Estados Unidos
“Estados Unidos llegó a América Latina no solo como potencia militar o comercial, sino como productor de marcos doctrinales —la Doctrina Monroe, la contrainsurgencia, la guerra contra las drogas— que definieron quién era amigo y quién era enemigo en…”
Estados Unidos de América es la república federal fundada en 1776 sobre la costa atlántica de Norteamérica que, en poco más de un siglo, se transformó de colonia rebelde en potencia hegemónica del hemisferio occidental. Para América Latina, y para Colombia en particular, no es un vecino más: es la sombra doctrinal, militar, económica y discursiva que ha condicionado buena parte de la historia regional desde que James Monroe pronunciara, en diciembre de 1823, la frase que inauguró dos siglos de tensión asimétrica. Leer la historia de Colombia sin leer la de Estados Unidos —sus doctrinas, sus intervenciones, sus alianzas, su capacidad de nombrar amigos y enemigos, su facilidad para reciclar los marcos de su influencia— es quedarse con una sola cara del expediente.
La república que se pensó excepcional
Fundada tras la Declaración de Independencia de 1776 y organizada bajo la Constitución de Filadelfia de 1787, Estados Unidos emergió como una república federal cuyo modelo constitucional fascinó a los próceres de la independencia sudamericana. Los primeros ensayos constitucionales de las nacientes repúblicas latinoamericanas tomaron la carta de Filadelfia como referencia obligada, junto a los estímulos intelectuales que llegaban de Inglaterra y Francia. Ese magnetismo inicial —el de la primera república moderna de gran escala— fue temprano y ambivalente: modelo a imitar y, al mismo tiempo, potencia a temer.
Desde sus primeras décadas, la joven república combinó dos vocaciones difíciles de reconciliar: la doctrina interna del gobierno republicano y una política exterior expansiva que, ya en el siglo XIX, se manifestaría en la anexión de Texas, la guerra con México de 1846-1848 —que le arrebató a este país aproximadamente la mitad de su territorio— y, finalmente, la guerra hispano-estadounidense de 1898, que le entregó Puerto Rico, Guam y Filipinas, y le abrió a Cuba las puertas de una tutela que solo se cerraría formalmente con la Revolución de 1959. A esa expansión territorial y comercial le acompañó, casi como su gemela ideológica, la construcción de un discurso sobre América Latina que la definía como su periferia natural.
La Doctrina Monroe y la sombra fundacional
El 2 de diciembre de 1823, en su mensaje anual al Congreso, el presidente James Monroe pronunció el enunciado que se convertiría en la piedra angular —y en el pretexto perenne— de la política estadounidense hacia el hemisferio. En su origen, la Doctrina Monroe fue una advertencia dirigida a las potencias europeas para que no intentaran recolonizar las repúblicas latinoamericanas recién independizadas. Su alcance real —si implicaba una hegemonía estadounidense sobre el continente o solamente la exclusión de Europa— fue, desde el principio, objeto de disputa. Inglaterra la miró con recelo, algunas cortes europeas la desestimaron y Simón Bolívar, que por esos años buscaba articular su proyecto anfictiónico, la recibió con desconfianza.
Bolívar, cuyo pensamiento estaba impregnado por la lectura de Montesquieu y de Locke, admiraba y a la vez desconfiaba del modelo de Filadelfia: lo consideraba inaccesible para la América tropical, inaplicable a repúblicas que emergían de tres siglos de dominación colonial. Su ambivalencia frente a Estados Unidos se condensa en una carta de 1829 donde el Libertador escribió que "los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la Providencia a plagar la América toda de miserias en nombre de la libertad". En esa misma correspondencia llegó a afirmar que sería mejor para América adoptar el Corán antes que el gobierno estadounidense, aun reconociendo que este era, en teoría, el mejor del mundo. Bolívar soñó una confederación que uniera al menos a Perú, México, la Confederación Centroamericana, Bolivia y la Gran Colombia; nunca mostró entusiasmo por incluir en ella a Estados Unidos. Y cuando convocó el Congreso de Panamá de 1826 para intentar esa unificación, Washington ya se había posicionado en contra.
La República de la Gran Colombia, sin embargo, había buscado el reconocimiento diplomático estadounidense a través del enviado Manuel Torres, y lo obtuvo del propio presidente Monroe. Ese vaivén —solicitar reconocimiento con una mano, temer la tutela con la otra— definiría por dos siglos la relación colombiana con el país del norte.
Panamá: el despojo que fundó la desconfianza
Si hay un episodio que condensa la asimetría de la relación colombo-estadounidense, es la separación de Panamá en 1903. La historia comienza mucho antes, con el Tratado Mallarino-Bidlack de 1846, por el cual Colombia —entonces la Nueva Granada— garantizó a Estados Unidos derechos de tránsito sin gravámenes por el istmo, a cambio del compromiso estadounidense de garantizar la neutralidad y la soberanía colombiana sobre Panamá. Ese acuerdo, primer protectorado estadounidense en América Latina para algunos historiadores, sirvió durante medio siglo como marco de una relación ambigua: Estados Unidos intervenía militarmente en el istmo cada vez que un desorden amenazaba el tránsito, y Colombia lo toleraba porque, en teoría, esas intervenciones defendían su propia soberanía.
A comienzos del siglo XX, con la Guerra de los Mil Días desangrando al país y el gobierno de José Manuel Marroquín absorbido por el conflicto interno, Colombia negoció con Washington la construcción del canal interoceánico en condiciones de extrema debilidad. El 13 de enero de 1903 se firmó en Washington el Tratado Herrán-Hay, entre el representante colombiano Tomás Herrán y el secretario de Estado John Hay. El acuerdo cedía a Estados Unidos una franja de territorio a lado y lado del canal proyectado. El Congreso colombiano lo rechazó por considerarlo lesivo a los intereses nacionales.
La respuesta de Washington fue quirúrgica. El 3 de noviembre de 1903, una junta revolucionaria proclamó la independencia de Panamá. Tropas norteamericanas respaldaron a los separatistas e impidieron el avance del ejército colombiano hacia el istmo; Estados Unidos, además, "aconsejó" que no era oportuno que Colombia desembarcara tropas para sofocar el levantamiento. Días después, el promotor francés Philippe Bunau-Varilla —ligado a los intereses de la Compañía del Canal— fue acreditado como ministro oficial de la flamante Panamá ante Washington y firmó el tratado que, ratificado a principios de 1904, entregó a Estados Unidos el control de la zona canalera.
