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Idea · La Violencia

Conflicto agrario

El conflicto agrario colombiano es la disputa histórica y estructural por la propiedad, uso y control de la tierra rural, sostenida entre terratenientes, colonos, arrendatarios y aparceros a lo largo de más de un siglo. Atraviesa la formación del país republicano, se radicaliza en las ligas campesinas de los años veinte, se legaliza y se traiciona en el ciclo reformista de 1936-1944, se convierte en guerra abierta durante La Violencia y hereda al Frente Nacional el núcleo armado que en 1964 daría origen a las FARC.

3.870 palabras62 documentos85 fragmentos citados
Conflicto agrario

Trayectoria de una idea

  1. 1827

    Adjudicación concentrada de baldíos

  2. 1847

    Concesiones legislativas y litigios por títulos superpuestos

  3. 1920

    Surgimiento de las ligas campesinas

  4. 1926

    Ley 74 y primeras parcelaciones

  5. 1936

    Ley 200: la reforma que fue contrarreforma

  6. 1944

    Ley 100: cierre de las expectativas reformistas

  7. 1945

    Programa del Colón de Gaitán

  8. 1948

    Asesinato de Gaitán y detonante del conflicto nacional

  9. 1949

    La Violencia como guerra agraria en Tolima y Cundinamarca

  10. 1958

    Balance de La Violencia: despojo masivo sin resolución estructural

03

La lectura

El conflicto agrario colombiano no es un episodio sino una estructura: la disputa por la tierra que organizó la vida rural del país desde la República temprana y que ninguna ley logró resolver de fondo. Su rasgo más persistente fue el legalismo campesino —colonos y arrendatarios que recurrían a memoriales y peticiones antes que a la insurrección—, una apelación a la ley que el Estado y los terratenientes locales aprendieron a frustrar con la misma elasticidad con que la ley se aplicaba. La Ley 200 de 1936 condensó esa paradoja: fue simultáneamente la reforma más ambiciosa del siglo y el instrumento que aceleró la expulsión de quienes pretendía proteger, al ofrecer a los hacendados la ganadería extensiva como escudo jurídico y el desalojo preventivo como táctica. Cuando La Violencia fundió la guerra partidista con la revancha terrateniente después de 1946, el conflicto agrario dejó de ser un pleito de títulos y se convirtió en un cataclismo demográfico: cientos de miles de muertos, casi dos millones de desplazados y cerca de 400.000 parcelas despojadas entre 1946 y 1966. La herencia de ese ciclo inconcluso fue la guerrilla: el núcleo armado que sobrevivió en Marquetalia y los Llanos Orientales se nutrió directamente de las autodefensas campesinas que el conflicto agrario había forjado, y en 1964 se institucionalizó como las FARC, convirtiendo la disputa por la tierra en el conflicto armado más largo de América Latina.

El conflicto agrario en Colombia

El conflicto agrario colombiano es la disputa histórica y estructural por la propiedad, uso y control de la tierra rural, sostenida entre terratenientes, colonos, arrendatarios y aparceros a lo largo de más de un siglo. No es un episodio ni un telón de fondo: es el sujeto histórico que atraviesa la formación del país republicano, se radicaliza en las ligas campesinas de los años veinte, se legaliza y se traiciona en el ciclo López-Santos-López (1936-1944), se convierte en guerra abierta durante La Violencia (1946-1958), se congela sin resolverse bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) y hereda al Frente Nacional un núcleo armado que en 1964 dará origen a las FARC. Comprender el conflicto agrario no es explicar un capítulo del pasado colombiano: es explicar la columna vertebral que sostiene buena parte de su siglo XX.

La estructura desigual: tierras altas, laderas y llanuras

Desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, la geografía agraria colombiana se organizó según un patrón desigual y conflictivo: minifundio en las tierras altas, sistema mixto en las laderas y latifundio en las llanuras. Esta distribución no era neutral. Reflejaba un proceso de adjudicación de baldíos que, entre 1827 y 1900, concentró la propiedad en pocas manos: las concesiones mayores a 5.000 hectáreas representaron apenas el 6,62% del número de adjudicaciones pero absorbieron una proporción mayoritaria del total de hectáreas adjudicadas. El Estado republicano, al distribuir su patrimonio territorial, reprodujo el molde colonial de la gran hacienda antes que abrir camino a una sociedad de pequeños propietarios.

Sobre esa base descansaba una violencia difusa pero constante. A lo largo del siglo XIX y las primeras décadas del XX se sucedieron enfrentamientos entre colonos y terratenientes que desmienten la idea de un campo colombiano políticamente pasivo. La protesta agraria colombiana tuvo un rasgo particular: era legalista. La legislación de baldíos protegía —al menos en el papel— los derechos de los colonos que habían abierto monte, y por eso los campesinos recurrieron a memoriales, peticiones y demandas ante autoridades locales antes que a la insurrección abierta. La acción directa aparecía cuando la ley se infringía o se aplicaba con lentitud calculada.

El otro gran motor de la ocupación territorial fue la colonización antioqueña, que a lo largo del siglo XIX descendió hacia el Quindío y las áreas del sur. A diferencia de otros procesos agrarios latinoamericanos, esta colonización no atacó frontalmente el latifundio: los colonos avanzaron sobre tierras del Estado o sobre latifundios abandonados cubiertos de selva. Traían consigo una mentalidad empresarial que se decantó pronto por productos comerciales, sobre todo café. Pero traían también litigios. Muchos de los sitios que abrieron habían sido demandados como baldíos desde tiempos coloniales, y las concesiones que el Congreso hizo entre 1847 y 1914 —por lo regular de 12.000 hectáreas, para regularizar y estimular el poblamiento en Caldas y Tolima— multiplicaron los pleitos por títulos superpuestos. Cada nueva vereda cafetera nacía con un litigio latente.

