José María Samper
Transversal
1828–1888
La biografía
José María Samper Agudelo (Honda, 1828 – Bogotá, 1888) fue el más versátil y contradictorio de los intelectuales colombianos de su siglo: poeta, dramaturgo, cronista de viajes, ensayista, jurista, diplomático, parlamentario y, sobre todo, teórico de la nación en tránsito. Escribió sin descanso durante cuatro décadas —el Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas, publicado en París en 1861, es su obra mayor— y firmó, ya al final de su vida, la Constitución de 1886 como delegatario por el Estado de Bolívar. Entre esas dos fechas cabe toda la historia política del país: la del liberal radical anticlerical que en su juventud denunció el aparato eclesiástico y colonial, y la del regeneracionista maduro que ayudó a sepultar el federalismo. Su itinerario no fue el capricho de un converso, sino la biografía en carne propia de una élite letrada que reordenó sus lealtades cuando el orden social le pareció más urgente que las banderas doctrinarias. Comprender a Samper es comprender cómo, en la Colombia decimonónica, las fronteras entre liberalismo y conservatismo se disolvieron por dentro, sin que nadie tuviera que renegar del todo.
Línea de vida
- 1828
Nacimiento en Honda
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Nació en Honda, puerto sobre el río Magdalena que articulaba el comercio entre el interior andino y el Caribe, entorno que marcaría su sensibilidad territorial y su prosa costumbrista.
- 1854
Reacción ante la dictadura de Melo
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Tras el golpe del general José María Melo con apoyo artesanal, Samper y otros miembros de la Escuela Republicana —Camacho Roldán, Galindo— se identificaron nuevamente con la élite dominante y comenzaron a tornarse escritores y oradores más ortodoxos, en un primer viraje silencioso hacia posiciones más conservadoras.
- 1861
Publicación del Ensayo sobre las revoluciones políticas en París
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Publicó en París su obra mayor, concebida como réplica a los juicios pesimistas de observadores europeos sobre las repúblicas americanas y como programa de acción liberal. En ella criticó el centralismo, monopolio, fiscalismo e intervencionismo del Estado español y la Iglesia colonial, describió al 'elemento peninsular o tradicionalista' como freno a las transformaciones republicanas, y ofreció una radiografía del caudillismo que sería referencia historiográfica posterior.
- 1863
Participación en la vida pública bajo la Constitución de Rionegro
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Activo en la Colombia federal surgida de la Constitución de Rionegro, Samper escribió, litigó, legisló y ocupó cargos diversos como liberal ferviente, defensor del libre cambio y del federalismo.
- 1870
Distanciamiento del liberalismo radical
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Comenzó a criticar al Partido Liberal con acritud creciente, reprochándole haber producido una 'oligarquía sapista' y afirmando que 'el partido liberal se ha perdido por exceso de fuerza y falta de responsabilidad'. Fue uno de los capitanes más visibles del movimiento liberal aburguesado que buscaba acuerdos con los conservadores.
- 1880
Incorporación al conservatismo
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Se incorporó formalmente al conservatismo, siendo seguido por Camacho Roldán, Camilo A. Echeverri, Ramón Santodomingo Vila, Nicolás Pereira Gamba y otros liberales, en un desplazamiento colectivo inscrito en el proceso más amplio que desembocaría en la Regeneración.
- 1886
Firma de la Constitución de 1886 como delegatario por el Estado de Bolívar
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Participó en el Consejo Nacional de Delegatarios que redactó la Constitución de 1886, texto que reemplazó el federalismo por un régimen centralizado, declaró el catolicismo religión de la nación y subordinó la educación pública a la Iglesia, negando en muchos puntos los principios que él mismo había defendido veinte años antes.
- 1888
Muerte en Bogotá
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Murió en Bogotá en 1888, dos años después de firmar la Constitución que enmarcaría al país durante casi un siglo, cerrando una trayectoria que recorrió el arco completo del pensamiento político colombiano decimonónico.
