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Una historia del territorio

Rionegro

Rionegro es un lugar donde la geografía y la historia se han superpuesto de manera inusualmente densa: un altiplano fértil a más de dos mil metros de altura que fue, sucesivamente, frontera indígena, villa colonial heredera del título de Arma, nodo…

17 min de lectura37 fuentes

En el altiplano oriental de Antioquia, a poco más de una hora de Medellín por la autopista que trepa la cordillera, se extiende Rionegro: hoy segunda cabecera urbana del departamento por importancia, sede del aeropuerto internacional José María Córdova, corazón de una región reconvertida en periferia industrial y residencial de la capital antioqueña. Pero su peso en la historia colombiana no se explica por su geografía ni por su demografía actual. En febrero de 1863, en un pueblo entonces modesto del Valle de San Nicolás, se instaló la asamblea que redactó la Constitución de los Estados Unidos de Colombia: el documento más audaz en materia de derechos individuales que hasta entonces había producido América Latina y, a la vez, el instrumento que legalizó la fragmentación del Estado durante veinticinco años. Rionegro es, desde entonces, sinónimo de un momento constitucional: el nombre común de un pueblo antioqueño y el nombre propio de un experimento republicano que devoró a sus autores.

La semblanza

Rionegro es un municipio del oriente antioqueño situado en el altiplano homónimo, un valle fértil a algo más de dos mil metros sobre el nivel del mar que ha operado durante siglos como bisagra entre Medellín y el resto del país por la vertiente del río Magdalena. Su territorio se organiza alrededor del casco urbano tradicional —con la Catedral de San Nicolás el Magno como centro simbólico— y de un archipiélago de veredas y corregimientos, entre los cuales Llanogrande concentra desde finales del siglo XX las residencias campestres de la élite paisa y la infraestructura aeroportuaria. Su clima frío, sus tierras de vocación agrícola y ganadera y su cercanía a Medellín lo convirtieron, primero, en despensa y villa comerciante de la Antioquia colonial; luego, en escenario político de la nación federal; y hoy, en uno de los polos de conurbación más dinámicos del país.

El municipio importa por tres razones que rara vez aparecen alineadas en una misma localidad. Fue nodo de la colonización antioqueña, punto de partida de familias campesinas pobres que a finales del siglo XVIII se lanzaron a fundar poblaciones en las montañas del sur del departamento y, con el tiempo, en el Eje Cafetero. Fue —y sigue siendo— sede de la Convención de 1863, hito fundacional del federalismo radical colombiano y punto culminante de un ciclo de reformas liberales que había comenzado más de una década antes. Y ha sido, en las últimas décadas, laboratorio de la metropolización antioqueña, con las tensiones sociales, ambientales y urbanísticas que ello conlleva. Ninguno de estos tres papeles se explica sin los otros: la Rionegro campesina y expulsora del siglo XVIII, la Rionegro comerciante del XIX y la Rionegro metropolitana del XXI son eslabones de una misma trayectoria.

Los orígenes: valle indígena, sitio colonial, ciudad heredera

El territorio donde hoy se levanta Rionegro estaba ocupado antes de la conquista española por comunidades indígenas: los nutabes, entre otros grupos, habitaban zonas centrales del actual departamento de Antioquia, aunque su vínculo directo con el Valle de San Nicolás pertenece más al terreno de la conjetura arqueológica que al de la documentación firme. El poblamiento hispánico de este altiplano se dio en el marco de la larga y accidentada expansión de la gobernación de Antioquia, cuya cabecera colonial fue durante siglos Santa Fe de Antioquia, en el cañón del Cauca.

La jerarquía urbana del régimen colonial —sitio, viceparroquia, parroquia, villa, ciudad— no era una nomenclatura decorativa: definía la autonomía administrativa, la jurisdicción sobre territorios circundantes, la capacidad de tener cabildo y, en última instancia, el prestigio del vecindario. Cada ascenso en esa escala era objeto de gestiones, memoriales y pleitos, y alimentaba una cultura de emulación localista entre poblaciones vecinas que marcaría la política antioqueña hasta bien entrado el siglo XIX. Rionegro heredó, en algún momento de esa larga tramitación, el título de ciudad que había pertenecido al despoblado de Arma, y esa herencia le dio un rango que las poblaciones cercanas —Marinilla, La Ceja, Guarne— no compartían.