Las ligas campesinas y la disputa por el café (1920-1935)

En los años veinte, el conflicto agrario dejó de ser una serie de pleitos dispersos y se convirtió en un movimiento. Después de 1920, con el apoyo del Partido Socialista Revolucionario, disidencias liberales y un efímero Partido Agrario, surgieron ligas campesinas que articularon las demandas de aparceros y colonos frente a los hacendados cafeteros. Su epicentro fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima, especialmente las regiones de Tequendama y Sumapaz.

La demanda variaba según la geografía jurídica de cada zona, y en esa variación se lee la anatomía del conflicto. En Tequendama —donde los títulos de propiedad estaban consolidados— los arrendatarios reclamaban el derecho a sembrar café en sus parcelas. Parecía una petición técnica, pero era una demanda subversiva: sembrar café significaba fijar un cultivo permanente y valioso en la tierra del hacendado, lo que erosionaba la relación de arrendamiento-trabajo que sostenía la hacienda cafetera. Sembrar café era emanciparse de las obligaciones. En Sumapaz, donde los títulos eran disputados y la hacienda se expandía sobre terrenos que los campesinos consideraban baldíos del Estado, la postura fue más radical: los colonos se declararon ocupantes de tierras baldías y cuestionaron abiertamente la legitimidad de la propiedad privada de los hacendados. En 1931, el secretario de gobierno del Tolima documentó, tras una visita personal, que los colonos usaban el decreto 1.110 de 1928 para declarar baldías tierras privadas y negarse a pagar rentas.

La respuesta estatal osciló entre la represión y la concesión parcial. La ley 74 de 1926 permitió comprar fincas de más de 500 hectáreas para parcelarlas en lotes no mayores a 50 hectáreas, y entre 1928 y 1936 el gobierno repartió algunas haciendas. Fue poco, pero fue algo. La densidad organizativa del movimiento habla por sí sola: Cundinamarca y Tolima concentraron 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica reconocida hasta 1939. En ese caldo se formaron los cuadros que después marcarían la política nacional. Juan de la Cruz Varela emergió en los conflictos de Sumapaz —donde se disputaban unas 300.000 hectáreas entre herederos de títulos coloniales y colonos—, y Erasmo Valencia articuló desde el periodismo agrarista una crítica del régimen de propiedad. Las ligas se articularon con el Partido Comunista, con el PSR y, más tarde, con la UNIR de Jorge Eliécer Gaitán. La articulación con el Partido Liberal fue más difusa: muchos propietarios en conflicto eran, ellos mismos, liberales.

Ley 200: la reforma que fue contrarreforma (1936-1944)

La Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo intentó darle salida institucional a esa tensión. La Ley 200 de 1936 es el documento cardinal del conflicto agrario colombiano, y su ambigüedad explica buena parte de lo que vino después. Su punto de partida era resolver un problema jurídico. La Corte Suprema, en sentencia de 1926 reiterada en 1934, había convertido la prueba de propiedad en una prueba diabólica al exigir títulos que se remontaran a la concesión de la Corona o de la República. Los terratenientes vivían con el suelo en vilo. La Ley 200 los salvó: reemplazó la exigencia de títulos coloniales por el criterio de la destinación económica productiva. Quien ponía la tierra a producir era su dueño.

Ese giro tenía un reverso, y ese reverso era la parte más ambiciosa de la ley: la propiedad rural adquiría una función social, y el predio no explotado revertiría al Estado al cabo de un plazo. El artículo sexto fue considerado el más revolucionario del texto. Sobre el papel, la Ley 200 obligaba al gran propietario a modernizar o desprenderse. En la práctica, la amenaza fue distante. Ningún artículo de la Revolución en Marcha resultó tan filoso para los terratenientes como su propia interpretación: para acreditar la ocupación económica del suelo bastaba con introducir ganado. El decreto reglamentario fijó una cabeza de ganado mayor por hectárea en tierras de buena calidad, y así la ganadería extensiva se expandió como escudo jurídico. La ley que buscaba modernizar la agricultura terminó extendiendo el potrero.

Hubo, además, un efecto no previsto y devastador. Muchos terratenientes, para evitar que arrendatarios y aparceros reclamaran algún día el estatuto de colonos y disputaran la propiedad, comenzaron a expulsarlos. La Ley 200 no fue diseñada para modificar la situación de colonos y arrendatarios —pretendía presionar a los grandes propietarios—, pero en el nivel de la relación cotidiana entre hacendado y peón produjo desalojos. Y la ineficacia del Estado hizo el resto: en un país donde los terratenientes locales controlaban municipios, policía y jueces de distrito, la ley se aplicó con la elasticidad que convenía a quien la debía cumplir.

La corrección llegó pronto. La pausa reformista se instaló ya en 1937 y se consolidó bajo el gobierno de Eduardo Santos Montejo (1938-1942). En el segundo gobierno de López Pumarejo (1942-1945), la Ley 100 de 1944 cerró la puerta. Buscaba defender a los terratenientes contra arrendatarios y aparceros que intentaban asumir la condición de colonos, resolver la escasez de alimentos y de mano de obra rural, y —clave— amplió cinco años el plazo para la extinción del dominio de predios incultos, postergando la reversión al Estado que ya había prescrito la Ley 200. Las expectativas de reforma agraria abiertas a principios de los años treinta se cerraron entonces. El malestar acumulado, que la Ley 200 había frenado apenas temporalmente, se acumuló sin cauce. El país entraba al segundo gobierno conservador y a la campaña presidencial de 1946 con un campo tensionado, con colonos expulsados y con la promesa reformista traicionada.

