de sociabilidad política de élite, con ritos, jerarquías, secreto de ingreso y símbolos importados, en el que se procesaba una parte considerable de la vida pública neogranadina.
Su función primordial fue relacional, no doctrinal. En una sociedad donde la Iglesia católica monopolizaba las ocasiones de encuentro público —la misa, la procesión, la cofradía, el colegio—, la logia ofreció a los sectores liberales un lugar propio, ajeno a la sotana, donde reunirse entre iguales bajo signos compartidos. Ese fue su capital: no un dogma alternativo, sino un techo bajo el cual coincidían quienes de otro modo se habrían dispersado. Los presidentes de la Nueva Granada entre 1846 y 1854, según las genealogías masónicas de la época, pasaron todos por alguna logia, incluidos Tomás Cipriano de Mosquera y José Hilario López; una tradición interna llegó a contabilizar hasta veintitrés presidentes colombianos entre sus miembros. La cifra, difícil de auditar, importa menos por su exactitud que por lo que sugiere: la logia fue lugar de paso obligado para quien aspiraba a moverse en ciertos círculos del poder.
De ahí nace también la desmitificación necesaria. La lealtad masónica no fue nunca absoluta ni sustituyó a la lealtad política. Los antiguos compañeros de logia de Juan José Nieto terminaron conspirando contra él bajo la sombra de Mosquera; Simón Bolívar, iniciado él mismo, acabó desconfiando de las logias y poniéndoles trabas por considerarlas disolventes; José María Samper, en su juventud republicana y demócrata, ridiculizó por escrito los títulos de caballero y príncipe soberano, las bandas y los collares, toda la parafernalia jerárquica que le parecía impropia de un liberal. La masonería colombiana fue un recurso instrumental de la élite —eficaz cuando convergían los intereses, prescindible cuando divergían— antes que una organización con voluntad autónoma.
Los orígenes: logias e Independencia
La masonería llegó al virreinato de la Nueva Granada por las mismas rutas que trajeron a Cádiz y a Filadelfia las noticias del siglo: el comercio atlántico, la oficialidad de los ejércitos, los criollos formados en Europa. Hacia 1810 ya existían logias, sobre todo en las ciudades portuarias y en Bogotá, y en ellas se cruzaban comerciantes, militares y artesanos criollos. En ciertos ambientes, pertenecer a una logia era casi condición para circular; el secreto y la jerarquía masónicos ofrecían, además, un modelo organizativo tentador para quienes conspiraban contra la corona.
La historiografía liberal del siglo XIX y comienzos del XX intentaría luego presentar a la mayoría de los próceres como afiliados —operación de propaganda que los historiadores católicos disputaron con vehemencia—. La verdad, más matizada, es que varios de los protagonistas pasaron efectivamente por logias sin quedarse en ellas. Francisco de Paula Santander fue masón; Simón Bolívar también; el argentino Bernardo Monteagudo, presente en la escena bolivariana, igualmente. Pero Bolívar se desengañó pronto. Llegó a expresar por escrito su opinión sobre lo ridículo de los ritos y, ya al mando de la Gran Colombia, obstaculizó la acción de las logias por juzgarlas disolventes de la disciplina republicana. Otros próceres siguieron el mismo camino al percibir que la independencia americana era, para las logias europeas, sólo un pretexto en una agenda mayor.
La organización propiamente independentista, además, no fue una logia. Tomó de la masonería la disciplina, el misterio, la jerarquía y algunos símbolos, pero mantuvo autonomía respecto a ella. Y en el clero mismo hubo masones: el presbítero Juan Nepomuceno Azuero Plata, signatario del Acta de Independencia, es el caso más visible de una minoría eclesiástica que combinó sotana y mandil.
Frente a todo ello, Fernando VII, al volver a España en 1814, publicó el real decreto del 24 de mayo prohibiendo las asociaciones clandestinas. Ese acto fija el clima: para el absolutismo, masonería y sedición eran ya sinónimos; para los criollos, la sospecha realista terminaba de identificar la logia con la libertad. Esa ecuación —masonería = liberalismo = subversión— sobreviviría al imperio y encuadraría todo el conflicto del siglo XIX.