La economía de la comarca durante la Colonia combinó dos actividades que serían constantes de la historia antioqueña: la minería del oro, sobre todo en aluviones y quebradas, y una agricultura campesina de subsistencia con excedentes modestos para los mercados locales. La composición étnica de la población era predominantemente mestiza y mulata: los censos de Medellín de 1778 y de Santa Fe de Antioquia de 1805 muestran mayorías claras de mestizos y mulatos libres, y en zonas como Guarne, vecina de Rionegro, el componente negro y mulato era particularmente significativo. No fue el Rionegro colonial una sociedad de encomenderos ni de grandes haciendas esclavistas al estilo del Cauca o la Costa: fue, más bien, una sociedad de pequeños propietarios, mineros independientes y comerciantes, con una élite letrada limitada pero activa.

La trayectoria: de nodo expulsor a escenario constitucional

A finales del siglo XVIII, Rionegro y el valle de San José de Marinilla —su vecino inmediato— se habían convertido en zonas de intensa presión demográfica sobre una tierra escasa. La combinación de crecimiento poblacional, minifundio y economía minera errática produjo un flujo hacia el sur: familias enteras se desplazaron hacia las montañas de Sonsón buscando tierras. El memorial fechado el 27 de agosto de 1789 y dirigido al gobernador de la provincia lo consigna con claridad. Sus firmantes se identifican como vecinos de la ciudad de Rionegro y del valle de San José de Marinilla, y alegan extrema pobreza y escasez de tierras como motivos para establecerse en las montañas del sur. De ese documento y de otros similares nace la historiografía de la llamada colonización antioqueña, ese movimiento campesino que, a lo largo del siglo XIX, fundaría decenas de poblaciones en el sur del departamento, en Caldas, Quindío, Risaralda y el norte del Tolima y del Valle.

Rionegro fue, en ese sentido, un nodo expulsor tanto como un nodo receptor. Su papel en la expansión de la frontera agrícola antioqueña es tan importante como su papel político posterior, aunque haya sido opacado por este último. A la vez, el municipio participaba de la otra gran dinámica de movilidad de la Antioquia decimonónica: la de los mazamorreros, mineros independientes en su gran mayoría descendientes de esclavos o mestizos, que constituían cerca de cuatro quintas partes de los quince mil mineros del oro que trabajaban en el departamento en los años de máximo empleo del siglo XIX. Trabajaban prácticamente sin capital ni maquinaria, con bateas de madera talladas a mano, y extraían aproximadamente una cuarta parte del oro exportado desde Antioquia en ese siglo. Su cultura era altamente móvil: se desplazaban por las vertientes de la Cordillera Central persiguiendo depósitos aluviales, y esa movilidad —tanto como la colonización campesina— fue motor de la expansión poblacional antioqueña hacia nuevas fronteras.

Todo esto explica que Rionegro figure de manera recurrente entre las poblaciones más habitadas de Antioquia durante el período que va de 1851 a 1912. En el censo de 1851, Medellín ocupaba el cuarto lugar nacional en población, superada por Bogotá, Socorro y Piedecuesta, y Sonsón —fundada apenas medio siglo antes por los emigrados de Rionegro y Marinilla— era ya la segunda ciudad más poblada del departamento. Rionegro figuraba entre las principales cabeceras, junto con Fredonia y otras del sur y el oriente. La geografía humana de la Antioquia decimonónica era, en cierto modo, un despliegue en abanico desde el altiplano oriental hacia las cordilleras del sur.

Sobre ese sustrato demográfico y económico —una ciudad heredera de Arma, con élite comerciante, minifundio campesino, minería aluvial y vínculos activos con Marinilla, La Ceja y Sonsón— se depositó, en 1863, el peso desproporcionado de una convención constituyente nacional.

