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Biografía

Aníbal Galindo

Estados Unidos de Colombia

1834–1901

19 min de lectura37 documentos
Nacimiento1834
Fallecimiento1901
RolesEconomista y hacendista · Jefe de la Sección de Estadística (1873–1874)
Lugar principalBogotá
Período históricoEstados Unidos de Colombia1863–1885
03

La biografía

Aníbal Galindo (1834–1901) fue el hacendista-publicista del liberalismo radical colombiano: economista de gabinete, jefe de estadística, ministro de Hacienda, conferencista universitario, traductor de Milton, aspirante fallido a la presidencia. En una república donde el Estado apenas conseguía saber cuántos ciudadanos tenía o cuántas hectáreas había repartido, Galindo se dedicó a producir las cifras con las que los Estados Unidos de Colombia se miraban a sí mismos. Sus tablas sobre baldíos, sus Estudios económicos y fiscales de 1880, su Memoria de Hacienda de 1882 y su Anuario Estadístico fabricaron —con rigor técnico y evidente intención política— la imagen de un Estado moderno, laico y librecambista. Que esa imagen no sobreviviera a la Regeneración no anula el gesto: Galindo dejó el monumento más acabado del radicalismo en clave numérica y, sin proponérselo, el testimonio más elocuente de sus contradicciones.

02

Línea de vida

  1. 1834

    Nacimiento y marca fundacional

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    Nació en 1834. Su padre fue ejecutado por razones políticas —por 'el crimen político de defender las leyes del país'—, hecho que convirtió al joven Aníbal en liberal convencido y enemigo implacable de quienes ordenaron el fusilamiento, fijando su militancia antes de que pudiera elegirla.

  2. 1850

    Formación en la Escuela Republicana

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    Se integró a la Escuela Republicana, sociedad de jóvenes liberales bogotanos que leía a Bentham, Bastiat y Say, y que impulsaba el laicismo, el librecambio y las libertades individuales. Allí coincidió con Salvador Camacho Roldán y los Samper.

  3. 1854

    Giro ortodoxo tras la dictadura de Melo

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    Tras el aplastamiento de la dictadura de José María Melo, Galindo y los antiguos republicanos se distanciaron del componente artesanal del liberalismo, cerraron filas con la élite propietaria y afinaron un discurso económico más ortodoxo que marcaría el radicalismo maduro.

  4. 1863

    Constitución de Rionegro y el laboratorio radical

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    La Convención de Rionegro promulgó la Constitución de los Estados Unidos de Colombia, instaurando un federalismo extremo. Galindo se convirtió en uno de los técnicos del régimen, ocupando el hueco que dejaba un Estado sin ejército permanente ni tributación directa centralizada: la producción de información y doctrina fiscal.

  5. 1873

    Jefe de la Sección de Estadística

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    En 1873–1874 dirigió la Sección de Estadística y publicó en el Diario Oficial las cifras sobre títulos de concesión de tierras baldías: hasta 1874 se habían emitido títulos por 3.318.500 hectáreas y adjudicaciones materiales sobre 1.159.592 hectáreas, datos que sirvieron de acusación silenciosa contra la política de baldíos.

  6. 1874

    Contribución a la Ley 61 de 1874 sobre baldíos

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    Sus estadísticas del Diario Oficial prepararon el terreno para la Ley 61 del 24 de junio de 1874, que reconoció la propiedad de los terrenos baldíos cultivados y habitados y fomentó la colonización individual, protegiendo a los colonos frente al concesionario ausentista.

  7. 1878

    Proyecto de ley sobre baldíos

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    Presentó un proyecto de ley propio sobre tierras baldías que sirvió de punto de referencia en la elaboración de la Ley 48 del 28 de agosto de 1882, la cual estableció que la propiedad se adquiere por el cultivo y ordenó al Ministerio Público amparar de oficio a cultivadores y pobladores.

  8. 1880

    Publicación de Estudios económicos y fiscales y nombramiento ministerial

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    Publicó en Bogotá sus Estudios económicos y fiscales, la expresión intelectualmente más pulida del radicalismo en clave económica. Ese mismo año aceptó el cargo de secretario de Hacienda bajo el primer gobierno de Rafael Núñez, decisión que reflejó la fractura interna del radicalismo tardío.

  9. 1882

    Memoria de Hacienda: crítica a la política de baldíos

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    Desde el Ministerio publicó su Memoria de Hacienda de 1882, en la que argumentó que las inmensas enajenaciones de tierras a favor de propietarios que no las cultivaban eran contrarias al principio de utilidad pública en que se fundaba el derecho de propiedad, formulación lockeana y utilitarista que cuestionó la práctica real del régimen radical.

  10. 1885

    Derrumbe del régimen radical y la Regeneración

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    El régimen liberal, que había predominado desde 1850, entró en crisis en 1876 y se derrumbó con la guerra civil de 1885. La Regeneración de Núñez y Caro desmanteló el federalismo que Galindo había servido, dejando sus obras estadísticas y fiscales como testimonio del experimento radical.