El ascenso: la logia como red de la élite liberal (1849–1863)
El punto de inflexión llega hacia mediados del siglo. Bajo los gobiernos de José Hilario López (1849–1853) y Tomás Cipriano de Mosquera, la logia deja de ser una asociación entre otras y se convierte en el nudo de sociabilidad de la clase dirigente liberal. El testimonio decisivo es el de Salvador Camacho Roldán, que recordó haber conocido hacia 1850 en la logia de Bogotá a Manuel Ancízar —futuro rector, diplomático, cabeza de la Comisión Corográfica— y a Miguel Bracho, entre otros miembros notables de la élite. Es un dato menor sólo en apariencia: significa que en el mismo salón, bajo el mismo rito, se reunían el ideólogo, el hombre de letras, el político en ascenso y el comerciante.
La logia servía para lo que los partidos aún no sabían hacer y la prensa hacía a medias: producir confianza personal entre desconocidos de distintas regiones, dar señal de pertenencia ideológica, arbitrar sin escándalo diferencias internas. En una república de comunicaciones lentas, donde el viaje entre Bogotá y Cartagena era un asunto de semanas, esa red importaba. Junto a ella coexistían las sociedades democráticas, las sociedades de artesanos y —del otro lado— las sociedades católicas, todas caracterizadas por el secreto como condición de ingreso y por su vínculo directo con la actividad política. La transición hacia formas más abiertas de asociación —clubes, casinos, tertulias literarias— vendría después, sin fecha exacta, empujada por el propio crecimiento urbano.
En esa red convergían también los empresarios. El caso del Cauca es ilustrativo: caucanos hacendados y extranjeros recién llegados se encontraban en las logias porque compartían una afinidad ideológica liberal y una concepción modernizadora explícitamente asociada a la masonería. El intercambio era desigual y complementario. Los extranjeros aportaban capital cultural —conocimiento del sistema comercial y financiero, contactos con el mercado internacional, un imaginario de progreso— y prestaban su nombre para razones sociales que blindaban las empresas contra las expropiaciones de las guerras civiles. Los caucanos aportaban capital político: capacidad de negociar con el Estado, de incidir en decretos y contratos, de proteger propiedades cuando las armas cambiaban de dueño. La logia era el lugar donde ese trueque se pactaba sin firma.
Al mismo tiempo, y sin contradicción, la masonería aportaba lenguaje ideológico. Los principios de tolerancia, libertad de conciencia, laicidad del Estado, dignidad del trabajo y hermandad universal —heredados de la Ilustración europea— eran allí ejercitados como código común. Contribuyó de modo apreciable a formar un frente ideológico liberal, aunque no sin costos: la misma tradición reconoce que, hacia mediados del siglo XIX, generó cierta desorientación —una mezcla imprecisa con el vocabulario socialista que apenas empezaba a llegar— y que su liberalismo era más el de una burguesía comercial que el de un proyecto productivo. Esa élite comercial intermediaba entre polos con relaciones sociales distintas —la hacienda esclavista, el resguardo indígena, el artesanado urbano— sin verdadero interés en transformar las relaciones de trabajo y propiedad en el campo.
Los años decisivos: masonería, Rionegro y el radicalismo (1863–1885)
El ciclo de los Estados Unidos de Colombia es el momento en que la coincidencia entre logia y programa político alcanza su máxima densidad. La guerra civil de 1860–1862, ganada por Mosquera con apoyo de los liberales radicales, había desplazado al conservatismo del poder y abierto la puerta a una reescritura completa del orden institucional. La convención se instaló en Rionegro el 4 de febrero de 1863; de ella salió una carta que, sin ser producto directo de las logias, expresaba con inusual fidelidad los principios que allí se cultivaban.
