Ensayo · La Violencia · 1946–1957
El Batallón Colombia en Corea (1951-1954)
Colombia fue la única nación latinoamericana que envió tropas terrestres a la Guerra de Corea. La decisión, tomada bajo el régimen autoritario de Laureano Gómez, desencadenó transformaciones que reorientaron la doctrina militar colombiana hacia la contrainsurgencia estadounidense y fortalecieron al estamento castrense hasta el punto de derrocar al propio gobierno que envió las tropas.
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La respuesta en breve
Corea fue bisagra, no fundación. La decisión respondió ante todo al cálculo de supervivencia autoritaria de Gómez —quien necesitaba legitimidad internacional, dólares y armas para sostener un régimen sin Congreso y con estado de sitio permanente—, pero desbordó al calculador: al profesionalizar al ejército bajo tutela estadounidense y abrirle acceso a doctrina, prestigio y recursos, Gómez creó las condiciones de su propio derrocamiento en junio de 1953. El acuerdo MAP de 1952 y la formación de oficiales como Ruiz Novoa y Valencia Tovar en Fort Benning y Fort Leavenworth convirtieron una alineación diplomática previa y una mentalidad represiva preexistente en una arquitectura institucional duradera que reorientó la guerra hacia el enemigo interno campesino, visible en el Plan Lazo y la Operación Marquetalia de 1964.
La historiografía oscila entre cuatro interpretaciones que el material sostiene parcialmente pero ninguna de forma exclusiva. La lectura de seguridad colectiva señala que Colombia activó marcos hemisféricos preexistentes —JID de 1942, TIAR, convenios de préstamo y arriendo de 1942, misiones de entrenamiento desde 1948— y cumplió compromisos legítimos; su límite es que no explica por qué solo Colombia envió infantería entre todos los signatarios del TIAR. La lectura del cálculo doméstico insiste en que Gómez, gobernando sin Congreso y con abstención liberal total desde 1949, necesitaba la legitimidad internacional y la asistencia militar que Washington podía proveer a cambio del batallón; su límite es que subestima la agencia castrense. La lectura de la bisagra doctrinal ve en Corea el mecanismo que institucionalizó la norteamericanización —desplazando el modelo prusiano vigente desde la Guerra de los Mil Días— y formó la camada de oficiales que aplicaría la contrainsurgencia contra el campesinado; su límite es que la noción del enemigo interno, documentada en los escritos del coronel Sierra Ochoa sobre el Batallón XXI Vargas y practicada en los Llanos entre 1952 y 1953, precede o es contemporánea al regreso del batallón, lo que indica que Corea reforzó una lógica preexistente en lugar de inaugurarla. La lectura de la autonomía castrense subraya que el prestigio, los recursos y la doctrina acumulados por la oficialidad expedicionaria hicieron viable el golpe de Rojas Pinilla en 1953, aunque la evidencia muestra que ese golpe fue impulsado también por una facción conservadora opositora a Gómez, no solo por iniciativa militar autónoma.
Ensayo completo
La lectura
El Batallón Colombia en Corea
Entre 1951 y 1954, Colombia envió a la península coreana un batallón de infantería y la fragata Almirante Padilla —la única de guerra que tenía la armada— para combatir bajo mando de la Séptima División de Infantería del Ejército de Estados Unidos, formalmente bajo bandera de Naciones Unidas. Fue la única nación latinoamericana que aportó tropas terrestres a esa guerra. La cifra final del sacrificio expedicionario —163 muertos en combate, 448 heridos, 28 prisioneros canjeados, 47 desaparecidos— resulta modesta si se compara con los ejércitos protagónicos del conflicto, pero desproporcionadamente pesada para lo que ese contingente terminó significando en la historia militar colombiana. El Batallón Colombia salió del país bajo el gobierno de Laureano Gómez Castro, combatió bajo el mandato interino de Roberto Urdaneta Arbeláez y regresó a un país gobernado por el general Gustavo Rojas Pinilla, quien había derrocado al mismo régimen que envió las tropas. Esa paradoja —Gómez pagó el envío con su propia caída— condensa el problema.
¿Por qué fue Colombia a Corea, y qué le hizo eso al país por dentro?
Preguntar por qué Colombia fue a Corea no es una curiosidad de cronología diplomática. Es preguntar cómo se articularon, en un solo gesto, tres transformaciones que definieron el siglo XX colombiano: el alineamiento militar con Estados Unidos que desplazó una tradición prusiana de medio siglo, la consolidación de una doctrina anticomunista que convirtió al enemigo externo de la Guerra Fría en enemigo interno campesino, y la autonomía política que el estamento militar adquirió al profesionalizarse bajo tutela extranjera.
