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Idea transversal

Enemigo interno

Categoría central de la Doctrina de Seguridad Nacional que definió al adversario no por portar armas sino por su posición ideológica, fijando una frontera inmaterial dentro del cuerpo social colombiano que permitió tratar como amenaza militar a sindicalistas, campesinos, estudiantes, políticos de oposición y comunidades enteras durante la segunda mitad del siglo XX.

4.027 palabras44 documentos57 fragmentos citados
Enemigo interno

Trayectoria de una idea

  1. 1962

    Misión Yarborough y recomendación paramilitar

  2. 1963

    Formalización doctrinal de la frontera ideológica

  3. 1964

    Operación Marquetalia: primer laboratorio pleno

  4. 1965

    Decreto 3398: apertura legal del monopolio de la fuerza

  5. 1968

    Ley 48: el paramilitarismo elevado a norma permanente

  6. 1978

    Estatuto de Seguridad: la doctrina como instrumento de represión masiva

  7. 1987

    Reglamento EJC-3-10 y oficialización de la 'población civil insurgente'

  8. 1990

    Genocidio de la Unión Patriótica como consecuencia del enemigo interno

03

La lectura

El 'enemigo interno' no fue una descripción neutral de una amenaza preexistente sino un dispositivo productivo: al nombrarlo, lo constituía. Importado de las derrotas coloniales francesas en Indochina y Argelia, refinado en las escuelas militares estadounidenses durante la Guerra Fría y adaptado por generaciones de oficiales colombianos, el concepto desplazó la frontera del conflicto desde los límites geográficos del Estado hasta el interior del tejido social, convirtiendo la ideología en criterio de peligrosidad. Su potencia residió en su elasticidad: podía abarcar al guerrillero armado, al sindicalista, al estudiante, al sacerdote de la teología de la liberación o al magistrado de izquierda sin que mediara ninguna acción violenta de su parte, bastando la sospecha de simpatía o la pertenencia a una organización clasificada como instrumento del frente civil subversivo. Esa elasticidad fue codificada en manuales, decretos y leyes que le dieron continuidad institucional más allá de los gobiernos que los expidieron, y fue inculcada en cohortes sucesivas de oficiales formados tanto en Colombia como en instalaciones militares estadounidenses. El resultado fue una arquitectura de persecución que hizo pensables, y luego rutinarias, prácticas de detención masiva, tortura, desaparición forzada y exterminio político bajo el lenguaje aséptico de la seguridad nacional.

En la gramática militar colombiana de la segunda mitad del siglo XX, "enemigo interno" no fue una descripción de la realidad sino un dispositivo para producirla. La categoría, importada de la contrainsurgencia francesa en Indochina y Argelia, filtrada por la doctrina estadounidense de la Guerra Fría y adaptada por generaciones sucesivas de oficiales colombianos, definió al adversario no por el hecho de portar armas sino por su posición ideológica. Fijó, en palabras del propio Ejército Nacional en 1963, "una frontera ideológica inmaterial" que atravesaba el cuerpo social. Esa frontera —movediza, expansiva, discrecional— permitió tratar como amenaza militar a sindicalistas, campesinos organizados, estudiantes, sacerdotes, magistrados, políticos de oposición y comunidades enteras. Bajo su cobertura se expidieron decretos, se armaron civiles, se redactaron manuales, se ejecutaron operaciones y se enterraron nombres. Rastrear su genealogía es exponer el andamiaje conceptual que hizo pensables, y luego rutinarias, prácticas de exterminio bajo lenguaje técnico.

La forma del concepto

El enemigo interno es, en términos estrictos, una categoría de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), el paradigma que hegemonizó el pensamiento militar latinoamericano entre los años sesenta y ochenta. Su núcleo consiste en un desplazamiento: el enemigo ya no es un Estado extranjero al otro lado de una frontera geográfica, sino un adversario ideológico incrustado dentro del propio cuerpo nacional. De esa premisa se siguen consecuencias que definen todo lo demás.

Una de ellas es la totalización del conflicto. Bajo la DSN, la lucha contra el enemigo interno se caracterizó como una "guerra total e indivisible" que exigía asumir como "frentes de guerra" todos los espacios de la vida nacional: económico, sindical, religioso, psicológico. La guerra deja de ser una excepción acotada y se convierte en la condición permanente del Estado. Otra es la disolución de la neutralidad. Los manuales militares colombianos, formados en esta lógica, no contemplaron una tercera posición: la población civil era, o bien parte del problema subversivo, o bien leal al Estado. No había espacio intermedio, y por tanto tampoco protección para quien no quisiera alinearse.

Pero la consecuencia más grave es la difuminación del principio de distinción entre combatiente y no combatiente. El Reglamento de Combate de Contraguerrillas de las Fuerzas Militares dividió las fuerzas insurgentes en dos componentes, "grupo armado" y "población civil insurgente", definida esta última como "la masa heterogénea conformada por elementos provenientes de diferentes sectores y unificada a través de un proceso de actividad sicológica". Con esa definición, categorías enteras de la sociedad quedaban clasificables como parte de la insurgencia sin haber tomado nunca un arma. El reglamento sostenía además que, en la etapa avanzada de la guerra subversiva, los grupos armados "organizan y dirigen movimientos sindicales, estudiantiles y campesinos" como parte del frente civil, con lo cual la existencia misma de un sindicato o de un movimiento estudiantil podía leerse como manifestación de guerra.

El ministro de Defensa Rafael Samudio Molina lo expresó sin rodeos en su Memoria al Congreso 1987-1988: la subversión, dijo, actuaba simultáneamente "en los campos político, económico, educativo, sindical y armado". Dicha desde el poder civil ante el legislativo, la frase oficializaba una definición del enemigo que había estado latente en los manuales durante dos décadas. Y ese enemigo, así redefinido, era ya inseparable de la organización social legal.

Del Mekong a Fort Benning: el itinerario transnacional

La doctrina no nació en Colombia. Sus arquitectos originales fueron oficiales franceses que, tras las derrotas en Indochina (1954) y Argelia (1962), destilaron una teoría de la guerra revolucionaria centrada en el control de la población civil, el trabajo psicológico y la eliminación selectiva de cuadros. Roger Trinquier sistematizó estas ideas en La guerre moderne (1961) y David Galula en Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice (1964); ambos volúmenes se convirtieron en canon técnico de las escuelas contrainsurgentes del hemisferio.