La herida tardó dos décadas en cicatrizar diplomáticamente. El Tratado Urrutia-Thompson, firmado en Bogotá el 6 de abril de 1914 y ratificado el 1 de marzo de 1922, sirvió para que Colombia reconociera la soberanía panameña y para arreglar las diferencias derivadas de los sucesos de 1903. El proceso fue políticamente tóxico: la sola idea de normalizar relaciones con Estados Unidos bastó para forzar la salida del poder de más de un presidente colombiano. Pero la firma del tratado abrió un ciclo de estabilidad económica que se extendería, con crédito estadounidense y confianza inversionista, hasta la crisis de 1929.
La caricatura de Harper's Weekly de 1903, titulada Held up the wrong man, condensa el momento: un Roosevelt fuerte y autoritario frente a una Colombia representada como un personaje descalzo y desaliñado. La imagen no era anecdótica; era pedagogía visual.
Bananeras: el capital como aparato de coerción
Mientras el trauma de Panamá se procesaba diplomáticamente, Estados Unidos avanzaba en América Latina por otra vía: la del capital. La United Fruit Company, fundada a fines del siglo XIX, había extendido sus enclaves bananeros por Centroamérica y el Caribe, y hacia principios del siglo XX operaba en la región del Magdalena colombiano con una lógica de dominación integral. La compañía obtenía del Estado colombiano exenciones fiscales generosas —el presidente Rafael Reyes concedió al Ferrocarril de Santa Marta, controlado por la UFCO, liberalidades que provocaron la protesta indignada de los caficultores nacionales—, y en sus plantaciones instauró un régimen de enclave donde los trabajadores vivían en cobertizos, bebían agua contaminada, ganaban menos de un dólar diario y perdían ese salario en las tiendas de la compañía, donde eran estafados con pesas desniveladas.
En noviembre y diciembre de 1928, los trabajadores bananeros del Magdalena entraron en huelga. Exigían lo que la propia legislación colombiana ya reconocía: compensación por accidentes de trabajo, salarios más altos, vivienda subsidiada y el fin del pago en vales. La respuesta fue el 6 de diciembre de 1928: el general Carlos Cortés Vargas ordenó al Ejército disparar contra una multitud reunida en la plaza de Ciénaga. La Masacre de las Bananeras. El propio Cortés Vargas reconoció 47 muertos; un corresponsal de El Espectador calculó, hacia el 13 de diciembre, un centenar de muertos y 238 heridos; el organizador laboral Raúl Mahecha habló de mil víctimas. La cifra exacta sigue disputada, pero la escena quedó fijada en la memoria política colombiana.
Jorge Eliécer Gaitán, entonces representante liberal, denunció en el Congreso que los militares habían actuado dentro de las instalaciones de la United Fruit Company. La imagen es demoledora: el Ejército colombiano operando en propiedad de una corporación extranjera, disparando contra ciudadanos colombianos que reclamaban derechos reconocidos por la ley colombiana. Ese solapamiento entre orden público estatal y protección del capital foráneo no era un accidente. Los gobiernos latinoamericanos de la época concebían su rol primario como proveedores de orden social, y ese rol resultaba estructuralmente compatible con los intereses de las compañías bananeras que, entre 1928 y 1932, vieron a los ejércitos nacionales reprimir huelgas en sus enclaves con una regularidad monótona.
La compañía sobrevivió, se fusionó con AMK Corporation en 1970 bajo el nombre de United Brands, y en 1990 fue rebautizada Chiquita Brands International Inc., con sede en Fort Lauderdale. Décadas más tarde volvería a Colombia en escándalos vinculados con pagos a grupos armados. Pero el patrón de fondo —capital estadounidense que sobornaba a prefectos y alcaldes, pagaba agentes del orden para enfrentarlos a campesinos y se burlaba de compromisos con comunidades, como ocurrió en la región de Loba— estaba inscrito en la lógica de la relación.
De la Buena Vecindad a la arquitectura hemisférica
La política estadounidense hacia la región no fue una línea recta. En 1933, en la Séptima Conferencia Panamericana de Montevideo, se aprobó la Convención sobre Derechos y Deberes de los Estados, que consagraba el principio de no intervención. Fue la prueba de fuego para la política del Buen Vecino de Franklin D. Roosevelt, un giro retórico que buscaba distanciarse de las intervenciones militares directas del big stick rooseveltiano —el de Theodore— y del dollar diplomacy de las décadas anteriores.
La Segunda Guerra Mundial precipitó una arquitectura hemisférica de seguridad. En la Primera Reunión de Consulta de 1939, los países americanos crearon la llamada Zona de Seguridad, que se extendía desde Alaska hasta la Patagonia. En la Conferencia de La Habana de 1940 se adoptó la Resolución XV, que fortaleció el principio de asistencia recíproca frente a agresiones. En 1942, en Río de Janeiro, la mayoría de los países del continente rompió relaciones con las potencias del Eje —varios les declararon la guerra— y se creó la Junta Interamericana de Defensa. La lógica era clara: el hemisferio se organizaba bajo liderazgo estadounidense frente a la amenaza extracontinental.
Terminada la guerra, esa arquitectura se institucionalizó. El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), firmado en 1947 y todavía vigente, estableció en su artículo sexto que los gobiernos confrontarían cualquier hecho o situación que pusiera en peligro la paz de América, sin especificar enemigo. La Organización de los Estados Americanos, fundada en 1948, coronó el edificio. Pero desde su origen, la OEA cargó con la sospecha —fundada— de operar bajo la asimetría de poder entre Washington y el resto del continente. Muchos la vieron entonces, y siguen viéndola, como un instrumento de política exterior estadounidense revestido de multilateralismo.
Esa arquitectura había sido diseñada para enfrentar la amenaza soviética extracontinental. La Revolución Cubana la desbordó.
Cuba, el enemigo interno y la doctrina contrainsurgente
El 1 de enero de 1959, cuando las columnas del Movimiento 26 de Julio entraron en La Habana, la relación hemisférica cambió de eje. La Revolución Cubana triunfó sin apoyo extracontinental: no era la Unión Soviética invadiendo el hemisferio, era una insurrección interna que derrocaba a un dictador —Fulgencio Batista— sostenido durante años por Washington. El TIAR, diseñado para agresiones externas, quedó revelado como un instrumento inadecuado para lo que ahora se llamaba subversión interna.