La Convención de 1863: cálculo militar y programa liberal

La Constitución de la Confederación Granadina, promulgada en 1858 bajo la presidencia del conservador Mariano Ospina Rodríguez, había organizado la república en ocho estados federales: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá y Santander. Ese diseño federal no era, sin embargo, invención de Ospina: era el punto de llegada de un proceso más largo, iniciado con la Constitución de 1853 —que ya había debilitado las atribuciones del presidente y delimitado facultades entre el Estado central y las provincias— y continuado entre 1855 y 1856 con la creación de los primeros estados federales.

La crisis llegó en 1859. El Congreso, bajo el gobierno de Ospina, aprobó una serie de leyes que restringían la autonomía de los estados: una ley electoral cuestionada, figuras de intendentes e inspectores designados por el poder central, y disposiciones que permitían al gobierno nacional suspender a los presidentes estatales y auxiliar revoluciones contra ellos. Los estados de mayoría liberal —Santander, Bolívar, Magdalena y Cauca— entendieron que solo el recurso a las armas podía frenar lo que interpretaban como una recentralización conservadora. En 1860, el general Tomás Cipriano de Mosquera, al frente del Cauca, encabezó la rebelión. La guerra civil se extendió hasta 1861 o 1862, según se cuente, y terminó con la derrota del gobierno de Bogotá y con Mosquera instalado en la presidencia.

En julio de 1861, prácticamente al asumir su segunda presidencia, Mosquera desató una ofensiva anticlerical de gran envergadura. Decretó la tuición de cultos —sometiendo el ejercicio del culto católico a autorización estatal—, sancionó las leyes de expropiación de tierras, casas y edificios pertenecientes a comunidades religiosas en todo el país, ordenó el cierre de los conventos que desacataran esas disposiciones, y avanzó en la desamortización de bienes de manos muertas, por la cual las propiedades de corporaciones eclesiásticas pasaban a la nación con un cálculo de rédito del seis por ciento anual. Estas medidas se inscribían en una tradición internacional que venía de la Revolución francesa y había pasado por España y México: los radicales colombianos se sabían continuadores de ese modelo.

Sobre este escenario —guerra civil ganada, Iglesia en confrontación abierta, estados liberales exigiendo consolidar sus soberanías— se convocó la Convención Constitucional. Mosquera eligió Rionegro como sede. No lo hizo por consideraciones de centralidad geográfica ni por el peso demográfico de la localidad: lo hizo por un cálculo de seguridad política y militar. La población local le era favorable y le ofrecía respaldo; Antioquia, en cambio, era territorio conservador y potencialmente hostil, y el general sabía que la composición de la asamblea no le sería enteramente sumisa. Llegó a Rionegro casi un mes antes de inaugurarse las sesiones, acompañado de una división militar fiel a su nombre. El gesto no admitía lectura ambigua: la Convención se abrió el 4 de febrero de 1863 bajo la mirada de tropas que respondían al presidente provisorio.

Tres temas coyunturales dominaron los debates: el grado de autonomía de los estados, la duración del período presidencial y las relaciones entre la Iglesia y el Estado. En los tres puntos, los constituyentes optaron por soluciones radicales. Los estados soberanos —ya no meros estados federales— recibieron una autonomía casi ilimitada, con ejércitos propios y capacidad de dictar sus constituciones. El período presidencial quedó reducido a dos años, sin reelección inmediata, en un dispositivo pensado explícitamente para evitar la consolidación de caudillos, incluido, paradójicamente, el propio Mosquera. Y las medidas anticlericales de 1861 no solo se ratificaron: se profundizaron, con el impulso a una reforma educativa orientada a eliminar la influencia de la religión católica en la enseñanza.

La Constitución fue fechada el 8 de mayo de 1863. Entre sus firmantes figuraron el panameño Justo Arosemena, Julián Trujillo y José María Rojas Garrido, tres nombres que darían cuenta, cada uno a su manera, del arco político del radicalismo liberal. El 14 de mayo, la Convención nombró a Mosquera presidente de los Estados Unidos de Colombia para el período que se extendería hasta el 1 de abril de 1864: era su tercera presidencia.