Estados Unidos absorbió ese saber francés durante los primeros años sesenta y lo articuló con sus propias experiencias en Filipinas, Malasia británica y Kenia, y sobre todo con la escalada vietnamita. La administración Kennedy, alarmada por el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, imprimió a la Alianza para el Progreso una cara contrainsurgente cuya base teórica quedó explicitada en Las etapas del crecimiento económico (1960) de Walt W. Rostow, texto que anudaba modernización y contención. El principio operativo era doble: fortalecer la legitimidad política de los Estados aliados y adiestrar a sus fuerzas armadas en guerra irregular contra el enemigo interno.

La transferencia hacia América Latina se hizo por dos canales. Uno fue la formación masiva de oficiales latinoamericanos en instalaciones militares estadounidenses ubicadas en la Zona del Canal de Panamá, en Fort Benning (Georgia), Fort Bliss (Texas) y Fort Bragg (Carolina del Norte). Allí, a lo largo de tres décadas, miles de militares aprendieron teoría económica, estructura del partido comunista, organización de células, guerra psicológica y técnicas de interrogatorio. La Escuela de las Américas, luego trasladada a Fort Benning, se convirtió en el sitio emblemático de esa pedagogía. El otro canal fue la asesoría directa en terreno mediante misiones militares.

La misión más determinante para Colombia fue la que encabezó el general William P. Yarborough en febrero de 1962. Yarborough, entonces al frente del Special Warfare Center estadounidense, recorrió el país y entregó dos informes: uno público y uno anexo secreto. El anexo recomendaba estructurar, con respaldo estadounidense, "una organización de tipo civil-militar" que ejecutara "actividades paramilitares, de sabotaje y/o terroristas contra conocidos proponentes comunistas". Sugería también un programa intensivo de registro poblacional con huellas digitales y fotografías, y el empleo de técnicas de interrogatorio con sodio pentotal y polígrafos. El documento importa menos por sus efectos inmediatos que por lo que anticipa: la fórmula civil-militar armada para la eliminación de opositores políticos —lo que dos décadas después se llamará paramilitarismo— aparece formulada en 1962 como recomendación técnica de un asesor extranjero.

El canal formativo siguió operando durante décadas. El mayor Alirio Antonio Urueña Jaramillo, señalado por su papel en la masacre de Trujillo (Valle del Cauca) a finales de los años ochenta, había pasado dos veces por el aparato estadounidense: en 1976 asistió a la Escuela de las Américas, y entre diciembre de 1988 y enero de 1989 tomó un curso para oficiales de inteligencia. Casos como el suyo muestran que la doctrina no viajó como texto abstracto sino incrustada en trayectorias biográficas concretas de mandos que luego la aplicaron sobre poblaciones concretas.

Antecedentes domésticos y el primer laboratorio

La doctrina llegó a un país donde el ejercicio de la violencia contra opositores internos tenía ya larga tradición. Las operaciones militares contra guerrillas liberales y comunistas en los Llanos Orientales entre 1952 y 1953, y las guerras de Villarrica en el oriente del Tolima entre 1954 y 1955, habían practicado la lógica del enemigo interno mucho antes de que existiera el vocabulario técnico para nombrarla. La DSN no inauguró la persecución: le dio marco doctrinario coherente, respaldo transnacional y aparato jurídico.

Su primer laboratorio pleno fue Marquetalia. En el Senado de la República, hacia 1961, el conservador Álvaro Gómez Hurtado, apoyado por el liberal Víctor Mosquera Chaux, popularizó la expresión "repúblicas independientes" para designar enclaves campesinos —Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero— donde, según denunciaba, el Estado había perdido soberanía. La calificación desplazaba el problema del terreno agrario, donde en realidad estaba, al terreno de la seguridad nacional. Detrás del discurso de Gómez Hurtado había presiones de latifundistas y sectores del clero que no habían logrado apoderarse de tierras colonizadas por campesinos, dato que el líder conservador omitió en sus intervenciones. La denuncia parlamentaria construyó una amenaza cuya escala justificaba una respuesta militar de envergadura.

En mayo de 1964, bajo el gobierno del conservador Guillermo León Valencia, el Ejército lanzó una operación combinada contra Marquetalia, una zona campesina en el sur del Tolima donde vivían unas cuarenta y ocho familias bajo el liderazgo de Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez. La operación, apoyada por aviación y bombardeo, movilizó miles de soldados contra un puñado de campesinos armados. A pesar de la abrumadora desproporción, Marulanda y la mayoría de sus hombres rompieron el cerco. Poco después redactaron el Programa Agrario de los Guerrilleros y constituyeron el Bloque Sur, que en 1966 se refundó como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), siempre bajo la orientación ideológica del Partido Comunista Colombiano y del ideólogo Jacobo Arenas.

La operación produjo su propia justificación retrospectiva. Se inventó al enemigo en nombre de una respuesta continental, y sin la agresión de Marquetalia probablemente las FARC no habrían nacido. Aunque la operación desencadenó protestas del Movimiento Revolucionario Liberal y del Partido Comunista, debates parlamentarios que denunciaron fusilamientos y torturas, marchas estudiantiles, comunicados obreros y cerca de cincuenta atentados terroristas sin víctimas, ninguna reacción alteró la trayectoria doctrinal. Al contrario: la aparición de las FARC como consecuencia directa de la operación confirmó, en la lectura oficial, la existencia previa de la amenaza que la operación pretendía combatir. Se cerraba así un circuito autorreferencial que definiría el conflicto colombiano durante medio siglo: la doctrina que producía la insurgencia era la misma que se legitimaba con su existencia.

El aparato jurídico

La traducción normativa del enemigo interno se hizo por capas. La primera piedra fue el Decreto Legislativo 3398 del 24 de diciembre de 1965, expedido bajo el gobierno de Valencia. Reglamentó la defensa nacional definiéndola como "la organización y empleo de todos los habitantes y recursos del país desde tiempo de paz" para garantizar la independencia nacional y la estabilidad de las instituciones. El texto autorizaba al Ministerio de Defensa, "por conducto de los Comandos", a permitir la propiedad particular de armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas para la "defensa civil". El monopolio estatal de la fuerza —piedra angular del Estado moderno— quedaba, por vía de decreto, abierto.

El Decreto 1667 de 1966 complementó ese marco. La Ley 48 del 16 de diciembre de 1968 elevó ambos decretos a norma permanente, sacándolos de la lógica del estado de excepción y convirtiéndolos en legislación ordinaria. El Decreto 1355 de 1970 reforzó el andamiaje. El resultado fue que entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal en Colombia: no lo eran, evidentemente, los crímenes cometidos por esos grupos, pero la conformación de estructuras civiles armadas para tareas de contrainsurgencia, vigilancia y protección tenía respaldo en normas vigentes del Congreso.