Las respuestas dominantes tiran en direcciones distintas y no siempre compatibles. Una lectura clásica ve en Corea el cumplimiento de compromisos de seguridad colectiva contraídos con la Junta Interamericana de Defensa de 1942 y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca: Colombia hizo lo que un aliado hemisférico debía hacer. Otra lectura, más política, insiste en que la decisión fue instrumental: Gómez necesitaba el favor de Washington para sostener un régimen sin Congreso, sin partido liberal en las urnas y con estado de sitio permanente desde noviembre de 1949. Una tercera lectura, más ambiciosa, ve en Corea la bisagra doctrinal que reorientó al Ejército colombiano hacia la contrainsurgencia estadounidense, incubando en una generación de oficiales la mentalidad que se aplicaría contra el campesinado en La Violencia y después contra las guerrillas del Frente Nacional. Una cuarta, finalmente, subraya la agencia castrense: fue la oficialidad, no el presidente, la que capitalizó el envío para acumular prestigio, recursos y autonomía política, hasta el punto de derrocar al propio Gómez en junio de 1953.
Ninguna de las cuatro es completamente falsa. Ninguna, tomada aisladamente, alcanza a explicar el fenómeno. Lo que sigue es un intento de sostener la posición que el material mejor tolera, sin achatar las tensiones que la evidencia mantiene vivas.
La lectura de la seguridad colectiva tiene un núcleo defendible. Desde 1929, Colombia había iniciado contactos militares con Estados Unidos, que se profundizaron con el plan de defensa del Canal de Panamá durante la Segunda Guerra Mundial. En marzo de 1942, Bogotá firmó un convenio de préstamo y arriendo con Washington. Ese mismo año, en Río de Janeiro, nació la Junta Interamericana de Defensa. En 1948 comenzaron misiones de entrenamiento del ejército y la aviación estadounidenses en territorio colombiano. Cuando Corea del Norte invadió a Corea del Sur en junio de 1950, la infraestructura institucional para responder al llamado de Naciones Unidas y de Estados Unidos ya estaba tendida. Colombia no improvisó una participación: la ejecutó desde marcos previos.
Pero esa lectura, correcta en la superficie, no explica por qué Colombia fue el único país latinoamericano que envió tropas terrestres. Los demás signatarios del TIAR también tenían acuerdos hemisféricos; ninguno mandó infantería. La singularidad colombiana exige buscar la explicación en el interior del régimen, no en el exterior de los tratados.
Ahí entra la segunda lectura. Cuando se toma la decisión de enviar el batallón, Gómez —presidente electo con abstención total del liberalismo— gobernaba bajo estado de sitio, con el Congreso cerrado por decreto desde noviembre de 1949 y con un proyecto de reforma corporativista de inspiración franquista en la mesa. La violencia bipartidista devoraba el país en dos niveles superpuestos: matanzas partidistas en distritos con mayoría liberal y represión clasista contra sindicatos y organizaciones populares. En los Llanos Orientales, la guerrilla liberal, con Guadalupe Salcedo como una de sus figuras más notorias, tomaba bases militares como Palanquero y poblaciones enteras. Para 1952, un sector de las guerrillas llaneras había declarado su lucha como revolución para derrocar al gobierno. El 6 de septiembre de ese año, militantes conservadores y policías de civil incendiaron las oficinas de El Tiempo y El Espectador y las casas de dirigentes liberales en Bogotá.
En ese contexto, mandar un batallón a Corea era, además de un gesto internacional, una operación política de altísimo rendimiento. Le compraba al régimen la legitimidad exterior que le negaban las urnas, el desafuero congresional y la censura de prensa. Y —esto era lo decisivo— abría el flujo de asistencia militar estadounidense necesario para enfrentar la guerra civil no declarada que ardía dentro. El propio Gómez esperaba esa contraprestación como pago por servicios prestados, y en efecto Colombia recibió millones de dólares en ayuda militar y entrenamiento para tropas y oficiales.
La tercera y la cuarta lectura son en rigor una sola: el canje político generó el laboratorio doctrinal. En 1952, un año después de embarcado el batallón, Bogotá y Washington firmaron un acuerdo bilateral de provisión de armas bajo el Military Assistance Program, marco destinado a asistir a países comprometidos con la lucha contra el comunismo. El texto incluía una cláusula que obligaba a usar las armas y el entrenamiento para "mantener la paz en el hemisferio occidental" —formulación tan elástica que admitía cualquier reinterpretación. Ese acuerdo inauguró la fase intensiva de la norteamericanización del Ejército colombiano: el desplazamiento del modelo prusiano, que había orientado la doctrina desde la Guerra de los Mil Días, por el modelo estadounidense. Para 1970, veintidós de los treinta y un generales de una estrella habían estudiado en Estados Unidos y cuatro en la Escuela de las Américas en Panamá.