La Constitución de Rionegro dividió el país en nueve estados soberanos con amplia autonomía para dictar sus propios códigos —minero, de tierras, electoral, civil—, redujo drásticamente el poder del Ejecutivo central y estableció un federalismo de amplia envergadura. Garantizó la libertad religiosa, la libertad de expresión y de imprenta, y eliminó la pena de muerte. Era el catálogo liberal llevado al extremo: un Estado mínimo, un individuo máximo, una tolerancia amplia. Bajo esa carta gobernaron, entre otros, Manuel Murillo Toro, Santiago Pérez Manosalbas, Eustorgio Salgar y Aquileo Parra —la nómina del radicalismo, cruzada casi punto por punto con las nóminas de la masonería colombiana—.
El programa radical, sostenido por esa carta, tenía tres ejes visibles y un cuarto tácito. El primero, la erección de un Estado laico orientado a insertar la economía nacional en el circuito mundial. El segundo, la abolición efectiva de la esclavitud —completada bajo el gobierno de López— y la eliminación de trabas al comercio internacional. El tercero, la reforma educativa: en la década de 1870, los liberales radicales instituyeron la educación laica y obligatoria, que se convirtió de inmediato en el frente más candente del choque con la Iglesia. El cuarto, tácito pero decisivo, era el desmontaje del poder económico y simbólico del clero.
Ese desmontaje había comenzado antes. Bajo López se había expulsado a los jesuitas y suprimido el fuero eclesiástico. Después vino el golpe mayor: el Decreto del 9 de septiembre de 1861, expedido por Mosquera en plena guerra civil como Presidente Provisorio de los Estados Unidos de Nueva Granada. La desamortización de bienes de manos muertas adjudicó a la Nación bienes de corporaciones que no podían poseerlos a perpetuidad, con el doble objetivo de dinamizar la circulación de la propiedad raíz y reducir la deuda interior. Motivación fiscal y motivación político-religiosa se anudaban: había que aliviar las arcas, sí, pero también debilitar el poder económico de la Iglesia, señalada como principal fuente de conflicto del siglo. La Constitución de Rionegro mantuvo en vigor esas leyes de 1861 que expropiaron tierras, casas y edificios de comunidades religiosas y ordenaron el cierre de conventos rebeldes.
A la desamortización se sumó la tuición de cultos —el sometimiento del clero a la autoridad civil—, considerada por los propios protagonistas como una de las medidas más drásticas de todo el ciclo. El Decreto de desamortización tuvo, además, efectos concretos sobre la tenencia de la tierra: aumentaron las ventas y los precios, redistribuyendo propiedad hacia los sectores capaces de comprar bonos y presentarse a subastas. Es decir, hacia la misma burguesía comercial que ocupaba las logias.
La logia, en estos años, funcionaba como cámara de resonancia del programa: allí se preparaban candidaturas, se coordinaban campañas de prensa, se digerían las derrotas y se administraba el capital de confianza necesario para gobernar un país fragmentado en nueve soberanías. La influencia masónica se extendió, además, más allá de Colombia: en Brasil y Ecuador, sus miembros llegaron al poder y encabezaron movimientos de reforma social análogos. Colombia participaba de una ola continental.
Frente a esa ofensiva, la Iglesia se atrincheró. En 1864, Pío IX promulgó el Syllabus errorum, síntesis de las posiciones teológico-políticas de la Iglesia contra las ideas liberales y modernas sobre el Estado. El Syllabus declaraba irreconciliables los principios del liberalismo con la doctrina católica y condenaba, entre otras cosas, la autonomía estatal frente a la autoridad eclesiástica. En la Nueva Granada, la recepción fue inmediata: los radicales quedaban señalados desde Roma como herejes, y el conflicto pasó a librarse en un plano doctrinal internacional.