La segunda gran capa jurídica llegó una década después. El 6 de septiembre de 1978, apenas asumido el poder, el gobierno liberal de Julio César Turbay Ayala expidió, con base en la declaratoria del estado de sitio, el Decreto 1923, conocido como Estatuto de Seguridad. El estatuto creó nuevos tipos penales, amplió las penas para delitos políticos, extendió la competencia de la jurisdicción militar para juzgar a civiles y estableció mecanismos de censura de información. Su aplicación produjo, en el reconocimiento del propio Ministerio de Defensa, más de cinco mil personas detenidas y torturadas solo en Bogotá, y más de sesenta mil detenidos en todo el país durante el primer año del gobierno Turbay. Las víctimas fueron predominantemente dirigentes sindicales y estudiantiles, campesinos, líderes sociales y militantes de izquierda. Fue bajo este estatuto que se hicieron rutinarias las prácticas que después serían denunciadas ante instancias internacionales: allanamientos masivos, arrestos administrativos de hasta 180 días, torturas en instalaciones militares, desapariciones.

El linaje del enemigo interno en el derecho colombiano se prolongó más allá del final de la Guerra Fría. La Ley de Seguridad Nacional de 2001 y el Estatuto Antiterrorista de 2003, ambos herederos directos de la lógica de suspensión de derechos y criminalización de la protesta social, fueron declarados inconstitucionales por la Corte Constitucional. La doctrina probó ser más resistente que los regímenes que la produjeron.

La doctrina en los cuarteles

El aparato normativo no operó en solitario. Mientras el Congreso elevaba decretos a ley permanente, dentro de los cuarteles se construía, en paralelo y por capas sucesivas, una arquitectura doctrinaria que traducía la categoría a instrucción operativa. Desde los años sesenta, los manuales colombianos clasificaron a la población civil según su afinidad —real, supuesta o potencial— con las Fuerzas Armadas o con la guerrilla, institucionalizando una vigilancia clasificatoria del conjunto de la sociedad. Los manuales de 1969, 1979, 1982 y 1987 fueron actualizando esa arquitectura, siempre en la dirección de ampliar el perímetro del enemigo y consolidar la centralidad de la inteligencia sobre civiles.

El más citado, el Reglamento EJC-3-10 de 1987 sobre combate de contraguerrilla, condensó la matriz conceptual: distinción entre "grupo armado" y "población civil insurgente", asociación explícita de sindicalismo, movimiento estudiantil y organización campesina con las etapas avanzadas de la guerra subversiva, y postulación de la guerra psicológica como frente principal. Las declaraciones de Samudio Molina ante el Congreso el año siguiente no eran, por tanto, opinión personal del ministro: eran la formulación pública, ante el poder civil, de una doctrina que llevaba décadas escrita.

El acuerdo entre norma y doctrina se apoyó en un cambio de identidad institucional. Antes de los años sesenta, el Ejército colombiano ocupaba en el Estado un lugar precario, con prestigio débil y sometido a una tradición civilista antimilitarista que databa del siglo XIX. La adopción del paradigma de seguridad nacional le ofreció a los mandos castrenses la oportunidad de transformar ese papel: de institución subalterna pasaron a asumirse como garantes últimos de la seguridad del Estado, custodios ideológicos del régimen frente a un enemigo interno cuya identificación quedaba, en la práctica, a discreción del mando militar.

Esa reconfiguración fue transversal a los dos partidos tradicionales. La DSN fue adoptada desde el inicio del Frente Nacional en 1958 tanto por gobiernos liberales como conservadores, y sobrevivió a la disolución del pacto bipartidista en 1974. El enemigo interno no fue política de un gobierno sino identidad de Estado.

El perímetro se ensancha

La lógica interna del concepto empujaba en una sola dirección: la ampliación del perímetro del enemigo. Si el frente ya no era militar sino "político, económico, educativo, sindical y armado" —como enunciaba la fórmula ministerial—, cualquier práctica social organizada quedaba bajo sospecha estructural. El sindicato, la asociación campesina, la comunidad eclesial de base, la asamblea estudiantil, el comité de derechos humanos pasaron a ser leídos, en clave contrainsurgente, como manifestaciones del "frente civil" de la subversión.

La consecuencia práctica fue la relativización sistemática del principio de distinción. Adversarios políticos desarmados podían ser catalogados como colaboradores de la guerrilla, y en esa medida convertidos en objetivos legítimos. La estigmatización operaba en dos niveles: uno formal, en los manuales y en el discurso institucional; otro cotidiano, en los cuarteles regionales, en las emisoras oficiales, en las páginas editoriales, donde la asociación entre reivindicación social y subversión se repetía hasta naturalizarse.

El caso más doloroso de esta ampliación fue el de la Unión Patriótica. Fundada en 1985 como parte de los acuerdos de La Uribe entre el gobierno del conservador Belisario Betancur y las FARC, la UP fue una apuesta explícita por la desmovilización política. Sus dos candidatos presidenciales, Jaime Pardo Leal —asesinado en 1987— y Bernardo Jaramillo Ossa —asesinado en 1990—, encarnaban precisamente la transición del fusil al voto que la doctrina oficial decía perseguir. Pero una parte del estamento castrense, formada en la ideología anticomunista y contrainsurgente consolidada desde los años sesenta, identificó a la UP como encarnación del enemigo interno desde su nacimiento, a pesar de su naturaleza civil y política y a pesar de los argumentos en contrario del propio Gobierno. Entre 1984 y 2002, el partido fue objeto de un exterminio sistemático que costó miles de vidas. La categoría doctrinaria mostró en la UP su capacidad más letal: la de negar la posibilidad misma de una oposición política legal.

Otros dos escenarios ilustran la textura territorial del proceso. En el Magdalena Medio, a partir de finales de los setenta, la convergencia entre ganaderos, mandos militares regionales, agentes del narcotráfico y asesoría paramilitar produjo el modelo que después se replicaría en Córdoba y Urabá. En Urabá, en los años ochenta y noventa, la doctrina se articuló con conflictos por tierra bananera para producir masacres de sindicalistas, dirigentes comunales y campesinos. El campesino que vivía en zona de presencia guerrillera —sin haber elegido esa vecindad— quedaba automáticamente clasificado como base social del enemigo, y con esa clasificación se le retiraba, de hecho, cualquier protección.