Una Constitución avanzada y frágil

El documento aprobado en Rionegro fue, en muchos sentidos, el más avanzado de su tiempo en América Latina. Fue la primera constitución colombiana que no comenzó con la invocación "En nombre de Dios", marcando de entrada un carácter laico sin precedentes en el país. Abolió por completo la pena de muerte, disposición que le valdría los elogios explícitos de Victor Hugo desde Europa. Consagró un catálogo amplísimo de libertades individuales: pensamiento, imprenta, expresión, culto, domicilio, trabajo, enseñanza. Estableció el nombre oficial de Estados Unidos de Colombia y consolidó la unión de estados soberanos bajo un régimen federal radicalizado.

Al mismo tiempo, contenía las semillas de su propia disolución. La soberanía absoluta de los estados y la corta duración del ejecutivo nacional producían un gobierno central estructuralmente débil. La Ley 20 de 1867, dictada bajo el régimen constitucional de Rionegro, obligaba al gobierno de la Unión a guardar estricta neutralidad cuando un grupo de ciudadanos se levantara en armas para derrocar el gobierno de un estado: equivalía a legislar la renuncia al monopolio estatal de la violencia. Un Estado que se prohíbe a sí mismo intervenir en las guerras internas de sus componentes ha renunciado, en la práctica, a existir como Estado.

El resultado fue una inestabilidad crónica que el político e historiador José María Samper cifró con contundencia: en los aproximadamente veinticinco años de vigencia del sistema, se produjeron alrededor de cuarenta y dos constituciones o revueltas armadas de carácter local en los distintos estados. Cada estado soberano vivió su propia historia convulsa de golpes, contragolpes, revoluciones y nuevas constituciones, y el gobierno de la Unión asistía a la escena, atado por su propia legislación.

A este cuadro se sumaba el conflicto acumulado con la Iglesia. Las medidas de 1861 —tuición, desamortización, cierre de conventos— se mantuvieron bajo el régimen de Rionegro, y en los años setenta los liberales radicales instituyeron la educación laica y obligatoria, nuevo motivo de choque. En 1876, los conservadores se alzaron en armas contra el gobierno de Aquileo Parra para frenar precisamente ese proyecto educativo, y fueron derrotados solo por la unión temporal de las dos facciones del liberalismo. La Iglesia, por su parte, atravesaba una crisis institucional prolongada que la obligó a recurrir a los laicos para tareas de catequesis, educación y beneficencia que antes había asumido de manera exclusiva.

El malestar eclesiástico y la revolución conservadora en Antioquia habían sido, desde el comienzo, los dos grandes problemas del régimen. Al inicio de su mandato bajo la Constitución de Rionegro, Manuel Murillo Toro los había enfrentado como los frentes definitorios de su presidencia. Ninguno se resolvió: se prolongaron, se agravaron y terminaron alimentando el proyecto que enterraría la carta radical.

La red: personas, lugares e ideas

Rionegro está tejido en una red que desborda ampliamente los límites del municipio. En el terreno de las personas, el nombre inevitable es el de Tomás Cipriano de Mosquera, aunque el general fuera caucano y su relación con la localidad se limitara al mes de preparación militar y a los meses de la Convención. José María Córdova, héroe de Ayacucho nacido en Concepción pero vinculado por su vida y sus campañas al oriente antioqueño, es otra figura cuya memoria el municipio reivindica: el aeropuerto internacional que sirve a Medellín, ubicado en jurisdicción de Rionegro, lleva su nombre. Juan del Corral, dictador de la Antioquia independiente durante la Primera República, pertenece a la misma constelación regional. Y Manuel Uribe Ángel, médico e historiador antioqueño del siglo XIX, dejó en su geografía y en sus escritos históricos el retrato más denso de esa Antioquia de altiplanos y arrieros a la que pertenecía Rionegro.