  11. 1901

    Muerte

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    Falleció en 1901, habiendo sobrevivido al régimen que le dio sentido a su carrera. Dejó como legado el Anuario Estadístico, los Estudios económicos y fiscales, la Memoria de Hacienda de 1882 y una trayectoria que él mismo describió como una vida de servicio 'al partido y a la nación'.

La marca del padre

Todo comienza con un fusilamiento. El padre de Aníbal Galindo fue ejecutado por razones políticas —según la memoria familiar, por el "crimen político de defender las leyes del país"— cuando el niño apenas se asomaba a la vida. Ese hecho, más que cualquier lectura o cátedra, decidió el rumbo del hijo. Galindo no podría ver a su padre sino como un mártir de la libertad, un patriota fusilado por defender el orden legal, y esa imagen le fijó la militancia antes de que la eligiera: se hizo liberal convencido y enemigo implacable de quienes habían dispuesto la muerte de su progenitor.

La particularidad del origen importa. Cuando se enumeran los grandes nombres del radicalismo —Manuel Murillo Toro, Salvador Camacho Roldán, Miguel Samper, Aquileo Parra, Santiago Pérez—, cada uno llegó al liberalismo por una vía distinta. Uno por la lectura de Bentham en la escuela de derecho; otro por la experiencia comercial en el Caribe; otro por la revuelta antimonopolios de los años 1840; otro por la fe en la educación popular. La afiliación de Galindo, en cambio, no fue ideológica antes que biográfica: fue una herencia de sangre. Esa raíz explica el tono con que, ya anciano, describía su vida como un servicio "al partido y a la nación": la disyunción entre ambos, cuando llegara, le resultaría insoportable, porque para él partido y nación habían sido una sola cosa desde la infancia.

Del Galindo joven queda poco en el registro público, pero puede inferirse el itinerario típico de su generación. Formación letrada en Bogotá, ingreso temprano a las escuelas de derecho donde se enseñaba el utilitarismo de Bentham como matriz filosófica, familiaridad con Bastiat y Say en materia económica, viajes por Europa que le darían el barniz cosmopolita del que hablarían quienes lo conocieron en la madurez. Röthlisberger, que lo entrevistó cuando Galindo rondaba los sesenta años, lo describió como un hombre urbano, refinado y ampliamente viajado, traductor del Paraíso Perdido de Milton, capaz de conducir en una tarde nublada de Bogotá una conversación culta sobre la historia colombiana desde la independencia con el embajador francés Daloz, evocando a Nariño, Bolívar y Santander con la solemnidad del ilustrado tardío.

La Escuela Republicana y la generación radical

Galindo se formó políticamente en la Escuela Republicana, la sociedad de jóvenes liberales bogotanos que a comienzos de la década de 1850 se convirtió en semillero del ala más doctrinaria del liberalismo. Allí coincidió con Camacho Roldán, con los Samper, con el conjunto de publicistas que impulsaría el laicismo, el librecambio y la ampliación de las libertades individuales. La Escuela era, más que un partido, una hermandad ideológica: leía a los liberales franceses, discutía el utilitarismo inglés, escribía en los periódicos y aspiraba a rehacer el país sobre la base del individuo propietario, ilustrado y libre.

La dictadura de José María Melo en 1854 —el episodio de la coalición militar-artesanal aplastada por una alianza bipartidista de las élites— marcó un giro decisivo para esa generación. El susto del 54 fue doble: la evidencia de que las clases populares urbanas tenían capacidad de organización militar y política propia, y la conciencia de que el ala más doctrinaria del liberalismo no podía coquetear indefinidamente con el artesanado sin arriesgar la hegemonía de las élites letradas. La reacción fue neta. Los antiguos republicanos, entre ellos Galindo, se distanciaron del componente popular que había alimentado la Escuela en sus primeros años, cerraron filas con la élite propietaria y afinaron un discurso económico más ortodoxo, en el que la defensa del librecambio y de la propiedad individual dejaba de tener contrapesos artesanales. El proteccionismo, todavía discutible entre los liberales de la primera hora, quedó desde entonces marcado con el estigma del melismo. El radicalismo maduro, el que gobernaría al país entre 1863 y 1885, salió de esa reconciliación con la propiedad y con el orden: un radicalismo laicista y federalista, desprendido ya de su base artesanal. Los Estudios económicos y fiscales que Galindo publicaría en Bogotá en 1880 son la expresión intelectualmente más pulida de esa segunda ortodoxia.

Los dirigentes radicales se dedicaban principalmente a la política y a la ideología; cuando no ocupaban cargos públicos, la enseñanza y el periodismo eran sus actividades preferidas. Galindo encaja en el patrón con exactitud: alternó la administración con la cátedra y la cátedra con la publicación, y en cada uno de esos frentes trabajó con la misma materia prima, hecha de cifras, argumentos económicos y doctrina liberal.

La Convención de Rionegro y el laboratorio radical

El 4 de febrero de 1863 se instaló en la villa antioqueña de Rionegro, bajo el patrocinio militar de Tomás Cipriano de Mosquera, la Convención que promulgaría la nueva constitución de los Estados Unidos de Colombia. Aquello no fue una reforma sino una refundación. El país quedó dividido en nueve estados soberanos, el ejecutivo nacional fue reducido a una figura casi ceremonial, se consagraron libertades individuales que llegaban al derecho al comercio de armas, y se instituyó un federalismo tan extremo que muchos contemporáneos —incluso liberales— lo juzgarían inviable desde el primer día.