El brazo armado

La articulación jurídica del enemigo interno con la práctica paramilitar fue la operación política más decisiva del período. Los decretos de 1965 y 1966, elevados a ley permanente en 1968, no solo autorizaron el armamento de civiles: crearon un marco en el que la delegación de la fuerza en coaliciones regionales podía presentarse como estrategia técnica de defensa nacional.

El paramilitarismo colombiano no surgió al margen del Estado sino directamente de una decisión estatal amparada en la política global de Seguridad Nacional. Bajo esa lectura, el Estado delegó en coaliciones regionales el ejercicio de porciones significativas de violencia, resolviendo simultáneamente dos problemas: el de la movilidad limitada del Ejército regular frente a guerrillas ágiles en terreno rural, y el de la responsabilidad jurídica y política sobre las acciones más severas de la contrainsurgencia. Los paramilitares operaban como retaguardia territorial —consolidaban lo que la fuerza pública tomaba— y como ejecutores de acciones que la fuerza pública no podía realizar directamente sin costos institucionales.

El discurso contrainsurgente proveyó a estos grupos la elasticidad conceptual necesaria. La categoría de enemigo, ya difusa en los manuales oficiales, se extendió aún más en la práctica paramilitar hacia "colaboradores" y "simpatizantes" de la guerrilla, categorías que en terreno se aplicaron a cualquier persona con presencia comunitaria, autoridad moral o capacidad organizativa que no aceptara la tutela del grupo armado. Sentencias del Tribunal Superior de Justicia y Paz en 2014 establecieron que sindicatos, líderes comunales y defensores de derechos humanos —muchos de ellos surgidos al amparo de la Constitución de 1991— fueron considerados "enemigos" del nuevo orden paramilitar por no ajustarse a la noción castrense-empresarial de seguridad nacional que las estructuras armadas trataron de imponer regionalmente.

La hibridación entre doctrina contrainsurgente, residuos de La Violencia bipartidista y economía del narcotráfico produjo un paramilitarismo de segunda generación cuya expresión más masiva fueron las Autodefensas Unidas de Colombia, formadas en 1997. Con ellas, el dispositivo doctrinario había atravesado ya varias mutaciones y se había desprendido, en parte, de su matriz estatal originaria —sin abandonarla del todo.

Mutaciones de la etiqueta

Cuando el fin de la Guerra Fría desactivó globalmente el vocabulario anticomunista, la doctrina no desapareció: mutó de nombre. La primera reetiquetación fue la "narcoguerrilla", categoría acuñada por un embajador estadounidense en Colombia y adoptada rápidamente por el discurso oficial para articular la lucha antinarcóticos con la contrainsurgencia. La fusión resolvía un problema práctico —permitía canalizar recursos y legitimidad internacional post-Guerra Fría hacia la vieja agenda contrainsurgente— y uno conceptual: dotaba al enemigo interno de un nuevo contenido que reemplazaba la referencia soviética, ya inservible, por la referencia al narcotráfico.

La segunda reetiquetación llegó tras los atentados de septiembre de 2001. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, iniciado en 2002, fue el primero en Colombia en incorporar el concepto de "guerra contra el terror" como marco doctrinal explícito. La fórmula, articulada con la de "guerra contra el narcotráfico", fue empleada por sectores de la comunidad internacional para eludir preocupaciones en materia de derechos humanos y continuar facilitando ayuda militar bajo una nomenclatura políticamente aceptable.

La Política de Seguridad Democrática (2002-2010) fue la manifestación más plena de esa reactivación. No propuso una política autónoma de paz ni de derechos humanos: subsumió ambos temas dentro de una lógica de seguridad que militarizó la vida cotidiana con retenes, allanamientos, capturas masivas y ocupación de escuelas y espacios culturales. Cooptó organismos de control e investigación, y relevó a funcionarios judiciales que investigaban excesos de las fuerzas de seguridad. La estigmatización de sectores críticos retomó, en clave nueva, la operación clásica del enemigo interno.

Su expresión más brutal fue el fenómeno de los "falsos positivos": ejecuciones extrajudiciales de civiles jóvenes por parte de militares que luego los presentaban como guerrilleros muertos en combate para reclamar recompensas, permisos e incentivos. El escándalo estalló nacionalmente en septiembre de 2008, cuando se estableció que once jóvenes desaparecidos de Soacha y Bogotá habían sido reportados como bajas guerrilleras en el Catatumbo. El CINEP y la Comisión Colombiana de Juristas documentaron el patrón, junto con las capturas masivas y otras violaciones sistemáticas. Los "falsos positivos" fueron, en su lógica interna, la expresión terminal del enemigo interno: la producción material del cadáver del enemigo cuando el enemigo real ya no basta.

Depósitos duraderos

La derogación de las leyes que tradujeron el enemigo interno ha sido lenta, parcial y disputada. Sucesivas cortes han desmontado normas específicas —la Ley de Seguridad Nacional de 2001, el Estatuto Antiterrorista de 2003— pero la doctrina que las inspiró sigue operando en la formación militar, en la cultura de inteligencia y en las prácticas de estigmatización de la protesta social. La derogación normativa no arrastra consigo la derogación doctrinaria: los manuales pueden reescribirse, pero los cuadros formados en el paradigma continúan mandando tropas, entrenando reemplazos y produciendo inteligencia. La tradición jurídica de la excepción —el estado de sitio como norma, la jurisdicción militar sobre civiles, la criminalización de conductas asociadas a la protesta— reaparece cada vez que un ciclo de movilización social pone en cuestión el orden público. En 2019, en 2021, en cada estallido reciente, las categorías con las que autoridades civiles y militares nombraron a los manifestantes —vándalos, terroristas de bajo costo, primera línea, "brazo desarmado" de estructuras armadas— reprodujeron la operación clásica: correr la frontera de la ilegitimidad hasta abarcar formas de protesta constitucionalmente protegidas.

El registro humano excede la capacidad narrativa. Ya en octubre de 1994, los relatores especiales de la ONU sobre tortura y sobre ejecuciones extrajudiciales visitaron el país conjuntamente y dejaron, en su informe de enero de 1995, constancia internacional temprana de la sistematicidad del fenómeno. La Comisión de la Verdad, tres décadas después, produjo el registro más ambicioso: la reconstrucción de patrones, responsabilidades y contextos que permite ver el conjunto no como suma de casos aislados sino como consecuencia previsible de un dispositivo doctrinario en operación.