El caso a favor del cálculo doméstico de Gómez se apoya en la coincidencia densa entre las fechas de la crisis institucional y las de la decisión expedicionaria. El régimen estaba estratégicamente aislado. La abstención liberal en las elecciones de 1949, el cierre del Congreso, la intención de reforma corporativista y la persecución de la oposición dejaban al gobierno sin más aliado sólido que Washington, y ese aliado se cotizaba caro. La contribución colombiana a Corea —significativa en el contexto latinoamericano precisamente porque nadie más aportaba tropas— era el precio de admisión al club anticomunista hemisférico.
La reciprocidad se materializó rápido. El acuerdo MAP de 1952 no fue un gesto simbólico: fue la puerta por la cual entraron helicópteros, vehículos, equipos de comunicaciones y armas ligeras que para 1961 estarían operando contra las llamadas repúblicas independientes de Sumapaz y el sur del Tolima. Los oficiales que rotaron por el Batallón Colombia —fue una unidad con relevos, no una expedición única— pasaron por Fort Benning y Fort Leavenworth, absorbieron doctrina, protocolos y jerga, y regresaron a un ejército que abandonaba el manual prusiano por el estadounidense.
La evidencia de la transformación doctrinal es la más granular, y tiene nombres propios. El teniente coronel Alberto Ruiz Novoa asumió el mando del batallón el 4 de julio de 1952 y dirigió las operaciones finales en la guerra, incluida la Operación Bárbula. Bajo su comando el batallón recibió citaciones presidenciales de Estados Unidos y de Corea del Sur por bizarría en combate, especialmente en la toma de Kumsong. En el estado mayor operaba también Álvaro Valencia Tovar, entonces capitán, quien había comandado el bautismo de fuego del batallón el 6 y 7 de agosto de 1951, tomando su objetivo en trece horas.
Ambos nombres son decisivos, y no por acumulación biográfica. Ruiz Novoa y Valencia Tovar llegaron a ser ministros de Guerra en gobiernos posteriores. Ruiz Novoa fue el arquitecto del Plan Lazo, la primera doctrina contrainsurgente formal del Ejército colombiano, que aplicó la lógica de separar al guerrillero de su base social —"quitarle el agua al pez"— contra las repúblicas independientes, culminando en la Operación Marquetalia de 1964, apoyada en operaciones psicológicas y en antiguos guerrilleros liberales como el llamado Peligro.
Valencia Tovar, por su parte, produjo en agosto de 1962, por encargo de Ruiz Novoa entonces ministro, un informe secreto sobre el libro La violencia en Colombia de Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna. El informe respaldaba el valor del libro, y su filtración a un senador conservador opositor en noviembre desató la crisis política que obligó al ministro a desautorizar públicamente la obra mientras se desplegaban tanques en Bogotá para disuadir un supuesto golpe conservador. La escena tiene algo emblemático: los mismos hombres que habían combatido en Kumsong administrando ahora, una década después, la interpretación oficial de la violencia interna del país.
La cadena entre Corea y la contrainsurgencia pasa también por el aparato asesor. En 1959, Estados Unidos envió a Colombia el primer equipo de asesores militares —veteranos de Filipinas y Corea— para evaluar la guerra irregular y los métodos del ejército colombiano. Su informe de tres volúmenes recomendó una red extensa de asesores y participación directa estadounidense en operaciones contra rebeldes. La reorientación doctrinal implicó abandonar los puestos fijos y las unidades tácticas regulares por bases de patrullajes móviles y equipos de combate, con planeación centralizada y ejecución descentralizada. Exigió además que el ejército abandonara el apoliticismo y la neutralidad institucional históricos para combatir el comunismo con incidencia política, económica y social, no solo militar. Ruiz Novoa lo dijo con nitidez como ministro: las injusticias sociales y económicas son tan generadoras de violencia como el bandolerismo, y su corrección incide sobre el orden público. Esa frase, dicha por el comandante del Batallón Colombia en Corea, era impensable en un general prusiano de la generación anterior.
Ahora bien, la evidencia también pone un límite a esa lectura. La noción del enemigo interno no nació en Corea. El coronel Gustavo Sierra Ochoa, comandante temprano del Batallón XXI Vargas, la introdujo mediante escritos que invitaban a prescindir de la noción de ciudadanía para quienes se hubieran rebelado contra el gobierno y a librar una guerra sin cuartel contra ellos y sus simpatizantes. Distinguía entre población hostil y población simpatizante fijando que "es la actitud que asuma la población la que determina el trato que le corresponde por parte de las autoridades". Esa doctrina se practicó en los Llanos entre 1952 y 1953 y en las guerras de Villarrica entre 1954 y 1955, es decir, mientras el batallón aún combatía en Corea o apenas regresaba. La mentalidad castrense anticomunista tenía sedimentos más antiguos: la represión de trabajadores en los años veinte, el trauma del 9 de abril de 1948. Corea reforzó una lógica preexistente; no la inauguró.