El triunfo cubano fue un campanazo de alerta para la política estadounidense, para las clases dominantes latinoamericanas y para los militares del continente. En cuestión de días —el 7 de enero de 1959, según algunas cronologías— surgieron en varios países grupos que buscaban imitar el modelo cubano. En Colombia, el MOEC fue una de las primeras expresiones de esa primera ola guerrillera. La reacción de Washington fue doble: por una parte, una ofensiva reformista; por otra, una reorganización doctrinal.
La ofensiva reformista se llamó Alianza para el Progreso. Lanzada por John F. Kennedy en 1961, buscaba ofrecer una alternativa democrático-burguesa a la revolución cubana, promoviendo reformas agrarias, tributarias y de administración pública en América Latina, con un papel más activo del Estado. Su marco intelectual lo aportó Walt W. Rostow, profesor del MIT y asesor de Seguridad Nacional de Kennedy, quien había establecido en Las etapas del crecimiento económico (1960) el nexo entre modernización y contrainsurgencia: todos los países atravesaban etapas sucesivas de desarrollo, y la del "despegue" era la más vulnerable al ataque subversivo comunista. La modernización, en esa lógica, era también profilaxis. Desde La Habana, la Segunda Declaración cuestionó la Alianza como cobertura para la intervención en cualquier país de América Latina.
La reorganización doctrinal fue más duradera. Durante el gobierno de Kennedy, y con creciente intensidad en los años siguientes, la doctrina contrainsurgente ganó centralidad en la política de seguridad estadounidense hacia la región. Se nutrió de principios extraídos de la experiencia colonialista francesa en Vietnam y Argelia, y fue actualizada por estrategas militares norteamericanos con base en Vietnam, Filipinas y las experiencias británicas en Malasia y Kenia. Su efecto sobre los ejércitos latinoamericanos fue una reorientación estructural: la misión ya no era la defensa del hemisferio contra agresión exterior, sino la atención a la subversión y a la seguridad interna. El Plan LASO, entre 1962 y 1966, articuló esa reorientación en Colombia mediante la acción cívico-militar y una combinación de desarrollismo y contrainsurgencia. Con todo, la doctrina del enemigo interno ya se había practicado antes de su formalización hemisférica, en los Llanos entre 1952 y 1953 y en las guerras de Villarrica.
El Comando Sur, con sede en Florida, se convirtió en la agencia articuladora de esas estrategias en el continente. Las misiones militares norteamericanas, distribuidas por casi todas las capitales latinoamericanas, funcionaron —según denuncias cubanas y de otros sectores críticos— como aparatos de espionaje permanente vinculados a la CIA, con el objetivo de inculcar sentimientos reaccionarios en los oficiales y convertir a los ejércitos latinoamericanos en instrumentos de los intereses políticos y económicos estadounidenses. La Junta Interamericana de Defensa, en esa misma lectura, formó oficiales latinoamericanos pro-estadounidenses que luego actuaron como instrumentos golpistas al servicio de intereses monopolistas.
Los años sesenta y setenta darían la razón a esas denuncias con brutalidad: Estados Unidos apoyó, toleró o promovió el ascenso de dictaduras militares en República Dominicana (Trujillo), Haití (Duvalier), Nicaragua (Somoza), Cuba antes de 1959 (Batista), Chile (Pinochet), Uruguay, Brasil y Argentina. El discurso público de defensa de la libertad y la democracia coexistió, sin dificultades aparentes, con el respaldo activo a regímenes autoritarios cuando la geopolítica lo requería.
Respice Polum: Colombia mirando al norte
Colombia, en ese ajedrez, no fue una pieza pasiva. Ya a comienzos del siglo XX el presidente Marco Fidel Suárez había formulado la doctrina Respice Polum —"mirar al polo", al norte—, reconociendo el liderazgo económico y político que Estados Unidos estaba adquiriendo en el hemisferio occidental y orientando la política exterior colombiana hacia el alineamiento sistemático con Washington. Esa doctrina, con matices y turbulencias, se convertiría en el eje fundamental de la política exterior colombiana durante buena parte del siglo XX.
El alineamiento tuvo hitos visibles. Colombia fue el único país latinoamericano que envió tropas a la Guerra de Corea (1950-1953). Sus élites políticas —tanto liberales como conservadoras— buscaron durante décadas la validación de Washington como fuente de legitimidad interna. Y sus fuerzas armadas absorbieron con entusiasmo la doctrina contrainsurgente estadounidense, adaptándola al conflicto interno que se desarrollaba en paralelo con el ascenso de las guerrillas.
La guerra contra las drogas
En los años ochenta, la relación se reorganizó bajo un nuevo marco: la guerra contra las drogas. Desde mediados de la década, la política antidrogas estadounidense definió el narcotráfico como problema de seguridad nacional y adoptó el llamado supply-side approach, el enfoque de oferta: la premisa era que la oferta crea la demanda, y que la solución debía comenzar atacando la producción en los países de origen. Colombia, principal productora de cocaína, se volvió el epicentro geográfico de esa estrategia.
El embajador Lewis Tambs acuñó el concepto de "narcoguerrilla", que fusionaba en una sola amenaza los problemas del conflicto armado y del narcotráfico. La conveniencia analítica era enorme: permitía militarizar la lucha antidrogas y, al mismo tiempo, redefinir la contrainsurgencia bajo un ropaje que ya no era anticomunista —el argumento había perdido tracción con el fin de la Guerra Fría— sino antinarcótico.
La Ley contra el Abuso de Drogas de 1986 estableció el Proceso de Certificación, que obligaba al presidente estadounidense a calificar anualmente la cooperación antinarcóticos de los países productores o de tránsito. Los países no certificados enfrentaban sanciones bilaterales, financieras y comerciales. Este mecanismo operó hasta 2002 y funcionó como un instrumento de disciplinamiento hemisférico: la certificación se convirtió en una forma de tutela anual sobre las políticas nacionales.
Colombia lo vivió en carne propia. Durante la administración de Ernesto Samper (1994-1998), las denuncias sobre financiación de su campaña presidencial con recursos del Cartel de Cali generaron una crisis con Washington que se saldó con la descertificación del país. La respuesta del gobierno Samper fue tratar de recuperar la gracia mediante intensificación de las fumigaciones aéreas con glifosato: 516 hectáreas en Puerto Guzmán en 1997, 3.950 hectáreas en todo el Putumayo en 1998. La política antidrogas se aplicaba, en efecto, con más agresividad para satisfacer a Washington que para resolver problemas locales.