Galindo pertenece al núcleo intelectual de ese experimento. No fue un constituyente visible como Murillo Toro o Camacho Roldán, pero sí uno de quienes le darían al régimen federal sus herramientas técnicas: la contabilidad pública, la estadística nacional, la doctrina fiscal, la memoria administrativa. En un Estado que renunciaba a casi todos los instrumentos de coacción centralizada —ejército permanente reducido, tributación directa devuelta a los estados, educación descentralizada—, la producción de información y de doctrina se convertía en el único terreno donde el gobierno nacional podía todavía existir con densidad. Galindo entendió ese hueco y lo ocupó.

Durante el segundo gobierno de Mosquera, el Decreto del 9 de septiembre de 1861 había ordenado la desamortización de bienes de manos muertas, disponiendo que corporaciones, congregaciones y sociedades anónimas no podían poseer inmuebles a perpetuidad. La medida, complementada por la tuición de cultos, transfirió al mercado buena parte del patrimonio inmobiliario acumulado por la Iglesia durante tres siglos. Los principales beneficiarios de los remates fueron comerciantes liberales acaudalados, especialmente en las regiones donde los gobiernos estatales eran del partido; la concentración de la propiedad no desapareció, cambió de manos. Galindo, joven publicista económico, se movió en ese ambiente donde el liberalismo doctrinario y el interés comercial de la nueva élite se sostenían mutuamente, y donde la crítica al latifundio eclesiástico convivía sin contradicción evidente con la aparición de un latifundio laico.

El estadígrafo del régimen

En 1873 y 1874, Galindo se desempeñó como jefe de la Sección de Estadística. El cargo, en un país que apenas sabía contarse, tenía más peso del que sugiere su denominación burocrática: quien lo ocupaba definía qué era medible, qué merecía tabularse, qué se publicaría oficialmente. Galindo lo aprovechó para hacer algo que los historiadores económicos aún reconocen: publicar en el Diario Oficial —el periódico que Murillo Toro había fundado por decreto del 28 de abril de 1864— las cifras sobre los títulos de concesión de tierras baldías otorgados por la República.

Los números eran elocuentes. Hasta 1874 se habían emitido títulos de concesión por 3.318.500 hectáreas, y se habían hecho adjudicaciones materiales sobre 1.159.592 hectáreas. La distancia entre lo prometido en papel y lo entregado en el terreno hablaba por sí sola. Un Estado que enajenaba baldíos a un ritmo desproporcionado a favor de propietarios que, en muchos casos, ni siquiera pisaban las tierras adjudicadas. Galindo publicó las cifras y las dejó hacer su trabajo argumentativo. En una república donde la doctrina oficial defendía la colonización individual y el pequeño propietario, aquellos datos eran una acusación silenciosa contra la práctica real de la administración de baldíos.

La Ley 61 del 24 de junio de 1874 —promulgada en pleno auge de esa discusión— reconoció la propiedad de los terrenos baldíos cultivados y habitados, y fomentó la colonización individual, saliendo jurídicamente en defensa de los colonos frente al concesionario ausentista. Galindo, con sus estadísticas del Diario Oficial, había contribuido a preparar el terreno. Cuatro años después, en 1878, presentaría un proyecto de ley propio que serviría de punto de referencia en la elaboración de la Ley 48 del 28 de agosto de 1882, la norma que desarrollaría en esencia lo dispuesto en 1874. La propiedad se adquiere por el cultivo, cualquiera sea la extensión, y el Ministerio Público debe amparar de oficio a cultivadores y pobladores frente a los concesionarios sin ocupación efectiva.

Entre una y otra ley medió el Decreto 505 del 22 de julio de 1881, que suspendió las adjudicaciones de baldíos en todo el país hasta que el Congreso legislara sobre la materia, exceptuando las que se hicieran a cultivadores conforme a la Ley 61 de 1874 y a empresarios de colonización conforme a la Ley 33 de 1873. El decreto congelaba, provisionalmente, el mecanismo que Galindo llevaba años denunciando en sus cifras.

Ministro de Núñez

Aquí el retrato se vuelve incómodo. Galindo ejerció como secretario de Hacienda durante el primer gobierno de Rafael Núñez, iniciado en 1880. Es decir, el hacendista más caracterizado del radicalismo aceptó el ministerio bajo el presidente que había construido su triunfo político desplazando a los radicales, aliándose con los liberales independientes y con el Partido Conservador de Miguel Antonio Caro, y que había derrotado en las urnas al candidato radical Aquileo Parra. Ese mismo año 1880 murió Murillo Toro, y la muerte del gran patriarca del radicalismo, combinada con la llegada de Núñez a la presidencia, selló la suerte del régimen que Galindo había servido durante dos décadas.