Con esa cautela por delante, se puede formular la respuesta que la evidencia mejor tolera. Corea fue bisagra, no fundación. Y fue bisagra en un sentido muy preciso: convirtió una alineación diplomática previa y una mentalidad represiva preexistente en una arquitectura institucional duradera. Ese es el núcleo defendible.
La decisión de enviar el batallón fue, ante todo, cálculo de supervivencia autoritaria de Gómez. La lectura de la seguridad colectiva es correcta pero insuficiente: los marcos existían, sí, pero solo Colombia los activó con tropas terrestres, y esa singularidad se explica por la crisis interna del régimen. Gómez necesitaba lo que Washington podía darle —legitimidad internacional, dólares, armas, entrenamiento— y Washington necesitaba lo que Gómez podía ofrecerle: un batallón latinoamericano en la línea del Kumsong que demostrara que la Guerra de Corea era una empresa hemisférica y no solo estadounidense. El acuerdo MAP de 1952 fue el precio explícito de esa transacción.
Pero el cálculo desbordó al calculador. Al profesionalizar al ejército, al abrirle acceso a doctrina extranjera, prestigio internacional y recursos materiales, Gómez creó las condiciones de su propio derrocamiento. El 13 de junio de 1953, apenas nueve meses después del acuerdo MAP y con el batallón todavía combatiendo, Rojas Pinilla —general con fuertes lazos con el ospinismo y con popularidad interna en las fuerzas armadas— dio el golpe, con apoyo de expresidentes conservadores como Mariano Ospina Pérez y Roberto Urdaneta Arbeláez, y con respaldo tácito del liberalismo. Cuando Gómez, brevemente retornado al poder desde su convalecencia, intentó deshacerse del general, precipitó el desenlace. La Asamblea Nacional Constituyente legalizó el nuevo régimen mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953. El golpe no lo instigó el estamento castrense por su cuenta: lo empujó una facción conservadora que chocaba con la del presidente. Pero se hizo viable porque el ejército tenía en 1953 un peso institucional, una legitimidad pública y una autonomía política que no habría tenido sin el prestigio del Batallón Colombia.
De ahí que la tesis de que la oficialidad capitalizó Corea para institucionalizar la subordinación doctrinal a Estados Unidos sea correcta pero requiera un matiz: la oficialidad la capitalizó sin habérsela propuesto como estrategia deliberada al comienzo. Fue consecuencia emergente, no plan. Los cuadros que combatieron en Corea absorbieron una experiencia de guerra irregular, una doctrina anticomunista sistematizada y una red de contactos con el aparato militar estadounidense que les daría, quince años después, las herramientas para diseñar el Plan Lazo. Corea fue laboratorio, sí, pero laboratorio diferido: sus productos doctrinales maduraron en la década siguiente, no en el retorno inmediato de 1954.
El acuerdo MAP y la generación de Corea, en conjunción, hicieron irreversible la norteamericanización que ya estaba en marcha desde 1948. El referente prusiano —que había dado al ejército colombiano su estructura formal desde principios de siglo— quedó desplazado no por un decreto sino por la lenta acumulación de oficiales entrenados en Fort Benning, Fort Leavenworth y la Escuela de las Américas, y por la lógica material de un ejército que recibía sus armas, sus manuales y sus asesores de un único proveedor. Para 1961, el arsenal estadounidense estaba operando contra las repúblicas independientes; para 1964, la doctrina contrainsurgente estaba consolidada en el Plan Lazo; para 1970, tres de cada cuatro generales de una estrella eran productos del sistema formativo estadounidense o panameño.
Lo que Corea agregó, específicamente, fue el vínculo cognitivo entre la Guerra Fría global y el conflicto interno colombiano. En el Batallón XXI Vargas la doctrina del enemigo interno había sido formulada por Sierra Ochoa en clave de guerra civil bipartidista. Después de Corea, esa misma doctrina se reformuló en clave de contención hemisférica del comunismo, con las repúblicas independientes reinterpretadas como cabezas de puente soviéticas y el campesinado insurgente como el equivalente doméstico de las tropas norcoreanas. Gómez ya había equiparado al liberalismo con el comunismo antes del envío del batallón; los oficiales de Corea le dieron a esa equiparación un lenguaje técnico, un marco doctrinal y un aparato de asesoría extranjera. La lógica anticomunista dejó de ser una consigna partidista para volverse una estructura institucional.
Conviene ser preciso sobre lo que Corea no hizo. No creó la violencia contra el campesinado: esa violencia ya existía, y en su forma más brutal antes de que el batallón entrara en combate. No creó tampoco la subordinación militar a Estados Unidos: esa subordinación había comenzado en 1929 y se había institucionalizado con las misiones de 1948. Lo que hizo fue proveer el catalizador humano —una generación de oficiales con experiencia expedicionaria y prestigio internacional— y el catalizador material —el acuerdo MAP y el flujo de asistencia que se desprendió de él— para que ambos procesos se aceleraran, se articularan y se volvieran irreversibles.