El depósito más difícil de nombrar y el más resistente al desmontaje es una cultura política en la que la asociación entre organización social y subversión sigue operando como reflejo, más allá de que la Guerra Fría haya terminado y de que las FARC hayan firmado la paz en 2016. Se manifiesta en el vocabulario ordinario del debate público —"idiotas útiles", "castrochavismo", "socialismo del siglo XXI"— tanto como en la respuesta institucional a la movilización social, en la estigmatización mediática de dirigentes de oposición y en la lectura sospechosa de cualquier forma organizada de reclamo. Su eficacia consiste en que no requiere ser enunciada formalmente: opera como marco tácito de percepción, como esquema de clasificación disponible al que basta un gesto —una foto, una acusación, una insinuación de vínculos— para activarse.

La categoría demostró tener una vida más larga que las estructuras que la produjeron. Nacida en la contrainsurgencia francesa, importada por la escuela estadounidense, formalizada en decretos colombianos de los años sesenta, ejecutada por Ejército y paramilitares durante medio siglo, reetiquetada bajo Uribe, persiste hoy como esquema mental disponible cada vez que el poder busca situar a un adversario político fuera del campo legítimo de la disputa democrática. Que la doctrina haya sobrevivido a su contexto de origen indica que su función nunca fue solamente contener una insurgencia específica: fue delimitar los bordes de lo pensable en política, definir qué demandas son admisibles y cuáles quedan por fuera del pacto democrático. Cuando el enemigo real desaparece, esa función encuentra nuevos ocupantes para la casilla vacía.

Coda

Queda una tarea que la historia colombiana todavía no ha completado: dejar de leer el enemigo interno como una descripción para leerlo como el dispositivo que fue. Mientras la categoría siga funcionando como sentido común —en los editoriales, en los discursos de campaña, en las órdenes de servicio de una brigada, en la conversación de sobremesa que confunde huelga con sabotaje—, seguirá disponible para lo que siempre hizo: convertir al adversario político en objetivo, y al objetivo en cifra. La firma de La Habana en 2016 desarmó a una guerrilla; no desarmó la casilla. Y una casilla vacía, en política, no permanece vacía mucho tiempo.

04

En el archivo

76 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Independencia1810–18313
  1. 1813Guerra a MuerteFicha
  2. 1816PacificaciónFicha
  3. 1821El racismo republicano en la Gran ColombiaPregunta
02Regeneración1886–19291
  1. 1928La Ley Heroica (Ley 69 de 1928)Hecho
03República Liberal1930–19461
  1. 1935Congreso Eucarístico de Medellín de 1935Hecho
04La Violencia1946–19574
  1. 1946La Iglesia y la Violencia: Monseñor Builes y la legitimación clerical del conflicto bipartidistaHecho
  2. 1949Misión Currie y Batallón Colombia en Corea (1949–1954)Hecho
  3. 1950ChulavitasFicha
  4. 1951El Batallón Colombia en Corea (1951-1954)Pregunta
05Frente Nacional1958–197411
  1. 1961Alianza para el Progreso, Ley 135 de Reforma Agraria e INCORA (1961–1962)Hecho
  2. 1961Repúblicas independientesFicha
  3. 1962Acción cívico-militarFicha
  4. 1962Doctrina de Seguridad Nacional y contrainsurgencia en Colombia (1962–1966)Hecho
  5. 1962Misión Yarborough y el anexo secreto sobre operaciones paramilitares (1962)Hecho
  6. 1962Plan Lazo y contrainsurgencia territorial diferenciadaHecho
  7. 1962William YarboroughFicha
  8. 1964Alberto Ruiz NovoaFicha
  9. 1964Álvaro Valencia TovarFicha
  10. 1965Decreto 3398 de 1965 y Ley 48 de 1968: andamiaje jurídico de la autodefensa armadaHecho
  11. 1977Paro Cívico Nacional de 1977Hecho
06Crisis y narcotráfico1974–199021
  1. 1972Cierre del programa de Sociología de la Universidad JaverianaHecho
  2. 1977Construcción estatal de la categoría 'cocalero' y criminalización campesina (1977–1990)Hecho
  3. 1978El Estatuto de Seguridad de Turbay (1978–1982)Hecho
  4. 1978El Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (1978-1982)Pregunta
  5. 1978Estatuto de SeguridadFicha
  6. 1978Julio César Turbay AyalaFicha
  7. 1979Cantón NorteFicha
  8. 1979La 'limpieza social' urbana en Colombia (1979–1990)Hecho
  9. 1982Fundación de ASFADDES y el movimiento de familiares de desaparecidosHecho
  10. 1984Fernando Landazábal ReyesFicha
  11. 1984Génesis del paramilitarismo en el Magdalena Medio (1984–1989)Hecho
  12. 1985Derechos humanosFicha
  13. 1985Jesús Armando Arias CabralesFicha
  14. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Hecho
  15. 1986Guerra suciaFicha
  16. 1986Unión PatrióticaFicha
  17. 1987Héctor Abad GómezFicha
  18. 1987Infiltración del ELN en A Luchar y masacre de Llana CalienteHecho
  19. 1988Yair KleinFicha
  20. 1989NarcoterrorismoFicha
  21. 1990Eduardo Umaña MendozaFicha
07Constitución de 19911991–20025
  1. 1993Pedagogías paramilitares de adoctrinamiento y giro bolivariano de las FARC (1993–2002)Hecho
  2. 1996Asimetría mediática: hipervisibilidad de las FARC e invisibilización paramilitar (1996–2002)Hecho
  3. 1997Harold Bedoya PizarroFicha
  4. 1999Asesinato de Jaime GarzónHecho
  5. 1999Jaime GarzónFicha
08Seguridad Democrática2002–201611
  1. 2002Doctrina militarFicha
  2. 2002El DAS bajo Jorge Noguera y la captura paramilitar del aparato de inteligencia (2002–2005)Hecho
  3. 2002Falsos positivos y ejecuciones extrajudicialesHecho
  4. 2002Política de Seguridad DemocráticaHecho
  5. 2003Jorge NogueraFicha
  6. 2005Body countFicha
  7. 2005Directiva 029 de 2005 y la arquitectura de incentivos para los falsos positivosHecho
  8. 2005Falsos positivos (2002-2008)Pregunta
  9. 2006Derecho Internacional HumanitarioFicha
  10. 2006Seguridad DemocráticaFicha
  11. 2008La Minga Social y Comunitaria de 2008Hecho
09Posconflicto2016–presente2
  1. 2016Polarización política en ColombiaFicha
  2. 2021Encuentro de reconocimiento entre las madres de Toluviejo y el coronel Rincón Amado (2021)Hecho
10Transversal16
  1. 1886Exclusión políticaFicha
  2. 1886La Regeneración como matriz penal-excepcional de larga duraciónPregunta
  3. 1948Guerra FríaFicha
  4. 1949Estado de sitioFicha
  5. 1950AnticomunismoFicha
  6. 1954Fuerte Militar de TolemaidaFicha
  7. 1962ContrainsurgenciaFicha
  8. 1962Doctrina de Seguridad NacionalFicha
  9. 1965Doctrina contrainsurgenteFicha
  10. 1971Guerra contra las drogasFicha
  11. 1975Democracia paramilitar vs. dictadura: la Doctrina de Seguridad Nacional en Colombia y el Cono SurPregunta
  12. 1990Desaparición forzadaFicha
  13. 1993Genocidio políticoFicha
  14. 1995Limpieza socialFicha
  15. 1997Connivencia militar-paramilitar en Colombia: ¿doctrina de Estado o desviación individual?Pregunta
  16. 2000EstigmatizaciónFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Doctrina de Seguridad Nacional: marco ideológico transnacional del que el concepto de enemigo interno es pieza central, difundido por Estados Unidos entre las fuerzas armadas latinoamericanas durante la Guerra Fría
  2. 02Estatuto de Seguridad (Decreto 1923 de 1978): principal instrumento jurídico mediante el cual la doctrina del enemigo interno se tradujo en represión masiva bajo el gobierno de Julio César Turbay Ayala
  3. 03Marquetalia: primer laboratorio pleno de la doctrina en Colombia, cuya operación militar en 1964 detonó el nacimiento de las FARC y cerró el circuito autorreferencial que legitimaba la categoría
  4. 04Unión Patriótica: partido político cuyo exterminio sistemático entre 1985 y los años noventa ilustró el extremo destructivo al que condujo la aplicación de la categoría de enemigo interno a actores políticos legales
  5. 05Decreto 3398 de 1965 y Ley 48 de 1968: andamiaje normativo que tradujo la doctrina en autorización legal para armar civiles y conformar estructuras paramilitares, haciendo legal el paramilitarismo en Colombia entre 1965 y 1989
  6. 06Contrainsurgencia francesa (Indochina y Argelia): origen doctrinal del concepto, sistematizado por Roger Trinquier y David Galula y absorbido luego por la doctrina estadounidense que lo transfirió a América Latina
  7. 07Manuel Marulanda Vélez: líder campesino cuya comunidad en Marquetalia fue el objetivo del primer laboratorio pleno de la doctrina, y cuya supervivencia a la operación de 1964 dio origen a las FARC
  8. 08Álvaro Gómez Hurtado: político conservador que popularizó el discurso de las 'repúblicas independientes' en el Senado, desplazando el problema agrario al terreno de la seguridad nacional y construyendo la justificación política para la operación Marquetalia
06