¿Cómo entender el gesto? En parte, como continuidad técnica: Núñez todavía no era abiertamente el Regenerador de 1886, y muchos liberales creyeron que su gobierno podía corregir los excesos del federalismo sin desmantelarlo. En parte, como reconocimiento personal a Galindo, el especialista disponible más solvente en asuntos fiscales. Y en parte —esta es la lectura más dura— como testimonio de que el radicalismo tardío ya se había fracturado internamente, y de que sus intelectuales podían pasar del gobierno federal al gobierno centralizador sin sentir que traicionaban nada esencial, porque en el plano doctrinario compartían con Núñez el respeto por la propiedad y el orden.

Desde el Ministerio, Galindo publicó en 1882 su Memoria de Hacienda, uno de los documentos más importantes de la administración fiscal colombiana del siglo XIX. Allí cuestionó seriamente la política de baldíos vigente. Argumentó que las inmensas enajenaciones de tierras a favor de propietarios que no las cultivaban eran contrarias al principio de utilidad pública en que se fundaba el derecho de propiedad. La formulación es doctrinariamente exacta —y radicalmente lockeana, con más de un eco del utilitarismo aprendido en las escuelas de derecho—: la propiedad se justifica por el trabajo que la vuelve productiva, no por el título de papel. Un terrateniente ausentista era, para Galindo, alguien que gozaba de un derecho sin cumplir la función que lo legitimaba.

La Memoria de 1882 debe leerse contra el trasfondo fiscal del EUC. El sistema tributario nacional del período radical, heredado de las reformas liberales de 1850-1851, dependía fuertemente de los ingresos aduaneros, que habían crecido al calor del auge exportador de 1850-1875. La Constitución de 1863 había profundizado la descentralización fiscal, y los estados soberanos determinaban sus propios tributos y manejaban sus gastos con autonomía casi total. Cuando el auge exportador comenzó a fatigarse y las guerras civiles regionales presionaron el gasto, la fragilidad de esa arquitectura se hizo evidente: un gobierno nacional con pocas rentas propias y un mosaico de fiscos estatales incapaces de sostener un aparato administrativo mínimo. Galindo, como ministro, administraba las ruinas de un sistema que él mismo había ayudado a doctrinar.

Doctrinario del librecambio

La ideología económica de Galindo era la del liberalismo radical en su versión más pura, una mezcla de Bastiat, de Say y, sobre todo, del utilitarismo político de Bentham enseñado en las escuelas de derecho. El librecambio era la doctrina económica predominante del período, consolidada tras el aplastamiento de la coalición artesanal en 1854, y Galindo la profesó sin las moderaciones que un Murillo Toro se permitió a veces: Murillo esbozó posiciones proteccionistas puntuales; Galindo, en su obra escrita, no.

El librecambismo radical no fue nunca un dogma sin excepciones. La intervención estatal en vías de comunicación —caminos, ferrocarriles, telégrafo— y en algunas industrias pesadas fue una excepción práctica reconocida al laissez-faire, aceptada por casi todos los doctrinarios porque se justificaba en términos utilitaristas de externalidades y bien público. Galindo escribió extensamente sobre asuntos económicos, y su pensamiento se mueve en ese perímetro: mercado libre como regla, Estado activo en infraestructura y en la producción de información estadística como excepción legítima.

Sus conferencias públicas de economía política en El Externado y en la Universidad Republicana, dictadas durante la segunda mitad del siglo XIX, forman parte de una práctica más amplia. En ese período, las figuras prestigiosas de la vida intelectual colombiana daban y publicaban conferencias que trascendían el aula. La economía política era, más que una disciplina académica, un género de intervención pública, y Galindo fue uno de sus practicantes más constantes. El debate intelectual del siglo XIX colombiano en la materia estuvo marcado por la influencia francesa —especialmente Joseph Garnier— y española —Manuel Colmeiro, a su vez representante del liberalismo francés en la península—; Galindo se inscribe en esa genealogía transatlántica.

Su Anuario Estadístico forma parte de un corpus más amplio de anuarios, boletines y monografías regionales que dan cuenta del esfuerzo, siempre incompleto, del Estado colombiano del siglo XIX por conocerse a sí mismo. El punto no es la magnitud absoluta de la información producida —modesta en cualquier comparación internacional— sino la voluntad de producirla. En un país que a duras penas censaba a su población, publicar cifras de baldíos, aduanas, presupuesto y comercio exterior era un acto político tanto como técnico.

La candidatura de 1880 y sus límites

En 1880, Galindo aspiró a la presidencia. Fue una candidatura, según la opinión que recogió Röthlisberger, "nada afortunada". No gozó de amplio respaldo, no consiguió articular una plataforma competitiva y quedó rápidamente eclipsada por el ascenso de Núñez. La sucesión de los hechos es ilustrativa: en 1880 Galindo pierde la carrera presidencial y termina como ministro de Hacienda del vencedor. La secuencia dice más que un tratado sobre la posición real de los intelectuales dentro de la maquinaria política del liberalismo tardío. Podían escribir la doctrina, producir las cifras, redactar las memorias y dictar las conferencias, pero no ganaban elecciones.