Quedan preguntas que resisten un cierre definitivo. ¿Habría llegado el Ejército colombiano al Plan Lazo y a la Operación Marquetalia sin haber pasado por Corea? El contrafactual es inevitablemente especulativo, pero la respuesta más honesta es que probablemente sí, aunque más tarde y por rutas distintas. La doctrina contrainsurgente formal fue elaborada por agencias del gobierno estadounidense y sistematizada en los años sesenta, con el nexo entre modernización y contrainsurgencia establecido a partir del trabajo de Walt W. Rostow en 1960. La revisión y actualización de la doctrina del enemigo interno se nutrió también de las experiencias británicas en Malasia y Kenia, de la contraguerrilla estadounidense en Filipinas y Vietnam, y de la guerra colonialista francesa en Vietnam y Argelia. Colombia habría recibido esa doctrina con Corea o sin ella. Lo que Corea aportó fue la temporalidad y la modalidad específicas: la recibió antes que sus vecinos, la recibió a través de sus propios oficiales veteranos, y la recibió con una legitimidad interna que ningún otro proceso habría podido darle.
¿Cuál fue el peso relativo de la agencia castrense frente a la estructura política? Las Fuerzas Armadas colombianas no participaron —salvo por el episodio de Rojas Pinilla, empujado por una facción conservadora— en la modalidad latinoamericana de dictadores salidos directamente de los cuarteles. Durante el régimen de Rojas entre 1953 y 1957 y la Junta Militar de 1957 a 1958 bajaron incluso ligeramente las asignaciones presupuestales a las fuerzas armadas, hecho paradójico dada la larga tradición civilista colombiana. Esa continuidad civilista sugiere que la agencia castrense, aunque real, operó dentro de límites institucionales que la historiografía todavía discute. Corea empoderó al ejército como cuerpo profesional, pero no lo convirtió en un poder político autónomo al modo argentino o brasileño.
Queda la pregunta más incómoda: el costo humano de la ecuación aceptada en 1951. El fracaso de los programas de rehabilitación que Rojas prometió a los guerrilleros amnistiados en 1953 —más de diez mil combatientes entregaron sus armas, especialmente en los Llanos, con Guadalupe Salcedo y sus lugartenientes situados en localidades del Meta— reveló que la asistencia militar recibida por Colombia como contraprestación por Corea no vino acompañada de asistencia económica y social equivalente. Los campesinos desmovilizados encontraron sus tierras ocupadas o vendidas, y las promesas de ayuda económica no se cumplieron. El propio general Duarte Blum, que había negociado los acuerdos y recibido las armas, reconoció el fracaso. Ese fracaso recreó las condiciones de insurgencia que la doctrina contrainsurgente importada de Corea pretendía resolver: los mismos guerrilleros amnistiados o sus herederos volverían a las armas, y sus movimientos formarían el sustrato de las FARC.
Ahí está el desequilibrio decisivo. Colombia aceptó en 1951 el paquete de la modernización militar estadounidense y rechazó implícitamente, o al menos no exigió, el paquete equivalente de reforma agraria y desarrollo rural. Recibió los helicópteros y no las tierras. Recibió los manuales de contrainsurgencia y no los programas de rehabilitación. Cuando los estudiantes universitarios protestaron en Bogotá el 8 y 9 de junio de 1954 y las fuerzas del gobierno abrieron fuego, matando al universitario Uriel Gutiérrez Restrepo, el aparato represivo que respondió llevaba ya la marca de la doctrina que se estaba consolidando: una que veía en la disidencia interna una amenaza asimilable a la de los ejércitos comunistas del otro lado del Pacífico.
