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Idea · Regeneración

Catolicismo social

Conjunto de doctrinas, instituciones y prácticas con que la Iglesia católica colombiana intervino en la cuestión social entre finales del siglo XIX y mediados del XX, nacido al amparo del régimen concordatario de 1886 y orientado simultáneamente a organizar a los trabajadores y a contener el avance del liberalismo y el socialismo.

3.966 palabras48 documentos68 fragmentos citados
Catolicismo social

Trayectoria de una idea

  1. 1887

    Concordato y régimen de cristiandad

  2. 1891

    Llegada de la Rerum Novarum a Colombia

  3. 1913

    Primer programa episcopal de acción social

  4. 1919

    Patronato de Obreras de Medellín

  5. 1924

    Acción directa antisocialista

  6. 1928

    Respaldo eclesiástico a la ley de defensa social

  7. 1933

    Patronato de Fabricato

03

La lectura

El catolicismo social colombiano no nació como movimiento de reforma frente a un Estado laico, como ocurrió en Europa, sino como extensión natural de un régimen concordatario en el que la Iglesia ya detentaba poder público efectivo desde 1886. Esa condición fundacional le otorgó un doble rostro inseparable: fue instrumento genuino de organización y asistencia para trabajadores —círculos obreros, patronatos femeninos, mutuarias, barrios modelo— y al mismo tiempo dispositivo de contención ideológica frente al liberalismo y al socialismo emergente. Su llegada tardía a la cuestión obrera, más de dos décadas después de la Rerum Novarum, lo colocó en posición reactiva: organizó cuando el socialismo ya sembraba, y combinó obras sociales reales con represión cívica y clerical de los sindicatos independientes. La clase obrera a la que se dirigió era mayoritariamente femenina y migrante, realidad que sus patronatos y albergues atendieron con una mezcla de asistencia concreta y tutela moral. Su arquitectura institucional —sostenida sobre todo por los jesuitas en Medellín y Bogotá— sobrevivió a la propia Hegemonía Conservadora que le dio origen y marcó el mundo laboral colombiano durante buena parte del siglo XX.

El catolicismo social en Colombia

El catolicismo social colombiano fue el conjunto de doctrinas, instituciones y prácticas con que la Iglesia católica intervino en la cuestión social entre finales del siglo XIX y mediados del XX, en respuesta al ascenso de la clase obrera y a la difusión de las ideas socialistas. En Colombia se implantó de manera singular: no llegó como movimiento de reforma frente a un Estado laico, sino como extensión natural de un régimen concordatario en el que la Iglesia detentaba, desde 1886, un poder público efectivo sobre la educación, el estado civil y la vida cotidiana. Esa condición fundacional —Iglesia asociada al orden político conservador, no separada de él— dio a su catolicismo social un doble rostro: fue instrumento de organización de trabajadores y también dispositivo de contención frente al liberalismo y al socialismo. Su arquitectura —círculos obreros, patronatos femeninos, sociedades mutuarias, Acción Social Católica, prensa confesional y, más tarde, la Unión de Trabajadores de Colombia— marcó el mundo laboral del país durante buena parte del siglo XX y sobrevivió a la propia Hegemonía Conservadora que le dio origen.

Antes de la Regeneración: la Iglesia entre el desamparo y la recomposición

Para entender por qué el catolicismo social colombiano nació injertado en un régimen político hay que retroceder a mediados del siglo XIX. En 1850, el presidente José Hilario López rompió con la tradición de estrecha colaboración heredada de la Colonia: adoptó el principio liberal europeo de "Iglesia libre en el Estado libre", expulsó ese mismo año a los jesuitas y desterró al arzobispo de Bogotá Manuel José Mosquera. Fue el primer golpe serio a una Iglesia que hasta entonces había operado como brazo espiritual del orden republicano.

El golpe mayor vino once años después. El 9 de septiembre de 1861, en plena guerra civil, Tomás Cipriano de Mosquera —hermano del arzobispo desterrado, paradoja no menor— expidió el decreto de desamortización de bienes de manos muertas, que adjudicó a la nación las propiedades de corporaciones civiles y eclesiásticas calculadas como rédito al 6% anual. La motivación fue ante todo fiscal: el tesoro estaba exhausto y las propiedades eclesiásticas se estimaban en diez millones de pesos, cinco veces el presupuesto nacional de dos millones. La Iglesia era, hacia 1861, el mayor terrateniente del país, y la medida la despojó de la base material que había sostenido su influencia. Mosquera volvió también a expulsar a los jesuitas: sería la segunda de las tres expulsiones que la Compañía sufriría en Colombia durante ese siglo.

La ofensiva liberal culminó en la década de 1870. Los radicales instituyeron la educación laica y obligatoria, y el control de la escuela se convirtió en el eje del choque. Cuando en 1876 estalló una nueva guerra civil, clérigos de varias localidades del Cauca abanderaron la causa antirreformista que la precedió. Fue una guerra de curas y de manuales escolares tanto como de ejércitos.

La derrota, sin embargo, no acabó con la Iglesia; la obligó a rehacerse. La crisis del modelo federal en los años ochenta, agravada por la división del liberalismo entre radicales e independientes, produjo una recomposición política en la que la Iglesia pasó de víctima a socia. Cuando Rafael Núñez emergió como líder de la coalición entre conservadores y liberales independientes, la restauración del orden implicaba, casi por necesidad, restaurar también la autoridad eclesiástica. La Regeneración no inventó la alianza Iglesia-Estado: institucionalizó una recomposición que la desamortización, las guerras civiles y el fracaso del laicismo radical venían haciendo inevitable.