La Iglesia colombiana disponía, sin embargo, de recursos que ningún decreto podía neutralizar del todo. Su situación financiera, aun después de la desamortización, seguía siendo sólida en muchas parroquias; contaba con una aceptación amplia entre las masas populares y con clero suficiente para llegar hasta los rincones más apartados del país. Frente a unos estados soberanos de rentas exiguas y aparato administrativo precario, la Iglesia conservaba una capacidad de movilización que el radicalismo no tenía. Los conservadores movilizaban al pueblo principalmente a través de ella; los liberales debían contentarse con las sociedades democráticas, las sociedades de artesanos y, en cierta medida, las logias —redes más urbanas, más estrechas, más de élite—.
En el plano educativo, la fractura se hizo lenguaje. Los liberales declararon abiertamente que la universidad debía enseñar doctrinas liberales para formar liberales; los conservadores, encabezados por Miguel Antonio Caro, respondieron que el Estado invadía con violencia los derechos de la religión y de la ciencia. Esa fue la llamada "polémica de los textos", que a mediados de la década de 1870 llevaría el conflicto Iglesia-Estado a su punto más alto y prepararía, sin proponérselo, la restauración conservadora.
La derrota: la Regeneración clausura el ciclo (1885–1886)
El ciclo masónico-radical se cerró por la vía militar y jurídica. Rafael Núñez, antiguo liberal reconvertido en artífice de una alianza con el conservatismo, ganó la guerra civil de 1885 y, desde su segunda presidencia iniciada en 1884, dirigió la elaboración de una nueva carta. La Constitución de 1886 revirtió punto por punto la de Rionegro: en lugar del federalismo, un régimen centralista; en lugar del Estado laico, un Estado confesional; en lugar del individuo soberano, un ciudadano restringido por requisitos de alfabetismo y propiedad, con elecciones directas convertidas en indirectas, la prensa sujeta a regulación gubernamental por cláusula transitoria, y hasta la abolición del derecho a portar y traficar armas. Esa carta se mantendría en esencia vigente hasta 1991.
Al año siguiente, el Concordato de 1887, negociado por Núñez con la Santa Sede, selló la restauración. Estableció el catolicismo como religión oficial de Colombia, devolvió a la Iglesia propiedades confiscadas por los gobiernos anticlericales de mediados de siglo, ató la educación pública a los preceptos católicos, abolió el divorcio civil, dio efectos civiles al matrimonio católico y obligó a los poderes públicos a proteger y hacer respetar la religión católica. La Iglesia recuperó, con ganancia, buena parte del terreno perdido.
El contraste con América Latina no puede pasarse por alto. Mientras casi todos los países del continente avanzaron durante el siglo XIX hacia la independencia del Estado frente al poder eclesiástico, Colombia tomó el rumbo inverso: la Regeneración implicó una supeditación del poder civil en ámbitos como la educación y el estado civil de las personas. El país que había llevado el laicismo latinoamericano al extremo con Rionegro terminó siendo, en 1886, uno de los más confesionales del continente.
Las consecuencias fueron duras. El período 1886–1903 quedó marcado por la intransigencia y la represión: cierre de la Universidad Nacional, censura de librepensadores e ilustrados, y tres guerras civiles —la de 1885, la de 1895 y la de los Mil Días (1899–1902)—. El período más amplio, de 1885 a 1930, ha sido caracterizado como uno de "ultraintolerancia", sostenido por el estrecho nexo entre el Estado y la Iglesia católica romana que la Constitución y el Concordato habían formalizado.
Para la masonería, la derrota fue política más que jurídica. Sus miembros perdieron el gobierno, sus programas fueron desmontados, sus aliados extranjeros se replegaron y sus espacios de sociabilidad quedaron bajo sospecha permanente en la esfera pública. El Concordato, con todo, no pudo revertir por completo la desamortización: la circulación de la propiedad que los radicales habían acelerado tenía ya efectos irreversibles. Pero la logia dejó de ser lo que había sido: la antesala natural del poder.