Gaitán y el detonante urbano (1945-1948)

Jorge Eliécer Gaitán recogió esa frustración y le dio programa. El Programa del Colón, presentado en 1945, proponía limitar la tenencia de tierra a un máximo de 1.000 hectáreas, revertir al Estado las tituladas y no explotadas, y desarrollar una robusta economía campesina bajo un principio que era casi una filosofía política: el trabajo, y no el simple título, debe originar la propiedad. Era una reforma agraria moderada —no cuestionaba el orden capitalista—, pero volvía operativa la promesa incumplida de la Ley 200 y proponía completarla.

Gaitán no era, sin embargo, un agrarista clásico. Su fuerza estaba en la calle, en las plazas de las ciudades, en los tenderos, artesanos, trabajadores industriales y de servicios que convocaba por encima de las lealtades partidistas tradicionales. Su retórica contraponía las oligarquías de ambos partidos con el pueblo, y despertaba en sus oyentes un sentimiento de clase inédito. La participación del campesinado fue crucial en la cadena de acontecimientos que lo llevó a ser candidato en 1946, y en 1947 barrió las elecciones de representantes y se hizo con la jefatura única del Partido Liberal. Se había convertido en un peligro real para la élite bipartidista. El Congreso de mayoría liberal, notablemente, no le aprobó su proyecto de reforma agraria para hacer efectiva la Ley 200 ni su reforma bancaria para popularizar el crédito. La élite del propio partido lo bloqueaba.

El 9 de abril de 1948, Gaitán fue asesinado en el centro de Bogotá. La insurrección popular que estalló esa tarde —el Bogotazo— destruyó buena parte del centro de la capital y se propagó como conflicto civil a escala nacional. La Violencia no comenzó ese día: venía escalando desde 1946, cuando el triunfo de Mariano Ospina Pérez inauguró el retorno conservador y la persecución a liberales en veredas y municipios. Pero el 9 de abril fue el punto sin retorno. A partir de entonces, las lógicas partidista y agraria se fundieron en una misma guerra.

La Violencia como guerra agraria (1946-1953)

Lo que ocurrió entre 1946 y 1953 fue simultáneamente dos cosas. Fue una guerra civil no declarada entre las bases populares de los partidos liberal y conservador, con la maquinaria estatal —policía chulavita, "pájaros"— empleada por Ospina Pérez y luego por Laureano Gómez (presidente entre 1950 y 1953) para desmantelar al liberalismo territorial. Y fue, superpuesta a esa guerra, una revancha terrateniente contra las conquistas campesinas de los años veinte y treinta. Las dos lógicas se potenciaron mutuamente sin ser idénticas: la persecución partidista prestó cobertura, impunidad y estructura armada al despojo agrario, y el despojo agrario prestó combatientes y objetivos concretos a la guerra sectaria.

La geografía delata la trama. Las zonas más golpeadas coinciden con precisión con el mapa de los conflictos agrarios previos: Tequendama, Rionegro y Sumapaz en Cundinamarca; centro y norte del Tolima; el Viejo Caldas; los municipios cafeteros del Valle del Cauca —Tuluá, Sevilla, Caicedonia—; Antioquia. Son las zonas donde se había concentrado la organización campesina y donde el café había hecho valiosa la tierra. Entre 1946 y 1966 los propietarios perdieron 393.648 parcelas como resultado de La Violencia. En el Tolima, entre 1949 y 1957, 40.176 propiedades —el 42,82% del total departamental, pertenecientes a 32.400 propietarios— fueron abandonadas transitoria o permanentemente; 321.621 personas —el 42,6% de la población— sufrieron exilio. El 46% de esas tierras se abandonó entre 1955 y 1956. Solo en el Tolima se contabilizaron al menos 16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir enfrentamientos con el Ejército ni masacres colectivas.

Los mecanismos del despojo eran reconocibles y sistemáticos. Ventas forzadas a precios muy inferiores al valor real, robos de cultivos y animales, quema de casas, intimidación en épocas de cosecha —cuando la propiedad valía más y el campesino no podía huir sin perderlo todo—. Notarios, especuladores, vendedores y compradores de tierra fueron actores centrales de esa transferencia. En los municipios cafeteros del Valle, miles de colonos fueron asesinados o forzados a abandonar sus tierras mediante amenazas e incendios, y la propiedad quedó concentrada en manos de quienes empleaban esas tácticas.

Las cifras generales de La Violencia han sido durante décadas objeto de debate. Una contabilidad canónica estableció 134.820 muertos entre civiles y combatientes entre 1948 y 1958, cifra que se elevaba a unos 200.000 al incorporar heridos que morían después y desplazados. Estimaciones demográficas más recientes, basadas en censos y tasas de natalidad, rebajan la cifra a entre 39.142 y 57.737 víctimas mortales para el período 1949-1959. Cerca de dos millones de personas se desplazaron. La distancia entre las cifras revela más sobre los métodos de cálculo que sobre la naturaleza del fenómeno: cualquiera de ellas describe un cataclismo social sin precedentes en el país republicano.

El paréntesis de Rojas: amnistía sin reforma (1953-1957)

El 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla ejecutó un golpe de Estado que derrocó a Laureano Gómez con apoyo bipartidista en Bogotá y respaldo militar, particularmente de sectores ospinistas. Su lema fue paz, justicia y libertad, y su instrumento inmediato fue la amnistía. Entre julio y septiembre de 1953 se rindieron miles de guerrilleros; en el Llano, donde Guadalupe Salcedo y Eduardo Franco Isaza habían comandado la mayor fuerza insurgente liberal, se reportaron 3.220 desmovilizados en seis semanas. La estampa mediática del llanero entregando sus armas selló la imagen del proceso.