El Batallón Colombia regresó a finales de 1954 con citaciones presidenciales, con oficiales condecorados y con una experiencia de combate profesional inédita en la historia militar del país. Regresó también con una matriz doctrinal que en la década siguiente reorientaría al Ejército hacia adentro, hacia el campesinado, hacia las repúblicas independientes, hacia el enemigo interno. Gómez, que había pagado por ese regreso, ya no estaba en el poder para verlo. El país al que ese batallón volvió terminaría librando durante seis décadas su propia guerra irregular, con los manuales, los helicópteros y la mentalidad que había traído consigo desde el Kumsong.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
28 documentos · 48 fragmentos de referencia01Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 79, 89, 3303 fragmentos
[1]fueran al Asia a luchar por la democracia, mientras acá se limi- taban las libertades y se buscaban for- mas no propiamente democráticas de gobierno. Tradicionalmente, Colombia no ha- bía tenido muchos vínculos militares con los Estados Unidos. La acción ar- bitraria de fuerza ejercida por Teo- doro Roosevelt en…
p. 89
[9]salón elíptico del Capitolio nacional, el 7 de agosto de 1950, ante el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Domingo Sarasty. 82 Nueva Historia de Colombia. Vol. // Laureano Gómez: v Mariano Ospina Pérez en la víspera del cambio de mando; el primero no estuvo de acuerdo con la política de Unión Nacional del…
p. 79
[11]El día 22 caía Kumsong en poder del batallón, cuyo comportamiento le mereció las cita- ciones presidenciales de los Estados Unidos y Corea del Sur por bizarría en combate. Otras acciones meritorias del Colombia Pasando alternativamente por perío- dos de combate y pausas en reserva del regimiento, las tropas…
p. 330
02Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 431 fragmento
[2]facilitated subsequent interventions. The United States initiated its military interventions in Colombia in the 1850s, in support of the U.S. owners and users of the Panama Railroad, lo - cated in what was then still part of Colombia. After the United States “took Panama” from Colombia, in the words of Theodore Roo se…
p. 43
03Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 199, 202, 2063 fragmentos
[3]was displaced by the U.S. as the main reference for the professionalization of the Colombian military. 5.2 (The Imperative of) Winning Hearts, Minds, and Populations in the Never-Ending Colombian War Discussions about the professionalization of the Colombian military often evoke its close ties with the U.S. in the…
p. 199
[15]dominio internacional soviético”. 5 “ALL THEY UNDERSTAND IS FORCE”: THE MILITARY … 191 through the Colombian government provided the U.S. Army with such an example, as well as with a justified need for their cooperation. In 1952, one year after the “Colombia Battalion No. 1” was sent to Korea, a bilateral agreement…
p. 202
[43]former liberal guerrilleros, such as “Peligro”. We entered Marquetalia without the peasants having to be evac- uated. In December 1965, the last operation in El Pato and Guayabero was undertaken 22 (Ruiz N. 1992 Apud Leal B. 2002: 44) 21 In the original: “Como se ha mostrado cierta extrañeza porque el Ministro de…
p. 206
04Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 26, 372 fragmentos
[4]cista, era claro que sus fuerzas mili- tares no contaban con la infraestruc- tura bélica que se requería. Las con- versaciones se centraron entonces en un préstamo que harían los Estados Unidos para compra del mencionado material, pero fueron dilatadas por el gobierno colombiano a causa de la sensibilidad que tenía el…
p. 26
[7]y una fragata. Corea se constituía en el primer escenario en el cual la guerra fría pasaba al enfrenta- miento armado, y por esa razón Co- lombia participaba en la fuerza mul- tilateral de pacificación que viajó al sureste asiático con el fin de repeler la invasión de Corea del Norte. Esta úl- tima había sido…
p. 37
05Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4401 fragmento
[5]los asistentes crearon la llamada “Zona de Seguridad”, desde Alaska hasta la Patagonia; en La Habana, en 1940, adoptaron la “Resolución xv ”, la cual fortaleció la llamada asistencia recíproca en caso de agresión; y en Río, en 1942, la mayoría de países rompió relaciones económicas y políticas con el Eje y varios de…
p. 440
06Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 34, 1672 fragmentos
[6]con un Estado Mayor en el que participaban el teniente general Alberto Ruiz Novoa y el capitán Álvaro Valencia Tovar, posteriormente oficiales destacados en la lucha contraguerrillera y ministros de Guerra en gobiernos siguientes; los militares se asomaban como una rama del poder público, con participación ya no solo…
p. 34
[31]de transformaciones sociales y políticas, preocuparon a las élites, en particular a la DNL, que a toda costa buscaba impedir que sus hombres en armas encaminaran sus luchas más allá del cambio de gobierno conservador y la restitución de su partido en el poder. El inicio de la década de los años cincuenta dejó en…
p. 167
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2801 fragmento
[8]virulentamente anticomunista del presidente Laureano Gómez, un político de ultraderecha conocido por sus detractores como “el Monstruo”. Gómez, que saldría del Gobierno en 1953 por un golpe militar, una rareza en la Colombia del siglo XX, 77 esperaba recibir asistencia militar de los Estados Unidos como pago por los…
p. 280
08Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 41, 452 fragmentos