El resultado de décadas de guerra antidrogas fue desalentador. Los grandes carteles colombianos —Medellín, Cali— fueron desarticulados, pero el negocio no desapareció: organizaciones mexicanas y otras estructuras ocuparon las posiciones dominantes que quedaron vacantes. La cadena de producción y tráfico se reconfiguró en el territorio y se articuló con guerrillas, paramilitares y bandas emergentes en una cruenta lucha interna que ningún actor lograba controlar por completo.
El Plan Colombia y la intervención por invitación
El 8 de junio de 1998, el presidente colombiano Andrés Pastrana presentó, como parte de su Plan de Desarrollo, la iniciativa que sería conocida internacionalmente como Plan Colombia. En diciembre de ese mismo año, Bill Clinton respaldó la propuesta con la promesa de mayor ayuda militar para combatir las drogas y fortalecer la democracia. El diseño original incluía componentes de paz, desarrollo institucional y antinarcóticos. Su implementación, sin embargo, quedaría marcada por una lógica predominantemente militar y contrainsurgente.
La analista Arlene Tickner ha caracterizado esa fase de la relación bilateral con un concepto preciso: "intervención por invitación". Fue Colombia la que solicitó activamente la implicación estadounidense en su conflicto armado interno. Y Washington, con Clinton primero y con George W. Bush después, respondió con recursos, tecnología, inteligencia militar y capacidad de interdicción aérea, todo coordinado por el Comando Sur a través de un grupo militar específico para Colombia, encargado de acompañar, formar, asesorar y fortalecer a las Fuerzas Armadas colombianas.
La inversión total del Plan Colombia rondó los 10.000 millones de dólares. El Putumayo se convirtió en la región-laboratorio desde la que se expandirían las políticas: presencia de las FARC, economía cocalera, comunidades campesinas que no fueron consultadas sobre las fumigaciones. Las aeronaves esparcieron glifosato sobre plantaciones y sobre lo que hubiera cerca —cultivos de pancoger, viviendas, fuentes de agua— en un ejercicio que trasladó a la Amazonía colombiana los costos ecológicos, sanitarios y sociales de una política diseñada en Washington.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 transformaron el marco. La cooperación de inteligencia estadounidense con Colombia se intensificó notablemente bajo el paraguas de la nueva guerra global contra el terrorismo. Un oficial de inteligencia militar colombiano reconoció que la ayuda fue "decisiva en muchas cosas". El Plan Colombia fue rebautizado, unos cuatro años después de su lanzamiento, como Plan Patriota, en un cambio de nombre que buscaba resultados más contundentes en la guerra antisubversiva. La alianza con Álvaro Uribe Vélez, elegido presidente en 2002, consolidó ese giro: Colombia se convirtió en el principal aliado estratégico de Washington en Sudamérica, y su gobierno articuló la política de seguridad democrática sobre el sustento —militar, financiero, de inteligencia— del apoyo estadounidense.
Los marcos que se reciclan
La sucesión de doctrinas y misiones —Monroe, buena vecindad, anticomunismo, guerra antidrogas, guerra contra el terrorismo— no fue el despliegue de un proyecto coherente y planeado desde el origen. Fue, más bien, una cadena de racionalizaciones que reciclaban los instrumentos preexistentes bajo nuevos nombres cada vez que el anterior perdía legitimidad. El Comando Sur, las misiones militares, los mecanismos de certificación, la Junta Interamericana de Defensa, la OEA: todos ellos, creados en algún momento del siglo XX bajo una justificación específica, fueron sucesivamente readaptados a las nuevas amenazas.
Ese reciclaje se sostuvo, en buena parte, sobre un imaginario. La imagen de América Latina como bárbara y opuesta a la civilización se construyó primero desde el discurso colonial europeo y fue luego reproducida y ampliada por Estados Unidos. En las caricaturas políticas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, los personajes latinoamericanos aparecían denigrados, empequeñecidos, racializados, mientras figuras como Theodore Roosevelt eran representadas como padres autoritarios o policías corpulentos. Cuando un gobierno latinoamericano imponía el orden y protegía el capital estadounidense, los caricaturistas tendían a blanquear a sus personajes; cuando un país se tornaba inestable o antinorteamericano, la representación se ennegrecía.
El determinismo climático fue otro ingrediente del andamiaje discursivo. El historiador diplomático Samuel Flagg Bemis abrió su historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina con un capítulo dedicado al concepto de "energía climática". La idea de que los trópicos producían pueblos indolentes, sensuales y violentos —y que por tanto requerían tutela— permeó tanto el pensamiento académico como el sentido común popular. En debates sobre deudas internacionales, la caracterización de América Latina como parte de un "mundo tropical y anárquico", incapaz de cumplir normas financieras, sirvió para justificar categorías diferenciadas de deuda favorables a las potencias acreedoras. La representación del otro latinoamericano se articuló en torno a dos ejes: exceso de sensualidad y violencia innata, atributos que justificaban la incapacidad de autogobernarse y, por extensión, la tutela imperial.
Coacción y consentimiento: cómo se ejerció la hegemonía
Ninguna de las historias anteriores se sostiene si se lee como pura imposición unilateral. La hegemonía estadounidense sobre Colombia y sobre América Latina operó, sí, mediante la asimetría estructural del poder —militar, económico, doctrinal—, pero también encontró socios locales dispuestos. Élites, gobiernos, militares, empresarios: la relación funcionó porque hubo quienes, desde el sur, invitaron, facilitaron o negociaron esa presencia a cambio de estabilidad interna, legitimidad política y recursos concretos.
El Tratado Mallarino-Bidlack fue firmado por la Nueva Granada, no impuesto por invasión. La represión de las bananeras la ejecutó el Ejército colombiano bajo orden de un gobierno colombiano. La doctrina Respice Polum la formuló un presidente colombiano. El Plan Colombia lo concibió Pastrana antes de que Clinton lo respaldara. Uribe convocó al Comando Sur, no al revés. Hablar de una imposición unilateral, sin nombrar la agencia de las élites locales, es una simplificación que exonera a quienes tomaron decisiones deliberadas.
Pero esa agencia local operó dentro de un marco de asimetría tan extrema que llamarla "libre" sería igualmente engañoso. Cuando Colombia rechazó el Herrán-Hay, Washington apoyó la secesión de Panamá. Cuando Samper gobernó sin la venia estadounidense, fue descertificado y aislado. Cuando la Revolución Cubana desafió el orden hemisférico, la respuesta fue el bloqueo, los intentos de asesinato contra Fidel Castro, la invasión de Bahía de Cochinos y sesenta años de asfixia económica. La arquitectura hemisférica —OEA, TIAR, JID, Comando Sur, certificación, misiones militares— fue diseñada para que el margen soberano de maniobra fuera estrecho y los costos del disenso fueran severos y predecibles. El consentimiento se produjo bajo coacción estructural.