Redes: los nombres, los lugares, las ideas
La masonería colombiana del siglo XIX no fue nunca homogénea. Su geografía la modula. Bogotá concentró las logias de mayor peso simbólico —la que frecuentaron Camacho Roldán, Ancízar, Bracho—; Cartagena y Mompox, con su tradición comercial atlántica y su temprano contacto con logias del Caribe, mantuvieron una vida masónica intensa; Bucaramanga y Socorro, corazón del Santander liberal, la vincularon con el radicalismo santandereano de Aquileo Parra; Popayán y el Cauca la conectaron con la élite hacendada modernizadora y con los empresarios extranjeros; Medellín, en cambio, la vivió con menor densidad, en una Antioquia mayoritariamente conservadora y católica; Panamá, todavía parte del país, sirvió de puente con las logias istmeñas y del Caribe anglófono.
En cuanto a los nombres, la nómina permite reconstruir un mapa. Junto a Mosquera y López como presidentes iniciados, la tradición radical incluye a Manuel Murillo Toro —dos veces presidente, ideólogo del federalismo—, a Santiago Pérez Manosalbas, a Eustorgio Salgar, a Aquileo Parra, a Salvador Camacho Roldán como testigo privilegiado. José María Melo, el general que tomó el poder por breve tiempo en 1854, se movía en ambientes de sociabilidad afines. Ezequiel Rojas, teórico del liberalismo colombiano, y Ramón Gómez formaban parte del mismo horizonte. Y del lado del clero, el presbítero Juan Nepomuceno Azuero Plata muestra que la frontera entre altar y logia, aunque tensa, no fue nunca del todo hermética.
La red no se agota en las personas: incluye a las ideas y a las obras. La Peregrinación de Alpha de Ancízar, la Comisión Corográfica en la que él trabajó, los grandes debates de prensa de la década de 1870, los códigos redactados por los estados soberanos —todos ellos son productos indirectos de esa sociabilidad—. Y a las alianzas empresariales caucanas ya mencionadas: casas de comercio anglo-caucanas, ingenios, empresas de navegación fluvial cuyo capital simbólico se pactaba en la logia y cuyo capital financiero se movía por los circuitos que ella conectaba.
Hay que decirlo con claridad: hablar de "masonería colombiana" en singular sobreestima siempre su coherencia. Coexistieron obediencias distintas, ritos distintos, logias enfrentadas entre sí, tramos de silencio y tramos de actividad febril. La articulación con el radicalismo fue un fenómeno regional y socialmente acotado —más denso en el Cauca y en las ciudades del Caribe que en el interior andino conservador—; el liberalismo colombiano del siglo XIX fue mucho más heterogéneo de lo que una lectura conspirativa admitiría. Lo que hubo fue una convergencia funcional, no una identidad.
La huella larga: tradición radical, movimiento obrero, siglo XX
El desmontaje político de la masonería no equivalió a la extinción de su tradición cultural. En el siglo XX, fragmentada y translocada, esa tradición sobrevivió por rutas inesperadas.
La primera fue la propia continuidad de nombres. Benjamín Herrera, general liberal de la guerra de los Mil Días y candidato presidencial en 1922, fue miembro de la masonería colombiana. Su figura hace de puente entre el ocaso del radicalismo decimonónico y la reorganización del liberalismo del siglo XX.
La segunda, más difusa y más interesante, fue la transmisión de la tradición radical al movimiento obrero naciente. Los valores centrales —tolerancia, libertad de pensamiento, laicidad, dignidad del trabajo— se apropiaron de manera desigual en los círculos obreros de comienzos del siglo XX, transmitiéndose no ya en las logias sino en círculos de estudio, hogares y ritos cotidianos. El arraigo fue mayor en regiones políticamente liberales, sobre todo Barranquilla y Barrancabermeja, pero la influencia alcanzó también a artesanos, trabajadores de la construcción y del transporte en ciudades del interior como Medellín y Bogotá.