Documentos y fragmentos citados

44 documentos · 57 fragmentos

01El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 99, 1094 citas
[1]

del cuerpo social”. Enemigos no son solo “aquellos que explícitamente se identifican con el cambio social, así como las organizaciones que lo preconizan, sino cualquiera que 6 Noam Chomsky: “Double jeu américain en Colombie”. Le Monde Diplo- matique, París, agosto de 1996. 109 Capítulo V no se adhiera a las políticas…

p. 109
[2]

del cuerpo social”. Enemigos no son solo “aquellos que explícitamente se identifican con el cambio social, así como las organizaciones que lo preconizan, sino cualquiera que 6 Noam Chomsky: “Double jeu américain en Colombie”. Le Monde Diplo- matique, París, agosto de 1996. 109 Capítulo V no se adhiera a las políticas…

p. 109
[47]

como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…

p. 99
[48]

como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…

p. 99
02Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 195, 2002 citas
[3]

convencionales son usadas frecuentemente, el triunfo en el conflicto de baja intensidad rara vez es aquel de la victoria convencional por la fuerza de las armas; frecuentemente el triunfo es medido sólo por evitar ciertos resultados o por cam- bios de comportamiento en un grupo que es el objetivo (Bermú- dez, 1989,…

p. 200
[29]

militar alineada con la política militar nortea- mericana y iii) la reapropiación de la Doctrina de Seguridad Na- cional suramericana (Leal, 2006, páginas 55-61). De esta forma, se dio una reconfiguración de un modelo de fuerza para la Defensa Nacional a uno de Seguridad Nacional (Rueda, 1997), que derivó en la…

p. 195
03Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 135, 1392 citas
[4]

en dos componentes: “población civil insurgente y grupo armado” 244. El mismo manual de fi ne la “población civil insurgente” como “la masa heterogénea conformada por elementos provenientes de diferentes sectores y uni fi cada a través de un proceso de actividad sicológica” 245. Este manual aseveraba igualmente que la…

p. 139
[57]

Conozcamos a nuestro enemigo. Bogotá: Editorial Blanco. El texto esta disponible en la Biblioteca Central de las Fuerzas Militares “Tomás Rueda Vargas”. 230 Informe conjunto del Relator Especial encargado de la cuestión de la tortura, Sr.Nigel S. Rodley, y del Relator Especial encargado de la cuestión de las…

p. 135
04Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 571 cita
[5]

o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…

p. 57
05Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 605, 7522 citas
[6]

las fuerzas irregulares, del Comando del Ejército (1962); el Manual de Guerrillas y Contraguerrillas Urbanas - EJC 3-18, adoptado mediante esta guerra está viva. ¿por qué sigue pasando? 753 declaraciones de altos mandos militares 2567 revelan su visión del conflicto armado y quienes forman parte del «enemigo interno».…

p. 752
[22]

civil, y sobre todo de aquella considerada base social o sustento de la guerrilla. 1939 Entrevista 185-PR-006008. Hombre, experto, exmilitar. 1940 En el plano estratégico de la seguridad y defensa nacional se creó el concepto de «poder nacional». En este se conjugan cinco frentes (interno, externo, económico, militar…

p. 605
06Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 1312 citas
[7]

“ Karina siempre ha sido la enemiga, todo el que sea guerrillero era enemigo de las autodefensas” (CNMH, MNJCV, ACMM, 2014, 16 de mayo). 133 2. ENTRENAMIENTO: LA CONSTRUCCIÓN DEL COMBATIENTE Y DEL ENEMIGO Así como era el principal enemigo también era el principal miedo: “El temor más grande [era] al enemigo, la…

p. 131
[8]