Pero la pacificación de Rojas fue una anestesia, no una cura. No tocó el problema agrario. No devolvió una parcela. No revisó el despojo. Se limitó a desactivar los aparatos armados, y lo hizo de manera desigual. Los llaneros —guerrilla liberal comandada en buena medida por hacendados de la propia región— entregaron las armas y confiaron en el gobierno militar. Los campesinos llaneros que habían sostenido la lucha no obtuvieron beneficio alguno tras la pacificación: los grandes terratenientes, con apoyo militar, retuvieron el control de la región.

Juan de la Cruz Varela hizo otra cosa. A fines de octubre de 1953 realizó una entrega simbólica y calculada: 1.200 hombres, según reportó la prensa, pero las armas reales quedaron guardadas. Neutralizó la presión militar sin desmantelar su estructura. Los núcleos comunistas del sur del Tolima, encabezados por Isauro Yosa —el Mayor Lister, indígena natagaimuno, jornalero y recolector de café— y por Manuel Marulanda Vélez, tampoco se rindieron. Su desconfianza tenía fundamento. En septiembre de 1954, la Asamblea Constituyente de Rojas ilegalizó al Partido Comunista y extendió la prohibición a toda ideología comunista. El régimen que ofrecía perdón a los liberales criminalizó a los agraristas de izquierda. La ofensiva militar contra Villarrica (1955-1957) desplazó nuevamente a comunidades enteras, y contingentes provenientes de El Davis, del sur del Tolima y del Tequendama fundaron colonizaciones en las vertientes del Guayabero, el Ariari y El Pato. Se movían hacia adentro, hacia el margen, llevando consigo la organización.

Así, la dictadura produjo una diferenciación decisiva del movimiento armado campesino. Las guerrillas liberales se desmovilizaron y sus cuadros se reincorporaron —cuando pudieron— a la política tradicional. Las autodefensas comunistas de Sumapaz, Tequendama y sur del Tolima conservaron las armas y consolidaron una resistencia de carácter más permanente. Cuando cayó Rojas en 1957 y se pactó el Frente Nacional al año siguiente, ese segundo núcleo quedó fuera del acuerdo de reparto del poder. La élite había resuelto su propia guerra; el conflicto agrario, no.

Las repúblicas independientes y el umbral de las FARC (1958-1964)

Entre 1958 y 1964, en las montañas remotas del sur, funcionaron zonas donde las autodefensas campesinas comunistas ejercían de facto la organización social. Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero, Sumapaz. Tenían estructura: un líder comunitario con poderes ejecutivos, un parcelador que era a la vez distribuidor de tierra y juez, un secretario general. Participaban hombres, mujeres, jóvenes y niños en formas de desarrollo social alternativo. El PCC había desarrollado desde 1949 una política cíclica que alternaba entre autodefensa campesina y guerrilla móvil, y esas zonas eran su expresión estable: comunas agrícolas armadas.

Viotá, en el Tequendama, había sido señalada desde los años treinta como el primer municipio de mayoría comunista del país. Allí el PCC había apoyado la lucha de peones y arrendatarios contra el régimen latifundista, y esa memoria organizativa se prolongó a través del ciclo entero. En el sur del Tolima, la guerrilla comunista se había formado con bases de la Liga Campesina fundada en la vereda El Limón, en Chaparral. La distinción social importa: mientras las guerrillas liberales del sur del Tolima —las de Rioblanco, encabezadas por los Loaiza y los García— eran lideradas por hacendados y respondían al Partido Liberal de Ibagué, las comunistas de Chaparral tenían liderazgo campesino e indígena, como Yosa.

El Frente Nacional (1958) redujo la violencia partidista al pactar la alternancia y el reparto entre liberales y conservadores. Neutralizó la dimensión sectaria del conflicto. Pero no tocó la cuestión agraria y excluyó del pacto a los actores armados de la izquierda. La Ley 135 de 1961, impulsada bajo la administración de Alberto Lleras Camargo y su ministro de Agricultura, intentó tardíamente responder a la presión acumulada. Fue, en la práctica, una reforma agraria sin aplicación real. Entre 1960 y 1970 la concentración de la propiedad aumentó: las explotaciones menores de 10 hectáreas disminuyeron en número y superficie, mientras los estratos medio-alto (20-50 hectáreas) y alto (más de 50) crecieron. El país legislaba la reforma y practicaba la reconcentración.

Contra las llamadas repúblicas independientes se levantó una voz que sintetizó las presiones del gran latifundio y de sectores del clero: el senador Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez, denunció en el Senado la existencia de esos enclaves. La denuncia se tradujo en operación militar. En mayo de 1964, el Ejército lanzó una ofensiva contra Marquetalia. Los campesinos de El Pato, Riochiquito y Guayabero habían exigido durante meses obras públicas, carreteras, puentes, presencia institucional del Estado, puestos de salud. La respuesta fue tropas y bombardeos. Manuel Marulanda Vélez y la mayoría de sus hombres lograron escapar del cerco. Pocas semanas después redactaron su Programa Agrario y constituyeron el Bloque Sur. En 1966 la organización se formalizó como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, aunque el mito fundacional siempre ubicó su nacimiento en la operación de Marquetalia. Su relato constitutivo fue el de una organización que no surgió por iniciativa propia sino como respuesta a la agresión estatal contra comunidades agrarias campesinas.