En el plano de los lugares, el municipio se entiende en tensión permanente con sus vecinos del Valle de San Nicolás. Marinilla, contigua y hermana en la colonización de Sonsón, sostuvo con Rionegro una relación de emulación política que atravesó todo el siglo XIX: mientras Rionegro se decantaba por el liberalismo, Marinilla se consolidaba como bastión conservador, y esa polaridad reproducía a escala local la del país. La Ceja y Guarne, poblaciones cercanas, completaban un archipiélago urbano en el altiplano, articulado por caminos de arriería. Medellín, más abajo en el valle del Aburrá, era en el siglo XIX una ciudad importante pero no aún la metrópoli aplastante en que se convertiría; su relación con Rionegro fue durante mucho tiempo de complementariedad más que de subordinación. Y Llanogrande, hoy corregimiento de Rionegro identificado con el aeropuerto y la vida campestre de la élite paisa, era entonces una vereda rural sin mayor peso.

En el plano de las ideas, Rionegro condensa el federalismo radical, el laicismo militante, el liberalismo económico de mediados de siglo y el constitucionalismo de derechos individuales. Es heredero de la Constitución de 1853, de los primeros estados federales de 1855-1856, del pensamiento de los generales y letrados que habían leído a los liberales franceses y a los federalistas norteamericanos. Es también, por contraste, el reverso de la Regeneración que vendría después: sin Rionegro no se entiende Núñez, así como sin Núñez el proyecto de Rionegro no habría cerrado su ciclo.

La huella: Regeneración, olvido y metrópoli

El desenlace del ciclo abierto en 1863 llegó por vía política y no por revolución armada. En 1878, Rafael Núñez, presidente del Senado de Plenipotenciarios, pronunció en la posesión del presidente Julián Trujillo la frase que quedaría como acta de defunción del radicalismo: "hemos llegado a un punto en que estamos confrontando este preciso dilema: regeneración administrativa fundamental o catástrofe". El Diario Oficial del 1 de abril de 1878 la consignó para la posteridad. El propio Núñez declararía más tarde que en ese momento no tenía en mente sustituir el sistema federal ni alterar los fundamentos estructurales del ordenamiento de 1863, sino apenas una regeneración administrativa. La lógica política haría lo demás.

Durante los años ochenta, un sector de liberales independientes, aliado con los conservadores, impulsó el programa que la frase de Núñez había bautizado. La Regeneración estableció una centralización política, administrativa y económica, restableció relaciones más armónicas entre la Iglesia y el Estado, y culminó con la Constitución de 1886, que enterró definitivamente el modelo de Rionegro. La abolición de la pena de muerte fue revertida. La soberanía de los estados desapareció, sustituida por departamentos con gobernadores designados por el poder central. La invocación a Dios volvió al preámbulo. El nombre de Estados Unidos de Colombia dio paso a República de Colombia.

Que la Regeneración fuera hija directa del malestar acumulado bajo la carta de Rionegro es evidente. Que fuera su liquidación total, también. Los factores que la hicieron posible se acumulan en un balance ineludible: el debilitamiento estructural del Estado por la propia arquitectura federal, la estrechez económica agravada por las guerras civiles recurrentes, el conflicto crónico con la Iglesia en una sociedad mayoritariamente católica, y la sensación pública de un desorden administrativo que las cuarenta y dos revueltas contadas por Samper resumían con crudeza. La conclusión política —que ese cuadro exigía un orden más centralizado— no era la única lectura posible, pero fue la que se impuso.

La huella de Rionegro en la historia colombiana quedó, así, doblemente marcada. Por un lado, como referente de un liberalismo avanzado en derechos individuales que el país tardaría casi un siglo en recuperar: la abolición de la pena de muerte reaparecería solo con la Constitución de 1910, las libertades individuales amplias con la reforma de 1936, el laicismo estatal con la Constitución de 1991. Por otro lado, como advertencia sobre los riesgos de un federalismo llevado al extremo, argumento que la tradición centralista colombiana esgrimiría hasta bien entrado el siglo XX.

En el propio municipio, la memoria de la Convención se conservó con orgullo pero sin la centralidad que le habría correspondido si el proyecto radical hubiera perdurado. La Regeneración era, por definición, un régimen incómodo con Rionegro como símbolo. Solo con el resurgimiento del pensamiento liberal en el siglo XX, y sobre todo con la revalorización del federalismo y de los derechos individuales que trajo la Constitución de 1991, Rionegro empezó a ser reivindicada como capítulo mayor de la historia constitucional del país.