La arquitectura jurídica del régimen de cristiandad

La Constitución de 1886, redactada por un Consejo de Delegatarios reunido tras la derrota militar de los liberales radicales en 1885, sepultó el federalismo. Estableció un régimen centralista, dividió el territorio en departamentos, extendió el período presidencial a seis años e instauró la elección directa del presidente. Y, en su artículo sobre la religión, declaró que el catolicismo era la religión de la nación y dispuso que la educación pública se organizaría en concordancia con la Iglesia católica.

Esa concordancia se detalló al año siguiente. El Concordato firmado con la Santa Sede en 1887, aprobado en 1888, precisó que la instrucción se organizaría "en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica". Fue el instrumento más explícito de la subordinación del sistema educativo al magisterio eclesiástico. Pero el Concordato hizo más: otorgó efectos civiles al matrimonio católico, control del estado civil mediante certificados de bautismo y libros parroquiales que operaban como registro civil de hecho, autonomía plena de gobierno, fuero eclesiástico, ventajas fiscales y una indemnización perpetua por los bienes desamortizados. Con ese Concordato regresaron por tercera vez los jesuitas al país y reconstruyeron sus instituciones educativas y culturales.

El conjunto instauró lo que se ha llamado el régimen de cristiandad: un sistema en el que el Estado facilitaba la labor de la Iglesia y le cedía funciones públicas, mientras la Iglesia orientaba a los fieles y legitimaba al régimen. Ser colombiano y ser católico se volvieron, en la práctica administrativa, lo mismo. En un continente que durante el siglo XIX marchaba hacia la separación —México, Argentina, Uruguay, Chile—, Colombia tomaba el rumbo contrario: la Regeneración supeditó el poder civil al eclesiástico y consolidó una hegemonía conservadora que se extendería, sin interrupción, hasta 1930.

Sobre ese piso se levantó la escuela. Los textos escolares oficiales fueron los manuales de los jesuitas José Félix de Restrepo, Faustino Segura y José María Ruano; este último habría prohibido la lectura de José Asunción Silva, Guillermo Valencia y Luis Carlos López. Para 1921 el Ministerio de Instrucción Pública repartió a los escolares del país 19.899 catecismos del padre Astete. La educación secundaria quedó en manos de colegios privados, casi todos religiosos; la femenina se limitaba a la primaria y a algunos colegios confesionales, y en los años veinte aún no otorgaban a las mujeres el título de bachillerato. La socialización de varias generaciones de colombianos —hábitos, moral, autoridad— pasó por esa red.

Rerum Novarum en tierra concordataria: recepción tardía

Cuando León XIII publicó en 1891 la Rerum Novarum —la encíclica que abrió el catolicismo social moderno, criticando el liberalismo económico y afirmando los derechos del trabajador—, Colombia acababa de estrenar su Constitución concordataria. La coincidencia fue paradójica: la encíclica que en Europa animó movimientos obreros católicos y partidos demócrata-cristianos llegó a un país donde la Iglesia estaba ocupada consolidando su poder político. La polémica sobre la Regeneración, el fervor de la intransigencia católica frente al liberalismo derrotado y la ausencia todavía de un movimiento obrero significativo desplazaron la dimensión social del texto pontificio. La Rerum Novarum se recibió, pero como un documento más del magisterio, no como programa de acción.

Hubo, sí, resonancias tempranas. Hacia 1891, un autor cercano al pensamiento regeneracionista formuló ideas convergentes con el catolicismo social emergente: crítica del dogma del interés individual, defensa de una intervención moderada de la autoridad pública en los asuntos de la industria. Núñez mismo era, en muchos sentidos, un espíritu contradictorio afín a esa sensibilidad: adversario del liberalismo como doctrina puramente lógica, convencido del valor de la fe en la vida política, pero también estadista que fomentó la ciencia y quiso hacer de la industrialización una base de su política. Aceptó parcialmente el positivismo aunque en el fondo desconfiara de la ciencia y la técnica. Su Regeneración lleva esa marca híbrida.

Solo en las dos primeras décadas del siglo XX algunos eclesiásticos comenzaron a poner en práctica los postulados de la encíclica en favor de la naciente clase obrera colombiana. La demora tuvo consecuencias: el catolicismo social llegó cuando el socialismo ya empezaba a organizarse, no antes. La ventaja de campo que la Regeneración parecía haber asegurado a la Iglesia se convirtió, para la cuestión obrera, en desventaja: la jerarquía llegó tarde a un terreno donde otros ya sembraban.

De la caridad a la organización: círculos, patronatos y mutualidades

El giro institucional se produjo en 1913, cuando la Conferencia Episcopal colombiana decidió impulsar la Acción Social Católica, difundir entre los trabajadores la Rerum Novarum y respaldar la creación de sociedades mutuarias en todo el país. Fue el primer programa episcopal explícito sobre la cuestión social, veintidós años después de la encíclica.