El ascenso liberal de los años treinta —con la República Liberal iniciada por Enrique Olaya Herrera y profundizada por Alfonso López Pumarejo— alimentó, entre esos grupos, un cierto mesianismo que remitía, aunque de modo lejano y transformado, a la memoria del radicalismo. Y en las márgenes, figuras como Julia Ruiz —ex monja convertida en anticlerical radical, que convivió con el anarquista Biófilo Panclasta— ilustran cómo el anticlericalismo forjado por el ciclo masónico-radical del siglo XIX se decantó hacia formas nuevas, obreras y libertarias, a comienzos del XX.
No fue una continuidad limpia. Ignacio Torres Giraldo, dirigente comunista, denunció en los años treinta la presencia de hechiceros y adivinos en las propias filas del Partido Comunista, calificándolo como un "lastre artesanal": la cultura política ilustrada y radical convivía en tensión permanente con las prácticas populares —religiosidad popular, curanderismo, ritualidad de origen campesino— que el radicalismo del siglo XIX nunca había logrado disolver. La herencia era real, pero también incompleta.
La memoria del ciclo, entretanto, quedó marcada por sus dos leyendas rivales. La leyenda liberal exaltaba a los radicales como fundadores de las libertades modernas del país, injustamente derrotados por una reacción clerical. La leyenda conservadora, sedimentada por la Regeneración y consolidada por la Iglesia durante la ultraintolerancia de 1886–1930, presentaba a la masonería como origen de todos los males: la desamortización, la guerra civil, la persecución del clero, la disolución de las costumbres. Ambas leyendas siguen operando, atenuadas, en la historiografía y en la memoria pública.
El balance sereno dice otra cosa. La masonería colombiana no gobernó nunca al país; sirvió, en cambio, como plataforma donde el liberalismo radical se pensó a sí mismo, articuló a sus élites, negoció con capital extranjero y construyó el vocabulario del Estado laico. Su eficacia dependió siempre de la convergencia coyuntural entre sus miembros; cuando esa convergencia se rompió —por las derrotas militares, por la Regeneración, por la reconciliación entre Núñez y el conservatismo—, la logia perdió su función. Pero el sedimento cultural que había ayudado a formar —la tolerancia, la libertad de conciencia, la separación entre Iglesia y Estado como aspiración— sobrevivió a la Constitución de 1886, atravesó el siglo XX en el movimiento obrero y en los liberalismos regionales, y reapareció, transformado, en las discusiones que llevaron a la Constitución de 1991, cuando por fin cayó el modelo confesional que la Regeneración había impuesto.
La masonería colombiana fue menos de lo que sus enemigos temieron y más de lo que sus adherentes admitieron. No una conspiración universal, sino una infraestructura de sociabilidad. No una fraternidad benéfica y neutra, sino una plataforma política de élite. En el arco que va de Bolívar a Benjamín Herrera, ese objeto histórico ambiguo trazó una de las líneas maestras por las que corrió el conflicto colombiano del siglo XIX, y dejó una herencia cultural cuya última palabra —si es que existe— aún no se ha dicho.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Salvador Camacho Roldán — testigo y miembro de la logia de Bogotá hacia 1850
- 02Tomás Cipriano de Mosquera — presidente y masón, impulsor de la desamortización de 1861
- 03José Hilario López — presidente masón, expulsó a los jesuitas y suprimió el fuero eclesiástico
- 04Simón Bolívar — iniciado masón que terminó obstaculizando las logias por considerarlas disolventes
- 05Francisco de Paula Santander — masón y figura clave del liberalismo neogranadino
- 06Juan Nepomuceno Azuero Plata — presbítero masón, signatario del Acta de Independencia
- 07José María Samper — republicano demócrata que criticó con ironía la parafernalia jerárquica masónica
- 08Constitución de Rionegro (1863) — expresión institucional del ideario masónico-radical
- 09Liberalismo radical — corriente política cuya infraestructura de sociabilidad fueron las logias
- 10Regeneración — movimiento que clausuró el ciclo de influencia masónica en la política colombiana
- 11Estado laico — concepto central cultivado y difundido desde las logias colombianas
- 12Bogotá — sede de la logia más documentada del siglo XIX colombiano
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
31 documentos · 39 fragmentos
01Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 125, 1282 citas
[1]me- ramente politicas. Fue auténoma, aunque tomé de la masoneria su disciplina, su misterio, su jerarquia y tam- bién algunos de sus simbolos...” »La propaganda ha tratado de hacer aparecer a la mayoria de los préceres... como afiliados a las logias, lo cual ha sido discutido con vehemencia por historia- dores…