Entre tanto, el municipio siguió su curso material. La economía minera del oro, que había sido el gran motor exportador de la Nueva Granada durante el siglo XIX, cedió terreno hacia finales de esa centuria ante el tabaco, la quina y sobre todo el café. Antioquia se reorientó hacia la caficultura y la industrialización, con Medellín como epicentro. Rionegro participó de esa transformación desde su condición de despensa agrícola y ganadera del área metropolitana en formación. La construcción del aeropuerto internacional José María Córdova en su jurisdicción, inaugurado en la segunda mitad del siglo XX, marcó el inicio de una nueva etapa: Rionegro dejó de ser una localidad tributaria de Medellín para convertirse en pieza estructural del sistema urbano antioqueño.

En las últimas décadas, esa integración se ha profundizado hasta niveles que redefinen el municipio. Llanogrande se ha convertido en el suburbio residencial de la élite paisa, con parcelaciones campestres, clubes y centros comerciales que replican en el altiplano el modelo de vida de El Poblado. El casco urbano tradicional sostiene un crecimiento poblacional acelerado, con presiones sobre el suelo, el agua y la infraestructura vial. Los polígonos industriales del oriente antioqueño —articulados por la autopista Medellín-Bogotá— hacen del municipio uno de los principales nodos manufactureros del departamento. La Rionegro campesina y comerciante del siglo XIX es hoy, al mismo tiempo, ciudad histórica con catedral colonial, aeropuerto internacional, corredor industrial y suburbio de lujo.

En esa condición contemporánea reaparecen, con nuevos rostros, las tensiones que atravesaron su historia. El municipio que en el siglo XVIII expulsó familias por escasez de tierras enfrenta hoy la especulación inmobiliaria que expulsa a sus habitantes tradicionales hacia veredas cada vez más periféricas. La ciudad que en 1863 albergó el debate sobre el grado de autonomía de los estados asiste hoy al debate sobre la autonomía municipal frente al Área Metropolitana del Valle de Aburrá y frente a los intereses de Medellín. El altiplano que fue laboratorio del federalismo se ha convertido en laboratorio de la conurbación.

La Catedral de San Nicolás el Magno preside todavía la Plaza de la Libertad, en cuya casa consistorial funcionó la Convención. Es uno de los pocos lugares del país donde el visitante puede, sin mediación de museo, pisar el mismo suelo donde se firmó una constitución colombiana. Rionegro conserva así algo raro en la geografía histórica del país: la contigüidad física entre la memoria y el presente, entre el pueblo antioqueño y el nombre propio del experimento republicano que allí se ensayó, brevemente, hace algo más de siglo y medio.

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Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 37 fragmentos
01
Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 18
1 cita
[1]

d el territorio que hoy conforma lepartamen Antioquia estaba ocupado por numerosos grupos indigenas, en su mayor p: caribes, entre los cuales podemos citar a los catio, embera, cuna, uraba y zen en la parte occidental y noroccidental (cuenca del Atrato y alto Sinu); los nutaba en la zona central; los tahami hacia el…

p. 18
02
Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 81
1 cita
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y es la región ecuatorial que cierra el paso al mar por el occidente. En las crónicas de la Conquista, empero, hay muchos pasajes que dan otra idea, como este, de 82 Línd Odince Vrdsíta pero que desaparecieron con increíble rapidez al entrar en contacto con los conquistadores. Por un momento la selva volvió a cubrir…

p. 81
03
Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 179
1 cita
[3]

la calidad sino el lugar de resi- dencia empezó a acompañar comúnmente al nombre del individuo, de la misma forma que el lugar de origen había acompañado al nombre de los primeros pobladores his- panos, quienes hacían de ello un elemento importante de sus relaciones sociales y políticas 111. La pertenencia a un lugar…