Los focos principales fueron Medellín y Bogotá. La Acción Social Católica de Medellín se creó por iniciativa de los jesuitas, en particular del padre español Gabriel Lizardi y del antioqueño Germán Montoya, quien la dirigió durante veintiocho años. Sus estatutos establecían que la asociación debía promover y preservar las instituciones sociales necesarias para el mejoramiento de los necesitados; los laicos afiliados que aportaban trabajo eran clasificados como "miembros activos". Fue una plataforma amplia desde la que se coordinaron obras educativas, asistenciales y de organización obrera durante casi tres décadas.

En Bogotá, la figura central fue el jesuita José María Campoamor, fundador del Círculo de Obreros de San Francisco Javier. El Círculo abrió una escuela para hijos de las clases populares y, más ambicioso aún, construyó el Barrio Villa Javier, un barrio obrero modelo pensado como respuesta católica al problema de la vivienda popular. Villa Javier —con sus casas propias, su escuela, su capilla, su cooperativismo tutelado— fue una utopía social católica hecha de ladrillo: la respuesta de un jesuita a la promesa socialista de emancipación, ofreciendo en su lugar orden, propiedad y disciplina moral bajo la guía del sacerdote.

El componente femenino fue central y particularmente revelador. En 1919, Leonor Escobar Gaviria y Ana Raquel Isaza fundaron en Medellín el Patronato de Obreras, con respaldo de empresas, el Arzobispado y la Compañía de Jesús. Era un albergue para mujeres jóvenes que migraban del campo a las nacientes fábricas textiles, y su misión declarada era prevenir su "corrupción moral en la ciudad". Catorce años después, en 1933, Fabricato fundó su propio patronato para las obreras de la empresa, administrado por las Hermanas de la Presentación, con reglas de conducta similares a las de un convento; funcionó hasta 1974. Ambos casos hablan de una realidad demográfica que el discurso obrero clásico tiende a olvidar: para 1930 solo 15.000 obreros laboraban en fábricas en Colombia, y dos terceras partes eran mujeres. El catolicismo social se dirigió a esa clase obrera femenina y migrante con instituciones que combinaban asistencia real, disciplina laboral y tutela moral.

Las sociedades de ayuda mutua constituyeron la otra pieza. Antes de la Primera Guerra Mundial, las organizaciones de trabajadores en Colombia se limitaban casi exclusivamente a mutuarias fundadas bajo auspicios eclesiásticos. La Iglesia las veía con buenos ojos y las promovía activamente. En la Costa Atlántica, la mutuaria de Cristo Rey en Barranquilla, creada a fines del siglo XIX con apoyo clerical, fue un caso emblemático. Pero la Costa mostró también los límites geográficos del modelo: la menor presencia clerical hizo que la naciente clase obrera de Barranquilla desarrollara una dinámica más secularizada, con una tradición cristiana que integraba cristianismo, racionalismo liberal y socialismo en síntesis peculiares. Donde la Iglesia estaba, encuadraba; donde no llegaba, el obrero se organizaba por otros caminos, sin dejar por ello de ser creyente.

Los años veinte: conflictividad obrera y endurecimiento clerical

La década de 1920 puso a prueba la arquitectura del catolicismo social. La expansión económica de posguerra, el crecimiento del café, el auge de los enclaves petroleros y bananeros y la modernización de los transportes crearon un proletariado nuevo, concentrado en ferrocarriles, puertos, transporte fluvial y las multinacionales del petróleo y el banano. Ese sector se organizó con velocidad. Los primeros sindicatos colombianos surgieron entre 1918 y 1923, y las huelgas de Barrancabermeja de 1924 y 1927, y sobre todo la de la zona bananera del Magdalena en 1928, marcaron un salto cualitativo: ya no eran conflictos artesanales, sino movilizaciones masivas en corazones económicos estratégicos.

La respuesta estatal y eclesiástica fue simultánea y complementaria. En octubre de 1928, semanas antes de la masacre de las bananeras, el Congreso aprobó la llamada "ley de defensa social", un marco altamente represivo cuyo eje era prohibir la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición e impedir la difusión de ideas socialistas. La reacción de la jerarquía fue elocuente: varios prelados enviaron telegramas de felicitación a los congresistas, y el arzobispo de Cartagena bendijo el triunfo del "partido del orden social".

Ese lenguaje no era nuevo. Desde comienzos de la década, los círculos clericales llamaban al Estado a usar "mano dura" contra los socialistas, a quienes acusaban de sembrar la miseria lanzando a los obreros a la huelga. Y de las proclamas se pasó a la acción directa. En 1924, miembros de la asociación "Soldados de Cristo" atacaron las oficinas del periódico El Socialista en Bogotá; los integrantes de la Congregación de Obreros de San José de Medellín salieron a las calles con consignas confesionales contra los sindicatos socialistas. El catolicismo social tenía, en esos años, una dimensión de milicia cívica.

La estrategia incluyó también la creación de organizaciones paralelas. En 1920 la jerarquía habló de la necesidad de establecer una Unión Popular Católica de Colombia, y en 1923 surgió en Medellín la Unión Conservadora de Obreros, que salió derrotada en las elecciones de ese año. La derrota fue reveladora: en el terreno electoral obrero, la etiqueta conservadora pesaba negativamente. La propia alianza entre la Iglesia y el Partido Conservador —la fuente de sus recursos y su alcance— era, según percibieron los eclesiásticos que trabajaban entre trabajadores, un obstáculo para penetrar en el movimiento obrero. Los obreros de arraigada fe religiosa se inclinaban con frecuencia hacia el socialismo, y ese giro no era ateísmo: era rechazo a una jerarquía identificada con el orden establecido.