La huella
Estados Unidos no es, para Colombia, un capítulo cerrado. Sigue siendo el principal socio comercial, el principal aliado militar, el principal destino de las exportaciones de cocaína y de migrantes, el principal referente cultural para las élites urbanas, el principal proveedor de tecnología militar y de inteligencia. La embajada estadounidense en Bogotá continúa siendo uno de los edificios diplomáticos más grandes del mundo, y su fortaleza física traduce con literalidad la densidad institucional de la relación.
Pero la hegemonía del siglo XX se está transformando. El ascenso de China como socio comercial y prestamista de países latinoamericanos, el fin del Proceso de Certificación en 2002, el cuestionamiento creciente del modelo antidrogas —incluso dentro de Estados Unidos, donde varios estados han legalizado la marihuana y donde el consumo interno nunca fue atacado con la agresividad que se exigió a los países productores—, el debilitamiento relativo del multilateralismo interamericano y la aparición de bloques alternativos como UNASUR o la CELAC señalan un desplazamiento tectónico cuyos contornos definitivos aún no se distinguen con claridad.
Lo que permanece es la estructura de una relación que cumple dos siglos en 2023, contados desde la Doctrina Monroe. Una relación en la que Estados Unidos ha sido, sucesivamente, modelo republicano, potencia expansiva, socio comercial, mecenas militar, tutor doctrinal, aliado en guerras internas y sombra permanente. Y en la que Colombia ha sido, sucesivamente, imitadora constitucional, víctima de despojo territorial, escenario de intervención económica, socio subordinado de la Guerra Fría, campo de aplicación de la guerra antidrogas y laboratorio de la guerra contra el terrorismo.
Bolívar, en 1829, imaginó una América plagada de miserias en nombre de la libertad. La historia posterior no le dio la razón por completo, pero tampoco lo desmintió. La relación entre Estados Unidos y Colombia sigue siendo, dos siglos después, la conversación asimétrica más importante que este país sostiene con el mundo.
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Documentos y fragmentos citados
62 documentos · 72 fragmentos01Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2811 cita
[1]frente a Inglaterra y a la Unión, manifestando, por lo demás, mer- ced a la voz de su prensa y a la palabra de sus oradores en el Congreso, sus simpatías indudables por la garantía unida, propuesta por Inglaterra. En el fondo, la doctrina Monroe no es sino una opi- nión, un desideratum, el anhelo de un pueblo, que…
p. 281
02Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2391 cita
[2]var is best known, perhaps, for his unambiguous, provocative, and somewhat prophetic comment in another letter dated 1829. He warned, “The United States... seems destined by Providence to plague America with torments in the name of freedom.” 3 Bushnell suggests that the monarchist- leaning Liberator was lamenting the…
p. 239
03Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 436, 4402 citas
[3]los asistentes crearon la llamada “Zona de Seguridad”, desde Alaska hasta la Patagonia; en La Habana, en 1940, adoptaron la “Resolución xv ”, la cual fortaleció la llamada asistencia recíproca en caso de agresión; y en Río, en 1942, la mayoría de países rompió relaciones económicas y políticas con el Eje y varios de…
p. 440
[58]adaptabili- dad que han mostrado en los últimos años, los narcotraficantes colombianos parecen perder posiciones importantes sobre el control del negocio, en favor de otras organizaciones como la mexicana o la rusa. Ello sucede por dos razones básicas: en primera instancia, porque las acciones norteamericanas en…
p. 436
04El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 892 citas
[4]y Nikita Krushev decidió subir el tono de voz contra Estados Unidos, decla- rando que la Doctrina Monroe moría de “muerte natural”. 9 9 Maurice Lemoine: Les 100 portes de l’Amérique Latine, Ob. cit. 89 Capítulo IV Con la Revolución Cubana, la vida política y militar del hemis- ferio no volvieron a ser las mismas. La…
p. 89
[5]y Nikita Krushev decidió subir el tono de voz contra Estados Unidos, decla- rando que la Doctrina Monroe moría de “muerte natural”. 9 9 Maurice Lemoine: Les 100 portes de l’Amérique Latine, Ob. cit. 89 Capítulo IV Con la Revolución Cubana, la vida política y militar del hemis- ferio no volvieron a ser las mismas. La…
p. 89
05La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 45, 46, 50, 514 citas
[6]de los países de América Latina ha ido siendo cada vez más abierta y desenfrenada. ”La Junta Interamericana de Defensa, por ejemplo, ha sido y es el nido donde se incuban los oficiales más reacciona- rios y pro yanquis de los ejércitos latinoamericanos, utili- zados después como instrumentos golpistas al servicio de…
p. 46
[7]ido siendo cada vez más abierta y desenfrenada. ”La Junta Interamericana de Defensa, por ejemplo, ha sido y es el nido donde se incuban los oficiales más reacciona- rios y pro yanquis de los ejércitos latinoamericanos, utili- zados después como instrumentos golpistas al servicio de los monopolios. ”Las misiones…
p. 45
[41]la patria”. [...] “Quienes estudian los problemas de América, suelen pre- guntarse qué país, quiénes, han enfocado con corrección la situación de los indigentes, de los pobres, de los indios, de los negros, de la infancia desvalida, esa inmensa in- fancia de 30 millones en 1950 (que será de 50 millones dentro de ocho…
p. 51
[42]de América, suelen pre- guntarse qué país, quiénes, han enfocado con corrección la situación de los indigentes, de los pobres, de los indios, de los negros, de la infancia desvalida, esa inmensa in- fancia de 30 millones en 1950 (que será de 50 millones dentro de ocho años más), sí, ¿quiénes, qué país?” [...] “¿Qué…
p. 50
06Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 4071 cita
[8]del orden constitucional, no se invocó la resolución 1080. En Venezuela (1992), tras el intento de golpe de estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez, el Consejo Permanente de la OEA se limitó a condenar los hechos y a manifestar su compromiso con la democracia. En Ecuador tampoco se invocó la resolución citada…
p. 407
07Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 23, 912 citas
[9]en conflictos bilaterales o a aquellos que presen- taran conmociones civiles y militares. La propuesta de Roosevelt fue aprobada en una conferencia continental especial, en 1936 en Buenos Aires, con motivo de la terminación de la guerra del Chaco, que enfrentó a Bolivia con Paraguay por el control del Chaco Boreal. La…
p. 91
[15]y comercio, en septiembre de 1849, y además obtuvieron la cesión provi- sional de la isla. Previamente el país del norte había logrado firmar con Colombia el Tratado Mallarino-Bidlack, de amistad, comercio y navegación, el 12 de diciembre de 1846, mediante el cual se aseguraban ventajas en la eventual cons- trucción y…
p. 23
08Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1271 cita