“ Karina siempre ha sido la enemiga, todo el que sea guerrillero era enemigo de las autodefensas” (CNMH, MNJCV, ACMM, 2014, 16 de mayo). 133 2. ENTRENAMIENTO: LA CONSTRUCCIÓN DEL COMBATIENTE Y DEL ENEMIGO Así como era el principal enemigo también era el principal miedo: “El temor más grande [era] al enemigo, la…

p. 131
07Mujeres e insurrección en Colombia: Reconfiguración de la identidad femenina en la guerrillaMaría Eugenia Ibarra Meló · 2009 · p. 871 cita
[9]

ente, se transform an en una guerrilla de orientación com unista. Para el sociólogo francés Pierre G uilhodes y para Jacobo Arenas, el fallecido ideólogo de las FARC, la cam paña m ilitar em prendida por el Ejército colom biano contra la región de M arquetalia constituyó el detonante para la reactiva ción de las…

p. 87
08Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 65, 74, 1323 citas
[10]

el trasfondo de la guerrilla del e pl, pavimentaría el camino al paramilitarísmo (Romero, 2003, pp. 128-155). La cara antiliberal de la Alianza era la doctrina contrainsurgente elabor a da por diferentes agencias del gobierno estadounidense con el objetivo de for talecer la legitimidad política y la capacidad militar…

p. 65
[11]

la invasión a Cuba en 1960. Reelaborar la doctrina fue todavía más apremiante después de aquel fiasco. La doctrina de la contrainsurgencia quitaba todo énfasis a la guerra re- gular interestatal poniéndolo en la guerra irregular interna. En esta direc- ción, había que fortalecer unidades operativas orientadas por una…

p. 74
[44]

que, en las condiciones de auge del narcotráfico, dio bríos a un paramilitarismo de segunda generación, de la cual el narco- paramilitarismo de las auc fue una de sus variantes más siniestras y exitosas. A partir de las premisas de la doctrina contrainsurgente y de la guerra de baja intensidad, también conocidas en la…

p. 132
09Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · p. 451 cita
[12]

countries, got U.S. training in Panama, Georgia, Texas, and North Carolina, where they learned everything about communism anyone would want to know: its economic theory, party structure, organization, recruitment, and strategy. Controlling the communist threat at the time involved what was known then as the National…

p. 45
10America's Other War: Terrorizing ColombiaDoug Stokes · 2005 · p. 342 citas
[13]

objectives have indeed remained the same as their earlier Cold War orientation. Chapter 4 focuses on US policy in Colombia during the Cold War and examines the way in which US intervention orientated the Colombian state towards an internal security role through the formalization of state terrorism as a necessary…

p. 34
[14]

objectives have indeed remained the same as their earlier Cold War orientation. Chapter 4 focuses on US policy in Colombia during the Cold War and examines the way in which US intervention orientated the Colombian state towards an internal security role through the formalization of state terrorism as a necessary…

p. 34
11Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 471 cita
[15]

la población, y se mejorara la inteligencia. En particular sugería: «Un programa intenso de registro de los civiles... de modo que todos sean registrados en archivos del gobierno incluyendo huellas digitales y fotografías»... También recomendaba este esmerado militar, el procedimiento de técnicas de interrogatorio que…

p. 47
12Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 471 cita
[16]

la población, y se mejorara la inteligencia. En particular sugería: «Un programa intenso de registro de los civiles... de modo que todos sean registrados en archivos del gobierno incluyendo huellas digitales y fotografías»... También recomendaba este esmerado militar, el procedimiento de técnicas de interrogatorio que…

p. 47
13Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 461 cita
[17]

provided by the United States. 16 The light aircraft that Yarborough recommended for the Colombian Air Force were “Helio Couriers,” a lightweight plane used extensively by the cia in operations at that time in Africa and Indochina. The U.S. State Depart - ment had already recommended in 1960 that the Colombian…

p. 46
14Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 1841 cita
[18]

in- ternacional, mucho menos cuando las guerrillas comunistas aún continúan en guerra en Colombia y no se avizoraban perspectivas de paz en el corto plazo. La esencia de la doctrina de seguridad era combatir al enemigo interno para contener la expansión del comunismo internacional, sin que se cuestionara necesariamen-…

p. 184
15Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 148, 1742 citas
[19]

los trabajos de Murray Edelman (1991). 4 Acerca de la construcción social del enemigo, véase Edelman (1991), especialmente el capítulo 4. 5 Sobre los mecanismos por los cuales los problemas públicos son recali fi cados para impedir la intromisión de la política, véase Barthe (2003). 6 Respecto a los orígenes de la…

p. 174
[26]

tradición antimilitarista en la que el Ejército desempeña un papel históricamente muy débil. 9 De esa manera lo explica el historiador Fernando Guillén: Al contrario de lo que ocurre en algunos otros países latinoamericanos […] los militares colombianos de carrera no encontraron en su profesión canales de ascenso…

p. 148
16Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 322 citas
[20]

Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…

p. 32
[21]

Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…

p. 32
17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1181 cita
[23]

el territorio nacional una guerra irregular. 322 Ibíd., 21. 119 fifl pr ers enptacir r pr ódflllr cfodlóflfafl (mThffiff-mThoff) 12. Armar a los civiles En 1965 el gobierno de Guillermo León Valencia rompió uno de los pilares del acuerdo establecido por su antecesor, Alberto Lleras Camargo, en el discurso del Teatro…

p. 118
18El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 651 cita
[24]

serie de normas que autorizaron al Ministerio de Guerra para la conformación de grupos de civiles armados para el desarrollo de actividades de con- trainsurgencia, vigilancia y protección, tanto rural como barrial. Así fue como se expidió el Decreto Legislativo No. 3398 de 1965, mediante el cual se reglamentó la…

p. 65
19"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 251 cita
[25]

6; “De los fines del Estado” (Boletín de Estrategia 001), en el mismo ejemplar, pp. 79 a 82; “Organización básica de la defensa nacional”, (Boletín estratégico 002), en Nº. 89, mayo-junio-julio-agosto 1978, Vol. XXX, pp. 227 a 236; “Generalidades sobre seguridad nacional”, (Editorial), en No.96,…

p. 25
20Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 641 cita
[27]

la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…

p. 64
21Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 641 cita
[28]

defender exclusivamente las fronteras nacionales para empezar a enfrentar a los armados en el país, lo que exigía el abandono del apoliticismo y la neutralidad de la institución castrense. En tanto que se planteaba combatir el comunismo no solo desde una clara estrategia militar, sino también que su freno debía…

p. 64
22Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 2741 cita
[30]

Liberals and Conservatives instituted the National Front in 1958 and made Colombia a wall of contention against Cuba’s influence in Latin America, the doctrine of national security had become foundational to the Colombian state. As in Argentina and Brazil, two pioneers of this doctrine, in Colombia, Liberal and…

p. 274
23Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2231 cita
[31]

bien había intentado ponderar el com- ponente del diálogo y la reinserción sobre el de la represión militar. Ins- pirado en las tesis de Álvaro Gómez Hurtado y los planteamientos del ge- neral Alberto Ruiz Novoa, el presi- dente Valencia encuadró los conflictos domésticos en el contexto de la con- frontación…

p. 223
24Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 461 cita
[32]

Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…

p. 46
25Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 3671 cita
[33]

se adelantan cap- turas sin orden judicial, se aplica la sanción de arresto hasta por 180 días por alcaldes y gobernadores contra dirigentes sociales, dando como resultado detenciones arbitrarias y masivas, tortu- ras, restricciones a las garantías judiciales y al derecho al babeas corpus. La labor de las ONG de…

p. 367
26Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2691 cita
[34]

del p en- sami ento argentino de la <1seg uridad naci onah>. Segú n el presidente, esos asuntos debían ser abordados por una Asamblea Constituyente qu e má s ta rd e la Corte Suprema declararía inconstituciona l. En la s el ecc iones d e 1978, Turba y, el repre se ntant e por exce- lencia de la clase política li bera…

p. 269
27Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3941 cita
[35]

esa categoría de la narcoguerrilla la acuñó un embajador de Estados Unidos. Más ade - lante, y en un contexto de agudización del conflicto armado, en el año 2000 y en los siguientes estas concepciones estuvieron en la base de intentos de reformas para validar la persecución con atribuciones de orden público para las…

p. 394
28El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 491 cita
[36]

partido conservador. Colombia Nunca Más. Cimitarra. www.dere- chos.org/nizkor/colombia. 178 Voz. Marzo 16 de 1978. 179 Vanguardia Liberal Agosto 28 de 1981. 96 Capítulo 2 97 El orden desarmado La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) tuvo efectos bastante negativos para la…

p. 49
29Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1231 cita
[37]

una amenaza externa. La violencia rural dejó de ser una violencia entre colombianos, entre los viejos partidos históricos, para convertirse, en la visión propagandística de los gobiernos, en el resultado de una conspiración internacional. Esto había sido claro bajo el gobierno de Guillermo León Valencia (1962-66), y…

p. 123
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 691 cita
[38]

de las estructuras estudiantiles y sindicales 123. A partir de 1977 las estructuras urbanas del M-19 presionaron pliegos de peticiones sindicales y llevaron a cabo acciones obreristas, como la toma de buses transportadores de trabajadores donde arengaban a los ocupantes y distribuían propaganda. También emprendieron…

p. 69
31Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 1591 cita
[39]

abusos con- tra la población civil y numerosos crímenes como desapariciones y asesinatos. La reproducción de la estigmatización, incrementó la vulnerabilidad de campesinos por el solo hecho de residir en zonas de presencia de guerrilla. También puede verse otro rasgo característico de las desapari- ciones forzadas en…

p. 159
32Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 901 cita
[40]

entorno, se consolidó el propósito criminal de “erra- dicar: “ la subversión, caracterizada no solo como acciones gue- rrilleras, sino también como toda forma de actividad popular o comportamiento contestatario y muchas veces social”, y de elimi- nar “toda forma de sociedad política populista ”. En esa línea, sindi-…

p. 90
33Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 1521 cita
[41]

contrarios, por medio del uso de la violencia. La inadecuada respuesta de los poderes locales y del gobierno nacional a la precariedad de las condiciones de vida de los habitantes de la región, lo que estimuló el surgimiento de reivindicaciones y de organizaciones que al no ser bien recibidas, fueron objeto de…

p. 152
34Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 361 cita
[42]

territorial. r La motivación para la persecución política es la estigmatiza- ción que subsiste al interior de los cuarteles militares, élites políticas y económicas. El argumento central de esta apología del odio ha con- sistido en relativizar el principio de distinción entre com- batientes y no combatientes,…

p. 36
35Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1591 cita
[43]

colombiano enfrenta los mismos dilemas de otros ejércitos que tienen a un enemigo irregular: tiene una gran ventaja tecnológica sobre su enemigo, pero mucha menor movilidad que él. No puede estar en todo los lugares al tiempo por sus límites financieros y de personal. Puede despojar a la guerrilla de sus territorios,…

p. 159
36La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 361 cita
[45]

Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez, como “repúblicas independientes” en las que el Estado no ejercía ningún control. Y se convirtieron en un objetivo militar. En mayo de 1964, bajo el gobierno del también conservador Guillermo León Valencia, el Ejército lanzó una operación para acabar con el reducto…

p. 36
37Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 2561 cita
[46]

cities and became absentee owners (that is, urban-based rural landowners) or “capi- talist entrepreneurs” while aligning with industrialists, thereby changing the rural dynamic of the social relations of production (Sánchez and Meertens, 2001: 11). 25 In the 1950s, Currie was the largest cattle owner in the country…

p. 256
38Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 491 cita
[49]

Luna; y el sacerdote Camilo Torres, que ofreció una mediación entre los campesinos y las autoridades, por lo que fue tildado por la prensa conservadora como “crip- tocomunista”. El episodio desencadenó protestas por parte del Movimiento Revolucionario Liberal (mrl) y del Partido Comu- nista, y debates en la Cámara de…

p. 49
39Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2441 cita
[50]

el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…

p. 244
40Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 771 cita
[51]

militarización de la vida cotidiana colombiana en la que van a resultar rutinarios la puesta en marcha de retenes militares, la creación de cuarteles, los allanamientos, registros y detenciones arbitrarias o la ocupación militar de las escuelas, parques o centros culturales. Toda la vida social va a quedar supeditada…

p. 77
41Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1861 cita
[52]

y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…

p. 186
42«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 151 cita
[53]

A pesar de ello, nunca negaron la existencia de un conflicto armado per se, a diferencia del actual presidente. Además, el gobierno del presidente Uribe es el primero en utilizar el concepto de «guerra contra el terror». Esta formulación y la de la «guerra contra el narcotráfico» han sido utilizadas por algunos…

p. 15
43Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1682 citas
[54]

end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…

p. 168
[55]

end justifies the means.” Both cases caused additional challenges to the judicial system. In both cases, the questions were, who approved these illegal activi- ties, and more specifically, did President Uribe order them or know about them? Should he have known if he did not? False Positives In Septem ber 2008, falsos…

p. 168
44Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 631 cita
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El Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), y la Comisión Colombiana de Juristas han denunciado abusos recurrentes cometidos por las Fuerzas Armadas contra la po- blación civil. Entre esos abusos se encuentran las denomina- das “capturas masivas” (capturas arbitrarias o ilegales), y los “falsos positivos”…

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