El episodio revela también el estado del liberalismo hacia 1880. La fractura entre radicales e independientes, que se venía incubando desde comienzos de la década, había alcanzado el punto en que un sector del partido prefirió aliarse con conservadores para desalojar del poder al ala radical antes que permitir la continuidad del statu quo federal. Aquileo Parra, candidato radical de la ortodoxia, fue derrotado; Galindo, candidato radical de menor peso, ni siquiera pudo competir con propiedad. Cuando Núñez le ofreció el Ministerio, aceptar era, para un hacendista, la única manera de seguir influyendo en política pública. No fue una traición ideológica; fue el reconocimiento realista de que la doctrina radical, sin poder, era literatura.

La guerra civil de 1876 —desencadenada por los conservadores contra el gobierno de Parra para frenar el proyecto de educación laica y obligatoria impulsado durante los años setenta— había mostrado antes que el régimen radical tenía enemigos capaces de coordinarse militarmente. La guerra de 1885, que Galindo alcanzó a ver desde adentro del aparato estatal, mostró que también tenía enemigos capaces de coordinarse políticamente: la coalición nuñista-conservadora que emergió de esa guerra clausuró el experimento federal y abrió el camino a la Constitución de 1886.

La red

Galindo se movió en el círculo estrecho de la élite letrada bogotana. Participó en El Mosaico, la tertulia de publicistas identificados con el liberalismo y con el conservatismo nacientes, cuyas discusiones fueron primordialmente literarias. Allí convergían liberales y conservadores en un espacio donde la afinidad de clase y de cultura letrada precedía a las divergencias partidistas. Se leía a los clásicos, se traducía, se comentaban las novedades europeas. La traducción del Paraíso Perdido que Galindo emprendió pertenece a ese universo, un ejercicio de ambición literaria propio de un ilustrado de provincia con vocación europea.

Con Camacho Roldán compartió más que la edad: compartió el oficio de traducir la doctrina liberal a lenguaje fiscal y estadístico, y las dos carreras corren en paralelo durante décadas como si fueran dos versiones del mismo tipo intelectual. Miguel Samper, más filoso en la pluma, fue el interlocutor con quien Galindo sostuvo la ilusión de un liberalismo ortodoxo depurado tanto del melismo popular como de las tentaciones autoritarias del centralismo; los dos habían hecho el mismo recorrido desde la Escuela Republicana hasta la madurez doctrinaria, y los dos verían derrumbarse el mundo que habían ayudado a construir. Murillo Toro fue otra cosa: la figura tutelar, el político mayor que daba cobertura pública a lo que Galindo escribía en las oficinas, y su muerte en 1880 dejó al hacendista sin el paraguas bajo el que había trabajado durante veinte años. Aquileo Parra, Santiago Pérez y Ezequiel Rojas —ideólogo mayor del utilitarismo colombiano— completan la red, pero como fondo más que como interlocutores íntimos.

Núñez es, en esa red, el contrapunto: el hombre con quien Galindo terminó gobernando pese a la evidente distancia ideológica. Y Miguel Antonio Caro, el ideólogo conservador que fue la sombra intelectual de Núñez durante la Regeneración, encarna el mundo que sucederá al de Galindo: gramático, católico, centralista, autoritario. La biografía de Galindo puede leerse como el arco que va del liberalismo republicano de la Escuela hasta el gobierno de Núñez, con Caro esperando al final del túnel.

Ibagué en las cifras

La carrera pública de Galindo transcurrió en Bogotá, pero sus raíces tolimenses le daban a la discusión sobre baldíos una espesura que no era solo doctrinaria. El TolimaIbagué y su entorno— era en esos años una de las regiones donde la expansión de la frontera agrícola sobre tierras nominalmente públicas se traducía en conflictos concretos entre colonos, concesionarios y haciendas medianas en crecimiento. Cuando Galindo, desde la Sección de Estadística, denunciaba en cifras la desproporción entre títulos otorgados y adjudicaciones efectivamente cultivadas, no describía un problema abstracto: describía la mecánica por la cual las tierras de su región cambiaban de dueño sin cambiar de manos productoras. La Ley 61 de 1874 y la Ley 48 de 1882, en las que su trabajo estadístico y su proyecto de 1878 pesaron, tenían destinatarios reales en esa geografía.

Sus viajes a París y Londres —itinerarios característicos del ilustrado latinoamericano del XIX— le dieron el contacto directo con las bibliotecas y los debates que alimentaban su producción: la economía política francesa, el utilitarismo inglés, la literatura clásica del liberalismo europeo. Galindo pertenece a la generación para la que Europa era todavía el horizonte natural del pensamiento; su cosmopolitismo, real y culto, no le impidió sin embargo mantener un anclaje colombiano firme, expresado en su dedicación obstinada a producir datos sobre el propio país.

El ocaso: Regeneración y desplazamiento

La Constitución de 1886 clausuró el mundo de Galindo. El país volvió a ser una república unitaria dividida en departamentos, con un presidente elegido por voto directo por seis años, un ejército nacional, relaciones más armónicas con la Iglesia y una centralización política, administrativa y económica que era la negación punto por punto del experimento de 1863. El período que se abrió a partir de entonces —conservador, católico, autoritario— fue de censura y olvido para los ilustrados y librepensadores liberales que habían dominado la vida intelectual bogotana durante las décadas anteriores. Galindo, con su perfil laicista, librecambista y radical, quedó al margen del nuevo régimen.