La huella

El conflicto agrario deja huellas mensurables y huellas cualitativas. Las mensurables son la concentración de la tierra —que se agudizó, no se atenuó, en el arco 1946-1970— y el desplazamiento masivo, que engrosó los tugurios urbanos y convirtió a Colombia en un país de migrantes internos. Ese desplazamiento no fue solo la fuga de familias asustadas: fue una transferencia de riqueza. Cada parcela abandonada por un aparcero o un colono cambiaba de manos a precios envilecidos, y el mapa cafetero se rehizo en pocos años a favor de quienes tenían dinero, conexiones locales o pistoleros. La geografía de la propiedad que emergió del ciclo 1946-1970 fue distinta de la que existía en 1945, y esa recomposición sigue leyéndose en el catastro colombiano.

Las huellas cualitativas son más difíciles de fechar pero acaso más decisivas. La primera es institucional: el Estado colombiano demostró en el ciclo Ley 200 / Ley 100 / Ley 135 su capacidad para legislar reformas agrarias sin ejecutarlas, produciendo una hendidura entre norma y realidad que se volvió patrón. Cada ley agraria del siglo XX contuvo su propia contradicción: nació con un artículo revolucionario y un decreto reglamentario que lo neutralizaba, o con una promesa de redistribución y una cláusula de excepción para el gran propietario. Ese patrón de derecho declarativo, sin instrumento de aplicación, se instaló como marca del ordenamiento agrario colombiano y sobreviviría a todos los intentos posteriores.

La segunda huella es política: la élite bipartidista aprendió que podía canalizar la disputa agraria por vías bélicas y luego pactar la paz sin resolverla. El descubrimiento fue temprano —la amnistía de Rojas mostró que era posible desarmar sin devolver ni reparar— y se refinó con el Frente Nacional, que pactó el reparto del poder sobre la premisa implícita de que la cuestión de la tierra no entraba en la mesa. La táctica dejó una lección para todos los actores: quien quisiera imponer la agenda agraria en la política nacional debía hacerlo por fuera del sistema, porque el sistema estaba diseñado para excluirla. Los que aceptaron el pacto pactaron sin ella; los que la mantuvieron como bandera quedaron fuera del pacto.

La tercera huella es armada, y es la que enlaza directamente con lo que vino después. Los campesinos que se atrincheraron en Sumapaz en los años treinta, resistieron La Violencia en el sur del Tolima, sobrevivieron a la amnistía trampa de Rojas y colonizaron el Guayabero después de Villarrica, fueron los mismos —o los hijos de los mismos— que fundaron las FARC. No fue una guerrilla que llegó al campo: fue una organización campesina que se hizo guerrilla porque el Estado no le dejó otra vía. Esa continuidad biológica y organizativa entre las ligas de los años veinte y las autodefensas de los años sesenta explica por qué las FARC pudieron reclamar, con verosimilitud, una genealogía agraria de más de cuatro décadas al momento de su fundación formal.

Hay una cuarta huella, más difusa, que atraviesa a las anteriores: la fusión entre las lógicas privada y estatal del despojo. Durante La Violencia, el policía chulavita, el pájaro y el hacendado local operaron con distinción borrosa. El notario que registraba una venta forzada, el juez de distrito que archivaba una denuncia y el político municipal que amparaba al comprador formaban un solo circuito. Ese circuito no se desmontó con la amnistía de Rojas ni con el Frente Nacional: quedó como una plantilla disponible, un conjunto de saberes locales sobre cómo transferir tierra bajo coacción con apariencia legal. Décadas después, las estructuras de despojo reaparecerían con actores distintos y las mismas técnicas.

La Violencia no fue una explosión de odios sectarios en un país por lo demás en calma. Fue el momento en que dos fuerzas de larga duración —la disputa estructural por la tierra y la lucha partidista— se superpusieron y se potenciaron. La dictadura de Rojas no cerró esa superposición: la congeló. El Frente Nacional resolvió una de las dos fuerzas y dejó la otra intacta, arrinconada en la montaña, armada. Cuando en mayo de 1964 el Ejército entró en Marquetalia, no inauguraba un ciclo nuevo. Continuaba uno viejo, que venía desde la colonización antioqueña y las ligas de Sumapaz. El conflicto agrario colombiano tiene esa densidad: fue capaz de sobrevivir a tres regímenes políticos distintos, a dos amnistías, a una reforma que se volvió contrarreforma y a una dictadura que prometió pacificarlo. Sigue explicando el país, y por eso su historia no cierra en 1964: solo entra ahí en una nueva fase.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

06

Documentos y fragmentos citados

62 documentos · 85 fragmentos

01Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 183, 3182 citas
[1]

Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…

p. 183
[73]

agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…

p. 318
02Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 21, 242 citas
[2]

de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…

p. 21
[22]

lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…

p. 24
03Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 48, 5252 citas
[3]

uno por cien- to al 7 por ciento. 49 Asignación de tierras y evolución de la propiedad agraria en Colombia En resumen: el reconocimiento de los derechos de propiedad a los cultivadores de tierras baldías se expresó en el crecimiento de las adjudicaciones de menos de 500 hectáreas y el decreci- miento relativo de las…

p. 48
[6]

reclamantes de tierras era su “inscripción en las listas municipales de impuestos” (Legrand, 1988, páginas 97-99). La ocupación de tierras incultas generalmente daba lugar a acciones de desalojo por parte de la guardia departamental, a las cuales los campesinos oponían resistencia, a veces pacífica y a veces violenta.…

p. 525
04La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 131 cita
[4]

antioqueñas aun más allá de Popayán, en las tierras volcá- nicas de Moscopán en el Huila y en los declives de la cordillera de Bogotá. La colonización más reciente se ha realizado en las franjas septentrionales del territorio antioqueño, hacia el Chocó, las tierras del Sinú y el valle del río Nus; pero la región…

p. 13
05La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1311 cita
[5]

la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…

p. 131
06El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 63, 2652 citas
[7]

orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…

p. 63
[10]

los mercados cercanos con herramientas tradicionales y primitivas quedaron atrapadas en rendi- mientos decrecientes, sin posibilidades de expandir la frontera agrícola y restringidas culturalmente al hábitat de la vereda y el municipio. El cre- cimiento demográfico, además de la diferenciación, generaba desempleo y…

p. 265
07Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4451 cita
[8]

situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…

p. 445
08La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3421 cita
[9]

manera de acceder a la propiedad, aunque significara una confrontación con los grandes propietarios y con el Estado. Pero fue a través de la fabricación de productos de exportación como se llevó a cabo la inserción de la economía al comercio internacional y a la modernización, primero, con la producción de tabaco y,…

p. 342
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1871 cita
[11]

de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…

p. 187
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4101 cita
[12]

a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…

p. 410
11Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 761 cita
[13]

de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…

p. 76
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[14]

de pro- piedad o de la institución de la familia, tales como están reconocidos y amparadas por la Constitución y leyes del país. 3. Promover, estimar o sostener huelgas violatorias de las leyes que las regula; y 4. Hacer apología de hechos definidos por las leyes penales como delitos. 56 Kalmanovitz, Economía y…

p. 42
13Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3151 cita
[15]

liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…

p. 315
14Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1351 cita
[16]

of the Department of Public Lands. The sensible study published by the Oficina General de Trabajo provides a clear indication of the type of problems in question. 34 In Sumapaz there were clear signs of affinity between Gaitan's style of petty-bourgeois populism and the aspirations of arrendatarios like Ramos, 119…

p. 135
15When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 911 cita
[17]

with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…

p. 91
16Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 170, 1982 citas
[18]

As Darío Fajardo and Medófilo Medina have shown, the uncertainty of land titles in these areas was such that the "agrarian question" remained very much alive. These were also regions with considerable preexisting peasant politicization, through the Communist party, the Partido Socialista Revolucionario, and Gaitán's…

p. 198
[30]

a scale that made cities the decisive centers of power and capital, as well as of electoral results, and Gaitán was directing his appeal to the middle sectorsto shopkeepers, artisans, and industrial and service workersto that whole stratum that the Bogotá aristocracy called "the lower depths of society." These middle…

p. 170
17Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3641 cita
[19]

I nómicamente explotados. Quien com- probara que por cinco años había ex- plotado económicamente un predio, tenía derecho a adquirir el dominio, si había obrado de buena fe. A su vez, y en desarrollo del principio de la fun- ción social de la propiedad y de que ésta implicaba obligaciones, si un pro- pietario no daba…

p. 364
18El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 361 cita
[20]

la conformación de una amplia capa media campesina que pro- dujera grandes excedentes agrícolas que sirvieran para obtener un bajo nivel de precios para las subsistencias (salarios) y ma- terias primas de la industria, para dar lugar a un alto nivel de exportaciones agrícolas diferentes al café y para constituirse, en…

p. 36
19Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 541 cita
[21]

200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…

p. 54
20Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 641 cita
[23]

í a distributiva. Juzgada por estos prop ó sitos, la ley 200 efectivamente fue eficaz, casi.totalment é en cuanto al segundo de los prop ó sitos y un poco menos en cuanto al primero. El primer efecto fue propi ciar, a costa de las tierras agr í colas, la expansi ó n de la ganader í a como forma de “ ocupaci ó n econ ó…

p. 64
21Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 300, 3032 citas
[24]

agudos que el Gobierno consideró necesario adoptar ciertas medidas. El segundo estatuto agrario importante adoptado en el curso de ocho años, la Ley 100 de 1944, suministra evidencias que corroboran los procesos descritos atrás. La ley se proponía defender a los terratenientes contra los arrendatarios y aparceros que…

p. 300
[46]

Sobre el sur de Tolima, véase Medófilo Medina, <<La resistencia... », p. 249. COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN COLOMBIA (1850-I950) contra pequeños propietarios y colonos. Las amenazas de muerte y los incendios obligaban a muchos campesinos a vender sus tierras a cualquier precio o sen- cillamente a abandonarlas,…

p. 303
22Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[25]

conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…

p. 497
23Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 387, 3914 citas
[26]

y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…

p. 387
[27]

y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…

p. 387
[39]

público y social mayor y un desarrollo del clientelismo. Todos los conflictos sociales represados por tres décadas de rápido desarrollo capitalista estallaron con la guerra civil; "La violencia constituyó una forma de resolución catastrófica de los 48 El desarrollo de la agricultura en Colombia, Bogotá, Carlos…

p. 391
[40]

público y social mayor y un desarrollo del clientelismo. Todos los conflictos sociales represados por tres décadas de rápido desarrollo capitalista estallaron con la guerra civil; "La violencia constituyó una forma de resolución catastrófica de los 48 El desarrollo de la agricultura en Colombia, Bogotá, Carlos…

p. 391
24Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 229, 2442 citas
[28]

contradicciones y ca- rencia de coherencia política. Enfrentó las críticas del sector santista y de los conservadores, afrontó la generalización de la Violencia política, la cual no supo manejar, pues sus diálogos con el gobier- no habían resultado infructuosos. El país comen- zaba a desangrarse sin que se hiciera…

p. 229
[61]

y 9 de junio de 1954 se cumplieron una serie de manifestaciones estudiantiles en contra del régimen —las primeras protestas urbanas que se presentaban desde el 9 de abril-, cuyo resultado fue la muerte del estu- diante Uriel Gutiérrez y doce compañeros más, lo que desató el descontento de ciertos sectores de la…

p. 244
25Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 231 cita
[29]