[10]La expansión norteamericana afec- tó también a Colombia, al estimular la escisión de Panamá, con la finalidad de apoderarse del Canal. La interven- ción norteamericana fue el resultado del fracaso de sus gestiones con Co- lombia para construir un canal. Al ser rechazado por el Congreso colombia- no el tratado…
p. 127
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 711 cita
[11]la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…
p. 71
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1811 cita
[12]a nivel, que uno con esclusas, pero tal alternativa era más costosa y de difícil ejecu- ción. Tales dificultades se reflejaron no sólo en la demora en la construcción, sino en el flujo de ca- pitales que al comienzo fue abundante, pero que poco a poco comenzó a disminuir, lo que obligó a 425 E Junta Revolucionaria de…
p. 181
11Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 811 cita
[13]de Suez, fracasó en su intento ¥ tras sucesivas prórrogas del gobierno colombiano para la entrega de la obra, fue disuelta en 1899. Los franceses, que trataben de proteger su inver sión, constituyeron la Nueva Compa- si de Canal de Paraea: que. permiso esten los traba- hasta e pytera dé cinco mi- Hors de francos. En…
p. 81
12Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 2321 cita
[14]p. 32. 214 Part Three. The Winning of the Peace reform forces, especially prominent dissident Conservatives, found themselves on the losing side of the canal treaty debate, they were ultimately able to tum the issue of the loss of Panama, which occurred soon after the Senate's rejection of the treaty, to great…
p. 232
13Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 1031 cita
[16]Panamá ” y con sus asesores y los abo- gados de la Compañía del Canal, organizó la compra de autoridades panameñas para la secesión». Los Estados Unidos, «aliado eventual y egoísta», como lo califica Bolívar, que se habían opuesto desde el Congreso de Pa- namá planeado por el Libertador en 1826, a toda posible…
p. 103
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2151 cita
[17]was written and signed by both parties. Philippe Buneau-Varilla, the French promoter of the Panama Canal project, was credentialed as the official minister in Panama, and the Panama- U.S. Canal Treaty was ratified in early 1904. Work on the project ensued immediately thereafter, and the canal was opened to traffic in…
p. 215
1530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1611 cita
[18]de veintidós de diciembre de mil novecientos veintiuno, por las presentes ratifico y confirmo dicho Tratado ya modificado, en todos y cada uno de sus artículos. En fe de lo cual, he dispuesto que se fije en las presentes el sello de la República. Firmado y sellado de mi mano, en la ciudad de Bogotá, hoy primero de…
p. 161
16Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1751 cita
[19]norteamericanas. Lo que vino lue- go, la pérdida de Panamá, tuvo suficiente elo- cuencia para hablar por sí mismo. Dicho sector del territorio patrio había hecho parte desde los tiempos del virreinato de la Nueva Granada y se había integrado voluntariamente a Colombia desde la tercera década del siglo XIX. Tras la…
p. 175
17Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 471 cita
[20]the context of Manifest Destiny, the U.S. expansionist war with Mexico (1846–1848), and the incorporation of the Southwest into U.S. territory, this first U.S. pro- tectorate with Colombia over Panama not only signaled a sea change in U.S. foreign policy—an entangling alliance—but also served as a model for…
p. 47
18La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 831 cita
[21]referencia al tercer mecanismo mencionado, de delegación de la gobernanza local a grupos privados de interés, sin considerar qué tan ilegales o legales son. Esta tendencia ha sido debilitada recientemente por las investigaciones y condenas de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General contra los políticos…
p. 83
19Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1321 cita
[22]maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…
p. 132
20El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 751 cita
[23]menos lo mismo: casas pintadas con cal, plazas polvorientas, puentes grises sobre ríos de agua sucia. Pero justo bajo la superficie hay una historia de traición y de muerte. A principios de la década de 1920, la United Fruit Company trajo el banano, y con el tren y el telégrafo, los caminos, los correos, las esta-…
p. 75
21Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 651 cita
[24]horas. El almacén de la compañía y otros edifi- cios fueron quemados hasta los cimientos, y los huelguistas intentaron quemar vivos a los empleados estadounidenses y colombianos que estaban resistiendo en la única casa que quedaba. Antes de que esto ocurriera, sin embargo, Uegó el Ejército, y en la batalla que siguió…
p. 65
22The Flight of the Condor: Stories of Violence and War from ColombiaJennifer Gabrielle Edwards (ed.) · 2007 · p. 161 cita
[25]with a mix of horror and admiration and their prolonged battles against their enemies—the pájaros, the army, and the National Police—became legendary. Some Colombians, faced with an implausible reality, re- placed it with fantasy and its fictions and went so far as to embark on pilgrimages to where guerrillas were…
p. 16
23The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 487, 5712 citas
[26]it is established that banana workers across the Santa Marta region did in fact strike in 1928, and that strikers were massacred when General Carlos Cortés Vargas ordered soldiers to fire on a large crowd at Ciénaga on December 6, the ques- tion remains: “How many?” Labor organizer Raúl Mahecha reported a thousand…
p. 487
[59]ample room for both, and no civilization is in any true sense complete that only produces one.... And so here our work is worthless unless it stands comparison with the best kind of work that can be produced anywhere. We realize this very well in the field of applied science. In digging the Panama Canal, one reason we…
p. 571
24María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 2471 cita
[27]de la United Fruit; las actuaciones del gobierno respecto del cual tendremos que ver cómo sus palabras son desmentidas por él mismo 182. Pues bien señores: ante tal tragedia, los militares indignos del nombre, indignos de las armas de la República, se entregaban a la orgía de proporciones caligulescas. En las casas de…
p. 247
25El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3871 cita
[28]el ferrocarril de Girardot tiene que rebajar en un 25% los fletes al café; un año después se llega a un acuerdo similar. 33 En muchas comarcas los hacendados toman por su cuenta el man- tenimiento y en algunos casos la apertura de caminos de herradura. En Cundinamarca, por ejemplo, reconstruyen el puente de madera…
p. 387
26At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 1621 cita
[29]strikers arrested, shot down, or imprisoned in response to extensive strike activity that arose in Colombia, Guatemala, and Honduras between 1928 and 1932. Similar labor repression occurred in Costa Rica and Panama during this period. 42 The immediate reasons why host governments called in their militaries to put down…
p. 162