En ese punto de saturación entró en escena la corriente que llevaría el discurso a su versión más beligerante. A mediados de los años veinte, un grupo de jóvenes conservadores —Silvio Villegas, Augusto Ramírez Moreno, José Camacho Carreño, Joaquín Fidalgo y Eliseo Arango— empezó a firmar como los Leopardos. Buscaban que el conservatismo retomara su doctrina tradicional, se recristianizara y fortaleciera su programa social y político. Sus ataques se dirigían contra las "sectas masónicas", el liberalismo y el socialismo, y acogían integralmente las encíclicas papales —muy especialmente la Quanta Cura de Pío IX y su Syllabus de 1864— como fundamento programático. El grupo no era una excentricidad marginal: encarnaba la deriva a la que empujaba la lógica misma del catolicismo social colombiano cuando dejaba de dialogar con el mundo obrero y se replegaba sobre sí mismo. Un catolicismo social de derecha nacionalista, más cerca del integrismo europeo que de la democracia cristiana emergente, señal de que la propia doctrina podía radicalizarse hacia el orden antes que hacia la reforma. Sus figuras seguirían pesando durante décadas en el conservatismo colombiano, y algunas —Silvio Villegas sobre todo— cristalizarían más tarde en el nacionalismo de derecha de los años treinta y cuarenta. Los Leopardos fueron, en ese sentido, el ala doctrinaria juvenil que llevó al límite el impulso intransigente del catolicismo social de los veinte.

La Iglesia como electora: el poder del arzobispo

La alianza entre la Iglesia y el Partido Conservador era, hacia los años veinte, un rasgo estructural del régimen. La Iglesia intervenía activamente en política electoral, lanzaba condenas contra el liberalismo y orientaba a sus fieles en los comicios. En las elecciones de octubre de 1921 en Bogotá, el voto del clero fue de 165 sufragios para los conservadores y cero para los liberales: una unanimidad que retrataba mejor que cualquier discurso el papel de la curia en la vida pública.

El caso más nítido de esa injerencia se produjo a comienzos de 1926. El arzobispo de Bogotá Bernardo Herrera Restrepo convocó a los dos principales candidatos conservadores a la presidencia, Miguel Abadía Méndez y Alfredo Vásquez Cobo, y a través de su coadjutor Ismael Perdomo les comunicó que "autoridades superiores" habían decidido que Abadía gobernaría en 1926-1930 y Vásquez Cobo en 1930-1934. El arzobispo, en la práctica, designaba a los candidatos presidenciales del partido de gobierno. Cuatro años después, en la campaña de 1930, la candidatura conservadora seguiría dependiendo de la aprobación del arzobispo. Que ese año el Partido Conservador se dividiera precisamente en dos candidaturas y perdiera el poder frente a Enrique Olaya Herrera dice algo sobre los límites del método: la Iglesia podía elegir candidatos, pero ya no podía asegurar la unidad de un partido que se había vuelto dependiente de su tutela.

Ese vínculo con el poder político tuvo, para el catolicismo social, un precio doble. Le dio acceso a recursos, presencia en la administración, capacidad de convocar empresas y respaldo del Estado en sus obras. Y al mismo tiempo le restó legitimidad ante quienes veían en la Iglesia no una guía moral sino un instrumento del bloque conservador. La misma alianza que lo hizo poderoso lo hizo incapaz de conquistar el corazón de una parte del proletariado que iba naciendo.

Del catolicismo social a la UTC: la larga huella

La caída de la Hegemonía Conservadora en 1930 no acabó con el catolicismo social; lo obligó a operar sin el respaldo automático del Estado. Los años treinta y cuarenta fueron los de la República Liberal, con las reformas de López Pumarejo, el crecimiento sindical bajo la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) —donde convivían liberales y comunistas— y una nueva relación de fuerzas en el mundo del trabajo. La Iglesia respondió con lo que su tradición le enseñaba: crear organizaciones propias.

El momento decisivo llegó a mediados de los cuarenta. La represión gubernamental de la huelga de FEDENAL en diciembre de 1945 debilitó al sindicalismo militante; la huelga general fallida de mayo de 1947 llevó al gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez a retirar el reconocimiento legal a la CTC. En ese contexto de declive del sindicalismo liberal-comunista se creó, en 1946, la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC), promovida por la Iglesia católica, sectores industriales y el gobierno. Surgió de un cisma en la CTC y se benefició del apoyo de la dirección conservadora y de funcionarios del gobierno de Estados Unidos, en un contexto internacional ya definido por los primeros vientos de la Guerra Fría.

Desde los años cincuenta, la UTC fue la central obrera más grande de Colombia. Con ella, el catolicismo social alcanzó su forma sindical madura: no ya círculos, patronatos y mutuarias como en tiempos de Campoamor y Montoya, sino una confederación nacional de sindicatos que negociaba con el capital y con el Estado. La Iglesia impulsó también sindicatos agrarios y cooperativas en el campo como parte de una estrategia de organización social anticomunista, apoyando la formación de líderes campesinos. Era la aplicación, en clave sindical, de la vieja doctrina social: ocupar el terreno antes de que lo ocuparan otros.