p. 128
[2]mento alguno, como estudios recientes han demos- trado) como primer Gran Maestre del Gran Oriente Na- cional. Segdn estas mismas fuentes, le sucedieron en el cargo el conde de Montijo, el general Riego e in- cluso el infante Francisco de Paula. Todas estas afilia- ciones, mds que dudosas, alimentaron sin duda la opi-…
p. 125
02Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 214, 2162 citas
[3]1623, año en que el dero enemigo de La - depondencia y algunos criollos su mún confisban en la cansa del emprendieran contra Las Idea ma goblerno, en las po- siciónes más e de la jerarquia militar y, en fin, entre comere e incipientes artesanos, la pertemen- cia a alguna logía masónica era cas| TD e pam s te mar Y rm…
p. 216
[30]religión Católica, Apostólica, Romano es lo res ligión de la República. Es un debor del gobierno, en ejercicio del patro- mato de la Iglesia colombiana, prote- gerda y no tolerar el culto público de ninguna otras, Adquirió asíel Estado un carácter confesional y de intole- rancia hacia cualquier culto que no fuera el…
p. 214
03Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 212, 3232 citas
[4]de ellos, como los Mier en Mom- pox, siendo jóvenes, con el entonces capitán Nieto al iniciarse la campaña del Supremo Carmona por el río hacia Ocaña y el desastre de Tescua. En una tenida solemne, se bautizó la nueva logia sabanera como "Luz del Carmen No. 2 1 ". Los Mier y los otros comisionados regresaron a su…
p. 323
[8]por la antiélite ideológica. Aparte de la oposición del papado y otros grupos e institu- ciones conservadoras, no han faltado críticos q u e, como el repu- blicano demócrata J o s é María Samper, creían risible " t e n e r títulos de caballero y príncipe soberano, así como unos cuantos alcornoques tenían los de…
p. 212
04Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3571 cita
[5]Política,” in La Civ- ilización, 4 October 1849. 8. Otto Morales Benitez, “Florentino González.” 9. For Vicente Lombana and the Golgota founding of the Escuela Republicana, see Sowell, Early Colombian Labor Movement, 63. 10. For Lleras as leader of the Draconianos faction, see Sowell, Early Colombian Labor Movement,…
p. 357
05Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3141 cita
[6]más abierta, libre en la adhesión de individuos y al margen del control estatal. Antes había predominado una sociabilidad más cerrada y vinculada a la actividad política, como en las logias masónicas, seguidas por las sociedades democráti- cas o sociedades católicas, en las cuales el «secreto» era la premisa para…
p. 314
06Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 1972 citas
[7]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
[21]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
p. 192
07Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 2111 cita
[9]y Pintura (1847), la Academia de Santo Tomás de Aquino (1857), que fue fomentada por los religiosos dominicos, u n a Sociedad Protectora del Teatro y u n a Sociedad de Lectura que tuvieron u n a existencia efímera. Pero si no se cuenta con trabajos acerca de este tipo de asociaciones constituidas de u n a manera…
p. 211
08Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1101 cita
[10]la Indepen- dencia. Este cambio, sin embargo, era más rápido cuando la situación de demanda (doméstica y externa) hacía irresistible para la clase dirigente la posibilidad de enormes ganancias. Durante el período 1845-1885las riendas del gobierno estuvieron en manos de los liberales radicales (o "gólgotas", como se…
p. 110
09Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1102 citas
[11]de trabajo forzoso que se consolidan por medio de las deudas, el poder político local de los terratenientes y la influencia ideológica del clero. Como el liberalismo de esta época representa los intereses bá- sicos de una burguesía comercial, no productiva, que intermedia polos con distintas relaciones sociales, polos…
p. 110
[12]de trabajo forzoso que se consolidan por medio de las deudas, el poder político local de los terratenientes y la influencia ideológica del clero. Como el liberalismo de esta época representa los intereses bá- sicos de una burguesía comercial, no productiva, que intermedia polos con distintas relaciones sociales, polos…
p. 110
10Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1271 cita
[13]La expansión norteamericana afec- tó también a Colombia, al estimular la escisión de Panamá, con la finalidad de apoderarse del Canal. La interven- ción norteamericana fue el resultado del fracaso de sus gestiones con Co- lombia para construir un canal. Al ser rechazado por el Congreso colombia- no el tratado…