p. 179
04
La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 45
1 cita
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más in- tensamente, la sangre negra debía constituir por lo menos un tercio del linaje antioqueño en evolución. Así, el censo de 1778 de la villa de Medellín 55 alistó 55% como mulatos o negros esclavos, de los 14.704 habitantes. Para Santa Fe de Antioquia, el censo de 180556 registra 4.242 en un total de 5.945, como…

p. 45
05
La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 69
1 cita
[5]

la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…

p. 69
06
Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 30
1 cita
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 Fredonia ,  Santa Rosa ,  Yolombó ,   Aguadas ,  Yarumal ,  Santa Rosa ,   San Vicente ,  Titiribí ,  Rionegro ,  Sources: ‘Cuadro jeneral de la población de la República por Estados, Territorios, Distritos y Aldeas en , comparados con el censo de  ’, Anuario…

p. 30
07
Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 30
1 cita
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 Fredonia ,  Santa Rosa ,  Yolombó ,   Aguadas ,  Yarumal ,  Santa Rosa ,   San Vicente ,  Titiribí ,  Rionegro ,  Sources: ‘Cuadro jeneral de la población de la República por Estados, Territorios, Distritos y Aldeas en , comparados con el censo de  ’, Anuario…

p. 30
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Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 348
1 cita
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de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…

p. 348
09
Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 17, 21
2 citas
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del Beebe ¢ Ae tee batndoe Ue mstrs Critvrtrrmoe gus tfervetla, Ka rensde en dectetuas 4 ta “goin ai fillicd c @. Bfilitle a4 eZ a Wtieele te.S oe Go elarter Lobes aped dé Poliagata Blaine, Lb nen! See Fon dintaciesen, Mag datiun, Pannva: Doerlar dor ¢ Blhiorra, ried doe peyperlen a sereele fers tor aelee Ae ape…

p. 17
[17]

tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…

p. 21
10
Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 24
1 cita
[10]

de vías de comunicación. Como varia- ción a la estructura de la rama ejecutiva federal se sustituyó la figur Debe resaflarse de esta Constitu- ción la introducción de un mecanismo de control de constitucionalidad y Je- Evento Federa en virmud del cual la Corte Federal podía suspender los e Me aturas de los estados…

p. 24
11
Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 238
1 cita
[11]

Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…

p. 238
12
El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 449
1 cita
[12]

conservador. Esta ley transfería a los poderes nacionales, retirándosela a los estados la in- tervención en los escrutinios de las elecciones para miem- bros del Congreso y para la Presidencia de la República. Contra esta y parecidas medidas elevó violenta protesta el Partido Liberal, amenazado en su propia…

p. 449
13
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 94
1 cita
[13]

el trato respetuoso que se debía dar a los prisioneros de guerra, asistencia a los heridos y enfermos y respeto a la población civil. El 26 de noviembre de 1820 se suscribió entre Simón Bolívar, como presidente de la recién creada República de la Gran Colombia, y Pablo Morillo, comandante español del Ejército de…

p. 94
14
Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 152, 157
2 citas
[14]

magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…

p. 157
[20]

Mosquera expulsó del país a las otras comunidades religiosas. Tercer y cuarto gobiernos de Mosquera La Convención de Rionegro de 1863 lo nombró para su tercer mandato, el 14 de mayo, presidente de los Estados Unidos de Colombia, cargo que ejerció hasta el 1 de abril de 1864. Entre mayo y noviembre estuvo al frente de…

p. 152
15
Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 110
1 cita
[15]

la Constitución de la Confederación Granadina dice: “Art. 15. Son de la competencia esclusiva del Gobierno jeneral los objetos siguientes…][… “[t] odo lo concerniente a la legislación marítima i a la del comercio esterior i costane - ro…][… “El mantenimiento de la libertad del comercio entre los Estados…” 109 El…

p. 110
16
Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 139
1 cita
[16]

práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…

p. 139
17
Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 73, 108
2 citas
[18]

acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…

p. 73
[32]

la Constitución rionegrera, en cuya redacción y promulgación no había par- ticipado. Sin embargo, respaldaba las medidas federativas y de libertades que ella disponía, y no aprobaba las pertinentes a temas eclesiásti- cos, frente a las cuales tenía criterios y senti- mientos diferentes. Dos hechos de significado…