[10]junio de 1950 las fuerzas militares de Corea del Norte iniciaron una arrolladora ofensiva a través del paralelo 38 convenido para la separación provisional de la península, lo cual, había sido acordado en los finales de la guerra mundial para lograr la rendición de las fuerzas japonesas. Las potencias occidentales y…
p. 45
[12]grupos que se relevaron, entre 1951 y 1954. El trágico balance de la guerra fue de 163 colombianos muertos en combate; 448 heridos; 28 prisioneros que fueron canjeados; y 47 desaparecidos. Hubo 1.420.000 bajas en las filas comunistas y 995.601 en la fuerza de las Naciones Unidas; es decir 2.415.601 en total. La…
p. 41
09Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 368, 3882 fragmentos
[13]in Boyacá. The dream of becoming self- sufficient in steel manufacture had been a dream of Colombia’s economic and political elites for generations. Paz del Río thus provided objective proof that in spite of its manifold social and political problems the nation was making excellent economic progress. The year 1954…
p. 388
[28]mutually exclusive views of it held by Liberals and Con- servatives. Liberals saw guerrilla warfare as a necessary response to what they considered Conservative tyranny. For Liberals the guerrilla fighter was a he- roic figure who braved daunting odds in order to defend himself and his family 350 | Dangers of…
p. 368
10Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 2751 fragmento
[14]troops. The UN Command quartermaster occasionally served ethnic meals to UN combat forces. 112. Ruíz Novoa, Batallón Colombia en Corea, 9; and El Tiempo, 18 Feb. 1952 and 21 Feb. 1952. 113. Valencia Tovar, “Colombia en la Guerra de Corea,” 191–93. 252 notes to pages 115–119 114. “Command Report,” Jan. 1952; “Training…
p. 275
11More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 761 fragmento
[16]the doctores in charge were so impressed that they promoted him again, to the position of army commander and later war minister. Although General Ruiz downplays the link, it is clear that Plan Lazo also drew heavily on American ideas that emerged from a seis- mic shift in the way war was waged across the globe, most…
p. 76
12Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 47, 642 fragmentos
[17]defender exclusivamente las fronteras nacionales para empezar a enfrentar a los armados en el país, lo que exigía el abandono del apoliticismo y la neutralidad de la institución castrense. En tanto que se planteaba combatir el comunismo no solo desde una clara estrategia militar, sino también que su freno debía…
p. 64
[30]batallones del Ejército. Aunque la operación fue un fracaso militar, desen- cadenó la “rebelión llanera” que se prolongó hasta mediados de 1952 (Molano, 1986). Durante esta rebelión, numerosas victorias en contra de la Poli- cía y el Ejército consagraron a Guadalupe Salcedo, Eduardo Fran- 20 Todas las entrevistas…
p. 47
13Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 521 fragmento
[18]De 31 oficiales de una estrella, 22 estudiaron en Estados Unidos, 4 en Panamá 104 Sistemas de guerra y sólo 2 no lo han hecho>>. Review of U. S. Military Presence in Latín America, Secret Section, 16 de diciembre de 1970, Bogotá, 5767. 37. Véanse, por ejemplo, Francisco Leal Buitrago, El oficio de la guerra; Eduardo…
p. 52
14Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 48, 642 fragmentos
[19]cual se inició un reclutamien- to exclusivo de conservadores y se comenzó a protestar contra las formas “convencionales” de lucha antiguerrillera, introduciendo, a través de varias publicaciones ideológicas y de principios, la no- ción y la práctica del ‘enemigo interno’. Uno de los primeros comandantes del Batallón…
p. 48
[23]la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…
p. 64
15Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 41, 48, 65, 744 fragmentos
[20]D E U N C O N F L IC T O A R M A D O IN C O N C L U S O 47 1903). La mentalidad castrense se coció a fuego lento en la represión a los trabajadores petroleros de Barrancabermeja y de la zona bananera de Santa Marta en la década de 1920; en la represión de los masivos motines del 9 de abril de 1948, achacados nacional…
p. 41
[21]la invasión a Cuba en 1960. Reelaborar la doctrina fue todavía más apremiante después de aquel fiasco. La doctrina de la contrainsurgencia quitaba todo énfasis a la guerra re- gular interestatal poniéndolo en la guerra irregular interna. En esta direc- ción, había que fortalecer unidades operativas orientadas por una…
p. 74
[44]Armada y la Fuerza Aérea) mantuvieran una organización jerárquica y territorial y un tipo de equipamiento militar en función de la guerra regular. Con todo, do- minaba la inercia presupuestal que, si respondía a la larga tradición civilista, implicaba la debilidad fiscal puesto que las élites del poder no querían…
p. 48
[45]el trasfondo de la guerrilla del e pl, pavimentaría el camino al paramilitarísmo (Romero, 2003, pp. 128-155). La cara antiliberal de la Alianza era la doctrina contrainsurgente elabor a da por diferentes agencias del gobierno estadounidense con el objetivo de for talecer la legitimidad política y la capacidad militar…
p. 65
16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 60, 632 fragmentos
[22]el retorno al país del Batallón Colombia, después de la guerra de Corea y con las posteriores reformas en aspectos como la inteligencia civil. Para finales de 1953 se creó el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC), cuyo foco era el espionaje anticomunista y las cam- pañas de propaganda negra 121; ecos locales del…