La disputa doctrinal: catolicismo social y capitalismo yanqui

Detrás de las instituciones había una tensión doctrinal que atravesó al conservatismo colombiano durante todo el siglo XX. Marco Palacios la resumió en una fórmula memorable a propósito de Marco Fidel Suárez —presidente entre 1918 y 1921, formado íntegramente en los valores católicos del XIX—: "catolicismo social y progreso yanqui". Suárez veía el desarrollo capitalista-industrial de estilo protestante de Estados Unidos con gran escepticismo, y esa contradicción fue el sello del conservatismo modernista por el resto del siglo.

La tensión no era nueva. Los padres del conservatismo colombiano —Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro— habían defendido el librecambio, sosteniendo que las políticas librecambistas y la soberanía del mercado eran compatibles con un orden social jerárquico en la tradición cultural hispánica y viables en marcos republicanos. Fue una posición peculiar: capitalismo económico, jerarquía cultural, república política. El catolicismo social vino, desde comienzos del siglo XX, a introducir dudas dentro de esa síntesis: advertía sobre los excesos del capitalismo, se preocupaba de que sus feligreses fueran persuadidos por sindicatos, partidos e industriales extranjeros, y llamaba a una intervención moderada del Estado y de la comunidad en los asuntos de la industria.

Esa tensión —entre la fidelidad doctrinal al orden jerárquico católico y la aceptación pragmática del capitalismo industrializador— nunca se resolvió del todo. La Iglesia colombiana bendijo el desarrollo antioqueño, tuteló a sus obreras, colaboró con Fabricato y otras empresas, y al mismo tiempo advirtió sobre los peligros morales de la fábrica, la ciudad y la modernización. Su catolicismo social fue así, más que una ideología coherente, un campo de compromisos: entre patronato y sindicato, entre caridad y derechos, entre defensa del orden y crítica del capitalismo, entre orden hispánico y progreso norteamericano.

Una hegemonía que dejó huellas

El catolicismo social colombiano no fue, entonces, ni la fiel aplicación de la Rerum Novarum que celebraron sus panegiristas, ni la mera pantalla ideológica del bloque conservador que denunciaron sus críticos. Fue algo más específico y más interesante: la forma que tomó, en un país de régimen concordatario, la respuesta eclesiástica a la aparición de la cuestión social. Su singularidad se explica por la Regeneración. Donde en otros países latinoamericanos la Iglesia tuvo que hacerse un lugar frente a Estados laicos, en Colombia partió del control efectivo de la escuela, del estado civil y de una alianza orgánica con el partido de gobierno. Esa ventaja le permitió construir instituciones —Círculo de San Francisco Javier, Barrio Villa Javier, Patronato de Obreras, Acción Social Católica de Medellín, más tarde la UTC— que dieron forma real al mundo laboral colombiano durante décadas.

La misma ventaja tuvo su costo. La alianza con el Partido Conservador, que en los años veinte llevó al arzobispo a designar candidatos presidenciales y a la jerarquía a bendecir leyes represivas contra el sindicalismo, hizo que sectores significativos de trabajadores de arraigada fe religiosa rechazaran a la Iglesia institucional sin renunciar por ello a su cristianismo. La eficacia del catolicismo social como instrumento de encuadramiento fue estructuralmente limitada y geográficamente desigual: fuerte en Antioquia y en Bogotá, débil en la Costa, contradicho en los enclaves petroleros y bananeros donde la conflictividad obrera desbordó cualquier tutela pastoral.

Sus figuras merecen recordarse. Rafael Núñez fue el arquitecto contradictorio del régimen que hizo posible el modelo, y a su lado Miguel Antonio Caro puso la pluma doctrinal que redactó la Constitución de 1886. En la esfera propiamente eclesiástica, el arzobispo Bernardo Herrera Restrepo llevó el timón durante casi todo el período; su coadjutor y sucesor Ismael Perdomo lo secundó primero como obispo de Ibagué preocupado por los problemas de los trabajadores, y más tarde como pieza clave en la política presidencial. En el terreno intelectual, Rafael María Carrasquilla filosofó el tradicionalismo católico, mientras Miguel Ángel Builes, desde Santa Rosa de Osos, encarnó la versión más combativa del catolicismo antioqueño. La arquitectura institucional del catolicismo social práctico fue obra de los jesuitas Gabriel Lizardi, Germán Montoya y José María Campoamor. Y a su lado —recordatorio de la agencia femenina laica en un mundo eclesiástico dominado por varones— actuaron Leonor Escobar Gaviria y Ana Raquel Isaza, fundadoras del Patronato de Obreras. En el vértice político, presidentes como José Vicente Concha, Marco Fidel Suárez y Miguel Abadía Méndez gobernaron dentro del marco concordatario y con el visto bueno del arzobispado. Detrás, sobre todos, la sombra doctrinal de León XIII y el peso del Vaticano.

De ese entramado sobrevive todavía mucho. El Concordato fue modificado en 1973 y solo perdió su carácter estructurante con la Constitución de 1991, que consagró la libertad de cultos y el pluralismo. La UTC, central heredera del catolicismo social, prolongó su influencia sindical hasta bien entrado el Frente Nacional. Las escuelas confesionales siguen educando a buena parte de las élites del país. Y la matriz mental que asocia orden social, familia, autoridad y catolicismo —esa herencia que la Regeneración fundó y que el catolicismo social administró durante casi un siglo— sigue operando mucho después de que el régimen que la produjo dejara de existir. El régimen concordatario se derogó con una firma; la trama de sentido común que sembró en aulas, parroquias, patronatos y sindicatos se erosiona a otro ritmo, uno más lento, más subterráneo y más difícil de fechar.