Gémez, un demagogo: pero de plaza y no de parlamento, y de izquierda, no de derecha. Su oratoria vindicativa e incendiaria, diri- gida contra «las oligarquias» (tanto conservadoras como liberales), reanudaba, en palabras, el refor- mismo liberal de la «Revolucién en Marcha», inte- rrumpido por la «pausa» del gobierno…

p. 23
26El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 60, 993 citas
[31]

de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…

p. 60
[32]

de la violencia Jorge Eliécer Gaitán El parlamentario Jorge Eliécer Gaitán Ayala sacudía con su oratoria encendida no solo al Congreso, denunciando a la oligar- quía colombiana ahí representada, sino en las plazas públicas. En ellas las gentes del pueblo, liberales pero también conservadores, se congregaban…

p. 60
[83]

como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…

p. 99
27Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 91, 1422 citas
[33]

Unidos, construir una economía en diálogo con esta naturaleza y estos climas, convertir en una prioridad el bienestar del pueblo, afirmar unas tradiciones culturales, dejar que el país expresara su diversidad y su originalidad, y oponer con firmeza un criterio de dignidad al diálogo con los grandes poderes…

p. 91
[79]

de los llamados territorios nacionales, de la extensa Orinoquia, sino el fenómeno de una guerrilla que ya no se identificaba con los partidos tradicionales. Los primeros guerrilleros comunistas eran en realidad liberales traicionados, campesinos que le dijeron no a la orden de emigrar a la ciudad, las gentes del campo…

p. 142
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 592 citas
[34]

guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…

p. 53
[37]

campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…

p. 59
29Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1961 cita
[35]

calificación Magna cum laude. Gaitán regresó al país en 1928, fue elegido representante a la Cámara y desde allí investigó los suce- sos de la masacre de trabajadores de la United Fruit; sus denuncias se convir- tieron en abierto debate contra el go- bierno de Abadía Méndez y fueron el fundamento para su figura de…

p. 196
30Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 401 cita
[36]

economic elites that dominated both polit- ical parties (Pearce 1990, 44). His candidacy expressed the frustration of mil- lions of Colombians disappointed with the failed reformist efforts of the López-Pumarejo government. In April 1948 Gaitan was assassinated in the streets of Bogotá. His death set off an incredible…

p. 40
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[38]

regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…

p. 42
32¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 70, 742 citas
[41]

estallido re- volucionario en los países latinoamericanos”. Ciertamente, durante la Violencia, la confrontación en algunas zonas del país se entrelazaba con la “revancha terrateniente”, una suerte de venganza por las luchas campesinas de las décadas de 1920 y 1930. 21 La 21. Las reivindicaciones de líderes y…

p. 74
[43]

de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…

p. 70
33Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 cita
[42]

años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…

p. 44
34Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4361 cita
[44]

menor de muertes en comparación con los otros grandes productores de café, después de 1958 suposición entre los departamentos que padecían la Violencia esri:xu~ho-;m4saltll. (Ve~'elCuad.ro S.G).Durante este pe riodo la Violencia se limitO étlsi exclusivamente a los departamentos pro ductores de café, los más…

p. 436
35La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 2771 cita
[45]

invasiones organizadas de fincas o latifundios, co- mo en el Tolima y el sur del Valle del Cauca (Las Hermosas, La Profunda, Pole, etc.), procediendo a usufructuar tales tierras y a veces a repartirlas entre sus seguidores, estableciendo normas de producción y mercados colectivos. Tales hechos son apenas síntomas del…

p. 277
36Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 cita
[47]

las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…

p. 35
37No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 67, 722 citas
[48]

el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…

p. 72
[82]

la colonia agraria comunista, con estrategias de guerra como los bombardeos, desencadenó grandes desplazamientos forzados en regiones como el Sumapaz. El siguiente mapa da cuenta de esos desplazamientos, las distancias entre los lugares de salida y llegada, y estrategias de comunicación y resistencia como la llamada…

p. 67
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
[49]

cuello.» El segundo «en una profunda herida sobre la garganta, muy cerca del tronco [...] corriendo con fuerza un machete afilado sobre la parte anterior del cuello.». Espejo y Rozo, «El léxico de la Violencia en Colombia en algunas obras de la literatura de violencia», 10. 66 Centro Nacional de Memoria Histórica,…

p. 48
39Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3051 cita
[50]

of leading public figures to work together, and their willingness to enlist the citizenry in their partisan and personal struggles, spread violence and death over extensive portions of the nation. The armed struggle, first noted in sporadic incidents taking place in 1946, intensified over succeeding years, ul-…

p. 305
40Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 18, 222 citas
[51]

y el Partido Conservador. La última de esas guerras, conocida como la guerra de los Mil Días, transcurrió entre 1899 y 1902 causando 100.000 muertes —sobre una población de menos de tres millones—, y suponiendo, además, la pérdida de Panamá. Es por esto que algunas voces, tomando como base lo anterior, entienden que…

p. 18
[67]

el comunismo —aún alejado de la toma del poder político y más focalizado en la noción maoísta de guerra popular prolongada —, se va a afianzar sobre dos escenarios que, con posterioridad, serán claves en la emergencia guerrillera de las FARC, ya en la década de los sesenta: Tequendama y Sumapaz en Cundinamarca y el…

p. 22
41Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 221, 2282 citas
[52]

destajo q ue li q uidaban sel ectivamen te lib eral es des d e J> alm ira hasta A rm enia, y El P aís, más recatado y oligarca. E l au togol pe de Os pina y la decla ratoria de abstención li be ral de fin es de 1949, a br ie ron lo q ue a quí he mo s ll a mad o un a segu n- da eta pa qu e, po r m ome nt os, pareció…

p. 221
[58]