La semblanza: un hombre de su siglo
Samper es lo que la historiografía llama, cuando quiere ser generosa, una figura representativa; y lo que la crítica llama, cuando quiere ser severa, un veleta ilustrado. Ambas descripciones se quedan cortas. Perteneció a la generación de los radicales del siglo XIX —esa constelación en la que también brillaron Salvador Camacho Roldán, Aníbal Galindo, Manuel Murillo Toro, Manuel Ancízar, Florentino González y José María Rojas Garrido— y compartió con ellos el fervor por el libre cambio, la admiración por el constitucionalismo inglés, la lectura de Tocqueville que su hermano Miguel practicaba con más disciplina, y una fe casi religiosa en la iniciativa individual y la ley escrita como remedio de los males sociales.
Lo distinguió de sus pares el temperamento. Donde Miguel Samper aportaba realismo analítico y contención, José María ponía lo que Jaramillo Uribe llamó su "elemento romántico": un impulso lírico que empujaba sus escritos hacia la exaltación, hacia el retrato costumbrista, hacia la teoría totalizante. Esa vena romántica, virtud y flaqueza a la vez, explica tanto la potencia expresiva del Ensayo como la facilidad con la que, más tarde, sus decepciones lo llevarían a cruzar la trinchera. Miguel envejeció como liberal mesurado y crítico; José María, como conservador de la Regeneración. Los mismos libros habían leído, la misma economía política defendían, las mismas admiraciones profesaban: la diferencia estuvo en cómo cada uno tramitó la desilusión.
Su pluma abarcó todo lo que su siglo consideraba materia digna: el drama y la poesía, el artículo de costumbres y la crónica de viaje, el tratado histórico y el opúsculo jurídico, el discurso parlamentario y la memoria autobiográfica. Escribió Historia de un alma, donde consignó, entre otras cosas, sus juicios sobre las veleidades ideológicas y el autoritarismo personalista del general Tomás Cipriano de Mosquera. Publicó Los partidos en Colombia, referencia posterior para el estudio de la vida política del país. En cada uno de esos géneros dejó huella; en ninguno alcanzó la depuración que otros lograron en uno solo. Fue, en el sentido más literal, un hombre del siglo XIX colombiano: incansable, disperso, elocuente, contradictorio.
Los orígenes: Honda, la formación liberal y la Escuela Republicana
Nació en 1828 en Honda, puerto sobre el Magdalena que entonces articulaba el comercio entre el interior andino y el Caribe. Ese paisaje ribereño, con sus bogas, sus arrieros, sus mercados de plaza y su mezcla racial, quedaría fijado en su prosa costumbrista y en la sensibilidad territorial que atraviesa sus escritos. El neivano polivalente que años más tarde retrataría en el Ensayo —pastor, agricultor, pescador, tratante y peón asalariado, todo a la vez— es en parte un retrato desde la memoria del Tolima Grande de su infancia.
Se formó en el clima intelectual de la primera República: el santanderismo tardío, el bentamismo, el republicanismo francés, la lectura ávida de la Revolución de 1848 europea. Como tantos jóvenes de su clase, ingresó tempranamente al periodismo y a la política. Hacia mediados del siglo militó en la Escuela Republicana, esa asociación de jóvenes liberales de Bogotá que, en el ambiente electrizado por las reformas de mediados de siglo, defendió el ideario radical y estuvo cerca —al menos discursivamente— del artesanado organizado en las sociedades democráticas.
Ese acercamiento tuvo límite. Cuando el 17 de abril de 1854 el general José María Melo tomó el poder con apoyo artesanal, y los liberales gólgotas, los conservadores y los draconianos moderados se aliaron para derribarlo, algo se rompió dentro de la Escuela Republicana. Los Samper, Camacho Roldán y Galindo, antiguos miembros de esa escuela, volvieron a identificarse con la élite dominante y comenzaron a tornarse escritores y oradores más ortodoxos. Era el primer viraje, silencioso y colectivo, del que el segundo —el del propio Samper hacia el conservatismo tres décadas después— sería solo la consumación explícita. El susto de 1854, con su fantasma de subversión de clases, marcó a esta generación tanto como los libros que leía.
La trayectoria: del Ensayo de 1861 a la Constitución de 1886
Samper vivió su período más productivo durante la larga estadía europea de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. En París publicó, en 1861, el Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas, obra concebida como réplica a los juicios pesimistas de observadores europeos sobre el porvenir de las repúblicas americanas y como programa de acción para las generaciones futuras del continente. Era, en el mejor sentido, un libro-manifiesto: crítica del pasado colonial, defensa del proyecto liberal republicano y hoja de ruta hacia la modernización.