04

En el archivo

4 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

06

Documentos y fragmentos citados

48 documentos · 68 fragmentos

01Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 197, 4383 citas
[1]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
[28]

con el ambiente de la fábrica es el modelo de los patronatos. En 1919, dos damas de alta sociedad, Leonor Escobar Gaviria y Ana [411] ANA MARÍA JARAMILLO Raquel Isaza, con el respaldo de algunas empresas, del Ar- zobispado y de la Compañía de Jesús, fundan el Patronato de obreras, un lugar destinado a servir de…

p. 438
[57]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
02¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 cita
[2]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
03Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 316, 3202 citas
[3]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
[48]

coming into the states through public education. The state direc- tor complained that as a result popular education was not mov- ing forward as quickly as the national executive power desired. 76 This administrative struggle for control over who got to appoint people to public school posts did not provoke a violent…

p. 316
04Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 123, 1892 citas
[4]

que el surgimiento de una clase obrera, que solo viene a darse a principios del siglo XX, sin negar que el proletariado asalariado ya surgía en las postrimerías del si - glo XIX pero vinculado al comercio y a la explotación agrícola extensiva. 4. La regeneración hasta 1930 E n un artículo Melo 28 hace referencia a los…

p. 189
[8]

de otro lugar 46. La percepción de los vencedores de la Guerra Civil de 1884 a 1885 era que la constante inestabilidad política era la culpa - ble de todos los males que aquejaban el país. Y en especial, consideraban que la causa de esta inestabilidad era el sistema de gobierno federado. Entonces, una vez finalizada…

p. 123
05El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[5]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
06Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 60, 3332 citas
[6]

era irrevocablemente liberal. Los acontecimientos de fines de ese año no sólo lo entregaron, ob- jetivamente, en manos de los conser- vadores, sino que lo convencieron de que el radicalismo no debía volver a levantar cabeza. Y los elementos del pensamiento conservador, el autori- tarismo, la utilización del…

p. 60
[16]

V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…

p. 333
0730 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1411 cita
[7]

que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…

p. 141
08Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 26, 2242 citas
[9]

Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
[49]

Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…

p. 224
09Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2411 cita
[10]

de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…

p. 241
10Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1621 cita
[11]

cordato de 1887: “En las universidades y en los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica” (tomado de José David Cortés Guerrero, “Regeneración, intransigencia y régimen de…

p. 162
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 170, 1922 citas
[12]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
[37]

naciente clase obrera colom- biana no tenía un componente de trabajadores in- dustriales fuertes; para 1930 sólo 15.000 obreros laboraban en fábricas; la mayoría de ellos, las dos terceras partes, eran mujeres; las formas de orga- nización sindical tuvieron carácter esporádico. Los sectores que presentaron mayor grado…

p. 192
12Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1971 cita
[13]

organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…

p. 197
13Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 571 cita
[14]

“This Concordat allowed the establishment in Colombia of the Christian Regime, where the State facilitated the work of the ecclesiastical institution, and even bequeathed to it functions that directly belonged to it, such as the supervision of public education, the population control, the control of the civil status…

p. 57
14La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
[15]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
15Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 36, 442 citas
[17]

dación de un régimen confesional. Las disposiciones constitucionales y concordatarias hicieron del catolicismo una pieza fundamental del andamiaje del Estado colombiano, lo que se vio reflejado de inme- diato en los planos educativo, moral, social y cultural. Además de su influencia en la sociedad y en el individuo,…

p. 44
[40]

petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…

p. 36
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 232, 2612 citas
[18]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
[65]

Hples, y por lo tanto los que pod í an tener é xito en la contrataci ó n 240 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL 133 colectiva. Mientras que en 1943 no exist í an sindicatos de base,' 1947 ya hab í a 342 sindicatos de base activos. Al contrario, los dicatos gremiales disminuyeron de 642 a 324 entre estas dos fech^|…

p. 232
17Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 991 cita
[19]

la necesidad de ocuparse de la clase obrera, puesto que aún era embrionaria. Por otra parte, la difusión de la encíclica coincidió con el establecimiento de la Regeneración y el reinado de la intransigencia católica, lo cual hizo que la polémica política ocupara las fuerzas de los católicos, dejando a un lado la…

p. 99
18El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 457, 4732 citas
[20]

paso. Se podría llegar aun a la justificación del infanticidio. El monopolio de la riqueza ha tomado otra forma, pero continúa; y si el desamparo y la prostitución de la generalidad no son mayores, débese a la misericor- dia de la proscrita intervención de la autoridad pública en muchos asuntos de industria. El mismo…

p. 457
[67]

de la ciencia en la vida humana, adversario del liberalismo en cuanto este tenía de concepción doctrinaria puramente lógica, y hombre con- vencido del valor de la fe y de la religión como elementos de la vida política, no era sin embargo una mentalidad conservadora, y, podríamos decir, arcaizante. Como es- tadista…

p. 473
19Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 91, 207, 2413 citas
[21]