p. 127
11Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 215, 2182 citas
[14]llegada de empresarios extran jeros, con los que tenían no sólo afinidad ideológica de corte liberal, sino también la concepción modernizadora que ofrecían las asociaciones masónicas de las cuales hacían parte. F u e n t e s La Paz (1880): Popayán. La Voz del Cauca (1873): Popayán. Notaría Primera de Cali (1879 y…
p. 218
[16]Uribe y Bertin, en la cual el capital aparece aportado únicamente por Bertin y los Uribe, y no por él, lleva a pensar que en realidad el capital aportado por el francés era de su propiedad y que Bertin sólo prestaba su nombre para proteger los intereses de un amigo con el que tuvo importantes negocios. A m a n e r a d…
p. 215
12Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1931 cita
[15]Buenaventura. Para esto, estratégicamente dichos extran - jeros se unieron con caucanos que aportaron capital monetario, cono - cimiento de la región y, sobre todo, “capital político” para negociar o incidir en el Estado. El principal capital aportado por los extranjeros consistía en el capital cultural relacionado…
p. 193
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1571 cita
[17]magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…
p. 157
14¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 cita
[18]garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…
p. 65
1530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 941 cita
[19]desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…
p. 94
16Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 851 cita
[20]poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…
p. 85
17Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 471 cita
[22]n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar, – (Medellín, ), – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…
p. 47
18Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 471 cita
[23]n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar, – (Medellín, ), – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…
p. 47
19Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 531 cita
[24]Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…
p. 53
20La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1431 cita
[25]síntesis de las posiciones teológico políticas sostenidas por la Iglesia católica contra las ideas liberales y modernas sobre el Estado que se habían desarrollado durante el siglo XIX. Eran principios políticos irreconcilia- bles. De acuerdo con los principios liberales, el Papa y los ministros de la Iglesia se debían…
p. 143
21Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2652 citas
[26]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
[27]par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…
p. 265
22Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3421 cita
[28]nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…
p. 342
23Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 cita
[29]and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…
p. 109
24De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[31]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
25De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[32]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
26Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 cita
[33]for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…
p. 35
27Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[34]el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…
p. 10
28Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1971 cita
[35]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
p. 197
29Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3331 cita
[36]V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…
p. 333
30Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1151 cita
[37]no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…
p. 115
31Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 94, 1092 citas
[38]Benjamín Herrera y Leo Kopp entre otros (Historia de la Masonería Colombiana. Bogotá, 1975). (22) Carlos Uribe C., Los Años Veinte..., pp. 36-43 y Gilberto Mejía, El Comunismo... p. 17. En las crónicas urbanas de Osorio Lizarazo aparecen varias pitonisas y adivinas vinculadas a los grupos obreros. Una de ellas, Julia…
p. 109
[39]círculos de estudio, los hogares y los ritos cotidianos, la tradición radical va siendo apropiada por los nacientes grupos obreros. "La tolerancia y la libertad de pensamiento", decía un periódico obrero en 1916, "son las bases sobre las cuales descansa la prosperidad y el engrandecimiento de las sociedades…
p. 94