En el Ensayo, Samper cargó contra el Estado español y la Iglesia colonial, a los que caracterizó como centralistas, monopólicos, fiscalistas, intervencionistas y omnipresentes. La Colonia, en su lectura, había sido un sistema paralizante que impidió el desarrollo económico, la libertad de conciencia y la formación de una ciudadanía. También describió al "elemento peninsular o tradicionalista" —terratenientes, militares, propietarios de esclavos, clero, curiales, profesores titulados favorecidos por las instituciones coloniales— como el grupo social que había gobernado el país hasta mediados del siglo XIX y que resistía las transformaciones republicanas. Ese análisis de clase, hecho desde la izquierda del liberalismo, sería recuperado después por historiadores muy alejados de sus simpatías políticas. Su descripción del caudillismo —el caudillo que empieza militar, se hace civil, deviene jefe del partido triunfante, Supremo Magistrado y Pontífice Máximo, repartidor de gracias, empréstitos y expatriaciones— sigue siendo una radiografía útil del período de la Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia.
El Ensayo fue también un ejercicio comparatista. Buscaba explicar por qué las repúblicas hispanoamericanas se movían entre revolución y anarquía mientras otras naciones consolidaban instituciones estables. Su método —revisar el legado español, medir su peso sobre las instituciones presentes, proyectar un programa de reforma— sería adoptado por casi todos los escritores de la segunda mitad del siglo XIX que se ocuparon de temas similares. Samper inauguró, si no un género, sí un tono: el del intelectual liberal que interroga el pasado colonial para legitimar la revolución del presente. Contra ese tono se organizaría la historiografía conservadora de José Manuel Groot y otros, que rescataría la herencia hispánica como matriz civilizatoria.
De regreso al país, Samper participó en la vida pública de la Colombia federal. El período que va de la Constitución de Rionegro (1863) a la Regeneración fue de una turbulencia política extraordinaria: soberanías estatales enfrentadas, guerras civiles regionales, prensa combativa, hacienda pública precaria. La Constitución de Rionegro había garantizado libertad religiosa, libertad de expresión e imprenta y mantenido la abolición de la pena de muerte; prolongó además el conflicto con la Iglesia al no revertir las leyes de desamortización de 1861 y al impulsar una reforma educativa laica. Samper, todavía liberal ferviente, escribió, litigó, legisló y ocupó cargos diversos.
Pero algo empezaba a agrietarse. En algún momento de los años setenta comenzó a criticar al Partido Liberal con acritud creciente. Le reprochó haber producido una "oligarquía sapista" y afirmó, en frase que resume su desencanto, que "el partido liberal se ha perdido por exceso de fuerza y falta de responsabilidad". Fue uno de los capitanes más visibles del movimiento dentro del liberalismo aburguesado que buscaba hacer arreglos con los opositores conservadores. Poco después se incorporó al conservatismo. Detrás suyo —o al lado suyo, en un desplazamiento colectivo— siguieron Camacho Roldán, Camilo A. Echeverri, Ramón Santodomingo Vila, Nicolás Pereira Gamba y otros liberales cuyos nombres habían sido, apenas una década antes, sinónimos de radicalismo.
Ese tránsito individual se inscribió en un proceso mayor. La guerra civil de 1876-1877, precipitada por la oposición conservadora y clerical al proyecto de educación laica de Aquileo Parra, duró once meses y costó el 118 % del presupuesto nacional aprobado para 1878. La muerte de Manuel Murillo Toro en 1880 dejó al radicalismo sin su figura tutelar. Rafael Núñez encabezaba ya una tendencia de liberales independientes dispuestos a pactar con los conservadores. La guerra civil de 1884-1885 selló la derrota del radicalismo. Los vencedores convocaron un Consejo Nacional de Delegatarios que se instaló en Bogotá en noviembre de 1885, con dieciocho miembros —conservadores e independientes—, para redactar una nueva Constitución.