el carácter de sociedades de ayuda mutua, los primeros sectores empresariales no sólo permitían su existencia, sino que muchas veces se afiliaban a ellas también. La Iglesia Católica, por su parte, las veía con buenos ojos, por lo que les había prestado todo su apoyo para difundirlas. En 1913 la Conferencia Episcopal…

p. 207
[35]

anti-socialista antes que madurara propiamente el socialismo. La Iglesia Católica fue pieza central en la creación de esa ideología. El 'maldito socialismo', según los círculos clericales, sembraba la miseria al lanzar a los obreros a la huelga, y contribuía a crear el caos en el país. Por eso, estos grupos llamaban…

p. 241
[44]

con los grupos protestantes fue todavía más ambigua. En general los artesanos y los obreros de las primeras generaciones los defendían contra los ataques del catolicismo, como lo hicieron en el siglo pasado los radicales. A su vez, los protestantes respondían facilitando no pocas veces sus imprentas para la…

p. 91
20Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 1311 cita
[22]

ciations among the laity. However, groups of this kind were very slow to appear in Colombia, except in Bogotá and Antioquia, where they were created and functioned successfully from the  s onwards. In Bogotá José María Campoamor, SJ, founded the Círculo de Obreros de San Francisco Javier in , which opened a…

p. 131
21Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 1311 cita
[23]

ciations among the laity. However, groups of this kind were very slow to appear in Colombia, except in Bogotá and Antioquia, where they were created and functioned successfully from the  s onwards. In Bogotá José María Campoamor, SJ, founded the Círculo de Obreros de San Francisco Javier in , which opened a…

p. 131
22Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2261 cita
[24]

occidentales. A las tra- diciones católicas e hispánicas, se les unen en el siglo pasado el utilitarismo y el racionalismo positivista, encarna- dos éstos en el radicalismo neograna- dino de mitad de siglo. Por otro lado, la preocupación por las clases menos favorecidas (plasmada tanto en el pen- samiento del papa…

p. 226
23Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3441 cita
[25]

oferta cargada en la cabeza: frutas para dulce, legumbres, frutas frescas, gallinas y aves de monte. Las cajoneras y pandequeseras venden parva y algunas pan de azúcar, que parten con un serrucho. La modernización del trabajo, es decir, la generalización del salario como forma de pago en detrimento del trabajo…

p. 344
24Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1791 cita
[26]

la economía colombiana era limitada. Por el otro lado, los créditos y las inversiones fluían hacia Colombia desde los Estados Unidos durante la década de 1920, cuando los bancos estadounidenses, rebosantes de capital de inversión después de la Primera Guerra Mundial, estaban ansiosos de ofrecer préstamos y créditos a…

p. 179
25Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 109, 1522 citas
[27]

economic reality, Su á rez’s gaze toward the Polar Star was fraught with cultural tension; he was a man deeply influenced by a nineteenth- century Catholic ethos that viewed U.S. Protestant- style capitalist- industrialist development with great skepticism. The Church frequently warned about capitalist excesses and…

p. 152
[56]

and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

p. 109
26Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3021 cita
[29]

maíz, ocho de papa, y cuatro de panela, alfandoque o miel. A las cinco de la tarde sus trabajos serían revisados y corregidos, a las siete deberían asistir a la Iglesia para oír algunas palabras del capellán y a las ocho estarían en los dormitorios. Los do- mingos y días festivos tendrían permiso de diversiones que…

p. 302
27Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 2101 cita
[30]

en los trabajadores tanto urbanos como rurales. Antes de la Primera Guerra Mundial, los artesanos c9nstituían el volumen principal de la llamada «clase trabajadora» en Colombia. Su organización se limitaba asocie- dades de ayuda mutua, constituidas generalmente bajo los auspicios paternales de la Iglesia católica. El…

p. 210
28Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 110, 1122 citas
[31]

y el Estado siguieron colaborando estrechamente. Esta relación fue ilustrada en forma inmejorable por la campaña presidencial de 1930, cuando la candidatura del Partido Conservador dependió de la aprobación del arzobispo de Bogotá. La unidad entre la Iglesia católica y el Partido Conservador siem- pre se hizo pública…

p. 110
[64]

LA CREA.CJÓN DE LA UTC Número de sindicatos en Colombia según sector industrial y departamento en 1942 Comerdo D~partamento Servicios Servicios públicos y del gobierno Antioquia 3 348 3 62 33 7827 ',, ---'---¡------~---------4-08-;,---c-- 1 Atlántico 8 651 44 7 63 11 350 Bolívar 3 Boyacá i Cald¡¡s 7! 1 Cauca 2…

p. 112
29Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 180, 3552 citas
[32]

decade Conservatives had no reason to believe that their long dominance of national affairs was near its end. A series of meetings in 1925 resulted in the achieving of Marco Fidel Suárez’s dream of a unified party along largely Nationalist lines, and in early 1926 the party was given its candidates for the coming two…

p. 180
[63]

the Colombian government were predictable. Following the failed general strike of May 1947, Ospina Pérez emulated his predecessor, Lleras Camargo, by removing legal recognition of the CTC, which had coordinated the strike, thereby dealing it a crippling blow. 41 Militant, political unionism declined precipitously…

p. 355
30El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 392 citas
[33]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
[34]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
31Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 591 cita
[36]

u otro punto programático y doctrinario, aunque siempre buscaban mantener a su colectividad al comando del Estado. Tal era el caso de aquella que se expresaba en el periódico El Nuevo Tiempo y en la revista El Gráfico y que se hizo conocer con el nombre de los Leopardos. Conformada por jóvenes que comenzaban a dar sus…

p. 59
32Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 53, 61, 1173 citas
[38]

las perif erias geográ fi cas La co nfiguración de la s capas populares co lo mbi anas difirió de la de Argentina, Uruguay o el s ur del Brasi l, dond e los inmigran- tes e urop eos pesaron tanto. Pero, co mo en aquellas latitudes, la movilización y protesta de l os trabajadores tu vi eron gran auge e ntre 1918 y…

p. 117
[42]