27La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 1321 cita
[30]sirvió para consolidarnos com. o neocolonia suya, y pagarnos un precio cada vez más desfavorable por nuestro producto. Para poder controlar el precio del grano, y debilitar la posición negociadora de Colombia y Brasil, impulsó su siembra en otros países, reforzando la tendencia descendiente de aquel. Mas el permanente…
p. 132
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 551 cita
[31]para encontrar «enemigos internos» en los actores sociales. La historia nacional también demuestra que la guerra suele desbordar los límites humanitarios y que al final se tejerán ilícitas alianzas estratégicas que la reconfiguran en guerra sucia. Surge, entonces, un patrón de estigmatización, persecución, eliminación…
p. 55
29Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 3041 cita
[32]norteamericana sobornó a prefec- tos y alcaldes, pagó agentes del orden con el fin de enfrentarlos a los campesinos y "defender la propiedad privada", y se burló de compromisos, como la oferta de ejidos que hizo a los pueblos lobanos en 1920. Algunos abogados costeños, entre ellos el se- nador momposino y exministro…
p. 304
30Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 65, 742 citas
[33]la invasión a Cuba en 1960. Reelaborar la doctrina fue todavía más apremiante después de aquel fiasco. La doctrina de la contrainsurgencia quitaba todo énfasis a la guerra re- gular interestatal poniéndolo en la guerra irregular interna. En esta direc- ción, había que fortalecer unidades operativas orientadas por una…
p. 74
[34]el trasfondo de la guerrilla del e pl, pavimentaría el camino al paramilitarísmo (Romero, 2003, pp. 128-155). La cara antiliberal de la Alianza era la doctrina contrainsurgente elabor a da por diferentes agencias del gobierno estadounidense con el objetivo de for talecer la legitimidad política y la capacidad militar…
p. 65
31Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 692 citas
[35]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
p. 69
[36]g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…
p. 69
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 611 cita
[37]GINI para Bogotá y la Región», 11-12. 118 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 337. 119 Misas Arango, Regímenes de acumulación y modos de regulación: Colombia 1910-2010, 62. 120 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 90. 121 Helg, La educación en Colombia: 1918-1957. Una historia social, económica y…
p. 61
33Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4142 citas
[38]población, por el desem- pleo y la insatisfacción de sus necesidades apremiantes, parecía encontrar en las audaces experiencias de Cuba una solución a sus conflictos vitales". 22 Los norteamericanos, por conducto de la Alianza para el Progreso, y promoviendo políticas de inter- vención económica y de mayor…
p. 414
[39]población, por el desem- pleo y la insatisfacción de sus necesidades apremiantes, parecía encontrar en las audaces experiencias de Cuba una solución a sus conflictos vitales". 22 Los norteamericanos, por conducto de la Alianza para el Progreso, y promoviendo políticas de inter- vención económica y de mayor…
p. 414
34Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 351 cita
[40]dos acepciones de revolución, regreso a la clasificación del profesor de Georgetown. Introduciré una tercera ola —entre la primera y la segunda— a partir de la experiencia de las guerrillas urbanas en Suramérica y me preguntaré si acaso un ejemplar casi único, como Sendero Luminoso, pudo tener algún émulo en el…
p. 35
35Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1131 cita
[43]of “anti-Commu- nism,” “counternarcotics,” and presently the “war against terrorism.” These various missions have been utilized to justify continued military aid to Latin America, providing the United States with another lever of influence in the region. In Latin America, the U.S. Southern Command is the leading…
p. 113
36Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 651 cita
[44]concebido por el propio Andrés Pastrana, el 8 de junio de 1998, se trataba de una iniciativa nuclear de su Plan de Desarrollo, resultando acogida por el presidente estadounidense Bill Clinton, en diciembre de 1998, cuando prometió destinar más ayuda militar a Colombia a fin de combatir las drogas y fortalecer la…
p. 65
37Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3661 cita
[45]Documentation Project (NSA). 4. 708 En ese momento era asistente del secretario de Estado; entre 2007 y 2010 fue el embajador estadounidense en Colombia. narcotráfico como protagonista del conflicto armado y factor de su persistencia 367 no mezclar objetivos, buscando equilibrar la asistencia antidrogas «dura» con el…
p. 366
38Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 1181 cita
[46]y el 70 % de la cocaína consumida en el mundo se produce en Colombia. Los ingresos que se generan producto de este negocio ilegal son muy significativos. Se estima que en 2008 el tamaño de la producción y tráfico de la cocaína en Colombia fue de $13,6 billones de pesos, lo que equivale aproximadamente al 2,5 % de pib…
p. 118
39No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4201 cita
[47]de inteligencia militar dijo a la Comisión de la Verdad que «en la operación que hacíamos de inteligencia, la ayuda gringa era muy, muy mala para nosotros. Otra cosa fue la guerra contra el terrorismo... ahí sí, nos llegaba gente de primer orden, gente muy comprometida y fueron decisivos en muchas cosas» 1215. 1212…
p. 420
40Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4371 cita
[48]cultivations dominated. With the installation of a radar system from the United States in Vichada, aerial interdictions began against suspected narco-trafficking flights. United States-Colombia Security Cooperation and Plan Colombia Although the hardening of Colombia's antidrug policies stemmed from the upsurge of…
p. 437
41Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 261 cita
[49]En el proceso de conformación y consolidación de la actual estrategia estadounidense hacia el conflicto armado en el país podemos distinguir tres etapas: Una primera, desarrollada entre 1995 y 1998, que se caracteriza por una prolongación y profundización de la lucha antinarcóticos con un apéndice más bien…
p. 26
42Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3581 cita
[50]tráfico de drogas, que permitían asegurar además el encadenamiento hacia Norteamérica. En este caso en particular, las políticas de seguridad tienen que ver con la presencia activa de Estados Unidos en la región. Durante la guerra fría, este país construyó todo un dispositivo de seguridad mediante el establecimiento…
p. 358
43Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 951 cita
[51]artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…
p. 95
44Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 951 cita
[52]artículo de otros tantos artículos plasmados en el libro «Mas allá del Embrujo» (tercer año de gobierno de Álvaro Uribe) editado por Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Bogota, www.plataforma-colombiana.org. 96 Efectivamente, el Plan Colombia, que cuatro años más tarde fue rebautizado Plan Patriota —…