Samper fue uno de esos delegatarios, en representación del Estado de Bolívar. La Constitución fue dada en Bogotá el 4 de agosto de 1886. Reemplazó el federalismo por un régimen centralizado, unificó los códigos y la administración pública, declaró el catolicismo religión de la nación y dispuso que la educación pública se organizaría en concordancia con la Iglesia. El Concordato de 1887, firmado con el Vaticano, otorgó a la Iglesia incidencia importante en los asuntos educativos, dio efectos civiles al matrimonio católico, obligó a los poderes públicos a proteger la religión católica y ratificó la libertad de la Iglesia frente al poder civil. El discurso de instalación de Núñez ante el Consejo —reclamo por la unificación de los códigos y de la administración pública— sirvió de marco doctrinal a los constituyentes. Samper firmó ese texto que en muchos puntos era la negación exacta del que él mismo había defendido veinte años antes.
Murió en Bogotá en 1888, dos años después de firmar la Constitución que enmarcaría al país durante casi un siglo.
El pensamiento: liberalismo económico, romanticismo político, giro conservador
La biografía intelectual de Samper puede leerse, sin traicionarla, como una sola idea recorrida en dos sentidos opuestos: la búsqueda del orden institucional eficaz. En 1861 ese orden se llamaba libertad, y su enemigo era el Estado colonial centralista y omnipresente. En 1886 ese orden se llamaba autoridad, y su enemigo era el federalismo caótico e impotente. Entre uno y otro polo no hay tanto conversión como simetría: el mismo diagnóstico —el Estado no funciona— aplicado a coyunturas inversas.
En economía, Samper fue liberal fervoroso y consistente. Compartía con Miguel la admiración por el libre cambio, la fe en que las tierras no explotadas —ese "fondo inmenso de valor de esperanza"— solo se realizarían cuando las vías de comunicación permitieran acarrear sus productos al mercado, y la convicción de que la iniciativa individual y la ley escrita bastaban para resolver los problemas sociales. Ese último punto es donde se abría la brecha con su hermano. Miguel, con más frialdad, terminó reconociendo que la ley de disolución de resguardos indígenas —en cuya expedición participó— había sido "inconsulta", aplicada sin previo estudio de los hechos sociales, y había pauperizado al campesinado. José María, más romántico y más totalizante, rara vez volvió sobre sus errores con esa lucidez. Su liberalismo económico se sostuvo, casi intacto, cuando su liberalismo político ya se había extinguido.
En materia religiosa, el arco es más dramático. El furibundo anticlerical que combatió el peso del clero colonial y celebró las leyes de desamortización terminó firmando una Constitución que consagraba el catolicismo como religión de la nación y subordinaba la educación pública a la Iglesia. Ese giro es, para muchos, la prueba definitiva de su apostasía. Pero conviene mirarlo con cuidado. El anticlericalismo de mediados de siglo era, en Samper como en toda su generación, un anticlericalismo político —contra el poder temporal, económico y educativo de la Iglesia colonial— antes que una hostilidad metafísica. Cuando la Iglesia dejó de ser aliada del proyecto colonial y pasó a ser potencial socia del proyecto de orden, la coherencia doctrinaria se aflojó. En la Regeneración, la Iglesia era instrumento de cohesión social; y Samper, como la mayoría de su cohorte, priorizó la cohesión.
Sobre la cuestión racial y social, sus escritos participaron de la visión que las élites católico-liberales colombianas del siglo XIX compartían sobre los grupos populares —negros, mulatos, indígenas—, tanto por su fenotipo como por sus costumbres, dentro del proyecto liberal de "civilización" contra "atraso y barbarie". Su costumbrismo folclórico, heredero del romanticismo europeo, retrataba con simpatía al neivano, al boga del Magdalena, al arriero, pero los inscribía en una jerarquía civilizatoria que naturalizaba las distancias sociales. Miguel Samper describía a muchos "ricos" colombianos como antiguos obreros que habían acumulado capital mediante trabajo y privaciones, empezando como cargueros y arrieros: era la fábula meritocrática republicana que ambos hermanos compartían, y que Samper matizaba con su elemento romántico pero no cuestionaba en su núcleo.