- sacciones con el extra njer o en moneda -o ro y vivían e nd eudados: l as exportaciones de un año pa g aban las importa c ion es del año anterior. Así hubi e ra res ultado que se beneficiaron de la inflación 61 62 M arco Palacios causada por las emisiones de papel moneda, tales benefici os de- bieron quedar anulados…

p. 61
[58]

ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…

p. 53
33Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2561 cita
[39]

44 Villegas, Yunis, op. cit., p. 344. 262 ECONOMÍA Y NACIÓN mismo fiscal rechazó su papel de acusador y pidió la absolución del acusado. 45 Pero los conflictos más novedosos vividos por esta sociedad semifeudal fueron los acometidos por aquellos asalariados que laboraban en condiciones capitalistas bastante puras. En…

p. 256
34Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 611 cita
[41]

cuarenta trabajadores de la né- mina, y como era comin en la €poca, una vez es- tallado el conflicto, los trabajadores presentaron otras reivindicaciones. En las movilizaciones que acompanaron la huelga, un tranviario result6 muerto por el superintendente de la empresa. Esto radicalizé més la actitud de los…

p. 61
35When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 671 cita
[43]

did not aid with the harvest could be sentenced to an eighteen-month term at hard labor on the departmental penal farm at Sur de Ata. Increased social differentiation was another consequence of the "dancing millions." The lure of jobs in the city enticed many people into the money economy for the first time. A new…

p. 67
36Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 331 cita
[45]

Centro Educativo Agualasal 31 Texto 2. Artesanos antes que obreros. En un comienzo, el número de obreros frente a los artesanos era bastante bajo. Por lo tanto, el artesano, un trabajador manual calificado y dueño de su taller o lugar de trabajo, fue el principal encargado de dirigir las luchas y los movimientos…

p. 33
37Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1841 cita
[46]

las ciudades la asistencia era de nueve a ñ os. La secundaria, en ciudades intermedias y grandes, qued ó en manos de colegios privados, usualmente religiosos, aunque edu cadores liberales abrieron instituciones privadas para los que no quer í an educaci ó n confesional. En Bogot á, Medell í n, Cali y otras ciudades,…

p. 184
38Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 342, 3722 citas
[47]

Díez, ministro de Instrucción y Salubridad Pública del presidente Pedro Nel Ospina a fines de 1923, quien protagonizó un incidente con el nuncio apostólico Vicentini, porque este aparentemente no lo saludó en un acto oficial. Se oponía, además, a la reforma educativa que el ministro impulsaba. Monseñor Roberto…

p. 372
[55]

nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
39Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1371 cita
[50]

encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…

p. 137
40Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 441 cita
[51]

jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…

p. 44
41Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 85, 882 citas
[52]

poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
[53]

la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…

p. 88
42Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2391 cita
[54]

en la región de Santander, abogaban por la supresión del estanco del tabaco que les impedía la expansión de la producción, y secundaban también las reformas fiscales, en especial la abolición del diezmo eclesiástico que pesaba duramente sobre ellos. Los terratenientes, por el contrario, eran los partidarios del statu…

p. 239
43Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4271 cita
[59]

preocupaciones políticas y cual. quiera as~iración a controlar el proceso de producción, a cambio de una participación en los beneficios de la productividad. Promovido en Colom bia por la Iglesia Católica, por el gobierno y por muchos industriales, el nuevo sindicalismo se desarrolló bajo la protección legal concedida…

p. 427
44Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1231 cita
[60]

Confederación Sindical de Trabaja- dores de Colombia, que aún subsiste como una de las grandes federaciones sindicales del país, ahora bajo el nombre de Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). En 1946, fruto de un cisma en la misma, se creó la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC), que junto con la Unión…

p. 123
45Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3281 cita
[61]

1945, and congress's choice of Alberto Lleras Camargo to succeed him cemented the change of direction of the state and of its policies. A few months later the new president had the opportunity to demonstrate the direction that the changes would take with respect to social movements. At the beginning of December 1945…

p. 328
46"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1601 cita
[62]

en el campo político. En el plano militar esta preocupación cobró forma bajo la perspectiva de seguridad nacio- nal y la doctrina del enemigo interno. Este planteamiento derivó en una serie de medidas tomadas por los gobiernos nacionales del continente americano. De estas preocupaciones no estuvo exenta la iglesia…

p. 160
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 571 cita
[66]

políticas y económicas que percibieron que la Iglesia les estaba disputando el poder local, la institución con- tinuó con la formación de líderes obreros y campesinos. Amparado en un discurso político y pastoral de promoción de valores cristianos asociados con la organización y pacificación del campo, el apoyo…

p. 57
48El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 821 cita
[68]

Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…

p. 82