p. 63
[29]eran importantes, el movimiento gue- rrillero más numeroso y mejor armado estaba en Casanare, Vichada, Meta y Arauca 108. Su capacidad militar les dio para tomarse bases militares como las de Palanquero, en Cundinamarca, y pueblos como Orocué, en Casanare. Al comienzo, los hacendados apoyaron a las guerrillas, pero…
p. 60
17Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3041 fragmento
[24]sitio, bajo el cual se restringía una gran cantidad de liber tades civiles, se mantuvo desde 1949 y luego durante toda la presidencia de Laureano Gómez, elegido ante la ausencia liberal en las elecciones. Con la 3 0 2 P o l ít ic a a g r a r ia y c o n f l ic t o s d u r a n t e l a V io l e n c ia posesión de…
p. 304
18Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2051 fragmento
[25]baj(m, zarandeados en la misiva liberal. La revolució11 del ordm Gómez tomó posesión de la pres id encia bajo estado de sitio. Conforme al prototipo francés en que se inspira, el estado de sit io no es ni estado de paz ni estado de guerra. El presidente y toda la rama ejecutiva adquier en poderes extraordinarios y…
p. 205
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 353, 3964 fragmentos
[26]México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…
p. 353
[27]México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…
p. 353
[38]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
p. 396
[39]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
p. 396
20Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2411 fragmento
[32]y Sa- lamanca. Se doctoró en derecho y desempeñó las cátedras de mercantil y economía política. Desde muy joven comenzó la actividad parti- dista conservadora. Fue concejal, diputado y congresista en varios períodos. También actuó como embajador en Perú y Argentina, ministro de Relaciones Exteriores, Guerra y…
p. 241
21Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 391 fragmento
[33]población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…
p. 39
22Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4931 fragmento
[34]la violencia contra el adversario. La confrontación durante estos años llegó a su climax, las estadísticas sobre muertes violentas, masacres políti- cas y éxodos, así lo permite observar. Ni siquiera el relevo en el mando presidencial de Roberto Urdaneta ante una enfermedad de Gómez, repercute en un cambio de am-…
p. 493
23La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4881 fragmento
[35]acierto y de paz: "No más depredaciones, no más sangre", fueron palabras que esperanzaron a los colombianos. Veinticuatro horas más tarde la Asamblea Nacional Constituyente legalizó el nuevo régimen mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953: "Es legítimo el título del actual presidente de la república, teniente…
p. 488
24Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 53, 662 fragmentos
[36]differences between those commanders who identified themselves as Communists and those who were fundamentally Liberals. As a result he withdrew from the meeting, leaving Guadalupe, who supported the law, as jefe supremo de los guerrillas liberales del Llano. Where this new compact might have led can never be known,…
p. 53
[37]licize this policy, he sent air force planes over guerrilla strongholds in the Llanos, Antioquia, and Tolima to drop leaflets signed by his minister of war, General Alfredo Duarte Blum, announcing that Gómez had fallen and that the new gov- ernment would extend guarantees to all who wished to lay down their weapons.…
p. 66
25A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 322 fragmentos
[40]la exi gencia de los campesinos fue un plan de parcelación y de devolución de las tierras despojadas por los conservadores a sus legítimos propietarios. En la entrega de armas apareció Avenegra, que llegó de la región de Natagaima, donde lo habíamos dejado en el capítulo anterior. El Gobierno creó la Oficina de…
p. 32
[41]la exi gencia de los campesinos fue un plan de parcelación y de devolución de las tierras despojadas por los conservadores a sus legítimos propietarios. En la entrega de armas apareció Avenegra, que llegó de la región de Natagaima, donde lo habíamos dejado en el capítulo anterior. El Gobierno creó la Oficina de…
p. 32
26Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 3221 fragmento
[42]en Colombia unexpectedly veered toward danger in November 1962. At the behest of General Ruiz Novoa, Colonel Valencia Tovar had “devoured and studied” the brand-new book during his July vacation, producing by the second week of August a secret report for the army’s internal consumption. When a copy of the report…
p. 322
27Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 101, 1232 fragmentos
[46]como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…
p. 101
[47]una amenaza externa. La violencia rural dejó de ser una violencia entre colombianos, entre los viejos partidos históricos, para convertirse, en la visión propagandística de los gobiernos, en el resultado de una conspiración internacional. Esto había sido claro bajo el gobierno de Guillermo León Valencia (1962-66), y…
p. 123
28¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 861 fragmento
[48]los diarios liberales El Tiem po y El Espectador a principios de 1 956 y la agresión de agentes del Estado al público en la plaza de toros de la capital ese mismo año. De esta manera, el régimen era criticado no solo como una dictadura militar, sino como una continuación de la represión de las administraciones…
p. 86