Su obra historiográfica —el Ensayo como pieza mayor, sus artículos y opúsculos como constelación menor— fue leída, tanto por admiradores como por críticos, como parte de la construcción liberal del pasado nacional. La historiografía liberal del siglo XIX, en la que Samper ocupa lugar prominente, forjaba críticamente el pasado colonial para legitimar los proyectos revolucionarios del presente. La historiografía conservadora, representada por Groot y otros, rescataba esa herencia para reconstituir el orden. Ambas coincidían, sin quererlo, en un punto: el pasado colonial era el campo de batalla donde se decidía el sentido del presente. Samper, al firmar en 1886, cambió de bando en esa batalla sin escribir un tratado que lo justificara doctrinariamente. Su conversión quedó, en buena medida, sin teorizar; y esa ausencia es también un dato.
La red: hermanos, cónyuge, contemporáneos, adversarios
Ninguna biografía del siglo XIX colombiano se entiende sin sus redes familiares e intelectuales, y Samper es caso privilegiado. Su hermano Miguel Samper Agudelo —hombre prestigioso, extraordinariamente mesurado y sereno, varias veces ministro, autor de Libertad y orden— fue su interlocutor permanente y su contrapunto natural. Compartían las mismas ideas básicas, las mismas fuentes de formación, la misma admiración por el constitucionalismo inglés. Miguel, sin embargo, permaneció crítico frente a la Regeneración; en Libertad y orden denunció que la forma de gobierno del régimen era republicana en apariencia pero concentraba el poder de manera que contradecía ese principio. Ese desencuentro entre los hermanos —uno firma la Constitución del 86, el otro la critica— es, quizás, la mejor síntesis dramática del dilema que atravesó a toda la élite liberal.
Su matrimonio con Soledad Acosta —hija del general y geógrafo Joaquín Acosta— añadió otra dimensión a su vida intelectual. Soledad Acosta de Samper fue una de las escritoras más prolíficas del siglo XIX colombiano: historiadora, novelista, editora de revistas femeninas, colaboradora de la prensa continental. Compartieron proyectos editoriales y años de trabajo en común. La figura de Samper, sin la de Soledad, queda incompleta como empresa cultural.
En el mundo político, sus interlocutores fueron Manuel Murillo Toro, Salvador Camacho Roldán y los otros radicales de la generación; en el conservatismo, José Eusebio Caro, Miguel Antonio Caro, Sergio Arboleda y, finalmente, Rafael Núñez. La proximidad tardía con Núñez lo alineó con el proyecto regenerador. Con Mosquera mantuvo relaciones tirantes: sus juicios en Historia de un alma sobre las veleidades ideológicas y el autoritarismo personalista del general dejan constancia de esa distancia. Con Miguel Antonio Caro compartió la mesa de los delegatarios de 1886, aunque las genealogías intelectuales de ambos —el hispanismo católico de Caro frente al liberalismo secularizado de Samper— fueran de origen opuesto.
Su vida transcurrió entre ciudades: Honda de la infancia, Bogotá de la formación y la política, París de la escritura mayor, Lima y Valparaíso y las repúblicas del Río de la Plata en sus viajes americanos, Cartagena en la representación política tardía. Fue un hombre del Atlántico intelectual del siglo XIX, moviéndose con soltura entre Europa y América, escribiendo desde el exilio voluntario y desde el interior del poder, siempre con la conciencia de estar interpretando su país para audiencias que a veces estaban lejos. Sus escritos de viaje declararon abiertamente esa función cívica: hacer partícipes a sus compatriotas de las impresiones recibidas en países más adelantados, para promover la reflexión sobre la situación nacional con miras al interés general.
El periodismo fue su otro campo de operaciones. En una Colombia donde la prensa tenía valor estratégico para ganar adeptos políticos y donde resultaba muy difícil, en momentos de tensión, separar la actividad literaria de las posiciones políticas, Samper participó activamente. Revistas como El Mosaico cambiaron de orientación política según quién las dirigiera —conservó una identidad elitista en sus primeros años y, pasada la guerra civil de 1860-63, giró hacia el radicalismo cuando el liberal Felipe Pérez asumió su dirección en julio de 1865, en cabeza de una "asociación progresista"—, y ese vaivén ilustra el ambiente en el que Samper escribía. Los artículos de costumbres, género que él practicó con destreza, fueron usados tanto por liberales para desdeñar el pasado colonial como por conservadores para defender la tradición; pero ambas corrientes coincidieron en emplearlos para contraponer lo nacional a la influencia francesa e inglesa y para dar a conocer el país en el extranjero. En ese punto de convergencia instrumental sobre lo autóctono, Samper se movió con la comodidad del que sabe que la nación es también un artefacto retórico.