p. 108
18
La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 139
1 cita
[19]

auxilio, [para formar] una nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de ‘Estados Unidos de Colombia” 184. Es la primera Constitución del país que no comienza “En nombre de Dios” 185 sino “En nombre y por autorización del 183 Véase para toda la historia de la laicidad en Francia, Assemblée générale du…

p. 139
19
Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 35
1 cita
[21]

convirtió en la única posible. El segundo rasgo dominante de la Constitución era el amplio reconoci- miento de los derechos y garantías in- dividuales. Abolía por completo la pena de muerte —esto fue lo que mo- tivó los elogios de Victor Hugo— y garantizaba los derechos a la propie- dad, las libertades de pensamiento,…

p. 35
20
Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 92, 107
2 citas
[22]

texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…

p. 107
[34]

Producción de oro Durante el siglo xviii el oro fue el principal producto de exportación de la Nueva Granada y durante el siglo xix esta situación no varió mucho. Fue sólo a finales de ese siglo, ante la aparición de nuevos productos de exportación como el tabaco, la quina y el café, que el oro fue relegado a un…

p. 92
21
Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 110
2 citas
[23]

de trabajo forzoso que se consolidan por medio de las deudas, el poder político local de los terratenientes y la influencia ideológica del clero. Como el liberalismo de esta época representa los intereses bá- sicos de una burguesía comercial, no productiva, que intermedia polos con distintas relaciones sociales, polos…

p. 110
[24]

de trabajo forzoso que se consolidan por medio de las deudas, el poder político local de los terratenientes y la influencia ideológica del clero. Como el liberalismo de esta época representa los intereses bá- sicos de una burguesía comercial, no productiva, que intermedia polos con distintas relaciones sociales, polos…

p. 110
22
¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 65, 68
2 citas
[25]

garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
[28]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
23
La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 37
1 cita
[26]

de que sería bueno tener este monopolio. Esto no siempre ha sido así. Después de la Constitución de Rionegro de 1863, no había un ejército nacional y el Estado nacional no tenía el derecho de intervenir en las cuestiones de los departa- mentos que lo constituían. De hecho, la Ley 20 de 1867 declaraba: Artículo 1.…

p. 37
24
Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 545
1 cita
[27]

a saber: «La del 27 de octubre de 1857, motivada por la crea- ción del Estado; «La del 12 de noviembre de 1863, motivada por la nacional del mismo año; «La del 25 - 26 de noviembre de 1864, fruto de una insurrección local, y «La del 15 de septiembre de 1877, resultado también de otra conmoción armada que derrocó al…

p. 545
25
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192
1 cita
[29]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
26
Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 137
1 cita
[30]

encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…

p. 137
27
30 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 98
1 cita
[31]

Crédito nacional. Parágrafo. Esta disposicion no comprende a los censos o capitales puestos a interes de propiedad individual i que no tengan el carácter de fundacion en favor de los establecimientos de que trata este decreto. Art. 15. La Junta Suprema del Crédito público es la encargada especialmente de la…

p. 98
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Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 65
1 cita
[33]

la Independencia hasta la década de 1880. El clero debió, entonces, acudir a los laicos para que estos asumieran varias tareas, desde el apoyo político, la más conocida, hasta su colaboración en la catequesis, educación y, por supuesto, la beneficencia y caridad 108. Por otra parte, sus exponentes pertenecían a…

p. 65
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Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 114
1 cita
[35]

pleitos y riquezas, descuidando ente ram ente la felicidad de los pueblos. Para conseguir la de este país, se deben componer con la m ayor perfección los dos caminos que de sus principales ciudades siguen al Este y llegan hasta el N are... Su fragosidad presente es obra de la inacción y del descuido. Los jefes de la…

p. 114
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The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 189
1 cita
[36]

efforts of this period were negated to some degree by the drag of traditional social values. But even more substantial obstacles stood in the way. With little industrial activity or transportation develop- ment, few jobs existed for the technically trained. After 1863 this situation improved. Some of the factors that…

p. 189
31
Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 10
1 cita
[37]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10