p. 95
45Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 1991 cita
[53]erradicación de cultivos de coca vía fumigación con glifosato. En su afán por obtener de Estados Unidos la certi- ficación en la lucha contra el narcotráfico, en 1997 la administra- ción Samper había fumigado 516 hectáreas en Puerto Guzmán y, en 1998, 3.950 en todo Putumayo (Ramírez, 2001, página 19; Rivera, 2003,…
p. 199
46Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 561 cita
[54]of the discourse on drugs mobilized by U.S. agencies with that of their Colombian counterparts. Claiming that the “war on drugs” advanced by the U.S. was not imposed does not imply refusing the relevance of its effects for the construction of Colombia as a problem—on the contrary. The volume of financial and human…
p. 56
471989María Elvira Samper · 2019 · p. 231 cita
[55]tienen los laboratorios para procesarla, y controlan rutas y redes de exportación y distribución a los Estados Unidos. Para Washington el tráfico de drogas es un problema de seguridad nacional, y su concepción para combatirlo parte de la premisa de que la oferta crea la demanda, y de ahí que la solución empiece por…
p. 23
48Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2371 cita
[56]Escobar, Inform es ¿ e l D epartam ento de E stado de E stados U nidos sobre la si tuación de los derechos hum anos en C olom bia, tesis de grado, Bogotá, Facultad de Ciencias Jurídicas, Pontificia Universidad Javeriana, 2005. 309 El Proceso de Certificación de las Drogas fue establecido mediante la Ley contra el…
p. 237
49Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1841 cita
[57]Estados Unidos. Aunque no con la misma intensidad que en algunos momentos del pasado, como a principios de la década de 1970 y toda la década de 1980, nuestro vecino del norte sigue defendiendo la necesidad de combatir el negocio de las drogas ilegales en todas sus etapas. Los diversos gobiernos colombianos de las…
p. 184
50Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 2441 cita
[60]historiado res diplomáticos norteamericanos, el profesor de Yale Samuel Flagg Bemis, dedicó el primer capitulo de su gran historia de las relaciones de 1. R. H. Whitbeck, Economic Geograpby ofLatin Ameriea, NewYork, 1926, pp. 59y 60. 2. Véase, por ejemplo, Cahpman, "The Age of the Caudillos", en HispaDic American…
p. 244
51Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3481 cita
[61]no pagan en una fecha determinada no tienen razón que alegar para disculparse, porque pertenecen al mundo tropical y anárquico que no entiende las reglas para conservar el crédito; y cómo a medida que la crisis avanza y que los acreedores, según la frase muy inteli- gente del delegado de México, se hu- manizan, porque…
p. 348
52Indómita: Colombia según el cine extranjeroPaula Andrea Barreiro Posada · 2019 · p. 311 cita
[62]En ellas el colonizado es delimitado como el Otro fuera de la civilización, como un ser irra- cional (p. 149). Esta representación es una forma de exclusión. La imagen más consistente que se ha construido del Otro ha estado compuesta por dos conceptos: el Otro desbordado por su sensualidad y el Otro desbordado por su…
p. 31
53Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 711 cita
[63]no forma parte de la estrategia de los Estados Unidos apoyar cuartelazos, como a mediados del siglo pasado. Que el país más celoso de la libertad, la democracia y los derechos ciudadanos, fuera el que apoyaba a Trujillo en República Dominicana, a Duvalier en Haití, a Somoza en Nicaragua, a Batista en Cuba, el que puso…
p. 71
54Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2651 cita
[64]serían capaces de lograrla. “Me temo”, escribió el estadista al respecto, “que la degradante ignorancia en la que sus curas y reyes los han hundido, los ha descalificado para el mantenimiento o incluso el conocimiento de sus derechos, y que mucha sangre será derramada a cambio de una mínima mejoría en su condición”.…
p. 265
55Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 391 cita
[65]y una vez organizado un gobierno representativo del pueblo mexicano, Santamaria logr6 concertar el tratado de alianza co- lombo-mexicano, asi como el de la asistencia del pais a la reunion de Panama para formar la Asam- blea de los Estados Americanos. En cuanto al importante tratado de comercio que Santamaria logré…
p. 39
56Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 521 cita
[66]theories. Place, conditions, circumstances, these set the limits of theories and the limits of Bolívar’s enlightenment. His realism always held back the full flow of ideas. Analysis of his own writings show that he was just as familiar with ancient and modern treatises of the art of war as he was with the stars of…
p. 52
57Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 1231 cita
[67]neficio de un Gobierno completamente Represen- 1078 Acta de la Independencia de los Estados Unidos de América del Norte en una version facsimil que se conserva en el Museo Bolivariano de Caracas. El ejemplo de la independencia norteamericana y el de su constitucién como nacion libre y soberana influyo en gran manera…
p. 123
58La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 1571 cita
[68]dotó, según él, de la constitución política ideal, lo llenaban de contento. Creyó entonces, y lo creyó de verdad, que podía hacer realidad el sueño, que había mantenido en silencio, de una gran confederación que uniera por lo menos a Perú, México, la Confederación Centroamericana, Bolivia y la Gran Colombia. Nunca…
p. 157
59La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 931 cita
[69]se tiene en cuenta que era con algunos países europeos, especialmente con Inglaterra y Francia, lo mismo que con los Estados Unidos de Norteamérica, que los dirigentes republicanos tuvieron contacto durante los años de la Independencia y algunas décadas posteriores. De los mencionados países recibieron nuestros…
p. 93
60Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · p. 11 cita
[70]Uniting States: Voluntary Union in World Politics Joseph Parent https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780199782192.001.0001 Published online: 19 January 2012 Published in print: 21 September 2011 Online ISBN: 9780199919147 Print ISBN: 9780199782192 Search in this book CHAPTER…
p. 1
61Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 751 cita
[71]War. Despite his disappointment over the Senate’s failure to ratify the Panama Treaty, Suárez clearly saw that the United States would become the economic and political leader of the Western Hemisphere once the war was over. With the decline of European trade, U.S. entrepreneurs increased their presence in Colombia…
p. 75
62Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 3251 cita
[72]144–45; partnership with Cuba, 175; at San Francisco Conference (1945), 45–46 Special Survey Team, U.S., 193–96 Spinney, Russell G., 192 Sputnik, 174 Stalin, Josef, 72 Standard Oil Company, 130, 167 Stanley, USS, 157 Stasson, Harold, 142 Stettinius, Edward R., 45 Stone, David L., 18 Strategic Materials, 38, 39, 40,…
p. 325