La huella: cómo se lo recuerda y se lo disputa
La imagen póstuma de José María Samper no ha sido nunca del todo estable. En el siglo XX, la historiografía liberal lo reivindicó como precursor —el hombre del Ensayo de 1861— y la historiografía conservadora lo reclamó como figura fundadora de la Regeneración —el firmante de 1886—. Ambas apropiaciones son parciales, y ambas tienen fundamento.
Jaramillo Uribe fue quizás su lector más generoso y matizado. Identificó en el Ensayo el arranque de un nuevo ciclo del pensamiento colombiano dedicado a analizar en profundidad el legado español en América, y señaló que el método analítico de Samper fue adoptado por casi todos los escritores posteriores que se ocuparon de temas similares. Distinguió con precisión entre los dos hermanos —el elemento romántico de José María frente a la claridad y realismo de Miguel— sin sacrificar la unidad de fondo que compartían. Su lectura sigue siendo la base de cualquier aproximación seria a Samper.
Fals Borda, desde otro ángulo, aprovechó a Samper como fuente. Citó extensamente su descripción del "elemento peninsular o tradicionalista" para caracterizar el grupo social que gobernó Colombia hasta mediados del siglo XIX, y usó Historia de un alma para documentar el autoritarismo personalista de Mosquera. Pero también inscribió a los Samper en el grupo de antiguos miembros de la Escuela Republicana que, tras el golpe de Melo de 1854, se realinearon con la élite dominante y se volvieron escritores más ortodoxos. Esa lectura sociológica —la conversión como fenómeno de clase antes que como itinerario individual— relativiza el papel singular de Samper y lo reduce a síntoma de un movimiento colectivo cuya lógica era social antes que filosófica.
Las dos lecturas son complementarias. Samper fue, sin duda, un teórico singular: nadie en su generación escribió con la ambición sistémica del Ensayo, nadie tejió con tanta densidad retórica la crítica al legado colonial. Pero también fue un caso entre otros: no cruzó el Rubicón solo, cruzó con Camacho Roldán, con Echeverri, con Santodomingo Vila, con toda una fracción del liberalismo aburguesado que compartió su diagnóstico y su miedo. Su singularidad no está en haber cambiado —cambiaron muchos—, sino en haber escrito antes y después del cambio con la misma intensidad, dejando a la posteridad los dos rostros de una misma élite.
Hay una lectura menos frecuentada que vale la pena rescatar. El giro de Samper puede leerse como el fracaso del romanticismo político liberal: su elemento romántico —el que Jaramillo Uribe señaló como rasgo diferenciador frente a Miguel— lo hizo más vulnerable a las desilusiones del radicalismo en el poder. Cuando el liberalismo produjo su propia "oligarquía sapista", cuando la fe en la ley escrita y la iniciativa individual chocó con la persistencia del caudillismo, con la fragilidad hacendística, con el sectarismo, la reacción no fue la crítica interna paciente —esa fue la vía de Miguel— sino la ruptura sentimental. El paso al conservatismo tuvo, en esa clave, algo de decepción amorosa: el radical se hace regeneracionista con la vehemencia con que antes había sido radical, porque el temperamento no cambia aunque cambien las banderas.
Su huella institucional está en el texto de 1886, que rigió al país hasta 1991. Su huella intelectual está en el Ensayo, que sigue siendo lectura obligada para quien quiera entender cómo se pensaba la nación en la Colombia decimonónica. Su huella literaria, más difusa, sobrevive en la memoria del costumbrismo temprano y en las páginas de Historia de un alma, donde el hombre público se dejó mirar de cerca. Y su huella histórica, la más importante, es la que él mismo no controló: haber encarnado, con más elocuencia que ningún otro, la manera en que la élite letrada colombiana del siglo XIX pasó del sueño liberal al orden regeneracionista sin haber cambiado nunca, del todo, de idea. En Samper, el liberalismo y el conservatismo colombianos se descubren como dos momentos de una misma clase, discutiendo consigo misma sobre cómo gobernar un país que se les escapaba por todos los costados.