titular de El Tiempo: ((E l Regreso a la Norma- lidad en el Llano* y abajo una fotografia panorámica a ocho colum- nas con este pie: <<... con la Cordillera al fondo y la inmensidad de la región en torno s uyo, las guerrillas caminan en fila india hacia el puesto de las autoridades militares en Tauramena para deponer…

p. 228
42Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 281 cita
[53]

bien dirigidas, bajo una cuidadosa preparación y se ejecutan con sorpresa, astucia y vio- lencia (Sierra Ochoa, Gustavo, 1954, página 52). Las tomas de poblados tendieron a ser más reiteradas en los primeros años de La Violencia y disminuyeron con la creación del Frente Nacional, que permitió la coexistencia entre los…

p. 28
43When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 121 cita
[54]

subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. COLOMBIA: POLITICAL DIVISIONS, CITIES, SELECTED TOWNS CARIBBEAN SEA PACIFIC OCEAN ECUADOR PERU 13 VENEZUELA BRAZIL EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:58 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…

p. 12
44Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 391 cita
[55]

población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…

p. 39
45Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 53, 662 citas
[56]

differences between those commanders who identified themselves as Communists and those who were fundamentally Liberals. As a result he withdrew from the meeting, leaving Guadalupe, who supported the law, as jefe supremo de los guerrillas liberales del Llano. Where this new compact might have led can never be known,…

p. 53
[59]

licize this policy, he sent air force planes over guerrilla strongholds in the Llanos, Antioquia, and Tolima to drop leaflets signed by his minister of war, General Alfredo Duarte Blum, announcing that Gómez had fallen and that the new gov- ernment would extend guarantees to all who wished to lay down their weapons.…

p. 66
46Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4931 cita
[57]

la violencia contra el adversario. La confrontación durante estos años llegó a su climax, las estadísticas sobre muertes violentas, masacres políti- cas y éxodos, así lo permite observar. Ni siquiera el relevo en el mando presidencial de Roberto Urdaneta ante una enfermedad de Gómez, repercute en un cambio de am-…

p. 493
47Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 1731 cita
[60]

Rojas invoked Catholic religious and social doctrine to inspire unity. Honoring the legacy of Simón Bolívar, the military government also extolled the ideas of “loyalty, honesty, modesty, strength, and moderation.”31 Together, these virtues would help Colombia move beyond la Violencia, toward some higher, albeit…

p. 173
48Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1541 cita
[62]

hacia Ríochiquito, en el Cauca, por el filo de la cordillera central. Los que tomaron el camino del Sumapaz fue- ron acogidos por un veterano líder agrario de estirpe gaitanista, Juan de la Cruz Várela, llevado gradualmente por la Violencia a hacer la causa co- mún con sus antiguos rivales, los co- munistas. Varela,…

p. 154
49Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 cita
[63]

comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…

p. 51
50Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1011 cita
[64]

como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…

p. 101
51The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 351 cita
[65]

Rojas Pinilla, granted a general amnesty and achieved an almost complete demobilization of the armed peasants. The indiscriminate assaults and retaliations gradually ended, and the Violencia was reduced to counterinsurgent campaigns by the army against bandits, Communist strongholds, and recalcitrant Liberal guer-…

p. 35
52Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 100, 1032 citas
[66]

destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…

p. 100
[84]

historiadores y analistas del fenómeno guerrillero en Colombia. Lo cierto es que, más allá de si el nacimiento de las FARC estaba o no inscrito en la lógica del desarrollo histórico. El PCC y el cerco militar contra Marquetalia le sirvió a la incipiente organización guerrillera para crear un poderoso mito fundacional.…

p. 103
53Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2322 citas
[68]

inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…

p. 232
[69]

inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…

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54Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2461 cita
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por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…

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55Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 682 citas
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con las guerrillas liberales y otras se enfrentaron con ellas, como muestra del desorden reinante en la guerra y de la interferencia de muchos elementos que desbarataban las líneas previstas de enemistad. En los años que trascurrieron entre 1958 y 1962, los comunistas no fueron capaces de unificar su orientación para…

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con las guerrillas liberales y otras se enfrentaron con ellas, como muestra del desorden reinante en la guerra y de la interferencia de muchos elementos que desbarataban las líneas previstas de enemistad. En los años que trascurrieron entre 1958 y 1962, los comunistas no fueron capaces de unificar su orientación para…

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56De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 501 cita
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del departamento (Medina, 2007, página 290). El conflicto entre los dos sectores tuvo que ver con varios aspectos. Primero, las mar- cadas diferencias políticas y organizativas que subyacían entre estas guerrillas. Así, las guerrillas liberales fueron organizadas y comandadas por Gerardo Loaiza y Leopoldo García,…

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57A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 372 citas
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f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…

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f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…

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58Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 101 cita
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All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. AN OVERVIEW OF THE FARC-EP 11 social structures independent of centralized state powers (Simons, 2004: 42; Ramírez Tobón, 1981; Gilhodés, 1970; Guzmán Campos, Fals Borda, Umaña Luna, 1964; 1962). At the beginning of the 1950s, increased migrations of peasants and…

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59Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
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puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…

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60La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 361 cita
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Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez, como “repúblicas independientes” en las que el Estado no ejercía ningún control. Y se convirtieron en un objetivo militar. En mayo de 1964, bajo el gobierno del también conservador Guillermo León Valencia, el Ejército lanzó una operación para acabar con el reducto…

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61Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2441 cita
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el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…

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62Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 291 cita
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1 Por ejemplo: Eduardo Pizarro, Las FARC 1949-1966: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha (Bogotá: Tercer Mundo-IEPRI, 1991). 31 Primer Periodo conflictos agrarios de las décadas anteriores con la creación de las farc en 1964 y su evolución posterior: su arraigo campesino, la importancia de…

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