Sus últimos años transcurrieron entre la conferencia universitaria, la escritura, la traducción y las conversaciones cultas como la que sostuvo con el embajador Daloz. Röthlisberger lo retrata como hombre que evocaba a Nariño, Bolívar y Santander tratando de racionalizar la historia colombiana desde la independencia. El gesto es el del sobreviviente que ordena el pasado porque ya no puede intervenir en el presente. La expresión con la que definía su propia trayectoria —vida de servicio "al partido y a la nación"— tiene, dicha en 1894 o 1895, un tono elegíaco: partido y nación se habían separado, la nación había tomado un rumbo distinto al que su partido quería, y a Galindo le quedaba la memoria.

Murió en 1901, en pleno estallido de la Guerra de los Mil Días, otra guerra civil desatada por liberales que ya no eran los suyos contra un régimen conservador que era el heredero de sus enemigos. Alcanzó a ver el ciclo completo: la promesa del liberalismo triunfante en 1863, la construcción doctrinal y estadística del EUC, la fractura interna del partido, la derrota de 1885-1886 y el intento tardío y desesperado del liberalismo por recuperar el poder por las armas.

La huella

¿Qué queda de Aníbal Galindo? Menos de lo que su obra merecería, más de lo que las apariencias sugieren.

Queda, en primer lugar, la producción estadística. Sus cifras sobre baldíos siguen siendo fuente primaria para cualquier historia agraria del siglo XIX colombiano, y su Anuario Estadístico forma parte del corpus fundacional de la estadística nacional. Queda la Memoria de Hacienda de 1882, referencia obligada para entender las tensiones fiscales del tránsito del régimen federal a la Regeneración. Quedan los Estudios económicos y fiscales de 1880, testimonio del pensamiento económico radical en su madurez. Queda la traducción del Paraíso Perdido, curiosidad literaria que atestigua la ambición cultural de una generación entera.

Queda el problema que Galindo diagnosticó y no resolvió: la contradicción entre el discurso liberal sobre el colono productivo y la práctica de concentración de baldíos a favor de grandes propietarios ausentistas. Sus cifras del Diario Oficial de 1873-1874 mostraron con claridad la desproporción; su proyecto de 1878 y la Ley 48 de 1882 intentaron corregirla; pero la debilidad del Estado para hacer cumplir la ley de la propiedad-por-cultivo frente al poder político y económico de los grandes concesionarios sobrevivió al radicalismo, sobrevivió a la Regeneración y llegó al siglo XX como una de las bases del conflicto agrario colombiano. Galindo no lo causó ni lo resolvió, pero lo documentó como pocos.

Queda, en fin, la figura paradigmática del hacendista-publicista latinoamericano del siglo XIX: hombre culto, viajado, políglota, capaz de traducir a Milton y de calcular hectáreas, comprometido con un proyecto de modernización estatal que tenía en la producción de información uno de sus instrumentos centrales. Ese perfil —el intelectual público que sirve al Estado sin dejar de escribir, que combina la cátedra con el ministerio y el periodismo con la investigación— es más común en el siglo XIX de lo que suele admitirse, y Galindo es uno de sus ejemplares mejor definidos en Colombia. La pericia técnica y el prestigio doctrinario, sin embargo, no compensaron en 1880 la falta de músculo político, la fractura del partido ni la habilidad coalicional de Núñez: producir la representación técnica de un Estado no basta para sostenerlo.

En eso reside, con matices, la centralidad de Aníbal Galindo. No fue el gran presidente ni el gran teórico ni el gran héroe del radicalismo. Fue el funcionario que le dio al régimen su rostro estadístico, el ministro que documentó sus contradicciones agrarias, el conferencista que enseñó su economía política y el ilustrado que representó su cultura letrada. Sin él, y sin los pocos como él, el EUC sería para nosotros mucho menos legible de lo que es. Con él nos llega, además, la ironía histórica de haber terminado sirviendo a Núñez: la advertencia de que las cifras, por exactas que sean, no ganan guerras civiles ni elecciones.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 49 fragmentos
01Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 2071 cita
[1]

– 99), his brother José María Samper (1828 – 88), José Hilario López (1789 – 1869), Manuel Ancízar (1812 – 82), Florentino González (1805 – 74), Salvador Camacho Roldán (1827 – 1900), Aníbal Galindo (1834 – 1901), Manuel Murillo Toro (1816 – 80), and José María Rojas Garrido (1824 – 83). This generation is also known…

p. 207
02When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 623 citas
[2]

the Threshold of a New Age Two men sat together in the chill of a cloudy Bogota afternoon chatting of Colombia and the world. One of them was Anibal Galindo, now in his sixties, urbane and widely traveled, translator of Milton's Paradise Lost, wise in the ways of his country after a lifetime of seIVice lito party and…

p. 62
[3]

the Threshold of a New Age Two men sat together in the chill of a cloudy Bogota afternoon chatting of Colombia and the world. One of them was Anibal Galindo, now in his sixties, urbane and widely traveled, translator of Milton's Paradise Lost, wise in the ways of his country after a lifetime of seIVice lito party and…

p. 62
[4]