Ese descubrimiento —que él no formuló pero que su biografía deja hacer— es, quizás, su contribución más duradera a la historia intelectual del país.
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Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 36 fragmentos01Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 2071 cita
[1]– 99), his brother José María Samper (1828 – 88), José Hilario López (1789 – 1869), Manuel Ancízar (1812 – 82), Florentino González (1805 – 74), Salvador Camacho Roldán (1827 – 1900), Aníbal Galindo (1834 – 1901), Manuel Murillo Toro (1816 – 80), and José María Rojas Garrido (1824 – 83). This generation is also known…
p. 207
02Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 2011 cita
[2]progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…
p. 201
03La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Páginas 122, 1462 citas
[3]tra - dicionalista. Evidentemente, a la percepción del peligro revolucionario de subversión de clases, salta todo el grupo dominante, uni- do contra el nuevo «tirano» y «la hez de la sociedad». Con la excusa de restaurar «la democracia y la legalidad» (en lo que se incluía la defensa del derecho de propiedad que vino…
p. 122
[6]decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…
p. 146
04El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 81, 1212 citas
[4]cia un análisis más a fondo y más radical del destino na- cional y de todo lo que España había significado en la vida espiritual, económica y política de América. Comienza este nuevo ciclo del pensamiento colombiano José María Samper, con su Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las…
p. 81
[5]participaba de las mismas ideas básicas tanto en el planteamiento de los problemas como en las soluciones propuestas, porque tenían fuentes comunes de formación. Ambos eran fervorosos liberales en política y economía, y por lo tanto, inclinados a considerar que la iniciativa indi- vidual y las soluciones de la ley…
p. 121
05La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · Página 351 cita
[7]ron el período 1820-1850. Tres fuerzas sociales coa 6 NIETO ARTETA. Op. cit. p. 73. 33 ligadas hicieron que el cambio prometido y espe rado no se cumpliera. Los grandes terratenientes y los militares defendieron sus privilegios que here daron de su§; mayores junto con los valores sociales que conformaban su conducta.…
p. 35
06Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1401 cita
[8]del poder urbano hasta saturar poco a poco la campiña, la sabana y el playón. De manera muchas veces irracional, los facciosos quisieron abrir aún más la distancia entre el país político y el país nacional, y hacer pagar a justos por pecadores —el campesinado inerme— en la refriega bipartidista. Esto lo veremos…
p. 140
07Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2751 cita
[9]lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…
p. 275
08Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 601 cita
[10]era irrevocablemente liberal. Los acontecimientos de fines de ese año no sólo lo entregaron, ob- jetivamente, en manos de los conser- vadores, sino que lo convencieron de que el radicalismo no debía volver a levantar cabeza. Y los elementos del pensamiento conservador, el autori- tarismo, la utilización del…
p. 60
09Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3201 cita
[11]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
p. 320
10Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · Página 971 cita
[12]Samper el periodo republicano de me- diados de siglo: «Faltos de una verdadera educación y tradición de hombres de gobierno y de auténtico sentido político, los hombres de la Independencia se plantearon programas basados en ideas absolutas, de autoridad fuerte los unos, de libertades absolutas los otros. Veían el…
p. 97
11Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1531 cita
[13]de mediados del siglo XIX (Acosta Peñaloza 63-8; Colmenares, Convenciones 27 y ss.). Este sentimiento fue compartido tanto por liberales como conservadores, aun- que el relieve puesto en los protagonistas de la historia variara. Para los liberales resultaron más atractivos los personajes indígenas que representaban…
p. 153
12Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Páginas 194, 2172 citas
[14]guarda su dinero y se contrata como peón en alguna hacienda de la parte inferior del valle, trabaja allí durante dos o tres meses en desmontes y otras operaciones agrícolas, y luego regresa al hogar a continuar sus faenas habituales, llevando buena provisión de patacones (piezas de cinco francos), herramientas y…
p. 194
[15]que realmente constituían una economía minifundista tanto dentro como fuera de los complejos latifundistas. 153 Camacho Roldán, Salvador, 1871, «Proyecto para la fundación de un establecimiento de añil en gran escala y de banco hipotecario», septiembre 15, Escritos varios, vol. ii, Bogotá, 1983, pág. 453. 154 Morales…
p. 217
13The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 3421 cita
[16]narratives of, 41; Reclus on, 50; José María Samper on, 112–13; Obeso on, 121, 122, 130; and civil marriage, 150; Jiménez López on, 222 Race war: and civil war of 1859–62, 64–68 Racial difference: and citizenship, 2, 9; and national unity, 3; and posteman- cipation civil equality, 9–10, 36–37; historicizing race,…
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14Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 681 cita