the Threshold of a New Age Two men sat together in the chill of a cloudy Bogota afternoon chatting of Colombia and the world. One of them was Anibal Galindo, now in his sixties, urbane and widely traveled, translator of Milton's Paradise Lost, wise in the ways of his country after a lifetime of seIVice lito party and…

p. 62
03When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 421 cita
[5]

its laws."38 The younger Galindo went on to become a convinced Liberal and implacable enemy of those who executed his father. He could no more have become a ConseIVative than he could have viewed his father as other than a martyred ul over of liberty" and patriot shot for the upolitical crime" of upholding the laws of…

p. 42
04La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1221 cita
[6]

tra - dicionalista. Evidentemente, a la percepción del peligro revolucionario de subversión de clases, salta todo el grupo dominante, uni- do contra el nuevo «tirano» y «la hez de la sociedad». Con la excusa de restaurar «la democracia y la legalidad» (en lo que se incluía la defensa del derecho de propiedad que vino…

p. 122
05Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 41, 492 citas
[7]

algunos tenían fortunas independientes, más bien modestas, y cuidaban alguna ha- cienda o un negocio comercial, la ma- yoría de los dirigentes radicales se ha- bía dedicado ante todo al mundo de la política y de la ideología. Cuando no ocupaban un cargo público, un minis- terio o la presidencia, la enseñanza y el…

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redil radical. Los in- dependientes se unían en la oposición, pero estar en el gobierno los dividía, y muchos empezaban a ver peligrosa la estrategia nuñista y a preferir buscar la unión liberal para hacer solos las re- formas. Las suspicacias aumentaron con el discurso de Núñez en la Uni- versidad Nacional, cuando…

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06Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3201 cita
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so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

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07El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1261 cita
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perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

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08Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Páginas 10, 952 citas
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la Union y constituirse en republi- cas independientes o anexarse a otro pais, como lo intentaron Antioquia y Panama. Pero por algo la Constitucién de 1858 les prohibié usar bandera o escudo de otra nacién. Aquella conducta no era nueva, pues recordemos cémo en 1831 algunas provincias proclamaron su anexi6n a…

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el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

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09Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 1521 cita
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nacido en la población cundinamar- quesa de Fómeque el 16 de diciembre de 1828, cuando en la capital colombiana todavía se tem- blaba con las medidas a que dio lugar el atentado contra el Libertador el 25 de septiembre. A los 23 años se gradúa como abogado y comienza su actividad política. Estuvo vinculado a la do-…

p. 152
10A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Página 341 cita
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1870s. Spanish texts were not included in the official textbooks and were not part of the material for graduation exams. Universidad Católica’s announce - ment shows that Manuel Colmeiro’s Treatise was the primary reference. How - ever, the French influence is still present as Colmeiro was one of the main…

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11Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Páginas 95, 982 citas
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la comunidad; porque solo la ignorancia puede mantener un derecho de propiedad sobre la tierra, que tenga por único objeto escluir de ella al resto de la especie (Memoria de Hacienda, 1882: 264-265). La Ley 61 de junio 24 de 1874 (adicional al título 10 del Código Fiscal) salía jurídicamente en defensa de los colonos,…

p. 98
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X IX Decreto 505 del 22 de julio de 1881. Derogado por Decreto 138 del 3 de marzo de 1882. Suspende las adjudicaciones en todo el país hasta tanto el Congreso legisle sobre la materia.Se excep túan las adjudicaciones a cultivadores, de acuerdo a la Ley 61 de 1874, y las hechas a empresarios de colonización,…

p. 95
12Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · Página 441 cita
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discusión pública alrededor del manejo de los baldíos en el último tercio del siglo XIX, da cuenta el economista liberal Aní- bal Galindo, partidario de privilegiar a los colonos en la adjudica- ción de baldíos y quien, siendo el jefe de la Sección de Estadística en 1873-74, publicó en el Diario Oficial unas cifras…

p. 44
13El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Páginas 82, 2732 citas
[16]

otra desventaja para el historiador del período y es, naturalmente, un reflejo más de la inestabilidad política, incapacidad burocrática y fragi- lidad institucional. Esto repercute en la interpretación. No es casual que la desamortización, un asunto ligado estrechamente a la trayectoria del general Mosquera y a las…

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Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…

p. 82
14Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Páginas 259, 2652 citas
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1895 son de presupuestos aprobados; en los demás casos se trata de ingresos reales. FUENTE: Memorias de Hacienda, 1871-74; Pérez, op. cit.; DANE, Boletín Mensual de Estadística, Nos. 257-58, Bogotá, diciembre 1972 y enero 1973. La era de los radicales En general el sistema tributario surgido de las leyes de 1850 y…

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temporal de la Compañía, a que el subsidio se redujera a $100.000, el Congreso no aprobó la negociación, y esta suma entró cumplidamente en las arcas públicas hasta 1880. En ese año, y con el objeto de conseguir capital para el Banco Nacional que proyectaba el Gobierno de Rafael Núñez, se negoció un anticipo de la…

p. 265
15Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 3731 cita
[20]

General de Censos de la República de Colombia (cover page missing) population (), n.p.n. Dane, Estadísticas históricas (Bogotá, ). Dirección Nacional de Estadística, Anuario General de Estadística  (Bogotá, ). Estadística anual de la República de Colombia (Bogotá, ). Estadística de Colombia…

p. 373
16Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 3731 cita
[21]

General de Censos de la República de Colombia (cover page missing) population (), n.p.n. Dane, Estadísticas históricas (Bogotá, ). Dirección Nacional de Estadística, Anuario General de Estadística  (Bogotá, ). Estadística anual de la República de Colombia (Bogotá, ). Estadística de Colombia…

p. 373
17Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 6291 cita
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Memoria de Hacienda. 2 Con el fin de no ampliar desmesuradamente la presente bibliogra- fía, se ha prescindido de hacer figurar en ella las obras europeas, en las cuales se encuentran aquellas teorías generales que se han utilizado para la redacción de la obra. 630 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc Bagú, Sergio, 1939, Mariano…

p. 629
18Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1571 cita
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magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…

p. 157
19Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 211 cita
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tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…

p. 21
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Páginas 65, 682 citas
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garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

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la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

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21El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Páginas 449, 4612 citas
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conservador. Esta ley transfería a los poderes nacionales, retirándosela a los estados la in- tervención en los escrutinios de las elecciones para miem- bros del Congreso y para la Presidencia de la República. Contra esta y parecidas medidas elevó violenta protesta el Partido Liberal, amenazado en su propia…

p. 449
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por el Ejército en tiempo de paz—, que hizo entrar a Colombia en la Unión Postal Universal, que estableció relaciones diplomáticas con España 249 y que —si cual podría fundamentar la opinión de Röthlisberger en cuanto a su «nada afortunada» candidatura a la Presidencia para enfrentar a Rafael Núñez en 1880. 249 El…

p. 461
22Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 192, 1972 citas
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y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
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libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
23Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 1101 cita
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la Indepen- dencia. Este cambio, sin embargo, era más rápido cuando la situación de demanda (doméstica y externa) hacía irresistible para la clase dirigente la posibilidad de enormes ganancias. Durante el período 1845-1885las riendas del gobierno estuvieron en manos de los liberales radicales (o "gólgotas", como se…

p. 110
24Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 771 cita
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tratura al doctor Manuel Murillo Toro, pero Mos- quera, como primer designado, la tiene que ejercer aun entre el 1 y el 10 de ese mes, debido a la de- mora del nuevo titular en llegar a la capital federal. Murillo Toro es el gobernante que ejerce la pre- 1274 A la izquierda, retrato del procurador Juan Agustin…

p. 77
25Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 4721 cita
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subterfugio, y preocupa- ron poco a los teóricos del radicalismo. Lo que requería explicación y se consideraba, a pesar de todo, como una actividad de discuti- ble «pureza», era el abandono del laissez-faire en materia de vías de comunicación. El porqué en esta materia no rigiera el laissez-faire para los estados,…

p. 472
26Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 731 cita
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órgano del ejecutivo de esa época, reemplazado por el "REJIS- TRO OFICIAL”, editado en Bogotá y que llegó a 160 números. El periodista-Presidente, conocedor del oficio, señaló en la norma creadora del periódico una serie de mandatos que se han conservado como patrón en las posteriores medidas oficiales sobre la…

p. 73
27Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1141 cita
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central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
28Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2411 cita
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de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…

p. 241
29Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 261 cita
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Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
3030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Páginas 94, 982 citas
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desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…

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Crédito nacional. Parágrafo. Esta disposicion no comprende a los censos o capitales puestos a interes de propiedad individual i que no tengan el carácter de fundacion en favor de los establecimientos de que trata este decreto. Art. 15. La Junta Suprema del Crédito público es la encargada especialmente de la…

p. 98
31Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3421 cita
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nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
32Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Páginas 35, 382 citas
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y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…

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institución eclesiástica sufrió un asalto sin precedentes, iniciado por ministros y funcionarios que se jactaban de sus ideas ilustradas. Sin embargo, esta no es la única interpretación disponible acerca de las relaciones entre Estado e Iglesia, pues también existieron miembros del clero afines a las reformas, incluso…

p. 35
33Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 2691 cita
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el período colonial en Antioquia, por ejemplo, como la Iglesia “era dependiente de las diócesis de Popayán y Cartagena, a donde fluían hasta el fin del período colonial los diezmos percibidos en la Provincia se dificultó el florecimiento de los latifundios eclesiásticos”.²²⁷ Desde el momento en que los bienes…

p. 269
34Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 841 cita
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sal, y señala la implementación de la desamortización de bienes, que hace perder dinero a la ciudad de Bogotá, debido a que sus ciudadanos deben pagar al Estado los bienes que les fueron expropiados; los bienes desamortizados se concentran en un 40% dentro de la ciudad de Bogotá. La crítica a las reformas de 1863 y al…

p. 84
35Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 2111 cita
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y Pintura (1847), la Academia de Santo Tomás de Aquino (1857), que fue fomentada por los religiosos dominicos, u n a Sociedad Protectora del Teatro y u n a Sociedad de Lectura que tuvieron u n a existencia efímera. Pero si no se cuenta con trabajos acerca de este tipo de asociaciones constituidas de u n a manera…

p. 211
36Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 521 cita
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estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…

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37Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1151 cita
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no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…

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