[17]al catolicismo decimonónico en Colombia, sobre su recuperación institucional en el país, ver: William Plata, “La romanización de la Iglesia en el siglo XIX, proyecto globalizador del tradicionalismo católico” en Globalización y Diversidad Religiosa en Colombia. Ana María Bidegain (Ed.), 107-147 (Bogotá: Universidad…
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15Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 2381 cita
[18]pasó a ser arrendatario, la tierra fue destinada a cría o cebas de ganado y el consumo de víveres perdió gran parte de las fuentes que lo alimentaban. Todo esto como resultado de la teoría de la libertad planteada sin previo estudio de los hechos sociales». Y continúa don Miguel Samper, con noble y elevado acento: «No…
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16El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Páginas 82, 1112 citas
[19]Miguel Samper, Muchos de los llamados aquí ricos, porque han acumulado un mediano capital que les permite vivir lejos de los empleos, han sido antes obreros infatigables, que se han impues- to duras privaciones, empezando sus carreras desde lejos de convento, cargueros y arrie- ros. Ellos han ganado sus grados en la…
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[33]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…
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17Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · Páginas 12, 202 citas
[20]es la natu- raleza salvaje y primitiva —dice—, pero más bello es aún el contraste que delante de ella forma la tierra ya cultivada y adecuada a las necesidades del hombre». Su descripción de los parajes que recorre entre Bogotá y Barranquilla destaca lo yermo y salvaje de tierras no ex- plotadas y lo que él denomina…
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[25]que con mejores medios de instrucción quieran atreverse a seguir mi ejemplo, presentando a nues- tros conciudadanos, desde el punto de vista de nuestras ideas nacionales, en trabajos mejor elaborados, el espec- táculo de pueblos distintos del nuestro. Considero un deber hacer partícipes de las impresio- nes recibidas…
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1830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1411 cita
[21]que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…
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19Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 981 cita
[22]caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…
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20Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 1231 cita
[23]de otro lugar 46. La percepción de los vencedores de la Guerra Civil de 1884 a 1885 era que la constante inestabilidad política era la culpa - ble de todos los males que aquejaban el país. Y en especial, consideraban que la causa de esta inestabilidad era el sistema de gobierno federado. Entonces, una vez finalizada…
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21¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Páginas 65, 682 citas
[24]garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…
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[31]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
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22Motivo por el cual: artículos de costumbres IJosé Manuel Marroquín y otros autores · 2015 · Página 121 cita
[26]los escritores liberales para desdeñar el pasado colonial y los antiguos hábitos; y a los con - servadores, para vapulear las ilusiones modernas, el menosprecio de los liberales por la tradición y las reformas con las que alimenta - ron la fundación de las repúblicas. Para ambos, sin embargo, fueron útiles para…
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23Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2161 cita
[27]los momentos críticos cuando la política se volvía demasiado apasionada y los desacuerdos se tornaban manifiestos. En dichos momentos críticos, cuando con más claridad se evidencia el valor estratégico de la prensa para ganar adeptos, hasta la prensa literaria se convierte en un nicho desde el cual se puede formar…
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24Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 291 cita
[28]Santander. Bogotá: Planeta, 1989, p. 41. 2 Hugo Latorre Cabal, Mi novela. Bogotá: Ediciones Mito, 1961, p. 63. 3 Hugo Latorre Cabal, op. cit., p. 35. 4 José María Cordovez Moure, Reminiscencias de Santafé y Bogotá. Bogotá: Gerardo Rivas Moreno Editor, 1997, p. 414. 5 José María Samper, Los partidos en Colombia.…
p. 29
25Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1921 cita
[29]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
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26Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 531 cita
[30]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…
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27Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1971 cita
[32]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
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28Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1141 cita
[34]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
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29El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 5431 cita
[35]a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…
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30Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2751 cita
[36]de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…
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